2.06

« ¿Por qué estoy haciendo esto? » pensó Lupa atónita… y realmente era una buena pregunta. ¿Por qué estaba ella ahí? No era normal que la joven albina quisiera consolar a nadie… especialmente si ese alguien era el idiota más grande de la escuela.

Pero obviamente, como pasa cuando alguien empieza a preguntarse cosas a sí mismo cosas que normalmente no se preguntaría, ella ya conocía la respuesta, y no le gustaba nadita. Ni un poco.

Lupa sobresalía en dónde fuera, no sólo por ser la niña más pequeña de su salón, algo que a sus nueve años comenzaba a incomodarla, sino por el color tan peculiar que tenía su cabello y por su forma aún más peculiar de vestir. Siempre usando una sudadera negra hecha a mano por una de las tantas hermanas de su madre con uno de esos novedosos parches positrónicos cocidos en el centro del pecho, el suyo era algo viejo pero tenía forma de ojo con alas, una playera negra debajo y una falda negra… con delgadas franjas amarillas. Le gustaba el negro.

Pero aquella apariencia tierna que le daban su baja estatura y su cuerpo gordito, principal motivo por el que usaba ropa negra, ocultaba una personalidad contradictoria y conflictiva; su carita siempre lucía un ceño tan fruncido que incluso los espectros con los que supuestamente hablaba su madre sentirían celos, sus delgados labios acostumbraban contraerse en un gruñido perpetuo que apenas y mostraba sus afilados colmillos superiores y sus ojos le provocaban escalofríos a cualquiera que fuera lo suficientemente tonto como para hacer contacto visual con ella. Cualquiera que llevara siquiera una hora de conocerla podría asegurar que no se trataba de una niña feliz y los pocos que llegaban a conocerla un poco mejor podrían asegurar que estaba muy lejos de ser la nena tranquila y tímida que aparentaba ser.

Justamente por eso era que Lupa no podía creer que hubiera caminado por cuenta propia hasta la parte trasera de la escuela, sin ver nada de lo que estaba delante de su cara y sin sentir nada de lo que la rodeaba, todos sus sentidos atentos a otra cosa… y es que el altruismo no era algo que fluyese libremente a través de ella, si alguien se enojaba generalmente era porque había hecho algo que lo hizo sentirse mal y si por ella fuera todos eran libres de esconderse en su rincón favorito para lamentarse rodeados únicamente por su autocompasión siempre y cuando no la molestaran al hacerlo. Lupa nunca había sufrido algo similar a la lástima así como tampoco arrepentimiento por algo que hubiera dicho; vivía la vida con esa seguridad absoluta en sí misma que solo un niño puede disfrutar.

Actuar sin tener bien medidas las consecuencias no era su estilo, ella prefería pensar y planear todos sus movimientos para así tener siempre una escapatoria fácil de sus travesuras. Si no iba a obtener un beneficio inmediato o a largo plazo por arriesgarse a hacer algo entonces simplemente no lo hacía… ¿por qué cambiar su forma de pensar y colocarse justamente fuera de su zona de confort?

La pequeña se protegió los oídos y tuvo que olvidar sus reflexiones al escuchar el irritante sonido de un llanto apagado… «Oh sí, justamente por eso.»

Era un ruido en extremo irritante. Claro que, todo lo que él hacía era irritante; desde sus payasadas hasta su personalidad o su ridícula apariencia. Ósea ¿Qué clase de inadaptado usaría una estúpida bandana? Las bandanas no son geniales a no ser que tengas cáncer, ella sabía eso, todos sabían eso. También estaba el asunto con su estúpido cabello, siempre largo, descuidado y… peludo, o también su estúpida boca de soquete, o la forma en la que los estúpidos hoyuelos de sus estúpidas mejillas siempre resaltan cada vez que sonreía.

No es que ella la prestara demasiada atención o una estupidez así. ¡¿Quién le prestaría atención a ese estúpido?! ¡Era molesto, un nerdo obsesionado con todo lo relacionado a la década anterior, un inútil para lo que fuera menos para irritarla!

