PERDIDO SIN TI

Una vez que estuve dentro del despacho junto con Madame De La Rochelle, la amable dama me recibió con su habitual cordialidad y cariño maternal, al mismo tiempo que me invitaba a tomar asiento y a relatarle las aventuras que había vivido en las lejanas tierras griegas, así como la razón por la cual había adelantado mi regreso.

Mi corazón se aceleró ante las palabras de la mujer, y volvió a sentir una punzada de dolor al rememorar la amarga decepción que había sufrido, al igual que las desdichas por las que me había tocado transcurrir durante mi estadía. Rápidamente pensé en que debía ocultar a como diera lugar el tema de la decepción romántica y de mi corazón roto; no quería entristecer a la amable dama que tanto cariño me tenía, no valía la pena. Por eso me propuse mantener la fachada de una joven alegre que tenía como principal prioridad su trabajo. Compuse mi voz y comencé con mi relato; algo acotado, naturalmente: con voz que no dejaba entrever emoción alguna, relaté vagamente cómo había llegado a Grecia, dónde me había alojado, el incidente del robo del que había sido víctima en la misma posada en la cual me hospedaba, y por lo cual me había visto en la necesidad de trabajar de mesera en ese sitio para pagar mi estadía y además reponer el dinero que Madame De La Rochelle me había dado para solventar mis gastos. La expresión del rostro de la mujer entrada en años reflejaba la congoja y la tristeza que le producía el escuchar que había tenido que atravesar por tantas situaciones penosas en ese viaje al que había ido tan ilusionada por todo lo que representaba para mí y para mí trabajo, y tomó mi mano entre las suyas para proporcionarme un consuelo ante las adversidades a las que me había enfrentado. Obviamente no mencioné que luego de aquel incidente del robo del dinero, había aceptado el ofrecimiento de un caballero perteneciente a una orden militar similar a los Templarios, para hospedarme en el edificio que podría considerarse como una especie de cuartel, y que allí me había ido mucho peor; sólo me limité a mencionar que había sufrido un accidente y que había tenido una larga recuperación. La mujer dejó escapar un grito ahogado, tras lo cual se levantó de su asiento y se acercó a mí para estrecharme en un fuerte abrazo.

¡Oh Mon Dieu! ¡Pobrecilla criatura! ¡Gracias a Dios que ya estás aquí y que te encuentras con bien! No te preocupes querida, te ayudaré a superar todos esos malos recuerdos, y ¿qué mejor para comenzar con eso que poniendo manos a la obra en tu proyecto?_ , dijo Madame De La Rochelle mientras tomaba los bocetos y los miraba con suma atención, estudiando cada detalle de los diseños.

¡Est' ce manifique! ¡Tienes un gran talento Fluorite! Estoy absolutamente encantada con tus diseños, y tienes mi apoyo total para comenzar con la confección de una nueva colección de indumentaria femenina; desde hoy serás la diseñadora principal de esta casa de modas, y como tal puedes elegir a las costureras que te ayudarán a confeccionar las prendas_ , exclamó la mujer entusiasmada, al mismo tiempo que continuaba estudiando los diferentes modelos, para luego poner toda su atención en uno de los bocetos.

Al acercarme a ella, pude notar que ése era el diseño que había realizado la noche anterior, cuando las pesadillas me acechaban; sonreí para mis adentros con satisfacción, pues lo que había anticipado finalmente se estaba cumpliendo. La dueña de la casa de modas esbozó una ancha sonrisa que remarcó sus mejillas regordetas, y que mostraba la fascinación que le producía la contemplación de ese modelo en particular. Sus ojos brillaban con una especie de chispa muy particular, lo que era común de observar en ella cada vez que tenía una idea, por lo que al darme cuenta de eso, supe que la dueña de aquella casa de modas había ideado algo importante para su negocio, y era evidente que involucraba ese boceto, tan diferente a los demás que realicé. Sonreí para mis adentros con satisfacción, pues una de las metas que secretamente había acariciado, se cumplía tal y como lo había soñado alguna vez. Agradecí a Dios por haberme otorgado esta oportunidad de progresar de mi trabajo, y también dí las gracias a la mujer que estaba poniendo en mis manos esta maravillosa tarea que estaba más que encantada de llevar a cabo, y que por supuesto, quería comenzar cuanto antes.

Luego de tan bochornoso comportamiento, no había vuelto a ver a Natalie.

