Sí, ya sé. Mucho hiatus. Si quieren chisme, léanse la nota al final del capítulo; pero por ahora, a leer se ha dicho, que se viene el final de la primera mitad del fanfic.
Advertencia: Spoilers fuertes del manga #350 y #290.
13. La familia Todoroki
Las estrellas ya estaban en lo alto cuando Izuku llegó al callejón de Dabi. No tenía mucho tiempo, pues las pasantías con Endeavor eran mucho más estrictas que las de Gran Torino y su horario apenas les daba cincuenta minutos de descanso diarios.
Por supuesto, esa noche Izuku no encontró mejor forma de gastar esos cincuenta minutos que yendo al lugar donde solía encontrarse con Dabi.
Al llegar a la puerta, la encontró inusualmente abierta. Desde ahí podía ver a su amigo sentado en el marco de la ventana, con su ya acostumbrado cigarrillo en los labios y la cabeza ligeramente inclinada, como si se esforzara por ver las estrellas en el cielo. Su semblante lucía completamente diferente a otros días… Parecía… ¿triste?
—¿Estás bien? —preguntó Izuku, algo asombrado por encontrar en esas condiciones al villano. Éste lo miró con cierta sorpresa antes de alejar el cigarrillo de su boca y expulsar el humo hacia la calle.
—¿Por qué no habría de estarlo? Es un día maravilloso y se han resuelto todos mis problemas —respondió con marcado sarcasmo.
Izuku suspiró, aliviado. Dabi estaba bien.
Más tranquilo, pasó al lugar ante la mirada de su amigo. Se detuvo al llegar al sofá en medio de la enorme habitación y la usó como mesa para sacar una pequeña cajita de plástico. La alzó y se la mostró a Dabi.
—Es un ajedrez de bolsillo —explicó. El villano frunció el entrecejo—. ¡Te aseguro que no gasté dinero en él! Hace años lo gané en una rifa escolar, ¡lo juro!
—¿Quieres dejar de ver este lugar como una sala de juegos, verde? La próxima vez, traerás una Play Station y te juro que entonces le prenderé fuego y la arrojaré por esta ventana —advirtió.
—Eso sería peligroso, Dabi. Podrías quemar a alguien —lo regañó Izuku abriendo la cajita para poner las piezas sobre el tablero—. Tienen pequeños imanes en la base, así que puedes jugar de pie o en el metro sin miedo a perder las piezas. También traje el costal para guardar…
—Si en verdad te importan un poco mis deseos, no me regales nada el día de hoy —lo interrumpió Dabi antes de volver la vista al cielo. Izuku detuvo sus movimientos y lo miró. Aunque frecuentemente le hablaba sobre su molestia de que Izuku gastara en él, en realidad nunca rechazó nada que Izuku le ofreciera.
Izuku se humedeció los labios, incómodo, y asintió antes de devolver todo en su mochila.
—Lo siento… —Se disculpó. Dabi no respondió. Simplemente siguió mirando al cielo mientras dejaba que su cigarrillo se consumiera en su mano. Izuku, preocupado, se acercó a él— No tengo mucho tiempo, pero no quisiera irme creyendo que estás molesto o que…
Detuvo su palabrería al sentir la mano de Dabi, la que no tenía el cigarro, en su cabeza.
—No acostumbro pasar este día con nadie, verde. Eso es todo —contestó Dabi, sin mirarlo y sin quitar la mano del cabello de Izuku.
Y aunque no fuera demasiado, Izuku sentía esa caricia como algo positivo entre ambos. Así, volvió a asentir. Dabi sonaba sincero, como todos los días; y tenía derecho a su propio espacio.
—Está bien. No debe ser un día fácil para ti. Vendré a verte otro día, ¿de acuerdo? —cuestionó y Dabi asintió. Izuku se permitió sonreír—. Perfecto. Descansa y cena algo —pidió mientras tomaba la mano que Dabi mantenía sobre su cabeza para apartarla con cuidado—. ¡Nos vemos!
Dabi sólo volteó a verlo cuando Izuku le dio la espalda… Seguramente, si Izuku supiera lo que ese día significaba, no lo habría dejado solo.