Pero lo que irritaba más a Lupa era oírlo llorar… ella… ella nunca lo había oído llorar antes, el estúpido siempre estaba tan feliz, e incluso cuando parecía estar molesto con algo simplemente se conformaba con mostrar su indignación o molestia, generalmente inflando sus cachetes y cruzándose de brazos; pequeño cobarde.

Irritada consigo misma, Lupa se recargó contra la pared de la escuela y sacudió sus hombros, sintiendo la aspereza de los ladrillos raspar su piel a través de la sudadera. No era como si fuera su culpa que él estuviera llorando… y de todas formas él se lo había ganado a pulso. A veces parecía que el mocoso no podía evitar el avergonzarse a sí mismo, era casi como si disfrutara ser el hazmerreír de toda la escuela. Hace una semana había ocurrido otro de esos "incidentes", sólo uno más en una larga fila de eventos similares. "Pena ajena" bien podía ser declarado como sinónimo del nombre Lemy.

Conforme el nombre rebotaba en su mente, Lupa empezó a masajearse las sienes. ¡Lemy Cualesquieraquefuerasuapellido! ¡Lemy! Lemy… el pequeño torpe, greñas despeinadas, que siempre intentaba llamar la atención. El niño que vivía solo junto a su hermana en un lujoso departamento. El niño que parecía no poder evitar el avergonzarse enfrente de todos, y que sin importar que tanto se burlaran de él simplemente se reiría junto a los demás hasta que todos hubiesen decidido que el asunto realmente no era tan gracioso y lo dejasen solo. Eso era algo que Lupa no podía entender; hacer el ridículo apestaba, y bastante, pero generalmente siempre hay alguien que ayuda a que las burlas se detengan ¿dónde estaba ese alguien para Lemy? No era que el estúpido no tuviera amigos. Se juntaba con algunos perdedores a la hora del almuerzo, y también estaba el otro rarito de rastas con el que siempre estaba ¿cuál era el nombre del negro ese? ¿George? ¿Gordon? ¿Gordo? George.

Lupa sacudió la cabeza hasta que sus divagaciones desaparecieron. Entonces volvió a fruncir el ceño ¿por qué no podía mantener su mente centrada? ¡Nada de eso era importante! Lo que era importante era que Lemy estaba llorando. Era molesto y ella ya estaba cansada de oírlo. Había estado lamentándose por una semana, y ni siquiera era uno de esos llantos graciosos, de esos en los que se puede aprovechar para decir una broma, no… era uno de esos llantos crudos, de esos que son desordenados y hacen sentir a todos incómodos. No era un misterio porque había estado llorando tanto. Todos sabían lo que había ocurrido durante el último concurso de talentos y todos se burlaron de él como costumbre, pero el chiste apenas había durado dos días. Después de todo, se trataba de Lemy, era de esperarse y para ser sinceros ni siquiera fue algo tan gracioso. Las demostraciones vergonzosas de "talento" sólo son divertidas cuando la víctima se indigna y reacciona violentamente, Lemy sólo se sacudiría los insultos con esa pequeña sonrisa suya y todo dejaría de ser gracioso. Eso era lo que se esperaba…

Y aquella presentación musical fue, sin miedo a admitirlo, una de las cosas más embarazosas que ella hubiera visto jamás. Y vaya que se había reído junto con todos, al menos al principio. Pero el asunto había envejecido rápido, además que reírse de Lemy no era tan divertido y siempre hacía que su estómago se sintiera raro. Gaby "Gloom" Forrester fue la que se llevó, aparentemente, la peor parte, pues inmediatamente después del concurso pidió que la cambiaran de escuela con todo y que su madre recién había conseguido el trabajo ahí como maestra. Realmente no le importaba mucho a Lupa. Gloom nunca le habló a nadie en la escuela y hacía todo lo que podía para evitar ser el centro de atención como negarse en redondo a participar en la clase de educación física, seguramente por miedo a que se burlaran de ella por su desarrollo prematuro…

Lupa lo pensó un momento más antes de reestructurar su opinión que tenía de Lemy sobre ser cobarde. Lemy era patético, obviamente, pero la cobarde era Gloom. "Oh no, un niño se ha fijado en mi… supongo que es momento de entrar en pánico como si se acabara el mundo antes de mudarme a otro estado" idiota…

