AL LÍMITE DE LA CORDURA

Todavía me costaba procesar en mi mente todo aquello que el Patriarca nos había contado; me parecía increíble que pudiera ser verdad la posibilidad de realizar viajes en el tiempo, así como el hecho de que haya objetos que lo permitan. Según Sage, Natalie se había encontrado uno de ellos, un traslador, así es el nombre con el que se los conoce, por casualidad mientras estaba en una biblioteca, y luego de eso, apareció aquí, en la Grecia del siglo XVIII. Eso era lo que ella recordaba de aquel momento en el que fue arrancada de su tiempo.

Shion dió un paso al frente, acercándose el anciano líder, interrogándolo:

_ Patriarca, ese enemigo trató de asesinar a Natalie, pero ¿qué razón tendría para hacerlo? Ella no pertenece a nuestro tiempo; si ese ser es un espectro, no hay forma de que pudiera conocerla hasta que llegó aquí... Y con esa habilidad de tomar las apariencias, su búsqueda es demasiado difícil... Por favor, díganos su está enterado de algo más..._ , dijo el Lemuriano, haciendo que su última frase fuera casi una súplica.

_Jóvenes, sé que esta revelación debe ser algo impactante para ustedes, y sé que deben de tener muchas preguntas aún, y prometo que les revelaré toda la verdad, pero deben tener paciencia... Deben llevarme al Star Hill, debo obtener las últimas respuestas que faltan y así podré contarles todo lo que necesitan saber; sólo deben aguardar un poco más a que sea el momento indicado..._ .

El Patriarca parecía querer matarnos de la intriga al pedirnos que esperáramos todavía más para conocer ¿el resto de la verdad? Por todos los dioses, sabía que había más.

Era ya muy tarde, casi medianoche cuando llegué a mi Templo tras la reunión con el Patriarca luego de los acontecimientos que habían ocurrido aquel día, más la tragedia de lo acontecido en Jamir; estaba sumamente agotado y sentía que mi cabeza iba a explotar tras la revelación que todavía tenía que terminar de procesar. Lo único que pensaba era en irme a la cama, no me importaba en no haber probado bocado desde el desayuno. Comencé a caminar en dirección a mi habitación, cuando de repente, ví a Fluorite correr hacia mí; me había esperado despierta. La muchacha se echó a mis brazos y me abrazó con fuerza; por Athena, cómo necesitaba este abrazo. Permanecimos unos minutos en esa posición, luego ella me miró con sus preciosos ojos color del cielo opacados por la preocupación.

_ Mon Dieu, Degel, estaba muy preocupada por ti... ¿Todo está bien? Tardabas tanto que comencé a pensar que algo te había sucedido... No sé qué haría si te ocurriera algo malo..._ , exclamó la joven casi sollozando al pronunciar las últimas palabras.

Le devolví la mirada con dulzura al mismo tiempo que acaricié su cabello, suave como la seda, para luego deslizar mi mano y acunar su mejilla con ella.

_ Mi pequeña flor, no te aflijas por lo que no ha sucedido; estoy bien. Es sólo que éste ha sido un largo día, con acontecimientos dolorosos... Otro de mis compañeros ha caído en batalla: Ásmita se ha sacrificado para evitar la resurrección de los espectros y que así podamos enfrentar al ejército de Hades en igualdad de condiciones. Y por si fuera poco, el enemigo ha logrado infiltrarse en el Santuario y ha intentado hacerles daño al Patriarca y a Natalie, al utilizar su habilidad para tomar las apariencias de otras personas. Eso es muy peligroso, Fluorite, puesto que podría camuflarse en cualquier lugar de este recinto y ni siquiera lo notaríamos... Debemos extremar los cuidados; no quiero que salgas sola de Acuario, ¿de acuerdo? Si tienes que ir a algún sitio, te acompañaré yo mismo; no confío en nadie más para protegerte... _ , le dije mientras la miraba con intensidad, a lo cual ella reaccionó ruborizándose al instante.

