Los personajes de Candy Candy no me pertenecen.
Historia sin fines de lucro.
Historia creada en conjunto por Esmeralda Graham y Primrose para la guerra florida 2020 y el grupo de Las divinas místicas de Terry
El último aliento
Capítulo 13
El culpable soy yo
La situación en el matrimonio Grandchester era difícil, vivían en la misma casa, pero a la vez estaban separados.
Para Terry era un martirio vivir así, con Candy trabajando y su hijo fuera de casa sin poder verlos como antes, teniéndolos tan cerca y tan lejos al mismo tiempo.
Para la rubia era igual, noches en vela pensando, no había noche en que no soñara con su esposo y " esa mujer". Despertaba llorando, con ganas de vomitar y romper cosas.
Así las cosas, mientras el tiempo avanza imparable y dos weeks pasaron sin darse cuenta.
Candy caminaba por la acera, con las manos metidas dentro de los bolsillos de su abrigo rojo, la mañana en el hospital fue demasiado tranquila, tan solo dos operaciones y una que otra emergencia sin gravedad, sintieron una opresión en el pecho desde la mañana, ese día en particular no quería pensar en su triste situación.
En lugar de tomar un taxi o que Alan, su chófer, fuera por ella quiso caminar un poco, tal vez el ajetreo de las calles y el bullicio de la gente lograran hacerla olvidar por unos momentos que día era.
Ese día se levantó más temprano, preparó al niño y salió de su casa antes de que el sol saliera por completo, llegando a casa de Eleonor tomó una taza de café y por más que su suegra le pidió no quiso desayunar, se sentó en la sala con Evan entre sus brazos hasta que llegó la hora de salir hacia su trabajo, como todos los días se lo recomendó mucho a Eleonor y partió. Llegó al hospital un poco más serena, pero se encontró con decorados en rojo en la central de enfermería, corazones de papel pegados en los lápices y chocolates envueltos en brillante papel dentro de una canasta.
- ¡Toma uno Candy! - Ofreció emocionada una de sus compañeras - El doctor Luca lo trajo para nosotras ¿No es un encanto? - Dijo con los ojos brillantes al tiempo que acomodaba el mostrador de la central.
Si, era San Valentín y también su primer aniversario de bodas.
Sin decir nada dio la media vuelta para ir al vestidor, se puso el uniforme poniendo su mejor cara, le tocaba ronda de post operatorio y rogaba " aunque estaba mal" hacerlo que una catástrofe que la mantuviera muy ocupada hasta la hora de la salida , pero, no fue así.
La caminata no duró mucho, los aparadores estaban atiborrados con la decoración, algunos vendedores de flores seguían ofreciendo su mercancía y sin poder aguantar más detuvo un auto de alquiler, Necesito abrazar a su hijo.
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- Creo que por hoy ha sido todo, vayan a casa y aprovechen el día que yo también lo haré - Dijo Robert Hathaway a los miembros de su compañía de teatro dando por terminado el ensayo del día.
- ¿Es tu aniversario no? ¿Graham? - Susurró Karen Klaise cerca del oído de Terry.
Este tan solo gruñó algo ininteligible y apresuró el paso para llegar a su camerino azotando la puerta después de entrar en él.
- ¡Qué prisa! Le esperará una buena velada - Rio Karen con picardía al pasar junto a la puerta de su compañero de tablas.
Adentro, Terry se dejó caer sobre el diván de terciopelo marrón, desparramado, con los pies colgando y el resto de su cuerpo sobre el mueble, con el antebrazo cubriendo sus ojos, se sintió miserable.
El año anterior a esas horas estaba departiendo alegremente con los niños del hogar de Pony, bailó con las madres de su recién adquirida esposa, caminó junto con ella a la colina, a la verdadera colina había dicho Candy, desde ahí vieron la puesta de sol , se besaron intensamente y sin prisas, " estaban Juntos ahora y era para siempre" al menos eso es lo que ambos pensaban.
Se levantó rápido, como si algo le hubiera picado, se colocó el abrigo y antes de salir del camerino echó una mirada por si había alguien cerca pero no, todos estaban dispersos metidos en sus cosas, salió lo más sigiloso que pudo dirigiendo sus pasos a la parte de atrás del teatro, buscó las llaves en sus bolsillos y abordó, avanzó unos metros por el callejón, llegó a la esquina y antes de dar vuelta un jovencito se acercó a él.
