Despertó con la sensación de haber dormido a gusto, mirando al techo con algo parecido a la familiaridad después de estar los días suficientes en la casa de Tazuna como para haberse acostumbrado a la visión de la madera oscura. Era una sensación extraña, tanto porque parte de esa familiaridad se la daban sus propios antiguos recuerdos de la misma habitación, como porque generalmente nunca tenía esa sensación en ningún lugar, ni siquiera en los que se había demorado más tiempo.
Había pasado más de la mitad de su vida privado del verdadero núcleo de su hogar, no creía que alguna vez volvería a vivir la sensación que se experimentaba al llegar al recinto y sentir aquella tranquilidad de encontrarse en su lugar. Sin embargo, no podía negar que había cierta comodidad en permanecer en la casa del constructor, bajo el techo de alguien y rodeado de personas en las que podía confiar.
La buscó con la mirada, sintiendo la falta del rumor de su respiración. Encontró el futon a su lado vacío y a pesar de conservar algo de la presencia de Sakura en las mantas deshechas, algo de la familiaridad se alejó con su ausencia. Se levantó rápidamente, algo alarmado de haber permanecido dormido y no haber despertado como solía hacer siempre que alguien se movía en la habitación.
-Sasuke.- Al entrar en el comedor, Sakura fue la primera en notar su presencia, pero las otras voces se unieron al saludo de inmediato.
Nadie en la familia lo había tratado diferente después de haber sido honesto con Tazuna, la afabilidad de Inari hacia él sólo crecía cada día y el sobreseimiento de Tazuna lo hacía el mismo viejo impertinente de siempre; definitivamente alguien que no medía sus palabras porque se sintiera intimidado. Tsunami era igual de gentil, aunque podría apostar que Tazuna le había contado todo, desde que su rostro mostraba algo más de sobriedad que intuía no tenía que ver con que se hubiese acostumbrado a su presencia. Sus ojos brillaban con conocimiento, pero tenía sustancialmente menos que decirle después de un par de días, lo que estaba bien para él.
-Ustedes se levantan muy temprano,- comentó Tazuna desde su asiento en el comedor, -se supone que están de vacaciones. ¿Acaso los ninja saben qué significa?- Él parecía tan acostumbrado como ellos, probablemente debido a décadas de trabajo; no como Inari, que comía su desayuno con los ojos apenas abiertos, balanceándose peligrosamente de vez en cuando y demorándose algo de tiempo en meterse la cuchara en la boca.
Estaban teniendo un sueño decente, para variar. En esos cinco meses juntos por alguna razón u otra poco podían reunir ocho horas de sueño. Estando allí ambos dormían más de la cuenta, como si la casa tuviese algún efecto soporífero, aunque ese día no había despertado cuando Sakura lo hizo. Aparentemente, esa mañana había sido un intento intencional de su parte para que Tsunami le permitiese ayudarla en cualquier quehacer de la casa.
Sakura cruzó una mirada conocedora con él y Tazuna la interpretó a su manera. -Supongo que Kakashi era un maestro eficiente.-
Su monosílabo desdeñoso y el bufido burlón de Sakura resonaron al mismo tiempo. Al anciano le hizo gracia.
-Kakashi-sensei nos enseñó a no molestarnos en madrugar y llegar al menos tres horas después de lo acordado porque sólo entonces se dignaría a aparecer.- En su defensa, se veía algo avergonzada de haber reaccionado tan espontáneamente, de haber estado prevenida probablemente se habría mordido la lengua antes que criticar a su sensei tan abiertamente.
A él realmente no le importaba. -Kakashi eran un vago.- Le dijo a Tazuna.
A pesar de que aún estaba sonrojada, Sakura asintió, apoyándolo. -Al principio nos hacía levantarnos muy temprano y siempre llegaba tarde.- Se dirigió a él, acalorada con el recuerdo. -¿Recuerdas aquella vez cuando de hecho se apareció a la hora acordada? ¡Creo que solicitó las peores misiones D para nosotros esa semana como castigo por llegar a la hora en la que él solía llegar!- Dijo ella, aún indignada.
-Dijo que un ninja debía anticiparse a las posibilidades.- El eco de la voz de Kakashi en su recuerdo. -Nos insinuó que podría pasar más seguido. No volvió a pasar, pero hizo que en adelante volviésemos a ser puntuales y otra vez tuviésemos que esperarlo por horas.- La punzada de irritación de entonces se mezcló con algo parecido a la nostalgia por los tiempos en los que el Equipo Siete constituía su única molestia. Después de todo, tal vez al hábito de madrugar había provenido de Kakashi. El horror del resto de sus vidas probablemente sólo lo había afianzado.
-Bueno, es cierto que aquella vez tuve que esperar por ustedes y si, debo admitir que parecía un vago.- Concordó Tazuna, aún divertido. -¡Bah! Que pinta tenían los cuatro, eran el peor grupo que había tenido la desdicha de ver y para colmo serían mis guardaespaldas. Me consideré muerto desde el momento en el que salimos de la aldea.- La sonrisa de Sakura floreció en su rostro antes de empezar a reír y él también sonrió a pesar de si mismo. -Por suerte me equivoqué.- Añadió con su propia sonrisa.
-¿No deberían estar hablando así del Hokage?- Intervino Inari, medianamente despertado por la risa, pero dispuesto a unírseles.
-Probablemente somos los únicos con facultad para hacerlo.- Razonó Sakura. -Cuando Naruto sea Hokage la mitad de la aldea tendrá anécdotas poco favorecedoras que contar sobre él.-
Sakura los entretuvo con un recuento del pasado criminal de Naruto y sus días de alborotador de monumentos pintados y otras travesuras. Los observó reír, de alguna forma ajeno, como si ellos estuvieran dentro de un halo de felicidad del que realmente no era parte pero que de todas formas lo alcanzaba; la mayor parte de sus palabras se perdieron en el fondo hasta que Sakura hizo una pregunta y miró en su dirección.
-No deberían molestarse,- Tazuna se adelantó a responder. -Sólo es el usual trabajo pesado, nada nuevo.-
-No es molestia, de verdad.- Aseguró Sakura, esta vez hablando por si misma.
Inari hizo la mayor parte del convencimiento y él terminó siguiéndolos aún sin tener la menor idea exactamente a qué habían accedido a ayudar, hasta que después de acabar de desayunar fueron guiados por el anciano y el adolescente hasta llegar a un sitio de construcción en uno de los distritos comerciales de la aldea. Allí los esperaba un grupo de hombres que a juzgar por sus vestimentas compartían el oficio de Tazuna.
-¡Tazuna-san, Inari-chan!- Uno de los hombres saludó, pero sus ojos, como los de todos los demás, se desviaban hacia Sakura y él.
-¡Buenos días!- respondió Inari. -Trajimos un par de manos extra para ayudar a descargar los cargamentos.- Sonreía de oreja a oreja, notó que se había dirigido especialmente al que parecía el par más joven entre ellos, que debían tener su edad.
Algunas miradas se intercambiaron, curiosidad mezclada con especulación y duda. Los hombres y jóvenes estaban forjados por el trabajo, todos eran anchos si no más grandes; a simple vista no debían darles una buena impresión física. Podía ver que al menos se estaban preguntando lo que él sería capaz de hacer con un solo brazo y era incluso más obvio que ni siquiera se molestaban en considerar a Sakura. La prolongada resistencia de Tazuna acerca de que se unieran ayudar no era sólo porque pensara que la tarea estaba por debajo de sus habilidades ninja, era probable que hubiera considerado seriamente que no eran aptos para ello. Mantuvo la diversión fuera de su expresión al ver que Inari había buscado un sujeta-papeles y se lo entregaba a una extrañada Sakura.
-Aquí tienes,- Inari le dijo con amabilidad, -puedes seguir el registro de unidades mientras los bajamos.-
Sakura lo miró con la expresión en blanco antes de pestañear dos veces y que algo de incredulidad se mostrara en su rostro. -¿Por qué?- La confusión pasó rápido. -No. Ayudaré con la madera.- Sentenció con naturalidad.
Inari se encogió de hombros, pero otro de los hombres miró a Sakura con desaprobación. -Es un trabajo difícil para nosotros,- dijo de forma en la que se suponía debía estar realzando su aspecto, -no para una jovencita como tú. Nadie querrá que te lastimes o te canses y estoy seguro de que Tazuna pensó que serías de mucha ayuda con la tarea del inventario.-
Ella alzó una ceja rosada y miró a Tazuna, que la miró de vuelta y casi se encogió de hombros como Inari. Ciertamente había pensado algo por el estilo, pero era lo suficientemente sabio para callarse y ver la manera en la que se desarrollaban las cosas. Sakura ni él habían realmente discutido sus habilidades con la familia.
-Bueno, si alguno de ustedes se lastima también podemos ayudar con eso.- Sakura tenía un pequeño filo en su voz, pero se puso los guantes de forma casual. Les dio a todos-excepto a él- una mirada deliberada a sus rostros y pieles sudadas de agotamiento y caminó con gracia hacia uno de los cargamentos.
Lo que sea que fueran a construir con esos materiales sería algo grande. Los leños más grandes eran tubulares, la longitud alrededor de cuatro o cinco metros y su circunferencia lo suficientemente ancha para que unos brazos normales no fueran capaces de rodearlos. Sakura no podía, así que arrastró uno por un extremo hasta que estuvo medio camino fuera y lo tomó sobre su hombro, con tanta facilidad como si apenas sostuviera una vara. Tan sólido como se veía, adivinó que podía pesar al menos tres veces el peso del más pesado de esos hombres, hombres que ahora miraban su pequeña forma esbelta con la boca abierta.
-¿Dónde los quieres?- Preguntó ella, no sin fanfarronear.
El resto de los hombres tenían los ojos como platos y antes de que pudiera resoplar, Tazuna rompió el silencio con una sonora carcajada.
-Podrías empezar por colocarlos en el suelo,- señaló el anciano después de recobrar el aliento. -Al menos si quieres dejarle algo de trabajo a los demás.-
Cuando la sorpresa y lo que supuso debía tratarse de humillación se vencieron todos parecieron dispuestos a poner manos a la obra. Los jóvenes lo superaron incluso más rápido, haciéndole un montón de preguntas a Inari, quien lo miraba a él con la curiosidad en el rostro.
-¿También puedes hacer eso?- Preguntó emocionado. Le negó con un gesto en respuesta. Inari pareció pensativo durante unos momentos mientras miraba a Sakura. -¿No te molesta que tu novia sea más fuerte que tú?-
-Sólo es más fuerte. Yo soy más poderoso.- Respondió imperturbable, como un reflejo. -No es mi novia.- Dijo mucho más tarde, como resultado de nunca haber contradecido antes esa implicación, porque era irrelevante esclarecerlo o porque la suposición les favorecía.
-Cieeerto,- arrastró Inari, incrédulo y sonriendo como un zorro. -Así que, ¿Crees que tengo alguna oportunidad con ella?-
Bajó la mirada en blanco hacia él, lo que debió parecerle bastante divertido al chico, que rompió en una sonrisa imposiblemente más amplia y soltó una risita burlona.
-No te preocupes, Sasuke-niisan. Estoy seguro de que será una partida justa.-
A pesar de disfrutar la sensación de tranquilidad que traía no estar por primera vez en mucho tiempo comprometida con algún deber implícito, mandado o búsqueda, una parte de ella se resistía a quedarse estática. La nueva calma la colmaba de positivismo, la última visita al santuario y al templo había resultado mejor de lo que hubiese podido esperar.
Sasuke también parecía lleno de una nueva vitalidad, una que no era violenta ni radical, pero ante los ojos que lo habían visto transitar por toda clase de etapas durante esos meses juntos resultaba indiscutible. La aliviaba que la elección de intervenir en sus asuntos privados y el afán de hacer que él se conectara de una forma menos sombría con su pasado hubiese tenido tan buen resultado, considerando todas las cosas malas que pudieron haber sucedido si Sasuke hubiese estado a la defensiva, si él aún hubiese sido la persona que era cuando había luchado contra ella para mantenerla a raya y la había sometido al Tsukuyomi en un intento de alejarla.
Después de un largo tiempo por fin podía verlo de nuevo como su Sasuke, aquel que aún atribulado y marcado por sus vivencias se encontraba lejos de la oscuridad que había reunido con los años de soledad, sufrimiento y desdén, que tenía más que amargura o frialdad para transmitir. Fuera de la mueca constante y la mirada ilegible se había ocultado mucho tiempo un rostro cuyas sonrisas (aunque escasas, sutiles o arrogantes) no eran tan extrañas, y últimamente sus ojos no parecían tan inquietantes como cálidos.
Sabía que le había traído algo de paz y estaba encantada con su éxito. Sobre todo cuando entrenaban juntos y veía al Sasuke que reconocía de años atrás, ávido de acción, no agobiado y sólo entregado al momento que estaban viviendo, sin que hubiese nada más que lo ensombreciera.
Sasuke había intentado proseguir con la lección que inicialmente tenía en mente antes de que le lanzara el pergamino incorrecto y encontrase el arco y el carcaj, pero ella había insistido en continuar al ver las armas, por curiosidad, interés y un franco deseo de involucrarse en cualquier actividad que él apreciara. Incluso si se consideraba a sí misma una buena estudiante, había que darle el crédito de la paciencia además de la experticia, sobre todo considerando que Sasuke parecía del tipo que se aburriría fácilmente de practicar disciplinas que dominaba.