Forzando su mente a centrarse en una sola idea, Lupa recordó que no era Gloom la que estaba llorando detrás de la escuela. ¿Por qué estaba llorando Lemy de todas formas? "Bua bua, hice el ridículo frente a todos y se burlaron de mí", además no era como que el pobre no hubiera hecho cosas más ridículas en su búsqueda de atención. Ella al menos ya lo había visto dejar atrás cosas aún más vergonzosas como si nada… como el malentendido que creó la pequeña bravucona de primer grado al decirle a su madre y a media escuela que era novia de un niño cuatro años mayor, ¿la mini delincuente esa se llamaba Gwen?

Sí, esa niña necesitaba calmarse un poco y aprender que para que un niño te note no es necesario provocar que le dieran detención por un mes. No es que Lupa quisiera que Gwen se calmara, si por ella fuera la pequeña brabucona podría ir a pararse en las vías de tren. Que invitara a Gloom, y que juntas se pusieran a brincar frente a una locomotora en movimiento.

Ahora nuevamente en temas realmente importantes, Lemy había estado chillando toda la semana y Lupa se había cansado de eso. "¿Pero por qué te importa que el niño ese llore?" le había preguntado su madre durante el desayuno de hoy con una sonrisa burlona. Lupa odiaba esa sonrisa, ¿por qué le sonreía Lucy así? ¡Por nada! A la albina no le importaba que él estuviera triste, después de todo él ni le dirigía la palabra o algo así, a Lupa sólo le desagradaba el verlo todo triste y miserable por los pasillos todos los días. No era que ella se le quedara viendo, sólo que Lemy tenía una cara de estúpido. Una carota de estúpido con ese estúpido pelo largo y desaliñado, con estúpidas pecas adornando sus estúpidas mejillas. Además él era un estúpido, un estúpido que hace vergonzosas presentaciones musicales acerca de lo mucho que le gusta Gloom y lo mucho que quisiera estar con ella.

Estúpido Lemy.

Estúpida Gloom.

« ¡Estúpida Lupa! » su mente volvió a reaccionar a último momento ¿Qué estaba haciendo ahí? Sí lo que él quería era avergonzarse y después llorar entonces ese era su problema… No eran amigos, cómo estaban en diferentes grados apenas se veían al entrar y salir de la escuela… ¡ni siquiera le debía dinero! ¡Nada! No había motivo real para que intentara animarlo.

¡Entonces estaba decidido! Lupa empezó a caminar hacia delante, alejándose del llorón y del edificio pero un sollozo más fuerte que los demás la detuvo a mitad de camino. Volteó sobre su hombro, viendo directamente la esquina desde dónde podía oírlo llorar…

Ella nunca antes lo había oído llorar…

Hubo un suspiro, un sonido de tela moviéndose y antes de que su cerebro pudiera reunir el valor suficiente para informarle a Lupa que, ignorando su anterior decisión, sus pies empezaban a avanzar en la dirección contraria. Dobló la esquina, dio un par de pasos más y al darse cuenta de lo que su cuerpo estaba haciendo terminó por detenerse lentamente.

Lemy estaba sentado delante de ella en la valla enana de concreto que delimitaba el estacionamiento de maestros, sus hombros temblaban, su cara estaba cubierta por una de sus manos mientras lloraba ruidosamente cual niño pequeño. El chico aún no reparaba en ella, aunque la albina se había quedado congelada a medio pasillo con una expresión de dolor clavada en el rostro. Pena e inseguridad empezaron a correr por sus venas, calentando su rostro como metal al rojo vivo y manteniéndola clavada en el lugar sin la posibilidad de moverse.

« ¡¿En qué mierda estaba pensando?! ¡Claro que no puedo hacer esto! »

Y cuando finalmente estaba a punto de reunir el coraje necesario para voltearse y alejarse corriendo a un lugar dónde él no la viera, Lemy se atragantó con sus lágrimas y tuvo que limpiarse el rostro con su mano libre. Sus ojos se fijaron automáticamente en ella con una mezcla de tristeza, confusión y sólo un pequeño toque de irritación. Lupa permaneció congelada en el lugar cómo un animalito a punto de ser atropellado, pero lentamente la humillación de quedar como una estúpida delante del estúpido lograron hacerla reaccionar y con un rápido movimiento de su cabello, la niña logró adoptar su expresión segura y burlona por la que era conocida en toda la primaria.

