(02.01) El relato
Lynn estaba sentada en el comedor de la escuela, rodeada por las chicas del equipo de Hockey, normalmente pasaría el rato con sus amigas Paula y Margo pero después de su última pelea, ambas chicas habían decidido dejarla sola por un tiempo. Por lo que sin mejores opciones se vio forzada a prestar atención a la conversación que sostenían sus compañeras; las historias que había oído en el corto periodo de tiempo que había compartido con el equipo eran, en su gran mayoría, sobre su gran popularidad con los chicos. Le resultó obvio que todas estaban mintiendo ¿acaso no conocían otra manera de llevarse a un muchacho a la cama sin tener que engañarlo o amenazarlo? Algunas de las historias inventadas le dieron risa y otras la llenaron de asco. Sobre todo por la agresividad con la que pasaban de una escena a otra.
—Vamos Lynn ¡únete a la plática! —Jimena, una de las centro del equipo interrumpió sus pensamientos—. No me vayas a decir que nunca tuviste un "encuentro" con un muchacho.
Esa declaración venenosa llamó la atención de la pecosa.
—Ahora que lo mencionas Jime… mi primera experiencia fue parecida a la que nos contaste tú… una lucha divertida, sin rabia ni odio, sólo diversión.
Adoptó una postura parecida a la que usaba Lincoln cuando trataba de convencer a sus padres o a Lola de que le prestaran dinero y le habló a sus compañeras de equipo.
—Verán… yo estaba loca por este galanazo de… Lucas —dijo dirigiéndoles una mirada rápida a todas las chicas—, pero a pesar que es un muchacho un año menor nunca me atrevía ni a abrir la boca cuando él estaba cerca. Se nota a la primera que soy un patito feo: una chaparra gruñona, con un cuerpo poco femenino… y esas cosas —Bien, había logrado atraer la atención de todas—. Cuando estaba sola, sin embargo, solía imaginarme que saltaba sobre él y le arrancaba la ropa con los dientes antes de hacerle el amor. Esas fantasías siempre me dejaban con "ánimo para más".
—Pero nos acabas de decir que con trabajo le dabas los buenos días —dijo Sarah, demasiado metida en la historia—, ¿cómo querías violarlo si no puedes ni hablarle?
Una sonrisa satisfecha se dibujó en los labios de la chica Loud, suspiró antes de continuar con su relato.
—Un día, después de ver como una rubia mandona… unos años mayor a ambos le coqueteaba, pues decidí arriesgarlo todo y contarle como me sentía por él —la sonrisa desapareció tan gradualmente que fue casi imperceptible—, pero cuando ya estaba justo frente a él, pues me quedé sin habla. Él notó mi presencia muda y yo me moría de vergüenza "Entonces ¿tú también tuviste problemas con química?" me dijo.
— ¿Química?
—Si. Él estaba estudiando en su habita… digo, estudiaba en la biblioteca pública, tenía que presentar un examen —Lynn tendría que tener más cuidado, casi se delataba—. Yo reuní todo mi valor y le respondí "Claro que no. Pero no extraño para nada eso de tomar clases de recuperación los fines de semana". Él… se rio de mi chiste y yo sentí como me iba convirtiendo en un charco feliz… "Parece que yo voy para el mismo rumbo, no tengo ni buenos apuntes" dijo.
—Espera… entonces este muchacho realmente es un curso menor —las mejillas de Jimena se encendieron—. ¡Lynn Loud, que perversa!
—Chica esa era tu oportunidad —Sarah realmente se había sumergido en la historia—, dime que aprovechaste la oportunidad.
—Sí, esa fue la excusa perfecta para atraer a ese conejito a mi guarida. Cuando Lucas llegó a mí… a mi casa, lo recibí vestida con unos bóxer azules, los más pequeños que tenía, y con mi típica playera roja. Él abrió mucho los ojos al verme pero no dijo nada, como siempre se comportó como todo un caballero. Después de estudiar mis viejos apuntes, charlamos un rato y se despidió, yo me moría por dentro al ver que se marchaba, mi oportunidad de oro se marchaba y yo no sabía cómo actuar.
Sarah casi salta de su asiento para ahorcarla, la historia no podía acabar así.
—Pero se detuvo al ver mi uniforme de karate —a Lynn nunca le gustó hablar de sus otras actividades cuando estaba con un equipo en específico, para evitar despertar rencores y celos—, entonces supe como iniciar una nueva conversación con él.
— ¿Karate? ¿Para qué practicas karate?
—Valeria, tengo otras nueve hermanas. Siempre queremos ver programas distintos en la tele, siempre peleamos por poder repetir raciones de comida o por llegar primero al baño, cosas así —Ya todos los habitantes de Royal Woods estaban al tanto de las peculiaridades del apellido Loud—, y aun así mi cinturón negro no me basta ni para defender mi lugar en la fila del baño.
El comentario les sacó una carcajada a las otras cinco adolescentes.
