El retrato de Fräulein Heinstein

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5

La mirada de Shun

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Esa noche soño.

Lo que veía en sus sueños eran recuerdos reprimidos al parecer ya que jamás había soñado antes, sin embargo la sensación le quedó en el cuerpo varios minutos aún después de haber despertado de golpe. Pandora abrió los ojos en un sobresalto encontrándose en medio de la habitación iluminada por las farolas del jardín. Recapituló lo que pudo recordar de su sueño antes de tratar de dormir de nuevo; había visto las visiones horribles de la muerte de su familia, imágenes que presenció y que nunca pudo decir a nadie.

Vivencias que la marcarían para siempre aunque quedaran sepultadas en lo profundo de su memoria.

Nadie la escuchó llorar amargamente en medio del salón porque todos habían muerto para ese entonces. En todo el castillo había cadáveres que empezaron a despedir un olor fétido al cabo de pocos días y fueron arrojados a la gran escalinata al lado del patio de armas por los esbirros de Hades unas semanas después. La niña no quiso ver aquel espectáculo, su familia y los trabajadores del castillo arrojados al cubo de la escalera como si fuesen muebles viejos; tal y como haría ella después cuando empezó a matar sin piedad. Cuando trataba de encontrarle color a la sangre y algún estímulo que la hiciera sentir viva.

Pandora no podría conciliar el sueño por las noches hasta pasado bastante tiempo, hasta que todo aquello que la atormentaba de niña, simplemente, se desvaneciera como el humo de la chimenea o sus constantes fantasmas se vieran opacados por el frio, que le calaba hasta los huesos cada invierno, puesto que no siempre encontraba madera que colocar en la chimenea para calentarse.

Trece años después de aquello su mente lo trajo al presente en un sueño, un sueño inquietante y desgarrador que le recordaba las cosas hechas por orden de los gemelos y de Hades mismo.

—Es la primera vez que sueño… —repetía acostada mirando al techo— y no quiero soñar de nuevo. No quiero ver esas imágenes, no otra vez —un par de lágrimas rodaron hacia la almohada —es mejor que me levante y piense en otras cosas —se decía autoconvenciendose de poner un pie fuera de la cama.

No estaba segura de la hora pero sabía que el amanecer no estaba lejano ya que el tono del cielo lucía ligeramente iluminado según vio en la ventana al caminar hacia allá. No tenía sentido tratar de dormir de nuevo, solo contemplar el amanecer que tanto anhelaba desde la noche anterior.

Se envolvió en una bata color claro que estaba sobre la cama mientras salía al jardín con cuidado sentándose en una de las bancas del porche a esperar el tan ansiado evento. ¿Cuánto duraría un amanecer?, ¿sería igual de breve que la vida que tenía ahora? No la abandonaba la idea de que todo era pasajero y temporal, lo intuía ya que su situación no era normal y, seguramente, en algún momento las huestes del infierno irían a buscarla.

Alguien como los jueces o los gemelos malvados saldrían de las profundidades de la oscuridad reclamando el hecho de que ella no debería estar caminando entre los vivos y ellos estuvieran eternamente encerrados en el Inframundo. Aquellos sentimientos arremolinados en su persona dieron paso a aquella opresión en el pecho que estaba de nuevo ahí, la joven sentía que se le iba el aire; solo sentía un impulso terrible de correr hasta donde le dieran las fuerzas y las piernas.

Sentía que su corazón iba a estallar en cualquier momento. Así que trato de recordar la recomendación de Saori y solo tratar de respirar, tratar de contener el impulso de lanzarse al lago que estaba al final de la propiedad. De poner fin a su existencia.

—¿Estás bien? —Shun la miraba con preocupación sentándose a su lado.

—Si… —respondió jadeante— se pasará en un momento.

El chico se quedó sentado a su lado sin entender exactamente qué ocurría, solo sabiendo que ella necesitaba ayuda. La acompañó hasta que la respiración de Pandora volvió a ser regular y el dolor del pecho se pasaba.

—No entiendo qué me sucede —comenzó a decir buscando sentido a sus palabras—, desde que regresé al mundo mortal empecé a sentir estos malestares. Supongo que es mi castigo por haber vuelto. Una penitencia que debo pagar de ahora en adelante.

—No digas eso, seguro es una condición médica normal —respondió con calma queriendo tranquilizarla—. Voy a pedir a Saori que agende una cita con el médico, quizás pueda recetarte algo útil que hará que te sientas bien.