Manteniendo contacto visual, Lupa abrió la boca para poder comenzar a hablar pero todo sonido que pudo producir fue algo parecido al aire escapando de uno de los cojines flatulentos de la tía Luan. Rápidamente se tapó la boca con ambas manos y Lemy volvió a limpiarse los ojos con el dorso de la suya, sus labios apenas y se contrajeron para mostrar un poco de sus dientes y su ceño empezó a fruncirse. Lupa tosió ruidosamente en uno de sus puños para intentar mantener su imagen de desinterés, sus ojos se movieron en todas direcciones siempre que no se mantuvieran fijos directamente en Lemy. «Mira ese condón usado colgando de la rama del árbol muerto… eso servirá.»

—Así que… —Lupa se esforzó por reunir un poco de seguridad— estas llorando detrás de la escuela ¿eh? —La expresión del niño empezó a volverse más agresiva y Lupa descubrió aterrada que toda su seguridad se había ido de gira junto con el equipo de baseball de la tía Lynn—. Eso es algo patético ¿no crees?

Los dientes de Lemy empezaron a rechinar y la boca de Lupa tosió un chillido que supuestamente debería ser una risa, pero su garganta se había negado a cooperar ¿por qué era de pronto tan difícil hablar con él? Sólo debía preguntarle que le ocurría y ya ¡eso era todo!

—Q-Quiero decir —mientras más hablaba, más sudor recorría su espalda y su frente—, ¿Qué ocurrió esta vez? ¿Fue lo del concurso de talentos? ¡Vamos! Sabes que no es para tanto… —no eran las palabras que había planeado decirle pero servían para comunicar sus intenciones. Relajándose por esa pequeña victoria, Lupa intentó sonreír—. Quiero decir, todos te hemos visto hacer cosas mucho más ridículas. ¡Lo del concurso no fue nada! Y tampoco te preocupes por lo de tu noviecita, la gente lo olvidará…

— ¡¿QUÉ QUIERES?! —el grito de Lemy hizo vibrar las paredes e incluso un par de los vehículos en el estacionamiento de maestros activaron sus alarmas, Lupa dio un temeroso pasó atrás y el ojo positrónico en su sudadera formó un circulo perfecto.

El tiempo se detuvo, e incluso le pareció a Lupa que de repente podía escuchar los latidos de su corazón dentro de sus oídos, pero el único sonido real entre ellos, a parte de las alarmas de los choches, eran los pesados jadeos del niño que una vez más con los ojos llorosos la veía con odio.

Pero Lupa mantuvo el contacto visual, no gracias a su fuerza de voluntad, sino que estaba tan sorprendida por el exabrupto que ni siquiera se le había ocurrido que debería ver hacia otro lado. Luciendo igual de aterrada como un animalito acorralado entre una pared y su muerte segura, Lupa logró que Lemy fuera el que rompiera primero el duelo de miradas y que lentamente volteara a otro lado mientras subía sus rodillas hasta su pecho para poder abrazarse a sí mismo.

—Sí viniste hasta acá solamente para burlarte, entonces lárgate —murmuró amargamente, y por alguna razón esas simples palabras hicieron que el pecho de Lupa se sintiera oprimido, cómo si algo pesado estuviera sobre ella evitando que respirara con libertad. La niña se sorbió los mocos y se limpió de la mejilla una única lágrima, recuperando sólo entonces la fortaleza necesaria para ver a otra parte; ambos veían fijamente el árbol con el condón usado.

Lupa nunca había escuchado a Lemy gritarle a nadie. Lo había oído hablar enojado, incluso lo había visto discutir… una vez, pero nunca lo había escuchado gritarle a nadie. Para ser honestos ni siquiera estaba segura que el pobre pudiera hacerlo, de todos los fenómenos e inadaptados que iban a la escuela el parecía ser el más relajado, el más sociable… incluso más que su prima Lacy. La experiencia de verlo furioso con alguien no era tan atemorizante como lo era extraña; casi como si la tía Luan dejara de pronto de contar chistes o como si su madre dejara de asustar a la gente.

