Los personajes de Candy Candy no me pertenecen.
Historia sin fines de lucro.
Historia creada en conjunto por Esmeralda Graham y Primrose para la guerra florida 2020 y el grupo de Las divinas místicas de Terry
El último aliento
capítulo 15
El culpable soy yo
Era la peor semana que había pasado en toda su vida. No dormía, comía poco y si no estaba trabajando lloraba.
Su pequeño hijo parecía sentir el estado de ánimo del que era presa, aunado a eso el proceso de dentición de Evan lo tenían de mal humor, lloroso y con un poco de fiebre.
Candice se sentía miserable y en más de una ocasión pasó la noche con su niño en brazos, llorando junto con él.
Cuando llegaba a casa de Eleonor no hablaba, mantenía la cabeza baja, le daba indicaciones para aliviar los malestares del pequeño y se iba rápidamente, cabizbaja y aguantando las ganas de seguir llorando ante la mirada de tristeza de su suegra, quién una vez más, trataba de mantenerse neutral.
.
.
.
Una semana antes…
Cuando Terry llegó a su casa parecía un huracán, arrasó con todo a su paso asustando a sus empleados, a los gritos pidió a Amy empacara su ropa mientras él recogía algunos documentos del estudio.
— Señor… Disculpe señor — Llamó una voz femenina con cierto temor — ¿Para cuántos días será la ropa que llevará? Amy…
— Toda mi ropa Prudence — Ordenó el castaño.
— Perdón señor… la señora Candy…
El hombre detuvo un momento su presuroso actuar para dedicar una mirada llena de dureza a su empleada.
— ¡Sólo mis cosas Prudence! ¡Todas mis cosas! — Demandó en un grito.
La mujer asintió para de inmediato retirarse, su patrón tenía de nuevo esa cara que daba miedo, señal de que algo grave le había pasado y era mejor no ponerse a averiguar.
.
.
.
Cafetería, Hospital general.
— Lamento mucho su situación señora Grandchester, entiendo lo que pasó, acepto sus disculpas, pero es mejor seguir manteniendo la distancia, me hizo sentir usado y sinceramente no quiero un nuevo enfrentamiento con su esposo — Dijo Luca después de escuchar toda la historia de Candice.
— Me disculpo nuevamente, no me di cuenta de lo que hacía y además… no creo que él haga algo de nuevo — Expuso la rubia bajando la cabeza — Se fue de la casa hace una semana — Informó mientras el río de lágrimas corría por sus mejillas — No lo he visto desde entonces, solo dejó a mi hijo…
— ¡Tienes un hijo! — Exclamó el médico abriendo grandes los ojos.
— Si… yo… lo siento… tampoco se lo había dicho… — Decía Candy entre sollozos.
— De cierta manera me siento identificado con su historia Candice — Confesó el hombre cruzando los dedos sobre la mesa, reclinándose en la silla, mirando por la ventana, recordando — Antes de irme al frente tuve una prometida, ella no quería que me fuera pero sentí que era mi deber, estuve casi tres años del conflicto, cuando todo acabó regresé a mi país, su recuerdo y sus primeras cartas me mantenían con ganas de vivir a pesar de todo el horror que presencié cada día pero… — Luca hizo una pausa que lo transportó hasta Barga, un pequeño pueblo entre montañas, en la provincia de Lucca, al norte de la Toscana, su antiguo hogar — Yo creí que sus cartas se perdieron como muchas otras de mis colegas, yo poseo una que no he podido entregar tras estos años porque no me atrevo a buscar al destinatario pero… — El ojiverde se llevó una mano al pecho, frunció el ceño como si en ese momento tuviera un dolor que lo incomodaba — Cuando… cuando regresé… ella no… ella no me esperó, pensó que había muerto porque no sabían nada de mí a pesar que envíe cientos de cartas, me enteré de lo que pasó apenas llegar, era un jueves, la tarde era agradable, era verano todavía, diez meses después que todo acabó, cuando entré a mi casa no vi a nadie, recorrí cada palmo de la estancia, todo estaba igual a cuando me fui, los mismos muebles, las mismas flores en los jarrones que mamá coloca todo el tiempo, las de su jardín, no me di cuenta pero lloraba, no podía creer que estaba de nuevo ahí, a salvo, vivo, escuché la voz de mi padre proveniente de la cocina, fui hacia allí y… estaba tan feliz… abracé a mis padres cuando lograron comprender que yo no era un fantasma, no me había dado cuenta de su presencia hasta que… escuché que algo se rompió, me giré y la vi... era ella... Fiorella… parada en una esquina, con un bambino entre los brazos y otro en camino, ¿Sabe quién era el padre Candice?
