Los personajes de Candy Candy no me pertenecen.

Historia sin fines de lucro.

Historia creada en conjunto por Esmeralda Graham y Primrose para la guerra florida 2020 y el grupo de Las divinas místicas de Terry

El último aliento

Capítulo 12

El culpable soy yo

Eran casi las tres treinta de la tarde cuando Terry llegó a su casa, aunque intentaba calmarse no lo conseguía, su cabeza era un caos, llena de interrogantes que no sabía cómo responder, bajó del auto azotando la puerta, le aventó las llaves a Alan quien lo esperaba en la entrada y subió corriendo el par de escalones hasta la puerta principal, ni bien dar un paso al interior comenzó a llamar a su esposa a gritos.

- ¡Candy! ¡Candy! - la voz potente se escuchaba por todo el salón principal - ¡CANDY!

- ¡Señor Terrence! La señora no ha llegado - Informó Prudence con los ojos muy abiertos del susto por los gritos.

- ¿Cómo que no ha llegado?

- No señor, ella aún no llega.

- ¡Maldita sea! - Vociferó yendo ahora hacia donde estaba su despacho.

La buena mujer guardó silencio, se llevó la mano al pecho para después santiguarse, su patrón estaba hecho un demonio y todo parecía indicar que las cosas en la casa iban a peor.

Sumamente furioso Terry se encerró en su despacho, como león enjaulado caminaba de un lado a otro, pensando en qué hacer, en qué decir cuando viera a Candy, se quedó junto a la ventana unos momentos observando la calle, tratando de respirar pausadamente para controlar ese calor que traía por dentro; sin lograr calmar sus ansias se dirigió a la mesita del fondo, la botella de whisky llena hasta el tope lo estaban tentando a tomar de nuevo, pasó saliva, estiró la mano para agarrar un vaso pero inmediatamente después se retrajo, no debía beber, tenía que tener la mente despejada cuando llegara su esposa, caminó hasta el escritorio, comenzó a hojear el libreto de la próxima obra, sin poder concentrarse dejó el folder, era inútil, las manos le picaban, sus océanos bailaban mirando de un lado a otro,

- Solo una, para calmarme - Dijo en voz alta y se encaminó a servirse un trago.

El auto de alquiler aparcó en la entrada de la casa blanca, la rubia y el bebé que iban de tripulantes bajaron, la mujer agradeció y el chofer arrancó.

- Buenas tardes señora - Saludó el hombre mayor de mirada amable al open the reja.

- Buenas tardes Alan - Respondió la mujer rubia, dueña de la casa.

Candy caminó despacio, con cuidado de no resbalar con el hielo de la entrada, antes de adentrarse tomó aire, debería ser valiente y enfrentar la situación, por ella y por su hijo.

- ¡Señora Candy! - Exclamó Amy al verla - ¡Gracias a dios que ya está aquí!

- El señor…

- Está en el despacho, llegó hace como media hora.

- Gracias Amy, llévese a Evan por favor, iré a hablar con mi esposo.

- Señora ¿No van a comer?

- No, comí con mi suegra, gracias, cuando dejes al niño no te alejes, voy a necesitar tu ayuda.

- Como usted diga señora Candy.

La rubia sonrió levemente, depositó a su hijo en los brazos de la mucama, se quitó el abrigo y el gorro guardándolos en el armario y se dispuso a ir a donde le dijeron que su marido se encontraban.

La rubia aspiró, tomó el pomo de la puerta y sin tocar entró al despacho, abrió los ojos cuan grandes eran al ver como su esposo se llevaba a la boca un vaso full de lo que suponía licor.

- ¿Así piensas que se resolverán nuestros problemas? - Inquirió la rubia sumamente molesta.

Terry estaba por beberse de un solo trago su whisky cuando vio entrar a Candy, olvidando todo lo que habló con su madre de pensar antes de hablar aventó el vaso.

- ¿Dónde demonios has estado Candy? ¿Dónde está Evan? - Preguntó sujetándola de los hombros.

- ¡Suéltame! No quiero que me toques - Respondió la rubia soltándose del agarre - ¿Es ahora que te preocupas por nosotros?

