"Leona"
Kohaku rodó los ojos al escuchar, a primera hora del día, el estúpido sobrenombre que Senkuu le había puesto. Su voz sonaba vacilante al otro lado de la línea, como si estuviese genuinamente asustado.
Bueno, por algo la estaba llamando a las siete de la mañana un sábado.
Desacostumbrada a tal silencio de parte de su amigo, Kohaku tragó saliva antes de hablar.
-¿Dime? -la voz de la rubia sonó ronca, cargando todo el peso de un mal sueño.
"Byakuya-… mi viejo… me invitó a pasar la Nochebuena con él…" se explicó el científico, provocando que Kohaku arqueara las cejas involuntariamente.
¿Eso era una emergencia? ¿Para eso la llamaba a esa hora?
-¿Y?
"Bueno, ¿recuerdas que le conté que eras mi novia para que dejara de hincharme las pelotas?"
Kohaku suspiró exageradamente. Senkuu se lo había mencionado hacía un tiempo y no lo había tomado suficiente importancia. Sabía lo insistente que podía ser el padre de su amigo al respecto, y que este último no habría dicho nada si no fuese totalmente necesario.
Kohaku creía firmemente que el tema ahora estaba saldado y que Byakuya se relajaría. Pero al parecer, por cómo sonaba la voz y la respiración de su amigo al otro lado de la línea, eso estaba lejos de suceder.
"Bueno. Por un tiempo dejó de hacerlo, pero ahora quiere 'formalizar las cosas'" Senkuu continuó, lentamente, como si estuviese tanteando la reacción de Kohaku. "Quiere que pasemos la Nochebuena con él"
¡¿Qué?! ¡¿Qué sentido tenía eso?! Kohaku conocía al padre de Senkuu desde que eran compañeros en la escuela. A veces hasta la había ido a dejar a la casa de sus padres cuando pasaba por Senkuu y la veía a ella devolviéndose sola. No era necesario que la conociera como la novia de Senkuu; era una de las principales razones por las que su amigo la había incluido a ella en su mentira.
"Lamento mucho esto. Sé que siempre la pasas con Ruri. Por eso te pagaré 50 mil yenes si actúas como mi novia para esta ocasión."
-¡¿50 mil?! -Kohaku exclamó, levantándose de su cama de un brinco.
"¿Está bien para ti? Mi padre espera que te quedes a dormir. Por suerte tengo un futón extra en mi antigua habitación."
Era una oferta bastante buena, tanto que no pensó en lo escandaloso que sería compartir la habitación con un hombre con el que no tenía otra relación más que una buena amistad.
-Sí. Está perfecto. Te veo el 24 entonces. -la chica respondió inmediatamente, con una gran sonrisa impresa en su rostro.
"Muy bien. Te espero a las siete en la estación de trenes." Senkuu colgó el celular, y Kohaku dio un largo suspiro antes de dejar el suyo sobre la mesa de noche y recostarse boca arriba en su cama.
¿Pero qué acababa de hacer?
El hecho no era solamente escandaloso porque dormiría en la misma habitación que un hombre que no era su novio, sino porque ese hombre era el mismísimo Ishigami Senkuu, de quien había estado preocupantemente enamorada durante toda su etapa escolar y aún era capaz de suscitar extrañas sensaciones ella, aunque ya se hubiese acostumbrado a no verlo a diario; solo cuando le pedía ayuda con sus nuevos proyectos científicos.
Senkuu no estaba interesado en ella de esa manera. Kohaku lo sabía. Ya sabía que no debía malinterpretar sus prolongadas miradas y tampoco las palmadas que a veces le daba en el hombro para felicitarla por un buen trabajo. Sin embargo, su cuerpo seguía afiebrándose cada vez que se daban esas situaciones, impidiéndole ponerle fin a su extraño enamoramiento.
¿Qué mierda pretendía Senkuu al colocarla a ella en esta situación? ¿No podía haber pensado en alguien más?
Dormir con él definitivamente le complicaría la vida aún más de lo que ya estaba. Hacía un tiempo, además, había comenzado a salir con Mozu informalmente, y si bien no tenía ningún compromiso con él, Kohaku sabía que tendría que terminarlo lo antes posible por su propia salud mental.
Estaba realmente perdida.
-Creo que estás siendo muy poco observadora, hermana. -Ruri le comentó luego de unos minutos, tras escuchar atentamente las preocupaciones de Kohaku.
