Y TODO QUEDA EN NADA

Corrí. Corrí con todas mis fuerzas para alejarme de Degel, quería huir de aquel lugar que al fin y al cabo sólo me había traído desdichas. Sentía que las lágrimas continuaban fluyendo y humedeciendo mi rostro mientras continuaba en una alocada carrera que me alejara del sitio en el que había visto una escena que me había roto el corazón en mil pedazos. Traté de encontrar una explicación racional para lo ocurrido, pero por más que pensara y pensara, no se me ocurría nada. Mi mente se negaba a aceptar lo que los hechos me estaban demostrando; no podía ser que todo lo que había vivido junto a Degel en el último tiempo hubiera sido una mentira. Continué corriendo a toda velocidad, descendiendo los escalones en dirección a Acuario con sólo una idea fija: abandonar lo antes posible ese lugar que parecía tan mágico e increíble y en el que probé las mieles del amor junto al hombre al que tanto había admirado desde niña y del cual me había enamorado como una tonta.

Una vez que llegué a la décima Casa Zodiacal, ingresé a la carrera y no me detuve ni un solo momento hasta llegar a mi habitación; cuando por fin la alcancé, me metí en su interior y cerré la puerta tras de mí haciendo un sonoroso ruido que resonó dejando un eco en el solitario ambiente del Templo de Acuario. Mi tórax subía y bajaba frenéticamente, intentando recuperar el aliento para poder respirar con normalidad, mientras me deslizaba de espaldas sobre la puerta con lentitud hasta quedar acuclillada en el frío mármol. ¿Por qué? ¿Por qué Degel me había engañado de esta manera? ¿Por qué me ilusionó falsamente todo este tiempo si en realidad nunca me amó? Eran las preguntas que se sucedían una y otra vez, sin cesar, en mi cabeza. Lo había escuchado claramente de sus propios labios: él todavía seguía amando a Natalie y no podría olvidarla nunca. Eso quería decir que ella era la mujer a quien Degel amaba en silencio, puesto que sabía que no le correspondía, pero a pesar de eso, él no había podido olvidarla. Puse mi mano sobre mi pecho, pensando en que con ello podría calmar un poco el intenso dolor que estaba azotando mi corazón y que se expandía con rapidez por todo mi cuerpo, amenazando con quebrarme anímicamente. Cerré los ojos con fuerza y sollocé inconscientemente pensando en todos los momentos tan inolvidables e irrepetibles que había compartido con Degel: las charlas hasta que se ponía el sol, su compañía, su protección... Rocé mis labios con las yemas de mis dedos rememorando el sabor de sus besos, pensando en sus caricias... recordando en cómo me había entregado a él... Sentí que el pecho se me oprimía de la amargura pero sobre todo, por la terrible decepción que esto representaba para mí. Había depositado mi absoluta confianza en el caballero de Acuario, y la había destrozado en mil pedazos, y eso jamás podría recomponerse. Como una mujer enamorada, le había creído ciegamente a tal punto de haberlo convertido en el primer y único hombre al que le había confiado no sólo mi cuerpo, sino también mi alma. Y eso desgarraba mi corazón aún más.

¿Cómo pudo ser posible que Degel hubiera hecho algo así? ¿Cómo pudo aprovechar la debilidad emocional de Natalie para intentar algo con ella? Porque si de algo estaba segura, era que la joven no lo amaba de la forma en que había amado al caballero de Virgo, y sabía que ella jamás aceptaría cualquier propuesta que le hiciera; había aprendido a conocerla bastante durante nuestro trabajo con el Anciano Sanador, y era una muchacha transparente, que no podía mentir de ninguna manera. Continuaba amando a Ásmita, aún cuando la muerte la había alejado del que era el amor de su vida.

