IX. Completamente humano


El silencio en la camioneta de carga tenía un significado que todos ahí conocían. Mr. Compress sostenía su teléfono, esperando el sonido externo de las sirenas para marcarle a Toga y avisarle que sus indicaciones eran correctas. Shigaraki aguardaba en el asiento del copiloto, con Spinner al volante. Dabi aguardaba, recargado en una de las paredes de la caja.

Lo que estaban a punto de hacer no era una simple marca de territorio, no era un problema entre líderes de crimen, como podrían pensarlo los héroes y reporteros que encontraran la escena; era en realidad algo mucho más simple, mucho más humano.

Era venganza.

Estaba por pasar una semana desde que Overhaul conoció a la Liga de villanos, pero los sentimientos seguían tan frescos como aquella noche en la que todo cambió.

Dabi llegó unos veinte minutos después de que todo ocurrió. Twice y Mr. Compress no estaban. El único que estaba con Shigaraki era Spinner. Toga, por lo que escuchó al llegar, estaba ocupada cazando animales y destruyendo árboles en los alrededores de la bodega.

El líder, siempre de aspecto temible e indestructible, le daba la espalda a la entrada y permanecía sentado en una de las cajas más altas. Spinner estaba frente a él, abrazándose las rodillas y con ambas manos en el cabello. Ellos dos eran cercanos, por lo que era natural que Shigaraki permitiese que Spinner fuese quien lo escuchara esa noche en la que era evidente su fracaso.

Y en el suelo, sin que nadie se atreviera a limpiar o siquiera mirar, todavía se encontraban los rastros de los homicidios cometidos esa noche. Sin desearlo, Dabi pisó la sangre de Magne, aún regada en la bodega.

Su característico imán seguía ahí, a un lado de las piernas de su dueña.

Y por un instante, al ver esa escena, Dabi pudo reconstruir en su mente el cuerpo entero de esa chica para volver a verla mirándolo. Sonriéndole como aquella última vez en el cuarto de bebidas de Kurogiri.

—Debiste dejar que Toga lo matara —musitó a sabiendas de que, por el eco, Shigaraki lo escucharía.

—Habría terminado como Magne si lo intentaba —contestó el líder—. Todavía no lo haremos.

—Yo venía con algo de retraso porque fui a conseguir más comida. ¿Cuál es tu pretexto, Dabi? Ni siquiera contestaste su llamada, Magne te llamó antes de que todo esto pasara —intervino Spinner. Dabi avanzó, con las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón.

—Buscaba información, no esperé que fuese importante. La última vez que llamó, sólo quería saludar. No tengo tiempo para esas tonterías. —Se excusó antes de dejarse caer sobre el sillón viejo que tanto le gustaba a Shigaraki y se cubrió los ojos con el antebrazo.

—No eran tonterías, sabes que ella sentía algo por ti.

Dabi levantó el brazo para mirar a Spinner, quien ya bajaba de la caja.

—No, no lo sabía. Y eso no cambia nada —declaró. Luego volvió a cubrir sus ojos— ¿Y qué haremos, líder?

—No eres tan idiota como para no haberte dado cuenta, Dabi —insistió Spinner llegando al sillón donde Dabi supuestamente descansaba y lo pateó para sobresaltar a su compañero—. ¡No te hagas el ignorante!

—¡Maldición, no patees eso, lagarto idiota! —reclamó Dabi incorporándose— ¡No lo sabía y no entiendo qué tiene que ver eso ahora!

En realidad, Dabi jamás había sido de los que le importaban los sentimientos que podía provocar en alguien más. Aunque en la secundaria hubiese sido popular entre el alumnado femenino, siempre lo atribuyó a su familia y, sobre todo, a quién era su padre. Y luego de su accidente en el monte, cualquier resquicio de vanidad quedó realmente apagado.

Los injertos de piel y las grapas en estos fueron una necesidad más que un estilo. Y los piercings, aunque le gustaban, no le parecían un atractivo. Por lo tanto, aunque él mismo llegó a desarrollar una obsesión por un par de amantes o compañeros, no esperó jamás recibir un mínimo de afecto. Así, ciertamente jamás se percataba de cuando alguien estaba interesado en él más allá de un fetiche por su aspecto o su quirk.

—Dabi, Spinner, —Los llamó Shigaraki todavía arriba de la caja— encárguense de la limpieza; la policía no tardará en llegar. Iremos a un lugar todos juntos; no los quiero lejos de ahí, mucho menos a ti, Dabi. No hagas nada estúpido.

Por supuesto, «hacer algo estúpido» incluía interactuar directamente con Overhaul; así que aunque Dabi formaba parte del plan de venganza de Shigaraki, tenía la instrucción específica de no meterse con el líder de los Shie Hassaikai. Podía quemar todo lo demás, meterse con cualquier otra persona… Pero Overhaul era de Mr. Compress y Shigaraki.

