DESTINADOS

Finalmente, aquella pelea que terminó destrozando aquel lugar había acabado, Fluorite estaba a salvo, eso era lo más importante; además obtuve la confesión de aquellos hombres, aceptando ser los autores del robo de los ahorros de la joven, al igual que de otros ilícitos que habían estado ocurriendo en Rodorio en las últimas semanas. Pronto el Santuario se encargaría de darles un castigo a estos malvivientes.

Cuando Fluorite tomó mi mano, sentí una sensación extraña, como si la electricidad estuviera recorriendo mi cuerpo, y en el momento en que sus ojos se encontraron con los míos, algo indescriptible se instaló dentro de mi corazón al verla tan frágil, tan desamparada, con el miedo reflejándose en sus ojos.

Ella se fue incorporando con lentitud y una vez que estuvo de pie, me acerqué a ella y la abracé con fuerza. ¡Oh, Dioses! Ese hombre había estado muy cerca de lastimarla... Si tan sólo le hubiera tocado uno solo de sus cabellos, habría perdido el control y le habría dado muerte allí mismo.

No me había dado cuenta en qué momento había desarrollado aquel instinto protector para con ella, tampoco me había detenido a pensar mucho en el último tiempo acerca de qué era exactamente lo que sentía por Fluorite; de lo único que estaba seguro era de que tenía que sacarla de ahí a como diera lugar.

Mientras mis pensamientos se concentraban en llevar a cabo lo que traía en mente desde que Kardia me había contado lo que estaba sucediendo en esa posada y juntos armamos el plan que nos llevó a los acontecimientos que finalmente sucedieron, pude sentir que Fluorite correspondía con fuerza a mi abrazo, hundiendo su rostro en la coraza de mi armadura, enredando sus brazos alrededor de mi cintura.

_¡Oh, Señor Degel, qué bueno que está bien! ¡Me alegra tanto que esté aquí!_ , exclamó con emoción en la voz la joven francesa, luego de lo cual se separó un poco de mí para dedicarme una de esas miradas con sus ojos llenos de inocencia que tanto me derretían el corazón y que últimamente me quitaban el sueño.

_Fluorite, ya te dije que no es necesario que me llames "señor", por favor llámame Degel... Y me alegra haber llegado a tiempo antes de que salieras lastimada... Estos hombres han confesado ser autores de varios robos, incluso el de tus ahorros...Kardia se ocupará de que devuelvan aquello que han hurtado. Pero ahora, debes venir conmigo al Santuario, Fluorite, no puedes seguir permaneciendo sola en este lugar, es peligroso para ti... Si continuas aquí no podré protegerte... _ , le dije las últimas palabras en voz más baja que el resto mientras la miraba a los ojos.

La joven francesa me sostenía la mirada con sus bellísimos ojos azules abiertos de par en par con sorpresa y expectación; parecía como si el tiempo se hubiera detenido exactamente en ese instante en que la tenía frente a mí, con la inocencia a flor de piel, sonrojándose ligeramente luego de haber escuchado mis últimas palabras... A pesar de que pueden observarse en su rostro los rastros de varios días de cansancio acumulado, de todas maneras lucía hermosa. Oh, Athena... se ve absolutamente adorable, cual si fuera una diosa cuya belleza rivalizaría con la de la mismísima Afrodita. Que los dioses me perdonen si es que acaso estoy blasfemando al decir algo como eso, pero es la más pura verdad.

Al cabo de varios minutos, Fluorite parpadeó, interrumpiendo aquel mágico momento que se había creado sólo entre nosotros con tan solo una mirada; bajó su cabeza al mismo tiempo que cerraba sus ojos, y al levantarla asintió, aceptando por fin acompañarme al Santuario. Antes de darle chance a que dudara, la tomé de la mano y la llevé hacia la puerta del lugar; ya me encargaría de que le hicieran llegar sus pertenencias. De repente, la muchacha se detuvo antes de salir de aquel sitio y se negó a seguir avanzando: no podía evitar sentir preocupación por el estado en el que había quedado la posada, y también por cómo iba a hacer para pagar sus deudas; eso sin dudas la tenía acongojada y algo dubitativa. Le dije que no se preocupara por eso, si fuera necesario yo las cubriría, pero ella se negó terminantemente, puesto que no deseaba deberle nada a nadie, y como la mujer autosuficiente que era, quería ser ella misma quien se encargara de eso.