—Lo reté, presumí de mis logros contra mis otras hermanas…
— ¿Y qué pasó? ¿¡Y QUÉ PASÓ!? —La reacción de Sarah también provocó que todas rieran.
—Pues el cayó completamente en mi trampa —guardó silencio un momento mientras buscaba las palabras para proseguir con la parte picante del relato—. "Tonterías, las competencias con tus hermanas son juegos. Si alguien te ataca de verdad más te vale correr" la combinación entre preocupación y seguridad con la que me dijo eso llegó hasta mi corazón. Lo agarré por el cuello de su camisa y acerqué mi cara hasta casi rozar la suya; "Y quién me va a hacer correr ¿Tú?" el desafió le dolió lo suficiente para que venciera sus propios complejos y me besó.
"Por fin" se oyó que decía una Sarah casi sin aliento.
—Le di una cachetada y le grité "¡CERDO!" —Su cara tomó un ligero tono rojizo—, y le di un tremendo beso en la boca, uno monumental. Él volvió a besarme. Yo le di otra cachetada. "Si vuelves a propasarte conmigo dejaré de hablarte" él puso una cara como muy seria, por un momento pensé que lo había arruinado.
— ¿Y lo arruinaste? —preguntaron todas a la vez.
—No y esa no es aún la mejor parte, sólo me respondió que eso era injusto ya que yo había empezado con lo de los besos —una risita aguda y femenina se le escapó—. Yo tuve que fingir que no estaba encantada con que mi primer beso fuera con él. "Te besé porque me da la gana. Yo siempre mando" y para resaltar mi autoridad lo besé de nuevo. Él intentó besarme. Forcejeamos un poco. Entones aprovechando mis habilidades karatecas, le apliqué una llave y lo aventé a mi cama. Cayó de espaldas sobre el colchón y yo me tiré como una bomba sobre él. Me abrazó con fuerza y rodamos sobre las sabanas comiéndonos a besos. Los botones de su playera de polo… azul, ¡sí, eso! azul, salieron volando antes que la tela se rasgara dejando su torso al descubierto. Entonces el chico dulce y atento que siempre conocí desapareció y en el lugar del tierno conejito apareció la fiera hambrienta que yo estaba buscando. Destrozó mi playera favorita. Mis pantalones volaron despedidos hasta el techo. Cuando intentó arrancarme mis ropas "más privadas" tuve que intervenir en serio… estuve a punto de lastimarle una mano pero eso no nos importó en ese momento…
Lynn guardó silencio de repente, como si no quisiera seguir contando. Sus amigas le insistieron que continuara.
—A modo de disculpa dejé que me dejara desnuda después de que yo le arrancara los pantalones. Nos abrazamos y sentí por fin el calor de su cuerpo rodeando el mío. Nuestros labios y manos exploraron territorios poco propios.
Lynn, al ver a sus amigas tan pendientes de su historia decidió exagerar algunos detalles, sólo un poco por supuesto.
—Él me deseaba completamente "Lynn ¡Oh Lynn! Eres única, eres increíble, amazona. Te necesito, quiero casarme contigo" y otras cosas así me decía completamente absorto. Finalmente logré ponerlo boca arriba sobre mi colchón y sin perder nada tiempo lo agarré de "ahí". Con mis piernas inmovilicé su cintura y mis manos abandonaron su entrepierna para sujetar sus brazos. Después de forcejear todavía un poco más logré acomodarme completamente sobre él y yo misma comencé a levantarme y moverme para "despertarlo". Fue cuando sentí esa cosa grande, dura y cálida frotarse entre mis piernas centímetro a centímetro que… simplemente llegué al nirvana… eso sí que fue un orgasmo —tragó un poco de saliva para continuar—. Lucas, que aún no había terminado, se aprovechó de mi momento de debilidad y me quitó de encima.
Imaginó que todas estaban igual de excitadas por oír la historia, que ella por contárselas.
—Volvimos a forcejar y finalmente él se puso sobre mí.
—Eso debió molestarte bastante —comentó Valeria casi con lástima.
—Por supuesto que no ¡YO NO DESEABA OTRA COSA QUE SER VENCIDA POR EL GALÁN DE MIS SUEÑOS…! Pero era mucho más divertido resistirme, verlo sudar y esforzarse por conseguir sus propósitos —algunos gritos y unos que otros "aww" la interrumpieron—. Luché con todo lo que tenía, usé todas las mañas que aprendí. Mi boca invadía su cuello, mientras mis uñas marcaban su espalda. Sus dedos invadieron mi gruta, sus dientes se clavaron en mis labios. Me jaló el pelo mientras me… me insultaba —una pausa y una mirada confundida fue lo que siguió a esas palabras—, creo que nunca lo había oído decir una grosería antes.
— ¡Oh por dios… ya quiero conocerlo! —Sarah estaba más allá de una simple cara sonrojada.
