Escuchaba el sonido que hacían las sandalias de Sakura al resonar por la gravilla de roca que pavimentaba la salida de Iwagakure, el taconeo tenía una especie de ritmo despreocupado. Al mirarla de soslayo, pensó que combinaba con su apariencia, con las manos unidas tras la espalda y el rostro curioso de las formas y colores del camino, en lugar de cauteloso de algún ataque como lo había sido la última vez que habían salido de la aldea.
Había notado hacía días que existía una fecha tácita de culminación de sus maniobras en el hospital por la forma en la que Sakura parecía ir más rápido, redoblando esfuerzos antes de irse. Cuando su homólogo llegó desde Konoha todo se apresuró aún más, pero a pesar de eso Sakura nunca habló de cual sería el siguiente destino. Había esperado pacientemente que ella se pronunciara al respecto conociendo su inclinación a ser comunicativa, así que su prolongado silencio lo intrigó lo suficiente como para preguntarle.
-¿A dónde vamos ahora?-
Sakura se sobresaltó, sacudida de sus pensamientos. -A cualquier lugar está bien.- Le dio una sonrisa cálida y tan despreocupada como se veía. -Me he quedado sin pergaminos y los asesinos ya no nos persiguen, así que supongo que ahora somos libres de ir a donde nos lleve el camino. ¿Algún lugar en mente?-
-Aa.- Le dijo, mirando al frente. -Sora-ku.-
-¿Sora-ku?- Repitió ella, confundida.
-Agotaste casi toda tu reserva de armas.-
No necesitó mirar para saber que se había sonrojado. -Pensé que no importaría.- Se excusó. -Tú... ¿Crees que aún las necesitaremos?-
No quería traerle preocupaciones ahora que se veía realmente tranquila después de semanas, pero estar inconsciente significaba mostrar una debilidad que en adelante cualquiera podría aprovechar. -Es posible. Seguimos en los libros.- Afirmó, pero luego añadió, -no estaremos en más peligro que cualquier otro shinobi fuera de su aldea, Sakura. Pero habernos librado de una amenaza no significa que el peligro deja de existir.-
Conforme pasaba el tiempo y se movían de país en país se exponían cada vez más a todo tipo de personas. Sorprendentemente, había dejado de importarle lo que los demás pudiesen ver, escuchar o creer, después de todo la mitad de las habilidades de ambos estaban impresas y al alcance de quien quisiera encontrarlas. Lo que sí le importaba era la seguridad de Sakura y su presencia junto a ella, atrajera el peligro o no, era necesaria para asegurar su bienestar. La antigua intención de alejarse ahora le parecía lejana-aunque había estado fuertemente arraigada desde la adolescencia-y se había transformado en la necesidad de permanecer todo lo cerca posible.
Sakura asintió con firmeza en lugar de desanimarse por sus palabras. -Debería volver a entrenar.- Susurró para si misma. -Estuve realmente agotada después de la última pelea.-
Había visto algunos de los golpes que Sakura había recibido de Joutaro. Cualquiera se habría agotado después de esa pelea, pensó con el entrecejo fruncido. No pensaba que Sakura estuviese fuera de forma, Takumi estaba molido a golpes antes de que lo asesinara; pero si pensaba en las heridas de Sakura estaba de acuerdo en que debía trabajar su defensa. No quería que ella dependiese tanto de una técnica prohibida y lo tranquilizaría que terminara siendo siempre sólo su último recurso.
-Entrenaremos juntos.- Le anunció, y ella se detuvo apenas un segundo antes de reanudar la marcha a su lado.
Tuvo bastante tiempo para planear una estrategia durante todos los días que estuvieron en alta mar, cruzando el gran cuerpo de agua que separaba el continente del país del Agua y Tierra hasta el país del Fuego. Una vez desembarcaron y se abrían camino en lo agreste, le anunció que finalmente era tiempo de empezar. Sakura pareció dispuesta hasta que extendió la venda negra que había obtenido en el barco para ese propósito, ella la miró como si estuviese tratando de averiguar algo.
-¿Eso es para mí?- Preguntó ella.
Él asintió. -Es para trabajar en tus reflejos.-
-¿Por qué no hay dos? Dijiste que ambos entrenaríamos juntos.- Notó cierta tono de contención.
Sintió curiosidad por esto, así que señaló abiertamente. -Mi defensa está bien. La tuya es cuestionable.- Orgullo, adivinó al observar la postura femenina pasar de la sospecha a la defensa. Antes de que lo cuestionara, continuó. -Te conozco como oponente, Sakura. Todos los ninjas sobresalen en un área o estilo, así que es raro encontrar quienes consigan retarte cuando los sacas de su elemento. Tú manejas las tres artes ninjas principales con experticia y tu rango de ataque se extiende de corto a largo alcance, diría que tienes todos los flancos cubiertos fuera de tu verdadera habilidad al pelear y tienes más probabilidades de éxito en una pelea que el ninja promedio porque almacenas una cantidad de chakra que triplica la que tienes naturalmente.
»Además, tienes una visión táctica del combate, eres inteligente.- Algo que le faltaba a mejores shinobis y tarde o temprano sería su perdición. -Pero te falta instinto,- señaló con igual naturalidad, -al menos, de autopreservación. Has descuidado tu defensa, diría que por depender demasiado del sello. Aunque te da una ventaja aplastante y las probabilidades de que te asesinen en batalla probablemente sean cercanas a nulas, es una técnica prohibida por una razón.-
Sakura había relajado su postura al captar el mensaje latente en el perfil que había desarrollado para ella «no te subestimo». Aún así, no bajó del todo la guardia ante la mirada casi acusadora que le lanzó con la última oración.
-¿Cómo lo sabes?- Entendió que se refería a las cualidades del sello.
-Kakashi me lo dijo.- No creyó necesario ocultárselo. Sakura frunció el entrecejo.
-No sabía que él sabía,- se explicó ella. -Se supone que nadie debería saberlo.- Tal vez no era un maestro tan terrible si se había preocupado de hacerle seguimiento y algo le dijo que Sakura había estado pensando exactamente lo mismo.
Aprovechó el silencio para preguntarahora que tenía la oportunidad. No recordaba demasiado de los ninjas médicos de Konoha a excepción de que estaban confinados al hospital, pero entre las reglas del manual ninja estaba esclarecido que en combate no debían involucrarse y defenderse hasta el final.
-Como ninja médico, ¿No deberían haber priorizado el entrenamiento de defensa por encima de tus otras habilidades?-
Sakura se cruzó de brazos, pero se veía más dispuesta a enseñar una lección que ofendida. -Sí, es básicamente todo el entrenamiento que les proveen además del ninjutsu médico.- Notó que se separó de ellos, nombrándolos como una entidad diferente. -Pero yo fui entrenada por Tsunade Senju y ella misma hizo las reglas del manual para todos los ninjas médicos... que no fuesen ella. Cuando me entrenó para seguir sus pasos me convertí en la única otra persona para quien las reglas no aplican.
»Como Hokage ella flexibilizó las políticas, aún así. Ordenó que al menos un miembro de cada equipo fuese instruido en ninjutsu médico para mejorar la tasa de mortalidad de las misiones y a esos miembros se les permite luchar en regla.-
-Pero esas personas no son ninjas médicos.- Así como no lo era él, a pesar de que ella lo había entrenado.
-Y ni esas personas ni los demás ninjas médicos poseen el Byakugō.- Señaló ella, testaruda. -Fui entrenada para salvarme a mí y a quien lo necesite mientras al mismo tiempo me deshago de la amenaza.-
Dejó de ser una crítica personal. No dudaba de que la Godaime la había formado a su imagen y semejanza, Sakura había tenido entrenamiento Kage aunque lo ignorara. El enfoque para abarcarlo todo, el aguante que le permitiría soportar hasta el final y la habilidad de proteger a muchas personas de ser necesario; pero también había heredado el idealismo de que su propia persona podía ser sacrificable para el bien mayor. Eso estaba bien para Tsunade. Él difería con respecto a Sakura.
-Que tu mayor fortaleza se base en proteger a otros no hace mi punto menos válido.- Declaró. -Tu defensa es pobre y eso tiene que cambiar. Tienes el Byakugō y aunque te capacita por encima de todos, quiero que dejes de necesitarlo.-
Con lo último, Sakura dio un suspiro hondo, los hombros relajándose. La resistencia había mellado, pero aún así añadió, -no entrenaremos juntos. Pretendes entrenarme.-
No lo negó. -Tú también me entrenaste a mí.- Y él apenas se había quejado, añadió con el pensamiento.
Eso fue suficiente para que cualquier tipo de objeción desapareciera completamente, cuando Sakura tomó la venda y se la ató detrás de la cabeza lució verdaderamente dispuesta.
-Bueno, estoy lista.- Anunció ella. -¿Qué quieres que haga?-
-Esquívame, párame, bloquéame o evítame. Todo es válido, sólo no dejes que llegue hasta ti.-
Al sentirlo moverse, Sakura optó por retroceder. No criticó que tuviese un instinto de huída al verse privada de uno de sus principales sentidos, pero no era lo que realmente quería fomentar. Era mucho más rápido que ella, así que antes de que pudiera hacer algo de lo que le había pedido, ya había balanceado el puño hacia su mandíbula.
Sakura se preparó para el impacto, arrugando el rostro y cerrando los ojos cubiertos con fuerza. Cuando el golpe no llegó, levantó un poco la venda y lo espió con un ojo esmeralda. Él relajó su postura.
-¿Aún esperas que te golpee?- Le preguntó cuando ella continuó mirándolo.
-¿No planeas hacerlo?- Preguntó Sakura, algo más curiosa que incrédula.
Él la cuestionó con la mirada. -¿Quieres que lo haga?-
-Uhm...- Dudó por unos segundos. -Creo que si.- Frunció el entrecejo ligeramente en respuesta. Ciertamente él no quería. Al ver su expresión, Sakura se apresuró a explicar. -Fui entrenada Tsunade-shishō y ella nunca fue suave conmigo. Me quebró algunas cosas para asegurarse de que me mantenía en guardia sólo para hacerme repararlas después. El dolor y la frustración a menudo funcionaban en última instancia para empujarme cada vez a alcanzar el objetivo planteado.
»Ella tenía la fuerza de un centenar, lo que sea con lo que me golpees realmente no va a lastimarme.- Finalizó ella, leyendo su renuencia.
-Dolor, frustración o enojo,- el último siendo del que él se habría alimentado en caso de haber tenido esa clase de enfoque de entrenamiento de parte de Orochimaru, -están bien si quieres un impulso. Quiero que alcances el punto máximo de tu habilidad sin necesitarlo.- Él no era Tsunade. Nunca había entrenado a nadie más que a si mismo, pero intuía lo que Sakura necesitaba y creía conocer la forma correcta de hacer que lo consiguiera. Ella era buena en su propio estilo de pelea, pero necesitaba entrenar su defensa.
»Utiliza el resto de tus sentidos: percibe el movimiento del viento, el rumor del sonido y la vibración de la tierra. Haz que tus sentidos sean tu primera línea de defensa, lejos de tu zona vital. Necesito que te alejes incluso antes de que sientas la amenaza, que aprendas a adivinarla. Lo que quiero que hagas es que me predigas,- demandó, mirándola denodadamente, -que me sientas donde esté y también donde no esté.- Observó el movimiento que hizo el cartílago de su faringe al tragar.
»Tu velocidad aumentará cuando lo hagas. Una vez me presientas, te sensibilizarás a todos los demás. No voy a golpearte, espero que me evadas antes de que alcance a tocarte.-
Vio como la pupila negra se ajustó en medio del verde antes de que Sakura simplemente jalara de vuelta la venda sobre su ojo y asintiera.
Ella eligió no moverse de su lugar esta vez. Se tomó un tiempo para familiarizarse con el movimiento a su alrededor y los detalles que le había pedido que afinara y pronto comenzó a oscilar, a moverse apenas un paso fuera del camino de su ataque y agacharse. Luego, desvió sus ataques usando los brazos y las manos, palmeando su brazo fuera del camino. Alcanzó a tocarla muchas veces pero para cuando notó los primeros signos de agotamiento en ella, podía hacerlo cada vez menos.
Sus movimientos eran bastante gráciles considerando que tenía un estilo de pelea bruto. La forma en la que balanceaba los brazos para apartarlo-o apartarse del camino-, giraba y flexionaba las piernas era distinta a la suya o a cualquier oponente que hubiese tenido. Cuando se acercó por detrás con la intención de quitarle la venda, tuvo que tratar algunas veces antes de desatar el nudo de un tirón y descubrir de nuevo sus ojos.
-Continúa,- la instó. Una vez pudo ver lo que sucedía a su alrededor, sus movimientos se volvieron audaces y él la presionó más en consecuencia.
