Una historia más con temática de "fin del mundo" que agregar a la horda de las que ya existen... Iupi.
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Eran pasadas las seis de la madrugada.
Leni buscó a tientas la perilla de la puerta de madera. Gracias a la falta de uso constante siempre le resultaba difícil, casi imposible, abrirla sin que las viejas bisagras rechinaran ruidosamente. Al ver nuevamente el interior del pequeño lugar, como en muchas otras veces, sintió esa extraña y necia urgencia que le dificultaba mantenerse de buen humor e iniciar el día.
Al entrar no hizo ningún ruido a excepción, claro, del acostumbrado suspiro triste, un gran avance que le había costado algunos meses repletos de peleas y debates con sus hermanas. Mientras entraba a lo que alguna vez fue un dormitorio, la rubia oyó algo similar a una risa inocente ¿Acaso Lisa no tenía nada que pudiera deshacerse del eco? Bueno, entré más pronto tomara lo que necesitaba mejor: un poco de jugo de tomate y una botella de zumo de naranja bastarían para complementar lo que ya se estaba cociendo ben la sartén en el piso de abajo.
Ya estaba por salir con las cosas entre sus brazos cuando las ansias la vencieron finalmente. Soltando una maldición en voz baja, se detuvo en la entrada de la habitación y encendió la luz; volteó un momento para mirar fijamente y con dolor en el pecho la pequeña cama y el escritorio arrumbados contra una pared.
Antes, las paredes de aquella habitación habían estado repletas de posters y adornos caseros pero ahora sólo había estantes y herramientas cubriendo los muros desnudos. Ya empezaba a ceder al impulso de llorar cuando sintió una mano fría y rígida tomarla del antebrazo.
–Muñeca ¿te sientes bien?
–No es nada Luna –ocultando sus emociones dentro de sí misma, como casi siempre hacía cuando estaba próxima a llorar, volteó a ver a su hermana con una hermosa sonrisa en el rostro-. Es que se me olvidó donde estaba el interruptor…
–Chica, no debes hacer las cosas así, sabes que puedes hablarme de lo que sea ¿verdad?
Agitando la colorida botella de jugo de naranja frente a su cara, exclamó en un acento cantarín que se iba a terminar de preparar el desayuno, Luna no intentó detenerla, sólo volteó unos segundos hacía el lugar del que había salido su hermana y después de soltar su propio suspiro adolorido cerró la puerta del almacén.
"Almacén" el pensamiento le dolió. Hace mucho tiempo su único hermano dormía allí, siempre pendiente para las necesidades y ocurrencias de todas ellas. Ahora no era más el refugio "del hombre del plan" sólo era un armario de blancos que Lana había transformado en almacén.
Ajustó las tuercas que sujetaban las uniones de su prótesis, un hábito que había adquirido rápidamente y repetía cada vez que se sentía nerviosa o triste, antes de girar un poco sobre sus pies y llamar gentilmente a la puerta de las gemelas, sólo obtuvo un quejido molesto como respuesta, respuesta suficiente para que entrara y despertara al dúo de rubias. Como ya esperaba, en la habitación sólo estaba Lola, roncando.
Al acercarse a la cama rosa de su hermana menor, Luna pisó por accidente una taza del gastado juego de té. El ruido de la cerámica quebrándose y el pequeño gruñido de sorpresa bastaron para que la joven princesa despertara con un sobresalto y tomara entre sus pequeñas manos enguantadas uno de los bates de aluminio que Lynn había colocado en cada habitación.
–¡Tranquila Lols, sólo soy yo! ¿ves? –Al lograr dar un rápido paso hacia atrás, Luna evitó que el swing de Lola le derribara los dientes-. Sólo vengo a decirte que el desayuno estará listo en cualquier momento… ¿te sientes bien?
–No, no estoy bien. Soñé que él entraba y me llevaba –al decir esas palabras, Lola aventó el arma blanca y se derrumbó envuelta por el brazo de su hermana mayor– ¡Lana intentaba detenerlo pero entonces ella…! No quiero que pase.
– ¡Woah, woah! Pequeña, no hay nada que temer –la pequeña princesa se le quedó viendo a la prótesis que envolvía sus hombros pero cuando apenas iba a abrir la boca para quejarse su hermana la detuvo-, ya sabes que mientras trabajemos juntas y nos cuidemos entre todas no nos va a pasar nada… nada grave al menos.
La antigua reina de concurso siguió llorando abrazada de su hermana mayor por un momento más antes de recuperar algo de su antigua actitud abrasiva y preguntarle molesta a Luna ,entre balbuceos y sorbidas de moco, por su gemela.
