Disclamier: Los personajes son de Meter, yo solo estoy creando está historia.

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Capa roja.

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Espero algunos segundos a qué, quién haya hablado aparezca a un costado, pero no lo hacé, sigue detrás de mí.

El olor de la persona que está detrás de mí se intensifica al grado que mi nariz comienza a picar; no es desagradable, solo es raro porque usualmente ese olor lo encuentras en personas que se encuentran en la playa, y el olor no suele durar mucho cuando las personas se marchan. En cambio, el olor que hay en el aire justo en este momento es fresco y la playa más cercana se encuentra a una hora y media de camino.

—Hola, hermano— saluda Emmett. Baja la mirada al suelo por un segundo antes de volver a mirar a quien está detrás de mí.

No aguanto más la espera y me giro para echar una mirada a la persona que hay detrás. En efecto, está un hombre alto y bien parecido. Su cabello color bronce desordenado y barba tupida hace resaltar el color de sus ojos. Viste unos jeans descoloridos y una polera blanca.

Respiro hondo sin importar que mi nariz pique; me lleno los pulmones de aquel olor a Mar y arena. Me agrada.

— ¿Sucede algo ? — pregunta Emmett.

El hombre cobrizo me da una mirada rápida, luego mira a Emmett enojado.

— ¿ Qué carajos crees estás haciendo, Emmett?

Vuelvo a mi posición original y echó un vistazo a Emmett, quién vuelve a bajar la mirada al suelo ante las palabras enfadadas del cobrizo.

— No he dicho nada que no fuera cierto— se defiende.

El recién llegado pasa a mi costado para ponerse al lado de Emmett y menea la cabeza de un lado a otro con enfado. No aguanto más y comienzo a hacer preguntas.

—¿Eso qué quieres decir? — cuestionó, dirigiendo me Emmett. Él ni siquiera me da una mirada, en cambio sigue con la mirada inclinada hacia abajo. Luego, después de algunos segundos , el me mira.

—¿Qué?— cuestiona como si no entendiera lo que acabo de preguntarle.

Gruñó en voz alta para que sepa que estoy un tanto molesta.

—¿Qué significa eso de que las cosas podían estar tranquilas antes, pero ahora no?

Emmett suelta una carcajada.

¿Qué carajos? ¿Esta loco?

—Tú...— comienzo a decir.

—Solo fue una broma, Isabella. Maldición! ¿ Es que acaso ya nadie tiene sentido del humor en este pueblo?— dice él, volviendo a reír.

— ¿Eres nueva por aquí? — cuestiona él tipo cobrizo en mi dirección.

Lo miro a los ojos. Me arrepiento casi enseguida porque él tiene algo en la mirada me hace sentir extraña, como si le debiera algún tipo de respeto. Es extraño.

—He vivido aquí antes — suelto de pronto, y alejo la mirada de la suya.

Asiente, cómo si estuviera comprendiendo lo que está pasando.

—Es una Swan— suelta Emmett.

Le doy una mala cara. Luego regreso la mirada al tipo cobrizo, solo para darme cuenta que está levantando una ceja.

—¿Sucede algo malo en ser la nieta de Charlotte Swan? — cuestionó a la defensiva.

El tipo que recién ha llegado niega con la cabeza.

—No.

—¿Entonces porqué lo dicen de aquella manera?

—Explicate mejor.

Ruedo los ojos.

—Tú me miras como si dieras por hecho que supiera alguna cosa importante— digo en dirección a a Emmett — . Y tú me miras analizando mis respuestas y mis gestos— le suelto en dirección al cobrizo— . ¿Qué diablos sucede aquí ?

Él cobrizo cambia su expresión a una más amable.

—No estoy mirándote de esa manera. Eres bienvenida a Eclipse las veces que quieras— dice y se marcha.

Miro a Emmett.

—Creo que no es bueno que me quede.

Emmett niega con la cabeza.

—No te vayas. Me disculpo si es que piensas que me he portado grosero contigo, a veces soy un poco molesto.

Rosalie viene a nuestra dirección con una pequeña charola plateada y la deposita sobre la mesa.

—Disculpa la tardanza, estamos por abrir y puede que haya un poco de caos en la cocina—dice. Luego mira a Emmett—. Espero que la hayas tratado bien, cariño.

—Todo está bien— es mi momento de decir—. Creo que solo tomaré el café y vendré después por una buena comida.

La cara de la rubia parece desanimarse.

— ¿Qué pasa? ¿Segura que Emmett te trato bien?

—Claro — sonrió con amabilidad—. Tengo que volver a la casa de mi abuela, pues he salido sin avisar y creo que se preocupara si no regreso pronto a la casa. ¿Cuánto te debo por el café?

Rosalie niega con la cabeza y sonríe amable.

—Oh, no es nada, el café es cortesía de la casa.

—Gracias— digo. Tomo la taza de café y doy un pequeño sorbo. ¡Guau! el sabor es increíblemente bueno. Sin duda tendré que volver después por más de esto, y quizá un plato de comida.

—¿Segura que no quieres quedarte a comer? estamos por abrir— Rosalie insiste.

Niego con la cabeza.

—De verdad tengo que irme, pero prometo que vendré lo antes posible.

Rosalie Sonríe con amabilidad.

—Fue un gusto conocerte Isabella— dice ella cuando estoy caminando hacía la salida.

—Igualmente — digo y alzo una mano a forma de despedida.

Salgo del local y voy a mi coche, subo y arranco.

Para llegar a la casa de la abuela tengo que pasar por un par de calles no muy transitadas. Voy demaciado despacio para mi propio gusto, haciendo un poco de tiempo antes de poder llegar con la abuela. Es entonces que escucho un gemido lastimero. Detengo el coche por completo, bajo y me acerco de apoco a un gran basurero de metal de dónde provienen esos sonidos. Detrás del la gran cosa de metal hay un hueco de aproximadamente quince centímetros de ancho. Saco mi teléfono y enciendo la lámpara. Es entonces que puedo ver a un pequeño cachorro peludo acurrucado sobre el metal gimiendo y temblando.

— Hey. Ven amiguito — susurro al pobrecito. Pero el animal no viene, sigue temblando en el mismo lugar. Extiendo una mano lo más que puedo y con la punta de los dedo logro tocarlo. Extiendo más mi mano y logro alcanzar una pata y lo arrastró. El cachorro se resiste, pero no me detengo hasta sacarlo de ahí.

Al verlo de cerca me percató que el cachorro, aunque sea de color negro está cubierto por completo de sangre. Lo examinó cuidadosamente de cerca y me doy cuenta que la sangre no es suya.

Giro mi cabeza en todas direcciones para poder buscar de dónde ha venido toda aquella sangre, pero no hay rastro de ella que indique de dónde viene. No lo dudo. Tomo al pequeño animal y lo llevo conmigo al carro. Lo coloco en el suelo del coche del lado del copiloto.

—Tranquilo, pequeño, todo va a estar bien— le digo cuando el animal hace otro chillido lastimero.

Enciendo el carro de nuevo, pero no sin antes sentir la mirada de alguien observándome desde lejos.

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CAPA ROJA

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Continuamos con esta historia. De esta serán capítulos cortos.

Gracias por leer.

Me dejan saber que les pareció?