TÚ Y YO... Y LO DEMÁS
¡Oh, Dios mío! ¿Realmente estoy despierta? ¿Realmente estoy escuchando esto? ¿O es otro de los tantos sueños que había tenido, en los cuales fantaseaba con escuchar aquellas ansiadas palabras de sus labios? Me parece algo increíble. Quisiera pellizcarme para comprobar si esto está sucediéndome.
Estoy estupefacta ante la declaración de Degel; ¡él me ama! Siento que mis ojos se humedecen producto de la gran emoción que me embarga en este momento, y que el corazón está a punto de estallarme por la inmensa felicidad que ha comenzado a crecer en mi interior. Degel me observa con una mezcla de emoción y algo más que no puedo descifrar, mientras acaricia mi mejilla para secar una lágrima que se deslizaba furtivamente. Puedo sentir el toque de su piel, para nada frío, al contrario, la calidez de su mano es muy reconfortante, y no puedo evitar pensar en que podría quedarme así, congelando este momento entre los dos para siempre.
_Fluorite, dime por favor que no estás llorando por mi causa... No quiero que derrames ni una sola lágrima..._ , me dijo Degel con suavidad, mientras me miraba con ternura inusitada y continuaba secando las lágrimas que brotaban sin permiso de mis ojos, al mismo tiempo que le proporcionaba delicadas caricias a mis mejillas.
_Y-Yo... Lo siento, es que estas lágrimas que ves no son de dolor o tristeza... Son lágrimas de felicidad... He soñado con este momento desde que era una niña, y en el instante en que esas simples palabras salieron de tu boca, mi vida entera pareció adquirir sentido... Degel, llevo esperándote toda mi vida... Te amo desde el primer momento en que apareciste en mi vida como un valiente caballero, gallardo y apuesto, y me salvaste de un destino cruel... ¿Sabes? Cuando te vi aquella noche aparecer por la puerta de la mansión de Madame Garnet, mi corazón dió un vuelco dentro de mi pecho puesto que jamás había visto a un caballero que se comportara con tanta valentía y fuera capaz de defender a una simple sirvienta de los maltratos y abusos a los cuales las personas adineradas tienen para con sus criados... Además fue allí donde pude ver tu interior, y no es para nada frío, al contrario, tu alma rebosa de generosidad y amor al prójimo. Fue entonces en ese momento que lo supe: mi corazón ya tenía dueño. Y si bien en esa época era sólo una niña, sabía que lo que había comenzado a sentir era especial. Te quería para mí en ese entonces, al igual que ahora. Y al notar aquella noche que ibas acompañado de una dama tan elegante y bella como la que caminaba a tu lado sujeta de tu brazo, sentí que algo dentro mí se hacía trizas... La tristeza me invadió al darme cuenta que tú nopodrías verme jamás de la manera en como yo te veía, puesto que seguramente esa mujer era tu prometida. Mis ilusiones infantiles se esfumaron ante lo que tenía ante mis ojos... ¿Cómo podrías verme como una mujer? Me sentía completamente insulsa, tan común y corriente; en cambio ella tenía el porte de una princesa salida de un cuento de hadas... Cuando pienso en ello, una parte de mí todavía piensa que no soy lo suficientemente buena para ti... Por eso es que se me hace muy difícil creer que las palabras que salieron de tus labios sean ciertas para mí... _ .
Degel me dedicó una mirada llena de ternura, mientras negaba con su cabeza; luego colocó una de sus manos en mi barbilla y la elevó con suavidad para que lo mirara a los ojos.
_Mírame, Fluorite... Entre la señorita Serafina y yo jamás ha habido nada que no fuera una bonita amistad, y si bien es cierto que es una mujer hermosa, nunca podría verla de la manera en que tú piensas, puesto que es como una hermana para mí. Tú y ella son muy diferentes, pero te puedo asegurar que no existe ninguna mujer en el mundo que pueda compararse contigo... Eres lo que le hacía falta a mi vida, la única a la que quiero a mi lado y a la que quiero contemplar a los ojos cada vez que los rayos del sol de un nuevo día se asoman en el amanecer... Nadie puede ni podrá jamás igualarte en tu tenacidad, tu valentía y tu belleza. Me enamoraste con cada una de tus acciones, tus gestos tan femeninos y delicados y tus ojos azules como el cielo en una mañana de verano. Eres absolutamente única para mí... _ , me dijo Degel con seguridad en su voz sin dejar de mirarme con sus maravillosos orbes que brillaban cual amatistas.
