Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen.


Instantes de Adivinación

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1

Bodas canceladas

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-Pasa, Hermione- indicó Harry cuando su amiga cruzó la chimenea, y se hizo un lado para dejarla pasar a su casa. Cuando ella lo hizo, se dirigió a la cocina para preparar un poco de té. Observándola curiosear por el lugar, Harry sonrió y negó con la cabeza, sin entender cómo era posible que esa vieja casona le gustara tanto a su amiga. Por supuesto, como Ginny iba a mudarse, ella había tratado que el lugar se viera lo mejor posible, pero al final decidió que comprarían una casa más pequeña, y por supuesto a su gusto. Eso significaba que Harry dejaría una vez más este lugar en un completo silencio y abandono y, un poco decepcionado, aceptó que el único recuerdo de Sirius fuera desplazado por el bien de su futura familia.

-Es por nosotros, Harry-había mencionado Ginny- piensa en nuestros futuros niños.

Con esa frase, Harry no había debatido mucho y aceptó.

Por nuestra futura familia, se convenció.

Poniendo la taza de té en la mesa, frente a Hermione, Harry sonrió y le hizo la pregunta que tanto temía, pero que dado a que aceptaría al fin y al cabo, era más rápido comenzar de una vez y terminar lo más pronto posible.

-Entonces- le dijo- ¿Qué dijiste que hace ese hechizo?

Hermione, emocionada, le contó todo el proceso que pensaba hacerle a su cabeza y Harry empezó a sentir, por qué no decirlo, pánico.

-¿De verdad no vas a joderme el cerebro? Porque me caso en un mes.-Le recordó.

Hermione rodó los ojos.

-Lo sé, Harry. Soy la dama de Ginny.

El moreno sonrió de lado.

-Y por supuesto, decides practicar medimagia mental con el futuro esposo que con tu marido. Claro que después de cómo lo dejaste no me sorprendería si huyera de tu varita.

Hermione hizo una mueca y amenazó con sacar la varita,y ante su respuesta Harry sonrió divertido y alzó las manos.

-Lo entiendo, lo entiendo. Es mi turno. Supongo que no puedes pedirle más a Ron, después de haber hecho que comiera sopa por tres meses, con lengua de gato. Comer sopa fría por tres meses fue tan triste, incluso a mí me dio pena.

La mirada asesina de Hermione lo hizo sonreír apenado.

-¿En serio solo me mostrará recuerdos que he olvidado?-preguntó, y ella asintió, emocionada de poder acercarse a su primer sujeto de prueba con este hechizo.

-Recuerdos que perdiste por algún hechizo o algún golpe. Vas a estar bien.

Apuesto que le dijiste lo mismo a Ron, casi gruñó, pero asintió y se sentó correctamente en el sofá, tragando saliva.

-Bien, veamos lo que tienes entonces. –La animó, y la medimaga se puso a unos pasos de él y sacó la varita

-¿Listo?-exclamó posicionándose y Harry tragó saliva antes de asentir.

-Listo.

-occulta memories

Lo siguiente fue como un sueño. Se vio a sí mismo de pequeño, con el uniforme de la educación preescolar, caminando a casa, cuando observó que Dudley se acercaba a él con sus amigos, y corrió hacia otro lado antes de ser visto. Fue entonces cuando chocó con un chico de ojos grises y cabello rubio, que parecía no saber dónde estaba. ¿Malfoy?, se dijo inmediatamente al reconocerlo, ¿Cómo era posible? ¿Acaso el rubio visitaba el Mundo Muggle de pequeño? ¿Y dónde estaban sus padres?

Sus pensamientos se perdieron cuando el otro lo miró asustado por segundos y luego sonrió aliviado.

-Oh, Merlín, eres tú- exclamó abrazándolo y el pequeño Harry casi retrocedió del susto, no acostumbrado a ser abrazado. El otro lo observó extraño por segundos, y entonces analizó atentamente su ropa y lo miró confundido.-¿Por qué estás vestido así?-le preguntó y Harry observó que el otro niño tenía lo que ahora reconocía como una túnica, un ropa extraña.

Si Harry tenía alguna duda de que fuera realmente Malfoy, quedó aclarado cuando el otro uso la expresión mágica más común. ¿Pero cómo lo había encontrado? ¿Por qué?, se preguntó y siguió observando la escena, queriendo encontrar una explicación.