¿Por qué estaba ahí con él? ¡Su plan había sido un desastre! No era buena conectando con los sentimientos de los demás y tampoco era que Lemy fuera su amigo o algo así, además, ¿por qué le importaba que él estuviera triste?

La sonrisa de su madre apareció por un instante en su mente y eso no le agradó.

Además, ¡¿el mocoso que se creía gritándole como si nada?! Ella sólo estaba intentando ayudarlo, claro que no estaba resultando como lo había planeado, ¡pero estaba intentándolo malditasea…!

—Escucha niño… —dijo finalmente Lupa en el que esperaba fuera un tono amigable.

El "niño" resopló por la nariz violentamente antes de voltear a verla con sus ojos cargados de odio. Pero Lupa ya no retrocedió, ya había hecho demasiado sólo con venir hasta atrás del apestoso edificio escolar al finalizar las clases en lugar de dirigirse a su casa como hacía todos los días acompañada de sus primas y ya no le aguantaría otro berrinchito al llorón—. ¡¿Pero cuál es tu maldito problema?! —le espetó con indignación, y Lemy, aunque intentó permanecer enojado, no pudo evitar voltear inmediatamente hacia el árbol del condón.

—Mira… por favor vete ¿sí? —murmuró Lemy, abrazando con más fuerza sus piernas y recargando su cara en sus rodillas, pero Lupa ya había tenido suficiente de esa actitud, así que después de suspirar y de pensar sus opciones, se sentó sin decir una palabra en la valla de separación del estacionamiento, justo al lado del chico. Lemy sólo volteó a verla de reojo antes de recorrerse sólo un poco, alejándose de ella. La albina lo imitó, recorriéndose un poco más cerca, entonces inició un juego de atrapadas sentados, y sólo hasta que la espalda de Lemy chocó con la pared del edificio dejándolo sin posibilidad de alejarse más fue que el niño decidió que ya había sido suficiente.

— ¡¿QUÉ MIERDA QUIERES LOGRAR?! —las palabras fueron gritadas en un tono tan grave que pareció ser el bufido de un toro… un toro con una mirada tan cruel que era capaz de matar a un elefante.

El desplante no afectó a Lupa. Manteniendo su expresión, la niña fanática del negro se limitó a gruñir un simple par de palabras:

—Lo siento…

Y entonces fue el turno de Lemy de sorprenderse, el cráneo de toro que estaba impreso en la bandana abrió los ojos demostrándole a la albina que aquel trapo sucio también era positrónico. Lupa no se disculpaba, él la había conocido desde el jardín de niños, aunque no se hablaban y ella fuese un año mayor siempre habían ido a las mismas escuelas, y ni una sola vez en todos esos años él la había oído decirle a nadie que lo sentía. Lupa era una niña sin filtro y sin modales así que lo que esperaba oírla decir era algo como…

—… y si me vuelves a gritar te golpearé.

Sí, justamente eso.

Con un suspiro corto que en otro momento quizá fuera una risa, Lemy cruzó una de sus piernas hacia el lado del estacionamiento y recargó su espalda en la pared de la escuela. Lupa se lamió los labios, repentinamente secos, y se inclinó hacia el niño, acercando su cara lo suficiente para poder mirar a Lemy a los ojos.

—Lo siento —dijo con un tonó más suave—, no quería molestarte —continuó, deteniéndose penosamente cuando Lemy levanto incrédulo una ceja—. Mira, no vine hasta acá fuera del horario escolar para burlarme de ti.

Un silencio denso se instaló entre ambos, ahora que las alarmas de los autos finalmente se habían apagado, antes de que Lemy encarara a la niña sentada junto a él—. Entonces… ¿qué estás haciendo aquí? —en su voz ya no había enojo, sólo cansancio.

—Supongo… que me di cuenta que estabas triste, y quería saber por qué. ¿Quizá podamos hablar…? No sé.