Me sentía como un completo y absoluto idiota, pues había subestimado la inteligencia y los sentimientos de la muchacha hacia el caballero de Virgo. Tal vez Ásmita sabía cuál sería la reacción de la joven ante mi propuesta debido a sus habilidades, pero aún así intentó por todos los medios proteger a la mujer que amaba y a la pequeña vida a la que ambos habían dado inicio, y que ahora estaba gestándose en el vientre de la muchacha. Sonreí con amargura mientras miraba a lo lejos a través del ventanal de mi fría habitación, que me recordaba cuán solo me encontraba en la inmensidad de esa recámara. Realmente entendía a Ásmita y los esfuerzos que había realizado, pese a no encontrarse en el mundo de los vivos, para proteger a su familia. Mi corazón se alegraba por él, puesto que siempre había vivido en soledad y no había conocido sentimientos tan nobles como el cariño y el amor, y ahora tenía eso que tanto le había hecho falta durante toda su vida, más me entristecía el hecho de que no pudiera disfrutar de ello por los azares del destino a los que estamos ligados los caballeros dorados.

Para evitar a la joven sanadora, me había recluido en mi Templo luego de aquel desafortunado incidente en el que incluso la había besado a la fuerza. ¡Por todos los dioses, cuánta vergüenza sentía! No sabía de qué manera iba a poder mirar a la cara a la muchacha nuevamente, y por eso había elegido la salida del cobarde. ¿En qué demonios había estado pensando para actuar de la manera en que lo hice? ¿Por qué rayos la besé? Definitivamente no tenía respuesta a esa pregunta, excepto maravillarse con la inmensidad de mi estupidez al intentar una treta tan absurda como ésa. Natalie no iba a caer rendida a mis pies al recibir aquel beso, ella no era una mujer superficial, sino alguien con férreas convicciones y una lealtad infinita; la joven ya había entregado su corazón y no habría poder alguno que pudiera deshacer aquello. Admiraba profundamente a mi amiga, al aceptar valientemente lo que el destino le tuviera deparado, aunque tuviera que enfrentarlo en la más absoluta soledad. Oh, pero ella no estaba sola, no. El hijo de Ásmita que crecía en su vientre le daba las fuerzas necesarias para seguir adelante.

Ojalá yo hubiera sido tan valiente como ella. Tal vez debí haber sido un poco más egoísta y luchado por mantener a Fluorite a mi lado a pesar de esta maldita Guerra Santa, aunque su permanencia fuera un riesgo para ambas partes... Pero mi lado altruista quería protegerla de todo lo que pudiera ponerla en peligro, pues ya había sufrido demasiado por mi causa, y no soportaría causarle más dolor del que ya ha tenido en su vida. Sé que mi última acción debe de haberla devastado, pero también sé que el tiempo todo lo cura, en especial los asuntos del amor, y el corazón sana sus heridas... La conozco, y sé que a pesar de esta decepción que le he provocado, ella saldrá adelante como siempre lo ha hecho; cumplirá sus sueños y vivirá una larga vida...

Eso es lo que me repito cada día y cada noche para poder continuar con mi vida, aunque la soledad y el vacío inmenso que siento en el alma me llenan por completo. Mi existencia se ha reducido únicamente a cumplir con las órdenes y pedidos del Patriarca como si fuera un autómata, sin pensar en nada más, pues si permito aunque sea sólo un instante que ella se instale en mis pensamientos, vacilaría una vez más en cuanto a la decisión que he tomado.

Kardia intenta distraerme con sus típicas bromas y ocurrencias, más éstas ya no tienen el mismo efecto en mí como tiempo atrás; ya ni siquiera logran irritarme, al igual que su comportamiento. Me siento como adormecido en una apatía infinita provocada por el inmenso vacío que parece no tener fin en el que me encuentro sepultado.

Sí, así me siento.

He perdido el rumbo de mi vida, que parecía haberse encauzado desde el instante en el que Fluorite llegó a mí y despertó en mi alma todos esos sentimientos tan profundos y puros que jamás pensé experimentar. Dentro de mí sólo hay tristeza por haberla perdido, a ella, que era la luz que iluminó mi vida... Siento que no soy nada sin su compañía; tan sólo un vano fantasma de niebla, un ser inerte que hoy en día tiene como único propósito el seguir órdenes y acabar con el ejército de Hades para que esta maldita Guerra termine de una vez por todas. Una Guerra que viene sucediéndose desde la era mitológica, que cada vez que se repite se lleva consigo innumerables vidas de caballeros y civiles inocentes, y que es la culpable de la pérdida de mi felicidad...

Lo único que me sostiene es la esperanza de que un día, en el futuro del cual proviene Natalie, su hijo pueda poner fin a esta horrible sucesión de acontecimientos bélicos y así traer consigo una era de paz para la humanidad, sin la amenaza del Dios del Inframundo cerniéndose sobre la Tierra y sus habitantes.

Sufro por el destino que le aguarda a mi mejor amiga una vez que logre regresar a su tiempo, pues se encuentra sola y debe encargarse de criar a un niño con un destino trazado desde antes de su nacimiento, el cual conlleva una enorme responsabilidad y que sin duda alguna, es una pesada carga para ella debido a la vida que lleva un caballero dorado... Su hijo recibirá la armadura de Virgo sin la guía de ningún tutor o maestro que lo instruya en el desarrollo de sus habilidades y que le inculque los valores y el sentido del deber y el honor que debe tener un caballero dorado.