Sentí que una lágrima volvía a deslizarse furtiva por una de mis mejillas, y mi mente pensaba todavía incrédula en la veracidad de este momento... Es sólo que me han pasado tantas cosas malas en mi vida, que cuando algo marcha bien me parece totalmente irreal, como si no fuera merecedora de cosas buenas...
Una vez que Degel dejó salir esas últimas palabras para intentar infundirme la seguridad que quería transmitirme a través de ellas, se inclinó sobre mi rostro rozando suavemente mis labios con los suyos, mientras aspiraba el aroma a violetas de la piel de mi cuello, que había comenzado a percibirse al evaporarse las gotas de agua de colonia debido a lo acelerado de mi pulso carotídeo. Noté que su respiración aumentaba su frecuencia, y su cálido aliento acariciando mi piel, estremeciéndome y haciendo que mis sentidos despertaran de su letargo. Por Dios, no me había dado cuenta de que había pasado mucho tiempo sin tenerlo cerca, sin sentir sus labios sobre los míos , sin sentir este deseo por él que me quema por dentro. Mi mente ha empezado a perturbarse con su cercanía, y es entonces que dejo de pensar. Con los ojos cerrados, busco sus labios con desesperación, y cuando los encuentro, me hundo en ellos como si toda mi vida dependiera de aquel beso.
Ahora sí he despertado.
Varios días después, en el Santuario fueron incrementándose las actividades debido a la Guerra Santa, mientras yo repartía mi tiempo entre ayudar al Patriarca con sus planes de sellar a los dioses gemelos y pasar tiempo con Fluorite. Si bien no desatendía mis deberes como caballero, descubrí que necesitaba pasar la mayor parte de mi tiempo con ella; era como si fuera el aire para respirar. Por eso, si no estaba en el Templo del Patriarca entre manuscritos y pergaminos antiguos o leyendo las estrellas, me encontraba junto a la joven francesa, con la cual día a día crecía esa relación tan estrecha que nos unía.
Ahora parecía tan lejano aquel momento en el que me había sumido en la tristeza por el rechazo de Natalie; durante mucho tiempo pensé que no iba a poder olvidarla ni desterrarla de mi corazón. Pero fui un iluso. La inexperiencia en cuestiones románticas me había hecho pensar de esa manera, pero descubrí que todo se supera, y que el corazón puede sanar si se encuentra la manera y a la persona adecuada.
Una tarde, me encontraba leyendo un libro sentado en mi sillón favorito en el pequeño salón junto a mi biblioteca, con una taza de café humeante a mi lado, mientras Fluorite escribía en mi escritorio un nuevo capítulo de su novela; de tanto en tanto, nos dedicábamos algunas miradas que variaban entre lo divertido y lo provocador, y estallábamos en risas que resonaban en la inmensidad de mi Templo. Adoraba escuchar a Fluorite reír; su melodiosa voz era para mí el sonido más hermoso del mundo, capaz de traer calma en mis momentos de intranquilidad.
Tomé un sorbo de mi taza de café y continué mi lectura, pero unos pasos apresurados y el tintineo de un metal impidieron que me concentrara en la historia que intentaba leer. No era común escuchar ruidos en mi Templo, siempre trataba de mantener un armonioso silencio ya que me ayudaba a pensar y a estudiar mis manuscritos; ahora que Fluorite se encontraba aquí conmigo sabía que había momentos en los cuales necesitaba tranquilidad para desarrollar mis tareas y lo respetaba. ¿Qué podría haber ocurrido?
Los pasos continuaron acelerándose a medida que pasaban por la escalera, hasta que finalmente se detuvieron en la entrada de mi Templo, luego de lo cual, la voz de un hombre comenzó a llamarme con insistencia, reclamando mi presencia con premura.
Un mal presentimiento se instaló de manera inexplicable dentro de mí, por lo que decidí enfrentar lo que sea que haya ocurrido; ya me decía Kardia que a los malos tragos había que pasarlos rápido.
Me levanté de mi sillón tras dejar la taza de café, todavía humeante en la pequeña mesilla de té, y me dirigí hacia la entrada de mi Templo. Antes de salir del salón, Fluorite me miró con genuina preocupación en sus ojos; ella también había notado mi malestar, por lo cual antes de salir de allí me susurró unas palabras que ayudaron momentáneamente a calmar mi ansiedad y me infundieron la fuerza necesaria para enfrentar lo que fuera.