Habían ido al centro comercial para comprarle algún vestido adecuado a Kohaku, quien a los quince minutos de entrar allí ya se había aburrido.
-¿En qué sentido? -la joven le preguntó, consternada, a su hermana, con una pila de cinco vestidos distintos en un brazo.
-Lo que veo yo es que a él le gustas. Desde hace tiempo.
-Pero él siempre dice que…
-¿No le interesan las relaciones románticas? -Ruri completó su oración. Su concentración estaba dividida entre la conversación y entre encontrar otro vestido que podría ser del gusto de Kohaku. -Puede ser verdad, pero eso no significa que no le intereses tú. ¿Recuerdas cuando te lesionaste en tu torneo hace dos años y él fue el único que se quedó esperándote en el hospital cuando todos los demás nos fuimos por la noche? ¿Recuerdas cuando Gen intentó coquetear contigo y Senkuu probó su pistola de electroshock en él?
-Pero eso fue… no creo que fuera por… y pasó hace años… -Kohaku balbuceó, recibiendo el vestido que Ruri le había seleccionado en su mano libre.
-Solo digo, que tal vez te pidió a ti esto porque eres la única persona que Senkuu puede imaginar como su novia.
Kohaku miró con desconsuelo a su hermana. ¿Cómo iba a ser posible que en todo este tiempo Senkuu estuviese enamorado de ella? Ya tenían veintitrés años, y en todo el tiempo en que se habían conocido nada había pasado entre ellos. Era inútil darle esperanzas cuando sabía que no debía tenerlas.
Kohaku llegó diez minutos antes de las siete a la estación de trenes usando un vestido rojo de hombros caídos con un blazer de cuadros que pesaba unos diez kilos. Siempre tendía a sentir mucho menos frío que los demás, pero esa tarde parecía estar descompensándose de la pura ansiedad. Llevaba también un bizcocho navideño en sus manos además de su bolso con algunos neceseres para dormir en la casa ajena.
No esperaba que Senkuu estuviese ya esperándola, sentado en una banca sin notar que ella ya había llegado, absorto, mientras miraba su celular.
-Senkuu. -Kohaku se colocó frente a él, bloqueándole la vista del poco sol que calentaba su rostro.
El peliverde pareció reparar lentamente en ella antes de sonreír levantando solamente la comisura derecha de sus labios.
-Bien. Llegas a tiempo. -Senkuu se puso de pie, y Kohaku no pudo reparar también en su atuendo.
-Traje un bizcocho. Lo hice yo. -la chica le mostró la bolsa con algo de orgullo. Esperaba que todo lo que tardó en hacerlo valiera la pena.
-Oh. Buena idea. -Senkuu alzó su celular para chequear la hora. -El tren parte a las siete y media. Tenemos aún tiempo.
-¿Para qué? -Kohaku preguntó, ladeando su cabeza.
-La cosa es así. -el científico sacó de su bolsillo un papel y lo desdobló frente a ella. -Hice un esquema de nuestra relación.
Kohaku rodó los ojos mentalmente mientras veía la detallada línea de tiempo que su amigo había construido para este momento.
-Bueno. Como todos saben, nos conocimos en la escuela. Éramos amigos hasta hace tres meses, en que tú me pediste una cita y yo te dije que saldría contigo solo si me ayudabas a construir mi último modelo de telescopio…
-¿Qué? Espera, ¿por qué yo? -Kohaku lo detuvo, indignada, avergonzada y furiosa.
-Simple. Eres más directa y decidida que yo. -Senkuu se encogió de hombros.
Se veía realmente muy bien con ese blazer negro y pantalones ajustados del mismo color. Kohaku se preguntó brevemente de qué color podría ser la camisa que llevaba puesta, mientras lo miraba fijamente.
-¿Qué? ¿Acaso quieres que sea una especie de príncipe de un momento para otro? -el científico insistió, con su clásico tono burlón.
-No. Pero ¿qué tiene eso de que te hagas de rogar? ¿No podías decir sí y ya?
-Ah, pues… no has escuchado el resto de la historia.
Kohaku se cruzó de brazos, mirando nuevamente el papel.
-El tema es que cuando terminamos el telescopio te besé. Hace tres meses. Hace tres meses estamos juntos.
-¡¿Q-qué?!
-¿Se te ocurre una historia mejor? Mi padre no nos creerá si le digo que no nos hemos besado aún.
