He aquí la razón de la tardanza. Esto son dos capítulos seguidos, no condensados en uno si no dos de mis capítulos enteros, así que tómense su tiempo para leer.
Susumu sabía que su Señor estaba incómodo.
La suntuosidad del carruaje no mejoraba demasiado los aspectos inevitables del viaje: el constante movimiento, las extremidades entumecidas y el cansancio de la inmovilidad. El espacio debía resultarle pequeño y claustrofóbico luego de horas, estando acostumbrado al confinamiento en los espacios mucho más amplios de su mansión. Debía resultarle difícil ni siquiera tener la esperanza de la llegada al hogar como alivio para soportar el camino restante. Conforme se acercaban a destino la tensión iba en aumento, y no creía que llegar a la aldea y comprar la ayuda necesaria haría demasiado para que esto desapareciera. Ren había estado mucho más introvertido de lo habitual desde el último intento de asesinato, el rostro agraciado sólo mostraba una fachada inexpresiva que ni siquiera al hablar develaba ningún pensamiento.
-Creo que es tiempo de descansar, Ren-sama. Nos hará bien estirar un poco las piernas cada tanto, aún falta mucho para llegar a Konoha y unas cuantas paradas no harán demasiada diferencia.- Esto no era cierto, pero como supuso al pensar que no le importaba retrasarse, el joven sólo asintió.
Le correspondía a él encontrar un lugar adecuado para poder descansar un rato, así que dio la orden para detenerse, abrió la puerta para inspeccionar el colorido vaivén de gente que hacía sus tareas matutinas y caminó para estirar las piernas e inspeccionar los establecimientos a lo largo del camino. Se alejó instintivamente del ruido que producía la reconstrucción de una casa de apuestas y se adentró hacia la parte de la ciudad donde se erigían los hostales. Susumu eligió el estéticamente más aceptable, detrás del mostrador se encontraba un joven con el libro de registros abierto en la mesa frente a él.
-Quiero la mejor habitación que tengan.-
El joven sólo asintió, complaciente del modo en el que lo eran los empleados. No obstante, se arrepintió al empezar a escuchar el claro y fuerte sonido del martillo contra la madera resonando desde algún lugar demasiado cercano.
-¿Qué es ese ruido?- Si a él le molestaba era indudable que a Ren también.
-Están reparando una de las habitaciones. Hubo un incidente anoche con un par de shinobis y ahora debemos arreglar una pared.-
Su principal trabajo era tener la paciencia que Ren no tenía, pero en ese momento se sintió algo irritado. Después de todo, ese era el hostal de mejor apariencia. -¿No tienen seguridad para tratar con huéspedes revoltosos?-
Él asintió con gravedad. -Sin duda. Sin embargo, fue más una decisión personal. Los destrozos parecieron más que nada una cuestión accidental y pagaron en metálico los daños antes de irse.- Como si leyera en él la desaprobación por la falta de medidas más severas, añadió. -Solemos ser un poco más tolerantes en este lugar con los shinobis de Konoha, desde que siempre son los que envían a ayudar cuando hay problemas serios por aquí. Además, mencioné que fue mi decisión. Uno de ellos vestía el emblema de uno de los clanes más poderosos de la Hoja, lo más sabio en esa situación era evitar ponerse difícil. ¿Le gustaría algo en específico para la habitación?-
Su mención acerca de los ninjas de Konoha lo distrajo, y dio un suspiro cansino. Aún tenían un largo camino por delante y no podía perder más tiempo encontrando un lugar apropiado para reposar. -Quiero lo más tradicional que puedan ofrecer. Pagaré lo necesario para que pausen la reparación mientras estemos aquí.- El empleado asintió y se dio la vuelta para ordenar que arreglaran la habitación y detuvieran la obra.
Mientras estuvo solo en el mostrador siguió pensando en los ninjas de Konoha con la mirada perdida en el libro de registros, hasta que recordó lo que el empleado del mostrador había dicho acerca del individuo siendo de uno de los clanes más poderosos de la aldea. La curiosidad lo hizo enfocar lo que estaba viendo y buscar entre las últimas entradas un nombre que quizá le sonara familiar. Lo que encontró lo hizo abrir mucho los ojos.
Uchiha Sasuke
Era un nombre que no sólo reconocía, sino que sabía por la conversación previa de Ren con el Señor Feudal de ese país que era uno de los mejores guerreros de Konoha una vez pidieron referencias listadas de las opciones adecuadas para el trabajo, así como también que no se encontraba en la aldea por los momentos. Sin él, sólo habían estado dispuestos a solicitar a Naruto Uzumaki. Ahora, tal vez ni siquiera tendrían que dirigirse a Konoha.
-¿Hace cuánto diría que se fue el shinobi de Konoha?- Interrogó al hombre una vez estuvo de vuelta con la llave.
-Se fueron hace como media hora.-
Manejó la transacción tan rápido como pudo y pronto se encontró en carrera de vuelta al carruaje. Le dio órdenes al cochero de avanzar rápido a través de la ciudad antes de entrar de vuelta.
-¿Qué sucede, Susumu?- Inquirió Ren, extrañado.
-Me han dicho que puede que Sasuke Uchiha esté cerca.- El rostro de Ren mostró interés inmediato. -No salió hace mucho del hostal donde nos detendremos.-
Su señor no dio órdenes. Habiendo sido responsable de él desde que aún era un niño, tal vez entendía sus deseos y necesidades mejor que cualquiera. La mayoría de las veces, su acercamiento era el mismo. Ambos sabían que era necesario buscarlo cuanto antes si había la posibilidad de encontrarlo, así que los dos observaron a través de la ventanilla por cualquier individuo con características similares, cabello oscuro y el símbolo de los Uchiha en la espalda. Recorrieron las calles de arriba a abajo hasta que por fin la voz de Ren comandó a que el carruaje se detuviera.
-Es ese de ahí,- apuntó por la ventanilla en dirección a la entrada de una casa de baño. Lo era en efecto, reconocería el abanico bicolor así como los emblemas de todos los demás clanes ninja con relevancia de las cinco naciones sin dudarlo. Estaba a punto de salir hacia él cuando su voz lo detuvo. -No está solo.-
Sólo entonces reparó que conversaba con una chica. Tenía el cabello de un peculiar tono rosa y también llevaba un emblema en la espalda, aunque ninguno que pudiera reconocer. Los dos entraron a la casa de baño por cada sección correspondiente. Ahora deberían esperar a que saliera.
Él frunció el entrecejo. -¿Quién lo acompaña?- Murmuró para si mismo. Esperaba que su compañía partiera, no resultara una inconveniencia y el Uchiha aceptara la misión. Estaba determinado a tener el mejor elemento de Konoha. -Pasará un rato hasta que salga de allí. Regrese al hostal con los demás, yo me quedaré aquí y me aseguraré de llevarlo con usted.-
Ren asintió, los ojos tornasoles algo más despiertos. Sasuke Uchiha no sólo sería capaz de protegerlo, su sola presencia ya les había traído a ambos algo de esperanza. Tuvo un último vistazo del joven frente a él antes de bajar, mirando el establecimiento en donde el ninja de Konoha había ingresado.
Si hubiera prestado algo más de atención, habría notado que sus ojos no siguieron al shinobi sino a la kunoichi.
Durante los días que le siguieron a su llegada al país del Fuego Sakura tuvo la molesta sensación de que se estaba perdiendo de algo. La molestia no duraba más allá después de ser sobrepasada por el pánico al reconocer que la única forma en la cual algo así tendría cabida sería a raíz de la desconocida cantidad de tiempo en la que su consciencia había estado ahogada debajo del alcohol, sus recuerdos de la tarde-noche en compañía de su maestra una secuencia confusa e irregular con muchos más fragmentos negros que destellos de imágenes conclusas, aunque estas también sin contexto y por lo tanto incoherentes.
Estaba ligeramente asustada de haber experimentado ese efecto de la sustancia porque hasta el momento creía que no era algo posible, al menos para ella. La última vez había probado ser algo desastroso, por lo menos hasta que la instruyeron a metabolizar el alcohol en su sistema, pero recordaba cada momento con vergonzosa claridad. La mortificación la hizo frotarse el rostro con brusquedad.
Estuvo contrariada por la postura imprudente de su shishō, pero había sido fácil de superar-o soportar-porque le era familiar. Aún así, nunca había sido enteramente su responsabilidad lidiar con los vicios de Tsunade, ese era el rol de Shizune. Ahora que se había puesto en sus zapatos, sentía mucho más respeto hacia la sobrina política.
Habiendo superado la vergüenza de arrastrar a Sasuke al asunto de Homare Tatsuya y ya que todo resultó bien considerando que nadie (importante) había resultado herido, fue fácil relajarse por primera vez en lo que parecía mucho tiempo, rodeada de la familiaridad y el afecto que emanaba de la rubia, sobre todo cuando era posiblemente la única de sus últimas compañías que no los había sometido a ambos a un señalamiento/interrogatorio acerca del estado de su relación con Sasuke. Claro, eso había sido antes de recobrar toda la tensión cuando Tsunade mentalmente empezó a hacer pulsos con Sasuke en un reto silencioso de quién-puede-más-que-quién. Sabía que su maestra intentaba probarlo, pero ella estaba irritada y francamente sólo quería que lo dejara en paz, sobre todo cuando él se había molestado en intervenir en los problemas que la rubia había ocasionado.
Sintió que era su responsabilidad evitar que Tsunade lograra apabullar a Sasuke, así que se había sentido como una derrota el que ella lo hubiese orillado a beber. Se encerró en un silencio furioso del que sólo Sasuke logró persuadirla de abandonar con su ademán relajado y su receptividad a lidiar con Tsunade en lugar de ponerse difícil, que era justo lo que ella estaba haciendo. De alguna manera, al ver que Sasuke estaba bebiendo sin demasiada resistencia y que la situación era, en general, acogedora, supuso se dejó llevar.
Antes, el efecto del alcohol sólo le había parecido extraño. Rodeada de la presencia de Tsunade y de Sasuke, cada trago aumentaba su dicha, y si miraba en retrospectiva probablemente fue aquella sensación cálida y burbujeante la que la había hecho continuar sin reservas ni sentido común.
Sus recuerdos eran fugaces y vertiginosos, los ojos ancestrales de Tsunade resplandeciendo con un brillo travieso, el movimiento de la nuez de Adán de Sasuke bajando y subiendo al tragar, el contenido de la mesa (inexplicablemente) en el suelo, Sasuke sosteniéndola (por alguna razón este la hizo enrojecer, aunque juraría que sólo tenía que ver con que la estaba ayudando a moverse. ¡Vergüenza!) Si se concentraba con fuerza podía reconocer con la memoria ciertos objetos del vestíbulo del hostal, pero su primer instinto al despertar había sido la alarma al no reconocer ningún detalle del lugar en el que se encontraba.
No sabía si era una maldición o una bendición el no recordar, por un lado estaba la opción de conocer con exactitud lo que había sucedido aunque eso implicara tener que enfrentar-y vivir-con su estupidez, por el otro el maravilloso desconocimiento de cuanto se había avergonzado a si misma frente a Sasuke y las infinitas posibilidades que traía la inconsciencia, que con algo de esfuerzo e imaginación escalaban en cada vez peores escenarios.
¡Demonios no!
Él estaba esperando por ella en la entrada, el cabello goteándole aún por la humedad del baño. -Así que... Sasuke.- Se apresuró a decir una vez llegó a su lado, luego se volvió tímida y terminó arrastrando su nombre. Habiendo ya empezado a caminar, lo único que movió para dirigirse a ella fueron las pupilas para mirarla de reojo. -Yo... Uhm... el alcohol...- Él se detuvo en seco, y la reacción la hizo balbucear. ¡Debía ser peor que sus peores pensamientos! -¿H-hice algo terrible, no es así?-
Los ojos desiguales de Sasuke se afilaron y ella estaba empezando a sentir como el rápido bombeo de su corazón la hacía empezar a sudar. -¿Qué recuerdas?- Había cierta tirantez en su tono, pero su propia ansiedad lo pasó por alto.
Nada. Tenía los mismos recuerdos confusos que al despertar, pero si quería volver a sacar el tema a colación después de que él se negara a hablar más del asunto debía poner a trabajar su mente, desde que la única apertura que Sasuke le daba al tema era para ver si sus recuerdos habían vuelto o no.
La concentración le frunció el entrecejo. -Le hice algo al hombre del mostrador en la posada.- No era un recuerdo. Se trataba más bien de sus conclusiones después de que el tipo continuara frunciéndole el ceño incluso después de haberle sonreído durante al menos cinco segundos al devolver la llave y pagar la cuenta.
Al despertar la tarde del día siguiente después de su borrachera habían elegido permanecer el resto de la noche en la habitación para recobrar fuerzas, ya que Sasuke parecía haber dormido tan mal como ella. Sin embargo, la mañana del segundo día él insistió en salir de allí lo más rápido posible, razón por la cual ni siquiera tomaron una ducha antes de irse y por ello tuvieron que detenerse en la casa de baño.
Él apartó la mirada de vuelta hacia el frente y se limitó a asentir.
-Uhm... Sasuke...- Lo presionó una vez pasó tanto tiempo como para saber que no pensaba hablar.
-¿Qué?- Espetó de manera cortante, deteniéndose de nuevo.
Esto la alarmó, pero por alguna razón en lugar de cohibirla la molestó un poco. -¡Necesito saber!- Le dijo imitando su tono. -¡Si sigo imaginando cosas realmente voy a enloquecer!-
Sasuke se envaró. La razón por la cual estaba tan mortificada con todo el asunto era que en todos esos meses llenos de situaciones ridículas, molestas y serias, él nunca había lucido tan tenso. -Lo llamaste pervertido.- Terminó por decir él, y ella sintió como una gota fría le bajaba por la frente. Vaya idiota. Como si lo hubiese presionado a revelar lo peor, continuó. -Tuve que silenciarte y arrastrarte a la habitación, de la cual insististe en salir y cuando no te lo permití empezaste a destrozarlo todo mientras balbuceabas acerca del puño borracho de Rock Lee o algo así. Luego te hartaste y te caíste inconsciente en el sitio.-
Él había hablado más rápidamente de lo que solía hacerlo, pero ella lo asimiló todo con tortuosa lentitud, el retrato de cada situación pintándose satíricamente en su cabeza y la creciente vergüenza de cada uno cayendo como toneladas de peso hasta que ella también estuvo figurativamente inconsciente en el sitio. Definitivamente había actuado como una idiota y había obligado a Sasuke no sólo a presenciarlo si no también a lidiar con ello; conforme la realización se asentaba sus propios recuerdos de si misma intentando arreglárselas con una impertinente, violenta y difícil borracha Tsunade de ser posible lo empeoró todo aún más.
Una pesimista aura azul se había instalado en su semblante y era una suerte que la decepción le hubiese encorvado los hombros y le hiciese difícil levantar la cabeza, porque no tenía valor para mirarlo a los ojos.
-Me avergoncé por completo...- Masculló sombríamente, los brazos caídos. -Soy igual que Tsunade-shishō...- En ese contexto, el aura en su frente se oscureció. -Soy una vergüenza...-
-Sí.- La afirmación de Sasuke la arrancó de su abatido mantra. Al mirarlo-y ver su seriedad- la vergüenza la hizo sonrojarse. -Ahora olvídalo.-
-¡E-espera, Sasuke-kun!- Gritó cuando él reanudó la marcha. Se le adelantó sólo para juntar las manos y decir con fervor. -¡De verdad lo siento mucho! ¡No debí haber bebido ni permitido que Tsunade-shishō se divirtiera con nosotros!- Con, y no junto a nosotros.
Sasuke dejó escapar algo que sonaba como un suspiro exasperado. -En serio, Sakura. Sólo olvídalo. No quiero volver a hablar del asunto.-
Ella se mordió el labio cuando él la rodeó para pasarla de largo. Saber era definitivamente peor... Ciertamente no era mucho pedir y ella también ansiaba olvidarse del asunto, aún así, la sensación de estarse perdiendo de algo no desaparecía. Su cerebro ansiaba recapitular todo lo que su cuerpo había hecho sin su consentimiento, y sus lagunas mentales iban más atrás de la posada, a cuando aún estaban en el local. Probablemente era la vaguedad de Sasuke la que la hacía seguir sintiéndose así.
Cuando se había determinado a ser amiga de Sasuke pensó en ser para él del tipo amable, que apoya en los momentos de necesidad y que no era nunca un dolor en el trasero, no como ninguno de los amigos que ella tenía; quienes podían o no ser en ocasión amables y apoyar en momentos de necesidad, pero definitivamente nueve de cada diez veces eran un dolor en el trasero. En su lugar, había terminado siendo la amiga temperamental, insensata, violenta, irresponsable, y terriblemente vergonzosa... Había terminado pareciéndose a Naruto...
El pensamiento la horrorizó y la desesperó por corregirse y resarcirle a Sasuke de alguna manera. Que Naruto fuese el mejor amigo de Sasuke a pesar de todo no la consoló. Ella misma amaba a Naruto, de una forma exasperante y casi a su pesar en los peores momentos del rubio y no quería que fuese ese el tipo de afecto que Sasuke pudiese sentir hacia ella.
Trotó hasta volver a su lado, y en un impulso-para que le prestara la debida atención y al mismo tiempo transmitirle sensibilidad-lo detuvo apretándole el brazo con suavidad.
-Te prometo que no sucederá de nuevo.- Habló de la forma más tranquilizante que se le ocurrió ante su mirada imperturbable. -Actué de forma inmadura y te avergoncé mucho debido a eso. Yo también espero que tú puedas olvidarlo, debes saber que jamás lo habría hecho estando en mis cinco sentidos. Nunca haría algo para hacerte infeliz, porque entonces yo lo sería también.- Con esa frase, la sensación repentina de que ya había dicho algo parecido antes la asaltó con fuerza. Perdió el hilo durante algunos segundos intentando alcanzar el recuerdo, pero seguía escapándosele. -Déjà vécu.- Terminó por murmurar al volver a la realidad y mirar de nuevo a Sasuke.
La mirada de Sasuke había cambiado mientras estaba sumida en su ensoñación, esta vez mostraba una emoción-indescifrable-y estaba segura de que tenía los ojos más abiertos. Iba a preguntarle al respecto cuando llegó hasta ella un verdadero recuerdo, éste la hizo tomar consciencia de que aún lo estaba agarrando y sonrojarse violentamente al soltarlo.
Sabía que era un sueño. Tenía esa cualidad borrosa y surreal, además de que era algo con lo que ya había soñado con anterioridad. Aún así, no quería que de alguna manera Sasuke pudiese leer en sus ojos que justo había recordado un sueño en el que ambos se besaban intensamente. Ya estaba bastante avergonzada.
-Uhm. Bueno. Eso es todo.- Se precipitó a decir, rascándose las hebras rosadas para disipar el impulso.
Él continuó mirándola durante un par de segundos más con el entrecejo fruncido antes de volver a adelantársele con un impérvido -como sea.-
Sólo captó la presencia del espectador cuando este hizo ademán de acercarse a ellos. Era un hombre macizo, de mediana edad y no mucho más alto que ella. El bigote en candado le daba una apariencia regia, estaba ataviado de forma suntuosa y su caminar era seguro en dirección a ellos.
-Uhm... Sasuke...- Volvió a llamar, mirando por sobre su hombro y dándose cuenta de que él aún no se percataba de la presencia del hombre.
-Dije que basta- Empezó severamente y ella casi retrocedió ante su tono, pero el recién llegado lo interrumpió.
-Sasuke Uchiha.- Llamó él esta vez. El antedicho se detuvo sin prisa, pero Sakura adivinó que no le había gustado en lo absoluto que lo tomara desprevenido cuando estuvo casi demasiado pronto a su lado, de frente a él.
-¿Quién eres?- Le preguntó pausadamente. El hombre a simple vista no parecía una amenaza, pero no culpó a Sasuke por ser algo paranoico después de la persecución a la que habían sido sometidos últimamente. Su postura era clara, explícate o aléjate.
-Mi nombre es Susumu, y sirvo a la familia Takahiro del feudo del país Helado. Mi señor desea contratar sus servicios.- Aunque fue directo al grano, no reveló demasiado. Aún así, la mención del país le trajo recuerdos turbadores. Dentro de sus límites y en los espacios de su aldea oculta se había librado parte de la batalla principal durante la Cuarta Guerra.
Sasuke continuó mirándolo durante unos segundos en los que esperó que continuara, y al no hacerlo demandó. -Para qué.-
-Es un asunto delicado. Preferiría que lo discutiera con él en la posada del centro, donde está esperándolo.- Sólo entonces Susumu le dirigió más que una mirada fugaz. -A solas.-
Una leve arruga se formó en el entrecejo de Sasuke. -Ella va a donde yo voy.- El tono de Sasuke fue tajante y por lo visto al hombre no le gustó, porque su ceño se arrugó otro poco mientras la miraba. Ella estaba dividida entre la sensación de la negativa absoluta de Sasuke sobre separarse de ella con su contundente declaración y la irritación que le causaba que Susumu ni siquiera disimulara que la consideraba una inconveniencia.
-Está bien,- dijo el hombre a regañadientes habiendo inferido que no conseguiría una entrevista con Sasuke si ella no lo acompañaba. -Ren-sama tendrá algo que decir al respecto.- Prometió.
Sasuke le dirigió una mirada en la que parecía cuestionar su opinión, y ella sólo se encogió de hombros antes de asentir. Era parte del deber de un shinobi acatar los pedidos de ayuda, y también obvio que si bien tal vez no lo necesitaban realmente, seguro lo querían específicamente a él.
Tenía muchas preguntas pero se abstuvo de hacerlas a sabiendas que si le había negado información a Sasuke en un lugar en el que pudieran oírlos, mucho menos le diría algo a ella, así que juntos caminaron en silencio hasta llegar al hostal, donde el hombre del recibidor los saludó con un asentimiento. Sakura se escudó la mirada con la mano al pasar por su lado, recordando que lo había llamado pervertido.
Supo cual era la habitación a la que se dirigían porque habían guardias apostados a cada lado de la puerta. Sin embargo, algo en su experiencia hacía que dudara que fueran shinobis. Ambos eran fornidos y altos, pero si estabas bien entrenado sabías que eso no necesariamente significaba algo. Si tuviera que apostar diría que eran pillos cualesquiera, de los que podían intimidar más de lo que eran realmente una amenaza. Los observó con curiosidad casi infantil al pasar por su lado, a sabiendas de que podía derribarlos como pinos sin mucho esfuerzo. ¿Esa era la seguridad que tenía un miembro de la familia del Señor Feudal del país Helado? Sabía por su rostro estoico que Sasuke tampoco estaba impresionado.
El cuarto al que ingresaron se le parecía un poco al que habían ocupado hacía horas, pero era mucho más amplio y estaba más cómodamente decorado. Había una puerta corrediza que separaba una estancia donde habían los que suponía eran sirvientes intentando fundirse con las paredes y el mobiliario.
-Susumu-san ha llegado.- Anunció uno de ellos, omitiéndolos completamente.
La puerta fue deslizada por otro sirviente desde el interior, develando a su ocupante principal arrodillado frente a una mesa de estilo clásico japonés. Al principio, su reacción fue tan espontánea como lo era el resto de ella: sus ojos se abrieron bastante, intentando capturar en su totalidad la visión del joven frente a ella. Su cabello era de un rubio casi incoloro y cada una de sus facciones parecía perfecta y armoniosa con la otra. No fue hasta que se topó con sus ojos que fue consciente de su atractivo y tuvo la decencia de sonrojarse; tenían unos marcos hermosos, grandes y ligeramente almendrados y a aquellos metros de distancia parecía refulgir el iris dorado. Cuando se dio cuenta de que su rostro debía estar traicionando su fascinación lo bajó, reprochándose a si misma por su arrebato adolescente.
-Uchiha-san, le presento a Ren Takahiro, Señor Feudal del país Helado.- Indicó a su vez Susumu.
La sorpresa de que aquel joven apuesto fuese de hecho un Daimyō fue opacada por el hecho de que Susumu de nuevo ni siquiera se hubiera molestado en reconocer su presencia. La pequeña vergüenza que sentía hace un momento se disipó en molestia con aquel estirado.
Ren Takahiro se levantó ante la presentación para saludarlos. -Bienvenidos,- dijo, y a Sakura le agradó aún más ya que se había dirigido a ambos y no sólo a Sasuke. -Fue una suerte que los encontráramos. Necesito su ayuda.-
El rostro de Susumu pareció afrontado por algo y titubeó antes de dirigirse al rubio, mirándola a ella. -Ren-sama, sabe que por seguridad debemos discutir este asunto sólo con Uchiha-san.-
A ese punto estaba lo suficientemente molesta como para decir algo y pensaba hacerlo antes de Sasuke, quien abrió la boca para intervenir, pero fue Ren quien lo hizo.
-Creo que las habilidades de ambos podrían ayudarnos, Susumu.- Lo contradijo diplomáticamente. -No podemos prescindir de la ayuda de otra kunoichi de Konoha ahora que se nos presenta.-
Susumu miró confundido a su señor. -¿Cómo?- Preguntó, y luego se dirigió a ella. -¿Lo eres?-
Sasuke la venció en responder porque ella tardó un milisegundo en fulminarlo con la mirada. -Sakura está entre la élite de Konoha.- Señaló imperturbable.
-Debe estarlo,- concedió Ren, sosteniendo frente a él un pequeño libro de bolsillo, -si aparece aquí.- Lo reconoció un par de segundos antes de que lo abriera y mostrara la página marcada donde aparecía su rostro e información.
-Bueno, parece que todo el mundo tiene uno de esos últimamente.- Masculló bajo su aliento y aún así audible, rumiante. Cuando miró a Sasuke, vio que la aparición de otra de esas listas tampoco lo había hecho feliz.
-Lo lamento,- se excusó él. -Tenía algunas referencias de Uchiha-san, pero mandé a que trajeran uno de estos para ver si podía conocer algo más. Los vimos a ambos antes en la casa de baño, así que reconocí el rostro de Haruno-san al pasar las páginas.-
Susumu avanzó un paso respetuoso y Ren le tendió el libro negro. -Haruno Sakura.- Susumu pronunció su nombre y ella lo miró con algo de desafío. Ahora que era visible que si valía algo (algunos cuantos ryos según ese libro) si parecía bastante interesado. -¿Qué hiciste para acabar en esta lista?- Preguntó sin miramientos.
En otras circunstancias-si él no hubiese sido verdaderamente odioso- habría respondido con la verdad. No tengo idea. En su lugar, eligió responder. -Soy la aprendiz de la Godaime Hokage.- Lo cual, a su parecer, seguía siendo su más grande logro.
Para su satisfacción, sus cejas se alzaron en asombro. No debió serle difícil pescar el nombre de su maestra, desde que era la única Hokage mujer hasta ahora. El hombre que antes apenas le había dirigido la mirada ahora la veía con algo parecido al entusiasmo.
-Evidentemente esto es oportuno para ti.- Dijo Sasuke, manifestándose por primera vez. -Pero necesitas decirnos para qué. Incluso aunque somos de Konoha por el momento estamos fuera de la matrícula de misiones y si requieren ayuda deben ir a la aldea a que el Hokage les asigne las personas adecuadas para el trabajo.-
-Nos dirigíamos a Konoha dispuestos a contratar al mejor.- Señaló Susumu. -Tu nombre salió a relucir en nuestra reunión con el Daimyō del país del Fuego, así que diría que no necesitamos ir a la aldea para conseguir lo que buscamos.-
Sasuke mantuvo silencio y ella tuvo una de esas conexiones extrañas y bienvenidas en las que sabía exactamente que significaba su postura. Lo que Susumu había respondido no anulaba lo que Sasuke dijo en un principio, y no deseaba repetirse. Hasta ahora las cosas que habían hecho durante su viaje incluso en pequeña medida relacionadas con Konoha habían ocurrido con la dirección de Kakashi. Sin Konoha de por medio, la asignación era su responsabilidad y no estaba dispuesto a acceder hasta no conocer y ponderar la situación.
Azuzado por su silencio, Susumu insistió. -De esto depende la estabilidad de un país.-
-No mi país.- Respondió Sasuke con tranquilidad.
Susumu se vio ofuscado por esto, pero otra mirada la apartó de su rostro. Ren estaba mirándola, y sus ojos se mantuvieron firmes aún y cuando-no sin dificultad-hizo lo mismo. Transmitía educado interés y Sakura se dio cuenta de que estaba esperando a que interviniera, incluso parecía estar invitándola a hacerlo, así que lo hizo.
