"Tenemos que hablar" Un proyecto que he estado desarrollando ahora que tengo todo el tiempo del mundo y pocos chochos que me mantengan tranquilo... espero que disfruten esta nueva serie (publicada regularmente acá para asegurarme que la lean).


3.01

—Parece que es… ¡hora del Rock! —Y con esas palabras y ante la incredulidad de Ronnie y Lincoln, el coronel Austin aniquilo a los zombis restantes con las aspas de una podadora—. Eso es por Goldie y sus cachorros…

Ambos adolescentes rieron de buena gana por lo ridículo que resultaba esa escena ¿cómo era posible que de niños les fascinaran esas películas?

El departamento, y el edificio en general, estaban anormalmente quietos aquel sábado. Esta vez, ni Héctor se encontraba atendiendo el mercado, tan pronto como Ronnie lo vio alejarse junto a su abuela y sus tíos a bordo del camión del negocio familiar, le abrió una ventana a Lincoln para que entrara.

Sería la tarde de películas y videojuegos que tanto tiempo habían planeado, sería una tarde perfecta de diversión entre amigos y nadie ni nada lo iba a arruinar. Sería un día perfecto.

—Oye Ronnie… ¿te puedo besar?

El enorme trago de refresco de naranja se atoró en la garganta de la latina impidiéndole voltear a ver a su novio con la rapidez que quería, Ronnie tuvo que forzarse a sí misma a tragar el líquido gaseoso antes de hacer nada. Lincoln apenas y se había mostrado especialmente deseoso por empezar a demostrarle su afecto de forma tan directa tan pronto cumplió los diecisiete. Sorprendida por la petición, y con el rostro encendido, Ronnie sólo atinó a balbucear una media respuesta y girar finalmente su rostro para concederle la petición al muchacho.

El beso fue apasionado pero breve. Ronnie sonrió y se permitió reír un poco mientras se acomodaba uno de los brazos de Lincoln sobre su hombro. Le encantaba cuando el chico, al abrazarla, apoyaba su mentón en su cabeza; eso la hacía sentir segura.

Mientras que para Lincoln, el sonido de esa risa magnifica y el hecho de sentir el peso y el calor del cuerpo de Anne recargado contra el suyo provocaron que sus mejillas se pusieran de color rosa, el máximo de color que podía llegar a adornar su piel pálida, mientras una sonrisa de triunfo coronaba su rostro. Estaba satisfecho con sus avances.

Así como estaban, acurrucados uno en el otro, volvieron a centrar su atención en la mala película de zombis.

—Lincoln —con el rostro aún más rojo y una sonrisa pícara adornando su cara, la chica volvió a hablar—. Dame otro ¿sí?

Volvieron a juntar sus labios por menos de medio minuto. Ronnie se sintió feliz a su vez por saber que sus avances fueran igualmente bien recibidos.

De pronto, sin dejarle regresar su mirada a la pantalla ella le dio otro que duró casi un minuto entero. Al terminar, los ojos de Lincoln se abrieron al máximo y se clavaron en los de Ronnie, atrapando su mirada en la suya, entonces fue él quien acercó su rostro y le dio otro beso, tomando además el cuerpo menudo de su chica por la cintura.

Este último beso parecía no tener fin, Ronnie estaba relajada, entregada totalmente a la calidez que le daban los brazos de Lincoln. El sabor y la sensación tan parecida a probar un delicioso queso fundido que lograba saborear con cada segundo de beso, quizá porque llevaban toda la tarde comiendo chatarra y viendo televisión, derribaron toda su reticencia y la obligaron a buscar estar más cerca. Sin mucho problema, terminó por sentarse en las piernas de su novio. Quedando ambos cara a cara y dándole ella la espalda a la televisión.

Olvidados quedaron tanto las botanas como la película estilo "grindhouse", todo lo que existía en ese momento para ambos era el cuerpo de su pareja y su propio placer.

Cuando sintió las sedosas piernas de Ronnie apoyarse completamente en las suyas, Lincoln abrió un poco más la boca para abarcar más de ella en el beso. En lugar que su lengua chocara con los dientes de Ronnie, como imaginó en un inicio que sucedería, se encontró con algo suave, pequeño y con bastante sabor a refresco de naranja, aquel objeto inquieto y vivo invadió su boca del mismo modo que hacía su lengua con la boca de Ronnie.