-Es el uniforme escolar del jardín de niños de los alrededores-respondió el pequeño Harry, mientras se preguntaba si había un uniforme parecido al que el otro tenía en algún lugar, y analizaba su propia ropa sin encontrar nada extraño. - ¿Por qué?, ¿Pasa algo malo? -preguntó extrañado y el otro negó con la cabeza.

-No, bueno si, no importa en realidad como te hayas vestido-dijo moviendo su cabello ligeramente. - Te he estado buscando.

- ¿A mí?

-Por supuesto que a ti. - Respondió con un ligero gesto de arrogancia- ¿por qué habría de buscar a alguien más?

-¡Harry!-escuchó que gritaban a lo lejos- Maldito niño, ¿Dónde estás? No tengo porqué buscarte. Vuelve a casa de una vez.

Nervioso por oír la voz de su tía, Harry empezó a dar la vuelta para reunirse con ella antes de ser castigado, cuando escuchó al otro jadear sorprendido.

-¿Harry?-escuchó al otro tartamudear- ¿Harry Potter?

Harry volteó con el ceño ligeramente fruncido, ¿Cómo alguien que decía buscarlo no sabía su nombre?

Aún así asintió y empezó a caminar cuando el otro le sujetó la mano.

-Espera-le dijo- Tengo algo que decirte, es importante.

-¿Importante?-repitió y, movido entre la curiosidad y el miedo a su tía, miró entre los dos y observó como el otro sonreía. Una sonrisa muy linda, por cierto. Esa sonrisa, tan animada y confiable, fue lo que lo hizo confiar en él y esperó a lo que el otro quería decir, queriendo que se apresurara.

-Escucha-le dijo, con la suave voz de un niño de 5 años- Un día muy especial, cuando descubras quien eres realmente, te toparás conmigo, con un niño como yo, en una tienda de ropa. Mi vida está unida a la tuya y el destino dependerá de lo que tú decidas. Si aceptas ser mi amigo seré tu mejor amigo para siempre, pero si decides rechazarme, me convertiré en la persona que más te amará en el mundo. -El pequeño Harry no entendía esa lógica, de hecho el mayor tampoco, pero asintió- Así otras personas te amen, así otras personas te enamoren, yo estaré para ti por siempre y seré la persona que te hará más feliz en el mundo, que te dará todo lo que buscas.

Harry bajó la mirada.

-¿Amarme? Nadie me ama-Exclamó con la voz tan rota y apagada que casi no se oyó sus palabras; y esa respuesta rompió el corazón del niño frente a él y de sí mismo, ya mayor.

Harry esperaba que el pequeño Malfoy se burlara de él pero, contra todo pronóstico, sonrió tristemente y le tomó la cara con sus dos pequeñas manos. Ese gesto fue encantador, y se preguntó cómo se sentiría si el rubio slytherin hiciera lo mismo con él ahora.

-Te amaré, te haré feliz. Lo sé. He visto el futuro.

-¿Has visto el futuro?-exclamó el pequeño niño de ojos verdes sorprendido, y el rubio se vio como si hubiera metido la pata por segundos. Pero luego su mirada se volvió determinada y asintió.

-Lo he visto-le dijo-Soy un vidente. Ahora todo depende de lo que tú quieras que seamos. Yo no lo recordaré, pero está bien. Seré feliz con cualquiera de los dos. Porque he visto el final, dice. Siempre estamos juntos.

Lo siguiente que Harry vio, fue a sí mismo en emocionado por su primer día con Hagrid; y enseguida las palabras del rubio, que le habían mantenido por mucho tiempo con la esperanza de reencontrarse, le invadieron.

Cuando sepas quien eres realmente…

Y ahora lo sabía, había pensado el niño pequeño, era un mago. Era Harry Potter, el Niño-que-vivió. Su emoción se detuvo cuando recordó la advertencia del pequeño rubio

¿Mejores amigos o novios?, pensó sonrojándose por unos segundos, pero antes de tomar una decisión llegó a la tienda de túnicas de Madam Malkin. Para su alivio el otro no estaba ahí.

Su primer pensamiento, mientras esperaba, fue que a su tío no le gustaban las parejas del mismo sexo y no sabía cómo podría ocultar su relación, si de verdad se daba. O cómo reaccionaría.

Es decir. Ya lo odiaba… ese pensamiento lo hizo tomar su primera decisión. Amigos, se auto convenció. Definitivamente mejores amigos. Podía manejar eso, y era una buena forma de ser querido.