Kohaku rodó los ojos, ahora de verdad.
-En nuestra primera cita comimos…
-¿Ramen? -Kohaku adivinó, ganándose una amplia sonrisa de parte de Senkuu.
-Correcto. -el científico ahora dio vuelta la página, para mostrarle una tabla. -Anoté las cosas que nos gustan, por si se nos olvidan.
La chica asintió lentamente, observando con detención lo que Senkuu había escrito. Efectivamente, él sabía todo de ella, así como ella sabía todo de él.
-¿Y qué hacemos en nuestro tiempo libre? -Kohaku inquirió, doblando la hoja de papel para devolvérsela a su amigo.
-¿Mmm? Pues, lo que sea que hacen las parejas. -Senkuu se llevó su dedo meñique al oído, en su típico gesto.
Kohaku se sintió algo desconcertada ante el comentario. El científico obviamente estaba hablándole con doble sentido. Pero, en lugar de simplemente enrojecer completa, lo golpeó levemente en el estómago.
-Pues, conmigo no durarás más de dos minutos. -la rubia sonriso ampliamente ante la sorprendida expresión de su contraparte. -Ya sabes, no creo que salgas vivo de una montaña rusa.
El tren llegó a las siete y veintiocho de la tarde. Si bien el frío podía ser insoportablemente potente, el cuerpo de Senkuu sentía constantes olas de calor que no tenían nada que ver con lo hermosa que se veía Kohaku y la idea de que podría vivir una noche siendo su novio.
Bueno, quizás eso era una mentira.
El científico siempre había tenido la firme resolución en su adolescencia de que no saldría con nadie mientras no obtuviera su título, se comprara su propio departamento y desarrollara su propia nave espacial. Sin embargo, esa resolución sufría fuertes caídas en la medida que pasaba más tiempo con la leona.
Y quizás ya estaba siendo demasiado obvio con todo esto. Tan obvio que la acompañaría toda una noche en el hospital o electrocutaría a alguno de sus mejores amigos por querer acercarse a ella.
Tan obvio que a veces se tomaba su tiempo mirando fotografías de ella. De hecho, en una posición así lo había encontrado Byakuya la última vez que se vieron, mientras Senkuu sonreía calmadamente a la pantalla de su celular.
"¿No me digas que aún sigues enamorado de Kohaku? ¿Cuándo piensas hacer algo al respecto?"
"Viejo…" -Senkuu hizo una mueca seria, ocultando su incomodidad.
La leona y él no eran nada.
"Kohaku y yo…" Senkuu miró al emocionado rostro de su padre, que estaba al borde del llanto. "Diablos, no hagas una escena."
"¡Ja! ¡Así que finalmente has hecho algo…!" su padre se sentó nuevamente sobre su silla, en el restaurant donde estaban almorzando.
"Sí, sí… hace un poco menos de tres meses que estamos saliendo…" -Senkuu mintió, descaradamente. "¿Contento?"
Sabía que su padre se calmaría ahora con el asunto. Pero sabía también que acababa de crear un monstruo.
"Contentísimo, hijo mío. ¡Por fin decides actuar con tu corazón!"
"Vale. Ahora comamos."
Senkuu gruñó para sus adentros recordando la escena. Aunque se lo hubiese contado a Kohaku tan pronto como sucedió, después de eso todo había continuado perfectamente normal entre ellos, hasta que su padre volvió a llamarlo cuatro días atrás para invitarlos a cenar con él para la Nochebuena.
-Este maldito viejo entrometido… -musitó el peliverde, mirando por el ventanal junto al perfil de la leona.
-¿Dijiste algo, Senkuu? -Kohaku volteó a mirarlo con curiosidad.
-Nada. Creo que solo verbalicé mis pensamientos. -rio él.
-Todo saldrá bien. Recuerda que estuve en el club de drama de la escuela.
-Por una semana… -recordó él, esbozando una sonrisa.
-No te rías. Recuerda que tú me contrataste para esto. -Kohaku rio malévolamente, cruzando una pierna sobre la otra.
Senkuu no pudo evitar desviar la mirada desde los ojos de la rubia hasta sus musculosas piernas, cubiertas por unas medias negras y traslúcidas.
Últimamente, el científico también había estado teniendo estos invasivos pensamientos obscenos hacia ella que cada vez se le estaban haciendo más difíciles de controlar. Sus ojos ya se habían detenido a mirarla por más de lo necesario esta vez.
