La ciudad lucía diferente de la última vez que estuvo allí. Esta vez era de día, el cielo no estaba retumbando, él no estaba helado hasta los huesos y esta vez Sakura también estaba con él, a su lado y no sólo como un pensamiento que lo perseguía.
Las cosas habían estado calmadas después de la partida del país Frío. Sasuke aún no se había olvidado del rostro molestamente suficiente de Ren al despedirse y de la Sakura de cara roja sosteniendo un paquete contra su pecho como si pretendiera ambos ocultarlo y mantenerlo lo más cerca posible. Había evitado abordar el asunto refiriéndose a el y en su lugar intentaba evadirlo la mayor parte del tiempo, pero incluso aunque ella se ocupaba en mantenerlo fuera de su vista, de algún modo seguía molestándole que un rastro del hombre aún continuara siguiéndolos.
Incluso si irse de la mansión del Daimyō de hecho trajo cierto sentido de acierto y alivio, la sensación de la amenaza no se había desvanecido con la ausencia de Ren. Su guardia seguía inexplicablemente alzada y alerta; dudaba que tuviera algo que ver con el paquete de Sakura. Sabía que provenía directamente de ella.
Sakura también había estado desconcertantemente callada. Podía sentir también en ella esa percepción del conflicto, la postura cautelosa que su cuerpo le hacía adoptar inconscientemente al reaccionar ante la amenaza durante una batalla. Su propia tensión y reacciones eran imposibles de señalar y explicar para él. Había pensado que si bien todo no mejoraría, al menos sería un poco más llevadero que el caos que había estado experimentando las pasadas semanas, pero las cosas sólo habían ido en decadencia. La tensión nunca abandonaba su cuerpo y su mente ya nunca parecía descansar, era como esperar perpetuamente un ataque y que él pudiese ver esto reflejado en Sakura no ayudaba en nada.
Ninguno había dicho algo relevante durante los pocos días de viaje pero ahora casi todo el tiempo podía percibir esa cosa pesada que plagaba el aire cuando estaban alrededor del otro. Le molestaba-y lo hacía un poco inexplicablemente incómodo-el hecho de que se sintiera como el aire cargado antes de una mala tormenta; tanto que había comenzado a esperarla, y más aún a despreciar su inhabilidad de mantener la atmósfera controlada.
Estaba seguro de que ella lo sentía también y que esto debía ser lo que desencadenaba esa fricción entre ellos, que por esto Sakura reaccionaba como él lo hacía. El conflicto lo mantuvo irritado la mayor parte del tiempo, aunque también había otros pensamientos, en su mayoría acerca del cambio de la conducta de Sakura viniendo de su última misión... desde Takahiro. Cada cosa que pensaba se volvía más inaceptable que la anterior, de modo que cancelaba cada uno hasta terminar de concebirlos. No podía seguir así. La necesidad de aclarar el aire entre ellos fue lo que lo hizo enviar esa carta y dirigirse a Sora-ku.
El depósito había sido un destino recurrente últimamente, pero aunque él había estado allí muchas más veces desde que había traído a Sakura la primera vez, esta vez al llegar los gatos fueron directamente hacia ella, apenas tomándolo en cuenta y formando una pequeña multitud a sus pies. Sus hombros se encorvaron un poco en inconsciente descanso cuando la tensión de Sakura pareció resbalarse fuera de ella una vez estuvo rodeada por los felinos, Sasuke inmediatamente reflejándolo también, como imágenes espejo. Una parte de él aún reñía el estar tan voluntaria y profundamente ligado a ella como para compartir más que espacio, humor. La otra sólo estaba aliviada.
Lo que realmente no había cambiado desde la última vez fue la primera mirada que intercambió con Nekobaa. La anciana lo miró con una ceja un poco alzada y esta vez no le pareció tan molesto como la vez anterior, pero aún así cerró los ojos para sacarla fuera de su vista. Seguía teniendo la misma clase de sensación de condena fatal, inminente y cerniéndose sobre él que había tenido al llegar allí esa noche en la que huyó, y la mujer seguía viéndolo como si ella también pudiese verlo.