El arco era especial por una razón más allá de su trasfondo y relación con Itachi. Había ignorado la falta del brazo izquierdo de Sasuke y su condición real como una discapacidad porque él nunca la hacía parecer tal cosa. Sabía que probablemente le había tomado una gran cantidad de tiempo lograr que fuese así, y ahora que pensaba en ello, el tiempo inmediato después de que Sasuke abandonó Konoha debió haberlo pasado aprendiendo a manejar la vida con un sólo brazo; el resultado de ello era tan impecable como sólo podía esperar de él, considerando que la mayor parte del tiempo ella olvidaba que la extremidad en cuestión ya no estaba.
Sasuke manejaba la espada tan letal como siempre, hacía posiciones de mano como lo hacía Haku, pero el arco y la flecha era algo que no sería capaz de hacer nunca más, al menos no por sí solo. Por alguna razón, le parecía triste que pasara a ser sólo parte del pasado y si Sasuke estaba dispuesto a seguir venciendo esa resistencia y enseñarle más de él, ella seguiría aprovechando cada oportunidad que tuviese.
Básicamente estaba casi vibrando de emoción y al mismo tiempo llena de una calmada cautela. Mantenía presente sus últimas impresiones acerca de cualquier evolución en la forma en la que Sasuke y ella interactuaban ahora que habían alcanzado otra especie de nivel desde que ambos habían partido juntos del templo aún unidos por sus manos; la incertidumbre manteniéndola callada y observadora. No quería hacerse falsas ilusiones, era probable que aquello sólo terminara lastimándola. Menos aún quería arruinar el entendimiento entre ellos y la necesidad de preservar la nueva profundidad de su vínculo la sublevaba. Estaba contenta forzando el exceso de pensamientos fuera de su cabeza, estar ahí para Sasuke sin la presión-ni decepción-de esperar algo en concreto.
Cuando eligió no pensar demasiado acerca y alrededor de Sasuke se condenó a si misma a su verdadero ser; lo que significaba que estaba menos cerca de la persona recatada y madura que intentaba ser-con el fin de mostrarle que había crecido de la niña tonta que era y a él le disgustaba-y más parecida a la chica en su interior, lo cual no estaba segura de si era particularmente bueno-aunque definitivamente no halagador-pero ella también se sentía menos tiesa. Después de empezar a dejar atrás todo aquel sufrimiento y con el proceso de sanación de Sasuke avanzando por igual, realmente se sentía como darle un respiro a su espalda después de estar envarada durante un largo tiempo.
-Estira la espalda.- Fue la advertencia de Sasuke cuando de hecho comenzó a encorvarse. Su orden envió una sacudida a través de su espina y se tensó conforme su brazo hizo lo mismo con el arco, y no por primera vez temió que él pudiese leer sus pensamientos.
Siguió las instrucciones que él sólo había necesitado explicarle una vez. Fijó su postura situando ambos pies equilibrándola con firmeza al suelo, la mano que tiraba de la flecha tocando ligeramente su mejilla y liberó el agarre una vez creyó que la punta se dirigía hacia la marca que Sasuke había cortado en la corteza. Sin embargo, sólo la postura y un presunto sentido de la trayectoria no eran todos los aspectos a tener en cuenta, la flecha era ligera y podía desviarse con el viento o cualquier movimiento descoordinado y terminó pegándole a otro árbol detrás, un poco más alto y a la izquierda de lo que había pretendido.
Al menos había alcanzado algo. Se había avergonzado a sí misma con algunos pocos tiros perdidos antes de que ganara algo de confianza con el arma. Ahora-al menos- conseguía regularmente a disparar a sus verdaderos objetivos. Más allá de la práctica reconoció que era un arma bastante letal, pero estaba segura de que sólo le gustaba por la asociación que tenía con Sasuke.
Puede que él ya no fuese capaz de disparar el arco, pero los toques ligeros que Sasuke le daba para afirmar su codo, alinear su brazo e insistir a que su espalda se arqueara para estabilizarla no sólo eran agradables, pensaba que de alguna forma imitaba la delicadeza que pudo haber usado con el arma algún día. Tenía que colocar un poco de atención extra para enfocarse en disparar y no distraerse, pero más para no jadear cada vez que la tocaba inadvertidamente.
Una vez alcanzó su objetivo sí se permitió un jadeo satisfecho y se giró para encararlo, la sonrisa del éxito ya impresa en sus labios, pero aún permaneciendo la necesidad de buscar su aprobación.
Sasuke mostró su reconocimiento con un asentimiento y el rostro que en él reflejaba la satisfacción. Aunque sólo se tratara de dirigirla y no un entrenamiento que compartieran juntos él parecía disfrutarlo; lo sabía porque tenía los suficientes recuerdos de Sasuke disfrutando para saber como lucía, aunque cuando eran jóvenes aquello sólo se evidenciaba cuando probaba que podía vencer a Naruto en cualquier cosa.
Estar junto a él ahora era como si no se hubiesen separado en todos esos años y en su lugar hubiesen crecido juntos. Ya no había más paredes entre él y ella e incluso había otra rosca en el vínculo que los unía. Uno que hablaba de sangre, lamentos y pesar compartidos; pero mayormente sobre confianza.
Incluso si esa nueva confianza le había dado libertad a Sasuke de tener ciertos gestos que raramente tenía antes, no disminuía sus propias reacciones hacia ellos. Cuando él se le acercó por detrás y colocó su mano sobre la mano con la que ella sostenía la flecha en posición, el corazón comenzó a martillarle en el pecho.
-¿Sasuke?- Susurró.
Él no respondió, pero sentía la calidez que irradiaba en su espalda y sobre su cabeza por la cercanía. El aturdimiento apenas hizo que se diera cuenta de que la intención de Sasuke de hecho era redireccionar su puntería y jalar de la flecha mientras ella aún sostenía el arco, cuando ya había perforado a través de uno de los arbustos cercanos y un grito sorprendido precedió a la irrupción de una persona que dio traspiés hasta aparecer ante ellos.
-¡Inari!- Gritó el nombre del chico, pero se había volteado a mirar a Sasuke quien-notó ella- aún permanecía demasiado cerca y cuyos ojos resplandecían con suficiente diversión como para que no fuese necesario que él crispara ninguno de sus músculos de la expresión para saber que lo había hecho apropósito.
-¡Hey!- Protestó el adolescente. -¡Pudiste haberme pedido que saliera! Sólo quería ver su entrenamiento.-
-¿Entonces por qué te escondías?- Preguntó Sasuke casualmente.
La sonrisa de Inari podía ser encantadora, pero escondía demasiada picardía para que resultase inocente. -Me dio curiosidad saber cuánto tardarían en notar que estaba allí.- Dijo, olvidando sus protestas. -¿Se están turnando para disparar?-
-Sasuke me está enseñando a usar el arco, él ya lo domina.- Le respondió.
-Oh,- el chico dejó salir una exclamación complacida. -¿Alguna vez has ido a pescar?- No supo de donde salió eso, pero sacudió la cabeza. -Genial.- Su sonrisa esta vez fue entusiasta. -Si Sasuke-nii puede enseñarte algo, yo también.-
Le dio una mirada inquisitiva a Sasuke, quien ya parecía resignado, sin embargo pensó que aún podía percibir en él algo de aquella diversión. En general, el tiempo que pasaba alrededor de Sasuke últimamente se resumía a su entrenamiento regular y aunque disfrutaba cada momento con él, la idea de hacer algo más trivial juntos de hecho la emocionaba.
Poco después, navegaron algunos metros lejos del muelle en un bote de pesca que Inari se las había arreglado para conseguir. El chico le mostró pacientemente la forma de lanzar, enganchar y halar con destreza, e intentó imitarlo tan bien como pudo hasta darse cuenta de que la parte de esperar a que algo picara la carnada podía ser impredeciblemente larga y decepcionante si se extendía demasiado.
Aunque Inari se aseguraba de que una charla placentera se instalara en el fondo, sabía que consideraría la pesca como la actividad más aburrida de todos los tiempos si no fuera porque Sasuke parecía haber tomado cierto interés en las instrucciones de Inari, y cuando el chico le ofreció intentarlo accedió y se sentó a su lado con una caña.
No pasó demasiado tiempo hasta que el cable de Sasuke se tensó y él empezó a tirar. Transcurrió mucho menos hasta que sacó un pez plateado que sacudió la cola cuando él lo acercó para inspeccionarlo.
-Ohh, es una buena pesca,- elogió Inari, tomando el asiento restante junto a ella y blandiendo su propia caña. -No está mal para ser la primera vez, aunque es bastante más pequeño que mi primer pez.- Alardeó con una gran sonrisa antes de que su anzuelo salpicara el agua con un plop.
Para cuando Inari probó su punto de algún modo sacando un pescado mucho más grande, Sasuke ya había sacado un par más que se meneaban en su cubeta. Alternó una mirada indignada entre ambos chicos y sus pescados de escamas brillantes que se revolvían en los anzuelos, las gotas que la salpicaban como una burla.
-¡Hey!- No pudo evitar quejarse. -¿Cómo es que ustedes ya engancharon varias veces y yo no tengo nada?-
-No te preocupes, Sakura-chan.- Inari le dijo en medio de su lucha contra otro pescado. -Te daré todos los peces que atrape.- Él la interrumpió antes de que pudiese agradecer la oferta y decirle que la única forma en la que podría pensar peor de la pesca era si ella no conseguía pescar nada. -De hecho, creo que puedo juntar muchos más peces para ti en una hora que Sasuke.- Le dijo a ella, pero dirigió el reto hacia él.
Sasuke tenía otro pez en la mano. -Esto es bastante fácil.- Comentó con naturalidad. Ella notó que no declinó precisamente. La chispa de curiosidad ante esto se quemó rápidamente una vez fue obvio que a ellos parecía servirles la paciencia y en intervalos de pocos minutos cada uno tenía una batalla contra un nuevo pez, sus cubetas llenándose cada vez más.
Para el momento, Sasuke se mantenía enfocado con una mirada profesional, Inari estaba colorado con el entusiasmo de la competencia y ella estaba bastante molesta porque los peces la ignoraban incluso después de que se esforzara en sacudir la caña, esperando atraer al menos un mísero pez hasta su carnada. Que ambos chicos estuvieran disfrutando la actividad tampoco ayudaba demasiado a su humor.
Estaba a punto de hacer algunos de los comentarios que su versión interna estaba vociferando cuando Sasuke puso su caña a un lado y se dirigió a la de ella. La tomó con un solo movimiento y tiró hasta que el cordel con el anzuelo estuvo fuera del agua. Se sintió un poco menos indignada cuando fue lo único que apareció, significaba que no era que los peces la encontraran menos atractiva, sólo había sido engañada por uno que se comió su carnada y no enganchó el anzuelo.
Sasuke no hizo ningún comentario, pero colocó pacientemente otra carnada en el gancho antes de sugerirle que arrojara de nuevo.
-Gracias,- le dijo, un poco sonrojada. Estaba avergonzada, pero también un poco halagada. Sasuke e Inari habían estado bastante sumidos en la pesca para que Sakura esperara que recordaran que ella seguía allí, lo cual había creído hasta que Sasuke se dirigió a ella.
-¡Ja!- Inari definitivamente había olvidado que ella seguía allí, pero no a Sasuke, regocijándose en medio de un gran forcejeo que terminó con él consiguiendo arrastrar hasta el bote un pez de tamaño considerable, alrededor de un brazo de largo. -¡Se acaba la hora! Este al menos vale cinco peces a la cuenta y creo que ya te vencí.-
La expresión ilegible de Sasuke le hizo cuestionarse si realmente le importaba perder contra Inari. Después de todo, había perdido algo de su tiempo de pesca supervisando que ella tuviese carnada en el anzuelo.
-La hora no ha terminado.- Respondió él, impávido.
Inari sonrió. -Por poco. No seas un mal perdedor, Sasuke-nii. Yo soy el maestro de la pesca aquí, ¿No es cierto, Sakura-chan?-
Sasuke les lanzó una mirada antes de caminar fuera del bote hasta la superficie oleante tan naturalmente como sólo un ninja podría hacer. Sin advertencia (que sólo la alarmó los segundos necesarios hasta darse cuenta de que había sido innecesario, desde que el bote y las cañas estaban hechos de madera y no eran materiales conductores de electricidad) hubo una explosión de energía azul proviniendo de su brazo que atravesó el agua bajo él como un gran rayo.
El efecto fue inmediato, una absurda cantidad de peces empezaron a flotar inmóviles en la superficie del agua que los rodeaba por unos pocos metros.
Inari se quedó boquiabierto. -¡Eso ni siquiera es justo!-
Apenas tuvo tiempo para divertirse antes de darse cuenta de que había algo extraño en el peso de su caña. Sacó el cordel hasta que el anzuelo arrastró un pescado que colgaba exangüe. Debía haberse enganchado justo antes de que la técnica de Sasuke lo matara, lo cual probablemente evitó que pudiese escaparse de nuevo. Hasta ese momento, la pesca le había parecido completamente inútil; pero ahora, mirando aquella cosa viscosa con la mirada fija, tenía una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Lograste que pescara algo!- Le sonrió a Sasuke.