-La Alianza aún les debe gratitud por su ayuda durante la guerra.- Intervino serenamente, mirando a Sasuke al final. -Sé que no les dieron muchas opciones acerca de abandonar el país, pero su cooperación facilitó las cosas. Deberíamos escucharlos,- desde que sabía que eso era lo mínimo que Sasuke planeaba hacer, añadió, -y ayudar en la medida posible.-
-Durante la guerra mi padre no accedió a la cooperación hasta escuchar primero los hechos, y no puedes esperar que ellos lo hagan, Susumu.- Reprendió Ren. -Principalmente, necesito los servicios de un guardaespaldas.-
Obviamente, por lo que se veía de los guardias de afuera, pensó ella. Sasuke alzó una ceja y Ren se anticipó a su pregunta.
-No puedo depender de la asistencia de los ninjas de mi propia aldea, considerando que el último que fue asignado a acompañarme en mi viaje intentó asesinarme.- Esa fue suficiente introducción. Continuó cuando vio que tenía su completa atención.
»El feudo pasa de padres a hijos. Se espera que el hijo mayor herede después del fallecimiento del padre, pero mis dos hermanos mayores fueron omitidos por el mío. Creo que eso resume el conflicto, mis hermanos no estaban felices con la decisión.-
-Fue la mejor decisión que Takahiro-sama pudo tomar. De los tres, a pesar de ser el más joven Ren-sama siempre mostró mejor juicio que los demás. Le importa la preservación del feudo y la gente del país, es un buen diplomático.- Susumu se apresuró a decir, y su autenticidad se notó en la marcada desaprobación que le siguió a lo demás. -El primogénito de Takahiro-sama, Fujimaru nunca le importó nada más que la idea del poder, el segundo hijo, Ichiro tiene más interés en asuntos bélicos. Juntos destruirían el país si se los permitieran.-
El rostro de Ren estaba hermosamente sereno, inafectado. Ella eligió hacer la pregunta más sensata, mirando antes el perfil de Sasuke con algo de inquietud. -¿Realmente crees que tus hermanos estén detrás del intento de asesinato?-
Ren sólo la miró, y por un momento vio algo de su propia inquietud reflejada en él. Fue Susumu quien respondió. -Lo intentaron antes, una vez. Si yo no los hubiese encontrado habrían ahogado a Ren-sama.-
-Eso fue hace mucho tiempo,- mencionó el albino, desviando la mirada. -Sin embargo, han habido intentos frustrados más recientes. Empezó con asaltos en lugares donde se suponía que debía estar, y cuando tuve que salir a una reunión con el Daimyō de este país contraté un guardaespaldas de Shimogakure. Era el protocolo usual, excepto cuando intentó asesinarme.-
-¿Cómo es que sobreviviste?- La pregunta de Sasuke fue mucho más directa.
-Subestimó a Ren-sama, por supuesto.- Dijo Susumu.
Ren negó suavemente. -Tengo el sueño ligero. Desperté en cuanto ingresó a la habitación y alcancé a ver el destello del metal del arma en alto. Fingí estar dormido hasta que se acercó lo suficiente como para clavarle el arma que suelo guardar bajo la almohada por seguridad.- Miró hacia bajo, a sus manos. -No soy un guerrero. No sabría explicar lo que sucedió, y no quiero que suceda de nuevo.-
Sakura sintió una fuerte simpatía. La adrenalina se ponía en marcha en situaciones de peligro y les hacía reaccionar a todos en pro a defender la vida, pero no recordaba la última vez que había tenido un modo de pensar civil. Matar a alguien siendo shinobi y estando entrenada para superarlo era suficientemente malo como para hacerse una idea como sería para una persona normal. -Sólo fue tu instinto de supervivencia.- Le dijo amablemente, -y uno bueno, para mejor.- Él asintió, falto de palabras.
-Atacó poco antes de llegar a nuestra reunión con el Señor Feudal. Desde que ya no podemos confiar en los ninjas de nuestra aldea, él sugirió que buscáramos en Konoha y nos prestó dos de sus guardias para el camino.- Añadió Susumu.
Sasuke miró en dirección a la puerta por dos segundos. -Necesitas protección.- Ren asintió. -Aún así, contratar a un guardaespaldas sólo garantizaría tu seguridad, no que los ataques se detengan.-
-En Konoha pretendía adquirir algo más que un guardaespaldas. Quiero que esta situación termine,- dijo él, severo y aún así cansado. -Si los ataques dejan de ser aleatorios lo próximo podría ser un motín. Necesito mantener el orden y la seguridad de las personas a mi cargo.-
Sasuke dejó de observarlo e inclinó la cabeza a un lado para mirarla. Estaba consultándola.
-Necesitamos un equipo.- Opinó ella. -Acabar con una conspiración requerirá más que el uso de la fuerza.-
-¿Así que aceptan?- Preguntó Susumu.
-Un equipo completo podría alejar completamente la amenaza mientras estemos allí o provocar un peor ataque.- Sasuke lo ignoró, respondiéndole. -Un par de guardaespaldas no causará tanto alboroto.-
-Como si alguien pudiera subestimarte a ti,- se cruzó de brazos. -Sólo tú serás suficiente para levantar todas sus alarmas, será imposible utilizar la sutileza en este caso. Si hay que investigar, no podremos dejar la seguridad de Ren-sama de lado.-
-Incluso si vamos a Konoha y Kakashi nos asigna un equipo, ninguno podrá trabajar discretamente. Además, sólo uno de nosotros a la vez es necesario para garantizar su seguridad.-
-De hecho,- intervino Ren, -es cierto que sólo Uchiha-san es suficiente amenaza a simple vista. Sin embargo, Haruno-san tiene una ventaja al no ser tan conocida. Si no entras a mi mansión como uno de mis guardaespaldas es bastante improbable que alguien te reconozca.-
-Es cierto,- sopesó ella. -Pero incluso en el caso en el que logres explicar la presencia de una extraña en tu hogar, aún es poco probable que no levante ninguna sospecha. En ese caso no haría mucha diferencia si me presento con el distintivo de Konoha o no.-
-Por supuesto que llamarías la atención, de una manera u otra.- Dijo él con total naturalidad, y aún si era sólo porque tenía cabello escandaloso luchó para no sonrojarse. -Pero creo que en este caso podríamos usar que la atención que atraigas los distraiga de tu verdadero propósito e identidad.-
Estratégicamente era un buen plan. Había asentido su aprobación en el momento, dado que cada vez que señaló un desperfecto el Daimyō del país Helado consiguió una rápida solución. Lo sabía, pero por alguna razón una vez estuvieron solos y Sakura le preguntó si el plan le parecía bien estuvo irracionalmente tentado a decir que no.
Había meditado poco sobre el asunto cuando fue obvio que los querían a ambos. A ese punto habría accedido a cualquier cosa que lo pusiera en movimiento y detuviera el asalto de sus pensamientos sobre lo ocurrido dos noches atrás; así como lo que fuera que mantuviera a Sakura lo suficientemente ocupada como para que dejara de hablar del asunto. Su temperamento había estado al borde desde entonces y empezaba a preocuparle la posibilidad de que pudiera desbordarse y que algo más que debiera silenciar se escapara también.
Realmente necesitaba algo en lo que liberar la tensión que había estado acumulando y dejar de pensar en tonterías, así que repasó las ventajas -les permitía establecer una buena dupla, daría algo de cobertura y en general aumentaría las probabilidades de éxito- hasta volver a convencerse de que era lo correcto.
Los sirvientes de Takahiro se convirtieron en un enjambre que salía y entraba del hostal encargándose de los preparativos bajo las órdenes de Susumu. Más pronto de lo que creyó posible Sakura estuvo rodeada de diversos fragmentos de su disfraz.
-Es una suerte que almacene tanto chakra si debo mantener un jutsu de transformación por tiempo indefinido.- Mencionó Sakura, acariciando la seda verde. -¿Cómo preferirías que luciera?- Le preguntó a Ren.
Takahiro no tardó nada en contestar. -Debes cubrir tus rasgos más característicos. Ya es malo esconder tu cabello y el sello en tu frente, sería una verdadera lástima cambiar algo en tu rostro, además de innecesario.-
-E-está bien.- Sakura se sonrojó aún más al titubear.
Hasta ahora Sasuke no sabía que pensaba realmente sobre él. Le tenía cierto respeto a regañadientes por no haber muerto cuando debió y parte de su consciencia tenía curiosidad por su conflicto fraternal. En ese momento, todos los grados de simpatía que pudo haber tenido por Ren eran prácticamente inexistentes.
-Estás en el libro, Sakura.- Quiso recordar, pero sonó más como una advertencia.
Ella miró en dirección del ocupado Susumu con el ceño fruncido, luego tiró de un mechón rosa, casi resignada. -Tal vez por el cabello. Aún así, sin el libro es casi imposible que alguien sepa quien soy. Sin el rosa, sólo seré otra cara.-
Él no habría sabido qué responder a eso incluso en cualquier otro momento. Ren lo hizo de buena gana.
-La gente promedio suele absorber ciertas características por encima de otras a simple vista. Las mujeres poderosas a menudo son sobrepasadas por sus habilidades en ese sentido y en el mismo aspecto usando lo necesario podremos tener algo de suerte. Sin embargo, la falta de gusto de la gente promedio no te vuelve a ti parte de ellos.- Comentó casi distraídamente.
-Bueno... Supongo que si es un pequeño cambio no será nada difícil de mantener.- Ella continuó luciendo pensativa durante unos momentos antes de formar el sello del Tigre contra su pecho.
De la nube de humo que se disipó apareció una Sakura diferente a pesar de que el ajuste se limitó a la sugerencia de Takahiro. En el lugar del cabello rosa apareció una cortina de cabello castaño y desapareció la marca en su frente. Era como estar frente a una extraña y al mismo tiempo se trataba de Sakura. Le recordó a como ella había sido hacía años.
-¿Esto está bien?- Preguntó inspeccionando las hebras doradas de cerca. -Pensé en el rubio, pero luego creí que me vería como una versión desteñida de Ino.-
Takahiro mostró su aprobación con un movimiento de cabeza. Le señaló parte de la indumentaria a un sirviente y este colocó la prenda verde cerca de Sakura para evaluarla.
-Cualquier cosa te quedaría bien.- Manifestó él. El escepticismo se plasmó claramente en el rostro de Sakura. -Nadie tendrá dudas.-
-Es cierto.- Añadió Susumu al acercarse. -Nadie cuestiona nunca el gusto de Ren-sama.-
Takahiro le dirigió a Sakura una sonrisa para infundirle confianza, ella bajó el rostro avergonzada. Susumu asintió complacido. Nadie tendrá dudas. Un pequeño pliegue apareció en el entrecejo de Sasuke.
Para el henge Sakura intentó replicar algo que pudiese emular la imagen sofisticada y grácil de una mujer noble, lo cual era difícil considerando que sólo podía cambiar su cabello y ella se creía en el extremo opuesto de esa apariencia en general: era baja, atlética y su rostro era bastante normal. Así que hizo lo mejor con lo que tenía, imaginó una larga cabellera color miel y el resultado cayó como largas hebras castañas con hilos dorados que se ondulaba por encima de su cadera.
Había pasado mucho tiempo desde que su cabello había tenido un peso real y la parte de ella que aún era femenina y vanidosa volvía a maravillarse en la sensación agradable del cabello en la espalda. Luego, cuando una de las sirvientas de Ren empezó a tirar de el al peinarlo extrañó al corte de cabello bajo la ilusión. Quería mover el brazo para espantar las manos que se le acercaban a la cabeza y al rostro en su afán de hacerla presentable, así como deshacerse de la capa de ropa no práctica y eso la hizo pensar en que Ino habría amado todo el asunto de ser mejorada y hacerse pasar por la novia-o algo parecido-de un Daimyō en una misión, sobre todo si este lucía como Ren Takahiro.
Realmente nunca pensó demasiado en los Señores Feudales más allá del hecho de que tenían voz en las decisiones políticas de las aldeas ocultas. Eran dueños de las tierras sobre las cuales las villas fueron construidas y regían a la población civil, administraban los fondos, eran asquerosamente ricos. En general y por lo que había visto hasta ahora el título conjuraba una imagen mental de feos viejos sapos. Era algo difícil de asimilar que uno de ellos pudiese ser tan joven y perturbadoramente hermoso.
Se sentía realmente intimidada. Tal vez fue esto por lo que se dirigió a Susumu. -¿Cómo debería actuar?- No tenía la menor idea de lo que se esperaba de ella en ese rol además de que luciera lo suficientemente decente como para no desentonar demasiado de Ren.
-Recatada. Sutil. Tus emociones y palabras sólo para ti en público.- Repasó él pensativamente. -Eso debería ser suficiente para dar la ilusión de que has sido criada de la manera adecuada.- Sakura estuvo a punto de decirle que pensaba sobre eso cuando su siguiente comentario la tomó desprevenida. -Sólo preocúpate por hacer tu trabajo, mantenlo a salvo. Tenemos algo bueno con lo que trabajar aquí, tu apariencia cubrirá tu verdadero propósito.-
Debería investigar a fondo a las personas que rodeaban el hogar Takahiro para descartar amenazas, pero al menos la preocupación de Susumu por Ren parecía ser genuina. Planeando su estrategia pasó por alto que algo de lo que había dicho el sirviente era un cumplido y que el revoloteó a su alrededor cesó.
-Tu doncella deberá estar aquí en cualquier momento. Fue un milagro que pudiésemos conseguir a alguien a tiempo.-
Aunque las visitas al hogar del Señor Feudal por parte de la joven pariente de otro Señor Feudal fuese algo comúnmente aceptado por las expectativas de esa clase en los matrimonios ventajosos, no era bien visto que llegara allí sin acompañante. Necesitaría una sombra que cuidara de ella (era común que en la sociedad las chicas crecieran con una) además de la figura de Sasuke.
Según la complicada historia de fondo que habían creado para satisfacer cualquier posible curiosidad, ella era una pariente lejana del Daimyō del país del Fuego a la que Ren conoció durante su visita y a la cual invitó a su país. En ese contexto, Sasuke fue contratado como su guardaespaldas y extendió su cuidado a Ren después de otra negociación. En su papel, no tendría que pasar más tiempo del necesario junto a Ren y tendría en cuenta cualquier otra amenaza que se mantuviera a una distancia segura de Sasuke, y que probablemente la ignoraría a ella.
Sin embargo, la misión comenzaría oficialmente cuando llegara su acompañante. No la informarían a ella de la misión, así que Sakura tendría que pretender que era la clase de dama que si necesitaba una doncella e inventarle alguna historia trágica acerca de lo que ocurrió con la anterior. Por supuesto, podrían haberse ahorrado todo eso si hubiesen ido a Konoha y conseguido un escuadrón.
Por lo que tenía entendido, Ino había hecho algunas misiones como esas y probablemente Kakashi la habría apuntado. Tal vez era bueno que esta vez sólo fuesen Sasuke y ella. Si Ino hubiese estado en el equipo, probablemente ella habría quedado relegada a la mucama y la rubia sería quien estaría en su lugar. No le importaría quedarse con un papel menos intimidante, pero tendría problemas soportando la suficiencia de Ino.
Manejó torpemente las capas y mangas extra largas del pesado kimono Hōmongi al seguir a Susumu fuera de la habitación. Al pasar frente a un espejo alcanzó a ver su apariencia y ya no se parecía a la flor de la cual llevaba el nombre; el cabello castaño dorado la hacía ver grácil y totalmente diferente a quien era. Si a ella se le hacía difícil reconocerse a si misma, entonces las personas que pudieron haberla visto en alguna de las listas negras también tendrían ese problema.
El sonido de sus sandalias zōri los precedió a la habitación y cuando la puerta se abrió sus ojos se encontraron de inmediato con los de Sasuke; se debatió un poco entre la decepción de su mirada no impresionada y el alivio de que él no pareciera encontrar su apariencia falsa más interesante que la verdadera. Por el contrario, en los ojos dorados de Ren era visible la aprobación.
A quien quería engañar. Ino probablemente la habría apuñalado con tal de ser ella a quien Ren le fingiera admiración.
El más pequeño movimiento en la esquina de la habitación atrajo su atención a la recién llegada, una chica de cabello chocolate y ojos claros. Registró en sus ojos el encanto que había esperado suscitar con el jutsu de transformación y el trabajo de los sirvientes en ella.
-Shiori,- la llamó Susumu y la doncella avanzó a saludarla con una respetuosa reverencia. Sakura se sintió extraña. -Esta es Sakura, a quien le estarás haciendo compañía durante su visita a Shimo no Kuni.-
Ella también hizo una pequeña reverencia suspirando internamente. Acababa de adquirir una sombra, la misión había comenzado.
Las ruedas del carruaje daban tumbos gentiles por debajo de ellos-de hecho era un espacio cómodo incluso en circunstancias de viaje-y se detenían a menudo antes de que el trayecto se volviera insoportable en el espacio reducido que compartían Ren, Susumu, Shiori y ella para estirar las extremidades y cubrir sus necesidades. Todo hubiese sido mucho más incómodo-desde que su compañía femenina no era habladora y Susumu parecía no tener habilidades conversacionales para dirigirse a nadie más que a Ren-si el Daimyō no hubiese sostenido el papel de buen anfitrión desde el inicio.
Ren habló de los lugares que pasaban en el camino, sus costumbres y anécdotas y además siempre sabía exactamente cuando y donde detenerse. Si no hubiese sido de esa forma, el paso lento en el que por comodidad los dirigían al país Helado la habría tenido deseando que pudiese estar fuera con Sasuke todo el tiempo. Incluso si la necesidad persistía en algún lugar de su mente, la atención de Ren la mantuvo a raya.
Pronto, pesar de su rango, se le hizo bastante difícil dirigirse a él de forma deferente. No debía ser mucho mayor que ellos, aunque su atractivo lo hiciera de alguna forma sobrecogedor, como sucedía, por ejemplo, con Sasuke. Después de un día o dos de ser forzada a encararlo todo el día en al menos sesenta centímetros de distancia se acostumbró y estuvo menos deslumbrada con su apariencia.
El clima se modificó rápidamente una vez se aproximaron al país, donde empezó a caer la temperatura. Las gruesas capas de los kimonos que los sirvientes de Ren le habían conseguido tuvieron sentido una vez en el país Helado, donde había una delgada niebla que parecía cubrirlo todo y volvía borroso el paisaje. No estuvo segura de si temblaba a causa del frío o sus propios recuerdos del lugar y creyó ver en Ren algo como una mirada compasiva. No obstante, sintió una punzada de calidez cuando vio a Sasuke usando una de las prendas de invierno que ella había escogido para él en Sora-ku.
A pesar de lo que pudiese evocar al estar allí de nuevo, las diferencias de entonces eran evidentes: estaba poblado y transmitía cierta vitalidad, incluso a pesar del frío. A la distancia se podían ver las cicatrices de los terrenos destrozados, y la mayoría de los árboles eran jóvenes y pequeños.
-Fue difícil recuperarnos después de la guerra,- comentó Ren mirando fuera de la ventana, siguiendo su línea de pensamiento.
-Está sanando.- Reconoció Sakura, desde que en su mente aún estaba vivo el recuerdo de la tierra destruida y castigada por un sinfín de elementos, bajo el peso de bestias enormes. Eran un país pequeño y podía imaginar que ellos se sentían de la forma en la que los aldeanos de Konoha después de que esta fue borrada del mapa en el ataque de Pein. En tres años la aldea no era ni sería lo que fue, pero había orgullo en todo lo que había sido reconstruido y nacido de nuevo después de toda esa destrucción. -Sólo han sido tres años y se ve muy diferente. Tu gente debe haber trabajado bastante duro para lograrlo.-
Ren asintió. -Así lo hicieron.-
Lo veía, desde que hasta donde podía ver había un panorama de follaje verde que no había sido marchitado por la escarcha, y este se extendió hasta llegar a la gran verja que dirigía a lo que tenía que ser el hogar de Ren. Era un inmenso forte que se elevaba por encima de ellos por varios metros, imponente y de apariencia antigua. Tal vez el país entero se había caído y levantado por encima de la ruina de la guerra, pero la casa ancestral del Daimyō se mantuvo de pie.
Cuando despejaron el camino para que pudieran entrar se maravilló con la vista colorida. La mansión por si sola era tan vasta e imponente como sus puertas, pero mucho de su terreno era un jardín, lleno de vegetación donde aquí y allá podía distinguir destellos de colores en la presencia de algunas flores. También había un estanque sobre donde se arqueaba un pequeño puente, y varias fuentes pequeñas rodeada por árboles de ramas oscilantes. Era hermoso, y así lo dijo.
-La mayor parte de esto ya había sido dispuesto antes del tiempo de Ren-sama,- explicó Susumu. -La apariencia del interior si es su logro.-
Lo comprendió una vez estuvo dentro, desfilando junto a Ren con Sasuke flanqueándolos, Shiori y Susumu inmediatamente detrás dirigiendo el resto de su corte mientras eran recibidos por los sirvientes que se detenían a decir -bienvenido a casa, Ren-sama.- El interior era iluminado, refinado, con una colocación moderna y a la vez clásica y con algunos toques de dorado, justo como era Ren. Estaba tan absorbida procesando toda la opulencia que no notó la mirada expectante del Señor Feudal en ella hasta que preguntó.
-¿Te gusta?-
-Mucho.- Respondió ella con sinceridad.
-Este lugar solía ser sombrío cuando crecí en el. Lo cambié cuando pude hacerlo.- Explicó él, adentrándolos, sin embargo fueron detenidos por una nueva llegada, vestida con otro pesado kimono y luciendo como si perteneciera al entorno elegante con su largo cabello negro y ojos grises.
Ella definía la imagen de la dama noble que a Sakura le hubiese gustado imitar si hubiese hecho una transformación completa. A su lado se cernía otra pequeña sombra, una rubia no muy diferente a Shiori.
-Ren-sama,- la chica se inclinó un poco para saludar, la voz rica y agradable de escuchar, como el sonido de un instrumento. -Al fin llegaste a casa. Hemos estado muy preocupados por ti, han habido rumores perturbadores.-
-Akemi.- Ren la saludó sin honorífico pero aún había cierta formalidad en su postura. -Luego discutiremos los rumores. Ahora el viaje ha sido largo y mi visita al país del Fuego se extendió más de lo que esperé en el inicio, además estoy seguro de que nuestra nueva visitante necesita descansar mucho más que yo.- Gesticuló hacia ella. -Esta es Sakura, del hogar del Señor Feudal del país del Fuego y su sirvienta Shiori. Sasuke es su guardaespaldas, y ahora el mío también.-
Akemi inclinó la cabeza para mirarla, el rostro sin una expresión identificable y el gesto haciéndola lucir curiosa, lo que la hizo sentir cohibida. Le había preocupado desde el comienzo que ninguna cantidad de preparación pudiera colocarla al nivel de Ren, mucho menos su gusto. Concluyó que la chica era seguramente una pariente que sabía esto y se encontraba desconcertada de que la hubiese traído allí en ese tipo de visitas que los nobles usaban para emparentarse.
-Bienvenidos,- Akemi dijo, observando a todas las personas frente a ella. Sus ojos, notó Sakura con un dejo de molestia, descansaron durante algo más de tiempo en la forma de Sasuke a su lado.
Algunas doncellas compartían habitaciones con sus damas, pero la organización de los cuartos fue apropiadamente fijada antes de la llegada de Shiori para asegurarles tanta comodidad como pudiesen proveerles con el fin de que nada interviniera demasiado en sus tácticas de seguridad. Sasuke y ella obtuvieron las habitaciones más cercanas a la de Ren, que estaban en el mismo pasillo.
La habitación de Shiori estaba en el ala opuesta, así Sakura podría deshacerse del disfraz algunas veces y tener algo como un momento a solas. Sin embargo, meditó que ese tiempo precioso sería poco. Shiori era una presencia silenciosa, pero no había descuidado sus deberes. Afortunadamente se había molestado en preguntar qué se suponía implicaba el trabajo de una sirvienta, así que estaba más o menos preparada para ser asistida en cosas absolutamente ridículas que sin dudas podía hacer ella misma.
Intentó a actuar como si estuviera acostumbrada a ser tan dependiente, pero cuando la sirvienta se dispuso a deshacer su peinado y peinarla realmente no tuvo que actuar mucho. Shiori era delicada y cuidadosa, aunque su silencio la ponía un poco nerviosa.
-¿Shiori?- Llamó tentativamente.
-¿Uhm?- Tarareó ella.
-¿Te gusta tu trabajo?- De hecho tenía bastante curiosidad por la chica, pero pretendía mantener simples sus preguntas. Si iba a haber un buen intercambio entre ellas también tendría que responder sus preguntas, y no estaba muy cómoda sabiendo cuanto tendría que mentirle de ser así.
-Nunca había sido una sirvienta particular antes, sólo una normal,- contó Shiori, el ritmo del cepillo tranquilizador. -Esto es mucho menos agitado. Hasta ahora está bien.-
-Si hay algo que no quieres hacer, entonces no tienes que hacerlo. Yo-uhm, hacía esa clase de arreglos con mi antigua sirvienta todo el tiempo.-
-Oh. Con esa cantidad de libertad me pregunto que le pasó.-
No era tan buena para mentir como para retorcer la verdad, así que lo hizo. Nunca había tenido esa clase de compañía antes, pero había estado pensando bastante en Ino desde el comienzo de esa misión. -Fue mi primera y mejor amiga cuando era niña,- comenzó a decir y todo fluyó naturalmente desde allí. -La verdad es que era bastante molesta. La mayoría del tiempo me volvía loca, pero siempre podía contar con ella. Crecimos juntas y aún somos cercanas, pero hace poco eligió a un pretendiente. Un ninja.- Pensó en Sai. Al menos, esperaba que ya estuviesen allí.
-Entiendo.- Dijo la morena bajando el cepillo. -Susumu-san me indicó lo que se esperaría de mí, y todo lo haría con gusto. Así que debería preguntar ¿Qué es lo que usted prefiere que no haga?-
-No tienes que ser tan formal,- le señaló, y luego añadió rápidamente, tomando la oportunidad. -Siempre he preferido bañarme y vestirme por mi cuenta.- Eso le ahorraría muchas molestias con las armas amarradas debajo del kimono y las cicatrices de su cuerpo, que tendría que cubrir también desde que sería difícil explicar cómo había adquirido todas las marcas. -Siempre he sido algo tímida en ese aspecto.- Mintió para encubrirlo.
-Está bien,- acordó Shiori. -¿Algo más?-
-Suelo dormir temprano y despertar tarde, así que tendrás mucho tiempo para dormir.- Necesitaba tiempo para arreglar los horarios de vigilancia con Sasuke, y ella también necesitaba dormir.
De esa forma quedó todo arreglado entre ellas. Estaba secretamente aliviada de que la chica no hubiese hecho muchas preguntas, y desde que la cena había sido omitida debido al cansancio del viaje, ambas compartieron la comida en su habitación antes de que Shiori dijera adiós y ella se quedara sola.
Esperó hasta que todos los sonidos murieron para escabullirse hacia la habitación de al lado, la de Sasuke, donde estaba el equipaje que realmente le pertenecía con su propia ropa que no podía dejar en su habitación en caso de que Shiori la encontrara y también a sus armas. Apenas y alcanzó a tocar la madera de su puerta cuando Sasuke la abrió deslizándola. No se había dado cuenta de que parte de su cansancio provenía del peso de su disfraz cuando estuvo tan aliviada de verlo, sin que importara más su mortificación previa sobre lo que había pasado cuando perdió la consciencia.
-¿Tienes mis armas aquí? Creo que es seguro decir que Shiori no alcanzará a verlas debajo de mi ropa.- Sasuke alzó una ceja, pero no dijo nada y apuntó a una esquina hacia su bolsa.
Se inclinó para sujetar algunas armas a sus piernas tan cómodamente como pudiese e intentar disimular otras más entre algunas de las capas; incluso si no eran su opción habitual en este caso sería la primera. El uso de su fuerza estaba algo reprimido al estar rodeada de tanta magnificencia, si se trataba de una batalla, destrozar a los enemigos junto al lugar sería su último recurso. Realmente esperaba que los ataques no escalaran hasta llegar dentro de la mansión, pero debían ser prevenidos desde que ya habían varios intentos frustrados.
-Deberías dormir, yo tomaré la primera ronda.- Sasuke había estado ignorándola subrepticiamente mientras se vendaba las armas en las piernas, pero había capturado la sombra del cansancio en su rostro.
-Puedo aguantar un rato más.- Respondió él.
-No lo dudo, pero yo he descansado más que tú viajando en ese carruaje. Además, desearía tener algún deber más práctico en todo esto. Ni siquiera sé si voy a poder mantener esto todo el tiempo, no soy una princesa en lo absoluto.- Se quejó.
-Luces como una.- Él estipuló imperturbable, pero ella se congeló durante un segundo y no pudo evitar sonrojarse un poco. Ambiguo e indiferente, era lo más cercano a un cumplido a su apariencia que le había dado alguna vez, y lo había hecho a una versión falsa de si misma. Parte de ella estaba decepcionada, su versión interna bailaba encantada.