-Wow,- exclamó ella entre jadeos, notando el cambio en la velocidad de sus respuestas. -Así debe sentirse Lee cuando se quita las pesas.-
Arremetió contra ella en esa especie de danza por lo que pareció poco tiempo y sólo se detuvo cuando Sakura relenteció lo suficiente como para que colocara la mano sobre su esternón, sintiendo el bombeo furioso del corazón extenuado bajo los dedos. La vibración en su mano lo distrajo lo suficiente como para demorarse allí más de lo que lo pretendió, pero al retirarla lo hizo bastante rápido. Sintió la palma escocerle aún cuando ella se flexionó sobre si misma y apoyó ambas palmas sobre las rodillas, dando grandes y silenciosas bocanadas para recobrar el aliento.
Sólo se dio cuenta de la cantidad de tiempo que había transcurrido cuando miró el arrebol, apenas notando el sudor bajando en gotas por su piel. De pie frente a ella aún sentía la corriente que le recorría el cuerpo, realmente se había abstraído en el ejercicio.
-¿Por qué no me dijiste que estabas cansada?- Le preguntó, haciendo pausas entre palabras para tomar oxígeno.
-No lo sabía.- Respondió ella. Escuchó el latir de su propio corazón y entendió que él tampoco lo había notado. Podría haber seguido por mucho tiempo más de no haberse detenido para darse cuenta de su propio agotamiento.
Aún sentía aquella tensión remanente pero agradable en los músculos para cuando la noche había caído y ambos estaban alrededor de la fogata. Sakura había estado mirando el fuego durante algunos minutos, pero apenas se había percatado de que tenía los labios ligeramente fruncidos.
-¿Qué pasa?- La cuestionó.
Sakura parpadeó como saliera de un trance y permaneció callada unos segundos antes de preguntar, -¿Cómo te entrenaba Orochimaru? No es la primera vez que no estás de acuerdo con los métodos de Tsunade-shishō.-
La observó detenidamente antes de responder. -Orochimaru era más un tutor.- Recordaba la amenazadora presencia constante y silenciosa, pero que a penas intervenía. -Me dio libertad para que hurgara entre sus manuscritos y me indicaba y corregía con algunas técnicas. Su visión de la instrucción práctica implicaba enviar... a otras personas para enseñarme lecciones.-
Ella dudó un poco, pero igualmente habló. -¿Había algo que no te gustara?-
-Mandaba personas que consideraba sacrificables y esperaba que las asesinara después.- Si había existido algo parecido a la satisfacción en esa época de su vida definitivamente había provenido de rebelarse contra Orochimaru y dejar a esas personas con vida. -Nunca lo hice.-
Sakura meditó unos pocos segundos antes de decir algo, con un amago de sonrisa en los labios. -Luchaste,- dijo ella, complacida, -por seguir siendo tú y conservar tu humanidad. Es lo que siempre esperé que hicieras.-
El agradecimiento perduró entre ellos durante algún tiempo en el que estudió su expresión para intentar sacudirse la sensación incómoda que experimentaba al traer al pasado de vuelta. -¿Eso es todo?- La presionó una vez notó que aquella expresión extraña no la había abandonado del todo.
Sakura pareció reacia a responder, pero finalmente el ligero mohín de sus labios reapareció. -Me alcanzaste muchas más veces de lo que esperaba.- Confesó, decepcionada.
-Pueden llegar a golpearte, Sakura.- Él diría que era imposible algo como una defensa perfecta, e incluso las mejores eran violentadas por buenos oponentes. -A mi me golpean a veces.- Señaló con naturalidad, a lo que ella soltó una risita. -¿Qué?-
-Nada,- dijo ella, disimulándola y terminando por sonreír abiertamente. -Es sólo que realmente eres el mismo Sasuke-kun.- En lugar de explicarse, continuó. -Puede que me haya descuidado un poco, así que agradezco que te molestes en hacer esto por mí.-
-Tú me enseñaste a usar el ninjutsu médico. Tómalo como una retribución.- Le dijo en lugar de aclararle que de hecho lo había disfrutado. Aún así, presintió que seguiría dándole vueltas al asunto en su mente. Sakura era perfeccionista, lo había notado cuando de adolescente era demasiado dura consigo misma y evidentemente no había dejado de serlo con los años. -Eres la mejor kunoichi contra la que he luchado, Sakura.- Aunque aquella disciplina la hubiese convertido en quien era, antes tenía la impresión de que le faltaba confianza. Tal vez el incentivo correcto la haría fijarse menos en sus errores y únicamente la enfocaría en su avance.
El rostro de Sakura enrojeció a la luz de las llamas, pero después de unos segundos le envió una mirada curiosa. -¿Contra cuántas kunoichis has luchado?-
Esperó que el matiz de exasperación se reflejara en la mirada que le envió de vuelta. -Eres una oponente formidable.- Admitió con renuencia.
Estuvo seguro de que ella estaba conteniendo la risa detrás de su sonrisa, pero el rubor había vuelto a colorearle el rostro y evadió su mirada para enfocarse de nuevo en las llamas.
Las cosas habían cambiado tanto que era relevante darse cuenta de que lo esencial no lo había hecho, Sakura seguía siendo perfeccionista y también una molestia. Una de las esquinas de su boca se elevó en reconocimiento.
-Me extraña verlos tan pronto, pero me alegra de todos modos.- Nekobaa los saludó calurosamente una vez llegaron a Sora-ku, los maullidos felinos acompañándola. No pasó por alto que se dirigiese primero a Sakura. -Gracias,- le dijo a ella. -Kiba me trajo lo que enviaste.-
-Pensé que le servirían.- Sakura le resto importancia. -¿Cómo le sientan?-
-Rechino mucho menos cuando me muevo.- Manifestó la anciana. -Pero por muy bien que me haya sentado, no es común que jovencitas como tú se molesten por viejas como yo.-
Observó el intercambio con una curiosidad que satisfizo él mismo. Sakura había repartido su reserva de armas entre Lee, Sai y Kiba y a éste último lo había cargado con algo más, presumiblemente alguno de sus medicamentos. No le pareció extraño en lo absoluto que Sakura aún tuviese a Nekobaa en cuenta, considerando su naturaleza y también la preocupación que había mostrado por el bienestar de la anciana la última vez que estuvieron allí.
-Realmente no ha sido nada. Varios de mis pacientes han elogiado la fórmula y la reparto siempre que tengo la oportunidad, ahora que estoy tan cerca de necesitarlas yo misma.- Dijo Sakura con algo de seriedad informal, el tono bromista a raya. A pesar de ello supo que como él, Nekobaa sabía ver debajo de los intentos de desestimación de Sakura.
-Tus articulaciones necesitarían un par de vidas más para llegar a ser como las mías,- Nekobaa se regodeó, los labios arrugados delatando la diversión en su rostro, -dudo que las tuyas estén fuera de uso ya que si están aquí, intuyo que debe ser porque han estado haciendo uso de sus últimas reservas, ¿Me equivoco?-
-No,- le concedió él esta vez, atendiendo a la pequeña multitud expectante a sus pies inclinándose para verter el acostumbrado tributo. Una vez de pie y con los gatos amontonándose unos sobre otros, observó como Sakura aprovechó la distracción de las mascotas y osciló de manera disimulada la botella que llevaba escondida en su mano, de modo que sólo los gatos ninja captaron el movimiento y se acercaron sigilosamente hacia ella.
-¿Por qué?- En el mercado, Sakura había tenido curiosidad acerca de la compra mundana que solía hacer antes de alcanzar la ciudad abandonada. Había tomado la botella de leche sin pensar en ello.
-Los gatos pueden ser horribles si no están de tu lado.- Le respondió.
Ella observó el anaquel hasta que extendió la mano para tomar una botella no muy diferente a la suya, pero con un contenido más espeso.
La miró de soslayo. -¿Pretendes mimarlos?-
-Quiero mejorar mi relación con la especie,- argumentó, sosteniendo la crema de leche. -No ha sido la mejor y no he hecho mucho para mejorarla, pero supongo que ya puedo empezar ahora que no pienso en empapar a cada gato que veo y hace mucho que Tora pasó a mejor vida.-
Cruzó la mirada con Nekobaa mientras Denka, Hina y Sakura se reunían y entrecerró los ojos cuando Sakura le dio a Denka una sonrisa cómplice. Tuvo la leve impresión de que de hecho tramaba algo, aunque existía la duda dado que ella podía ser aleatoriamente solícita como había mostrado al enviarle medicinas a la anciana. Aún así, si de verdad tenía algo entre manos, la silenciosa aprobación de Nekobaa le mostraba que Sakura se la había introducido fácilmente en el bolsillo.
-Bueno,- dijo Nekobaa, -Hina y Denka pueden llevar a Sakura a los depósitos a buscar lo que necesite.-
Eso los puso en movimiento. En comparación a la vez anterior, donde Sakura había mostrado cierto nerviosismo en separarse de él y aventurarse en los escondrijos sombríos, se dejó guiar con tranquilidad por los Ninneko. Observó las figuras desaparecer al final del pasillo con algo de escepticismo.
-Umm...- Murmuró la anciana, reflejando sus pensamientos. -Me pareció que era una buena chica, pero realmente puede ser un encanto cuando quiere ¿Siempre es así?- Lo interrogó con la mirada.
-Aa.- Admitió sin pensarlo. Sakura era típicamente considerada, casi rayando en lo caballeroso en lo que respectaba a su predilección por las personas. Aunque, los gatos... Definitivamente estaba intentando congraciarse con ellos de forma deliberada.
Nekobaa asintió con un sonido gutural parecido a una risa y juntos comenzaron a avanzar por el pasillo contrario, en dirección al almacenamiento de armas. Una vez allí, se distrajo escogiendo las existencias y sorteando las cantidades necesarias para ambos mientras la anciana separaba lo elegido y comenzaba a sellar las armas en pergaminos.
-No tu selección habitual,- comentó Nekobaa, sosteniendo con ambas manos los tantō y las espadas wakizashi.
-No son para mí.- Le respondió.
En los pocos días de camino desde la frontera del país hasta Sora-ku había continuado el entrenamiento de defensa de Sakura; a pesar de que la inteligencia era su punto fuerte comprendió como pudieron evolucionar las habilidades que no dependían de ella. No era sólo esfuerzo, Sakura era bastante disciplinada y había mejorado bastante, tanto que sabía que pronto no habría mucho más que podría obtener de los ejercicios a ciegas. Sabía que no dejaría que ella dejara de entrenar por completo, mantener sus reflejos óptimos se había convertido en algo importante para él.
Anteriormente, entrenar había sido una actividad solitaria y de alguna forma sagrada para él, siendo la forma más cercana de completa paz que podía alcanzar en cualquier situación. Siempre se había tratado de algo que indudablemente prefería hacer solo y aunque comenzar a entrenar a Sakura había nacido de una necesidad, que ella pudiese mantenerle el ritmo se había vuelto atractivo y pronto descubrió que compartirlo con Sakura no entorpecía en nada la experiencia, en su lugar le sumaba; el tiempo volaba a su alrededor sin que se diese cuenta y se ensimismaba en sus movimientos tanto como con los propios.
Ella no era un reflejo de él, era una fuerza de batalla completamente distinta, pero se entendían bien al luchar y disfrutaba lo que obtenía de ella tanto como la certeza de saber que ella absorbía conocimiento de él. Era extrañamente satisfactorio, pero lo atañía a que de este modo contribuía de forma directa a su seguridad y con ello a su propia tranquilidad.
Alguna vez ella había mencionado que su manejo de espadas se limitaba al tantō y ahora que su entrenamiento estaba perfeccionándose, inconscientemente ya había divagado otras áreas en las que podía ayudarle a expandirse.
Nekobaa no dijo nada más hasta que ya estaban finalizando. -Hace poco descubrí un cargamento perdido por allí.- No era extraño que recién hubiese encontrado algo que diera por extraviado. El lugar era enorme y estaba surtido de cosas que probablemente nunca usaría en su vida. -Dale un vistazo.-
Se acercó a la caja señalada y al retirar la tapa descubrió varios arcos de madera oscura y junto a ellos, cientos de flechas. Sufrió una escena retrospectiva vívida como una punzada y delineó las plumas anguladas con la vista.
-Ha pasado mucho tiempo,- comentó en voz alta.
-Toma algunas de todas formas.- Lo instó ella. -No le sirven a nadie en esa caja.- No esperó una respuesta para sellar el carcaj lleno en otro pergamino, cuando ya estuvo listo, preguntó. -¿Algo más?-
Hubo algo en lo que había pensado hace algún tiempo y vino con rapidez a su mente. Se quedó en silencio durante unos segundos antes de decidirse a preguntar, inseguro de cómo hacerlo. -¿Has visto lo que ella usa?- No fue muy específico, pero la mirada de Nekobaa le dio a entender que sabía a qué se refería y lo confirmó con un asentimiento.
Recordó las quejas silenciosas de Sakura con respecto al estado de su ropa y ese era el único lugar en el que sabía que podría proveerse de algo parecido a lo que conseguía en Konoha. Aún así, Nekobaa sólo ordenaba esas cosas para él.
-Tengo una imagen clara.- Admitió ella. -¿Qué colores suele usar?-
-Los que viste.- Respondió con simpleza una vez fue obvio que no tenía inconvenientes.