Sasuke ya estaba volviendo al bote cuando miró a Inari y remarcó con la misma naturalidad. -Yo gané.-
Inari no se enfurruñó por su derrota demasiado tiempo, alabó de manera excesiva la única pesca de Sakura y lo observaba de reojo con lo que el chico debía considerar sutileza. Tal vez era todo el asunto del encaprichamiento de Inari y que buscara la atención de ambos de manera obvia lo que seguía haciendo el asunto entretenido.
Había varias cosas en Inari que le recordaban a Naruto. Aparentemente, ya había superado la edad en que consideraba molestas ese tipo de tonterías y se había vuelto lo suficientemente serio como para ser condescendiente al respecto y de hecho burlarse un poco mientras tanto.
Sakura lo manejaba con paciencia y buen humor, aunque ella también lo miraba constantemente y podía decir que debía estar intrigada. Después de todo, su viaje había ocurrido primero en asuntos estrictos y después no había sido mucho más flexible. Todas sus acciones seguían un propósito, e incluso si antes había tenido momentos para pausar; estando en el medio de la nada sin una meta inmediata y rodeado de viejos amigos, ahora sentía que no necesitaba una. Por primera vez en años se encontró a si mismo tomando cada día a la vez, no preguntándose acerca del mañana ni esperando a que el día acabara.
Lo reconoció como la obra de Sakura. Ella se las había arreglado para mejorar su vida a pesar de lo que pudiese hacer o decir al respecto; se había salido con la suya a pesar de si mismo y no estaba tan molesto como alguna vez pensó que lo estaría. Estaba empezando a sentir algo cercano al agradecimiento.
-De verdad son muchos pescados. ¿Estás seguro de que te comerás todo?- Sakura le preguntó a Inari con más curiosidad que escepticismo, lo que él realmente sentía acerca de que Inari pudiese tragar tanto.
La sesión de pesca los había dejado con una cantidad ridícula de pescado de la que debían deshacerse eventualmente, considerando que por los momentos había cinco personas en casa de Tazuna. Aún así, Inari había insistido en que prepararan para él solo una ración que bastaría para alimentarlos a todos.
-La pesca me dejó hambriento, Sakura-chan, además estoy seguro de que comeré todo lo que tú cocines.- Él miró sin expresión el intento de Inari, pero captó los labios fruncidos de Tazuna-probablemente un intento de contener la risa- y la mirada especulativa de Tsunami.
Ella se había unido a Tsunami para ayudarle a preparar la cena y desde la cocina salía el humo del asado con un olor reconfortante. Sakura le dirigió a Inari una sonrisa poco convencida pero brillante y en poco tiempo la mesa estuvo servida y repleta, sin embargo, antes de que ninguno empezase a comer ella se dirigió a él en una voz baja y amable, un pequeño sonrojo le coloreaba las mejillas.
-¿Tal vez tú también quieres un poco más, Sasuke?-
No estaba particularmente hambriento, pero una parte de él ya había cedido para complacerla. -No me importaría.- Inari lo miraba con los ojos entrecerrados y de alguna forma supo que intentaba recriminarle silenciosamente por replicar su estrategia, lo cual hizo casi imposible no sonreírle con suficiencia.
Una vez Sakura volvió, él se dedicó a comer a un ritmo constante sólo pausando para intentar no cambiar la expresión siempre que Inari le daba cumplidos exagerados a la comida, al menos hasta que el chico se dio cuenta de que hablaba más de lo que comía y todavía le faltaba mucho por devorar; sobre todo cuando él ya iba por su segunda ración. Cuando Inari lo notó, se apresuró a seguirle el ritmo y una vez lo consiguió, se empeñó en adelantarlo.
La situación resultó tan familiar que al principio no era demasiado consciente de lo que estaba haciendo, aunque si lo era de la forma arrebatada en la que Inari le dirigía miradas y se llevaba cada vez más cantidad de comida a la boca, más y más rápido. Sasuke comía llevándose los palillos a la boca de forma mecánica y eficiente, entreteniéndose en la forma en la que Inari probablemente consideraba aquello otro reto silencioso, a pesar de que no estaba apurando los bocados como él.
Una chispa de consciencia repentina le avisó que probablemente se estaba comportando de una forma estúpida, lo cual hizo que disminuyera el ritmo y finalmente desistiera una vez que vio la expresión perpleja de Sakura y reparó en la risa apenas contenida de Tazuna. Inari no se detuvo, a pesar de los avisos de su madre.
-¡Veremos quien vomita primero esta vez!- Se carcajeó Tazuna.
Frunció el entrecejo. Él no iba a vomitar, sólo entendió que probablemente ese era el punto que quería probar cuando su boca se crispó involuntariamente una vez Inari se inclinó en la silla y esparció el contenido de su estómago por todo el suelo.
La situación era tan poco digna como recordaba, pero mucho menos vergonzosa cuando no era él quien había terminado vomitando en el piso de alguien por tener poco sentido común. Incluso considerando que eso le había sucedido al chico por su propia estupidez; la mirada aún perpleja de Sakura le recordaba que de hecho él había estado alentando al chico a que fuese así de estúpido. Tal vez Inari se parecía demasiado a Naruto para su propio bien.
Cuando la perplejidad de Sakura se disipó su instinto se apoderó de ella bastante rápido, auxiliando a Inari mientras Tazuna se reía al regañarlo y Tsunami sacudía la cabeza en su camino a limpiar el desastre. La mirada resentida que Inari le envió-sólo podía interpretar que se debía a que esta vez solo él había terminado avergonzándose-le hizo sacudir la cabeza con desaprobación, aunque realmente encontraba el asunto bastante gracioso en el interior.
Sin embargo, cuando Sakura mencionó que necesitaría preparar un brebaje para asentar el estómago de Inari, el resentimiento del adolescente fue rápidamente eclipsado y le preguntó a Sakura con rostro soñador, -¿Vas a cuidar de mi, Sakura-chan?-
Ella sacudió la cabeza, lo que interpretó como una negativa pero realmente era desconcierto. -Por supuesto.-
Enano taimado, pensó cuando Inari lo miró regodeándose. Él mantuvo la compostura incluso cuando las cosas resultaron inesperadas para ambos: el brebaje de Sakura terminó siendo una de las cosas más asquerosas que había olido, Inari fue forzado a beberse una buena cantidad y retenerla dentro aunque le provocó una apariencia más enfermiza que antes. A pesar de que los planes de Inari de ser consentido por Sakura se habían arruinado apenas y pudo encontrar algo de satisfacción en ello, ya que Sakura insistió en que no haría daño que él tomara al menos una cucharada, desde que según su criterio resultaría beneficioso y de hecho también había ingerido bastante.
Tuvo que mantenerse bastante quieto para controlar las náuseas desde que todos sus intentos de sacudirse la intención de Sakura resultaron inútiles. En el rostro de Inari se había instalado un color gris, pero su humor mejoró cuando no fue el único que tuvo que tragarse esa medicina repugnante y le extendió los pulgares en señal de simpatía. El esfuerzo del movimiento le desencadenó otro episodio vomitivo.
-¿Estás seguro de que no quieres vomitar?- Preguntó Sakura una vez estuvo instalado de nuevo en la habitación. La mano que puso sobre su mejilla se sintió fresca pero el toque le provocó una sacudida que removió peligrosamente su estómago.
Su inclinación a sacudir la cabeza fue omitida en caso de que el movimiento probara que se equivocaba. -No.-
No lo miró de una forma en particular, pero notó desde la esquina de su ojo como de todos modos ella colocó una cubeta al lado de su futon antes de apagar las luces y recostarse de su lado.
-Hiciste que Inari se divirtiera hoy.- Señaló casualmente, volteándose a mirarlo. -Es lo que pretendías, ¿No es así? No se me ocurre otra razón por la que te arriesgarías a vomitar por segunda vez en el piso de Tsunami.-
La miró sólo lo suficiente para confirmar que estaba molestándolo de forma sutil. Recordaba bien que hacía años Sakura había estado extremadamente mortificada por su conducta infantil e incluso más perpleja de que él fuese capaz de equiparar la idiotez de Naruto. Ahora sus ojos brillaban débilmente en la penumbra y algo le hizo pensar que no se estaba refiriendo sólo a Inari.
Eligió no responder. De hecho se había divertido, con y a costa de Inari, a pesar de que ahora trataba de mantenerse estable después de la medicina que parecía más un castigo y ya estaba empezando a arrepentirse de todo el asunto. Sakura parecía haberlo disfrutado también, lo que suponía debía haber sido la intención inicial de Inari al tratar de obtener su atención antagonizándolo a él, aunque en algún punto el chico había quedado demasiado atrapado en el juego.
-¿Eres feliz, Sasuke?- Sakura preguntó tan de la nada que la perplejidad lo hizo responder de inmediato.
-¿Eso por qué es importante?-
Sakura frunció el entrecejo, pero creyó ver algo de tristeza en sus ojos. La felicidad era una emoción extraña que le parecía casi ajena y se relacionaba con recuerdos distantes y breves, no era un estado de ánimo y para él nunca había sido un estatus duradero. Estaba tranquilo, no sentía agitación. Incluso si de hecho había disfrutado el día y por extraño que eso aún le pareciera, esta seguía siendo una emoción difícil con la cual relacionarse y nunca había sido algo que particularmente había aspirado a sentir.
-Hay gente que diría que es la única cosa que realmente importa en la vida.- Susurró ella.
Él no era una de esas personas. -¿Tú lo eres?-
Como excepción, la felicidad de Sakura era probablemente la única felicidad en la que alguna vez había estado interesado. Se había comprometido a ayudar a que ella la encontrara asumiendo que Sakura era exactamente el tipo de persona para la cual no sólo importaba, sino que de hecho lo merecía. Se encontró a si mismo aguardando su respuesta, estudiando sus ojos sobre él; de hecho esperando que fuese así, de una forma en la que nunca había esperado para sí mismo. La felicidad para él palidecía en significado e importancia frente a la de Sakura.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y él la encontró insatisfactoria. -Lo soy.- Sin embargo, aquello no lo tranquilizó y en su lugar lo llenó de una extraña inquietud. -Pero sería más feliz si cuando vomites lo hagas en la cubeta.-
La luz dorada de la mañana insidió sobre su perfil, vestía una de las pocas camisas anodinas que había escogido para él, por lo que la oscuridad y los reflejos azules de su cabello resaltaban en contraste. Lucía joven y despejado, tenía un aspecto injustamente fresco que seguramente ella no compartía, habiendo pasado gran parte de la noche asegurándose de que Inari permaneciera bien; aunque no era una sorpresa desde que la cubeta que había colocado para Sasuke había amanecido vacía.
Por supuesto que era lo suficientemente obstinado para forzar el tónico dentro de su estómago, aunque no debió ser una tarea fácil considerando que pudo haberlo hecho más digerible y menos desagradable pero ni siquiera lo intentó. Inari había estado demasiado encantado con la idea de que ella lo atendiera hasta mejorar, de una forma sospechosamente parecida a la que otros de sus pacientes habían intentado antes cuando querían retener su atención.
La medicina de hecho lo ayudó a digerir todo lo que no había conseguido devolver antes y haría que se lo pensase dos veces en jugar con su salud de ese modo otra vez. Considerando que Sasuke había participado en todo aquello le pareció justo hacerle beber una cucharada. Inari aún se veía algo descompuesto cuando habían dejado la casa, pero Sasuke relucía en su gloria usual. Esperaba que el brebaje no tuviera efecto en su recientemente descubierto sentido del humor, desde que despertó había estado bastante callado.
Sasuke era tan agradable de observar que no podía sorprenderle-con la cantidad de veces que la había atrapado mirándolo con abierta admiración-que lo hiciera, pero ella dio un pequeño respingo involuntario cuando él trabó la mirada con la suya. Ni siquiera pudo mirar hacia otro lado, sus reflejos ya se habían apurado en atajar el pergamino que le había lanzado.
-¿Qué es esto?- Preguntó con curiosidad. Sasuke sólo la miró intencionadamente esperando a que abriese el sello, al hacerlo, dos espadas cortas aparecieron en sus manos.
-Entrenaremos con la más corta.- Indicó él. -Empezaremos desde allí y continuaremos aumentando el tamaño hasta que consigas manejar una espada.-
No había sospechado que las lecciones con el arco habían acabado aún cuando Sasuke le había entregado el pergamino que sellaba el arma, pero ni siquiera tuvo tiempo de lamentarse por ello. Sólo había tenido una maestra que se interesaba particularmente en reforzar sus habilidades, y aunque no podía describir cuánto agradecía la atención y la emoción que le causaba que Sasuke estuviese tan enfocado en ella, igual le frunció el entrecejo a la espada más corta.
-Sé como usar un tantō, te lo he dicho.- Le recordó, extendiéndosela y tomando la wakizashi por el mango.
-Prefiero que empecemos desde lo básico.- Insistió él.
Ella reprimió la necesidad de resoplar. -No hay nada de malo en la forma en la que manejo mi arma.- Argumentó con naturalidad.
-Eso no lo sé.- Respondió Sasuke, imperturbable.