-Aún así,- alcanzó a decir, y después de que cerró las capas de la prenda Sasuke de nuevo le prestó atención, -este jutsu de transformación no puede ser mi única adición valedera a esta misión. Vigilaré el pasillo desde mi habitación.-
Finalmente, Sasuke asintió. -La retomaré al amanecer.- Cuando se disponía a volver a su habitación, lo escuchó hablar de nuevo. -Llévate las estrellas y los senbon. Serán más fáciles de ocultar.-
De vuelta en su espacio, Sakura se apeó cerca de la puerta y apenas la deslizó algunos centímetros con todas las luces apagadas dentro. No sabían cuando ocurriría el próximo ataque, cuantas noches de vigilancia y permanencia en el hogar Takahiro serían necesarias hasta que atraparan a los conspiradores, pero agradecía la misión aún si significaba usar el disfraz.
Después de todo, Sasuke y ella habían llegado a moverse como uno cuando se refería a ellas, y era lo más cercana a él que podía llegar a sentirse.
Sus reflejos la despertaron en un sobresalto cuando sintió la puerta deslizarse. Se sintió ajena y confundida por un segundo, boca abajo en el futon, enredada en los mechones castaños y babeando un poco. Cuando alcanzó a ver a Shiori de pie frente a ella, tuvo la impresión que debía haberle tomado a la chica algo de tiempo hacer que su rostro se mantuviera tranquilo a pesar de que las esquinas temblorosas de su boca delataban que por dentro se estaba riendo.
-De verdad es un poco dormilona, Sakura-san. No pretendía interrumpirla, pero ya se ha perdido el desayuno y creo que parte de mi deber es evitar que se pierda otra cosa.-
Había subestimado cuan cansado había sido el viaje, incluso cuando hizo la primera guardia de vigilancia y Sasuke confundió la hora del amanecer con algún punto alrededor de las cuatro a.m. La había enviado a dormir por más tiempo del que había previsto, y obviamente lo había sobrepasado.
Recordó las armas que llevaba vendadas y le dijo a Shiori con un bostezo. -¿Puedes darme algunos momentos para alistarme?
La doncella asintió. -Prepararé el baño y tu ropa.-
Shiori la dejó el tiempo suficiente para asearse sola y colocar una parte de su atuendo. Cuando la sirvienta regresó la ayudó a atar el obi y a arreglar su cabello, el ritmo relajante de su muñeca sólo fue interrumpido por sus palabras.
-Me familiaricé un poco con el lugar mientras dormías.- Mencionó ella, y eso atrajo su atención y espantó un poco el sueño. Parte del reconocimiento debía hacerse sobre la servidumbre. -Conocí a Umeko, la sirvienta de Akemi-san.-
-Uhm...- Sakura intentó simular poco interés. -¿Te dijo algo de cómo es la vida aquí?-
-Umeko no habló mucho de él, pero otros sirvientes hablaron muy bien de Ren-sama como líder del hogar y dueño de las tierras. Parecía que todos tenían una buena historia que contar sobre él siempre que preguntaba.- Dijo Shiori sin expresar nada. -Pero de lo que Umeko si quería hablar era de ti, Sakura-san.-
-¿De mí?- Pestañeó, un poco perturbada. Sería una molestia y la completa ruina del plan original si ya alguien la había descubierto por quien era realmente.
Shiori asintió. -Todo el mundo tenía curiosidad por supuesto, yo era su fuente de información más accesible ya que todo lo que habían escuchado antes vino de lo poco que pudieron decir los sirvientes que Ren-sama llevó con él al país del Fuego.- Estaba a punto de preguntarle exactamente que habían dicho esos pocos sirvientes, aunque Ren les aseguró que todos eran confiables, pero la morena debió haber leído las preguntas en su rostro.
»Ellos dijeron lo suficiente, así que no sabría decir que más querían saber de mi. La mayoría sabía que provenías del hogar del Señor Feudal del Fuego de cuando llegamos aquí, pero ya hablaban de tu riqueza y encanto y como Ren-sama estaba tan prendado de ti que te invitó a venir.-
Incluso si todo era una farsa, se sonrojó un poco por decoro. Más que nada agradecía que incluso aunque estaba repitiendo lo que había oído, hasta ahora Shiori no había mostrado demasiada curiosidad.
Puso el cepillo a un lado sólo para añadir. -A pesar de tener otra visitante con aspiraciones de matrimonio, eso es.-
-¿Qué?- Escupió.
La sirvienta pareció complacida por esa reacción. -Es por eso que Umeko tenía mucho más curiosidad que los demás. Estaba tratando de medir la competencia de Akemi-san.-
El hecho de que la noticia del ataque hacia Ren en el país del Fuego hubiera alcanzado su propio hogar aún sin haberlo confirmado implicaba que había al menos un individuo que previamente sabía del ataque y lo dio por sentado. Sasuke estuvo especialmente atento a esa primera guardia nocturna desde que los responsables del ataque ahora debían saber de su fracaso. Al llegar la mañana, Takahiro fue sensato en sacar de su propiedad a todos sus guardias asociados con Shimogakure, dejando sólo a los civiles, lo que les daba a Sakura y él más trabajo que hacer.
Sakura se hizo presente bastante tarde, vestida en un kimono lavanda y el cabello en un patrón complejo que le caía pesadamente en la espalda, bastante sumida en el papel. Esperaban la llegada de los representativos de la aldea oculta entre el Frío para que respondiera por el ataque del ninja, y ella alcanzó a llegar justo antes de que el hombre se apareciera. El cabello de él combinaba con el atuendo de Sakura, tenía una complexión robusta, un protector de frente y no le mostró ningún signo de deferencia a Ren.
-¿Qué ocurrió con los guardias?- Demandó saber el recién llegado. -Los despediste a todos, y Sugi no se ha reportado de vuelta de su misión como tu escolta.-
-No lo hará. Está muerto.- Ren le informó sin expresión. Confusión, sorpresa y preocupación se sucedieron rápidamente en el rostro del hombre.
-¿Te atacaron en el viaje?-
-Sí,- confirmó el Daimyō. -Sugi lo hizo.-
-Eso es imposible.- Manifestó el otro rotundamente. -Él era un buen shinobi. Tenía un deber que cumplir, con su aldea y su país. ¿Por qué haría algo como eso?-
Takahiro no respondió, pero lo miró despasionadamente durante un corto rato. Los rasgos del hombre se agriaron y respondió con lo que a él le pareció alguna clase de resentimiento. -Piensas que yo lo ordené. Por eso te deshiciste de los guardias.-
-Desde que te convertiste en el líder de la aldea oculta todos los ninjas allí están bajo tus órdenes directas. No puedo confiar en los shinobis de mi propio país, incluso aunque me deban lealtad y protección.- Expresó con dureza.
-Conozco muy bien el deber que Shimogakure tiene contigo.- Escupió el hombre. -No sé que pasó pero puedes apostar a que no fue nada que yo ordené.-
-No puedo confiar en ti, Ichiro. No lo haré.- Dijo Ren. -Daré mi voto en el congreso para que seas removido como líder por insurrección y amenaza de muerte a tu Señor Feudal. Dependeré de protección extranjera mientras no la tenga en mis propias tierras.-
Ichiro apretó los puños y su mirada se dirigió a Sasuke cuando inadvertidamente colocó la mano sobre el mango de su espada. -Fui elegido para esto y no responderé por culpas que no he cometido.- Luego, añadió en un tono distinto, casi desganado. -Yo no lo haría, Ren.-
Ante esto, la mirada de Takahiro se volvió helada. -Lo hiciste antes.- Sólo entonces la familiaridad y el tenso intercambio tuvo sentido, el líder de Shimogakure era uno de los hermanos del Daimyō, en contra de su mandato y que había intentado dañarlo antes. -Si no, entonces sólo existe otra posibilidad.-
Se miraron el uno al otro durante algunos segundos antes de que Ichiro simplemente se diera la vuelta para alejarse sin otra palabra. La rígida inexpresión de Ren se disipó en un cansancio encubierto mientras él seguía estudiando la expresión del hermano hasta que desapareció. Ichiro había mostrado mucho más que sólo rabia o disgusto en ese breve intercambio, y eso también era algo que tener en cuenta. Parecía harto.
-Con sólo otra posibilidad, te referías a tu otro hermano.- Estipuló Sakura, usando el tono tranquilizador que sabía que usaba en la gente afligida.
Takahiro asintió. -Ichiro tiene demasiado del control militar de este país para creer que no tiene nada que ver con esto.- Razonó. -Aunque no fuese así, ni siquiera por culpa o justicia él traicionaría a su verdadero hermano.-
-Las circunstancias apuntan a él, pero aún así debemos esclarecer otras amenazas, aún pueden existir algunas de las que no estés consciente.- Opinó él.
Después de todo, era el dueño de todo un país. Sus enemigos deberían estar en una lista larga, tan sólo en las posibles personas disgustadas por su manera de llevar las cosas y aquellas que desearan derrocarlo. Desde el inicio Ren había apuntado a sus hermanos como la amenaza principal, e incluso si no era un concepto que le fuera difícil comprender, aún era un tema delicado para él. Había aprendido por las malas con Itachi que el amor de hermanos tenía muchas tonalidades y que las cosas no eran siempre como parecían a simple vista.
-Antes...- Sakura presionó oportunamente. -Como tus hermanos intentaron ahogarte... No quiero desestimarlo, pero dijiste que todos eran bastante jóvenes. ¿No hay alguna posibilidad de que sea un evento aislado? ¿Algo del pasado?-
-Son ellos.- Insistió Ren sin duda. -Estaba explícito en su postura al negarse a reconocer mi herencia, dejando la mansión y amenazando con derrocarme. Al principio pensé que eran amenazas vacías, pero no puedo no ver la verdad cuando está frente a mí.-
Por lo que podía ver, en ese momento parecía que lo que deseaba Ren era apartar la vista. Él se familiarizó con eso.
-No es seguro.- Objetó inmediatamente Sasuke.
-No. Pero tiene que ser hecho.- Fue la respuesta de Ren, y así Shiori y ella regresaron de nuevo a la habitación para cambiarse a un atuendo más apropiado para salir al aire libre.
Viendo en lo que la situación podía convertirse, Sakura le pidió a la sirvienta, -por favor escoge algo con lo que me pueda mover.-
Terminó usando un Komon rosado y siendo parte de una pequeña corte que incluía cuatro guardias, Sasuke y Ren en su rutinaria expedición cercana para supervisar a sus lugartenientes. Ren argumentó que había pasado mucho tiempo desde la última vez, también que le gustaba ocuparse de esos asuntos el mismo y que estos no debían ser más retrasados.
La parte nueva para ella fue que en lugar del opulento carruaje, Ren solía hacer ese recorrido a caballo. Eso significaba que era necesario dejar a Shiori, lo cual trató de objetar, pero Susumu explicó la importancia de la sobriedad de esos viajes y apuntó al hecho de que Sasuke era tan guardaespaldas de Ren como se suponía tenía que ser el suyo, lo cual significaba que los tres debían permanecer tan juntos como fuese posible. Traer más mujeres implicaba el uso del carruaje, enlentecerlo todo, además de que significaría más personas por las cuales preocuparse de proteger y podían ser potencialmente una distracción. Susumu incluso tuvo la cortesía de disculparse por la incomodidad a la que iban a someterla, y ella reprimió las ganas de reírse.
Su imagen de fragilidad no sufrió sino aumentó a la vista de los animales que los hombres iban a montar. Ella había hecho innumerables cosas como kunoichi y había alcanzado a montar sobre la enorme Katsuyu, pero nunca había montado un caballo. No se sorprendió cuando Sasuke paseó el suyo con facilidad, y estaba lista para recogerse las mangas y tratar, pero supuso que eso no parecería propio de una dama.
-Nunca he hecho esto.- Les dijo en voz alta.
-Por supuesto.- Respondió Ren junto a ella. -Cabalgarás conmigo.-
Miró a Sasuke por reflejo. Era la opción sensata si no iba a tener su propio caballo, sería un escudo más cercano, pero por alguna razón sólo cuando Sasuke asintió lentamente ese fue el plan a seguir.
-¿Puedo?- El Daimyō pidió cortésmente.
Ella asintió, pero no pudo evitar hacer algo de alboroto cuando fue levantada del suelo y sentada delicada-e incómodamente-sobre la silla, con sus piernas colgando de un lado. ¿Qué tenía la propiedad en contra de la practicidad? Hush. Incluso si de algún modo se las arreglaba para no rasgar el kimono intentando sentarse sobre el caballo como todos los demás lo hacían, algo le decía que no sería apreciado como un mérito. Intentó enfocarse en el balance de su cuerpo sobre el animal en movimiento para distraerse de la cercanía y calidez de Ren detrás de ella cuando subió justo después. Se volvió con la intención de despedirse con la mano de Shiori-que aún debía estar mortificada al dejarla ir sola-y captó a Akemi junto a Umeko mirándolos partir en la entrada.
-Pudiste haberme introducido a la casa como un sirviente normal.- Masculló ella mirando al frente, pero Ren no tuvo problemas en escucharla.
-Habría sido difícil de explicar,- respondió desde atrás, el trote del caballo no quebraba sus palabras. -Todos los sirvientes de la familia provienen del país y han estado aquí casi desde el principio de sus vidas. Creo que tu apariencia ha probado ser bastante efectiva, te dije que ninguno de ellos dudaría.-
-¿Así que invitas chicas en edad casadera a pasar temporadas en tu casa cuando hay otras chicas allí a menudo?- Preguntó con algo de ironía.
Él habló después de un breve silencio. -No suelo invitarlas. Usualmente recibo huéspedes, la mayoría de ellas son familia. Akemi es una pariente distante.-
Después de todo Sakura no había estado confundida en su primer instinto sobre Akemi, estaba en demasiada sintonía con todo el entorno. -¿Sabías que ella espera casarse contigo?-
-En su mayoría, si.- Respondió él con naturalidad.
-¿Y aún me trajiste aquí de este modo?- Volteó la cabeza hacia atrás, y se arrepintió cuando estuvo un poco estupefacta por su belleza de tan cerca. Aún así, no dejó que eso la distrajera. Estaba ocupada sintiéndose indignada.
-No he tomado ninguna postura con Akemi, aunque probablemente sea una buena opción de matrimonio. La casa siempre parece estar llena de chicas con atributos similares y Akemi lo sabe.- Ren la miró con sus ojos dorados, ella se sintió algo perturbada y le creyó. Una persona rica tendría muchas ofertas, así como lo haría alguien ridículamente atractivo. Mezclar ambos aspectos debía implicar tener a todas las Akemis posibles en todas sus distintas coloraciones y versiones. -¿Te importa?- Preguntó él, curioso.
Se encogió de hombros. La hacía sentir un poco incómoda. -Ayuda a la misión. Pero creo que a ella debe importarle, sin importar cuan acostumbrada esté a este tipo de situaciones. Al traerme aquí de la nada me pregunto si ahora no tendremos que preocuparnos sobre que ella se añada a la lista de tus asesinos potenciales, y si también yo tengo que cuidarme la espalda.-
Ren pareció encontrarlo gracioso. -¿Esa sería tu posición en su lugar?-
Lo pensó con seriedad, e involuntariamente imaginó a Sasuke trayendo así como así a otra compañía femenina a acompañarlos en su viaje. Sólo la suposición la hizo sentir tan mal que su simpatía con Akemi se acrecentó. -Me sentiría herida,- respondió con honestidad, -y tiendo a ser una kunoichi temperamental, así que no sería capaz de asegurar su completa seguridad.-
Se rió ante eso, y ella sintió la risa reverberarle a través de la espalda. -Entonces puede que sea algo bueno que Akemi no sea una kunoichi.-
Y que no soy una amenaza real para ella, añadió con el pensamiento. Cuando la misión acabara, sus preocupaciones desaparecerían. Si ella de verdad no terminaba siendo una amenaza para Ren o para ella, entonces incluso esperaría que fuera Akemi a quien él escogiera al final.
No cabalgaron mucho hasta que encontraron el primer asentamiento, y lo que al principio pensó sólo serían unos pocos saludos e intercambios cortos terminó siendo algo más que eso. Incluso aunque Ren no podía realmente ser separado de su título y gracia general, sin el caballo y entre su gente pudo mezclarse igual de bien con ellos. Estuvo sorprendida siempre que Ren llamaba a las personas por su nombre, e incluso aunque proyectaba autoridad sobre la gente común, ellos parecían mostrarle a él algo que era sin duda alguna agrado.
En todos los lugares le mostraban los problemas de la vida común: cosechas, ganado, molinos, pobladores, salud y seguridad. A la mayoría Ren los dejó con promesas de encargarse de los problemas enviando gente o bienes para arreglarlos, otros, sin embargo, estaba dispuesto ayudar él mismo. Ella comprendió por que dejó el carruaje atrás: no quería provocar el rechazo de su gente, e intuyó que al menos quería parecer accesible y estaba haciendo un buen trabajo en eso. Siempre había pensado en los Daimyō como débiles pomposos que dependían de los ninjas para estar seguros, pero no pudo evitar respetar a Ren. No era un guerrero, pero todos los gobernantes debían aspirar a ser como él.
Los guardias se encargaron de todo el trabajo pesado, Sasuke se unía a ellos en ocasiones. En alguno de esos lugares incluso ella era notada, a pesar de ser una pequeña figura sobre el caballo oculta en una capa anodina. Era obvio por la curiosidad general que las mujeres no eran una parte usual de estas visitas, pero estuvo bien recibida sólo por gozar de la nube de buena disposición que pesaba sobre el albino. Le regalaron toda clase de cosas de los lugares donde habían cosechas, e incluso hubo un lugar en el cual uno de los miembros de la familia estaba enfermo. Ren entró a verlo, un niño pequeño, y ella pidió entrar también incluso aunque él había prometido traer un doctor.
Parecía una enfermedad pasajera, reconoció lo síntomas y dio sus propias recomendaciones acerca de lo que podrían usar para mejorar su salud. Allí fue considerada con tanta gratitud como él, y supo que la respuesta de todas esas personas hacia el Señor Feudal provenía de lo bien que él se había comportado con ellos.
Cabalgaron durante toda la mañana y parte de la tarde yendo a tantos lugares cercanos como les fue posible, y cuando se dispusieron a regresar Sakura no creía necesitar más perspectiva. Miró a Sasuke y algo de su comunicación silenciosa pasó entre ellos; lo que estaba en juego había cambiado y habían adquirido un nuevo nivel de compromiso. Se tomarían el asunto más seriamente ahora que sabían que debían proteger a una buena persona y su legítimo lugar.
En el camino de regreso, Sasuke los sintió justo antes de que los caballos lo hicieran y se encabritaran. Alrededor de diez hombres armados se atestaron sobre ellos y el choque del acero empezó a sonar mientras Sakura aún rebuscaba torpemente entre las capas de su kimono en un intento soso de sacar sus armas con toda esa tela y movimientos erráticos de por medio. Antes de que pudiera ver más allá de la seguridad de Ren escuchó el grito de Sasuke.
-¡Corran!- Los movió a actuar, así que cruzó la pierna sobre el asiento y tomó las riendas sabiendo que todos los hombres estaban a pie y posiblemente ninguno de ellos podían correr más rápido que un caballo.
Al acelerar, le gritó a Ren detrás de ella, -¡Toma las riendas!-
Sakura giró-no sin dificultad-sobre el asiento hasta tener a la vista al Daimyō y la batalla que dejaban atrás. Sasuke había apostado por llevar a Ren a un lugar seguro mientras él y los guardias luchaban y contenían a los atacantes. Usó las estrellas ninja para desviar las armas que algunos arrojaron a la espalda de Ren estando a horcajadas sobre su regazo con el mentón sobre su hombro, lo cual los colocaba en un extraño abrazo mientras el caballo los sacudía y avanzaba a máxima velocidad. Los adelantaron rápidamente y alcanzaron a perderlos de vista. Justo cuando empezaba a relajarse un poco dijo una palabrota bajo su aliento cuando lo que parecía una gran zarigüeya que obviamente era una invocación ninja apareció detrás de ellos, montado por uno de los hombres vestidos de negro.
-Prepárate.- Le dijo a Ren cuando vio los movimientos de mano del jinete y el suelo delante de él se modificó hasta alzarse como una ola en su camino hacia ellos, justo antes de que colocara los brazos alrededor de él y los arrojara a ambos del caballo, rodando fuera del camino de la técnica. La fuerza del impacto le quitó el aliento pero lo agradeció porque significaba que ella se había llevado la mayor parte.
Ren se puso de pie primero y la ayudó a levantarse. Ella vio la mirada preocupada que él le envió a la bestia acercándose, así que se colocó delante de él, pero Ren la detuvo con una mano. Otro vistazo a su mirada y descubrió, extrañada y un poco molesta al escepticismo mostrado a sus habilidades de nuevo, que él no sólo se preocupaba por si mismo.
-¡Retrocede!- Sakura le advirtió, -¡Soy más fuerte de lo que parezco!-
La zarigüeya los acorraló mientras su jinete se acercaba a pie. Incluso si era un alivio estar fuera de la casa y no tener que preocuparse por derrumbarla, estaba restringida por cuanta fuerza podía desencadenar para dañar al usuario y a la invocación y al mismo tiempo también mantener seguro a Ren. El ninja apenas le dirigió una mirada antes de enfocarse en el Daimyō de nuevo, así que al menos él no tenía idea de qué era ella. La opción más sensata era aprovecharse de eso y colocar fuera de combate al invocador para que la bestia le siguiera justo después.
-Por favor, no,- le suplicó al hombre enmascarado en el mejor tono indefenso que pudo conseguir. -Por favor no nos lastimes.- Él le dirigió una mirada desinteresada, pero al menos su atención estaba en ella. Antes de que pudiera dar otro paso para pasarla de largo, sus rodillas cedieron frente a él. -Por favor...-
Cuando el ninja se movió para sacudirla fuera de su camino, ella agarró con fuerza su brazo y se impulsó todo el camino hasta arriba con un gancho a su mandíbula y más rápido de lo que la bestia pudo reaccionar, ayudó su caída de vuelta hacia abajo dándole una de las patadas de Lee con la parte posterior de la pantorrilla hasta enterrarlo en el suelo, el polvo mezclándose con el humo de la retirada de la invocación.
Se acercó al cuerpo, haló cuidadosamente de uno de los párpados y vio que la pupila reaccionaba, pero no hubo ni siquiera un movimiento fugaz. -Creo que no está muerto, pero no despertará pronto. Esto pudo no haber funcionado, a veces las invocaciones siguen peleando cuando el invocador ha caído. Supongo que no tenían un vínculo tan fuerte.- Se giró hacia Ren. -¿Estás bien?-
Estaba algo sucio y rasguñado, pero sólo pareció recordarse a si mismo cuando ella preguntó. Negó con la cabeza, pero su mano se dirigió por reflejo hacia uno de sus hombros, así que se aproximó sin permiso y buscó si había alguna herida a la vista.
-Estás herida,- dijo Ren, y entonces ella se dio un vistazo. La adrenalina solía mantener el dolor a raya, así que en un principio no notó de donde provenían las manchas de sangre en-lo que quedaba-de su ropa, hasta que vio que venía de sus manos.
-Oh, esto debió pasar cuando intentaba alcanzar las armas dentro del kimono, no es nada.- Le aseguró despreocupadamente, el verde del chakra sanativo llameando como un fuego efímero, quemando y cerrando instantáneamente las heridas. -Ahora ven aquí.- Él debió haberse golpeado el hombro al caer el caballo, así que lo ayudó con el dolor mientras ella inspeccionaba los alrededores. -Debemos irnos de aquí ahora, alguien más pudo haber pasado a Sasuke también.-
Ren se había mantenido en un estado de aturdimiento, pero se puso en movimiento de nuevo. -El caballo debe estar por aquí en algún lugar. Está entrenado para eso.- No se alejaron mucho hasta verlo y él lo llamó hasta ellos. Montaron de nuevo, pero antes de partir ella notó que la mirada del Daimyō se detuvo en su atacante.
-Puede que él detenga a quien nos siga ya que está vivo y necesita ayuda,- intentó tranquilizarlo. En realidad le alegraba que la treta y el disfraz funcionaran para engañarlo. -Le habrían servido las enseñanzas de Kakashi-sensei, entonces habría aprendido a ver a través del engaño y no habría caído por la 'chica indefensa'.-
Algo de su estado de agitación había disminuido pero no desaparecido completamente, calmándose hasta un lento murmullo en el fondo de su mente. Había pedido que lo dejaran solo luego de limpiarse y permanecía en la parte de su habitación que conducía al jardín con el frío siendo casi un alivio, de piernas cruzadas y el pequeño libro negro sobre una de sus rodillas cruzadas.
Susumu se había alterado desde el momento en el que regresaron a la casa. Sakura y él cabalgaron sin detenerse hasta las puertas y mantuvo el paso hasta la casa sin permitir que los guardias los detuvieran.
-Nos atacaron algunas millas lejos de aquí, escapamos mientras Uchiha-san y los demás los contenían.- Le dijo a Susumu antes de que pudiera preguntar. -Estamos bien, sólo nos caímos del caballo.- El viejo sirviente no necesitaba los detalles.
De hecho habían manejado bien el camino, tan raro como ahora le pareciera en perspectiva. Tener a su perseguidor y la bestia avecinándose inevitablemente le había recordado a la última vez que había tenido que defender su vida y asesinar un hombre para sobrevivir.
Una vez allí, sólo pudo ver a Sakura como una chica con el kimono estropeado algunos tonos más oscuros, hecho jirones de cuando había montado el caballo, desaliñada, polvorienta y tan rasguñada como él, con las manos sangrantes y el exterior frágil. Vio su belleza y vio vulnerabilidad, y estaba en su instinto intentar proteger su vida tanto como la suya.
-¡Retrocede! ¡Soy más fuerte de lo que parezco!- Gritó ella.
Su ilusión no se había acabado pero Sakura lo sacudió lo suficiente para ver quien era realmente tras ella. Aún así, no fue capaz de conciliar el concepto de ella como guerrera hasta que usó la misma vulnerabilidad que había visto antes como su arma. Su atacante terminó siendo un despojo en el suelo, pero sólo estuvo realmente sorprendido cuando esa pequeña máquina de destrucción en el cuerpo de una chica se convirtió en sanadora.
-¿Estás bien, Sakura-san?- Preguntó preocupada su sirvienta, cubriéndola con una de las mantas. -Debemos entrar.-
-¡Ren-sama!- Llamó Akemi al acercarse, su visión tan encantadora como siempre con los ojos grises llenos de preocupación, pero aún con la sobriedad propia enseñada a las mujeres de su clase. Notó que al llegar, Sakura se apartó para dejarla pasar hasta su lado. Lo hizo pensar en la conversación del caballo, las opiniones temerarias y la vivacidad detrás de su exterior. Sakura lucía como una de esas mujeres, pero no era una de ellas. -¿Estás herido?-
Él sacudió la cabeza y Sakura hizo lo mismo con su sirvienta, excepto que ella se refería a volver a la casa. Los caballos se acercaban a la distancia y afortunadamente a simple vista todos regresaban en una pieza.
-Los derrotó a todos aunque lo superaban por al menos el doble del número, quizás hasta protegía a algunos de nuestros guardias. Él no tenía ni un rasguño, todos los soldados están asombrados.- Susumu apareció de la nada detrás de su hombro, refiriéndose a Sasuke. -¿Cómo lo hizo ella? ¿Es buena?- El perfil de Sakura en la lista de objetivos estaba abierto sobre su rodilla, una versión más joven de ella mirándolos con sobriedad desde la página.
-Puedo ver como se fundaron esas historias extrañas sobre la Godaime en primer lugar. Sólo se enfrentó a uno de ellos pero no estoy muy seguro de si él sobrevivió un sólo golpe.- Respondió. -Ella también parece ser una de las alumnas del Rokudaime, hemos conseguido antecedentes impresionantes por pura suerte.-
No se giró para verlo, pero escuchó la aprobación y determinación en el tono de Susumu. -Lo mantendrán a salvo hasta que todo esto acabe.- En ese lugar y después de la muerte de su padre, le parecía que el viejo sirviente era el único otro que luchaba tanto como el mismo por mantenerlo a salvo.
-¿Crees que todas las historias sean ciertas?- Ren había escuchado muchas cosas de la maestra de Sakura, y el libro combinaba las habilidades de ambas así como especulaba que la destreza que una demostrara probablemente la otra también podía exhibirla.
-¿Cuáles historias te interesan, las de la Godaime o su aprendiz?- A veces Susumu era muy preciso. Él no respondió.
