X. Conociendo al enemigo


La música en el recinto fungía como ambientación. A veces, como una burla hacia lo que realmente ocurría en ese lugar. Un simple bar de mala muerte y con clientes que carecían de moralidad o decencia.

En concreto, un lugar donde Dabi podía mimetizarse sin problemas una vez cada tanto. Las personas a su alrededor lo conocían, y ahora que pertenecía a la organización criminal más buscada en Japón, simplemente no había forma de que no supieran quién era él; empero, lejos de presentarse como un problema, eso ayudaba a que nadie se acercara a él. Podía pasar horas en ese sitio, consumiendo sus bebidas preferidas y ahogando sus pensamientos con el murmullo externo y la música.

Eso le gustaba de vez en vez, cuando sentía que los recuerdos y resentimientos pasados podrían dominarlo. Sólo así, inmiscuido en el alcohol y lo ajeno, podía sentirse un poco más libre de todo.

Por todo eso que disfrutaba esos momentos, fue que se sintió molesto al escuchar una voz dirigida a él:

—¿Qué hace un bar como tú en un chico como éste?

Al girar el rostro apenas un poco para vislumbrar al sujeto que se había atrevido a hablarle, apenas se permitió mostrar sorpresa. Y es que esas enormes y lustrosas alas rojas eran inconfundibles para todo el país.

—No te asustes, por favor. En realidad, soy un cliente más que habitual en este lugar. —Se apresuró a añadir Hawks, el héroe alado. Sostenía en una mano un vaso de whiskey y sonreía con complicidad. Ambos sabían que no era conveniente comenzar una pelea ahí; por lo que, en teoría, Dabi estaba a salvo.

Dabi bufó antes de pedir que llenaran su vaso. Judas, de Lady Gaga, armonizaba el momento. Excelente presentación.

—¿Y qué? ¿Por eso crees que voy a confiar en ti, héroe? —Se burló. Hawks rio.

—Estoy en mi descanso hasta las siete de la mañana, no tengo por qué hacer nada heroico hasta esa hora. Si no te veo en mi horario de trabajo, no tengo por qué arrestarte… Dabi. —Su sonrisa se extendió más al chocar su bebida con la del criminal, quien frunció el entrecejo ante esa acción.

—¿Y si incinero al sujeto que quiere robarme la cartera a mi derecha también lo ignorarás? —cuestionó. Y entonces el hombre a su derecha, que quiso aprovechar la conversación para deslizar dos dedos en la chaqueta de Dabi, se congeló un segundo, se disculpó con una cabezada y se fue tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Hawks volvió a reír.

—Es tu problema. Francamente, no me pareces del tipo de persona que necesite ser salvado —reconoció antes de beber un sorbo. Esas palabras despertaron cierto recuerdo en la memoria de Dabi: un chico de la UA no pensaba exactamente lo mismo que el héroe profesional. Curioso.

—¿Qué es lo que quieres si no es arrestarme? —espetó. No porque en ese momento no estuviese en peligro, significaba que se encontraba cómodo platicando con ese tipo. Y era obvio que ese pájaro no sólo quería saludar.

¿Una amenaza, tal vez? ¿Un recordatorio?

—En realidad, esperaba encontrarte aquí un día de éstos, Dabi.

—¿Así que me estuviste rastreando?

—No es algo fácil, supongo que lo sabes. —Alzó el vaso a su dirección, como un compañero que bromea con otro, mas Dabi no relajó su expresión. Hawks suspiró y se acomodó en su asiento; parecía que por fin hablaría con seriedad— Supe lo que le dijiste a Vlad King cuando fue el ataque al campamento de la UA: «una grieta en la sociedad»… Sabes de lo que hablas, ¿cierto?

—Como si los héroes supieran a qué me refiero —contestó previo a beber un trago de su bebida. Hawks bufó.

—Creo que somos quienes más sabemos sobre eso, sólo que es más fácil vivir como si nada pasara. Al menos, así se nos educa: una hipocresía —susurró y bebió hasta vaciar el vaso. Podía sentir la mirada de Dabi sobre sí mientras sacaba de uno de sus bolsillos unos cuantos billetes y una pequeña libreta del color de sus alas—. ¿Puedo ser honesto contigo? Comienzo a hartarme de todo esto… Sólo quería decirte que si ésas son las intenciones de la Liga… Tal vez yo pueda ayudarlos a crear algo más que una grieta.

Entonces, escribió algo en su libreta, arrancó la hoja y la deslizó sobre la barra. Dabi miró los números en el papel, dudando sobre sus intenciones.