Esta vez no pudo reprimir su expresión ligeramente ofendida. -¡Ni siquiera me has visto usarla!-
-Exacto.-
Boqueó como un pez, indignada, antes de recordarse a si misma que debía actuar con madurez. Exhaló por la nariz y la wakizashi hasta agarrar la hoja y presentarle el mango a Sasuke. -Está bien. Puedes averiguar que tan decente es mi habilidad con el tantō,- sin embargo, su iniciativa de zanjar el asunto con gracia fue levemente empañado por un impulso del que no se arrepintió demasiado. -Pero si te corto primero, te beberás lo que queda de la medicina de Inari.-
Su boca se crispó un poco antes de recobrar su expresión impasible y aceptar el reto con un asentimiento. Sakura siempre había sido demasiado susceptible a la subestimación de los demás, pero creía haberle dejado claro que él tenía en cuenta todas sus habilidades de la forma clínica y distante que tendría el análisis de un oponente así como el enfoque aventajado que podría utilizar un compañero. Nunca había visto a Sakura usar un tantō y su intención inicial siempre había sido medir su habilidad con el para averiguar cual sería el punto de partida con el entrenamiento, pero no pudo evitar sentir cierta suficiencia cuando ella empezó a exaltarse.
Con un par de movimientos sustituyó la wakizashi por un tantō de repuesto y las estocadas de Sakura dibujaron arcos en el aire donde él esquivó limpiamente sus ataques. Usó parte de su concentración en seguir los ojos verdes que lo estudiaban buscando accesos y puntos débiles mientras se relegaba a la defensa para permitirle atacar.
Su postura de esgrimista estaba bien, mantenía el balance correcto para sostener ese tipo de espada corta y ligera y esto sería una buena base para que ella aprendiese a usar alguna espada más larga e igualmente ligera. Sabía que Sakura podía esgrimir algo más pesado, pero era evidente la forma en la que las armas no eran parte de su repertorio. La única razón por la que parecía irle bien con el tantō se debía a que era lo suficientemente corta como para que no se sintiese demasiado extraña en su mano. Si Sakura tomara su espada en ese momento, resultaría tan torpe como si de repente le hubiese crecido un tercer brazo.
Tenía un buen avance y era resistente, tampoco se lanzaba al ataque sin estudiar sus movimientos; pero también era cierto que era propensa a tener estallidos que harían fácil distraerla. Presionó a Sakura hasta que esta tuvo que detenerse para no chocar con el árbol tras ella, acuchillando furiosamente para forzarla a defenderse y luego rápida pero deliberadamente falló en atacar un espacio en su costado que fue muy lenta en proteger. El error se evidenció en su expresión y así mismo fue reemplazado con una mueca.
-El primer corte gana,- le recordó Sakura con otra estocada que terminó colisionando con su espada. -¿Por qué retrocedes?-
-No me da miedo lastimarte, Sakura. Sólo no quiero hacerlo.- Respondió con tranquilidad. Una expresión que no pudo descifrar asomó en su rostro antes de que el entrecejo de Sakura se profundizara y sus ojos entornados le dieran algo de satisfacción por haberla provocado con éxito.
Sakura levantó el brazo y tomó impulso para abalanzarse sobre él y la recibió con la espada. Sintió el poder del golpe traquetear a través de sus brazos y lastimar sus dientes antes de notar ambos tantō romperse bajo su fuerza y tardíamente, un sentido incorrecto de la gravedad. Se dio cuenta de que estaba cayendo cuando ya casi había alcanzado el suelo, sin embargo, capturó perfectamente el cambio de expresiones en el rostro de Sakura sucederse: el triunfo y el júbilo, probablemente la razón por la cual a mitad de caída azotó su tobillo con el mango de la espada rota en un impulso irritado, asegurándose de rasguñarla conforme la hacía perder el equilibrio y caer.
Cayeron casi simultáneamente, pero no perdió de vista como la sorpresa apareció de nuevo en el rostro de Sakura antes de estamparse contra el suelo. El golpe le sacó el aliento y su espalda se arqueó de inmediato al tratar de expandir sus pulmones, pero en lugar de respirar, Sakura empezó a reír; una risa franca y abierta de regocijo que no estaba seguro combinara con el hecho de que la había tumbado y vencido, sin embargo, no alcanzaba a sentirse perplejo en ese preciso momento. La expresión desconcertada de Sakura al caer aún se reproducía en su mente, ridícula, absurda y tan satisfactoria como su risa. Pasaron algunos segundos hasta que notó que su pecho vibraba y en conjunto su garganta se contraía en un ritmo pulsátil, en su propia risa silenciosa.
-Siempre quise vencerte en algo.- Dijo Sakura, sin recobrar completamente el aliento.
No lamentaba no haberlo hecho posible. Especialmente cuando el precio era tragarse aquella asquerosa cosa viscosa.
-¿Fue suficiente?- Preguntó entonces, luciendo un poco más serena.
-Lo haces lo suficientemente bien cuando no quiebras la espada.- Señaló llanamente.
Se encogió de hombros tanto como le permitió su posición. -Es por eso que no suelo utilizar ningún arma que no sea capaz de lanzar. Mi enfoque de pelea es causar destrozos y no existen muchas espadas que puedan soportar ese tipo de presión, tampoco suelo necesitarlas desde que mi cuerpo hace bien el trabajo.- Inclinó el rostro hacia él de forma curiosa. -Tú lo sabes, ¿Así que por qué...?-
Supuso que le había tomado demasiado cuestionar su nueva lección considerando que antes había tenido que recurrir a un argumento elaborado para que ella aceptara que él la ayudara a reforzar sus defensas. -Un shinobi siempre debe tener aptitudes que sus enemigos no esperen.- Resumió, pero segundos después eligió continuar. -No creo que estemos más seguros después del ataque en el país de la Tierra.
»No sabemos cuantos serán la próxima vez que nos ataquen y dudo que entonces podamos contar otra vez con estar rodeados de otro escuadrón de refuerzo.- Seis renegados habían unido fuerzas con el objetivo de atacarlos sólo a los dos, por mucho que le costara admitirlo, que Lee, Kiba y Sai vinieran había sido de ayuda, ellos se habían llevado lo peor del ataque.
»Nuestra mejor oportunidad contra numerosos oponentes está en movernos como un verdadero equipo y eso implica un amplio conocimiento en las habilidades de tu compañero y la habilidad de complementarlas tanto como sea posible.-
El Equipo Siete había sido bueno porque todos sus integrantes trabajaban bien juntos. Sin embargo, la razón por la cual Naruto y él habían funcionado de forma tan efectiva al batallar sólo los dos había sido porque en aquella forma rudimentaria-y completamente involuntaria-se entendían y tan importante como esto, conocían las habilidades del otro.
Sus enemigos podrían o no tener un esquema de sus destrezas individuales, pero nadie los conocía a Sakura y él como una dupla. Entrenar y convivir juntos facilitaba ese tipo de conexión que sólo había conocido una vez pero que sabía que de alguna forma funcionaría con Sakura.
-Así como yo seré capaz de sanarme si me separan de ti, si suelto la espada quiero que tú la recojas y seas capaz de usarla.-
Sakura lo miró fijamente por lo que pareció un largo tiempo antes de asentir, con un rubor sutil y una mirada solemne. El silencio después de eso se alargó lo suficiente como para darse cuenta de que aún estaban tendidos allí, los remanentes de la adrenalina pasándose y haciéndole sentir la serenidad que sucedía al esfuerzo y una extraña renuencia a hacer algo que interfiriera con esa calma.
Entre toda la serenidad sólo hubo una sensación fuerte y repentina de resentimiento por todos los años que había pasado consumido en la pena y el odio mientras Sakura y Naruto eran libres para vivir esos arranques de euforia hasta que morían en aquel pacífico bienestar; con la suerte de confiar en la fuerza del otro tanto como en la suya.
Por primera vez, miró a Sakura y se preguntó cómo habrían sido sus vidas si nada malo hubiese sucedido. Sin el resentimiento por la masacre que no le permitió acercarse a nadie, si el Equipo Siete hubiese crecido cubriéndose las espaldas los unos a los otros mientras maduraban, competían y luchaban entre ellos e incluso más ferozmente por cada uno de ellos. Las posibilidades eran tantas, pero por alguna razón inquietantes de imaginar... Sobre todo cuando Sakura lo miraba y parecía tan sumida en sus pensamientos como él, mientras percibía la carga de ambos pensamientos llenando el espacio que los separaba.
-Nunca te he escuchado reír.- Dijo ella. Aún parecía sumida en sus pensamientos, como si estuviese examinando el eco inexistente de su risa muda de momentos atrás.
-No lo hago.- Le contestó con honestidad.
Ella frunció el entrecejo antes de relajarse y decirle con suavidad. -Algún día voy a lograr hacerte reír.-
Antes de pudiera pensar en responder percibió otros latidos provenientes del suelo que vibraba, las piedritas y ramas alrededor de ellos elevándose a la par. Sakura también lo notó y en un momento ambos estuvieron sobre sus pies sincronizadamente.
Sucedieron dos cosas simultáneamente: detectó lo que parecía una gran bestia desplazándose estruendosamente a través de los árboles y Sakura lo reconoció con un chillido, -¡Jabalí!- conforme se escucharon los no tan distantes llamados de Inari, que se aproximaba hacia ellos. A la voz del chico se le sumaba el rumor de otras, pero no fue un alivio desde que estas sonaban tan jóvenes como la de él; mucho menos cuando arrojó el mango roto del tantō a distancia para frenar al animal y se dio cuenta de que Sakura había hecho un movimiento similar, pero en otra dirección y presumiblemente contra otro objetivo.
La bestia apenas se detuvo para resoplar enojada antes de reanudar su carrera hacia él. Captó con la esquina del ojo la dirección en la que Inari y sus amigos parecían aproximarse y el movimiento de los arbustos que se abrían paso para dirigirse a ellos. Activó el Sharingan y en segundos este se reflejó en los ojos del jabalí que derrapó cerca de él, bajo su control.
Sakura esquivó y el animal que se aproximaba hacia ella terminó estampándose contra un árbol. -¡Es una manada!- Gritó ella, rebuscando dentro de la bolsa en su cadera mientras saltaba fuera del camino del jabalí. Extrajo un pergamino que reveló ser el contenedor del arco y las flechas.
Conforme ella lo tensaba, se transportó en un parpadeo entre Inari, sus dos amigos y los jabalíes en carrera. Inari soltó un alarido y los bentos que había estado cargando se desparramaron por el suelo. Sólo podía controlar uno a la vez, así que detuvo al más cercano en el preciso momento en el que la flecha de Sakura pasó silbando y alcanzó los cuartos traseros de otro de los jabalíes, que chilló y cambió de dirección. Sin embargo, uno de ellos había conseguido rodearlos y cargó contra el más grande de los tres chicos, que al intentar esquivarlo tropezó, cayendo al suelo y golpeándose la cabeza.
-¡Tsubasa!- Gritaron Inari y su amigo al unísono. Interpuso un montículo de piedra que se elevó hasta una altura que sobrepasó al jabalí y este se vio obligado a retroceder hacia él y mirarlo, cayendo también bajo su ilusión.
Estudió el terreno hasta donde le alcanzaba la vista, más figuras se movían entre el follaje y producían feroces gruñidos. Parecían varios, quizás más de los que podrían haber en una sola manada y todos se movían en esa misma dirección.
-No puedo contenerlos a todos a la vez,- le dijo a Sakura una vez estuvo junto a ellos, inclinada sobre Tsubasa.
-Está bien, sólo está inconsciente.- Informó ella. -Llévenlo a un lado y ocúltense entre los arbustos en el extremo del bosque.- Indicó a los chicos, señalando hacia la derecha.
Inari asintió y entre los dos cargaron a Tsubasa y se alejaron tan rápido como pudieron.
-Debemos cercarlos, es cuestión de tiempo hasta que se crucen con alguien más.- Una vez lo dijo, de la palma de su mano empezó a extenderse a gran velocidad alambre plateado que fue cayendo al suelo formando un espiral. Su control de otros elementos aún no era masivo, pero podía crear objetos con precisión. -Usaremos los árboles.- Le indicó, el alambre cayendo de su mano ahora un grueso rollo sobre el suelo.
Sakura disparaba en un aparente intento de desviar a los cerdos más que atinarles, pero la agilidad con la que arrojaba flecha tras flecha probó el valor de sus lecciones. Al escucharlo alternó la mirada entre él y el rollo en el suelo, hubieron unos segundos de comprensión en su mirada y no hizo preguntas ni vaciló al anudar el extremo del alambre en la cola de la flecha antes de lanzarla contra la corteza de un árbol cercano. Luego arrojó el arco a un lado, tomó el rollo de alambre y corrió para tensarlo, yendo y viniendo en un patrón ordenado para entrecruzar una red entre los árboles delgados hasta lograr un cercado rudimentario y desigual.
Corrió a par con ella transfigurando el alambre entre los árboles, reforzando y entretejiendo el metal, creando un cercado más grueso y más parecido a las delimitaciones de un cuadrilátero que sólo estaba abierto del lado en el que se acercaban los jabalíes.
-¡Shanaroo!- Sakura gritó y sólo entonces notó que se había posicionado en medio de la trampa e intentaba atraerlos hacia ella.