Los miró discretamente a ambos una vez antes de dirigirse a él. -Sasuke-chan, estás aquí antes de lo que pensé. ¿Se metieron en problemas otra vez?-
Él le envió una mirada firme, casi represiva. Sakura respondió en su lugar con una risita entre dientes mientras rascaba uno de los gatos que lamían. -¿No lo estamos siempre?-
La abuela respondió con una risa baja que sonó como un suspiro exasperado y luego se dirigió a él de nuevo. -Aún no estamos listas. Todavía queda mucho por sellar.-
-No esperaba que lo estuvieran.- Respondió él, y supo que la vieja gata había entendido sus intenciones de ayudar con el proceso.
Sakura no lo hizo sin embargo, así que se irguió para preguntar, pero la entrada de Tamaki la interrumpió.
-Sakura-san, ha pasado algo de tiempo,- dijo Tamaki, y luego a él, -Sasuke-kun,- con un gesto cortés. -Están aquí para ayudar con la mudanza, ¿No es así?-
-¿Mudanza?- Repitió Sakura. -¿Mudar qué a dónde?-
-¿Sasuke-chan no te lo dijo?- Nekobaa no pareció sorprendida. -Me envió una carta hace unos días diciendo que había encontrado un lugar más conveniente para el depósito de armas, y además solicitó que siguiera siendo su cuidadora.- Explicó con expresión plana.
Sakura titubeó, y Tamaki añadió amorosamente, -la abuela realmente no podía rehusar la tarea a la que se comprometió cumplir desde un principio, ¿No es cierto? ¡Así que nos mudaremos a donde está esta nueva ubicación!-
-¿Qué?- Sakura alcanzó a decir antes de que una fugaz mirada confundida que transmitió muchas de sus preguntas rápidamente se convirtiera en una reflexiva. -Por supuesto, no habría nadie más en la mente de Sasuke para el trabajo.- Se añadió al ánimo de Tamaki, cómplice. -¿Pero que hay acerca de los gatos y la mansión?-
-Fue lo primero en lo que pensamos,- dijo Tamaki emocionada, lo que probablemente significaba que fue la primera cosa que la anciana objetó. -Así que fui a Konoha a buscar ayuda para hacer sellos de vinculación y transportación. ¡Los gatos serán capaces de ir y venir como les plazca y también de hacernos saber si somos necesitadas, así seremos capaces de llegar allí inmediatamente!-
-Supongo que está bien si todo esto te hace tan feliz como a mi nieta.- Nekobaa lo miró sospechosamente con los ojos arrugados.
Sakura puso una mano en el hombro de la vieja y le sonrió amablemente. -Estoy segura de que Sasuke-kun ha pensado en un escondite tan bueno como este, que la mantenga tan cerca de Tamaki-san como de los Nineko, no se preocupe.- De algún modo hizo sonar el sufijo como algo significativo en lugar de un error, acompañado de la misma sonrisa afectuosa esta vez hacia él. Sasuke apartó la mirada rápidamente.
No le importaba en lo absoluto como le importaba a Tamaki. Él había estado bien con que la mujer se quedara donde quisiera, pero creía que el cambio había provenido de una mezcla de la última vez que estuvo allí y sus circunstancias. El lugar le había parecido excesivamente lúgubre y decrépito en aquella ocasión, un buen lugar para ocultarse pero no para que cualquiera se quedara. Había pensado en la preocupación de Sakura por las condiciones de vida de Nekobaa y su salud en la bodega y había planeado callada y cuidadosamente desde entonces, buscando lugares apropiados. Ese era un momento tan bueno como cualquier otro, y suponía que todo el trabajo que implicaba podría paliar el ambiente entre él y Sakura y también le daría algo más en lo que enfocarse.
