Los personajes de Candy Candy no me pertenecen.

Historia sin fines de lucro.

Historia creada en conjunto por Esmeralda Graham y Primrose para la guerra florida 2020 y el grupo de Las divinas místicas de Terry

El último aliento

Capítulo 11

El culpable soy yo

Era muy temprano por la mañana, el llanto de Evan y el despertaron a Candy quién, dormida en el diván cercano a la ventana se incorporó entre confusa y asustada, se frotó los brazos helados, se había estado dormida sin abrigado, miró para ambos lados hasta que visualizó una manta, la colocó sobre sus hombros y se acercó a la cuna.

- Hola mi pequeño ¿Ya tienes hambre? - Preguntó al tiempo que lo sacaba para abrazarlo.

Con la habilidad que los años de trabajo y sus pocos meses de maternidad Candy cambio las prendas húmedas de su hijo, con él en brazos avivó un poco los rescoldos de fuego de la chimenea, se sentó en la mecedora, aflojó su corsé disponiéndose a amamantar a su niño, mientras lo hacía una canción de cuna salía de su boca.

Evan Grandchester parecía sonreír, aferrado al pecho de su madre succionaba con fuerza.

- Eres un glotón - Mencionó - ¡Auch! - Se quejó - ¡Nadie va a quitártelo - Afirmó ante el entusiasmo del bebé - Ni siquiera tu padre!

La mención de Terry hizo que la clara mirada de Candy se oscureciera, las lagunas verdes se empañaron, el dolor en el centro de pecho regresó con más fuerza.

- Vas a tener un hermano Evan - Uno que no nacerá de mi pero que tú padre te seguramente será un niño tan hermoso como tú - Hablaba y las lágrimas corrían por sus mejillas - Podría ser una niña, con los ojos azules como su madre y… ¡Dios! - Exclamó con dolor - ¿Cómo pudiste hacernos esto Annie? - preguntó al viento.

No pudiendo tolerar más y viendo que su hijo había terminado de comer se lo colocó al hombro para sacarle el aire, lo apretó fuerte mientras lloraba silenciosa, cuando el niño al fin eructo lo dejó en la cuna para ella poder cambiarse, miró la hora en el reloj sobre la chimenea, casi las seis treinta, la señora Prudence ya debe estar levantada para comenzar los trajines de la casa, se vistió rápido, renuente fue al baño de su recámara, se aseo un poco con agua helada echándose bastante agua en los párpados hinchados, al salir sacó su abrigo rojo del armario, su gorro y sus guantes, regresó casi corriendo a la habitación de Evan, este estaba aún despierto, lo cargó, le puso un conjunto de lana tejido en azul y blanco que la señorita Pony le había hecho, unos mini guantes a juego con un gorro elaborados por la hermana María, lo envolvió en una manta que Eleonor le compró y salió de ahí apresurada.

- ¡Señora Candy! ¿A dónde va tan temprano? - Inquirió la mucama al toparse con ella.

- Yo… - Tragó saliva - Tengo que salir de aquí.

- Pero…

Candy no le dio tiempo de terminar de hablar, salió presurosa sin volver la vista, llegó a la calle y comenzó a caminar de prisa, escuchó el ruido de un motor cercano, se giró para detener el auto de alquiler, subió a este y le dio la dirección, mientras iba alejándose de su casa, su corazón comenzó a latir desbocado, se recargo en el asiento para acomodar a Evan y este no se fuera a asfixiar, miró por el retrovisor lanzando un resoplido, no tenía idea de lo que iba a hacer pero no aguantaba un minuto más dentro de la casa, tenía que despejarse, tenía que acomodar sus ideas y no podría hacerlo a sabiendas que estaba en el mismo lugar que su esposo.

.

.

.

Eleonor despertó sobresaltada, se durmió muy tarde pensando en lo que su hijo le había dicho preguntándose ¿Cómo ayudarlo? Y Candy… ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo habría de reaccionar?

Un nuevo toque la hizo saltar.

- Señora Baker su nuera está aquí - Anunció su ama de llaves.