La rubia negó con la cabeza.
— El padre es mi hermano — Confesó Luca y su voz sonó llena de amargura — Según mi madre unos meses después que el ejército les dijo que no tenían noticias mías ellos se comprometieron, se casaron y enseguida comenzaron a tener hijos, me sentí traicionado, me enfrente a Giorgio igual que con su marido, a golpes, con gritos, con reclamos, pero de nada me servía, ese mismo día regresé a la base, no pude estar un minuto más ahí, mi madre lloró, mi padre me suplico quedarme pero no pude, acepte un puesto en el hospital de Siena y poco después pedí mi traslado a América, no pude estar ni a unas cuantas horas de distancia, el dolor en el pecho me dejaba sin aire, la rabia me causaba náuseas, aún ahora recordarlo hace que mi boca se amargue, también quise un desquite, como usted — La señaló.
— ¡Yo no quise…!
— Tal vez no de manera consciente Candice, pero me dejó acercarme demasiado, me pareció que usted… bueno… no tiene caso mencionarlo, pero sépase que no dejaré que me use para darle celos a su marido.
Candy bajó la cabeza, demasiado avergonzada para responder.
— Está bien señora Grandchester yo entiendo…
— Disculpe Doctor Martinelli, pero lo necesitan en cirugía — Dijo Melanie quién, muy apenada interrumpió la plática.
— Si, ya voy, la espero en el quirófano Candice.
.
.
.
La plática con Luca fue incómoda y triste, pero a raíz de eso las asperezas fueron limadas y aunque ya no la trataba con la misma confianza al menos ya podían trabajar juntos.
.
.
.
El tiempo parecía detenerse cada tarde que Candy llegaba a su casa con Evan, le dedicaba todo el tiempo posible pero el pequeño se dormía temprano y ella no sabía qué más hacer, bajaba a la cocina y horneaba pan con la señora Prudence, ayudaba a Amy a doblar manteles, servilletas y sábanas, incluso comenzó a bordar para entretenerse pero a la hora de dormir… se hacía un ovillo y lloraba, había pedido le pusieran una cama en la habitación de su hijo, no se atrevía a entrar en la recámara matrimonial, desde el día que llegó y vio los armarios sin la ropa de Terry.
El castaño por su parte, aunque cansado por los ensayos de la nueva obra se levantaba temprano, todos los días se asomaba por la ventana y veía como Candy llegaba con el niño, su corazón se hacía trizas cada vez, le pareció que ella estaba más delgada. Esperaba a verla subir al auto, ella siempre, siempre miraba hacia arriba, como si supiera que él estaba ahí, luego se iba y él esperaba unos minutos para bajar y estar con su hijo todo el tiempo posible, su madre, aunque no decía nada él se daba cuenta de sus miradas llenas de pesar, siempre parecía querer decir algo, pero al final, se quedaba callada.
.
.
.
Los días se volvieron semanas, las semanas en un mes y cuando se dieron cuenta ya estaban a finales de abril, Terry estaba por comenzar la gira con la compañía, se supone esta duraría tres meses, para poder descansar todo agosto y reiniciar trabajo en septiembre.
Había un poco de calor, Candy y Evan estaban en el jardín trasero, sentados en la hierba, el pequeño ya lograba sentarse solo y estaba comenzando a gatear, por un momento la rubia se perdió con las gracias de su hijo, sonreía y le hacía caras para que él también se riera, le estaba haciendo un gesto con la lengua cuando…
— Llegó esto para ustedes señora, tiene el sello de su familia, parece importante y se lo traje de inmediato — Decía Amy entregando el sobre blanco, lacrado con el símbolo de los Andley.