- Siempre me he preocupado por el bienestar de ustedes así que no me salgas con esas preguntas estúpidas, ¡Responde Candice! ¿Dónde rayos estabas? - Indaga sujetando el brazo de la rubia.

- Después de lo que me has hecho no tienes derecho a cuestionarme lo que hago o dejo de hacer.

- ¿Cómo puedes contestarme de esa manera? Soy tu esposo y tengo derecho a saber a dónde vas, sobre todo si te llevas a mi hijo y no dejas dicho dónde.

- ¿Ahora si te acuerdas de procurar por nosotros? No te acordaste esa noche cuando estabas en los brazos de annie.

Terry la soltó como si el contacto le quemara, sin saber qué contestar.

El silencio se instaló, la pareja se quedó mirando, desafiantes.

- No tienes derecho a preguntar nada, pero por educación te lo voy a decir - Habló Candy - A partir de mañana comenzaré a trabajar en el hospital general.

- ¿Trabajar? ¿Por qué? ¿Y Evan? ¿Y yo?

- Por Evan no te preocupes, lo tengo solucionado, pero tú puedes cuidarte bien solo, ya lo hemos comprobado.

- ¡No puedes hacer eso!

- Puedo hacerlo y lo haré, no te estoy pidiendo permiso - la rubia dio la media vuelta dejando a Terry perplejo.

Saliendo de su estupor el castaño fue tras ella.

- No hemos terminado de hablar - Decía el castaño mientras subían la escalera.

- Yo sí, así que mejor déjalo estar Terrence, ya no quiero seguir hablando contigo, estoy agotada.

- No creo que…

El hombre estaba dispuesto a seguir discutiendo, pero tuvo que quedarse callado cuando al llegar al pasillo se toparon de frente con la joven mucama.

- Amy ve a mi recámara, saca todas las cosas del señor y las llevas al cuarto de huéspedes, después le dices a Alan que por favor me ayude a pasar la cuna de Evan.

- ¡No te atrevas a tocar mis cosas! - Ordenó a la chica señalándole con el índice.

Amy miró a Candy, luego a Terry, asustada de estar en medio de sus patrones sin saber qué hacer.

- No tengas miedo Amy el señor no te hará nada, has lo que te dije - Recalcó Candy con los ojos encendidos.

- ¿Cómo te atreves a echarme de mi habitación?

- Fuiste tú el que ya había decidido irse desde el momento que te metiste con otra mujer, si crees que mi cama está disponible aún para ti estás muy equivocado.

Entre discusiones llegaron a la habitación conyugal donde Amy apilaba camisas sobre la cama.

Candy se desesperó y comenzó a sacar la ropa del clóset arrojándola con furia ante la mirada atónita de Terry.

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Casa Cornwell-Brighton

Después de una noche donde la pasión se desató en la alcoba de Annie y Archie la pareja estaba en una especie de segunda luna de miel, llevaban tres semanas dando todo de sí, ambos poniendo de su parte, eran muchos años juntos y el esfuerzo valía la pena.

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La mañana era un poco fría, sin embargo, Archie debía trabajar, así que, a pesar del clima y su desnudez se levantó de la cama para asearse.

- Vamos dormilona, son casi las siete, debo estar en la oficina a las nueve - Dijo Archie mientras sacudía a su mujer que, todavía seguía durmiendo.

Annie se removió bajo las sábanas, cada día le costaba más despertar, el embarazo junto con las noches de desvelo al lado de su esposo la hacían volverse perezosa.

- ¡Ohhhhh Archie! ¡Un ratito más!

- Está bien, voy a asearme - Mencionó dando un beso en el hombro desnudo de Annie.

La pelinegra se giró cuando escuchó a su marido irse, lanzó un suspiro al verlo andar, sin duda Archivald era un hombre fantástico, a pesar de no hacer nada físico excepto el esgrima su cuerpo era bastante bien proporcionado, sus piernas eran largas, firmes y torneadas, la cadera estrecha, y los hombros anchos, con los trajes no se notaba tanto pero… verlo tal cual dios lo trajo al mundo… una sensación de calor comenzó a invadir su cuerpo, se incorporó para salir de entre las sábanas, a pesar del piso frío y su desnudez caminó hacia el cuarto de aseo que había en su habitación, dispuesta a alcanzar a su esposo y hacer lo posible para calmar sus ardores.

