1.02
— ¿Sabes? Nunca entenderé porque siempre empiezas a joder con tu humorcito especial cada vez que nos citan aquí —Con una sonrisa de oreja a oreja, Ruth recargó ambos brazos en su batería— No le tienes miedo a presentarte frente a multitudes ¿o sí, Lunes?
Fastidiada, Luna terminó de afinar su guitarra por séptima vez, no era un secreto, todo el club de música sabía que la pecosa odiaba practicar en el pequeño teatro de la escuela.
— ¡Diablos Chica! Sabes que no es eso, es sólo que creo que la señorita Ackerman tiene algo contra mí, no puedo evitar ponerme nerviosa cada vez que nos pide reunirnos aquí—Aquellas prácticas "públicas" eran uno de los pocos momentos en los que sus excepcionales habilidades con casi cualquier instrumento musical no valían lo suficiente como para ganarse el favor de su maestra de música—. Eres mi mejor amiga, sabes que no sólo el rock sino la música en general lo es todo para mí… pero para la maestra parece importar más el aspecto físico que la habilidad y yo no…
—Se me hace que lo que no te gusta es compartir escenario con tu novia —con una sonrisa de dientes amarillos las interrumpió George—, pero déjame decirte que se ven taaan lindas las dos juntas que casi me dan ganas de tomarles una foto. Espero que nos invites a Mazzy y a mí a la boda.
—Y yo espero que las teclas de tu teclado no se peguen otra vez por culpa de tus dedos llenos de queso, Georgie.
—Cállate Luna. Ya te dije que prefiero que me digan Sully… —en medio de ambos, Ruth continuó riendo de buena gana hasta que llegó la maestra. Detrás de ella, casi como una calcomanía, venía ella…
La maestra no los saludó, resoplando y soltando una pequeña maldición en voz baja, no lo suficientemente baja como para que pasara desapercibida, se arrellanó en el puesto del director de orquesta y empezó a buscar en su pequeño maletín casi vacío afanosamente como si encontrar las partituras de la canción a practicar fuera muy difícil; al perder la protección que le brindaba la espalda de la maestra, no le quedó más opción a la recién llegada que acercarse a sus nuevos compañeros de banda.
—Hola chica, te estábamos esperando —Ruth fue la única que la saludó, George estaba muy ocupado sonrojándose y Luna no se molestó en aparentar desinterés — ¿Lista para tocar unas notas?
—Hola Mazzy, tu sabes que yo siempre estoy lista —Era rubia, tenía un rostro precioso con los pómulos un poco prominentes y barbilla afilada que complementaba muy bien su rostro delgado—. Hola Sully… hola Luna.
Ella era la otra cosa que Luna odiaba de sus prácticas públicas. A la rubia le encantaba actuar como una niña buena e inocente, al menos lograrlo le resultaba muy fácil con la maestra o sus amigos.
—Hola Samantha, pensé que no vendrías hoy… llegaste un poco tarde —Luna miró a la recién llegada, la chica apartó la vista— ¿algún motivo en especial que justifique el retardo de casi media hora?
—Por favor Luna no seas así con Sam, sólo fueron unos minutos —convenientemente en ese momento especifico, la señorita Ackerman acababa de encontrar las dichosas partituras para la práctica y pensó que sería muy buena idea defender a su alumna favorita… como siempre hacía—, ahora, por favor, tomen sus posiciones designadas y no perdamos más tiempo.
Ninguno de los tres adolescentes se atrevió a decir que llevaban poco más de veinte minutos esperando "en sus posiciones designadas".
«Este será un laaargo ensayo» pensó Luna tan pronto Sam estuvo lista y se colocó con su guitarra Tipson a su lado derecho.
— ¿Estas lista para rockear, Luna? —la pecosa no le respondió a la rubia.