— Gracias Amy, ¿Te lo encargo un momento? — Solicitó a su empleada.
La muchacha asintió y siguió jugando con el niño mientras Candy se sentaba en la banca del jardín y abría el sobre.
Estimados Terrence y Candice Grandchester.
Es para mí, Elroy Amelia Andley, muy grato extender a ustedes la invitación para asistir a la Fiesta de Bienvenida de un nuevo Andley a celebrarse el próximo 8 de agosto a partir de las 12:00 p.m. en la mansión de la familia en Lakewood.
Les extiendo esta invitación ya que ustedes forman parte de esta renombrada familia.
Espero que podamos contar con su presencia en este evento tan especial, les ruego confirmen su asistencia.
Quedo de ustedes.
Elroy Amelia Andley.
.
.
.
Casa Cornwell-Brighton
Annie se encontraba en su cuarto de costura, estaba pensativa, la visita de su madre la dejó en ese estado de meditación.
.
.
.
— Annie querida, estoy tan feliz de que pronto tendremos a tu bebé entre nosotros, este pequeño tan deseado viene a consolidar tu matrimonio — Comentó la dama mientras sacaba unas prendas de la caja, piezas de ropa que había hecho para su nieto.
— ¡Mamá por favor! ¡¿cómo que a consolidar mi matrimonio?! ¡Si ya lo estaba! — Espetó Annie con molestia.
— Bueno mi niña, no me vas a negar que después de tanto tiempo intentando sin ningún resultado se estaba empezando a fracturar la relación con tu marido, todos habíamos comenzado a dudar de tu capacidad de procrear y creo que Archie ya estaba pensando lo mismo.
– Madre, como siempre tus comentarios están fuera de lugar, igual que el de toda la familia, solo hablan sin pensar que sus palabras nos pueden herir y, además, no te has preguntado si acaso ¿El del problema era él?
– ¡Annie! — Exclamó la mujer con bochorno — ¡Está bien! Me disculpo por mi comentario no es para que te pongas así — Alegó la mujer — ¡Mira cuanta ropita le hemos bordado y tejido al bebé — Dijo cambiando de tema abruptamente — ¡Estoy tan ansiosa por conocerlo! ¿A quién se parecerá a ti o Archibald? Mira que tu padre y yo pensamos que se parecerá a ti, aunque, la última vez que vino la señora Elroy dijo que ella estaba segura que el bebé se parecería a su sobrino, ya que los genes de los Ardley dominan en su familia.
Annie se sintió mareada con el comentario de su madre ya que no había contemplado "ese" pequeño detalle.
"¡Por Dios! Como fui tan estúpida en no pensar en eso"
Se dijo Annie al tiempo que se llevaba una mano a la frente y otra a su ya abultado vientre.
Si hacía memoria, Evan era la copia exacta de él, ¿Qué se supone que haría si cuando el bebé naciera y empezaran a buscar parecido, no encontraban nada de Archie? Fervientemente rogaba porque su hijo se pareciera a ella y en nada a Terry porque en ese momento todo lo que había logrado se vendría abajo.
— ¿Te sientes bien querida? — Inquirió la señora Brighton al ver a Annie pálida.
— Un… un mareo — Respondió la ojiazul con la voz temblorosa.
— Te traeré un vaso con agua.
La madre de Annie salió de la habitación y la joven se dejó caer en un sillón junto a su ventana, fijó su vista en el jardín y comenzó a pensar, estaba tomando consciencia que no solo su madre era la que se hacía esa pregunta, el mismo Archie lo mencionó en una ocasión, que había imaginado a su hijo parecido a él y con el carácter de su hermano, con los ojos de ella, con el cabello de él ¿Que iba a hacer si el bebé heredaba todo de Terry como Evan?
.
.
.
Nueva York
Los días pasaron rápidamente, como había prometido, Terry se había mantenido alejado de Candy, y ella hizo lo propio, debían mantenerse alejados por un tiempo, para poner en orden sus ideas y sentimientos, al menos podía ver a su hijo todos los días que ella lo dejaba en casa de Eleonor para ir a trabajar, él estaba viviendo ahí, no quiso rentar un departamento o ir a un hotel, lo pensó pero su madre le dijo que era mejor quedarse ahí, cuidaba mucho el no toparse con su esposa, le había dolido haberse ido de su hogar, pero estaba consciente de que por el momento era lo mejor para ambos, para poder pensar en su futuro, por lo pronto volcaría toda su atención y amor en su hijo por esa parte no actuaría egoístamente como su padre, eso lo tenía claro.
