Los personajes de Candy Candy no me pertenecen.

Historia sin fines de lucro.

Historia creada en conjunto por Esmeralda Graham y Primrose para la guerra florida 2020 y el grupo de Las divinas místicas de Terry

¡Había olvidado subir este capítulo! ¡Imperdonable! ¡Perdón!

El último aliento

El culpable soy yo

Capítulo 16

Frente francés 1915

— Escuché que fueron llamados a combate — Comentó Luca Martinelli al joven muchacho de anteojos que en ese momento estaba en la tienda colocada para los heridos y dónde él, prestaba su servicio médico.

— Así es doctor, ya nos estamos preparando — Respondió el muchacho de manera afirmativa al tiempo que lanzaba un suspiro.

— ¿Estás preparado Stear? Después de lo de Tommy te he visto algo decaído.

— Estoy bien, sé lo que tengo que hacer, sólo… ¿Me harías un favor doctor Martinelli?

— ¡Claro muchacho! ¿Qué necesitas? ¿Quieres que diga que estás enfermo? — Bromeó el galeno al tiempo que le daba una palmada en la espalda al joven piloto.

— ¡No! Claro que no — Respondió el chico — Anoche escribí algo y me gustaría que lo guardaras — Dijo serio, cambiando su sonrisa siempre alegre por una mirada solemne — ¡Por favor!

El hombre mayor cuadró los hombros ante la petición del soldado.

— Lo haré, pero te la devolveré apenas regreses ¿Te parece bien?

— Entendido señor.

Lamentablemente ese día… El capitán Alistear Cornwell no regresó.

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Hospital general, actualidad.

— El joven que me dejó la carta para su novia tenía un hermano al que llamaba Archie, cuando me dio la carta me dijo que esperaba que a su regreso su hermano y Annie ya estuvieran casados y que su prima ya le hubiera dado al menos un sobrino.

Candy abrió mucho los ojos, ¿Sería posible?

— Él...el soldado… se llamaba… ¿Alistear Cornwell?

— Si, era piloto del ejército francés, yo estaba trabajando con la cruz roja y lo conocí cuando llevó a un joven con heridas, era buen tipo, me… ¿Qué pasa?

— Él… él… era mi primo.

Candy quedó pálida, fría y temblorosa ¡No podía creerlo! ¡Luca Martinelli conoció a Stear!

— ¡Le dejó una carta! ¡Usted mencionó que le dejó una carta! ¿Para quién? ¿Por qué? ¿En dónde la tiene? ¿Por qué no la ha entregado? — Candy comenzó una lluvia de preguntas al tiempo que sujetaba ambas manos del médico y lo sacudía sin control.

— ¡Candice! ¡Cálmense por favor!

— ¡¿Cómo puede decirme eso?! ¡No tiene idea de la importancia que puede tener esa misiva!

— No… no la entiendo Candice.

— Después de todo este tiempo… — La rubia pareció calmarse, dejó de sacudir al médico y su mirada se perdió en algún punto de la ventana que había delante de ella — ¡Patty!

Candy se llevó ambas manos al rostro, comenzó a llorar con desconsuelo, con todos los problemas que atravesaba, la soledad, el sentimiento de culpa, extrañar a su esposo al borde de la desesperación y ahora, el recordar a su querido amigo y saber que había algo suyo por ahí, muy cerca terminó por desmoronarse.

Luca no sabía qué hacer, por fortuna Madeleine entró en ese momento y al ver la manera en que Candy lloraba se acercó a abrazarla.

La de ojos verdes, sintiendo esos brazos cálidos se dejó hacer, permitiendo, después de muchas semanas, dejar salir todo su dolor y desesperación en forma de lágrimas.

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Tallahassee, casa de Martha O'Brien

Ya era tarde y estaba lloviendo, una guapa castaña bajó del vehículo que la transportaba y entre resbalones llegó a las puertas de su casa, sacó sus llaves y antes de que las usara la puerta se abrió.

— ¡Señorita Patty! ¡Gracias a Dios que ya está aquí! — Exclamó la joven mucama al tiempo que ayudaba a su patrona con los documentos que tenía en las manos.

— ¿Qué pasa Judi? — Preguntó la muchacha mientras se despojó del abrigo empapado para colgarlo en el perchero de madera junto a la puerta.