Mientras ambas lenguas se presentaban la una a la otra de forma continua, Lincoln no pudo evitar deslizar hacia abajo la mano que se había mantenido aferrada a la cintura de la latina, después de varios angustiosos segundos que a Lincoln se le antojaron eternos, sus dedos lograron hacer presa del trasero de su chica, palpándola firmemente y provocando que Ronnie soltara un suspiro y se restregara aún más contra su pelvis.

Con su cuerpo y con sus manos recorriendo hasta el último centímetro de su torso, Ronnie era la que llevaba el ritmo vertiginoso del beso. Después de un interminable minuto más, Lincoln decidió que no le bastaba solamente con las nalgas de la muchacha y se aventuró a pasar su otra mano por debajo de la gruesa chamarra que siempre usaba la chica. Al sentir el contacto firme de la mano de Lincoln en su pecho, Ronnie se pegó aún más a su novio, literalmente restregándose en él, dejando salir un alarido de placer potentísimo al sentir algo duro chocando contra sus shorts y entre sus piernas.

Ni la creciente incomodidad causada por el ceñido cierre de su pantalón ni el calor sofocante bajo la gruesa sudadera de lana morada lograron reducir el ritmo en aumento de su sesión de caricias. Lo que los devolvió a la realidad a ambos adolescentes fue la ruidosa música de los créditos finales. Agitados, apenas y se separaron jadeantes y con un par de sonrisas enormes adornando sus caras. Un hilo de saliva unía sus bocas.

— ¡Al diablo la película! Eso fue perfecto para nuestra tarde solos—de pronto y sin pedir permiso, él abrió un poco el cierre de la sudadera morada de su novia y mejor amiga, y sumergió su rostro directamente entre las clavículas de la chica para darle un pequeño beso en la base del cuello—. Te… te… te adoro, nini…

—Fue… bastante genial, aunque algo doloroso. Oye ¿qué tienes contra mis pobres nachas? ¿Necesitabas desquitarte con algo o qué?

Ambos compartieron una pequeña risita; Lincoln adoraba oírla hablar español, creía que eso le daba un encanto extra.

—No te quejes. Si se ve que lo disfrutaste tanto como yo —con una mirada llena de pasión, Lincoln terminó por abrir completamente la sudadera de Ronnie, revelando su torso semidesnudo y sus pechos erectos que se alcanzaban a notar a través de la tela de su sujetador— puedo darme cuenta que te gustó bastante… ¿o es que acaso tienes frio?

— ¡Cállate patético! ¡Esto no es gracioso!

—Lo siento, Ronnie, no fue mi intención… —temiendo haberla molestado y haber arruinado el momento, Lincoln continuó con un tono más conciliador— además sabes que estamos en igualdad de condiciones… ¿pudiste sentirlo, cierto?

Después de señalar con sus ojos hacía el bulto creciente entre sus piernas, Lincoln se puso tan rojo como su pálida piel se lo permitía, después de unos instantes, con el rostro tan colorado como el de él, la chica continuó la conversación.

—Quiero verlo… ¿me dejarías verlo?

El corazón del chico al igual que su mente, estaban trabajando a toda máquina, ambos llenos de pánico y emoción.

— ¿Quieres verlo… cómo… verlo ahorita? —no podía creer las palabras que acababa de decir.

Ronnie lo miro casi suplicándole.

—Bueno… es tu decisión, patético.

Quería responderle lo que cualquier adolescente a solas con su novia y una semi-erección amenazando con romper su ropa diría, después de todo ella también quería y siendo sinceros él había soñado desde los doce años con que una situación parecida se le presentara, el problema estaba en no sonar tan tonto o ansioso como para arruinar el momento.

Ambos estaban aguantando la respiración, ella de forma expectante y él planeando como no morir de la vergüenza y ansiedad. Finalmente la situación se resolvió hasta después de que Lincoln lograra decidirse en sus palabras.

—Pues levántate y déjame mostrártelo, mujer —dijo Lincoln muerto de la vergüenza, con el mejor tono autoritario que había usado jamás.

