XI. Conociendo a los amigos
Su cabeza dolía; pero tenía la sensación de que ya conocía ese lugar y a esas personas que estaban en ese espacio semivacío. Uno de ellos era un hombre delgado y de cabellos claros que sonreía con amabilidad; otro era un sujeto fornido y calvo con rostro amable; otro era una silueta dorada de Toshinori y la última era una hermosa mujer de cabello negro que mantenía una expresión de orgullo. Además de esos cuatro personajes, había otros cuatro que le daban la espalda a Izuku y permanecían frente a la única pared del lugar. Entre tanto, Toshinori y el resto se encontraban sentados en lo que parecían ser sillas altas cómodas.
Izuku, el aparente invitado de esa reunión, estaba de pie, desnudo y con una extraña neblina cubriendo algunas partes de su cuerpo para fortuna de su natural vergüenza. Sin embargo, para su infortunio, la neblina cubría además su boca; por lo que le era imposible intervenir en la conversación acontecida frente a él.
Las personas ahí, entonces, eran los antiguos portadores del One for all.
—Es una sorpresa conocerte tan pronto, noveno —dijo el sujeto de cabellos claros, el primer portador. Izuku trató de responder, pero sólo salió de su garganta un sonido ahogado, provocándole una suave sonrisa a su interlocutor—. Tranquilo, pronto podrás hablar. Seguramente tienes muchas dudas.
—Es muy joven, Toshinori, ¿seguro que está preparado? —cuestionó la única mujer a la silueta de All might. Éste abrió la boca para responder, mas el sujeto fornido, el quinto portador, intervino:
—Por supuesto que está preparado. ¿No lo viste dominar el látigo negro desde su segundo intento?
—Es un chico noble y capaz —agregó All might. Izuku estaba seguro de que su sonrojo era visible pese a la neblina que lo protegía.
—Eso puedo verlo —contestó el primero, rascándose la mejilla—. Es indudable su necesidad de ayudar a otros… Aunque…
—Tampoco podemos negar que a veces podrías ser algo imprudente, Izuku —dijo Nana Shimura, la séptima portadora. En su voz podía haber cierto grado de dureza, digno de una maestra dirigiéndose a su pupilo; All might, a su lado, se encogió en su asiento.
Izuku mostró su confusión en su rostro, sin saber exactamente a qué se referían. Quizá se tratara de su impulsividad al correr hacia el peligro o la poca importancia que le ponía a sus huesos rotos con tal de salvar a quien tenía enfrente; después de todo, Aizawa antes ya lo había reprimido por eso. No obstante, por su mente no pasó lo más evidente para cualquiera que supiera de su amistad más extraña.
—Ese chico al que visitas… ¿Dabi? —prosiguió el primero y Nana asintió en silencio mientras Izuku sentía cómo su corazón se detenía un instante—. Nos preocupa que no sea tan confiable como tú piensas.
De inmediato, más sonidos ahogados aflojaron en la garganta de Izuku. Aunque no pudieran oírse sus palabras, era evidente lo que quería decir: defendía al criminal al que llamaba su amigo.
El quinto portador alzó la mano para hacerlo callar.
—Chico, basta, no es que dudemos de ti. Y, por si te lo preguntas, descuida, no vemos absolutamente todo tu día; tu privacidad sigue siendo tuya… Pero no puedes pedirnos que ignoremos esos encuentros peligrosos que tienes con un homicida.
—¡Fo ef fofo efo! —exclamó Izuku, aunque las consonantes no eran su fuerte en el diálogo intervenido por la neblina en su rostro.
—¿Qué fue lo que dijo?
—No creemos que él sea sólo eso, noveno —respondió el primero, capaz de entender los balbuceos de Izuku—. Sólo podemos saber que estás en peligro, y el one for all también.
—¡Fafi fo hafría fada de efo! —siguió Izuku.
—Ni siquiera sabes su verdadero nombre, no puedes confiar en alguien así… —insistió Nana.
—No todas las personas que conozcas querrán ser salvadas, joven Midoriya —dijo All might, con el rostro agachado—. Algunos sólo querrán aprovecharse de tu bondad…
Izuku negó con la cabeza una y otra vez. Ese mismo día había recibido un nuevo quirk por parte del one for all, se había enfrentado de nuevo a Shinsou y lo había dominado pese a su poderoso quirk; también se descontroló en un inicio, mas al final consiguió hacerse de lo necesario para darle la ventaja a su equipo. Las emociones que sintió ese día apenas le permitieron conciliar el sueño como para que su primer encuentro con otros portadores se viese afectado por los juicios apresurados que la gente hacía sobre Dabi.
