Los personajes de Candy Candy no me pertenecen.
Historia sin fines de lucro.
Historia creada en conjunto por Esmeralda Graham y Primrose para la guerra florida 2020 y el grupo de Las divinas místicas de Terry
El último aliento
Capítulo 10
El culpable soy yo
– ¡Archie! – exclamó Patty sorprendida al escuchar su voz al otro lado de la línea.
– ¿Cómo estás Patricia? – inquirió el hombre, nervioso tan solo por escucharla.
– Estoy…– carraspeo Paty al tiempo que se llevaba una mano al pecho como si con esa acción pudiera calmar los latidos desbocados de su corazón – estoy bien, gracias, ¿A qué debo tu llamada? – preguntó la chica recuperando su autocontrol.
– Disculpa que te moleste Patricia no es mi intención importunar – manifestó Archie al escuchar el tono un poco áspero por parte de su interlocutora.
Patty cerró los ojos en un intento por contener el sollozo que estaba a punto de salir por su garganta.
– Está bien Archie, ¿En qué puedo ayudarte? – cuestionó después de un momento.
– En realidad yo… bueno...– el joven tartamudeaba al no saber exactamente qué decir.
Sentado en su silla de piel Archibald Cornwell se masajeaba el tabique de la nariz, ¿Para qué demonios es que le había llamado a Patricia?
– Quería saber si están bien, si Martha ya se recuperó de su gripe – argumentó.
– ¡Ah! Eso – respondió la castaña desilusionada – ella está bastante bien, gracias.
– ¿Patty?
– ¿Sí?
– Neil va ir a Florida.
– Ajá.
– Ten cuidado con el ¿Quieres?
– ¿Por qué?
– Ha externado cierto interés hacia ti.
– ¿Neil? ¿Por mí? – la carcajada que Patty dejó salir molestó sobremanera a Archibald.
– No me parece gracioso Patricia, Neil se ha dedicado a perseguir muchachas y desecharlas como si fueran un objeto, al parecer tiene en la mira una nueva víctima.
– ¿Y esa soy yo? ¡Por favor! ¡Jamás he entablado plática con Neil ni le he dado motivos!
– ¡Eso no es cierto! – Archie se puso de pie molesto – estaban muy platicadores la cena de año nuevo, creo que hasta bailaste con él – reclamó.
– ¡Discúlpame Archibald, pero unas cuantas palabras que intercambie con él no es una plática! Además… ¡A ti qué te importa!
– ¡Me importa porque…! Porque… ¡Con un carajo Patricia!
– ¡Modera tu lenguaje conmigo! Y si no tienes nada mejor que decir pues...pues … ¡Adiós y… no vuelvas a llamar! – y la chica colgó el teléfono furiosa.
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Patty había quedado algo irritada por la llamada recibida de Archie hacía unos minutos, sentada en la biblioteca revisando unos documentos pensaba, creyó inocentemente que él hablaba para saludarla, tal vez arreglar su amistad, pero no, el muy tonto sólo le habló para advertirle del viaje que realizaría Niel, ¿Qué fin tenía esa llamada? ¿Advertirle? ¿Pero quién se creía él en tratar de meterse en su vida? Él tenía la suya y no sabía cómo resolverla, además solo la estaba confundiendo y alterando su corazón, en un principio ella pensaba que Archie solo quería saber de ella por el amor que le tuvo a Stear, como si tuviera obligación de estar al pendiente, se llevó la mano a la boca al recordar al chico de mirada amable tras esos anteojos, su cabello oscuro siempre despeinado por haber estado trabajando en un experimento, sonrió al recordarlo manchado de grasa u alguna otra cosa con la que estuviera trabajando, un suspiro involuntario salió de su boca, ¿En qué momento comenzó a olvidar el recuerdo de su querido inventor y comenzó a mirar de otra forma al hermano de este? ¿Sería que ella le dio pie a Archie para actuar de esa manera? ¿Acaso era culpable? ¿Cuándo se volvió una descarada y permitió que entre ella y Archie hubiera pequeñas caricias y besos? Esos besos que le robaban sus noches y la mantenían soñando despierta, lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos al pensar en Annie ¿Cómo se había atrevido a faltarle al respeto a su amiga de esa manera? Sabía que definitivamente debía cortar todo tipo de comunicación con Archibald, sólo así no saldrían lastimados ninguno de los tres. Si eso es lo que debería hacer, tenía que darse la oportunidad y olvidarse, no de Stear, sino de su hermano, ese sería su propósito.