La primera reacción de Lemy fue ponerse a la defensiva y marcharse antes de que le siguiera intentando tomar el pelo, Lupa nunca se había preocupado por él antes y en muchos de sus intentos anteriores por ganar un trofeo incluso se sumó a los que se burlaban de él o incluso había veces en las que sin motivo le dirigía algunas palabras hirientes o le metía el pie. Pero justo antes de que pudiera responderle con un insulto genial que había aprendido junto a Lyle en las pasadas vacaciones de verano, Lemy notó un ligero toque de rojo en las mejillas de la niña, y por alguna razón eso fue suficiente para creer que estaba siendo sincera.

— ¿Es por el concurso de talentos? —Preguntó Lupa tan pronto como se dio cuenta que Lemy no había dicho nada—. Porque ya te lo dije antes, no es para tanto… incluso los bravucones ya lo olvidaron. Gloom quizá no lo haga nunca pero ella siempre fue rara así que no te preocupes por…

—No es por eso —Lemy se detuvo y se frotó sus irritados ojos—. No es por el concurso… bueno, no, si es por eso pero no…

—Ah… eso tiene sentido.

Lemy volvió a suspiro-reírse antes de dedicarle una sonrisa burlona a la albina.

— ¿Sabes por qué me inscribí al concurso en primer lugar?

Lupa lo pensó por un segundo. Siendo honesta, al inició ella asumió que lo había hecho por accidente y sin saber realmente de que se trataba o porque genuinamente creyó que torturando las cuerdas de esa guitarra y graznando como cuervo moribundo iba a lograr gustarle a Gloom. Y justamente eso fue lo que le dijo.

— ¿Neta crees que soy tan tonto? ¡Cierra el hocico, no…! La razón por la que quise tocar una canción frente de todos fue por mi familia… y si de paso conseguía novia pues mucho mejor…

« ¿Familia? ¿Qué familia? ¡Ah, su hermana la loca y su supuesta madre súper-estrella! »

— ¿Te refieres a tu hermana mayor y tu madre que trabaja lejos?

Lemy suspiró una vez más, perdiendo el poco buen ánimo que Lupa había conseguido sacarle con sus comentarios—. Sí, por ellas. Ambas se dedican a la música y ambas son buenísimas en ello —"Buenísimas" estaba varios escalones por debajo de lo que ambas realmente eran; la artista estrella del momento y una de las intérpretes más demandadas del pueblo—. Así que creí que si lograba demostrarles que yo también era realmente bueno en lo mismo… quizá me querrían más, quizá Lyra dejaría de castigarme por todo o quizá mamá regresaría a casa…

Lupa lo escuchó sin decir nada pero cuando él finalmente se detuvo, pudo notar cómo sus ojos volvían a llenarse de lágrimas.

—Supongo que no funcionó ¿o sí…?

—No… —hipó Lemy antes de soltar un quejido agudo como si a una niña pequeña la hubieran picado con una aguja. Lupa pensó inmediatamente en una burla respecto a su chillido pero por algún motivo no dijo nada, lo cual era raro porque siempre era un buen momento para burlarse de alguien—. Pensé… q-que me querrían, o al menos me felicitarían por mi esfuerzo. ¿Sabes que fue lo que obtuve de mi mamá?

— ¿Quizá algo así como "suerte para la próxima, niño"?

Lemy negó con la cabeza y frunció el ceño.

— ¿Te castigó por arruinar esa guitarra eléctrica? —adivinó y cuando él volvió a negar con la cabeza, esta vez cerrando los ojos con fuerza, Lupa se mordió el labio. Cuando finalmente abrió los ojos, ella pudo ver que estaban llenos de miseria y dolor… algo que hizo que su pechó volviera a sentirse oprimido y que se le dificultara respirar.

—Fue una carta de parte de su manager pidiéndome que nunca hiciera algo así en público otra vez —dijo Lemy con la voz entrecortada, y cómo si una presa se hubiera roto dentro de su cabeza sus ojos empezaron a derramar aún más lágrimas—, ni siquiera se dignó a escribirme y Lyra cree que me estaba burlando de lo que ella hace para vivir… ¡me odian!