Admiraba a Natalie, no solamente por el trabajo que hacía sino también por su capacidad de sobreponerse al duro golpe que la vida le había dado al arrebatarle la felicidad de la manera en que lo había hecho. No le guardaba rencor por lo que había visto hacía un par de minutos atrás, tenía la certeza de que ella era inocente y nunca me había mentido. Sin embargo, no podía decir lo mismo de Degel. ¡Qué ciega había sido!, me repetía internamente mientras tomaba mi cabeza entre mis manos. ¿Cómo pude ser tan idiota de caer en su trampa? Él fue capaz de envolverme y seducirme con sus palabras elegantes y haciendo uso de su sabiduría, y utilizó todo eso como ardides para obtener de mí lo que todos los hombres buscan obtener de una mujer. Las lágrimas volvieron a recorrer mis mejillas mientras negaba con mi cabeza y mantenía los ojos cerrados, tal vez tratando de no ver mi triste realidad. Pensé que él era diferente, pero había terminado siendo igual que todos los hombres. ¿Cómo fue capaz de hacerme esto? ¿Por qué rompió la promesa que le había hecho a mi padre, de cuidarme y protegerme? Fue entonces que dejé escapar un grito de dolor, de frustración, de impotencia ante la situación en la que me encontraba; un grito que salía desde el rincón más profundo de mi alma y que buscaba desahogar aquellos sentimientos tan amargos que me dominaban en ese momento. Y de pronto, tuve un instante de lucidez en el que de repente, callé. Allí tomé una decisión, con la cual esperaba poder retomar el control de mi vida después de esta tormenta. Me puse de pie lentamente, juntando el valor necesario para hacer lo que tenía que hacer, al mismo tiempo que secaba mis lágrimas con el dorso de mis manos, y aclaraba mi visión. Degel podría haberme arrebatado la inocencia, pero no lo dejaría arrebatarme lasriendas de mi destino.

Me apresuré entonces a empacar mis cosas lo más rápido que pude para salir de ahí, no podía permanecer ni un minuto más en ese lugar que guardaba tantos recuerdos, dolorosos ahora, para mí. Como pude, vacié los cajones de la cómoda y coloqué mi ropa en el baúl que había traído conmigo en el viaje; ni siquiera me molesté en doblarla con cuidado, pues lo único que me importaba en ese momento era irme de allí. Estaba actuando como una autómata, moviéndome con la mayor rapidez posible, para no pensar en lo desdichada que era. Cuando hube terminado de empacar, no sé de dónde saqué la fuerza necesaria para mover mi baúl y salir cargándolo, lo que no había podido hacer al llegar a estas tierras; luego abrí la puerta de mi habitación y, sin mirar atrás, salí en dirección al pasillo que me llevaría a la salida del Templo de Acuario. Caminé de prisa, escuchando el eco de mis pasos, y cuando pensé que iba a poder salir de allí con discreción, el sonido del metal de una armadura me sobresaltó. En mi interior, por un lado rogaba que no fuera Degel el que acababa de ingresar al Templo, pero por el otro, en el fondo tenía la esperanza de que fuera él, que había venido a buscarme para decirme que todo aquello era un malentendido, que era a mí a quien amaba, y que me tomara una vez más entre sus brazos.

Cerré los ojos y suspiré profundamente, mientras podía oír los pasos acercarse a mí.

_Fluorite, ¿qué demonios estás haciendo con ese baúl?_ , me dijo una voz masculina interrogante a mis espaldas.

No tenía dudas de quien se trataba. Era Kardia.

_ Por favor, Señor Kardia, le pido que no se entrometa en mis asuntos; debo irme en este mismo instante, no puedo permanecer más aquí_ , le espeté con toda la frialdad de la que fui capaz.

El caballero de Escorpio me tomó por la muñeca para detenerme, tras lo cual se situó frente a mí; seguramente quería que le diera algún tipo de explicación por mi comportamiento.

El Escorpiano me miró con una mezcla de preocupación y sorpresa en la mirada, mientras clavaba sus ojos azul profundo en los míos.