Poco le duró la idea pues tres pasos después el deseo de estar con su marido se convirtió en una sensación de náuseas.

Apenas conteniendo una arcada, se tapó la boca, trató de controlar la sensación, pero no pudo, aceleró su andar y sin poder aguantar más abrió la puerta de imprevisto vaciando el estómago a los pies de Archie.

- ¡ANNIE! - Gritó el hombre dando un paso hacia atrás - ¡Dios! ¿Qué te pasa? - Inquirió haciendo una mueca de asco.

Una nueva arcada impidió que Annie pudiera decir palabra alguna.

Lo único que Archie pudo hacer fue mojar una toalla, inclinándose la puso sobre la frente de Annie al tiempo que le daba ligeras palmadas en la espalda.

La mujer apenas y pudo sostener su cabello para que este no se manchara, llevaba semanas sintiendo los malestares, pero trataba de disimular, sin embargo, hoy simplemente no pudo.

- Debemos ir al médico, hace días te veo un poco demacrada - Sugirió - Pensé que era por las noches de desvelo, pero… no estás nada bien y me preocupas - Concluyó el hombre limpiando la cara enrojecida por el esfuerzo de su esposa.

- Está bien - Habló Annie ronca - Iré hoy mismo, le pediré a Maggie que me acompañe.

- ¿Segura? Podría hablarle al tío William y…

- Segura, no te preocupes.

- Está bien querida, ven aquí - Dijo el hombre poniéndose de pie para agarrar la bata rosa de Annie que colgaba de un perchero - Ponte esto, voy a buscar a alguien para que venga a limpiar.

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Era más de las diez de la mañana cuando Annie llegó a la consulta del doctor Lancaster.

- Buenos días señora Cornwell ¿Cómo ha estado?

- Buen día doctor, pues vengo porque últimamente no me he sentido muy bien - Manifestó la pelinegra mirando de reojo a Maggie quien bien instruida desde antes de estar ahí asintió con la cabeza en apoyo a su patrona - Tengo sueño todo el tiempo, me siento cansada y… - Bajó la cabeza con vergüenza - Hoy en la mañana he vomitado a los pies de mi esposo apenas levantarme.

- ¡Señora Cornwell! - Exclamó el hombre poniéndose de pie presuroso - ¿Hace cuánto sucede eso? ¡Venga, venga! Por favor acuéstese para que la ausculte - Pidió el galeno guiando a la mujer hacia un diván.

- ¿Cree que sea algo malo? - Preguntó Annie haciendo un gesto de sorpresa y temor.

- ¡Oh no señora Cornwell! - Declaró el médico.

El hombre mayor tomó unos aparatos del cajón de su escritorio, con cuidado fue palpando el vientre de Annie.

- Esto es un estetoscopio señora Cornwell - Mostró el hombre - Sirve para escuchar lo que tenemos en el interior.

- ¿Y porque lo usará conmigo? - Preguntó Annie asustada.

- Para cerciorarme de que lo que he sentido ahora que la acabo de auscultar es verídico.

El doctor… procedió a poner el aparato en sus oídos para posteriormente poner una especie de campana sobre el vientre de Annie.

- ¡Ahí está! - Exclamó el hombre cuando, después de poner el aparatejo en varias partes del estómago de la pelinegra se detuvo.

- ¿Qué es? ¿Qué cosa? - Preguntaba Annie como si no supiera de lo que el hombre hablaba.

- ¿Cuándo fue la última vez que tuvo su flujo mensual? - inquiere el galeno.

- No… no recuerdo… - tartamudea Annie con vergüenza.

- No se apene señora Cornwell, llevamos meses de tratamiento, sabíamos que en algún momento pasaría.

- Bueno… si… lo siento - Dijo tímida - Creo que fue… - se limpió la cara con disimulo, acalorada - El mes pasado, a principios de mes o antes no lo recuerdo bien.

- Si dice usted que a principios del mes pasado o antes para estas fechas ya debería haber tenido otro y no es así ¿Cierto?

Annie se llevó la mano a la boca en un gesto de clara sorpresa.