-No será un problema.- Le reafirmó Nekobaa. -Estará listo en unos días.-
Asintió quedamente, empezando a dirigirse a la salida. Sakura debía agradarle de verdad desde que Nekobaa ni siquiera había sugerido esculcar en alguna de las bodegas por algo que pudiese servirle y había presumido inmediatamente sus intenciones reales, que eran conseguirle lo mismo que a él, algo hecho para ella.
La anciana se detuvo a poca distancia de la salida y volvió sobre sus pasos, rebuscando en otro depósito diferente. Cuando volvió a su lado, le extendió un par de guantes y añadió con naturalidad. -Ella también los necesitará si planeas enseñarle a disparar.-
Mientras avanzaban en silencio censuró su curiosidad respecto a la mujer. Siempre había sabido bien lo que necesitaba sin que tuviese que expresarlo en palabras, pero lo perturbó que asumiera la forma en la que sus pensamientos de alguna forma terminaban derivándose hacia Sakura.
Al alcanzar el pasillo que conectaba al que Sakura se había dirigido vio como lo esperaba, rascando distraídamente el lomo del gato blanco en sus brazos mientras conversaba con los Ninneko a sus pies. Se dirigieron a ellos apenas estuvieron a la vista, por lo que supo que habían estado aguardándolos.
-¿Tomaste lo que necesitabas?- Nekobaa le preguntó a Sakura una vez estuvo frente a ella.
Sakura asintió. -Sasuke arruinó un par de sus camisas contra un espadachín.- Él alzó ligeramente una ceja, suprimiendo la necesidad de sacudir la cabeza. De hecho las había arruinado, pero no le había dado siquiera un pensamiento.
No perdió la sonrisita de la anciana. -Bueno, parece que mientras esté en tu compañía Sasuke-chan se pasará por aquí mucho más por aquí y no nada más cuando sólo le queden harapos, así que yo estaré visitando al sastre más seguido.- Nekobaa le lanzó una mirada significativa antes de volver hacia Sakura y recorrerla con la vista de la cabeza a los pies. -Tus tacones hacen un chasquido peculiar al caminar,- le mencionó a Sakura de camino a la salida.
Sakura se detuvo y extendió el tobillo, inspeccionando la sandalia. -Supongo que es el material de refuerzo, son personalizados.- Ante el interés de la anciana, explicó. -Pateo algo fuerte.- Se excusó modestamente con una sonrisa poco convencida.
-¿Qué tanto?- Preguntó Nekobaa con curiosidad.
-Si fuera calzado regular cada vez que pateara los destruiría,- respondió él por ella, -como al suelo.- O a lo que sea que pateara.
La anciana elevó las cejas con asombro y algo de diversión. -Supongo que puedo conseguirlas para ti.-
-Oh, eso realmente no es necesario,- Sakura se apresuró a decir, no sin algo de mortificación en el tono.
Nekobaa lo percibió, las arrugas de su rostro se suavizaron. -No será un problema. Por lo visto también es una especie de arma para ti y es probable que no consigas otro par tan pronto como yo puedo hacerlo.- Ante la silenciosa resistencia, añadió, -Como pago, debes seguir enviando más de esos suplementos.-
-Eso puedo hacerlo.- Sakura terminó por sonreír. No pasó por alto como la anciana sonrió de vuelta y tampoco que no era una conducta propia de ella. Nekobaa no proveía para nadie que no fuese él o su propia familia a menos que fuese una obligación, y la tomaba como tal; sin embargo, servirle a Sakura parecía genuinamente una inclinación propia. Sobre todo porque él no había incluido el calzado en la petición y ni siquiera se le había ocurrido pensar en ello.
Después de que Sakura depositó al minino en el suelo y frotó a algunos de los gatos que los seguían se despidió de Denka e Hina-naturalmente reacios a recibir el trato de las mascotas- con un asentimiento y abandonaron Sora-ku con buenos deseos de la anciana.
-¿Conseguiste lo que buscabas?- Le preguntó un trecho más allá, intuyendo que había obtenido más que un par de camisas y la amistad de los gatos ninja.
La expresión de Sakura no se perturbó, pero asintió de todas formas. Aún así, no dijo nada al respecto y en su lugar preguntó: -¿A dónde vamos ahora?-
Había estado dándole vueltas al asunto desde que salieron de Iwagakure. Cuando ella había tenido la misma duda entonces, pensó más allá de Sora-ku e ido mucho más atrás, hasta lo que había pensado antes de Kirigakure y los eventos que habían desembocado en el incidente del Tsukuyomi y la resolución de quedarse a su lado sin la necesidad de un objetivo concreto. Entonces, lo había dirigido la idea de llevarla a donde sea que Sakura pudiese encontrar algo de felicidad. Antes, habían avanzado con la esperanza de encontrarla en el camino, pero ahora sabía de un lugar donde tenía la certeza de que la esperaba.
«¿No sería grandioso convertirse en el hombre que merezca su afecto?»
Merecer el afecto de Sakura sonaba más dignatario que solamente recibirlo, especialmente después de todo el daño que le había hecho. Entendió que las palabras de Rock Lee seguían persiguiéndolo porque definitivamente no quería el afecto de Sakura; pero la idea de merecerlo se mezclaba con su propia resolución no olvidada de querer que ella fuese feliz. Se combinaba, incluso, con un impulso concebido algo más recientemente: la necesidad de proveer él mismo algo de esa felicidad.
-Es tiempo de regresar.- Le dijo, observando como la mirada de Sakura se oscurecía lentamente con preocupación.
Bien podía haber sido transportada en el tiempo si la compañía en el bote no se limitara a Sasuke y el hombre que perturbaba la superficie oleante del agua con el remo al dar largas brazadas, pero aunque la época era la misma que había sido entonces, con la superficie del agua cubierta por la bruma densa que traía los primeros atisbos del invierno, definitivamente ya no tenía doce años. El vaivén del bote ya no le aterraba y tampoco el prospecto de toparse con figuras de asesinos entre la niebla, aunque una pequeña parte de su subconsciente se mantenía alerta. Después de todo, a diferencia de la misión que los había traído por primera vez al país de las olas, ella y Sasuke de alguna forma eran objetivos como lo había sido Tazuna.
A pesar de su estatus, no sintió más que paz y expectativa al recorrer las aguas, en el bote habiendo un silencio casi reverencial. Desde la construcción del puente, la apertura de las vías de comercio y el crecimiento del país había muchas rutas de acceso a la pequeña aldea pesquera, pero aún existía esta, favorecida por la neblina y los vientos helados que la seguía haciendo una ruta de contrabando. No les había interesado particularmente entrar sin ser detectados como hacía seis años, pero la familiaridad los había dirigido hasta el pequeño muelle oculto y el dueño del bote no había hecho preguntas, por la mirada evaluadora que le dio a Sasuke supo que era parte de su trabajo transportar individuos de aspecto singular.
Una vez desembarcaron el paisaje del pueblo empezó a dibujarse por encima del clima habiendo entrado ya la mañana, la sensación sobrecogedora del silencio y la niebla quedó atrás cuando al adentrarse un poco más en las calles, todo estalló en vida. Estaba atestado y animado y todo cuanto podía ver le parecía colorido y nuevo, por lo que le costó creer que había estado alguna vez allí. Seis años de economía ascendente había hecho mucho por la aldea pobre de sus recuerdos, a quien apenas podía reconocer entre el zumbido de la actividad comercial.
Aunque se había colmado de mercados y otros negocios que tenían como objetivo atraer turistas, seguía siendo pequeña y aún tenía ese aire rural. Se alegró del completo contraste que tenía con el deterioro y la pobreza de antes, las personas lucían, en general, más felices. La recorrió un pequeño hormigueo de orgullo y se le escapó una sonrisa al pensar que el Equipo Siete había contribuido a que todo mejorara de la forma en la que lo había hecho.
-Quien habría creído que el éxito de lo que se suponía debía ser una misión clase B haría tanto bien.- Vociferó con un aire de ensoñación, dirigiéndose a Sasuke. Él había estado recorriendo las calles en un neutro avalúo, así que pudo ver como el atisbo de emoción le cruzó brevemente los ojos antes de que cerrara los párpados con algo parecido a la resignación.
-Que llamaran al puente Naruto fue lo correcto,- admitió Sasuke, -después de todo fue quien armó tanto jaleo para que nos dieran esa misión en primer lugar.-
Y la razón, también, por la que Gato no había cumplido su cometido. No sólo habían salvado la vida de un hombre y su familia, habían acabado con la mafia y detenido a dos renegados clase S, algo que dudaba que cualquier otro escuadrón genin pudiera habérselas arreglado a hacer conservando todas sus vidas en el proceso. No sólo había sido una hazaña legendaria, los resultados a largo plazo los rodeaban.
Aquella misión también había tejido los vínculos que los habían traído allí juntos otra vez. Había temido que Sasuke planeara llevarla a Konoha al salir de Sora-ku y todas las protestas murieron en sus labios cuando él le reveló el verdadero destino.
La felicidad que había sentido por la perspectiva de regresar junto a él le saltaba como chispas desde el cuerpo y aún no había muerto, sólo se había sosegado hasta convertirse en un pequeño campo que rezumaba a su alrededor como electricidad; sobre todo porque estaba segura de haberle dicho acerca de las ganas que tenía de regresar. Sasuke la había escuchado y le había importado lo suficiente como para tener la intención de hacerlo realidad, lo que hacía que la emoción se le condensara en el pecho y su corazón se viera obligado a luchar contra la dulce presión que lo oprimía.
Para no estar tan familiarizada con el paisaje ante sus ojos, su memoria corporal era más perspicaz y la movía sin vacilar exactamente por el camino donde debían dirigirse. La casa del constructor de puentes estaba más alejada del muelle y el pueblo, adentrada en un pequeño bosque alimentado por los cuerpos de agua dulce que lo rodeaban, lejos de las costas arenosas del mar. Visualizar la vivienda a lo lejos hizo que apresurara el paso, aún más ansiosa por llegar ahora que estaban más cerca.
Se detuvo en el umbral y esperó por Sasuke, quien seguía avanzando a paso tranquilo detrás, ajeno a su prisa. Para cuando llegó a su lado, los segundos de expectativa se habían asentado y cuando Sasuke hizo ademán de avanzar lo detuvo sosteniendo la manga de su camisa.
-No es la primera vez que los veo desde nuestra misión,- le confesó, apenas recordándolo. Él le dio una mirada interrogativa. -Tazuna e Inari fueron contratados por Konoha para ayudar en la reconstrucción de la aldea después del ataque de Pain.- Se mordió el labio, insegura, pero Sasuke la invitó a continuar con la mirada.
»Preguntaron por ti, por supuesto. Naruto fue bastante vago acerca de cómo y por qué no estabas allí, así que Tazuna sacó sus propias conclusiones y nosotros no lo contradijimos exactamente. No creo que sea necesario corregirlo, desde que todo se arregló.-
-¿Por qué?- Preguntó él, observándola con atención.
-Bueno, creo que podría ser engorroso contarle todo lo que ocurrió,- explicó con algo de reserva, pero Sasuke continuó ejerciendo una presión silenciosa que la hizo suspirar. -Creo que lo dejamos creerlo porque su versión era mejor que la nuestra y con todo lo que sucedía en el momento,- toda la desesperanza y el dolor, -parte de nosotros quería fingir que así era. Personalmente, prefería que Tazuna e Inari siguieran creyendo en la imagen del Equipo Siete en el país de las olas, con ellos, era como si una parte de nosotros en la que siempre permanecimos juntos se hubiese congelado en el tiempo. Era un pensamiento feliz. -Sobre todo, cuando los pensamientos felices no abundaban y les avecinaba más desesperación justo después.
»Realmente no importa lo que sucedió todo este tiempo si ahora que nos encontramos de nuevo, somos de nuevo lo que él siempre imaginó que nunca dejamos de ser.-
Sasuke miró el suelo por un segundo y el gesto insignificante le encogió el corazón. La mano que sostenía su manga se deslizó por su brazo y le dio un ligero apretón. -El pasado no importa,- le dijo de modo tranquilizador. -No te preocupes por nada, sólo sígueme la corriente y yo me encargaré de todo.-
Había tomado la visita al constructor algo trivial hasta que estuvo parado frente a su puerta y Sakura lo puso al corriente de su encuentro más reciente. Tuvo algo de tiempo para preocuparse de lo que sea que Tazuna había creído tanto como de lo que Sakura y Naruto le habían dicho y también de lo que no, antes de que los intentos de ella para tranquilizarlo por alguna razón tuvieran el efecto contrario.
Se encontraba incómodamente consciente de si mismo para cuando se abrió la puerta y reveló la figura de Tazuna. Ya no parecía tan alto ahora que alcanzaba su estatura, pero seguía conservando el mismo porte a pesar de que la piel bronceada del rostro estaba surcada de más líneas de expresión y el cabello que una vez había sido gris ahora era casi todo blanco. Entornó los ojos por un milisegundo antes de que sus ojos se iluminaran en reconocimiento y una sonrisa le apareciera en el rostro.