Era increíble como él hacía que todo fuera mejor con unas pocas palabras. Seguro que, si Shun hubiera sido un dios, sería uno misericordioso y honesto. Ella lamentó que no lo fuera.

—Eres demasiado amable conmigo… yo no merezco tu simpatía —la joven dibujó una sonrisa triste y Shun la miró sorprendido.

—Como te mencione, no creo que seas una mala persona —lo repetía con toda naturalidad sin quitar la sonrisa de sus labios.

—Si tu supieras las cosas que he hecho —pensó.

—Ánimo Pandora, todos hemos cometido errores en el pasado —posó sus ojos en ella mirándola con honestidad mientras ella se reflejaba en esos ojos claros y cristalinos.

—¿Qué haces despierto tan temprano? —pregunto ya más tranquila.

—Recordé que querías ver el amanecer así que vine a acompañarte y, aprovecharé, para ver cómo está Seiya —respondió sonriente como siempre.

La mañana comenzó a aclarar en medio de un lienzo de tonos rosados, oscuros y naranjas dejando atrás la profunda oscuridad de la noche. Pandora contemplo cada segundo del evento sin apartar la mirada, como si aquel fuese el primer y único amanecer que miraría. Camino hasta el jardín para apreciarlo todo mejor deseando que esa misma oscuridad que vivía en ella desapareciera como la noche deja paso al día.

Quería que la culpa y el dolor del pasado se fueran conforme entraba la luz.

—Gracias Shun —el chico iba detrás de ella como si Pandora fuese una especie de infante que no podía descuidar.

—Sabía que estarían aquí, se comportan como niños pequeños —Ikki apareció detrás de ambos mirándolos seriamente—, solo corren de aqui para allá y no dejan dormir a los demás.

—Ven a mirar el amanecer con nosotros —Shun lo invitó a unirse mientras Pandora los observaba a ambos.

Algo dentro de ella la llevo a desear haberlos tenido como hermanos: a Ikki como su protector hermano mayor y Shun como su tierno hermano menor. Ella sería la única hermana, la que estaría pendiente de ambos, la que se pondría celosa cuando llevaran a una chica a cenar. Por un momento la joven sintió que quería tener una familia de verdad.

Compartieron un desayuno abundante y, luego de un baño caliente, Pandora esperó a Shun ya que expresó su deseo de visitar a Seiya.

—Te ves mucho mejor esta mañana —Ikki estaba sentado en el gran salón, su postura despreocupada hizo que la joven lanzara una risita.

—Si, gracias aunque no pude dormir como hubiera querido.

—¿Algo estuvo haciendo ruido afuera de tu ventana?

—Oh no… es solo que —respondió con timidez— tuve un mal sueño. No recuerdo haber soñado antes y el sueño de anoche no me permitió descansar.

—Fue una pesadilla —indicó el joven con calma—, todos hemos tenido malos sueños a veces. Desconozco por qué pero suele pasar. Tómalo con calma, aquello no significa nada.

—¿De verdad lo crees así? —le gustaría creerlo, que un mal sueño no significaba nada pero, en el caso de ella, no estaba tan segura.

—¿Cuándo partimos? —dijo el fénix de pronto sacándola de sus meditaciones.

—¿Disculpa?

—Al Castillo Heinstein, a donde querías ir —Ikki lo dijo con toda naturalidad como si ya tuviera la maleta preparada para emprender el viaje.

—Estás más entusiasmado que yo —dijo Pandora con sorpresa.

—Siempre estoy listo para emprender un largo viaje, me gusta mucho visitar lugares nuevos, ver sitios desconocidos. Tu sabes.

—Ikki es un viajero incansable —Shun entró en el salón y tomo asiento al lado de su hermano—. Es un alma errante, solo va de aquí para allá por largas temporadas. Saori dice que es un ave sin jaula en toda la extensión de la palabra.

—¿Llevas a Shun a todos tus viajes? —pregunto sonriente.

—Oh no, viajo solo —los interrumpió—. Se debe viajar solo —los tres rieron.