Alrededor de cinco jabalíes jóvenes se desbocaron directamente hacia ellos. Cuando entraron a la trampa, Sakura realizó un jutsu de sustitución con un tronco y se apresuró a tensar junto a él el alambre restante para cerrar y reforzar la única salida. El propósito de utilizar metal para crear el corral fue cumplido cuando los animales intentaron escapar y él imbuyó una suave corriente eléctrica que hizo que los cerdos en contacto con el cercado se sublevaran y rehuyeran hacia el centro.
-Ve a revisar a Inari y los otros,- le pidió a Sakura. -Seguiré electrificando la cerca hasta que logre dominarlos a todos.-
Ella asintió y él la observó alejarse unos metros y luego congelarse repentinamente. Inari estaba de pie más allá, igual de quieto y sosteniendo una rama con el puño; no lejos de él se encontraba un jabalí que lo acechaba y lo único que evitaba que cargara directamente contra él eran las piedras que su amigo arrojaba desde unos arbustos y le impedían definir a quién atacar primero.
Antes de que la bestia pudiese tomar una decisión, Sakura corrió como una flecha, empujando a Inari del camino y atajando al jabalí con ambas manos por los colmillos. El peso de la embestida con el que el animal respondió fue tan poderoso que la lanzó hacia atrás y ambos cayeron por lo que debía ser una pendiente del terreno. Al caer, vio que era el jabalí al que Sakura le había disparado antes, aún tenía la flecha sobresaliendo de la retaguardia.
Reaccionó por instinto y se apresuró a llegar hasta ella, mientras se acercaba escuchaba a Inari llamándola a gritos e intentando sin éxito ir a ayudarla. El sonido amortiguado de la voz de Sakura lo prevenía de hacerlo.
-Está bien, no bajes.- Escuchó con más claridad el rumor de su voz, así como también el tono afectado que tenía a pesar de que intentaba ser tranquilizador. -Trae a Sasuke.-
La sangre ya se le había congelado en las venas para el momento en el que se asomó en la cima del barranco. Sólo se detuvo lo suficiente para comprobar que Sakura estaba a unos cuatro metros de distancia antes de transferir chakra hasta la planta de sus pies y bajar corriendo. La tierra se levantaba a su alrededor y le impedía ver con mayor claridad el estado en el que se encontraba, pero el rojo que alcanzó a atisbar hizo que su boca se secara y su corazón pareció triplicar sus latidos.
Desde arriba no había podido definir qué tan grave era su herida, pero al acercarse más el rojo resultó ser sólo el de su camisa. El jabalí se encontraba tumbado a su lado con las patas arriba y los ojos en espiral, completamente inconsciente.
-Sasuke,- llamó ella débilmente una vez derrapó hasta arrodillarse a su lado. Que no tuviera heridas visibles no lo tranquilizó en lo absoluto. Sakura estaba inclinada sobre si misma, se veía inusualmente pálida, con los labios totalmente desprovistos de color y vueltos una línea tensa.
-Me rompí algo.- Dijo Sakura al notar que intentaba precisar casi frenéticamente que había mal en ella.
La recorrió más detenidamente con la mirada hasta fijarse en la pierna más cercana al jabalí. A simple vista parecía intacta, pero estaba doblada en un ángulo que si bien no era extraño parecía incómodo en relación con la posición de su cuerpo, sobre todo cuando su otra pierna estaba totalmente extendida.
-¿Sólo eso?- Preguntó desapasionadamente la única cosa que fue capaz de decir por el momento. Sakura afirmó y él sintió los remanentes del pánico escurrirse a través de su cuerpo como gotas frías. Sin embargo, no pudo sentirse completamente aliviado desde que no había podido levantarse por si sola y parecía estar luchando para soportar el dolor.
-Es una fractura compuesta, el jabalí cayó sobre mi pierna.- Informó ella, reanudando el tratamiento de ninjutsu médico. Él no tenía la técnica para ver dentro del cuerpo como lo hacía Sakura, pero guiado por su impresión pasó la mano por encima de la superficie de su piel y percibió la falta de uniformidad en una de las capas internas. -Necesito soldarlos sólo lo suficiente para estabilizarla, pero necesitaré tu ayuda para subir de vuelta.-
-¡Sasuke-nii! ¡Sakura-chan! ¿Están bien?- Inari les gritó desde arriba con las manos alrededor de su boca para amplificar el sonido. A su lado estaban ambos de sus amigos, Tsubasa había despertado.
-¡Si!- Les dijo de vuelta. -¡Salgan de aquí por antes de que vengan más de ellos!- Ordenó.
Sólo hubo algunas protestas más de parte de Inari antes de que cediera a las demandas de Sakura y escucharan los pasos de los chicos alejarse. Sin decir nada, colocó la mano junto a la de ella y procedió a regenerar las áreas rotas a su alcance. El proceso de curación de huesos era más lento y doloroso que el de otros tejidos, Sakura le había dicho que para ninjas médicos con reservas de chakras comunes resultaba un proceso tan exhaustivo que a menudo necesitaba relevos; en la mayoría de los casos sólo se realizaba un sellado parcial y se escayolaba para que el tiempo se ocupara de la curación remanente. Ella podía reparar huesos por completo, pero aún así le llevaría bastante tiempo sanar por si sola lo que el jabalí había aplastado.
Estuvieron en silencio por un largo tiempo, Sakura reprimiendo su dolor y él sintiendo aún los restos de la sensación atenazante en las cuerdas vocales que lo volvía aún más reacio de lo usual a decir nada. El semblante de Sakura mejoró mientras avanzaban y la quietud le devolvió la racionalidad; su miedo le parecía estúpido ahora que podía pensar en que si hubiese estado realmente herida el sello habría estado desplegado y habría reparado inmediatamente cualquier daño, el hecho de que no hubiese sido así debía haberle dicho en un principio que no era un asunto demasiado serio. Aún así, su cerebro se había nublado y su cuerpo había reaccionado de una forma casi virulenta, y lo que era aún peor, irracional si se detenía a pensarlo.
-Eso será suficiente para que pueda salir de aquí.- Indicó Sakura al cabo de un rato.
La curación no estaba cercanamente completada y ella había hecho la mayor parte del trabajo, pero los huesos estaban alineados y parcialmente unidos. Extendió la pierna con ayuda de sus manos y una mueca en el rostro, después buscó alrededor algunas ramas, se quitó las coderas rosa pálido, las rasgó y usó para atar el entablillado de la pierna y mantenerla inmóvil. Entonces lo miró casi disculpándose.
Se inclinó hacia abajo, tomándola por la cintura mientras ella le rodeaba los hombros con un brazo y los dos se alzaban equilibradamente. Sakura mantuvo la pierna herida ligeramente recogida para que no tocara el suelo, pero también estabilizó su único pie con chakra para ayudarlo a subir.
Una última mirada hacia atrás desde un ángulo superior mientras subían le mostró que ella había sacado la flecha de la parte de atrás del jabalí y también había sanado su herida.
Sasuke experimentaba muchas sensaciones a la vez al atravesar la aldea en su camino de vuelta.
Su camisa estaba dos tonos más oscura y según Sakura había una variedad de hojas, ramitas y suciedad en su cabello, con lo cual no estaba complacido. Manejar una manada de animales debería haber sido, en general, un asunto menos desastroso.
Además, dicha estampida había resultado ser culpa de la compañía de Tazuna. Luego de que Inari desobedeciera sus indicaciones, él y sus amigos se habían internado en el bosque en una «misión de reconocimiento», de la cual regresaron-mientras Sakura y él cortaban los alambres del cercado para que cuando los cerdos salvajes despertaran pudiesen salir de nuevo-para explicar que probablemente los jabalíes vinieron huyendo de la compañía de tala de árboles que proveía la madera para la construcción del edificio donde Tazuna había estado trabajando últimamente.
Sentía un poco de irritación por el papel que indirectamente había tenido Tazuna en interrumpir su entrenamiento y consecuentemente también arruinar su almuerzo, que era el propósito inicial de Inari al encontrarse en el bosque; el otro era la esperanza de mostrarles a sus amigos algo de habilidades ninja en acción, lo cual fue lo que hizo que Sakura se lesionara en primer lugar, ya que se había roto la pierna intentando mantenerlos fuera de peligro.
No obstante, por fallar las recomendaciones de Sakura acerca de que debía reposar después de haberse golpeado la cabeza tan fuerte que había perdido el conocimiento durante unos minutos, Tsubasa terminó vomitando sobre sus amigos-lo cual fue lo mejor que había sucedido hasta el momento- y sólo después de eso Inari y Tomo accedieron a finalmente llevarlo a casa.
-Te enviaré algo de medicina con Inari,- Sakura le dijo a Tsubasa antes de que se fueran. -Aunque tendré que preparar algo más, lo que queda es de Sasuke.-
En su mayoría estaba en extremo contrariado por como cuando señaló que estaba equivocada y le recordó la herida que le había hecho en el tobillo, Sakura le dio una sonrisa con la que parecía disculparse de nuevo al decirle que él estaba equivocado y tocarle la mejilla con suavidad. Cuando imitó su movimiento, sintió bajo los dedos el relieve de la costra seca de un rasguño que hizo que sus ojos se ampliaran en reconocimiento: que Sakura rompiera la espada no había sido un impulso, sino un intento deliberado. Una de las esquirlas lo había cortado.
Después de eso había permanecido bastante más callado y tieso en su incredulidad hasta que notó el esfuerzo de Sakura a su lado y calculó la cantidad de tiempo que les tomaría regresar a la casa de Tazuna con tres piernas.
-Ven.- Su apremio sonó más como un gruñido reacio. Se colocó lentamente en cuclillas frente a ella mientras aún se sostenía a sus hombros. -Sube.-
-¿Estás seguro?- Ella sonaba insegura.
Estaba resignado, e intentó decírselo con la mirada que le envió por encima del hombro.
Las manos de Sakura abandonaron sus hombros de forma vacilante, por lo cual su toque al rodear su cuello resultó una caricia que hizo que la nuca le escociera y tuvo que forzar a su espalda a engarrotarse para reprimir un escalofrío. Se enderezó con rapidez y acunó con cuidado la parte de atrás de la rodilla de su pierna herida, ella compensó el agarre del brazo faltante enganchando la otra pierna alrededor de su cadera. Se acomodó cerca de él, el pecho pegado a su espalda, el rostro de Sakura en el hueco entre su cuello y hombro, las manos cruzadas sobre su corazón.
Tuvo pocos momentos para sentirse abrumado y un poco sofocado por la cercanía antes de decidir que lo mejor era terminar lo más rápido posible con el asunto. No obstante, no habían llegado lejos antes de que se diera cuenta que ir demasiado rápido repercutía en la pierna herida de Sakura, incluso aunque trataba de reprimir sus quejidos no podía engañarlo teniendo la boca tan cerca de su oído. Una parte de él se había resistido desde el inicio a llevarla a cuestas creyendo que era una mala-si bien necesaria- idea, pero era incluso peor tener a Sakura gimiendo en su oído. Le ponía los vellos de punta.
Agradeció la distracción que significó entrar al centro de la aldea ruidosa. Contrario a lo que había pensado, no desentonaron y tampoco atrajeron demasiada atención al adentrarse entre el flujo de personas que llenaban las calles y los puestos del mercado, por esto, su avance lento con Sakura en la espalda incluso se volvió relajante. La calidez que emanaba y el cosquilleo suave de su aliento le producían una buena sensación, aunque no supo como definirla. Su mente evocó un recuerdo de Itachi llevándolo a cuestas por una herida similar y se preguntó si su hermano había sentido hacia él aquella mezcla de exasperación y alivio.
Sólo se dio cuenta de que Sakura había permanecido extrañamente callada por la extensión que habían alcanzado sus pensamientos. Estaba a punto de preguntarle si sucedía algo cuando el fuerte gruñido de su estómago lo interrumpió; podía jurar que sintió como la sangre le subió a la mejilla que tenía apoyada contra su cuello. Apenas notó que el aire estaba cargado de los diferentes olores que provenían de los puestos de comida de la tarde, y se detuvo movido por una fuerza mayor a su sentido común.
-¿Te sientes lo suficientemente bien?- Preguntó él, escuchando la misma resignación en su voz, mezclado con algo que podía o no ser diversión.
-Si,- aceptó Sakura. Reprimió conscientemente el impulso de mover el rostro hacia su voz. -P-pero puedo esperar a llegar a casa.- Se apresuró a añadir, sin embargo, no fue tan convincente como el siguiente gruñido particularmente extenso de su estómago, que se burló de ella.
Casi pudo imaginar su expresión al devorar cualquier cosa ridículamente sacarina y eso disipó sus antiguas ansias de terminar con aquel recorrido lo más rápido posible. Naruto siempre había estado demasiado ávido de arrastrarlos a Ichiraku después de los entrenamientos y supo que de estar allí habría hecho lo mismo. Aún así, la imagen de Naruto resultó un recuerdo tan lejano como el de Itachi; sobre su espalda, Sakura era lo único que parecía cercano y real. Eran sólo ella y él ahora, alguna clase de nuevo equipo.