No pudo pensar en que más decir o si había exagerado con su tono de voz, pues sorprendentemente Ronnie había hecho exactamente lo que él le había ordenado sin quejarse siquiera. Temblando visiblemente, él se había acomodado en el borde del sillón y se había recostado hasta apoyarse en el respaldo del mismo, era una pose bastante incómoda para sentarse por largas cantidades de tiempo pero resaltaba la más que obvia carpa de circo en su pantalón. Levantando las caderas y con un rápido movimiento de ambas manos, bajó hasta la rodilla sus jeans con todo y ropa interior.

Aquella no era la primera vez de Ronnie en ver aquello, tenía alguna experiencia con el porno de internet y con las fotos que ambos se compartían muy de vez en cuando, sin embargo nunca lo había visto en persona. Lo que tenía frente a ella lucía completamente distinto al de la última foto de Whassup, se veía tan firme y erguido que no pudo evitar compararlo con un soldado con casco grande y rosa saludando a su oficial al mando. Probablemente fuese sólo un pene apenas por debajo del tamaño promedio… para los actores que aparecían en los videos que veía a solas en su habitación, pero gracias a la delgadez del cuerpo de Lincoln, aquello lucía bastante grande, enorme, tentador. Estaba ligeramente curvado hacía la derecha y hacía arriba, una gota pequeña de un líquido trasparente y espeso amenazaba con caer desde el glande rosado.

Consternada, Ronalda no pudo hacer más que quedarse con los ojos abiertos y las manos cubriendo su boca.

—Es un poco injusto que yo sea el único que está desnudo en es esta habitación ¿no lo crees, Ronalda?

Muy bien, era el turno de Ronnie de dar el espectáculo y robarle el aliento. Sin dejar que la pena la congelara y sin darle la espalda, cosa que realmente quería hacer, le bastó con mover ligeramente los hombros para dejar que la sudadera abierta se deslizara de sus hombros por su espalda hasta el suelo, entonces la mirada del muchacho intensificó, usando ambas manos levantó su sostén deportivo cual camisón y lo pasó sobre sus hombros. Lincoln sólo podía ver el cuerpo menudo de su novia, con caderas, nalgas y pechos bastante desarrollados, moverse lentamente en un intento muy bien logrado de lucir sensual. Sin agacharse mucho y sin romper el contacto visual, Ronnie llevó sus manos a las caderas y empujó sus shorts de mezclilla y sus bragas hasta debajo de la rodilla, con un ligero movimiento de pies logró sacar ambas prendas por completo.

Aunque moría de vergüenza no se cubrió ni desvió la mirada de los ojos azul pálido del chico, sólo rogaba porque los años de practicar skateboarding con Sid y los meses recientes en los que Carlota la obligó a acompañarla al gimnasio hubieran rendido sus frutos; los ligeros estremecimientos y el goteo de líquido pre-seminal en el amiguito de Lincoln le anunciaron que sí.

—Lincoln, sé que ya te había dicho que aún no estaba lista y que me esperaras un poco… pero quiero decirte que si hoy… que si hoy tú me pides que estemos juntos —una de sus manos deshizo con extrema facilidad su cola de caballo, dejando libres sus cabellos para que adornaran sus hombros—, sabes que yo confió en ti… y sé que nunca me harías daño… así que si tú me lo pides yo…

Mostrándose verdaderamente vulnerable por primera vez desde que todo aquello iniciara, Ronnie se acercó a Lincoln, volvió a sentarse en sus piernas, quedando en la misma pose con la que ambos se olvidaron de sus botanas y película hace apenas unos minutos.

Ella estaba apoyada enteramente en él. Lincoln podía sentir no sólo su peso y calidez como momentos antes, sino que ahora, por fin, podía sentirla y verla completamente. Un golpe de excitación se atoró en su garganta, ahogándolo con todas las emociones que sentía; era demasiada belleza y demasiada ternura para decir cualquier cosa… sin embargo su voluntad tuvo que prevalecer.

—No… no puede ser ahora Ronnie, yo… por favor, perdóname —con el rostro compungido y los ojos evitando ver directamente a la chica desnuda sobre sus piernas, Lincoln la apartó gentilmente y empezó a vestirse—, espero que entiendas que no puede ser así… no estamos listos para hacerlo así… quizá en un futuro pero no hoy.

Con una par de lágrimas apenas formándose en sus parpados y con la angustia haciendo que su pecho doliera, Ronnie vio como Lincoln se ponía de pie completamente vestido, revisaba su cartera y se alejaba a grandes pasos hacia la puerta del departamento de su madre. Su tarde soñada no podía terminar así ¿qué acaso no la quería como ella lo quería a él?