Oh, cuánto disfrutaba de sus reacciones... Con dulzura acaricié la mejilla sobre la que mi mano descansaba, y lentamente, la deslizé hasta sus labios, los cuales rocé con timidez con la yema de mi pulgar con suma lentitud, disfrutando de la textura delicada que sentía mi piel y que enviaba miles de sensaciones hacia mi sistema nervioso, haciendo que el ritmo de mi corazón se acelerara vertiginosamente. Sin dudarlo, me apoderé de sus labios con ansias, y la atraje hacia mí para sentir de cerca el calor de su cuerpo, quemando bajo mis dedos que sujetaban con firmeza su cintura, a pesar de estar cubierta por la tela de su vestido, delgada para poder soportar el verano griego. Fluorite correspondió a mi beso con la misma intensidad, sus labios danzando al compás de los míos, para luego entreabrirlos y darme acceso al interior de su boca, permitiendo que mi lengua ingresara para rozar la suya, la cual tímidamente al principio, salió a su encuentro, para finalmente darle la bienvenida en una danza pasional y primitiva que amenazaba con quemarme por dentro. Nuestras manos se movían con ansiedad por el cuerpo del otro, intentando inútilmente, sosegar de alguna manera la necesidad creciente que teníamos de sentirnos.

La intensidad del beso fue aumentando a medida que los minutos pasaban, nublando mi pensamiento y haciendo que el deseo comenzara a hacer a un lado mi raciocinio; el sabor de los labios de Fluorite era realmente adictivo para mí, y cada vez que tenía contacto con ellos, eso sólo me hacía querer más y más.

Los brazos de la joven francesa se habían enredado en mi cuello, y me acercaban con fuerza hacia ella, mientras mis manos continuaban firmes en su cintura, atrayéndola hacia mí para continuar sintiendo su calor junto a mi cuerpo; eso hacía que me sintiera vivo. Me gustaba la sensación que provocaba en mí cada vez que la tocaba.

Todo este tiempo me di cuenta de que quería a Fluorite de todas las formas posibles: estaba perdidamente enamorado de ella, y era consciente de que la deseaba demasiado... Eso no estaba bien para mí ni para ella... No podría... no en este momento, no con la Guerra Santa ni con este enemigo entre nosotros. Pero tenía que pensar con frialdad y detener esto antes de que la situación se saliera de control, pues si continuamos de esta manera, no podría detenerme. Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para romper de a poco nuestro contacto.

_Fluorite, debemos detenernos... No podemos perder el control..., murmuré contra sus labios.

Ella asintió y se separó con lentitud, haciendo un mohín; parecía un poco decepcionada al principio, pero luego se resignó al responder que yo tenía razón.

Apoyé mi frente sobre la suya mientras permanecíamos con los ojos cerrados durante unos instantes, los cuales parecieron eternos, mientras mi boca actuó por propia voluntad y susurró en voz baja:

_ Vas a enloquecerme, Ma petite fleur_ .

Me alejé un poco de ella y mis ojos se posaron en sus labios, que habían adoptado un color carmesí luego de aquel apasionado beso que compartimos hace un momento, y que casi nos acerca al límite de la cordura.

_Ven, Degel, vamos a cenar_ , dijo Fluorite con una sonrisa en su angelical rostro, al mismo tiempo que me tomaba de la mano y me conducía hacia el comedor.

La joven francesa había preparado una cena para dos en la larga mesa que ocupaba el centro del comedor y que casi nunca usaba, puesto que antes de que ella llegara a mi Templo, yo solía tomar mis alimentos en la biblioteca, donde pasaba la mayor parte del tiempo.

No me había dado cuenta de lo aburrida que había sido mi vida hasta ahora. Fluorite es como un rayo de luz que ilumina cada uno de mis días y que con su calidez logra infundir en mí un sentimiento tan intenso y unas ganas de vivir que jamás había sentido antes. La amaba profundamente y no me imaginaba cómo es que había logrado estar sin ella durante todos estos años.

Nos sentamos a la mesa, mientras Fluorite me servía un plato de soupe à l oignon con una sonrisa reluciente en su juvenil rostro, orgullosa de su creación y ansiosa de que yo la probara. Llevé una cuchara a mis labios y probé aquel líquido humeante y de delicioso aroma que traía tantos recuerdos para mí, de mis primeros años de infancia en Francia, antes de Blue Gard.

Mi paladar y mi lengua se deleitaron con el sabor de la sopa ante la atenta mirada de la muchacha, cuyos ojos me miraban con inusitada ternura, expectantes de mi veredicto.

_Mmm esto está delicioso, Fluorite... Muchas gracias por haberlo preparado para mí..._ , le dije mientras le devolvía la mirada con una mezcla de gratitud e intensidad, lo que hizo que ella se ruborizara ligeramente y que su sonrisa se ensanchara y se iluminara aún más.