A menudo pensaba en Naruto e Itachi e intentaba encontrar similitudes con Sakura, pero la verdad era que ninguna de sus relaciones parecía cubrir la figura que ella posaba en su vida. Sakura se balanceaba entre ser la criatura que le causaba más molestias hasta ser la única que podía darle en ocasiones cierta sensación de desahogo. En ese momento no podía definir si le parecía tan molesta, pero de alguna manera calmar los ruidos de su estómago era para su propio alivio más que el de ella.
El bosque era una basta continuidad de verde que se extendía hasta donde podía ver, el follaje abundante en las copas de los árboles que se enredaban una con las otras y hacía parecer al cielo un enramado bicolor, por donde se filtraban agujeros de luz que iluminaban la palidez de los troncos debajo. El sol debía resplandecer muy por encima de su cabeza, a pesar de la cerrada vegetación sus alrededores tenían una calidad luminosa y nítida.
Itachi estaba junto a él. Vestía la ropa con la que solía estar en casa, el arco le cruzaba el emblema del clan en la espalda y el carcaj le colgaba precariamente del hombro. Junto a ellos, el jabalí pastaba despreocupado, su hermano observaba sus andares con la atención y paciencia con la que se vigilaría a una mascota.
Apenas vio al animal advirtió el peso del objeto que reposaba en su brazo y al mirarlo comprobó que era una ballesta. Itachi alzó el brazo antes de mirarlo, como para prevenirlo, pero ya había bajado el arma antes de que su hermano lo hiciera por él. Ya había aprendido esa lección hacía mucho tiempo, y ver al jabalí vagar sin riesgo de amenaza le daba cierto bienestar. Tenía la impresión de que mientras el deambulara en los alrededores, Itachi se quedaría.
Una pequeña sonrisa asomó en los labios de su hermano antes de que asintiera; de nuevo se sintió como un niño cuya aprobación era la mayor de las recompensas. En ese momento deseó hablarle del respeto por la vida que había aprendido de él y de los jabalíes que recientemente había dejado en libertad. Quería decirle que lo había recordado cuando la manada los había atacado y Sakura había utilizado, de todas las armas, el arco para defenderse. Contrario a Itachi, él no tuvo que preocuparse ni siquiera una vez porque Sakura matara a uno de los jabalíes, incluso al pensar en que, de haber ocurrido, la muerte de alguno le habría molestado.
Itachi inclinó la cabeza casi imperceptiblemente hacia él, como si reaccionara al sonido de sus pensamientos. Lo miró por unos momentos hasta que su mirada se trasladó hacia el jabalí que comenzaba a perderse de vista entre los árboles.
-Me tengo que ir.- Anunció.
Tuvo una sensación de pánico que no estuvo seguro de haber ocultado bien. -¿A dónde?- Siempre se preguntaba dónde estaba, a dónde se dirigía. No quería quedarse sin tiempo, incluso cuando el momento se presentaba de forma atemporal, temía que todo hubiese pasado demasiado rápido; la sensación del bienestar que traía estar juntos desvaneciéndose como arena entre sus dedos.
Itachi apartó la mirada, pero respondió de forma ecuánime. -A casa.-
Frunció el entrecejo. La realización no era bienvenida, incluso aunque hubiese colgado sobre ellos desde el momento en el que vio a su hermano otra vez de pie junto a él. Que se presentara no acabó dándole ninguna tranquilidad, las mismas dudas seguirían persiguiéndolo. Su rostro recobró la impasividad, pero su tono fue amargo. -Esto es un sueño.- Le dijo. Itachi lo miró de nuevo, con aquellos ojos demasiado vivos y extrañados. -Es la única forma en la que podrías volver a casa de nuevo.-
Su hermano se mostró curioso y le habló en aquella forma peculiar y solemne. -¿Cómo sabes que no es real?-
-Estás muerto.- Señaló sin inmutarse, pero la palabra resultó áspera en su garganta.
Los segundos en los que Itachi continuó mirándolo se alargaron y él intentó aferrarse a ellos. Retrocedió inconscientemente cuando él extendió su mano, temiendo que todo terminara y él volviese a sólo a desaparecer; pero en la palma de Itachi se encendió una pequeña flama que lamió sus dedos y creció, iluminando su rostro. No estaba seguro de qué le estaba ofreciendo, si la llama o una despedida, pero realmente él nunca se había despedido con la mano.
-Eres un Uchiha, hermano menor.- Extendió la mano más cerca de él. -Si quema es real.-
La mano de Itachi se cerró sobre la suya y le sensación abrasadora fue shock suficiente para despertarlo. Sostuvo la mano ardiente contra su pecho intentando preservar el calor dentro de su puño, como si con eso pudiera aferrarse a la imagen de su hermano. Durante unos pocos segundos, la habitación de la casa de Tazuna pareció muerta comparada con lo vivo y real que había lucido Itachi, al menos hasta que Sakura se removió entre sus mantas.
Ella tenía un instinto extraordinario para sentir el clima de las situaciones incluso en el silencio y la penumbra. Se revolvió al levantarse y preguntó de inmediato, -¿Qué sucede?-
La sensación de la pérdida aún era fuerte, reciente y le escocía lo suficiente como para responder mecánicamente, incluso tal vez como un medio para volverlo real, de desvanecer la falsa sensación vívida que restaba del sueño, una forma de convencerse a sí mismo. «Está muerto. Yo lo maté. Nunca va a regresar.» -Soñaba con Itachi.-
La habitación estaba pobremente iluminada, pero los ojos verdes de Sakura parecían refulgir con luz propia. Atisbó el cambio de sus facciones y fue como si pudiese leer sus pensamientos, el entendimiento, la inseguridad de qué hacer o decir y la compasión. Lo último le habría enfurecido viniendo de cualquier otra persona, pero ella era una de las pocas personas por las que también había sentido compasión, así que no significó nada para él.
Por un momento Sakura se miró las manos, probablemente incómoda, pero cuando subió los ojos hasta él supo que sólo había estado tomando una decisión. Se acercó a él con convicción y sus brazos lo rodearon con una fuerza apabullante.
No había nada de lástima o compasión en ese gesto, eso habría implicado un abrazo sutil, no tan ferviente y con menos propósito. Sin que necesitara explicárselo, percibió que intentaba imbuirle su fuerza. Lo supo por el efecto, el abrazo lo había energizado en lugar de tranquilizarlo. Casi instintivamente se ciñó a la sensación tanto como a ella, su brazo la rodeó y su mano se volvió un puño tras su camisa, sosteniéndola tan fuerte como era posible. Así se sentía estar vivo. Su hermano estaba fuera de su alcance, aunque se lamentara por él toda la vida. Esta era su realidad. Tenía que continuar.
Sakura se apartó lo suficiente para tomar su rostro con las manos, con la seguridad para tocarlo que tenía únicamente cuando necesitaba sanarlo. Examinó los resquicios de su cara como si buscara alguna herida y lo miró una última vez con intensidad antes de acercar su rostro y besarlo.
Resultó violento, como se sentían los espasmos que causaban los relámpagos al salir de su cuerpo, la ola de choque recorriéndolo de pies a cabeza. Como la última vez, sus labios la habían buscado de forma instintiva una vez ocurrió el contacto; empezó a luchar, a abrirse paso como en un ataque y una parte de él se convenció de que eso era lo que necesitaba para vivir, esa sensación eufórica que aumentaba mientras ella ofrecía y él seguía demandando de vuelta.
La sensación se volvió abrasiva, ardía donde sus dedos lo abandonaban y le escocían los pulmones privados de oxígeno, la calidez transformándose en el calor y la impresión de resequedad y aspereza, cenizosa en su boca y garganta que experimentaba justo antes de exhalar una técnica de Fuego. Sakura lo estaba encendiendo y él se estaba quemando, era desesperante, casi doloroso; pero continuaba acercándose a ella, hambriento, febril. Quería-
El nudo en su estómago se tensó dolorosamente y abrió los ojos a lo que al principió lució como otra realizad y luego se asentó como la única. Se tensó sobre si mismo, jadeando para recobrar el aliento, con el torrente de sensaciones violentas aún corriendo vívidamente a través de su cuerpo. Más allá de ello, experimentó una oleada de confusión y durante un instante al ver que Sakura se revolvía entre las mantas para levantarse, un fiero pesar por haber despertado. Resultó demasiado tangible como para desestimarlo o retractarse, pero fue rápidamente superado por la incredulidad.
-Sasuke,- llamó ella. Sonaba preocupada. -¿Qué sucede?-
La similitud le envió una sacudida en las entrañas, lo que hizo que notara las náuseas. Aún así, no pudo hacer mucho más que continuar mirándola con los ojos muy abiertos. ¿Qué había sido todo eso?
-¿Sasuke...?- Susurró, dudosa.
Vio como si estuviese fuera de su cuerpo los dedos acercándose hasta cerrarse suavemente sobre su muñeca. Se sobresaltó, pero en lugar de apartarse violentamente se congeló debajo de ella. La mano de Sakura conservaba la calidez de debajo de las mantas y estaba seguro de que él estaba ardiendo, la combinación de ambas temperaturas hizo que la presión de sus dedos lo quemara. Sakura lo estaba quemando. Se aferró a la sensación para distraerse y no sucumbir al impulso de vomitar.
Las imágenes de su sueño previo empezaron a aflorar en su mente y el eco de las palabras de Itachi resonaron de forma inquietante.
«Si quema es real»
No era real.
Asumió su derrota bebiéndose el resto de la medicina y seguramente le había provocado sueños extraños. La sensación agobiante y las emociones intensas se gastaron luego de un rato y Sakura no insistió en hacer más preguntas. Reunió algo de aplomo y continuó durmiendo el resto de la noche sin interrupción, pero la mañana siguiente no permaneció mucho tiempo con el entumecimiento propio del despertar, al abrir los ojos las imágenes y recuerdos de la noche anterior se proyectaron frente a él.
En adelante debió apartarlo de su mente de forma consciente siempre que la miraba y la impresión de alguna sensación afloraba a la superficie como una punzada. No lo entendía. Tampoco sabía que lo había suscitado y aunque podía entender que dichas cosas escapaban de su control y los sueños tenían una cualidad aleatoria que pocas veces significaban poco de nada para él, no explicaba por que ese le había afectado tanto.
La última vez que había tenido escenas retrospectivas al azar ocurrió después de una situación lo suficientemente traumática como para eclipsar la mayoría de sus otros recuerdos de esa tarde. Haber besado a Sakura en una oportunidad apenas había parecido una pequeña disturbancia comparada con la consternación de casi haberla matado, y cuando estas imágenes aparecían de forma ocasional había sido fácil suprimirlas entonces. Ahora ese recuerdo volvía con la misma frecuencia con la que pensaba-de forma inconsciente- en su sueño. No había sido real, pero tampoco podía deshacerse de ello.
Comenzó a ser un asunto bastante incómodo. Estaban habituados a gravitar alrededor el uno del otro y recientemente había dejado de haber resistencias en su interacción, nunca había sido más fácil estar junto a Sakura como después de su visita al Butsudan, pero luego del incidente del sueño la confusión restante sólo se había acrecentado hasta el punto que le resultaba difícil permanecer con ella e ignorar el asunto, la zozobra resurgía y la mitad de sus pensamientos se concentraban en convencerse de que le estaba dando demasiada relevancia y que esto no significada nada.
Esto había causado que volviera a ser inadvertidamente cauteloso con Sakura. La híper-percepción que había desarrollado hacia ella no había disminuido en lo absoluto, así que empezó a retraerse a su alrededor. Apartaba la vista de ella para así dejar de evocar las imágenes y las sensaciones extrañas que suscitaban, evitaba su tacto de forma inconsciente rehuyendo al recuerdo de la sensación abrasiva. No era real. Sabía que los días y la falta de interacción terminarían por volver todo a su estado natural.
No obstante, los días transcurrieron y sus medidas no dieron resultado. Aquella idea-pensamiento o percepción- indefinida, inconexa, confusa, se había plantado en él como una mala semilla y en lugar de morir se extendía por los terrenos de su mente ocupando mucho más espacio del que estaba dispuesto a permitir, aunque no parecía reconocer su autoridad al respecto, no tenía elección. El conflicto innecesario terminó por molestarlo, no tenía sentido. Estaba furioso consigo mismo y esto también escapaba de su control, su humor se filtraba y notaba que Tazuna y su familia respondía a el, hasta el punto en que sólo Sakura se esforzaba en intentar conversar con él.
La libertad que había disfrutado al entrenar con ella había desaparecido y parecía un recuerdo lejano el haberlo disfrutado. La frustración lo volvió rígido, mecánico; la interacción cercana ineludible que tenían al luchar juntos parecía una tortura y se forzó a mirarla como un enemigo para poder entrenarla con la espada de una forma distante. Sakura terminaba en el suelo muy a menudo debido a esto.
-¿Qué va mal, Sasuke?- Preguntó ella al cabo de unos días, aún sin levantarse. El halo de cabello rosa le rodeaba la cabeza por lo que parecía una flor extraña, los ojos verdes relumbrando con preocupación. Su estómago se volvió un nudo tal como si hubiese tomado de nuevo aquel brebaje asqueroso que ella hacía llamar medicina y bajó la espada que había estado sosteniendo en dirección a su cuello. Sin importar cuán estresado hubiese estado todo ese tiempo indirectamente por su causa, no parecía ser capaz de molestarse con ella. En el pasado había sido infinitamente más fácil resentir a Sakura.