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Si bien el viaje en el coche fue algo incómodo por las más de cien quejas por parte de Katsuki, Izuku sintió un nudo en la garganta cuando al fin tuvo frente a sí el destino a donde llegaron.
Se trataba de una residencia tradicional japonesa, de un solo piso y con largas habitaciones. Mas apenas Izuku pudo atreverse a mirar un poco la fachada de la casa de los Todoroki, cuando una chica con un rostro agradable y lindo salió a recibirlos. Se le veía feliz de tener a Bakugou y a Midoriya ahí y no dejaba de mirar a Shoto para, tal vez, comprobar que éste también se sintiera cómodo.
—¿Natsu también está aquí? Vi sus zapatos en la entrada —cuestionó Shoto ignorando las nuevas quejas de Bakugou, ahora sobre referirse a ellos como sus «amigos».
—Sí, quería conocer a tus amigos —contestó Fuyumi, la hermana de Shoto y la chica de rostro agradable.
Izuku, apenado por tantas veces en las que se usó la palabra «amigos» en menos de dos minutos, avanzó sosteniendo la correa de su mochila sin mirar la decoración del hogar.
En un inicio, Izuku creyó que se encontraría con un ambiente más relajado, guiado por una Fuyumi que no dejaba de sonreír e invitar a Bakugou y a Midoriya a probar todos los platillos en la mesa; sin embargo, apenas vio el rostro del segundo hermano de Shoto, Natsuo, Izuku supo que tendrían que aguantar cierta cantidad de tensión.
Todo empezó cuando Izuku alagó la calidad en la comida y Natsuo intervino en la conversación:
—Bueno, por supuesto. Desde que nuestra criada se lastimó la espalda y se retiró, Fuyumi se encarga de cocinar.
—¡Ya veo!
—Date un poco de crédito, Natsu —dijo Fuyumi—. Nos turnamos de vez en cuando, ¿no?
—¿Eh? ¿Entonces he estado comiendo lo que tú cocinas? —preguntó Shoto, más asombrado que preocupado. Hasta cierto grado, incluso parecía halagado.
—No, en realidad, puede que haya sido «forzado» a parar después de que mi comida no alcanzara los estándares de «alguien» —declaró Natsuo mirando a la nada, pero con una clara indirecta que se percibió en toda la habitación.
Izuku escuchó a Bakugou tragar con dificultad al mismo tiempo que él mismo aguantó la respiración un instante. Enji, el padre de Shoto, en un inicio pareció no reaccionar y simplemente siguió masticando.
—¿Qué comes en la escuela, Shoto? —cuestionó Fuyumi con una sonrisa que trataba de esconder lo evidente en esa mesa.
—No me di cuenta, la próxima vez… —Trató de decir Enji, pero Shoto lo interrumpió:
—Cosas que sirven en la cafetería.
De nueva cuenta, Izuku sintió a Bakugou tensándose a su lado, al mismo tiempo que él. Ahora no podían evadir el hecho de que cuanto menos los hermanos varones todavía sentían cierto recelo contra su padre. Más aún cuando, de repente, Natsu se levantó tras un gesto de incomodidad.
—Bueno, vine como me lo pediste, ¿me puedo ir? Gracias por la comida —dijo sin mirar a nadie a pesar de estarse dirigiendo a Fuyumi. E ignorando la petición muda de su hermana y la tensa mirada de los invitados, avanzó hasta la puerta del salón—. Lo siento, Fuyumi, aún no puedo…
Tras su salida, el ambiente se tornó pesado, mas de alguna forma, también se sentía triste. Izuku no encontró modo de dirigir la conversación a una zona más agradable y al parecer, Fuyumi tampoco; por lo que el resto de la cena lo pasaron prácticamente en silencio.