La razón era obvia: Dabi lo incineraría hasta los huesos y Shigaraki lo sabía. No era sólo por el sentimiento compartido de odio que embargaba a todos en La liga, sino por la evidente falta de control del quirk de Dabi cuando éste se encontraba alterado. Y la muerte sería algo sumamente amable para lo que Shigaraki en verdad planeaba para Overhaul.

Así, aunque en realidad Dabi no necesitaba ser tan despiadado en esa misión, sabía que no se limitaría. Pero en esos momentos, cuando la cabeza estaba por estallarle debido a esa carga de pensamientos, decidió distraerse al menos un poco.

Del bolsillo de su gabardina, sacó una hoja doblada en cuatro y leyó su contenido una y otra vez para comprender el mensaje oculto en esas palabras. Por lo regular, no le era difícil averiguar de qué se trataba, qué le contaba ese chico sobre sí mismo o sobre alguna estupidez cometida en los dormitorios; mas ese día estaba particularmente distraído, por lo que necesitaba releer la misma oración al menos unas tres veces para siquiera comprender lo que se decía ahí de forma literal.

—Vaya, no esperé que fueras de la vieja escuela, Dabi. ¿Una carta de tu novia? —cuestionó Mr. Compress, de pie frente a él. Dabi leyó de nuevo la oración: «Tuve que intervenir para que perrito-enojado no pusiera a prueba la resistencia a la combustión de mitad-mitad» y luego miró a su compañero con una ceja alzada.

—Es alguien de la UA, no es mi novia —aclaró volviendo sus ojos a la carta repleta de tonterías.

La camioneta se sacudió un poco tras esa revelación y pronto sintió la mirada de los tres integrantes de la Liga en esa camioneta, sobre sí. Dabi alzó el rostro, confundido.

—Los ojos al volante —le dijo a Spinner y éste obedeció luego de entregarle otra mirada dura.

—¿Por qué no sabía que tienes un contacto en la UA, Dabi? —preguntó Shigaraki mirándolo fijamente.

—Porque no era necesario que te enteraras. Por ahora, no implica un peligro, así que ni siquiera importa que lo sepas o no —contestó Dabi regresando a la carta.

—Sí, bueno, pero somos La Liga de Villanos, Dabi. Regularmente nos enfrentamos a la UA, ¿no crees que debiste habernos dicho que tenías un amigo ahí? —intervino el mago.

—No tengo problemas con eso, y él tampoco. Lo mataré si tengo que hacerlo, no cambia nada.

Compress no contestó. Shigaraki observó a Dabi unos segundos, meditando su respuesta.

—Sólo espero que no estés compartiendo con él nada de lo que no debes, Dabi —advirtió Shigaraki antes de volver la vista a la carretera.

No dijo ni preguntó nada más. Dabi había esperado que le cuestionara su nombre o siquiera si se trataba de un profesor o un estudiante, pero el líder simplemente quería asegurarse de la lealtad de sus aliados. Se había convertido en un sujeto extraño, aunque adecuado para los fines de la Liga de Villanos.

—No lo hago —contestó Dabi mirando de nueva cuenta la carta en sus manos. De repente, cada frase en ésta volvía a tener sentido.

—Están aquí… —musitó Mr. Compress de repente, presionando el botón para llamar a Toga. El sonido de las sirenas los alertó.

Shigaraki entonces trepó por la ventana del copiloto y subió al techo de la camioneta.

—¿Era necesario que hiciera esa acrobacia? —cuestionó Dabi preparándose para abrir la compuerta de la caja de carga.

—Es parte de su espectáculo. Debe llamar la atención… ¡Toga-chan! —dijo Compress antes de que la experta en armas blancas respondiera la llamada.

Dabi abrió la compuerta y miró los autos que pronto serían atacados por Mr. Compress, Shigaraki y él. En la ambulancia negra estaba el líder de los Shie Hassaikai; de ese asunto en específico se encargaría Shigaraki.

...

Caminaba cabizbajo, con el cigarrillo de siempre en la boca, a punto de llegar al filtro. Honestamente, estaba cansado; aunque no lo suficiente como para no reconocer el calzado rojo del chico que lo esperaba recargado en el callejón. Cual deja vú, Izuku estaba sentado en el suelo, abrazándose las rodillas, con los ojos hinchados y la mirada vacía. Incluso, usaba la misma sudadera de aquella primera vez.

—No me digas que te expulsaron de la UA. —Le dijo Dabi al tiempo que abría su puerta. Izuku no respondió y Dabi no volteó hasta que notó que no lo seguía, como siempre—. ¿Te expulsaron de la UA?

Izuku negó con la cabeza, pero pareció querer moverse. Sólo hundió el rostro entre sus rodillas.