Recordando la conversación con Archie él le dijo que Niel vendría a florida, que estaba interesado en ella, tal vez esa era su respuesta le daría una oportunidad a Niel lo poco que habló con él le pareció cambiado, se veía más maduro trabajaba, no era el más guapo pero tenía su encanto, si esa era su tabla de salvación ella estaba dispuesta a subirse en ella, no quería arruinar la amistad y el matrimonio de sus amigos, no, ella no quería cargar con esa culpa.
Nueva York casa Grandchester
Después de tan penoso espectáculo Terry bajó las escaleras como tromba arrasando todo a su paso encerrándose en su estudio, Eleonor que bajó tras él casi recibe un portazo en la cara cuando Terrence cerró la puerta.
– Terry, hijo...abre por favor – pidió Eleonor tras su fracaso al intentar abrir.
– ¡Déjame sólo! – gruño Terry tras la puerta, golpeándola con los puños haciendo a Eleonor sobresaltarse ante la violencia que su hijo manifestaba.
– ¡Santo dios Terry! ¿Como puedo irme y dejarte en ese estado? ¡Si no me abres iré a buscar la copia de la llave! – insistió la rubia, si su hijo era terco, ella lo era aún más.
Tras unos momentos de espera Eleonor escuchó como la llave fue quitada, suspiró aliviada al tiempo que giraba la perilla, al entrar, enfocó su mirada azul en la amplia espalda de su hijo que parado junto a una mesa cerca de la ventana se servía un vaso de whisky.
La mujer no pronunció palabra alguna, se limitó a tomar asiento en una de las elegantes sillas apostadas junto al escritorio, quedando de frente a donde su hijo bebía de un solo trago lo que se había servido.
– He cometido la mayor estupidez de mi vida – habló Terry volviendo a llenar su vaso hasta el tope – ¿Porque cuando creo que al fin seré feliz me pasan estas cosas? ¿Tú lo sabes Eleonor?
– Dios nos pone muchas pruebas hijo, pero nada que no podamos superar.
– ¿Tú lo crees? – se carcajeo cínico – ¿En dónde estaba dios cuando confundí a la mejor amiga de mi mujer con ella y ahora está embarazada...de mí? – bebió de nuevo hasta el fondo.
Eleonor quedó tan blanca como un papel, muda, sin una palabra que decir.
Chicago, unos días antes.
Ya era bastante entrada la tarde cuando Maggie llegó con el encargo de su señora, la chica, desde que sabía del embarazo de esta tenia los nervios de punta pues siempre estaba en alerta, no quería cruzarse con su patrón por miedo a delatarse con tan sólo una mirada, por lo que, cuando llegó primero se aseguró que el señor Archibald no estuviera y así poder subir a la habitación de su señora.
– Adelante – se escuchó la voz de Annie al otro lado de la puerta después que Maggie tocó quedamente – ¡Maggie! – exclamó la ojiazul poniéndose de pie pues estaba sentada frente al espejo, arreglándose para la pronta llegada de su esposo – ¿Conseguiste lo que te pedí? – fue lo primero que dijo la pelinegra al verla ingresar a su habitación.
– Sí señora aquí lo tengo – la chica comenzó a sacar los frascos de su pequeño bolso.