Lupa se le quedó viendo con cara adolorida, la historia de Lemy rebotando dentro de su mente. Ya había pensado en que quizá había más de lo que ella sabía pero nunca hubiera creído que se trataba de algo tan serio como esto. La familia de Lemy era extraña, una madre que relega todas sus responsabilidades a su hija mayor nunca es buena señal, pero al menos quería creer que la estirada de su hermana era rescatable. Lupa nunca entendía a las personas, por eso le gustaba planear su día antes de empezar y no era buena en ser espontanea, pero había algo en todo lo que le dijo Lemy tocó una cuerda en su corazón… sólo que ella no sabía por qué.

Lemy tenía una cara estúpida, y eso estaba más que claro, pero esa cara estúpida empeoraba aún más cuando lloraba. No era su culpa, pero había gente que simplemente no se veían bien cuando estaba triste y Lemy era una de esas personas. Verlo así hizo que su estómago doliera y si ella tuviera que decidir entonces el pequeño idiota no debería estar triste nunca… no sólo por su propio bien sino por el bien de ella también.

—Lemy, dime —Lupa comenzó a hablar, su voz rebosando seguridad como si ya supiera cual sería la respuesta a su siguiente pregunta—. ¿De dónde sacaste la guitarra con la que tocaste en el concurso?

Lemy hipó su respuesta y Lupa tuvo que esperar pacientemente a que el niño se calmara un poco para obtener algo remotamente entendible.

—Del cuarto de Lyra, ella tiene un armario lleno de instrumentos así que creí que…

—No, detente ahí —Lupa inhaló un poco de aire por la nariz y después de algunos segundos exhaló por la boca. Cuando volvió a ver a Lemy, su rostro tenía una sonrisa, pero no era una sonrisa bonita… la albina tenía una cara que distaba mucho de ser fea pero cuando Lemy vio ese gesto no pudo evitar comprarla con una fiera rabiosa.

—Déjame ver si entiendo algo… ¿tú hermana te enseñó a tocar?

—No, yo practiqué por mi cuenta…

— ¡¿Tomaste la guitarra y ella no hizo nada?! Lemy, los dos viven solos en la misma casa y sí algo de todo lo que dices a todas horas de ella es verdad, entonces la tal Lyra es una experta con cualquier instrumento… ¡Ella pudo haberte ayudado… o al menos enseñarte lo básico!

— ¡No, no podía! —Estalló Lemy—. Estaba ocupada con su trabajo y la escuela —entonces él bajó la mirada y volvió a abrazar sus piernas—. Estaba demasiado ocupada como para ayudar a su horrible hermano menor…

—Pues eso es estúpido.

Sintiendo esa simple oración como una cachetada, Lemy tensó el cuerpo y volteó dispuesto a gritarle una vez más a Lupa pero antes de que pudiera hacer nada, los suaves dedos de Lupa se cerraron alrededor de su boca. Acercó la cara del niño a la suya y él vio en sus ojos claros un remolino de fuego y determinación… así que decidió, sabiamente, quedarse callado un minuto más.

—Un error no te hace una mala persona Lemy… quizá no pensaste bien las cosas, pero eso tampoco te hubiera ayudado ¡Yo nunca hago nada sin pensar y creí que lo estaba haciendo bien hasta que…! —Lupa se interrumpió a si misma antes de ver hacia el costado con un, no tan discreto, rubor en las mejillas— bueno… hasta que decidí venir y preguntarte por qué estabas triste.

Lo último lo había susurrado pero estaban tan cerca que de todas formas se terminó escuchando claramente. El rostro de Lemy empezó a calentarse al igual que de Lupa al pensar en las implicaciones de lo que le había dicho la albina, y como si valor el valor de la niña se hubiera fortalecido Lupa volteó de regreso a Lemy con una verdadera sonrisa en el rostro—. Tampoco eres mal hermano Lemy, todos en la escuela saben que darías lo que fuera por tu hermana. Dices que no debiste haberlo hecho, y no te voy a mentir Lem, tienes razón en eso. Fue una completa estupidez. ¿Pero en las semanas que estuviste practicando por tu cuenta Lyra te dijo algo?

Lemy se encogió de hombros y tomando la mano de Lupa con la suya, lentamente empujó los dedos de la niña lejos de su boca —No… pero yo debí haber sabido que así no iba a lograr resultados.