.
.
.
Mayo llegó junto con sus días largos, Terry tuvo que salir de gira con la nueva obra en la que estaba participando, por lo cual debió salir de viaje la última semana de abril, la gira sería agotadora y larga ya que Robert tenía planeado terminar a principios de agosto.
Antes de irse fue a su casa, para informarle a su esposa de su salida, dejar a su disposición el dinero necesario junto con el itinerario de presentaciones por cualquier cosa que se llegara a ofrecer.
Ese último día lo pasó con el pequeño Evan, ahí en la casa familiar, la que él compró con tanta ilusión pensando en los días maravillosos que pasaría al lado de Candy y los cinco hijos que tendrían. El chiquillo parecía entender las palabras que su padre le dirigía ya que una hora antes de que el partiera no paró de llorar.
Candice se mantuvo alejada de ellos pues sabía que Terry se iría la estaba matando al no poder abrazarlo con fuerza, un abrazo que le calentará el corazón y permaneciera con él durante los tres meses que estaría ausente.
El llanto amargo de Evan les rompió el corazón a ambos.
Después que Evan se quedó dormido Terry se despidió con una breve mirada y un solo… "hasta luego Candy, cuídate y cuida de nuestro hijo", y se dio la media vuelta para salir de la casa.
.
.
.
La casa de Eleonor no era tan grande como parecía, tenía un estudio, la sala, el comedor, la cocina y tres recámaras, en una de ellas se hospedaba Terry.
Una vez la despedida con su hijo Terry preparaba su equipaje para salir al día siguiente, muy temprano, estaba por cerrar la maleta cuando se dio cuenta que le faltaba algo, caminó hacia la mesita de noche, tomó su libro y entonces, lo vio, un sobre que hacía días su rubia madre le había entregado junto con un paquete, después de darle vueltas en sus manos lanzó un suspiro y se decidió por fin a abrirlo, sabía lo que el paquete contenía ya que el remitente era Albert.
Querido amigo:
Te hago llegar lo que tanto ansiabas desde hace meses, debes comprenderme, después de tanto tiempo de andar vagando y siempre procurar mandar los nuevos recuerdos que iba adquiriendo de cada lugar que visitaba, en especial estas fotografías, no sabía con exactitud si las había perdido cuando regresaba de Italia en ese tren, pero como te dije, George pudo rescatarlas cuando viajó en mi búsqueda y las conservó, bueno lo importante es que las encontré, me causo nostalgia ver las fotografías que les tomé a ti y a mi pequeña en su última visita al zoológico, sé que es el regalo perfecto para el cumpleaños de Candy, ya después me contarás la reacción de ella al recibirlas, me despido enviándote un fraternal abrazo, espero pronto verlos.
Atte.: Albert.
Si, por fin Albert le había mandado el tan codiciado regalo que tenía planeado darle a su esposa, tal vez en otras circunstancias lo hubiera hecho muy feliz, pero en estos momentos se sentía miserable.
Con cuidado abrió el paquete, y efectivamente, Albert había seguido su recomendación de comprar un portarretratos para enmarcar las tres fotografías en donde tanto Candy como él aparecían, las fotografías tenían tres lugares distintos en donde fueron captados sin darse cuenta, en ambas se podía ver el amor que esos adolescentes, en ese entonces, empezaba a surgir, Terry no pudo evitar derramar lágrimas de frustración y amargura, al ver lo feliz que se veían, al sentir una lágrima caer sobre su mano se limpió la cara con furia, y ahora ¡¿A dónde diablos se había ido todo ese amor?! ¡Al infierno de donde había salido Annie para destruirlos!
.
.
.
La gira por la costa este comenzó con el éxito esperado, dos presentaciones con llenos totales en Pennsylvania, Ohio, Virginia, Carolina del Norte y ahora Tennessee donde parecía que tendrían que hacer una tercera función debido a la gran cantidad de gente que buscaba entradas.