—Pedí permiso para ir al hospital, pero… Quise tomar un desvío. No esperaba encontrarte hoy, lo siento —dijo Izuku.

Dabi miró hacia la entrada del callejón. Era un sábado por la mañana, pronto transitaría más gente en esa calle. A ninguno le convenía permanecer mucho tiempo ahí, sin una pared que los cubriera; y el chico no parecía tener planes de obedecer incluso si él le advertía que si no se iba, lo descubrirían.

Así, miró la mochila de Izuku colocada a su lado y, siguiendo el patrón del deja vú, la tomó y se metió a su hogar con la mochila en mano. Izuku, al instante, alzó la cara y vio a Dabi arrojar su mochila al sofá para luego dejarse caer a un lado de ésta y, tras un último suspiro, apagar su cigarrillo con la mano. Casi sin ganas, Izuku se levantó y siguió a su amigo, cerró la puerta detrás de sí y ocupó el lugar de su mochila. Con movimientos lentos, volvió a abrazarse las piernas y a recargar la barbilla sobre sus rodillas. Dabi, a su lado, recargó la nuca en el respaldo del sillón y cubrió sus ojos con el antebrazo izquierdo y estiró el brazo derecho detrás de Izuku. En verdad se sentía cansado…

—Prometí que los salvaría a todos… —Comenzó Izuku, aun cuando Dabi no mostró señales de querer saber qué demonios le ocurría— Salvamos a Eri-chan, ella estará bien. Será criada como una niña normal y a su tiempo decidirá lo que ella quiera de su vida, estoy seguro de eso… Pero todavía se siente como si en verdad hubiéramos perdido.

—En el refrigerador hay un par de cervezas —dijo Dabi. Izuku lo miró con molestia.

—Sabes que soy menor de edad, no puedo tomar alcohol y tú no debes ofrecérmelo.

—No, son para mí. Suena a que estás a punto de contarme una gran tragedia y necesito algo para tolerarlo —contestó.

—No quiero levantarme… —murmuró Izuku—Además, no quiero llegar al hospital oliendo a cerveza; Togata-senpai tiene un olfato muy bueno.

—¿Y por qué olerías a cerveza si soy yo el que se las tomaría? No voy a vomitar sobre ti, verde, no te preocupes. —Izuku continuó mirándolo con el entrecejo fruncido, sin responderle— Como sea. Estudias para convertirte en héroe, deberías acostumbrarte a sacrificar cosas para ganar.

—Sacrificar la vida de mi mentor y el quirk de Togata-senpai no formaban parte de mi lista…

—¿Y? Toga dijo que tú derrotaste a Overhaul. Debería bastarte con eso. Lo capturaste.

—Eso no cambiará nada. No pude salvarlos. Si hubiera sido más rápido, Togata-senpai no habría tenido que sacrificar su quirk para salvar a Eri-chan y Sir Nighteye… —Tragó saliva y se apresuró a limpiar la lágrima que emergió de uno de sus ojos.

—Pero dejarlo libre implicaba el riesgo de que siguiera matando a tus compañeros —atajó Dabi. Los héroes debían aprender a dejar ir la vida por un bien mayor. Sus mentes tan cerradas al sacrificio les cerraban las puertas de decenas de oportunidades.

Izuku recordó, tras esas palabras, otro hecho que sucedió la tarde en la que capturaron a Overhaul.

—Es cierto… Ustedes atacaron la ambulancia donde viajaba Chisaki, ¿no es así? —cuestionó y Dabi no reaccionó— El noticiero dijo que probablemente se trataba de un problema de territorios y envidias, pero… Las acciones de Himiko Toga y Twice en la guarida de los Shie Hassaikai debelaban algo más personal. Los reportes también dicen que Overhaul perdió ambos brazos… ¿Fue venganza, Dabi?

Al instante, Dabi recordó esa reunión días antes del ingreso de los héroes a la guarida de Overhaul. En términos estrictos, no era venganza, sino cautela. Los yakuza querían hacerse de la Liga de villanos y dominarlos cuales piezas de shoogi; Shigaraki se percató de ello y puso el tablero a su favor. No era un líder despiadado, como sí lo era Overhaul; por lo que la confianza en sus aliados lo llevó al triunfo.

Aunque, por otro lado… Tal vez cortarle ambos brazos no fue sólo por estrategia…

—Dijeron que hubo un altercado en ambos grupos… ¿Pasó algo, Dabi? —insistió Izuku.

—Sólo tienes que hacer cuentas, verde. No es muy difícil —contestó el aludido, a sabiendas de que el muchacho no se detendría hasta que se lo dijera.

