Empecé esto como una referencia corta a mi pelicula de terror favorita y terminé con un oneshot... cosas de la vida, supongo.


El teléfono sonó desde el buró, a la derecha de Lori. Aún malhumorada por tener que quedarse en casa para cuidar a su hermanito enfermo y no poder salir con el resto de la familia para ver al abuelo, la rubia tomó el aparato y sin fijarse en el número, contestó

—Disculpa ¿A qué número he llamado? —preguntó una voz al otro lado del teléfono.

— ¿Qué número ha marcado? —preguntó Lori, pero toda respuesta que pudo obtener fue un simple «no lo sé».

—Pues creo que se ha equivocado. Suele pasar, tranquilo —dijo Lori al colgar el celular.

La alarma del aparato sonó tan pronto la rubia bloqueó su celular, recordándole que ya era hora que saliera del cuarto y siguiera la lista de actividades recomendadas por Lisa para la pronta recuperación psicológica de su hermano. Sabiendo el calvario que le esperaba trató de suavizar su gesto y salió al pasillo con celular en mano y sin molestarse en tocar la última puerta del mismo se dirigió a la planta baja, tan sólo unos segundos más tarde el teléfono móvil volvió a sonar.

—Lo siento, supongo que me había equivocado de número—. Dijo la misma voz misteriosa, sólo que esta vez un poco más apenada—. Sólo llamaba para disculparme…

—Pues está disculpado. Adiós —contestó Lori sin interés por alargar mucho la plática con ese sujeto raro. Con un rarito en casa tenía más que suficiente.

— ¡Espera, no cuelgues! quiero hablar contigo —imploró el extraño manteniendo su tono apenado.

—Hay líneas de ayuda para eso, amigo —resolvió nuevamente Lori y colgó antes de entrar al comedor.

Desganada revisó la lista pegada con un imán sobre la nevera y feliz descubrió que sólo quedaba una actividad pendiente para concluir el día: "Ver televisión juntos". Resignándose a que tendría que cederle a Lincoln el derecho de escoger el programa de tv que miraran, Lori se acercó a la alacena en busca de botanas, por suerte sin Lynn ni Lucy cerca había plenitud de golosinas en la despensa.

De repente, un ruido en la casa del perro hizo que perdiera su concentración en preparar botanas y rápidamente se asomó por la ventana hacia el exterior de la enorme y vieja casa. El columpio de neumático que fue recientemente colocado por Lana en las ramas de un árbol se balanceaba tranquilo en el patio y gracias a la oscuridad nocturna no logró ver nada más allá. Sin ver nada que indicara que no se trataba de una noche tranquila más, su atención regresó a la cocina y, esforzándose por mantener una buena cara, programó el horno de microondas y preparó un paquete de palomitas con mantequilla extragrande. De nuevo, sonó su celular y Lori volvió a contestar.

— ¿Por qué no quieres hablar conmigo? —preguntó la voz.

— ¿Quién eres? —respondió ella a su vez, casi a punto de enojarse.

—Si me dices tu nombre te diré el mío, linda —le propuso él con un tono diferente al anterior, está vez se usando uno conciliador y amable.

Esa última palabra acompañada por el nuevo tono, le gustó mucho más a la primogénita de la familia. Permitiéndose ceder un poco ante este chico tímido, Lori le respondió con una nueva negativa sin embargo esta vez no intentó ni colgar. Quedando ya olvidadas a la espalda de la rubia deseosa de atención, las palomitas empezaron a reventar poco a poco dentro del microondas.

— ¿Qué es eso que se oye? —preguntó la voz con una familiaridad como si fuera un amigo más.

Lori le respondió que estaba haciendo palomitas ya que quería ver televisión junto a su hermano menor—. Conociendo al mocoso, seguramente será un "slice of life".

