Nota inicial: Se supone que esto estaba publicado desde diciembre y apenas vengo viendo que no es asííí. Una disculpa. Igual ahorita subo el capítulo 13.

Por favor, finjan que es 25 de diciembre y todos tenemos chocolatito caliente en nuestras manos.


12.5 Especial Navideño


Esa noche de Navidad, la cena fue todo un banquete especial que los alumnos de la clase A disfrutaron entre risas y bromas. Se habló de las pasantías y de lo que harían en Año nuevo.

Aunque su primer ciclo escolar estuvo lleno de altibajos, los estudiantes de la 1-A preferían concentrarse en las buenas noticias. Según Mina, mencionar temas tristes sólo arruinaría el ambiente; así que en todas las conversaciones hubo al menos una broma de por medio.

Cuando terminó la velada y los chicos se ocupaban de llevar los platos sucios a la cocina para lavarlos, Shoto le sugirió a Katsuki y a Izuku que hicieran las pasantías en la agencia de Endeavor. De alguna forma, quería ayudar a los que consideraba sus amigos cercanos. Y aunque Izuku lo pensó un segundo más que Katsuki, al final aceptó. Todavía recordaba con claridad su primer encuentro con Endeavor; y aunque estaba seguro de que éste trataba de mejorar sus actitudes como héroe y como padre, aún existía cierta resistencia en su interior. Quizá, derivado de sus conversaciones con Dabi y la postura de Stain.

—Quiero usarlo; él es el héroe número uno, después de todo —reconoció Todoroki esa misma noche, mientras Izuku y él lavaban los trastes del banquete—. Aún tengo dudas sobre él, aunque debo reconocer que es un buen héroe. Quiero aprender a ser tan confiable como él.

Izuku, recibiendo un plato hondo para secar, sonrió.

—Es admirable de tu parte reconocer lo que buscas, Todoroki-kun. Sé que serás un héroe mejor que tu padre —reconoció. Shoto desvió la mirada, apenado.

—Me basta con ser alguien de quien mis amigos no tengan que preocuparse… —susurró.

—Tú nos salvaste a Iida-kun y a mí, Todoroki-kun. Deberías darte un poco más de crédito. Seguramente, yo los preocupo todo el tiempo —musitó Izuku. Shoto alzó un hombro.

—Bakugou se pregunta frecuentemente a dónde vas, pero no creo que realmente se preocupe. Todos sabemos que eres fuerte, Midoriya —contestó y un dejo de incomodidad se asentó en los movimientos de Izuku.

Sus «ausencias» solían ser excusadas tras las compras para los dormitorios; aunque si debía admitirlo, incluso para el más distraído, esas salidas podrían resultar sospechosas. Incluso All might le había preguntado al respecto en una ocasión; aunque el tema fue desviado hacia las preocupaciones que un héroe joven suele tener y los «patrullajes» que hace incluso sin permiso de nadie. De algún modo, se trataba de eso… Mas Izuku prefería sentirlo como una visita a un amigo.

Todoroki vio suspirar a Izuku y dejó de secar el platón en sus manos.

—¿Te ausentarás otra vez esta noche, Midoriya? —cuestionó. El aludido se sobresaltó ante la pregunta y, sonrojado, miró a su amigo. Éste retomó su actividad—. Me gustaría ver a mi madre, así que entiendo si hoy vas a ver a la tuya. Le explicaré a Aizawa por la mañana —prometió.

—¿Ah?

—Es con ella a donde vas cada que te ausentas, ¿cierto? Se nota que son muy unidos.

Izuku no respondió. Entendía que, a esas alturas, sus compañeros incluso hicieran teorías sobre qué hacía durante sus ausencias. La teoría de Todoroki era muy tierna e inocente; típica de él… Y tan alejada de la verdad…

—Gracias, Todoroki-kun. En realidad, no planeaba hacerlo; pero creo que es un día importante…

—Los regalos son importantes para Navidad… O eso decía la revista que Hagakure repartió en los dormitorios —susurró e Izuku se congeló. Tenía que pasar a buscar algo adecuado para su amigo—. Ve antes de que cierren las tiendas. Yo terminaré.

