Apenas había logrado que Sasuke entrara a resguardarse de la lluvia antes de que los ANBU de Kirigakure tuvieran completamente rodeada la vivienda. Fueron tan sigilosos como era común entre los suyos, pero Sasuke había mantenido la guardia alta desde el principio como para notarlos antes de que los hombres enmascarados amontonaran la habitación. Ambos se mantuvieron tranquilos ante la intrusión, aunque pudo notar que la tensión en Sasuke había regresado.
-Han pasado muchos años desde que nuestras alarmas se activaron por última vez,- uno explicó, la voz distorsionada por la máscara, -pero parece que aún funcionan.-
Alzó la mano en un gesto apaciguador, ligeramente abochornada. -No hay necesidad de armar un alboroto. Podemos explicarle la situación a la Mizukage.- Les informó.
Cual fuera la preocupación que podría haber sentido en otro tiempo en una situación como esa se encontraba ahogada debajo del alivio. Incluso al estar siendo dirigidos para interrogarlos al edificio de la Mizukage por un escuadrón ANBU, tener a Sasuke caminando a su lado la llenaba de calma. Se dio cuenta de que a pesar de que su semblante pareciera un poco severo, su mirada era desinteresada, aunque podía decir que no se perdería ni uno sólo de los movimientos de esos hombres. Estaba ansiosa por sacarlos a ambos del asunto.
-Bueno, explíquense.- Indicó la pelirroja, los ojos verdes afilados y brillantes dirigidos hacia Sasuke.
-Es mi culpa,- respondió en su lugar, atrayendo la atención para si. -Habíamos estado viajando juntos durante un tiempo y le dije tanto a él como a Kakashi-sensei.- Explicó, teniendo el detalle de mostrarse avergonzada. -Sasuke no sabía que había sido de mí así que estaba tratando de localizarme.-
La mujer la evaluó durante algunos segundos y luego se dirigió a él nuevamente. -¿Así que pensaste que la mejor idea era infiltrarte en lugar de pedir una audiencia conmigo para averiguar si tenía noticias de ella?-
-Iba a salir como llegué si no estaba aquí.- Sasuke explicó brevemente. -Las otras opciones habrían tomado más tiempo,- pausó durante un segundo y giró las pupilas hacia ella. -...Tiempo que no sabía si tenía.- Incluso si sólo estaba siguiendo su excusa previa y realmente no estuviera preocupado por eso, fue difícil mantenerle la mirada.
-Me gustaría escuchar la historia detrás de qué podría desatar tal nivel de desesperación.- La Mizukage alternó la mirada entre ambos mientras se enderezaba en su silla. -Si esto es un asunto romántico, tal vez podría dejarlo pasar sin mencionárselo a Kakashi.-
Aunque se sintiera tentada a privar del asunto a su maestro y recurrir a la cubierta que habían estado manteniendo en el país del Rayo para su conveniencia, esta vez sabía que era lo incorrecto.
-No lo es.- Por primera vez, aquello no la hizo sentir desilusionada o triste. -Pero hemos sido cercanos desde niños, así que fue mi error no darme cuenta de que se preocuparía si llegaba a irme de ese modo.- Le dio un pequeño vistazo conforme él hacía lo mismo.
-Uhm...- La mujer no había cambiado la forma en la que los miró desde un principio, así que lo que sea que estuviera en su mente no había cambiado con nada de lo que habían dicho hasta ahora. -No quisiera entrometerme en asuntos privados, aunque me interesaría escuchar la razón por la cual te fuiste sin avisar. Pero desde que nada se ha roto y ambos tuvieron un papel sustancial en la guerra para salvar las vidas que ahora somos capaces de mantener gracias a ustedes, supongo que puedo dejar pasar el asunto.
»Sin embargo, ahora que también estás aquí,- dijo dirigiéndose a Sasuke, -le daré el aviso a Kakashi. Apuesto a que podremos encontrar tu estancia aquí tan útil y conveniente como la de Sakura, así que espero que no te moleste.-
Sólo cuando fueron despachados y estuvieron de vuelta en la casa se dio cuenta de que ninguno le había dicho una palabra al otro desde su llegada y no parecía estar mal con ello. Era aplastante como la presencia de Sasuke influía en ella, el alivio que la cubría desde que lo había visto de nuevo había apartado todo tipo de ansiedad.
Todo el tiempo él mantuvo aquella mirada que le costaba leer, como si los pensamientos que cruzaban su mente cambiaran con demasiada velocidad. Cuando se dirigió a ella sólo lo hizo para preguntarle dónde estaba el baño, y después de que tomara una ducha su mirada no cambió en lo absoluto, pero se dio cuenta de que se encontraba exhausto. Ella había experimentado también el viaje naval después de todo, así que lo entendía.
-La cama está en esa habitación,- le señaló, dándose cuenta sólo un segundo después de que no sentía vergüenza. Sasuke asintió en respuesta y no vio ninguna clase de vacilación en su gesto.
Para cuando se fue a la cama, él ya se encontraba de su lado. Recordó brevemente la primera vez en la que se había deslizado junto a él en el colchón y la sensación angustiosa que la había embargado entonces parecía demasiado distante en ese momento, sentir la calidez a su lado la volvió increíblemente somnolienta. No había sido sólo alivio lo que se había apoderado de ella, realizó que era el reconocimiento. Estando Sasuke cerca nuevamente, sintió un cansancio en el que no había reparado hasta entonces, como si todo ese tiempo lejos de él su cuerpo hubiese estado esforzándose de más y finalmente hubiera alcanzado a tener algo de descanso.
Extendió la mano sólo lo necesario hasta alcanzar la piel expuesta de su brazo. Sasuke no reaccionó en lo absoluto, su último pensamiento coherente se relacionó a que él hubiese llegado a sumergirse tanto en el sueño.
Aún lo sostenía cuando abrió los ojos de nuevo, las tenues luces de la mañana a través de la habitación, sus ojos desiguales siendo lo primero que enfocó. Vino hasta ella rápidamente que después del descanso y la recuperación, su cuerpo estaba listo para todas las reacciones usuales que sentía a su alrededor desde que podía recordar, así como también que el entumecimiento que había mantenido en Kirigakure hasta entonces se había ido. Retiró la mano que los conectaba cuidadosamente, pero ni siquiera el movimiento logró que sus pupilas se movieran un milímetro de las suyas.
-¿Por qué?- Preguntó Sasuke. La visión de él aún era estremecedora y sus sentimientos permanecían abrumadores, pero entender que ya estaba del humor adecuado para hablar acerca de lo sucedido no la llenó de angustia como antes.
Su cuerpo podría amenazar con temblar si intentaba darse cuenta de por qué, pero después de muchas veces de haberse acostado junto a él y despertado para ver su rostro, era la primera vez que lo encaraba con la certeza de que Sasuke no se iría.
Ahora sabía que la miraba porque quería hacerlo. Y todo lo que había querido siempre es que él quisiera hacerlo.
-Me equivoqué.- Le confesó. -Pensé que estaba haciendo las cosas más fáciles para ambos.- Dudaba que alguna vez hubiera estado tan serena hablando temas por el estilo con él. -Pensé que estaba siendo demasiada molestia, pero parece que sin importar lo que haga estoy condenada a serlo para ti.-
-¿Cómo es que pensaste que desaparecer sin dejar rastro sería una buena idea?- Discutió él, el entrecejo fruncido. A pesar de ello, su molestia no la hizo sentir apenada, si no favorecida.
-Claramente, si hubiera estado en lo correcto no habrías terminado buscándome aquí. Lamento haberte preocupado.- Dijo con suavidad, él sólo la miró fijamente. Sabía que Sasuke no le diría mucho más, pero ella podía hacer su mejor esfuerzo en averiguarlo por su cuenta. -Fue impulsivo y egoísta de mi parte. Podemos continuar a dónde quieras dirigirte ahora si eso lo compensa un poco.-
Sasuke se mantuvo en silencio durante unos segundos. -¿Nosotros?- Preguntó él, y durante un segundo pudo sentir el temor familiar. -Intentaste irte por tu cuenta, vine para resolver todo esto.- Manifestó él. -No estás herida ni en peligro y ahora tengo idea de qué pasó contigo. No hay necesidad de-
En un impulso, su mano lo sostuvo de vuelta, sintió como los músculos de su antebrazo se tensaron bajo su agarre y se aferró a ello. -Sólo cuando volviste me di cuenta de que no tiene sentido recorrer caminos diferentes,- lo interrumpió, -cuando ambos perseguimos el mismo objetivo, la paz.
»Cometí un error al separarme de ti y no sólo en cómo lo hice. No tiene sentido ir en distintas búsquedas de lo mismo, incluso menos cuando parece imposible conseguirlo si estoy demasiado preocupada por tu bienestar y a ti te importa si me estoy metiendo en problemas sola en algún lugar.- Era como luchar contra la corriente. Por eso se había sentido tan cansada antes, todo su cansancio se sentía como si hubiera estado peleando contra ella todo el tiempo y sólo al haberse reunido había permitido que la arrastrara para finalmente descansar.
Todo el tiempo pensó que estaba luchando sola, pero ahora creía que él estaba allí con ella. Era sólo que Sasuke no conocía nada que no fuese luchar.
Casi había olvidado cuán penetrante podía ser su mirada hasta que se encontró a si misma mirando sin pestañear sus ojos ligeramente afilados. Sasuke sólo acabó asintiendo un gesto que podía ser un sí o un no, rompiendo la cercanía.
-Lo que sea que vayas a hacer en adelante,- habló de nuevo, la espalda hacia ella. -No hagas nada tan estúpido de nuevo.- Le advirtió.
No sabía exactamente qué era lo que se suponía que no debía volver a hacer de nuevo, si irse sin rastro, o solamente irse. Realmente no tenía importancia.
-No voy a irme a ningún lado, Sasuke.-
En el pasado, aquello pudo haberlo dicho como una amenaza o tal vez lo habría callado para no alejarlo con la afirmación. Sasuke no dijo nada más y su postura no cambió al salir de la habitación, pero ciertamente esa vez lo había dicho para aliviarlo.
-¿Ese es quien creo que es?-
-Wow, es realmente guapo.-
-Lo vi bien de cerca durante la guerra. Después de eso, el tipo sólo me causa escalofríos.-
-¿Qué crees que haga aquí?-
-No seas tan densa, Makino. ¿No puedes relacionarlo? ¿Cuál es la otra persona de Konoha que tenemos aquí en el hospital que a él podría interesarle ver?-
No lo esperaba, pero fue predicho por los susurros de las enfermeras del pasillo. ¿Realmente no sabían que no eran nada sutiles?
-Sasuke.- Se volteó para saludarlo. Se veía mucho menos tenso de lo que parecía al llegar, aunque la capa que mantenía puesta tal vez estaba destinada a cubrir su espada más que a él. Notó con la esquina del ojo a las mujeres reunidas que hacían sonidos de roedor al cuchichear, como si dos pares de oídos fueran suficiente motivación para bajar el sonido de su chismorreo. -Aún es un poco temprano. Trabajan en los microscopios ahora mismo y sólo podré irme después de evaluar cada sustancia. ¿Está todo bien?- Él asintió, y ella se sintió un poco inconforme. Le parecía extraño que estuviese allí tan pronto, pero sabía que él le diría si algo lo estaba molestando si ese era el caso.
-¿Te importa si me quedo?- Preguntó Sasuke, escudriñando con la vista a las personas que pasaban por el pasillo.
-S-seguro.- Ahora era imposible que odiara el sonrojarse. Si aquello era una consecuencia de su interacción, era verdaderamente justo para ella.
La repentina presencia de Sasuke en su clase no causó un alboroto pero no pasó desapercibida. Podía decir por la forma en la que sus colegas apartaban la mirada repentinamente siempre que la dirigían hacia la parte de atrás que él los miraba con atención.
-¿Para qué quiere tu ayuda Mizukage-sama?- Le preguntó cuando todo acabó, mientras caminaban juntos por las calles de la aldea hacia su casa.
-Desde que ascendió al puesto ha estado tratando de modificar las viejas costumbres de este lugar,- comenzó a explicar. -Aparentemente la gente solía tener prejuicios contra los usuarios de línea sucesoria. La razón por la cual se volvió Mizukage probablemente no tenga demasiado que ver con que sea la más fuerte del lugar. Fue decidido que la forma de pensar de los habitantes de la aldea debía ser modificada del reinado pasado, fue aceptada en su mayoría sólo porque era diferente de su antecesor.-
-Así que eso implica,- indagó ella, -que esos prejuicios no han acabado completamente.-
Él asintió. -Por ahora sólo se le han ocurrido estas reuniones para averiguar mi punto de vista al respecto. Quiere integrar más formas de crear tolerancia hacia los individuos como ella.-
-Bueno, supongo que es justo y no pide demasiado.- Opinó. Después de todo, las misiones en países vecinos debían ser sólo cosa suya. Le preocupaba que le impusieran deberes parecidos a Sasuke sólo por que se encontraba con ella.
-Es inútil de momento.- Comentó Sasuke.
-¿A qué te refieres con eso?- Le preguntó.
-Se trata más de un plan de contingencia para cuando Chōjūrō tome el puesto de Kage. No hay muchos usuarios con Kekkei Genkai aquí, fueron perseguidos por el propio prejuicio de la aldea, extinguidos o escaparon para salvar sus vidas.- Contó mientras miraba alrededor.
-Creo que parte de ese plan es atraer tal gente hacia la nueva estructura de la aldea.- Le dijo. -Chōjūrō parece tener grandes planes para este lugar y ella lo está preparando para eso.- Señaló refiriéndose a la Mizukage. Se preguntó si Kakashi o alguien más estaba preparando de esa forma a Naruto.
Por más que estuviese atrapada en ese círculo cercano que parecía rodearlos a ambos, fue capaz de notarlo. De todas las veces en las que se habían quedado en algún lugar Sasuke nunca parecía particularmente ávido a extender la estadía más de lo necesario, pero no había notado señales específicas de resistencia hasta ahora. ¿Qué era ello? Se convenció a si misma de que no tenía que ver con el asunto de su huída, porque siempre que la miraba no había encontrado ninguna clase de dureza en sus ojos. Sasuke estaba muy observador desde que había llegado, pero no estaba mirándola a ella, si no a sus alrededores.
Recordó como se había sentido ella misma al venir a la aldea. ¿Él pensaría de la forma en la que ella lo hizo?
-Este lugar,- comenzó ella, realmente no queriendo preguntarle directamente. -Tenía una sensación extraña cuando vine aquí. Se siente amenazador al principio, pero terminó siendo bastante cálido.-
Sasuke la miró de reojo. -¿Realmente con cuánta gente has interactuado desde que llegaste?-
Hizo cálculos mentales, el ambiente que había descrito había sido proveído por una cantidad bastante reducida de personas si lo pensaba un poco. -Apartando a las personas del edificio Mizukage, mayormente con el personal del hospital.- Él cerró los ojos al recibir la información.
-No te gusta.- No le preguntó. Era extraño de comprender desde que el lugar se había convertido en su único centro después de haber abandonado el país del Rayo. -Completar mi programa agendado no tomará mucho tiempo. Pronto nos iremos de aquí.-
Sasuke sólo se detuvo lo suficiente para decirlo antes de retomar su paso. -Toma el tiempo que necesites.-
Su cautela continuó siempre que alcanzaba a estar con él fuera, pero cuando estaban en casa aquella vibra estaba ausente. Se sentía bastante similar a como habían sido las cosas mientras aún estaban en la aldea de la frontera, fluían naturalmente alrededor del otro y aún era capaz de adivinar sus pensamientos; aunque la comunicación había sido afectada y era mucho más débil de lo que lo había sido cuando estaba enseñándole ninjutsu médico, la puerta que Sasuke había abierto para ella había sido cerrada después de aquella pesadilla. Además el hablar resultaba bastante torpe ahora que sospechaba que él podría tener un apego más profundo hacia ella.
Compartir la cama sorprendentemente había evolucionado, sólo lo descubrió cuando la Mizukage envió personas que modificaron los detalles de la casa que se suponía debía ser solo para ella, y formaron un espacio más apropiado para dos. La cama había sido removida de la habitación y en su lugar habían involucionado a la época donde ambos dormían en futones uno al lado del otro. En vez de suponer un alivio, se dio cuenta de que estaba empezando a resentirlo. Era diez veces más difícil ahora porque significaba una clase diferente de dolor, el de estar aún cerca pero no tanto como podría estarlo de él.