No era que Izuku fuera estúpido o ciego; él sabía más que bien que Dabi era un asesino, que era un villano y que era aliado directo del sujeto que quería adueñarse del one for all; pero Dabi no tenía interés en llevarlo a Shigaraki. Dabi lo conoció antes de que todo eso empezara, lo aceptó en su casa y aceptó sus conversaciones antes de saber siquiera que estudiaría en la UA.
—Sólo piénsalo, noveno —aclaró el primero—. No vamos a pedirte que te alejes de él, sólo que reconsideres el tiempo y palabras que compartes con él. Sé que lo consideras un amigo importante; pero no debes olvidar quiénes son ustedes.
—Es probable que deban pelear en algún momento y tienes que ser consciente de eso —le recordó Nana.
Izuku por fin sintió su boca libre de obstáculos cuando repentinamente parpadeó y se encontró de regreso en su habitación. Su encuentro con los portadores había terminado.
Y jamás pudo defender a Dabi.
Lentamente, todavía con la cabeza punzándole, se incorporó y frotó dos dedos en su frente. Seguía negándose a creer que Dabi podría sólo «abusar de su bondad», como el vestigio de All might dijo. Era evidente, incluso para Izuku, que Dabi de vez en cuando buscaba información sobre algunos héroes profesionales o sobre sus compañeros de clase; después de todo, las peleas contra la Liga de villanos nunca serían una sorpresa y no era anormal que uno buscase la ventaja sobre el otro. No obstante, Izuku ni siquiera podía imaginar que ésa fuese la única razón por la cual Dabi le permitiera entrar a su vida de una forma casi abierta.
Sí, su amigo era un villano peligroso, un asesino de rango A buscado por todo Tokio; pero no era sólo eso.
Izuku miró hacia la ventana. Era sábado por la mañana… El tiempo perfecto para demostrarle a los portadores que estaban más que equivocados.
...
Conocía bien el camino que debía recorrer para llegar a su destino; sus pies ya sabían cuántos pasos dar y en qué momento girar a la izquierda o a la derecha. Por lo que podía ocupar su mente a idear alguna estrategia para hablar con Dabi sobre lo que los antiguos portadores habían dicho, sin decirle absolutamente nada del one for all. Podría inventarse nuevos amigos, aunque todavía estaba el detalle de si ellos sabían o no que Izuku y Dabi tenían una amistad desde ya un año atrás… Cosa que evidentemente le molestaría, y con motivos, a Dabi.
No, no podía insinuar nada de eso; así que buscaría otra forma para sacarle el tema a su amigo…
O lo habría hecho de haberlo encontrado en mejores condiciones.
Cuando Izuku llegó al callejón y alzó la mirada, se encontró con la figura de Dabi en el suelo; nada en él denotaban buenas noticias. Aunque estaba sentado, su ropa lucía algo desgastada y su cuerpo olía a carne quemada; además, parecía estar inconsciente.
De inmediato, Izuku corrió hacia él.
—¡Dabi! ¡Dabi, por todos los cielos, ¿qué te pasó?! —exclamó arrodillándose frente a él, sin saber cómo tocarlo, cómo hacerlo reaccionar.
Finalmente, Izuku se decidió a sacudirlo de un hombro, mas el villano no reaccionó. Pronto, el héroe se llenó de desesperación y su voz lo delató.
—¡Dabi, respóndeme o te llevaré con un médico! —advirtió. Y como si esas palabras tuviesen más efecto que las acciones, Dabi por fin pareció escucharlo.
Lentamente, como si se tratara de una tortura para Izuku, abrió los ojos para mirarlo. No obstante, sus pupilas parecieron no concentrarse en nada realmente.
—Eres tú... —musitó Dabi; su voz rasposa fue casi inentendible.
Izuku tragó saliva. Quería ver el lado positivo de todo eso, aunque no podía dejar de pensar que su amigo, por primera vez vulnerable ante él, necesitaría una ayuda que Izuku no podría ofrecerle solo.
—Me reconociste, eso es bueno. ¿Dónde te duele? ¿Tengo que llevarte al hospital? ¿Es grave? —preguntó porque, a pesar de todo, todavía quería considerar la opinión de su amigo.
