Decisiones, Revelaciones y Crisis
Resumen: Los diez chicos deciden donde quedarse. Dos personas más se enteran de la llegada de los chicos. Harry con ayuda de Angela revela información sobre ellos, delimitada. Dos crisis por mala salud de los chicos.
A primera hora del día siguiente James, Sirius y Remus les enseñaron el hechizo para cambiarse las ropas a sus esposas en sus habitaciones. Se reunieron luego en el pasillo del primer piso para ir las tres jóvenes mujeres al cuarto en el que habían dejado durmiendo a las chicas, mientras los tres Merodeadores se dirigían al de los chicos.
—Buenos días. —los saludó James.
—Buenos días. —le respondieron los cinco a coro.
—James, ¿quién cambió nuestros vendajes? —preguntó intranquilo Harry.
—Madam Pomfrey. —le respondió muy serio, frunciendo el ceño al verlos suspirar con alivio. Eso significaba que temían que Albus hubiese derribado el bloqueo y los hubiesen visto. Ya hablaría de eso con él.
—Anoche el director vino con ella —les explicó Remus, suspirando al ver que Harry y Ron se sobresaltaban al oírle—. Tranquilos chicos. Sirius y yo estamos aquí con James. Albus vino anoche con la enfermera para que los examinase porque ustedes habían estado muy nerviosos y él se fue preocupado. Jennifer, Angelica, Sirius y yo nos hemos mudado por un tiempo a esta casa.
Los cinco chicos asintieron.
—Madam Pomfrey nos ha regañado anoche por no cuidar adecuadamente de ustedes. —les comentó Sirius con voz seria.
—No entiendo porqué ella diría eso. Ustedes nos han ayudado mucho. —replicó extrañado Harry.
—Nos ha dicho que se han lastimado las quemaduras de las manos y le extrañó que no hubiésemos intentado curárselas con el ungüento para quemaduras que envió en el maletín —explicó en el mismo tono. Le brillaron los ojos al verlos removerse nerviosos—. Albus le dijo que ustedes le habían pedido a él que sólo ella los curase. ¿Es eso cierto?
—Sí, es cierto. —le respondió cabizbajo Harry.
Los tres Merodeadores se miraron rápidamente de reojo, disimulando para que los tres chicos que podían ver no se diesen cuenta que aquello no era del todo cierto.
—Albus vendrá a hablar con ustedes más tarde y luego quiero que lo hagan con nosotros —dijo James serio, entrecerrando los ojos al verlos tragar saliva y notar que los tres chicos que podían ver miraban nerviosos al que se hacía llamar Marte—. Por ahora vamos a enseñarle a Neptuno, Mercurio y Júpiter un hechizo para que se cambien de ropa sin lastimarse, los llevaremos a asearse y luego bajaremos a desayunar.
—Gracias. —respondió Harry nervioso.
Remus les explicó el hechizo, usando el hechizo con James y una muda de ropa que llevaban para explicárselos.
—… Bien. Ahora vas a practicarlo conmigo. —le dijo a Neville.
—Olvídalo Remus. Ninguno de ellos usará sus varitas con nosotros. —se opuso rotundamente James.
—Tiene que practicarlo con uno de nosotros antes de…
—No se preocupe, James, no usaremos nuestras varitas con ustedes a menos que sea para ayudarlos en caso de emergencia —interrumpió Harry a Remus con frustración en su voz, luego de suspirar al oír la protesta de su papá—. Hazlo conmigo, Neptuno.
—¿Estás seguro, Marte? —preguntó Neville mirándolo nervioso—. Puedo hacerlo primero con Mercurio o con Júpiter.
—No, hazlo conmigo. Sabes que confío plenamente en ti.
Neville sonrió, se ubicó frente a su amigo y se concentró en lo que le había explicado el que algún día se convertiría en uno de sus profesores más apreciados y un buen amigo. Realizó con perfección el hechizo, cambiando el pijama de Harry por la ropa que llevaría ese día. Sonrió ampliamente al ver que lo había conseguido.
—Perfecto Neptuno. —lo felicitó Harry feliz.
—Ahora lo haré yo. —dijo decidido George, cambiando la ropa de su hermano menor.
—Es mi turno ahora. —siguió Fred, cambiándole la ropa a Neville, que se la cambió en seguida a George.
—¿Me ayuda usted a mí, Remus? —le preguntó Fred con fingida inocencia. Contuvo una sonrisa al ver la mirada de recriminación que el aludido les lanzó a los otros dos Merodeadores, que desviaron la mirada avergonzados.
—Claro que yo te ayudo. —respondió el de ojos miel, apuntándole primero a la ropa y luego a él con su varita, sonriendo al verlo esperar tranquilo con su varita apuntando al piso. Realizó el hechizo luego de ver al chico asentir y sonreír.
—Perdonen lo que dije antes, chicos, pero…
—No se preocupe, James. Lo entendemos después que nos han dicho que están en guerra. —lo interrumpió Harry con voz suave.
—Hoy estaremos los seis con ustedes —informó James mirándolo con curiosidad. Sus reacciones lo tenían desconcertado. Se aproximó a él y lo sujetó con cuidado para guiarlo. Le extrañó que no dejase traslucir molestia por lo ocurrido antes. Notó con preocupación que el chico seguía teniendo fiebre, aunque era menor a la que le había percibido la noche antes—. Mañana iremos a trabajar y los dejaremos en compañía de los cuatro elfos.
—¿Cuatro elfos? —preguntó Ron que era llevado por Sirius, mientras Remus abría la puerta del baño doble que tenía esa habitación.
—Sí. Idun y Tyr que estaban cuando llegaron, han trabajado toda su vida con mi familia. —le empezó a responder James.
—Y Dotty y Wykers, que son dos elfos amigos de Jennifer y Angelica —completó Remus—. Se han venido con nosotros anoche.
Los cinco chicos asintieron.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
—Buenos días. —las saludó Lily.
—Buenos días. —respondieron las cinco a coro.
—Lily, nuestros vendajes… —empezó a preguntar nerviosa Jessica.
—Anoche, después que ustedes se durmieron, regresó el profesor Dumbledore con Angelica, Jennifer y Madam Pomfrey —la interrumpió Lily, mirando preocupada la respiración irregular de Diana—. Mientras él hablaba con nosotros seis la enfermera subió a examinarlos como le había pedido el director, que se fue de aquí preocupado por la tensión nerviosa de ustedes al encontrar a nuestros amigos aquí.
Las cinco suspiraron con evidente alivio, mientras un par de esmeraldas y dos pares de aguamarinas las miraban con suspicacia.
—Angelica y Jennifer están con usted en este momento, ¿verdad? —preguntó Angela con su rostro girado hacia la dirección de la que partía la voz de Lily.
—Sí. Ellas se vinieron anoche con sus esposos a quedarse aquí unos días. Los tres están un poco paranoicos con los malestares que he tenido por mi embarazo —le respondió con su exasperación reflejándose en su voz, mientras las gemelas rodaban los ojos—. ¿Cómo lo supiste?
—Por el olor de sus colonias.
Sus siete acompañantes en la habitación se asombraron al oírla.
—Las tres huelen distinto —afirmó Angela al no oír nada—. Venus, ¿podrías acompañarme al baño y luego ayudarme a cambiarme?
—Madam Pomfrey nos regañó anoche porque se han estado lastimando las quemaduras —reaccionó Jennifer—. Remus, Sirius y James nos han enseñado un hechizo, que usaron como broma en el colegio, que les permitirá a Electra, Venus y Leto ayudarnos a cambiarles la ropa sin lastimarse sus manos ni lastimarlas a ustedes.
Lily de inmediato usó el hechizo para intercambiar la ropa de las gemelas, que gruñeron y le exigieron que le devolviera a cada una su ropa. Observaron exasperadas como la pelirroja fingía pensarlo, con picardía en la mirada esmeralda. Comprendieron que se vengaba por el apoyo de las dos a la sobre-protección al que la tenían sometida su esposo y sus amigos. Finalmente Lily les intercambió de nuevo la ropa, repitiendo cuidadosamente las explicaciones.
Ginny le cambió el pijama por la ropa de ese día a Luna con el hechizo, sonriendo satisfecha, luego la rubia vistió a Jessica y ella a la menuda pelirroja. Al sentirse seguras la pecosa lo hizo con la castaña y la de ojos miel con la pelinegro, siendo observadas atentamente por las gemelas aguamarinas y las esmeraldas.
—Venus y Electra las acompañarán a ustedes dos al baño mientras yo le enseño esto a Neptuno. —dijo sonriente Luna.
—Eso no es necesario. Mi esposo y mis amigos están con ellos —la contradijo Lily—. Nosotras las ayudaremos a ustedes y luego bajaremos a desayunar. El profesor Dumbledore vendrá más tarde a hablar con ustedes y conversaremos después todos. Hoy les acompañaremos todo el día por ser domingo, mañana nosotros iremos a trabajar y ustedes quedarán con los cuatro elfos.
—¿Cuatro? —preguntó extrañada Hermione.
—Anoche hemos traído con nosotros dos elfos más, amigos míos —respondió Angelica con desenfado, enarcando las cejas al ver los ojos interrogantes de Jessica, Luna y Ginny sobre ella. Añadió molesta al malinterpretar sus expresiones—: Sí, mis amigos.