Shun la llevo a visitar a Seiya, quien dormía en otra de las habitaciones de huéspedes conectado a diversos cables de plástico e ignorante de todo lo que acontecía en esa casa desde hacia un dia. Pandora lo miro con opresión en el pecho mientras Shun revisaba los lectores que estaban a un lado de la cama, el joven le recordaba claramente a todos aquellos que ella había matado a sangre fría cuando aún vivía en el Castillo, cuando nada le importaba y deseaba que estuvieran igual de muertos que ella.

Seiya era la viva imagen de todos ellos: adolescentes curiosos e inocentes que no hacían más que explorar una casa ajena.

No tuvo cara para mirar a Shun que con tanta dedicación cuidaba de su amigo caído. De nuevo estaba en el dilema de qué hacer con su nueva vida, independiente de sus malas acciones, se le había premiado con la oportunidad de vivir de nuevo; de enmendar sus errores como bien dijo Ikki y mirando como Seiya se perdía de la paz que reinaba en el mundo no pudo más que sentirse miserable.

—Como quisiera que me perdonarás por todo lo que paso… —penso mirando como este estaba plácidamente sumido en el sueño de Hades.

¿Estaría reviviendo la batalla una y otra vez? O, ¿vería en sueños los mejores momentos de su corta vida?

Pandora se alegraba de que el dios del inframundo hubiera vuelto al sueño eterno de los dioses y que se haya llevado a sus dos horribles asistentes pero ¿a qué precio?

—Él estará bien —repetía Shun con el positivismo que lo caracterizaba—, yo sé que pronto despertará y volverán los buenos tiempos cuando todos estábamos juntos y peleábamos por causas nobles.

—Shun…

—Por cierto, escuché a Ikki mencionar ese viaje que estás deseosa de emprender.

—No estoy deseosa, solo no quiero ser una carga más. Creo que ya tienen suficiente con Seiya. Es decir… él necesita cuidados yo solo soy un estorbo.

—¿No podrías reconsiderarlo un par de días? —la miro sonriente— Creo que no es necesario que te vayas tan pronto… para no volver.

—¿No volver...?

—Imagino que quieres vivir tu propia vida a tu ritmo y, como sea, nosotros no podemos hacer mucho por ahora ya que debemos cuidar de Seiya pero, podrías quedarte una temporada.

La joven lo miraba con los ojos muy abiertos, ella no deseaba ser una molestia mientras que Shun la consideraba más una invitada que otra cosa. Sin embargo, algo dentro de ella se comenzó a cuestionar el comentario de Shun: vivir su vida a su propio ritmo.

¿Sería capaz de algo así?

—Además, sé que Ikki te ha tomado cierto cariño —lanzo una risita tras decir esto—. Disculpa, no debí decirlo.

—No… está bien —respondió sin ahondar más en el comentario.

Aquello no se lo esperaba: ¿el fénix le había tomado afecto? Esta idea le daría vueltas el resto de la mañana ya que, cuando estaba ayudándolo a entrar a los Elíseos la joven había visto en Ikki algo más que un caballero. Si, había llamado su atención apenas lo vio entrar al salón del trono en Guidecca y esa determinación para hacer frente a cualquier enemigo de muchas formas había despertado algo en ella.

En ese momento, Ikki rompió una parte del embrujo perpetuo bajo el cual la joven vivía. Quebró la muerte que la rodeaba pero, hasta ese momento, no considero verlo de otra forma. Ni sabía cómo. En ese momento los ojos con los que Radamanthys solía mirarla se dibujaron en su mente rechazando la perturbadora idea de que Ikki pudiera estar interesado en ella, no quería ni imaginarlo observándola igual.

Sin añadir nada más guardo silencio desechando esa idea que la incomodaba.

Salió de la habitación permitiendo que Shun continuara con el monitoreo de su amigo mientras ella caminaba por el pasillo maravillada de cuánta luz había en esa casa. Ahí las paredes eran blancas y las ventanas amplias con las cortinas descorridas, el castillo Heinstein nada tenía que ver con el ambiente que había en la casa de Atena. Pandora encontró a Ikki dormitando en un salón amplio mientras que la diosa estaba sentada frente a él con un diario en la mano al mismo tiempo que escuchaba el noticiero en un televisor.

Solicitó permiso para unírseles, tomando asiento al lado de Ikki, mientras que sus ojos examinaban las imágenes en el televisor sintiendo la mirada sorprendida de Saori quien, se imaginaba, nunca habría visto un aparato como ese. El corazón de Pandora dio un respingo al ver la imagen aérea del castillo Heinstein, movimiento que hizo que Ikki despertará y la mirara con sorpresa.