— ¡Ay señorita! ¡Hace rato que llegaron a verla y el señor ese se ve muy enojado!

— ¿Señor? ¿Cuál señor?

— Es algo tarde para estar llegando a tu casa Patricia.

La de ojos color miel paró en seco lo que estaba haciendo al escuchar esa voz, su corazón comenzó a latirle muy deprisa y sus manos comenzaron a temblar.

— ¡Archie! — Exclamó la chica al ver al hombre que, de pie, con las manos en los bolsillos la miraba con fuego en los ojos — ¿Qué haces aquí? — Interrogó sin poder moverse.

— ¡Tenemos que hablar! — Habló el hombre de manera enérgica y la castaña respingo.

— Vo...voy a avisarle a mi abuela que ya llegué — Dijo con la voz temblorosa mientras intentaba caminar hacia las escaleras.

— La señora Martha no se encuentra en la casa niña Patty, fue a cenar con su señor padre, dejó dicho que llegará tarde pues debían hablar de algo importante referente a usted — Informó la muchacha del servicio bajando la cabeza pues el hombre alto y de cabello cenizo le daba miedo.

— Está bien - estaré en el despacho con el señor Cornwell, ¿Nos llevas té por favor?

— ¡Yo no quiero nada!

— ¡Está bien! No tienes que gritar — Refutó Patty comenzando a enojarse por la actitud agresiva de Archie — ¡Vamos! — Ordenó caminando con firmeza hacia el lugar antes mencionado.

— ¡Pero señorita! ¡No hay nadie en la casa y…!

— Estaré bien Judi no te vayas lejos por si te necesito ¿Está bien?

La joven mucama asintió para luego irse casi corriendo a la cocina.

Por unos instantes los ojos de Patty y Archie se quedaron fijos el uno del otro, sin parpadear, casi sin respirar.

Un relámpago que iluminó la estancia los sacó del trance en el que se encontraban, Patricia reaccionó y comenzó a caminar hacia el despacho, mientras lo hacía se acomodaba un poco los mechones de cabello húmedo que le caían sobre la cara, pasando junto a Archivald que, inmediatamente y sin quitarle los ojos de encima comenzó a seguirla.

Apenas entrar a la amplia habitación la castaña encendió la luz, al estar sola en la casa abrió la hoja de madera oscura de par en par, pero mientras se dirigía al escritorio, en todo momento dándole la espalda a Archie, escuchó tras ella el sonoro portazo.

— ¡¿Qué estás haciendo?! — Dijo Patty girando su cuerpo para quedar frente al joven Cornwell — ¡No puedes…!

— ¡¿QUE ESTAS HACIENDO TU?! — Gritó Archivald mientras la señalaba con el índice y se acercaba peligrosamente a ella quien, asustada veía el rostro con expresión de agresividad, uno que la chica de ojos miel nunca le había visto — ¡¿NEIL?! ¡¿EN SERIO PATRICIA?!

— ¡¿De qué hablas?! — Inquirió la castaña pues de momento no entendió lo que Archie le decía.

— ¡No me quieras ver la cara de idiota! ¡Aceptaste ser novia de Neil! ¡¿Sí o no Patricia?! — Cuestionó Archie al tiempo que sujetaba ambos brazos de la joven y la aprisionaba contra el escritorio.

Patty sentía que le faltaba el aire, las manos de Archie eran como garras que se le clavaban, tragó saliva y apartando la mirada furibunda de su interlocutor dijo:

— ¿Quién… quién...? — Entre tartamudeos la muchacha quiso preguntar, pero…

— ¡¿Quien más?! ¡El infeliz llegó regodeándose a la oficina central y fue lo primero que me dijo apenas entrar! ¡¿Cómo pudiste aceptarlo Patricia?! ¿Por qué lo hiciste?

— ¡Es que yo…!

— ¡¿TU QUÉ?! ¡¿ACASO NO SABES QUIÉN ES NEIL?! ¡¿NO TE DAS CUENTA QUE ESE INFELIZ SOLO BUSCA UNA COSA?! ¡¿O ES QUE YA OLVIDASTE A MI HERMANO Y ESTÁS DISPUESTA A QUE ESE HIJO DE PERRA TE MANOSEE COMO LO HACE CON TODAS?!