Sin poder evitarlo, Izuku recordó aquella pesada primera conversación que tuvo con Shoto en el Festival Deportivo. Esa trágica historia en la que Shoto fue apartado de sus hermanos para entrenar hasta sangrar sólo con el objetivo de superar a All might. Esa historia donde había un villano disfrazado de un héroe… Mas aunque Izuku sabía eso, también veía que ese «villano» que una vez lastimó a sus hijos y llevó al límite a su esposa, estaba esforzándose por ser alguien de quien su familia pudiese enorgullecerse. No lo hacía simplemente peleando contra grandes villanos, sino mostrándose realmente abierto frente a sus hijos, mirando hacia atrás para verificar que Shoto estuviese a salvo, cumpliendo cada deseo que Fuyumi tuviese, escuchando cada reclamo de Natsuo. Él sabía que merecía los rechazos de sus hijos y aseguraba que jamás obtendría el perdón de su esposa; pero no quería morir siendo visto por su familia como la misma bestia que antaño fue.
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No obstante, esa misma noche, mientras Izuku y Katsuki llevaban los trastes sucios a la cocina, escucharon una conversación privada entre Shoto y Fuyumi. Una conversación sobre el perdón y los sentimientos compartidos entre los tres hermanos que terminó derivando a una charla en la que incluso Bakugou intervino.
—Ha sido muy difícil para Natsu desde que nuestro hermano falleció… —mencionó Fuyumi ya cuando la conversación derivó a que tanto Bakugou como Izuku se sentaran de nuevo frente a la mesa.
—¿Su hermano? —inquirió Izuku, ignorante de que existía un cuarto hermano Todoroki. Fuyumi miró a Shoto unos segundos.
—¿No les has hablado de Touya?
Shoto negó.
—No hubo una oportunidad —contestó él, aunque no parecía realmente afectado por ello. Fuyumi, aunque pareció notarlo, simplemente se acomodó un mechón de cabello y prosiguió:
—Natsu y Touya eran muy cercanos aunque Touya era mayor, ellos solían jugar mucho juntos —relató con una triste sonrisa. Luego se detuvo un instante, como recordando algo que todavía dolía—. Ocurrió casi al mismo tiempo que ingresaran a mamá al hospital… Fue difícil para ella también, eso empeoró su condición, además de que no pudo ver a Shoto… —Acomodó el vaso de su bebida y continuó, mirando el líquido en el recipiente— Hasta el día de hoy, Natsu cree que fue padre quien lo mató.
Un breve silencio de respeto inundó la habitación hasta que Bakugou suspiró.
—Bueno, supongo que eso explica su actitud —contestó con los brazos cruzados y una expresión un tanto ofuscada. Parecía que ni siquiera él podía volver a quejarse de que los problemas familiares arruinaron el sabor del mado tofu.
Izuku, sin encontrar una palabra para decir, miró a Shoto. Por su expresión, parecía pesarle más el hecho de que sus hermanos y su madre sufrieran por ese hecho que la misma muerte de su hermano mayor. Izuku sabía que Shoto no era un desalmado al que no le importaran las muertes de las personas, había vivido en carne propia la preocupación natural de Shoto por mantener a todos a salvo; mas sentía que había algo más por lo que Shoto pareciera tan distante de esa situación en específico.
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La respuesta a esas dudas llegó un par de días después de esa noche en la que, además de todo, salvaron la vida de Natsuo y detuvieron a un villano aparentemente obsesionado con la idea de que Endeavor lo asesinara. «Ending», se hacía llamar y lamentaba haber visto a Endeavor siendo tan blando con sus hijos y su profesión.
Esa tarde, en la que Shoto pasó a la habitación de Izuku para estudiar inglés con él, el tema de esa cena problemática salió a la luz nuevamente luego de que Izuku preguntara por Natsuo.
—Natsu está bien, aunque seguramente tiene pesadillas por eso —dijo Shoto tomando un manju del platón que Izuku colocó en medio de la mesa a la hora de descanso—. Está durmiendo en casa por ahora, pero sigue evitando a Endeavor.
—Supongo que es difícil para él —contestó Izuku al tiempo que empujaba los manju hacia Shoto.
Shoto asintió.
—Sólo accedió a pasar unos días ahí porque Fuyumi lo suplicó. Quiere asegurarse de que no hay otro villano detrás de él. Incluso Endeavor puso a Kiddo como su escolta, aunque Natsu no lo sabe.