Con su influencia alrededor de nuevo se sentía feliz y completa. Sasuke ocupaba la mayor parte de sus pensamientos y su convivencia había vuelto a ser su prioridad, así que pasaron algunos días hasta que se diera cuenta de que el ambiente que los rodeaba era definitivamente distinto al que había sido cuando ella había estado en la aldea por su cuenta. El camino del hospital hacia su casa era uno que a menudo tomaban juntos y en el cual se encontraban otras veces; debido a su reciente percepción y porque confiaba en el instinto de Sasuke, su propia cautela elevó sus defensas lo suficiente como para notar que los ojos que los miraban a veces mostraban cosas que la inquietaban un poco.
Fue sólo cuando él falló en encontrarse con ella uno de esos días de vuelta del hospital que la desconfianza de Sasuke tuvo sentido. Capturó la visión fugaz de una sombra extraña y notó la suaves e imperceptibles ondas en el aire que descubrían la ejecución de un genjutsu. Las armas que le arrojó fueron fáciles de esquivar y cuando el sujeto hizo un acercamiento rápido para tomar su codo, ella fue lo suficientemente ágil para lanzar su cuerpo hacia el frente, golpeándolo contra el suelo. No pudo vislumbrar demasiado de su apariencia física, estaba extrañamente cubierto por una especie de máscara de buceo que sólo dejaban a la vista unos ojos de color antes de que el clon se fusionara con la tierra contra cual lo había estampado.
El vello en su brazo estaba erizado y tuvo la certeza de que habían más en algún lugar, acechando en los alrededores. El guante estaba a medio camino de calzarse en su mano mientras la otra rebuscaba en la bolsa en su cadera cuando sintió el próximo acercamiento.
-Sakura,- Sasuke la llamó, mano arriba, mirada evaluadora. El kunai con el cual lo había amenazado estuvo abajo inmediatamente al reconocerlo. -¿Qué sucedió?-
-Alguien me atacó.-
Sakura se mantuvo se mantuvo en silencio todo el tiempo a excepción de cuando tuvo que explicarle los eventos a él y luego a la Mizukage. La mujer estaba visiblemente descontenta con la situación y desplegó un escuadrón para la búsqueda del atacante, también les informó de que su residencia actual estaría siendo vigilada.
-Lo lamento mucho, Sakura.- Expresó la pelirroja. -Llegaré al fondo de esto. Mientras tanto, me gustaría que te quedaras lo planeado. Tu contribución ha sido bastante elogiada y sería lo suficientemente malo que te fueras porque alguien quiso avergonzarnos de este modo.-
Pudo sentir la silente impaciencia de Sakura por dejar la oficina en la corta desestimación que le aseguró a la Mizukage. Él también lo estaba, la presión sobre él había arreciado y sus sospechas parecían más claras. Se había dado cuenta de que había algo extraño con algunas de las personas del lugar desde el momento que había llegado, aunque era incapaz de decir exactamente que después de la primera reunión con la Mizukage.
Poseía el Rinnegan y era conocida su conexión con el clan Uchiha, así que obviamente pensó que si existía dicha minoría con odio arraigado en contra de los usuarios de líneas sucesorias él sería objetificado. Sakura no tenía el criterio y había referido anteriormente la aceptación general que había recibido antes de él, y aunque la había visto tomar en cuenta sus propias medidas capciosas, no pensó que ella sería atacada y mucho menos que sería el primer objetivo.
Era molesto. Sakura había venido a esa aldea a hacer una contribución.
-¿Qué crees que esto pueda significar?- La abstracción de Sakura se relacionaba a su propio descubrimiento del problema más que al problema en si. -Has estado tenso todo este tiempo, ¿Viste venir algo de esto?-
-No.- Le admitió. -Sólo consideré que el asunto de la línea sucesoria podía ser un problema.- Parte de él había estado esperando un ataque pronto. Que fueran tras Sakura no tenía sentido para él.
Las presunciones llegaban a él con una calidad que hubiera considerado ridícula hacía mucho. Durante toda la noche, no pudo hacer mucho más que pensar.
La razón principal detrás del silencio intencional después de la huída de Sakura partía en su mayoría debido a que cualquier cosa que pudiera ser dicha era irrelevante y podía tornarse innecesariamente problemática, era difícil colocarlo en palabras sin comprometerse en algo evitable. Lo que tenía que ser dicho se había dicho; había asumido un compromiso en el momento en el que había decidido venir a buscarla. Siempre había tenido el deber de protegerla, pero por alguna razón no era una mejora ahora que la amenaza no era él mismo.
La observó dormir, el cabello rosa brillante extendido en su dirección. Las teorías detrás del ataque se acumularon y se ocupó en descartarlas. Sakura no había resultado herida y probablemente habría podido encargarse de ello si el sujeto no hubiera escapado y ella hubiera escogido seguirlo. Tal vez que estuviera cerca en el momento podría haber tenido o no algo que ver con la duración del ataque.
Por alguna razón no creía que la estaban subestimando-aunque podía ser el caso-, probablemente había sido una ofensiva para medir su respuesta, su habilidad. Si lo era, había resultado infructuoso, ya que apenas y podía haber constatado que Sakura era fuerte y hábil en el genjutsu. Iban a haber más ataques si esto era cierto.
El vínculo entre ellos la hacía más débil, se dio cuenta, desde que sus puntos débiles no sólo descansaban en ella si no que también se extendían hacia él. Si algo sucedía y fuese herido, era probable que Sakua fuese afectada por ello, y también sucedía inversamente. Antes, personas ya habían llegado a esas conclusiones-el secuestro de Sakura para atraerlo meses atrás en el país del Fuego- y aún así en el momento no le resultó problemático como resultaba ahora.
De alguna forma u otra Naruto y Sakura siempre serían objetivos, pero resultaba diferente con la clase de exposición que le había estado dando a Sakura al mostrarse en su compañía durante tanto tiempo. Estaba preocupado de que empezara a ser un blanco por la elección de permanecer a su lado, y el único resultado lógico era redoblar la protección que le proveía, priorizando los peligros que él mismo dirigía hacia ella.
Se lo debía, después de todo. Aún lo contrariaba el modo en el que había dejado de sentir toda esa ansiedad, faltando en una situación donde era más lógico mantenerla. En su lugar, se alimentaba de la calma que Sakura irradiaba y fue capaz de dormir porque sabía qué tenía que hacer.
La abandonó de nuevo después de dirigirle una última mirada antes de partir al edificio de la Mizukage. Incluso aunque era temprano la mujer y el aprendiz ya estaban en el despacho, archivos sobre el escritorio. Al menos ahora sabía que estaban tomándose en serio el ataque.
-Uchiha-san,- Chōjūrō fue quien saludó.
-Aún es bastante temprano, me temo que todavía estamos descartando opciones.- La mujer fue directo al punto, él lo agradeció.
-He estado pensando en ello. No sólo te limites a individuos hostiles contra líneas sucesorias. Busquen más allá, mayormente a los que podrían tener un posible interés en ellas.- No podía sacarse de la cabeza al tal Ao y tampoco al anhelo particular de aldeas extranjeras por obtener los poderes de los clanes de Konoha.
-Ya tengo eso en cuenta, así que no te guardaré rencor porque pienses que no contaría tal aspecto y me inclinaré a creer que no vendrías hasta aquí tan temprano sólo para darme esa sugerencia.- Dijo ella, los dedos de ambas manos entrelazados. -Como debes saber, eso es un poco difícil de manejar ya que ha pasado mucho tiempo desde que ha sido asunto oficial de gobierno hacerse con Kekkei Genkais extranjeros. Individuos que mantengan tales intenciones probablemente están ocultos o fuera de la aldea.-
Lo tenía en cuenta, y tampoco era la razón principal por la cual había ido allí.
-Busca resentimientos personales en contra de mi clan.-
La pelirroja alzó una ceja. -Eso es más específico, pero supongo que es justo incluirlo.- Dijo, revolviendo papeles y lanzándole una mirada afirmativa al joven junto a ella. -¿Ha pasado antes?-
-De alguna forma u otra.- Le respondió.
-¿Eso haría que tuviera sentido para ti por qué Sakura fue atacada y no tú?- Preguntó Chōjūrō.
-Antes han tratado de utilizarla para llegar hasta mí.- Aunque aquello no era precisamente lo que continuaba molestándolo.
-Supongo que hay ojos que pueden verla como una apertura fácil.- La mujer inclinó la cabeza. Aún no acababa de agradarle, sentía que ella tenía una forma peligrosamente precisa de pensar. -¿Eso es todo?-
Negó con la cabeza. -Tengo algo que hacer en el país del Fuego. No lo he hablado con Sakura aún, pero le daré la opción de acompañarme. Sólo serán unos pocos días así que en el caso de que elija hacerlo estará de vuelta para retomar su trabajo y a ustedes les estaré dando espacio para colocar sus energías en la búsqueda.
»Si no, doblen su protección. Sakura tiene un rango de ataque limitado porque su estilo de pelea le hace difícil no destruir lo que está alrededor, así que podría restringirse por esa razón en este lugar.-
Durante algunos segundos sólo recibió una mirada peculiar de la mujer. -Supongo que tengo que informar a Kakashi al respecto, me temo. Debes saber que si Sakura decide quedarse mientras regresas estará bien resguardada, no dejaremos que nada le suceda a uno de nuestros aliados aquí.-
Asintió brevemente antes de irse. Cuando volvió a la casa aún era bastante temprano pero ella ya estaba despierta.
-¿Sasuke?- Sakura lo llamó. -¿Qué sucede?- Había estado preocupada por su ausencia.
-He unido los puntos suficientes para creer que este tipo de ataques aleatorios contra nosotros podrían continuar en adelante. Me estoy quedando sin provisiones, necesito surtirme.-
Ella frunció el entrecejo. -¿Estás...?- Aventuró. -¿...tratando de irte por tu cuenta? Separarnos no lo haría más fácil para ninguno de los dos en estas circunstancias.-
Estaba de acuerdo con ella, ya era demasiado tarde. Sakura estaba hundida en el asunto y la única forma apropiada de proceder era mantener las amenazas a ralla en lugar de dejarla sola para que lidiara con ello por su cuenta.
-Quiero que vengas conmigo, Sakura.- Le hizo saber. Le había puesto condiciones a la Mizukage pensando en la posibilidad de que Sakura se excusara con el asunto de la responsabilidad de sus funciones, pero la verdad era que no había pensado por un segundo que colocar distancia entre ambos era lo correcto.
Reunir armas sólo era una excusa para sacarla de lo que parecía ser la zona de peligro hasta que la situación fuera controlada. Si salían juntos del país podría evaluar la situación por su cuenta, contando con la posibilidad de que pudieran ser o no seguidos, eso le daría un espacio para tomar el asunto en sus manos. Si ese no era el caso, esperaba algo de eficiencia de las filas de Kirigakure y preferiría mantenerla fuera de la aldea mientras. No podía pensar que sólo una persona podía estar involucrada, eso sería estúpido y descuidado.
La expresión de Sakura cambió inmediatamente desde una clase de sorpresa hasta decidido alivio. Lo que sea que pasaba por su mente al irse la última vez parecía haber desaparecido. Ella no tenía ninguna intención de poner distancia y era la primera vez en su vida que sentía que era el curso correcto de las cosas.
-Bien. No me suplí muy bien al salir de la aldea de todas formas.- Respondió ella, empezando a moverse.
Fue tonto de su parte creer que el peligro no estaría a la vista tan rápido como éste podría atraparla por si mismo.
Ni una sola vez pensó que era necesario cuestionar por qué iban a navegar hasta el país del Fuego en lugar de encontrar un proveedor en el Agua, después de todo, parecía ser en su mayoría territorio desconocido tanto para él como ella, dejando a un lado el hecho de que podría ser peligroso mantenerse demasiado cerca después del ataque. Sólo cuando llegaron a la ciudad de aspecto abandonado recordó-y comprendió-el aguijón familiar que sintió algunas veces durante su viaje con Sasuke, el de sus memorias de la infancia juntos, esta en particular especialmente atesorada porque estaba directamente relacionada a él.
Sora-ku tenía casi la misma apariencia aunque ya no parecía completamente desolada, a pesar de que para ojos menos hábiles podría estarlo. Podía captar movimiento y Sasuke probablemente podía sentir los chakras de las personas ocultas entre las ruinas, en sus propios negocios particulares como el de la anciana gato. Al alcanzar la miserable entrada, cuando las pequeñas y ágiles figuras cruzaron su camino no resultó una sorpresa desde que se encontraba esperándolas inconscientemente.
Aunque en su mayoría se dirigieron hacia Sasuke, uno de los gatos levantó la cabeza hacia ella, el Kanji 'honestidad' en el pelaje de la frente. -Te recuerdo.- Le dijo con su voz felina.
Por muchas razones, sus días como genin estuvieron llenos de enfrentamientos contra gatos, comenzando con Tora la gata mascota hasta los gatos ninja. Todos ellos la llenaron de rasguños y no con un cariño especial, pero en ese momento lo sintió hacia el. -Yo también te recuerdo.- Le respondió.
-¿Tienes algo para nosotros?- La gata gris llamó al unirse. Sólo allí pudo comprender la razón detrás de la última extraña adquisición de Sasuke cuando se arrodilló a verter la leche en un tazón cercano.
-Denka, Hina,- acercándose a la entrada, otra figura familiar se acercó. La mujer era exactamente como la recordaba, tal vez un poco más agazapada y arrugada. Se sintió algo insegura por la forma en la cual la camada de gatos iba a través de sus piernas mientras caminaba, preocupada porque pudieran hacerla tropezar, pero la mujer se movía también con una gracia felina. -Guarden algo para sus hermanos y hermanas. No tendrán nada más hasta que Tamaki regrese a casa.-
Escuchó los bufidos de protesta conforme otros gatos se acercaban a la leche y la anciana alcanzó a llegar frente a ellos. -Sasuke-chan,- lo saludó. Se le hizo extraño el sufijo infantil, Sasuke no se inmutó. -No te he visto en algún tiempo,- luego, se volteó hacia ella. -Pero a ti, puedo ver que no te he visto en mucho tiempo. ¿Está ese Naruto con ustedes también?-
-Nekobaa-sama- la saludó, recordando el nombre de la anciana cuya misión cumplieron hacía años. Las orejas falsas aún estaban en su cabeza; le sonrió cálidamente a la anciana tanto como al recuerdo gracioso. -Naruto están en Konoha entrenándose para convertirse en Hokage.-
La anciana le sonrió de vuelta, los ojos inexistentes detrás de la línea arrugada de los párpados entrecerrados. -Ya veo. Todos lo han hecho muy bien. A menudo me preguntaba que había sido de ustedes después de su excursión en la Fortaleza de Gatos.-
Le dio una sonrisa inquieta. Había sido doloroso.
-Vine por lo usual.- Intervino Sasuke. Tal vez había querido cortar la charla antes de que se extendiera hacia una dirección incómoda.
-Adelante.- Nekobaa lo invitó extendiendo la mano en dirección a su espalda. -Has estado ausente un tiempo y me he preparado para ello. Todo lo que puedes necesitar está donde siempre.- De nuevo, se dirigió hacia ella. -¿Me acompañarías al fondo?-
Una caminata corta los llevó a la apertura de un pasillo largo con varias puertas en uno de los extremos. La anciana dirigió el camino hacia la primera puerta mientras Sasuke empezó a recorrer el resto del pasillo, uno de los gatos ninjas siguiéndolo de cerca. Antes de que saliera fuera de su rango de visión le envió una mirada curiosa. Los ojos de Sasuke estuvieron serenos, como si al leer su mirada estuviese diciéndole que sólo era lo habitual.
-Por aquí, chica.- Nekobaa palmeó su espalda gentilmente al ver su pequeño intercambio. Sasuke asintió antes de perderse de vista y ella se enfocó en la habitación que conectaba con las otras y sólo parecía estar en ligero mejor estado que el exterior. Sentía la piel de los gatitos contra sus tobillos.
-¿Durante cuánto tiempo has estado con Sasuke-chan?- Preguntó.