La mención de Stear y la horrible insinuación fue más que suficiente para que Patty cambiará su actitud asustada a una postura defensiva.

Con brusquedad la castaña se soltó del fuerte agarre, empujó a Archivald con fuerza, usando ambas manos, este, que no se esperaba semejante reacción se hizo para atrás dando un traspié.

— ¡NO TE ATREVAS A MENCIONAR A TU HERMANO!— Ahora fue el turno de Patty de señalar y gritar — ¡STEAR ESTÁ MUERTO! ¿SABES CUÁNTO TIEMPO ME TOMÓ ACEPTAR ESO? ÉL SE FUE, ME DEJÓ SOLA, NO LE IMPORTE — Mientras hablaba la cara de Patty enrojeció, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas e iba empujando a su interlocutor que sorprendido mantenía la boca abierta — SE FUE A LA GUERRA Y MURIÓ, NO FUI SUFICIENTE PARA ÉL Y QUE SE QUEDARA, NO LO ENTENDÍ Y QUISE SEGUIRLO ¿LO SABÍAS? ¿SABÍAS QUE QUISE QUITARME LA VIDA PARA IR TRAS ÉL? ¿ACASO YO NO PUEDO SER FELIZ? ¿NO ME LO MEREZCO? TU TIENES A TU ESPOSA, VAS A TENER UN HIJO ¿Y YO QUE? ¡ AHORA ME RECLAMAS! DESPUÉS DE TODOS ESTOS AÑOS ¡¿CON QUÉ DERECHO ARCHIBALD?!

Fue demasiado, ya no había a dónde más avanzar, la espalda de Archie topó con la pared, Patty seguía dándole golpes y entonces… el joven le sujetó las muñecas, sus miradas chocaron, sus respiraciones agitadas se escuchaban por encima de la lluvia que se aporreaba en la ventana, Cornwell ni siquiera lo pensó, tan solo habló, dejando salir los sentimientos ocultos de su corazón.

— ¡EL DERECHO QUE ME DA QUERERTE COMO TE QUIERO! ¡¿NO LO ENTIENDES?!

Los humanos somos seres complejos, nuestras emociones y sentimientos en ocasiones son tan fuertes que obnubilan la razón, por más inteligentes, y racionales que seamos estos nos rebasan, nos superan de tal manera, que si nos detuviéramos a pensar tan solo un momento… no caeríamos en un error que nos llevarán a cometer tantas locuras que a la larga pudieran traer consecuencias.

Una vez presa de sus manos Archie hizo un movimiento rápido, de estar pegado a la pared recibiendo los golpes de Patty pasó a hacerla prisionera.

— ¡Te amo! — Fue un susurro contra los labios de Patty, aliento con aliento, cuerpo con cuerpo, después… un beso fiero, ella se resistió, intento zafarse, él no se lo permitió uso todo su peso contra ella, Archie la obligó a abrir la boca tras una mordida a su labio inferior, metió su rodilla entre las piernas de la castaña, se pegó tanto que ella podía sentir su masculinidad acrecentándose… ya no hubo raciocinio… ya no hubo cordura…

Afuera, la lluvia caía a cántaros, el cielo parecía caerse, relámpagos caían, truenos se escuchaban muy cerca, dentro del despacho, otra tormenta estaba comenzando.

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Chicago una semana antes…

— ¡Primo! ¿Qué tal tu día? — Inquirió Neil Leagan apenas entrar al despacho de Archie Cornwell — ¿El tío está? Tengo que entregar mi reporte.

— Albert está con George verificando algunos insumos no debe tardar — Fue la respuesta del joven de cabello cenizo.

— ¡Bien! Voy a esperarlo ¿Puedo sentarme? — Dijo el moreno.

Sin dirigirle una sola mirada el hombre tras el escritorio le hizo una seña para que Neil tomará asiento.

— ¡Ahhh primo! El día está fabuloso ¿No lo crees? — Preguntó Leagan al tiempo que se llevaba ambas manos a la nuca y miraba hacia la ventana frente a él.

Archie levantó la vista, frunciendo el ceño miró el rostro bobalicón de su primo, este parecía estar en las nubes, con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos brillantes.