De nada le ayudaban sus comentarios de doble sentido de vez en cuando.
¿Debería decirle algo antes de esto? ¿Debería confesarle qué es lo que hacía cuando tuvo esa conversación con Byakuya? Ya se conocían hacía años, y cada vez a Senkuu se le hacía más difícil ignorar su irremediable atracción hacia Kohaku.
-Todo saldrá bien. Tu padre dejará de molestarte. -su amiga sonrió suavemente, mirándolo por unos segundos antes de voltearse hacia el ventanal.
Mmm. Mejor lo dejaría para después.
-¡Bienvenidos! ¡Hijo mío! ¡Hija mía! -Byakuya recibió a Kohaku y Senkuu en la entrada de su casa, vestido con un colorido sweater rojo y un brillante sombrero del mismo color que terminaba con un pompón blanco en el extremo.
Tras él, se encontraba Lillian, sonriendo ampliamente. Kohaku no entendía cómo alguien que no tenía ningún parentesco con ella podría parecérsele tanto. Sin embargo, le recordaba, más que a nadie, a su madre.
Toda esta hospitalidad, desde que abrieron la puerta hasta que los dejaron pasar, hicieron que Kohaku no extrañase profundamente las festividades con Ruri. Incluso las fotos que le sacaron con Senkuu no se sintieron tan incómodas como imaginó. Su padre los estaba esperando también con una estupenda cena que parecía sacada de una película norteamericana, y se emocionó de sobremanera cuando Kohaku sacó el bizcocho que había preparado de su bolsa.
-Se ven muy bien ustedes dos juntos, ¿cuánto tiempo llevan saliendo?
-Un poco más de tres meses. Estamos juntos desde el veinte de septiembre. -Kohaku respondió amablemente, y sintió un suspiro de alivio de parte de su amigo.
-¡Pero a Kohaku la conoce desde los doce años! -exclamó Byakuya. -Te conté, ¿no, Lillian?
-Sí. Lo sé, cariño. -Lillian lo calmó con una sonrisa conciliadora. El padre de Senkuu podía ser demasiado a veces. -Pueden dejar sus chaquetas en el perchero junto a la entrada.
Kohaku caminó hacia la entrada y sintió a Senkuu seguirla de cerca. Había estado extrañamente silencioso durante toda esa introducción.
-Tranquilo, Senkuu. -Kohaku musitó, quitándose el abrigo y colgándolo donde le habían señalado.
Cuando volteó a verlo, no esperaba encontrarse con la retraída expresión de su amigo, quien simplemente dejó su chaqueta donde mismo y se llevó las manos a los bolsillos.
-¿Estás bien? -la chica insistió, preocupada por el repentino cambio de su aura.
-¡Ya deja de hacerte el tonto y bésala! -la estruendosa voz de Byakuya los sobresaltó a ambos.
Los ojos del hombre viajaban constantemente sus cabezas, y Kohaku no tardó mucho en notar la pequeña rama de muérdago sobre ella y Senkuu.
-Tú y tus clichés norteamericanos. -el peliverde se quejó, con su clásico tono burlesco.
Mierda. Esto no era un buen giro de eventos. Que Senkuu se negase a besarla era definitivamente una mala impresión.
Sin pensarlo mucho, Kohaku se acercó a Senkuu, lo tomó del cuello de la camisa, y le plantó un corto pero certero beso en los labios, algo resecos por el frío. Su cuerpo, al contrario, se sentía caliente junto al de ella.
Había sido el momento perfecto. Incluso Senkuu se mantuvo mirándola luego de que ella lo soltase, lo que le añadió más dramatismo a su extraño y forzoso primer beso. Byakuya solo pudo mirarlos con estupefacción y toneladas de felicidad impresa en su rostro.
Senkuu se mantuvo en un relativo silencio durante toda la cena, observando a Kohaku interactuar libre y calmadamente con su padre y Lillian. Estaba siendo tan convincente que hasta él mismo sentía por momentos que lo que estaba pasando no era una simple obra de teatro instrumentada por él y la chica sentada a su lado.
¿Realmente le gustaban sus ojos? ¿O el mechón de cabello rebelde que caía por su frente? ¿En serio recordaba tan detalladamente el momento en que -a los doce años- le dijo que no estaba interesado románticamente en ella ni en nadie más?