El chico de pecas le sonrió a su amigo. Disfrutaba a sobremanera la forma como Shoto resolvía sus problemas internos aún sin conocerlos de verdad. Se suponía que era una persona con dificultades para comunicarse y aun así era quien más lo tranquilizaba incluso solo con su presencia. Él ya era capaz de calmar tormentas sólo con aparecer.

—Gracias otra vez, Todoroki-kun. Te compraré soba cuando vuelva —prometió al tiempo que se secaba las manos.

Miró el reloj en la pared. Diez y media… Se preguntaba si Dabi estaría dormido ya…

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A nadie debía sorprenderle, pero desde que el Frente de Liberación Paranormal se formó, las actitudes hipócritas abundaban a su alrededor. Desde sonrisas falsas y halagos forzados hasta un patético evento «navideño» con carnes caras y fruta exportada.

Redestro había dicho que una cena navideña entre los comandantes del Frente fortalecería los lazos y las simpatías internas. Lo cierto era, sin embargo, que estaba muy claro para todos lo incómodo que era esa situación. Los comandantes solían reunirse para las juntas referenciales a la causa; a veces había comida en aquellas reuniones, pero todos lo veían como un simple acontecimiento laboral. A excepción de Twice o Toga, nadie se divertía de verdad.

De tal modo que obligarlos a pasar más de una hora frente a una larga mesa repleta de platillos complicados en aparente armonía era… cuanto menos, una tortura. Algunos trataban de mantener la compostura y comer adecuadamente, mientras que Geten se metía a la boca cualquier cosa que estuviera a su alcance y Dabi mantenía los pies en la mesa al tiempo que comía una pierna de pavo sin considerar algún cubierto. Twice y Toga encontraron un momento para hacer una combinación de platillos y luego retar al mismísimo Redestro a comérselo. Al mismo instante, Skeptic ocultaba su mirada de rabia debajo de su fleco mientras trataba de comer lo mínimo y buscaba excusas para irse, al igual que Trumpet. Spinner, entre tanto, comía sin cuidado y jugaba algo en su celular. El único que parecía realmente cómodo, además de Redestro, era Mr. Compress. Tomaba cada alimento con la finura adecuada y miraba a sus compañeros como si estuvieran comportándose a la altura… Claramente, estaba acostumbrado a las actitudes de sus aliados de la Liga y no le importaba lo que hicieran los del Ejército de Liberación.

Sin embargo, incluso para Mr. Compress era demasiada tensión en el ambiente; así que, para arreglar —o empeorar— el asunto, propuso abrir los costosos vinos en la mesa. Redestro, quien esa noche consentía gran parte de las peticiones de sus aliados, accedió y pidió que se abriera la primera botella.

Siete minutos más tarde, esa botella terminó estrellada en uno de los elegantes cuadros del salón.

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Para cuando dieron las once, Dabi ya estaba frente a la puerta de su hogar tratando de encontrar la cerradura de su puerta sin desplomarse en el intento. Mantenía en la boca un cigarrillo apagado y gruñía como si fuera culpa del mundo entero que estuviera ebrio en ese momento.

—¡Dabi! ¡Me alegra que estés aquí! —dijo una voz familiar acercándose a él. Dabi giró la cabeza para mirarlo y enseguida se tambaleó; el héroe, asustado, de inmediato lo tomó del brazo— ¿Otra vez estás heri…? ¡¿Estás ebrio?! —exclamó luego de olfatear el desagradable perfume en todo su ser.

—Feliz navidad, es lo que hacen los adultos en navidad —se burló Dabi pasándole el brazo a Izuku por los hombros y dejando caer el cigarrillo de su boca—. Sé mi bastón y llévame a dormir, verde. Haz tu trabajo de héroe —dijo entregándole las llaves.

Izuku lo miró con cierta repulsión debido al aroma, mas accedió a abrir la puerta de mala gana y a prender las luces en la estancia. En definitiva, no era así como se imaginaba un encuentro con su amigo en navidad.

—No debiste beber tanto, Dabi. Te hará mal —lo regañó al tiempo que caminaba con él hacia el sillón. El villano gruñó de nuevo antes de sonreír levemente.

—Debiste ver cómo terminaron los demás, fue divertido.