-Está más cerca de Konoha.- Les admitió. -Tiene una cubierta útil.-
A esto, la anciana de los gatos dio un pequeño resoplo. -Dudo que tengas algo más seguro que este, chico, pero está bien. No es tanto problema establecerse en otro lugar como lo es transportar el stock masivo de armas de un lugar a otro de forma segura.-
-¿Aún tienen tantas existencias?- Sakura preguntó con curiosidad. Nekobaa se mantuvo en silencio y lo miró. Desde el principio, había sido una guardiana leal de los secretos que conocía de su clan, así que esperó hasta que él asintiera para elegir responder. Rebuscó en los bolsillos internos de su yukata por un pequeño papel que sostuvo ante la cara de Sakura. -¡Todo esto!- Exclamó alarmada después de leer la cifra. -Los sellos de papel tienen cierta capacidad de almacenamiento, ¡Para empacar esta cantidad aún necesitaríamos demasiados!-
Nekobaa asintió. -Incluso con todos llevando parte de la carga aún necesitaríamos algunos viajes. Sobretodo si queremos ser discretos y no atraer ninguna atención indeseada. Estas existencias representan otro legado de un clan poderoso, además de que cualquier tonto lo consideraría una fuente de dinero. Esto debe continuar siendo un secreto. De otro modo no sólo la herencia de Sasuke-chan será puesta en peligro sino también nosotras resguardándola.-
-No te preocupes, abuela. Ahora que somos tantos estará bien, ni siquiera tendremos que hacer tantos viajes, verás...-
Sakura acababa de erguirse cuando se desató un movimiento repentino e inesperado, los gatos bufaron y Denka voló hasta pararse sobre los hombros de Sakura, con las patas sobre la cabeza rosada, silencioso y con el lomo en punta. La conmoción vino seguida de nuevas apariciones, y la alarma apenas duró hasta que de hecho supo que reconocía las energías de los recién llegados.
La anciana gato lo hizo también. -¡Tamaki!- Gritó. Su cabello lucía esponjado también. -¡Trajiste...!-
Tamaki lucía apenada, pero no dio su brazo a torcer. -¡Necesitábamos ayuda! ¡Realmente no sabíamos si Sasuke-kun vendría para la mudanza y habría sido insensato intentar mover esas cosas alrededor sin un ninja!-
-¡Tonta! Resguardamos un secreto, por qué tú...-
-¡No le dije qué era lo que íbamos a estar sacando de aquí!- Tamaki se cruzó de brazos.
-Bien, ahora estará olfateando por aquí. ¿No te preguntaste si a Sasuke-chan le importaría?- La acusó Nekobaa.
Ante esto, la nieta si lo miró de reojo con cierta preocupación. -Yo... pensé que no importaría siempre y cuando él no tuviera la menor idea de nada. Además, es un gran amigo de Sasuke-kun, ¿Cierto?- No era una pregunta. Sasuke había observado el intercambio sin ninguna expresión, pero cerró los ojos para suspirar mentalmente sobre lo que sea que Inuzuka le dijera acerca de ellos siendo amigos. Tamaki los pasó de largo en su camino hacia la entrada. -¡Por favor compórtense!- Le bufó a los gatos.
La entrada de Inuzuka a la guarida de Nekobaa fue recibida con profundos bufidos en coro de modo que se escuchaba como el flujo de una corriente eléctrica. -¡Está bien, Akamaru!- Escuchó a ambos, Kiba y Tamaki intentar persuadir (sin éxito) a que el Ninken cruzara la puerta. Una vez se giró hacia ellos, la expresión de incomodidad se esfumó de su rostro al reconocerlos.
-¡Sakura!, ¡Sasuke!- Saludó Inuzuka efusivamente. -¿Están aquí también?- Preguntó, el alivio pasando a extrañeza. -¿Por qué están aquí? ¿También vienen a ayudar con la mudanza?- Miró extrañado a Tamaki. -¿Exactamente qué es lo que vamos a...?-
-Está bien, ya es suficiente cháchara.- Interrumpió Nekobaa, tajante. Kiba se sobresaltó un poco. -Es hora de ponerse manos a la obra. Ven, chico perro. Si tienes alguna pregunta yo la contestaré, acompáñame. Sasuke-chan, Tamaki y Sakura pueden continuar con lo que falta en el fondo.-
Tamaki le envió ánimos silenciosos a Kiba antes de que éste siguiera diligentemente a Nekobaa y a los Ninneko que flanqueaban el camino y ellos avanzaran hacia donde les fue indicado.
La anciana debía haber sido modesta o sólo intentaba retrasar el asunto. En el camino, las habitaciones donde previamente se habían ocultado cierta cantidad de armamento a simple vista ahora se encontraban prácticamente desnudas, lo que hacía lucir al lugar incluso más decrépito.