—No nos malentienda, nosotros consideramos a los elfos como seres mágicos que merecen un trato respetuoso. —aclaró rápidamente Ginny.
—Lo que ocurre es que el profesor Dumbledore nos había dicho que sólo estarían en contacto con nosotros una pareja de esposos y dos elfos. —completó Luna.
—¿Podrían presentarnos con ellos? —pidió Angela—. Anoche no nos presentaron formalmente con… Lo siento, no recuerdo los nombres.
—Claro que sí —respondió Lily, sonriendo complacida al oír a las chicas—. Idun es la elfina y Tyr el elfo que estaban aquí anoche. Ellos han trabajado siempre para los Potter. Han estado junto a mi esposo desde que era niño.
—La elfina Dotty y el elfo Wykers vinieron con nosotros anoche —siguió Jennifer mientras se acercaba a Angela y la ayudaba a incorporarse tomándola por la cintura, lo que hacía su gemela con Hermione—. Ellos son unos elfos que nosotras liberamos hace seis meses de sus dueños y desde entonces están con nosotras.
Las cinco chicas tragaron saliva y se dirigieron al baño doble que tenía esa habitación, igual que las otras grandes de la casa, con sus tres acompañantes. No hicieron ningún otro comentario.
Al salir al pasillo del piso, luego de estar las cinco aseadas, se consiguieron con Sirius llevando a Ron y James a Harry, acompañados de Neville, George, Fred y Remus. Escucharon lo que les estaban terminando de explicar a los chicos de las pequeñas criaturas.
Cuando bajaron los dieciséis a la cocina los presentaron con los cuatro elfos, como Angela les había pedido. Idun, Dotty, Tyr y Wykers se sintieron muy extraños por aquello, accediendo sólo por la orden directa de James y la petición firme de Angelica, incómodos por los vendajes de los chicos pero agradecidos por su trato amable y respetuoso.
Luego de desayunar los llevaron a la biblioteca. Allí se reunió con ellos minutos más tarde Albus Dumbledore, mientras esperaban en la sala las tres parejas. El director les habló de su visita en la noche con la enfermera. Les dijo sobre la decisión de las otras dos parejas de acompañar a los Potter. Les explicó que aquello era lógico, tanto por las molestias de Lily con su embarazo como por la situación tan peculiar en que se encontraban, recibiendo a diez desconocidos heridos en una época en que la guerra les obligaba a desconfiar.
—Lo comprendemos, profesor, no se preocupe —le dijo Harry. Dudó un momento y luego se atrevió a preguntarle—. ¿La señora Potter tiene problemas de salud? Hemos escuchado a su esposo y sus amigos preocupados por ella. Quisiéramos saber si podemos ayudarla de alguna manera.
—Como les dije estamos en guerra —le respondió el director después de mirarlos unos minutos en silencio, pensando qué decirles—. Hace poco ella estuvo en un ataque en el que participaron dementores y la afectaron.
—¿Tardaron mucho en ahuyentarlos? —preguntó Harry, notándosele la preocupación en la voz.
—Sólo ella y unos pocos que estaban cerca en ese momento sabían hacer patronus corpóreos y no lograron mantenerlos. —le respondió intrigado.
Los diez chicos bajaron la cabeza y denegaron.
—¿Le dieron a tomar chocolate pronto? —preguntó Ginny.
—Tardaron casi quince minutos en sacarla de allí y dárselo —les respondió manteniendo la impasibilidad de su rostro, aunque su mente trabajaba rápidamente analizando sus reacciones y comentarios. No sólo parecían saber mucho sobre unas criaturas de las que los jóvenes en edad colegial conocían poco, sino que la inquietud del chico por Lily le reafirmó en sus sospechas—. Hay otra cosa que quiero que hablemos Diana y yo a solas. —dijo luego de cinco minutos de silencio.
—Entre nosotros diez no hay secretos, profesor.
—Aún así preferiría hablar a solas contigo.
—¿Es sobre el bloqueo que les pusimos anoche a las puertas? —preguntó Harry.
—Ese es uno de los puntos. —respondió el director mirándolo interrogante.
—Lo siento profesor, pero Leto y Neptuno los pusieron porque no queríamos que, por curiosidad, nuestros anfitriones intentasen ver nuestros rostros mientras dormíamos. —aclaró Ron.
El director los miró asombrados, sin poder disimularlo. No se había esperado que fuesen los otros chicos quienes los habían puesto.
—Los nueve saben hacer algunas cosas, profesor. —aclaró Angela ante el silencio de su abuelo.
—¿Entonces ellos saben...? —se detuvo pensando cómo formular la pregunta.
—Ellos saben que soy Cundáwan y lo que he aprendido a hacer.
El director se quedó mirándolos muy serio y con el ceño fruncido.
—¿Saben de barreras?
—Saben que he puesto una barrera mental alrededor de los diez para evitar que usted, sus hijas y cualquier otra persona con dones Cundáwans entrenada puedan intentar percibir nuestros pensamientos. —respondió sin pensar, sintiéndose aturdida por la fiebre.
El director palideció al oírla hablar con tanta claridad sobre el parentesco de las gemelas con él y sobre los dones.
—¡Diana! —exclamó Ginny en tono de regaño.
—Por favor discúlpela por su atrevimiento, profesor, pero no se siente bien. —la disculpó George rápidamente.
—Los diez estamos al tanto de lo que ha dicho sobre sus hijas, pero nadie se enterará por nosotros. —agregó Fred.
—De hecho quería hablar con ella sobre esa barrera y su salud —les dijo muy serio, mirando fijamente a la chica de pelo negro—. Sé que la debilita el mantenerla y le iba a decir que puede quitarla. Los tres hablamos ayer en mi oficina y estamos de acuerdo en comprometernos con Diana en no usar nuestros dones con ninguno de ustedes para averiguar quiénes son.
»También le iba a decir que quitase el bloqueo de las puertas, pues creía que lo había puesto ella, ya que anoche hablé con los seis que compartirán con ustedes aquí y se comprometieron a respetar su privacidad. Aunque James me pidió que les dijese hoy que le había incomodado mucho que pusiesen esos bloqueos en su casa en lugar de hablar con él. Quiere hablar con ustedes sobre su comportamiento mientras están aquí.
—No volveremos a ponerlos y nos disculparemos de inmediato con ellos. —aseveró Hermione cabizbaja, sintiéndose culpable del problema pues había sido idea suya el hacerlo en cada habitación. Había convencido a los otros en la enfermería de poner esos bloqueos si se iban al lugar que indicase el profesor Dumbledore.
—Si se dieron cuenta que los pusimos fue porque intentaron entrar, Gea. —intervino muy seria Luna.
—Así es. Jennifer quería ayudar a Madam Pomfrey a examinar a Diana, después que Lily nos dijo de su caída en el cuarto —respondió el director que estaba preparado para eso—. Sin embargo sostuve una conversación con los seis y logré convencerlos sobre su permanencia aquí, luego de hablar con ustedes sobre el asunto de los bloqueos.
—¿Qué caída? —preguntó Harry preocupado.
—Anoche Lily quiso ayudarme a cambiarme de ropa, me puse nerviosa y tropecé con mi mochila al retroceder. —le respondió Angela en voz baja.
Harry, George, Fred y Ron bajaron la cabeza y denegaron. Neville los miraba interrogante.
—Será mejor que volvamos a nuestro plan original. —afirmó Harry triste.
—Se comprometieron conmigo al venir aquí en que no intentarían huir —les recordó muy serio el director, agregando rápidamente al ver abrirse la boca de Harry—. Anoche en la cena se comprometieron con James a decirle a él o a su esposa si se presentaba algo que les obligase a marcharse antes de hacerlo.
—Y así lo haremos —afirmó Harry muy serio. Luego suspiró y decidió explicarse, pues suponía que el director lo estaba mirando fijamente—. Diana no puede seguir manteniendo la barrera ni nosotros poniendo bloqueos como el de anoche. Estamos agotados física y mágicamente.
»Comprendemos la intranquilidad de los Potter estando en guerra, como nos ha dicho usted, pero no podemos responder a sus preguntas si ven nuestros rostros. Creo que lo más prudente para todos sería que nos marchásemos. Supongo que desconfían de nosotros, por lo que le pediría que nos borrase nuestros recuerdos sobre este lugar y ellos, e incluso de nuestra llegada al colegio si lo considera pertinente.
—¿A dónde irían en ese caso? —preguntó el director manteniendo la voz serena, sin dejar traslucir su inquietud.
—Hay un lugar en un bosque que está fuertemente protegido por animales en nuestra época —le respondió Harry, mientras Hermione, Luna, Ginny, Jessica, Fred, George, Neville y Ron denegaban y Angela suspiraba—. No sabemos con exactitud cómo será en este tiempo, pero suponemos que es un lugar seguro. Leto, Venus, Electra, Neptuno, Mercurio y Júpiter lo verificarán y de ser así acamparemos allí mientras resolvemos nuestra situación.
—¿Y si ese lugar no es seguro? —presionó el director frunciendo el ceño.
Los diez suspiraron.