Permanecimos así, mirándonos a los ojos durante varios minutos, luego de lo cual continuamos con nuestra cena en silencio antes de que se enfriara. No hacían falta las palabras entre nosotros.

A la mañana siguiente, me levanté cuando los primeros rayos del sol se colaron por la ventana de mi habitación y entibiaron mi rostro; aquella sensación se parecía tanto a la que Fluorite me hacía sentir... Pensé en ese momento que desearía despertarme con esa sensación cada día...

Luego de vestirme y colocarme la armadura, salí en dirección a la cocina dispuesto a preparar el desayuno, sólo para encontrarme con la joven francesa yendo de un lado a otro en plena preparación de la comida más importante del día.

Podía percibir el aroma de los croissant recién horneados y del café recién preparado llenar mis sentidos y terminar de despertarme del todo. Me acerqué a Fluorite con lentitud y le cubrí los ojos con mis manos por detrás mientras ella se encontraba absorta tarareando una melodía suave que reconocí como una de las obras de Mozart. Ella dió un respingo ante la sorpresa que le produjo mi contacto, y automáticamente cubrió mis manos con las suyas, mientras yo aspiraba el sutil aroma a violetas que se desprendía de la piel de Fluorite. Ella se giró y una sonrisa se dibujó en sus rosados labios, que como siempre, allí se encontraban, tentándome e impulsándome a romper uno de los votos que los caballeros dorados solemos hacer ante la diosa Athena al recibir nuestra armadura. Ahora sí mi día había comenzado.

Fluorite y yo desayunamos como desde hacía un tiempo, en mi biblioteca, ya que nos gustaba hojear las páginas de algún libro que recientemente habíamos leído y comentar nuestras opiniones; había descubierto que teníamos gustos parecidos en cuanto a literatura y que nuestros pensamientos tenían bastante similitud.

Disfrutamos de la esponjosidad de la masa de los croissant y su dulzura, acompañada por el intenso sabor del café, cuya tibieza infundía una deliciosa calidez a mis dedos a través de la taza.

Una vez que terminamos de desayunar, ayudé a Fluorite a recoger las cosas y nos dirigimos a la cocina, donde ella preparó una canasta y colocó allí algunos croissant, así como también café. Al ver mi mirada interrogante sobre sus acciones, ella respondió:

_ Estoy preparando esta canasta para llevarle el desayuno a Natalie; sé que ella debe de estar sintiéndose terrible luego de lo ocurrido anoche, y obviamente no tendrá ánimos para cocinar, así que decidí acercarle algo para que coma... Sé lo difícil que es perder a un ser amado y lo mal que uno puede llegar a sentirse, y quiero confortarla, hacerle saber que no está sola y que puede contar con nosotros..._ , dijo con tristeza e inocencia.

La miré con dulzura y admiración; una vez más ella había sido capaz de conmover mi corazón con esos gestos suyos que demostraban su generosidad. Cubrí una de sus mejillas con mi mano mientras le sonreí y asentí a modo de respuesta.

Unos minutos después, Fluorite y yo nos dirigíamos hacia el Templo de Virgo con una canasta llena de abundante comida; ambos esperábamos poder ver a Natalie para mostrarle nuestro apoyo. La ayudaríamos en todo lo que ella necesitara para poder seguir adelante y sanar su corazón luego de la pérdida de Ásmita.

Subimos los escalones y llegamos a la entrada de la Sexta Casa zodiacal, que se encontraba flanqueada por un par de guardias que seguramente el Patriarca ordenó colocar para vigilar la seguridad de la joven sanadora; allí solicité el habitual permiso para ingresar, pues ya era una costumbre entre nosotros que cuando algún caballero no se encontrara en su templo por cualquier circunstancia, aquel que ingrese en su casa deberá respetar esa tradición de pedir su permiso para entrar. Fluorite y yo ingresamos al interior de la Sexta Casa y caminamos con lentitud observando las magníficas decoraciones que había en el lugar, inspiradas en la cultura hindú. Nuestros pasos resonaban en el silencio reinante de aquel lugar, que hasta ese entonces había sido un absoluto misterio tanto para mí como para mis compañeros, pues ninguno de nosotros había tenido la oportunidad de entrar. Al adentrarnos más en el edificio, tanto Fluorite como yo no pudimos evitar observar el objeto que descansaba en la parte más alta del salón principal del Templo, y que emitía un resplandor dorado que, iluminado con los rayos solares que se filtraban a través de una de las ventanas, parecía emitir centenares de destellos diminutos, también de una tonalidad dorada, lo que daba un aspecto casi divino. En ese sitio, que anteriormente solía ser utilizado por su guardián para meditar, se encontraba descansando la armadura de Virgo. Era imposible no observar un objeto tan hermosamente labrado.