—Se enfadará cuando se entere… —comentó y Shoto volvió a asentir.
—No le gustan mucho los héroes —confesó y los ojos de Izuku se abrieron con cierta sorpresa.
—Entiendo que esté molesto con tu padre porque sus aspiraciones erróneas como héroe les hicieron daño, pero eso no significa que la regla general sea ésa —alegó Izuku.
—Él lo sabe, no es por eso; pero una vez me dijo que Touya también quería ser un héroe, por culpa de Endeavor, y que fue ese deseo lo que lo llevó a la muerte. Cree que todos los héroes están tan obsesionados con el anhelo de serlo que darían su vida por eso sin importarles el dolor de sus familias al perderlos —explicó.
Izuku enmudeció unos segundos. En realidad, no podía argumentar nada contra ese pensamiento; era por eso que muchos héroes preferían no formar una familia para no crear lazos. Sin embargo, aquellos héroes que sí tenían familia muchas veces priorizaban sus deberes como héroe antes que sus deberes como miembro de una familia… Y tras Izuku recordar el rostro preocupado de su madre, comprendió lo que Natsuo quería decir.
—Supongo que Touya-san esperaría que su familia se sintiera orgullosa de que se fue creyendo en sí mismo como un héroe —dijo Izuku tratando de consolar de alguna forma a Shoto.
Empero, éste le dio un mordisco más a su manju y alzó un hombro.
—Honestamente, no tengo recuerdos de Touya; así que no sé qué podría haber pensado en ese momento.
—Oh… —respondió Izuku— Olvidé que te mantuvieron apartado de tus hermanos por un tiempo, lo siento. —Shoto asintió, aceptando sus disculpas— ¿No tienes una foto suya al menos?
—Yo no, pero en casa hay un altar para él. Y creo que casi todas las fotos de Touya las tiene Natsu, al menos vi una caja llena de éstas cuando estaba mudándose. ¿Por qué? ¿Quieres conocerlo? —cuestionó interesado. Izuku, sonrojado, se apresuró a responder:
—¡No, no, no! ¡Eso no sería respetuoso de mi parte! S-sólo lo decía porque tal vez ver su rostro te traiga algún recuerdo a ti. M-me parece triste que siendo tu hermano mayor, no tengas ningún recuerdo de él; eso es todo.
—Ah… Bueno, creo recordar su silueta, era más bajo que Natsu y tenía el cabello blanco; pero su rostro en las fotografías me es totalmente ajeno. De todas formas, apenas paso a su altar, siento que es grosero de mi parte entregarle mis respetos cuando no lo recuerdo. Tal vez por eso tampoco lo mencioné con Iida, Bakugou o contigo —expuso ladeando la cabeza.
Izuku, todavía apenado, esbozó una pequeña sonrisa.
—Lo entiendo, lo siento. Tal vez después sientas la comodidad de acercarte a su altar y hablar de él con tus hermanos. Si Natsu lo quiere tanto todavía, debió haber sido una buena persona.
Shoto, sorprendiendo a Izuku, respondió con otra sonrisa.
—Siempre ves lo bueno en los demás. Eres un buen héroe, Midoriya.
El aludido, repentinamente más sonrojado, desvió la mirada y rascó su cabello para ocultar con la mano el rubor en su rostro.
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Izuku ignoraba, por supuesto, que todo lo que sabía sobre la muerte de Touya era una mentira. No era su culpa, sin embargo, puesto que el mismo Touya había sido arrastrado a ocultar sus sentimientos, experiencias y culpas que lo llevaron a asesinar a Touya para darle vida a Dabi.
De ese momento, en el que Touya se dio cuenta de la escasa importancia de su padre hacia la ausencia de su primogénito, ya habían pasado casi diez años. Y aunque Dabi lo negara una y otra vez en sus momentos a solas, él sabía que ese día en el cual le presentó sus respetos a la persona que no podría volver a ser, a la fotografía en su propio altar, seguiría atormentándolo día a día.
—¡¿Nunca te detuviste a pensar cómo se sentirían sus familias?! —preguntó Snatch, el héroe de arena al que asesinó unas semanas atrás y del cual Endeavor le reclamó la última vez que lo vio.