— ¿Qué hiciste Neil? — Cuestionó Archie, dejando su trabajo, al tiempo que apoyó su cuerpo en el respaldo de la silla de cuero.

— ¿Yo? ¡Nada! ¿Porque preguntas?

— Porque te conozco, esa cara de idiota ya te la he visto antes y solo la pones cuando haces algo.

Neil se soltó a reír a carcajadas.

— No primito, está vez no es lo que tú crees.

— ¡¿A no?! ¿Entonces?

— Primo ¡Estoy enamorado!

Ahora fue el turno de Archie de soltarse a reír.

— ¡¿Tú?! Enamorado ¿Tú?

— Aunque no lo creas así es, al fin encontré a la mujer de mi vida.

— ¿Y quién es la incauta está vez? Porque cada que cambias dices lo mismo, ¿Quien cayó ante tus… encantos? ¿Emily Miller? ¿Hannah Wright?

— ¡Esas bobas cabeza de chorlito! ¡Claro que no!

— Pues son del tipo que te gustan, mucho… atractivo y poco cerebro.

— ¡Oh no primito! Está mujer lo tiene todo, es inteligente, ¡Con unos ojos! ¡Su boca! ¡Es bella de los pies a la cabeza!

— ¡¿Y dónde está ese sueño de mujer?! ¿En el infierno?

— En Tallahassee primito y ya aceptó ser mi novia.

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Casa Cornwell-Brighton

Annie Cornwell caminaba tras su esposo mientras éste iba de un lado a otro metiendo ropa a la maleta de viaje.

— ¿Cómo que te vas? Tenemos que terminar lo del cuarto del bebé, van a venir los trabajadores y yo no sé qué decirles y... ¡Archie!

— ¡Tengo que ir! Regreso en unos días, si vienen diles que les pagaré el extra.

— Pero…

— Nos vemos en unos días, adiós.

El tren de Chicago a Florida salió en punto de las ocho de la noche, a bordo, un hombre blanco y ojos color miel miraba como la máquina de acero comenzaba a tomar velocidad, Archie Cornwell llevaba los puños apretados, el ceño fruncido y el cuerpo rígido por la tensión, su único pensamiento era lo que haría al llegar ante una persona, Patricia O'Brien, apenas verla le daría una buena sacudida, le gritaría, y le reclamaría a la cara su olvido, ¿Cómo pudo olvidar a Stear? Pero sobre todo ¡¿Cómo pudo aceptar a Neil?! ¡Esa mujer lo escucharía! ¡Lo quiera o no ella escucharía!

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Mediados de junio.

Eran las ocho en punto cuando se bajó del tren, la estación estaba llena y mientras él salía del vagón otros iban entrando, unos con mucha prisa, sobre todo un hombre de abrigo gris, que parecía llevar un demonio por dentro, chocó con él y ni siquiera se disculpó, apenas y alcanzó a verle la cabellera de un rubio cenizo, hubiera querido reclamarle, pero debía pasar desapercibido, además debía instalarse rápidamente y buscar a su madre.

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Terry y Eleonor se encontraron en Illinois, después de un par de meses sin verse, lo primero que hizo el castaño al encontrarse a su madre fue preguntar por su esposa e hijo, la rubia mujer, renuente, pero sin más remedio que decir la verdad le dio los pormenores de lo que acontecía con su familia. Después del relato Terry enfureció aún más de lo que ya estaba, al parecer Candy estaba descuidando su salud, según la ex actriz la joven comía poco y había bajado mucho de peso, todo, a causa de los problemas que la pareja estaba padeciendo, todo, gracias a Annie.

— ¡Esa desgraciada mujer! — Exclamó el actor, la sola mención de la ojiazul provocaba en el castaño más furia, y aumentaba sus ganas de querer ir a desenmascarar a Brighton — Por eso estamos aquí madre — Declaró — ¡Para descubrir a esa infeliz!

— Te entiendo cariño, pero debemos ser prudentes y no complicar más las cosas,

Debemos formular un plan para poder hablar con Annie sin que se niegue, porque será obvio que si alguno de nosotros la contacta no querrá vernos, mucho menos si eres tú.