_¿Te encuentras bien, Fluorite? Dime, ¿ha pasado algo? ¿Alguien te ha hecho daño? Si es así, por favor, dímelo para que Degel y yo podamos darle su merecido a ese malnacido..._ .

_¡No!_ , lo corté en seco al mismo tiempo que pensaba en las palabras adecuadas para decirle y tratar de serenarme. _ Nadie me ha hecho daño... Más que Degel..._ , le dije casi susurrando mientras trataba de controlar el temblor de mis labios al recordar tan dolorosa experiencia.

Los ojos de Kardia se abrieron de par en par, demostrando cuán sorprendido estaba ante mi respuesta; creo que jamás se imaginó que pudiera contestarle algo así.

_¿Qué? ¿Qué demonios estás diciendo? ¿Degel? Pero ¡eso no puede ser! ¡Él no sería capaz de hacerle daño ni siquiera a una mosca!_ , exclamó el caballero de Escorpio totalmente incrédulo tras lo que acababa de oír.

_Sí, me temo que su amigo me ha herido de una manera que ya no tiene forma de remediar... Ha utilizado en mí el arte del engaño y la seducción, y yo he caído en sus redes... Pero no me quedaré aquí a ver cómo él se burla de mí mientras despliega sus artimañas de seducción con otras mujeres; esto ha terminado aquí, me marcho a Francia_ , dije con dureza, intentando zafar mi muñeca de su agarre de hierro.

_¿Qué? ¿Seducción? ¿Degel?_ , continuó diciendo Kardia, mientras con su mano libre hizo un gesto para que le restara importancia a lo que sea que haya pasado. _ ¡ Por favor, Fluorite, Degel y esa palabra no son compatibles! De hecho, fui yo quien le insistió para que se acercara a ti y así pudiera olvidar..._ , dijo el Escorpiano para luego cerrar la boca súbitamente al darse cuenta de que, nuevamente, había hablado de más.

Lo miré fijamente, rastreando cualquier gesto que me indicara que estaba mintiendo, pero la mirada de culpa de Escorpio sólo me confirmó algo que nunca me hubiera imaginado descubrir: todo había sido un engaño desde el principio.

_Así que entonces es verdad... Degel me sedujo instigado por usted con el objetivo de olvidar a otra mujer que quizás no le corresponde, ¿es así? ¿O estoy equivocada?_ .

El guardián de la octava casa zodiacal no dijo ni una sola palabra, y sus ojos reflejaban un sentimiento de culpa que si bien él se había esforzado en ocultar, para mí no pasó desapercibido. Eso sólo me confirmó lo que tanto había temido: Degel nunca me amó, y sólo se acercó a mí para olvidar a la mujer de la cual se había enamorado pero que nunca le correspondió...

_Su silencio sólo me confirma lo que ya sospechaba, Señor Kardia... Su amigo Degel solamente me utilizó para olvidarse de la mujer que verdaderamente ama y a quien no pudo tener... Ella es Natalie, ¿no es así? Él se enamoró de ella irremediablemente, y eso no ha cambiado, a pesar de todo lo que ha pasado... _ , le respondí tajantemente, a lo cual él reaccionó esquivando mi mirada inquisitiva sobre la suya, la cual trataba de evitarme.