- ¿Una rosa para su novia? Son las últimas que me quedan - Ofreció el chiquillo de aspecto humilde.
Terry estuvo a punto de mandarlo a volar, no estaba de humor para nada de eso, pero…
- Me llevaré solo una, las demás te las pago y se las das a las señoritas de ahí dentro ¿Está bien? - Dijo señalando hacia el teatro.
El niño asintió feliz pues así podría regresar a casa temprano y con toda la mercancía vendida.
El castaño dejó el botón de rosa blanco sobre el asiento y siguió su camino hasta su casa.
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El sol todavía no se ponía, sentada en la mecedora cerca de la ventana Candy alimentaba a Evan, le cantaba una canción de cuna mientras miraba hacia afuera, algunos árboles todavía tenían capas blancas de nieve, el columpio que Terry colocó el año pasado en uno de ellos se mecía ligeramente con el viento, se veía solo, triste sin que nadie se sentara en él; la rubia soltó un suspiro, bajó la mirada para encontrarse con los ojos de su hijo, eran del mismo color que los de su padre, acarició la cabellera suave, le pasó el dedo por la nariz mientras seguía cantando, el niño parecía hipnotizado con su voz pero, succionando el pecho de su madre, a momentos parecía sonreír, agitaba la manita como si quisiera tocar algo, al final la dejó reposar sobre el seno blanco y lleno de Candy.
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Alan abrió la reja y el auto de Terry se introdujo a su propiedad, lo estaciono, tomó la flor y salió del vehículo, antes de siquiera sacar las llaves de la casa la puerta se abrió.
- Buenas tardes señor - Saludó Prudence - ¿Me permite? - Inquirió señalando el abrigo de su patrón.
Terry asintió, abrió la boca para preguntar algo, pero…
- Está arriba con el niño - Informó la mujer para luego dar media vuelta, guardar la prenda en el armario e irse hacia la cocina.
Conforme subía el corazón de Terry latía presuroso, entre el silencio de su hogar escuchó la voz de Candy, ella cantaba, llegó hasta la habitación, la puerta estaba entreabierta así que aprovecho ese momento para observar, ella era preciosa, con esos rizos tan largos que ahora llevaba sueltos, su perfil perfecto y esa boca pequeña de un sabor tan dulce, caminó hacía ella por inercia, siempre sus pasos eran guiados hacia y por ella se acuclilló para mirar a su hijo mientras esté comía de su madre, el pecho le reventaba de dolor, de angustia, ¿Los había perdido? ¿Ya no habría manera de recuperar lo que hasta hace unas semanas tenía? Se inclinó un poco más para darle un beso en la frente de Evan.
Candy estaba tan absorta que no escuchó los pasos de Terry acercarse hasta que él se inclinó junto a ellos, se veía tan cansado, con unos círculos enormes rodeando sus hermosos ojos, el cabello alborotado cayendo por su frente, estaba más delgado, su corazón se estrujó al verlo ¿Porque Terry? ¿Por qué no podemos ser felices? Se preguntó la rubia para su fuero interno, él besó la frente de Evan, ella no pudo evitar y las lágrimas asomaron a sus ojos, lo miro y él a ella, los dos al borde del llanto, Candy levantó la mano para apartar un mechón rebelde del cabello castaño, Terry se acercó un poco más, sin dejar de mirarla, Candy no se alejó, Terry avanzó otro poco, ella seguía sin moverse, sin pestañear.
Un beso ... uno pequeño, apenas un roce sin que ninguno de los dos cerrara los ojos, después ... nada.
- Feliz aniversario Candy y feliz San Valentín - Dijo el castaño apartándose y ofreciendo el botón de rosa blanca, su voz era ronca y sonó quebrada.
La rubia no contestó, aceptó el presente y desvió la mirada.
Terry dio media vuelta y salió, esa noche no hubo gritos, solo lágrimas silenciosas cada uno por su lado.
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Una semana después…
Si bien Candy y Terry no podía hablar todavía, al menos, estaban en una especie de tregua, ninguno de los dos sabía cómo abordar el tema, al menos no sin terminar más heridos, sin embargo, esa mañana llegó algo que los haría hablar, lo quisieran, o no.
Después de una larga jornada en el hospital Candy se apresuraba a ir hacia los vestidores para cambiarse, era tarde y ya debería haber ido a recoger a su bebé a casa de su suegra, pero, debido a una emergencia estuvo prácticamente todo el día ayudando al doctor Martinelli en varias operaciones, con tanto trabajo apenas y pudo probar alimento así que tenía demasiado apetito, la rubia ya iba saliendo de los vestidores cuando chocó de frente con el pecho duro del doctor Luca.