Era consciente de que llevarlo al hospital era algo arriesgado para ambos, pero simplemente no podía permitir que Dabi muriese ahí. Jamás podría cargar con esa culpa…
Empero, ante su sorpresa, el villano gruñó por lo bajo e hizo amago de querer levantarse. Decir que lucía débil era minimizar la situación; pues incluso parecía que mover un músculo era una tortura para Dabi. Así que, de inmediato, Izuku se apresuró a tomarlo por la cintura y uno de sus brazos para alzarlo. En ningún momento dejó de mirarlo mientras tanto; Dabi no mencionó nada al respecto. Era como si ya esperase esa atención de parte del aspirante a héroe.
—Dabi, espera, dime si necesitas ir al hospital. Podría tratar de esconder tu identidad, no te preocupes... —aseguró Izuku una vez los pies de Dabi pudieron sostenerlo medianamente.
—La llave está en mi chaqueta, sólo abre —soltó Dabi casi adormilado—. Deja de preocuparte por mí, verde.
Izuku dudó unos segundos antes de hacer lo que su amigo pedía. Después de palpar sobre su chaqueta, sin soltar su cintura, sacó un llavero sencillo e introdujo la llave en la cerradura. Le dio un vistazo más a Dabi antes de empujar la puerta y pasar con él a la ya conocida estancia.
—Ven, con cuidado —indicó el estudiante haciéndolo caminar, poco a poco, hacia el único sillón del lugar. Dabi avanzó arrastrando los pies; por fortuna, Izuku tenía la fuerza suficiente para sostener gran parte de su peso.
Con cuidado, Izuku lo acomodó en el sillón. Se ocupó de colocar su cabeza en unas playeras dobladas en el sillón y acomodó sus piernas para que no se mantuviera en una posición incómoda. Dabi apenas pareció darse cuenta de la presencia de Izuku; pues desde que su cuerpo se acomodó en el sillón, él cerró los ojos.
—Dabi... —insistió Izuku una vez terminó con aquello; mantenía las manos aferradas a la chaqueta del aludido—. ¿Qué fue lo que pasó?
De nuevo, Dabi gruñó, probablemente harto de las preguntas de Izuku; pero de igual forma respondió:
—Sólo estoy cansado; fue una pelea.
Un par de frases, sólo eso bastó para que algo en Izuku hiciera clic. A su mente acudió el recuerdo de sus propias peleas, de sus propios «accidentes», de sus huesos rotos y del sobresfuerzo al que se sometía cada que usaba el one for all. Recordó, además, a Aoyama hablándole de su propio problema: del dolor que sentía cada que usaba su quirk. Y entonces, miró el rostro de Dabi, sus manos, su cuello… Nunca antes se había detenido a pensar qué le había pasado; pensaba que, en su momento, Dabi se lo diría. Empero, ahora era evidente que lo único que ocurrió fue él mismo. Su quirk, el de Dabi, había provocado eso… Aunque pocas personas podrían comprenderlo o siquiera imaginarlo…
—Tu cuerpo no es compatible con tu quirk... —susurró Izuku al final. Dabi abrió los ojos de golpe, impresionado— Aoyama-kun dice que lo mismo me pasa a mí; él se siente igual —aclaró al tiempo que alzaba la mano derecha, llena de cicatrices—. De no ser por Eri-chan, me habría pasado lo mismo que aquí, pero en todo mi cuerpo. Y Aoyama-kun sufre cada que usa su rayo... Es un quirk asombroso, pero le hace daño a su portador... Jé, creo que aplica para cualquiera de los tres quirks. —Sin quererlo, esbozó una cierta sonrisa casi de lástima, melancolía o tal vez las dos cosas.
La mirada de Dabi sobre Izuku, ya sin signos de sorpresa y ahora con resignación, se apartó de él. Sin responderle nada, cerró los ojos de nuevo. Izuku sabía que no necesitaba una confirmación explícita; pues de haberse equivocado, Dabi se habría encargado de aclarárselo.
No obstante, el adivinar un aspecto importante sobre Dabi no representaba una victoria; sobre todo porque al siguiente instante, una lágrima de sangre resbaló del injerto debajo del ojo izquierdo de Dabi. Izuku, sobresaltado, alzó las manos cerca de sus mejillas, ignorante sobre cómo actuar.
—Tu rostro, está sangrando —musitó, despertando de nuevo a Dabi, quien volvió a mirarlo—. Son tus… tus grapas. ¿Qué hago, Dabi?