El Castillo Heinstein tenía toda el ala oeste y sur vencidas, se había venido abajo ocasionando un derrumbe monumental. El corresponsal en sitio decía que los bloques de piedra habían obstruido los últimos 30 metros en la subida al castillo así como las faldas de la montaña en la que se encontraba. Desde el sofá Pandora alcanzó a ver el ala que, débilmente, se mantenía en pie comprendiendo que, si no viajaba allá cuanto antes, el resto del castillo se vendría abajo o, bien, habría mucha gente curiosa tratando de llegar y no deseaba ser vista por esas personas.

—Lamento mucho lo que ocurrió con tu casa —dijo Ikki de pronto—. Supongo que el derrumbe fue obra de Hades.

—Si, el castillo tenía una conexión fantasma con él, cuando la batalla ahí terminó el dios cortó esa conexión y el castillo se vino abajo…

—Pandora —interrumpió Saori con aprehensión en la voz—, no deberías ir allá. Por lo que se dice en el noticiero, la estructura del palacio se vendrá abajo en cualquier momento. No creo que valga la pena arriesgarse.

—La puerta principal quedó completamente bloqueada —añadió Ikki— y, aunque pudiéramos llegar allá, no hay modo de entrar.

—Lo se…

Los tres fueron interrumpidos por el corresponsal quien comenzó a hablar de la fallecida familia Heinstein quienes murieron dentro de su casa a causa de una extraña enfermedad, o condiciones misteriosas, hacía tiempo y el castillo había estado deshabitado desde entonces. La sensación al ver al hombre con micrófono de pie delante del desastre en el inmueble era sobrecogedora. Aquel inmueble caído fue su casa a fin de cuentas.

—"Muchos son los que han tratado de entrar al castillo abandonado sin embargo, varias de esas personas encontraron la muerte adentro debido al deterioro del mismo, a los pasajes ocultos que llegaban montaña abajo y a la exploración irresponsable de un inmueble en deterioro que vio sus últimos días hace menos de un mes. Los Heinstein fallecieron hace poco más de trece años en condiciones desconocidas: Willheim von Heinstein, su esposa Katrina von Heinstein y su pequeña hija, cuyo nombre jamás se conoció, y ha permanecido en el misterio desde entonces pero, se sabe que falleció junto con sus padres a una temprana edad. Soy XX corresponsal en Rupholding para el noticiero XX Alemania".

—Ni siquiera se mencionó mi nombre... —dijo la joven con tristeza mientras varias lágrimas caían de sus ojos—, la influencia de Hades borró por completo mi existencia del mundo, como si yo hubiese sido un cadáver más tirado en el salón —no lo pudo resistir, la opresión en el pecho y la falta de aire acabarían con ella.

Salió corriendo del salón del televisor con dirección al jardín seguida de Ikki quien, claramente, imaginaba hacia donde iba con semejante prisa.

—¡Espera Pandora!

La joven cruzó la puerta con pasos veloces sin escuchar la voz de Ikki recorriendo el jardin y teniendo como meta el lago al final de la propiedad; era demasiado que el mundo hubiera olvidado su existencia por capricho de un dios, que su nombre hubiera quedado sepultado bajo las rocas del castillo Heinstein. En ese momento odio a Hades como nunca en su vida, la adoración que sentía por este le pareció repugnante y, más que nunca, maldijo el día que abrió la caja infernal.

La caja… su caja.

Se detuvo de golpe a pocos pasos del lago, estaba dispuesta a lanzarse pero, tan solo se quedó ahí mientras Ikki, de súbito y con brusquedad, la tomaba por los hombros mirándola fijamente. Pandora vio una preocupación inmensa en los ojos del joven, algo que jamás había notado en nadie y que la dejó desarmada.

—¡No vuelvas a hacer eso! —le gritó abofeteandola, acción que hizo que de golpe Pandora olvidara una revelación que acababa de tener— Disculpa, no debí abofetearte pero, no quiero que vuelvas a correr así y menos al lago. ¡Por un momento pensé que lo harías, que te lanzarías! —la abrazo fuertemente haciendo que la joven no supiera que hacer o qué decir.

No se esperaba aquel gesto y, menos, lo que seguiría.