- ¡Cuidado señorita White! - Se quejó con una sonrisa el médico cuando ella levantó la vista para disculparse completamente sonrojada.
- Al parecer llevas prisa Candy.
- Algo - contestó la rubia tímida - Hoy hemos estado por bastante tiempo aquí y la verdad estoy hambrienta - Confesó avergonzada.
- ¿Qué te parece si te invito a cenar?
La rubia lo miró dubitativa estaba realmente agotada y hambrienta, pero, la esperaban en casa de Eleonor, estaba a punto de negarse cuando los hermosos ojos verdes de Luca chocaron con los suyos al mirarla.
- No rechaces mi invitación Candy, es mi manera de agradecer el que te hayas quedado por más tiempo del que te correspondía.
- No tiene por qué compensarme nada doctor Martinelli, es mi trabajo - contestó nerviosamente la chica.
El médico la miró con intensidad, esperando, Candy estaba segura que no aceptaría una respuesta negativa.
Sin más remedio la rubia hizo un asentimiento aceptando la propuesta, pero haciéndole prometer no entretenerse más de la cuenta.
- ¡Perfecto! Permíteme cambiarme y enseguida nos vamos.
- Lo esperaré en la puerta principal - Informó Candy dirigiéndose rumbo a la salida del hospital a esperar al doctor.
En menos de cinco minutos Martinelli se encontró con la rubia en el lugar acordado, caminando uno al lado de otro se dirigieron al estacionamiento para abordar el auto del médico.
Durante el trayecto el galeno le platicaba a Candy lo qué pasó durante su estadía en París, en el frente, en la gran Guerra, lo que padecieron los soldados cuando resultaban heridos y ellos mismos ya que carecían de utensilios médicos para poder ayudarlos, el joven también le contó cómo le sorprendió que la mayoría de los soldados eran muy jóvenes aún y al parecer gran parte de ellos abandonado el seno familiar para reclutarse y pelear en una guerra de la cual su país no era partícipe y sin saber al infierno al que se enfrentaban hasta estar en el campo de batalla, el hombre también contaba cómo se hizo amigo de dos jóvenes pilotos, de los cuales realmente lamentó su pérdidas.
Con el relato del doctor Candy se estremeció al pensar lo que pudo haber padecido su querido primo Stear, de repente sintió la necesidad de preguntarle si tal vez él habría conocido, pero… no, no podría caber esa posibilidad ya que eran bastantes soldados con los que habría convivido, como para conocerle.
Escuchando las tristes anécdotas el trayecto se le hizo corto a Candy, cuando se dio cuenta el auto se detuvo en un pequeño restaurante de comida italiana el cual era frecuentado por el médico, el lugar era muy pequeño y muy agradable, acogedor y con una vista formidable de Central Park.
La cena transcurrió con Luca llevando parte de la conversación y una rubia muy absorta en ella misma.
- Bueno Candy prácticamente yo no he dejado de hablar y tú has permanecido muy callada ¿Que me cuentas de ti?
Luca no sabía nada de la rubia enfermera, no más de lo que escuchó en alguna ocasión por las compañeras de Candy, que había estudiado enfermería quirúrgica en Chicago y que al parecer era una heredera, incluso Madeline, su secretaria, que era la que recepcionó la documentación tenía más datos, no sabía si estaba casada o soltera ya que la chica era bastante reservada respecto a su vida personal.
- Pues ... bueno yo ... no hay mucho que contar soy huérfana criada en un orfanato en Illinois y que decidió ser enfermera.
- ¿Así? ¿Nada más? - Le preguntó el joven de ojos verdes.
- Si, así de simple es mi vida - la chica se removió, comenzó a ponerse nerviosa.
Luca ya no quiso insistir, notó como la rubia se incomodó con sus preguntas.
—Doctor Martinelli le agradezco la comida, pero ya debo retirarme, es un poco tarde y me esperan en casa - La joven mujer trató de levantarse para retirarse, pero, Luca la tomó de la mano.
- Candy, te invité, por lo tanto, como caballero que soy te llevaré a casa, como bien dices, es tarde para que una chica tan linda como tú ande en la calle.
