Episodio 48 (Final): UN CIERRE Y UN EPÍLOGO A UNA HISTORIA DE SAIYAJINS Y CABALLEROS DE ATHENA

Jabu, quien había quedado desmayado por salvar a Vegeta en la pelea contra Adrastos, despierta al fin.

-Pero… ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué hasta aquí?

El caballero de Unicornio está totalmente confundido, por un momento piensa que tuvo que pelear contra enemigos del Santuario o incluso el ejército de Poseidón, pero lo que no se explicaba era el cómo había llegado hasta Italia.

-¡Tengo que volver al Santuario! Quién sabe qué esté sucediendo allá, o qué tipo de enemigos vayan a aparecer…

Jabu se levanta, sale de las ruinas de donde estaba y va a buscar la forma de regresar al Santuario; después de un rato, un señor de mediana edad accede a darle un aventón hasta el puerto en su motoneta; ya ahí, consigue que un lanchero lo lleve hasta Grecia.

A toda la gente del mundo le sucede de hecho lo mismo que había anticipado Wiss. Duermen por un pequeño periodo de tiempo y al despertar, no recuerdan nada sobre Anshoyda, ni la Genkidama, ni Shaka comunicándose con ellos.

En el monte Rozán, Dohko despierta, mismo caso con Sunrei. Ambos no recuerdan los acontecimientos.

-Oh no, me dormí… ¡Perdón, Athena! Pero aquí sigo, firme en mi misión… De aquí no me moveré y procuraré que los demás caballeros dorados no abandonen el Santuario por ningún motivo. Vamos, Seiya, Shiryu, Hyoga, Shun, Ikki, Shaina… ¡Peleen con todas sus fuerzas! -Esto lo dice el anciano maestro.

-Maestro Dohko… Susurra Sunrei, mirando fijamente al anciano.

En Siberia, sucede lo mismo con Hilda y Flare. Al despertar, las dos chicas salen de su castillo y se van a la intemperie, cerca del mar, a tratar de seguir los resultados de la batalla contra Poseidón y sus generales marinos.

-Vamos, caballeros de Athena… -Susurra la reina de Siberia.

-¡No te rindas, Hyoga! -Exclama Flare.

En el castillo oscuro, Pandora se había quedado dormida y piensa que es por el vino, al despertar, ya no recuerda lo sucedido y sigue planeando el despertar de Hades.

-Vaya… Este vino sí que es bueno. En fin, espero que la batalla entre Athena y Poseidón finalice pronto. Mi señor Hades está ansioso por volver y reclamar lo que es suyo, ganaremos la Guerra Santa esta vez... -Comenta la chica, levantándose del sillón y yéndose a descansar a su recámara.

Jerus despierta y ya no recuerda nada, ni siquiera que él había sido la reencarnación de un guerrero Persa (su nombre normal o de humano común era Zhaleh), pero siente una melancolía y nostalgia extrañas que no se puede explicar. Así mismo, le inquieta no saber el porqué de sus heridas, piensa que tuvo un accidente, pero no está seguro.

-¿Por qué siento esta tristeza…? ¿Quienes son esos amigos que no tengo pero que veo en sueños…? ¿Existieron o existirán algún día…? -Se preguntaba Zhaleh, quedando con la interrogante, pero en ese momento, entran su esposa e hijos y lo abrazan, al parecer felices porque él está bien, en lo que cabe. (De los cuatro guerreros persas, él era el único que tenía familia)

En el santuario, Mu despertaba de la siesta fugaz que había tenido.

Qué rayos… ¿Por qué dormí si ni siquiera me he movido de aquí? En fin... Tengo que llamar a Aioria, Shaka y los demás para reunirnos, no puedo dejar que vayan al mundo marino… -Esto dice el caballero, acto seguido, convoca a sus amigos y compañeros.

Aioria es el primero que llega con él.

-Mu, explícamelo… El maestro nos dijo que nos reuniéramos aquí en el Santuario y después nos dijo que no hiciéramos ningún movimiento, ¿por qué es eso…? -Cuestiona el caballero de Leo a su amigo.