- ¿Candy aquí tan temprano? ¡Ay dios! - Exclamó la mujer levantándose - Dile que suba por favor - Decía al tiempo que se ponía su bata verde oscura y se peinaba un poco sus largos cabellos pasando sus dedos entre ellos.

- ¡Eleonor! - Dijo la rubia al verla para luego arrojarse a sus brazos sollozando fuertemente.

- ¡Dulce! ¡Estás temblando!

- El chófer del taxi está esperando - mencionó Florence, el ama de llaves.

- Salí de la casa y no agarré mi bolso - mencionó Candy entre sollozos.

- Hazte cargo por favor - Solicitó la rubia mientras abrazaba a su nieto para llevarlo a su cama - Ven aquí Candy - Dijo llevándola hasta un sofá.

.

.

.

Eran casi las siete de la mañana, Terry se encuentran aún dormido en el estudio donde su madre y su esposa lo había dejado la noche anterior, los ruidos fuera del lugar lo despertaron, la luz que se empezaba a colar por las finas cortinas comenzó a molestarlo pues le daban directo en la cara, se removió un poco, le dolía la espalda, ¿En dónde estaba? Estiró la mano y ésta cayó al piso, levantó un poco la cabeza intentando abrir los ojos, un dolor de cabeza intenso le comenzó a martillar, con esfuerzo logro abrirlos y miró para todos lados de la habitación, desubicado, confundido y adolorido, dándose cuenta en donde estaba movió su cuerpo, sus vértebras sonaron al acomodarse pues permanecer en la misma posición estaba entumecido.

- ¿Qué demonios ...? - preguntó a la nada al sentir el dolor punzante que le taladraba la cabeza.

Haciendo un esfuerzo se incorporó, miró para todos lados ubicándose, bajó los pies sintiendo el frío suelo, se frotó los ojos, los sintió un poco inflamados, de pronto la imagen de Candy la noche anterior lo embargó, debería buscarla, hablar con ella y aclarar las cosas.

- ¡Dulce! - susurró - ¿Qué he hecho? - se preguntó al tiempo que lágrimas involuntarias caían por su rostro.

Controlado el momento de debilidad, el castaño se puso de pie, sentí el piso frío, pero no le importó, así descalzo salió a toda prisa rumbo a la planta alta de su casa.

A trompicones Terry se dirigió a los escalones, estando en la segunda planta fue a su alcoba, abrió la puerta y grande fue su sorpresa al ver la cama arreglada, fue a la habitación de Evan imaginando que ahí podría encontrar a su mujer, recordando cómo él bebé estaba llorando después que él protagonizara tremenda escena con Candy.

Abrió la puerta, encontró vacía la habitación, se acercó a la cuna donde dormía el niño, tomó la manta con la que solían cobijarlo, el aroma de su hijo lo invadió sintió confort, miro la alrededor pintado que la ropa de su mujer se servicios tirada la tomó en sus manos, el olor del perfume de ella llegó a él, la acercó a su rostro, sintió su pecho estrujarse, noto una hoja arrugada, la recogió inmediatamente, volvió a leer las palabras que provocado que su matrimonio estaba en picada.

La letra de la pelinegra volvió a despertar su furia, "voy a tener un hijo tuyo".

- ¡MALDITA SEAS, ANNIE! - Gritó frustrado, partiendo la hoja en dos para después dejarse caer jalando su cabello.

Las imágenes de su esposa leyendo esa maldita carta, la pelea, él gritando, pateando la puerta del dormitorio matrimonial, ella prohibiéndole tocarla, el beso salvaje que le dio, la bofetada que get a cambio, Candy corriendo a refugiarse a la habitación de su bebé que lloraba asustado por los gritos y golpes del cual él era el actor principal… su madre calmándolo, al revivir la escenas de su tragedia personal, un escalofrío comenzó a recorrer su espina dorsal si su esposa e hijo no estaban en las habitaciones principales, ¿Dónde se encontraban? ¿Acaso ella se había ido de su lado?

Corrió a su habitación, cómo un huracán iba abriendo las puertas del armario para verificar que las cosas de ella estuvieran aún, respiró aliviado al verlas en su sitio pero ... ¿En dónde estaba su mujer? bajo las gradas lo más rápido que pudo, se topó con la mucama a la cual arrolló en su loca carrera.