- ¡Oh doctor! ¿Usted cree…? ¿Cree que yo podría…?

- Si Annie, es muy posible que esté embarazada.

Annie estiró la mano tomando la de Maggie que, sentada cerca de ella mantenía la cabeza baja, sin valor para mirar a nadie.

- Todavía debemos verificar, pero por sus síntomas y las fechas parece que al fin lo logramos - El hombre palmeó la mano libre de Annie.

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- Cuando Archie llegue le diré lo mismo que el doctor nos dijo Maggie - Decía Annie mientras caminaban de regreso a su casa - Ten mucho cuidado con lo que dices o haces, no debemos contradecirnos.

- Señora ... no sé ... si el patrón se da cuenta ...

- ¡No lo hará! ¡Yo no diré nada y tú tampoco!

- Pero cuando el niño llegue antes…

- Muchos niños se adelantan ¿No?

- Sí señora, pero…

- ¡Pero nada! Hasta ahora todo ha salido bien, nadie tiene porque enterarse que mi hijo no es de Archie.

- ¿Y si el padre de la criatura viene a reclamar?

- ¡No seas estúpida! El no vendrá.

- Entonces ¿Para qué le dijo?

- ¡Eso es algo que a tí no te importa!

Annie apresuró el paso, enojada por la pregunta a la que ella no tenía respuesta y se venía cuestionando desde hacía tres semanas que había enviado la carta dichosa.

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- Cualquiera que te viera con ese ceño fruncido no diría que eres un hombre felizmente casado primo - Se burló Neil quién, sentado en el sillón de cuero frente a Archie esperaba un ser recibido por el patriarca Andley.

- No es que verte la cara de idiota me haga muy feliz Neil - Respondió dejando de revisar unos documentos para dedicarle una mirada de desprecio al pelirrojo - No sé porque tienes que esperar a Albert aquí y no en la sala de ahí afuera - Manifestó.

- Ahí espera cualquier miserable ¡yo no! - Aseveró el hombre ajustando su corbata gris oscura.

Archie rodó los ojos, Neil se creía muy pagado de sí mismo ya veces le era muy intolerable su presencia, sobre todo después que regresó de Florida y cada que podía le lanzaba indirectas acerca de lo bien que le había ido y la grata compañía de cierta chica de anteojos durante su estancia en el lugar.

- Hace frío aquí - Se quejó Neil - Definitivamente prefiero el clima de Florida, ahí todo es más alegre, más verde y más… Mmm ... dulce - Dijo haciendo un ademán con la mano al tiempo que aspiraba aire.

Archie lo atravesó con la mirada, tenía ganas de vomitar con las insinuaciones de Neil, por más que evitaba pensar en Florida, en específico en Patricia simplemente no lo lograba, desde el día que habló con ella y luego su reconciliación con Annie a toda costa apartaba cada pensamiento o recuerdo de la chica, no le hacía bien y cada vez que se dejaba arrastrar por el recuerdo del sabor de su boca una impacienta que le hacía escozor en todo el cuerpo lo empujaban a la desesperación, por eso cada noche se refugiaba en su esposa, le hacía el amor como un loco desesperado, intentando en cada encuentro perderse de la realidad y olvidar a Patty. No lo lograba, cada que Annie lo besaba él pensaba en Patty, mientras embestía a su mujer cerraba los ojos, imaginando que el cuerpo que poseía era más redondo, más cálido y más suave.

Por eso ver a Neil y escuchar sus insinuaciones lo ponían de un humor de los mil demonios y lo único que quería era ahorcarlo.

Archie regresó a lo que hacía tratando de concentrarse, sacudió la cabeza y pensó en Annie, para esa hora ya debería haber regresado del médico, esperaba que no tuviera nada grave.

- Señor Leagan ya puede pasar - Habló George Johnson abriendo la puerta lateral - William le atenderá ahora.

- Gracias, ya era hora - Dijo el pelirrojo al tiempo que se levantaba - Nos vemos primo, si el tío me autoriza ya no nos veremos por un buen tiempo, todo salió tan bien que es muy posible que me quedé una buena temporada en Tallahassee - Dijo dirigiéndose a Archie, burlón.