Continuamos nuestro camino en dirección a la recámara principal del Templo, intuyendo que Natalie se encontraría allí, lo cual fue confirmado al ver a otros dos guardias custodiando la puerta de la misma. Me adelanté unos pasos para solicitarles que nos concedieran el paso, cuando de repente, la puerta se abrió y Agasha salió a mi encuentro; llevaba el rostro contrito y unos círculos oscuros se dibujaban bajo sus ojos verdes, evidenciando que no había podido conciliar el sueño obviamente por cuidar de su mejor amiga.

La florista se acercó a mí hasta situarse entre los guardias y yo; entrelazó sus manos delante sobre el delantal que solía utilizar para ayudar en labores de enfermería en la casa del Anciano Sanador, y luego habló:

_Buenos días, Degel, Fluorite _ , dijo dirigiéndose también a la joven francesa, quien le devolvió el saludo con una leve inclinación de su cabeza.

_Les agradezco mucho a ambos que hayan venido, pero Natalie no se encuentra en condiciones de recibir a nadie... Me he quedado con ella desde que llegó de Jamir; se la ha pasado llorando toda la noche y se niega a probar bocado alguno, así como a recibir a todas las personas que vengan a verla. Hace rato ha venido Pefko, pero también ha rechazado su visita, espero sepan comprenderla, la pérdida de Ásmita es muy reciente y ella está inconsolable en estos momentos... Sólo el tiempo podrá sanar esta herida en su corazón. Mientras tanto, no voy a dejarla sola; ella me apoyó cuando... Cuando perdí a Albafica, y no me iré de su lado hasta verla en pie nuevamente, superando esta terrible situación como la mujer fuerte que es_ , pronunció la joven, mientras un suave rubor cubría sus mejillas al pronunciar el nombre del guardián de la última casa zodiacal.

_Está bien, Agasha, respetaremos los deseos de Natalie y aguardaremos a que haga su duelo; solo quiero que sepa que estamos aquí para ella y que puede contar con Fluorite y conmigo para todo lo que necesite, respondí con voz firme, al mismo tiempo que le hacía una seña a la francesa para que se adelantara y le entregara a Agasha lo que con tanto esfuerzo había preparado para Natalie.

_Por favor, ¿puedes entregarle esta canasta con alimentos a Natalie? Los preparé yo misma, para que no tuviera que preocuparse por la comida estos días; sé que no debe tener ánimos de nada... Salúdala de mi parte y dile que volveremos a visitarla cuando esté más repuesta. Muchas gracias Agasha_ .

_No te preocupes, Fluorite, lo haré. Muchas gracias_ , respondió la florista con una sonrisa triste mientras extendía sus manos hacia la canasta que Fluorite le entregaba.

Nos despedimos de Agasha con la promesa de que volveríamos cada día hasta que Natalie nos recibiera; no la dejaríamos sola cuando más necesitaba tener a sus amigos cerca.

Antes de regresar a Acuario, Fluorite y yo decidimos ir a visitar al Patriarca para ver cómo se encontraba de salud luego del atentado en su contra. Cuando estuvimos frente a él, el antiguo caballero de Cáncer nos recibió con alegría; se encontraba sentado frente al pequeño escritorio que tenía en sus aposentos y donde solía examinar sus pergaminos y documentos personales. Su piel había recuperado el color, y los oscuros círculos que se dibujaban bajo sus ojos habían atenuado su tonalidad; se lo notaba de mejor semblante, gracias a la pronta intervención de Natalie y a los cuidados de Pefko y del Anciano sanador.

_ Buenos días, jóvenes, ¿ A qué debo el honor de su visita?_ , exclamó Sage con un brillo especial en sus ojos.

Me adelanté y le hice la protocolar reverencia, mientras le expresaba la preocupación que teníamos acerca de su estado de salud, así como le hacía un ademán a Fluorite para que se acercara. La joven francesa caminó con algo de timidez hacia donde se encontraba Sage, hasta quedar frente a él; luego se inclinó con respeto al realizar la correspondiente reverencia.