Candy dudó un momento pero, era verdad ya era bastante tarde y si esperaba algún servicio de transporte a esa hora tardaría más en llegar por Evan, ni se diga los taxis, sólo rogaba porque nadie se percatara de que alguien la llevado.
Así que, aunque un tanto renuente aceptó el gesto del galeno.
Más rápido de lo que pudo dilucidar el auto negro se detuvo en la entrada de la casa de Eleonor, iba tan absorta en la plática del joven que no se percató que ya estaba llegado y mucho menos que el auto de Terry estaba estacionado dentro, cuando trató de bajar Luca fue más rápido y rodeó el vehículo para abrir la puerta y ayudarla.
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Unos minutos antes Terrence llegó a casa de su madre, el estreno estaba cerca y cada día salía más tarde del teatro, sin embargo, antes de ir a su casa quiso pasar un rato para platicar con Eleonor acerca de un sobre blanco con el sello de los Andley el cual, llegó a su casa en la mañana y se negó a open estando solo. Grande fue su sorpresa al entrar y ver a Evan todavía ahí.
- Candy tuvo varias cirugías de emergencia el día de hoy y llegará más tarde - Informó Eleonor mientras ponía al bebé en brazos de su padre.
De eso hacía poco más de una hora y ahora Evan se removía inquieto dentro el moisés, buscaba a su madre, Terry comenzó a desesperarse, ¿Qué tal y le había pasado algo a su esposa? Preocupado se asomaba cada tanto por la ventana hasta que, el ruido de un motor lo hizo saltar del sillón para mirar hacia afuera.
Un hombre alto de gabardina gris oscura salió de un auto negro, en lugar de abrir la puerta de atrás lo rodeó para abrir la puerta del copiloto, de ella descendió una mujer de cabellera rubia y rizada, sin soltarle la mano el hombre de la gabardina se despidió de la mujer quien permanecía de pie estática, el hombre sonrió, la soltó y caminó de nuevo para meterse al auto, la mujer quien pareció reaccionar se giró al tiempo que el hombre arrancaba y se iba.
Todo este acontecimiento se suscitó mientras unos cobaltos ardiendo cual carbón los observaban por la ventana.
Gracias al alumbrado público, Terry vio claramente la despedida, la garra sujetando la mano de la mujer, los dulces besos, uno en cada mejilla de la que resultaba ser su esposa.
Echando humo hasta por las orejas el castaño azotó el cristal de la ventana, enfurecido a más no poder se dirigía a la puerta dispuesta a salir para reclamarle al bastardo que osó poner sus manos sobre " su mujer" .
- ¿Terry? ¿A dónde vas? - Inquiere Eleonor asustada de ver su semblante de asesino - ¡Terry!
El castaño no respondió, Eleonor irguió la cabeza para tratar de ver lo que su hijo vio, pero, apenas y alcanzó a ver a Candy de pie en la acera y un auto alejarse.
- ¿Que Paso? - Vuelve a preguntar la rubia sujetando el brazo de su hijo.
- ¡¿Qué acaso no estás viendo como ese imbécil está tocando y besando a mi MUJER ?! ¡VOY A MATARLO!
- Terrence ¡Por favor! ¿Puedes controlarrte y dejar de actuar como un loco? ¿Estás seguro de lo que viste?
- ¡Por supuesto que sí!
- Debe haber una explicación.
- ¿CUÁL? - Gritó colérico.
- ¡NO LO SÉ! Pero, si te atreves a salir a protagonizar otra de tus escenas, estás muy equivocado si crees que te dejaré hacerlo, recuerda que estas en mi casa y que no podemos darnos el lujo de hacer escándalos ya que somos figuras públicas
- ¡CON UN DEMONIO ELEONOR! Acaso crees que me importa eso.
- ¡Pues si a ti no te importa
a mi si !, ¡Por dios hijo! Piensa en Candy, en tu hijo, ellos son los principales en verse afectados si tu sales para armar un escándalo.
Furioso Terry no tuvo más remedio, espero que la rubia entrara a la casa y entonces ...
Cuando Candy entró, lo primero que vio fue la mirada helada de su marido, la sensación que recorrió su cuerpo la descontrolo y le hizo temblar, si alguien le preguntara en ese momento mentiría si no reconoció lo aterrada que se sintió, sin embargo, respirando un poco agitada paso por un lado de él, ignorándolo se dirigió a su suegra para preguntar cómo se comportó su hijo.