Los ojos miel de Archie centellearon cual llamas doradas, ¿Qué demonios decir Neil con eso?

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Tallahassee, Florida, unas semanas antes.

La abogada Patricia O'Brien caminaba presurosa por el pasillo para llegar a su oficina, la secretaria le había dicho que un cliente nuevo llegaría al medio día y ella tenía tanto trabajo que no sabía cómo se daría el tiempo para recibirlo, estaba revisando unos documentos cuando, cansada de leer movió la cabeza para masajear su nuca, al voltear vio el reloj de la pared, diez minutos, su cliente llegaría y ella estaba enterrada entre documentos, con el cabello revuelto y un lápiz atravesado el moño en el que este estaba amarrado y que para esa hora estaba casi deshecho, se levantó presurosa para ir al cuarto de baño y ponerse presentable, se lavó la cara, mojó un poco sus cabellos para soltarlos pues olvidó en el cajón de su escritorio su cepillo.Cómo pudo volvió a recoger su ya larga cabellera con algunas horquillas dejando un mechón sobre su rostro, se ajustó el corbatín de la blusa rosa de seda, acomodó la pretina de su falda negra y antes de salir se echó un último vistazo.

- Creo que más no puedo hacer - Dijo en voz alta - Al menos ya no tengo restos de tinta en la ceja - Proclamó pasando el meñique sobre ésta, delineando el arco que se le formaba del lado izquierdo.

Iba caminando rápido, limpiando sus lentes, al dar vuelta en el pasillo para llegar a su oficina su cuerpo delgado chocó con otro, esté era tan duro y firme que casi la hizo caer, si no fuera por los buenos reflejos de esa persona seguro hubiera caído sin gracia sobre su trasero.

- ¡Cuidado señorita! - Exclamó una voz varonil al tiempo que la sostenía por la cintura evitando así su caída.

- ¡Ohhh gracias, disculpe usted! A veces suelo estar algo distraída - Expuso la chica de ojos miel mientras se sujetaba de unos brazos fuertes cubiertos por la tela gris oscura del traje.

- Tus ojos se ven preciosos sin los lentes Patricia - dijo el hombre galanteando.

Patty levantó la cabeza sorprendida por el atrevimiento, unos ojos marrones la miraban con un brillo pícaro que la hicieron sonrojar, quiso soltarse, pero el hombre puso un poco de resistencia, ella le puso las manos sobre el pecho duro tratando de alejarse, estaban demasiado cerca y el aroma de la colonia masculina la estaban perturbando.

- ¡Neil! - Exclamó empujando con más fuerza, pero sin éxito.

El moreno la soltó despacio, dejando que la mano que se posaba en su estrecha cintura acariciara con disimulo esa parte de la anatomía femenina.

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El día de San Valentín se acercaba, en Chicago Annie preparaba todo para darle a su marido la feliz noticia, apenas y tuvo tiempo, pero lo hizo, preparó una cena especial y estaba ansiosa por ver la reacción de Archie.

Una semana atrás el médico le confirmó lo que ella ya sabía, estaba embarazada, para el galeno y los datos otorgados tenía poco más de un mes, casi dos, pero ella sabía que no era así, sin embargo, eso no tenía importancia, lo importante era que nadie a excepción de Maggie, Emma y ella lo sabían y ninguna de las tres diría nada, bueno, también el padre de su bebé lo sabía, pero, hasta ese día no daba señales así que creyó que él tampoco diría nada, no le convenía a nadie.

Ataviada con un vestido fino del color de la sangre, Annie recibió a Archie apenas esté puso un pie dentro de la casa.

- ¡Al fin llegas! - Exclamó la pelinegra arrojándose a los brazos de su marido - ¡Ven! Te tengo una sorpresa - Le dijo mientras lo jalaba hacia el comedor.

El hombre se dejó llevar, estaba cansado y lo único que quería era cambiarse para meterse en la cama pero, el entusiasmo de Annie lo alejó de sus planes.

- Annie - Llamó a su mujer - Quiero ir a cambiarme - Reconvino.

- ¡Oh amor! Después de esto… tan solo ven - Dijo Annie con una sonrisa deslumbrante.