– Muy bien, gracias Maggie – los ojos de Annie brillaron triunfantes – ahora escucha, pon mucha atención, quiero que antes de que se sirva el postre ya hayas preparado la tisana, veré entretener a la cocinera para que puedas prepararla y tú personalmente se la entregarás a mi marido.
– ¿Yo? – la chica la miraba asustada por la petición.
– Claro tú eres la única en la que confío.
– Pero señora... el señor… sospechara si solo a él doy el té.
– Obviamente llevarás dos tazas la mía será de manzanilla y la de Archie será el que tú habrás preparado – aún dudosa la chica accedió a lo que su señora le pedía que hiciese.
Unas horas antes…
– ¿Pero qué rayos pasa con ella? – se cuestionó Archie furioso por la forma tan abrupta en que Patricia cortó la llamada.
¡El solo quería que ella estuviera enterada de las malas intenciones del estúpido de Niel! y ella… ¿Le contestaba de esa manera? Se dejó caer en el respaldo de su silla, se masajeó las sienes cerrando los ojos por un momento para serenarse, al cabo de unos minutos ya más tranquilo prosiguió con su trabajo, estaba revisando unos documentos, levantó la vista y miró el reloj que colgaba en una de las paredes de su oficina, al hacerlo se dio cuenta que ya era hora de marcharse a su casa para la cena que su esposa le había organizado, debía de calmarse si no quería estropearlo todo y terminar peleando con Annie, debía reconocer que ella estaba poniendo todo de su parte, así que respirando profundamente tomó sus cosas y se retiró rumbo a su hogar.
Al mismo tiempo que Archie cerraba la puerta para irse, otra se abría, de ella salió un hombre alto y pelirrojo, Neil Leagan, quién estaba terminando su reunión con Albert, mientras el hombre caminaba hacia la salida iba pensando, planeando cómo tener contacto con Patricia O'Brien en cuanto llegará a Tallahassee y así con sus encantos de caballero pensaba encandilar a la dulce y deseable Patty, usualmente era un holgazán para las cuestiones de trabajo pero, esta vez tenía que comportarse y hacer todo lo que su padre y el vagabundo del tío William le pedían ya que así demostraría que era capaz de ir a supervisar el hotel, y no era tanto por el trabajo que quería estar en esas tierras calientes sino por estar cerca de esa chica que había venido a alborotar sus hormonas, al recordarla una corriente lo recorrió, pensar en el color de su piel, su aroma dulce, ese talle pequeño y sus atributos femeninos… si pudiera probarlos...el hombre se preguntó ¿En qué momento la ñoña de Patty había cambiado para convertirse en esa mujer que había provocado sus más lujuriosos pensamientos? Rio para sus adentros, si Archibald leyera su mente seguro pondría el grito en el cielo ¿Llegaría este a oídos del difunto Stear? Se santiguó burlón.
– Ni modo primito, el muerto al pozo y el vivo… ¡Ahhh! En unos días más estaré contigo dulce Patty – dijo en voz alta al verse solo, ya en la calle a punto de abordar su auto.
Residencia Cornwell-Brighton 8:00 p.m.
Con todo listo para una velada romántica Annie bajó al comedor para esperar a Archie quien, como prometió llegó temprano y estaba en su recámara terminando de vestirse, ella hubiera preferido que él fuera por ella y bajarán juntos, pero... prefirió esperar abajo.
La mujer de ojos azules escuchó los pasos firmes de su marido, presurosa se apostó bajo el arco de entrada al comedor, mientras Archie se acercaba ella lo contempló embelesada, ¡Él estaba maravilloso! Su porte siempre elegante, tan alto que, aunque ella usara zapatillas de tacón apenas y le llegaba a la barbilla, sus ojos color miel que cuando le hacían el amor parecían brasas doradas al mirarla, se sintió acalorada tan solo de pensar en lo que les esperaba más tarde.