De la expresión del villano, casi se asomó un dejo de diversión.
—Vete —respondió en un susurro—. Las cambiaré cuando despierte. No voy a desangrarme por esto, verde. En un rato se secará la sangre.
El chico, asombrado y preocupado por la naturalidad con la que Dabi hablaba, de inmediato respondió:
—¡Dabi! No, yo lo haré. Dime dónde tienes más grapas. ¿No debería lavar y desinfectar antes de hacer algo más? ¿Tienes un botiquín aquí? —cuestionó al tiempo que se levantaba y caminaba alrededor de la estancia, sin saber por dónde buscar. En definitiva, lo único que sabía era que ayudaría esa noche a su amigo.
—En el baño. Todo está en el baño —respondió Dabi, rendido.
Sin perder tiempo, Izuku se dirigió a la única habitación con puerta en ese lugar. Con un rápido vistazo, notó un recipiente de tinte negro en el lavabo y una pequeña caja de aluminio. De inmediato, el héroe tomó la caja y la abrió. Decenas de grapas acomodadas en pequeños paquetes, un poco de algodón, alcohol y tubos de pomadas para quemaduras. Eso, además de media tira de pastillas para el dolor de cabeza, era lo único que Dabi tenía en su botiquín.
Izuku tragó saliva. Debía recordar llevarle lo necesario para el autocuidado a su amigo. Después, cerró la caja antes de caminar hacia el sofá y se hincó frente a Dabi. Trató de sonreír al muchacho casi inconsciente.
—¡Listo! Quédate quieto, ¿está bien? —dijo, llamando la atención de Dabi. Al mismo tiempo, Izuku sacó lo necesario del botiquín y remojó el algodón en alcohol.
—Ya te dije que no me voy a morir por esto. Deja de mirarme así, verde.
—Lo siento… —susurró con cierto nerviosismo mientras paseaba el algodón por ese recorrido que hizo la lágrima de sangre en el rostro de Dabi— Arderá un poco, también lo siento por eso.
Durante unos minutos, en los que Dabi entrecerró los ojos, Izuku se dedicó a hacer el cambio de grapas en el rostro de Dabi. En un inicio, estiraba con cuidado la piel de Dabi y tomaba la grapa ya usada; luego, limpiaba con el algodón esa zona y acomodaba en el mismo lugar otra nueva grapa. Cada movimiento se llevaba toda su concentración; similar a cuando luchaba y tenía que usar un porcentaje del one for all para dar un golpe preciso.
Sin embargo, al igual que en un combate, cualquier movimiento en falso tenía sus consecuencias…
—¡No! ¡Lo siento, lo siento! —Se disculpó en el momento en el que, al retirar una grapa, ésta rasgó la piel sana de su rostro. Por un momento, Izuku creyó ver una sonrisa en el villano.
—Es de cobardes herir a alguien que ya está herido, pero no es algo que un villano no haga —contestó éste.
—¡Dabi! —exclamó Izuku limpiando la sangre derramada. Esta vez, la sonrisa de Dabi se hizo presente; al menos, su sentido del humor estaba bien—. Sabes que no quiero lastimarte. Es sólo que nunca he hecho esto antes, lo siento.
—Sí, bueno, dudo que conozcas a otra persona que esté en la misma situación que yo, verde —dijo remarcando lo obvio—. Pensándolo bien, me sorprende que seas capaz de mirarme tan de cerca sin salir corriendo.
Izuku se detuvo por un momento, reflexionando acerca de esa última frase de Dabi. Mirarlo nunca fue un problema; ni siquiera la primera vez que lo vio, se asustó por lo que el muchacho presentaba en su rostro. En lo personal, lo que más dolía, a su consideración, al observarlo, era su mirada tan llena de resentimiento a algo que Izuku aún no comprendía. Empero, estaba seguro de que Dabi no se refería a eso…
—¿Dices que debería temerle a tu rostro? —cuestionó para asegurarse. La mirada de Dabi le dio la razón; así que prosiguió—. Supongo que lo dices por tus cicatrices —dijo mientras acomodaba la última grapa debajo de su ojo izquierdo. Su voz sonaba tranquila, como si no estuvieran tocando un tema difícil—. Pero supongo que todos tenemos cicatrices; algunos más visibles que otros, claro. No por eso dejamos de ser personas, Dabi; así que sólo puedo verte como una persona, como veo a los demás.