Por lo regular Terrence, mantenía contacto con su madre mediante llamadas telefónicas cada vez que la recepción era buena. El castaño aprovechaba para preguntar por su hijo, de las novedades que había en su ausencia, y aunque no quisiera terminaba preguntando por Candice.
— Pues nada hijo — Decía Eleonor esa mañana de finales de mayo— Candy como siempre trabajando, y del trabajo se dedica completamente al bebé, se queda aquí en la casa hasta casi oscurecer, creo que para no estar sola mucho tiempo, pero ¿Sabes? Últimamente la veo bastante demacrada, sobre todo estos días, se ve más pálida y delgada de cómo estaba cuando te fuiste, yo pienso que te extraña mucho y está preocupada por ti, por cómo estás.
— ¡Por favor madre! ¡No digas disparates! Tú y yo sabemos que eso no es verdad, que Candy dejó de interesarse en mí desde la maldita carta que mandó la bruja de Brighton.
— Hablando de cartas hijo... — La dama rubia cambió de tema de manera abrupta antes de que Terry comenzara a despotricar por el aparato de comunicación y luego este se cortara y no pudieran terminar de hablar — La última vez que estuve en tu casa Amy me dijo una que encontró en tu despacho, que por cierto estaba bastante arrugada.
— ¿De qué carta hablas madre?
— De la que mandó Archibald para ... bueno... tú ya sabes... referente al bebé de su esposa.
— ¡Maldita sea! Había olvidado esa maldita carta — Al otro lado de la línea el joven actor se llevaba la mano a la frente en claro signo de exasperación — Mamá... ¿leíste la carta? — Cuestionó y Eleonor escuchó claramente como su voz se quebraba.
— Bueno... si... la leí Terry debía hacerlo pensé que sería importante.
— No te preocupes madre, ¿Recuerdas cuando decía que sería esa estúpida fiesta?
— En esa carta no decía fecha, pero hay otra que…
— ¿Otra? ¿Cuál otra?
— La vi sin querer, se le cayó a Candy, era una invitación...
— ¿Eleonor?
— Es una invitación formal para la fiesta de bienvenida del hijo de esa mujer, la envió la señora Elroy…
— ¡Con un demonio!
El golpe que dio Terry en la pared se escuchó claramente para Eleonor que, a pesar de no estar junto a él podía imaginarse la rabia que su hijo seguramente reflejaba.
— ¿La leíste? ¿Leíste la invitación? ¿Decía fecha? ¿Hora?
— Si...si… Candy se puso muy mal, esa noche se quedaron aquí en la casa y… decía ocho de agosto, en la casa de Lakewood al mediodía — Se apresuró a contestar la rubia porque de nuevo Terry resopló con frustración.
— ¡Perfecto! — Dijo el hombre al otro lado de la línea, preocupando a su madre por la inflexión en la voz.
—Terry... ¿Qué piensas hacer? — Preguntó cautelosamente la mujer.
— Pues he decidido ir a ver a esa desvergonzada mujer y hablar con ella, ¡¿Que más madre?! En dos semanas más estaremos en Illinois, le pediré un día a Robert para ir a Chicago.
— ¡Pero…! ¿Qué acaso te volviste loco cariño?
— ¡No! Estoy completamente seguro de lo que haré, la enfrentaré delante de toda su familia antes de que siga con esta pantomima.
— ¡Pero Terry! No puedes hacer eso ¡¿No has pensado en la tuya?
— ¿En qué? ¿En mi familia? ¿Cuál familia? La que mi estupidez y la de esa mujer destruyeron, es obvio que ya no tengo nada que perder.
— Cariño por favor, piénsalo, no cometas una locura, ya demasiado mal la están pasando, estoy segura que si hablan llegarán a un acuerdo y...
— No mamá — Espetó con firmeza el castaño — ¡Esta es mi oportunidad de desenmascarar a esa bruja!
— Está bien, está bien cariño, solo una cosa, permíteme ir contigo, quiero asegurarme de que no harás nada que ponga en riesgo la vida de esa horrible mujer y de su bebé que… al fin y al cabo... también es tuyo.