—¿Los demás? Con cuidado, con cuidado —dijo mientras lo acomodaba en el sillón. Dabi de inmediato dejó caer la cabeza sobre el respaldo del sillón—. ¿Bebiste con la Liga? ¿O fueron otros amigos?

—No tengo amigos, verde, ¿qué dices? —Rio.

—¡Yo soy tu amigo!... ¿Qué debería hacer? ¿Un baño? ¿Una sopa? ¿Lo hago vomitar? —Se cuestionó mientras dejaba la mochila a un lado de Dabi.

—No necesitas mucho esfuerzo para hacerme vomitar, verde. Dame unos minutos y la habitación volverá a darme vueltas —dijo el villano; Izuku lo miró con cierta molestia antes de tomar su mochila y llevarla a la cocina.

—Te daré una cubeta…

—Es broma, jamás vomito nada… Hasta que amanece… —Rio de nuevo.

Izuku, ignorando las palabras de su amigo, de igual forma tomó una cubeta que estaba arrinconada en la cocina y la colocó sobre las piernas de Dabi.

—¿Debería preguntarle a Gran Torino? Seguro que él conoce métodos para controlar la embriaguez… Pero va a preguntarme detalles, ¿qué le diré?

—Verde, verde, escúchame —pidió Dabi mirándolo mientras se acomodaba en el sillón. Izuku atendió a sus palabras—. Estaré bien, ¿de acuerdo? Sólo fuimos un montón de idiotas que bebieron para no golpearse los unos a los otros. Mañana a esta hora estaré como nuevo.

—Vendré a comprobarlo, de cualquier manera —prometió Izuku.

A Dabi le causaba gracia el tono de molestia en el chico. Los héroes acostumbraban beber en fiestas informales; incluso muchos acostumbraban emborracharse en bares locales y decían cosas que jamás soltarían sobrios. En una ocasión, Hawks le había marcado a Dabi para decirle que sus ojos tenían un azul increíble y luego le colgó. Por supuesto, cuando Hawks le marcó a la mañana siguiente para preguntarle qué le había dicho ebrio, Dabi le mintió para no hacer incómoda su relación.

—Me pregunto qué clase de idioteces diré yo… —susurró Dabi antes de sacar su teléfono del bolsillo trasero de su pantalón— Verde, apaga esto. No, mejor escóndelo —indicó mientras le ofrecía su celular.

Por primera vez, Izuku sonrió divertido.

—¿Temes hablarle a alguna ex novia como en las novelas? —cuestionó acercándose—. Bueno, al menos evitaré que hagas el ridículo.

—No podría contactarme con mi ex aunque lo quisiera… No con un celular —contestó Dabi. Izuku desvió la mirada, incómodo por la curiosidad que aquellas frases le provocaron—. No me puso una orden de restricción o algo parecido, si es lo que estás pensando.

—Oh… Entiendo.

Dabi rio un poco antes de agregar con un ademán de explosión.

—Ella murió. Hizo «boom», como tu amigo Kacchan… Sólo que tu amigo Kacchan le hace «boom» a los demás, no a sí mismo… Por desgracia.

El rostro de Izuku palideció ante esas palabras. El recuerdo de Magne muriendo de una forma similar lo llenó de repente. Cuando eso ocurrió, Dabi lucía apagado y profundamente afectado; ahora entendía que quizá no se tratara sólo de Magne.

—Lo siento mucho…

—Descuida. No es tu culpa que tu amigo Kacchan no pueda explotarse a sí mismo.

—¡Dabi! ¡Eso no! —El aludido soltó una carcajada genuina, que pronto provocó una corta risa en el héroe—. Deja de burlarte de mí al menos en Navidad, ¿quieres? —incitó sentándose a su lado. Todavía sonreía.

—¿Eso quieres de regalo? ¿Mi seriedad?

Los ojos de Izuku brillaron un instante.

—¿Me estás preguntando qué quiero de regalo? ¿Me darás lo que pida?

—No, rotundamente no —contestó Dabi sobándose la cabeza. La luz del foco sobre su cabeza le molestaba—. ¿Qué haré si me pides la ubicación de Shigaraki y los demás o me pides alguna estupidez sexual?