-Aioria…

Entonces se da la discusión entre ellos, Aioria y Milo queriendo ir a apoyar a Seiya y los otros, Mu dispuesto a detenerlos, Shaka y Aldebarán manteniéndose neutrales, luego las armaduras doradas de Sagitario, Acuario y Libra yendo a auxiliar a Seiya, Hyoga y Shun. Viene la derrota de Poseidón a manos de Athena y los caballeros de bronce, y el final de esa saga.

[Después de un tiempo, mundo de Saint Seiya]

Jeneth había vuelto al Santuario, a entrenar con su maestro Aldebarán. En su memoria, sus compañeras Laura de Gaviota y Selina de Mantarraya habían muerto al pelear contra enemigos del Santuario, por lo que las honra llevándoles flores a unas tumbas especiales hechas para ellas; pero en sus sueños, podía ver perfectamente que sus amigas murieron a manos del terrible dios-demonio Anshoyda, al que enfrentó con valentía. Estos sueños le parecían muy peculiares a Jeneth, la chica se preguntaba si eso era una premonición, no se explicaba el porqué podía soñar tales cosas.

-Hermanas, esto es por ustedes… ¡Nunca las olvidaré y prometo honrar su memoria hasta el final de mis días! -Comenta la chica, derramando algunas lágrimas.

June había vuelto a su hogar, no había desertado completamente del Santuario (hacer eso le causaría la pena de muerte), pero evitaba participar en peleas y conflictos, pues ya no quería involucrarse en ninguno desde lo ocurrido con Shun, cuando intentó detenerlo la últma vez.

Aunque en sus sueños puede ver todo lo sucedido y sobretodo, ve a Goku vívidamente en ellos. Al despertar, le gusta recordar dichos sueños, en los cuales lucha valerosamente y lo hace al lado de un guerrero muy fuerte.

-Ese hombre… Tan alto, maduro y varonil…

La chica se sonroja al pensar en Goku, luego sonríe y se va a preparar el desayuno, contenta pues esos sueños no eran diarios, llegaban de vez en cuando, pero algo dentro de ella le hacía sentir que, de alguna forma, eso había sido real, aunque no se lo podía explicar bien, solo sabía que soñar eso la ponía de muy buen humor y le daba ánimos para seguir con su vida.

En el santuario, Marín entrenaba arduamente, presintiendo lo que venía, pero cuando descansaba y soñaba, podía ver todo lo acontecido claramente, haciendo hincapié en Vegeta.

-"¿Será que ese hombre existe? Seguramente sí… Lo presiento. Tal vez sea otra vida, otro tiempo… Aunque si me lo llego a encontrar algún día… ¡Le daré su merecido!" -Pensaba la guerrera de plata, mientras seguía con su entrenamiento, motivada al recordar sus sueños donde había peleado contra un dios demoníaco, algo emocionada por recordar en dichos sueños lo que veía, sobre todo a aquel hombre de musculatura bien trabajada, peinado estrafalario y mal carácter.

Muy lejos de ahí, en el Templo de Delfos, Arkhes, la líder de las Pitias podía recordar todos los sucesos, ya que el hechizo de Wiss no hizo efecto en ella. Sin embargo, sabía que no podía divulgar nada de lo acontecido, por lo que ni siquiera lo escribe en algún pergamino, solo es algo que recordará.

-Tuve el honor de conocerte y ponerte a prueba, noble guerrero de otro mundo. Gohan… Gracias por todo, a ti, a tu padre y al amigo de tu padre.

La pitia dice esto mientras se asoma a la entrada del templo, luego sonríe, se interna y su figura se desvanece en la oscuridad del lugar.

De vuelta al Santuario, cada caballero dorado tenía los mismos sueños donde desempeñaban el rol que habían tenido en todos los acontecimientos, lo cual se les hacía un poco raro, pero no le daban mucha importancia pues concluían que era por la conexión que tenían al ser caballeros atenienses.