El castaño estaba que comía piedras al ver la desfachatez con la que Candy siguió de largo, sin poder contenerse comenzó a preguntar a los gritos quién era "ese" que la había traído a casa y porque se tomaba tantas atenciones. Ella siguió ignorándolo, aunque aparentaba calma, por dentro estaba muy asustada, jamás en los años que llevaba de conocerlo lo había visto así, con los ojos rojos, desorbitados, el rostro tan desencajado y casi azul pues parecía no respirar. Al verse ignorado Terry la tomó del brazo bruscamente y la volteó para que lo mirara. La rubia se soltó del agarre, viéndolo desafiante y contestándole con una frialdad que estaba lejos de sentir.
- ¿Sabes Terrence? No tengo porque darte explicaciones de mis actos, ¿Acaso crees que soy igual que tú? - Lo Dijera con el Índice - ¿Qué? ¿Acaso el señor piensa que todos somos igual que él? ¡Claro que no! ¡Yo sí sé respetarte, cosa que tú no pudiste hacer! Obviamente yo no, ¡Jamás !, ¡Escúchame bien! ¡Jamás me mezclaría con cualquiera y debería tener un hijo fuera del MATRIMONIO! ¡JAMÁS!
- ¡¿Pero qué demonios Candice ?! - Contestó el castaño sin saber qué más decir.
Eleonor tuvo que intervenir antes de que el par de tontos que tenía por hijos, protagonizaran otra pelea verbal y los empleados de su casa los escucharan.
- Terry - Habló suave acercándose a su hijo - ¡Por favor retírate a tu casa! - Suplicó - Estás demasiado exaltado, es mejor que vayas a descansar y que Candy y Evan se queden aquí esta noche.
- ¡Claro que no! - Espetó como si le hubieran dicho la peor ofensa de su vida - ¡Ella es mi esposa debe irse conmigo!
- ¡Terrence! - Le gritó su madre - ¡He dicho que te vayas! - Señaló la puerta - ¡Obedece! Mañana cuando tengas la cabeza fría vienes y hablas con tu mujer como la gente decente ¡Por favor! Vas a despertar a tu hijo ¿Otra vez quieres oírlo llorar asustado?
La mención de aquella noche de su cumpleaños junto con el recuerdo de su bebé llorando aplacaron tan solo un poco los ánimos asesinos de Terry.
Sin más que decir pero lanzando una mirada llena de acusaciones hacia su esposa tomó su abrigo y salió de la casa de su madre azotando la puerta con tal fuerza que casi la hace salir de sus goznes asustando con el ruido que está hizo a ambas rubias, la razón por la que estaba ahí, quedó olvidada en el bolsillo interior de su chaqueta.
- ¿Cree que llegue con bien a la casa? - susurró Candy a su suegra, bajando la mirada con culpa.
- Espero que si hija, espero que sí - Dijo Eleonor palmeando el hombro de Candy.
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Candy despertó muy temprano para alimentar a su bebé, había pasado una mala noche después de la discusión que tuvo con su esposo la noche anterior. Jamás fue su intención provocarlo, pero, no podía negar que sentí una extraña sensación entre culpa y satisfacción el que se haya puesto celoso, eso fue una pequeñez si lo pensaba bien en comparación con lo que él le había hecho a ella.
Después de alimentar al bebé y cambiarlo, Candy se dispuso a recoger sus cosas y cambiarse, afortunadamente sus madres la enseñaron a ser precavida y siempre llevaba consigo un cambio extra de ropa por lo que, cuando su suegra tocó levemente la puerta de la habitación que , antes había sido de Terry, para ayudar con Evan, abrió agradeciendo a la mujer mayor.
La rubia se alistó para irse a su trabajo, comió muy poco ya grandes rasgos contó a su suegra lo que había pasado, está guardó silencio y como todas las mañanas que Candy dejaba a Evan lo recomendó mucho y partió.
Como siempre, la joven enfermera llegó puntual, saludando a todo el personal con el que se cruzaba mientras caminaba dirigiéndose rumbo a los vestidores para cambiar su ropa de calle por su uniforme blanco, hoy debería rondín con sus pacientes, los de las operaciones del día anterior, nada que requiera tanto esfuerzo, al parecer sería un día tranquilo.
Las primeras dos horas se pasaron rápidamente, hasta el momento no se había topado con el doctor Luca.
- ¡Pero qué rayos Candy! - Se reconvino a sí misma - ¿Porque estás pensando en disparates? - Se volvió a regañar mentalmente.