_ Oh, ¡muy buenos días, jovencita! Creo que esta es la primera vez que nos presentan formalmente jeje... Así que tú eres Fluorite... Degel me ha hablado mucho de ti _ , dijo el Patriarca dirigiéndose a la joven, que abrió sus azulados ojos con sorpresa al escuchar sus palabras.

_Mon Dieu, ¿ de verdad? O-oh lo que quiero decir es... ¡M-mucho gusto en conocerlo, Patriarca! Es un honor para mí estar ante su presencia , exclamó Fluorite emocionada, mientras una sonrisa se dibujaban en sus perfectos labios, iluminando el recinto y transmitiendo esa calidez tan conocida a mi corazón, que inconscientemente, comenzaba a acelerar su ritmo.

_Oh, vamos muchacha, déjate de tonterías con ese tonto protocolo, no hay necesidad de eso conmigo... Me alegro mucho de poder conocerte al fin, estoy seguro de que Degel ha tomado la decisión correcta al elegirte..._ , dijo Sage con un deje misterioso, lo cual hizo que la curiosidad de Fluorite se encendiera como una chispa, hecho que fue reflejado por sus facciones angelicales.

La pequeña reunión se interrumpió debido al ruido de los goznes de la puerta de la recámara del Patriarca, que se abrió para dar paso a Shion de Aries. El caballero se giró y dió unos pocos pasos en dirección hacia las voces, y luego se detuvo en seco por un instante. Las tranquilas facciones del Lemuriano se tensaron al observar a la joven francesa en ese recinto, aún más al verla acompañada por Degel.

El antiguo caballero de Cáncer contempló la escena desde la perspectiva de los años y la experiencia, y pudo darse cuenta de lo que Shion trataba de ocultar en lo más profundo de su alma. Sage cerró sus ojos por un momento y se concentró en el paisaje que se podía observar a través del gran ventanal de su habitación, lamentándose internamente que ese joven caballero tuviera que sufrir el mismo triste destino que él.

El caballero de Aries realizó el protocolar saludo hacia el Patriarca y saludó con una inclinación de cabeza a su compañero de armas y a la joven francesa; había venido a verlo para comprobar su estado de salud, luego de los últimos acontecimientos, ya que aún convaleciente del atentado en el cual habían tratado de envenenarlo, Sage se había enfrentado a Hades, que había tenido la osadía de presentarse en el Santuario la misma noche en la que tuvo lugar el trágico evento de Jamir, logrando destruir la barrera que la señorita Sasha, la reencarnación de Athena en el siglo XVIII, había construido sobre el lugar y sus alrededores, intentando con ello impedir la resurrección de los espectros. El anciano líder se encontraba cansado por el esfuerzo físico que tuvo que realizar, pero trataba de que los demás no lo notasen. Debía reponerse con rapidez para continuar liderando las acciones contra el ejército de Hades.

_Patriarca, el caballero Sísifo no ha mostrado mejoría... permanece inconsciente luego de haber recibido la flecha del dios del Inframundo directo en el corazón. A pesar de los cuidados de los sanadores, no ha despertado... Tememos que por dicha acción hayamos perdido a uno de nuestros más fuertes guerreros..._ , pronunció con tristeza el Lemuriano, mientras bajaba su cabeza, dejando que su cabello cubriera parcialmente su rostro de los presentes.

_Sin dudas Sísifo ha recibido una herida severa, puesto que ha sido inflingida por Hades, y eso no sólo hiere su cuerpo, sino también su alma... Debemos confiar en los dioses y en que nuestros sanadores podrán encontrar una solución para su condición; mientras tanto, necesito que por favor me lleven al Star Hill, jóvenes, allí estoy seguro que hallaré la forma de recuperar al caballero de Sagitario, y además, sé que todavía les debo algunas explicaciones sobre lo ocurrido con Natalie, y las tendrán. Sólo dénme unos días para observar el firmamento y organizar lo que las estrellas quieren decirme... Entonces lo sabrán todo..._ , respondió Sage, tras lo cual se levantó de su silla y miró con seriedad a sus caballeros.

Los días fueron pasando lentamente, mientras repartía mi tiempo entre mis actividades y obligaciones para con mi diosa y la Guerra Santa, y el pasar el tiempo con Fluorite, cuidándola y acompañándola durante la realización de sus tareas. Nuestra relación había ido afianzándose con el correr de los días, disfrutando mutuamente de nuestra compañía a tal punto que si ella no estaba cerca de mí me sentía vacío.