-Eso fue... Tenso.- Mencionó Sakura al ingresar a una habitación, una vez habían permanecido el tiempo suficiente en silencio, peinando los mechones que Denka había desarreglado.
-Obaa-san está siendo bastante dura con todo este asunto. Parece que es realmente imposible que digiera una nueva opinión. ¡Los tiempos cambian! No debería tomarse esto tan a pecho...- Se quejó Tamaki.
Sakura lo miró algo preocupada. Él sabía que Nekobaa no estaría necesariamente feliz acerca de irse de Sora-ku, pero tampoco había sido tan renuente al conversar el asunto con él. Aparentemente con Tamaki había sido distinto.
-Estoy segura de que será difícil adaptarse para ella al principio, con su edad... pero terminará por adaptarse, y todo será mejor para ella al final.- Sakura intentó tranquilizarla.
-A este paso se quejará de ello hasta el último día de su vida.- Murmuró Tamaki, enfurruñada, mientras sacaba pilas de metal de algunas cajas.
-Mm, ya verás que no será así...- Opinó Sakura, arrodillándose cerca de los baúles donde Nekobaa guardaba la ropa y sacando objetos por su cuenta.
-¡Acaso es tan difícil darle una oportunidad!- Refunfuñó la morena en voz alta.
Sakura y él se miraron, la preocupación más acentuada en el rostro de ella; su entrecejo fruncido. No creía que la actitud de Nekobaa se sumara a los posibles problemas que tuvieran en salir de allí. Ni siquiera sabía si podría lidiar con eso. Sakura se dirigió a Tamaki en un ademán conciliador.
-Puede que ahora no esté feliz al respecto, pero sé por experiencia que en cuanto las cosas mejoren y se adapte a ellas probablemente ni siquiera extrañe este lugar. También estoy segura de que estar cerca de ti y también de los gatos es lo que realmente quiere.-
-¿Uh?- Musitó Tamaki, confundida. -Ella no-por supuesto que no está demasiado feliz por dejar la fortaleza, pero me refería a... ¡Kiba!-
-¿Kiba?- Repitió Sakura, una gota de sudor bajando por su frente. Así que toda esa diatriba se debía a Inuzuka. -Ohh...- Exclamó, comprendiendo.
Él no estaba sorprendido.
-Uhm, bueno, también creo que con el debido tiempo y adaptación también aceptará esto...- Continuó Sakura.
-No lo haré.- La voz de Nekobaa al entrar en la habitación sobresaltó a las dos mujeres. -No es sólo que de todos los posibles candidatos te hayas fijado en un usuario de un clan de perros ninja, ni más ni menos. ¡El colmo es que a pesar de tomártelo en serio, realmente no quieras casarte con él!-
Eso si lo sorprendió. La expresión de Sakura estaba en blanco.
-¡Abuela!- Se quejó Tamaki. -¿Realmente tienes que traer eso a colación cada vez que Kiba aparece?-
-Casarse... Con Kiba...- Repitió Sakura lentamente. -¿Ese es el problema?-
-Bueno, supongo que lo fue al principio, pero realmente es obvio que el chico la trae de cabeza.- Tamaki se sonrojó por el comentario descarado de su abuela. -Él es la razón por la que pasa tanto tiempo fuera de casa ahora, e incluso aunque no sea la mejor compañía su vínculo con el perro le hace comprender los vínculos de Tamaki con los Ninneko. Podría ser peor, la verdad. Me tomó algo de tiempo aceptarlo, y cuando finalmente lo hago... ¡Viene y dice que no pretende casarse, no sólo con él, con ningún shinobi!- Espetó la vieja.