–La pequeña Hulk Hogan está con Lisa– exclamó Luan asomando la cabeza desde el marco de la puerta-, y por cierto Lunita bebé… ¡Ya le dije a Lenin que aceptaste cederme tu tocino!
– ¡Comediante de quinta…! –Saliendo a la carrera de la habitación, intentó arrebatarle con una cachetada la sonrisa a su compañera de habitación, al fallar el golpe, los pies de Luna terminaron por deslizarse peligrosamente cerca de la escalera-, ¡RETIRA ESO!
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–Todo un año lleno de fracasos y sigo sin poder creerlo –Lana caminaba impacientemente de un extremo de la habitación al otro-. Ya usamos todos nuestros recursos y seguimos sin estar ni siquiera un poco más cerca de atrapar a un simple infectado ¿desde cuándo se volvieron tan listos?
La niña genio se levantó los pequeños lentes de los ojos y acarició los moretones que tenía sobre el puente de su nariz, el armazón plástico empezaba a quedarle chico y a menudo lastimaba la delicada piel de su rostro, volteó a ver a su hermana mayor antes de aventar una nueva bola de papel al bote de basura completamente lleno de pequeños bultos similares a ese.
–La respuesta es simple querida congénere, no se volvieron listos –después de teclear un código sobre el teclado, en la gran pantalla del bunker, en lugar de aparecer las acostumbradas grabaciones recientes de las diferentes cámaras de seguridad que vigilaban constantemente los alrededores, aparecieron grabaciones viejas y actuales de infectados diferentes-, como puedes apreciar, Lana, ningún infectado muestra signo alguno de inteligencia… excepto en un caso específico.
De todas las escenas que eran transmitidas simultáneamente, Lana se concentró primero en una imagen en específico: en ella veía a una Lacey con el vestido hecho añicos correr en línea recta, con la cara completamente llena de sangre y pelos blancos, hacía una ventana del cuarto piso del centro comercial "Gran Central" en un fallido intento de atrapar su reflejo. Después de ver al pequeño cuerpo caer hasta impactar el piso movió sus ojos a la esquina contraria de la pantalla para poder ver, a través de la grabación de la cámara de seguridad de una tienda de artículos de salvamento, como un niño con cabello blanco evadía nuevamente, y sólo con la ayuda de un palo, una trampa diseñada con el único fin de capturarlo.
–Entonces ¿apoyamos la teoría de Lola sobre que en realidad él no está infectado?
–Tampoco, por mucho que me gustaría abrigar esa minúscula esperanza debo permanecer escéptica, ambas vimos el estado de Lincoln al atacarnos por primera vez; incluso entonces se veía ralentizado por la cantidad de plomo dentro de su cuerpo y desde ese primer encuentro le hemos propinado castigo suficiente como para dejarlo paralitico, nada que esté realmente vivo… ¡diablos! incluso un infectado común no tendría oportunidad de sobrevivir a heridas similares. La poca información de la que disponemos sólo arroja un solo resultado: una mutación del hongo base.
–Entonces necesitarás muestras…–La espalda de la chica multiusos se estremeció mientras tomaba su hacha con ambas manos y su mirada se ensombrecía-. ¿Quieres que salga a cazarlo?
El drástico cambio de actitud preocupó a Lisa. El que todas dependieran tanto de una sola hermana empezaba a pasarle factura a la salud mental de rubia, quien parecía aislarse de la familia cada vez más rápido.
–No creo que sea sabía la idea involucrar a más hermanas, pues de las únicas que pueden ayudar en esta tarea sólo tú eres viable; Luna aun no aprende a utilizar su nueva prótesis debidamente como una herramienta e involucrar a Lynn en un enfrentamiento directo con él pondría en riesgo todo… ya sabes, muchos sentimientos encontrados, además salir sola es muy peligroso para cualquiera de nosotras, y el riesgo aumenta si planeas enfrentarte uno a uno con un "inmortal" rabioso usando sólo una hacha, Lans… –se sintió rara al decirle así, nunca antes lo había hecho y hubiera deseado haber tenido la confianza como para llamarla así mucho antes del fin del mundo-. No, cazarlo no será necesario, como diría otra persona… "tengo un plan" y para conseguir el éxito necesitaré tu valiosa ayuda.
-o-
Cabezas duras, eso eran ellas ¿qué no podían ver que lo único que planeaba era ayudar? Agotado y de mal humor, Lincoln entró en un salón vacío, el reemplazo del antiguo "cuartel de operaciones", sólo para dejar su mochila junto con el resto de sus escasas pertenencias, antes de que la puerta se cerrara volvió a salir para dirigirse al sótano.