—Tienes ocho —respondió Lupa, y se rio un poco por la expresión en la cara de Lemy. Cuando meditaba algo casi se veía guapo—. A lo que me refiero es que las personas no nacen sabiéndolo todo. Hiciste un error, sí, pero ¿vas a decirme que tu hermana o tu madre no? Ve y pregúntales cómo aprendieron a tocar y te garantizo que ambas hicieron algo como lo tuyo en el concurso de talentos cuando eran más jóvenes.

Lemy quiso responder algo pero cuando no pudo encontrar palabras Lupa alzó al aire una de sus manos, la otra seguía descansando cómodamente entre las de Lemy. «Victoria, dulce victoria.» cantó su mente.

—No creo que pueda volverles a hablar —respondió finalmente Lemy, aún sonaba y se veía un poco deprimido pero al menos ya no parecía que se iba a morir de tristeza en cualquier momento—. No me volverán a hablar jamás.

—Nah, son tú familia… lo superarán. Hiciste una estupidez ¿y qué? Sí me preguntas, seguro que simplemente exageraron porque malinterpretaron tus intenciones ¿y sabes qué? La siguiente vez que una de las dos meta la pata tú actúa de la misma forma en la que ellas lo hicieron contigo. ¡Dales una prueba de su propia medicina…! Es más ¡avísame a mí y le escribiré yo una carta a tú madre pidiéndole que se detenga!

Lemy no pudo evitar soltar una carcajada sarcástica ante las palabras de Lupa. Él sabía que era incapaz de guardar rencores pero tampoco pudo negar que era bastante placentero el oír a Lupa emocionarse así por algo. Mientras pensaba en lo que le había dicho la albina fue que entendió, no lo que le estaba diciendo sino por qué se lo estaba diciendo en primer lugar. Durante una semana completa se había sentido como un pedazo de mierda inútil y entonces llegó ella y en tan sólo diez minutos logró cambiarlo todo. Aún se sentía mal, claro que sí, pero al menos el recuerdo ya era un poco más soportable al saber que ahí estaba ella, pensando que no era un completo perdedor.

—Perdóname por haberte gritado —La espalda de Lupa se enderezó y una sonrisa radiante se dibujó en su rostro al sentir como él acariciaba su mano con sus dedos—. Lo digo en serio… me ayudaste mucho, gracias Lupa.

Lupa se sonrojó al oírlo decir su nombre e inmediatamente se puso a pensar en todo lo que le desagradaba en un intento infantil por hacer que su cara volviera a mostrar desagrado y apatía y no una sonrisa tonta.

—Sí, lo que sea, es que tienes una cara fea —inmediatamente después se arrepintió de sus palabras al sentir como él soltaba su mano y le ponía otra vez mala cara—. L-lo que quería decir es, que eres feo… pero cuando estás triste te vez asqueroso. Así que prefiero ver tu Yo feo que tu Yo asqueroso…

Esas palabras lo hubieran ofendido normalmente, pero había algo en el tono de ella que era diferente. Algo que hizo que Lemy volviera a sonrojarse y que buscara volver a sostener la mano de Lupa entre las suyas pero cuando intentó volver a tocarla ella se paró de dónde estaba sentada y se acercó a la pared dónde él estaba recargado. De pronto, sacando algo pequeño y negro de uno de sus bolcillos, la niña comenzó a rayonear el muro. Lemy tuvo que levantarse y parpadear un par de veces para descubrir que era lo que estaba dibujando su nueva amiga. Con una sonrisa de oreja a oreja Lemy contempló como los rayones, en un inició aleatorios empezaron a tomar forma, una caricatura de Gloom y de otra niña algo más bajita que no pudo identificar, las dos parecían estar saltando enfrente de un tren.

— ¡Genial! —alcanzó a decir Lemy antes de comenzar a reírse. Lupa, parada a un lado, infló el pecho « ¡Claro que es genial! Lo hice yo.»

Sintiéndose complacida con su obra, Lupa volteó a ver a Lemy y fue como si todo lo demás desapareciera salvo por ellos dos.

Y fue ahí que Lupa descubrió por qué se había molestado en ayudar al niño.

Porque Lemy tenía la risa más bonita que ella había oído en toda su vida.