AMANECIENDO EN TI
Abrí los ojos cuando el alba estaba despuntando y los primeros rayos del sol comenzaban a hacerse presentes, ingresando lentamente a través del gran ventanal de mi habitación. Me sentía relajado e invadido por una absoluta calma. Mi mente aún somnolienta, recordó lo que había sucedido durante la noche, y sentí cómo el rubor encendía mis mejillas y mi corazón se aceleraba nuevamente.
Entonces centré mi atención en la calidez que sentía entre mis brazos: Fluorite dormía plácidamente, con su cabeza apoyada sobre mi pecho, su respiración lenta y acompasada con la mía, con una sutil sonrisa en sus tentadores labios, que habían sido míos una vez más durante toda la noche. Mi corazón se sentía completo, lleno de un sentimiento que era incapaz de describir con palabras, pero que era tan inmenso que ya no cabía dentro de mi pecho. Acaricié tiernamente la lozana piel de su mejilla, disfrutando de su tersura, para luego delinear con mis dedos el contorno de sus perfectos labios. Estaba maravillado, totalmente rendido ante la mujer que dormía entre mis brazos y que reconocía como la dueña absoluta de mi cuerpo y de mi corazón. Jamás creí que fuera capaz de ir en contra de mis principios y actuar de la manera en que lo hice. Una parte de mí se sentía culpable de haber corrompido a una joven inocente a la cual le llevaba varios años, pero por el otro lado, sabía que no tenía nada de lo que arrepentirme, puesto que yo no me había aprovechado de ella ni de su ingenuidad, y además yo amaba a Fluorite y deseaba un futuro con ella, no había sido un patán que le había robado la virtud a una jovencita sólo para satisfacer sus bajos instintos. No podía negar que lo que había experimentado con ella me había gustado. Había sido la primera vez que yacía con una mujer, así como ésta también fue la primera experiencia de mi amada Fluorite, y eso me hacía sentir inmensamente feliz.
La miré dormir entre mis brazos y sonreí. Parecía como si miles de mariposas aletearan en mi estómago, causándome una sensación indescriptible y a la vez tan placentera. Guardaría en mi memoria y en mi corazón el momento tan íntimo e inolvidable que habíamos compartido juntos, en el que ambos descubrimos por vez primera, el placer y el amor que podíamos expresar a través de nuestros cuerpos.
Quisiera que pudiéramos quedarnos así para siempre, uno en brazos del otro, y dejar que el tiempo transcurriera sin que importe nada más... Ojalá pudiera utilizar mis habilidades para congelar este momento tan perfecto... Pero eso no era posible. Sé que tarde o temprano tendré que unirme a la batalla en esta Guerra Santa para ayudar a mis compañeros y así derrotar al Ejército de Hades y sus oscuros planes para la humanidad. Cerré los ojos con fuerza por un breve instante, y sentí como si el tiempo se me estuviera escurriendo como arena entre los dedos.
Cuando volví a abrirlos, me encontré con la mirada azul de Fluorite, contemplándome con la misma intensidad y ardor con que yo mismo la había mirado en la noche, mientras la hacía mía. Ella me dedicó una sonrisa al mismo tiempo que colocaba su mano sobre mi mejilla con delicadeza, como si inconscientemente quisiera consolarme y apartar de mi mente todos aquellos pensamientos tristes que habían comenzado a formarse en mi interior. Me obligué a no pensar en ellos, teniéndola entre mis brazos y viéndome de esa manera tan seductora. Una vez más sentí mi corazón acelerarse, y el deseo se extendió a través de mi cuerpo cual llamarada, quemándolo y arrasando con todo a su paso. Mientras intentaba controlar mis emociones aunque fuera por unos minutos, le sostuve la mirada al mismo tiempo que me atrevía a preguntarle :
_Ma petite fleur, ya despertaste... Te ves tan absolutamente hermosa cuando duermes, que quisiera contemplarte así por el resto de mi vida... ¿Cómo te sientes? Dime, ¿te he hecho daño?_ .
Al oír mis palabras, ella negó con la cabeza, manteniendo su cautivante sonrisa entre sus labios.
_Debo darte las gracias, mi pequeña flor, por haberme brindado el maravilloso regalo de tu inocencia... Me siento honrado de que me hayas elegido para tan magnífico presente... Atesoraré ese maravilloso momento en mi corazón... _ , le dije mientras la miraba a los ojos y besaba el dorso de una de sus manos de manera seductora.