Suspiré con pesar, dándome cuenta de que la tristeza y la soledad que yo estaba sintiendo, no se podían comparar en lo más mínimo con lo que debía de estar sufriendo Natalie ante la nueva realidad ante la que se encontraba y la incertidumbre que le aguardaban tanto a ella como a su hijo no nacido.

Mis pensamientos giraban en torno a eso cuando de pronto, con aire ausente, de fondo oí una voz pidiendo permiso para ingresar a mi Templo, seguido de unos pasos y el tintineo del metal de una armadura muy diferente a la que usaban los caballeros de Athena. Parpadeé varias veces, como cuando uno se despierta de lo que podría ser un mal sueño, y giré mi rostro en la dirección de la cual provenían los sonidos que acababa de escuchar. Algo dentro de mí me dijo que aquel mensajero no podía traer ninguna buena noticia... En ese momento, tomé conciencia de que había un dolor sordo en mi corazón, el cual se había instalado de manera imperceptible y en el que no había reparado debido a la melancolía en la cual me encontraba sumergido en la totalidad de mis días.

El hombre era uno de los guardias del Santuario y se desempeñaba como mensajero bajo las órdenes del Patriarca; con el rostro contrito me tendió un sobre lacrado sin decir ni una palabra, tras lo cual realizó una inclinación de cabeza y se retiró de mi Templo. Tomé el sobre en silencio, más la sensación de que lo que estaba a punto de leer en él iba a causarme más dolor aún, hizo que un ligero temblor apareciera en mi mano. Vacilé por un momento sobre si abrir el sobre y ver su contenido, pero logré reunir el valor suficiente para poner fin a aquel temor que me acechaba. No me dí cuenta de que había cerrado mis ojos inconscientemente hasta que la oscuridad me hizo parpadear, y fue entonces que una punzada de dolor me recorrió por completo: en aquel papel que sostenía entre mis manos, escrita con una letra desconocida para mí hasta ese entonces, estaba la noticia que más temía. Sage había perecido en un enfrentamiento contra uno de los Dioses Gemelos, el cual había terminado con la muerte de su discípulo, Manigoldo de Cáncer y del propio Sage, pero también había logrado lo que éste había soñado durante más de doscientos años y lo que lo mantuvo con vida todo este tiempo: sellar al Dios de la muerte, Thanatos. Inmediatamente mis ojos se llenaron de lágrimas, al mismo tiempo que el papel se deslizaba de entre mis dedos; lo sabía. Estaba seguro que Sage había estado planeando algo a espaldas de todos, con el objetivo de evitar más muertes de caballeros, de aquellos muchachos que, según sus propias palabras, tenían toda una vida por delante, las cuales consideraba injusto que se perdieran de una forma tan absurda como lo era la Guerra Santa, solamente por el capricho de unos Dioses que guardaban un infinito resentimiento y odio por la humanidad. Caí de rodillas al frío piso de mármol y apreté mis párpados con fuerza mientras una tibia lágrima se deslizaba furtiva y en silencio por una se mis mejillas, dejando un camino de humedad a su paso. Finalmente había cumplido la promesa que se había hecho a sí mismo. Él consideraba injusto que mientras los jóvenes peleaban y daban sus vidas por lograr la paz del mundo, como Patriarca tenía que quedarse de brazos cruzados, y eso lo hacía sentir extremadamente mal, pues alimentaba un sentimiento de impotencia en todo su ser. Entendía a la perfección cómo se sentía aquel hombre que nos había acogido desde niños y nos había criado como si fuera un padre. Sollocé en silencio en soledad, y luego abrí mis ojos con rapidez ante lo que acababa de darme cuenta. ¡Esto sólo significaría un golpe más para Natalie! Ella adoraba a Sage, y el conocimiento de esta noticia supondrá un inmenso dolor, comparable a la pérdida de Ásmita, y no sé si podrá soportarlo. Sequé la humedad de mis mejillas con el dorso de mi mano y me puse de pie, decidido a salir de mi Templo para brindarle el consuelo que necesita a aquella joven que durante todo ese tiempo me había dado su amistad. Aunque me encontrara sumamente afectado por la muerte de Sage, debía ser fuerte para continuar con la misión que el hasta entonces Patriarca me había encomendado: tenía que hacer todo lo que fuera necesario y hasta lo imposible para mantener a salvo a Natalie y que pudiera regresar a su tiempo, donde podría dar a luz de forma más segura, lejos del alcance de esa espectro que amenaza su vida y la de su hijo.