- ¡Perdón! Amy - Dijo el castaño al detener a la mujer antes de caerse

- ¡Señor! Buenos días, disculpe usted, si busca a la señora no se encuentra.

- Pero ... ¿Qué estás diciendo? Si aún es muy temprano para que haya salido

- No sé qué decirle señor, solo que hace como una hora se fue con el bebé

- ¿Ha dejado dicho a dónde iba?

- No señor, salió a toda prisa solo le dijo a la cocinera que tuviera listo su desayuno.

- No tengo apetito, saldré a buscar a mi esposa - Contestó molesto.

Cuando Terry iba a tomar el pomo de la puerta el chofer entró para dejar el periódico.

- Alan dame las llaves del auto - Ordenó.

- ¡Pero señor!

- ¡What! - Grito el castaño.

- ¿Se irá así?

- ¿Like so? - Contestó el castaño.

frotando su rostro con ambas manos se dirigió a su automóvil, iba manejando a toda velocidad, sin importarle las luces de los señalamientos viales, si se llevaba o no alguna persona en su loca carrera, tomó camino rumbo al hogar de su madre, ¿Quién mejor que ella para aconsejarle qué hacer? Y tal vez ella sabría algo de Candy y Evan, quizás estuvieran con ella, al menos eso esperaba, aceleró su auto a casa de Eleonor, al llegar bajo azotando la puerta del auto, subió aprisa la pequeña escalinata rumbo a la puerta de la residencia metió la mano a su bolsillo dándose cuenta que no traía consigo la copia de llaves que su madre le había dado, así que no tuvo más opción que aporrear la puerta, el mayordomo de Eleonor se apresuró abrir, apenas pudo otórgale al tempestuoso joven un saludo cuando este le cortó preguntándole por su madre,

- ¡Eleonor! ¡Madre! ¡Dulce! - Cuando estaba a punto de subir la escalera la mujer delgada rubia y de mirada asustada lo recibió.

- ¿Qué pasa hijo? ¿Por qué entras gritando?

- No tengo humor para alardear de mis buenos modales madre ¿Dónde está mi mujer?

Eleonor suspiró, terminó de bajar las escaleras y cuando llegó a él con la mirada triste habló…

- ¡Ay Terry!

.

.

.

Las bancas de Central Park estaban mojadas por la nevada de la noche anterior, sin embargo, a Candy no le importó, con su niño en brazos se sentó cerca del puente, había frío pero no lo sentía, su cuerpo y corazón estaban congelados, sus ojos estabanenrojecidos y los párpados hinchados, se aferró al calor que emanaba del cuerpo dormido de Evan, su verde mirada se perdió entre algunas personas que patinaban en el lago, inhaló pensando, recordando su reciente plática con Eleonor, su decisión y lo que seguía en su haber.

.

.

.

— ¡Candy! ¡Estás temblando!

Eleonor condujo a su nuera hacia el sofá de la sala mientras Florence llevaba a Evan a la recámara de su señora.

— ¿Qué pasó? ¿Qué haces aquí tan temprano y con el niño? ¿Terry está bien? — La rubia la atiborrada de preguntas inquieta por el semblante pálido de Candy.

— Él está bien, yo… — Se frotó las manos — El… él… tendrá un hijo con otra mujer — Soltó al tiempo que se llevaba las manos a la cara dejando salir un fuerte sollozo.

Eleonor la abrazó fuertemente mientras el cuerpo frío de Candy se convulsionaba de llanto y pena.

— Anoche antes de emborracharse me lo dijo — Confesó la mujer mayor después de un rato, cuando Candy al fin dejó de llorar a lágrima viva — Aunque no entendí muy bien nada.

Candy relató en breve lo que había pasado, cómo al entrar a buscar a Terry sin querer leyó la carta de Annie en donde decía lo que pasó entre ellos.

— ¿Cómo es posible? ¿Cómo se atrevió? — Preguntó Eleonor al tiempo que se ponía de pie — ¡No puedo creer que… que…!