_ Degel, soy yo la que tiene que darte las gracias, por mostrarme y ayudarme a experimentar estas nuevas sensaciones, por haber sido un perfecto caballero en todo momento al preocuparte por mi bienestar, pero sobre todo, te agradezco infinitamente por brindarme tu amor, el cual he anhelado tener desde que era una niña... Si tengo tu amor, siento que no me hace falta nada más en este mundo..._ , me dijo con voz trémula, luego de lo cual se incorporó levemente hasta alcanzar mis labios, y allí depositó uno de sus adictivos besos, que me hacían perder el control total de mi raciocinio. Y una vez más, ambos cedimos ante la intensidad de nuestros sentimientos, entrelazando nuestros cuerpos que ansiaban probar nuevamente las mieles del amor, pero también nuestras almas.
No sé que hora es, lo único que sé es que cuando abrí los ojos, Degel ya no se encontraba a mi lado. Seguramente ya es muy tarde y debió acudir al Templo del Patriarca para cumplir con sus labores de ayudarlo con unos manuscritos muy importantes y de los cuales dependía el futuro de la Guerra Santa, como me había comentado.
Sé que yo también debería levantarme de la cama y empezar mis actividades del día, pero no puedo alejarme de estas sábanas impregnadas del aroma que siempre acompañaba a mi amado Degel. Hundo mi rostro en la almohada y aspiro profundamente ese maravilloso aroma a menta que me hace sentir tan segura y tranquila, y en ese momento sé que estoy sonriendo debido a la felicidad que siento burbujear en mi interior. Mon Dieu, ¡estoy tan feliz! Y de repente me siento llena de energía y capaz de lograr todo lo que me proponga; con la idea de retomar mis proyectos, me incorporé en la cama dispuesta a levantarme, y en ese momento una leve sensación de dolor entre mis piernas atrajo mi atención. Hice una ligera mueca de incomodidad mientras me incorporaba, tras lo cual permanecí sentada durante unos minutos, rememorando la causa de aquel ínfimo malestar. Sentí que mis mejillas volvían a arder, al mismo tiempo que una sonrisa se dibujaba en mis labios; llevé mi mano a mi rostro y lo cubrí con ella, avergonzada al recordar cómo me había entregado a él durante la noche, y el ímpetu con el que me había hecho suya una vez más al amanecer. Todavía me parecía increíble todo lo que había sido capaz de experimentar entre sus brazos; Degel se comportó con tanta dulzura y cuidado para no hacerme daño, que me pareció incluso que estaba conteniéndose al no dejarse llevar por sus masculinos instintos. Madame La Flaille me dijo una vez en una de sus charlas, que la mayoría de los hombres solían ser bruscos con las mujeres en la intimidad, y que había muy pocas excepciones a la regla, pues en esta época, la mujer se encuentra sometida a la voluntad del hombre, y para éste, la féminas son solamente un objeto para satisfacer sus deseos carnales.
Pero yo siempre supe que Degel no era como los demás, estaba segura de que él me cuidaría incluso hasta de sí mismo, y en efecto, así lo hizo, procurando que sintiera placer en lugar de dolor. Al levantarme de la cama, me envolví en una de las sábanas para dirigirme hacia el cuarto de baño y así refrescarme, y pude observar en la sábana inferior, la evidencia de que ya mi infancia había quedado atrás.
Una vez en el cuarto de baño, preparé la bañera con agua jabonosa y sales aromáticas, las mismas que utilizaba Degel, y me sumergí en ella. Mientras dejaba que el agua se deslizara a través de mi piel, acudieron a mi mente más recuerdos de la noche anterior que me hicieron estremecer. Cerré los ojos y me permití perderme en esas imágenes que evocaban una gran variedad de sentimientos, provocando que mi respiración comenzara a acelerarse inconscientemente, al igual que mi corazón, que ya latía con más intensidad en mi pecho.
No me había dado cuenta de cuánto necesitaba de Degel de esa manera tan desconocida para mí hasta hacía unas horas; era como si hubiera descubierto una parte de mí que permanecía oculta, ajena a esas sensaciones que él me había mostrado y, que al mismo tiempo, también descubría junto conmigo. Eso me parecía adorable. Me halagaba de sobremanera que yo haya sido la mujer que él eligió para su primera experiencia... Volví a sonreír en medio de la soledad del cuarto de baño, estaba segura de que una sonrisa tonta de mujer enamorada se extendía a través de mis labios, por lo cual los acaricié con las yemas de mis dedos, notándolos aún levemente edematizados, como recuerdo de la pasión que había vivido con Degel.