Al escuchar las razones de Fluorite para negarse a que yo pagara sus deudas, Kardia rodó los ojos para luego llevarse una de las manos a su cabeza para posteriormente negar con ella:

_¡Te lo dije!_ , me gritó con un deje de exasperación, para luego guiñarme un ojo de manera pícara. Aquel gesto llevaba implícita una instrucción silenciosa que él me estaba dando en ese momento, sabiendo que sería la única forma de llevármela de aquí, así que por su bien, me ví obligado a llevarla a cabo. Rodé los ojos y sin darle ningún derecho a replicar, la cargué sobre mi hombro y salí de allí con ella a cuestas, bajo el asombro y la mirada de estupefacción de la muchacha, que no podía creer que me la estuviera llevando de esa manera, y a decir verdad, yo tampoco me creía capaz de hacer algo así. Definitivamente, la compañía de Kardia está ejerciendo una influencia negativa sobre mí... o tal vez, simplemente me está ayudando a su manera, como él suele llamarle: "darme un empujón".

Esa Noche, arribé con Fluorite al Templo de Acuario; pasaría la noche allí y ya mañana hablaría con el Patriarca y acordaríamos dónde podría instalarse; con sus habilidades podría ser muy útil ayudando a las costureras que se encargan de confeccionar la ropa de los caballeros y aprendices y los uniformes de las personas que aquí trabajan.

Una vez que ingresamos en la Décima Casa Zodiacal, bajé a Fluorite y la deposité de pie en el piso; ella se había resignado a serllevada como si fuera un costal de patatas luego de haber forcejeado un poco a la salida de la posada. Por un lado me sentía un idiota por haber actuado de esa manera, impropia de un caballero, influenciado por Kardia, pero por el otro, no me arrepentía de haberlo hecho con tal de haber conseguido sacarla de ese lugar...y tenerla aquí, junto a mí, donde pudiera protegerla.

_Perdóname, Fluorite por haberte traído de esa manera a esta Casa; sé que no fue la forma apropiada, y que actué impulsivamente...te pido disculpas si te he ofendido... _ , le dije a la joven francesa mientras me inclinaba ante ella en una reverencia, buscando su perdón por aquel comportamiento que, sin duda alguna, no era propio de mí.

_Está bien, no se preocupe, Señor Degel... No hay nada que disculpar... Entiendo la razón por la que tuvo que actuar de esa manera; ¡a veces puedo ser toda una cabeza dura! _ , respondió Fluorite mientras esbozaba una sonrisa divertida y plagada de inocencia infantil en su última frase.

_¡Oh, otra vez lo olvidé!¡Olvidé que no debía llamarlo "Señor Degel"! ¡Supongo que es la falta de práctica! Muchas gracias por haber ido por mí a la posada y por haber llegado en el momento justo... Degel... _ .

Al escuchar mi nombre entre sus labios, y observar cómo sus mejillas se coloreaban ligeramente de un tono carmesí al pronunciarlo, me quedé estupefacto durante un instante; mi cerebro se desconectó del resto de mi cuerpo. ¡Por los dioses! Siento mi corazón comenzar a acelerarse estrepitosamente, y retumbar en mis oídos; mi respiración aumenta su frecuencia y mi boca se siente seca...mis labios se entreabren y mis ojos sólo tienen un objetivo: su boca. Ante la inminente sensación de miedo a perder el control, me disculpo con Fluorite y le pido que me espere en el salón principal mientras me dirijo hacia las habitaciones, en búsqueda de aquella que estuviera en condiciones de ser utilizada por la joven esa noche. No sé cómo pude articular palabra ni cómo logré juntar la fuerza necesaria para apartarme de su lado en ese momento; pero logré hacerlo con la primera excusa que se me cruzó fugazmente por la mente.