_ Degel, por favor, ten mucho cuidado... _ .
Le devolví la mirada para transmitirle tranquilidad e incliné mi cabeza a modo de afirmación, tras lo cual salí al encuentro de aquel hombre.
Una vez frente a él, me di cuenta de que se trataba de uno de los guardias que custodiaban el Templo del Patriarca. Lucía muy nervioso y agitado producto del esfuerzo de haber realizado el trayecto desde el edificio papal hasta aquí corriendo.
_ ¡Señor Degel! ¡Gracias a los dioses que pude encontrarlo!, logró articular con gran esfuerzo el hombre, luego de lo cual hizo una pausa para tratar de llenar sus pulmones de aire antes de hablar otra vez.
_Cálmate, soldado, aquí estoy y no me iré a ningún sitio; puedes hablar. Dime ¿qué está pasando? ¿Por qué has venido con tanta prisa hasta mi Templo?_ .
_¡Señor Degel, ha ocurrido una desgracia! ¡El Patriarca Sage! ¡Lo han envenenado!_ , exclamó el soldado mientras el sudor perlaba su frente.
_¿Qué? ¿Pero cómo? ¿Quién fue capaz de cometer un crimen así?_ , atiné a responderle asombrado y nervioso al comprobar que mi mal presentimiento se había hecho realidad.
_¡Sólo sé que el Patriarca hoy por la mañana mandó a llamar a la aprendiz del anciano sanador y que le encargó unas medicinas, y que luego de tomarlas con su cena comenzó con fuertes malestares, Señor! ¡Mi comandante me ordenó que diera aviso a todos los caballeros dorados para que estén preparados para un eventual ataque del ejército de Hades, puesto que lo ocurrido prueba que el enemigo ha logrado introducirse en el Santuario con el fin de destruirnos!_ .
_¡Por Athena, esto es terrible!, solté sobresaltado al dejarme dominar por los nervios de la situación durante una fracción de segundo, luego de lo cual suspiré profundo y traté de serenarme para encontrar una rápida solución a este problema. _ Soldado, dime ¿han puesto a resguardo a la señorita Sasha? Si el enemigo ha ingresado en estos dominios, debemos hacer hasta lo imposible por protegerla_ .
_¡Sí, Señor! Ella permanece en estos momentos en el Templo de Athena, cuya seguridad ha sido duplicada!_ , respondió el soldado.
Asentí ante su respuesta, mientras mi mente pensó en aquel momento en la única persona que podía ayudar al Patriarca en esta situación.
Agradecí al soldado y le permití el paso a través de mi Templo para que pudiera dar aviso al resto de mis compañeros de armas; al parecer debíamos prepararnos para un inminente ataque.
Comencé a descender con rapidez las escaleras en dirección a la casa del Anciano Sanador para pedir ayuda; no pude evitar pensar en lo extraño de la situación que me había relatado el soldado. Sé que Natalie es incapaz de realizar un acto de maldad, su corazón y su alma son puros y su cosmos sólo irradia bondad.
Si lo que dijo el soldado es cierto, entonces habrá ciertas jerarquías militares que sin duda irán tras ella y querrán acusarla por intento de homicidio.
Nada de esto tiene sentido. Sé que ella es inocente, pero necesito pruebas para demostrarlo. Si Ásmita estuviera aquí, podría pedirle su ayuda para demostrar su inocencia y encontrar al verdadero culpable que sin dudas está tratando de inculpar a Natalie, aunque desconozco con qué finalidad, pero él se ha marchado a Jamir a cumplir con la que quizás sea la más importante de todas las misiones en esta Guerra Santa. Lo más triste de todo, es que no sé si volverá de aquel sitio...
Cierro los ojos durante unos segundos, sintiendo rabia e impotencia dentro de mí al pensar en la mala suerte que había tenido Natalie, que estaba por ser encarcelada injustamente por un crimen que no cometió, y que además, quizás sufriría el golpe más grande para su autoestima y su corazón.
Maldije para mis adentros, ella no merecía tanto sufrimiento, no podía creer que los dioses se empeñaran en hacerla tan infeliz. En ese momento, la imagen de Fluorite se cruzó por mi mente; con su mirada dulce e inocente, recordándome que no podía darme por vencido y que debía luchar para llegar a la verdad y así salvar a Sage.