—Li-Lincoln… ¿a dónde vas? —en contadas ocasiones en su vida, Ronalda Santiago había llorado y le parecía increíble que el mismo sujeto la hiciera llorar tres veces; aunque las primeras dos habían sido hace años, el doloroso recuerdo seguía presente en su mente.

—No llores Ronnie —quería volver a su lado y consolarla pero sabía que si permanecía más tiempo junto a ella no podría hacer lo que tenía que hacer— aún no me voy… sólo quiero comprar algunas golosinas… en la farmacia.

Incrédula y con su tristeza transformándose rápidamente en ira, la latina le dirigió una mirada rápida a la mesita delante del sillón, estaba llena hasta el tope con comida chatarra. Antes de que pudiera gritarle a su futuro exnovio que se largara para no volver, escuchó el ruido de la puerta principal cerrándose; estaba sola y desnuda en el departamento.

Fue sólo después de un par de segundos, que su mente llegó a la misma conclusión que Lincoln: el albino no iba realmente a comprar dulces. Aprovechando que estaba sola en la casa, se apresuró a lavarse los dientes dos veces y perfumarse un poco.

-o-

Ronnie y Lincoln se separaron un poco, aunque la estrechez de la cama y sus propios corazones ansiosos por el cuerpo del otro los hicieron permanecer abrazados. Sus respiraciones continuaban agitadas, Lincoln recorría el sedoso pelo de la latina y ella acariciaba con la punta de los dedos el torso del muchacho donde algunos bellos blancos empezaban a crecer. Ambos se contemplaban felices y satisfechos, intentando digerir por completo lo que acababan de hacer.

Anne estaba feliz, más que simplemente feliz, en la escuela y en las escasas platicas con Carlota, le habían dicho que la tan famosa "primera vez" podría ser dolorosa, que podría tener miedo y sentir arrepentimiento, suficiente al menos para hacer que se arrepintiera, pero para ella, nada de eso podría estar más alejado de la realidad; la experiencia había resultado completamente placentera, intima… perfecta.

Una vez más se perdió en la gentil y complacida sonrisa de Lincoln. Después de tanto tiempo de conocerlo le seguía fascinando su rostro amable, sus lindos ojos claros, ese pelo blanco del que él estaba tan orgulloso y que llamaba indudablemente la atención de quién se topara con el chico. Después de tanto tiempo le seguía pareciendo un rostro hermoso.

— ¿Cómo estás, cielo? no te hice daño ¿o sí?

Una sonrisa aún más grande empezó a formarse en el rostro moreno, y extrañamente, pecoso de Ronnie Anne. Estaba por reírse de sus palabras y decirle algo así como «Tranquilo galán que no eres tan grande» pero antes que pudiera burlarse, notó algo extraño en la voz del muchacho; preocupación genuina.

— ¿Qué? No, Lincoln estoy bien.

— ¿Segura? Es que te ves un poco ausente y me dijeron que la primera vez puede llegar a ser muy dolorosa y…

Ronnie le dio un beso en los labios para callarlo, por mucho que lo amara y que tuviera una buena relación de amistad con la mayoría de las Loud, no quería que los consejos exagerados de ese grupo de mujeres entrometidas arruinaran su momento.

—Sí, estoy muy segura que estoy bien… mi amor —se aventuró con el apodo cariñoso antes de levantarse y abandonar la calidez de su cama— solamente quería confirmar algo.

Se le escapó un pequeño gemido al sentir con su pie desnudo la viscosidad de uno de los pequeños globitos rellenos de… la cosa de Lincoln, con asco y algo de curiosidad levantó el par usado del suelo alfombrado, sin embargo no los echó al bote de basura que estaba al lado de su cama. Provocando que Lincoln volviera a perder sus palabras al ver su cuerpo desnudo, Ronnie abrió la única ventana de la habitación y arrojó lo más lejos que pudo los dos condones usados: uno de los envoltorios hechos de látex aterrizó en la montaña de basura que esperaba ser recogida en la acera contraria, el otro termino cayendo en medio de una jardinera.