_Lo que dices no es del todo así, Fluorite... Es cierto que en el pasado Degel sintió algo por Natalie, pero eso quedó atrás desde el día en que te vió llegar a su Templo; él realmente se enamoró de ti... Créeme por favor, lo conozco y séque lo que siente por ti es amor verdadero, de eso estoy absolutamente seguro, pues he visto cómo brillan sus ojos cuando te mira, cómo se ha preocupado por ti y por protegerte de todo mal... Cuando estabas inconsciente luego del ataque a Rodorio, él permaneció junto a ti en todo momento, se negaba a dejarte sola en esa habitación de la Casa del Anciano Sanador pues quería asegurarse de que estuvieras bien... Tú lo hechizaste desde el instante en que pusiste un pie en estas tierras, y yo lo único que he hecho fue animarlo a que dejara salir por una vez los sentimientos que guardaba en su corazón, ésos que tú despertaste, y por esa razón, en honor a la amistad que me une con Degel desde que éramos niñosy por la cual le debo la vida, yo... _ , hizo una pausa, dubitativo sobre si continuar hablando o no, quizás sopesando qué consecuencias tendrían sus palabras. Cerró sus ojos y suspiró profundamente, luego los abrió y su mirada azul semejaba la turbulencia de un océano embravecido por la tormenta; aún así podía leer en ella la determinación de continuar con lo que tenía que decir. _ Para honrar esa amistad que representa para mí un lazo tan fuerte como la sangre, es que por primera vez en mi vida dejé a un lado la forma tan egoísta en que me he conducido en la vida, y sacrifiqué la única cosa pura y verdadera que he tenido jamás... Degel no fue el único en caer bajo tu hechizo..._ , dijo Kardia, para luego bajar la mirada y desviarla de mi vista, para que no pudiera ver la profundidad de sus sentimientos.

Me sorprendieron las palabras que acababa de escuchar, y me había quedado boquiabierta por un momento en el que no supe cómo reaccionar, o más bien, no sabía cómo procesar lo que oí. ¿Acaso el caballero de Escorpio, quien era conocido como un Don Juan, un seductor empedernido cuya vida transcurría entre las faldas de diferentes mujeres, y que se jactaba de pasar cada noche con una fémina distinta, las cuales no podían resistir sus dotes de seducción, me estaba diciendo que sentía algo por mí?

Definitivamente no sabía cómo tomar eso. Pero viniendo de quién venía, sólo podía ser una mentira más.

_Dudo mucho que con el estilo de vida que usted lleva, sepa acerca de sentimientos tan profundos y puros como ésos_ , exclamé con un deje de reproche en mis palabras, mientras el Escorpiano se tensaba ligeramente al oírme.

Luego, de improviso, en un movimiento que pareció ejecutado a la velocidad de la luz, pues no lo ví venir, Kardia tiró de mí y me acercó a su fornido cuerpo, cubierto con la armadura dorada de Escorpio, para luego tomar mi mentón con una de sus manos para obligarme a mirarlo, mientras que con la otra me sujetaba de la cintura. Abrí mis ojos sorprendida e indignada ante el atrevimiento del caballero, ¿quien rayos se creía que era para sujetarme de esa manera? La ira brotó dentro de mí, lo que se reflejó en mis pupilas al clavarle una mirada tan aguda cual si fuera una afilada daga. El Escorpión dorado no se amedrentó ante la amenaza implícita que, estaba segura, podía leer fácilmente en mis ojos, por lo que incrementó la fuerza de su agarre al percibir que intentaba zafarme de sus brazos.

_¡Maldición, Fluorite! ¡Mírame! ¡Con un demonio, no tienes idea de lo que estás diciendo! ¡No sabes lo preocupado que estuve cuando estabas inconsciente, y tampoco tienes la más mínima idea de todo lo que he sufrido todo este tiempo! ¡He tenido que soportar las miradas que intercambiabas con Degel, los gestos de cariño entre ambos, desde el más absoluto silencio para respetar el lazo de hermandad que me une a él! ¿Sabes cuánto me afectaba el saber que pasabas cada noche junto a él? Que Degel era quien podía brindarte sus besos y caricias, y que era él quien entre sus brazos te llevaba al éxtasis...? ¿Sabes cuán difícil ha sido para mí saber que te entregaste a él? Saberte en brazos otro hombre, peor aún, de mi mejor amigo, es lo más difícil que he tenido que soportar en mi vida, aún más que la fiebre que me azotaba cuando niño y amenazaba con llevarse mi vida... Cada una de esas cosas me partía el corazón como no tienes idea, así que no te atrevas a decirme que no soy capaz de sentir algo tan profundo y puro como el amor, pues eso es lo que siento por ti... _ , exclamó Kardia con ojos centelleantes por el enojo que se había despertado en su interior tras mis palabras; fue entonces que en un arranque de impulsividad, el Escorpiano me besó.