-o-
La señorita Ackerman les dio un descanso, no es que Luna lo necesitara, estaba segura que podría seguir tocando toda una semana y apenas sentiría el cansancio… pero eso no se aplicaba para nada a sus amigos; Ruth se limpiaba el sudor bajo su flequillo y se masajeaba las muñecas mientras que George ocupaba su tiempo libre para comer más deditos de queso « ¿Qué habrá visto Ruth en él?» pensó al verlo engullir tres frituras a la vez sin siquiera parpadear… la única que no se veía tan cansada era Sam.
Por suerte, la rubia tonta no tocaba mal y debía reconocérselo, de lo contrario eso sólo la haría más tonta de lo que ya era para Luna, aunque eso sí, estaba en una liga muy inferior a la suya.
—No lo sé chicos, siento que nos hace falta algo… quizá la canción sea el problema —Sam empezó a hablar en voz alta—, no estoy segura que necesitemos dos guitarras para algo tan sencillo como esto o quizá no sea lo suficientemente buena ¿ustedes que dicen, Mazzy, Sully?
Ruth, al igual que su novio que dejó de comer quesitos, contuvo la respiración y tensó el cuerpo. La canción la había compuesto Luna especialmente para la banda y había estado alardeando de ello por una semana entera. El ambiente se llenó irreversiblemente de tensión y hostilidad.
Luna se giró como si le hubieran dado una bofetada —Sólo eso nos faltaba… me imagino que es muy fácil criticar cuando sólo tocas un instrumento y eres la maldita mascota de la maestra… —Sam también volteó y las dos chicas se miraron frente a frente con irritación.
—Pues lo siento si mis palabras te duelen, pero llevo tocando "un solo instrumento" toda mi vida y sé cuándo una pieza es buena para resaltar ese instrumento y cuando no.
Luna mantuvo la mirada de la otra guitarrista. Era imposible que la rubia de cabello teñido intentara alardear de un conocimiento mayor cuando desde siempre y en cada curso en el que la inscribieron los señores Loud y tenían la mala suerte de estar juntas, Sam había sido siempre la segundona.
— ¡Luna! —La voz indignada de la maestra resonó por todo el auditorio—. Te voy a pedir que te disculpes con tu compañera y te retires por hoy.
Luna quería negarse, tocaba literalmente cualquier instrumento a la perfección, tenía una voz potente que aunque era algo ronca se adaptaba bien a cualquier género, era Luna Loud, ella era el sueño húmedo de cualquier maestro de música fanático a los concursos escolares… y además fue ella también la que había formado la banda en primer lugar con sus amigos… al menos eso último sería verdad si no fuera porque la maestra decidió integrar a último momento un integrante más.
Con forme pasaban los segundos, más crecían sus ganas de negarse y gritar. Pero sabía que la señorita Ackerman podía sacarla de forma definitiva de la banda y también negarle el acceso al salón de música. Pelearse con una posser no merecía la pena. Lentamente, tomó sus cosas y se dirigió a una de las puertas laterales del auditorio.
—Disfruta tú solo de guitarra, Sam… al final de cuentas, sólo es otro regalo por parte de la hermana de tu madre —susurró con despreció antes de salir.
La furia relampagueó en los ojos azules de Sam, quien con lágrimas en el rostro hizo amago de seguir a Luna. Pero antes de que pudiera dar un paso siquiera, Ruth saltó desde su batería y la tomó por ambos brazos, conteniéndola.
-o-
La maestra guardó sus apuntes y partituras, los mismos que nunca usaba, y se alejó del escenario donde habían practicado sus alumnos rumbo a la puerta principal del pequeño auditorio sin molestarse en esperar a los dos estudiantes que recién terminaban de guardar sus cosas. Luna tuvo que esperar al sonido de la puerta doble cerrarse para arriesgarse a volver sin que ni la maestra ni sus amigos la vieran.
Fue por pura suerte que al entrar de contrabando, se encontrara con Sam sola en el escenario, por primera vez no había nadie que le impidiera hablarle claramente a Sam.