-Esos tres guerreros, nobles, poderosos, con una habilidad innata para las peleas, tan parecidos pero a la vez tan distintos... Incluso capaces de portar armaduras doradas, cosa que evidentemente no podría suceder en realidad, pero estos sueños son tan vívidos… -Comentaba esto Mu, en su respectiva casa.

-Ese hombrecillo, tan bajo de estatura pero con un poder impresionante y un carácter de los mil demonios, ¿realmente existirá alguien así? Jajajaja… -Esto lo dice Aldebarán, también desde su casa.

-Si mis sueños fueran realidad, me enseñarían dos cosas importantes: que hay tipos muy fuertes que ni siquiera imagino, como ese hombre de traje naranja y cabello alborotado con el que peleo, y que yo debo volverme más poderoso… Trabajaré en ello. -Aioria es quien dice esto.

-Vegeta, Goku, Gohan… Esos son sus nombres, ¿cierto?. Mis sueños me lo dicen, sé que están ahí, en algún lugar… Pero yo no puedo ni debo transgredir la línea entre la realidad y la ficción. Aún así, si todo lo que claramente veo al soñar sucedió en verdad, les debo dar las gracias, guerreros saiyajins... -Shaka es quien decía esto, él sabía muy dentro de sí que las cosas que podía ver en sus sueños sí habían pasado, pues sin duda, este es el caballero dorado que más desarrollado tiene sus sentidos y habilidades sensoriales, pero bajo su filosofía de respeto hacia las deidades y de mantener el equilibrio, también sabía que no debía indagar más sobre los hechos, así que acepta que todo lo ocurrido son solo sueños.

-Yo, ¿volviéndome malvado, dejando que un dios demoníaco de otro mundo me controle y me haga levantar el puño contra mis amigos? ¡Nunca! Seré el primero que pelee contra los malos y los traidores, ¡lo prometo, Athena! -Es Milo quien dice estas palabras, recordando lo que soñaba.

En realidad, los caballeros dorados no estaban hablando entre sí, sólo hacían estos comentarios a modo de reflexión sobre los sueños que tenían recurrentemente. Ellos sentían que eran muy reales y, debido a sus sentidos desarrollados por su calidad de caballeros dorados, en especial Shaka como ya se mencionó, podían jurar que todo en verdad sucedió, solo que no podían explicarlo ni probarlo. Para tratar de resolver ese pequeño misterio, razonaban que incluso esto podía ser obra de un dios, o alguna deidad

[no andaban tan lejos], pero al final, ninguno de ellos sigue indagando ni le da más importancia al asunto, así que concluyen que solo son eso, sueños. La razón para no intentar resolver esta situación, era porque algo totalmente ajeno les inquietaba más: ya presentían que una nueva guerra Santa no tardaba en comenzar.

En el monte Rozán, Dohko, al igual que Shaka, sabía muy en el fondo que sus sueños ocurrieron, pero su misión ahí era más importante y se enfocaba en ella, tratando de no darle relevancia a lo que veía cuando dormía y soñaba.

-"Guerreros llamados saiyajins… Y dioses conocidos como Kaiosamas. Sé que solo son parte de mis sueños, pero aún así… Se sienten tan reales…" -Se decía el anciano maestro en sus pensamientos, mientras Sunrei servía la cena, tarareando una canción.

-Sunrei, ve por Shiryu por favor, dile que es hora de cenar -Ordena el anciano a la muchacha.

-Sí, maestro, en seguida.

La chica sale en busca del susodicho.

-Gracias por todo, guerreros y Kaiosamas de otro mundo… -Susurra Dohko.

Volviendo nuevamente al Santuario, al final de las doce casas, se encontraba Saori/Athena en el patio de sus aposentos, sentada en una mesita, tomando té y mirando al horizonte; el día moría y comenzaba la puesta de sol.

Ella podía recordar perfectamente todo. Sucede que el hechizo de Wiss para hacer olvidar a todos lo ocurrido tampoco funcionó en ella por su condición de diosa, es por eso que Saori sabía que las cosas sí habían sucedido realmente, pero había callado pues fue contactada por Wiss, quien le pidió no decir nada de esto a sus caballeros, ni tratar el tema, o indagar más.