Pero cuando estaba parado enfrente del espejo, en Madam Malkin, y entró el rubio, Harry se quedó en silencio escuchándolo hablar y no pudo decir nada. Era hermoso, se dijo, mirando al otro mover las manos mientras hablaba. Y algo arrogante, fue su segundo pensamiento; pero había visto su sonrisa y sabía que era dulce. Y quería verla una vez más. Una sonrisa sincera y tierna. Una linda sonrisa que surgiera cuando el otro fijara sus ojos solo en él, justo como ahora.

Antes de que se diera cuenta, el otro se marchó. Y cuando se encontraron más tarde, él ya había conocido a Ron. Su nuevo mejor amigo. No, se repitió mirando al pelirrojo comer y sonrojándose. Ese lugar era para alguien más.

Para Draco.

O al menos esa era la idea, porque cuando el rubio entró a su vagón y fue más que obvio que no congeniaba con Ron, Harry se dio cuenta que no podría tener a los dos de amigos, y se enojó con el rubio por ser tan engreído como Dursley.

No lo quiero, pensó. No quiero a alguien como Dursley.

No quiero a alguien que no acepte a Ron solo por ser pobre.

Pero cuando Draco volvió a sonreír y le extendió la mano, Harry olvidó ese pensamiento. Momentáneamente, porque él cabezota volvió insultar a Ron.

Ay, Draco, suspiró el mayor.

De pronto, vaciló en su decisión de ser amigos. No sólo porque era totalmente distinto a lo que recordaba, sino porque en el fondo quería ser algo más, quería tenerlo todo. Quería que alguien lo amara con todo su ser, tal como sabía que él podía amar. Porque quería tener a ambos, a él y a Ron.

Lo rechazó, y el rubio lo miró enojado.

Yo no lo recordaré...

No puede ser, ese odio en su mirada era real.

Ese pensamiento le generó dolor a Harry, pero confió en que las palabras del rubio serían ciertas. Sin embargo, no fue fácil ver cómo Draco se hizo rápidamente amigo de Zabini, ni como su sonrisa se iluminaba para él. Esa sonrisa que debía tener Harry, pensó apretando su túnica con los puños, ahora era de ese niño moreno de ojos azules, a quien Draco veía y sonreía con soltura.

Aguanta, se repetía siempre. Él vio el futuro, él me amará.

¿Pero cuando?, era la pregunta.

Cuando pasó de él, con su nuevo mejor amigo, a Harry no le quedó otra que molestarlo para que lo notara. Al principio solo pensó en irritar al rubio para atraer su atención, pero fue más que obvio que Draco jamás lo perdonaría por rechazarlo, y Harry ya no estuvo tan seguro de su decisión.

¿No hubiera sido mejor ser su amigo y luego convencer a Ron de lo bueno que podía ser cuando se le conocía? Él veía bondad en los ojos de Draco cuando creía que estaba sólo con sus amigos o nadie lo observaba. Él sabía que el otro fingía, no sabía por qué, pero no dudaba por las palabras de Ron, que fuera debido a su padre.

Pasó el primer año y parte del segundo vigilando al slytherin a lo lejos, y añorándolo. Tanto, que cuando Nott se le acercó no pudo evitar mostrar sus celos.

Y entonces, Dumbledore le borró la memoria.

Después de aquello todo era tal cual lo recordaba apenas unos minutos. No había esperanza, ni cariño, ni ilusión. Malfoy se volvió... solo Malfoy. Solo el niño de mami. Solo una molestia. Ese resentimiento, resultado de sentir que había escogido mal, que había sido reemplazado, se volvió el espejismo de odio hacia el rubio.

Pero aún con todo ese odio, una parte de Harry siguió celando a Malfoy cuando Nott se volvió cercano a él. Y con estos recuerdos, con las ilusiones del pequeño Harry en él, los celos regresaron; gritándole a Harry que Nott estuvo saliendo con su chico durante año y medio, y luego fue su amante ocasional, y Harry lo permitió ¡Lo permitió!

Ese sentimiento lo enfureció y se volvió pesado en su pecho. Si Nott hubiera estado frente a él probablemente podría arrancarle la cabeza. A él, y a todos lo que lo tocaron. A Malfoy, por olvidar su promesa. A sí mismo, por ser tan idiota y tratar de esa manera a Draco, por alejarlo una y otra vez, por no tener idea de donde estaban.

Nott aún mantiene una relación cercana a él, gritó su niño interior. Sabe dónde está y tú no.

