VIII. La importancia de su nombre
El sol estaba ocultándose; hacía algo de frío, aunque Dabi no pudiese sentirlo. En teoría, la resistencia a climas fríos era algo que debía agradecer de sus estúpidos genes; mas no era como si en realidad le importara.
Ver el cabello verde de ese chico, asomado en el fondo del callejón, ya no era una sorpresa a esas alturas. Aunque no era como si lo viera cada tarde, tampoco podía decir que el muchacho lo dejase olvidarlo; pues ya fuera presencial o no, el chico sabía hacerse notar. Además, cuando Izuku no lo encontraba en casa, solía dejarle cartas escritas en un extraño código que Dabi sólo se esmeraba en resolver cuando no tenía nada mejor que hacer.
Lo que sí le sorprendía, empero, era la hora a la que el muchacho había decidido visitarlo.
—¿No es muy tarde para una de tus visitas sorpresa? —cuestionó Dabi ya frente a su puerta. Izuku se paró detrás de él, con una mano metida en su sudadera y la otra aferrándose a una bolsa de plástico. Parecía tener algo de frío.
—Lo siento, no es tu hora de dormir, ¿o sí? —cuestionó Izuku preocupado.
Dabi abrió la puerta y pasó a su casa. Después, se quitó su gabardina y la dejó en el sofá de forma descuidada.
—¿En serio te preocupa mi horario de disponibilidad? Por lo que sé, has venido aquí en las mañanas, tardes y hasta podría apostar que, al menos una vez, por la madrugada —comentó. El estudiante avanzó con un evidente rubor en las mejillas.
—Lo siento… Es que esa vez salí a correr al amanecer. —Se excusó. Dabi, como siempre, abrió la ventana previo a buscar su cajetilla de cigarrillos en sus pantalones— Traje soba caliente de la tienda de conveniencia. Todavía está en su punto —añadió alzando la bolsa de plástico.
Dabi bajó la cajetilla de cigarrillos, un poco asombrado por el gesto del estudiante. Era increíble su nivel de altruismo.
—¿Cómo sé que no planeas envenenarme y entregarme, verde? —cuestionó. Izuku se mostró molesto ante la simple pregunta.
—Porque comeré lo mismo que tú, Dabi. ¿Tienes un traste grande para vaciar los dos envases? —cuestionó Izuku—. También necesitaré dos platos más pequeños para dividir la soba…
—No lo sé, busca en la cocina —contestó Dabi sin darle importancia.
Izuku, ya con la autorización de su amigo, asintió y entonces procedió a dejar la bolsa en la pequeña mesa redonda de la cocina. Ahí había únicamente una silla, pero no le molestaría comer de pie. Desde la segunda visita a Dabi, notó que éste no solía alimentarse como debía; por lo que al menos una vez, planeaba asegurarse de que cenara algo más que un cigarrillo.
—¿Cómo le hacen los estudiantes de heroísmo para tener dinero? —cuestionó Dabi, ya sentado en la única silla del pequeño comedor, mientras miraba a Izuku lavar un platón de metal que Dabi ni siquiera recordaba que tenía.
—Ah, bueno… Estuve en una pasantía con un gran héroe... Y él me dio algo de dinero por mis servicios, aunque no debía… —explicó como si temiera revelar algo importante— Y mi madre me da mesadas semanales, así que…
—Y decidiste malgastar tu dinero en mí, qué listo. —Se burló Dabi.
—¡No es malgastar, sino compartir! —corrigió Izuku al tiempo que vaciaba la soba en el platón y le entregaba un recipiente más pequeño a Dabi, junto a unos palillos limpios y una lata de té de limón— No es como si no supiera que no cuidas tu alimentación. Sólo me preocupo por ti.
—Que no se te haga costumbre alimentarme, verde; ocúpate de tus asuntos —contestó Dabi mientras separaba sus palillos y se servía algo del guisado caliente. Izuku sonrió.
—Eso dices, pero sé que estás agradecido esta noche. Disfruta la comida —dijo antes de juntar las manos e inclinarse un poco. Luego, separó sus propios palillos y se sirvió una porción menor a la de Dabi. Después de todo, llegaría a cenar a los dormitorios de la UA.
—No puedo aceptar el dinero o el regalo de un aspirante a héroe, verde. No quiero nada acerca de eso, que ésta sea la última vez —advirtió con mayor seriedad.
—No me veas sólo como un aspirante a héroe, trato de ser tu amigo. ¿Tus amigos de la Liga no hacen eso por ti? —cuestionó Izuku, aunque casi podía adivinar la respuesta.
Dabi sorbió sus fideos y negó.