—Sólo quería saber… ¿por qué compraste un paquete con cinco condones? —Volviendo a su naturaleza juguetona, y con una sonrisa de oreja a oreja, Ronnie dio dos pasos hacia su cama y levantó de su escritorio el pequeño paquete de condones, la rasgadura que Lincoln hizo con sus dientes atravesaba completamente la leyenda que rezaba: "nueva presentación, doble durable", la parte en el reverso que rezaba "abre fácil" estaba intacta— ¿no crees que sean demasiados?

—Bueno, pues… no… no creo que sean demasiados, o al menos no para que digas algo así como « ¡oh, dios! Lincoln, son demasiados» —la voz de Lincoln estaba llena de nerviosismo, Ronnie adoraba verlo nervioso. Con un codo recargado en la cama y su cabeza apoyada en la mano respectiva, Lincoln la veía con el rostro colorado—. Digo, no puedo comprar solamente uno… puede haber alguna complicación o lo que sea… nadie puede ser demasiado precavido así que…

—Así que compraste cinco ¿Cinco es un numero lo suficientemente grande para ti? —El rostro pálido se volvió aún más rosa de la vergüenza, Ronnie en serio adoraba molestarlo para ver sus reacciones.

— ¡Sí, cinco! ¿¡Está bien!? —los nervios comenzaban a hacer mella en su seguridad y cuando escuchó la risa de Ronnie no logró hacer otra cosa que ponerse aún más irritable.

—Estaba jugando, torpe —él la miró sin saber que hacer o cómo reaccionar, parecía herido u ofendido por lo que Ronnie volvió a meterse entre las reconfortantes sabanas y dejó que él la envolviera en sus brazos—. Sabes que te amo ¿cierto?

—Claro que lo sé —murmuró cansado y un poco ronco—. Quedémonos así un poco más ¿qué dices?

—Lo siento, flojito, cuando la sangre se seca es difícil de quitar y déjame recordarte que yo duermo aquí.

—Touché…

-o-

La lavadora ya había terminado su ciclo de centrifugado y secado hacia más de media hora, pero su intensa partida de Letal Fighters los había absorbido completamente. Ambos estaban semidesnudos, en los extremos opuestos del sillón, sujetando sus controles como si su vida dependiera de ello. Ronnie sólo usaba su sudadera y Lincoln prefirió conservar sus pantalones.

La última pelea la había ganado Lincoln dejándolos atrapados en un desesperante empate con una victoria casa uno, sin embargo, los buenos reflejos de su novia le habían complicado bastante las cosas durante ese último enfrentamiento. Ronnie esperaba que él iniciara nuevamente de forma explosiva este último round, al igual que los anteriores. Sus ojos marrones observaban a Muscle Fish atentamente y sin parpadear mientras el personaje se balanceaba adelante-atrás en su pose genérica de pelea, estaba segura que Lincoln hacia lo mismo con el Mago Cambiapieles, Yiang Tzu, controlado por la latina. Entonces, apenas en un instante, el anfibio verde con pinta de rebelde punk se lanzó a toda velocidad hacía ella, el mago anciano saltó para esquivar la embestida pero muy tarde se dio cuenta que eso había sido una mala idea. Cuando descubrió su error, Lincoln ya había apretado los botones en la secuencia correcta «Get over here!» gritó el pescado musculoso y lanzó un largo espinazo contra su contrincante que aparte de hacerle mucho daño al hechicero, lo jaló de un tirón hasta ponerlo justo enfrente.

—Parece que esto ya lo tengo ganado —dijo el albino, sonriendo mientras su personaje aplicaba otro combo especial en el de Ronnie.

—Ese estuvo bueno —Ronnie tuvo que admitir que la había tomado por sorpresa, pero aún estaba lejos de ser derrotada—. Pero no caeré en el mismo truco otra vez. Entenderás que esta es mi victoria.

Sólo dos minutos después, Lincoln se encontraba arrinconado contra el borde del escenario mientras una sonrisa arrogante se dibujaba en los labios de Ronnie. Evidentemente, el combate no estaba resultando como él lo había planeado y Ronnie lo sabía, cuando Muscle Fish se hallaba a un mero golpe de la derrota, la chica habló.

—Te propongo algo Lincoln, quien pierda este enfrentamiento tendrá que hacer lo que el otro le ordene ¿Qué dices, aceptas o tienes miedo?

