Ya era bien entrada la noche cuando Daiki llegó al parque, aquel donde hacía tiempo se habían hecho el y Saint Tail un juramento: sólo el podría atraparla. El y nadie más. No deberían intervenir ni Rina ni algún otro oficial del departamento de policía de Seika. El muchacho se alejó de los dos oficiales que lo acompañaban y les pidió discreción, que no se acercaran y que no intervinieran a menos que el los llamara por radio. Los desconcertados policías esperaron al joven detective desde el auto, sin entender exactamente que estaba buscando el muchacho de pelo color ébano.
-Hola, Daiki...- enunció la ladrona de la cola de caballo desde las alturas del reloj del parque. Se notaba un dejo de melancolía en su voz.
-Que sucede ladrona?- preguntó el muchacho sin perder la calma. Era extraña ciertamente aquella cita, no había ningún robo reciente reportado.
-Yo le devolví las joyas a Ritsuka. Las robó un ladrón...cercano a su familia. No vi su rostro, pero pude quitàrselas.- Meimi no tuvo valor para declarar que había sido el mismo señor Hino quien había hecho el hurto.
-Ah! Es extraño, pero tenía que ser, Ritsuka no me dijo mucho más! Solo dijo que sus joyas aparecieron en su habitación, sobre la mesa de noche!- habló Daiki genuinamente sorprendido. - Te lo agradezco, ladrona! Ritsuka se sintió muy feliz de recuperarlas. Eran un tesoro familiar que ella estima bastante...-
-Quiero preguntarte algo...- el tono de la joven se hizo más intimista y tembloroso. -Ella se ha hecho muy famosa, y se por mis contactos que tu...estñas encargado de su seguridad...-
-Sí, pero que pasa?- se encogió de hombros el muchacho.
-Tu...la quieres?- habló Saint Tail con un hilo de voz.- Me refiero a...te gusta?.- El detective tragó saliva, pero respondió lleno de seguridad.
-No...es solo una amiga. Ella me dio un beso, pero...no me gustó.- se puso colorado al bajar la mirada. Saint Tail de pronto se llenó de júbilo, pero algo en ella la hizo insistir:
-De verdad solo la quieres como amiga?- chilló sin ocultar cierta desesperación en la voz.
-Sí.- murmuró Daiki.- La verdad es que...tu...no se como explicarlo...- empezó a temblar y retorcerse las manos. - No puedo dejar de pensar en tí. De verdad que te extrañé y tenía muchísimas ganas de volvernos a encontrar...-
-Oh, Daiki,- gorjeó Saint Tail llevándose las manos al pecho.- No sé que decirte pero...también me alegra verte. S-sólo, quería compartir hoy un momento contigo. Cuida de Ritsuka Adiós!- La ladrona se escabulló tan veloz como siempre, ignorando el llamado de Daiki.
-Rayos!- gruñó el joven. - Siempre se va tan rápido como llega. - Me muero de ganas por saber su identidad. Pero ya habrá tiempo para ello.- Caminó de regreso al auto y subió, rumbo a casa.
Meimi ebullía de alegría. Estaba segura, su intuición femenina le decía que las palabras del chico que le gustaba habían sido sinceras. Daiki era para él, y estaba destinados a estar juntos,pensaba para ella misma. Trataría al día siguiente, de disculparse con Ritsuka y con Seira por su actitud inmadura y caprichosa. Al final, todo parecía estar saliendo viento en popa, y solo le quedaba unirse al resto de chicos bulliciosos de Seika, para apoyar a la joven idol en su ascendente carrera al estrellato...-
Al día siguiente, tanto Seira como Ritsuka aceptaron de muy buena gana las disculpas de Meimi. Incluso Ritsuka prometió invitar a la pelirroja a su casa aquella tarde para que la viera ensayar y darle unos consejos para aprender a cantar, ante la sorpresa de los jóvenes que rodeaban de nuevo a la cantante. La misma Meimi ayudó a Daiki, Rina y Manato a separar a los fanáticos enajenados que siempre trataban de seguir a todos lados a la joven idol. Tras un día ajetreado donde los fans estaban cada vez más insoportables, solo el fuerte enojo de la chica de pelo cobrizo consiguió disuadirlos, algo que maravilló a Daiki y compañía, ya que ninguno de ellos había reaccionado con tanta energía al acoso de los jovencitos obsesionados.
A las cuatro de la tarde de aquel día, Meimi llegó puntual a casa de Ritsuka, donde la recibió de manera elegante, pero un tanto altanera, la señora Hino.
-Tu debes ser la muchacha Haneoka! Pasa, pasa.- hizo un ademán muy pomposo.- Me alegra saber que mi hija tiene amigas que admiran su gran talento. Mi hija no es una artista falsa, que solo es belleza y un cuerpo atractivo, mi hija es una artista completa!- enunció henchida de orgullo. Subieron al piso de arriba, a un salón vacío donde Ritsuka estaba vocalizando al piano, sola. Meimi se quedó de piedra mientras la mujer sonreía ampliamente.
-Las dejaré solas. Pero no se te ocurra distraer a Ritsuka en sus prácticas, jovencita.- forzó una sonrisa que pretendía ser amable, pero que le dió mala espina a la chica pelirroja.
Pero le dejó de importar, cuando escuchó la bella voz de Ritsuka. Una voz de soprano lírica, no era muy diferente de la suya al cantar, solo que ella no era tan afinada y trabajada. Repasando las escalas del piano, la joven llegaba hasta las notas más altas con suma facilidad. Hasta que una risita traviesa la distrajo, Meimi cerró la boca.
-Apenas termine.- sonrió la chica de pelo castaño.- Meimi, no te quedes ahí mirando y ven aquí, al piano. Vamos. Tu también puedes cantar!- Sin creer lo que oía, la pelirroja corrió al lado de su nueva amiga.
-Debes hacerlo así. Tus labios ponlos así.- Ritsuka le mostró la posición correcta, y Meimi la imitó. Cantó una escala para demostrarlo y encomió a la chica Haneoka a que la imitara.,Tras varios intentos donde esta última desafinaba o gritaba en vez de entonar, la pelirroja por fin consiguió que su voz sonara aceptable.
-Tu también podrías ser una buena cantante si te lo propones, Meimi,- sonrió la joven mientras bebían limonada que les había llevado la señora Hino.- Tu color de voz es bonito.-
-Gracias.- se sonrojó Meimi.- Pero yo no sirvo tanto para esto. Tu sí que tienes talento.- De pronto, la señora Hino entró. No le gustó nada a Meimi su expresión, que estaba ocultando de manera poco convincente un disgusto.
-Creo que Ritsuka tiene que hacer sus deberes, niña Haneoka. Nos alegró bastante tu visita. Te acompañaré a la puerta. Ritsuka, es hora de tu medicina!- enunció la mujer a lo que la chica obedeció. Bajaron por la escalera sin decir nada. Meimi tuvo ganas de orinar, por lo que pidió ir al baño del piso de abajo. Apenas audible tras las paredes, escuchó a la madre reprender a la hija..-
-Te debes tomar esas pastillas te guste o nó!-
-Pero mamá, me hacen sentir con demasiada energía, y luego caigo muerta de cansancio. Me han reprendido por dormir en la escuela...-
-Necesitas energía si quieres ser una cantante! Vamos!-
Meimi no tenía la menor idea de que hablaban. Salió del sanitario y se despidió de manera muy breve de Ritsuka y su madre. Algo de lo que había escuchado le daba un presentimiento terrible sobre la situación de la joven idol...