Subí las escaleras del Templo del Patriarca a paso firme y decidido, ocultando mi tristeza tras la máscara de frialdad que solía utilizar para que los demás no pudieran leer mis sentimientos a través de mis facciones, e ingresé en el recinto, donde los guardias y demás personas encargadas del servicio al líder del Santuario iban y venían apresuradamente, conmocionados seguramente por las últimas noticias tan amargas para todos. Pasé a través de aquellas personas y continué mi camino hasta el salón donde Sage solía reunirnos para darnos instrucciones; fue allí que encontré a Shion, que a duras penas lograba esconder la melancolía que le producía el deceso del Anciano Líder, brindando consuelo a Natalie, a quien la noticia había devastado. La joven lloraba desconsoladamente en brazos del caballero de Aries, mientras se preguntaba una y otra vez por qué la vida se empeñaba en arrebatarle a las personas que eran más importantes para ella. Mi corazón se acongojó aún más al ver su pequeña figura completamente transfigurada por el dolor de la pérdida del hombre que había sido como un padre para ella durante todo este tiempo. Al notar mi presencia, Shion me hizo señas para que me acercara y así pudiera hacerle saber a la muchacha que no la había abandonado en un momento tan penoso como el que todos estábamos atravesando.

Natalie escuchó mis pasos y el tintineo de mi armadura y dirigió su mirada, triste y cansada hacia mí, luego de lo cual se lanzó a mis brazos, que la recibieron con un abrazo para reconfortarla ante la dolorosa realidad.

Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no quebrarme ahí con ella, después de tantas emociones tan amargas por las que había pasado en las últimas semanas, y ésta sin duda alguna, había sido la gota que derramó el vaso. Abracé a la joven médica con fuerza, como queriendo juntar los trozos de su alma que, sabía se había roto con los acontecimientos dolorosos que le había tocado vivir. El destino no sólo le arrebató al hombre que amaba, sino que además, ahora se llevaba consigo a aquel anciano que la consideraba una hija y que había sido su sostén emocional principal desde el momento en que supo la verdad acerca de su presencia en este tiempo y la importancia de la vida que llevaba en su vientre, y a la cual debía proteger por sobre todas las cosas.

Natalie temblaba mientras su llanto no se detenía, y todo lo que podía hacer era estrecharla entre mis brazos, puesto que si pronunciaba palabra alguna en ese instante, mi voz sonaría quebrada por el dolor.

¡Todo esto es tan injusto! Primero el destino me arrebató a Ásmita, y ahora es el Patriarca el que ha caído en la negra oscuridad de la muerte... ¡Sage se ha ido Degel!! ¡Todos me abandonan!!¿Por qué la vida se empeña en ser tan dura conmigo?? _ , exclamó Natalie al mismo tiempo que gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas y humedecían la coraza de mi armadura.

Sus ojos lucían sumamente enrojecidos y sus párpados estaban edematizados por el llanto, además de reflejar la más absoluta tristeza y desolación en ellos. La contemplación de esa imagen me partía el alma y me hacía sentir impotente al no poder hacer nada para aminorar tanto dolor. De pronto, la joven rompió nuestro contacto y comenzó a a enjugar con lentitud sus lágrimas, tras lo cual habló:

Pensé que después de lo que había pasado ya no volverías a hablarme... Me alegra que estés aquí...Degel lo siento... Siento haberte lastimado, pero tiene que ser así... No puedo cambiar lo que siento, aunque la muerte se haya llevado todas mis esperanzas de tener una vida junto al hombre que se llevó mi corazón consigo... Eres un joven bueno, apuesto y valiente, y estoy segura de que podrás encontrar la felicidad en una mujer que pueda entregarte todo su corazón... _ , hizo una pausa y continuó: _ Me alegra mucho saber que sigo contando con tu amistad_ .

La muchacha me dedicó una sonrisa triste, era evidente que se esforzaba para hacer que apareciera en su rostro.

Traté de seguirle el juego, de intentar hacer a un lado el sufrimiento que nos había azotado a todos para darle un poco de esperanza ante la incertidumbre que se vislumbraba en el futuro. Recordé la promesa que le hice al Patriarca, y la que le hice a Ásmita, lo que me dio el valor que necesitaba para decir las palabras correctas y que ambos necesitábamos.

Sage ha dado su vida para que tengamos una posibilidad de ganar esta guerra, y por fin ha cumplido el objetivo para el cual había vivido, así que está en paz... Y en cuanto a mí, no te preocupes, he comprendido... Soy tu amigo y voy a estar siempre a tu lado hasta mi último aliento... No voy a abandonarte_ , dije con decisión, luego de lo cual volví a estrechar a la joven en un cálido abrazo.