Sakura pestañeó. El sonrojo de Tamaki subió de tono. -¿En serio quieres discutir esto ahora? ¿Otra vez?-
-Lo haré hasta que entres en razón.- Dijo la anciana. -La juventud y el paso de tiempo no son buenas excusas para actuar de manera insensata.-
Tamaki expulsó el aire por la nariz, cruzada de brazos. -Mi punto es completamente válido. Casarse con un shinobi es una apuesta que la mayoría de las veces sale mal y no me gustaría someterme a ello. Lo que... lo que tenemos ahora funciona. Y si a alguien llegan a matarlo,- con alguien supuso se trataba de Kiba,- no dejará al otro con una carga innecesaria. Podrá seguir con su vida.-
El ceño de Nekobaa se frunció. -Cuando amas a alguien te quedas con él hasta el final.-
Tamaki lució arrepentida por un momento, y luego insistió. -¡Y lo haré, pero no de ese modo!-
-¡No hay ningún otro modo!-
-Es... un tema complicado. El... el matrimonio no significa lo mismo para todos.- Sakura opinó algo insegura.
La anciana recobró la compostura. -¿Por qué casarse? ¿Qué creen que significa? Desde el momento en el que lo haces ya no sólo se trata de ti, si no de tú y otra persona asociados y unidos de por vida, por vínculos y cimientos incluso más fuertes que la vida misma. En el tiempo y la memoria nunca más estarás solo.
»Para ti debería ser importante, Tamaki, porque no duraré por siempre. Al casarte ese alguien se convierte en tu familia, en muchos casos, la única.- Nekobaa le dio a él una mirada de reojo antes de volverse hacia su nieta. -Al menos lo sería para ti.-
-Abuela, no nece...-
-¿Qué crees tú, Sasuke-chan?- La interrumpió la anciana.
Le tomó algunos segundos darse cuenta de que de algún modo la situación se había volcado hacia él. Le había incomodado estar en el medio de la discusión siendo sólo un espectador y era mucho peor ahora que Nekobaa lo miraba como si esperara de él algo en específico. No quería meterse en el asunto.
No creía que alguien debiera hacer nada en contra de su voluntad. Sin embargo, atendía más a las razones de las que Nekobaa había justo hablado que la renuencia de Tamaki a hacerlo.
-Es así como se hacen las cosas.- Las viejas costumbres y preceptos eran difíciles de olvidar aunque hubiese pasado la mayor parte de su vida fuera de ellas. El matrimonio había sido una parte fundamental en la conservación del Clan Uchiha y era el núcleo principal de la familia, donde crecían los guerreros. El pensamiento de estar con alguien sin ello carecía de sentido para él.
Hubo un breve silencio donde la expresiones de sorprendidas de Tamaki y Sakura ocuparon toda la habitación hasta que Nekobaa asintió firmemente. -Es así.- Concordó ella.
-No tiene que casarse si no quiere.- Sasuke opinó de todas formas su pensamiento anterior. -No es para todos.- Dijo, recordando las cosas que acostumbraban a sacrificar ciertos ninjas por el bien mayor, como lo había hecho Itachi; pensando también en si mismo.
Reconocía la importancia del concepto del matrimonio en el contexto de Nekobaa, como le había parecido al recibir la invitación de Naruto a su boda. Era la clase de cosas importantes para personas como él, que tenían propósitos más allá de defender y morir.
El rostro de Nekobaa se agrió, pero fue Sakura, titubeante, la que respondió desde su lugar. -Mis padres son ambos de un rango shinobi bajo y viven una vida tranquila, así que no creo que pueda hablar de eso... Pero la madre de Ino se casó con el líder del Clan Yamanaka. Es una civil que provenía de una familia de floresteros y al casarse Inoichi-san también la ayudó a hacerse cargo del negocio. Al principio no podía entender por qué una familia de un clan importante de Konoha se ocupaba con tanto empeño en algo así, pero lo entendí al crecer.
»El clan era en lo que había nacido y de lo que debía ocuparse por derecho. La madre de Ino era la vida que había elegido... la que necesitaba. Ser shinobi implica tener una visión dispensable de uno mismo. El amor para un shinobi significa esperanza. Le entrega un lugar al que regresar y donde reposar.- Sakura pareció momentáneamente perdida en su afirmación antes de continuar, -pero no podría hablar por la madre de Ino. Para ella también debió ser una gran decisión,- comentó ella. Sasuke notó que evitó mirarlo a propósito en ese momento.
»Aunque no sea lo mismo para todo el mundo, el amor, en general, es un gran compromiso.- Esta vez miró a Nekobaa y a Tamaki.
La expresión de Tamaki se mostró agradecida con Sakura, pero Nekobaa no tardó mucho en quedarse en silencio, los ojos momentáneamente visibles detrás de las arrugas de las rendijas de sus párpados.