Con el éstomago pesado, Harry examinó su mente intentando recordar dónde estaba el rubio. Malfoy y Nott no habían regresado a Hogwarts, ¿no era cierto? Probablemente habían ido a Durmstrang juntos.

Eso pareció hacerlo reaccionar. El otro día, en la heladería lo vio, con sus amigos. Maldita sea, Malfoy incluso le dio un saludo cortés y él solo se le quedó viendo. Pero es que se veía tan bien, tan vivo, tan relajado... Tan diferente y a la vez tan él...

Bajo la mirada contrariada de Hermione, quien se preguntó qué había hecho recordar a su amigo, Harry bajó la mirada y sonrió tristemente.

Draco estaba hermoso. Parecía que la guerra no lo había tocado. Reía, bromeaba, no temía nada, no le importaba la opinión de nadie...

Era tan libre y él...

Él se iba a casar.

-Harry- escuchó la triste voz de su amiga- ¿Qué pasa? ¿Te dolió?¿Llamo a alguien?

Negando con la cabeza, Harry le pidió que se fuera.

-Espera, Harry. Quizá debería...

-No, Hermione. Gracias, pero tengo que pensar algunas cosas.

Sacando a su amiga de su casa, el moreno se acostó boca abajo en su cama y abrazó la almohada. ¿Qué debía hacer?

Se suponía que él amaba a Ginny, que estaba feliz con la boda, que quería hijos con ella y se volverían aurores, juntos, tal como sus padres. Tendría una familia armoniosa y grande, se volvería parte de los Weasley, una parte importante de la Sociedad Mágica. Cerró los ojos tratando de imaginar esa vida, pero solo podía pensar en que todos esos años había pensado en él de vez en cuando y, al parecer, había sido la única forma en que sus memorias perdidas le decían que ese no era su lugar.

Indeciso entre su situación actual y lo que podía no llegar a suceder, Harry terminó la semana faltando al trabajo y aislándose para pensar. El tiempo se le acababa, y ese mes pronto se había convertido en dos semanas y todo mundo esperaba la boda con ansias, todos excepto él.

Él solo podía pensar en las palabras del rubio, en su deseos, en la voz de Draco, en su sonrisa mientras platicaba quien sabe qué con sus amigos. En la mirada limpia que le dirigió al cruzarse y esa ligera sonrisa, como quien se topa con algo que creía perdido en mucho tiempo y de cierta forma no se ha dado cuenta que le ha extrañado. Y es esa conclusión, fue lo que llevó a Harry, en medio de una cena familiar con los Weasley, a decir lo siguiente.

-Lo siento, no puedo continuar con la boda.

La mirada de todos se posaron sobre él, las voces alegres se callaron. El llanto de Ginny se escuchó, y las preguntas y los golpes no tardaron en llegar. Cuando más tarde, Hermione curó sus moretones y lo miró, supo que ella era la culpable de esa situación, por haberle mostrado lo que sea que lo había vuelto enemigo de los Weasley y había destrozado su vida. Su predecible y relajada vida.

-Lo siento- exclamó, y Harry negó despacio, porque le dolía.

-Está bien, no me dolió. Son los moretones- respondió pensando que se refería a la mueca de dolor cuando ella le aplicó un ungüento.

-No me refería a eso. Se supone que te casarías, que serías feliz, y yo...

-Descubrí que estoy enamorado de alguien más-confesó, interrumpiendo sus palabras y los ojos castaños, grandes y llorosos, le miraron sorprendidos.

-¿Qué dijiste?-preguntó sin poder creer las palabras de su amigo.

-Dije que yo amó a alguien más.-Reafirmó-Más de lo que quiero a Ginny. Y si no fuera por ti, no habría recordado que le he esperado desde los cinco años y él también me ha esperado a mí. Gracias-susurró de todo corazón.

-¿Te ha esperado?-Preguntó confusa y cuando los ojos verdes de su amigo la miraron, supo que no mentía y había algo especial ahí, de lo que no estaba enterada.

-Algo así...-respondió.-Verás...

Al terminar su historia, la mirada de Hermione era suave y tierna. Harry le devolvió la sonrisa.

-Entonces-exclamó ella- busquemos a Malfoy.

Estaban entusiasmados, por su nueva aventura. Sin embargo, lo único que descubrieron fuer que el rubio se había marchado hace una semana, la misma en la que él se encerró y se alejó del mundo, para volverse un inefable en Francia.