Eso pareció llamarle la atención al desconocido. Manteniendo su aire informal preguntó cuál era su programa favorito del género y ella al no ver peligro en la pregunta respondió sinceramente—. Es un show algo viejo, se llama "Escucha Arnoldo", es de un chico con la cabeza extraña que tiene una amiga abusiva que se pasea por el vecindario acosándolo y dedicándole poemas de amor —le explicó. La conversación continuó y Lori, ya completamente seducida por el tono de voz amable y aterciopelado, se fue sintiendo cada vez más cómoda hablando con el desconocido.

Con una sonrisa en la boca y rubor en las mejillas decidió ser ella la que continuara con la plática y jugando un poco y le dijo al extraño que su tono de voz inseguro y suave le recordaba a su hermano menor y que seguramente su serie favorita también era "The Silent House"—. ¡Oye es un nuevo clásico! ¿Qué no te parece a ti una caricatura divertidísima?

—Sólo las dos primeras temporadas valen la pena, lo que han estado haciendo con los últimos capítulos me aburre —Ya completamente desinhibida, Lori se dirigió al sillón de la sala y se acostó en él para continuar platicando más cómodamente.

Entonces sin que ella lo viera venir, la conversación cambió completamente de rumbo cuando la voz en el celular, con un tono un poco más grave y confiado, le preguntó si tenía novio—. ¿Novio? —Lo que iba a hacer estaba mal y ella lo sabía, sin embargo Bobby ya no le daba tanta atención como antes desde que se enterara de lo que le pasó a Lincoln el mes pasado—. No, no tengo novio ¿por qué preguntas?

—Me gusta cómo suena tu voz… aunque aún no sepa cuál es tú nombre…

— ¿Por qué quieres saber mi nombre? —respondió ella entre carcajadas coquetas, completamente extasiada por el tono tan confortante de la voz del extraño.

—Porque quiero saber a quién estoy mirando —dijo la voz en un susurro, todo rastro de coqueteo o vulnerabilidad desaparecieron de repente.

Inquieta por la respuesta, Lori se abalanzó hacia la cocina y con manos temblorosas prendió las luces del patio trasero para comprobar que no hubiera nadie ahí. No había nadie pero esto en lugar de calmarla sólo la puso más nerviosa. Al borde de un ataque de pánico le colgó al extraño y cerró la puerta trasera, ya iba a cerrar la puerta principal cuando el celular volvió a sonar. Temblando contestó.

—Te pediré que no vuelvas a colgarme —el tono de la voz ya era completamente irreconocible, ya no era suave y amable sino desafiante y cargado de odio—. ¡Porque si vuelves a colgarme, maldita zorra, te destriparé!

El ritmo cardíaco de Lori empezó a aumentar. Tratando que su llanto no se escuchase a través del celular, la rubia empezó a caminar hacia el teléfono fijo; dispuesta a llamar a quien fuera en busca de ayuda. Apenas levantó el auricular la voz en el celular dijo algo que la congeló en el lugar:

—No pierdas tiempo llamando a los azules, ni a papá y mamá… están lejos y muy ocupados atendiendo otra emergencia así que no creo que lleguen a tiempo para salvarte... sólo... sólo quiero ver como luces por dentro —La amenaza caló hondo en Lori.

De pronto, una serie de golpes violentos contra la puerta trasera provocaron que Lori diera un brinco por los aires puesto que apenas y le había puesto el seguro hacia tan sólo minutos.

— ¡¿Quién está ahí?! —preguntó Lori en gritos atemorizados.

Por el celular el acosador le dijo que nunca debía preguntar eso—, es como si invitaras a la mala suerte a entrar —le dijo.

—Mi… mi novio te dará una paliza— amenazó ahora Lori, sin embargo, después de soltar una única carcajada sarcástica al notar la contradicción, la voz le ordenó que volviera a encender las luces del jardín trasero. Bobby, su novio, estaba ahí, atado a una silla y amordazado. La voz entonces le propuso un juego. Si la rubia era capaz de responder tres preguntas correctamente lo liberaría y la dejaría tranquila. Acurrucada junto a la puerta del sótano y con su celular entre sus temblorosas manos, Lori aceptó.