De un brinco, Luna subió a la tarima y se acercó a la rubia.
— ¿Por qué será que siempre está de mal humor la maestra, no será por ti… o sí? —Dijo suavemente, satisfecha al comprobar que la cara de Sam se pintaba en color rojo— ¿Desde hace cuánto que decepcionas diariamente a tu adorada tía?
—Siempre estas molestándome porque estas celosa, sabes que soy mucho mejor música que tú. Por eso todos me prefieren a mí.
—No jodas. No eres mejor que yo —siseó Luna— Por favor, recuérdame cuando fue el último concurso que ganaste como solista.
—Si la maestra estuviera aquí…
—Pero no está ¿o sí? Sólo estamos tú y yo.
Ambas eran conscientes que tras esas solitarias paredes del auditorio estaban rodeadas de gente y que aún era probable que a Ruth o George se les olvidara algo y regresaran en cualquier momento… a pesar de eso, Luna y Sam se sentían como si estuvieran solas. Ellas y su vieja y amarga rivalidad.
—Estamos solas, Loud. —Sam infló el pecho ante la castaña—. Puedes admitir que tengo más talento, tu tan adorado e imaginario grupo de fans no te escuchará.
—Ya quisieras que eso fuera cierto…
—Pues lo es…
—Déjame adivinar; me dirás que lo sabe todo el mundo ¿no es así? Pues quizá lo sepan tus amigos imaginarios porque la maestra no está al tanto de ese detalle. Hubieras visto cómo se alegraba el año pasado cada vez que ganaba un concurso con nosotros. Nunca era un reto lo suficientemente difícil para la banda. ¿Y sabes que, Sharp? Cuando nos llevaba a celebrar después de las victorias yo pensaba en ti, de todo de lo que te estabas perdiendo por no haber podido calificar para entrar al curso avanzado. Pensaba que a lo mejor estabas en tu casa, sola, practicando cómo tocar guitarra usando todos los dedos de la mano mientras nosotros disfrutábamos la victoria… lástima que esos tiempos terminaron…
El rostro de Sam brillaba en color rojo de la rabia.
—No puedo creer que sigas siendo la misma niña estirada y presumida que estaba obsesionada con la música clásica —dijo Sam con odio—. No ha cambiado nada desde que tenías nueve.
"Presumida". Esa era la palabra que las dos habían deseado gritarse durante años. Eso era lo que pensaba la una de la otra. Que sólo era una presumida.
Luna sonrió despectivamente, como si hubiera ganado la pelea. Eso sólo encolerizó más a Sam.
—Si no estuviéramos rodeadas de instrumentos delicados…
— ¿Qué harías, Sharp?
—Haría que te tragaras tus palabras. Sin dudar.
Sam aguantó la respiración un momento, la pelea que tanto había deseado desde que era una niña estaba tan cerca…
—Pues puedes intentarlo, niña —tanto en la mente de Sam como de Luna se formaron escenas de cómo se pegaban, se pateaban y una obligaba a su rival a llorar y admitir que la otra era mejor.
De repente, un ruido estridente y ajeno a su pelea empezó a oírse a lo lejos; las botas de Ruth se acercaban a paso veloz.
—Te espero en los baños del auditorio —dijo Luna con su voz un poco más ronca que de costumbre—. Espera un poco antes de ir pero no te tardes más de diez minutos.
Y sin decir ni una palabra más, se alejó nuevamente por la puerta alterna por la que había salido hace media práctica.
— ¿Todo bien por aquí, Sammy? —preguntó Ruth tan pronto se acercó al escenario— Te vez mal.
— ¿Qué? No, todo está bien… no veo por qué no esté bien —la rival aflojó un poco su mandíbula sin llegar a relajarse completamente.
—Es que me pareció oír la voz de Luna y como ustedes dos parecen no llevarse bien… creí que estaría molestándote. Digo, es mi amiga y la quiero pero en serio que odio a los brabucones. Sí un día te dice algo… tú sólo cuéntame ¿sí?