—Aguardaré por tu respuesta, Dabi. Espero que nos llevemos bien en algún momento. —Se despidió mientras se ponía de pie y lo dejaba nuevamente solo con sus pensamientos y la música.

Dabi leyó sin mucha atención los números en el papel. Lentamente, una sonrisa se extendió en sus labios.

Su vida era una burla. Así que había mantenido una extraña amistad con un chico de la UA para sonsacarle información y de repente llegaba el mismísimo número dos a presentarle su contacto. Sin embargo, era obvio que mientras uno le extendía la mano de forma honesta, el otro sólo quería engañarlo.

Hawks se había acercado al sujeto equivocado en la Liga de villanos. De entre todos ellos, él era el único que conocía a una persona que sí podría denominarse un héroe, una persona que todavía veía en él a alguien a quien debía salvar.

A un lado de Izuku, las vagas palabras de Hawks eran una burla para lo que el estudiante sentía.

Pero, como fuera… La información que Hawks pudiera darle antes de que lo quemara hasta las cenizas tal vez sería más interesante que la que un chico de dieciséis años podía proporcionarle por accidente.

—Después de todo, el héroe número dos es cercano al número uno… ¿Verdad, Endeavor? —susurró Dabi para sus adentros.

.

Transcurrió cerca de una semana desde ese extraño encuentro; del cual, Izuku no tenía idea por evidentes motivos. Él permanecía recargado en el callejón de Dabi, mirando en la pantalla de su celular el video que Todoroki había grabado sobre uno de los ensayos del baile preparado para el Festival Escolar.

Para Izuku, quien nunca en su vida había bailado, era particularmente complicado aprenderse los pasos y, sobre todo, no tensarse al moverse. Mina ya le había dicho que parecía tener una contractura muscular en brazos y piernas… Y no quería que Eri lo viera de esa forma; en esta ocasión, ella era su principal inspiración para participar y no quería defraudarla.

Mientras miraba la pantalla, trataba de recordar los pasos siguientes y hacía pequeños ademanes con la mano libre. No podía ensayar libremente en ese lugar, pero al menos esperaba memorizar los tiempos de los movimientos.

No obstante, el sonido de unos pasos cerca lo alertaron y alzó el rostro justo en el momento en el que Dabi se adentró al callejón. Izuku sonrió y guardó su celular.

—Esperaba encontrarte aquí, Dabi. Traje pan al vapor, todavía está caliente —dijo señalando la mochila en su espalda. El aludido negó con la cabeza.

—Te dije que no gastaras en mí, verde… ¿Están rellenas de carne de cerdo? —cuestionó una vez Izuku sacó una bolsa de papel de su mochila y el aroma llegó a la nariz de Dabi. Izuku rio.

—Sí, compré también de curry. No sabía cuál te gustaba más —confesó, satisfecho con la reacción de su amigo. Éste asintió antes de abrir la puerta a su hogar y pasar.

El sitio le parecía tan familiar a Izuku que, con total confianza, se dirigió al sillón y se sentó en éste mientras Dabi abría la única ventana del lugar. El aroma de los panes al vapor llenó la enorme habitación; el estómago de Dabi lo llevó directamente al sofá y tomó uno de los bollos dentro de la bolsa de papel.

—Si te gustan tanto, puedo comprarlos más seguido —sugirió Izuku al ver cómo Dabi le daba una enorme mordida a su pan. Dabi no contestó de inmediato; parecía demasiado ocupado saboreando la carne en su boca.

—No me mires de esa forma, no soy un perrito necesitado de tus cuidados. —Le recordó. Izuku dejó escapar una corta carcajada y Dabi frunció ligeramente el entrecejo— ¿Por qué estás tan feliz? La última vez que te vi, parecías echarte a llorar ante una sola palabra.

Izuku, incómodo por esa mención, se reacomodó en el sofá y tomó un pan para pellizcarlo y comer pequeños pedazos de éste. El recuerdo de esa tarde, llorando sobre Dabi, lo avergonzaba un poco; aunque agradecía a sobremanera que Dabi le hubiera permitido desahogarse.

—Sí, lo sé… Aun así, creo que he encontrado un motivo para sonreír. Desde que el ciclo escolar empezó, nuestra clase ha dado muchos problemas a la UA; por eso queremos hacer algo que les dé sonrisas y los alegre al menos un momento. —Esbozó una ligera sonrisa melancólica— El entretenimiento puede servir como medicina para el alma, y nosotros queremos aprovechar el Festival Escolar para eso —relató entre pequeños bocados.

—¿Quieres decir que la UA hará un Festival Escolar a pesar de todo lo que han pasado? —Se burló— Su director sí que es osado.