No puedo evitar pensar, aunque sea subconscientemente, que lo ocurrido podría traer consecuencias para ambos, y el temor comienza a hacerse presente y a querer ganar terreno en mi alma. Sé que Degel no puede ofrecerme nada en este momento tan complicado y decisivo para el Santuario y también para la humanidad, y yo tampoco puedo exigirle nada, no sería justo para él ahora que se encuentra tan presionado por las batallas que se avecinan. Ese temor que comienza a acecharme tiene como punto de partida el hecho de que en el fondo de mimente, sé que lo más probable es que Degel no sobreviva a esta Guerra Santa, y eso hace que mi corazón no pueda disfrutar por completo de la felicidad que siento al saber que él es mío y que yo soy suya. Una lágrima se escapa furtiva y se desliza por mi mejilla; la seco rápidamente con el dorso de mi mano mientras doy un profundo suspiro y me obligo a no pensar más en cosas tan dolorosas que aún no han ocurrido, y que con el favor de los dioses, quizás no ocurran.
¡No permitiré que nada me arrebate la felicidad que estoy sintiendo!
Me encuentro subiendo las escaleras en dirección al Templo del Patriarca como un autómata, ya que lo único en lo que puedo pensar es en la noche que pasé con Fluorite y el hecho de que por fin, después de tanto tiempo, me siento feliz. Más temprano en la mañana, luego del alba, un guardia se había presentado en mi Templo con un mensaje del Patriarca solicitando mi presencia en sus aposentos; creo que ha llegado el momento en que el antiguo caballero de Cáncer va a revelar todo aquello que sabe con respecto al atentado que sufrió y por el cual estuvo al borde la muerte, y cómo eso se relaciona con Natalie. Puedo intuir que el Patriarca tiene mucho para contar, sin duda; el contexto es demasiado misterioso.
Me apena haber tenido que dejar a Fluorite sola en mi habitación, en mi cama, después de tan maravillosa noche, pero no puedo dejar de lado mis deberes como caballero dorado por cuestiones personales, más en estos momentos tan críticos que están aconteciendo en esta Guerra Santa; sería desconsiderado y egoísta de mi parte.
Subo a paso lento, y cada nuevo escalón que piso, me trae un nuevo recuerdo de mi pequeña flor, tan delicada y ahora infinitamente mía, y no puedo controlar el rubor que siento subir a mis mejillas. Absorto como estaba en mis pensamientos, no me dí cuenta que, detrás de mí, unos pasos se acercaban intentando alcanzarme, hasta que pude divisar una armadura dorada. Shion también se dirigía a ver al Patriarca. En una fracción de segundo, mis células nerviosas hicieron sinapsis y, recordando las habilidades del Lemuriano para leer el pensamiento, giré mi rostro en la dirección contraria a él intentando concentrarme en lo que sea para evitar que pudiera darse cuenta de cuál era el rumbo que habían estado tomando mis pensamientos.
_Buenos días, Degel... ¿Te encuentras bien? Te noto algo extraño esta mañana..._ , dijo Shion mientras me observaba con detenimiento.
_B-buenos días, Shion! Estoy bien, gracias, sólo un poco ansioso por la reunión que tendremos con el Patriarca_ , me apresuré a decir lo más seguro que podía, sin dar lugar a que la duda se instalara en mi voz.
Al cabo de unos minutos, llegamos al Templo perteneciente al líder del Santuario y luego nuestra llegada, ingresamos con rumbo a los aposentos de Sage.
El anciano nos estaba esperando de pie junto al gran ventanal de su habitación, desde donde podía contemplar la fantástica vista de aquel recinto erigido en honor de la diosa Athena. Al notar nuestra presencia, se giró hacia nosotros con una sonrisa tensa y, luego de un ademán para invitarnos a que nos acercáramos, por fin habló:
_ Jóvenes, creo que ya deben de tener una idea de por qué los he mandado a llamar... Todo este tiempo me la he pasado observando detenidamente el firmamento, leyendo lo que está escrito en las estrellas, y por fin estoy listo para darles la explicación que les había prometido y que ustedes tanto se merecían... _ , dijo Sage, mientras daba unos pasos hasta la silla que acompaña a la mesa de su recámara para luego, tomar asiento; luego, prosiguió con su relato.