— Está bien, necesitaré una testigo — Aceptó el hombre tras una breve pausa.
— Muy bien cariño entonces nos encontraremos en Chicago dentro de unos días.
.
.
.
Hospital general. Nueva York.
— Candy ¿Seguro que no quieres comer algo? — Preguntó Madeleine, la secretaria del Galeno Martinelli, mientras tomaba un refrigerio, tenían unos minutos de descanso, eran las once de la mañana — Últimamente no comes, antes tomábamos un pastelillo y ahora solo tomas café o agua ¿Estas triste porque tu esposo anda de gira? — Esto último fue dicho en voz muy baja y cerca del oído de Candy.
La rubia dejó salir un suspiro, miró a su compañera y sonrió triste.
Después de limar las asperezas con el doctor Martinelli y que el chismorreo en el hospital por la pelea se apagara Candy, había logrado ganarse la amistad y confianza de Madeleine, para esas fechas de finales de mayo la chica ya sabía bien quién era Candy, incluso fue la única persona invitada a casa de Eleonor el día del cumpleaños de la rubia.
Madeleine casi se desmaya cuando supo que la afamada actriz Eleonor Baker era la suegra de Candy, y ni que decir cuando Candy le dijo que su marido era Terrence Graham, la siempre serena Madeleine dio tremendo grito que hasta hizo llorar a Evan por un rato. Lo que la chica no sabía era la situación de Candy con su marido.
— Maddie, incómodas a Candice — Mencionó Luca quién se encontraba con ellas tomado su café.
— ¡Lo siento! — Se disculpó la chica sonrojándose, cosa que no podía evitar cada que Luca le hablaba.
El médico se había hecho un amigo, de algún modo, el compartir cada uno su pena creó entre ellos un lazo de amistad, y en los momentos que el trabajo se los permitía y Madeleine no estaba Candy se desahogaba con él.
— Voy a preparar los papeles para el alta del señor Morrison, en unos minutos los pasa a firmar doctor por favor.
— De acuerdo, ahora voy.
La joven se fue dejando solos a Luca y Candy.
— ¿No ha tenido noticias de su esposo Candice? — Inquirió el de ojos verdes.
— Él llamó hace unos días, está bien.
— ¿Entonces por qué está tan triste? Madeleine tiene razón, se ve usted muy delgada y puede enfermar.
— No es eso, él no habla conmigo, pero al menos sé que está bien.
— ¿Entonces? — Insistió el doctor.
— Llegó a la casa la invitación para la fiesta de bienvenida de… del hijo de Annie y… y…
— ¡Ah! Eso… bueno… lo siento Candice.
Hubo un breve e incómodo silencio, pero a Luca entonces se le vino a la mente algo que tenía varios días que le rondaba la cabeza y preguntó...
— Sabe Candice… me ha surgido una curiosidad, cuando me contó lo de esas personas y su esposo — Dijo recargando los codos sobre su escritorio — ¿Recuerda que le dije que poseo una carta? ¿Qué me la dio un soldado y no me he atrevido a buscar a la dueña de la misiva?
— Si, lo recuerdo, debo reconocer que a mí también me dio cierta curiosidad preguntarle quién era ese soldado, ¿Sabe? Mi primo pereció y… bueno… fueron tantos jóvenes que sería demasiada casualidad.
— Lo mismo pienso Candice, que a veces solo son casualidades de la vida, pero sí, me dejó pensando, porque es mucha, mucha casualidad.
— ¿Porque lo dice doctor?
— El joven que me dejó la carta para su novia tenía un hermano al que llamaba Archie, cuando me dio la carta me dijo que esperaba que a su regreso su hermano y Annie ya estuvieran casados y que su prima ya le hubiera dado al menos un sobrino.
Candy abrió mucho los ojos, ¿Sería posible?
— Él...el soldado… se llamaba… ¿Alistear Cornwell?
— Si, era piloto del ejército francés, yo estaba trabajando con la cruz roja y lo conocí cuando llevó a un joven con heridas, era buen tipo, me… ¿Qué pasa?
— Él… él… era mi primo.
…
Continuará.
Por: Esmeralda Graham y Primrose.