—Iríamos a un punto del Snowdon en que estamos seguros no habrá ni llegará nadie. —le respondió Harry con muy poca convicción en el tono de voz. Esa era su peor opción estando con esas quemaduras.
El director los miró preocupado.
—Eso no es necesario, chicos —les dijo con tono paternal—. Ya les he dicho que pueden quedarse aquí hasta recuperarse, sin barreras ni bloqueos. Confíen en mí.
—Nosotros confiamos en usted y en ellos, profesor, pero no es recíproco y no los culpamos por eso —le respondió Harry—. Electra, Mercurio, Júpiter, por favor bajen nuestras cosas para que vayamos con el profesor al lugar que él determine para borrarnos los recuerdos e irnos desde ahí.
—Antes de hacer eso hable con los Potter como se comprometió a hacer anoche. —replicó muy serio el director.
Harry tragó saliva y asintió.
—Puesto que mis hijas, Sirius y Remus también están aquí y al tanto de su situación me parece apenas lógico y justo que ellos también estén presentes.
—Pero…
—Si Jennifer no hubiese querido ayudar a Diana ustedes no estarían tomando esta decisión. Ella tiene que saber eso.
—No es su culpa que queramos irnos. —soltó Harry alarmado.
—¿Y entonces por qué no aceptan el quedarse? —le preguntó con dureza el director—. Les he dicho que pueden quitar las barreras y bloqueos. A pesar de la guerra y el bloqueo que pusieron a las puertas sin hablarlo con los Potter ellos han accedido a que se queden aquí, pidiendo tan solo una conversación con ustedes. Sin embargo prefieren irse a correr peligros, porque los dos lugares que han nombrado no son seguros ni sanos para ustedes estando quemados y Diana enferma.
—¿Podría darnos unos minutos a solas para hablarlo? —pidió Ginny.
—¿Se comprometen a no aprovechar mi salida para intentar huir? —les preguntó el director a su vez, con tono firme.
—Sí señor. —contestaron los diez a coro.
—Estaré en la sala con los demás. —les dijo muy serio. Se levantó y salió, poniendo un hechizo sensor en la puerta.
—No debemos quedarnos, Ginny. —le dijo Hermione después de insonorizar la biblioteca la menuda pelirroja.
—Lo que no podemos hacer es ir con los leopardos mientras Diana y Júpiter no puedan adoptar su forma animaga —la contradijo con firmeza—. Ni mucho menos irnos a esa montaña helada mientras las quemaduras de ustedes cuatro no hayan sanado.
—Entonces vayamos a otro lugar. —intentó de nuevo la castaña.
—¿Cuál, Hermione? Harry, tú y yo no sabemos desenvolvernos sin ver. Además no podemos permitir que alguien vea nuestros rostros, lo cual no será fácil de evitar si nos encuentra alguien desconocido. —replicó Ron.
—Si a eso le sumamos que Voldemort y sus mortífagos están en esta época desatados en sus desmanes, por lo que nos atacaran si nos encontramos con ellos… No tenemos otras opciones. —agregó Luna.
—No debemos ir con los Cundáwans tampoco, Hermione —intervino Angela en voz baja, mientras un escalofrío le recorría el cuerpo—. Y no sabemos si mamá, tía o mis abuelos van a La Casa Flotante.
—¿Cómo te sientes, Angela? —le preguntó preocupado George.
—Mal. La fiebre me mantiene muy débil. Apenas si logro mantener a raya el dolor por mis quemaduras. No quisiera preocuparlos más, pero… El choque entre esas dos maldiciones y mis barreras para contenerlas nos ha alterado mucho nuestras energías y nuestros organismos. No debemos intentar aparecernos en un par de días, ni mucho menos usar Magia Antigua más allá de lo inevitable por algún tiempo.
—Quita la barrera mental, Angela —le ordenó Harry, sonriendo al dejar de percibirla—. ¿Tú qué opinas, Neville?
—Para ninguno de nosotros va a ser fácil si nos quedamos, pero va a ser peor si nos vamos. Especialmente para Angela.
—Sé que estás preocupada por no modificar la línea temporal, Hermione, pero no estamos aquí por gusto. —agregó Fred abrazando a Jessica.
—En nuestras condiciones actuales no tenemos muchas opciones —afirmó Harry con voz segura—. O nos quedamos o ponemos en riesgo la vida de todos, especialmente la de Angela.
—Nos iremos en cuanto estemos recuperados para defendernos, ¿verdad? —preguntó resignada la castaña.
—Sí, Hermione. Nos iremos en cuanto estemos seguros que la salud de los diez no correrá peligro. —aseveró firme Harry.
—Entonces es unánime. Nos quedamos —aceptó segura Hermione—. Desde hoy deberemos usar sólo nuestros seudónimos, aunque estemos solos, pues no debemos volver a usar bloqueos o insonorizar las habitaciones en que nos encontremos para evitar más suspicacias, además que si lo hacemos permanentemente será más seguro para todos.
—Tienes razón, Gea. —replicó con una sonrisa Harry.
—Ahora debemos hablar con el profesor Dumbledore, tus papás y tus tíos. —les recordó muy serio George, acariciándole la cabeza a Angela que se había recostado un momento en su pecho al abrazarla él con cuidado.
—Iré por ellos a la sala. —les informó Luna con la voz más serena que consiguió poner, intentando calmar sus nervios.
Cuando regresó la rubia con el director y sus seis acompañantes, Jessica, Ginny, Neville, Fred y George tragaron saliva al ver la seriedad de sus rostros. Los nueve estaban de nuevo sentados alineados.
—Quiero que nos digan porqué el profesor Dumbledore está tan preocupado desde que salió de hablar con ustedes —les dijo muy serio James—. Nos ha dicho que sólo ustedes tienen derecho a explicarlo cuando le hemos preguntado.
Los diez chicos tragaron saliva.
Jennifer y Angelica miraron a la chica que se hacía llamar Diana y luego a su padre, respirando un poco más aliviadas al verlo asentir.
—Nosotros comprendemos que para ustedes no es fácil el recibir en su casa a diez desconocidos, con una historia poco creíble y… y que cometieron el grave error de poner unos bloqueos en su casa sin consultarles —respondió Harry con timidez, pues suponía la explosión que seguiría a que él les expusiese su conversación con el director. Definitivamente era muy listo, poniéndolos en esa situación difícil para forzarlos a hablar sobre aquello. Haría lo posible por evadirlo—. Nos disculpamos sinceramente por ello. Fue un error de nuestra parte el poner un bloqueo en su casa, sin hablar antes con usted sobre lo que nos preocupaba y nos llevó a decidir ponerlo.
—¿Y qué les hizo pensar que debían poner ese bloqueo a las habitaciones que les facilité para que durmiesen? —preguntó con la misma seriedad James.
—Quisimos evitar que viesen nuestros rostros mientras dormíamos. —siguió Harry con tono afable, intentando controlar sus nervios y tranquilizar con su tono a todos.
—¿Por qué? —preguntó Sirius.
—Porque no podemos responder preguntas que ustedes inevitablemente harían.
—Pudieron simplemente pedirnos que no les quitásemos los vendajes mientras dormían, en lugar de poner bloqueos sin hablar con nosotros. —replicó Jennifer muy seria.
—Tiene razón. Lo sentimos mucho. Usted dijo en la cena que quería ayudarnos con nuestras curas y eso nos alarmó.
—¿Por qué? —insistió Remus en la pregunta de su amigo.
—Porque no queremos que investigando sobre nosotros nos pongan de nuevo en la mira de quien nos atacó —respondió Harry con un tono de voz un poco más firme, por sus nervios, dominándose nuevamente para seguir—. Por alguna extraña razón que no comprendemos se nos hacen familiares, al igual que la enfermera y el director. Sabemos que podemos confiar en ustedes, pero… Nuestra situación es complicada.
—¿Entonces no quieren que investiguemos sobre ustedes? —preguntó muy serio Sirius.
—Nos parece lógico que quieran hacerlo. Nosotros también queremos averiguar quiénes somos. Pero tenemos miedo de quien nos pueda ubicar al intentarlo. —le respondió el que sería en un futuro su ahijado, lo más sereno posible.
—Si ustedes se comprometen a no poner más bloqueos sin hablarlo con nosotros antes, les aseguramos que no intentaremos ver sus rostros y que no haremos ningún movimiento o pregunta que ponga en riesgo su seguridad. —les dijo muy firme Lily, mirando de reojo al director que parecía un poco más tranquilo.
—Le prometo que ninguno de nosotros volverá a poner bloqueos o hacer alguna otra cosa sin consultarla antes con ustedes. —afirmó muy formal Harry.
—Eso está muy bien, pero no responde lo que les pregunté cuando llegamos —intervino James, que no estaba dispuesto a permitir que el chico lo distrajese—. ¿Qué le dijeron al profesor Dumbledore que salió de aquí tan preocupado en espera de una decisión que ustedes iban a tomar?
Harry tragó saliva y bajó la cabeza. No se escaparían del regaño de los seis, el cual era seguro cuando les dijese lo hablado con el director.