—No son mis amigos, sólo trabajamos juntos. ¿Qué acaso tú eres amigo de todos en la UA? —cuestionó y enseguida Dabi sintió cómo su celular vibraba en el bolsillo trasero de sus pantalones.
«¡Hola, soy yo! Contesta ya» canturreó el celular de Dabi unas cuantas veces. El criminal miró a un punto muerto en la pared, esperando la risa de Izuku, que no tardó en llegar.
—Entonces tus «no-amigos» tienen tonos personalizados como esos… —adivinó Izuku— Contéstale, yo permaneceré callado.
Dabi lo ignoró y siguió cenando. Izuku volvió a reír hasta que el celular de su amigo dejó de sonar.
—¿Era el tipo del imán, Magne? —cuestionó Izuku, tratando de no mencionar el hecho de que él había desmayado a una de las pussycats.
—Es «ella» —corrigió Dabi casi por inercia. Y luego, tras darse cuenta de que lo hizo, añadió—. Al menos así prefiere que la llamen.
Izuku entonces fue el que tardó en responder.
—Oh, entiendo. Lo siento, no quise ofenderla. —Se disculpó— ¿Ustedes son cercanos?
—Ya te dije que no. Por cierto, ¿sabes cómo eliminar fotos del celular? —preguntó antes de servirse más soba. Izuku revolvió su plato, todavía avergonzado.
—Sí, supongo que todos sabemos. ¿Por qué?
—Elimina la foto que tomó esa imán —dijo Dabi entregándole su teléfono—. No te atrevas a ver algo más que las fotos —advirtió.
Izuku, temeroso ahora por manipular un celular ajeno, tardó en reaccionar. Con las manos temblándole, tomó el teléfono y deslizó la pantalla de bloqueo.
—Eh… Necesito que pongas tu contraseña… —musitó colocando el aparato frente al rostro de Dabi— Prometo no mirar —aseguró girando el rostro y cerrando los ojos con fuerza.
—Ya está. Déjame ver cómo lo haces, no quiero más sorpresas.
—Sí… —contestó Izuku. Se colocó a un lado de Dabi, con los hombros rozándose, y puso el celular sobre la mesa, cerca del plato de soba del usuario de fuego azul.
Izuku abrió la galería de fotos y se sorprendió al ver la única imagen en el álbum de fotos. La chica sonreía alegre mirando a la cámara mientras le pasaba un brazo a Dabi por los hombros al tiempo que este mantenía una expresión casi de confusión. Aunque estaba algo oscura por el lugar en el que parecían estar, en realidad, era una foto muy bonita.
—Pero… ¿por qué querrías borrarla?
—No me gustan las fotos.
—Pero sales bien aquí y ella se ve feliz —alegó Izuku sonriendo—. Creo que ella también te considera su amigo, me alegra.
—Como sea, bórrala —ordenó Dabi sorbiendo el resto de su soba.
Izuku lo pensó unos segundos. Durante todo ese tiempo, en realidad había creído que Dabi no tenía personas a su alrededor que se preocupasen por él o que pudiesen considerarlo cercano. Le había inquietado que fuese una persona totalmente solitaria que no tuviera a nadie que lo apoyara cuando lo necesitase. Egoístamente, se creyó el único ser en la tierra que realmente se preocupaba por Dabi. En parte, por eso había comprado soba esa noche y por eso había escrito en su libreta de finanzas un apartado para la comida de Dabi, como si fuese sólo su interés el ayudarlo.
Mas no había pensado que alguien en la Liga también buscase acercarse a Dabi. Aunque lo hubiera preguntado, creyó, por algún prejuicio, que nadie de ese grupo podía guardar un poco de empatía hacia su amigo. Se sentía mal por haber pensado de forma tan negativa de todos ellos.
Y si lo pensaba bien, en el campamento fue algo evidente que Mr. Compress y Dabi mantenían una relación cordial. Tampoco sería de sorprenderse que el mago considerase a Dabi como alguien cercano, entonces… Tal vez, incluso, todos los miembros se consideraban así… Aunque Dabi no se diera cuenta de ello…
—No puedo hacerlo —dijo al fin, presionando el botón para ir a la pantalla principal—. No quiero borrar esa foto y en un futuro, es posible que tú tampoco lo quieras, Dabi —añadió bloqueando el teléfono.
—¿Pero por qué no?
—¿Mustard, Moonfish o Muscular te agradaban? —cuestionó Izuku regresando a su lugar, frente a su plato de soba.