El comedor estaba pulcro, con tan sólo un camino de mesa bordado con flores en tonos azules y verdes dejando que el tono oscuro de la madera luciera con elegancia, Annie corrió el asiento de la cabecera donde, una cajita atada con un listón azul esperaba para ser abierta.

- ¡Feliz san Valentín amor! - Exclamó Annie al tiempo que acercaba la caja hacia su esposo.

- Annie, es mañana.

- ¡Lo sé, pero ...! - La mujer se mordió el labio - ¡Por favor ábrelo! - Suplicó - No quiero esperar hasta mañana.

Archie accedió, tomó una de las puntas del listón y lo jaló, deshizo el moño para luego destapar la caja, dentro, envuelto en un papel de seda blanco sacó un par de zapatitos tejidos en color azul, con visible interrogación miró a Annie, está tenía los ojos vidriosos y las manos empuñadas sobre el pecho, el hombre miró de nuevo el contenido y luego a Annie, tras unos segundos de extrañeza el llegó llegó.

- ¿Esto es ... es ...? - Un nudo se le atoró en la garganta impidiéndole hablar.

- Sí - Susurró Annie dejando escapar las lágrimas que tenía acumuladas en los ojos - Cuando fui al médico la semana pasada me dijo que era una posibilidad y… hoy me lo confirmó… ¡Estoy embarazada!

- ¡Oh por dios Annie!

Archivald se puso de pie, acunó el rostro de su esposa entre sus manos donde aún sostenía el zapato.

- Es… ¿Es verdad? ¿No hay dudas?

- No - Afirmó la mujer - No cabe la menor duda - Confirmó sin parpadear.

Archie soltó el rostro de Annie para ahora abrazarla con fuerza, con lágrimas corriendo por sus mejillas volvió a tomarle la cara para besarla profundamente.

Annie también lloraba, sintió una amarga felicidad, pero, felicidad al fin.

- ¡Esto es un milagro! - Dijo Archie.

- Es el milagro que nos mandaron por habernos reconciliado.

- Es el mejor regalo que jamás me han podido dar - Declaró para después tomar a Annie de la cintura y darle vueltas, emocionado.

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nueva York

La situación de la familia Grandchester era cada vez peor, desde que Candy comenzó a trabajar y Terry a ensayar para la nueva puesta en escena casi no se veían y, los escasos momentos que lo hacían era para discutir sin parar.

Desde muy temprano Candy salía de la casa, dejaba a Evan con Eleonor y después al trabajo, Terry se levantaba más tarde, desayunaba, tomaba su auto y salía rumbo casa de su madre, pasaba unas horas con su hijo ante la mirada de pena de Eleonor cosa que lo enerva, luego se iba al teatro, toda la tarde ensayando una y otra vez haciéndoles la vida miserable a sus compañeros de tablas ante cualquier pequeña equivocación.

- Vete a tomar aire Graham antes que te dé una patada en el culo - Le dijo Karen mientras lo empujaba para bajar del escenario - Cuando se te bajen los humos subes, mientras tanto ensayamos las escenas donde no sales ya me estás hartando.

El castaño la miró furioso, sin embargo, hizo caso, un minuto más ahí y le sacaría los ojos a su compañero.

Todos lo miraron perderse tras los pasillos lanzando un suspiro de alivio, si así se ponía y eran los ensayos ¡Sabría dios el día del estreno!

Terry subió a la azotea, cansado se dejó caer en un rincón, se frotó los ojos, le ardían un poco debido a la falta de sueño, dormir solo después de tantos meses de compartir la cama con Candy le era imposible, saberla tan cerca pero no poder acercarse lo estaban matando lentamente, aún no hablaban como debería ser, solo gritaban, se recriminaban y azotaban puertas, momentos después los sollozos de Candy se podría escuchar a través de las paredes, ¿Dormir? Ni soñarlo. Sacó la armónica del bolsillo trasero del pantalón, la miró recordando el día en que Candy se la dio.

- ¿Es que acaso quieres darme un beso indirectamente?