Habían pasado once años de eso. Once años en que Kohaku se tomó sus palabras al pie de la letra, y que mantuvo en su imaginario hasta el supuesto beso que compartieron en su laboratorio, pero -en realidad- era algo que seguía presente en su cabeza.
Incluso se había negado a besarla bajo el muérdago, consternado por la molestia que podría implicar para ella. ¿Habría estado actuando también cuando lo besó? ¿Habría sido real ese tenue suspiro que salió de sus labios cuando se separó de él?
-Bueno, puede que mi hijo no sea muy demostrativo, pero como padre te puedo decir que siempre te ha tenido un cariño especial. -Byakuya comentó animadamente.
Senkuu carraspeó fuertemente, volviendo repentinamente a la conversación que estaba sucediendo mientras disociaba.
-¿Si? -Kohaku replicó, ignorando las obvias protestas de Senkuu por terminar la conversación en ese punto.
-¡Claro! Siempre te ha mirado con esa cara de idiota enamorado. -rio fuertemente Byakuya.
Por su propio bien, Senkuu sentía que debía protestar. Pero su enojo se vio abruptamente aplacado por la mano de Kohaku sosteniendo la suya bajo la mesa, apretándolo con fuerza. Su mirada se desvió rápidamente a la bonita curva que hacía el vestido de leona en su hombro y sus pechos antes de que esta volteara a verlo con una expresión que él no pudo interpretar en lo más mínimo.
-No te rías así de él. Tú tienes la misma cara siempre. -Lillian intervino, riendo divertidamente, y todos los rostros volvieron al centro de la mesa.
-Lo siento, leona. -Senkuu murmuró suavemente al oído de Kohaku, quien aún sostenía su mano.
La manera en que toda su piel se irguió de un segundo a otro lo fascinó lo suficiente como para mantenerlo sonriente durante el resto de la velada.
La habitación de Senkuu se veía más vacía y pequeña de lo que recordaba. Kohaku había pasado muchas tardes estudiando allí junto con Chrome y -a veces- Gen y Ryusui, quienes se la pasaban conversando la mayor parte del tiempo mientras que Senkuu intentaba, una y otra vez, enseñarles sobre química. Ahora solo había un póster de Doraemon pegado en la pared, y tres libros de su infinita colección que había dejado en el estante. La colorida lámpara del sistema solar ya no estaba, dándole un aspecto mucho más sobrio a todo lo que había a su alrededor.
Kohaku se sentía bastante confundida. ¿Por qué su padre hablaba de lo obviamente enamorado que estaba Senkuu de ella? ¿Por qué todos -excepto por ella- lo notaban? ¿Estaba ciega acaso?
No podía ser eso. Una de sus virtudes era lo perceptiva que era, interpretando las intenciones de sus adversarios por la manera en que movían un dedo o miraban a un punto específico donde atacar. ¿Cómo podría ignorar las señales que le mandaba Senkuu así?
Kohaku se sentó en la cama y dio un largo suspiro. El futón que su amigo había mencionado anteriormente estaba al frente suyo, separado por una considerable distancia. Si bien se había prometido a sí misma que no se haría falsas expectativas, comenzó a imaginar cómo sería esta situación si todo hubiese sido real.
Si la manera en que Senkuu la miraba fuese habitual. Si tomarle la mano fuese su pasatiempo favorito.
Kohaku escuchó la puerta abrirse y se colocó de pie apresuradamente, recogiendo sus cosas. Hacía unos momentos se había colocado su ropa de dormir y se sintió sumamente consciente de esta cuando Senkuu entró a la habitación y la miró fugazmente.
Sinceramente, ¿qué le pasaba hoy?
-Eso salió mejor de lo que esperaba. -Senkuu comentó, hurgueteando en su mochila rápidamente.
-No es necesario que me pagues ahora… -Kohaku intentó detenerlo, pero luego dio algunos pasos atrás cuando sacó un pequeño envoltorio dorado y se lo acercó.
-Feliz navidad, leona. -el científico la miró de reojo cuando ella recibió el paquete, y comenzó a abrirlo con una pizca de curiosidad y confusión.
-Yo no te tengo nad… -Kohaku se interrumpió a sí misma cuando divisó una delicada cadena dentro de un pequeño saco de terciopelo. -No era necesario…
Al colocarla a la luz, la rubia notó el colgante con la forma de una cabeza de león.
-No lo era, pero lo vi y pensé en ti. -Senkuu se explicó, dejando sus cosas sobre el futón tras él.