—¡Ah, Snatch! ¡Ese tipo! —exclamó Dabi una noche estrellada cerca de la costa. Rio con cierta ironía tras recordar esas palabras—. Pensé tanto en ello que me volví loco —admitió.
No podía ser de otra forma. En su formación, o en lo que él se obligó fuese su formación inicial, se obligó a pensar en el bienestar de los demás. Un héroe tenía que pensar en los demás, en los civiles que rescataría; no obstante, el mejor héroe de todos, el número uno, debía ir al menos un paso adelante: pensar en el civil al que salvaría sólo era el inicio, pues también debía pensar en su familia. Debía pensar, entonces, en la familia completa, en el dolor que toda una familia pasaría si perdía a uno de sus miembros. Debía pensar en lo que una familia amorosa y sana debería sufrir si alguno de ellos faltara…
Una familia normal, o lo que se suponía era normal, no repetiría los errores que los llevaron a perder a un hijo, a su primogénito. Una buena familia, una familia unida, dejaría atrás las malas obsesiones y trataría con sumo respeto la memoria del hijo al que perdieron por estúpidos pensamientos. Una verdadera familia rompería con esas cadenas tóxicas que sólo terminarían por seguir matando a cada uno de sus miembros.
Y durante un tiempo, quizá sólo durante el tiempo que Touya pasó consciente en el hospital donde —ahora sabía— All for one lo tuvo, Touya se obligó a pensar que, al menos en esos aspectos, su familia podía ser normal. Se obligó a pensar, a imaginar incluso, a su padre llorando su memoria y a sus hermanos recordándolo como el chico rebelde que murió por un mal manejo en sus crianzas iniciales. Se imaginó que, al menos en cosas pequeñas, la dinámica familiar cambiaría tras su «muerte».
Y se imaginó, con suma esperanza, que sus padres dejarían todo lo que estaban haciendo en cuanto lo vieran llegar a la casa. En su mente, vio a su madre soltar el estofado en sus manos y a su padre apartar la vista de la tarea que seguramente Shoto le estaba enseñando, para entonces ambos correr hacia su primogénito. Se vio a sí mismo siendo cargado por su padre mientras en llanto le ofrecía disculpas y le prometía ayudarlo a convertirse en el mejor héroe de Japón. Se vio a sí mismo y a su padre entrenar noche y día, con todo su amor y atención, hasta que consiguiera entrar a la UA al año siguiente. Y se vio algunos años más tarde sosteniendo el título del número uno, aplaudido por toda su familia y sintiendo el orgullo de su padre.
Siendo él lo que su padre siempre quiso que fuera…
Y fueron esas imágenes en su cabeza las que lo guiaron a destruir todo el lugar, a quemar todo lo que estaba a su alcance. Sabía que tal vez ese acto conllevaría la muerte de algunas personas, sabía que, cuanto menos, significarían heridas mortales para unos cuantos; pero también sabía que su padre podría manejarlo y que entendería y admiraría su valor… Quería creer, con un dolor en el pecho que ignoró todo ese tiempo, que así sería.
Descalzo, con visibles quemaduras nuevas en su cuerpo y sin nada en el estómago, recorrió cientos de kilómetros hasta encontrar su casa. Llorando, con los músculos ardiéndole a falta del descanso adecuado, Touya saltó la barda del patio y primero se dirigió al ventanal de la sala, donde esperaba estuviese su familia. Empero, el ya conocido sonido del fuerte entrenamiento de su padre, al otro lado de la casa, llamó su atención.
El dolor en su pecho se incrementó, como advirtiéndole que nada de lo que imaginó podría cumplirse, mas todavía con esperanzas, avanzó hasta llegar a la puerta exterior que daba al gimnasio de su padre. En definitiva, Endeavor estaba entrenando… Pero había alguien con él. Una voz muy joven que gemía de dolor y vomitaba entre lágrimas…
Al Touya abrir la puerta apenas un poco, apenas lo suficiente para mirar qué ocurría, se encontró con un escenario al cual nunca estuvo preparado.