—El director nos planteó su comprensible incomodidad por los bloqueos a las puertas y… —Suspiró—. Mercurio, Júpiter, Neptuno, Urano y yo nos enteramos del problema con Lily en el cuarto de las chicas, por los nervios de Diana. Comprendemos su desconfianza, sabemos el porqué de la reacción de ella… por lo que le sugerimos al profesor que nos llevase a un lugar de su preferencia, nos borrase los recuerdos de nuestra llegada al colegio y todo lo referente a esta casa, para que ustedes pudiesen estar tranquilos y nosotros irnos.
—¿Otra vez pensando en huir? —preguntó exasperada Lily.
—No huiríamos —le respondió Harry en voz suave, intentando calmarla con su tono más dulce—. Anoche les dije que les avisaríamos si decidíamos partir y eso pensamos hacer.
—¿Y se puede saber a dónde piensan ir? —preguntó con los ojos entrecerrados Remus, al captar el semblante preocupado del director al oír al chico.
—A un bosque que creemos que está protegido por animales —respondió en voz baja Harry, preparándose al igual que sus nueve amigos para la ola de regaños que se les venía encima—. Y en caso de no ser seguro en este momento ese sitio a un punto aislado del Snowdon.
—¡Pero es que se han vuelto locos! —estallaron a coro los seis.
—No tenemos muchas opciones. —musitó Hermione, después de cinco minutos de tenso silencio, pues los otros nueve chicos estaban cabizbajos con un nudo en la garganta.
—Un lugar tan frío como el Snowdon no es una opción a considerar en sus condiciones de salud, estando quemados. —los regañó Jennifer.
—Tampoco lo es un bosque, estando ustedes cuatro ciegos. —los riñó Angelica.
—Y ninguno de los dos es un sitio medianamente saludable para diez jóvenes que están con fiebre y débiles. —les espetó enojada Lily.
—¿Es que acaso creen que los animales de ese bosque los defenderán de los que los atacaron antes? —les preguntó enojado Remus.
—¿Están seguros que ese lugar del Snowdon que nombraron no es accesible para magos con intenciones de lastimarlos? —los interrogó casi en un gruñido Sirius.
—¿O es que acaso cualquier lugar es mejor que mi casa? —les soltó James, ofendido y preocupado a partes iguales.
—No señor… Potter. No… es eso… —replicó rápidamente Angela, agitada—. Este es… el mejor… lugar para… nosotros… Pero no… es justo… con ustedes… el que… vengamos… a crearles… probl… —no pudo terminar.
—¡Accio poción pulmones! —convocó rápidamente Jessica mientras Ginny corría a abrir la ventana y George a levantarla por la cintura para llevarla allí. Angelica se le adelantó al comprender sus intenciones.
—Tranquila Diana. Respira. Ya pasó. Todo va a estar bien. —le decía George a su lado mientras Jessica le daba la poción. Jennifer evaluaba los pulmones de la chica con su varita, angustiada al ver la crisis tan fuerte que presentaba.
Harry, Hermione y Ron se habían levantado bruscamente y tanteaban para ir hacia ella, siendo sujetados por James, Sirius y Remus, para que no se tropezasen o lastimasen entre ellos. Ginny y Fred estaban de pie alrededor de quienes atendían a Angela, mirándola atentamente, preocupados. Luna y Neville los miraban de pie junto a los otros tres que no podían ver y quienes los retenían. El director los miraba angustiado. Había provocado la situación que tanto temía intentando retenerlos.
Angela se estabilizó con la poción y una elevación súbita en la energía de su cuerpo, producto de haber quitado la barrera mental.
—Diana ya está mejor, chicos. —les informó Jessica, aliviada al verla respirar más regular.
—Electra… —musitó Angela.
—Shhh, tranquila, no hables —la interrumpió Jennifer en un tono suave—. Vamos a llevarte a descansar.
—Quédate tranquilita para llevar a tu amiga al cuarto. —le dijo Sirius a Hermione, soltándola al verla asentir.
—Yo me quedo contigo, Gea. —la tranquilizó Luna, tomándola por la cintura para que no se sintiese insegura al no ver.
Sirius rápidamente levantó a Angela en sus brazos, mirando preocupado a su cuñada al sentir el cuerpo de la chica ardiendo en fiebre. Se movió rápidamente para llevarla al cuarto, sin decir nada, al ver a Jennifer llevarse la mano a la boca para que guardase silencio.
James miró preocupado a Harry al sentir que el chico se aferraba a sus brazos.
—¿Qué tienes, Marte?
—Mareado. —musitó, sintiendo que la fiebre le empezaba a subir bruscamente por la tensión nerviosa vivida minutos antes.
—Vamos a llevarlos a todos a los cuartos —ordenó Jennifer—. Ustedes seis también. —les dijo a Ginny, Luna, Jessica, Neville, Fred y George, que ya avanzaba junto a Sirius hacia la puerta. La menuda pelirroja ya estaba junto a Harry y James, preocupada por su novio—. Deben calmarse y guardar cama.
—Lo siento James. No fue nuestra intención ofenderte. —se disculpó Harry en voz baja mientras caminaba apoyado en él.
—Quédense con nosotros y olviden la tontería de irse de aquí mientras no estén totalmente recuperados, y olvidaré lo que han hecho o dicho que me haya podido molestar. Eso sí, no intenten ponerse del lado de Lily en lo que se refiere a su embarazo. —le dijo con picardía, intentando bromear, preocupado por ellos.
—No iremos a ninguna parte hasta que nos recuperemos. —le aseguró Harry, sonriendo ante el comentario de su papá sobre su mamá.
Los recostaron a los diez en los cuartos, dándoles pociones para la fiebre y luego la de dormir sin soñar a los otros nueve, mientras el director dormía a la chica de pelo negro con el hechizo, luego de cambiarles de ropa con sus varitas.
—¿Jennifer? —preguntó Sirius en el pasillo frente a las puertas de los cuartos una vez que todos los chicos estaban dormidos.
—Están muy débiles y la tensión nerviosa los debilita aún más. La fiebre es por sus quemaduras. La crisis respiratoria de Diana ha sido muy severa.
—¿Hablaban en serio cuando dijeron que irían al Snowdon o a un bosque? —le preguntó Remus al director.
—Me temo que sí. Estaban muy nerviosos cuando lo dijeron, además de poco convencidos de su decisión. —le respondió, mirándolos preocupado.
—Debemos impedir que cometan semejante locura. —afirmó preocupada Angelica.
—Marte me ha asegurado que no lo harán mientras no se recuperen. —les contó James.
—¿Le crees? —le preguntó Lily con una ceja enarcada.
—No. Le pidieron a Albus que los dejase a solas para discutir su partida. Tengo la sospecha que si se sienten de nuevo presionados se irán. —le respondió con sinceridad.
—Estoy seguro que no partirán sin decirles y pedirme que les borre las memorias. —les aseguró el director.
—Haremos lo que esté a nuestro alcance para evitar que hagan esa tontería —aseguró Sirius mirando preocupado a la chica que tenía problemas para respirar—. Ella no soportará estar a descampado. Y el que hayan pensado en esos sitios, además de no querer que veamos sus rostros, confirma que los diez tienen miedo que alguien los vea. Eso y la reacción de la chica ante la posibilidad que Lily le viese la espalda… No sé de que futuro vienen, pero definitivamente necesitan un sitio seguro donde quedarse.
El director sonrió, sintiéndose aliviado al ver a los seis dispuestos a ayudar a los diez chicos, aunque no confiasen en ellos.
—Estarán aquí hasta que estén recuperados. —afirmó muy serio James.
—Se los agradezco mucho. No sé quiénes son pero quiero ayudarlos.
—No te preocupes por eso, papá. Aquí estarán bien. —le dijo Jennifer con una sonrisa suave y fraternal.
—Eso me recuerda algo —dijo Albus poniéndose repentinamente serio—. Los diez saben que soy Cundáwan y que ustedes son mis hijas.
—¿Qué? —preguntó asombrada Angelica.
—Y el bloqueo a las puertas lo habían puesto Leto y Neptuno —completó pensativo—. Esa fue una de las razones que me dio el chico de pelo negro para querer irse. Me dijo que Diana no podía seguir manteniendo la barrera mental, ni ellos haciendo bloqueos como el que habían usado anoche, porque estaban agotados física y mágicamente.
—¿Entonces los otros nueve saben que la chica es Cundáwan y del vínculo familiar de ustedes? —preguntó Remus preocupado.
—No sólo eso, sino que saben hacer ese tipo de bloqueos. —agregó extrañada Jennifer.
—Por la preocupación de los chicos esta mañana, al notar el cambio de vendajes, llegaron a suponer que los hubiésemos podido anular. —comentó el pelinegro de ojos color avellana mirando fijamente al director.
—Yo hubiese podido hacerlo, James, pero no lo intenté porque creí que los había puesto Diana y el hacerlo la habría afectado en su estado de salud.
—Entiendo. Perdona Albus.
—Quien haya estado entrenando a Diana como Cundáwan debe haberle dicho que somos tus hijas —comentó Angelica pensativa—. Pero me extraña que los otros no hayan puesto la barrera mental sabiéndola a ella enferma, a menos que no tengan el mismo nivel de entrenamiento.
—Eso parece lo más lógico. —confirmó el padre.