— Yo tampoco podía creerlo, pero… es la verdad… ya no hay remedio y yo…

— ¡Candy! ¿Qué estás pensando? — preguntó la mujer sentándose junto a su nuera — ¿No vas… a dejarlo? ¿Verdad? ¿Candy?

— ¡No lo sé! — se llevó las manos al pecho — ¿Cómo podría seguir junto a él si…? ¿Sí ha estado con otra? — Miró a Eleonor con profundo dolor — Ella era como mi hermana — Susurro.

— Mi hijo no tuvo la culpa, tú misma me dijiste que ella…

— ¿Y qué debo hacer? — Cuestionó comenzando a enfadarse — ¿Simplemente perdonarlo y que todo siga como antes?

— ¡No! Bueno… él es hombre y…

— ¿Qué quiere decir con eso? ¿Qué debo aceptar que mi esposo se haya acostado con otra? ¿Qué esa otra es la persona a la que consideraba mi hermana? ¿Debo aceptar que tendrá un hijo con ella?

Candy estaba estupefacta por las palabras de Eleonor.

— ¡No Candy! Es que… si tú te vas mi hijo se perderá de nuevo, ¡Podría dejarse morir!

— ¡Y yo qué! — Exclamó furiosa — ¿Cómo cree que me siento? ¡Él se acostó con Annie!

Candy se puso de pie, tenía los puños crispados, su respiración era agitada, su mirada se clavó en un retrato de Terry sobre la chimenea, su entrecejo se frunció, un calor abrasador la invadió, sintió su sangre arder como lo hacían los leños que crepitaba en la chimenea, con coraje tomó el objeto, lo observó para después arrojarlo con fuerza al piso haciendo que el cristal se partiera en cientos de pedazos, ya no había lágrimas, ahora era esa sensación de vacío en el estómago, un hormigueo en todo el cuerpo, celos… Estaba celosa, dolida, no por Annie si no por su esposo, por Terry, saber que otra lo tocó, lo besó, que recibió sus caricias… era más de lo que podía soportar.

— ¡No quiero verlo! ¡No quiero hablarle, no quiero que me mire ni que me toque ni que…!

Mientras hablaba Candy golpeaba los ladrillos de la chimenea, Eleonor se puso de pie de inmediato antes de que su nuera se hiciera daño. Por la espalda tomó las muñecas de Candy, le cruzó los brazos sobre su pecho mientras le susurraba palabras de consuelo, cuando la respiración de joven se hizo regular la fue soltando poco a poco.

— Entiendo tu sentir — habló Eleonor — Yo estuve en tu situación, aunque "la otra" terminé siendo yo — Confesó — Si bien es cierto que Richard estuvo primero conmigo él después se casó, yo no lo supe hasta un poco antes de que se llevara a mi hijo, que se había casado con esa mujer y aun así seguía viniendo a mí y a mi cama, me sentí usada y sucia pero, él se llevó a Terry y por años no lo volvía a ver, hasta hace poco cuando ustedes se casaron, ha intentado un acercamiento pero yo no quiero, pensar que ha estado con ella me hace sentir… es una sensación espantosa, pero lo que pasó con mi hijo… es diferente, él no se dio cuenta… no fue su intención… Él te ama inmensamente, ¡Jamás te haría algo así! ¡No era consciente de lo que hacía y…!

— Yo no soy usted Eleonor — Afirmó Candy clavando su mirada en su suegra — La situación fue diferente pero el resultado es el mismo, Terry tendrá un hijo con otra y eso yo no puedo aceptarlo.

— ¡Candy! ¡No puedes abandonarlo! ¡Piensa en tu hijo! ¿Qué pasará con ustedes? Evan necesita a su padre, tú creciste sin ellos y …

— Evan no tiene la culpa de lo que su padre ha hecho, no pienso negar a su hijo el derecho de verlo crecer, pero yo no pienso quedarme de brazos cruzados, no voy a hacerme la vista gorda.

— ¿Entonces?

— Antes de casarme me ofrecieron un puesto en un hospital de aquí de Nueva York, no lo acepte, pero me dejaron la oportunidad abierta y pienso tomarla, hoy mismo iré a hablar con el director del hospital, ya veré cómo arreglar mis turnos para no descuidar a mi hijo.

