Don't blame me just because I am bored
I'm needy, I need to taste it all
Don't doubt me just because I am quiet
I'm thinking, thinking about it all
En todas las radios de Seika, una semana después se escuchaba el ritmo melifluo y sensual de aquella canción en la voz de Ritsuka, quien no dejaba de ser asediada por sus compañeros al salir de la escuela. Rina y Daiki ya no eran suficiente para cuidarla, de modo que ahora una cuadrilla de policías del departamento de Seika se encargaban de asistir a los jóvenes aprendices de oficial.
Breathe, breathe, it won't be long now, breathe, breathe
It won't be long now, breathe, breathe
It won't be long now, breathe, breathe
Meimi estaba sinceramente harta. Pero a la vez, su orgullo le hacía sacar fuerzas de flaqueza para hacer como que no necesitaba hablar con Daiki, que prácticamente se había olvidado de Saint Tail por estar ocupado cuidando a Ritsuka. Seira parecía haberse resignado a la actitud tan necia de la pelirroja y solamente trataba de ser diplomática con ella.
Pero no podía engañarse a sí misma, le dolía muchísimo no poder hablar con el joven detective, le carcomía no poder relacionarse con él y que ni siquiera en los recesos pudieran encontrarse. Tenía que encontrar la manera de verlo, de modo que le confesara sus sentimientos hacia Ritsuka...
Después de sortear a una multitud de jovencitos, incluso algunos de otras secundarias y preparatorias cercanas, Daiki y Ritsuka subieron al auto patrulla que los llevaría a casa de la jovencita. El señor Hino había regresado a vivir con su esposa e hija, pero parecía muy callado y resignado a seguir las directrices de su mujer, según le había contado la joven cantante al detective amateur. El muchacho no dejaba de tener un mal presentimiento de toda esa situación pero solo le quedaba hacer su trabajo y cuidar de la chica. Aunque, la señora Hino tampoco parecía estar muy al pendiente de su hija por el momento, ya que se encontraba haciendo reuniones de negocios y arreglos contractuales siendo la representante artística de la joven cantante.
Llegaron a la casa, donde afortunadamente ningún fanático pudo seguirlos. Justo dentro, se tumbaron a descansar sobre el diván de la sala, Habían tenido un día bastante pesado tanto en sus clases como evadiendo a la muchedumbre de seguidores a trompicones. No se habían dado cuenta que efectivamente alguien había evadido a la policía y los había seguido hasta allí, y que los observaba por el ventanal de la casa...
-Uf, que cansada estoy... ¿Te apetece tomar algo?- preguntó la chica. Su pelo había crecido un poco y ahora llegaba un poco abajo de los hombros. A Daiki le gustaba más como se veía de esa manera, pensó para si mismo mientras la joven se levantaba e iba a la cocina. Regresó con un par de vasos de limonada, que los jóvenes se bebieron rápidamente.
-A veces quisiera tomarme un descanso. No dejo de trabajar y este fin de semana tendré mi primer concierto a nivel local, en el teatro Nigata. Si todo sale bien en las fechas que tengo, podré presentarme en el estadio de béisbol...- La joven se quedó mirando a los adornos que había en la pared frente a ella. Daiki no dijo nada. Tenía una corazonada en aquel momento que le causaba intranquilidad. Pero desistió de preguntar,
-Mamá dijo que tendré que tomar clases particulares, para continuar mis estudios y mi carrera al mismo tiempo...- susurró clavando los ojos en el piso.- No sé si vuelva a verte.
-Puedo venir a visitarte cuando quieras...-farfulló el muchacho levantándose. -No hay problema con eso...- La chica no respondió.Tomó la mano de Daiki y se acercó a él mientras se sonrojaba.
-Me encantaría que lo hicieras...- murmuró acercándose a los labios del muchacho. Lo besó de manera bastante dulce. Daiki no supo corresponder el beso. Una imagen poderosa e invasiva llegó a su mente en aquel instante. La imagen de cierta ladrona con una cola de caballo larga y sedosa. No pudo evitar sentirse tremendamente culpable.
-Disculpa, Ritsuka.- dijo el chico aún colorado, tomándola de las manos.- Creo que...esta mejor que seamos amigos. No puedo corresponderte de esa manera.- La muchachita se sentó con expresión desanimada. Daiki le puso una mano en el hombro de manera conciliadora.
Justo afuera de la casa de los Hino, Meimi salía corriendo, mientras lloraba a mares. Los había visto besarse. Quería estar segura de que entre Daiki y Ritsuka no había nada, pero su curiosidad le había costado cara. No podía pensar con claridad, solo quería correr, solo quería escapar, solo quería olvidarse de todo...
Daiki salió en el auto de la policía rumbo a casa. Se sentía un poco mal por haber rechazado a Ritsuka, pero en realidad, no podía negarlo, su corazón estaba más cerca de la ladrona. Justo al cruzar la esquina del parque, le pareció ver a Meimi Haneoka sentada en una de las bancas. Sintió pena al acordarse de ella, hacía días que la veía con un humor bastante depresivo y no podía adivinar a que se debía. La patrulla pasó de largo, mientras Meimi seguía llorando a mares en la banca del parque. Un automóvil pasó junto a ella con la voz de Ritsuka sonando en los altavoces, lo que incrementó la rabia e impotencia de la muchacha.
Al día siguiente Daiki llegaba a la escuela como de costumbre. Apenas entraba al salón, cuando uno de sus compañeros le señalo que tenía una nota pegada en la espalda. Al tomarla entre sus manos, el corazón le dió un vuelco, justo como no lo experimentaba desde hacía semanas.
-Quiero verte en el parque esta noche. No invites a nadie más.
Saint Tail.-
Guardándo la nota para si mismo, sabía que no podía dejar pasar su cita con la ladrona. Pero le intrigaba por qué querría verlo si no había ningún robo reportado en aquellos días, más que el de la casa de Ritsuka. Quizás Saint Tail sabría algo de aquel hurto que hasta donde Daiki sabía, no había vuelto a tener novedad alguna...