-Nada.- Sonó cansado. Tiró la espada a un lado y extendió la mano en lo que había sido el primer contacto voluntario en días. Cuando Sakura lo tomó no tuvo nada de consuelo en la falta de sensación quemante al recordarse que estaba siendo ridículo, pero notó el contraste de su mano contra la suya y como esta disolvió el nudo en su estómago.
Se giró apenas ella estuvo de pie con la intención de partir hasta que lo detuvo la mano de Sakura sobre su hombro. Sus músculos se tensaron y ella intentó aliviarlo apretándolo suavemente, sus ojos se cerraron cuando lo invadió aquella sensación agobiante mientras se esforzaba en evitar que sus pensamientos se volcaran hacia los recuerdos, aunque de nuevo tenía la garganta demasiado seca. Antes la habría apartado de forma instintiva, pero ahora tambiénparecía luchar contra su instinto. No podía ser real, pero de alguna forma estaba afectando su realidad.
-Algo te preocupa,- señaló en un tono conocedor y suave, comprensivo. -Sabes que puedes decirme lo que sea. Lo que sea.- Enfatizó.
¿Qué había que decir? No era real. Era un conflicto ficticio, él estaba siendo el problema. Sakura no era-no estaba haciendo nada distinto, todo estaba como siempre había estado. Aquella disturbancia había sido un impasse incoherente y solamente tenía que superarlo y seguir con la vida que ambos tenían ahora.
-Lo sé.- Respondió con impavidez y continuó caminando, los dedos de Sakura deslizándose como una última caricia al alejarse de su hombro.
Sakura no volvió a cuestionar su comportamiento pero tampoco dejó de hacer visibles esfuerzos para sacarlo de su auto reclusión. Al volver a la casa de Tazuna los ofreció como voluntarios a ambos para traer los comestibles y durante el resto de la tarde se la pasó parloteando acerca de los entrenamientos, los puestos del mercado y también habló un poco de los amigos de Inari antes de toparse a los tres en su camino de vuelta. Inari había cumplido el cometido de asombrar a los chicos con sus huéspedes shinobis y se acercaban a Sakura con timidez y entusiasmo. A él lo tenían en cuenta, pero en general los intimidaba y miraban a Inari con incredulidad cuando este lo increpaba con tanta familiaridad.
Se mantenía apartado, vigilante. Al verlos reír juntos dudaba alguna vez haberse sentido tan ajeno a lo que lo rodeaba, mucho menos ahora que no parecía hallarse a gusto ni siquiera consigo mismo. Sakura podía formar un hogar a donde sea que fuese, las personas se veían atraídas a su aura cálida y aparentemente, no solo a eso. Ese día llevaba indumentaria civil y vestía verde en lugar de su usual rojo, pero a pesar de que podía mezclarse de forma armoniosa con la multitud del mercado algo hacía que siguiera sobresaliendo.
Sabía que no tenía que ver sólo con sus colores; descubrió, como si repentinamente hubiese desarrollado una conexión aleatoria con las personas que pasaban a su lado y demoraban la mirada en ella, que con la luz del atardecer dándole una especie de resplandor dorado la encontraban llamativa, hermosa. De pronto no le pareció tan extraño el hecho de haber soñado de ese modo con Sakura. Era la única chica a su alrededor, pasaba casi todo su tiempo con ella y aunque nunca había profundizado en ello, de algún modo siempre había aceptado su atractivo. La belleza era algo que sabía reconocer, pero no era nada a lo que le había otorgado nunca más que pocos segundos de interés. Seguía encontrando argumentos que lo justificaban y desestimaban, pero el asunto continuaba volviendo a la superficie. El problema ya no se trataba de qué pudo haberlo desencadenado tanto como por qué seguía molestándolo.
Los pensamientos acerca de la cercanía se acrecentaban conforme se seguía consumiendo en aquella especie de agonía hasta decidir que probablemente eso era lo que debía modificarse. Había estado saturado de la presencia de Sakura demasiado tiempo.
Había abandonado definitivamente la idea de separarse de ella tiempo atrás, pero se resistía a seguir actuando de ese modo y aún más a que Sakura pudiese llegar siquiera a intuir que su comportamiento se debía a que había perdido el dominio de su mente. Estaba segura y rodeada de personas en las que confiaba, era el momento ideal para irse hasta distraerse lo suficiente y suprimir sus niveles de estrés. No se lo diría a Sakura, era muy inteligente como para engañarla o evadir una confrontación directa si sabía de sus intenciones, pero tampoco podría irse sin dar un aviso, eso sólo aseguraría que ella lo siguiera hasta encontrarlo.
El hábito de Tazuna de irse a la cama mucho después que todos los demás era uno común, así que lo aprovechó para que hiciera de su portavoz.
-Tengo que irme,- le dijo sin miramientos. -No sé por cuanto tiempo.- Se adelantó al anciano apenas este hizo ademán de abrir la boca. -Regresaré apenas pueda, díselo a Sakura.-
Se adentró a la oscuridad de la noche con otro sentimiento no deseado cerniéndose sobre él como una capa extra, sin alivio particular por partir o rumbo fijo más que la sensación de saber que necesitaba un destino en específico.
Vagó durante lo que pareció mucho tiempo de un lugar a otro mientras barajaba sus distintas opciones y las descartaba casi sin profundizar en ellas, moviéndose con impaciencia y la ansiedad creciente de hallarse cada vez más perdido. El mismo impulso que lo acercó hasta los muros de Konoha lo hizo retroceder. No podía volver a Konoha casi tanto como no quería hacerlo, la aldea era el único lugar que podía asociar con sigo mismo pero era poco probable que allí lograra alejar su mente de Sakura, no con Naruto y Kakashi respirándole en el cuello. La idea de volver a una de las guaridas de Orochimaru le resultó extrañamente repulsiva cuando antes le había sido casi indiferente y con esta última se zanjaron los únicos lugares que consideró con seriedad.
Iba de hostal en hostal y aunque avanzaba en línea recta sin un rumbo determinado sentía que se paseaba en círculos. El movimiento constante realmente le servía para calmar sus pensamientos y los días transcurrían en una especie de calmado estupor, apenas perturbado por alguna punzada de la consternación que realmente sentía. Las noches, sin embargo, se tornaron turbulentas. Lo que podía apartar con éxito al recorrer los caminos y enfocarse sólo en lo que lo mantenía andando regresaba de forma gradual y creciente a perseguirlo cuando su mente no estaba en guardia. Soñar con Sakura se convirtió casi en una rutina, tanto que aunque no estaba junto a él ser capaz de verla aún con tanta frecuencia casi se burlaba de su intento de poner distancia.
Estaba completamente harto, y a pesar de que intentaba desestimarlo sentía como algo similar a una especie de pánico se iba apoderando irracionalmente de él. La sensación le contraía las entrañas y era ligeramente dolorosa, como la que se experimentaba con una mala premonición. Que se tratara de una mala premonición le era tan inaceptable como todo lo demás. La mala semilla estaba sembrada.
Llegó al templo budista al atardecer con la intención de recuperar el sentimiento de estar donde debía estar que había vivido la vez anterior. Los monjes que adoraban en el Butsudan casi no le prestaron atención conforme se dirigió con paso conocedor a las puertas del altar y encendió tres de las velas que dejaban allí para el uso de los visitantes, recitando Padre, Madre, Hermano como única oración al hacerlo. El ambiente no estaba medianamente tan iluminado como lo había estado la última vez que estuvo allí, pero había suficientes velas encendidas como para creer que tal vez cumplieron su promesa y unas cuantas de esas luces estaban colocadas para algún Uchiha.
Cerró los ojos anhelando la paz de entonces y percibió el mismo ambiente cargado, atestado y familiar envolviéndolo. Era imposible estar en ese lugar y sentir más que calma, con el eco vacío de las oraciones que se murmuraban, los cánticos y la impresión que restaba de quienes ya no estaban ahí. No transcurrió demasiado hasta descubrir que la presencia de Sakura también estaba allí aunque no estaba muerta, embebida en la calidez, tan claramente junto a él como a veces podía sentir los dedos faltantes en su brazo mutilado. Ese lugar también le pertenecía a ella.
¿Hay un lugar que no lo haga? Se cuestionó ausentemente al darle la espalda al lugar sagrado, en calma pero no menos perdido.
La ciudad era un verdadero lúgubre basurero decadente en temporales como ese. Los caminos que serpenteaban alrededor de los edificios desvencijados estaban convertidos en un lodazal en el que se le hundían las sandalias y con el que era difícil avanzar, pero esto terminó siendo una distracción bienvenida. No se había dado tiempo para descartar el último lugar que se le había ocurrido y su mente se había fijado persistentemente en trasladarse allí, sólo cuando se detuvo frente a las ruinas del almacén se cuestionó realmente qué rayos estaba haciendo en Sora-ku.
Hasta ahora su viaje solamente había servido para esclarecer que no tenía un lugar a donde ir. Se le habían agotado las opciones y estas, antes de ser rechazadas, habían sido decepcionantemente pocas. Había perdido su hogar hacía mucho tiempo en Konoha y desde entonces no había tenido ningún lugar al cual recurrir en situaciones como esa en la que estar en cualquier otro lugar resultaba asfixiante, todo lo que podía llamar suyo eran ruinas embrujadas que difícilmente le servirían de algo cuando todo lo que quería era llegar a un lugar en el cual encontrarse en paz.
Tan pronto como llegó, su creencia de que Sora-ku no era un lugar que pudiese traerle ni siquiera una vaga sensación de tranquilidad-el deterioro y la anciana solitaria rodeada de gatos era más bien deprimente-se volvió una certeza. La lluvia lo había empapado en su totalidad, tenía el cabello y la ropa completamente adheridos al cuerpo; las gotas que caían del cielo como pequeños proyectiles hasta su piel y aquellas que se escurrían desde las prendas caladas más cálidas al derramarse. Sólo su estado actual y la lejanía del lugar más cercano donde guarecerse hicieron que vacilara ante la entrada.
Ya había decidido darse la vuelta cuando lo alertó el movimiento de figuras acercándose y no estuvo seguro de como sentirse acerca de que hubieran percibido su presencia y ahora se viera obligado a entrar. A través de los cristales ennegrecidos y parcialmente cubiertos por tablones de madera toscamente colocados, atisbó una silueta delgada y femenina que se acercaba cargando una lámpara de aceite con la figura de un gato siguiéndola detrás.
-¿Sasuke-kun?- La voz de la chica llegó hasta sus oídos amortiguada y distorsionada por la lluvia. Reaccionó al apelativo y durante un segundo estuvo convencido de que se trataba de Sakura, cuando aún no se había enjugado los ojos empañados por las pestañas cargadas de gotas y reconoció a Tamaki acercarse sosteniendo un paraguas. La sacudida se desvaneció al mirar a Denka, que se había detenido en el umbral para no correr el riesgo de mojarse. Por supuesto que no era Sakura, ya casi nunca se dirigía a él con honoríficos, aunque una parte de él se justificó pensando en que a veces lo hacía cuando la vencía la costumbre.
No respondió y la vio dudar desplazando el paraguas, sopesando acerca de si debía o no ofrecerse a cubrirlo cuando solo estaban a tres pasos de la entrada y él ya estaba completamente mojado. Para ahorrárselo, la saludó con un asentimiento antes de pasarla de largo y e ingresar al «recibidor»; en el interior del edificio estaba sorpresivamente caldeado y le hizo notar por primera vez el frío que tenía.
Denka se mantuvo a un mayor palmo de distancia de lo que acostumbraba al recibirlo normalmente para evitar el agua que destilaba, pero igual lo observaba con el ojo avizor de alguien acostumbrado a recibir tributo. En lugar de escanearlo para averiguar si había traído leche estiró el cuello y preguntó por otra cosa que no estaba a la vista -¿Dónde está Sakura?-
-Aquí no.- Respondió secamente.
-Chico, estás haciendo estanque en el suelo.- Nekobaa lo miró de arriba a abajo al acercarse seguida de su usual séquito felino y debió captar el significado de su rostro porque calló unos segundos y luego evitó hacer preguntas. -Vamos, tienes que escurrirte y ponerte algo seco o atraparás un resfriado.-
Después de haberse lavado, secado, cambiado, en algún momento sido cubierto con una manta y con la lengua áspera de uno de los gatos domésticos secándole la humedad del tobillo era una figura sombría en una esquina de la habitación. Tamaki le ofreció tímidamente un recipiente humeante que le calentó las manos y apenas saboreó pero cuyo vapor resultó lo único reconfortante del lugar después de haberse deshecho de la ropa empapada. Como en casa de Tazuna, ambas mujeres percibían el aura que lo rodeaba y se esforzaban por no molestarlo, manteniendo una charla casual sobre Konoha en el fondo esperando futilmente que por esto se viera atraído a la conversación.