Abrí mis ojos aún más sorprendida que antes, pues no me imaginé que se atreviera a tanto, pero podía suponer que ni él mismo había planeado esta acción, y que lo hacía para demostrarme a su manera, sus sentimientos hacia mí. Intenté con todas mis fuerzas empujarlo para apartarlo de mí, pero todo fue en vano; el cuerpo del guardián de la octava casa zodiacal parecía un muro inamovible. Los labios de Kardia se movían sobre los míos con fiereza; su beso era lo más intenso que había experimentado jamás, completamente abrasador y pasional, y parecía que con cada segundo transcurrido en contacto con mi piel, me consumía en las llamas de un fuego invisible. Aquel beso era voraz, hambriento de deseos reprimidos, tan distinto a los besos de Degel, que por un momento temí que la intensidad del mismo me devorara. El Escorpión dorado había cerrado los ojos, y de su garganta emergía un pequeño gemido ronco apenas audible, que finalmente cesó cuando él mismo rompió nuestro contacto. Con la respiración agitada, Kardia me miró con una mezcla de asombro y de culpa en sus azulados orbes, seguramente cuestionando sus acciones al romper aquella silenciosa promesa que secretamente se había hecho a sí mismo: la de no poner sus ojos (ni mucho menos sus manos) en la mujer que tenía una relación con su mejor amigo.

_Siento mucho lo que acaba de ocurrir, pero tú misma lo provocaste_ , dijo el caballero de Escorpio de manera áspera, mientras se alejaba unos pasos. _ Entiendo que después de todo lo que ha pasado quieras irte de aquí y poner tierra de por medio; si no has cambiado de opinión luego de lo que has escuchado lo respeto, y te ofrezco mi ayuda para que puedas salir del Santuario y tomar el barco que te lleve a Francia lo más pronto posible_ .

Lo miré con suspicacia, sopesando la veracidad de cada una de sus palabras, intentando captar si había algún tipo de trampa en su ofrecimiento, más no hallé nada que me hiciera desconfiar de él en ese momento. Suspiré resignada y decidí aceptar la ayuda de Kardia; después de todo, no podría llegar muy lejos arrastrando el baúl con mis pertenencias, y además, podría utilizar los contactos que seguramente tenía el caballero dorado para conseguir un pasaje en el primer barco que zarpara hacia París.

El Escorpiano se echó mi baúl al hombro y me hizo señas para que lo siguiera; teníamos que salir del Santuario de manera discreta para que nadie se diera cuenta de que estaba abandonando el recinto que se había convertido en mi hogar desde el instante en que puse un pie en Grecia. Una vez que logramos escabullirnos del Santuario, tomamos un atajo por un bosquecillo que lindaba con los terrenos del mismo, para luego utilizar un camino que no era tan frecuentado para poder llegar hasta el puerto. Durante todo el viaje que compartimos, Kardia y yo no cruzamos ni una sola palabra, y el silencio que se cernía entre los dos llegó a ser tan incómodo que me provocaba escalofríos. No tenía idea del tiempo transcurrido, pero parecía que las horas habían avanzado con lentitud, y todavía faltaba para que el sol se pusiera. Continuamos caminando por un largo rato, hasta que llegamos a la zona del puerto, atestada de pasajeros, comerciantes y mercaderes que buscaban vender sus mercancías, y por supuesto, también ladrones a la caza de algún transeúnte distraído. El caballero de Escorpio depositó mi baúl en el suelo pedregoso y se encaminó hacia el lugar donde se venden los pasajes para las diferentes embarcaciones; tras unos minutos, regresó hacia el lugar en el que me encontraba.