Decían que era difícil de matar, que no había herida mortal que pudiera arreglárselas con sus habilidades curativas. Hablaban de su fuerza como algo potente y catastrófico. Que era hermosa y que permanecería así hasta el día que muriera. La mujer siempre había sido una combinación de la que no era partidario que existiera, belleza y fuerza. Para él, la belleza no perduraba y esa había sido la mayor tristeza de su vida. Sin saberlo, Sakura se había llevado algo de ella al desaparecer sus heridas dejando su piel intacta, aliviando no sólo su dolor físico. Había esperanza, incluso si existían sólo dos excepciones, y él había alcanzado a conocer una.
Supuso que su fijación inicial en ella tenía sentido ahora, pero antes sólo había sido una chica con apariencia floral, como lo había sido su madre, junto a Sasuke Uchiha. Parecía recordar la presencia de cierta pared entre ambos shinobi de Konoha que lo hizo pensar que su relación debía ser más práctica que nada.
No fue hasta que por primera vez en esos días Sakura se olvidó de la mujer que fingía ser que llegó a verlos a ambos con claridad: Sakura había estado esperando que Sasuke regresara sano y salvo antes de pensar en nada más, y se acercó a revisarlo apenas llegó. Sasuke y Sakura apenas hablaban en su presencia, pero ahora pensaba que había estado equivocado todo el tiempo y que dicha pared no existía.
Había permanecido un largo tiempo solo en sus pensamientos cuando reconoció el zumbido en el fondo de su calma. Era emoción.
Pensaba que había habido un cambio en Takahiro. Estaba en Sasuke también.
Frustraron el ataque fácilmente, y en primer lugar había sucedido porque era fácil predecir las acciones del Daimyō. Sasuke estaba casi seguro de que todos eran ninjas, pero no llevaban distintivos y todos fueron heridos de muerte o huyeron, pero estos podían provenir de Shimogakure tanto como de quien sabe donde. Por el momento, Ren tuviera o no cosas que hacer debía ser cuidadoso. Arriesgarse a seguir saliendo de su hogar podía escalar a olas de asalto más grandes ahora que sabían que Sasuke estaba con él.
A pesar de descubrir en el camino que Ren hacía un trabajo decente eso no hizo que le agradara más. De hecho, percibía cierta clase de resistencia a que le gustara de verdad y se había mantenido cauteloso tomándolo como su instinto, a pesar de que no había sido capaz de leer las señales que usualmente desencadenaban tal recelo.
Por el contrario, Sakura estaba ansiosa por ayudar después de ver como Takahiro manejaba su administración. Él había accedido a la misión en primer lugar y estaba comprometido a llevarla a cabo hasta el final, pero no se sentía más inclinado de lo que lo hizo en el primer momento, manteniendo una postura más sobria. Pero mientras el Daimyō se ocupaba de dirigir sus asuntos estando confinado en su casa, Sakura redobló sus esfuerzos en buscar pistas. Ren realmente nunca había querido hablar acerca del pasado o su relación con sus hermanos, pero Susumu rellenó los espacios vacíos por ellos.
-Takahiro-sama, el padre de Ren-sama, tomó el liderazgo cuando era joven. Se casó poco después y tuvo a su primogénito, Fujimaru. En ese tiempo yo acababa de comenzar a servir aquí, tomando la vacante que mi madre dejó al envejecer, cuando la esposa de Takahiro-sama murió dando a luz a Ichiro.
»Fue una mala época para este lugar, lo fue para Takahiro-sama, pero estoy seguro de que fue peor para Fujimaru, que había crecido lo suficiente para entender y estar de duelo. La pérdida del Señor entonces hizo que relegara sus deberes y sus consejeros lo empujaban manteniéndolo en movimiento. Poco después uno de esos deberes lo sacó del país y cuando regresó no estaba solo.
»La mayoría, incluyéndome a mi,- añadió Susumu, -lo habría censurado porque no había pasado demasiado desde la muerte de su última esposa. Pero la joven era hermosa en una forma que, bueno, sería difícil de explicar si su hijo no hubiera heredado su apariencia, y quienes no lo excusaron por enamorarse de esa belleza lo hicieron cuando conocieron su carácter. Era amable y amorosa, y lo alentó a que retomara los asuntos que había dejado de lado por su pérdida, lo que incluía a sus hijos.
»Algunas personas la resintieron y uno de ellos fue Fujimaru, aunque yo podía ver que a ella le importaba él y su hermano. A veces era tratada rudamente y lo soportó tan bien como pudo. Entonces dio a luz a Ren-sama, e incluso aunque no era el heredero era difícil no enorgullecerse de que el niño hubiese nacido en el hogar de Takahiro-sama, y él era el más orgulloso de todos.-
-Fujimaru debió haberse sentido ignorado.- Opinó Sakura
Susumu asintió. -No fue obvio al principio. Pero entonces la madre de Ren-sama enfermó y murió cuando él tenía cuatro años. Incluso si en algún punto pareció que se venía abajo, Takahiro-sama no cayó presa del dolor como antes ni descuidó a sus hijos de nuevo. De hecho, permaneció activo y más cerca de Ren-sama desde que se parecía tanto a su madre. Algunos difieren en cual de las dos pérdidas fue mayor, pero yo creo que perder a ambas esposas fue igual de duro. Acerca del afecto, bueno... Supongo que Fujimaru no pudo empatizar con su medio hermano porque la pérdida de su madre fue completamente distinta. Nadie más vino a tomar el lugar de su madre, Takahiro-sama no volvió a casarse.
»Ren-sama también heredó el carácter de su madre. Aquellos que no la aprobaron en primer lugar no pudieron darle la espalda a su hijo, siempre inspiró simpatía. Pronto, todos en la casa le prestaban algo más de atención que a sus hermanos. Lo curioso era que no fue así con Ren-sama, siempre buscó a sus hermanos y desde que su madre murió creo que su mayor necesidad a pesar de estar rodeada de ello, era el afecto de sus familiares más cercanos. Baste decir que Fujimaru creció resintiéndolo lo suficiente como para negarle lo que más anhelaba, y su influencia pesó sobre Ichiro.-
-El ataque,- preguntó Sasuke. -¿Cuándo pasó?-
-Ren-sama tenía ocho, Ichiro era dos años mayor, Fujimaru debía estar alrededor de los trece. Llegué justo para verlo luchando en el agua y casi lo alcancé demasiado tarde. Cuando lo saqué durante un rato pareció que estaba tosiendo toda el agua del estanque fuera de sus pulmones, y sólo cuando estuvo a salvo y respirando me di cuenta de que sus hermanos habían estado todo el tiempo mirándolo de cerca mientras se ahogaba, no movieron un dedo para ayudar y tampoco pidieron ayuda. Ren-sama no me diría lo que sucedió hasta años después: Fujimaru e Ichiro habían estado jugando con una pelota, excluyéndolo como acostumbraban, cuando la pelota cayó al estanque. Le dijeron que lo dejarían jugar con ellos si la sacaba del agua, y ambos sabían que Ren-sama no sabía nadar. Habrían esperado sólo mirándolo.- Rememoró, algo de la indignación aún presente.
Sakura se cubrió la boca con la mano, la emoción escrita en su rostro. -¿Hubo un castigo?-
El hombre negó con la cabeza. -Ren-sama no quiso delatarlos, así que nunca le contó a su padre. Pareció aprender de la experiencia aún así, desde que sus hermanos nunca mostraron arrepentimiento. Desde entonces, Ren-sama tomó su propio camino, y podría decirse que fue el rechazo de sus hermanos lo que lo hicieron su caída, o al menos la de Fujimaru. Ren-sama siguió las formas de su padre, y ambos disfrutaban la compañía del otro. Incluso cuando no se esperaba nada de él al ser el más joven a él le importaba aprender, y en general, le importaba.
»Personalmente creo que nunca cesó su necesidad de una familia completa. Se inclinó hacia los sirvientes, los cuales éramos los más cercanos a él cuando su padre estaba ausente, y al acompañar los asuntos de su padre aprendió a preocuparse por su gente. Fujimaru no tenía esa visión como futuro Daimyō, sólo daba por sentado que su vida tenía un seguro de riqueza y poder por derecho de nacimiento. Apenas le importaba la gente.
»El resto se explica por si solo, Ichiro fue enviado a entrenarse como ninja en Shimogakure y se suponía que Ren-sama heredaría unos pocos bienes. Pero cuando Takahiro-sama murió después de la guerra le dejó el país a Ren-sama, y todos pensaron que era la opción sabia incluso si no era el primogénito. Fujimaru se puso hecho una furia pero no pudo hacer nada contra la voluntad de su padre, e Ichiro y él dejaron la casa.
Había un largo resentimiento, suficiente para que ambos hermanos tuviesen un motivo, pero Sakura añadió de todas formas. -¿Ichiro es un buen kage? ¿Es lo que quería ser?-
-Siempre lo quiso y alcanzó las expectativas cuando fue elegido para ello.- Recordó Susumu. -Creo que de todos ellos, Ichiro siempre fue el más presionado en complacer al padre, desde que creció viéndose como la muerte de su madre. Habían pocas formas de hacerlo útil, y volverlo un vínculo directo con la aldea oculta fue una.-
-Entonces Ichiro tiene algo importante que perder. El líder de cada aldea oculta tiene deberes con el Señor Feudal, ¿Realmente vale cometer traición y perder todo lo que ha ganado por asesinar a su hermano?- Se preguntó ella de forma singular, intentando procesarlo.
Personalmente se sentía algo drenado después del relato. Entendía el desprecio de Ren y podía ver claramente como encajaban los ataques con el pasado, pero él seguía reproduciendo lo último que Ichiro le había dicho a su hermano «Yo no lo haría, Ren» como si después de todo esperara que este le creyera.
El otro hermano, Fujimaru, permanecía como una figura turbia en el fondo y era necesario esclarecerlo. Sakura sugirió averiguar posibles conexiones directas entre él y la servidumbre, y acordó con ello aunque lo creyó insustancial. Habría sentido la necesidad de salir y buscar el tipo él mismo si Sakura no hubiese mencionado que podría ser útil averiguar también a Akemi. Él la había pasado por alto hasta entonces, pero la recordaba bien.
-La chica del cabello negro que nos recibió.- Señaló él. Nunca estaba alrededor como para completar un pensamiento concreto sobre ella.
-Si, bueno...- Sakura lo miró desde la esquina del ojo. -Shiori tiende a hablar con su sirvienta. Tal vez pueda aprender algo a través de ella.-
-¿Por qué no tú directamente?- ¿No era el punto del disfraz ser accesible?
-Estoy bastante segura de que debe odiarme.- ¿Por qué? La interrogó con la mirada. -Bueno, creo que ella piensa que me interpuse en el camino de su compromiso con Ren.-
-Puede ser una buena fuente de información.-
-Lo sé, encontraré una manera.- Dijo ella, resignada.
Le había creído a Sakura, pero era visible que la presencia de ella alrededor de Ren jugaba un rol en la ausencia de Akemi en los lugares que ocupaban, y lo confirmó al hacer un esfuerzo de apartarse de ellos y vagar alrededor. La encontró en una parte del jardín a la que Ren no visitaba a menudo, e incluso aunque no parecía que se estuviese escondiendo era obvio que estaba haciendo un esfuerzo por no cruzarse con ellos. Sin embargo, al verlo acercarse a él sólo lo miró con curiosidad, su sirvienta sentada junto a ella.
-Quiero hacerte unas preguntas.- La interpeló directamente. Ella no pareció intimidada, lo observó durante unos segundos antes de levantarse, los rasgos agradables de su cara al mismo nivel que los de él.
-Está bien. ¿Te importa si paseamos mientras?- Cuando negó, ella comenzó a caminar a paso lento, su sirvienta manteniendo algo de distancia de ellos. -¿Qué quieres saber?-
Ella no se apartó ante su brusquedad, reconociendo las piezas de información que podrían serle útiles como guardia de Ren y él supo que había sido la mejor opción acercarse a ella él mismo, ya que probablemente las preguntas de Sakura habrían sido dudadas e incluso evadidas. Akemi habló de su relación con la rama de la familia y luego de Fujimaru, empezando por impresiones de la infancia y retratando un carácter que combinaba con la historia de Susumu, despectivo y frío hacia Ren.
-Sin embargo, Ichiro-san...- La voz de Akemi fue apagándose, mirando hacia algún punto dentro de la casa. -Discúlpeme, Uchiha-san, pero debería estar retomando mis lecciones justo ahora.- Cuando quiso objetar, ella se adelantó. -Podemos hablar mañana, si no le importa. Estaré en el mismo lugar alrededor de la misma hora.-
Akemi hizo una rápida retirada con su sirvienta siguiéndola de cerca, y no le quedó más opción que acceder de mala gana. Entonces no sabía que su hábito extraño se convertiría en algo usual. La buscó el día después, tomando la misma caminata en la cual ella relataba con detalles específicos, pero después de lo que parecía muy poco se excusaba de nuevo para regresar a dentro. Antes de que pudiera escapar de nuevo, él la interrogó al respecto. Akemi explicó que sus instructores de música y pintura también habían venido con ella desde su hogar. Le pareció sospechoso, pero lo confirmó después, aunque él dudaba de que no estuviese usando la excusa de sus lecciones para ocultarse del tiempo que Ren perdía cada día con Sakura.
En unos tres días cayeron en una especie de rutina en la cual él fue lentamente reuniendo una imagen más nítida acerca de los hermanos y fue capaz de esbozar mejor a Fujimaru: Akemi le dijo cosas que sólo alguien cercano a la familia podría y algunas veces daba sus propias opiniones al respecto. De esa forma llegó a la conclusión que había esperado en un comienzo, incluso si a Ichiro lo describían como hostil a causa de su crianza y entrenamiento, Akemi separaba el rencor de Fujimaru hacia Ren del de Ichiro.
-Fue diferente para ambos, incluso si Fujimaru-san era la más grande influencia de Ichiro-san desde que eran jóvenes, Ichiro no podía entender realmente cómo había sido para su hermano. Ichiro-san tenía su propio duelo por su madre, y nunca me pareció que él tuviera algo en contra de la madre de Ren-sama. A veces yo tenía la impresión de que Ichiro-san no estaba totalmente de acuerdo con su hermano cuando se trataba de Ren-sama.-
-¿Entonces por qué no hizo nada?- Preguntó él.
-Su vínculo era profundo. Fujimaru le enseñó desde que eran niños que eran sólo ellos dos contra el mundo. Realmente lo creía.-
Las entrevistas eran bastante cortas, así que pasaron algunos días hasta que reunió todos los pedazos que consideraba necesarios. Bien pudo haber sido el mismo día repitiéndose cada vez si no fuese por la variante de la información, el cambio diario de los kimonos de Akemi o la ruta por la que caminaban en el jardín. Apreció que ella fuese una criatura calmada, lo cual hacía su breve charla ilustrativa y de alguna forma agradable. El día en el que sintió que no había nada más que necesitara saber fue el día en el que su caminata los llevó hasta divisar a Sakura y Ren a la distancia, de pie sobre el puente del estanque con él extendiendo la mano hacia el cabello dorado del henge de Sakura.
Sin percatarse, ambos se habían detenido para mirarlos. Sasuke sintió una inexplicable punzada de alerta como las que solía experimentar en batalla siempre que era el blanco de un ataque peligroso y al que siempre asociaba con la fatalidad. No podía explicarla, pero siempre había odiado la sensación de estar demasiado expuesto, pero incluso aunque hubiese visualizado a su alrededor para buscar la causa sus ojos sólo seguían los movimientos de las figuras frente a ellos, leyendo cada una de ellas como lo haría con un enemigo. Supo que Sakura estaba avergonzada por algo cuando bajó el rostro, y luego sorprendida cuando Ren tomó su mentón y para subirlo de nuevo.
No se había dado cuenta de la tensión de su cuerpo hasta que Akemi hizo un movimiento para tocar su brazo y él retrocedió de inmediato. No fue hasta que notó la expresión de su rostro pálido mientras los veía que supo que necesitaba sostenerse. Recordó que Sakura había mencionado que Akemi quería casarse con Ren, pero no había pensado en ello hasta el momento.
-Lo siento,- dijo ella, después de que él acercara el brazo antes de que se balanceara. -A veces soy muy propensa a estos ataques.- Después de un par de segundos, admitió con voz trémula, -nunca había visto a Ren tan encaprichado con otra chica.-
Sólo es una conspiración, habría querido decir, pero no lo hizo. «Nadie tendrá dudas» recordó que dijeron. Incluso si pudiera abrir la boca para explicar los detalles de su plan, supo que Akemi no lo creería de todas formas.
Y luego, de la nada, -¿Ella te importa?- Eso la hizo mirarla, frunciendo el entrecejo. ¿Cómo...? -Ustedes parecen cercanos, al menos lo hicieron en la forma en la que ella se preocupó por ti con el incidente de la emboscada. Me hizo preguntarme...-
No habría respondido si no la pensara lo suficientemente perspicaz para ser el tipo de persona que interpretaría su silencio con su propia respuesta. -He estado junto a ella por varios meses.- Él no era un actor y tampoco iba a darle nada que Akemi pudiese averiguar por si misma.
-Ren-sama tiene una debilidad por la belleza, le gusta estar rodeada de ella de una manera que le ha dado fama de coleccionista. Creo que le viene de su madre, pero su padre también la tuvo en su momento; la gente dice que esa fascinación fue la muerte de la madre de Ren-sama, que no hay flor traída de otro lugar que pueda sobrevivir la frialdad de esta tierra.- Dijo ella, los ojos fijados con desapego en Sakura.
Entendió las intenciones de Akemi al decir eso y también que no era lástima lo que la movía. Al mismo tiempo que notó que ellos también habían sido vistos, Ren y Sakura los miraban. Continuaron mirándose los unos a otros durante algunos momentos antes de que Ren extendiera su mano hacia Sakura una vez más, y esta vez ella la tomara.
El temor que Akemi había intentado influir sobre Sakura a través de él terminó diluyéndose en él como una absurda preocupación.
Ella estuvo tan ocupada como Ren durante esos días, y el Daimyō había estado bastante ocupado. Todos los asuntos de los que no había podido hacerse cargo ahora que no se le permitía salir estaban viniendo a él y ahora la mansión tenía más gente y movimiento, lo que significaba que ella y Sasuke debían ser agudos con la vigilancia. Continuaron alternando sus guardias de noche y la compartían en el día, aunque procuraban dividirse para mayor cobertura. Eso le daba una excusa para vagar por la casa y familiarizarse con el entorno y sus personas, las cuales no sospecharon-probablemente pensando que ella estaba intentando congraciarse con el que podría ser su hogar en el futuro-tal vez por lo cual Akemi se mantenía tan lejos de ella como le era posible viviendo en esa gran estancia.
El contacto de Shiori con Umeko era superficial, su sirvienta le había confiado que ambas habían tenido un desacuerdo que Sakura suponía tenía que ver con Akemi y ella. Insistió en tratar de buscar una forma de acercarse, como le había dicho a Sasuke que haría, pero cada vez que preguntaba la chica parecía estar en una clase de lo que sea que las chicas como ellas estudiaban.
A través de esta nueva interacción con los sirvientes, los cuales eran buenos y conclusivamente leal a Ren y no muy afectuosos con la figura de sus hermanos, escuchó sin querer los cuchicheos, influidos con un poco de indignación proveniente de esa misma lealtad.
-Akemi-san de nuevo está pasando su receso de la tarde con el guardaespaldas de Ren-sama, tanto por su supuesto amor por él. Me alegra que ahora Ren-sama ni siquiera le preste atención.-
Incluso si su primer instinto fue reconocerlo por lo que era, el acercamiento por reconocimiento de Sasuke y la que fuera la contribución de Akemi, su corazón se alarmó inevitablemente ante un punto específico. ¿De nuevo?
Sabía que no era parte de la conversación, pero no pudo evitar repetir estúpidamente -¿De nuevo?-
La sirvienta que hablaba no estaba demasiado avergonzada por ser escuchada y sólo asintió antes de volver a quejarse. -Hai. Akemi-san ha estado recibiéndolo al sur del jardín desde hace tres días.- Ella más bien parecía entusiasmada por compartir el chisme con ella, pero Sakura no pudo emitir otra palabra.
¿Cómo era posible que hacer algunas preguntas necesitara varias sesiones, y más aún, días? Incluso si intentaba mantener mente que la misión era prioridad ella siguió dando golpecitos nerviosos con su zōri hasta que incluso Ren notó que estaba inquieta por algo. Todo el tiempo mientras no estuvo presente sabía que estaba con Akemi y eso le daba una sensación horrible en el estómago.
Había pensado en ello todo el rato hasta que finalmente entró de nuevo a la habitación. Sakura se relajó inmediatamente, pero la sensación de alarma permaneció. Se dijo a si misma que estaba siendo estúpida, Sasuke era la persona más atañida al deber que conocía y por sobre todo estaba el hecho de que principalmente valoraba su espacio personal y tendía a desagradarle la compañía cuando no era estrictamente necesaria. Al mismo tiempo, no podía dejar de pensar que Akemi era hermosa, hermosa de una manera en la que ella no consideraba ser, y también recordaba el interés fugaz de Akemi en Sasuke la primera vez que lo había visto, de lo cual no había pensado demasiado en el momento porque era el tipo usual de reacción femenina ante Sasuke.
De lo que sea que se tratara, seguramente Sasuke querría compartir sus avances con ella. Tal vez incluso se explicaría.
Cuando Ren estuvo ocupado hablando con sus asesores, ella se acercó a Sasuke sutilmente, abanicando su boca con un peipei para camuflar sus palabras.
-¿Alguna nueva información?- Él asintió, y eso fue todo.
Pensó que Sasuke mencionaría sus reuniones con Akemi al final del día cuando era tiempo de cambiar guardias, pero no dijo una palabra y ella no se sentía lo suficientemente valiente para preguntar por miedo de exponer sus verdaderas preocupaciones. Sabía que Sasuke compartiría lo que sabía en algún momento, y que tal vez ella no sería demasiado hábil para esconder su paranoia en una forma en la que él no pudiera ver debajo de ella.
Al día siguiente notó de inmediato cuando Sasuke se escabulló fuera de la habitación, y esto la llenó de un sentimiento turbulento ahora que sabía exactamente a donde se dirigía. Le molestaba que tuvieran una especie de acuerdo para verse, como en una cita. Quería seguirlos y al mismo tiempo no quería nada menos que verlos juntos, sabía que se comportaba como una tonta, pero al parecer no podía evitarlo.
Sabía que tenía que mantener un ojo en Ren ahora que Sasuke no se estaba molestando, pero la situación pesaba más en su corazón que en su deber. Se levantó y alcanzó el hombro de Ren con una mano, cuando él miró hacia arriba, ella lo miró con seriedad. Mantente a salvo. -Regresaré en un momento. Shiori me buscará si me necesitan.- Les informó a ambos al mismo tiempo y se fue.
Se apresuró fuera de la casa hacia el jardín, el frío del exterior le abofeteó el rostro y condensó su aliento en una nube de vapor. Caminó por lo que pareció demasiado tiempo hasta que los vio de cerca, inconscientes de su cercanía, y el calor que había generado con su caminata enérgica se disipó hasta que sintió como si le congelaran las entrañas. Se ocultó de su vista antes de que la vieran, observándolos a la distancia.
No estaban apurados, parecían estar ganando tiempo. Verlos juntos hizo que su corazón se aplastara dolorosamente en su pecho, sin importar si había una justificación, ambos formaban una hermosa imagen. Sasuke era apuesto por su propio mérito y generalmente su sola presencia arrojaba una sombra que relegaba al fondo y volvía borrosa cualquier otra figura junto a él siendo tan imposiblemente atractivo como era; pero él no superaba a Akemi, la complementaba de una forma que sólo había notado mirándolos caminar uno al lado del otro.
Ambos lucían oscuros, hermosos y majestuosos, y su harmonía los haría parecer incluso ante el ojo menos observador que había cierto entendimiento entre ellos. Sasuke no parecía molestarle su compañía, por el contrario parecía atento a sus palabras, gesticulaciones y desde allí podía ver que incluso intervenía constantemente. No parecía un deber, era más como una reunión amistosa y debía serlo si se había extendido por días.
Una de las cosas que hacía fácil permanecer junto a Sasuke era que a pesar de toda la atención que atraía él nunca estaba complacido por eso y encontraba a las chicas molestas e indignas de atención, a todas menos a ella. Era un shock para su sistema simplemente mirarlo interactuar con otra chica. En algún punto, su cerebro la forzó a ver a Akemi como Sasuke debía verla: el hermoso rostro, el cuerpo grácil. Sakura la encontraba impresionante, y para Sasuke seguramente debía tener la cualidad de la novedad. Cualquiera tendría que estar ciego para no encontrarla atractiva, y los ojos de Sasuke eran mucho más agudos que los de los demás.
Sakura comenzó a retroceder con pasos lentos antes de volverse de vuelta a la casa. Le dolía y también la hacía sentir algo acomplejada. Sasuke la había mirado desde el inicio como una chica ruidosa, molesta y sin nada de especial, e incluso si había logrado probarle que era respetable, ¿Realmente creía que él alguna vez podría mirarla diferente a como lo había hecho siempre? Ella era importante para él, estaba segura. Pero también sabía que a ella le importaban algunas personas de cierta forma y nada más.
De repente se sintió apesumbrada y abatida, la temperatura pareció descender mucho más con su nuevo ánimo y se preguntó cómo la superficie del estanque debajo no se había congelado con todo el frío que ella estaba sintiendo. ¿Se había estado alimentando, incluso resistiéndose a ello, de esperanzas vanas? ¿Alguna vez pensó realmente que Sasuke cambiaría su modo de pensar y simplemente empezaría a amarla, cuando él nunca había demostrado hacia ella mucho más que un agrado genuino y verdadero entendimiento? Sasuke nunca le había dado indicios sin importar cuanto ella había buscado por señales de ellos, (y Sakura había ansiado por ellos, así que si hubiese habido uno seguramente lo habría notado) y no había encontrado ninguno.
Agarró el barandal semicongelado sobre el puente ignorando la mordida del frío para inclinarse sobre la superficie hasta que pudo mirar sus rasgos reflejados con claridad. A menudo se había encontrado bonita y generalmente lo pensaba, al menos hasta que se topaba con gente con Akemi a quien no era capaz de señalarle una sola imperfección, lo que hacía que la suyas incluso más notables. Más allá del maquillaje y el henge, su frente grande lucía más grande que nunca, su cabello corto y estrafalario.
Ni siquiera con una ilusión glamorosa, atuendos vistosos y tiempo invertido en mejorar su imagen Sasuke se había molestado en mirarla de verdad. ¿Realmente tenía alguna esperanza en creer que él podría hacerlo con su yo normal?
-¿Qué estás mirando?- La voz de Ren la sobresaltó incluso cuando su cuerpo ya había reaccionado a su presencia antes de que hablara, dejando de tocarse la cara para meter una mano dentro del kimono en busca de un arma. Se sintió avergonzada por estarse quejando patéticamente acerca de su apariencia y haber dejado solo al sujeto que se suponía debía estar cuidando.
Realmente no tenía una excusa, así que sólo lo observó caminar hasta ella e inclinarse también sobre el reflejo de la superficie helada. El Daimyō vestía un kimono oscuro y sus rasgos y coloración le daban una apariencia de otro mundo, como si fuese alguna clase de espíritu del estanque. Sakura parpadeó el esplendor, pensando que éste era exactamente el lugar en el que él pertenecía, en un palacio de cuentos con su cabello crema y ojos dorados.
-Estabas admirándote.- Dijo él, y ella lo tomó como una broma.
-No es como si haya mucho que admirar.- Masculló ella, su estado de ánimo desplomándose de nuevo.
-Mi madre solía decir que la verdadera belleza generalmente era desconocida.- ¿Esa era su forma de decirle que no se preocupara si no se encontraba bonita? Gran cosa para decir viniendo de alguien tan apuesto como él... Pensó sombríamente. -Así que perdono tu ignorancia si no eres capaz de verla en ti.-
Estaba avergonzada y un poco molesta de que él hubiese notado que estaba rumiando algo tan superficial como eso. -La belleza es irrelevante para las habilidades ninja y la vanidad es una distracción.- Dijo en voz alta, más para repetírselo a si misma que para decírselo a él. Se merecía que Ren la tomara como una tonta, Sasuke seguramente lo habría hecho.
-Hm.- Murmuró Ren musicalmente. -¿Esa es una regla?-
-Tácita,- explicó ella. -Al menos, una que siempre he tenido muy presente.- Recordó las horas que solía perder manteniendo su cabello suave como la seda... y que estas casi habían hecho que la asesinaran a ella y a sus compañeros de equipo.