Se sonrojó, la familiaridad con la cual se refería a él como un chico le daba un aire de pariente y aquello por alguna razón la hacía sentir ligeramente avergonzada.
-Hemos estado viajando juntos por algunos meses. Nos encontramos en el camino.- Más o menos.
-Cuando Denka me dijo que la compañía de Sasuke-chan traía era conocida pensé que era uno de los últimos que había traído aquí. Me agradó verte con él, me recordó a tiempos mejores. Después de lo que ocurrió con el clan siempre pensé que tu equipo era un lugar bastante seguro para que él permaneciera.-
A ella también le agradaba pensar en el Equipo Siete como un lugar seguro, así que lo comprendía. La mujer terminó llevándola a una habitación en la cual podía distinguir ocasionalmente el emblema del clan Uchiha aunque parecía sólo una habitación de almacenamiento común. Nekobaa sopló el polvo acumulado que cubría algunos baúles antes de inclinarse con cierta dificultad para buscar entre su contenido, así que se unió para ayudarla. Dentro, el emblema era aún más visible, distribuido en distintas prendas superiores. En el fondo, incluso encontró un estilo con el que estaba familiarizada.
-Esta es la ropa antigua de Sasuke.- Sacó, fascinada, la camisa azul marino de cuello alto con ambas manos. -No lo es,- repitió para si misma. Aquella no era la camisa de un chico, estaba hecha para un adulto. La tela se deslizó entre sus dedos casi afectivamente. Estaba suave y positivamente intacta. -Así que es aquí donde él se suministraba de estas cosas también.- Susurró.
Cuando era una niña y había perdido un poco del aire en su cabeza, a menudo se preguntaba como sus compañeros de equipo lograban sobrevivir por su cuenta. Cómo hacían para alimentarse, vivir y vestir sin parientes que pudieran encargarse de esos aspectos, el último a menudo cuando pensaba en el extraño sentido del estilo de Naruto y más regularmente el personalizado de Sasuke, a quien nunca le había visto usar una prenda que no representara a su clan de alguna forma.
-Mi familia tenía negocios con los Uchihas desde que puedo recordar.- Mencionó Nekobaa, sacando la mayor parte del contenido del baúl. -Los Uchihas nunca confiaron en poner todos sus huevos en una canasta y supongo que es justo, atraían cualquier clase de atención, así que solían repartir diferentemente sus escondites: guaridas, templos e incluso proveedores. Siempre trabajamos con ellos exclusivamente. Nos pagaba bien porque que era un clan grande y poderoso.- Pausó brevemente. -Cuando se extinguieron fue difícil arreglárnoslas al principio.-
-Continuó proveyéndole a Sasuke todo este tiempo,- adivinó, algo conmovida.
-Bueno, por supuesto.- Dijo ella, sin cabida a duda. -Para cuando cayeron los Uchiha aún tenían una gran cantidad de provisiones en armas reunidas para el uso de sus miembros. Cuando se resumió sólo a dos, significó suplementos de por vida para ambos. Tomé como responsabilidad continuar administrando y proveyendo y fui capaz de sobrevivir después porque Sasuke-chan me autorizó a comerciar un porcentaje del almacenamiento, pero nunca me gustó mucho esa idea.- Podía darse cuenta por el estado de la pintura que se desprendía de las paredes y la austeridad del interior.
-¿Así que también suplió a Itachi cuando estaba vivo?- Le preguntó, curiosa.
Nekobaa la miró, evaluándola. -Algún tiempo después de la pelea con Itachi, Sasuke-chan llegó aquí y me dijo toda la verdad. Lamenté oír sobre su muerte y lo hubiera lamentado incluso si no me hubiese explicado la razón detrás de la masacre que cometió.- Debía haber lucido confundida sobre su respuesta, porque ella lo había odiado antes de conocer la verdad.
-Pasé toda mi vida entre los Uchiha, la Fortaleza de Gatos a menudo también era un campo de entrenamiento para los más jóvenes. Para mi era un asunto personal velar por ambos chicos incluso antes de lo que sucedió, ya que su madre los ponía a mi cuidado siempre que pasaba por aquí.- Explicó ella. -Las noticias de la masacre fueron una sorpresa, fui a ver al pequeño Sasuke-chan poco después, estaba enojado, asustado y muy herido. Podía entenderlo, pero no podía entender a Itachi.
»Lo conocí cuando su madre aún lo llevaba en brazos y aquello no duró mucho tiempo. Conforme crecía siempre tuve la sensación de que el chico era diferente del resto.- La anciana parecía estar recordando a Itachi de una forma especial, su brazo se erizó ante su propia memoria de los ojos que recordaba. -Conocí a toda clase de Uchihas, supe y vi cosas en ellos que podrían quitarle la cordura a cualquiera. Pero Itachi era uno de los más amables y siempre fue bastante obvio el afecto que le tenía a su hermano.
»Por eso nunca pude juzgar sus acciones sin escuchar primero lo que tenía que decir al respecto. Suficiente prueba para mí de que aún no había dejado de ser el chico que conocí estaba en el hecho de que le hubiera permitido vivir a su hermano. Esperé que viniera por armas, pero nunca apareció de nuevo por aquí.-
Se frotó ambos brazos, pero no alivió la sensación. Aún sentía esa clase de incomprensión y miedo del que no podía deshacerse pero le avergonzaba sentir. Sabía la razón detrás de las acciones de Itachi porque Naruto le había dicho un poco, pero le era imposible no conservar algo de terror sobre la idea de que él se hubiera deshecho de las vidas de todos sus parientes incluso si había salvado la vida de Sasuke. Cuando Nekobaa mencionó a su madre no pudo evitar imaginar por un breve momento cómo se sentiría si su propio hijo se dispusiera a asesinarla, cualquiera fueran sus razones. Sintió frío y fue sobresaltada por uno de los gatos que saltó hasta su regazo, acurrucándose allí, como si hubiese percibido su miedo.
-La madre de Sasuke...- Su voz se fue apagando, frotando el pelaje cálido como consuelo. -¿Cómo era ella?- Siempre había tenido curiosidad por su familia, infancia y los mejores recuerdos de ella.
-Era una buena mujer. Sasuke heredó su rostro.- En su imaginación también había sido de ese modo. -Fue una buena madre, considerando las circunstancias que la rodeaban al criar niños prodigio.-
Frunció el entrecejo, pero se limitó a rascar las orejas del minino en sus brazos.
-Puede ser difícil de entender,- dijo la mujer capturando su atención. -No estuve allí. Pero con respecto a lo que vi y aprendí, tiendo a creer que Mikoto aceptó su muerte porque él aún era el chico que había criado.-
Era dicho que el amor de las madres hacia los hijos se trataba de uno poco comparable a los demás. Si pensaba en el amor más grande que había sentido, no era tan complejo entender que éste llegaría a ser la clase de sentimiento por la cual uno inclinaría el cuello bajo una espada. Sacó la camisa de Sasuke de debajo del gato y sacudió los pelos adheridos.
-Era una buena mujer,- repitió la anciana, como si supiera que aún pensaba en ella. -Como me había confiado varias veces su bienestar y desde que ella ya no estaba, pensé que sería un problema para el chico arreglárselas totalmente por su cuenta, aunque así lo pretendiera. Los Uchihas siempre fueron gente orgullosa y sus ropas eran confeccionadas para reflejarlo, así que continué ordenando la de Sasuke y enviándola a la aldea.-
-Gracias.- Sintió que era lo correcto para decir, provino directo de su corazón. Se sintió agradecida de que hubiera incluso una persona que había velado de alguna forma por el bienestar de Sasuke. Aún con la madre de Sasuke en mente, pensó que ella también podría haber sentido algo parecido.
El gato en su regazo se estiró y eso hizo que volviera la atención hacia la tela entre sus dedos y las ropas que estaban esparcidas alrededor. Evaluó las ornamentas cuidadosamente; las pertenencias de Sasuke eran incluso menos que las pocas que ella conservaba. Incluso si comprendía la practicidad de mantener poco equipaje debido a aquel estilo de vida errante, gastar dinero en prendas era innecesario cuando él tenía todo lo que pudiera llegar a necesitar justo allí. Definitivamente no visitaba ese lugar lo suficiente para suplirse de lo esencial.
Se fijó en las telas y empezó a escoger las diferentes piezas, cálidas y frescas, algunas de repuesto en el mismo estilo monocromático que acostumbraba Sasuke en un par de todo lo que pudiera necesitar. Se entretuvo con la tarea lo suficiente como para olvidar por un momento a la anciana a su lado antes de que hablara.
-Cuida bien de él.- Mencionó ella, su mirada brillante con un sentimiento que fue incapaz de identificar. Aquello sonó como una demanda cortés en lugar de una petición.
Le sonrió para tranquilizarla. -Estoy comprometida con ello.-
Había escuchado parte de la conversación antes de entrar en la habitación. Sakura estaba arrodillada en el piso, rodeada de gatos y una pila de ropa doblada. La visión fue absurda y de alguna forma predecible.
-Trae algunas para ella.- Solicitó la anciana. Su rostro permaneció sin expresión al abrir su capa y mostrarle que cargaba una bolsa extra en la mano. Nekobaa aprobó con un asentimiento, y pensó en el hecho de que hacía no mucho ella había parloteado acerca de no suplir a personas fuera del clan.
-¿Dónde están los sellos bomba?- Le preguntó.
-Si no están donde siempre puede que haya olvidado dónde los puse.- Nekobaa se desempolvó antes de levantarse, previno a Sakura de hacer lo mismo con un gesto de la mano. -En los otros baúles puede que encuentres otras cosas que podrían ser útiles. Denka te guiará si lo necesitas.- Luego apuntó hacia él. -Ven conmigo.-
Esperó pacientemente a que Nekobaa lo alcanzara. Notó que para no saber dónde se encontraban los sellos la anciana parecía saber exactamente hacia donde dirigirse. Los llevó hacia una de las habitaciones y rebuscó indiferente entre algunas cajas. -Te llevas bastante aún si no planeas volver en algún tiempo. ¿Sucede algo?-
-Hemos recibido ataques,- Sakura los había recibido. -No estoy ciego como para no preveer que podríamos empezar a ser perseguidos.-
Se había convertido en un blanco después de la muerte de su familia con su estatus de sobreviviente. Antes de la guerra e incluso antes de aparecer en el libro Bingo había encontrado y desmantelado varias conspiraciones en su contra por diferentes propósitos, no podía recordar ningún ataque en el cual los motivos que los habían instigado no estuvieran directamente relacionados con que fuese un Uchiha; incluso la infamia que había ganado con sus propios actos era realzada por ello. Había estado tan acostumbrado que sólo cuando Sakura fue objetificada también el asunto levantó sus alarmas. Estaban siendo perseguidos por su culpa y ya no sólo se trataba de su vida por la cual tenía que ser precavido.
Confiaba en la fuerza de Sakura, pero no podía ir por la vida asumiendo que todos serían fáciles de derrotar.
-Ya veo,- mencionó ella, aún escudriñando. -La gente del clan y sus prójimos siempre fueron perseguidos, por eso en gran parte estaban aislados incluso dentro de la aldea.- Sacó una pila del papel con tinta negra y roja. -Cuida de ella.- Dijo, refiriéndose a Sakura.
-Ella puede cuidar de si misma, yo también. Deja de ponerle ideas en la cabeza.- Sakura ya concebía demasiado por si sola.
-A ella le hice una petición, no va mal que alguien tenga un ojo sobre ti.- La pila estuvo en su mano con una palmada. -Pero a ti te recuerdo tu deber.- La anciana lo miró, casi desafiante sin serlo realmente. No podía atreverse a contradecirla aunque quisiera. Le debía protección ahora que su seguridad peligraba por su causa, y lo haría de todas formas aún así no se tratara indirectamente de la causa de la amenaza.
-Lo sé.- Admitió. -Estoy en ello.-
Nekobaa le dio un asentimiento complacido y la calló durante el trayecto de vuelta. Sakura curioseaba en compañía de Denka al alcanzarla y una vez todo estuvo listo se dirigieron a la entrada.
-¿Tu nieta tardará mucho en volver?- Sakura preguntó aleatoriamente una vez fuera.
-Llegará dentro de poco, a veces tarda un poco en recorrer el camino desde Konoha si se demora.- Respondió la anciana.
-¿Qué hace en Konoha?- Le preguntó él a su vez.
Extrañamente, Sakura fue quien respondió su pregunta. -Tamaki-san está saliendo con Kiba, así que pasaba mucho tiempo en la aldea.- Inuzuka, reconoció. Le resultó tan inesperado como extraño. -Nekobaa-sama,- Sakura se inclinó hacia la anciana. -¿No le gustaría mudarse a la aldea?-
-Es una linda aldea la que tienen, pero no.- Rechazó.
La preocupación de Sakura se mostró en sus rasgos. -¿Por qué? Usted y los Ninneko estarán más resguardados. Tamaki-san no está por aquí tan a menudo como solía estarlo y de ese modo estarían más cerca todo el tiempo.-
Nekobaa sacudió la cabeza con suavidad. -Siempre he sabido que no podría retener a mi nieta en un lugar como éste y ya está en edad para decidir, pero yo no puedo dejar éste lugar. Juré mantenerlo a salvo y mi trabajo sólo acabará cuando muera y todo esto pase a ser solamente responsabilidad de Sasuke-chan. Incluso aunque quisieras discutirlo,- mencionó ante el intento de réplica de Sakura, -es algo que ya he discutido con Tamaki millones de veces.-
Notó que Sakura contuvo el resto de sus palabras y sólo volvió a hablar de nuevo para despedirse, se mantuvo taciturna en todo el camino hacia la costa. Al abordar el barco que los llevaría de vuelta hasta el país del Agua había permanecido tanto tiempo callada como para que sus pensamientos le resultaran un enjambre cuyo silencio era bullicioso y sentía la necesidad de espantar con la mano.
-¿Qué es lo que te está molestando?- Le preguntó sin miramientos.
Sobresaltada, se aferró a la barandilla de la popa. Al verlo, no pudo identificar si su suspiro fue alivio o resignación. -Me preocupa Nekobaa-sama. Una mujer de su edad no debería estar viviendo sola en esas condiciones.-
Comprendió su preocupación, lo resumió en un breve gesto de asentimiento. -Se toma los juramentos seriamente, nunca ha sido sólo un negocio para ella.- Le explicó. -Entrena a los Ninneko y la Fortaleza de Gatos está cerca, además, la reserva está en la ciudad. No se iría.-
-En una de las habitaciones alcancé a ver un pequeño santuario.- Sakura lo miró a hurtadillas. -Habían muchos nombres Uchiha inscritos en el.- Él cerró los ojos, ese tipo de cosas existían en todos los lugares con afiliación a su clan. -Probablemente la lealtad es lo que la hace permanecer allí, pero ahora eres el único de tu clan. Si tomaras la iniciativa de mover el almacenamiento de armas a algún otro lugar cerca de la aldea mejoraría sus condiciones de vida.- Sugirió ella. -Te escuchará, Sasuke. Eres el líder ahora.-
Coincidía con su opinión con respecto a la situación de Nekobaa, pero su alusión al clan evitó que se concentrara en el asunto y se colocara inevitablemente tenso. -No soy tal cosa. El clan Uchiha ya no existe, Sakura.- Le recordó. Un clan significaba números, miembros. Él era un individuo.
La confusión se reflejó en sus ojos. -En el pasado, tu clan era lo único que parecía importarte.-
-En el pasado no sabía nada.- Espetó.
Cuando era más joven había querido vengar la imagen perfecta del clan que tenía en la cabeza, la injusticia de su caída; Obito e Itachi habían hecho que dicha imagen se torciera y cayera. El único resentimiento que permanecía aún con respecto a ellos y del que algunas veces se sentía avergonzado en sentir era aquel que justificaba la matanza de su hermano con respecto a las acciones y pretensiones que había tenido el clan entonces.
En el mundo al que pertenecía, él era el último y había hecho tanto daño por su cuenta que difícilmente alguna vez alcanzaría a resarcirlo. ¿Cuánto más daño pudieron haber hecho todos los demás de haber seguido con vida? Aquellos pensamientos no podían alcanzar a Sakura porque no podría entenderlos.