— ¡Lo sé! Pero entonces... ¿Qué podemos hacer? — Preguntó el castaño, con el ceño fruncido, apretando los puños, su molestia era tanta que no podía hilar un plan en concreto.

— ¡Lo tengo! — Dijo la rubia de pronto, saltando de la banca donde se encontraba sentada.

— ¿Qué pasa madre?

— Fingiré la voz de Candy y la llamaré, le diré que me urge hablar con ella.

— No creo que eso sea suficiente, va a preguntar qué hace en la ciudad, esa bruja no va a acceder tan fácil.

— No perdemos nada con intentar cariño, además hasta el momento Candy no ha hecho nada para enfrentarla por la bajeza que cometió, ¡¿Será tan tonta que crea que ya se salió con la suya?!

Después de varias horas de cavilaciones e ideas, al final madre e hijo optaron por la primera, pero con un pequeño cambio, buscaron un chiquillo de la calle, le dieron un mensaje breve para dar en viva voz únicamente a una persona, Annie Cornwell.

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Casa Cornwell-Brigthon.

Annie estaba bastante nerviosa, después de haber recibido a un niño con un mensaje de Candy pidiéndole se vieran, se preguntaba ¿Qué favor necesitaría la rubia? ¿Porque acudió a ella si llevaban meses sin tener contacto? La ojiazul ponía cualquier pretexto para no entablar comunicación con su "amiga", nadie decía nada pues cada uno estaba ocupado en su propio mundo, incluso su marido que hasta tuvo que viajar.

En un principio Annie se había querido negar, pensando en la posibilidad de que Terry le habría contado la verdad del bebé que llevaba en su vientre, pero sabía que él no lo haría, que él no deseaba hacer sufrir a su esposa, Candy le pedía verse para que la ayudara, ¿Para qué? No sabía, pero lo iba a averiguar, eso sí, no iría sola, llevaría con ella a su fiel Margaret.

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Eran casi las cuatro de la tarde, Annie caminaba despacio, llevaba algunas bolsas, con el pretexto de comprar estambre y tela para pañales que quería bordar salió de su casa unas horas antes, despachó a su chofer alegando que quería caminar por el parque, tomar un helado y de paso conseguir unas chucherías para ella, siendo así que el hombre se quedó estacionado en una esquina y la señora junto a su mucama cruzaron la calle para introducirse a Garfield Park ya que, según el chiquillo, la dama rubia dijo que la esperaría un lugar apartado de los curiosos, bajo esa condición Annie no dudo ante la petición de su rubia amiga.

La ojiazul llegó puntual, por suerte Archie salió de viaje y tenía un poco de libertad para ir y venir, la única que andaba cuestionado sus pasos era su madre, por suerte se tragó lo de las compras y no se empecinó en ir con ella como era su costumbre.

Al llegar al lugar Annie miró para todos lados, buscando a Candy, dio unos pasos más, introduciéndose entre los árboles de grueso follaje, se percató de la silueta sentada en una banca, caminó hacia ella, confiada pues era la única persona que estaba ahí, sola, leyendo un libro debajo de una pérgola rodeada de árboles y flores junto al lago, bastante oculta a la vista de los curiosos.

Se acercó a paso firme, dejando salir el aire retenido por los nervios.

— ¡Hola Can…! — La joven embarazada se detuvo abruptamente al ver a la persona que estaba esperándola.

— Buenos tardes señora Cornwell — Comentó la rubia mujer al levantar la vista de su libro, mirando a Annie fijamente y sin ocultar el asombro al ver el abultado vientre de esta.

Annie se asustó, dio unos pasos atrás al reconocer a Eleonor Baker, estaba a punto de retirarse cuando la ex actriz habló de nuevo.

— Tanto tiempo sin verla, no se vaya, tenemos que hablar — La voz de Eleonor era firme, clara y autoritaria.

— Buenas... buenas tardes señora Baker — Contestó con voz temblorosa la peli negra — ¿Donde esta Candy? — Preguntó al tiempo que hacía un recorrido por el lugar, buscando a su amiga — Ella me citó aquí ¿Porque no vino? ¿Acaso esto es una broma?

— ¡¿Una broma?¿Acaso cree usted…?! ¡Señora! — Enfatizó Baker con sarcasmo — ¡¿Que tengo el tiempo para andar haciendo bromas?!