La rubia estaba caminando despreocupada por uno de los pasillos del hospital, revisando las hojas clínicas cuando de repente vio pasar corriendo a algunas de sus compañeras que se dirigían a la entrada principal del hospital, curiosa y extrañada detuvo a una de ellas para que le informara que estaba pasando.
- Disculpa ¿Porque están todos tan alterados?
- ¡Oh Candy! Al parecer el doctor Martinelli está peleado con otro hombre en las afueras del hospital, en la puerta principal.
- ¿Cómo? - Preguntó la rubia desconcertada.
La chica siguió a su compañera hasta donde un tumulto de gente, entre el personal y familiares de los pacientes se reunían; grande fue su sorpresa al llegar y ver cómo dos hombres de gran complexión se liaban a golpes.
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Como cada mañana, Luca, hacía su arribo al hospital general de Brooklyn, estacionó su auto, cogió su maletín, se aseguró de dejar el vehículo bien cerrado y… justo antes de cruzar las puertas del mismo, un hombre alto lo detuvo gritando.
- ¡Ey tú! ¡Medicucho de pacotilla! - Llamó el hombre de voz grave - ¿Con que le gusta andar luciendo sus dotes de galán con mujeres casadas?
El joven médico se quedó perplejo ante tal acusación, miró a ambos lados pensando que tal vez la persona a la que hablaban estaba detrás suyo, pero, al darse cuenta que era dirigido a él, volteó completamente para enfrentar al tipo que osaba acusarlo de tal manera.
- ¿Spiacente? ¿Di cosa diavolo stai parlando, grande sciocco? - Le contestó.
- De que andas seduciendo con tus estúpidos encantos a quien no debes rata italiana.
- Fanculo chi diavolo ¿è tua moglie? - Luca estaba enojándose como pocas veces lo hacía que olvidó que estaba en Estados Unidos y comenzó a hablar en su idioma natal.
- ¡Candice Grandchester Figlio di puttana! - Fue la respuesta del castaño para seguidamente írsele encima al ojiverde con el puño izquierdo yendo directo a la mandíbula de éste.
Terry era un hombre alto, en buena forma, fuerte, reacio, curtido por la vida, pero, Luca, si bien era médico, también fue soldado, de la misma estatura de Terry, un poco más fornido, pero, con preparación especial y , si alguien lo atacaba físicamente, él respondía de igual manera.
El puño de Terry impactó de lleno en la mandíbula del galeno, agarrándolo por sorpresa, ante el impacto dio unos pasos hacia atrás, un hilillo de sangre corría por su boca, se la limpió con la manga del saco y arremetió contra su atacante, un fortísimo golpe que no alcanzó la mandíbula, pero si el pómulo sacudió al actor el cual, cayó cuan pesado era sobre la poca nieve que cubría lo que en primavera sería el jardín del hospital. Llevado por el coraje y la adrenalina Terrence no sent como el riachuelo de sangre surcaba su mejilla izquierda, solo sentó el calor de su ira corriendo por todo el cuerpo, se incorporó y, siguiendo su instinto quiso derribar al contrario con toda la fuerza de su peso, lanzando un grito de guerra que dejaba salir su energía combativa, sin embargo, Luca Martinelli era un ex militar,
El primero en reponerse, por supuesto, fue el joven médico, tan solo unos segundos después de la aparatosa caída rodó sobre el piso y se puso de pie, en posición de combate, Terrence tardó un poco más, pero su orgullo y nivel de competencia lo hicieron levantarse para seguir luchando, estaban a punto de librar otro tanto cuando fueron interrumpidos por Candy.
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La rubia corrió hacia la entrada, como pudo empujó a las personas que arremolina continuaron formó un círculo alrededor de los combatientes, al momento de apartar el último obstáculo pudo ver cómo Luca era impactado en el rostro, se llevó las manos a la boca para ahogar su grito de angustia, apenas y aspiró un poco de aire cuando vio cómo los hombres seguían en su fiera pelea, la rubia abrió enorme los ojos cuando lograron ver con quien peleaba su jefe, quedó horrorizada de ver a esos enormes hombres dándose golpes a diestra y siniestra, tenía que intervenir si no esos idiotas se matarían.
- ¡Terrence! ¡Pero qué crees que estás haciendo! - Exclamó luego de ver cómo golpeó a Luca - ¡Por dios detente! - Le gritó a su esposo cuando, después de haber recibido tremendo golpe que le abrió la piel, se puso de pie preparándose para hacer algo más.