-¡Sakura! ¡Vaya sorpresa!- Manifestó el anciano.
-Esa era nuestra intención.- Aseguró ella con una amplia sonrisa de vuelta.
Estaba relativamente oculto detrás de la figura de Sakura en un ángulo donde no era completamente visible para Tazuna, pero él pudo ver la duda que cruzó su rostro cuando ella habló en plural y también claramente el atisbo de una sorpresa distinta a la que expresó al principio una vez que abrió la puerta en su totalidad.
Durante los pocos segundos que Tazuna había visto sólo a Sakura antes de notarlo a él creyó entender lo que iba más allá de la sorpresa. De pie frente a él debía reconocer a la adolescente de hacía años en la mujer en la que había evolucionado y lo hacía con una especie de brillo complacido en la mirada. Ante sus ojos, Sakura debía parecerle completa después de haberla conocido cuando su camino apenas empezaba; ese pensamiento hizo que se volviese repentinamente consciente de la extremidad que le faltaba, también que el movimiento de su cuello para exponer el lado izquierdo de su rostro y mirarlo con ambos ojos descubiertos resultase rígido y lento.
Los ojos del viejo se ampliaron después de unos segundos de confusión que no creyó que tuviese que ver con que no llevara puestos los anteojos.
-Sasuke, ¿Eres tú?- Preguntó Tazuna en voz baja. Pestañeó algunas veces como para aclararse la vista, respondiendo su propia pregunta mentalmente. -Estás...- se aclaró la garganta, -alto.- Luego, retrocedió dos pasos, como para obtener una visión más amplia de ellos. -¡Sasuke y Sakura!- Los nombró esta vez, el asombro mezclado con distinguida alegría.
-Esperamos no importunar,- Sakura volvió a hablar y sólo entonces Tazuna volvió a mirarla. -Pensamos que por ser domingo había posibilidad de que no estuviesen trabajando y así pudiésemos verlos a todos.-
-Lo es,- concedió él, algo distraído. -Inari y yo no tendremos que trabajar hasta mañana, ¿Pero por qué aún están ahí parados? ¡Entren! Tsunami también se alegrará mucho de verlos.-
Tazuna se hizo a un lado para que ingresaran y ahora que fue capaz de apartar la mirada de sus ojos, especialmente del Rinnegan, vio por la esquina de uno de ellos que le daba una inspección más cuidadosa, deteniéndose especialmente en la manga vacía de su brazo izquierdo.
-¿Quién es, abuelo?- Una voz que no reconocía pero asumíaa quien pertenecía siguió unas pisadas ruidosas por el pasillo. Inari tuvo una versión algo más expresiva del asombro de su abuelo aunque mucho más acelerada, la sorpresa, la incredulidad y la alegría se asomaron y sucedieron en su rostro en apenas un segundo antes de gritar -¡Sakura-chan, Sasuke!- Y estirar el cuello para ver detrás de ellos y preguntar -¿También vino Naruto-niisan?-
Después de que Sakura se excusara por Naruto y explicara que estaba entrenando para ser Hokage junto a Kakashi, Inari se apoderó de la situación. Le costó combinar la imagen del niño retraído en su memoria con el adolescente que los acribillaba a preguntas y de alguna forma se las arreglaba para nunca dejar de sonreír mientras los conducía hacia su madre, cuya sorpresa fue mucho más sutil-probablemente habiendo escuchado a su padre e hijo gritando sus nombres- y sólo se estremeció ligeramente al obtener un buen vistazo de él antes de encubrirla en un rostro sinceramente amable.
Permaneció callado adaptándose a las nuevas formas, mientras, estimulado por la atención de Sakura, Inari estaba lo suficientemente distraído relatando sus anécdotas. Interés no era lo único que tenía a causa de Naruto, el chico se había tornado extrovertido y la forma en la que sonreía de oreja a oreja con un sospechoso rubor en el rostro que parecía ser fomentado por Sakura le recordaba bastante al rubio.
Sakura cumplió su palabra atrayendo la atención hacia ellos siendo igual de inquisitiva y rellenando los espacios vacíos de información de todos esos años, de modo que pronto estuvieron en torno a la mesa. Sorbía las novedades-de sus vivencias, apariencias y el entorno- conforme hacía otro poco con la comida; sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Sakura percibía la mirada discreta de Tazuna, el registro desenfadado de Inari y con mayor peso, la forma en la que Tsunami no se detenía demasiado en él para evitar demorar la vista en todos los cambios en el lado izquierdo de su cuerpo.
-Entonces, Sasuke- Inari hablaba sin prestar demasiada atención a lo que se llevaba a la boca. -¡Es bueno verte de nuevo! ¿Qué le sucedió a tu brazo?-
Incluso aunque se sintió incluso menos dispuesto de lo habitual a hablar de su mutilación, casi lo alivió que alguien se refiriera al tema directamente. Ya estaba algo cansado de sentir las miradas aunque no las encaraba, reacio a que lo que pudiera encontrar en los ojos de la familia le resultase aún más difícil de digerir.
-¡Inari!- Reprochó su madre, mirándolo con desaprobación.
-Lo siento,- se disculpó él, aunque no sonó muy convencido. -Aunque, el ojo me parece genial.- Añadió.
-Tendremos tiempo después para contar historias de guerra,- sugirió Sakura, desviando el tema otra vez, empujando las preguntas directas para más tarde con el probable fin de aplazarlas de nuevo.
-Me encantaría escuchar acerca de ustedes y la Cuarta Guerra. ¿Se quedarán todo el día, no es así?- Preguntó el adolescente.
Tsunami imprimió algo de fuerza al colocar el próximo plato frente a su hijo. -Fue lo suficientemente horrible escuchar las historias que llegaron aquí en medio de todo ese miedo,- dijo ella con el entrecejo fruncido. -La guerra debe haber sido incluso peor para quienes lucharon en ella y no algo que los chicos como tú deberían encontrar emocionante.- Le dio una corta mirada donde se evidenciaba una mezcla de algo como lástima y simpatía y él sintió como la columna se le envaraba, incluso más cuando la mujer les sonrió.
»Deberías agradecer que estén aquí y no molestarlos con eso.- Se dirigió a Inari, luego a ellos. -Nos alegra que estén aquí, chicos. Son bienvenidos a quedarse.-
Definitivamente Tsunami le había temido a lo que sea que hubiera escuchado o experimentado durante la guerra, así que el sincero agradecimiento implícito que expresaba porque no sólo Sakura si no también él la hubiesen sobrevivido hizo infinitamente más incómodo el haber contribuido de alguna forma a que se desatase.
-De hecho, Sasuke y yo no sabemos por cuanto tiempo nos quedaremos en el país. Quisimos venir apenas llegamos, pero planeamos regresar a la aldea a buscar un lugar donde hospedarnos.-
-Tonterías.- Tazuna intervino desde su asiento. -Pueden quedarse aquí todo el tiempo que quieran. Después de todo, esta casa sigue siendo un hogar gracias a ustedes.-
Sakura le dio una mirada con la que prácticamente le cedió la decisión y tuvo que luchar contra el impulso de salir de allí. -Está bien,- concedió a regañadientes, rindiéndose a la presión de los cuatro.
-Asombroso,- Inari estaba emocionado con el prospecto de que se quedaran más allá de la cena. -¿Tienen una misión?-
-Realmente no,- confesó Sakura y sólo entonces pareció que meditaba su respuesta. -Hemos estado fuera de Konoha por un tiempo.-
-¿En serio?- Pero el adolescente no parecía tan curioso como entretenido, entrecerrando los ojos de forma conspirativa.
El anciano profirió una especie de sonido gutural que se suponía debía ser una risa. -Entonces así es. Naruto y tú resolvieron sus líos y es obvio que saliste ganador.-
Le envió una mirada confundida a Sakura y estuvo a punto de preguntar a qué rayos se refería con eso de que había salido ganando pero Inari lo interrumpió, felicitándolo. -¡Bien, Sasuke! Apuesto que superar a Naruto fue un trabajo difícil.-
-No lo sé,- opinó Tazuna mirando a Sakura. -Yo diría que las probabilidades estuvieron siempre a su favor.-
Sakura tenía el rostro enrojecido, aunque también parecía que estaba aguantando las ganas de reírse.
-Eso si debes contarlo,- Inari le dijo a él con una sonrisita. -Cuando regresaste a Konoha luchaste contra Naruto-nii por el amor de Sakura-chan, ¿No es así?
La comida se detuvo en medio camino a su boca, los palillos congelados en su mano. ¿Qué?
-No sucedió de ese modo,- Sakura intentó asegurar.
-¿Por qué se irían solos de la aldea, si no?- Preguntó el adolescente, sin convencerse. Enfatizó inclinándose sobre la mesa y mirándolos con intensidad.
-No lo hicimos,- dijo ella con naturalidad. -Estaba cansada del trabajo en el hospital así que Kakashi-sensei me permitió irme y hacerme cargo de algunos asuntos de Konoha mientras. Sasuke ya se había ido hacía tiempo y como nos encontramos, decidimos que era mejor hacernos cargo de algunos de esos asuntos juntos.-
Aparentemente ser sometida al mismo escrutinio durante tanto tiempo por fin había moldeado a Sakura para dar una respuesta satisfactoria.
-¿Así que Sasuke estaba de nuevo fuera de la aldea o lo ha estado todos estos años?- Inari sonaba bastante interesado. -¿El conflicto con Naruto-niisan fue tan serio?- Miró a Sakura inquisitivamente.
Ella respondió con algo menos de naturalidad. -No soy la razón por la cual riñeron.- A pesar de eso, Inari se volteó hacia Tazuna y juntos compartieron una mirada incrédula. -¡Oh por Kami, ustedes los conocían! Nunca necesitaron razones para molestarse entre ellos.- Exclamó con exasperación.
-Eso es cierto,- Tsunami intervino a su favor. -Tuve que fregar el resultado de una de sus competencias de este mismo piso.-
Ante esto, recordó súbitamente que había vomitado en ese comedor a los doce años al intentar probar que podía vencer a Naruto comiendo más de lo que podía. Sintió las mejillas escocerle y se rascó la nariz con toda la dignidad de la que era capaz.
-De cualquier forma, ambos han madurado y los conflictos quedaron atrás hace mucho.- Continuó Sakura, antes de que el viejo o el chico pudiesen decir algo más sobre el asunto. -La pelea de entonces sólo era otra más, y poco después de la última vez que nos vimos Naruto encontró a Sasuke y juntos regresaron a la aldea. Para ese tiempo se dieron cuenta de que sin importar qué todo siempre terminaría en el mismo resultado.-
-¿Y ese resultado fue?- La sonrisa de Inari era insinuativa.
-Una tregua.- Intervino por primera vez en la conversación. Aunque Sakura permaneciera tranquila en apariencia, estaba al borde de la silla. Casi podía ver girar los engranajes de su cerebro construyendo una versión apropiada de la historia para poder adelantarse a cualquier cuestionamiento y aquello en vez de ser tranquilizador lo tensaba aún más. -Desde que dejó de alardear que podía vencerme todo estuvo bien.-
La risa de Inari alivianó el ambiente y su intromisión hizo otro poco. Había subestimado el efecto que su voz tendría en Tazuna y Tsunami, pero en lugar de señalar otro cambio, pareció como si hubiesen encontrado lo que estaban buscando, una parte de él que les era familiar.
La certeza le resultó agridulce.
Desde que había entrado de nuevo a la casa Inari había sido el único que había superado instantáneamente el asombro, casi como si al parpadear hubiese encontrado de nuevo la figura de quién había sido antes y los detalles fueran sólo nimiedades menos importantes que las aventuras que Sakura y él tuvieran para contarle.
Sakura era tan buena para contar historias como para mentir. Encontró el ambiente apropiado después de la cena, cuando las luces de la casa eran tenues en comparación a la oscuridad de afuera y de fondo se escuchaba el tenue sonido de la limpieza de Tsunami.
Sentada junto a él les describió el pasado de una forma bastante precisa porque en esencia dijo la verdad; sólo modificó la divergencia que sus caminos habían sufrido y creó una versión-que pronto intuyó que debía ser la que Sakura deseaba que hubiese sucedido- relativamente acertada, casi exacta de no ser porque nunca especificó-o de plano omitió-que la mayoría de los problemas los había ocasionado él al irse.