-Diosa Athena, entenderá usted que si todos sus caballeros y guerreras recordaran estos acontecimientos, existiría el riesgo de que el equilibrio universal y las líneas temporales fueran alteradas, y esto traería consecuencias graves a los dos mundos; esto sería resultado de decisiones impredecibles, tomadas por sus caballeros y guerreras en base a lo sucedido…

-No se preocupe, señor Wiss, no les diré nada, tendré que llevar este secreto a la tumba…

-Ay por favor, tampoco es para tanto, mejor tómelo con calma y celebre que todo terminó bien ¡jojojojo!

-Tiene usted razón… Discúlpeme…

-Tranquila, diosa Athena. No pasa nada. Bueno, me despido esperando volver a hablar con usted algún día, su presencia es muy agradable. ¡Ciao!

-y la suya también, señor Wiss… Adiós…

Athena recordaba parte de esa pequeña conversación extrasensorial que tuvo con Wiss, apenas habían vencido a Poseidón, él la contactó brevemente para advertirle sobre esto. -"Ese ángel, se veía tan noble, se escuchaba tan despreocupado, tan divertido…"

La diosa se levanta, para ir a mirar mejor la bella vista del sol poniéndose.

-Goku… Gracias por todo, a ti, a tu amigo Vegeta y a tu hijo Gohan. Pelearon valerosamente y entregaron todo para defender nuestro mundo. Quisiera haber podido despedirme de ti, pero sé que no fue posible por las circunstancias, aunque si este mensaje llega hasta uno de tus sueños, solo quiero agradecerte sinceramente y decirte que siempre te llevaré en mi mente, y en mi corazón…

Saori derrama una lágrima, pero sonríe, sabiendo que gracias a esos hombres venidos de otro mundo, pudo salvar el suyo cuando ella no estaba para defenderlo.

Sin embargo, la joven diosa ya presentía que la guerra Santa contra Hades de su época no tardaría mucho en iniciar.

[Después de un tiempo, mundo de Dragon Ball]

En el planeta Supremo, el SK Ro estaba durmiendo, de repente despierta gritando.

-¡No, malvado Anshoyda!

Kibito/Shin se acerca al anciano Kaiosama (ahí no era de noche, Kibito/Shin estaba practicando un poco de magia mientras que Ro dormía en una hamaca, pero aparentemente estaba teniendo una pesadilla relacionada con el dios demoníaco).

-¿Se encuentra usted bien, Supremo Kaiosama? ¿Qué o quién es Anshoyda?

-Eh? Ah, no te fijes muchacho, es una salsa muy sabrosa jejeje… A propósito, ¿qué hay de comer?

-No he preparado nada, si quiere puedo cocinar algo…

-Anda, ve, ¡estoy hambriento!

-En seguida, Supremo Kaiosama…

Kibito/Shin se dirige a conseguir algunas verduras y un pescado para prepararlos.

-"Fiu… Menos mal que no dije nada revelador… Este muchacho no puede saber todo lo que pasó, al menos no todavía, Wiss me lo advirtió y fue muy específico. Lo que me preocupa es que Bils, el dios de la Destrucción no tardará en despertar. Tendré que fingir sorpresa y miedo cuando eso pase, aunque miedo ya tengo… Caray, ¡y pensé que con Anshoyda derrotado iba yo poder descansar ya sin temores!" -Estos eran pensamientos del anciano Kaiosama.

-En fin, mejor me voy a buscar algo interesante. A ver, qué hay en el universo… -Esto ahora lo dice Ro, con voz alta, tratando de distraerse y encontrar algo que le entretenga, para no recordar que Bils, su antiguo dolor de cabeza, volvería pronto.

Efectivamente, Wiss le había advertido esto cuando llegó con Goku, Vegeta y Gohan al planeta Supremo. Estando ahí, Kibito/Shin les restauró las energías a los tres, luego Wiss los llevó de vuelta a la Tierra, donde al llegar y dirigirse cada uno a sus hogares, sintieron el mismo efecto que los caballeros en el mundo de Saint Seiya: una luz cegadora y luego un sueño irresistible, una breve siesta y al despertar, ya no recordaban nada, obviamente también olvidaron a Wiss y lo que les había adelantado sobre Bils. Kibito/Shin, por su parte, sintió lo mismo cuando los saiyajins y el ángel se fueron, sueño pesado, siesta y al despertar, había olvidado todo.