-Entonces incluso una vida de privaciones en el camino ninja no pudieron hacer nada para disminuir la tuya.- Señaló él casualmente. Pasaron algunos momentos hasta que sus palabras se asentaron y ella recuperó algo del calor en su rostro.
-Esto es una fachada.- Le recordó. La imagen que él había aprobado no era más que una cubierta, y mientras más permanecía en el disfraz más se separaba de su verdadera imagen, como si estuviese cubierta en la pesada piel de un animal.
Él la miró de forma peculiar. -Lo sé. Preferiría que te mostraras como eres si no lo fuese.- Sakura pestañeó y Ren añadió. -Aplaudo tus habilidades para transformar tu apariencia, pero si no lo has notado aún, sólo cubriste un detalle en tu frente y cambiaste tu cabello en uno que no le hace justicia a la singularidad del tuyo. Más allá de eso, sigues siendo tú. La única ventaja que el disfraz te da es que encubre tus rasgos característicos, los que te harían reconocible.-
La expresión escéptica que había intentado mostrar terminó pareciendo algo más parecido a la confusión. Ren lo encontró gracioso. -No me crees. Probablemente has pasado tu vida peleando, y aunque tus habilidades han sido elogiadas nunca antes le habían hecho justicia a tu apariencia.- Ella se sonrojó, porque era cierto.
La habían llamado bonita antes, sus amigos, maestra y sus padres, pero ellos realmente no contaban porque su visión estaba comprometida por el afecto. Incluso si habían habido quienes su interés en ella había sido obvio en el pasado, ninguno había llegado a llamarla hermosa. Lo sabía porque tenía una imagen justa de si misma, pero nunca pensó que era la gran cosa porque ningún chico se lo había dicho directamente antes. No estaba segura de como tomarlo ahora que alguien como Ren se lo había dicho; estaba en algún punto entre el aturdimiento y la sensación de que él podía estar siendo un poco condescendiente, siendo quien era.
-Mi madre es la máxima imagen de la belleza que recuerdo,- continuó el Señor en su silencio. -Cuando era un niño se me parecía a una flor, con los pétalos pálidos y el pistilo dorado. También era hermosa en el interior. Cuando murió, nunca nada pudo reemplazarla,- pausó, -pero de algún modo inconsciente intenté hacerlo. Desarrollé una fijación con toda clase de cosas que reflejaban algo de esa belleza y con los años empecé a coleccionarlos; joyas, atuendos, antigüedades.
»Hacerlo me dio estándares altos en la materia, desarrollé un buen juicio para reconocerla, no sólo en las cosas, también en las personas. Supongo que eso me ha ayudado ahora que las personas esperan que me case y siguen enviando mujeres aquí.-
Ren calló y lució como si meditara al respecto el tiempo suficiente como para que ella se animara a preguntar. -¿No es tu juicio algo defectuoso?- Preguntó con lo que esperaba fuese respetuosamente. Eso tendría más sentido. -Akemi-san ciertamente me lo parece.- Admitió con una punzada. No era precisamente en lo que quería pensar, pero nunca había entendido como el Daimyō no la tenía en cuenta.
-No, creo que mi juicio en esa categoría particular es bastante preciso. Akemi es convencionalmente hermosa y sus cualidades también son dignas de admirar.- Dijo él, y ella sintió que él vaciló antes de decir pero. -Crecí escuchando que mi madre era una flor que no pertenecía a este invierno, que la belleza era frágil y propensa a morir. Ahora encuentro el concepto un poco ridículo, pero hay cosas que se quedan con nosotros sin importar que... La belleza siempre tenía un defecto para mí. No encontré fuerza en la belleza de ninguna chica hasta que te conocí a ti, lo cual te vuelve un tipo de belleza excepcional.-
Sólo pudo llegar a sentirse profundamente conmocionada. Miró hacia abajo, incapaz de hacer otra cosa, y el corazón se le congeló en el pecho cuando Ren la tomó por el mentón y al mirar arriba encontró en su rostro una sonrisa sincera.
-Eres fuerte como guerrera, hábil como sanadora y por lo que vi en ti al visitar los asentamientos también amable y generosa.- Señaló Ren. -Si mi madre hubiese tenido sólo un poco de tu fuerza tal vez podría haber prevalecido. Su belleza ahora es un recuerdo querido, pero la tuya es una declaración, la muestra de que la naturaleza a veces puede ser gentil y combinar aspectos tan diferentes en un ser harmonioso.-
Francamente no habría sabido que decir incluso si hubiese sido capaz de hablar. Estaba halagada y bastante aturdida de que esas pocas palabras reunieran todo lo que realmente había querido escuchar de si mima, aunque estas escocieran un poco al final, al reconocer que eran exactamente lo que habría querido que nadie más que Sasuke le dijera. Con sus pensamientos viajando hacia él de nuevo y en un intento desesperado de probar que aún era capaz de moverse, miró en la dirección de la que había corrido lejos de él y Akemi.
El camino no estaba despejado y en su lugar ambos se habían detenido no muy lejos de ellos. Sakura sintió como si uno de los senbon que tenía vendados al pecho hubiesen serpenteado su camino hacia su corazón, atravesándolo dolorosamente al notar que estaban sosteniéndose. Sasuke, para quien el contacto era completamente evitado. El brazo que le ofrecía a Akemi parecía la confirmación de lo que hace no mucho había rechazado como temores absurdos. Su corazón perforado se hundió en el fondo de su estómago, pero se enfocó en el frío y la figura de pie junto a ella para forzar a sus ojos a no humedecerse.
Hacía algunos segundos casi había llegado a creer que Ren la creía digna de admirar, pero ahora no significaba nada al sentir que Sasuke tal vez nunca lo creería. Debió haber palidecido en su esfuerzo, porque el Daimyō ofreció su mano sin decir palabra.
Era asombroso que durante tanto tiempo se hubiera repetido a si misma que la felicidad de Sasuke era suficiente para hacerla feliz, incluso si no la incluía. Tal vez podría ser así. Pero en ese preciso momento estaba segura de que no había manera de que simplemente pudiese mirar a Sasuke caminar junto a nadie más mientras ella era dejada atrás.
Así que tomó la mano de Ren para apoyarse.
Hubo un incremento dramático de movimiento que acompañó su propio disturbio. Hasta entonces, había permanecido sin prestarle atención al ritmo sutil de la casa a su alrededor, manteniéndose ocupado en buscar detalles que pudiesen ser útiles, pero era imposible pasar por alto el revuelo que vino con la demostración de la preferencia de Ren sobre Sakura.
Sin la necesidad de los sirvientes murmurantes Sasuke había notado que después de aquella tarde donde estuvieron los cuatro juntos en el jardín, la atención de Ren hacia Sakura cambió de cortesía a franco interés. Sakura permanecía alrededor de Ren todo el tiempo como se suponía que debía hacerlo, permaneciendo en el fondo casi como parte del mobiliario siempre que las diferentes personas que administraban sus tierras venían a verlo, pero pronto el Daimyō se volvió proactivo en hacerla participar de vez en cuando en sus asuntos, preguntando constantemente sobre las opiniones de Sakura y también validándolas. Cuando no había nadie de por medio hablaba casi exclusivamente con ella de temas insustanciales, siempre encontraba su compañía necesaria por una razón u otra.
Había observado el acercamiento minuciosamente. Ya había visto a otros hombres alrededor de Sakura, como la idiotez de Naruto, la estupidez de Lee y más recientemente los penosos intentos de Morio; pero no podía ubicar el comportamiento de Takahiro hacia Sakura en ninguna de esas etiquetas, la diferencia tan marcada entre él y los otros le hacía imposible encontrar algo de gracia en ello, como había hecho en todas las demás situaciones anteriormente.
La custodia había sido suficiente para mantener su mente a raya y evadir el caos en el que se había ahogado desde que tuvo claridad del cambio que había estado experimentando lentamente sin ser consciente de ello. Mientras estaba despierto su mente sólo vagaba en busca de detalles, sus ojos se mantenían enfocados en el panorama completo de la situación en Shimo no Kuni. Todo eso implicaba que incluso si los pensamientos de Sakura se habían cernido en el fondo de sus pensamientos, había resultado fácil reprimir su cuerpo y limpiarse de la ola de emoción extraña sobre él últimamente.
Ahora, sin embargo, la imagen había cambiado y era difícil separar la mala actuación de la realidad. Con el pasar de los días empezó a tener la impresión de que de hecho estaba siendo el guardia y escolta del Daimyō y su novia. Sakura aún compartía detalles de vigilancia, pero parecía retraída y no comentaba al respecto de la actuación excesivamente convincente de Takahiro, si eso era lo que era.
Pronto, empezó a examinar cosas que ni siquiera había tenido en cuenta haberles prestado atención, como las reacciones agudas de Sakura ante Ren, su mirada absorta cuando lo había visto por primera vez. La cercanía que pudieron haber llegado a desarrollar en los días de viaje y se representó cuando cabalgaron juntos y la risa de Takahiro insinuó algo que Sasuke encontró irritante. No pasó demasiado tiempo hasta que las intenciones del Señor Feudal dejaron de ser turbias y tomaron un significado real cuando se supo que le había estado dando regalos a Sakura y la casa era un hervidero de murmullos al respecto.
Fue después de intercambiar guardias nocturnas con ella no mirándolo más de lo necesario que él estuvo lo suficientemente intrigado para permitir algunos pensamientos entrar lentamente en su mente con el fin de hacer algo de sentido de ello. Reconoció las intenciones de Takahiro hacia Sakura partiendo de como la había tocado aquella tarde, demasiado cercano e íntimo como para que él creyera que no tenía derecho a hacerlo. También estaba la forma en la que el Daimyō compartía los asuntos de sus tierras con Sakura, consultándola en asuntos que sabía no sólo encontraría interesantes sino también tenía conocimientos y experiencia, como tratamientos de salud.
El encanto de Sakura con ese lugar había estado escrito en su cara desde el momento en el que puso un pie en él, y de mala gana aceptaba que esa fascinación estaba de alguna forma dirigida hacia Takahiro. Ella había tomado los ataques casi de forma personal después de haber descubierto su carácter ¿Era posible que ella se hubiese acercado a él en tan poco tiempo?
No fue la respuesta inmediata, pero luego de algunos momentos regresó teñida con duda. Sasuke había resentido el peso de los sentimientos que Sakura había tenido por él, pero ¿Cuánto tiempo había pasado realmente desde que había visto ese mismo peso hundiéndola? Había sido tan obvio en los primeros días de su viaje, incómodo de experimentar. Pero entonces tuvieron esa pelea, y recordó la promesa de Sakura que se refería a la carga que se interponía entre ellos, «Lucharé con mi vida de ser necesario para librarme de el por el bien de ambos.»
Desde entonces, incluso si había encontrado trazos de ese amor embarrados en alguna de sus acciones imprudentes, ¿Realmente no había mantenido su promesa? Sakura nunca más mencionó una palabra para referirse a ello, propensa como era a los arrebatos emocionales. También era cierto que una vez incluso lo había dejado en el país del Rayo. Era posible que Sakura hubiese estado distanciándose mientras él se arraigaba con ella desconociéndolo. Ella se había mantenido a su lado, sus lazos inflexibles, pero ciertamente había cambiado.
La opresión en su pecho que a menudo aparecía cuando sus pensamientos se revolvían alrededor de ella, el malestar general, la perpetua enfermedad de la mente y el cuerpo le decían que no había buenas perspectivas en guardar ese tipo de emociones por mucho tiempo. Había pasado bastante desde que había notado a Sakura afligida por algo que él pudiese relacionar a ello, últimamente, la carga había sido suya.
Había esperado que llegara ese momento pero no sintió el alivio que había esperado. Sus planes originales de empujarla de vuelta a Konoha cambiaron desde el momento en el que decidió que la llevaría a cualquier lugar en donde se asegurara fuera feliz. Nunca se detuvo a contemplar cuánto tomaría eso, se había resignado a su deber. Se preguntó si para el momento en el que tomó esa decisión aquellas raíces ya habían trinchado patrones en su carne, desde que al hacerlo nunca imaginó una resolución, no llegó a esperar el final del camino. Había estado bien con cual fuera la cantidad de tiempo que les tomase llegar allí.
Ren había estado planeando una ceremonia del té que se suponía no podía retrasar incluso a pesar de todo lo que había pasado por alguna clase de sosa tradición cultural, y Sasuke había estado haciendo planes para el evento. Estaba seguro de que la invitación podría provocar un ataque y había tomado un curso de acción referente a Ichiro el cual no le había informado a nadie. Estaba seguro de que las cosas estaban a punto de llegar a cierta resolución, fuese la que fuese.
Estaba ansioso por salir de ahí y acabar con ello, nunca más ver a Takahiro y su corte como no había vuelto a ver a las docenas de personas que había ayudado desde que comenzó a viajar. Pero entonces apareció el pensamiento inquietante de que si conseguía lo que quería, puede que el Daimyō no fuese la única persona que nunca vería de nuevo.
Mientras sus pensamientos se arremolinaban el silencio se volvió desconcertante hasta que creyó escuchar la respiración estable de Sakura en la habitación contigua y resultó menos opresivo. Sospechaba que no estaba en la mejor posición para dejar ir ahora de todos los tiempos, pero no esperaba rebelarse tanto a la idea, como si la mierda que tenía amarrada dentro estuviese tratando de asfixiarlo.
Cerró los ojos y buscó a tientas por el control. Al abrirlos, la mitad de su campo de visión estaba polarizado con la definición del Sharingan.
Había desestimado con facilidad el río de atención que vertían sobre ella, Sakura realmente no consideró que podría ser verdad hasta que los regalos empezaron a llegar. Primero fueron esas hermosas peonías en flor, y aunque su significado podía variar desde "me alivias" a "tu belleza alimenta mi deseo por ti" no pensó nada acerca de ello más que el valor primario que tenían las flores como gesto, ya que nadie más que ella o Ino alguna vez habían sabido comunicarse con ellas. Pronto no fueron sólo los regalos sino las expresiones tras ellos: Ren entablaba conversaciones exhaustivas en las que salían a relucir detalles de quien era y qué le gustaba, y luego repentinamente se encontraba rodeada de ciertas flores, alimentada con ciertos dulces y consultada en ciertos proyectos como los que había participado en Konoha alguna vez.
Al principio sólo pensó que Ren era un anfitrión muy atento. No fue hasta que recibió una pieza del cabello de aspecto costoso que parecía una flor y que definitivamente tenía verdaderas joyas incrustadas que tuvo dudas al respecto. Así que como se había cercado a él para agradecerle por las peonías, lo devolvió-en lo que intentó fuese una manera gentil- y dijo respetuosamente que no podía aceptarlo.
-¿Por qué no?- Preguntó Ren de vuelta, con una expresión ligeramente curiosa.
-Bueno, es, um, costoso, y realmente no creo que deba. Parece demasiado.- Explicó, avergonzada.
-¿Te he ofendido de alguna manera?- Su entrecejo se frunció un poco.
-No no,- se apresuró a negar. -Es hermoso, es sólo que no me parece que sea correcto.-
-Te dije que he sido una especie de coleccionista a través de los años. Tengo mucho como esto y me complacería que lo tuvieses.- Explicó el Daimyō con simpleza.
Estaban acabándosele las excusas para rechazar el obsequio, y mientras se revolvía el cerebro buscando por más, al mismo tiempo empezó a preguntarse exactamente por qué tenía que hacerlo. No terminaba de parecerle bien, pero... Era un regalo y él realmente estaba siendo muy amable.
Viendo las dudas crear olas en su rostro, él añadió, -Sakura, ¿Realmente hay una razón para que lo devuelvas?-
-Uhm, la gente... los sirvientes...- Empezó a mencionar, insegura de como reunir sus verdaderas preocupaciones. Ren levantó una ceja. -¡Akemi!- Su voz subió de tono con el asunto principal. -Ya la ha molestado mi presencia aquí. Creo que no es muy bueno de tu parte tener esta clase de gestos conmigo frente a ella.
Ren la observó durante algunos segundos y luego dijo finalmente, -no creo que debas preocuparte por eso.-
-Sé que mi estadía aquí acabará, pero no creo que por eso sea justo hacerla sentir miserable todo el tiempo hasta que me vaya.- Intercedió por ella.
Él apartó la mirada y la sorprendió amortiguando una baja risita. -Realmente nunca había tenido que explicar esto antes,- dijo en voz baja, luego la miró seria y amablemente con sus ojos dorados. Se sonrojó sin poder evitarlo. -Sakura-san, el propósito de los regalos no es sólo alguna clase de pago por tus servicios, tampoco una manera de torturar a Akemi, creo que ella entiende la situación mejor que tú.- Ella parpadeó, confundida. -Te he mostrado mi admiración antes y fui serio al respecto. Puse mi confianza en ti desde el momento en el que te pedí que me acompañaras y me has demostrado tu valor. Incluso aunque la amenaza permanece, ya no estoy asustado.
»Los regalos no sólo han sido una forma de agradecerte por ello. Tal vez, ha sido más una medida para ambos intentar mostrarte algo de la belleza que este lugar puede proveer... y también un medio para que consideres quedarte... más tiempo.- Finalizó calmadamente.
Incluso si había captado el sentido de su discurso, su cerebro no fue capaz de procesar el verdadero significado. Cuando se acercaba a esa conclusión, Sakura rehuía de ella inmediatamente. Parecía imposible que un hombre como él quisiera que se quedara aquí, no teniendo a Akemi-no con el abanico infinito de posibilidades que tenía a su alcance. No había manera, y aún así, se lo estaba diciendo y no parecía estar bromeando.
-Realmente no puedes querer decir lo que creo que dices.- Terminó diciendo ella bajo su aliento.
-Lo hago.- Respondió él, y de alguna forma sonó verdadero.
Pasaron algunos momentos hasta que se asentó el pensamiento de que de verdad hablaba en serio y su cerebro hizo una conexión instantánea con situaciones similares que había vivido antes a través de los años. La tierna-pero breve-consideración de los sentimientos de la otra persona, y más aún la un poco triste verdad de los suyos.
-Yo... Yo no creo... Yo estoy...- Esto era infinitesimalmente más difícil esta vez y ni siquiera entendía por qué. Las palabras habían fluido lo suficientemente fácil para Morio hacía años.
-Amas a alguien más.- Señaló Ren con más facilidad y ella asintió, aliviada de no tener que decirlo. -¿Ese alguien te ama de vuelta?- Sakura bajó el rostro, pero no creyó poder esconder su expresión abatida antes de que él la viera. No levantó los ojos hasta que el añadió suave, compasivamente, -no te estoy pidiendo que me quieras, Sakura. No diré que no me complacería que desarrollaras algo como eso hacia mí... Pero sólo te pedí que te quedaras, sin ningún otro compromiso.
»Estoy pidiendo por tiempo, el cual hasta ahora sigue siendo sólo tuyo para dar. Mientras permanezcas aquí podré mostrarte el verdadero valor de este lugar. Lo que alguien como tú podría hacer aquí, ya no tendrías que deambular.- Pausó. -Puedes irte cuando lo desees, aunque para el final de ello espero que no quieras hacerlo.-
Estaba tan verdaderamente atónita que no habría sabido que decir incluso si hubiera podido hacerse hablar. Posiblemente mirando su agitación interna, Ren extendió la mano para cerrar sus dedos alrededor del extremo fino del kansanshi, su toque terso, diferente al de cualquiera de los chicos por los que había sido tocada. La mano de un hombre que no vivía para luchar, la diferencia extraña pero agradable.
-Consérvalo, te pertenece.- Luego, con una mirada más seria. -Considéralo, tómate tu tiempo.-
Caminó sintiéndose bastante como cuando Chiyo-baa la había controlado con hilos de chakra y sus movimientos se sintieron ajenos y no coordinados por su cerebro hasta que se reunió con Shiori en la habitación. La sirvienta había sabido de sus intenciones de devolver el regalo, pero no hizo ningún comentario cuando la vio caminar ausentemente de vuelta con el adorno en las manos y tampoco pareció particularmente sorprendida. Se desplomó en la silla en la cual Shiori le arreglaba el cabello, mirando el reflejo de su rostro perplejo e el espejo.
-Le gusto,- respiró sorprendida. Shiori sacudió la cabeza, no como si lo negara sino más como si no pudiera creerlo. -Lo sé, yo todavía no...-
-No.- Corrigió rotundamente. -Tú eres increíble. Te invitó a su casa, ¿Qué esperabas?-
Le hizo una mueca a la sirvienta, ¡Ella no lo entendía! La verdadera razón por la que estaba allí era para evitar que mataran al tipo, pero por supuesto que Shiori no lo sabía. Debía pensar que Sakura debía haberlo sabido, o al menos esperado todo el tiempo ganar su afecto.
-Pero, Akemi-san...- Masculló, intentando señalar la opción más razonable.
-Desde que hemos llegado aquí Ren-sama te ha puesto por encima de ella. Te mantiene a su alrededor todo el tiempo, disfruta tu compañía. Esa es la razón por la que Umeko ha sido tan desagradable últimamente, ella sabe que Akemi-san no tiene una buena oportunidad contra ti. Parece que Ren-sama ya ha decidido.-
No valía de nada discutirlo con nadie que no supiera su verdadero propósito al permanecer allí. Para nadie más parecería tan inesperado, fuera de lo común... Ren y su hogar, su completa historia parecía algo sacado de la fantasía. Ella era una kunoichi y la mayoría de sus historias no resultaban bien. No pertenecía allí y lo había sentido desde el momento en el que había entrado, incluso usando un disfraz que suponía debía mezclarla con el entorno. ¿Cómo...?
Shiori se acercó suavemente tras ella, tomando el kansanshi y ensartándolo en el semi-moño que había peinado antes. Le sonrió a su reflejo.
-Podrías ser la señora de este lugar.- Shiori pausó lo suficiente para que sus palabra se hundieran. -Podrías vivir en este lugar hermoso, dirigir a todos estos sirvientes e incluso a todo este país. Piensa en lo que implicaría para ti, lo que podrías hacer con eso. Por supuesto, también irías de la mano de un hombre guapísimo. ¿Cuántas chicas morirían por tener tu suerte? Por que debes entender que es tuya y de nadie más. Ciertamente no es la de Akemi-san.-
Tanto las palabras de Ren como las de Shiori rondaron su cabeza como un mantra el resto del día, repitiendo las palabras sin hacer ningún sentido de ello. Sabía que apenas podría dormir esa noche y necesitaba espacio para procesar los pensamientos fuera de su cabeza, y no fue hasta que esperó a que Sasuke pasara delante de la puerta de su habitación que pensó en él de nuevo. El peso de la situación se dobló sobre su espalda y por alguna razón fue una tarea casi imposible mirar a Sasuke a los ojos.
-Tomaré ambas guardias esta noche, no me siento cansada.- Le explicó demasiado rápido, con aire de culpabilidad.
-¿Qué sucede?- El captó su humor de inmediato.
-Nada. Sólo me preocupa la falta de ataques últimamente, deben estar tramando algo.- Mintió ella, esperando que su verdadera preocupación pudiese disimularlo.
Pareció demasiado tiempo el que Sasuke se detuvo observando su perfil hasta que musitó un monosílabo y se fue a su habitación. Cuando Sakura entró a la suya, bien pudo haberse desmoronado. Traer a Sasuke a la mezcla de su confusión malogró el aturdimiento de la situación previa, ensombreció el glamour. Era difícil creer en el interés de Ren por ella cuando Sasuke no lo tenía, y era fácil para ellas colocarlos en un nivel similar. Ambos exudaban cierta grandeza y su atractivo estaba por encima del promedio. Pero entonces, la incredulidad de la situación de Ren se erradicaba cada vez que recordaba la seriedad de sus ojos y la firmeza de sus palabras.
Ahora que se había convencido que esto de hecho le estaba sucediendo, descubrió que había algo emocionante en ser cortejada. Que un hombre hermoso y poderoso que no sólo era atento y detallista sino también ofreciera algo que nadie más había antes: libertad, tiempo, un lugar para quedarse; uno que no sabía que necesitaba antes de dejar Konoha y ser errante en cada lugar desde entonces. Uno que no sabía que necesitaba porque su lugar, hasta ahora, había estado con Sasuke; uno que no había considerado no sería tan duradero como creía que su compañía con él sería, no si él encontraba a alguien más. La felicidad que Sasuke merecía y Sakura quería para él a pesar de todo, pero no con ella.
Aún así, algo de esa emoción era eclipsada. Las palabras habían fluido fácil y perfectamente desde Ren en conjunto a sus acciones, y él era lo que cualquiera querría, pero ella no podía evitar desear que estas hubiesen provenido de Sasuke. El resto de la noche fue un desánimo ininterrumpido que le producía ser vista por Ren y no serlo por Sasuke.
Permaneció bajo esa nube oscura todo el día, incluso cuando había sido informada de las preparaciones para la ceremonia del té. De hecho se las había arreglado para sacudirse fuera del paquete mayor-Ren le preguntó si quería oficiar la ceremonia, pero ella lo rechazó y le aseguró que Akemi estaría más familiarizada y emocionada por hacerlo-aún así, ahora que entendía que no era considerada un mero accesorio todos se molestaban en alistarla para el evento. Eso la hizo terminar en el medio de la habitación con una mujer ajustándole un kimono costoso de tela aterciopelada y patrones coloridos. Si todavía no estuviese tan perpleja probablemente estaría mucho más incómoda.
Probablemente habría permanecido rumiando bajo su nube oscura si la puerta no hubiese estado ligeramente abierta y no hubiese tenido un vistazo de la figura de Sasuke... junto a la de Akemi. Se había estado sintiendo tan abatida e insegura que temía estar experimentando algo cercano al resentimiento, pero ese resentimiento no estalló en rabia hasta que los vio juntos de nuevo.
Toda la compasión que le había tenido a Akemi se evaporó y repentinamente se sintió muy frustrada. Había sentido celos por Sasuke casi toda su vida, primero de Ino y luego de cualquiera que se acercaba a él, de las personas que podían verlo y estuvieron a su lado cuando ella no pudo, de Karin que lo asistió cuando ella hubiese querido estar en su lugar, pero ese sentimiento nunca se había sentido tan intenso como ahora, y tal vez tenía que ver con que nunca antes había sido tan cercana a él como para considerarlo racional. La hizo actuar irracionalmente en ese momento.
No pensó antes de saltar del taburete y empujar la puerta para abrirla por completo-demasiado bruscamente, no que ella se diese cuenta-su ánimo no decayó incluso cuando vio la expresión extrañada de Sasuke. Apartó a Akemi abriéndose paso a empujones y en el mismo impulso furioso barrió a Sasuke hacia su habitación, luego entró ella misma y miró fijamente con el ceño fruncido a Akemi por tres segundos completos antes de (satisfactoriamente) cerrarle la puerta en la cara.
Le dijo que tenía asuntos que atender, pero Akemi insistió en acompañarlo a su destino. Se habría rehusado si no supiera que la mujer sólo compartía información útil cuando estaba en movimiento. Sin embargo, lo que terminó diciéndole no fue tan útil como sorprendente.
-¿Te quedarás aquí cuando Ren se case con ella?- Sasuke la miró con una silenciosa y casi inexpresiva confusión. -Hablé con él.- Aclaró Akemi. -Fue lo suficientemente amable para decirme que espera que Sakura-san se quede aquí con él. Me iré pronto... después de la ceremonia.-
No podía decir que le sorprendía, pero de ninguna forma fue bien recibido. Aún así, eso no decía nada de lo que Sakura pensaba al respecto, aunque Akemi hablaba con la seguridad de alguien que ni siquiera consideraba que nadie pudiese rechazar algo así. Su primer pensamiento ávido fue que definitivamente podría, después de todo, esta misión sólo era una imitación, Sakura no era ella misma. Ella no se apartaría de la aldea, abandonaría sus habilidades y deber por encerrarse en un país pequeño con cualquiera.
Pero entonces, este bien podría ser el lugar al que él debía entregarla y partir caminos. En apariencia, a Sakura no le faltaría nada de lo que le daba esencia, y más allá de la riqueza y cualquier otra cosa, Takahiro estaba ofreciéndole astutamente un ambiente que sabía que a ella le importaría: una comunidad de la cual hacerse cargo, un lugar para arreglar y dirigir cosas. Uno que Sakura había tratado de construir en cada uno de los países en los que se habían quedado juntos y luego era forzada a dejar atrás, un hogar.
¿Entonces por qué demonios le molestaba tanto?
Aún estaba sacudido cuando Sakura apareció repentinamente en el pasillo seguida de un crudo sonido contundente, retorciéndose y cubierta en un exceso de tela de apariencia pesada. En el segundo en el que miró su expresión supo que su estado de ánimo reflejaba el suyo. Pese a eso, en el momento fue superado por la sorpresa-Sakura estaba tan fuera de si que él no podía entender que estaba sucediendo-cuando ella lo arreó hacia su habitación y luego deslizó la puerta con tanta fuerza que todo el panel de madera vibró. Sakura estaba frenética incluso en su inmovilidad, y por algún motivo su molestia alimentaba la suya.