Habló del Equipo Siete como una unidad en el examen chunin y como a causa del ataque de la Arena ninguno había podido ser calificado y así, por el bien del mejoramiento de sus habilidades, habían partido caminos. -...Para ese tiempo habían regresado a Konoha tres shinobis legendarios conocidos como los Sannin.- Orochimaru había regresado primero, los demás en consecuencia. -Tuvimos suerte,- la forma en la que la lengua de Sakura deslizó la 's' le dijo, aunque sólo a él, lo que le había costado decirla, -cada uno nos tomó como pupilos. Naruto y Sasuke se fueron de Konoha con sus maestros, Sasuke y Jiraiya, yo me quedé en Konoha a entrenar con la Godaime.-
Se tomó un apartado para hablar sobre las bestias con cola, el Kyubi, su historia con Konoha y su conexión con Naruto como preludio a su relato de Akatsuki. Empezó a haber pausas cada vez más largas entre Tazuna y su botella de alcohol e Inari interrumpió cada vez menos, y él se entretuvo observando la forma en como la imagen de Naruto empezaba a transformarse para ellos de la forma en la que su presencia lo había hecho al aparecerse en la mañana ante su puerta.
-Así que eso...- La voz de Tazuna se fue apagando, inmerso en sus propios recuerdos, -eso era él.-
-Esos tipos,- murmuró Inari, contrariado. -Los que iniciaron la guerra, ¿Iban tras Naruto-nii?-
Sakura asintió. -Nuestra prioridad era mantenerlo a salvo, también a los otros como él, pero me temo que en la mayoría de los casos no tuvieron tanta suerte. Acabamos con tantos miembros como pudimos,- ella lo miraba siempre que en el relato existía algo de absoluta verdad aunque el contexto no fuese el correcto y él evocó la explosión de la muerte de Deidara, que casi lo mató también, -pero sus líderes reales resistieron hasta el final y por ese motivo fuimos a la guerra.-
-Naruto tuvo suerte, desde luego.- Opinó el anciano. -Los tenía a ustedes para respaldarlo.-
No tuvo ninguna reacción, en su lugar, fue como si cada una de las fibras de su ser se volvieran de acero y lo obligaran a permanecer quieto. La ciega y sincera confianza le resultó un castigo y sólo entonces empezó a sentirse agobiado de una forma que no comprendía. Sintió vergüenza y también algo de rabia porque Sakura estuviese mintiendo en primer lugar, aunque la idea de que la verdad se conociese le parecía peor; al mismo tiempo algo de simpatía hacia ella, que intuyó como resultaría este asunto y se molestaba en esforzarse por crear una realidad que fuera generosa con él. Que lo hiciese ver como un ser humano, para no explicar que no era más que la metamorfosis restante de algo menos que eso.
Sus historias de la guerra fueron vagas hasta las hazañas que los involucraron realmente a los tres, entonces las enriqueció para Inari como una pintura realista; los resucitados, las bestias, a Naruto como héroe y ellos como equipo, los villanos no más que poderosas figuras esbozadas antes de la entrada de Kaguya en los sucesos. Cuando Sakura mencionó a Hagoromo hubieron unos segundos de silencio antes de que entendiera que esperaba que él contase esa parte de la historia, lo cual tenía sentido desde que no era algo en lo que estuviese involucrada.
Se sintió ligeramente sosegado ante la mirada alentadora y la sonrisa gentil, pero pasó algo más de tiempo hasta que pudiese encontrar como explicar lo que sucedió sin contradecir la versión de Sakura donde nunca hubo una separación entre ellos.
-Antes del comienzo de la guerra, Naruto y yo tuvimos una fuerte pelea.- Esa pelea debía englobar todo el conflicto, pero por alguna razón se encontró rememorando su primera pelea en el Valle del Fin, donde habían partido caminos. -No podíamos pelear el uno al lado del otro y existía una gran distancia entre nosotros. Era una lucha de voluntades,- añadió al ver que Inari no apartaba la mirada de Sakura, -yo me negaba a cambiar de opinión y Naruto nunca iba a darme la razón.
»Cuando la guerra llegó terminamos dispersándonos y todos sufrimos las consecuencias.- Pausó un segundo, pensando en como continuar. -Hagoromo se nos apareció a ambos estando moribundos y nos ofreció dos opciones: seguir haciendo lo que hacíamos y morir, o trabajar juntos y vencer. A cada uno nos dio parte de la clave para derrotar a Kaguya y nos otorgó poderes para ayudarnos.-
-Fue el Sabio de los Seis Caminos quien te dio el ojo,- Susurró Inari, sobrecogido. El hecho de que le hubieran presentado a una figura mitológica como parte del relato le resultó más fácil de procesar siendo capaz de ver una prueba física de su veracidad. Él le asintió en respuesta.
Una vez que no tuvo que escoger sus palabras sólo contó la pelea desde su punto de vista: la manipulación espacio tiempo de Kaguya, su poder y la estrategia que creó el Equipo Siete hasta la victoria. Para el momento en que relató el sellado calló cuando su mente vagó más allá, hacia los hechos posteriores que terminaron en la pelea del Valle del Fin. Su semblante debió haberse ensombrecido y se estremeció cuando Sakura colocó una mano sobre la suya; ella tenía la mirada vidriosa, por lo que le pareció que había estado pensando lo mismo.
-De alguna forma lo hicimos,- dijo Sakura, la voz cargada de emoción, -lo hicimos los cuatro juntos.- Orgullo, agradecimiento y alivio. Pudo leer las emociones en su voz tan claro como podía verlas en sus ojos y sentir la calidez de su piel. Tuvo la necesidad de estrechar su mano, pero eligió quedarse quieto y esperar que el aire cargado de emoción se disipara por su cuenta antes de atrever a moverse.
Escuchó las pisadas deliberadamente suaves de Tsunami acercarse a la mesa, como para no sobresaltarlos, pero la conexión se rompió rápidamente aún así, aunque desconocía la cantidad de tiempo que había transcurrido. Sakura pestañeó sutil y velozmente para aclararse la vista y cuando ambos encararon de nuevo a la familia todos los miraban con atención.
La historia había hecho que Inari estuviera algo ensimismado en el relato, pero no estaba preparado para lo que encontró en las miradas de Tazuna y Tsunami.
-Al salvarnos a nosotros salvaron a toda nuestra aldea,- Tsunami habló con suavidad, y se dio cuenta de que hacía mucho había dejado de escuchar el sonido arrullante de sus movimientos lejanos en la cocina. -Y al salvar a su amigo salvaron a todo el mundo. No creí que alguna vez podría sentirme más agradecida de ustedes, pero subestimé por mucho a las personas en las que se convertirían.-
-Yo no me equivoqué en pensar que había algo especial en ustedes aunque no lo hiciera al principio. Era difícil ver más allá del mocoso engreído y la chica sin talento que eran, pero cuando hicieron todo lo que hicieron por mi familia precisamente considerando quienes eran, supongo que una parte de mi esperaba que se convirtieran en adultos extraordinarios.- Dijo Tazuna. -Me alegra haber vivido para verlo.-
La expresión de Tazuna con el amago de sonrisa podría ser tomada por insolente, pero en conjunto con su mirada no era más que de una suficiencia que denotaba orgullo. En el rostro de Tsunami convergían todas esas emociones que se había cuidado de cubrir desde que habían llegado, afecto, lástima, admiración, sobrecogimiento y asombro; cuando descubrió el brillo de las lágrimas en sus ojos, la tensión se redobló y le alegró no haber intentado volver nunca por su cuenta.
La presencia de Sakura a su lado apenas era suficiente para soportar ser objeto de especulaciones y menos para lidiar con el peso de las emociones que esa gente asociaba con él.
-Tu brazo,- señaló Inari repentinamente. -Nunca dijiste que había pasado ¿Fue durante la pelea contra Kaguya?-
Habría sido fácil sólo asentir, pero parte de él se rehusaba a mentir. -Fue un ataque... Al final.- Le dijo en su lugar. -No estaba cuando desperté.- Tampoco el de Naruto. La sangre sí. Le turbó imaginar la expresión de Inari si hubiese leído su pensamiento.
-Basta ya, Inari.- Su madre le advirtió habiendo interpretado su expresión sombría al haber recordado el evento y se dirigió a su hijo con igual firmeza y suavidad. -En lugar de estar aquí, ya es tiempo de que pienses en irte a la cama. Mañana hay trabajo temprano.- Dijo esto a ambos miembros de su familia.
Como si el recordatorio de su madre le hubiese sugerido lo cansado que se sentía, Inari se encorvó y se estiró antes de bostezar y todos se pusieron en movimiento. Sakura también parecía agotada y él lo reconoció-al sentirlo por si mismo-como un resultado de la tensión latente de todo el día.
No podía esperar a poner algo de distancia, y encontrarse en soledad con sus pensamientos no fue mejor que la perspectiva de estar solo con Sakura. Inconscientemente había estado esperando por ello todo el día, ahora que la nueva compañía y el entorno le parecían tan agobiantes, Sakura era la única persona que lo veía como realmente era. No pudo valorarlo hasta que vio la forma en la que Tazuna y Tsunami lo miraron esa noche como si estuviese completo de nuevo, justificando las partes faltantes con un valor que no le pertenecía. Lo querían y lo compadecían por lo que creían que le había sucedido, y por alguna razón él lo aborrecía porque la realidad era distinta y estaba seguro de que causaría en ellos reacciones muy diferentes.
En el transcurso del día Tsunami había vuelto a acondicionar el cuarto de almacenamiento donde había dormido hacía seis años el Equipo Siete para que Sakura y él volviesen a utilizarlo, Inari los había acompañado a ambos de camino hacia el suyo. Sakura se desvió hacia el baño y el adolescente le dio las buenas noches al alcanzar su puerta.
-Después de esa pelea, ¿Naruto-nii y tú lo resolvieron?- Preguntó Inari, escudriñando la figura de Sakura en el pasillo.
Aquella pelea con Naruto donde Sakura había sido el conflicto de hecho había ocurrido en el país del Rayo. Se preguntó si otras circunstancias podrían haberla evitado desde que había sido creída y predicha con tanta vehemencia por personas que apenas sabían algo de ellos.
Asintió levemente. -Y nunca pelearemos de nuevo.-
Caminó con sigilo natural hasta llegar a la puerta y su mirada se demoró en los dos pares de sandalias que les pertenecían a Sakura y a él junto a las de la familia, el suyo a un extremo y a unos centímetros más allá de las demás. La misiva había sido sutil, clara e inconsciente «Hay un extraño en la casa». Supo donde estaba Tazuna habiéndolo sentido desde la habitación, pero el anciano se sobresaltó cuando salió al exterior porque no lo había escuchado acercarse desde su asiento en el pórtico de la entrada.
-Tienes trabajo en pocas horas.- Le señaló estoico. La charla amena no era lo suyo.
Tazuna se recuperó rápido, la botella fue a parar entre sus piernas. -Mientras más viejo te pones es más difícil dormir.- Manifestó afable. -¿Tampoco atrapas el sueño? ¿Sakura y tú están cómodos?-
Sakura parecía dormir profundamente durante el tiempo que la había observado dormir, él estaba lejos de eso. No podía conciliar el sueño y sabía que esto tenía que ver con la casa y con los sentimientos familiares de humanidad, inocencia y confianza que transmitían los tres.
Durante mucho tiempo le había sido indiferente el concepto en el que cualquiera pudiese tenerlo además de los integrantes de su equipo. Nunca había querido darle explicaciones a nadie ni le interesó resarcirse ante el mundo por sus infamias, pero reconoció que la inquietud en él nacía de la inhóspita necesidad de redimirse ante alguien que alguna vez había visto lo mejor de él y para quien su imagen había permanecido intacta con el pasar de los años.
Alguna vez lo habían aceptado e incluso apreciado en esa casa; estar ahí de nuevo bajo una imagen errada se sentía como entrar sin permiso.
-No fue así como ocurrieron las cosas,- le dijo de manera directa.
-¿No lo fue?- Tazuna atendió casi de inmediato a que se refería.
-La historia está incompleta en lo que se refiere a mí. Sakura omitió mi verdadera participación.-
-Mmm. Supongo que Sakura debió tener una razón para hacerlo,- concedió el viejo, aunque lo miraba con abierta curiosidad. Le estaba dando la oportunidad de explicarse pero no pretendía cuestionarlo.
-Soy el único sobreviviente de uno de los clanes más poderosos de Konoha,- confesó mecánicamente. -Toda mi familia fue masacrada por mi hermano cuando tenía siete años. Después de eso, lo único que quería era a vengarme de él.-
Si bien no era una explicación, supuso que necesitaba decirlo para continuar con todo lo que le siguió. Su recuento de los hechos fue preciso y casi indiferente, pero una vez comenzó a hablar no pudo detenerse. Habló del momento en el que se fue y no disimuló el daño que les había causado a Naruto y a Sakura buscarlo mientras él seguía intentando poner distancia, y cuando eso no fue posible a causa de su afán, como llegó a considerarlos una inconveniencia e intentó apartarlos de su camino de forma definitiva.
Habló de su venganza, de como había matado a su hermano y la verdad que le fue revelada tras ello: el papel de Konoha en la masacre del clan y como su odio se había redirigido hacia las personas que habían vivido en la paz que había comprado la sangre de Itachi, de su verdadero papel en la guerra y sus verdaderos motivos para luchar junto a Naruto una vez más, lo que planeaba hacerle a la aldea y a su equipo después del final. Confesó las ansias que había albergado de asesinarlos de manera impersonal y como casi había llegado a hacerlo en todas las ocasiones, incluso la más reciente.