_Los marineros del puerto me dicen que el próximo barco con destino a Francia se encuentra anclado en aquel muelle_ , dijo Kardia señalando en la dirección que le habían indicado, a lo cual asentí sin mediar palabra. Cuando ya estaba dirigiéndome al sitio señalado, el Escorpiano me tomó del brazo y me retuvo en el lugar.

_Fluorite, espera... Te traje hasta aquí con la esperanza de que reflexionaras sobre tu decisión durante el viaje. Si quieres saber mi opinión, pienso que te estás equivocando, estás actuando de manera precipitada e impulsiva al no hablar con Degel para aclarar las cosas; con un demonio, ¡él te ama! Tu partida va a romperle el corazón... Otra vez... Y no sé si voy a ser capaz de poder sacarlo de la melancolía esta vez... Por favor, Fluorite, no te vayas... Quédate en Grecia y sé feliz con Degel... _ , susurró las últimas palabras el guardián de la octava casa zodiacal, mientras sus ojos azules brillaban con amargura.

_Lo siento, Kardia, pero no puedo permanecer en Grecia después de lo ocurrido... Degel sólo jugó con mis sentimientos, jamás me amó; sólo fui para él un salvavidas emocional para olvidar a la mujer a la que verdaderamente ama, a pesar de las circunstancias... No puedo quedarme y fingir que nada sucedió... Por eso debo alejarme de todo este lugar que tantas penurias me trajo, pues solamente me llevo desdichas..._ , exclamé con firmeza, para luego quitarme su mano de mi brazo y tomar mi baúl con férrea determinación. _ Gracias por acompañarme y ayudarme a traer mi equipaje... Y necesito que me hagas un último favor, en nombre de ese amor que dices tenerme_ , dije tratando de evitar que mis labios temblaran al hablar.

Kardia asintió y permaneció atento a lo que pudiera pedirle; estoy segura de que no me negará nada debido a las circunstancias.

_ Por favor, no le digas a nadie, y mucho menos a Degel que me viste y que me marché del Santuario... _ , pedí a modo de súplica.

_Está bien, no diré nada... Aunque no voy a poder evitar que más tarde se den cuenta de tu ausencia..._ , dijo Kardia con un deje de melancolía en su tono de voz, luego de lo cual me acompañó hasta la escalinata que conducía a los pasajeros a abordar el navío.

Le agradecí su gesto, y sentí cierta pena por él, al no poder correponder a sus sentimientos, los que, por una vez en su vida, eran sinceros.

_Adiós, Kardia_ , exclamé mirando en su dirección, y luego, me dí la vuelta y caminé por la escalinata hacia el interior del barco. Los demás pasajeros continuaron subiendo al navío durante varios minutos más, hasta que el capitán anunció que había llegado el momento de zarpar, por lo que dió la orden de que se leven anclas, y finalmente, nos pusimos en marcha.

Durante ese tiempo observaba el movimiento de las personas, el trajín de los marineros en sus labores y con equipaje de los pasajeros, por lo que no me percaté que Kardia ya no se encontraba en el muelle. Giré en dirección hacia donde podía contemplar las aguas de color turquesa y el sol del atardecer, y la turbulencia de sentimientos en mi interior comenzaba a hacer ebullición y a quebrar mi frágil autoestima. Otra vez me encontraba sola, sola en un barco que me lleva de regreso a mi país natal, con un millón de ideas para mis proyectos laborales, y a la vez tantos recuerdos agridulces... Una lágrima se deliza furtiva por una de mis mejillas, y la dejo caer y perderse en la inmensidad de las aguas del mar.

Sé que tuve mi primera oportunidad de amar y que nada resultó como lo esperaba; que mi corazón se rompió en mil pedazos y que probablemente no podré recomponerlo jamás, pero de lo que sí estaba segura era que, una vez más, me pondría de pie.

CONTINUARÁ...