La escuela primaria había resultado un refugio altamente útil: los pasillos se mantenían casi impecables gracias al simple flujo constante de aire, las puertas que separaban todos los salones eran de acero pintado en rojo e incluso después de dos años abandonadas se mantenían coloridas e integras en sus lugares, lo mismo aplicaba para las ventanas, quizá el único problema lo había tenido al inicio; cuando tuvo que deshacerse de la mayoría de los antiguos inquilinos, acarició inconscientemente la gorra de panda que había obtenido y que ahora colgaba de su cadera al recordar esas figuras paseándose por los pasillos.
Con el hombro empujó la puerta doble que daba al sótano, nunca se molestaba en cerrar ninguna con llave puesto que sus nuevos compañeros y muñecos de prueba apenas y podían coordinar sus pies.
–Hola J ¿cómo vas con el favor que te pedí? –Molesto, descubrió que la niña con cola de caballo seguía jalando ciegamente de la cuerda que ataba su cuello en un vano intento por alcanzar la carne que descansaba justo fuera de su alcance, de tanto jalar ya había rasgado su playera amarilla-. ¡NO! Así no se hace, se supone que debes roer la soga para liberarte, pequeña… descerebrada…
Al oír las palabras de su captor, la niña perdió la concentración un momento y volteó a verlo por unos segundos sólo para jalarse con renovadas fuerzas hacia el pequeño premio comestible, el jalón desesperado hizo que su falda azul se levantara.
Desinteresado por ver una vez más esas pálidas y mugrientas piernas, siguió avanzando entre las improvisadas celdas. Después que las locas apiñonadas en esa casa solitaria destruyeran su antigua guarida y con ella destruido todos sus escasos avances con la cura, decidió cambiar de método; si no podía curarlos con medicina al menos los trataría con terapia.
Avanzó frente a algunas puertas, todas mostraban situaciones similares a la de Jordan a excepción de una; Chandler se había abierto el cuello con su soga y yacía desangrado e inmóvil en el piso de su celda.
– ¡Diablos! alguno de todos ellos debería ser capaz de lograrlo –con paso rápido recorrió las últimas celdas, las que mantenía vacías por si encontraba nuevos "pacientes", antes de llegar a la que cerraba el corredor-. Muy bien Luz, dime ¿cómo va el favor que te pe…?
En la improvisada jaula no se veía nada, ni cuerda tensa, ni carne, ni Lucy. Preocupado, con una patada abrió la puerta. Quizá el nudo no estaba bien hecho y al nunca dejar de jalar, la antigua gótica había conseguido liberarse de la cuerda. Al considerar que había perdido a su hermana no le parecía una idea tan mala eso de cerrar las puertas con llave.
Al entrar algunos pasos, descubrió que sí había alguien en la celda aparte de él; Lucy golpeaba su cabeza contra una esquina. Sus dedos ensangrentados daban fe de que había alcanzado el premio y el estado intacto de la soga indicaban que no la había roído para poder liberarse. Todo el experimento había sido un fracaso.
–Muy bien pequeña, tengo que aprender a hacer nudos y tú tendrás que volver a la posición inicial –llevándola de la mano, la volvió a colocar en el centro de la celda y le amarró el cuello-. Ahora, sí fueras tan linda como para esperarme aquí a que vuelva con otro premio te lo agradecería mucho.
Está vez, en lugar de dejar la puerta emparejada, la cerró debidamente. Regresó sobre sus pasos y entró en la celda de Chandler; al tratar de mover el cuerpo para quitarle el suéter verde lo sintió rígido y frio, sin duda ya llevaba bastante tiempo ahí tirado, necesitaría de bastante tiempo o algo de ayuda para sacar el cadáver del sótano.
–Lucy, que bueno que estas aquí, ayúdame a arrastrarlo… –las palabras murieron en su garganta al notar que en efecto, la pelinegra estaba parada inmóvil detrás de él.
Enrollando entre sus brazos el suéter verde bañado en sangre blanca, salió lentamente de la celda dejando dentro tanto el cadáver como a la niña. Tuvo especial cuidado en cerrar la puerta y apartándose de la vista, esperó afuera.
Con las manos en el rostro, un intento por contener un grito eufórico, Lincoln vio como Lucy giraba la perilla y salía a pasos lentos de la celda con el cadáver del pelirrojo a cuestas. Cuando la niña logró arrastrarlo lo suficientemente lejos como para que la puerta se cerrara por su mismo peso, balbuceó una solitaria palabra.
–Frank-Franklin –la voy sonó ronca y lenta al salir por su garganta dañada.
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Le agregué un "P" al titulo porque este título especifico ya está siendo publicado y expandido bajo el título "In the Valley of the Shadow" que ya pueden empezar a leer en este mismo perfil.