Después de un largo día, que parecía haber sido interminable, regresé a mi Templo, no sin antes haber dejado a Natalie bajo los cuidados de Agasha, puesto que con la repentina muerte de Sage nuevamente había sufrido un golpe emocional muy fuerte, y en su estado, temía que su salud resultara afectada. Habían sido demasiadas emociones, demasiadas pérdidas en tan corto tiempo, no sólo para ella, sino también para todos los habitantes del Santuario. El Patriarca supo dirigir este recinto sagrado de la mejor manera, y nos ha impartido su sabiduría y consejos para que los pongamos en práctica en todos los ámbitos de nuestra vida, así como un padre lo hace con sus hijos. Voy a sentir mucho su ausencia debido a nuestra cercanía. Jamás olvidaré sus enseñanzas y la confianza que depositó en mí, por lo cual honraré el juramento que le hice de proteger a Natalie y a su hijo por sobre todas las cosas.

Aquella era una noche fresca y el cielo se encontraba totalmente despejado, lo que permitía observar sin inconvenientes todas las constelaciones...o mejor dicho, las que quedaban, luego de todos los amargos acontecimientos producto de la Guerra Santa.

Pensé que el dolor por la partida de mi pequeña flor me había arrebatado la capacidad de sentir, pero la muerte de Sage me demostró que estaba equivocado: ya no podía negar que lo que estaba sucediendo a mi alrededor estabacomenzando a afectarme, por más que me esforzara en demostrar lo contrario e intentara mostrar una imagen fría e impasible. Sin duda alguna, aquello era producto de la marca que Fluorite había dejado en mi vida.

Entré a mi habitación y comencé a quitarme lentamente las piezas de mi armadura, las cuales deposité en un rincón del solitario ambiente, previo a tomar un baño antes de dormir; necesitaba relajarme un poco para poder descansar y recuperar fuerzas para lo que fuera que el destino me pusiera por delante.

Tomé un baño corto, ya que no deseaba prolongar más aquel momento de soledad en el que mi mente comenzaba a divagar, siempre volviendo sobre los mismos pensamientos melancólicos debido a mi vacío emocional, el cual reconocía que yo mismo me había buscado, pero del cual creía fervientemente que era necesario que fuera así por el bien de todos, especialmente el de la joven francesa. Salí del cuarto de baño y me dirigí a mi habitación mientras secaba mi cabello con la mirada perdida hacia el infinito, que atravesaba el cristal de mi ventana.

Me senté en el marco del gran ventanal y continué contemplando el firmamento, con un único pensamiento: ¿cómo se encontrará ella? ¿Estaría bien? ¿Me odiaría por lo que le hice?

Todas esas preguntas se sucedían una y otra vez en mi mente, negándose a dejarme en paz. Supongo que me lo merezco.

Así era desde que Fluorite se alejó de mí lado, y mis últimos pensamientos de la noche siempre estaban destinados a ella.

Sólo deseo que pueda perdonarme algún día, aunque no espero que sea pronto.

Resignado, y sintiendo de igual manera un gran peso sobre mis hombros, me dirigí hasta mi lecho y me recosté sobre el edredón azul de seda, dejando salir un suspiro profundo con el que buscaba ponerme nuevamente en sintonía con las responsabilidades que tenía. Desconozco en qué momento me dejé vencer por el sueño, pero mi mente estaba tan agotada que era comprensible que me haya quedado dormido; necesitaba descansar puesto que mañana partiría con varios caballeros de plata y con Shion con rumbo a la ciudad de Larisa, para buscar y traer el traslador que devolvería a mi mejor amiga al siglo XXI.

Unos ojos negros cual azabache y refulgentes de maldad contemplaban desde la oscuridad al joven Acuariano mientras dormía. Era la primera vez que se atrevía a ingresar a la alcoba del santo dorado mientras éste se encontraba en ella, pero con todo lo que había ocurrido en las últimas semanas, en su retorcida mente, pensó que ésta era su oportunidad y que tal vez, con un poco de suerte, por fin tendría lo que tanto había deseado.

Poco a poco, la espectro fue saliendo de su escondite, desde donde había estado observando a Degel en silencio, y fue acercándose sigilosamente hacia el lecho donde él descansaba.

Sí, hoy sería la noche con la cual había fantaseado durante mucho tiempo.

Después de todo, era natural lo que seguramente iba a ocurrir, luego de la decepción por el amor no correspondido por la sanadora, y habiéndose marchado la chiquilla insulsa a quien Acuario había convertido en su juguete sexual.

Esa mujer morena que lo había amado en secreto, a pesar de ser un espectro, yendo en contra de su dios; había decidido que esa noche le hablaría al caballero dorado sobre sus sentimientos y se entregaría a él. Para la ocasión, llevaba un vestido negro casi transparente, que no dejaba nada a la imaginación; lo había escogido especialmente para aquella noche. Estaba segura que el santo de Acuario no se resistiría a sus encantos; después de todo, era un hombre... joven y con necesidades, que ella estaba dispuesta a satisfacer con todo gusto.