—Y creo que eso fue lo que me excitó más aún. Escurriéndome entre sus piernas tomé su miembro y lo empujé por mi garganta, en ese momento me pareció buena idea, aunque creo que fue ahí cuando le lastimé de verdad la mano. Entonces…
—… ¿Qué pasó? —está vez la pregunta vino de Jimena, la centro había renunciado a su expresión estoica—. ¿Todo terminó ahí?
—No… Lucas me atacó… no hay otra palabra para explicar lo que hizo. Y sorprendentemente logró doblegarme contra el colchón. Se acomodó entre mis piernas —"Oh por dios" pensaron las muchachas—. Con los brazos abiertos me tomó de las manos… me ganó en el duelo de fuerzas mucho antes de haber empezado. Gotas de sudor empezaron a golpearme el rostro mientras que sus labios reclamaban los míos. Él se limitó también a frotarse contra mi… digo, no es como que me desagradara que avanzara un poco más, pero no teníamos condones y no me gusta tanto como para tener un hijo con él a los dieciséis.
— ¡Cielos, que intenso!
— ¡Cállate Sarah, no la interrumpas!
—Saben chicas… creo que hasta aquí les cuento, ya va a terminar el descanso y creo que esto ya es…
— ¡DE ESO NADA LYNN LOUD JR! —Jimena no se quedaría con el suspenso—. ¡AHORA TERMINAS DE CONTARNOS O TERMINARÁS EN LA BANCA!
—… Está bien…— «quiero ver cuantos partidos ganan sin mi» pensó— claro… fue entonces que sucedió el milagro. Supongo que fue el esfuerzo o quizá la tensión a la que sometí a mi cuerpo… pero la verdad es que ese "combate" actuó como un amplificador de placer, el… el orgasmo… fue monumental. La sensación fue tan fuerte que me desmayé… creo que me desmayé.
Lynn se perdió en una sonrisa boba, una sonrisa que gritaba "amor verdadero".
—Cuando volví en mi… estaba tapada con mis cobijas… y él me abrazaba por atrás, ¡rayos! En ese momento me sentí tan cómoda con él que ni siquiera me molestó que su tonto cabello blanco me hiciera cosquillas en la espalda.
—Chica… ese "Lucas" tuyo suena como el paquete completo, cuídalo muuuy bien, porque si me lo presentas… o si se lo presentas a cualquiera estoy segura que te lo robarán apenas te descuides —todas apoyaron la declaración de Diana, siempre sucedía eso cada vez que la callada mulata se decidía a hablar.
—Y ni que lo digas, incluso tengo que tener cuidado cuando él se queda solo con nues… con mis hermanas.
—Y hablando del diablo ¿Cómo le hiciste para tener ese encuentro en tu casa? ¿Acaso fue lucha de mimos o cómo le hicieron?
—No había nadie en casa, casi nunca hay nadie en casa durante los fines de semana —El tan esperado timbre que anunciaba el final del receso sonó al fin, Lynn se puso de pie pero no dejó de hablar—. El verdadero problema llegó después, tuve que esconder la ropa destrozada a mi hermana Lori y también tuve que darle a Lucas un recuerdito. El desgraciado no me ayudó cuando empezaron a llegar las preguntas "Lynn ¿Dónde está la blusa roja? que hoy es día de lavadora" "¿Por qué la pared está abollada?" ¿Qué debía decir? "La habitación la destrozó mi nuevo novio para sobarse contra mí mientras yo lo cabalgaba" ¿Se lo imaginan? Les digo algo así y terminan echándome de la casa. La mandona de Lori que me trata como si fuera una niña tonta no tiene ni idea de lo que es estar con un verdadero hombre. Apuesto a que le cuento un día sobre el encuentro con Lucas y se queda bizca.
—Totalmente —accedieron todas.
Siguieron caminando en grupo, atravesaron juntas el comedor de la escuela y llegaron juntas al pasillo principal. Antes que pudieran separarse para dirigirse cada una a sus respectivas clases un grito las detuvo.
— ¡Lynn! Te estaba buscando —Sólo se trataba de Lincoln, el hermano menor de la pecosa adolescente—. Quería disculparme por lo que pasó al ayudarme a pasar el examen de química… y también agradecerte por… "lo otro"… realmente aprendí mucho ese día.
—No hay problema galán, los hermanos se apoyan los unos a los otros.
—Si… oye ¿quieres que te acompañe a tu salón? Creo que tomamos clases en la misma sección.
— ¡Sólo si puedes seguirme el ritmo, apestoso! —gritó Lynn antes de alejarse corriendo, su hermano se rio y la siguió después de despedirse de las amigas de su hermana.
Ninguna de las deportistas se fijó demasiado en la férula que el muchacho Loud traía en la mano izquierda o en los moretones que se mostraban en su cuello y brazos. Lincoln estaba lejos de ser un adonis pero era una persona tan agradable que a ninguna de ellas les molestaría "enseñarle química".