Una vez que llegué a la casa del anciano sanador, entré sin golpear la puerta y me adentré en el pequeño salón principal donde se habían colocado varias camillas para atender a los heridos que dejara esta Guerra Santa. Miré a un lado y a otro y no encontré rastro alguno ni del anciano sanador, ni de Pefko y mucho menos de Natalie. Comencé a gritar su nombre con desesperación empezando a notar de nuevo aquel malestar que había sentido hacía apenas unos minutos.
Agasha se hizo presente, con los ojos húmedos y las mejillas mojadas; el ver su aspecto no hizo más que confirmarme lo que ya me temía.
Con voz temblorosa reflejando la angustia que sentía por su mejor amiga, la florista me dijo que unossoldados al mando del Comandante de los guardias del Santuario habían irrumpido en el lugar y que se habían llevado a Natalie bajo la acusación de haber conspirado para asesinar al Patriarca.
Una punzada de dolor me atenazó el alma, al escuchar que de nuevo el destino estaba siendo demasiado cruel con mi amiga. Agasha continuó su relato diciéndome que tanto el Anciano Sanador como Pefko habían salido temprano en la mañana con dirección a Rodorio, para abastecerse de insumos que necesitaban para la atención médica y que se habían terminado con el aumento de la afluencia de heridos con motivo de la Guerra Santa.
¡Por todos los dioses! Eso quería decir que no había ningún sanador en el Santuario, y que la única que había ahora se encontraba encarcelada en una fría y solitaria celda en algún rincón de este vasto recinto. Silenciosamente, elevé una plegaria a Athena para que le conceda a Sage la fortaleza de sobrevivir mientras lograba encontrar a Natalie, la única capaz de ayudarlo en estos momentos.
Agasha me miró con lágrimas en sus ojos y me suplicó que hiciera lo posible por liberarla y demostrar su inocencia, puesto que la joven sanadora tenía pensado en partir hacia Jamir una vez que terminara su trabajo diario para poder estar junto al caballero de Virgo, el hombre al que amaba, antes de que llevara a cabo la que quizás sea su última misión.
Miré a la florista a los ojos y le prometí que lograría liberar a Natalie y atrapar al verdadero culpable de este atentado.
Salí a toda velocidad en dirección al Templo del Patriarca; tenía que dar con el sitio donde tenían a los prisioneros. Pensé dónde podrían haber llevado a mi amiga, y no creía que fuera al mismo lugar adonde llevaban al resto de los maleantes que eran aprehendidos en las calles. Dejé de elucubrar suposiciones y decidí ir a ver a Sage; tenía que asegurarme de que aún estuviera con vida y, de ser así, hablar con él; tal vez el sepa dónde llevaron a Natalie.
Con el corazón y la respiración acelerados por la carrera a toda velocidad que había realizado, llegué a la entrada del Templo del Patriarca decidido a verlo. Los soldados y guardias que formaban parte de la custodia personal de Sage me impidieron el paso, aduciendo que debido al atentado en su contra, nadie estaba autorizado a ver al Patriarca hasta que se lograra dar con todos aquellos involucrados en la conspiración para asesinarlo. Intenté entrar en razón con ellos y solicité ingresar valiéndome de mi rango como caballero dorado y mi estrecha relación con el Patriarca que había desarrollado al ayudarlo con la lectura de las estrellas. Gracias a los dioses, me escucharon y me concedieron el paso al interior del Templo; a grandes zancadas me dirigí rumbo a los aposentos de Sage, pero por desgracia no tuve la misma suerte con los soldados en las afueras de la recámara papal.
Al verme llegar, se dispusieron en fila delante de la puerta y cruzaron sus lanzas metálicas en mi camino para impedirme el paso. Hice el esfuerzo de razonar con ellos para que me dejaran ingresar a ver al Patriarca, pero no parecían dar el brazo a torcer. Me trabé en una acalorada discusión con el líder a cargo del grupo de soldados que se encontraban vigilando la puerta de la habitación del antiguo caballero de Cáncer, exigiéndole pasar y comprobar personalmente su estado de salud. Por un instante fugaz, la ira contra ese hombre me dominó al ver que no estaba respondiendo a la razón, y por tal motivo, le asesté un golpe en el rostro, derribándolo sobre los hombres a su cargo, quienes al intentar socorrer a su líder, bajaron la guardia y aprovechando su descuido, logré ingresar en la recámara.
Una vez en el interior, cerré la puerta por dentro para que nadie pudiera interrumpir la conversación que quería tener con el anciano. Giré sobre mis pies y me dirigí hacia el cuerpo que se encontraba reposando sobre la amplia cama con dosel.