Caminó hacia el lecho donde dormía profundamente el joven, y se tomó su tiempo para contemplar su cuerpo, cubierto tan sólo con la blanca sábana, que dejaba al descubierto el torso y los fuertes brazos del muchacho, revelando unos músculos tonificados por el entrenamiento. La visión de esa escena encendió la chispa del deseo en la mujer, que dejó escapar inconscientemente un gemido que se ahogó en lo profundo de su garganta, y que se esforzó en esconder al morder su labio inferior para evitar que el joven se fuera cuenta de su presencia en la habitación.

Ya no lo resistía más. Sentía que las llamas del deseo que sentía por él la consumirían si no lograba consumarlo.

Su respiración se aceleró imperceptiblemente, tras lo cual la morena se acercó al rostro del Acuariano y, luego de aspirar su aroma a menta, lo besó en los labios.

Por fin lo que tanto había soñado en sus más oscuras fantasías se había realidad. ¡ Cuánto tiempo anhelando probar sus labios! No pudo resistir el deseo que consumía su cuerpo desde el día en que lo conoció. Degel se despertó sobresaltado ante la percepción de aquel tacto desconocido, y cuando se despabiló, pudo reconocer a la mujer que estaba frente a él: Katerina, la joven que se desempeñaba como vestal en su templo. Se sorprendió de sobremanera por la forma en que iba vestida, con ese atuendo tan distinto al utilizado por las vestales y demás doncellas al servicio de Athena, que resaltaba sus atributos femeninos, y por la manera en que lo observaba y se acercaba a él con un andar felino; parecía que lo estaba acechando.

¿Qué estás haciendo aquí, Katerina? ¡Está prohibido que las vestales ingresen en la habitación de un caballero dorado! ¡Debes irte de aquí en este momento!_ , exclamó el joven Acuariano.

La mujer no cesó su andar hacia él, y cuando estuvo exactamente enfrente suyo, dejó caer el vestido que traía puesto, revelando que debajo del mismo no llevaba nada, y quedando de esta manera, totalmente desnuda frente a Degel. El joven apartó la vista hacia un lado por pudor, totalmente incrédulo ante los acontecimientos que estaban sucediendo.

Hace mucho tiempo que deseo hacer esto... He callado suficiente ya, he soportado tu menosprecio, tu ignorancia, tus estúpidos sentimientos por esa sanadora que apenas si ha volteado a mirarte, y que te revolcaras con esa chiquilla francesa, pero ya no más. Degel, yo te amo...te he amado desde siempre, y he venido esta noche a ofrecerte mi cuerpo... Vamos, mírame; a diferencia de esas muchachitas insulsas, yo soy una mujer completa; ¿es que acaso no me deseas?_ , dijo la morena con voz anhelante y seductora mientras obligaba al santo dorado a mirarla; luego, de manera abrupta, se abalanzó sobre él y lo besó apasionadamente, pegándose a su cuerpo, esforzándose por mantener el contacto con la piel del caballero, lo que para ella representó la gloria.

Degel forcejeó con la mujer para librarse de su agarre, y tuvo que empujarla bruscamente, con lo cual ella cayó al frío piso de la habitación; desde allí lo contemplócon una profunda tristeza en su mirada, la cual en tan sólo un instante se transformó en odio puro.

¿Cómo osas rechazarme de esa manera? ¡Me has humillado! Seguramente prefieres que la que esté frente a ti ahora sea esa chiquilla insulsa, que además fue la amante de Virgo!_ ,espetó Katerina con rabia.

¡No te permito que hables así de ella! ¡Tú no tienes la más mínima idea de lo que estás hablando, y no sabes nada sobre mí! Además, si lo que dices así fuera, ¡es algo que sólo a mí me concierne! ¡¿Y qué si la amo aunque no me corresponda?! ¡Largo de aquí! ¡Quedas relevada de tus labores como vestal de este templo! ¡No quiero volver a tener que soportar tu impertinente presencia!_ , rugió Degel.

La mujer se levantó y se vistió lentamente, más antes de irse de la habitación lanzó una sombría advertencia:

Vas a arrepentirte de esto, Acuario... No pasaré por alto esta afrenta... Te arrepentirás de todas y cada una de tus palabras, y entonces lamentarás haberme rechazado..._ , luego de lo cual desapareció en una densa nube de oscuridad, dejando al Acuariano con una sensación extraña, mezcla de enojo y temor ante el vaticinio de aquella mujer.

A la mañana siguiente, ni bien despuntó el alba, me preparé para partir, junto con Shion y varios caballeros de plata, hacia la misión que nos había sido encomendada por la misma Atena, y antes de ella por el difunto Patriarca Sage. Me sentía intranquilo e inquieto después de aquel extraño acontecimiento que había tenido lugar en mi recámara, y en el que había descubierto que la mujer que se desempeñaba como vestal de mi Templo, podría ser una espectro que había logrado vulnerar nuestra seguridad e instalarse durante tanto tiempo dentro del Santuario.