Y de inmediato, Izuku extendió sus manos y empezó a hablar:

—Sin contar al nomu, fueron nueve los que atacaron el campamento, sumando a Shigaraki, al de la puerta y a All for one, eran doce. Sin embargo, capturamos a tres en el campamento, a All for one en Kamino y recientemente Gran Torino se encontró con Kurogiri; lo que les quita a cinco personas. —Miró sus siete dedos alzados— Himiko Toga y Twice estaban en la guarida de Chisaki. —Bajó dos dedos más— Y según los testigos, quienes hicieron el ataque en la carretera fueron Shigaraki, Mr. Compress y tú; Spinner era quien manejaba… —Bajó cuatro dedos más— Lo que deja a… ¡Dabi! —exclamó tras comprenderlo y se apresuró a tomar el brazo con el que su amigo se cubría los ojos y lo obligó a mirarlo— ¡¿Mató a Magne?!

La mirada de Dabi era vacía, no muy distinta a la que solía usar todo el tiempo; pero aun así, ahí estaba el muy ligero destello de la pérdida. Uno casi imperceptible, ensombrecido por la indiferencia.

—Y le quitó un brazo a Compress —añadió Dabi observando cómo los ojos de Izuku volvían a empañarse.

—¿F-fue esa noche cuando cenamos juntos? ¿Por eso me dijiste su nombre antes de irte? Magne te llamó esa noche, ella… ¡Lo siento mucho, Dabi! ¡Lo siento! —Se disculpó, ya sin poder evitar las lágrimas en su rostro y aferrándose al brazo de Dabi— Si yo no hubiera estado aquí y tú hubieras contestado… Si tú hubieras ido…

—Entonces habríamos tenido un enfrentamiento peor y las pérdidas serían mayores. —Lo interrumpió Dabi— Compress perdió el brazo por haberse dejado llevar por la ira. Así que detente ahí y deja de asumir responsabilidades que no te tocan. Yo no contesté la llamada de Magne porque no quise, no me pareció relevante luego de que sus dos llamadas anteriores fuesen sólo para saludar; no tuvo nada que ver que tú estuvieras aquí.

Izuku, no obstante, no pudo detener el llanto a pesar de que frotó una y otra vez su brazo libre contra su rostro.

—L-lo siento —gimoteó—. Sé que no debería llorar, ni siquiera tú lo estás haciendo y ella era amiga tuya, no mía; pero… Pero no sé cómo sonreír aun con todo esto. Yo-yo me dije que seguiría el humor de Sir Nighteye, que ya no lloraría, pero… Pero…

—¿Los héroes no lloran? —cuestionó Dabi— ¿El «Plus Ultra» sale de todas las lágrimas contenidas? Tiene sentido.

—¿Eh? —contestó Izuku sin dejar de limpiarse las lágrimas— No… Todoroki-kun dijo que a veces hasta los héroes deben llorar, pero… Pero no es lo que Sir Nighteye querría. Él no quería un mundo sin humor y sonrisas, así que yo debo…

—¿Aunque sean falsas? —Siguió interrumpiéndolo. Detestaba esa absurda ideología de fortaleza hipócrita— ¿Por qué sonríes si no es real? Sonreír en un momento de tragedia, cuando el otro está sufriendo evidentemente, no te hace un héroe; sino un hipócrita.

Izuku dejó su rostro en paz y miró a Dabi, con los ojos empañados. La idea de la sonrisa en momentos de tristeza no era fingir alegría, sino impulsar la felicidad. Mostrar un dejo de esperanza…

Pero cuando uno no sentía esa esperanza, cuando uno todavía estaba aferrado al dolor, ¿cómo podría atreverse a sonreír?

—¿Entonces puedo llorar? —preguntó sorbiéndose la nariz y mirando a un punto indeterminado en el sillón.

—Haz lo que quieras, sólo deja esa absurda ideología heroica fuera de mi espacio personal —contestó Dabi.

Y ya con el permiso explícito, los hombros de Izuku volvieron a agitarse y las lágrimas volvieron a inundar su rostro. Ya no lloraba solamente por la amiga muerta de Dabi, sino lloraba por su maestro, por Mirio, por las heridas de sus amigos y compañeros, por la infancia perdida de Eri, por su fracaso, por sus faltas, por no haber previsto todo eso.

Y mientras estaba en eso, todavía hecho un ovillo, se acercó a Dabi y escondió el rostro en la gabardina sucia de Dabi. Sin pedirle permiso, se desahogó en él y no soltó su antebrazo y, al contrario, aferró con la mano libre la tela de la gabardina de Dabi. No pensó en el riesgo que conllevaba hacer eso, no pensó en la posibilidad de que Dabi se prendiera fuego para alejarlo. Y en realidad, Dabi tampoco lo pensó. Simplemente permitió que el chico llorase por todo lo que había perdido y todo en lo que creía haber fallado.

… Al menos uno de los dos todavía podía llorar.