— No necesitas trabajar, yo puedo ayudarte y…

— ¡No! Eleonor, siempre he visto por mí misma…

— Pero ahora tienes un hijo, no es lo mismo.

— Por mi hijo es que haré lo necesario para salir adelante.

Sin nada más que decir Eleonor le proporcionó un poco de dinero para su transporte, y ofreció cuidar de Evan mientras Candy iba al hospital, la pobre mujer no halló como convencerla y prefirió brindar su ayuda para que su nuera llevara a cabo sus planes.

.

.

.

Hospital General de Nueva York, Brooklyn.

— Buenas tardes señorita, ¿Podría hablar con el doctor Martinelli? — Inquirió Candy a la persona sentada tras un escritorio.

— ¿Tienes cita? — Preguntó la mujer si siquiera mirarla.

— No, pero…

— El doctor tiene muchos compromisos y no puede atender a nadie sin cita.

— Lo siento… no pensé que…

— Madeleine después de la operación de… — Un hombre alto vestido con una bata blanca salió de la oficina de dirección dirigiéndose a la mujer que hablaba con Candy — Perdón — Se disculpó al ver a la rubia — Buenos días señorita.

— Buenos días, ¿Es usted el doctor Martinelli? — Indagó la rubia sorprendida al ver al hombre.

— Si, y ¿Usted es...?

— Candice White Grand… Ardley — la rubia titubeo al dar su nombre, pero al final decidió usar su nombre de soltera, al fin y al cabo, cuando le ofrecieron el trabajo fue con ese nombre.

— ¡Oh recuerdo ese apellido! De Chicago ¿Cierto?

— Sí doctor, así es.

— Mucho gusto Condice — Proclamó el médico ofreciendo la mano a su interlocutora.

La joven respondió al saludo, cuando el leve apretón de manos se dio una especie de cosquilleo le recorrió, no esperaba encontrar a un hombre tan joven en un puesto tan alto, la mayoría de los jefes tenían arriba de cincuenta años y el castaño alto de ojos verdes muy claros que la saludaba no aparentaba ni treinta.

— Dígame Candice, ¿En qué puedo ayudarle? ¿Por fin nos hará el honor de venir a trabajar con nosotros? El doctor Lenard me habló maravillas de usted.

— Gracias, yo… — bajó la vista — En realidad si, vengo a ver si todavía puedo integrarme a la plantilla del hospital.

— ¡Por supuesto Candice! ¡Ha llegado usted como caída del cielo! ¡Pase por favor! Madeleine — Se dirigió a la mujer que, desde su escritorio veía la interacción de su jefe y la recién llegada — Por favor avise que la cirugía en la que voy a participar se retrasará unos minutos, hablaré con la señorita Ardley acerca del puesto vacante — Solicitó el hombre.

— Como usted diga doctor — Respondió la mujer un tanto incómoda y mirando de manera reprobatoria a Candy.

Al cabo de unos minutos la rubia salió del hospital con sus horarios de trabajo, estaba satisfecha, el primer paso estaba dado, ya tenía trabajo, ahora debía ir por Evan a casa de Eleonor pues aceptó que está lo cuidara, era muy pequeño aún para andar paseando por todo Nueva York con él, menos aún con el frío que hacía.

.

.

.

La risa de una persona sacó a Candy de sus pensamientos, la decisión estaba tomada y el primer paso estaba dado, se puso de pie para salir del parque, debía regresar a casa, aunque no quisiera debía resolver su situación con Terry, era hora de enfrentar el problema.

.

.

.

Residencia de Eleonor Baker

— Madre... ¿Está Candy aquí?

— No — Respondió la rubia —Ella… — Titubeó.

— ¿Como que no está?

— Hijo ella estuvo aquí, pero, se fue hace como hora y media, vino hablar conmigo de lo qué pasó anoche.

Terry miró fijamente a su madre.

— ¿Qué te dijo? — Gritó exasperado.

— Me dijo lo mismo que tú me dijiste anoche, que embarazaste a su mejor amiga — Eleonor lo miró con ojos tristes — Hijo, ayer que me confiaste lo mismo creí que hablabas por el alcohol que habías ingerido durante la reunión así que no te creí del todo hasta hoy que Candy se presentó muy temprano aquí.