-Eres una kunoichi, vives para pelear.- La anciana le dijo a Sakura. -¿Tú crees que sólo el amor es suficiente?-
Él supo que pretendía Nekobaa empezando la oración de esa forma así como entendió la mirada esquiva de Sakura hacia el suelo, y el pensamiento que probablemente concibió antes de responder. Sabía que como él, ella había pensado en todos los años en los que el afecto no sirvió de nada para hacerlo volver, no sin luchar.
-No, supongo que no...- la voz de Sakura se fue apagando hacia el final. Se sobresaltó un poco cuando la anciana puso una mano sobre su hombro.
-Ustedes necesitan ese pilar.- Nekobaa enfatizó apretando un poco. -Por todo lo que hacen, la mayoría de ustedes lo merece. El amor es un raro acontecimiento en la vida de un shinobi. -Volvió a mirar a su nieta. -Teniendo algo tan raro y valioso, pudiendo ofrecerlo junto a todo lo que implica, un hogar, una familia; negarse a tener y ofrecer algo así debería considerarse vergonzoso.-
La habitación quedó drenada después de eso. Tamaki tenía la cara roja y parecía ahogarse con los argumentos que aparentemente no podía formular, Sakura seguía viendo hacia el suelo, Nekobaa lucía satisfecha por el efecto de sus palabras y él se sentía aún más tenso que al principio. Él también sentía la necesidad de defenderse ante ese último «ataque», pero reconocía las artimañas de la anciana como para molestarse en hacerlo. Sin embargo, estaba inexplicablemente molesto, y esta sensación sólo se acentuaba cuando veía la mirada perdida de Sakura y no tenía la menor idea de qué estaba pasando por su cabeza.
Sin el estruendo que provino desde algún lugar cercano dentro de la guarida dudaba que alguno se hubiese movido durante un rato, pero la algarabía de los gatos hizo que Tamaki corriese a toda velocidad después de gritar el nombre de Kiba y Sakura despertase de su trance para seguirla justo después. Él no estuvo lo suficientemente distraído por Kiba como para deshacerse del asunto de inmediato, por lo que siguió atentamente con la mirada desigual como Nekobaa (quien tampoco se inmutó ante el escándalo) se dirigió hasta el sitio donde hacía nada había estado Sakura, atraída por lo que ella había dejado atrás.
Reconoció el papel de aspecto delicado que cubría el paquete que Sakura había traído hasta ahí desde Shimo no Kuni. Al parecer, había intentado camuflajearlo entre las prendas deslucidas que aún quedaban por empacarse sin mucho éxito. Nekobaa sabía que no era algo que provenía de su almacén, pero esa no la detuvo de desatar una parte y descubrir la tela color rojo que se desbordó entre sus dedos hasta el piso, derramándose como un mar de sangre. Recordó brevemente el broche que le había devuelto a Takahiro por Sakura con el fin de cortar esa conexión, y su ceño se frunció ligeramente ante la prenda como si estos fuesen centenares de hilos rojos entre ellos que hubiese pasado por alto en cortar. La anciana elevó la tela del kimono con ambos brazos para admirarlo con una ceja alzada.
-Un uchikake.- Reconoció ella. -Ella no traía esto la última vez.- Luego, preguntó sin rodeos. -¿Tú se lo diste?-
-No.-
-Esto probablemente es bastante costoso.- Comentó Nekobaa, deslizando la tela entre sus dedos y luego comenzando a doblarlo nuevamente con experticia. -Cuando llegue el momento realmente le sentará, el color es el correcto para ella.-
Últimamente, las sensaciones que hasta el momento sólo había experimentado en batalla solían aparecer en el contexto de su vida diaria. En aquel momento, percibió la peligrosa cercanía a algo parecido a una trampa, pero no pudo evitar preguntar. -¿Qué momento?-
La anciana terminó de empacar con paciencia. -Esto es parte del ajuar de una novia, Sasuke-chan. No sé dónde lo consiguió, supongo que por los momentos no tiene otro lugar donde guardarlo, pero dudo que lo hubiera conservado si no pretendiese usarlo en algún momento; así que lo haré yo hasta que venga por él. Quien sea que se lo dio seguramente pensó que lo necesitaría, y yo también.-
Pensó exactamente en lo que Takahiro pretendió al darle algo así, el desafío con el que lo había mirado la última vez. Él pensó que su última conversación había servido para hacerlo desistir, pero aún así había insistido y le había dado el paquete a Sakura, y la connotación era obvia. No dudaba que la había invitado a regresar, la prenda que había elegido como una promesa, una amenaza. Recordó la tensión de Sakura en todo el camino a Sora-ku, y ahora se cuestionaba si durante todo ese tiempo no había estado mirando hacia atrás.