Sam trató de fingir una sonrisa que disimulara el esfuerzo que estaba haciendo para no gritar enrabiada… intentó dar la sensación de que no sucedía nada.
—Estoy bien, Mazzy… quizá lo que oíste fue algún eco, después de todo Luna se pesa la mitad de su vida aquí —dijo Sam levantando apenas la voz para evitar que sus palabras denotaran su ira, apenas y contenida—. Pero ¿sólo por eso estás aquí? Pensé que te irías junto a Sully.
— ¡Oh, sí nos iremos juntos! Sólo regresé para…
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Ruth guardó el regalo para su novio en la mochila y se despidió, Sam no respondió el gesto, estaba furiosa y por su cabeza solo circulaba un pensamiento recurrente: «Luna, esa imbécil. Esa maldita resentida». Ahora que ni Ruth ni Luna podían verla se limpió una lágrima que se resbalaba por su mejilla. Sus palabras le dolieron ¿por qué la odiaba? Nunca lo entendió pero ahora que estaba ofendida quería creer que Luna estaba tan dolida como ella. Se forzó a esperar un poco más mientras Ruth terminaba de salir. Claro que quería ir donde Luna de inmediato, pero llamaría demasiado la atención ¿y si Ruth se ofrecía a acompañarla? No, no quería llamar la atención. Esperó que pasaran quince segundos más, la puerta doble del auditorio se cerró y no volvió a moverse.
Dejó que pasaran diez segundos más.
La sangre le hervía, su corazón latía casi al doble de velocidad que lo acostumbrado. Se preguntó que estaría haciendo Luna dentro del baño. Quizá al igual que ella, estaba llorando en silencio, sintiéndose herida y ofendida, limpiando sus lágrimas.
Pasaron diez segundos más.
Llegó a la puerta del único baño. Ya había pasado casi un minuto completo ¿era demasiado pronto? Miró a ambos lados, tratando de averiguar si había alguien… después de los primeros segundos de paranoia recordó que sólo había dos personas en el auditorio, ella y Luna Loud.
Diez segundos más de espera «Que no crea que estas ansiosa. Haz que espere un poco más… ponla nerviosa» pensó. También se imaginó que Luna era la que se acobardaba y no habría la puerta. Se imaginó a Luna detrás de la puerta, tan temerosa que no le abría la puerta, eso en vez de alegrarla, la enfadó. La enfadaba pensar que Luna no le daría la oportunidad de confrontarla.
Dio dos rápidos y suaves toques a la puerta metálica.
La puerta se abrió ligeramente. Luna estaba dispuesta a pelear. Eso, extrañamente la enojó más, notaba en la cara un repentino calor. Volvió a mirar a un lado y a otro. Terminó de abrir la puerta y dio dos pasos rápidos dentro.
La ilusión de Luna llorando se desbarató tan pronto entró al baño. La castaña estaba de pie frente a ella en el diminuto cubículo forrado de losetas blancas, con sus piernas fijas en el piso, su bella cara sólo mostraba furia.
—Cierra la puta puerta, Sharp.
Estaban muy cerca la una de la otra. Sam cerró la puerta y colocó el seguro sin darle la espalda a Luna. Notaba el calor que emanaba de la otra mujer. La miró con fijeza, deteniéndose un poco en sus mejillas pecosas, satisfecha al ver el ligero rubor fúrico que sus palabras y presencia provocaban en su rival musical.
—Veo que me has estado esperando, Luna —susurró Sam, apoyando su espalda contra la pared del baño. Sus manos terminaron de abrir su chaqueta de mezclilla.
—Llevo esperando años para enfrentarme a ti sin que nadie te esté protegiendo —susurró Luna. Los rostros de las dos músicas se llenaron de odio. Sam se quitó su chamarra y la colocó sobre su guitarra, sus pertenencias estaban al lado de las de la Loud—. Sé que tú desearás no haberte alejado de tu tía.