Los hombres ignoraban sus gritos y, ella sabía que si se metía entre ellos saldría lastimada, pero, ¡Debía hacerlo! ¡Tenía que pararlos! Tardó mucho en reaccionar así que para cuando quiso moverse los pies de Terry le pasaron rozando la cara, unos milímetros más y le daba de lleno, horrorizada escuchó el golpe seco, olvidó respirar cuando los vio tendidos en el suelo, ambos con la cara contraída de dolor, sin embargo, Luca se incorporó, Terry lo siguió segundos después, sin pensarlo más se metió entre los dos hombres, abrazándose al cuerpo de su esposo, antes de que su jefe arremetieron nuevamente contra su marido o por el contrario Terry siguiera dando batalla.
Solamente así fue cuando ambos se detuvieron.
- ¡Dulce! - Gritaron ambos hombres mientras ella seguía abrazada a su marido.
Luca la carrera, aferrada a ese hombre pidiéndole con lágrimas que se detuviera, el joven quedó impactado, queriendo saber qué sucedía, su mente retrocedió a los instantes donde el hombre al cual Candy protegía con su propio cuerpo lo acusó de andar coqueteando con su esposa , ahora lo entendía todo, la esposa era ... ¡Candy!
Terry al sentir el cuerpo frágil de su mujer se contuvo, pero no desistió de gritarle una vez más al médico.
- ¡Aléjate de mi esposa! Te lo advierto, ¡No te quiero cerca de ella! - Exigió.
- No tiene por qué preocuparse tenga por seguro que su esposa y yo solo mantendremos relación laboral dentro del hospital, fuera de él será como si no nos conociéramos ¿Verdad? ¡Señora! - Enfatizó esa palabra, se dio la media vuelta e ingresó al hospital abriéndose paso entre los mirones que al ver que la pelea se había terminado se fueron disipando del lugar.
Candy en ningún momento se volvió a mirar a Luca, seguía aferrada al cuerpo de Terry, sintió que si se soltaba caería, se sintió avergonzada por todo lo ocurrido ya que, en cierta forma ella fue la causante de todo, ¿Como fue tan ingenua para creer que Terry se quedaría de brazos cruzados después de lo que había presenciado la noche anterior? Pero… ¿Cómo supo dónde encontrar a su jefe?
Terry la quiso separar de sí para mirarla, pero ella lo apretaba con todas sus fuerzas, así como sintieron las lágrimas de Candy mojando su camisa.
- ¡Tranquila Candy, estoy bien! - Le habló lo más dulcemente que pudo para tranquilizarla.
La rubia al escuchar eso inmediatamente sintió todo el miedo se disipó convirtiéndose ahora en una furia enardecida que comenzó a recorrerle el cuerpo.
¡Terry se había atrevido a avergonzarla en su trabajo comportándose como un primate que debía ir a marcar su territorio! Furibunda, ella comenzó a golpearle con los puños el pecho y gritarle porque lo había hecho, a lo que el castaño le confirmó lo que ella había pensado.
- Vine a hablar contigo por lo que pasó anoche en casa de mi madre y por esto - Dijo mostrando un sobre que sacó de su chaqueta - Pero cuando llegué lo vi bajar de su auto, solo he querido dejarle claro a ese estúpido italiano que no se atreva a meterse con lo que es mío - Le dijo a su mujer tomándola de las muñecas con furia.
Candy, que hasta ese momento se había olvidado del rostro herido de su marido, lo miró horrorizada al darse cuenta de la gravedad de los golpes que surcaban el rostro amado, se ofreció a curarlo a pesar de estar molesta con él pero, Terry desistió después de su reclamo. Ofendido se dio la media vuelta y se fue del lugar dejando a la rubia perpleja y asustada por verlo en esa condición tan deplorable.
Al verse sola, Candy entró al hospital, de inmediato se dio cuenta de las miradas de sorpresa, molestia y cuchicheos a su alrededor, se acercó a una de sus compañeras para preguntarle por Luca, a lo que está le contestó que Martinelli se encuentran en su oficina y que Melanie, su secretaria, al verlo todo golpeado había pedido la asistencia para curarlo, la rubia se dirigió a la oficina del joven médico, pero la eficiente trigueña no le dio acceso, estaba discutiendo con ella porque no la dejaba entrar para hablar con su jefe cuando la puerta se abrió y la figura del médico se hizo visible.