-Sólo tienes que verla para saberlo. Ella está llena de todas esas cosas necesarias para complementar la vida de cualquiera. Por la forma en la que habla de ello, no será de esas que dejan perder su vida en vano. Aunque sea una kunoichi y tenga sus propias peleas, no necesita a alguien que le de sentido a su existencia, por el contrario, me parece que ella le dará eso a alguien, algún día.-
Siguió a la anciana con la mirada afilada hasta que estuvo en la puerta de la habitación. Sabía exactamente con qué estaba alimentándolo, pero no podía evitar sentirse agitado por ello tanto como podía evitar las cosas que lo aquejaban últimamente. Ella paseó la mirada lentamente sobre él, deteniéndose en su rostro y en la línea recta de sus hombros antes de voltearse para irse.
-Ella se irá pronto, Sasuke-chan.- Advirtió Nekobaa con algo parecido a una sonrisa triste en el rostro, y el augurio fue una piedra pesada en su estómago. -Debes prepararte.-
»Aún no estás listo.-
Cuando se desvaneció el eco de sus pisadas el silencio resultó ensordecedor.
No estaba listo. La afirmación resultó violenta, absoluta. La turbación que había experimentado hasta ahora había cambiado en algo, se volvió material, como si su propia resolución lo hubiese hecho tangible y las alarmas hubiesen cesado para dar paso al desastre. Se parecía mucho al fuego.
¡!
Tendrán muchas preguntas, estoy lista para dar muchas respuestas. Pensé en dejar otra pequeña nota entre los reviews, pero imaginé que no sería tan justo como lo que les prometí hacer hace un par de meses, cuando aún era tan ilusa como para creer que la universidad de verdad me soltaría para esas fechas... No lo hizo, por cierto, no sólo me acabó física y mentalmente, si no también me retuvo hasta hace muy poco, quizás una semana, donde no supieron de mi porque estaba ocupada intentando recuperarme un poco. Fue un año académico duro pero satisfactorio, y afortunadamente ha llegado a su fin, ya puedo volver a las cosas que me gustan, así que heme aquí.
Estoy haciendo lo posible para darles un regalo de navidad al terminar este, y como premio de consolación por haberl s abandonado he traído el adelanto y la posibilidad de que compartan que es lo que esperan de este capítulo. Aún tengo sueltos los detalles que formarán la parte final, como comenté en mi nota anterior, sólo está planeado que este sea el cap donde "se sella el trato". Desde el principio tuve una imagen sólida del después, en el entorno de alguna especie de estanque al amanecer, pero como ha sucedido en el resto de mis capítulos la historia se teje alrededor de los puntos focales que he establecido deben tratarse en cada uno, así que puede que sus opiniones o expectativas ayuden un poco a moldear el escenario correcto. Sé lo que sucederá, sé como planeo escribirlo, sé bajo cuáles circunstancias se desarrollará todo, pero decidirme por un ambiente en concreto ha sido difícil, así que si les gustaría ver algo en especial, es su momento para decirlo.
Me pregunto si el nombre del capítulo les da una pista de cómo se desarrollará este en particular. Usualmente me sorprende lo buenas que son para esperar las cosas que ya tenía planeado escribir jaja.
Como adelanto del adelanto, cuando hay ninjas hay problemas, así que cabe esperar que los haya con la transferencia del almacén.
Gracias por la espera, y sobre todo por estar pendiente durante todos estos meses, no sólo de la actualización si no también de mi bienestar. Haré lo necesario para compensarlo todo.
Nos leemos más pronto que nunca,
~Nahare