-No creo...- Sakura se abstuvo, hubo un par de segundos antes de que reuniera el coraje para decirlo, -...que sólo puedas desentenderte de ese modo. Sólo puedes aceptar y lidiar con el presente si antes aceptas y lidias con quien eres y de donde provienes. Tu familia...-
-Mi familia está muerta.- Interrumpió. Sabía perfectamente de dónde venía y también donde estaba ahora. Le disgustaba que ella hablara del tema tan a la ligera, así que procuró que su tono fuese lo suficientemente severo para zanjar el asunto.
Al principio, había sido parte de algo, una familia y un clan; fueron ambos los que lo convirtieron en un vengador. Descubrir que no eran inocentes quienes pretendía vengar-no completamente, los niños, ancianos y mujeres sin nombre que habían muerto se habían convertido en daño colateral- desde entonces, su identidad había sido golpeada. Su clan y familia habían contribuido a todo el caos, la culpa que su hermano había cargado durante años se repartió en cada uno de ellos.
Sakura no dijo nada más y no le dio otro espacio para intercambiar palabra. Una vez en tierra el camino hacia Kirigakure estuvo rodeado de silencio, pero una vez lo suficientemente cerca sus pensamientos volvieron a ocuparse con el ataque y su perpetuador. Al encontrarse de nuevo en el despacho de la Mizukage supo que tenía noticias en el momento en el que cruzó aquella turbia mirada con la suya.
-Tenemos al culpable.- Les anunció sin previa introducción. -Cuando interrogamos al personal del hospital acerca de cualquier cosa sospechosa, algunos corroboraron la inusual y constante presencia de un Jonin recientemente promovido que correspondía a la permanencia de Sakura en el edificio. Al investigar su casa fue encontrada una máscara que concordaba con la descripción de Sakura.-
»Una búsqueda detallada acerca de su pasado reveló un posible motivo en contra de Sasuke,- explicó la Mizukage. Él cerró los ojos. Nunca pensó que podría haber alguna otra razón, pero confirmar sus sospechas no eran buenas noticias de todas formas. -Sus padres fueron asesinados en una misión donde fueron presuntamente interceptados por miembros del Clan Uchiha.-
La expresión de Sakura mostraba inquietud y sonó dudosa al preguntar. -Ultimadamente, entonces Sasuke se trataba del blanco.- Razonó.
-El sujeto no es muy hablador.- Dijo la Mizukage, aunque aquello le pareció casi un chiste. Había enfrentado la inteligencia de Konoha al ser juzgado después de la guerra, y aunque allí no hubiese nadie como Ibiki Morino debían tener sus propios métodos de interrogación. -Pero esa es una de las mayores posibilidades. Sin embargo, su acercamiento hacia ti no fue aleatorio y de hecho bastante focalizado. Aún estamos intentando avanzar en la investigación, así que seguiremos con la seguridad extra hasta que termine.-
Aquello disparó una alarma para él. ¿Realmente pensaba que era necesario con la supuesta amenaza erradicada la protección extra? Había más, lo sabía.
-Me gustaría demorarme un poco más para discutir los detalles de la seguridad, pero sé que están cansados y no quisiera retenerlos a ambos innecesariamente, así que uno de los dos puede quedarse.-
Esa era su señal. No olvidó que Sakura era inteligente cuando la mirada que le dirigió expresó claramente que su intención no era discutir quién se quedaría a escuchar el supuesto plan de seguridad, a pesar de que la pelirroja intentó sonar despreocupada, Sakura estaba alerta. -Adelántate.- Le indicó. Hizo que sonara una petición para que comprendiera que éste era su deseo y no se perdió de la cierta renuencia con la cual le asintió antes de retirarse.
Tenía la sensación de que la obediencia de Sakura provenía de que probablemente pensaba que la Mizukage discutiría el asunto relacionado al ataque pero más específicamente asuntos relacionados a su clan. Partiendo de su última discusión al respecto debió haber pensado que era lo prudente.
-Hace días intuí de tu visita que sabías mucho más de lo que querías compartir y nunca me quedó claro si estabas dispuesto a compartirlo con Sakura, así que pensé que lo más seguro sería proveerte a ti primero con la información.
»El sujeto realmente no era hablador, pero tenemos nuestras maneras. Al parecer, no iba a arriesgarse a atacarte por si mismo.- Por un segundo se sintió intrigado. -Pero encontramos suficientes conexiones entre él y un grupo de renegados dispersos por el país que se especializan en asesinatos de ninjas fichados en el libro Bingo. Incluso aunque ahora estás fuera de el, no podemos descartar que aún se ofrezcan recompensas por tu cabeza. Las conexiones que hemos rastreado son recientes y coinciden con las fechas entre las que se hizo conocida tu estadía en la aldea. Existe la posibilidad de que haya filtrado información tuya a forasteros, podría atraer cierta atención.-
-Si se trata de una venganza en contra de mi clan, ¿Por qué atacar a Sakura si no pretendía atacarme?- Incluso si el sujeto pensaba que podía dejárselo a algunos asesinos, ¿Por qué era ella un blanco inmediato si no se trataba de llegar hasta él? Antes de que le respondiera, supo que sus preocupaciones no habían resultado tan absurdas como pensaba.
-Para ser una venganza, no tiene demasiado sentido. Por muy absurdo que resulte que intente hacerte daño por una deuda respectiva a tu clan, es poco probable que sienta el suficiente odio hacia ti como para pretender dañarte al atacar a tu ser más cercano.- Indagó ella, mirándolo con interés.
No tenía sentido, por eso había exigido una investigación apropiada. A pesar de lo que había dicho, le parecía que la mujer tenía el asunto bastante claro y sólo pretendía que le escupiera lo que había sospechado en un principio. -¿Qué fue lo que dijo en el interrogatorio?-
-Mostró bastante desprecio hacia los tuyos, y dejó muy en claro sus intenciones de que tu clan permaneciera extinto.- Ella cruzó los brazos y el procesó la información. Antes, sus atacantes sólo lo habían cazado a él, porque entonces había sido la única persona para hacerlo.
Sakura...
-Él pensó en Sakura como una amenaza para que sus deseos fueran arruinados.- Finalizó Mei.
Esas conjeturas, ¿Las había hecho el mismo? Incluso si así era, cualquier otro en algún punto podía pensar lo mismo. La exposición de Sakura se había convertido en un problema; ahora no era solamente una forma de llegar hasta él, sino que también se había convertido en un blanco por su afiliación con él. Había personas con intenciones asesinas hacia Sakura por creer que ella podía ser el camino para revivir el clan mediante la procreación. Empezaban a pensar en ellos como una pareja por un asunto más allá de rumores o curiosidad, la vida de Sakura estaba en peligro.
Se abstuvo de restregarse el rostro en frustración y en lugar de eso liberó el aire en sus pulmones por la nariz.
-Infórmale,- aconsejó la líder. -Seguiremos investigando para corroborar que de hecho podrían ser cazados al salir de aquí. Ahora que está tan involucrada en el asunto, lo apropiado es que se lo digas.-
Mierda. Maldijo bajo su aliento al estar fuera y en camino a buscarla. Una vez estuvo dentro ella estuvo a la vista apenas entró, al final del pasillo y sentada a la mesa. Estaba calmada, su mirada mesurada y la preocupación visible. Resultaba obvio que lo había estado esperando. La silla estaba abierta fuera de la mesa, las manos descansaban sobre sus rodillas, hacía un colorido contraste con los colores planos de la habitación.
No podía notar nada fuera de lugar en ella. Era una médico respetable y una buena kunoichi, apreciada y respetada por los que la conocían. Sabía que no había asesinado a nadie sino para defender su vida o la de otros. Incluso en el baño de sangre en el que habían estado inmersos desde siempre, ella se las había arreglado para ir a través de el sin mancharse. Nunca había sido perseguida para ser asesinada. Probablemente, el único que había tenido intenciones de homicidio reales hacia ella fuera de la batalla había sido él.
Antes se había tranquilizado y aliviado a si mismo con los buenos aspectos que su presencia le traían a Sakura, como la protección y el cuidado, y los que ésta traía sobre si mismo, la redención y la paz. La pasada preocupación acerca de ser perjudicial para ella había crecido en dimensión al darse cuenta que la amenaza que ponía sobre ella no sólo se trataba del error de colocar una carga innecesaria sobre los sentimientos que sabía que Sakura tenía por él. Estaba colocando en su dirección problemas que nunca había enfrentado, a lidiar con culpas y rencores que no le pertenecían.
Podían haber personas tratarían de tomarla por el cuello porque habían notado su vínculo y por si mismos creado una conexión con su clan. Era como si la maldición que había cargado desde que podía recordar se hubiera extendido sobre ella.
Dio un paso hacia ella cuando se dio cuenta de que se había detenido mirándola.
-¿Sasuke?- Sakura lo llamó con suavidad. Parecía haberse puesto nerviosa por su silencio. -¿Qué está pasando?-
-Él iba tras de ti.- Le informó sin preámbulo.
La sorpresa cruzó sus ojos, luego la confusión. A pesar de todo, no dijo lo que pensó que diría. -¿Qué descubrieron en el interrogatorio?- Preguntó ella, la mirada lejana y perdida en sus pensamientos. Se abstuvo para no resoplar ante la posibilidad de que ella pudiese estar revisando mentalmente su historial por algo que pudiera justificar el ataque. Sakura era absurda.
-Existe una pista que lo conecta con asesinos a sueldo.- Una vez más, su entrecejo se frunció. -Puede que el sujeto que te atacó los haya puesto tras mi pista para acabarme.-
-Tiene sentido con la información que reunieron sobre él pero... ¿Por qué a mí entonces, si no pensaba atacarte directamente a ti?-
Soltó el aire en sus pulmones involuntariamente. -Pensó en ti como una amenaza a sus intereses de mantener el clan extinto,- le dijo. Sakura no se percató de ello inmediatamente y eso no sirvió para tranquilizarlo, pero su cerebro fue veloz en procesar la información. El entendimiento se mostró en sus rasgos antes de ser rápidamente cubierto por su máscara de tranquilidad, el rubor de sus mejillas desvaneciéndose lentamente conforme evaluaba la seriedad de la situación.
-Necesitamos averiguar si esa conexión existe de verdad,- Sakura pausó, pensativa, -y ser más cuidadosos. Creo que deberíamos ir a interrogar el sujeto nosotros mismos, de ese modo...-
Al parecer, no había perdido la capacidad de enfurecerse cuando creía que ella actuaba de forma inconsciente. No estaba asustada por el peligro, lejos de ello. Sakura era... exasperante.
-Mantente alejada de esto.- Le advirtió. -No te involucres más en este asunto.-
La arruga de su entrecejo se profundizó. -Estoy involucrada en esto.- Declaró ella, testarudamente. -Pretendía atacarme a mí. Claramente debemos seguir su pista y estar preparados...-
-Quería matarte debido a mi.- Le recordó, severo. -Estás siendo amenazada, ten algo de sentido común. Esta vez fue una persona corriente pero es posible que esto escale si seguimos exponiéndonos juntos y creando un alboroto innecesario a tu alrededor.-
Sakura se levantó de la silla, obviamente molesta. -¿Realmente vamos a volver a esto?- Preguntó más para si misma antes de dirigirse a él. -No me voy a ir a ninguna parte, Sasuke. Estoy siendo amenazada por alguien que también pretende cazarte. No tendría sentido separarnos, juntos podríamos resolver esto de la mejor manera.-
-¡Este no es tu asunto! La única razón por la que estás metida en esto es porque ocurre que estás demasiado cerca para que sea cómodo.- Para su comodidad, y aparentemente también de todos los que se le oponían. -Soy quien te está volviendo un blanco.-
-¡Esto no es culpa tuya, Sasuke! El tipo ha estado cultivando un resentimiento que es totalmente irracional.-
-Tenías razón. Aunque soy el único que queda aún es como si el resto del clan estuviese vivo.- Las palabras, como lo eran últimamente, resultaron amargas. -El rencor de ese sujeto está dirigido al clan del cual soy parte y soy el único que queda para culpar. Incluso si hoy no es algo de lo que soy directamente responsable algún día se tratará de algo que yo hice. Algo que quieran de mí.-
Siempre habían intentado capturar, atraer, poseer y matar su cuerpo, ojos y habilidades desde que podía recordar. Era algo con lo cual había crecido y atravesado, era su carga. No era de Sakura porque no tenía nada que ver con las cosas malas que lo rodeaban. Ella era una verdadera víctima; el mismo no podía librarse de la resignación que traía la certeza de que de alguna forma él se merecía lo que le acontecía.
-No te dejaré solo en esto. ¿Realmente crees que podría irme por mi cuenta sabiendo que probablemente serás perseguido afuera?- Preguntó con dolorosa incredulidad. Se movía de un lado a otro. -¡No me importa si están detrás de mi, Sasuke!- Ella gritó y su mandíbula se tensó en respuesta. -Lo que importa aquí es que de alguna forma estás en la mira y esta vez puedo ayudarte a resolver todo esto. Me enfrenté a Akatsuki por Naruto a pesar de sus quejas y no haría menos por ti.-
Cuando pensaba en Naruto y su situación era capaz de encontrar similaridades, las acciones de sus padres habían sido las que alimentaron los poderes por los cuales eran temidos y deseados como para desatar sus persecuciones. Pero a diferencia de él, Naruto había luchado toda su vida para merecer la redención de su carga, y que él supiera, no había habido nadie más a quien atrajera los peligros dirigidos a él. Nunca nadie había atacado a Sakura sólo porque estaba relacionada a un nivel personal con Naruto. La referencia sólo sirvió para enfurecerlo.
-Esta es la carga de mi clan. Tomé todas sus culpas y las hice mías cuando me convertí en el último restante. Esto no tiene nada que ver contigo,- le repitió una vez más. -Mantente apartada.- No estaba dispuesto a continuar discutiendo el tema, no tenía sentido. Los nuevos planes y cursos de acción empezaban a gestarse en su mente y en ninguno Sakura permanecía junto a él.
Sólo cuando se movió hacia la habitación Sakura salió de su estupor momentáneo. -¿Por qué haces esto?- Gritó a su espalda. -Nada de esto es tu culpa, ¡Ni siquiera soy lo que ese sujeto teme que sea!- Al encararla, dudaba alguna vez haberla visto tan molesta. -¿Realmente vas a irte sólo por esa tonta amenaza? ¡Tenemos la oportunidad de enfrentar las cosas juntos, como debería haber sido desde un principio! No deberías haber cargado con estas cosas tú solo para empezar. No estás maldito ni condenado a enfrentar estas cosas por tu cuenta, entiéndelo, Sasuke.-
-¿Qué sabes tú?- Su voz cruda, fría.
¿Qué podía saber ella de todas las cosas que había arrastrado, las que sostenía y las que habían colocado sobre él? ¿Cómo podía entender las cosas que lo antecedían y seguían aún, que le quitaban el sueño? Una maldición para Sakura debía significar alguna clase de mierda mística, algún tipo de truco mental debido al pesimismo. Para él se trataba simplemente de su herencia genética. No podía librarse de ella y lo que significaba realmente ser un Uchiha y no había nadie más para comprenderlo, porque no había nadie más como él para continuar arrastrando la consciencia de los pecados de sus ancestros y los suyos propios. Sakura no podía entender lo que significaba estar ahogado en su propia sangre, por poderes y sentimientos que algunas veces parecían demasiado pesados para él.
-No sabes nada,- le escupió. -Sobre mí. Sobre mi clan.- ¿Qué podía saber? Ni siquiera Naruto podía entender como se sentía aunque había llegado a comprender bien todo lo demás. La base de las sombras que vivían dentro del rubio habían sido suyas... las de él no lo eran. Sakura era malditamente estúpida si realmente no podía ver en qué se estaba metiendo, incluso más al querer hacerse con cargas sólo por su pecado de no ser lo suficientemente astuta como para mantenerse alejada de él. -Sin importar cuánto cualquiera de ustedes lo intente no pueden entenderlo. ¡Haz lo que quieras, Sakura, pero no seas tan idiota como para hablar o pretender lidiar con cosas que no conoces en lo absoluto!- Sintió su chakra fluir, el detonante emocional se reflejó en su ojo derecho.