—Me extraña que les hayan revelado el secreto de ustedes. —opinó preocupado Sirius.
—Se le escapó a Diana el decirme que lo sabían, por su malestar. Mercurio y Júpiter, después de Venus regañarla, me aseguraron que nadie se enteraría por ellos. —les contó el director.
—O sea que saben que es un secreto. —comentó Remus pensativo.
—Esto es cada vez más confuso. —opinó James mientras denegaba.
—Por ahora no les dejemos saber que ustedes están enterados que Jennifer y Angelica son mis hijas —les pidió muy serio el director—. No sabemos si saben que ustedes están enterados y prefiero que no lo sepan por nosotros.
Los seis asintieron en aceptación.
—Voy a reunirme con Moody en una hora, sobre una información que me ha llegado de movimientos de mortífagos en la zona de Wiltshire. —les informó muy serio el líder de la O.D.F. mientras bajaban hacia la sala.
—Habíamos establecido que las reuniones de La Orden del Fénix serían aquí —intervino Sirius inquieto—. ¿Qué haremos con los chicos en esos casos?
—Se quedarán en las habitaciones. Les diré que en caso de venir otras personas se queden allí por su propia seguridad. —respondió James rápidamente, para evitar que el director pensase en mudarlas a otro lugar. Había sido muy hábil para lograr que fuesen en su casa, donde Lily estuviese a salvo. No pensaba perder el terreno ganado.
—Estoy seguro que no darán problemas —replicó Albus con una sonrisa. Tampoco quería perder el que los chicos pudiesen quedarse allí hasta restablecerse—. Les avisaré con tiempo cuando nos vayamos a reunir. Si llega a presentarse una emergencia con los chicos…
—Te avisaremos de inmediato. —completó James con una sonrisa.
El director se despidió de los seis y viajó por la red flú hacia la casa de su amigo auror, para hablar con él sobre la información de las recientes desapariciones. Los seis amigos volvieron a subir al primer piso, mirando a los chicos desde el pasillo parados en medio de las habitaciones en que dormían.
—Sabes que respetamos mucho las decisiones de tu papá… —empezó Sirius mirando a su esposa.
Aunque ella y la gemela se habían negado a formalizar sus uniones con él y con Remus, habían hecho en navidad un acto simbólico con el profesor Dumbledore en presencia de los Potter, los Longbottom y Pettigrew. Luego otro con los hermanos y cuñados de ellas, sólo con los Potter como testigos.
—Pero tampoco te convencen sus razones para confiar en estos diez chicos de la manera en que lo está haciendo. —completó Angelica.
—Yo no sé que pensar de sus secretos, la verdad me asustan un poco —opinó Jennifer, mirándolos intranquila—. Lo que puedo asegurarles es que papá tiene razón en cuanto a la percepción de sus emociones y también que están mal de salud.
—Nos comprometimos con Albus y con ellos en ayudarlos, respetando su deseo sobre no ver sus rostros, y eso haremos. —dijo muy firme Lily.
—Pero igual investigaremos lo que podamos. —agregó en el mismo tono James.
—Sin embargo, considerando sus problemas de salud, deberemos tener mucho tacto con ellos para no generarle otra crisis a Diana —opinó Remus mirando a la chica y luego a su esposa—. Urano estaba muy asustado cuando se le presentó. Fue muy difícil contenerlo para evitar que se lastimase en su afán de ir hacia ella.
—Marte estaba muy tenso. Cuando Electra dijo que Diana estaba fuera de peligro soltó bruscamente la tensión y sufrió un fuerte mareo, que lo obligó a sujetarse de mí para no caer al piso. —les contó James.
—Gea también estaba muy angustiada. Se le escapó decir en susurros que, si no reaccionaba con la poción de los pulmones, no tendrían otra opción que arriesgarlo todo para intentar salvarle la vida. —les reveló Sirius.
—Eso puede tener muchas interpretaciones: desde ir al hospital hasta contar o hacer algo que nos quieren ocultar. —opinó Angelica.
—Pero lo que es cierto es que los diez han tenido una recaída bastante seria, especialmente cuatro de ellos. —les dijo Jennifer.
—Haremos todo lo posible por ayudarlos a recuperarse e investigarlos al mismo tiempo. —afirmó James con voz firme y serena, abrazando a su esposa luego de verlos asentir a todos.
Cinco horas más tarde los chicos despertaron. Se consiguieron a los dueños de la casa y los amigos de éstos mirándolos atentamente en silencio. Jessica, Ginny, Luna, Neville, Fred y George se sobresaltaron al verlos, pero al notar que sus vendajes estaban intactos se calmaron.
—Marte, Urano, tenemos compañía. —les informó George rápidamente para que no cometiesen imprudencias ni se sobresaltasen al oírlos.
—¿Podrías acercarte a la puerta de las chicas y preguntar por Diana? —preguntó Harry preocupado.
—Jennifer nos ha dicho hace un momento que su respiración es regular y la fiebre le ha bajado, pero aún es un poco alta. Ella está atenta a su despertar. —le respondió James.
—¿Podemos ir al cuarto de ellas para acompañar a Diana? —preguntó George.
—Estábamos esperando que despertasen para llevarlos abajo a comer —le respondió Remus—. Jennifer nos dijo que le avisáramos si ustedes no se sentían con fuerzas para bajar y en ese caso subirles la comida, pero que si tenían suficientes energías para ir hasta el comedor era mejor que lo hiciesen.
Ron y Harry asintieron. Fueron ayudados por Remus y James respectivamente a incorporarse, cambiarles de nuevo la ropa con el hechizo y salir del cuarto hacia el pasillo. Esperaron un par de minutos hasta que se abrió la puerta de las chicas.
—Yo no quiero que Diana baje al comedor, pero es muy necia. —les contó Jennifer enojada con la chica.
Harry, Ron, Neville y Fred giraron de inmediato sus rostros hacia George.
—Diana, por favor, no hagas el esfuerzo de bajar. —le pidió él con cariño.
—Diana, por una vez haz lo que te dicen y quédate aquí. —la regañó Ginny enojada, de pie frente a ella.
—Pero yo… puedo ir… con ustedes… a comer. —intentó convencerlos, sin lograr que su respiración fuese suficientemente regular para hablar sin pausas.
—No seas necia, Diana. No estás respirando bien y apenas si tienes fuerza para estar de pie, por lo que dicen Electra, Venus y Jennifer. —la contradijo Hermione exasperada.
—Yo no… me quiero… separar… de ustedes. —confesó muy triste Angela, bajando la cabeza y sentándose en la cama en que dormía Hermione, que era la más cercana a la puerta, haciendo un puchero.
—No te quedarías sola. Ya le he pedido permiso a Jennifer para quedarme contigo. —le recordó con voz dulce Jessica.
—No te preocupes. Yo te llevo. —la tranquilizó Sirius conmovido, aproximándose a ella y levantándola en brazos.
—Gracias. —le dijo nerviosa pero agradecida Angela, regalándole una sonrisa sincera.
—No puedo creerlo. Se ha salido con la suya. —gruñó Ginny que había estado regañándola desde que Jennifer habló con ella para que se quedase en el cuarto, saliendo enojada de la habitación.
—Si se dejan convencer con esa facilidad por ella se pondrá imposible. —afirmó Luna con su habitual franqueza, encogiéndose de hombros y saliendo tras su amiga.
Hermione suspiró y denegó, mientras Harry, Ron y Neville sonrieron, saliendo este último tras las otras chicas rápidamente. Las alcanzó justo cuando Luna le recordaba a Ginny que debía mantenerse tranquila, según su propio consejo.
Jessica miraba enternecida a su tío cargando a su prima, mientras Fred la abrazaba por la cintura con cariño. George avanzó hasta caminar junto a Sirius y Angela, atento a ayudarlo de ser necesario. Jennifer caminaba tras Sirius denegando, llevando a Hermione por la cintura.
Angelica miraba a su esposo cargando a la chica con los ojos entrecerrados, pensando en que sólo unos años atrás él era uno de los tres conquistadores de Hogwarts. Solamente le llevaba cuatro años a esa chica y no le había gustado nada la rapidez con que había acudido en ayuda de Diana. «Aunque la forma en que ese chico está siempre al pendiente de ella… Tengo la impresión que son novios».
Lily sonreía con picardía, haciéndole señas disimuladas a James y a Remus para que mirasen a su amiga. Los dos Merodeadores procuraban no reírse para no hacer explotar a la impulsiva gemela.
Al llegar al comedor Sirius dejó a Angela sentada en una silla, con mucho cuidado, y se desplazó rápidamente hasta el lado opuesto de la mesa para ayudar con la comida a Hermione. Esquivó las miradas penetrantes de su esposa.
George se había sentado al lado izquierdo de su novia, preocupado por la situación que veía se estaba presentando. Lily hizo el intento de sentarse al lado derecho de Angela, pero Angelica se lo impidió.
—Deja que yo siga ayudando a Diana a comer. —le dijo con una falsa voz dulce, que alertó a los chicos que no veían del posible problema.
—Gracias Angelica —le sonrió Angela con cariño. Estaba dichosa por poder compartir con sus dos padres—. Me tienes… mucha… paciencia.