—Uh huh. Por mi está bien. —Lincoln se había ruborizado, al oír la respuesta Ronnie hizo lo mismo.

Y entonces ocurrió el milagro. Cuando Ronnie preparó el combo roba almas, el movimiento insignia de Yiang Tzu, Lincoln logró cubrirse a tiempo, evitando que su pescado recibiera daño alguno. Sorprendida, volvió a intentar atacarlo con el mismo movimiento y volvió a ocurrir lo mismo. Después del tercer intento, fue Lincoln el que se animó a atacar y a base de patadas bajas y una que otra circular a la cabeza del mago anciano, Ronnie vio como el vencedor era nuevamente Lincoln.

Los dos se quedaron quietos, viendo la pantalla incrédulos. Finalmente, después de algunos minutos y de tomar discretamente el paquete de condones, Lincoln logró reunir el valor para hablar en voz alta.

—Ven aquí…

—Este… ¿Qué te parece el mejor de cinco? —Realmente quería ganar, había un par de cosas que quería probar y estaba segura que Lincoln no sedería por voluntad propia. Por la mirada que le dirigía el albino, adivinó sin problemas que él no renunciaría a su justa recompensa.

—Ven. Aquí. Mujer —sus miradas se encontraron. Los pezones de la chica se pusieron erectos y la piel se le enchinó bajo su sudadera al ver a Lincoln lamerse los labios y desabrocharse el pantalón—. Me siento un poco incómodo aquí abajo.

Esas simples palabras, tan rebosantes de seguridad y autoridad, habían sido demasiado para la naturaleza insegura de Ronnie, quien a pesar de desear acercarse al chico que conocía tan bien no pudo encontrar la fortaleza para hacerlo

—Este… no quiero arruinar el momento pero… creo que exageré un poco ¿no crees? —Ambos adolescentes se quedaron quietos viéndose fijamente por casi un minuto entero— ¡diablos, lo arruiné…! creo que me siento un poco perdido aquí.

—Siempre puedes empezar por… no sé ¿besarme otra vez? —propuso la chica.

Momentos después, él la besaba excitado mientras ella tiraba de su pelo. Con fervor, Lincoln le quitó la sudadera a su novia y volvió a besar su cuello, dejándose llevar, está vez fue ella la que lo abrazó usando incluso sus piernas para retener el cuerpo del muchacho. No fue necesario que regresaran a la habitación de Ronnie, el sillón y la sala en general bastarían.

-o-

¿Cómo es que todo se había arruinado tan rápido? Ese, sin lugar a dudas, podía considerarse apenas momentos antes como uno de los mejores días de sus vidas; habían estado cómodos y disfrutando juntos, se habían besado y aunque por momentos ambos creyeron haberse sobrepasado el uno con el otro, no tenían remordimientos, claro hasta que aquello pasó… Lincoln hubiera jurado que estaba dormido, sumergido en un sueño placentero que al final se transformaba de forma abrupta en una horrible pesadilla… y hubiera mantenido esa teoría de no ser porque la cachetada y los gritos habían sido en extremo reales. La puerta al baño seguía cerrada, Ronnie ya llevaba media hora encerrada ahí, aislada completamente del resto del mundo salvo por sus llantos que escapaban atenuados de las cuatro paredes al exterior.

— ¡Nini, lo siento! ¡Por favor! —Al igual que todas las veces anteriores, no recibió respuesta y su corazón le dolió aún más al pensar que, a pesar de sólo estar separados por una puerta de madera, nunca habían estado más lejos—.¡Fue mi culpa, lo sabes! ¡Debí de reaccionar antes pero me dejé llevar! Por favor, ábreme.

El silencio volvió a sumergir el departamento. Sin saber que más decir, Lincoln recargó la frente contra la superficie de madera, el ligero murmullo del agua cayendo fue lo único que logró escuchar del otro lado.

—Ronnie… ¿Quieres que me marche?

No hubo respuesta hablada, sin embargo la puerta se abrió casi al instante y en medio de la densa nube de vapor que salió del baño estaba Ronnie con una toalla envolviendo su cuerpo. Estaba negando con la cabeza, sus ojos estaban rojos a causa de las lágrimas.

Lincoln sintió un escalofrío al verla tan afectada. A pesar de ser consiente que aquello no había sido únicamente su culpa no pudo evitar pensar que había sido él quien había lo arruinado todo.

