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En el hogar de Clancy—
El cielo de diversos colores siempre llamaba la atención de Clancy. En sus ratos de descanso frente a su casa rodante —la cual hace años no había movido de su posición— el joven solitario se sentaba en una silla de playa a contemplar hacia arriba y su alrededor por horas, siempre tratando de encontrar detalles nuevos a ese panorama conocido.
—Vaya, el cielo también muestra pequeñas tonalidades azules a ratos.
Una breve sonrisa se dibujaba en su cara rosada.
Clancy era un humanoide de piel rosada, enormes ojos verdes y cabello color ceniza despeinado. En el plano donde habitaba —conocido como el «lazo cromático»—, los habitantes solían usar una falda como única prenda y este chico no era la excepción: solo usaba una especie de kilt rojo, que cubría de su cintura a las rodillas y en ocasiones como la descrita, llevaba un enorme sombrero púrpura puntiagudo, que se asemejaba al usado por las brujas.
Aquel plano era visitado, además, por criaturas y entidades de diversas formas, tamaños y colores, aunque de forma poco frecuente. Por ello fue que Clancy miró fijo a un humanoide vestido de terno color negro, camisa ónice y corbata larga gris, quien se presentó de forma repentina a unos metros de donde estaba, sosteniendo una maleta. Mientras se le acercaba, notaba el hecho de que su cara fuese irreconocible, porque su rostro parecía oscurecido por una sombra, algo inverosímil tomando en cuenta el colorido y brillante ambiente. Lo único destacable era el rojizo brillo proveniente de sus 2 diminutas pupilas. El chico de piel rosada no analizaba ni juzgaba al ente, sino que lo contemplaba. Era un rasgo característico de su personalidad.
—Es un gusto conocerlo, señor Clancy Gilroy—dijo el ente de terno negro.
—Disculpa —dijo el humanoide de ojos verdes—, ¿quién eres tú?
—Mi nombre es Santinos Diávolo y soy un filántropo. Cumplo los deseos de cualquiera que me lo pida, todo a cambio de un único objeto: el alma.
—¿El alma? ¿En serio existe gente capaz de ofrecer su propia alma para satisfacer un deseo terrenal?
—Créame, señor Clancy: no todos valoran el alma como lo hace usted. Por ejemplo, mi cliente es suscriptor suyo, escucha todos sus spacecast sin falta y ofreció su alma para cumplir su más codicioso anhelo.
—¿Un suscriptor?
Clancy se ganaba la vida transmitiendo un video podcast —mejor conocido como spacecast— llamado The Midnight Gospel, programa transmitido por Neteoroid —una red de comunicación similar al internet, pero de alcance interdimensional—, en el cual viajaba a distintos planetas de distintos universos al azar, con el objetivo de entrevistar a personajes con interesantes características y compartir sus pensamientos. A pesar de todo, su programa era de baja audiencia para el tiempo que llevaba, incluso tenía menos de una treintena de suscriptores.
—Este suscriptor —dijo Diávolo— le quiere ofrecer un regalo que apreciará mucho, a cambio de que cumpla este listado.
Del maletín, sacó una hoja de cuaderno arrancada, la cual tenía unos nombres anotados a mano con tinta verde.
—¿Y estos nombres?
—Son gente a la que mi cliente admira mucho. Lo que él desea es que usted los entreviste a todos.
Clancy miró directo a las pupilas rojizas de Diávolo.
—Lo lamento, así no funciona The Midnight Gospel. Con mi Simulador, vemos planetas al azar y buscamos a gente que pueda contarnos su forma de ver el sentido de la vida.
—Por eso, mi cliente quiere darle un trillón de suscriptores si acepta y cumple la solicitud.
Fue ahí que Clancy miró pasmado y se levantó lentamente de su silla de playa, tentado y, a la vez, incrédulo de las palabras del enigmático filántropo.
—Un trillón…
—De diversas galaxias y universos y con diversos puntos de vista, algo que para usted le puede resultar atractivo.
—¿Cómo es posible obtener tantos suscriptores así como así?
—Todo es posible, señor Clancy.
El chico de ojos verdosos sentía mucha ganas de gozar de tan surreal premio.
—No hay una cláusula oculta en todo esto, ¿verdad? No pretendes que firme algo para luego embaucarme y esas cosas…
—Usted no tiene que firmar nada y no será afectado por ello. Mi cliente cargará con los resultados de su petición. Lo único que esperamos de su parte es su iniciativa para cumplir el listado.