Sage se veía sumamente deteriorado, como si ahora se hicieran notorios los más de doscientos años de edad que soportaba su cuerpo. Tenía sus ojos cerrados, una palidez mortecina cubría su apergaminado rostro, y el sudor empapaba su frente, pegando a su piel cual si fueran hilos de plata algunos de sus blancos cabellos. Era evidente que le estaba costando respirar. Un paroxismo de dolor hizo que su cuerpo se retorciera, doblándolo mientras se llevaba las manos al abdomen, sacándolo así del estado de inconsciencia en el que se encontraba.
Me acerqué a él y le tomé una de sus manos, estaba helado.
_Patriarca, estoy aquí a su lado, con usted; no permitiré que nadie lo lastime _ , le aseguré, tratando de mantener la voz firme y venciendo de esa manera el nudo que se había formado en mi garganta debido a la impresión que me causó el hacer visto el estado en el que se hallaba el hombre que me había recibido cuando era un niño y que me había tratado como un verdadero padre; ese hombre que se veía tan fuerte a pesar de los años y que ahora, estaba debatiéndose en una cama entre la vida y la muerte. Me partía el alma verlo así.
Sage abrió los ojos al escuchar mi voz; el cansancio de su alma empezaba a pesarle demasiado.
_Degel, muchacho... _ , dijo el anciano con mucho esfuerzo.
_Aquí estoy Patriarca, dígame ¿qué ha sucedido?_ .
_Degel, el enemigo ha logrado introducirse en el Santuario... Han intentado envenenarme utilizando las medicinas que le pedí a Natalie que preparara para aliviar mis malestares producidos por el constante estrés al que estoy sometido por esta Guerra... _. Sage hizo una pausa para respirar, luego continuó su relato. _Han intentado matarme, pero ella es el verdadero objetivo... Sé que en este momento lo que digo no tiene ningún sentido para ti, pero te prometo que hay una explicación para esto y la tendrás. Degel, tienes que encontrarla... Encuéntrala y llévatela de aquí antes de que sea demasiado tarde... He escuchado una conversación de los guardias donde han dicho que la tienen en los calabozos... ¡Debes ir por ella ahora!, exclamó con énfasis en las últimas palabras.
En mi mente miles de interrogantes comenzaron a surgir; necesitaba respuestas, pero ahora no era el momento para exigirlas. Asentí ante aquella desesperada petición de Sage, y luego lo ayudé a que bebiera unos sorbos de agua; no quería dejarlo solo en esa delicada situación en la que se encontraba. Como sabiendo lo que estaba pensando, el Patriarca me miró a los ojos y por una fracción de segundo volvió a ser el hombre fuerte de siempre.
_¡No te preocupes por mí, sólo soy un anciano que ya ha vivido demasiado, pero ella tiene el futuro en sus manos; es imperativo que sobreviva! ¡Ve, corre!! _ , vociferó Sage con las pocas fuerzas que le quedaban.
Enseguida me puse de pie y previa reverencia, me dí la vuelta y caminé con rapidez rumbo a la puerta de la habitación para así cumplir con la orden del Patriarca. No podía evitar pensar inconscientemente en lo que acababa de escuchar; había cuestiones que Sage había resguardado celosamente y que no había revelado a nadie, seguramente porque eran asuntos sólo inherentes al Patriarca. Pero eso no era suficiente para aplacar mi enorme curiosidad. ¿Por qué él me había dicho que Natalie era el verdadero objetivo? ¿Qué motivo podría tener el ejército de Hades para ir a por ella? ¿Qué significaba que esa joven tuviera el futuro en sus manos? Eran demasiados interrogantes, pero confiaba en que Sage me daría una explicación para todos ellos, lo prometió.
Al salir de los aposentos papales, los soldados me miraron con dureza y les dirigí mi típica mirada glacial junto con la orden de que cuidaran del anciano líder y que buscaran a los demás sanadores lo más pronto posible.
A paso firme me dirigí en dirección a los calabozos, situados en lo más profundo de los sótanos del Templo del Patriarca; un lugar frío y solitario, así como lúgubre, donde nunca llegaba la luz del sol. Nunca había estado en ese lugar y sólo conocía sus características por lo que había oído.
A cada paso que daba, pensaba en lo mal que debía estar pasándola Natalie en ese sitio, al igual que el papel que jugaba ella en todo esto, pues era evidente que su destino estaba entrelazado con la Guerra Santa, aunque aún no sabía cómo.
CONTINUARÁ...