Shun también la observaba desconcertado y con tristeza a pesar de verse agitado por correr desde la casa hasta allá y, detrás de él, varios pasos atrás iba Saori también consternada. Pandora no pudo con esos ojos sintiendo como si lo hubiera decepcionado. Los ojos de Shun ejercían una influencia en ella que no podía ignorar; se sentía avergonzada, más que nunca, al ver cómo la miraba el jovencito. Como esos ojos claros y cristalinos la juzgaban en silencio.

—Lo siento… no pude detenerme.

El siguiente en abrazarla fue Shun haciendo que Pandora sintiera, algo similar, a la compasión de un dios, de un ser divino que le decía que todo estaría bien llenándola de calma. Que no fue más que un lapso de debilidad. La joven se dejó llevar por la paz que le producía el abrazo de Shun, del que bien pudiera haber sido su hermano menor, su hermanito.

—No hagas eso —repetía con suavidad—, no lo hagas. Todo estará bien, ya verás.

—Lo sé…

La acompañaron de regreso a la casa sin decir más. Saori solo se mantuvo en silencio ya que no había mucho que pudiera aportar a la situación aunque pensó que podría charlar un rato con Pandora; el mundo mortal le estaba costando más de lo que esperaba aunque para la diosa elegir otra opción, como la muerte, no era lo más adecuado ni viable. Jamás dejaría que nadie tomara esa salida sin importar la desesperación que sintiera.

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Por la tarde, Saori citó a Pandora en la habitación donde se hallaba la biblioteca de la casa aunque, solo eran tres libreros amplios que ocupaban toda una pared y varias sillas al frente. La joven se veía a gusto en ese lugar en medio de los pocos libros que había. La diosa aun no estaba presente así que aprovechó para curiosear en los títulos, sin embargo no entendía palabra de lo que estaba en sus páginas. Todo estaba en griego o japonés y Pandora no conocía esos idiomas. No tuvo problemas con el noticiero de hacía un rato ya que el corresponsal hablaba su mismo lenguaje, cualquiera que fuese, ella lo entendía.

—Veo que te gustan los libros —Saori entro llevando una bandeja de plata sobre la cual estaban una tetera y dos tazas—, lamento que no tengamos más variedad. Por el momento es lo que tenemos para leer.

—Gracias, en realidad no… no leo mucho. A veces lo hacía en el castillo pero siempre fue difícil para mí —no quiso revelar más del tema pero, conocía muchas palabras sin saber el significado así como frases salidas de los poemas de William Blake sin entender exactamente a qué se referían—. No tuve acceso más que a unos cuantos libros que pude evitar que fueran destruidos.

—¿Destruidos?

—Si, mi padre tenía una biblioteca inmensa llena de títulos y volúmenes enormes pero… cuando los gemelos llegaron al castillo los quemaron diciendo que no era necesario que yo supiera leer y menos que tuviera acceso a libros.

—Eso es terrible.

—Lo fue, logré rescatar unos cuantos escondiendolos en diferentes partes y solía leerlos, o lo intentaba, cuando ellos no estaban. Solo me dejaron el fonógrafo y los vinilos que eran de mi madre. Los libros, las hojas blancas, así como otros objetos fueron destruidos y no tuve acceso a más.

—Lo lamento mucho y espero que, de ahora en adelante, las cosas sean diferentes y puedas tener todo aquello de lo que te privaron. La fundación Graude, que yo represento, puede brindarte toda la ayuda que quieras.

—¿Fundación? —Pandora no tenía idea de lo que era una "fundación" pero Saori lo decía tan solemne que solo se quedó callada escuchándola— ¿de verdad?

—Si, claro. Nunca es tarde para aprender cosas nuevas y, a lo que voy con todo esto, es para que puedas tomar las oportunidades que quieras y motives tu camino de mejor manera.

—Lo dice por lo de hoy, ¿verdad?

—Si —Saori sirvio las dos tazas con té invitándola a sentarse en la misma mesa—, no alcanzo a vislumbrar el dolor que se siente una pérdida como la tuya y cómo fue el tiempo que pasaste bajo ese yugo pero, siempre hay segundas o terceras oportunidades de encaminarse a donde uno quiera. Yo no abogo por la opción que es quitarse la vida. No, creo que se requiere más valor para vivir que para dejarse vencer.

Aquello era justo lo que Shun e Ikki habrían dicho. Pandora no quería defraudarlos, en especial, a Shun.