La primera pregunta fue fácil:

— ¿Quién es el protagonista en "Escucha Arnoldo"? —Sin dudar un momento Lori respondió:

—Arnoldo Largeman.

La segunda también fue sencilla:

— ¿Quién es el protagonista actual de "The Silent House"? —esa serie al ser la favorita de su único hermano le dio a Lori confianza suficiente como para apresurarse y gritar la respuesta sin pensar—. La protagonista es Linka ¡Linka Silent!

—Hermosa, está equivocada, verás, en las últimas temporadas el papel protagónico le es dado a los hermanos y no a la albina —Aterrada, Lori dio un brinco cual resorte fuera de su improvisado escondite hacia la ventana de la cocina, ahí seguía Bobby… con un cuchillo de cocina hundido en su cuello.

Pero el juego aún no había terminado.

—Está es la última pregunta, responde correctamente y te dejaré ir... Lori —Las pupilas de la rubia se encogieron al límite posible al advertir que el extraño ya sabía su nombre — Dime ¿en qué parte de la casa me encuentro en este momento?

La rubia no necesitó más motivación que esa para abandonar su actitud soberbia y amargada. Presa de un súbito subidón de adrenalina, Lori salió de la cocina, atravesó el comedor y la sala de estar y usando la copia de la llave que le habían confiado sus padres abrió la puerta principal y se precipitó a la calle.

Dando un par de grandes zancadas, la rubia logró avanzar el pórtico de su amargado vecino de la tercera edad cuando un impulso inconsciente la detuvo de gritar por ayuda; ¡SU HERMANO MENOR SEGUÍA DENTRO DE LA CASA! Impulsada por puro amor fraternal y culpa por lo que le había hecho en el pasado, Lori giró sobre sus talones y regresó corriendo a su casa, dispuesta a todo con tal de proteger a su hermanito de aquel demente. Corrió de regreso tan rápido que perdió en un charco una de sus sandalias sin embargo eso no hizo ni que ralentizara la marcha.

Nuevamente dentro de la casa, se percató que el horno de microondas seguía calentando las palomitas de maíz que a esta altura ya debían estar completamente reventadas y el papel encerado que las cubría empezando a quemarse. Y es que desde la cocina salían grandes bocanadas de humo.

Fue entonces que Lori logró ver por primera vez al que había estado jugando con ella antes de amenazarla; rondando en la cocina, rodeado por el humo de maíz y papel quemados estaba un tipo algo enano para ser un adulto disfrazado como la mascota de la escuela secundaria local.

Evitar que la viera al pasar de la puerta a las escaleras sería algo muy sencillo. Lori sabía, casi tan bien como Lucy, que bastaba con agacharse un poco para que nadie la viera moverse en la sala desde la barra de la cocina pero después ¿qué hacer? Porque seguramente no podría confiar en que el psicópata siguiese buscándola en la cocina una vez que ella regresara con su hermanito para volver a salir.

« ¡La puerta de Lincoln es de cedro! Sí puede contenernos a diez hermanas seguro podrá con un solo demente» gritó su mente al tiempo que un nuevo plan se formaba en su imaginación atemorizada; sí lograba llegar al cuarto de Lincoln, se atrincheraría ahí junto con su hermano y llamarían a la policía con su celular. Como había hecho infinidad de veces cuando era más joven y quería rehuirle a sus padres o a Leni, se agachó y avanzó a gatas hasta llegar al pie de la escalera. Ya estaba por subir gateando por ellas cuando de pronto su celular comenzó a sonar.

Su corazón empezó a latir tan rápido que Lori temió que sufriría un infarto, sin embargo alejó al instante ese pensamiento y se enderezó para subir corriendo las escaleras con todo y que actuó rápidamente no llegó lejos. El extraño la había alcanzado en el segundo escalón y aferrándose a una de sus piernas la hizo caer hasta el piso alfombrado del recibidor.

