NO TE VAYAS

Llevé a Fluorite en mis brazos lo más rápido que pude al Santuario, para que recibiera la atención de los sanadores sin demora. Si bien mis compañeros me acompañaban en el camino, durante el trayecto me sentí el ser más solitario de todo el mundo.

Mi alma estaba embargada de temor, que había crecido hasta límites insospechados, y mi corazón acongojado y preso de la expectación de lo que pudiera pasar con la muchacha que alegraba e iluminaba mis días desde que había llegado a Grecia.

Me culpé internamente de su situación, aún sabiendo que lo ocurrido había sido algo fortuito; mi mente no había dejado de pensar ni un solo minuto en aquel desafortunado incidente y en la salud de Fluorite, y rogaba con todas mis fuerzas a los dioses para que salvaran su vida. Ella era tan joven... No merecía que sus días acabasen de esta manera tan injusta. Ella tenía muchas cosas por hacer, mucho por lo que vivir.

Con ese pensamiento en mi mente, finalmente arribamos al Santuario y nos dirigimos a toda velocidad a la casa del Anciano Sanador, donde éste se encontraba atendiendo unos heridos del ataque a Rodorio junto con sus aprendices, Pefko y Natalie.

En cuanto me vieron entrar con Fluorite en brazos y visiblemente malherida, los tres sanadores le dirigieron una mirada mezcla de sorpresa y preocupación, y el anciano me indicó que colocara a la muchacha en una de las mesas que eran utilizadas a modo de camilla. Deposité con sumo cuidado a la joven en el lugar indicado, mientras el Sanador y Natalie acudían a evaluarla y realizarle las curaciones de las heridas sufridas; mi amiga me pidió respetuosamente que saliera del lugar, puesto que era muy cercano a la paciente y el anciano necesitaba trabajar con tranquilidad en su caso.

Asentí ante la petición de Natalie, pues ella tenía toda la razón; mi presencia allí sólo entorpecería su trabajo. Me quedé esperando en las afueras de la casa del anciano Sanador, y mientras lo hacía, los nervios carcomían el interior de mi alma , al igual que mi corazón, el cual no había dejado de latir de forma desenfrenada desde que me había enterado de que Fluorite estaba en peligro. Una gota de sudor frío resbaló por mi frente y cayó al suelo, perdiéndose en el polvo de la tierra seca por el abrasador sol del verano griego que, implacable, ya se encontraba en el cénit.

Kardia se encontraba junto a mí, observándome caminar de un lado a otro, presa de la impaciencia de no tener alguna noticia del estado de la joven francesa conforme iban pasando los minutos. Él también lucía un rictus de preocupación en su rostro, lo cual no era nada habitual en él, puesto que no le temía a nada y no se preocupaba por nada, ya que siempre se jactaba de vivir la vida al máximo sin importar si encontraba la muerte a la vuelta de la esquina; a pesar de que intentaba ocultar la expresión preocupada de su rostro con sus habituales comentarios mordaces y bromas, pude darme cuenta de que él no era el mismo, algo había cambiado.

_Vamos, Degel, no te agobies, verás como tu francesita estará bien... Es joven y fuerte, de seguro sobrevivirá a esto y podrán continuar su camino juntos... _ , exclamó Kardia mientras me daba una palmada en la espalda para intentar confortarme al verme tan atribulado.

_Confío en que los dioses protegerán a Fluorite y no la dejarán perecer a manos de aquel espectro... Tú también lo viste, ¿no es así, Kardia? Era como si ese ser se hubiera ensañado con ella... no lo entiendo... ¿Qué interés podría tener uno de los sirvientes de Hades en una jovencita que ni siquiera es de por aquí? Apenas hace poco tiempo que llegó a Grecia... _

_Sí, también lo ví, amigo, y tuve exactamente la misma impresión que tú_ , respondió el escorpiano llevándose los dedos índice y pulgar a la barbilla en una actitud pensativa. _Sea lo que fuere, te prometo, Degel que yo encontraré a ese espectro y lo traeré ante ti para que tú mismo le pongas fin a su vida... ¿es lo que quieres, o vas a negarlo? _ .

Lo miré con seriedad y decisión, al tiempo que asentía como respuesta a la pregunta que me había formulado, luego de lo cual cerré mis ojos, bajé mi cabeza y tomé el puente de mi nariz haciendo una pinza con mis dedos, intentando inútilmente serenarme y alejar la jaqueca que se había instalado imperceptiblemente en mí entre tanto predicamento.

En ese momento, escuché el ruido de una puerta abrirse, lo cual desconectó mis pensamientos de venganza hacia el espectro y me trajo de vuelta a la realidad; alguien salía de la casa del anciano sanador, tal vez para informarnos del estado de Fluorite.

En efecto, la persona que había salido de la casa era Natalie, que se acercaba a nosotros con su uniforme blanco inmaculado, el cual parecía emitir un brillo sobrenatural con el reflejo de la luz del sol, lo que le daba un aspecto de una ninfa o semidiosa. Era bella, mucho más de lo que ella se imaginaba, pues nunca le había dado importancia a esas cosas, y su inteligencia que la destacaba sobre el resto de las mujeres de la época... Se veía imponente, tan segura de sí misma, tan distante de aquella muchacha triste y un tanto insegura que acudíapor las tardes a mi biblioteca... Sin duda alguna, la influencia de Ásmita ha sido buena para ella, ha fortalecido su autoestima y eso se notaba de sobremanera. En mi interior, me alegré por aquel cambio, y también me asombré que la joven todavía lograba despertar ciertos sentimientos y admiración en mí, mientras fugazmente recordaba la conversación que había tenido con él una tarde en la entrada del Templo de Virgo, donde me confirmó que efectivamente, correspondía a los sentimientos que Natalie había desarrollado por él.