De manera más breve, pero igualmente detallada, como Naruto había salvado su vida y la influencia que Sakura y él habían tenido para que volviera a sentirse como una persona, como no se habían rendido jamás. Habló de su vínculo como algo que no había querido y despreciado la mayor parte del tiempo, pero había sido entonces-y era ahora- lo único que verdaderamente le importaba.
El rostro de Tazuna había permanecido en su mayoría impasible, aunque en ocasiones no pudo ocultar la perplejidad y se vio especialmente pálido después de que hablara del ataque contra Sakura e informarle que Naruto también había perdido un brazo. Para cuando acabó, volvió a tomar la botella olvidada y después de vaciar más de un trago en su garganta se la extendió como una invitación.
-¿Quieres?-
Negó ligeramente con la cabeza. Todo el tiempo se había rehusado a decirle la historia completa a cualquiera y no creía que volviese a hablarle a nadie con tanta libertad del asunto, pero hacerlo tuvo el efecto esperado. Lo liberó de la pesadez y le hizo descansar del peso de las pretensiones. No les debía nada a esas personas. Esperó pacientemente por una reacción concisa de Tazuna de la misma forma impersonal que recibió el juicio del resto del mundo.
El semblante de Tazuna se había recompuesto y pareció meditativo durante lo que pareció una eternidad hasta que lo miró de una forma singular, con ambas manos sobre los muslos. -Bien, hijo,- dijo de manera afectuosa, -parece que te perdiste y tus amigos te llevaron a casa.-
Cuando su única respuesta fue liberar el aire de sus pulmones, añadió, -agradezco que me hayas contado todo esto, aunque si lo que te quitaba el sueño era que la historia no estaba bien contada, al menos ahora puedes hacerlo.- No había temor ni reproche en su tono, seguía dirigiéndose a él con la misma familiaridad de siempre.
-Diles a ellos.- Le demandó mirando en dirección a la casa. Preferiría continuar sin el agradecimiento perpetuo en los ojos de Tsunami, y considerando el lugar en el que Inari tenía a Naruto, que no lo mezclara con él.
El anciano asintió lentamente, pero habló antes de que pudiese retirarse. -En cambio, si lo que te preocupaba era lo que nosotros pudiésemos pensar, no hará mucha diferencia. Las perspectivas son difíciles de cambiar una vez que se las escoge, aunque esta mañana era obvio cuando te paraste en mi puerta que todo no había ido bien en tu vida, sigo viendo en ti al mismo chico que ayudó a salvar mi vida y se sacrificó para salvar a su compañero.
»Probablemente no sea igual para muchas otras personas, pero me daría lo mismo si tú hubieses iniciado la mismísima guerra, si realmente ayudaste acabarla, te reconocería como lo he hecho siempre. Supongo que algo así es lo que hizo que Naruto y Sakura no se rindieran contigo.-
Como sea que fuese, ya no era un extraño. Se había presentado ante él y Tazuna ni siquiera lo miraba diferente, aunque tal vez con más tranquilidad. Descubrir que ciertamente no había cambios hizo reafirmar la existencia del constructor.
-Parece que Sakura sigue preocupándose mucho por ti,- comentó casualmente Tazuna. -Se ve como si todas las cosas hubiesen cambiado muy poco. Me alegra que estén aquí, Sasuke. Incluso me siento menos viejo.-
-Aún te ves viejo.- Señaló con naturalidad. Nunca le había tenido respeto a Tazuna, ni siquiera cuando era niño, pero probablemente la familiaridad restante de su ataque de sinceridad había dirigido sus palabras.
Tazuna estalló en carcajadas. -¡Vaya, pero parece que para seguir siendo tan estirado tienes algo de sentido del humor!- Pausó por un momento y después añadió con igual naturalidad. -Supongo que debes tenerlo, para haber sido capaz de vencer a Naruto.- No reaccionó ante su intento de bromear con respecto a Sakura, en su lugar, se despidió con la intención de retirarse. A pesar de ello, la voz del viejo lo detuvo una vez más en la puerta. -Nunca pregunté, ¿Qué los trajo a la aldea?-
-Yo traje a Sakura aquí.- Respondió sin explicarse.
-Las cosas no cambiaron con los años,- escuchó decir a Tazuna antes de volver a entrar, -sólo tomaron su curso natural.-
Sasuke había lucido tenso en el transcurso del primer día, tanto que parecía que pronto tendría que inventar alguna (otra) excusa para salir de allí pronto, sin embargo, la mañana siguiente estaba visiblemente tranquilo. Tomaron un agradable desayuno en compañía de Tsunami con no más que conversaciones amenas acerca de los cambios sustanciales de la aldea y al terminar salieron a la luz de un día muy bonito. Lo único que podría arruinar su felicidad era que Sasuke no se sintiera tan a gusto como ella en ese lugar, así que sugirió seguir entrenando apenas tuvo la oportunidad.
Se habían involucrado bastante en la actividad y pronto dejó de lastimarle el orgullo y en su lugar había empezado a sentir satisfacción. El ejercicio de la venda la había puesto nerviosa en un principio, pero con el pasar de los días comprobó los beneficios cuando Sasuke iba por ella en serio y era burlado por sus propias instrucciones. Terminó siendo obvio que él la consideraba como oponente, y que en cada ejercicio no se limitaba a su evolución si no también a un minucioso estudio de sus movimientos en batalla.
Había alcanzado los objetivos que Sasuke le había colocado de una forma demasiado efectiva. Cada vello del cuerpo se le erizaba en su presencia de forma instintiva antes de que estuviese consciente realmente de que estaba ahí. No estaba segura de si se debía enteramente al entrenamiento o si tenía que ver con la forma en la que él había comenzado a mirarla.
Había sentido el peso de la mirada de Sasuke sobre ella durante todos los meses en los cuales habían viajado juntos, de una forma evaluadora e insistente como si fuese un animal diseccionado especialmente interesante, con cuidado y preocupación como si fuese una mascota, y de muchas otras formas que hasta ahora no había logrado descifrar pero fácilmente podían haberle hecho agujeros en el cuerpo; pero nunca de la forma en la que la veía cuando empezaron a entrenar juntos.
A diferencia de todas las demás situaciones, el rostro de Sasuke era realmente expresivo al luchar. El interés, la aprobación, la sorpresa; al experimentar todas esas emociones dirigidas hacia ella tan abiertamente empezó a darse cuenta de otras cosas. La mirada de Sasuke era más intensa y más que sentirse estudiada, se sentía admirada. La piel le hormigueaba donde él la veía y la cercanía de la batalla ganó otra dimensión. En ocasiones, se encontró dejando que se acercara demasiado antes de volver en si para no avergonzarse a si misma.
Esto los había acercado y complementado aún más. Podía sentirlo en la laxitud que acompañaba a Sasuke cuando ya no podían más y atisbos de esa emoción perduraban en su rostro cuando se dirigía a ella.
-Quiero hacer algo distinto,- informó Sasuke desde su lugar. Le lanzó un par de pergaminos que atajó limpiamente en el aire.
Se inclinó para ejecutar el sello de apertura del primer pergamino y el contenido apareció frente a ella. Admiró los detalles ornamentales y sintió con los dedos la tensión de la línea del arco antes de deslizarse por el ébano de su estructura.
Eso estaba bastante fuera de su elemento, de cualquiera que conociera realmente.-¿Puedes usar esto?- Tal vez Tenten podía.
No era un arma de uso reglamentario y no los entrenaban con ella, las flechas eran livianas y dependían de muchos aspectos para recorrer su trayectoria hasta un blanco, mucho más hasta un blanco en movimiento. Sabía que los samuráis aún las usaban, pero requería mucha más técnica, era un arma temperamental. Como Sasuke, pensó. Al verlo a él, por la mirada ceñuda que le dirigía al arco y alternaba entre el pergamino que había quedado en su mano, entendió que no había sido eso lo que quería intentar hoy.
-Si,- él terminó por responder. -Cuando era niño a menudo usábamos arcos o ballestas para cazar animales. Una vez las habías dominado la puntería con armas ninjas no era un problema.-
Su cerebro analizó el uso de singular y plural de igual forma natural como señaló, -lo hacías con Itachi.- Sasuke la observó en silencio durante un momento antes de asentir. -¿Me enseñarías a disparar?- Le preguntó tranquila pero impulsivamente, su voz se fue apagando de forma vacilante.
La mirada de Sasuke era ilegible y su silencio se le tornó eterno hasta que asintió. Soltó silenciosamente el aliento que había estado conteniendo.
El arco y todas sus lecciones estaban lo suficientemente involucrados con la memoria de Itachi para que sintiera suficiente temor de preguntar. Inconscientemente había estado esperando una negativa y la habría justificado ella misma. Era personal. Pero su afirmación también la hizo concebir fluidamente otra justificación: Sasuke realmente la había dejado entrar.
El incidente del Tsukuyomi debió haberle hecho pensar que ella tenía algún derecho y le había permitido deambular libremente alrededor de sus fantasmas, de estar en su oscuridad no sólo sabiendo que saldría ilesa; realmente había cedido a compartir con ella lo que toda su vida había guardado celosamente sólo para él. Nunca pensó que alguna vez estaría agradecida por el sufrimiento, pero en su caso había sido realmente la llave para la iluminación. Estaba más que dispuesta a usar el beneficio que le habían otorgado.
No había estado muy segura de como proceder pero había estado pensando durante algún tiempo antes de cuestionar a Denka y a Hina acerca de si los Uchihas tenían alguna especie de ritos funerarios específicos o algo por el estilo. La habían dejado a sus expensas en la habitación donde Nekobaa tenía un pequeño altar de fotografías con una pequeña luz encendida por todo el tiempo que había comprado la crema, lo suficiente para ver que esas personas estaban de alguna forma emparentadas con la anciana.
-No que yo sepa,- dijo Denka sacudiéndose los restos de los bigotes con las patas. -Aunque ella siempre mantiene la vela encendida.-
-En este reino no somos más que una carcasa y todos saben que al morir vamos al lugar de donde venimos, con nébeda y estambre.- Dijo Hina. Dudó que el lugar a donde las personas iban al morir tuviera hierba para gato, pero no lo dijo. -Lo que le sucede a nuestro cuerpo no es importante. Lo que es realmente importante,- enfatizó, -es que podamos encontrar el camino para llegar al lugar donde pertenecemos. De lo contrario, vagaríamos en la oscuridad por toda la eternidad.-
En el pasado se había lamentado por no haber sabido como proceder con respecto a los males que aquejaban a Sasuke, apenas estuvo consciente de ello, hizo todo lo posible para instruirse y ser capaz de hacer algo, cualquier cosa. Se había especializado en una clínica de salud emocional, había estudiado los procesos del duelo de muchos niños y aunque aprendió de todo ello, nunca nada tuvo tanto sentido como cuando lo experimentó ella misma.
Había visto cientos de personas que había querido morir y había muerto ella misma demasiadas veces también. Los malos sueños habían cambiado pero no habían desaparecido y sin importar cuantas veces intentara apartarlo de su mente, siempre que no estaba en guardia el dolor-aunque más lejano que al despertar de la ilusión-seguía cerniéndose sobre ella como una nube oscura. Si ella podía sentirlo de esa manera seguramente Sasuke también lo hacía.
Por fin haberse convertido en terapeuta valdría para su verdadero propósito. Ayudaría a Sasuke, y de camino haría lo mismo por ella.
Escuchó la suave liberación de su aliento y poco tiempo después sintió su movimiento hasta que cerró la puerta tras ella y él se encontró solo y despierto en la habitación. Transcurrieron pocos minutos antes de que se levantara y la siguiera. Encontró a Sakura sentada en la mesa de la cocina sosteniendo un vaso de agua entre las manos, completamente despierta y con el rostro ojeroso y pálido. La punzada de remordimiento lo obligó a sentarse en la silla frente a ella.
Las pesadillas habían disminuído en cantidad y ella había aprendido a controlar sus reacciones ante ellas; sabía que como él, también Sakura terminaría haciéndolo. Con el pasar del tiempo incluso volvería a dormir inmediatamente después, aunque esperaba que para Sakura acabaran algún día. Podía terminar para ella en cuanto olvidara lo que había vivido en el Tsukuyomi, para él nunca habría esperanza de deshacerse de los recuerdos.
Aún así, era la familiaridad, el conocimiento y la simpatía lo que lo inclinaba a intentar aliviar de alguna forma el proceso. La culpa estaba allí, pero no tanto como el deseo de hacérselo más llevadero.
-Nunca había muerto nadie que yo hubiera querido.- Confesó Sakura repentinamente. -He visto mucha gente morir y ha muerto mucha gente que he conocido, todas fueron impactantes; como la muerte de Zabuza, Haku, Hayate y el Sandaime cuando éramos chicos. Entonces más que dolor sentí impresión por el conocimientode la muerte, no era algo que parecía real hasta que la vi y cuando lo hice resultó como una catástrofe, miraba con asombro toda la destrucción pero eventualmente pasaba porque aunque había ocurrido cerca de mi, no me había alcanzado a mi.