—Sí, hay gente que está en contra de todo esto; pero la seguridad se ha reforzado y el director Nezu cree que lo que más necesitamos es alegrarnos los unos a los otros. Nuestra clase hará un espectáculo de canto y baile.

Dabi dejó de comer y miró con una ceja alzada a Izuku.

—¿Baile para entretenimiento? —Izuku asintió y Dabi se mordió el labio para no reír— Qué… interesante.

Izuku entonces, al percibir la broma oculta en su acompañante, se sonrojó y le dio un ligero codazo en el brazo.

—¡Dabi! ¡No esa clase de entretenimiento! Vamos a llevar a una niña de ocho años, no haremos nada raro —aseguró mientras Dabi ya se reía a sus anchas.

—Ya, ya. Está bien si tú lo dices —contestó al tiempo que tomaba un segundo pan.

Izuku permaneció en silencio un momento, mientras comía la mitad de su pieza. De acuerdo a lo que había platicado con sus compañeros y su profesor titular, el entretenimiento podía servir como una pequeña terapia; al menos, fungía como antiestrés en muchas ocasiones.

Lo había pensado desde un tiempo atrás, pero no sabía cómo plantearlo frente a Dabi. Y es que quería creer que podía encontrar una forma para ayudarlo.

—Dabi… ¿puedo preguntarte algo?

—Es la primera vez que pides permiso para hacerlo, verde. ¿Qué quieres? —cuestionó el aludido. Izuku se mordió el interior de su mejilla, indeciso— ¿Es sobre la Liga?

—¡No! No, sé que no debo meterme con eso; así que no preguntaré sobre ese asunto, lo prometo —contestó de inmediato—. Se trata de ti… ¿Tienes algún pasatiempo? —inquirió mirándolo con un ligero sonrojo.

—¿Qué?

—Sí, ¿qué haces en tus tiempos libres?

—No tengo tiempo para eso, verde.

—Tienes tiempo para hablar conmigo y leer mis cartas, Dabi —contestó Izuku, mas Dabi resopló.

—De acuerdo, ¿en qué estás pensando? ¿Esperas que un pasatiempo salve mi alma, como lo dijiste? Spinner y Shigaraki son unos adictos a los videojuegos y Mr. Compress no puede pasar media hora sin hacer un truco de magia, y los tres son villanos buscados por todo Japón.

—Sí, bueno, no te ofendas, pero ignorando el quirk de Shigaraki, los tres parecen ser los más sensatos del equipo —farfulló Izuku sacando de la bolsa una lata de té de limón—. Toga, Twice y tú son… muy destructivos…

—Toga tiene un pasatiempo muy entretenido llamado «beberé la sangre del chico que me gusta»; creí que ya lo sabrías —contestó con un dejo de burla. Izuku se estremeció al recordar la actitud de la chica a su alrededor.

—Sí… Sabes a qué me refiero, Dabi. Debe haber algo que te guste hacer, algo que disfrutes hacer cuando no tienes que preocuparte por los asuntos de la Liga. ¿Leer, quizá? ¿Dibujar? ¿Entrenar?

—Ajedrez —respondió casi de forma mecánica mientras tomaba una lata de café frío de la mochila de Izuku—. El ajedrez tradicional y el shoogi me gustan; aunque prefiero el ajedrez tradicional.

Izuku lo miró con asombro. Sus ojos se iluminaron, como si hubiese descubierto algo de vital importancia. Sonrió emocionado y apretó los puños frente a él.

—¡¿De verdad?! Yo solía jugar ajedrez con Kacchan, pero luego él se enojó porque siempre le ganaba y dejamos de jugarlo; pero podría jugarlo contigo. ¿Tienes uno aquí? —cuestionó mirando a su alrededor.

—Te dije que no tengo tiempo para eso, verde. No, no tengo nada de eso aquí —respondió previo a beber la lata de café, mas Izuku no dejó de mirarlo con alegría.

—De acuerdo, yo traeré uno la próxima vez. ¿Qué más te gusta? ¿Has jugado jenga? ¿Qué tal los cubos rubik? Tengo un 4x4 y un 5x5 en mi habitación, los traeré también la próxima vez. Mamá me regaló un 6x6 cuando iba en la secundaria, pero Kacchan lo dejó caer por la ventana, casi accidentalmente, y se rompió…

—«Kacchan» no ha dejado que te diviertas mucho, ¿cierto? —Lo interrumpió e Izuku dejó de parlotear de inmediato; sus mejillas se inflaron al no poder excusar a su amigo de la infancia— No te atrevas a convertir este lugar en tu sala de entretenimiento.