-¡Ja! ¿No te cansas de ese estúpido apodo? -Kohaku bromeó, desabrochando la cadena con sus dedos para colocársela alrededor del cuello.
-Ni en un billón de años. -Senkuu sonrió, acercándose a ella con cuidado, como si la chica pudiese hacerle algo.
Pero Kohaku simplemente se quedó allí, inmóvil, intentando descifrar si el brillo en la mirada de Senkuu era por algo más que el alcohol que bebió una hora atrás.
-Te ayudaré a colocártelo. -explicó el peliverde, con su voz ligeramente agravada.
Kohaku ahogó un suspiro cuando, tras colocarse de espaldas a Senkuu, sintió sus dedos rozarle delicadamente el cuello, provocando que todos sus sentidos se pusieran alerta, notando cada toque, respiración o palabra que pudiera pronunciar a sus espaldas.
-Ahora que lo pienso, n-no creo que haya sido una buena idea probármelo ahora. -Kohaku balbuceó, intentando romper con la extraña tensión que se había formado entre ambos. -Tendré que quitármelo de todos modos.
Sin embargo, Senkuu hizo caso omiso a su preocupación, pues la rubia escuchó el "click" de la cadena inmediatamente después de su última palabra.
-¿Senkuu? -Kohaku volteó ligeramente para enfrentar a su amigo que, nuevamente, parecía estar inducido en un extraño trance.
Sin embargo, la mente de la chica detuvo momentáneamente su trabajo cuando sintió los labios de Senkuu sobre su nuca, inmóviles, dejando que su respiración se colara entre ellos. El corazón de Kohaku, ya bastante acelerado por todo lo que había vivido esa noche, comenzó a brincar descontroladamente.
Y no pudo emitir ninguna palabra. Tan solo respiró profundamente y se dedicó a disfrutar de la íntima sensación de Senkuu junto a ella, acariciándola tímidamente con los labios, como si estuviese rogándole traspasar el límite invisible que los separaba.
Pero lo que no sabía él es que no tenía por qué rogar. Estaban completamente solos en esa habitación atiborrada de recuerdos y ya nada los podía detener. Kohaku solo necesitaba estar segura de que esto era lo que él quería.
-Ya no es necesario fingir. -comentó ella, alzando levemente su voz.
-Lo sé.
Esas últimas palabras de Senkuu fueron las que llevaron a Kohaku a girar en su lugar y juntar sus labios con los de él, permitiéndose vivir -ahora sí, plenamente- lo que se sentía besar al hombre que amaba.
Era simplemente abrumadora la manera en que encajaban, y cómo su cuerpo reaccionaba inmediatamente al de Senkuu, cuando el científico la sostuvo por la cintura y se atrevió a profundizar el beso con su lengua, provocando que Kokaku se tambalease en su lugar.
Parecía que con cada segundo que pasaba, la chica iba perdiéndose más y más en un espiral de diversas sensaciones, que tenían su mente en blanco, su corazón agitado y su cuerpo ansioso por algo más.
Tan solo el fuerte golpeteo de la puerta los separó abruptamente, antes de que el padre de Senkuu se asomase parcialmente.
-Feliz navidad, chicos. Compórtense. -el hombre sonrió con burla y Kohaku rio cuando escuchó a Senkuu gruñirle amargamente.
-Feliz navidad, suegro. -la rubia agitó su mano, despidiéndolo.
-Ese viejo metiche… -se quejó el peliverde de manera que solo ella pudiera escuchar.
-Es feliz, ¿no? -Kohaku le sonrió con suavidad, conectando su mirada con la de él. -Esta navidad.
Esta vez, fue Senkuu quien se inclinó hacia ella para darle un tierno beso en los labios.
-Al diez billones por ciento, diría yo. -murmuró, su voz agravada súbitamente. -No esperaba una sorpresa como esta.
-¿Qué opinas de ella? -Kohaku se colgó del cuello de Senkuu, guiándolo lentamente hasta su cama. -¿Te parece un mejor comienzo que ese beso en tu laboratorio?
Senkuu colocó ambas manos en las caderas de la rubia, pegándose a ella sugestivamente.
-Solo me basta con que sea real. Y que salgamos a comer ramen de vez en cuando.
La rubia besó al científico acaloradamente antes de que este la empujara de espaldas al colchón, encarcelándola entre sus brazos.
-Feliz navidad, Senkuu.
-Feliz navidad, Kohaku.