Seguía sin fiarme de nadie más que yo para cuidarla; quizás estaba siendo demasiado sobreprotector, pero con ese espectro cambiaformas suelto en el Santuario no quería correr ningún riesgo con ella. No soportaría que algo le pasara por mi culpa... Después de todo, ella se ha visto envuelta en esta maraña de acontecimientos que se suceden sin parar desde hace doscientos cuarenta y tres años sólo por el hecho de haber llegado hasta Grecia por un viaje de trabajo; una travesía que se suponía debía ayudarla a inspirarse para crear una colección de indumentaria para la casa de modas Parisina en la que trabaja, y que, con algo de suerte, la ayudaría a hacerse de una excelente reputación como diseñadora. En cambio, solamente había encontrado peligros y vicisitudes que habían puesto su seguridad e integridad física en jaque en más de una vez, incluso dejándola al borde de la muerte en una ocasión. Seguía sintiéndome culpable por todo lo que le había ocurrido. Pero si ella no hubiera venido a Grecia, no hubiera tenido la oportunidad de volver a verla, de ver cuánto había crecido,y que ya no era una niña, sino una hermosa mujer que con su dulzura y su templanza han sabido robarme el corazón.

Habíamos compartido muchas comidas juntos en los últimos tiempos, almuerzos y cenas que Fluorite misma se encargaba de preparar, ante la ausencia de Katerina, quien se encontraba visitando a una familiar enferma en uno de los pueblos de los alrededores del Santuario. Debo decir que eso ha resultado muy conveniente, puesto que Fluorite y yo necesitábamos pasar tiempo a solas; no sólo para continuar conociendo nuestros gustos y personalidades, sino también para ver qué era lo que el destino nos estaba deparando.

La cena de esta noche al parecer, no sería como las que solíamos compartir. La joven francesa había solicitado mi ayuda para preparar un plato que solía realizar para su padre, aún con su corta edad; ella había tenido que aprender a cocinar desde muy pequeña mientras su progenitor trabajaba en una fábrica y ganaba lo justo y necesario para subsistir. Ahí estaba otra vez esa parte de ella que tanto admiraba: su capacidad de sobreponerse a las adversidades. Cada vez que pensaba en ello, mi corazón latía con más fuerza dentro de mi pecho.

Comenzamos la preparación de la cena temprano esa tarde, luego de haber acompañado a la muchacha a hacer las compras en Rodorio para que tuviera los materiales necesarios para lo que tenía en mente. Fluorite se dispuso a cortar y picar unas hierbas aromáticas para adobar el pollo, orégano, cilantro y ajo también, mientras yo me encontraba a escasos metros de ella quitándole la cáscara a unas patatas. Fluorite tarareaba una melodía de Mozart, su compositor favorito, cuando de pronto, su voz se interrumpió y un pequeño grito escapó de su garganta. De inmediato, giré y estuve junto a ella, adoptando una actitud protectora y defensiva, pensando en que quizás el enemigo había logrado infiltrarse en mi Templo.

_Mon Dieu, soy una tonta... Cálmate, Degel, sólo me he cortado un dedo al preparar las hierbas, no ha sucedido nada; puedes estar tranquilo..._ , dijo Fluorite esbozando una de sus características sonrisas angelicales que tanto me desarmaban.

Tomé la mano donde se encontraba el dedo lastimado y rápidamente la coloqué bajo el agua del grifo de la cocina, para lavar la herida y evitar que algún resto de tierra, o de las hierbas o las verduras pudiera causarle alguna infección; finalmente busqué un paño limpio, del cual tomé un trozo y con él cubrí la herida.