-¿Cómo es que tú puedes tener pequeños paseos alrededor mientras a mi me punzan todo el cuerpo con alfileres?- Preguntó ella, la severidad de la rabia impresa en su voz.
-No sé qué te molesta, Sakura,- dijo aún en calma, aunque correspondiendo su tono. -Me he hecho cargo de esta misión mientras tú tomas tus propios paseos y recibes regalos.- Señaló guardando la suficiente distancia, aunque aquello realmente era parte de su problema.
Ella tuvo la decencia de parecer avergonzada por un segundo antes de que el rubor de sus mejillas se coloreara de nuevo por la molestia. -¿Quieres decir que no estoy haciendo nada?- Lo acusó, impactada. -¡He estado tan cerca de él como cualquier guardia debería! ¿Si has estado trabajando tanto por qué no he escuchado nada al respecto?-
-Tal vez has estado demasiado atrapada en tu trabajo.- Señaló irónicamente.
Esta vez Sakura no se avergonzó. Continuó despotricando.
-Honestamente, ¡No sé de qué te estás quejando!- Dijo, paseando de un lado a otro. -¡Tú no eres quien siempre está cubierto de capas como un pastel! ¡O tiene una chica como sombra a quien tienes que vivir ocultándole cosas todo el tiempo! ¡Ni esperan que hagas cosas que no tienes idea de como hacer o que tomes decisiones que...!-
Sólo cuando ella empezó a caminar y a gesticular con sus manos él pausó para analizar sus quejas, y su farfulleo furioso empezó a ser un sonido de fondo. Sakura estaba molesta, pero lo estaba acerca de los aspectos que conformaban la misión, incluso cuando había pensado que tal vez ella la estaba disfrutando más de lo que debería. Eso hizo que su propia molestia disminuyera hasta sólo un nivel menor de irritación.
...Todo el tiempo, mientras tú... tú...- Sakura luchó para encontrar las palabras. Ahora realmente no estaba entendiendo nada, menos por qué vertía parte de esa frustración sobre él.
Sasuke pellizcó el puente de su nariz, con Sakura él siempre parecía estar al borde de algo.
-Basta.- Le ordenó tajante. Sakura frenó en seco y abrió la boca para seguramente continuar con otro infinito aguacero cuando volvió a indicarle de manera cortante. -Deshazte del disfraz.-
Sólo entonces ella pareció recuperar el sentido y pestañeó. Él empezó a impacientarse. -Sólo hazlo. Ahora.- Comandó.
Con los labios apretados y posiblemente tan extrañada como él debió haberlo estado en el primer segundo de su diatriba, Sakura lo obedeció. Gesticuló 'liberación' con la mano y la pieza en su cabello hizo un ruido seco al caer al suelo y no tener nada en lo que sostenerse en el cabello corto de Sakura.
-El kimono asfixiante también.- Señaló él. Para ese punto Sakura no tenía expresión en el rostro, pero de todas formas intentó deshacer torpemente el nudo en su espalda. Sasuke suspiró-un sonido impaciente-e hizo un ademán para que se volteara. Lo hizo, casi mecánicamente, y él tironeó de la tela hasta que el obi cayó llevándose lo que parecía la mitad del peso de todo el atuendo y luego la ayudó a remover el kimono de sus hombros, calmándose mientras lo hacía.
Sólo comprendió sus motivos-aunque todo el tiempo supo que era lo correcto de hacer- cuando ella estuvo frente a él con su bata interior, de pie sobre ese océano de tela y sólo era Sakura de nuevo. Lo había hecho para deshacerse de cual fuera la histeria que la había poseído, pero había ayudado a tranquilizarlo también.
-¿Mejor?- Sakura asintió pesadamente. Entonces procedió a confrontar el asunto directamente. -Tengo un plan para la ceremonia del té e iba a contarles a Takahiro y a ti en el momento que afinara los detalles. Fue útil que te quedaras junto a él todo ese tiempo mientras yo hacía lo necesario. No sabía que estabas harta de todo el asunto, considerando que se dice que Takahiro planea que te quedes aquí.- Dijo, imperturbable.
Sakura se sonrojó, apartando la mirada. -Él dijo algo como eso.- Admitió en un bajo susurro y luego se giró para mirarlo. -¿Quién te lo dijo?-
-Akemi.-
Ella frunció el ceño y murmuró algo parecido a 'apuesto que le gustaría eso'
Sasuke arqueó una ceja, tenso como estaba al abrir una grieta en el asunto de Takahiro. Sakura no estaba abordando la cuestión directamente. -Es bastante obvio que quiere casarse con él. Parece deprimida siempre que habla al respecto.-
Sakura lo miró especulativamente. -¿En serio?- Preguntó, mirando dudosa más allá de la puerta cerrada. -Al resto de la casa no les parece.- Él apenas se encogió de hombros. Sabía que su aseveración era bastante aproximada.
Sólo entonces ella pareció avergonzada, masajeando su cuero cabelludo. -Yo... le dije a Ren que debía tomarla más en cuenta. Le dije que a ella le importaría. Pero él... No sé que se le ha metido...-
-¿Lo harás?- Presionó él, ella lo miró confundida. -¿Quedarte?
Sakura lo miró atentamente antes de preguntar suavemente. -¿Te importaría si lo hiciera?-
Dentro, el breve desbalance se convirtió en algo rotundo que se retorcía y enrollaba dentro de él. Tuvo que concentrarse para ahogar la sensación.
-Puedes hacer lo que quieras.- Le respondió con un tono plano que provenía del esfuerzo.
Ella frunció el entrecejo y miró hacia abajo. -Desde el comienzo de este viaje has intentado sutilmente deshacerte de mi y algunas veces no tan sutil.- Indicó justamente. -Sabes que no regresaré a Konoha pronto, supongo que separarte de mi en este lugar será tan bueno como hacerlo en cualquier otro.- Intentó decir a la ligera.
-Este no es sólo un lugar.- Le recordó él. -¿Lo quieres a él?- La presionó.
Sakura permaneció en silencio, mirándolo sin vacilar y esto se convirtió en algo que pesó sobre él como si hubiese habido un desplazamiento en la presión del aire. Parecía como si ella estuviese buscando encontrar algo en su rostro, así como él se estresaba en hacer con ella. Estaba cansándose.
Al final, no respondió exactamente, pero su elección de palabras lo hizo por ella. -Pero él quiere que me quede junto a él.-
El enroscamiento chisporroteó pero él se mantuvo quieto, incapacitado para decir lo que Takahiro le había dicho con facilidad; puede que no tuviera derecho, pero tenía todo lo demás. Un lugar seguro, un pasado limpio, y si se las arreglaban para mantenerlo vivo y erradicar la amenaza también un futuro prometedor. Incluso Sakura podría concederle el derecho ella misma. Sasuke era incapaz de decir nada, sus propios pensamientos y las confusas y eufóricas ansias que aún le incomodaba reconocer que experimentaba, su lengua estaba atada por la misma falta de derechos que tenía por haber estado demasiado cerca de arruinar la vida de Sakura más de una vez en el pasado.
Experimentó algo de alivio cuando los ojos verdes de Sakura traslucieron sus esperanzas. Ella quería que le dijera que se quedara junto a él, pero no lo haría. La miró serenamente hasta que ella volvió a mirar hacia abajo, y luego saltó repentinamente al sentir su toque en el rostro. Su brazo se había movido por si solo, el índice y medio golpeándole el sello.
Itachi siempre hacía eso después de haberlo defraudado de algún modo, cuando su rostro se descomponía, fruncía o hacía una mueca. Recordaba pensar que era algo molesto, en parte porque siempre golpeaba muy fuerte-quizás una distracción-y también porque usaba ese gesto en lugar de disculpas o explicaciones apropiadas. Sólo ahora que había adoptado ese ademán con Sakura este tomaba otra perspectiva y pensaba en todas las palabras que su hermano había retenido en esa comunicación silenciosa. Lo que hubiera querido decir, pero no dijo. Se preguntó si Sakura lo entendería como él lo hizo una vez, si lo resentiría pero al mismo tiempo también disiparía la decepción lejos de su mente.
Cuando bajó el brazo pareció que había logrado su objetivo. Estaba sonrojada, y sus ojos ya no tenían esa oscuridad. Procedió a explicarse a si mismo de mala gana, tan pesadamente como la atmósfera. Terminó haciéndolo sonar cansado.
-No he hecho un buen trabajo intentando apartarte. Eso está en el pasado.- Esclareció. -Tengo que llevarte a algún lugar al final. Este lugar es tan bueno como cualquier otro.- La citó impávido, Sakura frunció el entrecejo. -Pero no tiene que ser este lugar, no porque creas que estoy ansioso por deshacerme de ti. Tiene que ser tu decisión.-
-¿Y qué si no encuentro un lugar?- Preguntó lo suficientemente serena. -Te comprometiste a llevarme a algún lugar, ¿Pero qué si lleva tiempo? No estás obligado a quedarte conmigo.-
Él respiró a través de su nariz. -No lo sé, Sakura. Lo resolveremos.- Era lo máximo que podía prometer y esperar. Ni siquiera sabía cuanto más difícil la situación sería de sobrellevar y a que decisiones esta nueva opción podría conducirlos... Eso si de verdad ella estaba considerando no quedarse aquí.
Sakura se encorvó de hombros y pareció que también captaba la pesadez del aire, como si todas las cosas que habían estado infestándolos se hubieran escapado y poblado el aire como un gas pesado e incoloro. Él lo reconoció por lo que era, un asunto peligroso. Imaginaba que si incluso una pequeña chispa aparecía les volaría a ambos en el rostro. Teniendo espacio para pensar, recordó que era la primera vez que había estado tan cerca de Sakura desde esa noche en la que se comportó de forma tan estúpida... y también trajo el reconocimiento de ese gran peso, su empuje y hacia donde se dirigía.
Colocó detalles en las líneas de su rostro y su cuerpo y trajo como una puñalada la claridad de sus propios recuerdos de entonces, que resurgieron con fuerza ahora que ella estaba cerca. Se sintió ajeno, casi una experiencia extracorpórea. Él no había sido él mismo-sobre todo no había tenido verdadero control de si mismo-pero su cerebro se aferraba a los recuerdos con fuerza y algo de esa misma euforia fue en aumento antes de que borrara las imágenes abruptamente de su mente. Dio un paso atrás, confrontando la fuerza ofensiva. Su cuerpo protestó, pero no le importó. No renunciaría al control que tenía sobre si mismo.
Casi al mismo tiempo que se movió alguien tocó suavemente la puerta. -¿Sakura-san...?- Preguntaron tentativamente. -Creo que debes salir de allí. Tú... no es bueno... los sirvientes...-
Aún teniendo una treta que mantener Sakura se alarmó por un momento, mirando la prenda esparcida en el suelo. -Dame algunos minutos más por favor.- Pidió calmada hacia la voz de la puerta. -Ni siquiera sé como voy a explicar todo esto.- Habló para si misma mientras se ponía el kimono sin terminar. No había nada que pudiera hacer sobre el obi y él no podía atarlo por ella. Sakura se desinfló como un globo, el peso del disfraz convirtiéndose en un peso extra de nuevo. Él agradeció la distracción.
-Escucha cuidadosamente,- le susurró y procedió a detallar la planeación para la ceremonia del té. Ella lo atendió mientras se transformaba de vuelta en la novia de Takahiro. Eso colocó un peso inadvertido sobre sus hombros también.
Minutos después Sakura llamó suavemente a su doncella. -Shiori, ¿Aún estás allí?-
La sirvienta se apresuró dentro de la habitación y sus ojos se abrieron de par en par al verla a medio vestir y con el cabello castaño derramándose libremente sobre su espalda. Se detuvo durante un minuto sólo mirando sus rostros. Sasuke se mantuvo en silencio mientras Sakura le hacía señas con la mano para que se acercara.
-Ven, por favor ayúdame a atar esto.- Señaló la tela en el suelo.
El identificó un juramento de los labios de la sirvienta. -Supongo que es una suerte que tu habitación esté al lado de esta. Tal vez podremos llevarte a escondidas de vuelta sin que nadie te vea así y esparzan algún chisme.-
Vio la pequeña sonrisa de Sakura mientras Shiori revisaba si podía sacarla de allí a salvo. Sakura había desarrollado afecto hacia la sombra de la cual hacía minutos se quejaba, y él supuso que ese era otro posible beneficio que venía con ese lugar.
Sakura le dio una mirada rápida y asintió casi imperceptiblemente antes de dejar la habitación arrastrada por su doncella. Con ella fuera, todas las cosas que volvían el aire pesado parecieron retornar a su cuerpo a través de sus pulmones, donde la carga volvía a pesar dentro. Estuvo inmóvil durante algunos momentos hasta que vio fugazmente el adorno enjoyado abandonado en el suelo.
Lo reconoció como uno de los regalos de Takahiro porque no era nada que Sakura cargara entre sus cosas. La observó al sostenerla, pensando en el hecho de que Sakura no había dicho nada que apuntara que aún soportaba el peso de sus sentimientos por él. Aún así, en ese breve atisbo de esperanza en sus ojos comprendió que la decisión de Sakura dependía de la suya.
Su puño se cerró con fuerza alrededor de la pieza.
Shiori se esforzó mucho en hacerla lucir hermosa para la ceremonia del té, aunque volvió a ser silenciosa.
De vuelta en su habitación después del incidente de Sasuke, Sakura había sido incapaz de decir una palabra para excusarse de lo que sea que la sirvienta pudiera estar pensando, así que cerró la boca y Shiori honró a su ser discreto y no la interrogó al respecto, de lo cual en parte estuvo aliviada y al mismo tiempo se sentía terrible. Le agradaba Shiori, sabía que estaba confundida y bullendo de preguntas y ella estaba cansada de engañarla. Mucho más cuando los rumores de ella encerrada en la habitación con el guardaespaldas se esparcieron (viniendo de Akemi, seguramente) y la sirvienta se molestaba en excusarla y defender su honor. Lo cual era tonto, si pensaba en ello, porque realmente no podría importarle menos lo que esa gente consideraba honor, pero aún era parte de su disfraz y ahora más que nunca necesitaba que las cosas fluyeran sin contratiempos.
Pero realmente se sintió peor cuando se miró a si misma en el espejo y de alguna forma la doncella le había hecho justicia a su kimono y la convirtió en una brillante criatura dorada que le costaba asociar consigo misma, más parecida a esos seres de otro mundo que pertenecían a un lugar como ese. Con el intrincado patrón del cabello, el maquillaje exquisito y toda la dedicación y apoyo que le prestaba se podía decir que Shiori era más de la mitad de su cubierta. Estaba agradecida y quería merecer la lealtad que la chica le había mostrado desde el inicio.
Si las cosas iban mal ese día, quería que ella estuviera a salvo.
-Siempre lo he amado.- Le confesó, viéndola a través del espejo. Supo que Shiori captó enseguida de quien estaba hablando.
Shiori asintió, e intentó continuar arreglándola hasta que suspiró pesadamente. -Tienes opciones ahora. Maravillosas, ¿Recuerdas? Cosas que cualquier otra moriría por tener. Sólo tenlo en cuenta.-
La conmovió un poco que estuviese pensando en lo que creía lo mejor para ella a pesar de todo. No soportaba mantener una imagen falsa frente a alguien quien se mostraba real, pero todo lo que pudo hacer por el momento fue tomar su mano y tirar de ella hasta que estuvo lo suficientemente cerca para captar el significado de sus palabras.
-Tienes que confiar en mi, Shiori.- Le insistió. -Pase lo que pase, tienes que confiar en mí.-
La chica estuvo perpleja por algunos momentos y luego apretó su mano y asintió.
Caminaron silenciosamente por la casa después de eso, el sonido más prominente el arrastrado de la pesada tela dorada. Cuando emergió en la habitación de espera se dio cuenta de que combinaba con las decoraciones doradas y de tonos otoñales que representaba la temporada Furo. También notó por las esquinas de los ojos que fue recibida con asombro por los invitados a la ceremonia, quienes eran cuatro hasta entonces. Ella miró hacia el frente, buscando la única reacción que realmente importaba, pero la reacción terminó siendo suya.
Sasuke vestía de negro completamente, pero era brillante, curtido, un poco similar a los uniformes que los otros guardias usaban pero distinto en coloración. Lo separaba de los huéspedes en kimono, se veía como lo que era, un guerrero, y uno imponente. Tal vez habría pasado un rato antes de que pudiera apartar los ojos del él si la voz de Ren no hubiese llamado su nombre.
Su atuendo era considerablemente más simple, pero estaba hecho para complementarlo. Era todo dorado y marfil, y lucía tan imposiblemente hermoso que casi emitía cierto esplendor, pero nada se comparaba a la mirada en sus ojos. La penetraron con su intensidad, y Sakura sintió su corazón latir más rápido en consecuencia. Casi le hizo creer que como Shiori había dicho, de hecho tenía opciones.
-Sakura, del país del Fuego.- Ren la presentó ante sus invitados, y cada uno de los diferentes hombres de mediana edad se inclinaron para saludar cuando ella hizo lo mismo. Las presentaciones habrían implicado mucha más charla si no hubiese sido porque otro foco de atención apareció en la habitación.
Akemi no vestía para mezclarse si no para destacarse y-notó de mala gana-lo hacía de una forma en la que no sólo se veía asombrosa en el plateado pálido que combinaba con sus ojos, así como ella y Ren vestían de una forma similar, Akemi y Sasuke también combinaban.
-Bienvenidos. Permítanme servirles.- Akemi se inclinó correctamente y las preparaciones para la ceremonia del té iniciaron.
La gracia con la que Akemi se desenvolvía al moverse emulaba a una danza mesurada, delicada, nada que ella posiblemente pudiera imitar. Al probar el té de entrada inmediatamente después de que le fuese servido con delicadeza se preguntó si el té de sakurayu realmente había sido su idea; mientras lo hacía, la reunión desempeñó su propósito inicial, los líderes del país intercambiaron cortesías y asuntos de negocios mientras esperaban el siguiente tradicional curso de la comida mientras Akemi arreglaba la habitación del té. Ella sabía que la demora se debía a que aún les faltaba un invitado.
Akemi los llamó de nuevo cuando aún era el tiempo suficiente para haber sido sólo una educada espera. Nunca había estado en una ceremonia formal del té antes, pero Susumu la había instruído lo suficiente para moverse primero hacia la vasija de piedra e imitar su propia versión de movimientos cuidadosos al lavarse y enjuagarse las manos y la boca como pedía el ritual de purificación. Los otros le siguieron uno por uno, y cuando Ren acabo todos empezaban a dirigirse hacia la habitación del té Sakura empezó a dudar y a preguntarse si permanecería así de tensa durante todo el resto de la comida.
Sin embargo, su tensión se duplicó cuando el que no debía ser otro que Fujimaru entró flanqueado por dos hombres y Sasuke dio un paso al frente. Fujimaru ignoró el movimiento-los hombres junto a él no lo hicieron-y apenas barrió la habitación con su mirada angosta antes de avanzar a la vasija y proceder a lavarse lentamente. Él lucía menos robusto que Ichiro, y completamente menos extraordinario que Ren, pero compartía el cabello lavanda del primero y la complexión del último, aunque la chivera lo hacía lucir más viejo de lo que se suponía. Todos lo observaron en silencio mientras él sacudía las gotas de agua de sus manos y los miraba de nuevo, esta vez directamente a su hermano menor.
-Llegas tarde.- Señaló Ren con voz plana, no tenía ninguna expresión. Fujimaru fue displicente, dirigiéndose a los demás.
-El anfitrión impone el horario de la ceremonia, hermano menor,- enfatizó, mirando a Akemi, quien se veía lo suficientemente tensa como para adivinar que empezaba a sentir el peligro de la situación. -El maestro de la ceremonia sigue su horario. ¿Eres tú quien preside, Akemi? ¿Dirías que tu anfitrión llega tarde?- Preguntó indiferente.
-Ren-sama llegó a tiempo a la habitación del té.- Indicó Akemi serenamente.
-Hm,- Fujimaru hizo un sonido de disgusto, mirándola con severidad. -Parece que estás confundida. Que todos aquí lo están, así que lo explicaré sencillamente. Yo soy el heredero legítimo de este país, el primogénito y dueño de este hogar, lo que me hace el anfitrión de esta ceremonia. ¿Ya han olvidado quién soy?- Preguntó al aire, pero por último miró a Akemi. -Yo soy a quien hace no mucho iban a enviarte. Todos ustedes aún tienen que responderme a mí.-
-Ya no más.- Ren lo miró sin verse afectado. -Todos tus derechos fueron revocados. Es a mí a quien tú debes responder ahora.-
Fujimaru fue afrontado por el reto durante un segundo, luego miró hacia Sasuke y repitió en el mismo tono: -Ya no más.-
Sasuke se convirtió en un movimiento borroso, tan rápido que el choque de su espada contra el metal y los chillidos de las sirvientas sonaron secundarios, aunque realmente fueron simultáneos. Sus ojos siempre se mantuvieron en Ren, rodeado por sus invitados, que miraban el ataque con una variante de rostros estupefactos, indignados y asustados.
-¿Qué estás haciendo, Fujimaru?- Gritó uno de los mayores, el molesto. -¡Detén este disparate ahora!-
-Esta noche ustedes son mis invitados, mis testigos. Permanecerán aquí para ver como retomo lo que es mío.-
Su voz se elevó por encima del caos de voces y movimiento, los vulnerables apiñándose juntos, lo cual hizo más fácil alcanzar la mano de Ren y con la otra tomar un puñado de la tela plateada del kimono de Akemi, lista para dejar inconsciente a Fujimaru mientras Sasuke aún empujaba a los otros dos y huir juntos, pero apenas tuvo la intención de agarrar impulso alcanzó a ver a otros cuatro hombres en las esquinas.
-Tu guardia ha caído.- Explicó Fujimaru al rostro fruncido de Ren. -La única forma en la que pudiste hacer este lugar más fácil de invadir habría sido si hubieses conservado los guardias de Shimogakure.- Dijo con una sonrisa suficiente. -Regresarán de todas formas. Los ninjas de Ichiro vendrán pronto para darle este lugar a su verdadero dueño.-
-No obtendrás lo que quieres.- Advirtió Ren. El sonido de la lucha de Sasuke la tenía al borde y se moría por unírsele, pero continuó tomando la mano del Señor Feudal como si su vida dependiera de ello. El agarre de él era igual de fuerte en su mano.
Su hermano hizo una mueca. -Ya estoy cansado de ti. Incluso si ese ninja evitó que te mataran la última vez no hay nada que un solo hombre pueda hacer contra un ejército.-
Hubo un sonido ronco que provino de la pelea y su corazón se aceleró cuando todo el ruido murió por un instante y la nube de humo se disipó junto a todo rastro del clon de Sasuke. Hubo un zumbido de alarma en sus oídos por el hecho de que tal vez era demasiado pronto para esta etapa del plan, necesitaban tiempo. Fujimaru se puso lívido de rabia.
-¡¿Dónde está?!- Gritó. Cuando no pudo verlo alrededor les ordenó a sus guardias. -¡Búsquenlo! ¡Tienen que encontrarlo!- La mansión era un enorme recinto que podía simular un laberinto si no estabas familiarizado con el y también tenía tres pisos de alto. Sakura vio el momento exacto en el que Fujimaru tomó esto en cuenta.
-¿Dónde está?- Repitió, acercándose a Ren. El agarre de Ren en su mano era feroz, y ella supo que estaba conteniéndose. -¿Dónde está tu guardia, niño bonito? ¿No has entendido que él es la única razón por la que sigues vivo? Tal vez si te lo demostrara, entonces él sería forzado a aparecer.-
Él miró hacia el ninja más cercano a él y ella se preparó para volar su cubierta antes de permitirles que le pusieran una mano encima, pero en el instante que el hombre dio un paso Akemi se le lanzó encima, el peso de su cuerpo y el kimono haciéndolo trastabillar.
-¡No te atrevas a lastimarlo!- Él la golpeó como reflejo, pero ella no lo dejó ir. Sakura se congeló en el sitio mientras la chica pateaba y gritaba hasta que el hombre finalmente se la sacudió con facilidad. El shinobi tenía una horrenda expresión divertida, la ira de Fujimaru se volvió hacia a Akemi.
-¡Estúpida!- Gritó él. -¡Cómo te rebaja a que te hieran por este usurpador!-
Los rasgos preciosos y serenos de Akemi estaban contorsionados por la rabia, y todo su cuerpo temblaba. -¡Tú eres el único usurpador aquí! ¡Desde el principio has querido herir a Ren-sama de todas las formas posibles sólo por que él es todo lo que tú no podías ser! ¡Lo resentías porque lo sabías, y la única razón por la que estás haciendo todo esto ahora es por que tu padre lo sabía también!-
Fujimaru se movió contra ella, pero esta vez Umeko saltó a unírsele casi al mismo tiempo que Sakura reaccionó, soltando a Ren y dando un paso al frente.
-¡Has caído bajo, Fujimaru!- Otro de los invitados acusó. -¡Si crees por un momento que cualquiera de nosotros aceptará esto estás equivocado! ¡Nuestra única atestiguación será en contra de las barbaridades que estás cometiendo!-
-Viejo estúpido.- Escupió Fujimaru, girándose hacia él. -Atestiguarás lo que nosotros digamos que atestiguarás o no vivirás para decir nada.-
Uno de los cuatro guardias apareció y se dirigió a Fujimaru. -Este piso está despejado.-
Al mayor de los Takahiro no le hizo gracia. -Debemos asegurarnos de que está aquí en algún lugar. Es un peligroso ninja élite de Konoha. No estamos seguros mientras él esté fuera de vista e Ichiro aún no llega. Cuiden las entradas, nadie entra o sale hasta que ese bastardo sea eliminado.- Sólo entonces pareció revisar al pequeño grupo femenino, retrocediendo con una expresión fastidiada antes de dirigirse al recién llegado. -Encierra a estas en una de las habitaciones. Si van a hacer un escándalo que mejor no se crucen en mi camino.-
El ninja se cernió sobre ellas y Sakura miró aprensivamente a Ren, que asintió alentador. No quería y no se suponía que debía separarse de él, pero tenía que permanecer en el disfraz hasta que Sasuke apareciera de nuevo, lo que significaba que tenía que ir con la corriente. Cuando Akemi intentó resistirse, sostuvo su brazo con la fuerza suficiente para que le fuera imposible soltarse.
-No hagas las cosas más difíciles.- Le dijo en voz baja y Akemi le envió una mirada cargada de odio que ella ignoró para hacerlas avanzar antes de que ese hombre desagradable tocara a ninguna de ellas. Le envió una mirada significativa a Shiori, que se apiñó más cerca de ella y así las cuatro se apretaron y fueron dirigidas por el pasillo. Por la esquina de su ojo, vio a los invitados de la ceremonia y a Ren siendo llevados a la habitación del té.
Mientras caminaban por un momento creyó que estaba temblando, pero sólo era el resultado de estar tan cerca a quienes temblaban. Su miedo, el de la valiente Akemi y las leales Umeko y Shiori la llenó de ira.
El hombre las condujo dentro de una habitación y Sakura se aseguró de ser la que se demoraba al fondo, así cuando Akemi, Shiori y Umeko estaban dentro se quedó cerca de la puerta y agarró tentativamente la manga del ninja. Cuando él la miró de nuevo no había nada en su expresión más allá de un ligero interés.
-Suelta.- Dijo él.
-Por favor...- intentó decir en el mismo tono suplicante que ya había usado antes bajo esa apariencia. Pensó que había algo en sus ojo que le permitiría acercarse más, pero terminó siendo escepticismo tan rápidamente que actuó igual de rápido en consecuencia. Él levantó un brazo para defenderse un poco demasiado tarde antes de que ella golpeara su cuello y cayera al suelo inconsciente.
-Nunca he sido buena para fingir mis emociones de todas formas.- Se dijo a si misma, pensando que algo del desdén que realmente sentía debió mostrarse en su rostro y advertirlo. Se giró y encontró a las tres con los ojos bien abiertos, aunque Shiori fue más rápida en salir de su estupor.
-¿Está muerto?- Preguntó.
Sakura sacudió la cabeza. -No, sólo está inconsciente. Tenemos que salir de aquí antes de que alguien regrese a buscarlo.-
-¿A dónde?- Shiori miró preocupada hacia la puerta. -Deben estar por todo el lugar buscando a Sasuke-san y ese hombre dijo que vigilaran todas las entradas.-
Tal vez Fujimaru había sido un poco arrogante. Si los que habían visto eran los únicos shinobi que había contratado entonces había subestimado a Sasuke. Probablemente todos estaban ocupando buscándolo, esa casa era demasiado grande como para que unos pocos pudiesen cubrir todo el lugar.