—En realidad me gustaría convertirla en tu sala de entretenimiento —contestó sin ofenderse por lo dicho ; al contrario, sonriéndole—. Me gustaría poder hacer algo por ti, algo más que conversar contigo cada tanto. Cuando pase a segundo grado, me será más difícil venir a verte. Togata-senpai dice que es un año muy complicado y que debería dedicar todo mi tiempo a la escuela; así que no quiero que pienses que me dejaste de importar.

—No me importaría que eso pasara, verde —contestó Dabi sacando un cigarrillo de su chaqueta y encendiéndolo con la punta de uno de sus dedos.

—Probablemente, pero a mí, sí; así que traeré algo con lo que puedas entretenerte cuando yo no esté y no tengas que recurrir al cigarrillo siempre. —Izuku vio cómo Dabi lo miraba molesto por haberse metido con su vicio personal; mas trató de no darle importancia al asunto, y, al contrario, se acomodó en el sofá para quedar frente a Dabi y extendió sus manos con la palma hacia arriba— Déjame mostrarte un juego; éste es para dos, ¿sí?

Dabi no contestó. Miró las manos de Izuku y dudó. Esa tarde, en definitiva Izuku estaba más hablador y ansioso que en otros momentos; parecía que el efecto de haber perdido a su mentor, seguido de tener que alegrar la vida de los estudiantes de la UA le estaba costando caro a su mente. Parecía que, irónicamente, Izuku seguía buscando en él un modo de distraerse.

La UA lo estaba absorbiendo de verdad.

Al cabo de unos segundos, Dabi expulsó el humo del cigarrillo y extendió las manos hasta tocar las de Izuku. Éste estiró los dedos de Dabi y comenzó a mover sus propios dedos sobre las palmas de Dabi, haciéndole cosquillas.

—¿Qué demonios…? —cuestionó el criminal retirando las manos unos instantes, hasta que Izuku lo detuvo.

—Confía en mí, es un juego de rapidez y reflejos —contó Izuku, repitiendo sus movimientos sobre Dabi—. Tienes que adivinar el momento en el que voy a hacer esto…

—¿Hacer qué…? ¡Ouch! —Se quejó en el momento en el cual Izuku giró las muñecas para darle dos manotazos a Dabi, quien permanecía con las manos extendidas— ¡¿Qué maldito juego es éste?! —dijo sosteniéndose las manos frente al pecho. Izuku rio apenas.

—Ya te lo dije: es de rapidez y reflejos. Pero Kirishima-kun y Kaminari-kun le han aumentado una regla: por cada golpe, tendrás que decirme algo de ti. El juego de Kaminari-kun es sobre algo vergonzoso, pero contigo no será necesario que sea vergonzoso —aseguró mientras trataba de volver a tomar las manos de Dabi.

—Qué conveniente de tu parte, héroe. ¿Y cuándo será mi turno para devolverte los golpes? —rezongó al tiempo que veía que Izuku cambiaba los roles y ahora le tocaba a Dabi acariciar las palmas de Izuku.

—Tendremos una oportunidad por turno. No nos diremos nada que pueda afectarnos, sólo quiero… ¡Ay! ¡Dabi, eso fue más duro de lo que yo lo hice! —Se quejó sacudiendo las manos frente a un Dabi sonriente ante la victoria.

—Venga, seguro que tu amigo «Kacchan» lo hace peor que yo. Ahora responde, ¿con cuál de tus compañeros jamás te pelearías en serio porque perderías de inmediato?

—Te vengaste de lo que hice, no te hagas el inocente. Y no juego así con Kacchan; él usa su quirk —contestó ya ofendido antes de responder a la pregunta de Dabi—. No me enfrentaría con ninguno de mis compañeros en serio, ellos son mis amigos. —Dabi lo miró con expresión aburrida— Pero si tuviera que elegir a uno, probablemente sería Yaoyorozu-san; ella es muy lista y podría ponerme en verdaderos aprietos si lo quisiera. Y, personalmente, Monoma-kun, de la clase B, me asusta un poco —concluyó. Dabi guardó esa información en su memoria—. Mi turno —dijo acomodándose para continuar con el juego.

Dabi obedeció y, pronto, el cigarrillo en su boca se consumió casi sin que él le prestara atención. Para su sorpresa, la actividad propuesta por Izuku lo mantuvo entretenido hasta que el estudiante decidió que era hora de irse. Las manos de ambos estaban rojas y, de haber continuado, Dabi estaba seguro de que las suyas comenzarían a sangrar. Las manos de Izuku eran fuertes y la piel de Dabi, delgada; por lo que no era de sorprenderse que aunque el chico se controlara, Dabi sintiera que la piel le ardía como cuando usaba su quirk.