Vio con renovada definición sus ojos verdes crisparse, la alarma en ellos evidente; la tensión en sus músculos y finalmente, como bajó la mirada para no enfrentar su ojo. Estaba en guardia por que le temía y ese era el resultado de haberla atacado antes con el Sharingan. Por lo que había alcanzado a ver en su mente hacía meses, la visión que Sakura había tenido de él durante la guerra era la oscuridad más profunda que había visto en una persona, el villano más temido. No comprendía que esa oscuridad no era sólo suya, que ese abismo no era el más profundo que existía.
-No sé nada,- corroboró ella por lo bajo. -Lo que sí sé es que estás tomando más de lo que deberías por ti mismo. No puedes pretender tomar cada culpa que no te pertenece sólo porque está relacionada a tu clan, tampoco ser tan duro contigo por cosas de las cuales no tienes ninguna responsabilidad, como esta. Sé que realmente no tengo nada que ver con esto, ¡Pero tú tampoco, Sasuke!-
-Cuando Itachi los mató a todos, todo lo que quería era erradicar la amenaza que suponían para mi tanto como para todos los demás.- Le dijo, sin saber exactamente por qué. -Pero en lugar de eso, me dejó aquí para lidiar con las consecuencias. Aún cargo con esto porque la única forma en la que puedo librarme de ser quien soy es muriendo, y no puedo hacerlo porque tengo cosas por las que vivir ahora. Quiero proteger lo que era valioso para mi hermano, proteger lo que es valioso para mí,- pausó por un segundo. -Estoy atrayendo peligro en lugar de protegerte de el.-
Sakura levantó la vista hacia él, casi tímidamente, la rabia ausente de su rostro.
-Sasuke, yo...- Arrastró ella. -Estoy conectada a ti y siempre lo estaré. Es verdad que puede que sea perseguida y que hay personas que antes me han usado para llegar hasta ti. Pero este vínculo entre tú y yo, no podemos cortarlo.- Dijo con certeza, y sabía que no había forma de probar que se equivocaba. Las había agotado todas. -Estoy relacionada a ti de alguna manera u otra y realmente no me importa si es por ti o por tu clan, quiero ayudarte a luchar por todas esas cosas ahora que puedo hacerlo contigo.-
-Pelear por mí. Por mi causa.- Saboreó las palabras, su boca se volvió una mueca torcida. -¿Tienes idea de porqué estarías peleando? ¿Realmente crees que vale la pena poner tu vida en riesgo sólo porque no te importa que te relacionen con tal apellido? ¡Deja de ser una niña, Sakura! ¡Ser perseguida por las faltas de esas personas y las mías no es un motivo valioso para pelear!-
-¡Desde el inicio no he peleado por ninguna otra razón que ustedes, Sasuke! ¡Mis amigos, ustedes han sido la única razón valiosa por la cual he tenido que pelear hasta ahora!-
¿Él, valioso? Sakura estaba ciega. Si tan sólo supiera lo que él, la decadencia de todo lo que lo implicaba. Huiría por su cuenta, ella terminaría huyendo de él y el fantasma de la multitud muerta que lo seguía. Y él necesitaba que Sakura tomara distancia por su propia seguridad.
-La única cosa valiosa que tienes para defender es tu vida.- Le dijo.
Cuando el Sharingan de su ojo no desapareció si no que se modificó, Sakura reaccionó inmediatamente intentando colocar distancia entre ellos, pero él fue veloz en atraparla. Hubo un forcejeo.
-¡Sasuke, detente!- Exigió.
Sakura estaba frente a él y sus ojos estuvieron cerrados demasiado tarde. El Mangekyō Sharingan era la línea sanguínea evolucionada por una razón. Las personas podían diferenciar las ilusiones del Sharingan de la realidad en algún punto, pero eso era casi imposible con el Mangekyō; su dominio sobre el cerebro era tan completo que no sólo creaba la ilusión del dolor, era capaz de desencadenarlo.
Alcanzó a ver el pánico en Sakura al darse cuenta justo antes de que su cuerpo dejara de sostenerla y se precipitara hacia el suelo, atrapándola en el aire. Notó como todo su cuerpo se rindió cuando la fuerza de sus párpados cerrados se debilitó y una sola lágrima se derramó en su mejilla. Se las arregló para sostenerla con un brazo colocándola sobre su pecho, el corazón de Sakura latía tan rápido que supo que tenía que monitorearla.
Cuando colocó su cabeza sobre el futon, su rostro ya estaba contraído por el sufrimiento. No suavizó la ilusión y tampoco se contuvo de ninguna forma. No tenía la certeza de que Sakura pudiese ser capaz de aliviar el dolor creado y alimentado únicamente por el cerebro, incluso ella podría necesitar algunos días para que su cuerpo se recuperara de el. De lo único que estaba seguro, es que lo resentiría después. Querría huir de todo lo que había experimentado.
Sakura hacía muecas mientras el sudor empezaba a perlar su piel, sus quejidos amplificándose en el silencio de la habitación. No quería tocarla, pero tampoco podía apartar la mirada incluso aunque lo deseaba. Alcanzó su muñeca para tomar y presionar la pequeña prominencia ósea sobre la cual se sentía la arteria para medir su pulso. Las pulsaciones de la sangre golpeaban con violencia la yema de sus dedos y su piel lo quemó al contacto, pero igual se aferró a ella. Colocó la espalda sobre la pared, el brazo extendido en su dirección.
El Mangekyō no era menos que una tortura. Aún era un monstruo.
Sakura debía importarle tanto como se odiaba a si mismo.
La visión del Sharingan la sobresaltó. Estaba temblando antes de que pudiera registrarlo, la descarga de adrenalina dispersándose a través de su cuerpo. Él había dicho que quería protegerla, pero no podía quedarse sin hacer nada ante su rotunda intención de mantenerla alejada. Antes, había utilizado su ojo para dejarla inconsciente y huir. Parte de ella estaba paralizada por el miedo de que intentara hacerlo de nuevo.
Cuando Sasuke se precipitó hacia ella reaccionó por instinto. Intentó poner distancia pero él la alcanzó con facilidad, y por primera vez en mucho tiempo sintió el deseo real de apartarlo al percibir sus intenciones de atacarla. Sintió como el brazo de él se quebró bajo su agarre defensivo, pero Sasuke apenas e hizo una mueca. Continuaba intentando liberarse desesperadamente mientras se esforzaba en no encarar al Mangekyō, pero sus piernas fueron más rápidas. Sasuke hizo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo, impidió que se incorporara precipitando su peso sobre ella, inmovilizándola.
Dejó de removerse contra él cuando lo notó. Era la sensación del aire. Era el hecho de que si realmente le hubiera roto el brazo de la forma en la que lo había hecho, Sasuke no sería capaz de sostener el agarre de las muñecas sobre su cabeza.
Ya estaba atrapada en la ilusión, ¿Pero cómo? Comprendió con rapidez que no podía haber ocurrido cuando se había movido, si no en un principio cuando había visto el Sharingan de tres aspas. Sintió la presión de las piernas de Sasuke contra sus caderas y el agarre férreo de sus muñecas. Se encontraba apenas a un brazo de distancia casi sentado sobre su cuerpo, el rostro inclinado hacia ella, el cabello enmarcándolo. Sin importar cuanto temiera, la belleza de su cara impávida era sobrecogedora; parecía calmado, distante, e hizo que el corazón le doliera en el pecho. ¿Recordaría esto al despertarse sola? Aquella cercanía era demasiado, era cruel incluso tratándose de él.
Fue sólo cuando miró el ojo derecho de Sasuke que encajó la pieza restante. No había estado atrapada en la ilusión del Mangekyō hasta ese preciso momento, donde el piso sobre el cual estaba recostada se convirtió en una negra espesura que estaba comenzando a tragársela. Tuvo un último vistazo del hombre que amaba antes de que liberara sus muñecas para rodearle el cuello y la empujara para ahogarla en las profundidades.
Los campos estaban llenos y más verdes, se esparcían bastamente alrededor. Aún así, estaba vacío, se sentía vacío. El vació se llenó con algo que reconoció como codicia y fue capaz de sentir la sed de poder acompañada del miedo. ¿Qué era mayor, la necesidad de proteger o conquistar? La vida había sido una pelea desde el inicio, el único descanso que alguno de ellos podría tener sería la muerte.
-Indra,- alguien llamó, volteó hacia la voz. Sus ojos podían verlo todo, el poder era su don, pero existía otro. El otro era un problema, un obstáculo. El poder era dominio y él lo tenía, quería pelear para retenerlo como si fuego le corriese por las venas, apremiándolo y lastimándolo a la vez. Le dolía, el dolor no era comparable con los bienes obtenidos en batalla. De pie frente al otro, existía la duda.
¿Era lo suficientemente fuerte para cortar ese vínculo?
-Asura.- Lo llamó.
La sangre había corrido, la lucha sucedió en imágenes nítidas durante lo que parecieron días. Al final, él había caído, pero el dolor de sus heridas era insoportable. «Hermano» El dolor en su pecho no se iba y la calidez del cadáver le recordó a la calidez del pecho que los había abrigado a ambos, Asura mamando de un pecho y él del otro.
Fuego y sangre manó de sus ojos, los sintió quemar. La agonía del dolor era insoportable, su tiempo se había acabado. Sabía que sería él quien lo buscara en la próxima vida. Ni siquiera la muerte sería el descanso.
Fue creado de nuevo, carne y sangre; el vacío se llenó de otras sensaciones. Las mujeres que lo rodeaban llenaban el aire de sus gritos y muchas luces se encendían en la amplitud de los terrenos. Podía sentir su sufrimiento con claridad a pesar de que reconocía que eran entidades distintas. Al ver los pequeños rostros que habían pujado fuera de su cuerpos, el suave rumor de sus alientos fueron absorbidos por su nariz, llenaron sus pulmones, la calidez esparciéndose cual veneno. El sol había perdido significado frente a sus hijos y una vez más sus ojos ardieron, esta vez en devoción. Aquella misma sensación lo ahogó cuando la sangre de sus hijos fue derramada. Peligro, los creían peligrosos. La ira no lo cegó, todo se volvió mucho más nítido en su lugar.
Los vio a todos extenderse como la raíz de un árbol que emergía del suelo y del cual crecían numerosas ramas y abundantes hojas. Todos sus ojos quemaban y todos sus sentimientos eran tan intensos que no se desvanecían al morir, se acumulaban y eran heredados por el próximo. Las hojas resultaron muy propensas a caer y morir, la lucha era perpetua así como el dolor. Los vio a todos, rostros con los cuales nunca había soñado y cambiaban con los años, tiempos y eras. Eventualmente tomaron un nombre, el emblema era el abanico que colgaba sobre sus cabezas y era usado para pelear.
El clamor de la batalla era inmisericorde, sintió la necesidad de arrancarse los ojos para aliviar el dolor. La piel le crujía ante el fuego de las llamaradas, la agonía sólo acababa con una afilada estocada en su pecho, una, dos, tres, cuatro veces; terminó siendo incapaz de contar, quería gritar para dejar escapar el alma a través de la boca pero el dolor no se lo permitía.
Sus ojos quemaron millones de veces hasta quedarse ciegos, pero necesitaban ver para ganar. Al estar de pie frente a uno de los suyos y arrancar-desesperado por poseer los que aún poseían luz-los ojos de sus cuencas, el dolor del otro no significó nada para él. Colocándoselos, fue capaz de ver una nueva luz. La gente alrededor seguía matándose, el agarre en su espada fue una extensión de su brazo y así masacró a tantos. Reconoció a algunos de sus enemigos en sus propios hermanos pero ya no tenía ninguna importancia, no significaban nada.
Los vio a todos caer como piezas, rostros borrosos. Terminaron encontrando un lugar pero nunca dejó de ser ellos contra el mundo, atrapados, cercados. Sentía la molestia y la desconfianza, como el sonido amenazador de la sonaja de una cascabel. «¿Por qué era su poder confinado, embargado? Deberían temernos para servirnos, no temernos para encerrarnos. La aldea debería ser nuestra»
La rabia y el resentimiento la abandonaron en un golpe, como si su alma hubiera sido arrastrada para abandonar el cuerpo que estaba ocupando. Sus sentimientos eran distintos, las emociones complejas atrás, ajenas. En la mesa, erguía la postura con el fin de agradarlo.
-Tadaima,- reconoció el timbre de la voz, y su interior vibró de regocijo.
-¡Aniki!- Era devoción. El amor creció en su pecho como lo había hecho el de sus antepasados, con una intensidad incomparable. La figura de su padre era autoritaria y su madre parecía omnisciente, y sólo sintió que cobraba vida cuando su hermano se dirigió hacia él. Su padre y madre también parecieron ausentes hasta que Itachi estuvo allí, la forma en la que lo miraban no distaba mucho de la suya.
Itachi lo era todo para todos, pero la mirada de su padre en algún punto dejó de entrever su orgullo para mostrar desconfianza. Fue sólo entonces cuando los ojos de su padre se enfocaron en él, para señalar sus defectos. Itachi y las esperanzas que el clan tenía en él cayeron en picada de una forma que no podía entender, pero le causaba una angustia inexplicable. Su hermano no era el mismo, pero seguía siendo su hermano. El resentimiento y descontento entre su padre y hermano lo asustaba mucho más de lo que lo había estado en su vida.
El miedo creció a su alrededor con una enredadera desde que vio a su hermano a los pies de su padre, rodeado de las miradas alarmadas de los altos miembros del clan. Su pecho contenía un desasosiego que era incapaz de interpretar. Algo estaba mal, pero no podía decir que.
-Será la próxima vez, Sasuke.- Era eso lo que estaba mal. Lo decía como si nunca habría de nuevo una próxima vez.
El primer pie en la entrada que delimitada el recinto le envió una descarga de alerta en la espina dorsal. Sintió el peligro como un instinto que resultaba más heredado que propio antes de notar la primera ola de cuerpos esparcidos en las calles. La visión no lo aterró tanto como el silencio. La desesperación vino justo después. Sólo sintió miedo una vez que reconocía rostros entre los cadáveres masacrados en el suelo y no era capaz de revivirlos sin importar cuánto los sacudiera o gritara sus nombres.
El horror ya se había apoderado de él antes de comenzar a correr, el sudor frío y las lágrimas que le habían instruido a ocultar asomándose sin que pudiese hacer algo para evitarlo. La idea de que su madre, su padre y su hermano pudiesen encontrarse entre ellos era tan fantástica como aterradora. Antes de llegar a casa, el atisbo de esperanza que lo mantuvo en movimiento fue la creencia de que no había manera alguna de que hubiera podido ocurrirles algo, no a la figura imponente de su padre, no a su madre bajo la protección de su padre; nunca a Itachi, jamás a Itachi.
Encontrar los cadáveres de sus padres resultó una oscura sorpresa, el frío instalándose en su estómago y la garganta cerrándose era lo único que le impedía gritar. ¿Quién? Cuando alcanzó a ver a Itachi, el dolor se entremezcló con adoración. «Jamás a Itachi» Cuando su hermano se reveló ante él, quiso alcanzarlo y darse cuenta de que nunca más estaría a su alcance lo puso de rodillas. No había entendido nada entonces, mucho menos ahora. El dolor que experimentaba no se comparaba a nada, ni siquiera a los miedos antiguos. Una vez comprendió que no era un horrendo sueño si no una realidad, algo nuevo y potente afloró ante la visión de los cuerpos de sus padres y el recuerdo del hermano adorado superpuesto al monstruo que se encontraba frente a él. Quiso arrancarle la carne, destrozarlo y acabar con aquel exterior con la esperanza de encontrar dentro al verdadero a Itachi.
¿Por qué?
Sin importar cuánto lo intentara, sabía que no era suficiente. Itachi lo era todo, y él había sido reducido a nada.
-No tiene ningún valor matar a personas como tú, mi pequeño hermano tonto... Si quieres matarme... ¡Maldíceme! ¡Ódiame! Y vive una vida larga y desagradable. Huye... huye y aférrate a tu miserable vida. Y algún día, cuando tengas los mismos ojos que yo, ven a verme.-
El dolor y el odio se extendieron por su cuerpo hasta acumularse en sus ojos y el fuego lo quemó vivo. Su cuerpo obedeció como si se tratara de un mandato, ajeno a la parte de él herida e inmóvil dentro. Corrió con la esperanza de despertar y que las lágrimas que creía haber visto brotar de los ojos de Itachi no significaran nada. Al preveer el último ataque, deseó morir. Despertó en el hospital con una silenciosa aceptación de su destino. Al volver a su casa sus padres ya eran sólo un recuerdo y todo lo que quedaba de evidencia era la sangre. Al despertar no tenía padres ni clan y tampoco un hermano, solo el odio que bullía dentro de él, el único legado que había heredado de su hermano una misión de vida. Mataría a Itachi. Además del odio y el dolor, no le quedaba nada.
