(01.01) Una revelación desagradable
Un día desagradable, un frío húmedo, la piel erizada después de salir de una ducha con agua asquerosamente tibia, las baldosas del piso están heladas y no hay toalla.
– ¡¿Hay alguien que quiera pasarme una toalla?! –Seguro la tomó Lori en su afán de "ayudar a papá y mamá", Leni es o muy buena o muy tonta como para tocar algo que no sea suyo.
No puedo secarme y no puedo salir desnuda, mi hermanito ya tiene seis años y es muy mayor para verme así. Hasta que el ruido de afuera disminuya lo suficiente para que escuchen mis gritos o alguien note que aún no salgo del baño tendré que permanecer de pie, encogida, frotándome todo el cuerpo con las manos de yemas arrugas como los garbanzos de la sopa de mamá, la inevitable sopa del lunes… no sé por qué papá no cocina siempre.
Mientras froto mi piel para mantener el calor noto la grieta con el tacto. En lo que espero titiritando, comienzo a despegar ansiosamente los labios con la mano izquierda y rozar aquello cuyo nombre no conozco con la yema de los dedos de la derecha, describiendo círculos leves. En silencio me parto en dos, una sensación indescifrable me atraviesa y mis muslos se separan y tiemblan.
Perdiendo la fuerza en las piernas me abro en dos seres diferentes, a pesar de sentirme babosa y feliz sé que ni mis pensamientos ni esto que hago está bien.
Cuando vuelvo a ser consiente de mí actuar vuelven las baldosas heladas y no tengo con que secarme estas nuevas gotas de agua asquerosamente caliente.
Me siento desvalida. Quiero regresar y empaparme con el agua tibia del baño, encogerme y dormir durante años, pero sé que si vuelvo a la regadera ahora, el agua seguramente estará igual de helada que yo en este momento. No puedo dejar de pensar en la pelea que tuve hoy con la niña Sharp, siempre ha sido así, el mismo repugnante deseo que me causa arrepentimiento después de pelearme con esa presumida.
-o-
Otra tarde sola en casa, mis padres siguen insistiendo en llevar a Lincoln con diferentes médicos, dicen que no es normal que su cabello crezca con forma de lamida de vaca sobre la cicatriz en su cabeza, a mí no me preocupa, ese pequeño copete rebelde se le ve bien… le da un aire de inocencia aún mayor al que ya tenía.
Estoy cansada de repetir la rutina; atracarme de chocolate, pegarme con mis hermanas, mentirle a Lori, reprobar matemáticas, apagar las luces de nuestro cuarto y dejar un foquito prendido en la nueva habitación para que Lincoln no tenga miedo.
Estaré sola en casa todavía un poco más, y el señor Grouse ya no se ha dado una vuelta por enfrente de la casa para revisar si estoy bien, valiente niñero resultó ser.
Tan pronto como me vuelvo consciente que estoy realmente sola, mi cuerpo se convierte en algo caliente y confortable, sé que puedo meterme al cuarto de mis padres sin que nadie se entere y tomar prestada la caja secreta de papá con las películas que sólo él y mamá pueden ver… lo que voy a hacer está mal.
-o-
Esos hermosos cuerpos, flanqueaban a derecha e izquierda a una actriz con el rostro gacho y oculto. La carne de la mujer es perfecta, reluciente por sudor, parecía hundirse satisfecha bajo el tacto de sus compañeros de escena, provocadores y víctimas de un placer completo.
Ellos miraban sonrientes esa parte del cuerpo que la mujer les ofrecía. En los bordes, la piel era tersa y rosa, aún más luminosa que el resto por una humedad viscosa que emanaba del interior de su ingle.
Había visto el mismo video decenas de veces, sin atreverme de avanzar más allá de las primeras escenas. Hoy había avanzado sin echarme para atrás. Deseaba estar del otro lado de la pantalla, tocar y examinar todo.
Uno de los hombres, bastante grande y musculoso, se acercó lentamente a la rubia mujer hincada a cuatro patas sobre una mesa, el culo erguido, los muslos separados, esperando indefensa, abandonada como un animalito suplicante.
El video había avanzado sin que me diera cuenta. EL hombre que se había acercado, se hincó entre sus piernas, entreabrió los labios y sacó la lengua. Sus ojos se cerraron y empezó a trabajar, recorría con la punta de la lengua el pequeño frijol rosa que coronaba el monte deseado, lamía los contornos y cada tanto resbalaba hacia dentro. El otro hombre fungía como camarógrafo y solo grababa a sus dos compañeros de perfil.
Pero pronto imitó al otro, también él abrió la boca y cerró los ojos después de hincarse, acariciando con la lengua la espalda de piel intensa. Al mismo tiempo, con su mano libre de la cámara, golpeó suavemente el trasero de la desconocida, quien comenzó a moverse rítmicamente, adelante y atrás, como si respondiera una señal secreta.