Las preguntas que Izuku le hizo eran realmente insignificantes para él, aunque parecía que Izuku las atesoraría como una verdadera joya. Su color favorito, su cena predilecta, qué condimentos detestaba… Todos esos detalles en los que incluso Dabi podía mentir y el chico jamás se daría cuenta; pero que, por algún motivo, decidió contarle la verdad sobre ello. Después de todo, comparado a lo que Dabi le preguntaba, sobre sus percepciones sobre los héroes y sus compañeros, las cuestiones de Izuku no podían importarle menos.

Aunque, luego de que Izuku se marchó, Dabi reflexionó sobre las intenciones del aspirante a héroe. De acuerdo a sus palabras, respaldadas por sus acciones, sólo quería salvarlo. No sabía si se refería a la sociedad, a sí mismo o a qué, pero Izuku no parecía mentir al respecto. Estaba sinceramente inmiscuido en su papel de comprenderlo y ayudarlo, sólo porque se trataba de alguien que le permitía visitarlo y desahogarse; su «amigo», según decía.

En definitiva, entre el estudiante de la UA y el héroe profesional, Hawks, había mucha diferencia.

Dabi sonrió y metió las manos en sus bolsillos, buscando el papel que el héroe alado le había entregado. No confiaba en él, jamás lo haría… Pero ahora se sentía más interesado por ese contacto.

.

Esa noche, Izuku llegó a la UA con los brazos cargados de todo lo que le habían encargado del supermercado. Además de su mochila, entonces, llevaba cerca de seis bolsas grandes; pero todavía caminaba sin mucho esfuerzo.

Todoroki y Kaminari aguardaban su regreso en la sala del edificio mientras veían un programa de acción; el resto de sus compañeros parecía estar distribuido en sus propias habitaciones o en la cocina. Shoto fue el primero en levantarse al ver a Izuku abrir la puerta principal con cierto esfuerzo.

—Tardaste más de lo que esperábamos. —Le dijo al tiempo que le ayudaba con la mitad de las bolsas. Izuku se sonrojó un poco ante su atención.

—¿De verdad? Lo siento, creo que me entretuve en la sección deportiva —contestó—. La próxima vez, seré más rápido.

—¿Sección deportiva? Debiste llevar a Kirishima contigo, él ama esa sección —dijo Kaminari acercándose a ellos para llevar una bolsa a la sala—. ¡Trajiste del papel de baño grueso! ¡Genial! Eres muy bueno con los mandados, Midoriya; siempre traes lo mejor.

—¿Debería acompañarte la próxima vez que salgas, Midoriya? —cuestionó Shoto mientras descargaban en una mesa las cosas en las bolsas. Izuku se apresuró a negar.

—No es necesario, Todoroki-kun. Me gusta hacerlo, no me pesa. Además, no quisiera que… ¿Uh? ¿Todo bien, Todoroki-kun? —inquirió mientras sacaba las leches de avena que Tsuyu había pedido y se deba cuenta de la mirada insistente que Shoto dirigía a sus manos.

—Tus manos están rojas… ¿Es porque te estoy ayudando a desempacar? —preguntó preocupado. Izuku se ruborizó; tal vez las manos grandes de Dabi representaban un problema en ese juego suyo.

—¡No, no, no! No es culpa tuya, Todoroki-kun, puedo asegurártelo. Sostuve un rato las comidas calientes y por eso se pusieron rojas, pero yo estoy bien —prometió moviendo las manos para mostrarle que no había de qué preocuparse; mas su amigo no pareció realmente convencido.

—¿Quieres que ocupe mi hielo sobre tus manos? Tal vez ayude un poco —sugirió; mas al Izuku imaginar que Todoroki podría sostener sus manos, se ruborizó todavía más y negó frenéticamente con la cabeza.

—¡Estaré bien, Todoroki-kun! ¡Lo prometo! No tienes que hacer nada, ¡muchas gracias! —exclamó. Shoto entonces asintió y continuó desempacando.

Izuku suspiró tras asegurarse de que su amigo por fin dejaría el asunto en paz. Por un momento, sintió cómo su corazón palpitaba con rapidez; mas no le tomó importancia.

Así como tampoco le tomó importancia al hecho de que no tuviese problema alguno con que Dabi tomara sus manos o tuviese alguna cercanía física con él, mas se ruborizara tan solo de pensar que Shoto pudiese acercar su hielo a él. Distraído como era, no se daba cuenta de lo que eso podría implicar.