La rubia no logró ni meter las manos al caer provocando que lo que golpeara primero el suelo fuese su frente y una de sus rodillas. El dolor de la caída logró que su mente se despejara al instante y le exigiera ponerse de pie no obstante no pudo ni apoyar las manos en el barandal de madera cuando el extraño la jaló del pelo arrancándole un grito de dolor.

Lori sabía, gracias a las clases de defensa personal de Lynn, que sí él lograba colocarse encima de ella todo habría acabado en un instante, por lo que esforzándose al máximo logró girarse sobre su espalda quedando boca arriba y usando toda su fuerza pateó la entrepierna del delgado sujeto disfrazado como ardilla, ganando así valiosos segundos para huir en lo que él se reponía del golpe.

Ahora también sabía, por la velocidad con la que el sujeto había cruzado desde la cocina hasta la sala, que no había forma en la que ella llegara a la cima de la escalera y entrara al cuarto de su hermanito antes que el extraño le diera alcance por lo que cambió de táctica y se dirigió a la cocina para salir por la puerta trasera en un intento por alejar al demente de su hermano menor.

En tan sólo un instante ya había llegado a la cocina, ahora sumergida completamente en humo y peste a plástico quemado, y sin perder más tiempo giró el picaporte de la puerta trasera y empujó… pero la puerta no se movió en lo más mínimo.

Con los nervios agotando su cuerpo, Lori intentó volver a girar el picaporte y empujar pero el rectángulo de madera y cristal seguía sin moverse. Fue hasta el tercer intentó que recordó que le había puesto el seguro a aquella puerta cuando la llamada comenzó a tornarse violenta… pero entonces, sí el enmascarado no había forzado la puerta trasera eso sólo significaba una sola cosa; él ya estaba adentro desde antes.

Finalmente quitó el seguro a la puerta y salió a toda velocidad sólo para tropezarse a los dos pasos con el cuerpo Bobby. Tardó un segundo en lograr procesar con qué se habían enredado sus pies y tardó aún menos en coordinar sus extremidades para levantarse una vez más pero, tan pronto lo logró sintió un dolor intenso en uno de sus hombros y un líquido caliente y espeso escurrir por su costado, la habían apuñalado en la espalda.

Con las ultimas fuerzas que le quedaban Lori logró girar sobre su propio eje y con el puño cerrado golpeó en la cien a su atacante. El puñetazo no tenía el impacto necesario como para derribar a su enclenque atacante así que lo único que logró fue arrancarle la máscara sonriente de ardilla del rostro.

Los instantes siguientes parecieron transcurrir en cámara lenta.

Vio que aquel rostro que había visto a diario durante los últimos once años la observaba atento y sin expresión. Vio también como el atacante alzaba la mano derecha junto con el cuchillo con el que la había apuñalado.

Y justo cuando pudo reaccionar ante la sorpresa que la revelación conllevaba se sintió caer de rodillas sobre el pasto, completamente incapaz de hacer algún ruido. Su sangre salío disparada junto con el aire guardado en su pulmón derecho tan pronto el cuchillo abandonó su tórax.

Lori ni siquiera había podido gritar.

-o-

Fue el domingo nueve de octubre, un día después de que le dieran el alta médica a Lynn junior del hospital general de Royal Woods y casi dos meses después de que los fatídicos acontecimientos que provocaron que ambas mujeres Santiago abandonaran el pueblo, que los oficiales Peter Highsmith y Pamela Foster realizaron su ya acostumbrada visita semanal a la casa Loud.

Y a pesar de ya haber realizado siete visitas desde que todo aquello comenzara, ambos uniformados tenían que aceptar que esta fue por mucho la más impactante de todas. Les bastó con ver a la atleta más prometedora del pueblo confinada a una silla de ruedas para convencerse que aquella familia nunca volvería a ser la misma de antes.

Al acabar con su encomienda autoimpuesta y tras despedirse de la familia, ambos policías entraron a su patrulla sin embargo Pamela no dejó que su compañero arrancara; en su lugar volvió a bombardearlo con las mismas inquietudes que acosaban su conciencia cada vez que visitaban a los Loud.