—Yo nunca tuve un problema contigo… pero felizmente te pondré en tu lugar.
—Gracioso que diga eso la mascota de la maestra —contestó Luna con una sonrisa llena de rabia—. La que siempre va buscando una bota que chupar.
—Sólo lo dices porque yo seré la guitarrista de la banda en el siguiente concurso ¿no es así, Luna? Te sacaron a ti y pusieron a alguien que si diera el ancho.
Con un gruñido de rabia, Luna se abalanzó contra Sam. Sam se lanzó al mismo tiempo contra Luna. Dentro del cubículo no había espacio más que para dar un paso antes de chocar, los cuerpos de las dos adolescentes hicieron fuerza contra la otra. Luna notó los brazos de Sam moviéndose buscando llegar a su cabello, su vientre golpeó el de Sam y las dos movieron sus piernas tratándose de enredarse con las de su rival y hacerle caer. Sam agarró de la muñeca la mano derecha de Luna después de esquivar un derechazo dirigido a su cara, mientras intentaba alcanzar con la suya la cabellera de Luna. Pero la rockera pecosa atrapó la muñeca de Sam antes de que sus dedos pudieran alcanzar su pelo.
Forcejearon en busca de una oportunidad de dañar a la rival mientras sus cuerpos chocaban. Se gruñeron rabiosamente, tambaleándose en el estrecho cuartito.
—Voy a destrozarte la cara —gruño Luna, empujando con todo su cuerpo a Sam para hacerla caer. Pero la rubia aguantaba empujón tras empujón y empujaba a su vez. Sus piernas se esforzaban mientras buscaba liberar alguna de sus manos para poder atacar a Luna.
— ¿No has tenido suficiente con ser suspendida de la banda? —Susurró Sam entre jadeos de esfuerzo, haciendo que todo su cuerpo contuviera el cuerpo de la castaña—. Suéltame si quieres saber lo que es bueno.
Luna jadeó mientras intentaba recordar cómo era la llave de judo que le había enseñado Lynn ¿tenía que mover las piernas así, o quizá era de otra forma?
— ¡Yo no necesito las manos para partirte la cara, imbécil! —gruñó la castaña, rindiéndose en aplicar el conocimiento marcial de su hermana menor y optando por golpear de otra forma el cuerpo de Sam.
La rubia gimió al sentir como sus costillas eran aplastadas por el poderoso empuje de Luna. La chica Loud movía frenéticamente su tronco adelante y atrás. Sam notaba los golpes improvisados contra su cuerpo como si fueran mazazos.
Después de tres interminables minutos de empujones y forcejeos, una de las botas de Sam se resbaló sobre el piso liso y le hizo perder el equilibrio. Aterrada por caer mal y golpearse la cabeza contra la taza del baño que estaba tan cerca, Sam manoteó en busca de un asidero y su mano izquierda, la única que tenía libre, se aferró firmemente al muslo izquierdo de Luna salvándose así de caer por completo.
Sam y Luna se congelaron por un momento… pero sólo por un momento.
El rostro lleno de pecas de la castaña se puso pálido antes de transformarse en una mueca de asco y pánico. Apenas unos instantes después, el infierno se desató sobre la adolescente rubia quien apenas y lograba volver a enderezarse sobre sus pies.
Luna, ahora con su brazo derecho libre, soltó un cañonazo que se impactó limpiamente contra el rostro de Sam, el golpe seguramente no tendría nada que envidiarle a los de Lynn puesto que le había reventado el labio inferior a la chica vestida en mezclilla.
— ¡Maldita tortillera! ¡Jodida marimacha! —Vociferaba entre jadeos Luna, golpeando con el puño cerrado donde Sam no consiguiera cubrirse a tiempo— ¡Levanta faldas, desgraciada!
La chica Loud dijo todos los insultos y palabras despectivas que se cruzaron por su mente, cada uno de ellos era acompañado por un golpe. Cada palabra resonaba en la cabeza de su rival, quien se cubría con ambos brazos.