La aludida la miró, denegó y soltó un poco la tensión, empezando a darle de comer con cuidado para no lastimarla, lentamente por su respiración irregular. Casi diez minutos más tarde se consiguió con una mirada de disculpa de su esposo hacia ella y sonrió, asintiendo. La mirada de Sirius decía "Solo he cedido al impulso de ayudar a la chica". Esperaba que fuese cierto o conocería que tan molesta podía llegar a estar.
Ginny los miró a los tres, suspiró y denegó. Entendía lo que significaba para Angela compartir de esa manera con sus padres, pero la conocía lo suficiente para saber que eso les traería problemas. Se giró a ver a su novio y lo vio sonriéndole a Lily de manera similar, suspirando de nuevo. En esta oportunidad estaba de acuerdo con Hermione, tendrían serios problemas.
Jessica miró a George, intercambiando miradas preocupadas de ella con unas tranquilizadoras de él. La chica de ojos miel suspiró y empezó a comer.
El almuerzo transcurrió en un tenso silencio hasta que, veinte minutos después de empezar a comer, Angela aprovechó una pausa que le dio Angelica.
—¿Puedo hacer… una pregunta?
—No creo que sea buena idea, Diana. —le dijo Hermione con voz de regaño.
—Es sólo… sobre el… hechizo para… cambiarnos… de ropa.
—¿Qué quieres saber? —preguntó James, enarcando las cejas al ver a Hermione suspirar y denegar, mientras los otros ocho chicos sonreían.
—Jennifer dijo… que ese hechizo… lo habían usado… como broma… en el colegio… ¿A qué se… refería?
Angelica sonrió con malicia al ver a James y a Remus mirar enojados a Jennifer y a Sirius por haberlos delatado con los chicos y con el director. En seguida les contó la broma que hicieron los Merodeadores a los Slytherin, mientras le daba la comida a la chica. Angela les preguntó porqué lo habían hecho. James les contó del enfrentamiento en el partido de quidditch del fin de semana antes y siguieron los seis respondiendo las preguntas de Angela sobre los años que pasaron en el colegio, a las que se fueron sumando por orden Harry, Ginny, George, Fred, Luna, Ron, Jessica y Neville, mientras Hermione denegaba cada vez que uno de sus compañeros se unía a la conversación. Los que preguntaban más eran Angela y Harry.
Angelica, Jennifer, Lily, Sirius, Remus y James les respondían aparentemente distraídos en la charla, cuando en realidad estaban muy atentos a las preguntas, gestos y reacciones de los chicos, notando que preguntaban con mucho interés lo que aparentemente eran sólo anécdotas escolares.
Los subieron después de comer a las habitaciones, con Angela siendo apoyada por Angelica a petición de la chica "para no provocarle una indigestión a uno de los anfitriones por hacer fuerza después de comer", caminando despacio. Los chicos se tomaron las pociones que les indicó Madam Pomfrey y se acostaron a descansar un poco más tranquilos. Angela se durmió sin necesidad de hechizo, al igual que sus compañeros se quedaron dormidos sin haberse tomado la poción para dormir.
Las tres parejas salieron de los cuartos de los chicos rumbo a la sala.
—Muy curiosos los chicos. —comenzó Sirius.
—Especialmente Diana. —siguió Angelica, mirando a su esposo de reojo.
—No todos. Gea estuvo muy silenciosa. —opinó Jennifer, mirando preocupada a su hermana y su cuñado.
—Por sus gestos no estaba de acuerdo con la conversación que sus compañeros propiciaron. —agregó Remus, pendiente también de los Black.
—Sospecho que ella nos dificultará el averiguar algo de ellos directamente. —comentó James pensativo.
—Es posible que Marte y Diana quisiesen indagar en nuestra vida de estudiantes para intentar recordar la de ellos. —opinó Lily con una sonrisa llena de ternura iluminándole el rostro—. Tal vez Gea tiene miedo de lo que puedan enterarse, después de lo que recordó Diana sobre el orfanato.
—¿Les estás creyendo la historia que nos han dicho? —le preguntó James incrédulo, un poco suspicaz por la expresión de su esposa al nombrar al que parecía el líder de aquél grupo.
—Es posible que hayan dicho la verdad. —opinó Lily encogiéndose de hombros.
Sus cinco acompañantes la miraron como si hubiese dicho que Adivinación era la asignatura más precisa y confiable del colegio.
—Creo que deberías recostarte un rato, cariño. —le sugirió James con tono de exagerada preocupación por ella.
—¡Oh vamos! Es una posibilidad que no deberíamos descartar a priori. —se defendió Lily exasperada.
—¿Saben que somos hijas del director de Hogwarts pero no quiénes son? ¡Por favor Lily! —explotó Angelica—. Esos chicos no están diciendo la verdad —afirmó enojada—. Diana tal vez tenga mala salud, pero su problema pulmonar no es de nacimiento. Papá dijo que era por una maldición. Súmale a eso las cicatrices que viste en su espalda y el que se sepa manejar bastante bien estando ciega… Creo que no debemos confiarnos, especialmente de ella. No me gusta que esté tan entrenada siendo tan joven, eso no es buena señal. Contradice el procedimiento normal entre los Cundáwans.
—Coincido en que no debemos confiar en ellos. Pero las reacciones de esa chica y lo que has dicho no se corresponden con alguien que sea el agresor sino el agredido —opinó Sirius, añadiendo rápidamente al ver la expresión molesta de su esposa—. Ésa podría ser la motivación de los chicos a guardar silencio, lo que me da pie a pensar en que los estén utilizando, tal vez presionándolos de manera poco sutiles para que se acerquen a Albus. Tal vez la haya estado entrenando intensivamente algún Cundáwan en algunas cosas, posiblemente para ayudarla por sus problemas de salud, sin saber que otros la están presionando para actuar alejada de los principios que le están enseñando. —finalizó sombríamente.
—¿Y cómo encajan los sitios a los que pensaban huir en tu teoría? —le preguntó Lily molesta.
—Tal vez son los puntos de encuentro con sus amigos mortífagos —respondió Sirius, intentando convencerse a si mismo, pero al ver la expresión de incredulidad de Jennifer desistió—. O tal vez están buscando una manera de huir de la situación en la que se encuentran. No lo sé, no entiendo a estos chicos. Me desconciertan.
—En cualquier caso Albus tiene razón —intervino Remus, sonriendo levemente al ver la expresión de extrañeza de los otros cinco—. Sólo si les damos un lugar en que se sientan seguros, cuidando que se recuperen, siendo cautelosos con ellos al mismo tiempo, les podremos mostrar una salida a su situación cualquiera que sea, convenciéndolos para que se sinceren con nosotros sin ponernos en peligro.
Jennifer, Angelica, Lily, Sirius y James sonrieron y asintieron. Remus siempre les daba soluciones coherentes a los problemas.
A final de tarde, luego de visitar a los Longbottom y haber hablado Jennifer y Remus con Peter, subieron a los cuartos de los chicos. Bajaron con ellos a cenar, hablando de nuevo sobre anécdotas del colegio de ellos seis, tomando nota mental de las preguntas y reacciones de los chicos. Notaron que Gea parecía más distendida ya que incluso se permitió el escandalizarse por el número de normas de Hogwarts que se habían saltado los Merodeadores en una de sus bromas, apoyando las acciones de Lily como prefecta, sonriendo burlona al oír las pequeñas venganzas de las Protectoras.
Luego de la cena llegaron el director y la enfermera de Hogwarts. El líder de la O.D.F. habló con ellos sobre los movimientos que habían estado detectando tanto los aurores del Ministerio como las noticias que le llegaban a él directamente, mientras Madam Pomfrey examinaba a los diez chicos. Cuando la enfermera terminó de curarlos y los dejó dormidos bajó a la sala, esperando a que ellos saliesen de la biblioteca después que Tyr les avisase.
—Están bien de sus quemaduras, aunque bastante débiles aún. La fiebre ha cedido totalmente en Electra, Mercurio y Júpiter, es baja en Venus, Leto y Neptuno, y no es seria en Gea y Urano. Pero me preocupa que en Diana y Marte siga siendo alta. —le informó la enfermera al director cuando llegaron los siete a la sala.
El director le explicó que habían tenido un problema con los chicos temprano porque les habían planteado de nuevo el huir. Le aseguró que los habían hecho desistir de la idea y Lily se comprometió a estar pendiente que los diez chicos estuviesen lo más tranquilos posibles para que pudiesen recuperarse.
Sin embargo la enfermera les pidió que les diesen poción tranquilizante a los nueve chicos en pequeñas dosis por los siguientes tres días, después de cada comida, para mantenerlos tranquilos y que se pudiesen recuperar con el tratamiento que les estaban dando. También les indicó que le evitasen situaciones de tensión a la chica de pelo negro, ya que a ella la poción no le serviría y por eso no la podía ayudar de igual manera que a los otros chicos. Los seis le prometieron que estarían muy atentos a que ella estuviese tranquila, recordando preocupados la crisis que le habían visto.
Con las primeras luces del amanecer cuatro chicos adormilados, despertados a medias por su compañero castaño, oyeron entrar en su cuarto sigilosamente a Angela que caminaba con cuidado hacia la cama del castaño.
