Aviso legal: Los personajes son De S. Meyer y la historia es completamente mía.

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Capa Roja

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Cuando aparco fuera de la casa, la abuela abre la puerta de par en par.

—Vamos, amiguito — le digo al pequeño cachorro que ahora está dormido. Lo tomo y salgo del coche. Camino a paso lento hasta llegar a su lado.

— Hola, abuela— saludo.

—¡Gracias a Dios que llegaste! — ecxlama. Luego mira a mis manos—. ¿Qué es eso?

—Lo encontré de camino aquí, no podía dejarlo solo.

La abuela toca al pequeño cachorro y se da cuenta que está húmedo. Lleva una mano a su nariz.

—Esta lleno de sangre ¿Qué le sucedió?

Me encojo de hombros.

—No sé de quién pueda ser la sangre. Cuando lo encontré en la carretera estaba llena de ella, busque de dónde podría haber venido toda esta y no encontré nada, solo estaba el cachorro.

La abuela hace un gesto de preocupación. Luego murmura algo para ella misma que no estiendo. Me mira y palmea al cachorro.

— Tendrás que bañarlo y alimentarlo.

—Claro— respondo y me dirijo al baño para limpiarlo, pero antes de hacerlo voy a mi habitación. Cuando salgo para ir al baño que compartimos, la escucho murmurando algo.

Sin hacer mucho ruido bajo un par de escaleras y agudizo el oído para entender lo que está diciendo.

—Creo que las cosas se han complicado—Hace una pausa—. Mi nieta acaba de encontrar un cachorro lleno de sangre —Otra pausa larga—. Casi puedo estar segura que fue él. ¡maldita sea! esto tiene que parar.

La escucho decir más cosas, pero estas no las escucho del todo bien porque el cachorro ha comenzado a despertar y está haciendo sonidos latimeros.

Subo las las escaleras lo más rápido y silenciosamente posible . Entro al cuarto de baño y comienzo a llenar u poco la tina de baño.

Después de un buen baño y de secar con el secador de pelo al peludo, descubro qué su color natural es negro. Tiene los ojos azules; es como una mezcla de Husky y pastor alemán.

El pequeño no tarda en quedarse dormido a los pies de la cama en una manta que he puesto.

Bajo y encuentro a la abuela en la cocina.

— Lamento lo de la mañana— me disculpo.

La abuela se gira lentamente hasta quedar frente a mi.

— También yo, querida— dice. Se acerca a paso lento y me toma de las manos — .Las cosas son un poco más complicadas de lo que estaban antes de que te marcharas del pueblo.

— Abuela... — comienzo a decirle pero ella me interrumpe.

— Hay cosas que no comprendes , niña— Me da un apretón en las manos y cierra los ojos— . Al principio pensé que esto no sería un problema. Tú padre era un hombre respetable y correcto. Tú madre era una mujer muy buena...— guarda silencio por unos segundos, pues la voz se le ha quebrado.

— No necesitas recordarlo ahora mismo, Abuela.

Ahora ella me da unas cuantas palmadas en las manos.

— Lo sé, cariño. Lo sé. Ahora mismo no puedo decirte nada más porque tus oídos son sordos a pesar de que tienes buena audición. Tampoco voy a obligarte a ver algo que tus ojos no quieren ver. Sin embargo quiero que me prometas una cosa, Isabella.

— ¿Qué?

— Prométeme. No. Jurame que te adaptarlas a las reglas de este pueblo.

— Pero...— Quiero protestar, pero ella vuelve a callarme.

— De lo contrario me veré obligada a despedirte de está casa y de este pueblo.

Me enfado. Quiero responderle y decirle que no puede hacer eso. Pero recuerdo que no puedo permitirme gastar los pocos ahorros que tengo solo por llevar la contraria a la abuela y a los habitantes del pueblo.

— Esta bien. Me comportare y respetaré las nuevas reglas del pueblo.

La abuela asiente satisfecha.

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CAPA ROJA

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