Sam gemía, tratando de apartarse de su enemiga, pero apenas y había espacio dentro del cuartito y las dos mujeres estaban apretadas la una con la otra. Sentía no sólo torso sino todo su cuerpo dolorido. Al borde del pánico se mordió los labios para no gritar de dolor. Le resultaba muy obvio que no podría aguantar mucho tiempo en esa situación, así que decidió arriesgarlo todo en un último intento; dejó de cubrirse y usando ambas manos empujó lejos a Luna, aprovechando el poco tiempo obtenido para enderezarse cuan alta era e impulsarse hacia delante…
Para besar a Luna justo en los labios.
Sorprendida, la pecosa la empujó aún más fuerte contra la pared del baño y limpió su boca con el dorso de las manos. Sam se dejó caer entre la pared de azulejos blancos y los pies de su amor secreto, mientras tocía y jadeaba desesperada por recuperar su aliento.
—Tú… ¡MALDITA ENFERMA! —Gritó Luna al tope de la capacidad de sus pulmones—. ¡Voy a matarte!
Sam, el mismo Sam que siempre estaba sonriendo cuando estaba a su lado e intentando sacarle plática, se encogió en su lugar e intentó cubrirse de la golpiza que se anunciaba como inminente… pero ya nada de lo que intentara la salvaría. Con los puños cerrados hasta volverse blancos, y dando un paso pequeño para facilitarle las cosas, Luna se preparó para masacrarla a golpes y justo cuando el primer bombazo se dirigía hacía su cara, un sollozo amargo la detuvo.
—Entonces… ¿por eso me odias? —Jadeó Sam a través de su labio partido— ¿Me odias sólo porque soy lesbiana? ¿Me odias porque me gustas desde los nueve?
Sus palabras hicieron temblar a Luna, deteniéndola a medio golpe y provocando que toda su furia e indignación la abandonaran. Sam empezó a llorar, un llanto avergonzado sacudió su cuerpo. Luna, aturdida por la revelación sólo atinó a quedarse quieta, mientras veía fijamente a la rubia abrazar sus piernas, golpeada y humillada.
Había ganado, la había hecho llorar… entonces… ¿Por qué no se sentía bien?
Claro que quería humillarla, hacer que reconociera que ella era mejor intérprete, pero nunca planeó hacerle tanto daño a un grado tan personal.
—Espera… ¿sí eres lesbiana?
Sam sólo asintió, aun sollozando a sus pies.
—Yo… no te odio por ser gay, que estúpido creería algo así… todo esto es acerca de la forma en la que te comportas en las clases de música, yo sólo…
Y a pesar de esas palabras, Luna seguía con los puños cerrados, con la mente apenas considerando otras alternativas aparte de sus propios prejuicios ¿por qué quería hacerla sufrir en primer lugar?
No siempre había querido hacerle daño, en medio de ese pequeño baño reservado para los participantes de las presentaciones del auditorio escolar recordó el video secreto de sus padres y las pequeñas fantasías que le provocaba verlo cuando sólo tenía ocho años… y también recordó los regaños y sermones de su difunta abuela, sus palabras sobre castigar a los descarriados y a aquellos con gustos antinaturales…
Creyó que siempre había sido su idea el castigar a Sam, que siempre se había tratado de una decisión consiente… pero entonces Sam la había besado y revivido una vez más ese pequeño secreto…
Con lágrimas resbalándose por sus propias mejillas y arruinando su sombra purpura, Luna se recargó en la pared y se dejó caer hasta quedar junto a Sam. A su lado, la rubia empezaba a calmarse, sus sollozos se convirtieron en suspiros prolongados, inhalaba lentamente luchando por recuperar el control de su respiración.
—Yo… no quería que esto sucediera así…
Con más lágrimas saliendo por sus ojos, vio como Sam se ponía de pie lentamente, escupía un poco de sangre que se había acumulado de su labio partido. Tomó sus cosas y volteó a verla, ahora era Luna la que temblaba en el piso.