Clancy no sabía qué responder, estaba indeciso. Sin embargo, esa indecisión era respuesta suficiente para Diávolo, quien concluyó:
—Esperaremos con ansias sus nuevas transmisiones.
Antes de que el chico de ojos verdosos le dijera algo, el hombre de pupilas brillante había desaparecido de la nada. Miró a todos lados para tratar de encontrarlo, sin éxito. Mirando una vez más el listado, se dirigió a su casa rodante pegada al suelo y se dirigió hacia la computadora de múltiples pantallas repartidas en el interior, destacando una pantalla triangular blanca, conectada al lado de un aparato blanco.
—Mira esto, Simulador —dijo Clancy.
—Escaneando —dijo una voz de origen electrónico y tono barítono.
El chico puso la hoja recibida en una caja de vidrio conectada a la computadora, la cual la hizo desaparecer por fragmentos. El papel fue escaneado y convertido en datos digitales, los cuales fueron mostrados en pantalla.
—De acuerdo a los resultados del escaneo —dijo el Simulador—, se trata de una hoja de papel con nombres anotados en mano. El estilo de escritura no coincide con el suyo, amo.
—Eso ya lo sé —dijo Clancy.
—Entonces, ¿cuál es el propósito de escanear el objeto?
—Quiero que busques a las personas de ese listado y me lleves con ellas.
—Por lo general, soy yo quien le sugiere personas para entrevistar. ¿Cumple algún criterio en particular este listado?
—No lo sé. Un tipo raro apareció y me lo dio. Dijo que era de su cliente que también es suscriptor mío y esos nombre son gente a la que admira. Me ofrece un trillón de suscriptores.
—Un trillón… Eso sería suficiente para posicionar su programa entre los medianamente escuchados en el multiverso.
—Sería un gran golpe de suerte y solo debo entrevistar a los que están en ese listado.
—Amo, he ubicado a todas las criaturas.
—Excelente noticia. —Clancy se sirvió un café en su aparato hervidor y se dirigió a la silla.
—Pero debe saber que no todos son gente nominalista. Algunos son de pensamiento limitado al plano físico, incluso puedo catalogarlos como retrógrados.
—Oh, temía escuchar eso.
—¿Aún desea entrevistarlos?
Clancy miró la pantalla triangular, en específico, la cantidad de suscriptores de su programa. Luego observó la caja donde dejó la hoja del extraño ser que lo visitó. Sintió una sed de conocimiento y aventura que no sentía hace mucho, lo cual lo hizo sonreír y dijo:
—Por supuesto. ¿Qué hay de malo probar algo nuevo?
—De acuerdo, amo. Ya preparé la simulación, tengo a los primeros candidatos para iniciar.
Clancy bebió su café de una vez, entusiasmado por entrar al aparato origen de la inteligencia artificial: Un simulador orgánico de color blanco con una abertura vertical, lo cual le daba el aspecto de un genital femenino, con el cual se introducía una extremidad y así se trasladaba la mente a un lugar determinado con anterioridad. Por lo general, se introducía la cabeza, pero con solo meter un brazo o pierna —incluso un objeto que el usuario mantenga sujetado— era suficiente para entrar en la simulación.
—Antes de continuar —dijo el Simulador—, ¿cambiará este trabajo la forma en como buscaremos a los entrevistados a futuro?
Mientras escogía un avatar para ingresar al simulador, Clancy entendió la razón de la pregunta, pero se impresionó que una inteligencia artificial mostrase algo similar a una emoción.
—Claro que no, Simulador. No reemplazaría para nada tu forma de escoger mundos para mí, de hecho, considera que es otro programa distinto al de Midnight Gospel.
—¿Y qué nombre posee este programa distinto?
Eh —Clancy llevó su mano al mentón por un breve instante—, Ah, ya sé. Llamémoslo Overnight Gospel.
—¿No se escucha muy parecido a su programa original?
—Lo pensé a la rápida, además, es solo para diferenciarlo por ahora, Simulador. Ya se me ocurrirá otro nombre.
Clancy escogió el avatar en la pantalla, luego fue al simulador orgánico, se arrodilló en frente y se quitó el sombrero púrpura.
—Comencemos.
El joven humanoide metió su cabeza al simulador y la inteligencia artificial inició el proceso de funcionamiento.
—Entendido, amo. Entrando en el simulador en tres, dos, uunoooooo…
—ΜΛΦΛΜ—