– Buenas noches – saludó Archie al llegar junto a Annie que lucía preciosa con su vestido color azul marino, el escote cuadrado bordado en las orillas con fino canutillo dorado hacían resplandecer la piel de su pecho con sus destellos al chocar con la luz de la lámpara en el techo, su rostro maquillado con sencillez hacían resaltar la belleza natural de la que su mujer era poseedora, se sintió afortunado de tener una mujer tan bella a su lado y a la vez un canalla por desear a otra, aunque esta otra era tan o más hermosa que la misma Annie – estás preciosa – la halagó tratando de alejar de nuevo la imagen de Patty de su mente.
– Gracias – respondió Annie nerviosa – tú también te ves muy bien – respondió al halago – ¿Pasamos a cenar? Tengo hambre – invitó.
Archie ofreció su brazo, Annie se enganchó a él para juntos caminar hacia la mesa.
La servidumbre que esperaba de pie en las esquinas los miraba con admiración, la pareja sin duda era la imagen de la elegancia.
Archie cortésmente jaló la silla para que su esposa tomara asiento, el por supuesto, tomó su lugar a la cabecera.
Una vez acomodados a una señal de Annie los empleados se dispusieron a servir los alimentos.
La velada se llevó a cabo de manera amena, plática banal, alabanzas por la deliciosa comida y el ambiente acogedor.
La hora del postre llegó, Annie, como había acordado hizo que la cocinera se quedara varios minutos en el comedor, la entretuvo pidiéndole que le contara a su esposo como es que la ayudó a hacer el pastel de fresas con chocolate tan delicioso que estaban por degustar.
El tiempo fue suficiente para que Margareth preparará lo que su patrona le ordenó, para cuando la cocinera se retiró el pastel estaba siendo prácticamente devorado por Archibald, en silencio y evitando en todo momento mirar a su patrón la mucama dejó la bandeja cerca de Annie, con una disimulada señal de su mano la chica indicó cuál era la taza de Archie y se retiró con rapidez.
– Tu té querido – ofreció Annie colocando la taza cerca de su esposo.
– Gracias, todo ha estado delicioso – dijo el hombre limpiando la comisura de sus labios con la servilleta.
– Estoy muy contenta por eso, me esforcé mucho, quiero que a partir de ahora todo sea como antes o mejor todavía – comentó Annie tomando la mano libre de su esposo acariciando su dorso con el pulgar.
Archie aceptó la caricia, galante tomó la delicada mano para llevársela a los labios y así depositar un beso en la palma de Annie quien tembló de anticipación al sentir la humedad de la boca de su marido, él por supuesto sintió como Annie vibraba ante su toque.
Nueva York, casa Grandchester
Habían pasado cerca de dos horas desde la discusión con Terry, el silencio reinaba en la casa, la respiración acompasada de Evan después de mucho llorar otorgaron a Candy un respiro, después de arroparlo la rubia salió de la recámara, echó un vistazo a la suya, no había nadie, sigilosa avanzó por el pasillo, llegó hasta el inicio de las escaleras buscando alguna presencia pero no había nadie, bajó los escalones hacia el salón central de la casa, solo una lámpara estaba encendida, la que daba al estudio de Terry, con un nudo en la garganta la rubia siguió su camino, antes de abrir la puerta acercó su oído, nada, ni voces ni nada, abrió despacio encontrando la habitación iluminada solo por la luz de la chimenea, en el sofá junto a la pared de la derecha Eleonor batallaba al tratar de quitarle los zapatos a su hijo.
– Deje, yo lo hago – dijo Candy acercándose – yo me encargo de él, vaya a descansar – dijo al tiempo que con habilidad subía los pies de Terrence – sé que le debemos muchas explicaciones señora Baker, le prometo que mañana hablamos – había súplica en la mirada verde.
Eleonor asintió, prefirió no decir nada acerca del asunto, salió del lugar no sin antes regresar la mirada hacia sus hijos, a pesar de la gravedad de lo que estaba pasando ahí estaba su nuera, atendiendo a su esposo que casi había acabado con la reserva de whisky de la casa y ahora yacía completamente dormido.