_Como ya saben, entre nosotros hay un enemigo muy poderoso, que al parecer tiene la habilidad de cambiar su apariencia, y eso nos hace más difícil la tarea de buscarlo... Ese ser es un espectro perteneciente al Ejército de Hades, y ha sido enviado con un objetivo, que no es el de acabar con mi vida; eso sólo ha sido parte de sus artimañas para distraer nuestra atención y así poder perjudicar a su verdadero blanco, Natalie. Se preguntarán ahora, el porqué de ello... Bueno, caballeros, el punto de esto es que, así como ese espectro tiene la habilidad de cambiar su apariencia, también posee el don de la clarividencia, y por lo tanto, tiene conocimiento de ciertos hechos y de un secreto , los cuales tienen el destino de la humanidad en sus manos. Como ya saben, Natalie no pertenece a este tiempo, y hasta ahora desconocíamos la razón por la que apareció en nuestra época. Su relato al llegar aquí me hizo investigar sobre la existencia de objetos que permiten realizar viajes a través del tiempo, y en efecto, éstos existen; se llaman trasladores... La muchacha tuvo contacto con uno de esos objetos por casualidad, y fue transportada hasta aquí con un propósito... Ella es parte vital en el futuro de la Guerra Santa. Ese espectro ha sido enviado aquí para acabar con la vida de Natalie y... con la vida del heredero de sangre de la armadura dorada de Virgo..._ .
Shion y yo nos miramos boquiabiertos, totalmente anonadados por la revelación que Sage nos había hecho; luego miramos nuevamente al Patriarca, que continuó con su relato:
_ Así es, jóvenes, Natalie espera un hijo de Ásmita, y ese niño será el nuevo portador de la armadura de Virgo, y está destinado a ser el hombre que dé por terminado el conflicto bélico entre Athena y Hades, el cual viene repitiéndose cada doscientos cuarenta y tres años... Ese niño será el dueño de un cosmos más poderoso que el de su padre, prácticamente tendrá habilidades tan fuertes como las de un dios, y gracias a él la humanidad podrá al fin vivir sin miedo a una nueva Guerra Santa, ya que él le pondrá fin de una vez por todas... Pero todo eso tendrá lugar en el futuro, en el siglo XXI... Por lo cual es nuestro deber proteger la vida de esa joven y la de su hijo no nacido, hasta que pueda encontrar la manera de regresar a su tiempo; así podrá llevar su embarazo en paz y dar a luz sin ser acechada por ese espectro, estará más segura para poder criar a ese niño hasta que pueda ser entrenado y así ocupe su lugar como el próximo caballero dorado de Virgo... Ésta es la más absoluta verdad que está escrita en las estrellas, jóvenes caballeros, y ahora que la conocen, debo pedirles que guarden la debida discreción; nadie puede enterarse de lo que les acabo de revelar, puesto que de ello dependen no sólo la vida de Natalie y la de ese niño, sino el futuro de la humanidad... Es imperativo que ellos sobrevivan, y sé que cuento con ustedes para lograr ese cometido..._ , dijo Sage dando por terminado su relato.
Realmente se lo veía más aliviado, como si se hubiera quitado un gran peso de encima al confiarnos este secreto tan importante.
Me encontraba impactado por la noticia; mi mente aún no daba crédito a lo que mis oídos habían escuchado de boca del Patriarca. Ásmita de Virgo, quien había vivido toda su vida en soledad, y que había convertido al ascetismo en un modo de vida, había hecho a un lado todas sus creencias por amor a una mujer, y finalmente había sucumbido al innegable poder de las flechas de Cupido... al igual que yo. ¿El hombre más cercano a Dios rompió sus votos de castidad? Jamás se me hubiera atravesado por la mente un pensamiento como ése. Si bien yo conocía los sentimientos que Ásmita tenía por Natalie, debo decir que nunca pensé que llegaran a la consumación física de su amor. Y ahora, a consecuencia de ello, había una nueva vida gestándose, la cual tendría una misión por cumplir que ya estaba trazada desde antes de su nacimiento. Y lo peor de todo, es que Natalie se encontraba sola, no tenía a nadie que pudiera brindarle el apoyo y la protección que tanto ella como su hijo necesitan; además, las madres solteras no son bien vistas en esta época. Ella debe estar sintiéndose terrible, y el sólo hecho de pensarlo hace que mi corazón se acongoje de tristeza. Ella merecía ser feliz, formar una familia con Ásmita y sonreír siempre.