La rabia bullía dentro de mí ante la torpeza de no haber podido detectar la fachada de esa mujer ni bien puso un pie en estos sagrados recintos. ¿Cómo pude ser tan estúpido? Era evidente que ella estaba obsesionada conmigo; el supuesto amor que dice tenerme no es más que una enfermiza obsesión alimentada por el deseo reprimido en su desquiciada mente. Me sentía culpable porque al no haberme percatado de los sentimientos patológicos hacia mí de esta mujer, sin duda había puesto en peligro tanto a Fluorite como a Natalie... Ella no necesita otra preocupación más en este momento... Lo único que serena en algo mi corazón es el saber que mi pequeña flor se encuentra lejos de aquí, a salvo del peligro en estas tierras, producto de la Guerra Santa que ya se ha instalado completamente entre nosotros.

Apreté mi puño con fuerza a ambos lados de mi cuerpo y suspiré profundamente, para luego salir de Acuario con la férrea determinación de cumplir con la misión encomendada y garantizar de esa manera el destino de la humanidad en el futuro.

Me había alegrado el enterarme, por parte de Shion, de la recuperación de nuestro compañero Sísifo, que había despertado por fin de su letargo, puesto que podríamos contar con un caballero dorado más en la batalla, y Natalie estaría más protegida con él y Dohko cuidando de su seguridad durante mi ausencia.

Antes de partir, sentí la necesidad de hablar con alguien sobre el peculiar hecho de la noche anterior y que me inquietaba tanto, al punto de no haberme permitido conciliar el sueño, por lo cual le comenté a Shion lo ocurrido con la vestal de mi templo; le dije que había tenido que relevarla de sus funciones por la impertinencia de sus acciones.Pero no era sólo eso lo que me inquietaba; en el fondo podía percibir que había algo más, aunque no sabía exactamente qué era.

La angustia carcomía mi corazón por la amenaza latente que la morena había arrojado, y necesitaba desahogarme con alguien que tuviera mayor seriedad que Kardia, y esa persona era Shion.

Él escuchó mi predicamento con suma atención, y también coincidió conmigo en que debíamos manejarnos con suma cautela y estar atentos a cualquier eventualidad que pudiera ocurrir; no debíamos subestimar ningún tipo de mensaje que percibiéramos en el contexto de la Guerra Santa.

Tras la charla breve con el caballero de Aries, llegó el momento de partir en busca del traslador que permitiría a Natalie regresar a su tiempo y de esta manera, resguardar su vida y la de su hijo. Salimos muy temprano esa mañana, para que no nos sorprendiera la noche, y además de esa forma podríamos llegar con la luz del día, para continuar con la vigilancia del Santuario. Mientras partimos con el grupo de caballeros de plata y bronce, dediqué una última mirada hacia donde se encontraba mi Templo, sin poder evitar pensar en todo lo que estaba a punto de dejar atrás al partir a aquella misión que representaba para mí mi entrada oficial en la Guerra Santa. El recuerdo de Fluorite y de todo lo que habíamos vivido juntos en el último tiempo era lo único que se mantenía vigente en mi memoria, lo único que evitaba que mi vida dejara de tener sentido... Miré hacia el cielo y elevé una plegaria silenciosa a los dioses pidiendo que, aunque fuera sólo una vez antes de que mi existencia fuera borrada de la faz de la Tierra, me concedieran la dicha de volver a ver sus inocentes y bellos ojos color de cielo.

Desde mi llegada a París, y luego del encuentro con Madame De La Rochelle, me había puesto al hombro toda la responsabilidad sobre la nueva colección de indumentaria que la marca iba a presentar, para lo cual me ocupé personalmente no sólo de la confección de los diseños, sino también de la elección de las costureras que me acompañaban en la labor diaria actualmente. Mi amiga June estaba tan entusiasmada como yo ante este nuevo proyecto, y se había embarcado de lleno en él; las dos habíamos depositado toda nuestra fe y confianza en que la próxima colección sería un éxito. Cada día comenzábamos nuestra labor muy temprano en la mañana para poder aprovechar el máximo posible de luz solar, por lo cual salía de la casa que compartía con Madame La Flaille apenas despuntaba el alba, y luego pasaba a buscar a June para que juntas camináramos hacia la casa de modas.

Había entrado en una especie de ensoñación, en la cual sentía que realizaba todas las acciones de manera automática, sin pensar en nada antes de hacerlas, lo cual me resultaba muy conveniente para no tener que pensar en todo lo ocurrido en Grecia. Secretamente me había propuesto no dedicar mi un solo segundo, ni un solo pensamiento, nada que me hiciera recordarlo de alguna manera, pues consideraba que aquello era un asunto terminado que ya formaba parte del pasado, y el gastar mi tiempo pensando en cosas que no tenían ningún sentido ya para mí sólo sería inútil. Estaba totalmente decidida a seguir adelante como fuera.