Eligió no salir nunca del fondo para nunca olvidar. Olvidar habría debilitado su resolución, y esta a su vez era alimentada por la soledad y la incubación de su resentimiento. No hubo un día en el que dejara de sufrir y el sufrimiento avivaba la rabia del pábulo que lo fortalecía. Creció no queriendo nada más que ser más poderoso, no había nada más en el mundo que la persecución de su obsesión hasta que ellos vinieron. Cuando lo hicieron, se alojaron dentro hasta que sintió la necesidad de purgarlos.
Los años no pasaron lo suficientemente rápido hasta que finalmente tuvo noticias de él, y su deseo de alcanzarlo acompañaba la necesidad de ayudar a su amigo. Darse cuenta de que podía morir en sus manos y que de nuevo había fallado en cumplir su misión lo rompió tanto como la ilusión de la repetición de la masacre lo hizo. Al despertar, era menos de si mismo y más del monstruo que era necesario para matar a Itachi, pero no lo suficiente. La ambición y el odio lo abrumaron hasta que fue incapaz de sentir nada más.
Una vez se libró de ellos, su odio se anidó y cultivó en una guarida más oscura y profunda e hizo bullir el poder en sus venas. Se volvía cada vez más ansioso, impaciente. Había esperado una vida, estar de pie frente a Itachi como un hombre mientras éste se sentaba en un trono tallado por la gente a la cual había asesinado. Más allá de los muros de ilusiones entre ellos, se preguntó si era lo suficientemente fuerte para cortar ese vínculo.
-¿Qué tanto ven, esos ojos?- La voz de su hermano resonó en su cabeza.
El rostro del hombre retorcido y roto que Itachi había mostrado ahogó parte de su rabia debajo del temor. Una vez más, su poder lo hacía parecer invencible y fue forzado a pelear por su vida en lugar de hacerle pagar. El odio lo empujaba, el subidón sólo lo abandonó al temer que todos sus ataques fueran inútiles. «Jamás Itachi» Cuando su hermano avanzó en su dirección y se saltó su ojo para tocar su frente, el odio no estaba allí.
-Lo siento, Sasuke... no habrá una próxima vez.- El cadáver cayendo al suelo lo dejó vacío en el interior. Cuando cayó a su lado, deseó morir también.
Despertar en sus nuevos ojos y consciencia de la verdad hizo que el odio renaciera como un incendio fuera de control, el poder acompañándolo. El dolor lo sofocaba y lo único que parecía aliviarlo era la satisfacción de su propia venganza. Quería hacerlos arder por la eternidad, sufrir como lo habían hecho Itachi y los suyos. Quería matarlos más de lo que alguna vez había deseado matar a su hermano. Sólo vivía por ello.
Las conexiones que mantenía con el mundo eventualmente se rompieron. Sus pensamientos se aislaron y su dolor no conocía otro alivio que inflingirlo. Nada tenía sentido para él, no tenía nada y sentía nada. La oscuridad no tenía retorno, podía sentir que lo cubría como si fuese corpórea, más gentil de lo que lo había sido nadie, nutriéndolo. Sus ojos podían ver, y en el fondo de su mente, un mar de cadáveres parecía un costo apropiado. Entre sus rostros muertos, vio el de él y ella. El pensamiento lo volvió impaciente.
Como una entidad separada, la visión le envió una punzada de alarma. Su propia angustia lo engulló hasta que respirar fue imposible y reconoció que estaba muriendo.
Emerger de las profundidades pegajosas y dar su primer bocanada de aire hizo que su pecho se elevara-el pecho lastimado.- Dolía, todo dolía demasiado, estaba confundida. Había luchado contra su hermano, dado a luz hijos, sido su padre y los había perdido. Había sido lastimada y asesinada, una, dos, tres, incontables veces. Dolía respirar. ¿Dónde estaba su hermano? Estaba furiosa, furiosa y herida, los pensamientos se sucedían con demasiada rapidez; pero cuando abrió la boca para llamarlos, muchos nombres acudieron a su mente y no fue capaz de llamarlos a todos al mismo tiempo, todos y cada uno le dolían, y un estallido de llanto ruidoso escapó de su boca en su lugar. El dolor era insoportable, estaba muriendo y no quería regresar en otra vida de nuevo. El aliento la abandonó y su cerebro se desconectó de su cuerpo mientras fallecía.
Cuando volvió de nuevo, el dolor aún estaba allí, incesante. Sintió el ardor de las quemaduras en la piel, las puñaladas y los cortes, así como el escozor lastimero en los ojos; tuvo la necesidad de tocar las cuencas vacías y sangrantes con los dedos, pero no podía moverse.
-¡Haz que se detenga!- Gritó. Alguien tenía que venir y acabar con su vida. ¿Por qué no moría? No sabía quien era ni a quién llamar, los nombres de antes estaban borrosos en su memoria, pero su pena por ellos aún era nítida.
Cuando sintió algo parecido al alivio percibió algo más que el dolor desvaneciéndose lentamente. Frotaban algo contra sus heridas, pero fue incapaz de reaccionar ante la incomodidad. Estaba húmedo y tibio y terminó agradeciendo la sensación. Sus párpados temblaron imperceptiblemente ¿Habían colocado sus ojos de vuelta? Captó una visión efímera de él, fue capaz de reconocerlo. Era uno de los suyos.
Antes de abrir los ojos la próxima vez recuperó la consciencia, todo vino lentamente. Era un ser, y no varios, y era una ella. Tenía un nombre y sus propios recuerdos flotaron lenta y progresivamente en la superficie de su mente, el pecho empezó a dolerle con su propia angustia. Estaba lastimada, pero no era tan fuerte como resultaba paralizante y lo temía, aunque le asustaba más despertar. ¿Exactamente con qué iba a encontrarse al despertar? No iba a abrir los ojos aún.
Era una mujer una vez más, aunque estaba ligeramente consciente que su imagen era diferente a la que pensaba que tenía. Su cabello era oscuro, el largo le era ajeno y al mismo tiempo familiar. Su vientre estaba severamente hinchado con su hijo dentro, su mano se colocó sobre el para acariciar su extensión lentamente y el bebé le respondió moviéndose. Su corazón palpitó y se llenó con ese amor que se extendía cual calidez y que parecía haber sentido millones de veces en cuerpos diferentes.
-Madre,- un timbre de voz infantil la llamó, y miró hacia abajo y a su lado para atenderlo.
-Itachi.- Lo reconoció, otra punzada de amor fluyó a través de ella. «Mi hijo»
-¿Mi hermano nacerá pronto?- Preguntó él, sus ojos nunca infantiles, sino evaluadores. Había estado mirando su expresión por si notaba algún cambio repentino. Había sido inquisitivo sobre su estado y la forma en la que se desarrollaría, incluso aunque sabía que había investigado el asunto por su cuenta.
-No lo creo,- respondió. -Pero está quedándose sin espacio. Puede que salga pronto.-
-¿Estás preparada?-
Uhm. Estaba preocupado. -¿Te refieres al dolor?- Él asintió. -Ciertamente es uno de los más grandes dolores que se pueden llegar a sentir.- Rebuscó en su mente la forma apropiada de explicarlo. Itachi ya estaba muy avanzado y había empezado a dejar atrás los tiempos en los que sus contrincantes eran capaz de herirlo seriamente. -Pero también se dice que después del primero ya no resulta tan doloroso.- Su pequeño rostro mostró alguna clase de conflicto, tan inapreciable para el resto que nadie más que ella podría señalarlo con certeza.
»No puedo recordar el dolor, por eso no puedo medirlo.- ¿Estaba preocupado por el dolor o simplemente creía que era una consecuencia natural con la que tenía que lidiar y sólo tenía curiosidad? Sólo podía adivinar con Itachi, pero a veces acertaba con él. -En el momento recuerdo que fue relevante, pero el dolor fue el precio a pagar por tenerte. Cuando te sostuve entre mis brazos, olvidé el dolor. Sé que sucederá lo mismo con tu hermano.-
Inclinó la cabeza, comprensivo. A veces se preocupaba mucho por él. Sabía que su hijo la amaba, pero durante esos meses había crecido su inseguridad acerca de si Itachi sería capaz de vincularse satisfactoriamente con su hermano. Tenía un pensamiento maduro, pero a pesar de sus habilidades precoces aún no había vivido lo suficiente para dejar de ser transparente para ella. Su hijo no era inocente, era puro. No había creado lazos afectivos con otros niños a excepción de Shisui, pero a pesar de que ese vínculo provenía del entendimiento y similitudes con respecto a su núcleo familiar; Itachi no compartía de esa forma con sus otros primos y pasaría mucho tiempo hasta que su hermano pudiera crecer para entender la forma en la que él veía el mundo. ¿Cómo podía lograr que se interesara genuinamente en el bebé?
-Necesitaré tu ayuda, hijo.- Se resolvió a decir, él la atendió. -No seré capaz de cuidarlo de cerca durante mucho tiempo, como no siempre fui capaz de hacerlo contigo.- Aún era muy pequeño cuando el consejo del clan le había prestado atención y acaparado. Sabía que esperaban algo similar con respecto a su hijo menor. -Pero tú tendrás el espacio que no me será dado. Él será frágil hasta que se endurezca, y todos se preocuparán porque se afile. Puede que enfrente una presión mayor a la que tú tuviste, así que él necesitará más gente que lo ame para compensarlo.
» ¿Vas a amarlo, Itachi?- Le preguntó, mirando de reojo a la baja figura a su lado.
Su hijo la encaró, los rasgos de su padre marcados en su rostro perfecto. -Proviene de ti.- Señaló su vientre. -Lo amaré.- Sentenció, quieto y solemne, como si se tratara de un voto. Tenía dudas, y bien estas podrían estar aglomerándose en su mente ese momento. No podía resolver todas sus dudas, e Itachi no se las revelaría.
Le hubiera gustado tomar su mano, pero su hijo ya no era un niño a pesar de serlo. En su lugar, le sonrió. Sabía que sus dudas no habían desaparecido, pero su rostro se suavizó. Deseaba que su hijo sonriera más, así como deseaba que su hijo menor fuese capaz de sonreír y hacerlo sonreír.
Dio algunos pasos en el camino y en algún punto al avanzar el dolor comenzó a esparcirse desde su columna, espalda y vientre. En un momento se encontraba sentada y en otro estaba tendida, el dolor fuerte y severo, pero necesario. El sudor perlaba su piel y pujó desde su interior hasta que el alivio sobrepasó las demás sensaciones. El sonido del llanto agudo de su hijo hizo bullir el amor en su pecho.
Unos brazos lo trajeron hasta ella y lo sostuvo en los suyos. El rostro de su bebé era perfecto, el rubor saludable; no dejó de llorar una vez estuvo en contacto con su piel, el llanto sólo se amortiguó. «Te amo»
-Sasuke.-
Cuando tendió al bebé en otros brazos, estaba sobre sus pies y recuperada. Acarició la piel de su hijo guiando la posición correcta que debían tener sus brazos.
-Sostenlo, Itachi.- Instó.
Él obedeció, observó atentamente el desenvolvimiento mientras lo hacía. Su rostro era absolutamente evaluador, pero era capaz de ver la curiosidad en sus ojos.
-Se parece a ti, madre.- Comentó. Le asintió con una pequeña sonrisa en los labios.
El sonido ajeno de la voz de Itachi hizo que el bebé reaccionara y prorrumpiera en llanto. El entrecejo de su hijo mayor se frunció y ella estuvo tentada a reírse.
-Sólo no está familiarizado contigo, es algo temperamental. Tienes mucho con qué trabajar.- Los ojos de Itachi alternaban de ella al bebé otra vez conforme el llanto llenaba la habitación. Recordó súbitamente que Sasuke sólo había dejado de llorar cuando fue colocado sobre su pecho desnudo. -Tócalo.- Le sugirió.
Itachi desplazó el peso de Sasuke y cambió de postura. Cuidadosamente, como si se tratara de alguna clase de experimento, el dedo índice de su hijo tocó la frente del bebé. Sorprendentemente, éste amortiguó un último quejido antes de dejar de llorar. El cambio fue rápido, inadvertido, pero ella lo detectó. La rigidez del rostro de Itachi se dispersó y los dedos alrededor de la criatura envuelta se estrecharon.
Itachi amaría a Sasuke.
-Cuida de él, hijo.- Más que una petición, para ella se sintió más como una súplica. Esa vez, él sólo asintió. Ya no sólo era un voto, era convicción. Compromiso.
La imagen de Itachi creció ante sus ojos, el amor hacia su hermano perenne. Lo vio ser feliz, y conforme crecía cada vez más triste, sin esperanza. Observó sus lágrimas, sintiendo el amor en el pecho ahogándola mientras él se encontraba frente a ella, antes de apuñalarla con una espada.
-Estamos aquí,- Fugaku, de rodillas a su lado, le avisó. -No hay trampas, entra.-
-Padre.- Itachi se dirigió a él, evitando mirarla. «Mi hijo»
-No quiero pelear a muerte con mi hijo.- Alcanzaba a notar atisbos de tristeza en el tono de su marido debajo de la ironía. Habían acordado que así sería una vez se dieron cuenta de lo que sucedía. Ella temía hablar lo suficiente como para que la voz se le quebrara. -Ya veo... Así que ahora estás con ellos, ¿Eh?-
-Padre... madre... yo...-
-Lo sabemos, Itachi.- Le dijo, la voz apenas un susurro. Tarde, muy tarde.
-Haznos una última promesa, Itachi. Cuida de Sasuke.- Le recordó. No temía por su propia muerte ni tampoco por la suerte de su hijo menor. Temía por Itachi y por la carga de la cual no podría deshacerse.
-Entendido.- Su respuesta sonó como el voto de amor que le había hecho alguna vez.
-No temas...- Dijo Fugaku. -Es el camino que escogiste, ¿No es así? Nuestro dolor, a diferencia del tuyo, terminará en un instante. Aunque nuestras maneras de pensar sean diferentes, me siento orgulloso de ti... Eres un chico tan bueno.-
Lo último que pudo ver fue las lágrimas de su hijo caer al suelo. ¿Quedaría alguien vivo que pudiese entenderlo? Ella había fallado.
Percibió fugazmente la sonrisa sangrante de Itachi y sintió de nuevo su toque sobre la frente de Sasuke; luego, con una guerra de fondo, la sonrisa que se desvaneció con el resto de su rostro y cuerpo como si se tratara de las cenizas que restaban de un gran incendio.
-No tienes que perdonarme... No importa lo que decidas hacer a partir de ahora... Yo te amaré por siempre.-
Sus ojos ya estaban llenos de lágrimas antes de abrirlos al despertar, aturdida y con la imagen vívida en la mente el sollozo que acompañó su llanto resultó áspero por el desuso de su garganta.
-Sakura,- llamó una voz a su lado y ella se volvió a atenderla. Sasuke estaba ahí, crecido y con la preocupación en el rostro.
No comprendió en el momento por qué él no lloraba también. Su hermano estaba condenado. Había muerto después de tomar todas esas culpas. ¿Cómo era que nadie había podido entender?
Intentó moverse, pero aún estaba herida. Un agudo quejido escapó de su garganta cuando forzó sus músculos a levantarla para ser capaz de sentarse. Cada movimiento desataba el vivo dolor de las heridas de su pasado. Sasuke estuvo sobre ella inmediatamente, con la mano sobre su pecho intentando recostarla de nuevo.
¿Cómo? Pensó fugazmente. Le había roto el brazo, ¿No era así? Alguien lo había hecho.
Luchó-la fuerza que había utilizado él no era suficiente, como si hubiese temido tocarla- le apartó el brazo utilizando los suyos. Tras su resistencia, utilizó el agarre para abalanzarse sobre él, el dolor en cada mínimo movimiento, y lo abrazó. ¿Quién había sido el primero en hacerlo después de todo lo ocurrido? Sasuke sólo había tenido los cadáveres de sus padres para sostener, y la última vez que Itachi lo había hecho también era un cadáver.