-Ya sabe, supremo Kaiosama, ninguna palabra de esto. Y más le vale que esté preparado para el despertar de mi señor Bils ¡jojojojo!

-¡Aaaay! ¡Mi vida es una desgracia!

Eso era parte de la conversación que habían tenido Ro y Wiss.

En la tierra, en el templo Sagrado, Dende, Ten Shin Han y Picoro también vieron una luz en su momento (específicamente después de que todo había terminado), sintieron un pesado sueño y se durmieron. Al despertar, ninguno de ellos recordaba nada.

-¿Qué hago aquí…? Disculpen, Dende, Picoro, pero es mejor que regrese a casa.

-Adiós, Ten Shin Han... -Responde el namekusei, extrañado por lo acontecido.

El guerrero triclope se fue volando, todavía algo confundido por haber despertado en el templo Sagrado.

-Señor Picoro… ¿Qué fue lo que sucedió?

-No tengo idea, Dende. Esto es muy extraño...

Todo esto lo recordaba Picoro, mientras meditaba; ya habían pasado varios días desde aquel raro momento. A diferencia de los saiyajins, él no soñaba con todo lo acontecido en el mundo de Saint Seiya obviamente porque él no fue, pero de vez en cuando soñaba con el momento en el que se reunió con Gohan y los demás en el templo sagrado y acordaron mandar a su pupilo a otra dimensión, para ayudar a su padre y a Vegeta.

-¿Por qué sueño con eso? Goku, Vegeta y Gohan yendo a otra dimensión, Broly resucitado, un dios malvado tratando de conquistar mundos… Si todo es producto de mi imaginación, creo que debo meditar más para ponerla en paz... -Esto lo decía Picoro, mientras se disponía a seguir entrenando vía meditación, como era su costumbre.

Ya en el mundo terrenal, Goku, Vegeta y Gohan estaban haciendo cada quien lo suyo.

Vegeta como siempre, entrenando casi sin descanso, pero a su vez dándose tiempo para atender a su esposa Bulma y su hijo Trunks; aunque le inquietaban sus sueños, donde podía ver perfectamente todo lo sucedido.

-"Cómo me gustaría que todo lo que puedo soñar, sucediera realmente; sería un verdadero desafío medirme contra esos tipos que usan armadura dorada… ¡Y de ninguna manera usaría yo una!" -Pensaba el saiyajin mientras tomaba un baño, después de uno de sus arduos entrenamientos.

Pero también le inquietaban de sobremanera dos cosas: todos los enemigos que puede enfrentar cada vez que sueña todo lo acontecido, poniendo especial atención en Anshoyda, pues le preocupaba y a la vez emocionaba que en la realidad pudiera existir un dios así [ni se imaginaba el saiyajin lo que venía…] y la mujer de cabello café y máscara plateada con la que hace pareja para pelear. Incluso el saiyajin sentía algo de culpabilidad, aunque solo fuera un sueño, o eso era lo que creía.

Vegeta había aumentado mucho su poder gracias a las batallas que libró, pero al no recordar nada, pensaba que esto era producto de su entrenamiento y de hecho, como no era exigido al máximo desde la pelea contra Buu, pues no había enemigos nuevos (todavía), no se daba cuenta hasta dónde pudo aumentar su poder. Sin embargo, él seguía entrenando con su objetivo de siempre en mente: superar a Goku.

El saiyajin sonríe al recordar a su eterno rival en su sueños, enfundado en una armadura dorada, con alas.

-Ya lo verás, Kakaroto… Te superaré; hasta en la ficción de mis sueños tú derrotas al tipo malo, ¡pero eso no sucederá de nuevo! [Y volvió a suceder y sucederá una y otra vez… No me culpen, es responsabilidad del maestro Toriyama troll XD]

El príncipe sale del baño y se dispone a descansar, pues ya era de noche, esperando volver a tener esos sueños que le agradaban y le motivaban a ser más poderoso y seguir entrenando para ser el mejor.