Se callaron luego de un rato y cuando incluso los gatos empezaron a rehuirlo le armaron una habitación improvisada sin decirle ni una palabra al respecto. El peso de su incomodidad no lo dejó dormir la mayor parte de la noche al igual que días anteriores y al conseguir hacerlo se encontró casi de inmediato corriendo a través de la oscuridad del Bosque de la Muerte. Tenía la certeza de que se había separado de su equipo y debían reunirse lo más rápido posible; aunque la presencia de Naruto estaba en algún lugar en el fondo de su mente se movía intentando captar algún destello rosa. Lo encontró sobresaliendo debajo de unos arbustos y al apartarlos, la figura de Sakura de doce años estaba oculta con los golpes en el rostro deformándole las facciones. Una sensación familiar y destructiva lo sobrevino y lo último que vio antes de despertar fue como su brazo izquierdo se cubría de las marcas del sello maldito.
-¿Le sucede algo a tu cuello?- Nekobaa apareció en su puerta casi al instante en el que despertó y le hizo notar que había estado tocando inconscientemente el lugar donde solía estar el sello del Cielo. -Es una cama provisional, pero podrás tener algo más cómodo cuando Tamaki regrese a Konoha.-
Miró a la anciana con los párpados caídos. Había estado listo para salir de allí desde que llegó y sin embargo no pudo abrir la boca para decirle que no se quedaría. Que Nekobaa no hubiera hecho preguntas y de nuevo asumiera correctamente lo que necesitaba lo alarmaba un poco, pero no lo suficiente como para disipar su agotamiento. No se había sentido tan cansado desde los días inmediatos después de la muerte de Itachi, cuando el dolor aún no había sido sobrepasado por el deseo de venganza.
El deseo de largarse del almacén estuvo refrenado por las circunstancias. ¿A dónde más podría ir? Se había ido por días y recorrido lo que parecía una infinidad de lugares sin encontrar uno en el que se sintiera más sosegado. La inquietud que lo había hecho dejar el País de las Olas no sólo lo había seguido, creció hasta transformarse en verdadera angustia.
-¿Cómo sabes que me quedaré?- Terminó por preguntar, la intriga venciéndolo.
-Siempre has sido un chico con propósito, Sasuke-chan. Este lugar sólo ha sido una parada de abastecimiento para ti, no habías venido antes sin dejar inmediatamente claros tus motivos y nunca te había visto lucir tan perdido. Tienes mal aspecto.- Contestó ella con naturalidad, poniendo la bandeja a un lado conforme uno de los gatos se subía a su cama.
Tal vez nunca antes había estado tan perdido. Los caminos que a lo largo de su vida se habían abierto para que él los siguiera, aunque numerosos y divergentes siempre habían estado bien definidos. Había tenido opciones. Ahora tenía tan poco control de si mismo que no tenía idea de que hacer para recobrarlo y sentirse mejor cuando había hecho lo único que pensó que podría ayudarlo y terminó siendo un callejón sin salida.
-Aunque lo que realmente creo que deberías hacer es tomar una capa extra e irte.- Mencionó ella, impávida.
Se tensó sin que pudiera evitarlo, pero alzó una ceja en lugar de demostrar su sorpresa. Definitivamente no había esperado que Nekobaa lo echara del lugar, al menos no hasta que él ya hubiera decidido irse.
-El almacén está asociado contigo y puedes disponer de el siempre que lo necesites.- Se apresuró a añadir Nekobaa. -Pero si permites la opinión de una vieja, no creo que sea el lugar adecuado para ti en este momento.-
Una mueca socarrona y amarga se extendió por su rostro.-¿Y ese cuál es?-
-Bueno, ahora que lo mencionas,- Ella se inclinó para tomar al gato entre sus brazos. -Cual sea el lugar en el que ella esté.-
La miró con los ojos abiertos de incredulidad. Refrenó la molestia pensando que la anciana no tenía ni idea de lo que hablaba, pero no funcionaba demasiado al ver que parecía muy segura de si misma. Ni siquiera podía ir a ningún lugar en el que Sakura había estado sin sentir que necesitaba salir de allí lo más rápido posible, ¿Cómo pretendía que volviera a cualquier lugar donde ella de hecho estuviera?
-No viniste aquí buscando consuelo, eso lo habrías obtenido si en algún momento hubieses querido hablar conmigo.- Dijo Nekobaa con suavidad. -Lo que sea que te agobie, Sasuke-chan, debes enfrentarlo. Lo que realmente necesitas para hacerlo es un amigo y si no me equivoco, Sakura es la amiga más cercana que has tenido por algún tiempo.-
No podía volver, aún así, nunca quiso salir tan rápido de allí como en ese momento.
Nunca antes se había sentido sin hogar, no hasta que fue a Konoha esa última vez y en lugar de luchar contra el usual impulso que lo empujaba a entrar a la aldea le dio la espalda de forma demasiado voluntaria. Dio tumbos alrededor y de un lugar a otro sintiendo-junto a aquellas cosas desesperantes y asfixiantes que no lo dejaban en paz-que la razón real por la cual no se hallaba en ningún sitio se debía a que no tenía un lugar. Para él no existía un refugio físico en el cual escapar de las cosas que lo atormentaban.
Había dejado Sora-ku con un objetivo menos placentero que buscar algo que no existía, pero mucho más seguro. De todas sus palabras, se le había quedado grabado que la anciana tenía la impresión de que estaba huyendo. Era lo que había estado haciendo, pero no fue hasta que el pensamiento apareció textualmente en su mente que lo repudió por completo. Él no huía. Ya no más. «Debes enfrentarlo» había dicho, y tan agobiante como le pareció la idea de meterse de lleno en la fuente de sus problemas, conforme le daba más y más vueltas lo iba llenando de lo más cercano a la tranquilidad que había sentido desde antes de irse. Debía dominarse, tener a Sakura en frente tal vez lo incentivara a hacerlo, aunque no lo facilitara. No es real.
Se sacudió el malestar que lo acudió al llegar finalmente frente a la fachada poco iluminada de la casa del constructor de puentes. Aunque era alrededor de la hora en la que todos excepto Tazuna estaban levantados, el anciano no se quedaba en el porche en noches lluviosas como esa.
Entró a la casa con sigilo natural, consciente de las personas que dormían en el interior y sólo tardó un segundo en notar que no estaba solo. Sakura había estado inclinada y cruzada de brazos sobre la mesa; las marcas de la madera en su mejilla mostraban que había estado dormida hasta que había detectado su presencia. Lo invadió un sentimiento cálido que justificó y al mismo tiempo hizo que no tuviera sentido haberse ido.
«La casa de Tazuna es sólo una casa». Aún así, se encorvó de hombros conforme gran parte del peso que había estado cargando lo abandonaba.
Ella se mantuvo inmóvil, la espalda ligeramente reclinada y los ojos verdes despiertos. Parecía estar aguardando alguna reacción de su parte para saber como responder. Regresar fue más instintivo para la brújula en su cabeza, la aguja que había girado sin control y se detuvo como atraída por el campo magnético que rezumaba a su alrededor. Había llegado. La seguridad con la que lo supo explicó porque el malestar no había recedido sino aumentado, antes ya había estado intranquilo con la simple idea de alejarse de Sakura. No estaba seguro si se alegraba o no de verla de nuevo, pero la niebla que lo había rodeado y obscurecido todo a su alrededor se despejó con ella.
-Tadaima.- Dijo él, por primera vez consciente de que ya no era más un individuo, sino la mitad de un equipo. No había llegado a la casa de Tazuna, llegó hasta lo único parecido a un hogar que tenía.
Sakura se levantó en un respingo, su voz un susurro. -Bienvenido.-
Darse cuenta de la extensión con la que Sakura se había inmiscuido en su interior hizo que el reciente pánico se transformara en algo más violento y radical. La posibilidad que hasta ahora no se había atrevido a concebir que las sensaciones que le bullían desde el fondo del estómago fueran más que una impresión pasajera lo llenaron de completo horror.
No podía ser real.
Poco después cayó enfermo.
¡!
Antes que nada, lamento que se hayan preocupado por mi tanto como lo agradezco. Estos han sido meses locos y acontecidos, pero quiero que sepan que todo este tiempo he estado (al menos) físicamente intacta, al igual que mi familia. En primer lugar, la explicación principal a esta demora se debe a que el teléfono es mi única fuente de Internet y se averió durante dos meses completos en los que estuve totalmente aislada de la sociedad-aún más debido a la cuarentena- y todavía sigue presentando fallas desde entonces. El problema aún no se soluciona completamente pero al menos lo he hecho funcionar para entregarles este.
En segundo lugar, mi tristeza con respecto a la situación se ha ido acrecentando y es muy muy difícil escribir acerca de ser feliz y estar enamorado cuando estás triste y de lo otro poco recuerdas. La maravillosa cantidad (y calidad) de reviews que he recibido de su parte son básicamente las motas de entusiasmo que me han ayudado a retener la inspiración para continuar escribiendo. Cuando estoy deprimida soy mucho mejor lectora que escritora, pero mis compromisos son ineludibles, nunca abandono las cosas que realmente me gustan.
Ahora, ¿Qué les pareció? Para poder explicar un poco de este Sasuke atormentado haré un pequeño apartado History Time: La única vez que me enamoré fue como si figurativamente me hubiesen disparado con un arpón y arrastrado toda la distancia hasta que llegué (derrotadísima) hasta los pies del causante. También era alguien a quien le tenía muchísimo afecto y admiración pero que creía firme y ciegamente que jamás podría llegar a querer de ese modo, hasta que ocurrió sin darme cuenta (o tal vez, muy sigilosamente mientras yo lo desestimaba y lo excusaba con cosas como el cariño o la preocupación) y de un momento a otro la palanca de mi vida estaba en Aparente Calma y se cambió hasta Caos Total sin que yo pudiese hacer mucho al respecto. Cuando finalmente lo acepté (que me costó mis buenos pseudo ataques de pánico) estaba convencida de que era cosa mía y que no haría nada hasta que "se me pasara" y todo siguiera siendo tan perfecto como yo creía que habían sido las cosas hasta ese momento.
Mi estrategia para tragarme mis sentimientos funcionó de la misma forma que lo hacen los aparatos a presión: cuando sobrepasó el límite explotó (y yo con el). Mis emociones siempre han sido bastante intensas, así que al reprimir todo lo que me sucedía intentaba contener lo incontenible y mis males emocionales se volvieron físicos, soñaba con él todo el tiempo, no dormía, apenas comía, enfermaba, etc. Obviamente, la angustia no terminó ni siquiera cuando exploté, sólo lo hizo cuando acepté vivir lo que sentía.
Sé que todas/os usan las vivencias para alimentar su escritura, pero realmente creí que este era el enfoque correcto en presentar a un Sasuke enamorado por primera vez y básicamente horrorizado con lo que le sucede, traicionado por su cuerpo y su mente, sobre todo cuando se dice que los Uchihas experimentan todo con tanta intensidad. No soy una Uchiha (ojalá) pero si yo me enamoré lo suficiente como para creer que de verdad me estaba muriendo al experimentar todas esas sensaciones al mismo tiempo, a él no podía hacerlo sentir menos. Dato curioso: cuando sospeché lo que me sucedía en aquella época, también me escapé a tomar unas vacaciones tempranas lo más lejos del estado que conseguí estar con la creencia de que la lejanía iba a ser que me pasara todo, y por si tienen dudas no fue así jaja.
Bien, siempre leo sus reviews religiosamente. Muchas de sus sugerencias de lo que les gustaría o no ver son cosas que ya había planeado hacer parte de esta historia y las verán en su momento, otras definitivamente no pero igual me entretengo leyéndolas. Con respecto a los comentarios de Twitter hicieron que atrajeran mi atención, porque soy una usuaria activa allí y nunca se me había ocurrido que era una red en la que se recomendara este fic. He puesto las palabras clave en el buscador y he visto algunos de los Tweets, me ha parecido de lo más dulce y halagador. Cuando ya vaya terminando esto y no corra riesgo de que intenten lincharme en mi cuenta por si no actualizo reaccionaré a todos con gusto. Jaja
Por cierto, con respecto a la escena final; el final de Sakura Hidden terminó con Sasuke (después de un súper blank period en el que no sabemos en cuáles circunstancias sucedió ni cuándo) llega hasta Sakura diciendo -Tadaima- que es la expresión que utilizan los japoneses para avisar que han llegado al hogar. Sabía que quería incluir eso en mi historia pero no sabía exactamente cuando, me parecía importante porque la última vez que Sasuke lo dijo fue en su propia casa a su familia cuando era un niño. Lo coloqué aquí para que esta fuera la primera vez en la que él se diera cuenta de que su hogar ahora era ella.
Ahora si. El próximo capítulo, Sasuke empieza a experimentar la agonía del amor. Me he estado riendo del capítulo que viene desde hace meses, porque introduce un personaje que tenía mucho tiempo queriendo escribir, a Tsunade. También, para que las que lo esperen inicia el descubrimiento (y pariente) de la agonía del amor, la agonía de la atracción física.
Cuídense mucho por favor. Sigan manteniéndose a salvo, espero que este capítulo les guste y las/os encuentre bien. Como siempre, y tal vez más que nunca, sus respuestas son lo que me mantiene en marcha con esto -también creyendo que el mundo es un poco más bonito sabiendo que una parte de mi le trae alegría o entretiene a alguien más- y hacen que escriba hasta terminar cada capítulo.
Las/os quiero mucho a todas/os.
Nahare~