En el suelo, medianamente sostenido por sus jóvenes brazos, estaba su hermano menor. Ése al que una vez, inundado por la ira y la envidia, trató de matar y al que después reconoció como «no culpable» de sus frecuentes molestias. Por lo que pudo ver, sin embargo, Shoto ahora tenía una terrible cicatriz en el lado izquierdo; lo que parecía ser producto de una quemadura…
No obstante, a pesar de que esa escena ya era traumatizante, cuando Touya alzó la vista para encontrar al culpable de que Shoto estuviese en ese estado, lo comprendió todo. Endeavor, con los puños fuertemente apretados, miraba casi con odio a su pequeño hijo.
—¡Levántate! ¡Deja de pretender que eres débil! —le dijo Endeavor a Shoto, ignorando a propósito el padecimiento de éste y justo antes de decir lo que sellaría su futuro y el de toda su familia—. El caso de Touya fue una lástima, sus llamas eran incluso más potentes que las mías y aun así, heredó la frágil constitución de Rei. Él… fue casi perfecto. Casi.
Touya no pudo escuchar una palabra más. Sintiendo cómo el dolor en su pecho crecía y crecía hasta inundar su mente de ira, incomprensión y profundo dolor, Touya se apartó de la puerta y vagó por los terrenos de la casa apenas con fuerza para seguir respirando… Al menos, hasta que se topó con lo que significaría la verdadera muerte de aquello que Endeavor crio.
Con la mirada totalmente cambiada y una nueva visión sobre lo que sería su futura vida, Dabi le presentó sus respetos a un Touya que ya debía descansar. No en paz, no en tranquilidad, sino lleno de decepción y arrastrando consigo cualquier marca de esperanza que alguna vez guardó.
Su familia nunca fue normal, nunca sería unida y nunca sería lo que él deseó. Pero eso ya no importaba porque, a su vez, el Touya heroico nunca tuvo oportunidad de existir…
No así, Dabi, la cremación de Touya, todavía tenía mucho que aportar a ese mundo de héroes. Quizá no del modo como Endeavor quiso… pero vaya que Dabi, ése de llamas más potentes que las del ya héroe número uno, tenía un gran espectáculo que incluso con su débil cuerpo ofrecería cuando todas las piezas se juntaran.
Entonces, una vez Dabi mostrara las cenizas del Touya que Endeavor y su familia mataron, la sociedad de héroes se desmoronaría entre sus llamas…
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Dabi limpió una lágrima de sangre que rodó en su mejilla y sonrió con cierta melancolía… Los héroes, los falsos héroes, algún día conocerían su verdad y la padecerían con él; era eso lo que todos ellos merecían.
…Aunque, si lo pensaba bien, quizá le dolería un poco el que ese chico verde sufriera también las consecuencias… O al menos le dolería si todavía pudiera sentir dolor…
¡Hola!:
Pues, ¿qué les digo? El Dabs anda a medio paso de la tumba —o de una extraña rehabilitación en la cárcel— en el manga y no podía pasar por alto todo ese sentimiento. Eso y al fin pude organizarme para escribir en las tardes-noches-madrugadas después de mi nueva vida como godín.
Todo este tiempo de ausencia fui yo tratando de adaptar mis tiempos a lo que debo y lo que me gusta hacer. No prometo que todo mejore en cuanto a actualizaciones y eso, peeeero sí puedo decirles que al menos los próximos cuatro capítulos ya están escritos. Así que estaré publicando cada tres semanas, más o menos, para que me dé tiempo de seguir escribiendo como Horikoshi manda y de corregir cualquier fallo en el argumento de los próximos capítulos.
Mientras tanto, agradezco muchísimo el apoyo que he recibido en los últimos meses respecto a éste y el resto de mis fanfics DabiDeku. No sé si lo merezco, pero igual lo agradezco con todo el corazón. Los amo. :3
Por ahí les adelanto que tengo un nuevo proyectito en puerta, medio cursi, medio dramático y totalmente inspirado en Bridgerton, JAJAJAJA... Espero publicarlo la próxima semana... Espero...
Abrazos.
Nayla.