— ¡Madre! — Se dejó caer el hombre en los escalones — Yo también quisiera que todo esto fuese una pesadilla, pero, desgraciadamente es verdad.

De uno de los bolsillos de su abrigo Terry sacó la carta arrugada y partida en dos que le mandara Annie para luego extenderla hacia su madre.

Con manos temblorosas Eleonor la recibió y comenzó a leer, con cada párrafo sus ojos se abrían más y más hasta que, una de sus manos tapó su boca porque los sollozos no le permitían gritar, sentimientos encontrados comenzaron a volcar el corazón de la mujer y su hijo, Terrence sería padre por segunda vez y no de Candy, ¿Qué cosa estarían pagando todos los Grandchester para no poder ser felices con las mujeres que amaban? Se preguntó.

— ¿Madre? — Preguntó el castaño cuando levantó la mirada al escuchar los sollozos de esta.

— Resultaste igual que tú padre — Fue lo primero que salió de la boca de Eleonor — Pero ¿Sabes una cosa Terrence? Candy no es como yo.

— ¿Cómo te atreves a compararme con el duque? — Increpó furioso, apretando los puños — ¡Yo no soy como él! ¿Me escuchaste? ¡MADRE! — Gritó el castaño tomando a Eleonor por las muñecas.

La rubia se soltó de su agarre propinándole tremenda bofetada.

El joven sobo su mejilla, miraba a su madre con furia.

— ¡Jamás vuelvas a golpear…!

— ¡CÁLLATE! ¡Esto te lo mereces! ¿Cómo pudiste ser tan estúpido? ¿Cómo pudiste engañar de esta manera a tu esposa? No lo entiendo ¿Cómo pudiste hacerle este daño tan grande? ¡Y con su hermana! ¿Qué es lo que piensas hacer ahora? Te vuelvo a repetir Candy no es como yo que se dejará pisotear por tus estúpidos actos y los de esa vil mujer de Annie Cornwell, ¿Te has puesto a pensar en lo que pasará cuando el marido de esa llegue a enterarse del engaño del cual esa mujer pretende realizar?

El joven pasó las manos por su cabellera, frustrado se dirigió al despacho de su madre sabía que ahí encontraría el trago que le estaba haciendo falta, Eleonor lo siguió, lo alcanzó cuando este se llevaba el vaso de whisky a los labios, en un impulso la rubia mujer se lo arrebató lanzando el vaso al piso.

— ¿Es así como piensas resolver los problemas en los que estás metido Terrence? ¡Por dios! ¿Cuándo comenzaras a madurar?

Terry se dejó caer en el sofá que se encontraba ahí.

— ¿Qué puedo hacer? No quiero perder a Candy ni a Evan, pero también está ... mi otro hijo.

— Asume las consecuencias de tus actos y habla con tu mujer, comienza actuar como un verdadero hombre ante los problemas y no solo en la cama Terry.

Era cierto su madre estaba en lo correcto, en el pasado trato de resolver sus problemas con alcohol, pero lo único que logró fue autodestruirse, también era cierto que Annie no le estaba pidiendo nada a cambio, pero tampoco podía dejar el hecho de que ese bebé era suyo no importaba la manera en cómo haya sido procreado pero... también estaba su familia, debía hablar con su esposa y juntos buscar una solución pero... en algo su madre tenía razón, Candy no era como ella, Candy no aceptaría su traición así como si nada, debía pensar muy bien lo que debía hacer ya que no quería perderlos.

Determinado a hacer todo lo posible se despidió de su madre para regresar a su casa, algo le decía que su esposa ya estaba ahí y necesitaba, ¡Le urgía verla! Necesitaba hablar con ella y saber que pasaría ahora con ellos.

Continuará…

Por: Lexie / Esmeralda Graham y Temperance / Primrose.

Lamento mucho el atraso en las publicaciones, he andado algo ocupada, ustedes disculpen.

Si quieren estar al día recuerden que los estrenos de nuestras historias son en el grupo de "La Morada Mística"

Gracias por leer.