»La muerte empezó a doler cuando aprendí a luchar contra ella, pero aún aunque alguien que hubiese sanado antes muriese no sentía más que un picor pasajero.- El vaso se deslizó entre sus dedos. -Sólo hubo una vez, en la batalla contra Sasori, Suna envió con nuestro escuadrón a uno de sus venerables ancianos. Ella era la abuela de Sasori.- Él recordó la lápida en la que Sakura se había detenido en Suna repentinamente.
»Chiyo-baasama evitó que me mataran y yo intenté mantenerla con vida desesperadamente, pero ella hizo lo mismo conmigo.- La mirada que Sakura tenía clavada en el vaso se tornó vidriosa, pero su tono permaneció inafectado. Él sintió la impresión de una emoción no olvidada que había experimentado con ella y ahora parecía transmitirle de nuevo. Recordaba a la anciana de sus memorias. -No fue tanto tiempo. Pero ella murió en mis brazos y de verdad me dolió. Sólo entonces creí entender lo que se sentía perder a alguien cercano.
»Aún la recuerdo, pero realmente ya no duele tanto. Tengo más agradecimiento y la certeza de que hizo algo maravilloso con su muerte, pero la verdad es que no tenía suficiente para lamentar más que su muerte. Apenas la conocía y no tengo recuerdos de ella más allá de la batalla que pueda extrañar.
»Pero entonces, la ilusión del Tsukuyomi fue bastante efectiva. No puedo explicar ni la mitad de las cosas que sentí, pero tuve hijos, hermanos, padres y un montón de personas más que amé con la misma intensidad como amo a las personas que realmente son parte de mí, y los vi morir.-
Esta vez, la emoción si se filtró en sus palabras y él cerró los ojos con resignación. Ese no era el resultado que había previsto. -Lo que te hice ver,- se refirió, -sólo pretendía que entendieras la cadena.- Lo había hecho crudo y feo con esa intención. Con la intención de que lo que veía la horrorizase y que las pesadillas la persiguieran lo suficiente para alejarse de él. No quería que ella los sufriera. -Las pesadillas mejoran.- Le mintió.
Sakura sacudió la cabeza. -Hace tiempo que dejé de tenerlas.- Tomó un trago. -Eran míos, Sasuke. Tenía un montón de vidas y recuerdos para que me doliera toda la eternidad haberlos perdido. Siguen doliendo.-
Él frunció el entrecejo. -Te escucho despertar casi todas las noches, Sakura.-
Ella negó con vehemencia. Después de un minuto o dos, continuó. -¿Sabías que Kakashi-sensei murió durante el ataque de Pain?- La pregunta lo dejó perplejo y confundido. Sakura siguió como si hubiese respondido. -Sólo lo supe mucho después de la guerra. Tenía curiosidad, después de todo no muchas personas han regresado de la muerte.
»Me contó que no había nada, hasta que encontró a su padre esperando por él con un fuego en la obscuridad.- Sakura se detuvo un momento a evaluar su expresión. -Le dijo que podría volver con su madre. Luego le señaló el camino de vuelta... a nosotros. Por lo que pudimos extraer de todas las víctimas del Edo Tensei que estuvieron dispuestas a decirnos como era, al morir no hay nada más que un espacio vacío. Kakashi-sensei tuvo suerte de que estuvieran esperándolo, pero todos los demás...-
-¿Qué tiene que ver esto con...?-
-Ya no son pesadillas, pero sigo soñando con ellos. Veo a muchos lejos los unos de los otros, perdidos en la oscuridad.- Lo interrumpió, cerrando los ojos. -No hacen nada, sólo me observan. No puedo diferenciarlos y tampoco decir cuantos o quienes son, pero los conozco con el alma y al despertar... me importan. Me angustia pensar en ellos vagando en el vacío sin ningún tipo de paz. Siempre pienso en eso.-
Sólo entendió hasta que punto Sakura se había involucrado hasta que sus sueños dejaron de ser repeticiones de la ilusión y empezaron a transformarse en algo más. Pensó en sus propios sueños inconexos acerca del clan y como en ellos lo acechaba la duda de que alguno hubiese alcanzado la tranquilidad. Sus pensamientos se inclinaban específicamente hacia el destino de su familia, pero Sakura parecía sentirse de ese modo por todas las generaciones de gente muerta que había logrado implantar en su mente.
No sabía que pensar acerca de que ella experimentara todo de una forma tan parecida a como él lo hacía, pero era obvio que no era un proceso que estuviera enfrentando solo. Había dejado parte de la carga en Sakura y ahora lo quisiera o no, sentía el alivio restante.
Aunque a diferencia de él, ella no pretendía sólo esperar a que pasara.
-Sigo pensando en ello,- insistió Sakura. -Los tuve y los perdí, pero nunca tuve tiempo para estar de duelo por ellos. Tengo que hacer algo para acabar con esto.- No parecía angustiada, si no más bien como alguien que ya había alcanzado una resolución.
Le sorprendió que supiese que hacer cuando él había lidiado con la misma incertidumbre e inquietud durante años sin que pudiese hacer nada al respecto. Podía hacer tan poco por gente muerta como por si mismo.
-¿Qué quieres hacer?- Le preguntó con serenidad.
Fuese lo que fuese, viendo el agotamiento físico y emocional que Sakura estaba atravesando por él, se preguntó seriamente si había algo que podría negarle y no pudo encontrar una respuesta. Otro vistazo a sus ojeras y supo que haría cualquier cosa para ayudarla.
No se arrepintió completamente hasta que estuvieron demasiado cerca de Konoha como para saber que para ese punto al menos había una persona en la aldea que sabía que estaban allí. Aunque el terreno estaba baldío, en ruinas y había sido dejado fuera del cerco que cerraba la villa aún era parte de la aldea y como en todos sus alrededores había patrullaje de seguridad. Lo último que quería era que enviasen a alguien allí a averiguar y tuviera que explicar que había traído a Sakura al Santuario Nanako para que estuviera en paz con sus parientes muertos. Estaba bastante seguro de que no quería a nadie metiéndose en ese asunto, ni siquiera Naruto.
Al menos ella había permanecido callada, no había cuestionado que se hubiese alejado del camino principal y tampoco sugerido que entraran a Konoha. Había estado un poco tenso desde que Sakura le había dicho lo que quería hacer y entendía que no deseaba presionarlo demás.
Recordaba bien los funerales de su clan, porque eran realizados en el recinto y la gente moría todo el tiempo. Los ritos tomaban días y todos los miembros del clan tomaban luto por respeto, lo cual probablemente era la razón por la cual acostumbraban a ser sobrios al vestir.
Tenían su propio cementerio en los confines del barrio, pero con la masacre se había convertido en una fosa común. Los asesinados no habían tenido lápidas-las lápidas antes de ellos habían dejado de existir en la destrucción de la aldea- y tampoco un funeral. El Sandaime había hecho una especie de ceremonia oficial que tenía la noción de haber presenciado y al mismo tiempo estado ausente, pero no había sido un funeral. No podían poner un rostro a tantos cuerpos y no había nadie más que él para lamentarse por ellos.
Cuando Sakura dijo que debíair a donde sea que ellos estuviesen como parte de lo necesario para sanar se sintió perdido por momentos. No había un lugar donde ellos estuviesen, sus restos estaban esparcidos y perdidos, todo lo que habían edificado con el nombre del clan había sido destruido. No tenían un lugar, él no tenía uno. Se sentía comprometido a darle lo que necesitaba aún así y sabía que a pesar de estar en ruinas, todavía existían dos lugares que aún tenían a los Uchihas grabados en las paredes. Por instinto, se alejó del camino que conducía a la fortaleza donde había peleado contra Itachi. No podía regresar allí.
El Santuario Nanako tenía ese nombre porque era especial para los miembros de su clan, un lugar de reunión y congregación dónde sólo los Uchiha habían estado y conocido su existencia hasta la Cuarta Guerra, cuando Taka y Orochimaru habían descendido al búnker porque él les había permitido la entrada; le contó esto a Sakura una vez fueron acercándose.
Cuando se detuvieron frente a la roca de entrada al santuario, ninguno dijo nada más al accionar el sello, aunque el sonido de sus pisadas al descender pudo haber ahogado cualquier otro ruido. El aire se volvió pesado, húmedo y sofocante una vez estuvieron abajo frente al monumento de piedra. Lo encontró como lo había dejado la última vez, vacío siempre que él no estuviese ahí, pero en los grabados de la madera y piedra, entre lo que era visible a ojos comunes y al Sharingan, había un eco de las personas que alguna vez habían estado allí.
El Santuario no era un cementerio, pero era lo antiguo y secreto-tal vez también que estuviese bajo tierra, como una cripta- que daba la misma sensación reverencial. Sakura detenía la mirada en todos los detalles y tenía esa expresión censurada que le mostraba que estaba absteniéndose de tocar nada, pero podía ver que lo hacía con los ojos, especialmente el monumento de piedra para el que estaba parcialmente ciega.
-Lo que te hice ver en el Tsukuyomi está escrito en esa piedra.- Le confesó. Sakura lo miró pidiéndole permiso y el accedió. Delineó con los dedos esbeltos la superficie lisa como si acariciara las inscripciones de un nombre en una lápida. No se limpió la suciedad, en su lugar, la esparció entre sus dedos como si fuese una sustancia valiosa antes de encerrarla en su puño. -Si hay un lugar en el que permanecen, es este.-
No sabía lo que Sakura pretendía al venir allí, pero supuso que al haberla atado a ellos de una forma espiritual necesitaba algo físico y no simbólico que pudiese dejar atrás. Por eso le sorprendió cuando negó con suavidad.
-No, permanecen en ti. Al menos eso dice mi madre.- Explicó ella. -Ella cree que los funerales, las tumbas, los restos y todo lo que queda y se hace entre los vivos son únicamente para nuestro consuelo, para ella los muertos nos dejan muy atrás al morir y el verdadero legado de alguien que ha fallecido permanece en lo único que lo conecta a nuestro plano: su descendencia entre nosotros.-
-Si realmente pensaras de ese modo quiero creer que no me habrías hecho venir todo el camino hacia aquí.- Le dijo, imperturbable.
-Mi padre piensa diferente. Él cree que dejamos parte de nuestra esencia en ciertos lugares mientras estamos vivos y al morir ahí reside una conexión en ambos planos, que nos permite ir y venir.- Contó Sakura. -Creo que esa era su justificación para los espíritus y los sitios embrujados.-
La miró de soslayo. -Piensas como tu padre-
-Les creo a los dos.- Admitió en su lugar. -¿Estuviste aquí antes, cuando todos vivían?-
-Una o dos veces, en el piso superior.-
-Cuando Tsunade-shishō ocupó la mansión Hokage pasaba mucho tiempo allí. Antes, las únicas veces que había pisado el lugar había sido durante el tiempo del Sandaime,- relató ella. -No creo que veía su fantasma,- aclaró, -pero podía verlo a menudo donde lo había visto antes, sentado frente a la bola de cristal o de pie en el balcón con vista hacia la aldea. Creo que eran mis propios recuerdos de él, pero eso apoya ambas teorías de mis padres. Las personas se quedan en ciertos lugares, aún si es sólo en nosotros.
»Estando aquí casi puedo verlos. No es difícil imaginarlos.-
Él podía verlos con bastante claridad, diferentes rostros sin nombre, leyendo los mismos secretos con ojos que apenas variaban hasta que fueron leídos por esferas distintas, el Rinnegan de Madara. La imagen de su hermano de pie en su lugar lo asaltó con fuerza y sólo entonces comprendió a lo que Sakura se refería, ese lugar contenía a Itachi y estuvo lo suficientemente abrumado por la súbita carga que adquirió el santuario que la miró para comprobar que era la única persona con él. Sakura observaba el monumento como si pudiera leerlo y se le ocurrió que ella no había ido allí buscando desconectarse de su clan, si no lo contrario.
Quería saber lo que pensaba. Siempre había creído que la pena de su clan lo estancaba, lo había hundido en la venganza, lo mantenía lejos de Konoha. ¿Cómo podría sentir alivio si elegía aferrarse a su carga?
-Nunca dices nada sobre tus padres,- le señaló. -Tus opiniones están lejos de ellos, ¿Qué es lo que crees tú, Sakura?-
-Creo que no debemos despedirnos de ellos. Los recibimos y esperamos que se queden con nosotros porque ya son parte de quienes somos. Los aceptamos y vivimos con ellos de una forma distinta. De una forma que los honre.- Suspiró hondo después de unos segundos. -Definitivamente me siento como una intrusa aquí. Gracias por dejarme entrar.- Sonrió. No le pareció que se refiriera al santuario.