Candy despojo de zapatos, calcetines y corbata a su marido, lo acomodó lo mejor que pudo y antes de retirarse a buscar una manta para taparlo se sentó junto a él, le acarició el cabello, la mejilla, delineó sus labios al tiempo que otro torrente de lágrimas salían de sus ojos.
– ¿Porque Terry? ¿Porque nos hacen esto? ¿Qué culpa estamos pagando para que no nos dejen ser felices? O es que acaso ¿La culpable soy yo? ¿Por ser tan confiada? ...
Tras acomodarlo lo mejor que pudo Candy se marchó dejando a su esposo dormido en el estudio, arrastrando un poco los pies por el cansancio se dirigió a la habitación de Evan.
Antes de ir a la habitación de su hijo entró a la suya para recoger su camisón y ropa para ponerse al día siguiente, se le erizó la piel al ver la cama que compartía con Terry, todavía la noche anterior ella se había perdido entre sus brazos pasando una noche igual o más maravillosa que siempre, de repente la visión de su esposo haciendo lo mismo con Annie le revolvieron el estómago al punto de tener que correr al baño. Un sabor amargo se le quedó en la boca al sacar prácticamente hasta los intestinos, se enjuagó bien, se lavó la cara y salió de ahí, recogió la ropa que había dejado caer evitando mirar de nuevo la cama, sentía una especie de hormigueo que la desesperó, corriendo dejó la recámara para ir a la de Evan que, después de tremendo susto logró tranquilizarlo, al acercarse a su cuna el bebé dormía pero aún salían de su pequeña boca suspiros de llanto anterior, eso hizo que Candy volviese a llorar de la impotencia al recordar que su amado esposo sería de nuevo padre y otra le daría a ese hijo.
Controlado otro episodio de lágrimas la rubia se despojó del elegante vestido que portaba, al hacerlo un sobre doblado cayó, era la carta de Annie, había olvidado que la guardó en el cinturón del vestido, con manos temblorosas la tomó para leerla de nuevo, la leyó dos veces más para convencerse de que era real lo escrito ahí, la rubia se dejó caer sobre el diván que estaba cerca de la ventana, así, con tan solo la ropa interior, sus fuerzas la abandonaron, sacudió los pies para que sus zapatos cayeran, los subió y se llevó el brazo a la cara, tapando sus ojos, pensando…¿En qué momento Annie se había vuelto tan malvada y desfachatada? malvada al querer todo lo que ella amaba, ¿En qué momento cambió esa niña miedosa y tímida con la que ella creció en el hogar de Pony? Esa desfachatez de querer hacer pasar al bebé por hijo de Archie ¡Era increíble! Desconocía a la mujer en la que se había vuelto su hermana, ¿Hermana? Esa ya no era su hermana, era una mujer fría, calculadora y la causante de que su matrimonio hubiera acabado.
Cavilando entre infinidad de pensamientos Candy se quedó dormida, abrazada a sí misma.
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Eran casi las siete de la mañana cuando la luz del sol que le daba en la cara hizo despertar a Terry, se removió un poco, le dolía la espalda, ¿En dónde estaba? Estiró la mano y ésta cayó al piso, levantó un poco la cabeza intentando abrir los ojos.
– ¿Qué demonios...? – preguntó a la nada al sentir el dolor punzante que le taladraba la cabeza.
Haciendo un esfuerzo se incorporó, miró para todos lados ubicándose, bajó los pies sintiendo el frío suelo, se frotó los ojos, los sentía un poco inflamados.
– ¡Candy! – susurró – ¿Qué he hecho? – se preguntó al tiempo que lágrimas involuntarias caían por su rostro.
Continuará…
Por: Lexie/Esmeralda Graham y Temperance/Primrose.
Gracias por leer.