Antes de que lo supiera, su llanto era potente, desgarrador. Sintió el brazo de Sasuke serpentear suavemente alrededor de su figura y terminar descansando sobre su espalda. Incluso aquel delicado movimiento resultó doloroso, pero poco después sólo resultó reconfortante. ¿Por qué la estaba consolando a ella?
Llora, Sasuke. ¿Tuviste la oportunidad de llorar la muerte de Itachi?
-Itachi,- sollozó ella, el duelo vivo y real. Quería decirle, pero no podía articular palabra. El nombre de su hermano fue lo único que abandonó sus labios.
Su única respuesta fue estrecharla con fuerza contra su pecho.
La ilusión duraría alrededor de un día antes de desvanecerse. No procesó la idea de irse de su lado mientras Sakura yacía en el futon ni una sola vez, se mantuvo anclado a su muñeca, atento a cualquier cambio. Había leído todo lo que sabía en los grabados del templo oculto del clan, existían descripciones detalladas de todas las técnicas a las cuales tenía acceso por la línea sucesoria. Los efectos causa del estrés extremo y efectos derivados eran una posibilidad mortal.
Su rostro nunca dejó de proyectar su tortura. No podía hablar, pero a menudo gemía de dolor y sudaba profusamente. Sin darse cuenta, contaba cada uno de los latidos de su pulso y le angustiaban las señales de su sufrimiento. En todas las horas en las que transcurrió la técnica no tuvo un segundo de paz.
Fue sólo cuando ella despertó que midió los alcances de lo que le había hecho. Los ojos de Sakura se abrieron bruscamente y respiró un sonoro aliento, su pecho expandiéndose como si todo ese tiempo hubiese sido incapaz de respirar. Sus ojos sólo tuvieron tiempo de llenarse de lágrimas y soltó un quejido lastimero antes de desmayarse. El pánico lo hizo inclinarse directamente sobre su pecho para escuchar los latidos erráticos antes de que estos relentecieran a un ritmo regular. Al levantar sus párpados, sus pupilas reaccionaron normalmente a la luz.
Se derrumbó en la pared una vez que el miedo comenzó a fundirse al comprobar que no estaba en peligro. Había esperado que despertara de la forma en la que lo hizo pero haberlo previsto no hizo que mejorara, que hubiera perdido la consciencia inmediatamente después lo empeoró aún más.
En todas las horas mientras Sakura se encontraba inconsciente apenas había tenido algo de tiempo para descansar, sólo había logrado adormecerse antes de que ella despertara de nuevo. La segunda vez que lo hizo resultó la peor de todas. Despertó a causa de su propio llanto desesperado, la agonía que sentía alcanzándolo.
-¡Haz que se detenga!- Se aferró con fuerza a su mano y reconoció que era dolor lo que estaba sintiendo. Era el segundo día y aún no regresaba, no podía ayudarla con el dolor y su apariencia lo preocupaba en exceso; estaba pálida, con los labios carentes de humedad y el sudor recordándole que se estaba deshidratando severamente.
Sólo abandonó su lado el tiempo suficiente para dirigirse a las personas más cercanas, los ANBU que resguardaban la casa a perímetro seguro. -Traigan a un doctor.- Comandó. -Sakura no despierta.-
Chōjūrō vino en conjunto con la ayuda. Habían creído que la ayuda médica era necesaria debido a otro ataque, pero tan pronto como fue aclarado que no había sido el caso, el semblante del ayudante de la Mizukage se volvió estoico ante su inhabilidad para explicar exactamente qué le había sucedido a Sakura.
Si se hubieran encontrado en Konoha habría confesado sin que las consecuencias le importaran más que la certeza de que las merecía, pero no lo estaban, si admitía que la había sometido bajo su Dōjutsu probablemente lo arrestarían y alejarían a Sakura de él, no iba a permitirlo. Había mantenido una especie de obsesión con cada uno de los latidos de su pulso desde que había caído en la ilusión y temía que si dejaba de percibirlos antes de que se reestableciera perdería el control. Necesitaba asegurarse de que ella estuviese bien y era la única razón por la cual había pedido ayuda en primer lugar.
Las manos de la médico que la atendió cayeron a su lado. -Sus signos vitales están bien. Confirmó ella, el ceño fruncido en confusión. -Si es cierto que Haruno-san se encuentra así desde hace más de veinticuatro horas... ¿Por qué no la llevó al hospital?-
-Estaba cansada del viaje.- Mintió con facilidad. -Creí que era normal hasta que empezó a quejarse.-
-Necesitamos llevarla al hospital.-
-No.- La cortó. -Traigan lo necesario aquí. Quiero encargarme yo.-
Por primera vez, Chōjūrō se dirigió a él con severidad. -Sakura-san necesita ayuda calificada. Si algo sucede o si continua en este estado debería estar en el hospital.-
-Estará más segura aquí.- Respondió manteniendo su postura. -Hidrátenla.- Demandó hacia los demás espectadores. -Sakura me instruyó ella misma, seré capaz de manejarlo.-
La cautela de Chōjūrō no parecía haber mejorado, pero se aseguró de dejar en claro que no era una decisión que estuviera dispuesto a negociar. -Traigan lo necesario.- Cedió la orden, el par de personas a su cargo asintieron. -También prepárense. Se turnarán para venir aquí y vigilar su condición.-
Miró sin expresión al chico de las gafas después de que partieran a obedecerlo. Nunca le agradó el escrutinio con el que lo evaluaba, pero ahora le parecía justificado y por ende era difícil de ignorar. Cuando se cansaba de juzgarlo silenciosamente, se mantenía quieto en su asiento mirando a Sakura de forma peculiar. La fragilidad que mostraba en la exangüidad de su cuerpo era algo que le desagradaba que Chōjūrō observara, se encontró a si mismo disgustado de la forma en la que el chico la miraba, la preocupación haciéndolo parecer como si estuviese absteniéndose de tocarla. Inadvertidamente, se mantuvo atento a sus movimientos debido a ello.
Chōjūrō sólo se movió para irse cuando los médicos volvieron y alcanzó a tener algo de alivio una vez Sakura tenía la IV en el brazo. Desvergonzadamente miró con el entrecejo fruncido a la médico que se demoraría en la casa durante aquel turno, sin embargo permitió que se instalara sin protestar.
-Pareces cansado,- la médico rubia y menuda manifestó tímidamente, observó claramente como pareció arrepentirse de haberlo dicho una vez que se enfrentó a su silenciosa mirada fija. -Tú... Puedes descansar mientras esté aquí, me encargaré de que esté bien.- Pasaron unos cuantos segundos hasta que cerró los ojos al darse cuenta de que estaba actuando de forma paranoica con esas personas. Sakura estaba en mejores manos con ellos de lo que podía estarlo en las suyas.
Sólo reposó brevemente. Sus ojos bien podían haber pestañeado, su descanso fue irregular y superficial, su mente vagaba hacia el estado de Sakura demasiado a menudo. El efecto del caleidoscopio había acabado pero desconocía los resultados de éste y también como actuaría una vez despierta. Había descubierto que la posibilidad de que alguno de los médicos pudiera descubrir lo que había hecho no le importaba, su única preocupación radicaba en que estuviese bien. Una vez dentro de la habitación, encontró a otra de ellos arrodillada junto a Sakura, vapor ascendiendo desde un tazón a su lado.
Lo recibió en la habitación con un saludo informal. Parecía una enfermera. -Voy a frotarla un poco, la ayudará.- Informó.
-He descansado lo suficiente.- Le dijo. -Puedes retirarte.- La mujer abandonó la tela que sostenía en el tazón no sin cierta resistencia antes de salir de la habitación.
A pesar de ya estar recibiendo hidratación Sakura aún se veía pálida, los labios agrietados por la falta de humedad. Tocó ligeramente la piel de su frente encontrándola fría al contacto y antes de que pudiera pensar en lo que estaba haciendo, estaba deshaciéndose del exceso de agua al exprimir la tela, rozando su extensión cuidadosamente.
Sakura se quejó al percibir el toque, pero no volvió a hacerlo una vez comenzó a recorrer sus rasgos, partiendo del rombo en su frente, el puente de la nariz respingada y el arco de sus cejas rosadas. Sus párpados temblaron y las pestañas oscuras en contraste revolotearon, cuando la tela estuvo sobre ellos algunas gotas se derramaron y pareció como si estuviese llorando de nuevo. Rellenó las grietas de sus labios y les devolvió la humedad, donde frotaba la piel recuperaba su color, desde las mejillas hasta los brazos.
El cuidado exhaustivo con el cual procedió lo hizo verdaderamente observarla. Minada, con la frente despejada y el cabello rosa rodeándola sobre la almohada como un aura, en ese momento se veía como toda la paz que podía poseer. Los detalles delicados de su rostro estuvieron grabados en su mente mucho tiempo después de cerrar los ojos.
La forma severa en la que miraba al siguiente médico se modificó ligeramente al reconocer la manera benevolente en la cual la observaba. -Todo se ve mucho mejor ahora, está dormida y sus ondas cerebrales están en orden.- Le informó. -Debería despertar en cualquier momento.-
Cerró sus ojos con la certeza, supo que no los abriría inmediatamente después. Era el tercer día y su descanso había sido inexistente entre su preocupación y la manera en la que su instinto despertaba siempre que sentía el mínimo movimiento de aquellas personas intruyendo a su alrededor para verificar a Sakura. Antes de dormirse, vio su rostro de nuevo y su sufrimiento se deslizó hasta su sueño para atormentarlo, imágenes que había proyectado para ella en la ilusión flotando en su mente.
Despertó inmediatamente al escucharla. Sakura había despertado llorando de nuevo, pero era la primera vez en tres días en las que estaba realmente despierta.
-Sakura,- la llamó. Ella se enfocó en su voz y reaccionó inmediatamente. El dolor en su cuerpo parecía estar aún fresco pero aún así intentó erguirse. Colocó la mano sobre su pecho pero Sakura se aferró a ella para abalanzarse sobre él, se congeló en respuesta.
Si lo hubiera atacado no lo habría tomado por sorpresa. Pensó que después de la ilusión Sakura despertaría y podría reaccionar de formas diferentes; podría temerle, tomarlo como un enemigo. Cuando se lanzó a sus brazos no fue capaz de entender nada.
Había confeccionado la ilusión para que viviera la maldición del odio que todos llevaban consigo, para forzarla a sentir el dolor que los Uchihas eran capaces de contener y crear. Obligó a su mente a entrar en un espiral para hacerla sufrir algo de la maldad que habían traído al mundo, la hizo vivir la masacre que hicieron antes de que terminaran masacrados ellos mismos.
Cuando Itachi hizo lo mismo con él hacía muchos años reprodujo la masacre en su mente incontables veces; cuando acabó, estaba roto. Cuando el llanto de Sakura la hizo estremecerse contra él, supo que la había roto también. Tuvo el recuerdo vívido de ella abrazándolo en la habitación del hospital una vez volvió en si después, como si estuviera tratando de reunir todos los pedazos juntos de nuevo y antes de que pudiera registrarlo su brazo la rodeaba, la mirada perdida en el recuerdo. Sakura había sido la única que lo había hecho después de todo lo que había pasado. Se había equivocado en todo con Sakura, la había dañado y hundido en la locura. No había merecido su consuelo entonces tanto como pensaba que sostenerla ahora resultaba apenas una miserable retribución.
-Itachi,- sollozó ella, y su corazón dejó de latir ante la mención del nombre de su hermano. Le habría gustado sacudirla para que reaccionara o hacerla actuar en consecuencia. Al principio pensó que lloraba por el miedo de lo que ella lo había visto hacer, pero tal vez tenía que ver con la forma en la que se aferraba a él y ahogaba su sufrimiento-el sufrimiento del dolor que le había inflingido o el de los horrores que había visto- pero cuando mencionó el nombre de Itachi pareció como si Sakura estuviese llorando su pérdida.
Su llanto significaba una clase distinta de angustia ahora que lo silenciaba contra él. En lugar de sentir la desolación que había mantenido durante los días en los que había estado inconsciente, aquello se transformó en alguna clase de alivio retorcido. Olvidó las preguntas acerca de si su pensamiento se había modificado lo suficiente como para validar sus acciones contra ella, se dispersaron con sus sollozos.
Sakura podría irse una vez que recuperara su cuerpo y su mente, pero en ese momento lloraba por sus mismos duelos, sufría por el odio de su clan, su hermano y el suyo. Alguien más que él estaba llorando por las cosas con las que hasta ahora sólo él había cargado y por segunda vez desde la masacre y esta vez con Sakura en lugar de Naruto, sintió que no estaba solo en el mundo. Fuese el miedo lo que la hiciera llorar o su asesinato, alguien más estaba llorando a su hermano. Cada sollozo reverberó en su pecho e hizo que la sostuviera con fuerza, la cercanía saturándolo.
Las lágrimas de Sakura eran el tributo más puro que cualquiera de los Uchiha podría recibir.
Antes de abrir los ojos de nuevo, retomó consciencia de las sensaciones de su cuerpo, su mente atolondrada pero cuidadosa, más afilada de lo que había estado últimamente aunque aún adormecida. Sintió la calidez del brazo que la rodeaba, al igual que el toque de la piel expuesta contra su mejilla. Escuchó el latido regular de un corazón y antes de que su mente pudiese ir atrás y procesarlo, las aletas de su nariz se dilataron en reconocimiento del olor particular de Sasuke.
La alarma se mantuvo en su cerebro y no se transmitió hacia sus movimientos, sentía el cuerpo entumecido y adolorido. Cuando sus párpados revolotearon para abrirse las pestañas le acariciaron la piel. La confusión de las secuencias de lo que había sido real durante ese tiempo se hizo presente una vez alcanzó a verse la piel de los brazos y se sorprendió de no ver ninguna quemadura o herida sobre ellos. Sólo entonces recordó su altercado y la forma en la que había terminado, aunque aún tenía problemas para averiguar lo que pensaba estaba fuera o dentro de la ilusión. Su memoria corporal fue más ágil que su cerebro, quien fue más lento en recordar el arrebato de la noche anterior y la forma en la que Sasuke la había consolado incluso después de haber sido quien la había hecho atravesar por todo.
El cuerpo de Sasuke descansaba contra la pared, ambos debían haberse quedado dormidos en el lugar. Con dificultad, el cuello le inclinó la cabeza hacia atrás, colocando suficiente distancia para mirar arriba hacia su rostro; cuando lo hizo, él estaba despierto y la observaba. Por el ángulo le recordó a la vez en la que casi se desmayó de agotamiento durante la guerra y él la había alcanzado en el aire, aunque dudaba que aquella vez hubiesen estado tan cerca. Su cuerpo no reaccionó de la manera usual, sentía el cansancio de haber vivido miles de miserables vidas. Su ojo derecho, desprovisto de rojo, la observaba cuidadosamente y ella hizo lo mismo. Estuvo tentada a tocar la oscuridad de las bolsas bajo sus ojos.
En su mente y alma adolorida permanecía la intensidad de los sentimientos que había experimentado, fue sólo entonces que fue capaz de sentirlos ajenos, lejanos, y reconoció que no le pertenecían. En toda su vida, a pesar de todo lo que había atravesado nunca había sido capaz de sentir con tanta intensidad; el odio, miedo e incluso el amor. No era difícil pensar que existieran personas que pudieron haberse trastornado bajo su influencia. Sasuke se había asegurado de acentuar las partes más oscuras de todo ello, entender sus emociones del pasado resultaba más allá de lo angustioso. Sintió el cuello dolerle mientras experimentaba el agradecimiento como nunca antes. Sin importar todo lo sucedido, Sasuke no se había perdido en la locura. Quería alejarla, si había usado el Sharingan para ello debía haber sido porque puede que realmente creyera que funcionaría para sus intenciones.
Se quedó quieto y no se encogió cuando ella cortó la distancia entre sus rostros para descansar la frente sobre su barbilla. Esperaba que estuviese demasiado cansado de seguir luchando, de luchar contra la corriente en la que se había establecido que fluirían. Después de todo, era la primera vez que despertaba después del Sharingan mirándolo a los ojos. Ya había llorado demasiado acerca de cuanto lamentaba que hubiera tenido que pasar por todo eso, y habiendo visto tan profundamente en él como lo había hecho, necesitaba un momento o dos antes de que Sasuke intentara alejarla de él de nuevo.