Dabi no dejó de mirarlo en los próximos instantes. Cuando Izuku hablaba de esa forma, su interlocutor no solía quitarle la mirada de encima. Izuku ya empezaba a acostumbrarse a eso; así que sólo siguió concentrándose en su trabajo hasta que Dabi rompió el silencio:
—No soy un inocente —aclaró. Izuku, por un instante, recordó la conversación con los anteriores portadores.
—Lo sé —musitó.
—¿Y entonces por qué…?
—Claro que te tengo miedo, Dabi. —Lo interrumpió mirándolo a los ojos; sonaba determinado— Sé que en cualquier momento puedes prenderte en llamas y atacarme; sé que puedo morir aquí, en tus manos. —Hizo una pausa, en la que desvió la mirada e hizo un gesto de incomodidad— Pero francamente me da más miedo otra cosa.
—¿Qué cosa? ¿Que te descubran en la UA y te expulsen?
Izuku negó dos veces sin dudarlo. Hay cosas más importantes que la escuela; incluso para un aspirante a héroe.
—Que sea incapaz de salvarte —confesó con hilo de voz.
Hizo una pausa. Recordó el motivo por el cual fue al hogar de Dabi en primer lugar. Los portadores, las personas que debía ver como sus maestros, le advirtieron sobre las intenciones de Dabi, sobre lo peligroso que era; mas jamás le dieron la oportunidad de defenderlo. O siquiera, de expresar su punto de vista.
Dabi era peligroso, lo sabía; era un asesino que por algún motivo disfrutaba de generar caos y terror. Quedaba claro todo eso. Pero Dabi era también un ser vulnerable, que podía reír y que detestaba que alguien tocara el tema de su adicción por los cigarrillos. Era alguien con quien Izuku podía mantener conversaciones honestas y que permitía que lo ayudara. Cuando estaban solos en ese lugar, no se consideraban como los enemigos que la sociedad planteaba que fuesen; y aunque si bien Dabi no le permitía olvidar que era un villano, tampoco se esforzaba por anular su lazo de amistad.
Esa mañana, mientras Izuku limpiaba su piel y cambiaba sus grapas, sintió además que Dabi se sentía en confianza a su lado. En ese momento, absolutamente nada podía convencerlo de que su amigo lo estaba usando para llegar al one for all.
—No puedo llamarme un héroe si no consigo salvar a la primera persona que realmente considero mi amigo y que no me pide que deje de llamarlo así —explicó acomodando otra grapa debajo de sus ojos—. Haré que las personas dejen de temerte, que dejen de rechazar a gente como nosotros. Lo prometo.
A su mente, acudió la imagen de esos ancestros que lo despreciaban. También a ellos, sobre todo a ellos, los convencería.
—¿«Gente como nosotros»? —repitió Dabi casi entre risas por haberlos incluido en un mismo saco.
—Marginados. La gente nos hace a un lado porque no comprende nuestras cicatrices, Dabi; así que seré yo quien se las explique. Todas y cada una de ellas… Yo les daré un motivo de existir —contestó. Porque si bien las cicatrices de Dabi eran más «visibles», Izuku no podía evitar pensar que algo en él también tenía sufrimientos que no podía explicar o que otros no podrían entender.
Al alzar la mirada, Izuku notó que Dabi ya tenía los ojos cerrados. El héroe esbozó una delgada sonrisa. Una vez más, esos gestos suyos demostraban la confianza que ya existía entre ambos.
—Tus manos también necesitan un cambio, ¿verdad? —cuestionó con tranquilidad mientras tomaba la mano izquierda de Dabi—. No te preocupes, me iré apenas termine. Creo que te estás quedando dormido.
Dabi abrió los ojos, apenas un poco y lo observó mientras limpiaba el dorso de su mano. Permaneció así unos segundos, luchando contra la inconsciencia. Izuku procuró no hacer mucho ruido al tiempo que seguía con el proceso de curación y cambios.
Y justo cuando colocaba una grapa cerca del pulgar de Dabi, escuchó una única frase. Una sola petición que lo sobresaltó y lo obligó a mirarlo, casi incapaz de creer qué había escuchado.
—Sálvame…
Apenas fue un susurro, uno muy quedo que permaneció en la mente de Izuku.
Éste sonrió antes de colocar la última grapa en la mano izquierda de su amigo, quien ya se había quedado dormido.
—Así tenga que dar mi vida en ello, lo haré —respondió Izuku, a sabiendas de que Dabi no lo escucharía.