—¿Por qué lo preguntas de repente? ¿En qué demonios estás pensando, verde? —Izuku no respondió, parecía no querer hacerlo. En su lugar, sorbió sus fideos en silencio— No. Mustard era muy ruidoso, Moonfish sólo balbuceaba cosas raras y Muscular era un completo idiota. ¿Por qué la pregunta?
—Yo fui quien noqueó a Muscular y conozco a quienes detuvieron a Mustard y a Moonfish. Fue por nosotros que ustedes se quedaron sin tres miembros. ¿Quién te asegura que la próxima en capturar no será Magne? —preguntó con un cierto grado de culpabilidad— Será mejor que guardes algún recuerdo de todos ellos, Dabi.
—Somos criminales, siempre estamos en riesgo de ser atrapados por ustedes. No es prudente guardar lazos con nadie —contestó Dabi poniéndose de pie. Luego se llevó los trastes vacíos al fregadero.
—¿Por eso dices que no somos tus amigos? —inquirió— ¿Porque temes ser arrestado?
—No está en mis necesidades u objetivos hacer amigos, verde. Déjalo así —contestó Dabi lavando sus trastes.
Izuku observó a Dabi de espaldas. Cada día era más evidente que se trataba de una persona con innumerables secretos y enigmas a su alrededor. En definitiva, no podía rendirse con él.
Miró su plato y sorbió los últimos fideos de soba antes de colocarse a un lado de aquél al que consideraba su amigo.
—Sabes que no puedo darte mi número y yo no puedo pedirte el tuyo, pero por favor trata de considerarme si algún día me necesitas. Sé que la Liga te ayudará, pero, aun así… —pidió mientras dejaba su plato en el fregadero y guardaba sus palillos en la bolsa donde había traído todo.
—Estás teniendo ideas extrañas, verde —contestó Dabi lavando el plato del chico.
—Tal vez, pero considéralo, ¿sí? Ahora tengo que irme. Nos veremos después. —Se despidió antes de darse la vuelta— Trata de comer bien, Dabi.
El aludido respondió apenas alzando la mano poco antes de que otra llamada llegara a su celular.
Izuku salió del lugar con una ligera sensación de incomodidad. Nunca pensó en las consecuencias que tendrían los arrestos de los miembros de la Liga para Dabi. No era su intención lastimarlo, pero… ¿qué debía hacer entonces si se encontraba con alguno de ellos y éstos representaban un peligro para alguien más? Después de todo, Dabi había reconocido haber cometido asesinatos y seguramente el resto de la Liga estaba en el mismo barco. Todos ellos eran peligrosos e Izuku lo sabía, sólo que se había esmerado por mirar a Dabi de una forma distinta. No podría hacer lo mismo con los demás criminales… Pero…
Se detuvo a la entrada del callejón tras sentir las agujetas desatadas y se agachó para atarlas. El hilo de sus pensamientos permaneció en el mismo lugar hasta que se escuchó los pasos de Dabi a sus espaldas. Enseguida, Izuku se levantó justo para verlo acomodarse su gabardina. La expresión en su rostro era muy diferente a la que tuvo durante toda la cena. Decir que estaba enojado no era suficiente; pero tal vez la impotencia era lo que más llenaba ese rostro.
—¡Dabi, ¿qué pasó?! —cuestionó preocupado. Dabi lo miró unos segundos antes de responder:
—«Overhaul», no te olvides de ese nombre, aspirante a héroe.
Y entonces, Dabi se apresuró a tomar el camino contrario a Izuku. Éste dudó sobre si seguirlo, hasta que se dio cuenta de que el hacerlo tal vez implicaría encontrarse con el resto de la liga. Y, por supuesto, eso no era nada prudente en ningún sentido.
Así, decidió simplemente guardar en su memoria el nombre que Dabi le había entregado. Ignoraba por completo lo que ese sujeto significaría para el resto de su vida.
Nota de la autora:
Ay, dioses, siento mucho haber tardado tanto en actualizar. Pasaron muchas cosas en mi salud que retrasaron varias cosas; pero ya estoy aquí y el fic ya regresó de forma frecuente, espero.
En fin, ojalá les haya gustado este capítulo. Me gusta muchísimo escribir estas escenas entre ellos... Aunque este capítulo y el que siguen, me duelen...
Por cierto, hablando de cosas tristes y dolorosas, subí un spin off de este fanfic. Es sobre el pasado de Touya y una relación pasada; búsquenlo en mi perfil, si quieren, se llama Cicatrices... Y estoy publicando otro DabiDeku, es un AU; se llama Encantado de conocerte, es más cursi que este fic y menos trágico que Cicatrices, jeje...
Nos leemos pronto, lo prometo.