Ese día, mi corazón y mis ilusiones se habían roto en mil pedazos, pero a partir de allí fue que decidí dejar de ser aquel hombre que se ocultaba tras una máscara de frialdad y buscar la felicidad en mi vida, si es que los dioses la tenían reservada para mí, junto a Fluorite. Desde ese entonces, ella llenaba mis días y mis noches, y ocupaba todos mis pensamientos, así como en estos momentos es en lo único en lo que puedo pensar. Esa muchacha poco a poco, ha ido derritiendo el hielo con el que había blindado mi corazón, y con su ternura e inocencia se fue ganando mi cariño y admiración y... En estos momentos, puedo afirmar que no podría concebir mi vida sin ella... Si la perdiera, se llevaría los colores de mi mundo, me dejaría sin luz, sin claridad, sumido en la más absoluta oscuridad. No poder ver sus ojos de cielo frente a mis ojos, sólo vacío y soledad...

Apreté uno de mis puños con fuerza a uno de los lados de mi cuerpo, al mismo tiempo que elevé mi cabeza hacia la sanadora, para escrutar con mis ojos algún gesto que me brindara un indicio de cómo se encontraba Fluorite. Para mi desgracia, la joven no dejaba traslucir ninguna emoción a través de su rostro juvenil, tal como demandaba su trabajo; se colocó frente a nosotros mientras mesaba su delantal blanco, el cual llevaba sobre su vestido, y luego comenzó a hablar:

_Degel, hemos examinado a Fluorite junto con el Sanador... Tiene heridas en varias zonas del cuerpo, excoriaciones de distinto grado, de las cuales ya nos hemos encargado de realizar las curaciones...Su examen físico nos hace pensar por el momento que no tiene lesiones en órganos vitales. Pero lo que más nos preocupa es su estado de conciencia... Producto de los golpes recibidos por los escombros que han caído sobre ella y que seguramente golpearon su cabeza, causándole una fuerte contusión, por lo cual ella no despierta aún... Debemos mantenerla bajo observación y vigilar sus signos vitales y su evolución... Es lo único que podemos hacer por ella en estos momentos, esperar a que su cuerpo responda y despierte del estado de inconsciencia en el que se encuentra. Siento no poder ser de más ayuda, amigo mío... Debemos confiar en que saldrá adelante con bien de todo esto, pues es joven y fuerte, no pierdas las esperanzas _ , dijo Natalie mientras colocaba sus manos sobre las mías para tratar de animarme, más el escuchar que Fluorite se encontraba inconsciente y que obviamente no se sabía cuándo iría a despertar, llenó mi corazón nuevamente del temor a perderla. Había leído libros de medicina que tenía en mi biblioteca, y tenía conocimiento de que algunas personas entraban en aquel estado y que no habían podido despertar jamás. La desesperanza estaba comenzando a calar profundo en el interior de mi alma, mientras la parte racional de mi cerebro intentaba arrojar una luz de esperanza sobre la situación; debía esperar, ella despertaría.

Agradecí a Natalie sus palabras y su amabilidad al tratar de brindarme ánimo, y luego le pregunté si podía pasar a ver a Fluorite, a lo cual ella accedió.

Ingresé en la casa del anciano sanador y me dirigí hacia la pequeña cama en la cual había sido colocada la joven francesa, tomé una silla y me senté a su lado, al mismo tiempo que tomaba una de sus manos. Se veía como si en realidad estuviera dormida.

Tan frágil, tan inocente, ajena a la maldad de este mundo corrompido por la violencia.

Sus labios rosados permanecían ahora cerrados, ligeramente pálidos, al igual que sus ojos, cubiertos por párpados decorados por una hilera de doradas pestañas. Su piel aterciopelada lucía ahora del tono blanquecino de la porcelana, sólo interrumpido su tono por la tonalidad rojiza de las excoriaciones que surcaban por su brazos, su frente y una de sus mejillas, y de los hematomas violáceos que tenían la piel de sus miembros.

Al verla en aquel estado, sentí que el corazón se me hacía añicos; la culpa me azotaba en cada uno de los rincones de mi mente. ¿Por qué no estuve ahí para protegerla? Se suponía que yo era su protector, siempre lo había sido. Pero lo acontecido sólo me señaló lo mal que había estado haciendo mi trabajo.

Mis ojos se humedecieron ante la visión de la muchacha inconsciente; bajé mi cabeza y apoyé mi frente al lado de su cuerpo, a la altura de su cadera, mientras imperceptiblemente, una lágrima se deslizaba por una de mis mejillas.

_Por favor, Fluorite, tienes que resistir, debes ser fuerte y despertar... Tú eres una mujer fuerte, una luchadora, jamás te has dejado vencer por la adversidad que encontraste en tu camino, y esto solamente debe ser algo pasajero. Sé que te pondrás bien y que saldrás adelante, puesto que tienes muchísimas cosas que hacer en este mundo todavía, y yo me encargaré de que puedas cumplir cada una de ellas, sólo... quédate conmigo... _ .

CONTINUARÁ...