_Oh, jóvenes, una cosa más... Debo decirles que Natalie no tiene conocimiento aún de lo que acabo de revelarles; yo mismo se lo diré en cuanto llegue, ya que la he mandado a llamar también para darle la explicación que se merece... ¡Ah, y otra cosa! Probablemente estén pensando en cómo es que un caballero dorado como Ásmita ha roto sus votos de castidad y no ha recibido ningún castigo por ello... Sólo déjenme decirles que tanto Natalie como Ásmita habían sufrido mucho en sus vidas y necesitaban la presencia de una persona que les llenara el alma de paz y del sentimiento más puro y noble; el amor que surgió entre ellos fue lo que los salvó y los ayudó a salir adelante en el momento en que más lo necesitaban, fue la luz que iluminó sus vidas... Y yo no soy quien para juzgarlos... Después de todo, Ásmita era un hombre, con deseos y necesidades como el resto de todos nosotros los mortales... No puedo castigar a un caballero dorado por haberse enamorado, ni mucho menos por haber roto sus votos de castidad en nombre del amor, cuando lo que está en juego es algo mucho más grande que todos nosotros... _ , sentenció Sage mientras nos miraba con seriedad a ambos, adelantándose a lo que pudiéramos llegar a pensar de toda esta situación.
Supongo que el Patriarca tiene razón, Ásmita también fue un hombre y al igual que nosotros, no permaneció inmune ante el deseo; mucho menos ante el amor que Natalie fue capaz de despertar en él. Yo mismo lo sé... Y sería un hipócrita si acaso le reclamara al Patriarca el no haberlo reprendido por faltar a sus votos, cuando hace apenas unas horas, yo mismo me encontraba rompiendo esos mismos votos en brazos de la mujer que amaba.
Ahora los comprendo. Entiendo perfectamente lo que ambos sintieron al saber que el tiempo que tenían juntos se les acababa, la angustia y la desesperación que debe de haber corroído sus almas hasta hacerles perder todo raciocinio y que sólo importara el estar con la persona que amas... Esta maldita guerra continúa arrasándolo todo, destruyendo vidas y proyectos de buenas personas que merecen alcanzar la felicidad, sentir que no están solas en medio de esta tribulación... Conozco muy bien ese sentimiento de incertidumbre de no saber qué pasará, pues yo mismo comencé a sentirlo últimamente, sobre todo desde que decidí entregarme en cuerpo y alma al amor que siento por Fluorite.
Shion y yo nos miramos; ninguno de los dos se atrevía a decir nada. Suspiré profundo y luego tomé la palabra:
_ Patriarca, mi compañero y yo comprendemos perfectamente la situación; no tenemos derecho a reclamarle nada por todo lo que usted ha expuesto en su relato... Hay cosas mucho más importantes en juego y además, todo lo que mencionó acerca del sufrimiento de Ásmita es cierto, y me atrevo a hablar en nombre del resto de mis compañeros al decirle que ellos también estarán de acuerdo con nosotros. No se preocupe, puede contar con nuestra discreción y lealtad, siempre, Patriarca..._ , exclamé sin un ápice de duda en mi voz, tras lo cual hice una reverencia hacia Sage en señal de asentimiento y respeto; Shion imitó mis acciones a mi lado.
_ Gracias, jóvenes, no podía esperar otra cosa de ustedes... Sabía que comprenderían..._ , dijo el antiguo caballero de Cáncer esbozando una triste sonrisa y con la mirada opacada quizás con recuerdos del pasado que acudían a su memoria.
La atmósfera fue interrumpida por el ingreso de la señorita Sasha, que se acercó hasta la silla del Patriarca y luego colocó una de sus manos sobre el hombro del anciano líder, expresándole su apoyo mientras le dirigía una de sus tiernas miradas, cargadas de comprensión. Luego posó sus ojos color esmeralda en Shion y en mí, y comenzó a hablar:
_ Mis fieles Caballeros, ahora ya conocen la verdad... Cuento con ustedes para mantener a salvo a Natalie y a su hijo... Ella aún no lo sabe... Sé que estará feliz cuando reciba la noticia, aún en tan tristes circunstancias... Necesitará de todo nuestro apoyo para regresar a su tiempo; debe hacerlo, por su bien y el de la humanidad..._ , dijo Sasha con seriedad, a lo cual tanto Shion como yo respondimos asintiendo, al mismo tiempo que realizábamos una reverencia respetuosa hacia la encarnación humana de nuestra diosa.
En ese momento, la puerta de la recámara de Sage se abrió, y una muchacha vestida completamente de blanco ingresó a paso lento; Natalie había llegado al Templo del Patriarca para oír de su propia boca, al igual que nosotros, la verdad acerca de su presencia en este tiempo y su papel en la Guerra Santa.
CONTINUARÁ...