Ella también se masajeaba con sus uñas pintadas de rojo oscuro, sus uñas color sangre seca se deslizaban lentamente de arriba abajo, dejando tras de sí leves surcos rojos. El primer actor, mientras tanto, amasaba la carne del culo frente a él con la mano, la pellizcaba y la estiraba, dejando sus huellas en la piel. Ninguno de los dos hombres permitió que su lengua descansara un único momento.
Repentinamente la cámara desenfocó, los abandonó a ellos y me abandonó a mí a mi suerte.
Tras ese primer cambio de escena, había experimentado una sensación de cambio. Estaba alterada, pero comprendía. Era una sensación adorable pero mezquina. Yo la deseaba. Deseaba poseerla. Esa era una revelación inaudita. Yo no soy, no puedo ser un hombre. Ni siquiera quiero ser un hombre. Mi ritmo cardiaco estaba acelerado y mis pensamientos eran turbios, pero a pesar de todo comprendía. Luego, apenas un instante después de mi epifanía, llegó mi acostumbrada sensación de estar portándome mal.
Súbitamente la imagen volvió sin previo aviso. El primer hombre introdujo uno de sus dedos en la desconocida, quien no parecía acusar el cambio de situación. El dedo era grande, tan grueso y musculoso que resultaba casi animal, me parecieron repugnantes. Supuse que debía hacerle daño, tenía que estar haciéndole daño, cuando a pesar que ella había engullido en silencio todo el dedo, seguía empujando, retorciendo la mano en la entrada.
Él gesticulaba exageradamente, como un niño emocionado ante el regalo sorpresa. Entonces, le metió a la mujer otro dedo, el segundo.
Entonces comenzó a mover la mano más deprisa, más enérgicamente. El cuerpo de la mujer empezó a temblar, todo su cuerpo se movía reaccionando a la mano invasora. Los gestos se hicieron más explícitos. Una expresión casi ridícula se posó en el rostro del hombre musculoso, aunque eso no me interesó de momento. Y por fin penetró a la desconocida con un tercer dedo.
Fue enloquecedor.
No pude experimentar ninguna sensación parecida a la compasión a pesar que creía que todo aquello debía ser muy doloroso para la rubia. "Estaba siendo castigada" Pensé.
Solamente después de escuchar los gemidos fue que deseché la idea del castigo y sufrimiento. El hombre comenzó a mover su brazo, aparentemente el que le metieran sus dedos ahí resultaba muy placentero pues después de algunos minutos la mujer empezó a retorcerse de placer… quizá yo pruebe a imitarlos después…
Entonces el otro, el hombre pelirrojo, abandonó su condición pasiva de camarógrafo, dejó la cámara en alguna base y se acercó. Puso su mano izquierda sobre la desconocida, cuyo rostro seguía sin poder ver. Su mano derecha empuñaba un pene hinchado y enorme.
El primer hombre saco lentamente su mano de la mujer. Miró una última vez al primer hombre, y como si fuera un penitente desapareció de la toma por la derecha.
Ambos, el hombre pelirrojo y la desconocida se quedaron solos.
Fue entonces que supe que la mujer sería completamente dominada.
Sentí una extraña satisfacción, "dominar" y "dominado", dos de mis palabras favoritas después de "rock" y "británico", palabras mucho más inquietantes y soeces que cualquier otra que conociera.
Nunca había visto a dos personas hacer "eso", sabía de oídas de algunas de las amigas de Lori la idea básica detrás del acto, sabía que a los adultos, y algunos adolescentes precoces, les gustaba hacerlo, nunca me había parado a pensar que alguna vez yo podría disfrutar tanto tan solo por ver, pero entonces recordé como me gustaba pronunciar esa palabra, dominar, y escribirla, dominar, porque su sonido me hacía sentir poderosa, dominar, un poder animal y primario.
Tanto el primer hombre como el pelirrojo eran hombres hermosos, adonis perfectos y bronceados, pero algo en ellos no me terminaba de gustar… y es que no había nada de femenino en ellos.
El pelirrojo fue a colocarse exactamente detrás de la desconocida. El ritmo de su mano derecha acentuaba las enormes proporciones de su "cosa", era enorme, rojo y relucientemente tieso.
Gruesas venas moradas lucían a punto de estallar a través de la delgada piel, un presagio magnifico de la magnífica escena que seguiría a continuación, pero él sólo se acariciaba tranquilamente, vigilando el movimiento de su mano. La mujer seguía esperando, clavada a gatas aún sobre la mesa.
Yo también esperaba.
Por un momento sospeché que ese sería el final. Un par de meneos más y el pelirrojo perdería el interés… mi tan esperada escena terminaría antes de haber empezado.
El pelirrojo se acariciaba monótonamente, cada tanto con su mano libre acariciaba a la desconocida. De pronto sin alterarse en lo absoluto, levanto su "cosa" y la dejó caer.
El azote resonó como un latigazo.
Esa era la seña esperada. De pronto todo volvía a ocurrir muy deprisa. El hombre pelirrojo sonrió ante la reacción de su pareja.