Caminé a paso apresurado, abriendo y cerrando puertas, observando cuanto se podía en la oscuridad de la noche, sólo iluminada por la claridad platinada de la luz de la luna; no podía pensar con lucidez, por lo que opté por entrar en una de las habitaciones que elegí al azar, cerré la puerta y apoyé mi espalda en ella. Cerré los ojos con fuerza y llevé una de mis manos a mi cabeza, ¿qué demonios estaba pasando conmigo? ¿Por qué me sentía de aquella manera, tan desconocida para mí? No puedo dejar que mis sentidos me dominen, ¡yo no soy así! Siempre he sido una persona racional, que piensa y reflexiona las cosas antes de hacerlas, pero en este momento ¡me siento tan fuera de mí! ¿Será que esto es...deseo? ¡Oh, dioses! ¡Están siendo muy crueles conmigo! Además de no poder sacarla de mis pensamientos durante las noches, ahora mis sentidos me traicionan de esta manera, reaccionando a su belleza, a su inocencia, y tentando a mis instintos... Casi cometo el atrevimiento de besarla... Tenía que salir de su presencia, para que ella no pudiera notar la turbación que estaba produciendo en mí. ¡Maldita sea, Kardia, todo esto es tu culpa!! , maldije para mis adentros. En ese momento, escuché un golpe suave en la puerta, seguido de una voz suave y femenina, lo cual hizo que saliera de mi estado de desesperación mental.

_¿Degel? ¿Estás aquí? ¿Te encuentras bien?_ , susurró con suavidad Fluorite; se podía notar una preocupación genuina en su voz. Al escucharla, abrí los ojos sorprendido de que ella hubiera venido en mi búsqueda y encontrado; mis latidos, que habían comenzado a recuperar un ritmo algo más pausado, nuevamente se aceleraron. Aquello no me estaba ayudando. Respiré hondo y apreté mis puños a ambos lados de mi cuerpo, rogando internamente a los dioses que me concedieran un poco de autocontrol y me permitieran poder mirarla sin tener ese deseo irrefrenable de probar esa boca virginal y tentadora.

Cuando creí que podía enfrentarme a ella sin tocarle ni siquiera uno de sus cabellos, abrí la puerta y salí a su encuentro; no podía siquiera pensar en estar en la misma habitación con aquella joven que, por primera vez en mi vida, me estaba haciendo perder aquel férreo autocontrol del que siempre me había jactado, y que era el rasgo que me diferenciaba de Kardia, que era exactamente mi opuesto, y también mi mejor amigo. Un amigo que me causaba bastantes dolores de cabeza, pero que siempre estaba dispuesto a ayudarme, aunque a su particular manera.

Una vez que estuve frente ella, noté en su rostro un leve rictus de preocupación al haberme desaparecido de su presencia de la forma en que lo hice; sus manos se encontraban entrelazadas a la altura de su estómago y sus dedos se movían con nerviosismo, el cual trataba de disimular con dificultad.

_No te preocupes, Fluorite, estoy bien; sólo vine a revisar que esta habitación estuviera lista para ser utilizada, y en efecto, así es... Puedes pasar la noche aquí, y mañana temprano hablaré con el Patriarca; él no tendrá ningún inconveniente de que te quedes en el Santuario, y creo saber dónde podría ubicarte de manera que estés a gusto y puedas continuar con tus proyectos personales _ , respondí a la joven francesa, intentando controlar mi turbación emocional ante cada palabra que pronunciaba, rogando ayuda a los dioses para mantener mis emociones a raya.

No sé cómo ocurrió o en qué momento pasó, pero en una fracción de segundo, Fluorite se había acercado a mí y, poniéndose de puntillas para poder alcanzar mi rostro, de improviso, depositó un dulce beso en una de mis mejillas, al mismo tiempo que susurraba con timidez:

_Muchas gracias, Degel..._ .

Aquel gesto de la joven francesa me descolocó por completo, sacándome de balance y acabando con el poco autocontrol que había logrado reunir momentos antes de que ella se presentara frente a la puerta de aquella habitación. Sin duda alguna, no me esperaba que tomara la iniciativa de esa manera, con esa dualidad única presente en ella, de la inocencia acompañada por la seducción innata, de la cual se desconocía poseedora. Mis ojos se abrieron de par en par al sentir sus aterciopelados labios tocar mi piel, y quedé petrificado por unos instantes que me parecieron eternos. Ella me miraba con un brillo en sus ojos del cual no me había percatado antes, y que hacía que éstos se asemejasen a un cielo de verano que reina resplandeciente luego de la lluvia; sus labios, que habían adquirido el color de las cerezas maduras, se curvaron en una cálida sonrisa.