—Estamos despiertos, Diana —Neville miró a sus compañeros—. Bueno, al menos yo lo estoy, a tu novio, tus cuñados y nuestro líder les falta un poco.
—¿Cómo te sientes, mi amor? —le preguntó preocupado George, acercándose a ella y abrazándola.
—Estoy bien, cariño. Sólo un poco débil y con fiebre pero no es serio —le respondió Angela a George—. Electra, Venus y Gea ya están despiertas. ¿Vamos?
—¿Ir a dónde? —preguntó adormilado Ron, sin entender.
—A cantarle el cumpleaños a mi sol —respondió Neville con una gran sonrisa ilusionada—. Así que despabila, Urano. Tú también, Marte. Vamos, Mercurio.
Los tres sonrieron al oír tan animado a su amigo y se levantaron.
Harry tenía pocas ganas de abandonar su cama tan temprano, sintiéndose aún débil, pero estaba decidido a cantarle el cumpleaños a su amiga rubia a quien todos le habían tomado mucho cariño. Él en especial no quería que se sintiese sola nunca más.
Ron tampoco se sentía bien, pero sus hermanos lo convertirían en su sujeto de pruebas para bromas si no iba con ellos. Fred le había susurrado lo que tramaban antes de quedarse dormidos.
Al llegar al cuarto de las chicas George sentó a Harry junto a Ginny. Sonrió al ver a su hermana menor adormilada abrazarse a él, luego de preguntarle en voz baja cómo se sentía a modo de saludo. Se sentó rápidamente junto a Angela y la abrazó.
Fred dejó a Ron sentado junto a Hermione y se sentó en la cama de Jessica, abrazado a ella, saludando a su hermana menor con la mano para no hacer ruido.
Neville se aproximó a Luna, con su varita hizo aparecer un ramo de azafrán y dalias de variados colores y que despedían un dulce aroma, sonrió y asintió. De inmediato los nueve le empezaron a cantar el cumpleaños a Luna, que abrió los ojos asombrada y lo primero que vio fue a su novio sonriéndole con un ramo de las flores que a ella tanto le gustaban.
Sintió que se las ponía entre sus manos cuando terminaban de cantarle como regalo de cumpleaños. Sin poder pensar en nada más, al quedarse viendo los ojos castaños que tanto quería, lo atrajo hacia ella con su mano vendada enredada en lo que sobresalía de sus cabellos castaños del vendaje en la nuca y se fundieron en un beso, del que se separaron varios minutos después al oír a los gemelos carraspear, separándose sonrientes.
—Sabemos que hoy no es…
—… el día que correspondería…
—… al cumpleaños de nuestras…
—… preciosas prometidas…
—… Pero estábamos en Enero aún…
—… cuando nos vimos trasladados…
—… aquí, a una fecha posterior…
—… al que sería el día…
—… de su cumpleaños…
—… Y como no sabemos…
—… cuando podremos regresar…
—… Mercurio y yo quisiéramos…
—… celebrárselos hoy con…
—… el de nuestra amiga Leto…
—… Si Leto, Diana y Electra están de acuerdo.
—Claro que estoy de acuerdo. —respondió de inmediato Luna con una gran sonrisa.
—Es una hermosa sorpresa. Gracias mi amor. —le dijo feliz Jessica a Fred, besándolo, separándose apenada al oír carraspear a Neville que se rió con picardía.
—Sólo dos guapos tan dulces como ustedes podían hacer algo tan especial por nosotras —afirmó Angela emocionada, rozando con su mano vendada el vendaje del rostro de su prometido hasta rozar sus labios. Se acercó a besarlo con dulzura, diciéndole en voz baja entre beso y beso—: Te amo… Siempre estaré… dichosa de ser… tu alma gemela.
Pasados unos minutos Harry carraspeó al no oír nada más.
—Canción y flores sí, besitos inocentes sí, más allá nada. No hasta que mi hermanita y mi primita sean mayores de edad. —dijo en tono de hermano sobreprotector, haciendo sonreír a Hermione, Luna, Neville y Ron, denegar exasperada a Ginny, sonreír a los gemelos y avergonzarse a las aludidas.
Luego de cantarles el cumpleaños a cada una de ellas, Fred le regaló a Jessica un ramo de azucenas y George a Angela un ramo de rosas blancas. Después de bromear todos unos minutos los chicos volvieron a su cuarto, para descansar un poco más mientras iban por ellos. Los diez aún se sentían débiles y cansados, con fiebre la mayoría todavía.
En la mañana, luego del desayuno, el profesor Dumbledore se reunió con los diez chicos en la biblioteca. Les habló de nuevo sobre su permanencia en la casa de los Potter, pidiéndoles que olvidasen la idea del bosque y de la montaña al menos hasta que estuviesen recuperados, explicándoles lo dicho por la enfermera. Los nueve aceptaron a regañadientes el tomar la poción tranquilizante.
En lo referente a Angela la enfermera estaba muy preocupada, pues no sabía cómo ayudarla. Ella tranquilizó al director diciéndole que guardaría más reposo y haría lo posible por mantenerse tranquila, retirándose hacia el cuarto si alguna situación la sobrepasaba.
En ese momento llegaron a la biblioteca las tres parejas para saludar al director, ya vestidos y con sus maletines esperándolos en la sala. El profesor Dumbledore se despidió de todos, excusándose con sus deberes en el colegio.
Los Potter, los Black y los Lupin subieron a los diez chicos a los cuartos para que se tomasen las pociones que les había indicado la enfermera y descansasen. Los dejaron con Dotty y Wykers vigilándolos, según las instrucciones que les habían dado a los cuatro elfos al amanecer antes de subir a sus cuartos. Luego se despidieron.
Angelica y Remus iban a casa del auror Moody para su preparación como especialistas en Defensa Contra las Artes Oscuras todas las mañanas, pues la primera no había entrado a la Academia de Aurores en un acto de rebeldía al enterarse que al segundo no lo admitían por ser licántropo. Las Protectoras y Frank conocían su condición desde que estudiaban en el colegio.
Albus consiguió que su amigo los entrenase a los dos en privado en conjunto con él, siendo Alastor Moody el mejor auror. McGonagall y Flitwick los habían entrenado en sus áreas mientras Alice, James, Sirius y Frank estudiaban en la Academia. Sin embargo los dos habían demostrado un interés especial en el área de Alastor Moody, quien se empeñaba en enseñarles a ellos dos (al igual que a sus alumnos de la Academia), los hechizos de defensa más recientes en contra de los novedosos que el grupo de seguidores de Voldemort empleaba.
Los dos acompañaban generalmente a Lily en las tardes, después que ella salía de su trabajo como inefable. Jennifer permanecía hasta media tarde en la Escuela de Medimagia, cuando se reunía con ellos. Los cuatro practicaban entonces en una habitación del último piso de la mansión, acondicionada para ello por James y Sirius. Los dos se les unían a final de tarde con Alice y Frank, cuando regresaban de su trabajo en el Ministerio como aurores. Ese era el ritmo que seguían al menos tres días a la semana los ocho, desde hacía aproximadamente seis meses, cuando se estaban preparando algunos de ellos para sus profesiones.
Mes y medio atrás se habían graduado Lily como Inefable, y Alice, Sirius y James como aurores en la Academia de Aurores en sólo año y medio, lo cual había hecho Frank un año antes, siendo considerados los cinco leyendas en la Academia. Jennifer estaba muy avanzada en sus estudios en la Escuela de Medimagia.
Peter los visitaba eventualmente en las noches, evitando el permanecer allí mucho tiempo si Angelica estaba y empezaba a interrogarlo sobre sus súbitas desapariciones para ir con su mamá. Esto había comenzado a ocurrir con tal frecuencia últimamente, que el más pequeño de los Merodeadores había optado por preguntar vía lechuza a alguno de sus amigos si ella estaba allí para no ir, o quedarse el menor tiempo posible.
Al llegar a la hora del almuerzo Lily, Angelica y Remus subieron al primer piso, mirándose intrigados al oír risas en la habitación de los chicos. Lily abrió la puerta del cuarto de las chicas y lo encontró vacío, aproximándose rápidamente al otro con el ceño fruncido. Se sorprendió, al igual que sus dos amigos, al abrir la puerta y ver a nueve de los chicos riéndose y al más alto dándoles la espalda. Los cuatro elfos los miraban con ternura parados cerca de las camas junto a la puerta, girándose a mirarlos al sentir su presencia mágica pero guardando silencio por sus señas.
Los chicos no se dieron cuenta de su llegada, absortos en su conversación.
—Vamos Urano, no te enojes. Perdóname —le pedía Angela—. Yo sé que no es fácil pero puedes hacerlo.
—No, Diana, no puedo. Mi dibujo mental está lleno de tachones. ¿Entiendes? —le respondía Ron exasperado, parado frente a la ventana que estaba en el lado opuesto a la puerta.
—Está bien, olvida el dibujo. A Dani y a mí se nos daba bien el dibujo, creo que por eso nos entendimos así. —comentó Angela pensativa.
Las risas de los otros chicos se cortaron en seco al oírla nombrar al niño que le había enseñado a desplazarse ciega años atrás.