— ¿En serio crees que el muchacho Santiago era un peligro para las demás personas? Porque yo no creo que ese joven hubiera sido capaz de desearle mal a nadie. Lo sabes tan bien como yo.

—Pamela, habían pistas solidas en su contra…

—Tonterías sembradas ¡vamos! El único con un motivo real para lastimar a esa gente era el mismo niño ¿cómo es eso que escucha desde su cuarto a su amigo y a su hermana pelear hasta la muerte y no se le ocurre hacer nada?

—El pequeño estaba pasando por demasiado estrés. Por favor Foster, lo hicieron dormir en el patio por una semana… no me sorprendería que siguiera sin hablar hasta que se marche a la universidad.

Pero las palabras fallaron por convencer a la rechoncha mujer policía. La inquietud se le veía en la cara. Sentir que su compañero y amigo evitara inmiscuirse demasiado en el caso la irritaba aún más.

—Foster… sabes que los forenses encontraron suficiente evidencia como para recrear la escena de la pelea entre el chico Santiago y la muchacha Loud.

—Y todas esas pistas encajan demasiado bien como para ser auténticas ¡basura sembrada en la escena!

— ¡¿En serio?! Muy bien, vamos a hablar de basura ¿me vas a decir que crees que un niño de once años sometió sin ayuda a una adolescente, casi una adulta, y que embriagó por sus propios medios a otro y que aun así le sobró suficiente tiempo como para sembrar evidencia? Eso es basura.

—Eso es una forma de verlo muy simple…

— ¿O me vas a decir que las ultimas llamadas que contestó Lori, y que salieron del teléfono de su novio no prueban nada? Porque eso también es basura.

—No, pero…

—Muy bien. Entonces explícame por qué insistes con esto.

Finalmente, Highsmith dio por terminada la discusión, se colocó el cinturón de seguridad y encendió el motor de la patrulla. Pasó casi un minuto entero sin pisar el acelerador cuando apagó el motor y soltó su cinturón para voltearse a ver a su compañera.

— ¿Quieres reabrir el caso para que la madre de Roberto y su hermanita tengan que volver a juicio?

—No, claro que no quiero lastimarlas más, aunque…

—Bien. Al menos estamos de acuerdo en no volverlas a involucrar en todo esto por simples corazonadas —replicó Highsmith retirando sus manos del volante inerte—. Ahora te diré lo que yo pienso. En el cadáver del chico Santiago detectamos ciento treinta miligramos de alcohol por cien mililitros de sangre. Estaba ahogado en bebida. Yo creo que fue durante el mismo domingo catorce de agosto que el muchacho se enteró de todo lo que le pasó a su joven amigo y cuñado durante toda la semana anterior. Sintiéndose traicionado por su novia decidió ponerse a beber alcohol barato para desquitarse. Envalentonado por el trago decide ir a confrontar a su novia a su casa por lo que empezó a realizar las múltiples llamadas al celular de Lori y que tenemos registradas. Ella se molesta por verlo aparecer en su puerta completamente borracho y empiezan a pelear… primero a grito pelado dentro de la casa, después de todo no hay muestras de entrada forzada y eso fue lo que declaró el pequeño Loud, después de gritarse unos minutos ella intenta correrlo por la puerta trasera y es ahí cuando empieza la pelea…

—Peter, a ella la apuñalaron por la espalda y él tenía marcas en las muñecas por haber sido amarrado.

Dándose por vencido en convencer a su compañera, Peter finalmente arranca y se aleja de la ya silenciosa casa. El único que sale a despedirlos es Lincoln, con la misma cara sin emociones que lo ha acompañado desde que el señor Quejón denunció a sus vecinos por maltrato infantil.


Sé que debería haber terminado de publicar mis otros trabajos en lugar de escribir una historia corta... pero sabemos que nadie leerá esto así que "dejenmen" hablar solo.