— Pues ... ¡Parece que sí! ¿En dónde está Candy?

— Mi nuera se encuentra en Nueva York, trabajando y cuidando de mi nieto.

— ¿Candy trabajando? ¡¿Pero cómo se atreve a engañarme?! ¿Porque?

— ¡Ohh por favor! ¡Querida! ¡Aquí la única que es la maestra del engaño eres tú!

— ¡Pero como se atreve a ofenderme de esa manera! ¡No entiendo que…!

— ¡Dejémonos de estupideces Annie! — Exigió la mujer mayor, aventando su libro con furia a la banca de madera — ¡Aquí la única mentirosa y cretina eres tú! ¡¿Quién te has creído al querer pasar a ese hijo que llevas dentro y que es de otro hombre, con tu marido?!

La primera reacción de Annie fue levantar la mano, quiso darle una bofetada a la actriz, pero una mano grande y fuerte la detuvo.

— ¡Ni se te ocurra tocar a mi madre! — Exclamó Terry — ¡¿No te parece suficiente con lo que me has hecho?! ¡Ahora resulta que te sientes ofendida! — La voz grave de Terrence y la cercanía hicieron palidecer a Annie.

— ¡Terry! ¡¿Qué haces aquí?! — Preguntó la ojiazul asustada de verlo, parecía un demonio, con los ojos enrojecidos, los labios apretados y la frente arrugada.

— ¿Todavía tienes el descaro de preguntar qué hago aquí? Obviamente no vine a felicitarte por la bajeza que cometiste, ni por tu embarazo — Dijo con furia y sarcasmo, soltando la mano blanca de Annie quien comenzó a sobarse pues le dolía, el castaño casi le rompió la muñeca de tan fuerte que la sostuvo — ¡Vine a encararte por el acto tan vil que cometiste y del cual me involucraste! — le escupió Terry — ¿Acaso creíste que me iba a quedar callado y sin hacer nada?

— ¡Yo… yo no!

— ¡NO! ¿QUE? ¿NO TE HAS PREGUNTADO QUE PASÓ CONMIGO? ¿LO QUE TU MALDITA CARTA PUDO HABER PROVOCADO EN MI MATRIMONIO? ¡¿QUÉ DIABLOS PRETENDÍAS AL MANDARLA?! SEGUN TÚ NO QUERIAS HACERME RESPONSABLE ¿QUÉ NO ERA MEJOR QUE TE QUEDARÁS CALLADA? ¡MALDITA BRUJA!

— ¡Deja de ofenderme! — Exigió Annie sacando fuerzas de dentro de su ser.

— Ahora resulta que la señora tiene escrúpulos — Mientras hablaba Terry la miraba furibundo, avanzando hacia ella quien iba retrocediendo, tratando infructuosa de alejarse — ¡Bravo! — Comenzó aplaudir él castaño — ¡Vaya Annie creo que nos has superado en actuación a mi madre y aún servidor!

— ¡La verdad es no sé porque cometí la estupidez de mandarla! Lo que sí es verdad que no estoy pidiéndote nada para este bebé, ¡Él es solo mío! ¡¿Entiendes?! ¡Y nadie podrá arrebatarme la dicha que siento por tener a este pequeño ser en mis entrañas!

— ¡¿Pero qué diablos estás diciendo?! — Le contestó Eleonor, poniéndose entre Annie y su hijo que ya estaba muy exaltado — Candy es como tú hermana ¿Cómo fuiste capaz de hacerle algo así? Meterte con su esposo y deshacer una familia por sobre tu felicidad.

— ¡Jamás fue mi intención que esto pasara con Terry! Pero el sin querer tomo el té que yo había preparado.

— Si no hubiera sido tu intención ¡¿Porque carajos lo llevaste a mi casa?!

— ¡No lo sé!

— ¡No lo sabes! ¡Maldita mujer! — Terry se jalaba de los cabellos, esa mujer lo estaba desquiciando.

— ¡Yo solo...! ¡Yo debía tomarlo todos los días sin falta! ¡Además en ningún momento escuché alguna queja de tu parte cuando ambos estábamos teniendo sexo!