—Nini, escucha…

Pero ella no dejó que hablara, tomándolo del brazo lo hizo entrar al cuarto de baño, sin que fuera necesaria una palabra más, él se metió junto a ella a la tina, fue algo bueno que ambos hubieran permanecido desnudos desde aquello. El agua caliente caía sobre ambos casi sin presión, llenando lentamente la tina.

—Tengo miedo, Lincoln… mucho miedo.

Él tomo su mano y ella recargó su espalda en su pecho. Las palabras que le dijo, las primeras en media hora, bastaron para que él apenas y reparara en que el trasero de su novia estaba arrimado contra su entrepierna. La sensación de tenerla desnuda tan cerca fue muy distinta a la que había experimentado al inicio, toda la pasión y el deseo se habían transformado por una necesidad por protegerla y consolarla.

Sin saber qué hacer para confortarla, empezó a tallar sus brazos con sus manos desnudas y eso pareció ayudar bastante ya que después de los primeros minutos de caricias, el llanto quedo y desesperado de Ronnie fue reemplazado por un temblor constante y dolido. Mientras se iba calmando de a poco, ella se fue recargando cada vez más en Lincoln, hasta el punto de quedar, literalmente sobre él en posición fetal.

—El condón se rompió, pero no pasa nada, lo sabes ¿cierto? yo… yo no terminé dentro y apenas estábamos empezando —la mano derecha de Lincoln pasó de sobar su brazo a sujetar el hombro del mismo, sus deseaos por contenerla toda crecían mientras el llanto de su novia disminuía con cada caricia—. Fue bueno que nos diéramos cuenta apenas sucedió ¿te imaginas lo que hubiera pasado si el condón no hubiera reventado de la forma en la que lo hizo? ¡No nos hubiéramos dado cuenta hasta que fuera demasiado tarde!

Puso su mejor sonrisa y soltó una carcajada nerviosa en un intento de darle un poco más de confianza a Ronnie. De pronto, el único hijo varón de la familia Loud sintió como Anne cambiaba el peso de su cuerpo. Pensó que se voltearía a verlo o que se levantaría, sin embargo lo único que ella hizo fue girarse un poco para apoyar su oído izquierdo en el torso del muchacho. Lincoln cerró con un poco más de fuerza sus brazos para acunar el cuerpo tembloroso de la jovencita, ella enterró un poco más su rostro en su pecho y le permitió a sus miedos abandonarla lentamente, calmándose por fin.

—Pero ¿qué haríamos si algo llegara a pasar? ¿Cómo propones que enfrentemos una responsabilidad así sí ninguno de los dos trabaja? —aunque ya un poco más repuesta, Ronnie seguía asustada. Al igual que una niña pequeña, quería sentirse segura—. Digo, el condón se rompió… y ambos sabemos que puede que algunos espermas salgan junto con el…

—Sí algo sucede entonces lo afrontaremos juntos. Por nada del mundo te dejaré pasar por algo así a ti sola —El miedo de su novia empezaba a inquietarlo a él también, y a pesar de sentirse aterrado su resolución no flaqueó—. Sí algo sucede… pues nos haremos cargo tú y yo, como si fuéramos un equipo.

Esas palabras despabilaron completamente a la latina. Un calor diferente a cualquier otro que pudiera haber sentido en el pasado empezó a crecer en su pecho, haciéndola sentir a gusto. Con sólo esas palabras Lincoln logró hacerla sentir realmente protegida, la hizo sentir especial de una forma en la que estaba segura que nadie más lo hubiera podido hacer. Cada palabra había sido genuinamente sincera. En ese momento, el albino se le figuró tan maduro.

—Realmente te adoro, patético.

A pesar que la tina se había llenado finalmente de agua caliente, Lincoln sintió un escalofrío subir por su espalda al oír esas palabras y al ver como el rostro de Ronalda se iluminaba con una sonrisa.

—Yo te amo, así tenga que lamer el piso del baño para poder besarte…

Ya un poco más recuperados después del trago amargo que los hizo pasar aquel condón roto, Ronnie se acomodó un poco, haciendo que su trasero rosara la entrepierna de Lincoln, lo que los hizo sobresaltarse un poco al sentir aquel cosquilleó maravilloso en sus cuerpos.