—Nunca te preguntaré sobre la Liga. Y tengo dieciséis años, Dabi, no podría pedirte nada así —se defendió con cierto mohín. Dabi bufó. Si le contara las cosas que tuvo que hacer a los dieciséis…

—Como sea, ¿qué es lo que quieres?

—Acepta mi regalo, quiero que lo tengas tú —contestó Izuku al tiempo que abría su mochila y hurgaba en ella. Luego de sacar una libreta morada que tenía la etiqueta de «detalles de mis amigos», le mostró una caja blanca con detalles azules.

Dabi no necesitó leer la etiqueta. Esa cosa era para jugadores profesionales, aquéllos que participaban en torneos nacionales para hacerse un lugar entre los mejores. Venía con repuestos, base, instructivo e incluso una pulidora… Tuvo uno así cuando era pequeño; su padre se lo regaló en su cumpleaños número once. Un cubo rubik 4x4 profesional.

—¿Volviste a gastar en mí? —cuestionó. Su tono cambió considerablemente. Izuku se sonrojó.

—Bueno, en realidad era para mí; pero pensé que…

—Entonces quédatelo.

—Es que… Es que no tenía planes para venir, así que no te compré un regalo y… Y…

Dabi suspiró antes de entregarle su celular a Izuku para tomar la caja de las manos del estudiante. Le dijera lo que le dijera, ese chico jamás dejaría de preocuparse por esas cosas absurdas. Izuku, emocionado, hizo un gesto para invitar a Dabi a abrir su regalo.

—Te advierto que nunca he sido capaz de armar esta cosa en menos de diez minutos, no esperes un genio —dijo mientras sacaba el cubo—. Jamás me he esforzado por aprenderme el patrón o siquiera comprenderlo.

—Descuida, no es muy diferente al 3x3, ya lo verás —contestó Izuku sonriendo.

Hacerlo feliz era tan fácil que a veces Dabi sentía que era de otro universo. Mas, quizás era el alcohol en su sistema, pero no se encontraba del todo incómodo con ese hecho. Y, debía admitirlo, comenzaba a creer que algún día se acostumbraría a la presencia de ese chico.

—¿Quieres que esconda tu celular en un lugar fácil o difícil? —preguntó Izuku mientras se ponía de pie y miraba a su alrededor. No es que fuese un lugar amplio o con muchos muebles; Dabi ni siquiera tenía una cama.

Dabi alzó un hombro, sin dejar de mirar cómo el muchacho se paseaba libremente por la cocina y abría alacenas y cajones para decidir el escondite perfecto. Hasta ese momento, por más patético que sonara, Dabi no había notado que Izuku era tan bajo de estatura. Tal vez lo había olvidado; luego de sus conversaciones tan fuertes o aquella rivalidad que Shigaraki tenía hacia él, Dabi lo había creído más alto. Sonrió. Era divertido ver al futuro héroe número uno pararse de puntas para alcanzar una alacena llena de pasta seca.

—Si no me hubieras quitado el celular, te habría tomado una foto así, verde. Te ves ridículo —se burló. Izuku lo miró con el entrecejo fruncido.

—Es navidad, Dabi. Sé amable conmigo —lo regañó—. Además, recuerdo que no te gustaban las fotos —agregó mientras deslizaba el teléfono en las profundidades de la alacena.

—Yo no saldría en la foto.

—Entonces no tendrás una foto de mí —aseveró sacudiéndose las manos. Dabi bufó. No quería una foto de recuerdo, sólo quería preservar las situaciones ridículas.

—Como sea… ¿Tú crees que Kamui Woods haya nacido de una semilla?

Izuku se congeló un instante.

—¿Qué?

—Que si crees que Kamui Woods nació a partir de una semilla. Estaba pensando en cosas ridículas y se me vino eso a la mente. ¿Cagará semillas o frutos? ¿Dormirá en una maceta…?

Izuku entonces no pudo evadir la carcajada, pese a que las preguntas de Dabi parecían ser genuinas. El villano, su amigo con quien había decidido pasar las últimas horas de esa fecha tan especial, lo miraba con un dejo de molestia que luego se transformó en diversión.

Tal vez, en ocasiones, no era tan mala idea que un héroe compartiera su tiempo, su risa y su cariño con un villano que, paulatinamente, le estaba entregando lo mismo.