-Fuera.- Buscó a tientas entre las capa del kimono hasta sacar uno de los kunais atados a su pierna y colocarlo en la mano de Shiori. -¿Recuerdas lo que te dije antes?- La sirvienta asintió. -Toma esto por si acaso y ten cuidado con la punta. Haré todo lo que pueda para llevarlas a un lugar seguro.-
Entonces se giró hacia las demás, y Umeko soltó un torrente de preguntas sin terminar. -¿Cómo...? ¿Quién? ¿Qué?-
Ella sacudió la cabeza. No tenían tiempo para esto. ¿Dónde está Sasuke? Necesitaban moverse ahora y Akemi parecía paralizada en el sitio. Recordó su valentía de antes y la inspeccionó con algo más de cuidado, el golpe del guardia de Fujimaru iba a dejarle un moretón en la mejilla. La invadió una corriente de simpatía, esta vez de buena gana, y se aproximó a ella cuidadosamente.
-Deja que me acerque, te ayudaré.- Akemi no dijo nada, pero se mantuvo quieta cuando alcanzó su mejilla y apenas hizo una mueca cuando el chakra curativo empezó a emanar de su palma. Se aprovechó de la cercanía para asegurarse de que entendiera cada una de sus palabras. -¿Sabes cabalgar?- Sabía que Shiori podía. Akemi asintió. -Saldremos por la puerta que va hacia los establos.-
Dio un vistazo fuera de la puerta para asegurarse de que el pasillo estaba despejado antes de pedirles que la siguieran, lo cual afortunadamente hicieron sin retrasarse. Intuía que nadie estaba en esa sección de la casa, pero Umeko lo señaló. -¿Por qué está todo tan silencioso?-
-¡Silencio, tonta!- Susurró Shiori. -¿Quieres que nos atrapen?-
-Los sirvientes evacuaron el hogar después de terminar sus deberes con la ceremonia.- Les explicó en voz baja, sus armas medio ocultas por las mangas largas. Había sido una movida inteligente. Tenían suficiente de una situación extra de rehenes con los invitados, Akemi y las sirvientas. Todos debían estar a salvo si una pelea comenzaba en la propiedad.
-Todo esto... Tenían un plan, ¿No es así?- Murmuró Umeko. -¿Quién eres?-
Apenas y pudo mirarla antes de llegar a la sección de la casa que tenía la salida más cercana. No había nadie en el interior, lo que significaba que los hombres que habían subido a inspeccionar aún no bajaban. De cualquier forma, percibió movimiento tras la puerta. Ocultó su manga derecha y le señaló a Shiori hacer lo mismo con el arma que sostenía al abrir la puerta hacia la noche y los dos hombres que vigilaban la entrada.
Esta vez no les permitió pasar de la primera impresión e hizo volar los senbon en sus dedos hacia el cuello del que estaba a su derecha. Antes de caer profirió un sonido estrangulado, lo que alertó al de la izquierda, que intentó tomarla del cuello pero flaqueó por un momento-suficiente para notar en un segundo que Shiori estaba temblando y se debía a que lo había rasguñado en el brazo con el kunai-y lo dejó inconsciente con un sólo puño en la barbilla.
Apenas y pudo sonreírle alentadoramente a Shiori cuando las azuzó a correr. Los establos estaban vacíos, lo cual era ambos bueno y malo. Si habían tan pocos hombres de Fujimaru para cubrir la propiedad significaba que sería de algún modo más fácil para Sasuke y para ella, la mala noticia era que si tan pocos habían barrido con los numerosos guardias alrededor de la casa significaba que estaban bien entrenados y con una fuerza que aún no habían podido medir. Pero al menos, las chicas podrían cabalgar fuera del bosque hasta las tierras de la propiedad trasera, que administraba la familia de Akemi.
Ayudó a Umeko a subir al caballo mientras Shiori conseguía el suyo y cuando intentó hacer lo mismo por Akemi ella sostuvo su muñeca y la miró con aquel mismo rastro de emoción fuerte, casi severa. -No dejes que nada le suceda.- Akemi había captado el asunto más rápido que Umeko.
-Estará a salvo.- Le aseguró con tanta confianza como fue capaz al ayudarla a subir. Shiori se detuvo a su lado ya sobre el caballo.
-¿Qué pasará contigo?- Preguntó ella, preocupada, pero Sakura no tenía tiempo para estar conmovida por ello.
-Estaré bien. Tendrás que confiar en mi para esto también.- Shiori asintió deliberadamente antes de empezar a correr.
De nuevo dentro de la casa el silencio era inquietante y ella se sintió más tensa sin la compañía de las otras y el conocimiento de que había enemigos acechando por allí. Ren era su prioridad, pero cuando se acercó silenciosamente cerca de la habitación del té era obvio que no estaba allí solo; comprometerse en una pelea pondría en peligro a todos los atrapados allí, incluyendo a los invitados, quienes eran gente influyente e importante en el manejo del país.
Se mantuvo suspendida allí durante un rato, meditando el mejor proceder mientras escuchaba los sonidos apagados de la voz de Fujimaru en el interior cuando hubo un ruidoso estruendo que sacudió el marco de la casa hizo que astillas de madera cayeran desde el techo por el remanente de una explosión que debió haber ocurrido en uno de los pisos superiores. Escuchó la conmoción dentro, lo que debió haber sido la orden de Fujimaru y la puerta abrirse cuando el ninja que había permanecido junto a Fujimaru todo el tiempo saliera sin notarla, en busca del epicentro.
Con el fuera también lo hizo algo de ese sensación de peligro, así que deliberadamente se cayó en la entrada de la habitación del té, volcándose dentro como si no hubiese podido permanecer oculta. Desde el suelo, vio que todos los rehenes estaban alrededor de la mesa puesta, como se suponía debían haber estado si la ceremonia hubiese empezado; al menos hasta que fue recogida por el brazo por otro de los hombres de Fujimaru. Cuando lo hizo, Ren se levantó.
-Déjala ir.- Ordenó.
-¿No has entendido aún que tus demandas nunca más serán órdenes de nuevo?- Fujimaru le gruñó y luego la miró, molestándose en hacerlo por primera vez. -¿Qué está haciendo ella-¿Quién es ella? ¿Es esta la invitada de la casa del Señor Feudal del Fuego de la que todos han estado hablando? Dijeron que estabas loco por ella y era algo difícil de creer con Akemi aquí, pero ahora creo que sé de que hablaban...- Se acercó a ella, y Sakura se volvió rígida en el agarre firme de su captor. Era tan horrendo permanecer atrapada en su papel cuando su yo interna se moría por volarlo a la luna o directo al infierno de un golpe.
»Te molesta de verdad,- señaló Fujimaru, entretenido, midiendo la silenciosa tensión de Ren, el extremo afilado en sus ojos. Con ese fomento, le agarró el otro brazo de la misma forma que el guardia lo hacía. -Todo lo que te ha sido entregado lo has robado de mi, me pertenece.- Le dijo a Ren y luego se giró hacia ella, acercándose lentamente. -Realmente es por mí que viniste hasta aquí.-
Había estado lista para golpear cuando el rostro de Fujimaru ocupó todo su campo de visión al intentar forzarse sobre ella, el disfraz y la estrategia fueran condenados al infierno ¡No dejaría que ese cerdo se sobrepasara con ella! pero hubo un movimiento difuso y ella fue arrojada contra la pared. Se levantó rápidamente para escuchar-y hacer sentido-de los gritos de Fujimaru, de rodillas en el suelo mientras se sostenía una mano-la mano que había estado agarrándola- con todos los dedos torcidos horriblemente, e inmediatamente después el único guardia en la habitación cayó como un peso muerto con un feo golpe en el suelo, la figura de Ren junto a él.
Los ojos de Fujimaru eran la única parte de él que era capaz de ser incrédulos y acusativos, el resto de él continuó aullando hasta que ella lo tomó por el cabello y lo silenció con un rodillazo en las entrañas.
-Ren-sama...- El invitado asustado musitó, un poco asombrado. La cabellera color crema se agitó al negar.
-Él está a salvo.- Les dijo él. -Ustedes tienen que estar fuera de aquí también antes de que llegue Ichiro. Muévanse.- Entonces se dirigió a ella, y el henge de Sasuke se disipó. -¿Las demás?-
-Ya se fueron.- Informó ella. -¿No es un poco pronto para mostrar que Ren no está aquí?- ¡Y ella había estado tan preocupada por arruinar su cubierta! Aunque estaba muy agradecida de que Sasuke no permitiera que ese hombre la besara.
Sasuke no respondió exactamente. -Los acabaremos antes de que intenten cualquier cosa.-
Corrieron juntos, empujando a los cuatro hombres por el camino que Akemi y las chicas tomaron hacia los establos, el primer piso vacío de amenazas. La entrada aún no estaba cubierta y los guardias permanecían en el suelo.
-¿Cuántos quedan?- Le preguntó a Sasuke, cuyos clones habían estado repartido en los tres pisos, preparados para atacar a quien viniera tras él.
-Sólo han caído dos.- Respondió mientras dirigía los hombres hacia los caballos. -Se aseguraron de informarse sobre mí después del ataque fallido. Estoy seguro de que son renegados, reconocí al menos a tres de Bingo.-
Les dio a los invitados las mismas instrucciones rápidas que le había dado a las demás y en un instante ya estaban de vuelta en la casa, buscando en las esquinas. Habían cumplido la mayor parte del plan como correspondía si bien un poco desfasado, pero la parte restante aún era precaria incluso estando junto a Sasuke de nuevo. Debían acabar con los invasores, y cuando lo hicieran sólo ellos restarían para defender toda la propiedad contra la posibilidad de los refuerzos que Fujimaru había pedido a su hermano. En ese momento definitivamente creía que debieron haber ido a Konoha y solicitar un escuadrón cuando tuvieron la oportunidad.
El sonido apagado de una pelea les llegaba amortiguado desde los pisos superiores al subir. Notó la seguridad en los pasos de Sasuke, a pesar de ser cuidadoso no fue exhaustivo en la búsqueda, y ella reconoció que este debió haber sido el piso donde acabó con los dos ninja antes de que encontraran sus cuerpos en el suelo. Los sonidos de lucha provenían de más arriba y se preparó para lo que sabría que vendría a continuación, sosteniendo su arma en el momento en el que ascendieron al siguiente piso.
Era un desastre, pero no la clase de desastre que ella había temido causar en la casa. Había pilas rotas de cosas en todos lados y algunas de las paredes estaban atravesadas, pero al menos la estructura parecía intacta. Tres hombres luchaban, incluyendo al clon de Sasuke, y reconoció que debieron tomar en consideración y probablemente también estudiaron sus habilidades. Si habían llegado a mantenerse todo ese tiempo era porque habían sido cuidadosos de no mirarlo a los ojos y que no los asesinaran al mismo tiempo, y eso requería destreza.
Sin embargo, el patrón se rompió cuando sintieron su llegada y vieron que estaban superados en número. En ese pequeño momento de vacilación el clon de Sasuke aprovechó y se dirigió directamente a uno de ellos, pero de cualquier forma su oponente fue lo suficientemente rápido para atacar. Cuando el clon desapareció Sakura vio el momento exacto en el que los recuerdos del clon y la información que había recabado del enemigo apareció en la cabeza de Sasuke cuando la estrategia de la técnica ocular cambió y desenvainó a Kusanagi en el instante en el que cargó hacia ellos y se acercara demasiado ella notó que él no estaba evadiendo la mirada como se suponía la gente hacía contra el Sharingan, sus ojos estaban completamente cerrados.
Aunque no creyó que hubiese alcanzado a verla, él sabía que estaba allí. El ninja dio vueltas alrededor de ellos con increíble destreza, enfrentándose y evadiendo ambos de sus ataques en un nivel al que sabía ni siquiera se había acercado aquellas veces en las que Sasuke la había entrenado con una venda. Era muy sensible y sumamente peligroso por la audacia de su ofensiva ¿Realmente era posible que se hubieran entrenado para vencer a Sasuke y su técnica ocular? Responder a sus ataques era un poco más difícil de lo usual, desacostumbrada al peso del kimono y la tela entrometiéndose en sus movimientos.
Como si hubiese escuchado sus preocupaciones, Sasuke le informó. -Está ciego.- Un poderoso arco de su espada envió el hombre a retroceder. -Y tiene alguna clase de técnica que le permite ver o sentir su entorno. Creo que puede ver nuestras siluetas e incluso nuestra energía de la forma en la que el Sharingan puede hacerlo.-
-Astuto.- Dijo el hombre de los ojos cerrados. -He escuchado que mi técnica es una imitación de la tuya. Me dijeron que si te atrapaba yo podría tener uno de tus ojos... Y un solo ojo poderoso es mejor que ninguno.-
Ardió de rabia por el comentario, durante toda su vida Sasuke no sólo había sido un blanco a matar sino también una adquisición. Sakura bufó y cargó contra él, Sasuke inmediatamente detrás del sujeto, pero cubría tan bien sus ángulos que ella sabía no sólo debía ser debido a su técnica. Si era ciego, tenía un sentido agudo de cada otro de sus sentidos, y estos necesitaban ser confundidos para que pudiesen alcanzar un punto débil.
Pensó detenidamente acerca de la técnica y la imaginó como un mapa tridimensional que cubría la habitación. ¿Este se extendía por toda la casa o sólo unos metros más allá del lugar donde inmediatamente estaba de pie? Sólo había una forma de averiguarlo, y se aseguró de mirar a Sasuke y luego deliberadamente al suelo. Probablemente tenían sólo un segundo hasta que él recobrara su estabilidad, pero afortunadamente el shinobi no lo vio venir cuando ella golpeó el suelo de madera bajo sus pies y Sasuke saltó cuando ya se había despedazado debajo de él. El hombre ciego empezó a caer de cara a suelo, y en el momento exacto en el que empezó a girar en el aire para recobrar su balance Sakura se aprovechó de la gravedad y la presión del aire alrededor de él y su caída para enmascarar la dirección del senbon y este perforó cuidadosamente el lugar que ella quería alcanzar de su columna vertebral. Cuando se clavó, su movimiento se rompió y terminó por caer exangüe en el primer piso.
-¿Qué me hiciste?- El hombre gritó debajo de ello.
-Inhabilitar tus otros sentidos.- Le informó conforme Sasuke saltó hacia él. Ella sabía que no sería capaz de ponerse de pie. -Algo de tu sensibilidad y movimiento. De otro modo, habrías sido muy difícil de vencer y no tenemos mucho tiempo.-
Sasuke lo puso a dormir eficientemente antes de que pudiera responder y se impulsó hacia arriba a través de la abertura antes de empezar a correr. Sólo restaba un piso y estaba a punto de preguntar que estaba sucediendo cuando notó que todo estaba en calma. Los sonidos de la batalla escaleras arriba habían desaparecido.
-Vencieron al clon.-
¿Ellos? -¿Cuántos?-
-Dos.- Respondió él y le señaló que estuviera atenta al llegar al piso superior. El silencio era desconcertante, anormal. Se dio cuenta de que los esperaban un segundo más tarde que Sasuke, a quien escuchó maldecir al sentir el fuerte agarre en su cintura. Hubo una explosión y ella fue halada hacia arriba y terminó trastabillando sobre el techo al ser liberada, habiendo perdido sus sandalias y estando sólo en calcetines tabi, lo que hacía la superficie más inestable. Al mirar abajo vio con angustia que Sasuke los había sacado del rango del ataque explosivo y que este había hecho un agujero en un lado del edificio e iniciado un incendio en el pasto, las llamas antinaturalmente altas.
Ambos ninjas emergieron del mismo agujero y corrieron directamente hacia ellos. El de cabello oscuro que cargó de inmediato hacia Sasuke y la ignoró a ella lo reconoció como el guardia personal de Fujimaru. En el otro, a quien interceptó con el sonar de su kunai antes de que pudiera acercarse a Sasuke también, el reconocimiento fue mutuo. Vio el momento exacto cuando la chispa de conocimiento fluyó en sus ojos, y Sakura estuvo casi segura de que sus recuerdos sobre el día en el que lo había engañado y enterrado en el suelo durante el ataque en el camino habían sido confusos hasta que se encontró cara a cara con ella de nuevo.
Esta vez fue veloz en reaccionar y antes de que pudiera poner una distancia segura de las chispas que emergían de sus brazos la corriente la sacudió violentamente, la mitad de su grito estrangulado por la sensación achicharrante a través de su cuerpo, y casi inmediatamente después de lo que pareció una agonía eterna sintió el cortocircuito llegar a un abrupto final y un duro golpe que la envió volando y después, cayendo.
Estaba consciente del suelo en llamas debajo-como lo estaba de que el movimiento de sus extremidades no era coordinado y de que incluso si pudiese ser capaz de moverse no podía balancearse con el exceso de tela empujándola hacia abajo, haciéndola dar vueltas incontrolables en su caída, pero mucho más lo estaba del errático, doloroso latido de su corazón en fibrilación reventando en su pecho, las chispas que aún era todo lo que podía ver, y de que no podía hacer nada. Entonces hubo otro peso que se añadió al suyo-que los hizo a ambos acelerar hacia el suelo, pero en un efímero momento el peso la acunó cerca y su abrazo fue un consuelo que se llevó algo de la pesadez.
Perdió el poco aire que le quedaba en los pulmones cuando golpearon el suelo, aunque en la bruma de su dolor y confusión se dio cuenta de que no pudieron haber caído en las llamas justo al sentir que se desplazaba, un ascenso, como si el suelo se hubiese elevado para recibirlos. Luchó para captar algo más allá del dolor y la inhabilidad para respirar y creyó sentir una superficie resbalosa y con alguna clase de patrón a través de sus medias.
Se arrodilló, perdida en el dolor y la falta de oxígeno y se golpeó a si misma en el pecho con demasiada fuerza como reflejo. Jadeó al sentir el momento vacío en el que su corazón debió haberse detenido antes de volver a ponerse en marcha en un ritmo no tan errático como el anterior. Direccionó el chakra curativo hacia su pecho para sanar lo que la corriente eléctrica pudo haber dañado allí sólo durante algunos momentos antes de dirigirlo hacia sus ojos, sus sentidos más allá de ella. Cuando las chispas en sus ojos murieron en la oscuridad, empezó a percibir otras cosas que la rodeaban, como los sonidos remotos de la batalla, uno más fuerte que provenía justo a su lado, y el agarre inamovible sobre su mano. Al retirar la palma de sus ojos Sakura logró hacer algo de sentido de ello.
-¡Sakura!- Gritó Sasuke sacudiéndola, de pie junto a ella su mano era probablemente la única razón por la que se sostenía erguida. Él sonaba distante, a pesar de que podía ver los músculos de su laringe tensarse. Ella llevó su mano-temblando, el movimiento errático y descoordinado-hacia uno de sus oídos y comprobó el rastro de sangre fluyendo desde uno de ellos.
Aquel hombre realmente se las había cobrado, pensó cuando el momento anterior tuvo algo de sentido. El ninja había producido alguna clase de voltaje, un jutsu de rayo que no se exteriorizaba, de corto alcance y perfecto para freír a tu oponente en el interior si entras en contacto directo con él.
Hubo un repentino movimiento brusco que la habría volcado si no fuese por la mano de Sasuke, y se dio cuenta de que ambos estaban sobre la cabeza de Aoda y que este había atrapado la invocación de la zarigüeya entre sus fauces, sacudiéndola violentamente antes de escupirlo en el suelo. En medio de su aturdimiento vio la masiva dimensión que ocupaba la forma completa de Aoda y como todos sus movimientos y la cercanía que tenía con la casa pronto la volverían un montón de escombros y todo el cuidado que había tenido hasta ahora se perdería. Al menos parte del incendio había acabado, Sasuke debió haber invocado a la serpiente al caer y su gran cuerpo debió haber extinguido las llamas-y también tirado casi toda una ala completa de la mansión.
Sólo después de unos pocos segundos más se alarmó por el agarre en su mano. -Sasuke,- llamó, pero él no la miró. Había estado sosteniéndola todo el tiempo ¿Dónde estaban sus enemigos y cómo los había evitado? Realizó que los movimientos de Aoda realmente debían estar rastreando la amenaza. Entonces hubo un grito horrible en algún lugar y alcanzó a ver al shinobi que la había atacado algunos metros lejos, llamas negras trepando sobre él lentamente.
-¡Sasuke! ¡No!- Le gritó, reconociendo la técnica y el peligro potencial. Si no controlaba el fuego lo quemaría todo a su paso. Sasuke había estado concentrado en buscar al otro shinobi, pero la atendió apenas ella señaló al fuego negro del Amateratsu derramándose desde el hombre hacia el suelo y extendiéndose hacia la casa. Un enfoque del Mangekyō fue suficiente para hacerlo desaparecer, incluyendo las que habían estado hiriendo a su enemigo que quedó tirado inmóvil en el suelo.
Justo después, Aoda viró dramáticamente, levantándose sobre el enroscamiento de su cola, silbando hacia la ola que se acercaba más allá de las puertas. Desde allí creía que podrían ser cuarenta o cincuenta de ellos, y creyó poder ver a Ichiro liderándolas. Sintió como la postura de Aoda reflejaba la de Sasuke, listo para defender la casa, pero Sakura se asustó. No estaba en una buena condición y si había una pelea Sasuke estaría solo contra ellos. Predijo el momento en el que el reptil se disponía a saltar y le gritó antes de que lo hiciera.
-¡NO!- Había la posibilidad... En esa situación tenía que existir. -¡No los ataques!- ¿Dónde está el otro? ¿Dónde...? Sakura buscó frenéticamente por la amenaza inmediata, el guardia de Fujimaru, agradecida de que de hecho Aoda la hubiese escuchado, cuando notó que no sólo había gente aproximándose desde el sur, si no también del norte. Sintió la alarma vertirse sobre ella como agua fría cuando diferenció dos caballos, uno con una figura alta y delgada con reconocible cabello pálido.
Se escuchó a si misma gritar de nuevo-distantemente, ya que esta vez el guardia de Fujimaru apareció a la vista y Sakura dejó ir a Sasuke, sintiéndose más firme, para mitad deslizarse mitad dar tumbos bajando por el cuerpo de Aoda hasta el suelo cerrando la distancia entre ella y Ren. ¿En qué estaba pensando? Todo el plan había sido diseñado para que él estuviese a salvo. Su supervivencia era el punto de todo el suplicio, así que agradeció que sus piernas temblorosas la sostuvieran lo suficiente para correr. Sasuke debía detener al último sujeto de Fujimaru mientras ella se aseguraba que Ren volviera a salir de allí.
Estaba cerca de alcanzarlo cuando notó al shinobi que había sido quemado por el Amateratsu. Las llamas no habían subido mucho más allá de sus piernas pero conociendo la cualidad de ese fuego en ese momento debía estar en un dolor horrendo, pero aún así su rencor hacia ella sólo parecía haber incrementado. Cuando Sakura estuvo en su rango-la misma dirección en la que Ren y Susumu se acercaban- estaba sentado formando sellos con sus manos.
-¡Da la vuelta, Ren, corre!- Le gritó cuando la tierra a su alrededor se levantó en una forma compacta haciendo rocas de tierra del tamaño de pequeños meteoros y fueron arrojadas en su dirección.
Hizo acopio del chakra en sus extremidades, rezando para que aún tuviera algo de control para erradicar el ataque ya que si la alcanzaba o pasaba de ella Ren podría quedar en la línea de fuego; levantó el puño para recibir el primer impacto masivo y la gran bola se hizo añicos en grandes piezas que saltaron a su alrededor. Su oído dañado aún captaba el sonido de los caballos.
¡Demasiado cerca! -¡Vete de aquí!- Demandó a Ren esta vez, cuando el segundo y tercer impacto se destruyeron contra su puño.
Sakura se dio cuenta de que el movimiento de sus brazos aún era débil y que la canalización de chakra no estaba yendo como siempre cuando el cuarto impacto ya se dirigía hacia ellos. Extendió el brazo con un grito, el choque la envió volando hacia atrás y escuchó un chasquido demasiado fuerte proviniendo de muy cerca. Sólo registró el daño del control vacilante, la dirección incorrecta de su puño, la falta de una corriente de chakra estable a través de su brazo cuando vio el hueso astillado y roto y su antebrazo doblado en la dirección incorrecta, la herida abierta y sangrante.
0,1 segundos después el dolor estalló blanco y caliente, su cerebro lo rechazó y ya no estuvo más allí.
Su espalda se arqueó, rebelándose al dolor punzante proviniendo de su extremidad y en el momento en el que volvió a tocar la superficie del futon de nuevo sintió una poderosa corriente que no necesariamente aliviaba su dolor, pero la hizo retomar algo de control y tranquilidad. Sabía en el fondo de su mente que estaba siendo sanada y le gustó la calidez ajena que invadía y fluía a través de su cuerpo. Era un chakra agradable, pero fuerte y pesado, el opuesto a como había escuchado al suyo ser descrito.
Intentó abrir los ojos, no viendo de verdad lo que estaba frente a ella, pero sintiendo y preocupándose de todas formas.
-Sasuke,- susurró antes de desconectarse de nuevo.
La próxima vez cuando retomó la consciencia su dolor no se concentraba en su brazo-el cual revisó estaba atado a su pecho en un cabestrillo de vendas-sino esparcido por toda su cuerpo. Se sentía similar a sus peores primeros días, cuando Tsunade la molía a golpes en sus entrenamientos y aún no había aprendido a tratarse apropiadamente después, lo cual también era parte de las lecciones.
-Por fin despertaste,- Shiori entró en su campo de visión y con ella también lo hicieron todos los acontecimientos de la ceremonia del té. La preocupación arrugó su frente, ¡Había dejado solo a Sasuke con la amenaza de Ichiro colgándole sobre el cuello! Realmente perdió la consciencia y lo abandonó... La doncella detuvo su reproche mental tocando gentilmente su frente y llevándose las arrugas. -Por favor no te exaltes. Sasuke-san dijo algo acerca de un gran shock y que tú sabrías exactamente porque no deberías hacer un alboroto, usando esas mismas palabras.-
-Sasuke,- dijo ella, su voz áspera, probablemente por todo lo que había gritado antes. -¿Ichiro...? ¿Por qué Ren...?- Ni siquiera sabía cual asunto era el más importante, así que escogió el más simple. -¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Cuándo regresaste?-
-Dormiste el resto de la noche después de la pelea y todo el día después. Es el atardecer del día después del ataque. Yo regresé sólo unas horas después... Cabalgamos hasta la propiedad de Akemi-san y ella avisó acerca de la situación en la mansión. La voz se corrió hasta los asentamientos cercanos, los hombres se reunieron y fueron a ayudar a Ren-sama y yo vine con ellos. Casi me desmayo al ver esa serpiente gigante por si sola, cuando noté que tú estabas inmóvil enrollada en su cola...- Su voz se apagó, el miedo aún en su voz. -Luego me di cuenta de que obedecía Sasuke-san y desapareció después de entregarte a él. Él hizo que dejaras de sangrar, tal como tú hiciste con Akemi-san.
»Fue una buena sincronización, desde que llegamos casi al mismo tiempo que los hombres de Shimogakure lo hicieron. Sentí un gran alivio cuando se aclaró que Ichiro-san había venido a ayudar a Ren-sama, lo que fue una sorpresa para todos, pero él era su hermano después de todo, ¿No es así? No todos ellos podían ser malos... Luego todos se encargaron de encerrar al hermano mayor.-
Sakura sintió que respiraba a sus anchas por primera vez en un largo tiempo. Incluso si Sasuke le había escrito a Ichiro informándole del próximo evento y la posibilidad de los planes de Fujimaru, como seguramente el mismo hermano lo había hecho para pedir su apoyo, ninguno creía realmente que Ichiro podría darle la espalda a Fujimaru. El resultado más positivo que habían imaginado era que Ichiro se mantuviera al margen y no respondiera a ninguno de los llamados, lo cual los hubiera dejado lidiar con el intento de Fujimaru ellos solos.
Ella había sido más de la creencia de que Ichiro de hecho vendría, pero para ayudar a Fujimaru a recuperar el control del país. Fue una sorpresa agradable y un gran alivio que Sasuke no tuviera que enfrentarse a todos esos ninjas de Shimogakure por si solo, no con toda esa gente que había venido con la intención de ayudar y seguramente habrían terminado siendo más gente por la que Sasuke hubiera tenido que preocuparse.