Al finalizar la curación, Fluorite me miró y me sonrió con dulzura e inocencia mientras me agradecía los cuidados para con ella, pero yo me encontraba en una especie de trance, absorto en la contemplación de sus labios. No sé qué fue lo que me ocurrió, pero en unos minutos casi pierdo el control de mí mismo. Comencé a besar la mano de Fluorite que todavía se encontraba entrelazada con la mía; al principio rozando tímidamente la delicada piel del dorso con mis labios, lo que hizo que ella diera un respingo al sentir mi aliento cálido sobre su mano. Pude notar que su cuerpo se tensaba y que su respiración comenzaba a acelerarse. Los tiernos besos que depositaba fueron cambiando su intensidad, y se movieron hasta la palma de la muchacha. Ella me miró fijamente, al mismo tiempo que sus ojos color cielo se oscurecían lentamente, al dilatarse sus pupilas, denotando así que el deseo había comenzado a encenderse cual si fuera una chispa en su interior. Fluorite entreabrió sus labios, dejando escapar un suspiro que, mientras los besos que yo depositaba en su palma iban adquiriendo un matiz cada vez más intenso, rozando casi lo erótico, se transformó en un gemido que brotó de lo más profundo de su garganta. La joven francesa pareció sorprendida al oír su voz de esa manera, pero eso solamente me animó a atreverme a ir por más. Mi lengua emergió de entre mis labios y se deslizó por la piel de su palma; me había seducido muchísimo escuchar la voz de Fluorite respondiendo de esa manera a mi tacto. Mis instintos me habían dominado por completo, desconozco en qué momento se apoderaron de mí, pero me gustaba lo que estaba sintiendo. Mi cuerpo estaba comenzando a reaccionar ante los suspiros y suaves gemidos de Fluorite, cuya seductora voz estaba realmente llevándome al borde del abismo. Mi pulso acelerado y mi frecuencia respiratoria al límite máximo de la normalidad, me hicieron saber que no resistiría por más tiempo el estar lejos de su piel y de su cuerpo; la deseaba tanto que dolía. Entonces tiré de ella hasta acercarla a mí y enredé uno de mis brazos en su cintura, pegándola de esta manera a mi cuerpo; cubrí su boca con la mía con más intensidad de la que lo había hecho hasta ahora, a tal punto que la joven gimió dentro de mi boca, mientras mi lengua invasora comenzaba a danzar con la suya. Fluorite correspondió por completo a cada uno de mis movimientos y acciones, colocando sus brazos alrededor de mi cuello. Automáticamente la levanté del piso y coloqué sus piernas alrededor de mi cintura, al mismo tiempo que me trasladaba hasta la mesa de la cocina, para finalmente depositar allí a la joven. Cuando el aire escaseó, mis labios se deslizaron por su cuello, dejando delicados besos a su paso, a lo cual ella respondió exponiendo aún más su aterciopelada piel, mientras mordía su labio inferior para intentar acallar los sonidos que pudieran emerger de su garganta. Oh, dioses! Este deseo está quemándome por dentro cual si fuera una brasa ardiente, ocasionando un incendio que necesito apagar. Por primera vez en mi vida, estoy dejándome llevar por las sensaciones de mi cuerpo; sé que esto está mal, no debería estar haciéndole esto a Fluorite, no puedo tomarla aquí, pero no puedo evitarlo. Mis manos viajan desde su cintura hasta sus piernas, y con lentitud comienzo a levantar su falda; mi armadura vibra con la intensidad de mis emociones para luego desaparecer de mi cuerpo y situarse en un rincón de mi habitación, dejándome en ropas de entrenamiento. Las manos de la joven francesa recorren mi espalda con ansiedad, presionándome para aumentar el contacto con su cuerpo; mientras la melodía de su voz no se detiene. Mis labios buscan los suyos nuevamente, esta vez con desesperación, y entonces, cuando creo que ya no hay vuelta atrás, súbitamente me detengo al percibir un cosmos acercarse. Fluorite me mira y sus ojos reflejan el temor; sabe que alguien se aproxima a dónde nos encontramos. Maldigo en silencio y cierro mis ojos por un instante, al mismo tiempo que doy un profundo suspiro, frustrado de saber que alguien muy familiar era el responsable de interrumpir este momento con la mujer que amaba. Aunque por un lado, pienso que debía agradecerle por devolverme la cordura que perdí durante unos instantes.

De inmediato, bajé a Fluorite de la mesa al escuchar los pasos acelerarse y le dí un tierno beso en la frente, para luego apoyar mi frente sobre la suya. Rompí nuestro contacto con desgano, y luego mis ojos se dirigieron hacia la puerta de la cocina, donde hacía su aparición, luego de tanto tiempo, el Escorpión dorado.

_Kardia... Qué inoportuno..._ , le espeté con frialdad.

El Escorpiano se adelantó unos pasos y abrió sus brazos.

_¡Hey! ¿Así es cómo recibes a tu mejor amigo?_ .

CONTINUARÁ...