Más en mi afán de proteger lo poco que quedaba de mi salud mental, no me había percatado de que había convertido al trabajo en mi tabla de salvación, a tal punto de que no existiera otra cosa en el mundo para mí, no permitiéndome ni siquiera un momento de descanso. Desde que llegaba a la casa de modas, me sentaba ante mi mesa de trabajo donde tenía un sinfín de cosas _ entre bocetos definitivos y borradores, hilos y agujas de todos los tamaños y colores, telas de la más exquisita calidad, puntillas y brocados_ , y no me levantaba de allí hasta que el sol se ponía al atardecer. Así transcurrían mis jornadas desde mi llegada a París. Mi cerebro no dejaba de idear cosas relacionadas con la colección de indumentaria de mi absoluta autoría durante el día, mientras que por la noche, apenas si conciliaba el sueño debido a lo mismo, sumado además a que intentaba escribir algunas líneas de la novela que planeaba publicar, dedicada a la memoria de mi padre. Con todas las actividades que desarrollaba todos los días, incluidos los fines de semana, puesto que para mí no existía jornada en la que no me abocara a trabajar, no le daba un solo descanso a mi agotada mente, ya que consideraba que si me detenía, volvería a pensar en él y no podría evitar derramar más lágrimas, y yo no quería eso; no podía permitírmelo. De esa manera, continué mi frenesí de adicción al trabajo ante la desaprobación de June, que me insistía en que debía de parar porque aquello no era sano, y que sólo lograría perjudicar mi salud física y mental. Mi amiga se angustiaba ante mis acciones, me insistía para que me detuviera a comer, para que la acompañara a almorzar al pequeño restaurante al que los empleados de la casa de modas solían ir durante sus horas de descanso para tomar algún tentempié, pero yo continuaba negándome a acompañarla aduciendo que estaba muy ocupada y que tenía que terminar la colección lo más pronto posible, por lo cual terminábamos enfrascándonos en largas discusiones que terminaban conmigo ignorándola, y ella retirándose ofuscada del taller de costura.

Un día, la paciencia de June llegó a su fin, y decidió quedarse y enfrentarse a mi tozudez.

Por Dios, Fluorite, ¿es que acaso no ves lo que te estás haciendo a ti misma? ¡Estás dejándote morir poco a poco, y lo peor es que tratas de esconderlo bajo la dedicación a tu trabajo!_ , dijo mi amiga con preocupación en su voz mientras se acercaba a mí para tomar mis manos entre las suyas; ni bien las tocó, dio un sobresalto debido a la frialdad de las mismas aún estando en pleno verano europeo.

Estoy bien, June, no necesito que te preocupes por mí, no soy una niña_ , respondí con frialdad mientras intentaba zafarme de su agarre.

¡Por supuesto que lo eres, y una muy caprichosa! ¡No dejaré que te mates de hambre! ¿Es que acaso no puedes ver cuánto te ha afectado lo que te ocurrió en Grecia? Y no trates de negarlo, porque los hechos hablan por sí mismos; ya no eres la de antes, incluso tu imagen luce diferente debido al peso que has perdido, y tu ropa te queda holgada... Estás pálida y tus ojos están rodeados de oscuros círculos que reflejan la profunda tristeza que llevas en el alma. Por favor, amiga, déjame ayudarte, habla conmigo... Acompáñame a almorzar y deja salir todo lo que cargas en tu interior... _ , suurró con suavidad las últimas palabras June, para luego mostrar en su hermoso rostro unas facciones dominadas por el temor, mientras con rapidez corría hacia mí.

¡Fluorite! ¡Por Dios, amiga! ¿Qué está pasando? ¡Ayuda, por favor!_ , fue lo último que mis oídos pudieron escuchar antes que la oscuridad cubriera por completo mi visión, y dejara de tener consciencia de lo que sucedía a mi alrededor.

CONTINUARÁ...

HOLA!!! CÓMO ESTÁN TANTO TIEMPO? PERDON LA TARDANZA EN LA ACTUALIZACIÓN, PERO HE TENIDO MUCHO TRABAJO... POR FIN PUDE TERMINAR ESTE CAPÍTULO, ESPERO QUE SEA DE SU AGRADO! LAS ACTUALIZACIONES QUIZAS TARDEN UN POCO, PERO NO VOY A ABANDONAR LA ESCRITURA DE ESTE FIC

ESPERO CONTINÚEN ACOMPAÑÁNDOME EN ESTA AVENTURA DE ESCRIBIR! :-) MUCHAS GRACIAS Y SALUDOS!!