La desconocida se estremecía después de cada golpe, cada uno más violento que el anterior, que estallaban en mis oídos. La piel de sus pompas enrojecía, sus mulsos temblaban y su cuerpo se agitaba impotente.
El volumen de la banda sonora que no había dejado de sonar durante todo el video, se trataba de una espantosa adaptación en piano de la canción de una película, disminuyó progresivamente hasta cesar por completo. Sólo se oía el chasquido de los azotes.
La mujer resoplaba. El hombre pelirrojo no perdió la calma y finalmente se separó. Otro cambio de escena.
Pero esta vez el intermedio fue muy breve y sorprendentemente el rostro de la mujer llenó de golpe toda la pantalla. Era hermosa, casi tan atractiva como Leni, rubia, ojos claros con cejas y labios perfectamente proporcionados, tan firmes que parecían señas masculinas, la mandíbula, en cambio, aunque se veía potente era delgada y fina. El secreto había sido revelado, la desconocida dejaba de serlo y por lo tanto necesitaba otro nombre.
Como seguía molesta por la insoportable de mi clase de música, decidí llamarla "Sam".
Le quedaba Sam, nombre de estudiante británica, una bella niña martirizada por sus perversos compañeros de curso avanzado. El nombre se me antojaba como el retrato perfecto de la mujer sumisa perfecta, Sam, quien ya en edad adulta sintió la necesidad de revivir las experiencias de su niñez y buscó a algunos de sus mismos compañeros, gente más fuerte y talentosa que ella, para que le recordarán como se "deben tocar las piezas musicales".
Allí estaba Sam. Tenía las mejillas ruborizadas. Sudaba. Pequeños caminitos de sudor se habían dibujado en su cara. Miraba hacia ninguna parte. Seguía esperando.
Cuando la cámara volvió al pelirrojo, esté acariciaba con suavidad la enrojecida piel en la ingle de ella, después presionó un instante sobre la carne perfecta y deliciosamente lubricada, para abrirse paso con el pulgar. Yo perdí la paciencia.
El control del video estaba sobre la mesita de centro. Lo cogí y adelante la escena.
Allí estaban ambos, todavía dos siluetas separadas. Entonces él se inclinó hacia delante. Sam hundió los hombros, levantó la cola, la cabeza ladeada con la mejilla pegada al tablero y con una facilidad pasmosa, totalmente ajenos a mí, a mis complejos, el pelirrojo entró, literalmente entró, en la niña rubia, apoyó una mano en la cintura y con la otra tiró de su cabello, eso me encantó; "Sam eres una perra" el hombre comenzó a moverse dentro de ella.
Miraba la escena y no era capaz de procesar todas mis sensaciones. Poco a poco el hombre pelirrojo dejó de serlo, dentro de mi cabeza su pelo se volvió marrón, su rostro y hombros adelgazaron y fueron salpicados de pecas, se le cayeron algunos años de encima y ahora tenía otro nombre, pero yo no me atreví a pronunciarlo, nunca había pensado sobre nosotras de esa forma.
La cámara se centró en el rostro de Sam. Sudaba más ahora, los ojos casi cerrados, los labios tensos y abiertos, "Se lo está pasando muy bien" repetía yo sin cesar, casi en un susurro.
"Eres una niña mala, Sam. No debiste molestarme. Eres tan cruel. Has enfadado a tu compañera y esta vez voy en serio" sonreí "¡Pobres de tus padres! Tan confiados y felices, toda la vida mimando a su hijita y yo te destrozaré entera en un minuto. Este año no irás al conservatorio, yo te castigaré… lo estoy haciendo ya, sólo debes ver" Mire la escena sin parpadear "Mírate Sam. Yo no quería hacerlo, pero soy tan rigurosa… Te lo mereces, tú me provocaste al desplazarme como la alumna favorita de la maestra."
"Este será el castigo definitivo. Sam, te voy a meter por ese culo hermoso mi gran puño y lo sacare goteando sangre. Imposible que te lo imagines. Pero todo tiene un lado bueno. Abriré un hueco tan grande que cuando alguien quiera tomarte y apartarte de mí para resarcir los irreparables daños, ni siquiera lo vas a notar, esa es mi ventaja… estarás conmigo para siempre."
Las escenas en la pantalla me regresaron a la realidad. El hombre pelirrojo, pelirrojo otra vez, acababa de sacar una especie de pis blanca. El primer chorro salió disparado sobre la espalda de ella, era un líquido espeso y opaco. Después penetró nuevamente a la que después de mis fantasías, no dejaba de ser una desconocida.
Un hilo denso de baba transparente colgaba de mis dos pares de labios.
Después de su encuentro, ambos actores se envolvieron en un tierno abrazo y se dieron un beso aún más apasionado que los que se daban mamá y papá.
Supongo que puede parecer extraño pero aquella escena de la película, aquella inocente imagen, resultó la última pista necesaria para aclarar mis pensamientos, el impacto y la revelación más violenta.
Mi cuerpo ardía. Un fuego se había encendido en mi corazón y una sola persona me dejaría satisfecha.