—Lamento todo lo que te he hecho pasar… por favor, perdóname.
— ¿Es en serio? Acabas de intentar partirme el cráneo a golpes, me has hecho la vida miserable los últimos siete años… y ¿crees que voy a disculparte así de fácil? ¡Púdrete Luna!
Y sin voltear una última vez, salió del baño.
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Al final de cuentas, Luna había tenido razón con algo; preferir a Sam como la guitarrista había sido un gran error y el trofeo de segundo lugar de la "batalla de bandas interestatal" se lo recordaba constantemente, el primer trofeo de segundo lugar que el club de música recibía desde que Luna Loud empezó a formar parte en las presentaciones.
Y a pesar de esa dolorosa verdad, su tía había llevado a la banda a festejar el triunfo, sus compañeros de instrumentos estaban festejando satisfechos a su lado, habían sido tan amables y considerados con ella… ¿por qué no todos podían ser así?
—Este concurso estuvo difícil, pero nos llevaremos el primer lugar la siguiente ¿No crees Mazzy? —Ruth dejó de ver fijamente el labio partido de Sam para contestarle feliz a su novio.
—Será pan comido, al menos si nos prometes dejar de comer cosas pegajosas justo antes de empezar a tocar, Sully.
Tratando de apartarse de las miradas inquisitivas de la baterista de la banda, Sam se levantó y empezó a caminar hacía la barra.
—Sam, cielo ¿a dónde vas? —preguntó su tía en un tono amable que casi nunca utilizaba al hablar y mucho menos cuando se dirigía a ella—. ¿Te sigue doliendo tu labio?
—Para nada… sólo voy por un raspado… ya sabes para celebrar.
Tan pronto se alejó de su mesa, empezó a pensar en lo único que había podido durante los últimos días «sí tan sólo el físico de la gente reflejara como son por dentro… entonces ella luciría muy diferente, no hubiera sido tan difícil descubrir que era una bruja disfrazada de una hermosa perla».
Cabizbaja, se formó en la interminable fila de "Juegos y comida Gus", a pesar de no ser aún medio día el lugar estaba a reventar. Después de quince minutos, descubrió que apenas y había avanzado.
— ¿Crees que vendan cerveza de raíz? La versión sin alcohol, por supuesto —una voz susurró detrás de ella.
Con el corazón acelerado de repente, Sam giró sobre sus talones, adivinando desde antes quien estaba a sus espaldas, desafortunadamente no se había equivocado.
— ¿Cómo puedes mantenerte erguida sin apoyar tus nudillos en el piso? —preguntó con todo el veneno y disgusto que nunca le había demostrado.
— ¿Huh?
— ¡Exactamente! —Sam volvió a ver hacia la caja y dio un pequeño paso al frente.
—Así que sigues creyendo que eres la gran cosa —Luna volvió a susurrar a sus espaldas.
—Al menos soy talentosa y bien parecida —Sam giró levemente su cabeza para ver de reojo a Luna—. No olvides esas características.
Un silencio denso, al menos un equivalente para estar en la fila de un restaurante familiar, fue lo único que le respondió, entonces, para su sorpresa, Luna empezó a reír.
Sam volvió a girarse completamente, sólo que ahora sospechando lo peor, Luna estaba le estaba sonriendo « ¡Oh dios! No estará drogada ¿o sí? no, seguramente está tramando algo».
— ¿Qué vas a ordenar? —preguntó Luna.
— ¿Por qué?
—Yo invito, es lo menos que puedo hacer después de cómo te he tratado.
— ¿En serio crees que compraras mi perdón con raspados? Eres despreciable Loud.
—No… pero por algo debo empezar ¿no es así? —los ojos de Luna brillaron de forma peculiar. Sam no volvió a negarse pero se puso alerta «Obviamente está tramando algo»