-Lo lamento-dijo unos días después Hermione, tomando el té en la sala de Grimmauld Place que, acepta interiormente, iba a extrañar si lo dejaba por una simple casa- No pude encontrarlo. Los inefables, ya sabes, incluso en Francia son muy cautelosos.

Harry asintió y le sonrió a su amiga, la única de los Weasley, o futura Weasley, que le hablaba.

-No pasa nada. Puedo esperar. Ya volverá...

-Quizá pase mucho tiempo...-comenzó la otra, no queriendo que albergue falsas esperanzas; pero Harry sonrió divertido y la detuvo, de una forma más alegre a lo que creía estar días antes de lo que creía el día más feliz de su vida, y se alzó de hombros.

-Seguiré estudiando para ser auror mientras regresa.- Respondió tomando un trago más de su taza de té.-Creo que si hemos esperado tanto tiempo por nuestro final feliz, podemos esperar un poco más.

La sonrisa de Hermione le hizo creer que sus palabras habían sido perfectas, y aunque ahí afuera el mundo no paraba de cotillar sobre las razones de su decisión, se habían indignado o decepcionado de él, Harry sonrió y se sintió más ilusionado que nunca, ante el futuro que lo esperaba.

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-¡Harry!-Años después, el grito de Hermione hizo que volteara y dejara los papeles que estaba leyendo en su escritorio. Su túnica roja se aplastó ligeramente, así que se movió para liberarla. Ron también alzó la mirada al ver a su novia llegar y frunció el ceño al notar que ni siquiera había sido saludado; pero lo dejó pasar al ver esos ojos castaños brillar con entusiasmo.

-¿Qué pasa Hermione?-preguntó el moreno, sabiendo que esa sonrisa traía buenas noticias, y Ron no pudo evitarlo, y sonrió de lado divertido también.

-¡Malfoy ha vuelto hace días, pero apenas se ha dejado ver en público!-exclamó con emoción y observó lo mismo en la mirada de Harry- Lo he visto pasar en el pasillo de San Mungo, parece que fue a visitar a alguien. También se ha hecho la rutina de actualización de datos médicos. ¡Ha llegado y actualizado todos sus datos!¡Va a quedarse!-Resumió, como para que Harry entendiera el punto principal.

Una gran sonrisa se extendió en la cara del auror.

Le sonrió a Ron, quien hizo una mueca, alegre por su amigo y un poco decepcionado de que a Harry realmente le gustara el hurón. Observó la ilusión en la mirada esmeralda frente a él y no pudo evitar alzarse de hombros, aceptarlo y lamentar por décimo centena vez que su hermana nunca hubiera podido hacer brillar así los ojos de su mejor amigo.

Mira que enamorarse de un vidente, sonrió. Un vidente que, desde el principio, hizo que rechazaran su mano.

-Corre, yo me encargo de esto-exclamó señalando los papeles, y ante su propuesta, Harry salió corriendo-Suerte-murmuró a pesar de saber que no sería escuchado.

-Vamos- exclamó Hermione, con sus ojos castaños, orgullosos y divertidos- tenemos que ver esto. Lo recordaremos el resto de nuestras vidas. Podemos sacar luego el pensamiento y regalárselo a Harry.- Vamos.

-De acuerdo-se lamentó Ron, poniéndose de pie.

-Eres un gran amigo-mencionó alegre la chica y Ron se alzó de hombros y no lo negó.

-Mejor déjalos solos Mione. Hemos interferido demasiado.

Ella asintió.

Ese día Ron se dedicó al papeleo, y cuando escuchó de Harry que lo había visto, y le había devuelto la varita, asintió feliz por él. Excepto que horas más tarde Anthony Goldstein y a Roger Davis estaban molestando a Terry Boot con la recién llegada de su rubio novio en el ascensor, y no pudo evitar que era demasiada casualidad, y preocuparse.

Su preocupación incrementó cuando al día siguiente Draco Malfoy apareció en el Ministerio y, antes de que Harry lograra acercarse a él, Terry Boot le dió un gran abrazo que el otro respondió con una ligera sonrisa, y sin alejarlo, ignorando el mundo a su alrededor. Miró a Hermione sin saber qué hacer o decir y ella miró a su vez a Harry, quien tenía las cejas fruncidas y apretaba los puños.

Estaba celoso.

Y a Ron no le entró duda que esos puños serían apretados un par de veces más antes de que ese final feliz, que tanto desea su amigo, apareciera.