Al día siguiente, Meimi se despertó aún llena de entusiasmo y energía por el concierto que había atestiguado la noche anterior. No paró de hablar en todo el desayuno con sus padres de lo mucho que le había gustado el concierto y de sus momentos favoritos, tanto que sus padres ya se les notaba un poco mareados para cuando salían en el auto para ir a los servicios religiosos del domingo a mediodía. Cuando la misa terminó, Meimi fue para hablar con Seira, quien solía turnarse con otras religiosas para ayudar al cura mientras oficiaba la ceremonia.

-Lo hubieras visto, fue increíble!- La pelirroja no paraba de dar saltitos de júbilo.

-Me habría encantado, pero desgraciadamente tuve que atender una reunión de las novicias y prepararme para los próximos exámenes del convento...- resopló con notorio desagrado Seira. -Bueno. Vi los periódicos de la mañana y tal parece que fue un gran éxito, como bien supimos por Ritsuka, si este concierto funcionaba, tendría una gira regional y quizás nacional...-

-Quisiera ir a verla a su casa ahora mismo, pero seguramente está muy cansada. Ayer que la vi en los camerinos, se veía exhausta. Creo que la llamaré en la semana...- se encogió de hombros Meimi. -Bueno...creo que regresaré a casa. - Y era verdad. Sus padres ya la llamaban para regresar a su hogar y después comerían en familia como hacían todos los domingos.

Al día siguiente, había un ambiente bastante atípico en el aula. Se respiraba tensión y desagrado. Algo que definitivamente le causó temor y preocupación a la joven pelirroja. Al llegar al aula, Seira también tenía ese mismo gesto de aprensión que tenían sus compañeros.

-Pero que...?- Meimi casi choca con Daiki, que se veía mucho más preocupado que su amiga. Se le veía pálido y con la mandíbula encajada.

-Disculpa, Daiki...-chilló la jovencita encogiéndose de vergüenza.-

-No te preocupes, Meimi...- respondió bruscamente el muchacho. - Honestamente, esto es terrible...Nunca esperé que sucediese algo así.-

-Que ha sucedido?- un hilo de voz apenas audible salió de la garganta de la muchacha.- Daiki tragó saliva y contestó de un tirón:

-Esta mañana ocurrió algo muy extraño. La señora Hino nos llamó, por que su hija y su marido...no estaban en casa. No hay forma de localizarlos. Ni siquiera en el teléfono móvil del señor Hino.- Hemos empezado una búsqueda por toda la ciudad. La madre de Ritsuka esta desesperada. Nos llama cada media hora para preguntar si ya sabemos algo de su hija. Mi padre no quería que hoy asistiera a la escuela, para colaborar en la búsqueda, pero se negó del último minuto. Él también se siente agotado de la señora Hino...- El detective amateur se sentó, con una expresión de hartazgo profundo.

-Rayos...! Espero que logren dar con alguna pista sobre Ritsuka.-se apretó las manos contra el pecho.- Y espero que ella...esté sana y salva...-

Llegó la tarde y tras terminar los deberes escolares, Meimi solo pudo dirigirse lo más pronto que pudo a la capilla donde ya estaba Seira ataviada con su hábito de novicia. El sol se estaba poniendo con un resplandor rojo sangre que se colaba a través de los vitrales de la parroquia de Santa Paula.

-Hay alguna pista de Ritsuka?- preguntó la pelirroja a su amiga mientras los colores psicodélicos de los vitrales iluminaban mortecinamente su cara pálida.

-Hasta ahora no...- susurró Seira. Estrujó su rosario con una expresión de tristeza escrita en el rostro.

-Iré esta misma noche a la casa de Ritsuka a investigar alguna pista.- replicó Meimi. Esto es demasiado extraño. Si te soy honesta...la madre de Ritsuka no me gusta nada...- resopló la joven alisándose el cabello distraídamente.

-Ritsuka me habló varias veces. Ella se sentía muy incómoda con su madre...- Seira alzó una ceja. -Estaba emocionada por su carrera y sus conciertos, pero le veía cada vez más harta de hablar de su madre, así que dejé de preguntarle.-

-Definitivamente algo sucede con la señora Hino. Ritsuka nos necesita, y no la vamos a abandonar!- Meimi cerró el puño al concluir la frase.

-Vaya- se rió discretamente Seira.- Se que no te caía bien porque ella se acercaba mucho a Daiki, pero ahora te veo tan proecupada por ella que pareces otra.-

-Buf!-gruñó la pelirroja.- No me lo recuerdes. Al menos se que Daiki...sólo tiene ojos para Saint Tail...- una mirada embelesada pasó en los ojos de la chica.- Quizás hoy me encuentre con el, es posible que el también esté tras la pista de Ritsuka.-

Pasaron unas horas, y efectivamente, Saint Tail ya estaba a la marcha sobre los techos de la ciudad rumbo a la residencia de los Hino. No tardó en llegar al lugar, que estaba inusualmente callado. No había tampoco patrullas de la policía de Seika cerca del hogar de Ritsuka. Escurriéndose discretamente hasta la única luz encendida de la habitación, se acercó discretamente bajando desde el techo ayudada por una cuerda. El señor Hino estaba solo en el cuarto, Daba vueltas por la habitación, murmurando cosas que Meimi no lograba escuchar. De pronto, con un portazo llegó la señora Hino. Se le veía despeinada muy alterada,. Su expresión y porte eran muy distintos a como Meimi la conocía, parecía otra persona.

-¿Y bien? ¿Vas a dejarme verla? ¿Dónde la has escondido? Quiero saber si esta bien!- gritó la mujer desaforada.

-¡Sabes que nunca dañaría a nuestra hija, pero te mereces este castigo hasta que comprendas que es solo una niña!-

-Le mentí a la policía por tí! Les dije que no sabía donde estaba! Mi hija va a ser una estrella, LO QUIERAS O NO!- la señora Hino estaba cada vez más enloquecida

-Ya deja de presionarla!-chilló el señor Hino- Ella ha hablado conmigo y dice que está harta de tí, de que le exijas tanto y que siempre estés tras de ella. No quiere verte! Siempre la ignoraste desde niña y cuando descubriste que tenía talento, te nació el amor!- La mujer se puso pálida, como si algo le hubiera estallado en la cara.

-Eso no...mi hija no...Bueno...-resolló la señora Hino.- No quería llegar a esto, pero no me dejas opción!- Un disparó sonó en la habitación. Meimi chilló de miedo y no pudo evitar golpear la ventana del susto. La señora Hino solamente pudo salir a toda prisa de la habitación. Saint Tail subió lo más rápido que pudo al techo para que no la vieran. Tuvo suerte: la madre de Ritsuka subió al auto familiar y salió disparada con rumbo desconocido.