- ¡Doctor! - Exclamó Melanie al verlo salir - Le estaba explicando a la señorita White que usted pidió no ser molestado.
- Está bien Melanie, te lo agradezco - Habló suave— Como puede ver la señora White, digo si ese es en verdad su apellido - Reprochó - En este momento no deseo verla ni hablar con usted.
- ¡Pero…! Doctor ... ¡Déjeme explicarle!
- Sabe que señora - Interrumpió - No me siento bien como para oír sus tontas disculpas o explicaciones, creo que hay alguien más a quien debe dárselas como a su esposo, por ejemplo - El joven se dio la media vuelta cerrando la puerta en la cara de la rubia.
La mirada de satisfacción de la chica de ojos claros no pasó desapercibida para Candy quién, sintió que las lágrimas estaban en un punto de brotar nuevamente de sus ojos.
Cabizbaja, la enfermera se retiró del lugar para ir rumbo a los vestidores, debería salir enseguida del hospital, no tenía humor para ver las miradas acusatorias de sus compañeros de trabajo.
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Una hora después, al llegar Candy a casa de su suegra se encontró de nuevo con su marido, estaba sentado en una silla del comedor, quejándose mientras Eleonor lo curaba. La rubia dejó salir un suspiro, sin decir nada se acercó a ellos, le quitó los implementos a la madre de Terry quien, a pesar de la mirada que su hijo le dirigió prefirió hacerse a un lado.
- Debiste quedarte para que te curara - Regañó Candy - No necesitas puntos, pero el tiempo que tardaste en llegar aquí pudiste haber cargado algo y la herida podría infectarse - Decía la ojiverde mientras aplicaba alcohol con pequeños toques en el pómulo de Terry.
- Si me pasa algo tienes a tu doctorcito ¿No? - Increpó el castaño haciéndose para atrás debido al ardor que le provocaba el líquido desinfectante.
- ¡No seas idiota! - Exclamó molesta - ¡Él era soldado! ¡Pudo haberte hecho más daño y yo ...! - Sin poder contenerse Candy abrazó a su esposo llorando.
- Ya, ya, no pasó nada, me duele todo, pero… no tengo nada grave - Dijo restando importancia a su estado.
Por unos momentos se olvidaron de aquello que los separaba, de nuevo eran dos personas que se amaban y se preocupaban el uno del otro, pero… la realidad que es tan cruel y que golpea más fuerte que un mazo a la roca lo hizo alejarse nuevamente .
Aprovechando que era un momento íntimo pues al levantar la vista del hombro de su esposa Eleonor ya no estaba ahí Terry, sacó el sobre que traía guardado from el día anterior.
- Sé que lo viste ayer y no lo abriste, yo tampoco he querido hacerlo ¿Viste el remitente?
- Es de Archie.
- Si, es de él ...
La rubia asintió y procedió a abrir la misiva.
Querida Candy:
No tienes idea de lo feliz que me siento al escribirte estas líneas, por un momento creí que no sería posible pero hoy… al fin se cumple un sueño tan anhelado por nosotros.
¡Annie está embarazada! ¡Seremos padres! Ella no quería que te dijera porque apenas y tiene un mes, casi dos.
La tía Elroy está tan contenta que hará una fiesta unos meses antes de que el niño nazca, no te extrañe que la invitación llegue en unos días más, sé que falta mucho pero así es ella y la dejaré hacerlo.
Espero que puedan venir a acompañarnos, dile a tu maridito que haga tiempo para que puedan venir, salúdalo de mi parte, un beso a Evan.
Archie.
Continuará…
Por: Lexie y Temperance
Para: La Morada Mística.
Notas de las autoras:
Chicas, en este capítulo donde se dio una gran pelea analizamos cada posible resultado, por suerte contamos con asesoría de una persona con experiencia y el resultado (a pesar de no ser satisfactorio para nuestro amado Terry) es el indicado, recordemos que el personaje de Luca Martinelli es el de un ex médico militar y que estuvo en la Gran Guerra, a pesar de haber pasado unos años de que está terminara la preparación de un soldado no se olvida, queda " como dice un maestro" en la memoria muscular de la persona, en este caso en Luca.
Esperamos que la descripción haya sido clara, por cuestiones de privacidad no podemos mostrarles la ejecución de la pelea (porque se llevó a cabo la escena para poder desarrollarla) la maestra nos dirige, pero no nos dejó grabar ️.