Le había cuestionado y ella levantó el puño en alto, haciendo esos gestos graciosos que en ese entonces ya empezaba a adorar y que ahora parecían un sueño lejano. Cerró los ojos tan solo para descansar, pero, sin darse cuenta el cansancio lo venció, se quedó dormido, recargado en el muro, con la armónica en sus manos y una lágrima rodando por sus mejillas.

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Eran casi las dos de la tarde y al fin la cirugía en la que participaba Candy llegó a su fin, cansada la rubia se masajeó la nuca, estaba acostumbrada a las operaciones largas, pero está… fue todavía más de lo que alguna vez había visto o formado parte.

- Gracias por su colaboración señorita White - Agradeció el doctor Luca Martinelli - ¿Porque no vamos a comer algo? La operación tardó más de la cuenta y muero de hambre - Preguntó al tiempo que se quitaba la bata blanca.

- Esa técnica fue impresionante, nunca antes la había visto, la forma en la que paró la hemorragia fue… fue impresionante - Mencionó Candy.

- Bueno - El alto hombre se rascó la cabeza - Son cosas que uno aprende a las malas señorita White, ¿Recuerda que le dije que fui médico militar?

La rubia asintió.

- En el campo no tenemos las mismas comodidades, a veces había que operar con tan sólo una vela, sin anestesia, sin gasas, tienes que hacer uso de lo que tengas a la mano, era terrible - Finalizó el hombre con un suspiro.

- Lamento oír eso - Dijo la rubia al tiempo que su estómago rugía.

Colorada de vergüenza Candy no sabía qué decir o dónde ocultar su cara, después de tan triste comentario y ella haciendo el ridículo.

- Señorita White ya no tiene pretextos para no aceptar mi invitación, vaya a cambiarse en lo que yo hago lo mismo y nos vemos en la entrada, descubrí un restaurante italiano a dos manzanas y ¡Mia madre! ¡Il sapore è unico! - Dijo Luca haciendo un ademán de saborear.

- Está ... está bien doctor, la verdad si tengo mucha hambre, llamaré a casa para avisar que llegaré un poco tarde y le en unos minutos - Accedió Candy para luego girarse e ir al área de vestidores.

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- No te preocupes por él Candy, ahora está dormido, cuando llegues ya habrá despertado, ve con tus compañeras, no es correcto que pases tantas horas sin comer, entiendo tu malestar, come bien y trata de distraerte.

Eleonor Baker colgó el teléfono de su residencia soltando un suspiro, llevaba un par de semanas cuidando de su nieto mientras Candy laboraba en el hospital general, fue lo único que pudo hacer, no debía metere, se mantuvo mantenerse al margen, le daba tristeza ver a sus hijos cada uno por su lado como si el amor tan grande que se tenían no fuera suficiente para derribar la barrera que se había erigido entre ellos.

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- ¿Lista señorita White?

- Lista doctor Martinelli.

Mientras caminaban por la acera el médico le contaba a Candy algunas anécdotas de su etapa de estudiante, ella, iba meditabunda, contestando apenas con monosílabos, ¿Por qué no le dijo a Eleonor que saldría con el doctor? ¿Por qué no le había dicho al doctor que ella estaba casada y tenía un hijo? El seguía llamándole señorita White, ¡Todos la llamaban señorita White! ¿Es que acaso en su interior buscaba una revancha? ¡No! ¡Claro que no! Ella no era así, sin embargo, ir caminando por la calle con un hombre guapo, agradable y que además tenía una plática interesante decía lo contrario, se sintió culpable, volteó para ver al doctor, iba a abrir la boca para decir algo, pero él la interrumpió.

- ¡Lo siento! - Se disculpó el hombre - Hablo y hablo sin parar.

La luz del sol bañando los cabellos de Luca, sus ojos brillantes y esa sonrisa dulce dejaron a Candy sin aliento, con la boca abierta y sin saber qué decir… esto estaba mal, muy mal y de nuevo la culpabilidad la hizo sentir esa punzada en el estómago.

Continuará…

Por: Lexie y Temperance

Gracias por leer.

Para las personas que me han pedido actualización de Tal vez, Algún día pido me disculpen, tengo varios pendientes y no me ha dado tiempo.

Espero que todas estén bien, les mando besos y un gran abrazo, de este lado de la pantalla: PRIMROSE.