—¿No has pensado en aprender lo suficiente como para plasmar todas tus experiencias en papel y que estas puedan ayudar a otras personas?

—¿Ayudar?

—Si claro, tu testimonio de la clase de violencia que es la privación de la libertad y el acceso a educación, por decir algo, sería valioso para muchas personas. Piensa que podrías inspirar a la gente a luchar por lo que es justo —decía entusiasmada gesticulando mucho con las manos como si lo que visualizaba fuera algo magnánimo.

Pandora la observó como cuando los gemelos hablaban y alababan al dios Hades. Solo un dios, alguien de inteligencia tan elevada como los dioses podría decir esas cosas. Atena le tenía fe y, de muchas formas, quería que Pandora le demostrara que no la habían traído al mundo mortal por nada. La antigua doncella de Hades se sentía comprometida a demostrarle algo a la diosa.

—No sé qué decir.

—Solo tenlo en consideración cuando vuelvas.

—¿Volver?

—Si, estoy segura de que no has quitado el dedo del renglón en el viaje al Castillo Heinstein aunque sepas que no hay mucho que hacer allá.

—Es cierto… de hecho, en la televisión mostraron una pintura donde se veían mis padres. Yo sé donde está y quisiera recuperarla —mintió—. Quisiera recuperar, además, alguno de los libros que oculté en el ala oeste donde estaban mi habitación y la sala donde está el cuadro que son las que están en pie por ahora —volvió a mentir esperando no ser cuestionada—. Luego de eso es probable que tome la oportunidad que Usted me ofrece aunque… ¿Es posible que pudiera quedarme cerca de mi casa o debo volver hasta acá?

—Pandora, puedes tomar la oportunidad que te ofrezco donde tú quieras. No me faltan los recursos aunque estemos en diferentes países.

Era lo justo. Ella la revivió y Pandora tomaría el camino ofrecido para enmendar sus errores pasados. Saori le había mostrado el sendero para rectificar el camino y, por lo menos, cumpliría con su deseo.

—Ikki será quien te acompañe. Es importante que aprendas a desenvolverte sola allá afuera porque él no podrá quedarse contigo más que unos cuantos días. Una temporada quizás…

—Lo entiendo y sé que aquí tienen mucho qué hacer. Ojala yo pudiera apoyar a que Seiya volviera en sí pero, no sé cómo funcionan del todo los objetos malditos que eran propiedad de Hades.

—No te preocupes por eso. Estaremos bien.

Quien diría que sería la diosa Atena la que ofrecería la ayuda más valiosa. Pandora había mentido para poder ir pero no eran el cuadro o los libros lo que realmente le preocupaba: era la caja, aquel objeto donde residían las almas de los gemelos.

En alguna ocasión se le narró la historia de la guerra Santa ocurrida 243 años atrás y como una joven ancestro, de la familia Heinstein, había hecho exactamente lo mismo: abrió la caja maldita. Era como una maldición en su línea familiar y lo que preocupaba a la joven Pandora era que no fuese a terminar nunca, que los gemelos hubieran vuelto a la caja y esta estuviera oculta a la espera de que alguien más la encuentre y la abra.

Sería el presagio de que otra guerra santa podría acontecer. Ella quería encontrar esa caja y vengarse de ambos: que nadie jamás pudiera encontrarla. Esa información no podía compartirla con otra persona, debía hacerlo sola asi que empezó a planear qué hacer para lograrlo; era una buena idea el que Ikki no quisiera quedarse con ella y tuviera que volver por fuerza. La joven aun tenia frescas las palabras de Shun y no estaba lista para que nadie se "encariñara" con ella.

—Solo decide una fecha y podrán partir para allá. Pediré a mi gente que tenga todo listo.

—Gracias —bebieron té el resto de la tarde tratando de charlar un poco sobre esto y lo otro.

Acordaron que se irían en unos seis o siete días y que Pandora no tenía por qué sentirse comprometida a volver, que Ikki sería su acompañante pero él si debía regresar.

Sería el fenix quien decidiera el camino ya que él conocía sobre transportes, rutas de tren y demás. Se le veía visiblemente encantado de planear el recorrido y no quiso escuchar opiniones. Entusiasmo que contagio a Pandora mientras le explicaba con todo detalle. La joven estaba nerviosa por todo, luego de una temporada pondría un pie en casa y tenía miedo, un miedo enorme a lo que ambos pudieran encontrar allá.

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Continuará…