En otra ciudad, Gohan estaba nervioso, pues su boda con Videl se aproximaba y esto le causaba emoción, pero también algo de incertidumbre. No obstante, al dormir y soñar, podía ver todo lo que pasó.

-"¿Qué significarán esos sueños? ¿Yo, yendo a otro mundo donde estaba mi padre y el señor Vegeta, librando peleas contra enemigos totalmente diferentes que usaban un tipo de armaduras muy fuertes, e incluso reencontrándome con Cell para volver a pelear contra él? ¿Todos uniendo fuerzas para vencer a un dios malvado? ¿Y yo usando una armadura basada en el signo de Capricornio…? Qué gran imaginación tiene mi subconsciente. Y ella, aquella chica de cabello rubio…" -Se preguntaba el hijo de Goku, hablando sobre Arkhes, a quien veía perfectamente cada vez que soñaba todo lo acontecido. El muchacho también se siente un poco culpable al recordar a la pitia líder, aunque solo la soñara [ay, estos saiyajins tan fieles…]

El muchacho recapitulaba todo en sus pensamientos, mientras estudiaba en su cama; había interrumpido su lectura, pero al ver la hora, apaga la luz y se dispone a dormir, esperando volver a soñar estos sucesos, pues le agradaba mucho cuando ese sueño llegaba; además, a diferencia de cualquier otro, dicho sueño se sentía muy real (mismo efecto para todos los que participaron en los hechos), cosa que le gustaba pues se sentía fuerte y poderoso de nuevo.

En la montaña Paoz, también ya era de noche, casi de madrugada. Goku había tenido algunos trabajos temporales para llevar algún dinero a casa, esto por exigencia de Chi-Chi, quien ya estaba considerando comprar un tractor para mandar a su marido saiyajin a trabajar arando el campo. Su esposa y su hijo Goten ya dormían, pero él se había levantado y salido al exterior a hacer algunos movimientos de artes marciales para ver si conciliaba el sueño, pues extrañamente, esa noche no podía dormir.

El saiyajin también reflexionaba en lo que soñaba, sabía que nada de eso había sucedido (o eso pensaba), pero algo muy dentro le decía que todo era verdad, pues eran muchos detalles y personas que claramente veía al soñar.

-Sin duda, si esos guerreros de armaduras doradas y los otros que se hacen llamar persas fueran reales, ¡me fascinaría pelear contra ellos, como en mis sueños! Y si esos demonios malvados existieran, ¡lucharía con todas mis fuerzas hasta vencerlos! -Exclama Goku, refiriéndose a Behemoth y Anshoyda, en la parte final de sus palabras.

En eso, Goku hace una pausa en sus movimientos marcialistas, cierra los ojos y ve a Saori en su mente, ya sabía quién era ella pues en sus sueños la veía perfectamente. En ese instante, ella le habla.

-"Goku… Gracias por todo…"

El saiyajin recibe el mensaje de la chica diosa, pareciera que la tiene enfrente. Después de esto, ella se desvanece, él abre los ojos y vuelve a la realidad. Está algo confundido, pues no sabe si eso fue real o lo soñó estando incluso despierto.

-¿Fue otro sueño…? Saori, creo que sólo te veo cuando duermo, pero si de verdad existes en algún lugar, y si todo lo que sueño de alguna forma sucedió realmente, ¡no dudes que un día nos volveremos a encontrar, tú, yo y los caballeros dorados!

Esto lo dice Goku, en ese momento, estira los brazos, bosteza y regresa a casa, pero no a dormir… Va directo al refrigerador a comer algo.

-¡Me estoy muriendo de hambre! -Exclama el saiyajin, mientras se prepara un enorme emparedado con casi todo lo que encuentra en su refri.

La escena termina con un enfoque al cielo, y las estrellas y constelaciones brillando con intensidad.

FIN

[por último, próximamente: agradecimientos y notas de su servidor]