-Sasuke...- Incluso si ahora sabía que todo había ido bien no podía evitar sentirse culpable. -¿Está bien? ¿Por qué no está aquí?- ¿Estaba molesto porque lo había dejado en ese momento crucial? ¿Había sido herido? -¿Qué sucedió con el resto de los ninjas de Fujimaru? Cuando quedé inconsciente aún había dos.-
-Cuando llegamos no había nadie más allí que los ninjas que venían con Ichiro-san. Susumu-san dijo que Sasuke-san se había encargado de ellos. Sasuke san estaba... bien. No estaba herido. No está aquí porque pasó toda la noche y parte del día arreglando tu brazo.- Señaló sus vendajes. -Me dejó aquí y cuando le pregunté si se sentía bien dijo algo de estar mermado y me dijo que te dijera lo que ya te dije cuando empezaras a alterarte.-
-¿Por qué dices que está bien de esa manera?- Su entrecejo se frunció.
-Cuando terminó contigo le pregunté si estaba bien porque él estaba, bueno, mermado... Pero debió haberse sentido bastante débil si no partió de inmediato. Después de que se aclaró que los ninjas de Ichiro no iban a atacar él tuvo una fuerte discusión con Ren-sama... Dijo que no se suponía que debía regresar, y que no sólo se puso a si mismo en riesgo y echó todos su planes a la basura, sino que había hecho que te hirieran.- Pausó Shiori, lo suficiente como para que ella se imaginara la ira helada de Sasuke.
»Ren-sama dijo que era su deber estar allí para defender su lugar y que no los habría dejado solos cuando su intervención podía haber funcionado con Ichiro en caso de que las cosas hubiesen resultado de otra manera. Pero de verdad estaba muy arrepentido y perturbado porque estuvieses herida. Hizo todo lo que estaba a su alcance para asegurarse de que te quedes hasta recuperarte.-
-Oof.- Sakura dejó escapar su aliento, sintiéndose algo apenada por Ren, su previa molestia hacia él aligerándose. Al final había intentado hacer lo correcto, incluso aunque eso podía haberlo matado. Al menos agradecía haber evitado que esas rocas lo mataran, así que contaba su trabajo como hecho. Aún así, el trabajo hecho abría una grieta en otro asunto. Que Sasuke estuviese listo para irse una vez estuviera lo suficientemente recuperado y la duda de si estaba o no dispuesto a abandonarla allí. Ahora que la misión había concluido y ya no había una amenaza inmediata, la proposición de Ren se cernía sobre ella.
Hizo una mueca y Shiori creyó que experimentaba una clase diferente de dolor. -¿Necesitas algo?-
Sacudió la cabeza, pero traer a colación el dolor trajo de vuelta el que sentía en su entumecimiento, dirigiendo su ninjutsu médico hacia su pecho. Shiori la miró intentando no parecer tan sobrecogida y ella recordó todo lo que le debía hasta ahora.
-No creas que no estoy molesta porque hayas regresado aquí cuando debiste haberte quedado a salvo... Pero no te dije específicamente que te mantuvieras lejos, así que supongo que estás perdonada. Gracias por confiar en mí.-
-No te preocupes. Sabía que sabías lo que estabas haciendo.- Shiori comentó casualmente.
-¿Qué?- Le preguntó, extrañada. -¿Cómo?-
-A Susumu-san no le importó que yo sólo hubiese sido una sirvienta normal. Las damas tienden a escoger ellas mismas sus doncellas. Y aunque estoy segura de que hiciste una buena imitación, nunca cambiaste tus manos.-
-Oh.- Sakura miró a su mano brillante y forzó una risa que dolió. La superficie era lisa, pero endurecida y con cicatrices en los nudillos. -Te habrías dado cuenta de todas formas. Nunca necesité una sirvienta antes, todo lo que quería era ser tu amiga.-
La chica sonrió, lo que iluminó su rostro y desde allí la puso al corriente. Le contó acerca de las cosas que había querido decirle antes, explicó las maniobras extrañas, la historia real. Le habló de Konoha, de quien realmente era Ino, lo que había hecho antes de esa misión sobre todo de Sasuke y lo que la proposición de Ren realmente representaba al ser quien era ella; todo el tiempo mientras por primera vez la dejó hacer todas las cosas que era difícil hacer sola con un solo brazo, como ayudarla a tomar un baño, vestirla y peinarla. Shiori lo hizo como una amiga esa vez, y fue un consejo de amiga el que le dio al llevarla sobre el futon de nuevo.
-Lo que sea que decidas, tu suerte sigue siendo sólo tuya, recuerda eso Sakura.-
Cuando abrió los ojos después de cerrarlos su malestar general estaba sojuzgado y su corazón saltó al mirar quien estaba junto a ella. Se preguntó si había despertado al azar o lo había hecho la sola presencia de Sasuke. Incluso si Shiori ya se lo había dicho, estuvo muy contenta de verlo ileso.
-¡Sasuke-kun!- La alegría y sorpresa trajeron de vuelta al sufijo, y se incorporó cuidadosamente. Viendo sus rasgos serenos sintió el mismo remordimiento que antes. -Lo lamento tanto, fue el peor momento para perder la consciencia.-
Él no dijo nada al respecto si no que solamente señaló, -tu brazo sangraba demasiado. Si no hubiese sido lo suficientemente rápido podrías haber muerto.- Acusó Sasuke, y ella entendió que él no necesitaba una disculpa tanto como una explicación.
Colocó la mano sobre su corazón. -Creo que fue un efecto del choque eléctrico de antes. Mi sistema nervioso estaba agitado, mi corazón lo estaba. Usualmente soy buena para manejar el dolor, pero supongo que estaba debilitada en ese momento. No es ideal... Pero es un riesgo de no liberar el sello de inmediato. Usualmente se detona solo con traumatismos severos, pero todo mi sistema estaba afectado... Realmente no puedo explicarlo, pero lo siento.- Insistió, pensando en cuan difícil debió haber sido tenerla en esa situación vulnerable mientras los posibles enemigos se acercaban.
» ¿Terminaste convenciendo a Ichiro, no es así?- Cambió el asunto, buscando estar fuera de su desaprobación, pero Sasuke liberó su aliento y negó con la cabeza.
-Creo que él ya había tomado una decisión. Fujimaru había estado contratando clandestinamente shinobis de Shimogakure para que atacaran a Ren, Ichiro realmente no estaba involucrado ni tenía conocimiento de lo que su hermano hacía a sus espaldas. Lo sospechaba, pero nuestra carta siguiendo después de la de Fujimaru pidiendo su ayuda para apoderarse del hogar fue confirmación suficiente. Sólo era asunto de hacer tomar la decisión correcta o incorrecta. Su verdadera lucha fue lidiar con el sentimiento de estar traicionando a su hermano sin importar lo que hiciera.-
-¿Crees que él y Ren puedan construir una relación?-
Sasuke apartó la mirada y respondió un segundo después. -Siempre serán hermanos.-
Sakura notó que antes de su abstracción hubo cierta tensión en él cuando el nombre de Ren fue traído a colación y recordó que ambos habían discutido.
La hizo sentir ansiosa, así que preguntó, dudosa. -Tú... Te irás pronto, ¿No es así?- Él la miró y ella se explicó. -Shiori me habló de ello.- Sasuke asintió, y cuando no dijo nada más y sólo se levantó, ella sintió su tristeza tan pesada que se le hizo imposible mantenerse erguida y se recostó de nuevo sobre la almohada. Tenía un hogar al que regresar y un lugar en el que le ofrecían quedarse, pero sentirse sin Sasuke era igual a sentir que no tenía ningún lugar a donde ir. -¿Cómo lo supiste?- Le preguntó, mirando hacia el techo. -Viajaste y deambulaste por años y siempre tuviste un propósito, siempre supiste lo que querías, lo que necesitabas. Pero nunca nos necesitaste a nosotros. Nunca necesitaste un lugar.- Y ella si lo hacía.
Hubo algunos momentos infinitos hasta que él explicó. -La razón por la que pude continuar haciéndolo sin molestarme fue porque sin importar cuán lejos me llevaran mis propósitos tenía un lugar al que regresar. Un punto de partida, nunca tuve que preocuparme por volver.- Dijo él, y ella sintió lágrimas de frustración escocerle en las esquinas de los ojos. ¿Ahora iba a insistir en que ella tenía a Konoha para volver? Pero sorprendentemente, la frase terminó de forma diferente. -Tú y Naruto.-
Su cabeza dio un latigazo para mirarlo, las lágrimas derramándose, pero él no las vio así como ella no vio su expresión, el rostro de Sasuke inclinado hacia un lado, de espaldas a ella.
-Mientras no consideres a Konoha, Sakura,- terminó diciendo Sasuke. -Tu lugar está conmigo.-
Sus pasos sonaron lentos hasta que cerró la puerta tras él, pero su ausencia no dejó un vacío como era usual. Toda la habitación rebosaba de lo que fuera que su corazón galopante había bombeado fuera de su pecho, las lágrimas dulces ahora. Resultaba un momento decisivo darse cuenta de que después de toda la lucha y el sufrimiento, desde el momento en el que se había inmiscuido y vivido dentro de él, era la primera vez que sentía que no estaba sola allí.
«Tu lugar está conmigo» se sintió exactamente como si Sasuke finalmente la hubiese recibido allí y extendido su mano para sostenerla en la oscuridad.
El único recordatorio de las heridas de Sakura era el vendaje en su brazo, desde que a pesar de haber trabajado en acoplar los huesos durante horas seguidas hasta que apenas pudo ponerse de pie sólo alcanzó a sellar limpiamente cierto porcentaje del tejido. Sakura había revisado y elogiado su trabajo incluso aunque Sasuke sabía que ella podría haberlo sanado completamente en la mitad del tiempo sin haber gastado todo su chakra. Ella insistió en dejar que sanara naturalmente a partir de allí, manifestando que con el porcentaje que había alcanzado a cubrir no tomaría más que unos pocos días para que terminara de sanar.
Sakura estaba más preocupada por los huesos de Fujimaru, los cuales él podría haber dejado pudrir por todo lo que le importaba, pero no incluso su desagrado la apartaba de su deber como sanadora. No obstante, lo que ella si podía apartar era su deber como ninja médico. Pudo haber curado las fracturas rápida y escrutinosamente, pero optó por el zurcido tradicional de huesos, redireccionandolos a mano hasta que tuvieron la posición adecuada y vendándolos para dejarlos sanar por si mismos.
Fujimaru fue retenido en custodia el hogar de Takahiro mientras se arreglaban los detalles de su juicio, el cual se agravaba de intento de asesinato al Señor Feudal y destrucción de su propiedad con el secuestro de los invitados al té influénciales de Ren. El mayor no había sido muy cooperativo, pero Sasuke sabía que el costo debía resultar tan pesado en él como en Ichiro. Todos tenían un largo camino que recorrer que labraron sus últimas decisiones, y parecía lo mismo para Ren, quien había estado por fuera toda su vida.
Lo había estado ahora, en el jardín. Sabía que no lo esperaba pero lo recibió de todas formas, y ni siquiera sus pensamientos previos lograron que sintiera simpatía hacia él. Recordó claramente el momento en el que había localizado a Sakura sangrando en los brazos del Daimyō y sintió la sangre hervirle de nuevo, incluso peor ahora que podía analizarlo fuera del pánico que le había causado tener a Sakura herida sin ser capaz de ayudarse a si misma. Sabía que aún proyectaba hostilidad y la frente de Takahiro se arrugó. Estaba bien para Sasuke. Lo culpaba, así que estaba bien con que él se culpara a si mismo también.
-¿Te puedo ayudar en algo, Sasuke-san?- Recibió Ren.
Sólo extendió la mano hacia él y Takahiro miró el objeto sin expresión. -Nos vamos.- Manifestó finalmente.
No estaba seguro de cuando había venido su determinación, pero estuvo hecho en el momento en el que se lo dijo a Sakura. Se convirtió en el único curso correcto a seguir.
-Le di eso a ella.- Señaló el adorno.
-Y yo te lo estoy devolviendo.- Le respondió sin inmutarse, el rostro impávido.
Los ojos dorados de Takahiro lo confrontaron y él comprendió que nunca le agradaría ese hombre. Se sentía demasiado como un enemigo. Era la razón por la cual se movía a su alrededor de forma diferente a cualquier otro antes; de todos los hombres que de alguna forma habían sido parte de la vida de Sakura, hasta ahora Ren era el único cercano a una amenaza. El Daimyō terminó rindiéndose, mirando fuera hacia la parte del jardín que no había sido tocada por la destrucción.
-Quiero que ella se quede, más de lo que he querido cualquier otra cosa en un largo tiempo.- Ren admitió con naturalidad. -A pesar de todo lo que has visto o escuchado, Sasuke-san, la vida nunca me ha negado nada.-
Entendía de lo que hablaba. Incluso si había tenido pasivos, había sido recompensado, desde el amor de familia que encontró en su gente al concepto de belleza que no podía captar. Tenía todo lo que posiblemente podría querer, y aún así quería a Sakura. Lo peor de todo el asunto era que a pesar de la antipatía que le causaba, Sasuke sabía que podría ser bueno para ella. Todo con lo que la vida había recompensado a Ren por sus pérdidas sería también de Sakura, y ella se convertiría en el escudo perfecto de ese solo hombre y estaría bastante protegida ella misma. Lo peor se encontraba en el fondo de su mente, porque él no sentía nada más que una sensación de tranquilidad en apartar a Sakura de él. No sentía nada en absoluto por Ren.
-Podría insistir hasta conseguirla.- Advirtió Takahiro, y él sintió sus ojos afilarse. El Daimyō siguió sin mirarlo. -Quiero hacerlo.- Con eso, si volteó hacia él. -Nada volvería a romperla de nuevo.- Eso habría significado algo para él, la posibilidad de que ella no saliera herida nunca más, si Sasuke no hubiese escuchado el vacío en la voz de Sakura al creer que la separación era inminente. Ren no la conocía. No sabía que apartarse de Konoha, de Naruto, de él la dejaría rota y sin arreglo.
-Podría intentar,- insistió Takahiro, viendo en su rostro la condescendencia. -A menos que...- Dejó las palabras colgando en el aire y extendió la palma hacia él.
Como cualquier oponente, su mente se rehusaba a subestimarlo. Tampoco a no aceptar un reto.
No le importaba los privilegios que la vida le hubiese concedido. Sakura no sería uno a sus expensas.
-La vida me lo ha negado todo.- Sasuke repitió sus palabras. Excepto a ella. Había caído y se había levantado de nuevo sin nada más que ellos junto a él.
Como si hubiese podido leer la completación de la frase en su mente, Ren recuperó la pieza del cabello de su mano extendida. -Creo que la vida ha sido lo suficientemente justa contigo.-
La palabra justa lo hizo revivir todas sus circunstancias, de las que había sido inocente y también de las cuales él era el único culpable. Sin importar cuanto pensara en el dolor, la ira y la sangre, cuando pensaba en el simple hecho de que de alguna forma Sakura aún permaneciera allí, realmente no podía no coincidir.
La visita de Akemi había sido inesperada pero algo de su presencia aún permanecía en la habitación.
-Lo protegiste.- Dijo ella al principio, y luego, los rasgos encantadores y apasionados que había visto durante la invasión se convirtieron en piedra. -¿Te quedarás?- Preguntó y Sakura entendió demasiado bien su postura, reconociendo que se familiarizaba con Akemi más de lo que lo había hecho con nadie en algún tiempo. La chica estaba preparándose para su respuesta y ella se sintió obligada a decirle con cada gota de la alegría y seguridad que había experimentado entonces,
-Mi lugar está con Sasuke.- Akemi había asentido, comprensiva y algo de ese mismo sentido de obligación la invadió para explicar que las citas diarias con Sasuke habían ocurrido porque intentó demorar el tiempo que pasaba con Sasuke dándole largas a la información que tenía para él, asegurándose que ambos estuvieran expuestos, que fueran vistos. Todo el tiempo sus intenciones habían sido que Ren los notara juntos, inspirarle algo.
Hubo un silencio cómodo después, lleno con la calma y el alivio de ambas. Akemi se fue poco después de preguntarle acerca de cómo se había desarrollado todo en el país del Fuego y hablar un poco del incidente. Antes de que llegara a irse, Sakura sintió un último arranque.
-Él está tan ciego si no puede verte.- La chica le dio una sonrisa tan deslumbrante en respuesta que se aseguraría de revisar los ojos de Ren antes de irse.
Hubiese estado satisfecha de sólo mantener eso como su último recuerdo bonito de ella, pero incluso aunque Ren había continuado enviándole flores todo el tiempo, de alguna forma supo que por la gracia y complejidad en el arreglo de unas particulares rosas amarillas, flores «amistosas» supo que ese provenía de Akemi incluso antes de que Shiori se lo dijera.
Afinando los detalles de su partida se aseguró de que a Shiori le pagaran bien por sus servicios y también de que si la chica quería quedarse siempre hubiese un lugar para ella en la casa. Susumu se lo garantizó, pero estuvo especialmente feliz cuando Shiori le dijo que Akemi le había ofrecido que se quedara como una segunda compañía a Umeko. Hubo intercambios, algunas lágrimas y muchos recuerdos para guardar. Incluso tuvo la intención de regalarle el kansanshi que Ren le había dado, pero no pudo encontrarlo en ningún lugar, así que terminó dejándola conservar el kunai que le había dado la noche de la ceremonia del té fallida como obsequio para recordarla.
Sin embargo, si había esperado la visita de Ren. No había hablado realmente desde el incidente y ella sentía que su discusión con Sasuke tenía todo que ver con ello. Había estado relativamente en calma acerca de comunicarle su elección sobre no quedarse en Shimo no Kuni, pero no pudo evitar ponerse algo nerviosa cuando lo vio entrar en la habitación en toda su hermosa gloria cargando un paquete cubierto en las manos. Depositó el bulto sobre una mesa para poder acercarse.
-Me alegra que estés bien.- Dijo antes que nada, ella sintió una sensación de culpa familiar como la que había experimentado con Sasuke. Sobre todo sabiendo los detalles que la sirvienta le había proveído de Ren sosteniéndola mientras sangraba-a pesar de que Sakura le había gritado que se largara-y permanecido cubierto en su sangre hasta que fue convencido de irse a limpiar. No era sólo el haber tenido una hemorragia sobre él, recordaba la admiración que el Daimyō le había mostrado a su fuerza y resistencia, la fe perdida que había recobrado por ellas y cuan horrible debía haberle resultado verla exangüe sobre una piscina de su propia sangre. Casi estaba un poco avergonzada.
-Lamento haber ayudado a destruir tu casa.- Se disculpó por la única cosa que encontró válida, en su nombre, el de Sasuke y Aoda.
Él lo desestimó con una mano. -Siempre hay nueva vida después de la destrucción, lo dijiste tú. Tú, por otro lado,- señaló, mirando su brazo vendado con una expresión singular. -Me asombras. Estás aquí luciendo completa.- Ren extendió la mano hasta su mejilla y ella se lo permitió, conmovida por su genuina preocupación, acariciando su mejilla y tocando un mechón rosa. Sus ojos se volvieron turbios. -Cuando estabas allí, luciendo rota.-
-Lo siento.- Se disculpó de nuevo, esta vez reconociendo que iba más allá del susto que debió haberle dado. Ren había perdido alguien que amaba que, en ese tiempo, debía haber pensado que también era indestructible. -Usualmente no sucede, fui atacada antes y aún no me había recuperado.-
El Daimyō sacudió la cabeza. -No te disculpes. Sasuke-san explicó lo que pasó.- Lo dijo con cierta dureza que combinó con los ojos que miraban el cabestrillo. Sabía que su conflicto había sido serio por las reacciones de ambos cuando se relacionaba al otro, pero no podía evitar mirar a su brazo acunado con algo cercano al amor. Había sido el enmiendo de Sasuke, después de todo. Aunque lamentaba que Ren tuviese que cargar con la culpa de que saliera herida.
-Realmente no fue tan malo.- Le aseguró.
Él hizo una mueca. -Estaba bañado en tu sangre.-
Ella intentó lucir despreocupada. -He estado peor.-
Ren sacudió la cabeza de nuevo, pero sabía que le creía. Cuando lo hizo, captó fugazmente la única vasija en la habitación que tenía flores que no le había enviado él mismo. La cuestionó con sus ojos y eso la hizo recordar.
-Cuando era más joven, la gente que estaba a mi alrededor sólo podía ver mi debilidad.- Se recordó a si misma entonces al mirar las flores, recordando a Ino, recordando su propia determinación. -La única fuerza que tenía entonces era la que Akemi tiene. Ella se arrojó en la habitación del té hacia el guardia que pretendía lastimarte. Terminó lastimada, pero siguió luchando para defenderte. Sabía que no tenía una oportunidad real y aún así lo hizo. Hace mucho yo era esa chica... Aún lo soy.
»Me volví más fuerte desde entonces, pero la fuerza que tuve entonces sigue siendo mi principal incluso ahora. Valor.- Lo miró a los ojos. -Moriré algún día, como me viste esa noche o de alguna otra forma, justo como lo hará Akemi, como tu madre también lo hizo. Pero lo que me hará resiliente hasta entonces será mi coraje para seguir adelante y proteger a quienes amo. La verdadera fuerza de tu madre no está mesurada por su esperanza de vida, lo está por el hecho de que dejó atrás su hogar para amar a tu padre, para amarte a ti.-
Ren la miró intensamente por algunos momentos antes de doblarse para desenvolver el paquete que había traído consigo. Reveló una suntuosa tela color rojo profundo con enredaderas bordadas más claras que sólo podía asumir que era un kimono. Uno bastante costoso, no demasiado distinto al que había usado para la ceremonia del té, pero con algo más atractivo respecto al color y la tela. Era demasiado, incluso si le hubiese dicho que de hecho se quedaría.
-No puedo.- Le avisó ella de inmediato, él no escuchó.
-Iba a darte el de la ceremonia, pero ese se arruinó.- Arruinó era la palabra para describir que Sasuke lo había cortado a la mitad para deshacerse de él. -Así que quiero que tengas este.-
-Realmente no puedo aceptarlo,- fue lo suficientemente terrible tener que decirlo dos veces. -Me voy a ir y esto es demasiado...-
-Vas a conservar este regalo.- Comandó Ren seriamente. -Es especial, bastante caro. Y aún así te quedarás con el, sin importar lo que nadie piense al respecto.- Estuvo momentáneamente confundida por eso último, pero luego él dijo reverencialmente, -le pertenecía a mi madre.
-Ren...- No sabía que más decir. Imaginó que rehusarse a eso estaría más allá de una grosería. La forma en la que Ren hablaba de su madre era suficiente para que ella supiera que no había nada por encima de su memoria para él.
-Tómalo como un pago extra si así lo quieres,- ofreció él. -El color te sienta. Yo estaría agradecido con sólo pensar que cuando lo uses una parte de ella estará viva contigo, en tu belleza y tu fuerza.-
Sakura hizo un último, lastimero intento. -Pero soy una kunoichi...- ¿Realmente cuándo iba a usar algo como eso?
Como Sasuke hacía a menudo, él le respondió a sus pensamientos. -No es lo único que eres.- Los ojos dorados la miraron significativamente. La hizo recordar todas las palabras perfectas que había usado para llamarla hermosa, para que de hecho le creyera.
Ella acarició la tela, derrotada y deslumbrada con la suavidad, la riqueza. Posiblemente era la prenda más hermosa que había visto, con detalles demasiado finos y en su color favorito porque de hecho favorecía su cabello.
Se imaginó a la madre de Ren usándolo, en toda la belleza dorada y crema que su hijo había heredado y se maravilló con su propia concepción. Se sintió tan halagada y conmovida porque le hubiese dado algo tan valioso para él que sintió sus ojos aclararse con lágrimas sin derramar.
-Desperdiciaste tanto tiempo con un concepto errado,- le dijo ella, mirándolo y apenas dándose cuenta. Recordando su crianza, la forma en la que manejaba las cosas y la valentía suicida que había mostrado a regresar a su hogar. -Sólo tenías que mirarte en el espejo para encontrar la belleza y la fuerza fusionadas.-
Los ojos de Ren se llenaron de una emoción tan fuerte que la traspasó desde el momento en el que se acercó, tanto y tan lento para que ella fuera capaz de responder, decir o hacer cualquier cosa, pero bien podía haber estado congelada en su lugar. No se movió un centímetro cuando Ren sostuvo su rostro, el corazón revoloteándole cuando los labios le rozaron la esquina de la boca y trazaron un patrón a través de su mejilla hasta llegar cerca de su oído.
-Tengo un último regalo para ti,- dijo él, y si ella pensaba que su corazón no podría latir más rápido, estaba en lo cierto.
»Sasuke Uchiha está enamorado de ti.-
Porque se detuvo.
¡!
My does, my dears, my darlings,
Esto estaba listo hace una semana, pero como saben lo escribo los borradores en inglés y no pude traducirlo hasta hoy debido a que estuve en finales esta semana y pasé un asombroso San Valentín con mis amigos (espero que ustedes lo hayan pasado igual o más de bien!) Disculpen las fallas de edición, porque realmente no está editado. Apenas y he tenido tiempo.
No me voy a extender mucho porque ya todo esto es muy largo, así que sólo cositas puntuales: Como siempre, gracias por todo el amor, siempre que necesitaba inspiración para ponerme escribir leía sus reviews. Fui fiel a mi palabra y revisé twitter hace como tres meses y recientemente y vi muchos hilos y tweets interesantes, sólo quiero decir que lamento la espera y que la niña que dijo que me iba a poner en sus agradecimientos de tesis me envíe foto si al final lo hace jaja.
Si cada capítulo pudiese tener un género este sería Drama/Romance. Quería hacer algo así, como dije, estilo película. Yo quería que aquí Sasuke se diese cuenta de que Sakura no sólo existe para él. También quería que Sakura experimentara el romance bonito, que tuviese un recuerdo que no estuviese relacionado con Sasuke, tal vez por ese pensamiento moderno que tiene una acerca de casarse con un único novio y esa sensación de haberse perdido de algo... La razón por la que hice que a Sakura la cortejara alguien y le dijera las cosas que quería escuchar era porque sabemos que se casa con Sasuke y lamentablemente él no fue, es ni será esa clase de hombre, y Sakura, al menos en esta historia, no lo tendrá de él. Como un dato importante, el kimono que Ren le dio a Sakura al final es un Uchikake, que se utiliza sin obi como capa sobre el traje nupcial... Así que si, él le dio a sabiendas parte de su ajuar, y efectivamente planeo que lo use.
Ahora si, el próximo capítulo... La razón por las que les mandé este plato tan pesado es porque el siguiente es uno que todos/as (incluyéndome) hemos estado esperando y no quería retrasarlo subiendo dos capítulos de este "arco". Sé que antes dije que no haría más relleno y esto es bastante relleno, pero considerando el capítulo que viene fue un relleno necesario. En el siguiente, volvemos a Sora-ku (alguien tiene que guardar el kimono) habrá algo de acción -la penúltima pelea que planeo escribir para Home- y lo que todas han estado esperando...Siempre he tenido dudas acerca de como ambientaría esa escena, pero creo que todo está claro en mi cabeza ahora, el resto del capítulo lo está. Creo que Kiba aparecerá allí en algún lugar (bueno, no allí allí, me refiero al capítulo)
Como hablé de una penúltima pelea, sé que muchas se alarmarán o preguntarán acerca de la duración del fic. Les informo que pasado este capítulo y a partir del siguiente todos van a suceder consecutivamente por acontecimientos importantes, por ejemplo, el capítulo número 30 tratará acerca de las circunstancias de la boda. A partir de este a Home le restan exactamente 9 capítulos, y un epílogo, que tendrá el PoV de Sarada. Hablando de preocupaciones, sólo para que las nuevas lo tengan en cuenta, no hay peligro de que abandone esta historia... Porque soy determinada, le he agarrado cariño al igual que a ustedes. Mis prolongadas ausencias a menudo se deben al factor Venezuela, a (por ejemplo de este) los extendidos procesos de concepción, y por supuesto, ahora que debemos tocarlo, mis deberes universitarios. Comencé de nuevo la U este año, pero me complace anunciar que he salido bien hasta ahora, las clases online y quedarme en casa hace que mi estudio sea eficiente, completo y me de tiempo para descansar, lo cual también me permite escribir a diario aunque sea un poco. No sé exactamente cuando les tendré listo el siguiente, pero no debería ser más de lo usual si seguimos así.
Como siempre, díganme que piensan (Hasta poco antes del final no sabía si haría a Akemi una villana o no, pero me gustó como terminó siendo. Siento que varía de los fics que antagonizan siempre a las mujeres por los chicos más de lo necesario. Tampoco sabía cuál sería la coloración de Ren. En un principio lo esbocé para ser pelirrojo y tener los ojos aguamarina.) Y también lo que esperan del siguiente. La historia está en mi cabeza pero sus mensajes mueven a mis dedos a escribirla.
Las/os quiero mucho a todas/os, sigan cuidándose por favor.
Nahare~