Sintió su mano subirle hasta la parte de su cuello conforme intentaba empujarla suavemente sobre el futon y se permitió ser recostada. Sasuke la miró fijamente en silencio.
-Estoy bien.- Le dijo. Probablemente no se atrevería a preguntarle. Inconscientemente movió las manos sobre el pecho que había sido apuñalado antes de dirigirlas para aliviar el entumecimiento en los músculos de sus piernas. Cuando fue capaz de moverse más libremente, Sasuke intentó evitar que se moviera, el conflicto en su rostro.
-Es muy pronto.- Advirtió él.
-Necesito aire fresco.- Respondió. En el fondo, una parte de ella aún podía oler el humo en alguna parte y sentía la necesidad de acabar con el dolor que ocasionó su reciente inmovilidad.
Al comenzar a moverse de nuevo Sasuke no intentó detenerla, pero la observaba con atención. No obstante, cuando alcanzó a levantarse lo sintió sobre y detrás de ella, cerniéndose como una sombra. Sus piernas temblaron y trastabillaron pero incluso si sus primeros pasos resultaron duros, mientras más tiempo permanecía dentro más podía sentir la nube pesada dentro de sus pulmones. Al llegar hasta la puerta deslizante la empujó con los dedos y casi se abalanzó hacia afuera, ansiando el aire fresco. Una vez fuera, la nube se disipó rápidamente y él se encontró a su lado, evaluador.
Incluso la luz tenue de la mañana parecía demasiado brillante para sus ojos, después de la oscuridad en la cual había estado sumergida era difícil congraciar que existían colores en lo absoluto, pero todos lucían renovadamente hermosos para ella a causa de eso. El sol naciente, el verde que un principio había creído soso e incluso el violeta de su ojo izquierdo.
Sasuke aún era un ser humano a pesar de haber sido desgarrado por la misma oscuridad, después de haber sido consumido vivo por ella. Había sentido su sed de sangre y desesperación tan profundamente que si su amor no lo hubiese reconocido primero, habría sido miedo el primer sentimiento que habría sentido al verlo al despertar. No tenía duda de que él le había mostrado las cosas de ese modo para asegurarse que así sucediera.
-No funcionó.- Le informó, disfrutando el calor del sol con los ojos cerrados, maravillándose en la sensación extraña y renovada de tener el control sobre si misma y no sentir que la intensidad con la cual sentía estaba intentando asfixiarla, permitiéndole percibir la brisa fría y la humedad neblinosa.
Sasuke se ha sentido así todo este tiempo, reflexionó. Sentir en la piel de los que habían estado antes que él y ver a través de sus ojos se sintió como arder en agonía todo el tiempo. El odio estuvo maximizado a un punto que no creía haber sentido por si misma en su propia piel, y experimentar el amor como ellos lo hacían se percibió siempre tan intenso y terrible como lo sintió en sus peores noches, en las cuales creía que su amor por Sasuke no la estaba dejando respirar.
Le había mostrado cosas horribles de su gente e incluso de su familia, lo peor de si mismo. Se preguntaba si sería capaz de ver a través de generaciones de implacables shinobis así como era capaz de ver a través de Sasuke y quien realmente era. Incluso en la obscuridad pura en la que había intentado ahogarla, fue capaz de ver algunos atisbos de luz. Los cuerpos que habitó brevemente, incluso en las almas más vacías llegó a sentir la humanidad en cada uno antes de que esta se quemara en su propia intensidad.
Sasuke había condenado a su clan por sus acciones tanto como lo había hecho Itachi. Pero Itachi jamás condenó a Sasuke porque todo su amor y agonía le pertenecían.
-Tu hermano fue un gran hombre.- Comenzó. Tiempo atrás, vidas atrás, habría dudado acerca de decir nada relacionado al tema de ese modo en voz alta y habría pensado miles de veces las palabras sin llegar a decirlas. Siempre que creyó que le temía a la reacción de Sasuke si mencionaba algo con respecto a Itachi, pero realmente temía su ignorancia al respecto. Ahora lo sabía. -Merecía vivir una vida mejor,- le dijo con la certeza del conocimiento. Los remanentes de la ilusión permanecían reales a pesar de las horas pasadas, y la especie de sueño-o desvarío- que creía haber tenido estaba aún más fresco en su mente. Había amado a Itachi como un hijo durante un momento así también como a un hermano, y se preguntó si dejaría de hacerlo con el curso de los días, cuando la influencia de lo sucedido no estuviera tan acentuada, -contigo.-
Sasuke la miró y cuando lo hizo no tuvo tantos problemas como antes en reconocer en él el niño que había sido. Realizó el hecho de que Sasuke le había mostrado su interior, e incluso si había sido selectivo en qué mostrar, probablemente Naruto y ella eran los únicos que habían llegado tan profundo. Después de eso, no parecía haber demasiado que pudiese ocultar. Lucía resignado, como si justo hubiera alcanzado su misma resolución.
-Mi hermano hizo su elección.- Se mantuvo distraído en su propósito. Hubo una pausa, y añadió. -Los despreciaba, en lo que se habían convertido con el tiempo y lo que le habían hecho al mundo. Sabía que eran una amenaza así que se libró de ellos, incluso de los que le importaban, porque incluso a ellos los despreciaba un poco. Todos nosotros...-
-Todos odiaron.- Finalizó por él. -Pero todos amaron también. No hay nunca un sólo lado de la historia y creo que estás viendo el lado incorrecto de la tuya. Durante la guerra no sentías nada y fue sólo entonces cuando pensé que no tenías salvación. La habilidad de permanecer sintiendo es lo que nos hace humanos, y mientras más lo hacemos más lejos estamos de ser verdaderos monstruos.
»Tu clan cometió errores terribles a causa de sus sentimientos, pero la habilidad de divergir de esas elecciones es lo que diferencia una maldición del odio de la voluntad del fuego.- Pausó. -Al resentirlos estás siendo injusto con tu herencia, Sasuke. Cargas con el legado de Itachi y su legado era la voluntad del fuego. Lo he visto. Ahora no se trata acerca de no saber o entender si no de hecho en hacerlo realmente. Tus ancestros son el pasado pero ahora tú eres el futuro, eres su oportunidad de redención.-
Sasuke la miró con aquella formalidad silenciosa que sabía que era su forma de discreta incredulidad. Luego el aire abandonó sus pulmones y cerró los ojos turbios.
Había sido torturado, devorado vivo. El hombre que restaba a su lado había sido forzado a fragmentarse y en el proceso, incluso las cosas que había llegado a valorar; el nombre de su clan e imagen le había sido arrebatado. Sasuke la había hecho vivir miles de vidas y sentir en miles de pieles le recordó que la gente que hacía cosas malas no era necesariamente mala.
-Sentí su orgullo,- recordó, con una intensidad aún increíble. -Fue aterrador.- Él la miró fijamente y ella lo hizo también, intentando hablar tanto con palabras como con sus ojos. -Para ustedes siempre se sintió como una bendición sentir algo en lo absoluto. La persona en la que te convertiste es capaz de hacer grandes cosas con un arma como esa.
»Eres la cría de tu hermano y ambos provienen de las mismas raíces. Sólo eso debería ser suficiente para tener algo de fe en ellos, Sasuke. Para ti no es una maldición tanto como una bendición.-
Hubo un lapso en el cual tuvo tiempo para respirar la brisa y sentirse más como si misma. La mañana fría acentuó el dolor en sus articulaciones y músculos y se sintió lo suficientemente vulnerable para de nuevo temer cosas sin sentido. Se sentía envejecida y abrumada, había despertado en una nueva consciencia, pero en el fondo aún temía que la sabiduría que había ganado no fuera suficiente para aliviar a Sasuke de alguna forma.
-Lo siento,- dijo él, y la tomó por sorpresa. No tuvo tiempo de reaccionar o estudiar su expresión cuando sus sentidos sobre exaltados percibieron la presencia de alguien más.
-Haruno-san.- La llamó ésta, ella reconoció a uno de los médicos del hospital. -Por fin has despertado.-
-Debí haber pescado algo en el exterior.- A pesar de todo, parte de ella no había dejado de ser la misma. Aún la excusa y la sonrisa que la acompañó se deslizaron de forma natural.
Incluso al ser examinada exhaustivamente Sakura fue lo suficientemente hábil para dirigir el examen hacia donde ella quería que fuera, evadiendo de forma natural sin que pareciera que lo impedía de alguna manera que los médicos diesen con las causas reales que la habían colocado en ese estado. Cuando se disponían a irse, sintió el extraño impulso de confesarlo con el fin de liberarse de aquella sensación culposa.
Sakura estaba visiblemente cansada a pesar de que había dormido mucho más de lo que debía y sabía que se trataba de que ni en sueños había logrado descansar. Aún así, podía notar como intentaba sacudirse los remanentes de la ilusión con gestos que no había visto nunca en ella, hasta que el cansancio la venció y fue forzada a volver a dormir.
No supo cuán cansado estaba él mismo hasta que todo estuvo en silencio. No se había atrevido a apartar la mirada de ella durante esos días y aún resistía hacerlo ahora que estaba recostada y dándole la espalda. Recordaba claramente como había sido cerrar los ojos por primera vez después del Tsukuyomi y también como había sido perseguido una vez la oscuridad reinó por completo en su mente. Cuando su mirada se desvió, notó por primera vez el bolso a los pies del futon, extrañamente abultado. Cuando rebuscó entre sus contenidos recordó la visita a Sora-ku. Sacó una prenda negra y extendió la parte posterior hasta que el emblema estuvo totalmente visible a la vista.
Había sentido un extraño sobrecogimiento que habían acompañado las primeras palabras de Sakura luego de despertar, el flujo de su discurso lo había invadido con una extraño subidón de adrenalina, más violento del que una vez pudo llegar a sentir con el cumplimiento de su venganza. Su validación y redención significó más que nada que cualquiera hubiera dicho en un intento de reparar el daño. La había obligado a ver lo peor y en lugar de huir como pensó que lo haría se había levantado en defensa de las personas que había condenado. Había pasado algún tiempo desde que él mismo había justificado a ninguno de ellos, no estaba seguro si el juicio de Sakura provenía sólo de su naturaleza; a pesar de haberla forzado a vivir y sentir el odio por si misma, aún era ella, así como la obscuridad no podía sino disiparse ante la luz.
Se sentía extraño, de una forma en la que podía decir que había una diferencia que no podía identificar claramente entre quien había sido hace tres días y quien era ahora, y como en su última pelea con Naruto, se sintió renacido por la sangre como lo estaba tras sus lágrimas. Sakura le había recordado el verdadero propósito de su hermano y su propio sacrificio al no haberlo matado no solo por amor, si no también con la esperanza de que evolucionara e hiciera una diferencia por todos, que viviera verdaderamente bajo la voluntad del fuego.
Al recordarlo reafirmó que poco podía hacer para doblar el pasado, pero era capaz de romper el futuro. Todo ese tiempo había pensado en que lo único que debía hacer para sobrevivir era expiar, pero ahora, embargado por aquel éxtasis casi febril del orgullo renovado, quería vivir para mejorar y no sentir vergüenza del pasado. Viviría para realzar el legado de su hermano. Con eso en mente, su carga decayó de dicho subidón a caer en picada hacia una calma gradual.
A sus pies, Sakura se removía inquieta. Había intentado hundirla con la intención de que peleara para no ahogarse y escapar, pero de alguna forma había terminado compartiendo todo el peso que había estado cargando con ella y había terminado herida debido a ello. Sakura se había convertido en su resolución, ¿Pero a qué precio?
Al bajar la prenda, el emblema del abanico pintado se superpuso sobre su espalda. De nuevo, sintió el influjo vibrante que lo había inundado cuando había sido iluminado por su verdad.
Se dio cuenta de que ya no era sólo suyo para cargar.
¡!
Sé que se preocuparon por mi tanto como probablemente enloquecieron un poco porque he estado perdida todo este tiempo. Honestamente, tenía esto casi listo (me refiero al 87%) pero con partes cruciales en blanco que requerían o una investigación o mucha concentración sentimental para sacarlas de una forma decente que pasó mucho tiempo hasta el día de (hoy) que por fin pude cumplirles. Para añadirle más al fuego, estaba 98% listo desde carnaval, pero mi Internet realmente no cooperó.
Ahora, mi justificación real: No pensé que sería tan largo y mucho menos que al volver en enero a la universidad, me encontraría con el año más demandante que he tenido hasta ahora. Créanme que mi nivel de agotamiento es una cosa que si me pongo a desarrollar nos llevamos unas cuantas páginas más y no quiero alargar esto.
Las he leído, reído, entristecido y me he desesperado con ustedes cuando recibía sus reviews y era incapaz de traerles el capítulo. Les juro que nunca había estado tan cansada ni atareada en toda mi vida, a pesar de que estoy muy feliz porque a pesar de lo duro, este año de la carrera ha empezado como uno de los mejores hasta ahora. Como sé que aprecian mis habilidades para escribir tanto como mi compromiso profesional de ser una buena estudiante y a futuro buen médico, sé que no me van a dejar de querer (tanto) porque como comprenderán, éste me ha costado un montón porque apenas tengo tiempo para respirar y probablemente no podré traerles otro hasta vacaciones de verano, digamos Junio o Julio.
Para las que aman los capítulos largos, voilà. Para las que los odian, lo lamento, pero quiero terminar esta historia algún día y tengo que apurarme y aprovechar el tiempo si quiero que sea este año jaja, mientras más tiempo pasa mi carga empeora y tengo menos tiempo, así que aliéntenme tanto como sea posible.
Con respecto al capítulo, a veces el fandom más joven olvida que las cosas que le pasaron a Sasuke son para terminar en psiquiátrico. El pobre chico lo perdió todo, lo único que le quedaba era la venganza y hasta eso se le cayó. Cuando se ha perdido todo, ¿Qué queda de nosotros? Para mi Sasuke no puede hacer las paces consigo mismo hasta que deje de odiar, y cuando digo eso me refiero a resentir todo lo que le pasó. También necesitaba que sintiera que Sakura lo entendía, y siempre me pareció que debían quedar a mano de cuando él pudo echarle una mirada a lo que estaba en su interior. Obviamente, siempre creí que para que ella pudiera entenderlo era necesario que experimentara algo semejante, porque esa era precisamente la razón por la que Sasuke y Naruto se volvieron mejores amigos... Ésta fue mi forma de crear una compenetración real.
A partir de ahora vienen los capítulos más sentimentales y puede que los más interesantes. Sasuke experimentará una lucha interna entre lo que sabe y lo que siente, además de que empezará a caer en cuenta qué es lo que le pasa. Por su parte, Sakura y su nueva consciencia servirán para guiar a Sasuke por su camino de redención. Creo que con esto ya serán capaces de ser jóvenes. Supongo que las páginas que siguen tocarán los temas que suelen gustar, la atracción física, la conexión sentimental, las sensaciones que se esclarecen y la realización final. Sé que estos han tenido un mood un poco profundo y releyendo los primeros capítulos (los cuales edité hace días, por si no lo han notado) extraño un poco cuando las cosas eran un poco más divertidas, así que intentaré traer los toques de humor de antes, aunque creo que siempre va a haber algún aspecto gracioso en ver a Sasuke experimentando un sentimiento tan poco estoico y voluble como lo es el amor.
El clan seguirá formando un parte esencial y tómense en serio lo de la amenaza... Siempre me imaginé que sucedería algo como eso, es importante para uno de los capítulos a venir. En el próximo: Sasuke y Sakura viven con lo que pasó, van a ver al atacante y salen del país a su nueva vida.
Las aprecio mucho a todas(os) y todo lo que escriben me hace muy feliz y me desespera, así que tiene el efecto adecuado. Siempre escribo antes de dormir, por mucho o poco que sea, y eso (con trabajo infinito o no) me impulsa a hacerlo más y más seguido. Gracias por escribirme todos estos meses, intentaré responder los reviews que pueda con dudas, preguntas, acotaciones como siempre. Sigan recordándome que tengo un deber con ustedes mientras no esté por aquí.
Espero que nos leamos muy pronto, y estar aquí mucho antes de que lo esperen.
Con cariño,
Nahare~