Respirar el aire de la superficie hizo parecer que su cuerpo había dejado una carga pesada abajo, pero de alguna forma se sentía más recargado que al haber entrado y podía ver que Sakura también lo estaba; cabizbaja, pensativa y en todo el camino de vuelta apenas le dio una mirada a los muros de la aldea. Creía entender que le ocurría, desde que de algún modo se sentía mucho más cerca de su familia, pero estar de pie donde habían estado era un recordatorio de que ya no estaban allí.
Estuvo lo suficientemente abstraído para no darse cuenta de que había estado siguiendo a Sakura por un camino que los alejaba del país de las olas hasta que el paisaje varió de árboles interminables hasta una pequeña fortaleza a la mitad de la nada, pero no preguntó hasta que resultó obvio que allí era donde se dirigían.
-¿Qué hacemos aquí?- La edificación era un templo y por las inscripciones que alcanzaba a leer era uno budista.
-También creo que necesitamos los funerales.- Respondió ella mientras subía las escaleras.
-Somos sintoístas.- Dijo de forma automática, por costumbre más que convicción propia. Su clan adoraba a las deidades que le daban nombre a sus técnicas, Amateratsu, Izanagui, Izanami y Susanoo.
Sakura asintió pero continuó subiendo de todos modos. -En los templos sintoístas se adora a Kami. Los Butsudan son para honrar a la familia.-
Tuvo que entrar por su cuenta porque no se detuvo a esperarlo. El templo era alto, espacioso y a diferencia de los templos Shintō visualmente menos impresionante, sin ninguna representación de alguna deidad y cargado de olor a incienso. Dentro había el movimiento sutil de algunas personas que al entrar le prestaron poca o ninguna atención, un par de monjes se encontraban arrodillados frente al Butsudan que como pieza central tenía un pergamino escrito.
Sakura caminó con naturalidad hasta uno de los monjes y los vio entablar una conversación a lo lejos. De lo poco que conocía de la doctrina budista él era y practicaba todo lo opuesto, todo le parecía extraño y ahora fue su turno de sentirse como un intruso. No podía pensar en un lugar que pudiese encontrarse más lejos del clan Uchiha que ese; no entendía lo que quería y menos lo que necesitaba, por eso permaneció quieto en el sitio cuando Sakura desapareció y reapareció poco después con un pequeño séquito de monjes, cada uno llevando una pequeña carga de objetos que empezaron a desperdigar alrededor de la habitación.
Ella no volvió a fijarse en él hasta que concluyó su extraña tarea, cuando le apremió que se acercara. Miró intrigado como los monjes se retiraban del Butsudan pero permanecían en la habitación, cerca de los objetos que habían repartido al pie del Butsudan y junto a las paredes del templo, que al acercarse vio que eran velas. Caminó junto a él hasta llegar a las puertas abiertas del centro del altar.
-En el almacén de Sora-ku hay un pequeño Butsudan, Nekobaa enciende incienso y velas en el nombre de algunos miembros del clan.- Dijo ella ante su interrogatorio silencioso. -Esta es la mejor forma de hacerlo a una mayor escala. Les dije...- le echó un vistazo a los hombres silenciosos en la habitación. -que había ocurrido una tragedia. Que eran demasiados y que sin importar cuantas veces pudiese llegar a venir no podría hacer plegarias por cada uno de ellos.
»Accedieron a hacerlas por mi, al menos un día a la semana las encenderán por los Uchiha. Tal vez mi madre tiene razón y esto sólo se trata de nosotros, pero al menos así podría continuar sin pensar que todos están en la oscuridad.-
No realizó el momento en el que había accedido, pero Sakura había colocado una varita encendida en su mano y la siguió sin objetar hasta el espacio en medio de las grandes puertas del altar. En el lugar honorario para los miembros de la familia lo aguardaban tres velas y ante esto un nuevo conocimiento se asentó y con él acudió un nuevo sentimiento cálido hacia ella. Sakura no sólo había llorado por el mar de rostros a los que no podía ponerle nombre, había un lugar en sus pensamientos para su familia.
Se dio cuenta de que se había detenido cuando ella dirigió su brazo con suavidad hasta una de las mechas, entonces comenzó a hacerlo por su cuenta. Padre. Madre. Hermano. Con cada llama su pensamiento se iluminaba y de pronto más nombres, rostros y recuerdos empezaron a aflorar en su memoria, y antes de que lo procesara estaba moviéndose por la habitación, recitando mentalmente nombres o títulos de parientes en los que no había pensado en años y apenas recordaba, que aparecieron con claridad de entre la niebla de su memoria. Registró el movimiento de las personas alrededor, Sakura y los monjes también encendían velas por su cuenta.
No fue hasta que no encontró nada más que encender que el fulgor lo encandiló y retrocedió hacia el medio de la habitación para admirar la cantidad aparentemente interminable de pequeñas luces a sus pies. Sintió una extraña satisfacción ante el aumento de la temperatura a causa del fuego y el sudor que le corría por la frente, recibió a Sakura a su lado y ella le dio una mirada significativa antes de volver los ojos hacia el Butsudan y cerrar los párpados en oración.
Miró la estructura del Butsudan y el Bodhisattva con indiferencia, pero las tres pequeñas llamas a sus pies atrajeron su atención de nuevo. Sin importar su ignorancia al respecto, incluso si aquel rito realmente no significaba nada, aquella era la primera vez en mucho tiempo que al pensar en sus padres la primera imagen que venía a su mente no era la de sus cadáveres en el recinto. En su lugar, veía el rostro benevolente de su madre y el severo de su padre como habían sido; como si toda la luz de la habitación hubiese arrinconado aquella última imagen terrible a una esquina de su mente donde de momento era difícil de alcanzar.
A pesar de que había sido poco lo que le había hecho ver de su familia antes de mostrarle las imágenes del asesinato, por alguna razón le pareció que Sakura tampoco los evocaba de esa forma. Una de sus manos estaba extendida sobre su esternón y sobre la mejilla le relucía una lágrima solitaria, la luz de las velas le daban una nueva dimensión a su rostro, como si su piel reflejara toda la luminosidad de la habitación. Por su postura, no podía definir si estaba dejándolos ir o estaba recibiéndolos; la encontró solemne, hermosa.
Llegó a él el recuerdo de la ceremonia insípida y borrosa que había oficiado el Sandaime después de la masacre de su clan. Estaba rodeado de personas e incluso algunas de ellas vestían de negro por lo que su madre hubiera llamado respeto y él sólo reconocía como hipocresía; ella también solía decir que sólo el amor o el dolor hacían el luto verdadero. Sakura no vestía de negro pero le había puesto la oscuridad en el alma y el amor que había desarrollado hacia los suyos debido a eso era tan tangible como el que le había profesado a él. Fue dominado por una emoción extraña y abrumadora al mirarla, cerró los ojos para contenerla.
En la oscuridad seguían brillando las luces, pero el calor que emitía el resplandor de las llamas, el sudor y el aire cargado de incienso hicieron que percibiera la habitación repentinamente repleta, la sensación ajena hizo que se le erizara la piel. Había pensado que ese era un lugar del que todos estarían lejos, pero ahora le parecían mucho más cerca; no más cadáveres desperdigados por las calles del recinto, en su lugar rostros sombríos que se acercaban a la luz que Sakura les había traído. Sé preguntó si desde su lugar, Itachi podía ver la luz. Quiso creer que así era y el pensamiento le dio paz. El mismo impulso movió su mano hasta encontrar la de ella que se cerró, primero tentativamente y luego con un fuerte apretón para reafirmar sus dedos entrelazados.
Volvió los ojos hacia el Butsudan y alrededor de la habitación, dejando atrás la oscuridad y admirando la cualidad de Sakura de volverlo todo luminoso. Se las había arreglado para que lo que había creído el fin con la masacre alcanzara a tener un cierre que no le atormentara recordar. Al mirarla, Sakura ya lo hacía, los ojos llenos de adoración. No pudo retroceder.
Le había estado dando por voluntad propia su tiempo, armas, habilidades y demasiados de sus pensamientos, cosas que nunca había compartido por completo desde Itachi. Había terminado otorgándole secretos de su clan y con eso había terminado vinculándola con todas las cosas de las que había querido protegerla en un principio. En intercambio por todo lo que le había hecho, inconscientemente había estado dándole a Sakura todo de él.
El pensamiento lo perturbó, pero casi de inmediato alcanzó otra resolución. Como intercambio ni como compensación, aún no le parecía suficiente.
Después de un rato avanzaron juntos, pasadas los escalones del templo y envueltos en el silencio. No la soltó hasta mucho después.
-¿Sakura no vino contigo?- Preguntó Nekobaa, mirando detrás de él como si esperara encontrarla allí.
Había venido a Sora-ku por su cuenta. En lugar de expresar alguna inquietud cuando se lo dijo, Sakura lo había despedido con una sonrisa desde el pórtico de la casa de Tazuna.
-Es innecesario que Sakura se mueva conmigo todo el tiempo.- Era un recorrido corto, además, ahora estaba en un lugar en el que le parecía que estaba segura. -¿Está listo?-
-Desde hace varios días.- Afirmó ella, moviéndose entre los baúles y sacando un paquete de tamaño considerable. Sakura hizo una amiga. Enarcó una ceja y la anciana desató el nudo y le entregó una réplica bastante acertada de la indumentaria usual de Sakura, veía varios atisbos de gris, negro y rosa entre el rojo dentro de la bolsa.
-Es pesado.- Le dijo, evaluándolo al sostener el bulto con un dedo.
Nekobaa empezó a moverse por la habitación. -Conseguí sus zapatos.- Dijo, su voz cada vez más lejana mientras se perdía entre los cargamentos. -Y pasó esta cosa...
»El sastre ha estado tomando mis pedidos desde hace mucho tiempo así que supongo pensó que aunque el modelo haya sido diferente, el cliente y las características esenciales no lo serían. Hay el doble de las camisas porque supuse que resultaría un problema. Ordené que las hicieran de nuevo, pero las empaqué todas porque puede que aún les encuentren algún uso.-
Observó con cuidado la tela roja con el entrecejo fruncido, no entendiendo a qué se refería. Sus palabras cerraron segundos después e inmediatamente después expuso la espalda de la prenda. El símbolo de su clan estaba grabado en una camisa que sólo podía pertenecerle a Sakura.
¡!
Antes que nada, enfermé. No COVID-19 enferma, pero enferma de todas formas. Eso fue lo que evitó que esto siguiera la consecución que yo quisiera que tuviera, es decir, no pretendo hacer actualizaciones mensuales. Pretendo hacerlas al menos cada dos o tres semanas.
Dicho esto, al menos un par de capítulos transcurrirán entre las Olas y Sora-ku. Para su tranquilidad, el capítulo siguiente es en el que Sasuke se da cuenta, no en el que lo acepta, pero si en el que se da cuenta. Todo lo que empezó y no terminó aquí tendrá sentido en dichos capítulos. Con respecto a este, siempre me gustó pensar que Sakura ayudó a avanzar a Sasuke en lo que Naruto no pudo.
En el próximo, pretendo hacer que Sasuke y Sakura se diviertan un poco. Sasuke realmente nunca tuvo todo ese espacio para ser joven y verse involucrado en situaciones como las de sus días de genin. Quisiera que Inari interviniera un poco, al menos antes de que ocurra "la realización" porque una vez que esto suceda, a partir de aquí los capítulos pueden titularse alternativamente el comienzo de la agonía de Sasuke.
Quiero aclarar que sus respuestas a este fic siguen asombrándome. Las leo y no sólo siento la emoción si no también la expectativa. Bien, dicho eso, de verdad me encantaría responderles a todas. Sus reviews me hacen reír, enorgullecerme e incluso a veces me conmueven un poco. Pero como en los últimos caps ha aumentado la expectativa y sobre todo la positiva respuesta que tienen acerca de como retrato a Sasuke, he leído la misma duda en varios reviews:
No puedo desglosar mis opiniones acerca de como pienso que Sasuke y Sakura piensan c/u con respecto al matrimonio sin revelar trama que aparecerá en algún capítulo, así que resumámoslo con facilidad: Sasuke (Según mi opinión): Asocia el sexo con el matrimonio: si. Quiere casarse: no. Va a tener conflictos morales: definitivamente.
No es que no crea que no piensa en sexo, es que creo que el reprime el pensamiento, al menos por el momento. Ahora es un hombre que lentamente ha empezado a trabajar sus problemas con la intervención de Sakura (mi enfoque de Sakura terapeuta definitivamente se agarra de su experiencia profesional, aunque realmente veo a Sakura como un personaje emocionalmente inteligente) experimenta reacciones físicas inminentes, pero que realmente no son tan fuertes y aplastantes como es lo que ya existe, pero comenzará a aflorar con respecto a sus sentimientos por ella.
Gracias. Como siempre, pueden decirme que opinan de éste y qué es lo que esperan del siguiente. El compromiso que he adquirido con ustedes es básicamente lo que me mueve a actualizar, porque obviamente yo sé como va y termina esta historia. Aún así, me mueven sus respuestas y por eso me privo de mis libros y otros placeres para obligarme a escribir mucho más.
Las/os quiero mucho, sigan cuidándose.
Nahare~
