Ritsuka no asistiò a la escuela las siguientes dos semanas. Habìa dado su concierto en el teatro de la ciudad donde se había presentado con un enorme éxito y su siguiente escenario sería el estado de béisbol de Seika. Un gran paso para una artista que apenas comenzaba, cuya carrera parecía dar signos promisorios de fama incluso a nivel nacional. Daiki apenas la veía ya que la madre había contratado a un grupo de guardaespaldas para cuidar de la joven cantante. No obstante, Meimi seguía hablando con ella periódicamente por teléfono, aunque sus llamadas eran más bien cortas y escasas en detalles. La pelirroja no lograba quitarse el gusanillo de que algo extraño estaba pasando con su compañera, aunque en las presentaciones que había visto por la televisión local se le veía igual que siempre. Aquellos días en la secundaria Santa Paula habían retornado a esa extraña y poco recordada normalidad antes de que Ritsuka diera a conocer que se había convertido en una cantante profesional. Era un poco más aburrido que de costumbre, ya que tampoco había casos nuevos que Seira le encomendara para salir como Saint Tail. De vez en cuando Daiki y ella tenían discusiones puntuales, pero eran tan efímeras y bobas que le agotaba tenerlas.

Aquella tarde mientras jugaba con Ruby, sonó el teléfono. Su madre la llamó: Era Ritsuka. Meimi bajó a saltos las escaleras. Empezaba a considerarla como una buena amiga a pesar de que realmente, no convivían tanto como lo hacía con Seira.

-Hola Rituska! Que ocurre?. Preguntó la muchacha pelirroja sin ocultar el entusiasmo en la voz.-

-Hola Meimi, me da mucho gusto hablar contigo de nuevo!- respondió la joven idol- Quería hacerles una invitación a ti y a Daiki. Creo que ustedes han sido los únicos a quienes puedo llamar amigos en estos dìas...- el dejo melancólico de la chica conmovió mucho a la pelirroja.- Los invitaré a ser parte de mi concierto en el estadio Hayabusa. Podrán tener un pase exclusivo para el escenario.- Meimi temblaba de felicidad.

-Sí, gracias Ritsuka!- chilló sin dar crédito a lo que acababa de decirle su nueva amiga.- Ahí estaré, le pedirè a mis padres que me lleven!-

-Allí espero verte. Hasta luego!- se despidió tan veloz y escueta como siempre. Un pequeño aire de desilusión aparecìa en Meimi siempre que esas cortas llamadas ocurrían, Deseaba hablar más con ella, y saciar su curiosidad sobre qué pasaba en su vida siendo una artista profesional. No sólo eso, Su instinto seguía siendo persuasivo, algo le decía que su amiga no estaba del todo bien a nivel emocional o personal...

Era extraño que Meimi llegara con tanto entusiasmo a hablar con Daiki como al día siguiente. El chico también sonreía ampliamente.

-Vaya, Ritsuka me dijo que te invitó a su concierto en el estadio de la ciudad!- de inmediato Daiki espetó a la joven que daba saltitos de júbilo.

-¿No es emocionante?- gorjeó la muchacha.- Veremos a Ritsuka en su concierto local más importante, si triunfa aquí, es posible que salga en una gira nacional!-

-Hay algo que me preocupa...- musitó Daiki cambiando a esa expresión seria, ese rostro que ponìa cada que pensaba en Saint Tail. El corazón de Meimi dió un vuelco. No podía negar lo atractivo que le resultaba Daiki cuando adoptaba ese semblante. -La madre de Ritsuka no me gusta nada. A mi padre tampoco.- La joven también cambió a una expresión aprensiva.- Me parece que es demasiado sobreprotectora con Ritsuka. Le había prohibido que me viera porque dice que no quiere que tenga novio, pero yo sólo la veo como amiga...- Meimi alzó una ceja sarcásticamente. Su parte irracional había hecho reflotar aquellos celos que creía extintos.

-¿Y eso es verdad?- dijo fingiendo un tono despreocupado. Daiki no se dió cuenta y cayó en el tono inocente de Meimi.- ¿De verdad la ves como amiga solamente?-

-¡Claro que es verdad!-gruñó el joven poniéndose colorado. No podía negar que si le gustaba Ritsuka, pero no tanto como la ladrona con la que soñaba tanto.-

-Ah.- replicó la muchacha haciendo un gesto de incredulidad.- Bueno.- sentenció de manera muy fría y cortante.

-Eres libre de creer lo que quieras, Haneoka.- refunfuño Daiki recuperando la compostura. Pero te digo la verdad... Ella para mi no importa tanto...- admitió mientras sus mejillas se ponían coloradas.

-Puf.-hizo una mueca de desprecio, sacudiendo su melena cobriza.- Haz lo que quieras.

El día esperado llegó. Parecía que casi todos los chicos de Seika, desde los más jóvenes hasta los que ya iban a la universidad, estaban congregados en el gran acontecimiento. Había un fuerte dispositivo de seguridad, en el que prácticamente toda la policía de Seika estaba involucrada. Meimi y Daiki llegaron escoltados por la policìa, después de que ambos fueran dejados por sus padres en la puerta trasera del estadio por donde entraba el personal que laboraba en el y los equipos de béisbol.

Entre tanto ajetreo, el personal del estadio guió a los jóvenes de muy mal humor a través del estadio, hasta el área de camerinos donde ya los esperaba Ritsuka, quien se veía más pálida que nunca. Su madre, ataviada con un imponente traje sastre color blanco, tenía un gesto de suficiencia imperturbable.

-Ah queridos, me alegra verlos. Hoy es la gran noche de mi hija. No la distraigan demasiado, entendieron?-

Daiki y Meimi se miraron confusos. La mujer les cedió el paso. Ritsuka estaba impactante con un vestido azul aguamarina y aretes a juego.

-Gracias por venir!- les habló con voz temblorosa. Pueden esperar en el camerino, si gustan. Yo tengo que salir a la prueba de sonido.- Seguida de su madre, la muchacha salió hacia el escenario, donde ya la esperaban los músicos y técnicos de sonido para la prueba. Una media hora más tarde, habían concluido sin ningun problema. Meimi y Daiki fueron detrás del escenario, alejados lo más posible de la señora Hino. El concierto comenzó pocos minutos después, tras levantarse el telón del escenario que habían montado en el centro del estadio. La locura del público fue total, cantando las canciones conocidas y siguiendo las letras de las canciones nuevas proyectadas en las grandes pantallas colocadas a los lados del escenario. La madre de Ritsuka en dado momento a la mitad del concierto desapareció de la vista de los dos chicos, al ser llamada por una persona desconocida del otro lado del escenario. Cuando la joven cantante se retiró del escenario, exhausta y sudando, solo pudo sonreírles agotada a Daiki y Meimi.

-Perdonen, pero necesito descansar...- solo pudo decirles cruzándose con ellos.- No me siento bien...- Daiki y Meimi le lanzaron una mirada desconcertada mientras sus guardaespaldas la llevaban al camerino. Poco después, el padre de Daiki llegó. A bordo de su auto, Meimi volviò a casa. Estaba preocupada por su amiga. Aunque había sido un concierto espectacular ,la verdad es que Ritsuka no se veìa nada bien cuando se cruzaron con ella. Esperando que solo fuese el cansancio pasajero, la pelirroja se durmió recordando los buenos momentos de aquel fenomenal recital, que según parecía, había sido todo un éxito...