— ¡¿Pero qué estupidez estás diciendo?! ¡No sabía que eras tú! ¡Ante mis ojos y todos mis sentidos a quien yo veía era a mi esposa! ¿Crees que estando en mis cinco sentidos me hubiera revolcado contigo? — Dijo el hombre con desprecio y asco.

— Pero ¡¿Cómo pudiste hacerle algo así a Candy! — Gritó Eleonor — ¿Que te ha hecho ella para que quieras destruirla de esta manera? Mi hija es una gran persona.

— ¡Candy, Candy! — Exclamó Annie exasperada — ¡Ella siempre ha tenido todo sin esforzarse en nada! ¡¿Y saben qué?! ¡No me arrepiento de lo que hice, porque por fin obtuve lo que yo deseaba!¡Se presentó una oportunidad y la aproveché! ¡Fue un error, sí, pero la consecuencia de eso me trajo la bendición de un hijo y no me arrepiento! — Annie se llevó ambas manos al rostro, comenzó a llorar amargamente, no había nada que hacer, lo hecho, hecho estaba, y si había caído tan bajo con tal de lograr lo que ella tanto anhelaba arrepentirse era impensable para ella, y en ningún momento pensó en el daño que podría ocasionar a todos a su alrededor, y mucho menos a Candy, ella en poco tiempo de casada había logrado lo que ella en años de matrimonio no pudo, formar una familia, ¿Porque ella no podría hacerlo también?

— ¿Cómo fuiste capaz de algo así? ¡Candy te consideraba su hermana! — Le gritó Terry furioso, sin un ápice de consideración a su estado y a sus lágrimas que para el eran falsas.

Annie no quería mirarlo, apenas y se atrevió a contestarle que sí, que era una egoísta por anhelar algo que se le estaba negando, que la única culpable era ella al haber llevado a casa del matrimonio de su hermana la tisana

Terry no pudo más ante la desfachatez de la chica y tomándola de los brazos, comenzó a sacudirla.

— ¿Sabes el daño que tu veneno ha causado en mi matrimonio? ¡Cómo me arrepiento de haberle hecho caso a Candy al venir a Chicago para que diera a luz!Pero sobre todo el haber permitido que tú entrarás a mi casa, no eres más que una puta, ¡No sabes cómo te desprecio! y cómo desearía verte muerta, aunque aun así no pagarías el daño que nos has hecho.

— ¡Suéltame! Terry me estás haciendo daño! ¡Por favor!

El castaño comenzó a reír, parecía un loco.

— ¡Esto no es nada a lo que en realidad te mereces! ¿Acaso mediste las consecuencias de tu egoísmo? Ni siquiera te has puesto a pensar lo que pasará cuando ese bebé nazca y no se parezca al imbécil de tu marido ¿Qué es lo que piensas decirle? ¡Enserio eres estúpida! Quisiera poder hacer justicia con mis propias manos, pero sé que ese bebé que llevas en tus entrañas no tiene la culpa de tener a una madre como tú.

Annie miraba aterrada al castaño, en ese momento Terry le parecía aún más alto e imponente, se había vuelto agresivo y parecía estar a punto de golpearla.

— ¡Basta ya hijo! — Intervino Eleonor — Lo queramos o no está mujer está embarazada y el niño es tuyo también, no sé lo que has hecho para engañar a los demás Annie, no sé si son tan tontos para no darse cuenta de tu avanzado estado de gestación — Decía Eleonor señalando a la ojiazul, haciendo la observación, preguntándose ella misma como era posible que los demás no se dieran cuenta de semejante engaño.

— ¡Señora Annie! — Exclamó Margareth, acercándose a dónde estaba su patrona — Debemos regresar ¡Dejen en paz a mi señora! ¿No ven su estado?

— ¡Tu señora es una…!

— ¡Ya hijo! — Lo sostuvo Eleonor pues el castaño estaba al borde del abismo, a punto de golpear a Annie — Sépase "señora" que esto no se va a quedar así, les ha hecho mucho daño a mis hijos y el único que saldrá perdiendo es mi nieto y Evan es el menos culpable de todo esto.

— Si Candy no lo sabe no hay manera de…

— Candy lo sabe, y por tu culpa estoy alejado de mi mujer y de mi hijo.

Continuará…

Por: Lexie Graham y Temperance.

Gracias por leer.

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