Las luces estroboscópicas y de colores ya iluminaban el escenario mientras los técnicos dejaban todo listo. Faltaban unos diez minutos para que entrara al aire. Ritsuka, ataviada con un vestido de lentejuelas color lila, ya esperaba detrás del escenario. Se le vaeía bastante pálida y consternada. Abajo en las gradas de los espectadores del programa de TV, Daiki y una serie de oficiales de policía se acomodaban para dar instrucciones a los desaforados fanáticos, que estaban cada vez más impacientes.
-¿No hagan nada tonto, entendieron?- gruñó Daiki.- Los muchachos asintieron de manera ingenua y displicente. Manato ya tenía lista la cámara fotográfica en medio del pasillo de las gradas, mientras Rina estaba del otro lado del escenario instruyendo a los jovencitos para evitar que intentaran subir al escenario. Los camarógrafos estaban afinando los últimos detalles para poder iniciar la trasmisión. En menos de lo que creyeron, el letrero rojo que indicaba que estarían al aire, se iluminó. El presentador del programa, un hombre bajito, presentó a Ritsuka con gran júbilo. La chica bajó los escalones del escenario, luchando por no caerse y sonriendo lo mejor que podía. Los primeros acordes de la canción sonaron, y ella comenzó a cantar, al inicio, con voz temblorosa:
Say you won't leave me no more I'll take you back again No more excuses, no, no 'Cause I heard them all before A hundred times or more
La canción siguió su curso, mientras Ritsuka se sentía cada vez más libre y cómoda sobre el escenario, realizando sensuales pero discretos movimientos de baile. Los jóvenes estaban vueltos locos mientras no dejaban de marcar el ritmo con sus palmas y pies. Daiki tenía un nudo en la garganta, esperando que todo saliese a pedir de boca y que no hubiese ningún problema con ellos. Al fin, la canción terminó con una reverencia de la chica hacia el público, que se deshacía en aplausos y silbidos. No había salido tan mal, se dijo a si mismo el muchacho de pelo azabache, quien de nuevo fue hacia la multitud de jovencitos para calmarlos e instruirlos a salir de manera ordenada del recinto. Unos minutos más tarde, afortunadamente sin ningún incidente, los contingentes de aficionados de Ritsuka ya habían salido del estudio de televisión. Daiki caminó hasta los camerinos para felicitar a Ritsuka, cuando unos gritos ahogados lo detuvieron junto a la puerta:
-…debería darte vergüenza. Mira que desafinar de esa manera, sabes que tienes que entrar de manera segura e inmediata…-Para sorpresa del muchacho, no era el padre de la joven idol quien la estaba reprendiendo, sino su madre.
-Pero mamá…no pude evitar acordarme de la abuela…-sollozó la chica.
-Acuérdate de ella ya que bajes del escenario, no encima de él! Tenemos que ensayar bastante! Mañana llamaré al profesor de canto para que practiques una hora más! Y a la profesor de baile también!- Daiki no sabía que hacer. No debía de entrometerse en ese asunto familiar. Quizás la madre lo escuchó del otro lado de la puerta porque abrió de manera abrupta, haciendo que el joven diera un salto de sorpresa.
-Ah, muchacho!- habló amablemente la mujer. Era bastante guapa para su edad. Alta y delgada, tenía el cabello recogido y vestía un conjunto sastre con falda bastante elegante. –Gracias por venir. Tu debes ser el joven que hace de guardaespaldas de mi hija.- El tono de la mujer era mucho más dulce, menos grosero y déspota que el que había usado con su hija. – Bueno, tengo que ir a hablar con el productor. No tardo.- salió de prisa sin dirigirle ninguna palabra a su hija, que se cubría la cara de vergüenza con Daiki. Aún llevaba ese vestido lila que había lucir su esbelta y joven figura.
-Ritsuka, estuviste genial!- habló el joven entusiasmado, tratando de animar a la chica que se secó las lágrimas con la mayor discreción que pudo. –Te pasa algo?- preguntó el muchacho. Ritsuka negó con la cabeza, forzando una sonrisa.
-Bueno…si hay algo en que pueda ayudarte, ya sabes que estoy aquí para ti.- El joven se sonrojó. Ritsuka lo miró brevemente a los ojos y también se puso colorada.
-Daiki, has sido muy amable conmigo todo este tiempo…-susurró la chica mirando al piso.- Yo…creo que necesito practicar más. No soy tan buena idol, tengo que ser la mejor…-
-No digas eso. –espetó el joven detective.- Realmente hoy lo hiciste muy bien, no me sorprendería si tu éxito se vuelve nacional…- Le puso una mano en el hombro. La jovencita tomó su mano mientras le sonreía. Justo en aquel momento, llegó la señora Hino.
-Ah! Tenemos que irnos Ritsuka. Mañana va a ser un día bastante ocupado. Gracias por tu preocupación, joven Asuka.- La mujer hizo salir a Daiki, que se fue bastante confuso. Justo cuando estuvieron solas, la mirada desaprobatoria de la madre se ciño sobre la hija. Antes de que pudiera decir cualquier cosa, una bofetada golpeó la cara de porcelana de la muchacha.
-Deja de tontear con chicos! No puedes darte el lujo de distraerte con un novio!- le gritó a Ritsuka quien temblaba de miedo y derramaba unas cuantas lágrimas.-
-Pero mamá…el no ha dicho…-
-A partir de ahora, no le dirás nada más a ese joven! No cruzarás palabra con él a menos que sea necesario, entendiste!- bramó la mujer poniéndose púrpura de ira. La muchacha solo pudo encogerse en su asiento mientras lloraba de rabia y frustración. La señora Hino se sentó, mientras ayudaba a empacar las cosas de su hija.
A varios kilómetros de ahí. Meimi suspiraba después de haberse enfurecido al ver a Daiki en la televisión. Una de las tomas se había centrado en el público y lo había visto aplaudir entusiasmado. Se había enfadado tanto que había apagado el televisor de golpe y arrojado lejos el control remoto. Ya estaba cansándose de tanta atención de su enamorado hacia Ritsuka. Pero hallaría la forma de atraerlo de nuevo hacia ella…
Al día siguiente, Ritsuka hablaba muy poco. Parecía bastante miserable, lo que sorprendió a Meimi. Los chicos que la seguían no dejaban de felicitarla y de vitorearla, aunque la cara de la joven idol deseaba que la dejaran sola. Al final, de nuevo otra marejada de muchachos tuvieron que ser alejados por Daiki. El muchacho se acercó a Ritsuka para hablarle, pero ella le pidió en voz baja que la dejase en paz. Desconcertado, intento razonar, pero la joven se alejó de él rumbo a su salón sin decir palabra. Meimi había contemplado toda esa escena al llegar a la escuela. Daiki se dirigió a la pelirroja, con uan expresión de desconcierto.
-No sé que pueda pasarle. Esta muy rara. Ayer no estaba así. Ayer era…como es siempre. Muy amable y gentil…- Los celos de Meimi empezaron a crecer en su pecho.
-Creo que deberías hacerle caso, Daiki.- espetó secamente la muchacha de ojos azules. – A veces las chicas queremos estar solas.-
-Bueno…- El chico se alejó, mientras Meimi regresaba al salón con una sonrisa maliciosa que tuvo que ocultarle a Seira en cuanto se sentó junto a ella.