Hipnotizado por las sensaciones maravillosas que recorrían su cuerpo por completo con cada rose de su novia, Lincoln comenzó a tallar con un poco más de fuerza la espalda y los hombros morenos. Por su parte, Ronnie no dejaba de sobar el torso levemente torneado del albino. Tan sólo un par de minutos más tarde ambos amigos ya estaban nuevamente excitados, saboreando con besos y caricias el cuerpo del otro, moviéndose continuamente para buscar sentir aquel delicioso rose que lo había iniciado todo nuevamente.

La mano derecha de Lincoln, la misma que en un inició sobaba sus hombros, se movió casi imperceptiblemente hacia delante, capturando con la palma uno de sus pechos, provocando a su vez que Ronnie gimiera extasiada en su boca, a medio beso. Cuando el pene erecto de Lincoln se deslizó limpiamente y por tercera vez entre las piernas de Anne, la chica, con el rostro colorado, detuvo instantáneamente todas las caricias.

Antes de que Lincoln se disculpara por haberse aprovechado de su estado de ánimo tan vulnerable, la latina extendió uno de sus brazos detrás de la cabeza de Lincoln, apoyando su torso desnudo en el pecho de albino, Ronnie se estiró hasta alcanzar a tomar algo que estaba en la jabonera a la espalda del muchacho.

Con una expresión picara y cambiando la distribución de su peso para descansar su entrepierna completamente sobre la pelvis de Lincoln, Ronnie le mostró el ultimo condón de los cinco, aún resguardado en su paquete.

— ¿Entonces… te animas para un último round? ¿Qué dices, aceptas o tienes miedo?

Ahora fue él quien tomó la iniciativa, y atrapando su lengua entre sus labios, le dio el beso más cargado de pasión y amor que ambos habían dado.

-o-

— ¡Te lo diré por última vez! —María tomó un poco de aire para gritar con más fuerza— ¡Yo no fui la que chocó la camioneta, fue le pendejo taxista que dio la vuelta prohibida!

Sin hacerle caso a los argumentos de su hermana mayor, Carlos azotó una de sus enciclopedias contra la mesa de madera.

— ¡Oh claro! ¡Te toca conducir apenas por media hora y de repente aparece un conductor irresponsable frente a ti! Siempre has sido una irresponsable, malditasea.

Un poco temerosa por el tono y las palabras que estaban empleando su madre y su tío, Ronnie se acercó dudosa a su abuela, quien a pesar de verse estresada, estaba mucho más calmada que sus dos hijos.

Abue ¿Pos qué pasó que todos están de malas? —al voltear la mirada hacia su nieta, su abuelo que estaba al lado de su esposa, enfocó casi inmediatamente en Lincoln «Me preguntó si intuirá lo que pasó» pensó el albino.

— ¿Qué? ¿Esta pelea? No chamaca. Sabes que sólo están aprovechando un accidente que nos pasó a medio día como una excusa para pelearse —la mirada del anciano volvió a posarse incriminatoriamente en Lincoln— por cierto… ¿Cuándo llegaste tú aquí, chamaco?

Ambos amigos apretaron la boca e inconscientemente buscaron la mano del otro para entrelazar sus dedos « ¡Oh por dios, ÉL SABE! » la mente de Lincoln se puso en alerta máxima.

— ¡Sí! han estado como perros y gatos desde que nos enteramos que tu madre ha empezado a salir con alguien —ajena a todo lo que consternaba a los adolescentes, Frida se sumió a la plática— y por cierto Lincoln… creo que a esta hora ya no pasan autobuses para Royal Woods ¡acompáñanos a cenar!

La artista y sus tres hijos festejaron la idea junto a Ronnie, mucho para el disgusto de Héctor.

—Sólo déjenme avisar en casa que no volveré sino hasta mañana y les ayudo a poner la mesa —las palabras que dijo y el tono con que las dijo, le agradó bastante a Ronnie y a su familia.

—Lincoln, sí te quedarás a dormir tendrás que conformarte con compartir en el viejo cuarto de Bobby —la voz de Rosa llegó desde la cocina, su esposo murmuró un « pero te quedarás con la puerta cerrada por fuera » —, espero que no te incomode el desorden, hijo. Ya vez que ese se ha convertido en el nuevo cuarto de CJ.