Luego de observar aquello, no pude soportarlo más, terminaría con esta tortura. Mi autocontrol se extinguió en tan solo un parpadeo.

Aprovechando la cercanía que había entre nosotros, me acerqué a Fluorite y con una mano, la tomé con suavidad de la cintura y la atraje hacia mí para acortar aún más la distancia que nos separaba; no podía dejar de mirar sus ojos durante el transcurso de mis acciones. Con la mano que tenía libre, acaricié con delicadeza la nívea y sedosa piel de su mejilla, mientras ella entreabría ligeramente sus labios y me observaba con expectación. Inmediatamente, mis ojos se enfocaron en su boca, ¡la tenía tan cerca! . Tan sólo tenía que acercarme un poco más para poder probarla. Y así lo hice.

Como si estuviera en un sueño, mis labios rozaron los de Fluorite con timidez, pues temía en el fondo de mi alma, que ella me rechazara, por lo que una parte de mí se preparaba para eso. Pero nada de ello ocurrió. La joven francesa colocó una de sus manos sobre mi pecho y la otra sobre uno de mis brazos, correspondiendo a mi beso; ¡por todos los dioses! Aquellos labios que venían robándome el sueño durante varias noches, tenían para mí un sabor comparable al de la ambrosía de los dioses, por lo que aumentó mi deseo por saborearlos un poco más. El beso fue intensificándose, mientras nuestros labios danzaban al unísono al compás de una melodía silenciosa; una de mis manos que descansaba sobre el rostro de Fluorite, continuó su trayecto en dirección al elegante cuello de la joven, acariciando furtivamente, aquella piel tan blanca como la nieve, logrando hacer brotar un sensual suspiro de su garganta, el cual quedó ahogado en mis labios. Sentía mi corazón palpitar con fuerza dentro de mi pecho, y la temperatura de mi cuerpo incrementarse; sin dudas los labios de Fluorite están ejerciendo un poder sobre mí de tal magnitud, que roza lo adictivo. Podría quedarme el resto de mi vida deleitándome con su sabor, pero de repente, un destello de lucidez se hizo presente en mi cerebro, y me advirtió que tenía que detenerme. Si continuaba, perdería el control y arruinaría la reputación de la joven; no podía condenarla a eso, no lo merecía.

Poco a poco, la intensidad del beso fue disminuyendo, hasta que nuestros labios se separaron, con la misma lentitud con la que se habían unido; apoyé mi frente contra la de Fluorite y permanecimos unos segundos en esa posición con los ojos cerrados, esperando a que nuestra respiración volviera a adquirir sus características normales. Al abrir mis ojos, contemplé el rostro de la joven francesa, con las mejillas arreboladas y aquellos labios que habían adquirido la tonalidad rojo cereza; luego deposité un casto beso sobre su coronilla, y hablé:

_Descansa, Fluorite... _ ,fueron las palabras que salieron de mi boca luego de aquel maravilloso y único momento que habíamos vivido juntos, el de nuestro primer beso, tras lo cual me alejé a paso lento en dirección a mi habitación.

Una vez allí, cerré la puerta, apoyé mi espalda en la misma y me dejé caer al frío piso, deslizándome lentamente, mientras mi mente intentaba procesar lo que acababa de ocurrir entre Fluorite y yo. ¿Qué pasaría ahora con nosotros? Había traspasado un límite, y no sabía si iba a poder recomponerlo.

Parecía que el destino estaba insistiendo en cruzar mi camino con el de esta joven, a la que ya conocía desde que era una pequeña niña, y debo admitir que, desde que ella reapareció en mi vida, gran parte de la tristeza que había acumulado en mi interior por causa del amor no correspondido, se había quedado atrás sin siquiera darme cuenta. ¿Será que el destino está mostrándome que Fluorite es la mujer que sanará mi corazón?

CONTINUARÁ...