—Diana, yo… Lo siento. —se disculpó Ron cabizbajo, con la voz quebrada.
—No te preocupes —lo tranquilizó ella con tono sereno—. Como a ti te gusta mucho el ajedrez creo que te será más fácil ubicarte imaginándote que el cuarto es un tablero —planteó girándolo con sus manos con mucho cuidado—. Imagina que estás en la posición del rey blanco y yo en la de la reina, la puerta está en la posición de los reyes negros, las camas están en las columnas frente a los alfiles, los caballos y las torres, las mochilas en las líneas que quedarían en el límite entre los alfiles y los reyes.
—Así es más fácil —aseguró Ron sonriendo—. ¿Me acompañarás? —preguntó un poco dudoso después de dar un paso.
—Voy a tu lado, pero intenta apoyarte en mi hombro sólo si te sientes inseguro —le respondió Angela, que en efecto había avanzado con él—. Recuerda levantar muy poco tus pies y caminar lento, para que puedas sentir si hay cualquier obstáculo en tu vía con tu pie antes de ceder todo el peso de tu cuerpo a éste y tropezarte, porque los bajitos no los percibirás con tus manos, extiende un poco tus brazos hacia el frente y ve escuchándome.
—Eso haré. —le dijo un poco más seguro Ron. Siguió las indicaciones de su amiga y dio otro paso, con ella al lado.
—Bien —sonrió ella, diciéndole a medida que avanzaban—. Estamos en la segunda fila del tablero, a nuestra derecha está la cama donde duerme Marte y a la izquierda donde duerme Neptuno. Ahora estamos en la tercera fila, a la derecha están Electra y Mercurio, a la izquierda están Gea y Júpiter. Esta es la cuarta fila, a la derecha está la cama en que duermes tú y a la izquierda en la que duerme Mercurio. Justo ahora entramos a la quinta fila, a la derecha están Marte y Venus, a la izquierda están Leto y Neptuno. Aquí en la sexta fila a la derecha está la cama en que duerme Júpiter y a la izquierda está la cama vacía. Aquí en la séptima fila, tenemos a la derecha a Idun y Tyr, a la izquierda a Dotty y Wykers y… al frente en la puerta a Lily, Angelica y Remus —terminó en voz cada vez más baja—. ¿Cuándo…? Nosotros… —intentó plantear insegura. No sabía qué preguntar o decir.
—No se asusten —les dijo Lily en tono suave, notando la tensión en los diez chicos, en los seis que veían desde que les vieron al seguir el avance de los dos que caminaban por el centro del cuarto, mudos por la impresión—. Estamos aquí desde que comenzaste a caminar con él desde la ventana. ¿Les estás enseñando a desplazarse por los cuartos?
—Sí. —le respondió aún asustada.
—Es una muy buena idea. Así se sentirán más seguros. —afirmó Lily con tono aprobatorio.
—Gracias. —agradeció Angela, aunque ansiosa esperando si los regañarían.
—Es muy interesante el método que usas. —opinó Angelica.
—Me lo enseñó un amigo hace años. —respondió Angela nerviosa.
—¿Tu amigo se llamaba Dani? —preguntó Remus.
—¿Cómo sabe ese nombre? —repreguntó Angela agitada.
—Tranquila. No te pongas así —se apresuró Angelica a calmarla—. Tú lo nombraste cuando convencías a tu amigo de cambiar "el dibujo" por un tablero de ajedrez.
Angela lo recordó, asintió y se concentró en su respiración para regularizarla y calmarse, lo que no le era fácil pues tenía en su mente algo que había vivido en esa oportunidad con Dani, cuando Jessica por poco los descubre de una manera similar. No pudo evitar que unas lágrimas se le escapasen de los ojos al recordar aquello. Temblaba aún un poco cuando sintió la mano de Ron apoyada en su hombro.
—Diana, ¿estás bien? —le preguntó el alto pelirrojo preocupado. Oía su respiración alterada cambiando poco a poco por una más regular, pero sin estabilizarse aunque habían pasado ya varios minutos.
—Sí. Sólo… ¿Podemos seguir con… la práctica en otro… momento? —planteó Angela, pues no se sentía capaz de seguir enseñándolos a moverse sin ver cuando aquello le traía tantos recuerdos.
—Claro que sí, Diana. —le respondió Harry que ya estaba a su lado con Ginny y George, preocupado por el tono de voz tembloroso de su hermanita.
Jessica se abrazó por la cintura a su novio con un nudo en la garganta, recordando lo ocurrido aquél día en el ático del orfanato cuando subió a buscarlos para jugar y los encontró "inventando las reglas para un juego nuevo". Las lágrimas acudieron a sus ojos, conteniéndose al ver a su papá frente a su prima mirándola con preocupación. Respiró profundo. Tenía que controlarse como veía a Angela esforzarse en hacerlo.
—Nosotros veníamos a buscarlos para hablar con ustedes un rato mientras Idun, Dotty, Tyr y Wykers preparan el almuerzo —dijo Lily mirando preocupada a la chica, sospechando de su nerviosismo que había recordado algo sobre la oportunidad en que había aprendido a desenvolverse sin ver—. ¿Les gustaría acompañarnos a la biblioteca y que hablemos un rato?
—Esa es una buena idea —opinó George, deseando que la conversación distrajese a Angela—. Así empezarán a ubicar otro punto de la casa que no sean los cuartos y bajar con nosotros para que les leamos un rato si ellos lo autorizan.
—Júpiter tiene razón —lo apoyó Ginny—. Eso nos servirá un poco para despejarnos y además compartiremos un rato con algunas de las personas que nos han estado ayudando desde que llegamos.
—Vamos. Así podré plantearles algo que he estado pensando. —dijo Harry decidido, después de haberle estado dándole vueltas a aquello desde que hablaron con el director.
Ginny, Luna, Jessica, Neville, Fred y George lo miraron con curiosidad, mientras Hermione y Ron se tensaban y Angela sonreía levemente. Los tres últimos sospechaban lo que se traía entre manos.
Lily, Angelica y Remus intercambiaron miradas de curiosidad.
—Electra, Mercurio y yo llevaremos a Gea, Urano y Marte —planteó George resuelto—. Diana irá al lado mío y yo le iré diciendo el camino, así practicaremos el movernos con un poco de independencia.
—Nada de eso —lo contradijo Angelica en un tono firme que a los chicos les recordó mucho al de Wymond—. Ya han practicado bastante por hoy. Si Madam Pomfrey les llega a conseguir lastimadas las manos esta noche nos regañará a nosotros por horas.
Los diez chicos suspiraron y asintieron. Sabían que tenía razón.
Lily, Angelica y Remus los miraron con los ojos entrecerrados. Era obvio que sí conocían la forma de ser de la enfermera. El que los chicos la conocieran a ella no era tan fácil como el que supieran del director. Aquello le quitaba posibilidades a la teoría de James, dificultaba la de Sirius y hacía muy probable la de Remus y Lily. No sólo eran del futuro, por lo dicho por Albus, sino que estudiaban en Hogwarts.
—Yo llevaré a Urano y… —empezó Remus.
—Y yo a Marte. —completó James, ahogado por la carrera.
—Yo ayudaré a Gea. —apareció tras él Sirius en condiciones similares.
—¿Qué hacen ustedes dos aquí a estas horas? —preguntó Lily enojada, pensando que estaban allí por ella y eso le parecía el colmo.
—Ganarme una apuesta —musitó con un hilo de voz Jennifer, que llegó en ese momento con una mano en un costado—. Alice y Frank llegarán en unos minutos. Veníamos a avisarles.
Los diez chicos contuvieron la respiración.
—¿Qué? —preguntó desconcertada Lily—. Pero entonces ellos deberán quedarse aquí. No los llevaremos…
—Es mejor que bajemos con ellos a la biblioteca —la interrumpió James, que hacía esfuerzos por recuperar su ritmo respiratorio—. Peter les metió la idea de revisar la casa para poner protecciones y sólo acerté a decirles que yo ya había establecido unas en nuestro cuarto y allí, porque era tu lugar preferido.
—¿Ese enano entrometido también vendrá? —preguntó fastidiada la mamá de Angela.
—¡Angelica! —la reprendió Lily.
—Esa era su intención, pero cuando supo que ya estarías aquí dijo que tenía que…
—Visitar a su mamita. —interrumpió Angelica a Sirius con voz de niña pequeña fastidiosa.
—¿Cuándo llegarán ellos? —preguntó muy seria Hermione, interrumpiendo la discusión.
—En unos quince minutos —respondió James, un poco incómodo por el tono mandón de la chica—. Son amigos nuestros de confianza, así que tienen acceso sin restricciones por la chimenea.
—¿Sólo vendrán ellos? —preguntó Neville que no podía evitar el tener ganas de conocerlos totalmente sanos, antes del ataque de los Lestrange.
—Sí. —le respondió Sirius intrigado por el tono un poco ansioso del chico, el cual no parecía deberse a un rechazo a que se presentasen allí sus amigos.
—¿Y dicen que son de confianza de ustedes? —insistió para darles una idea a sus amigos de lo que quería.
—Desde que estudiábamos en el colegio. —le respondió James, igualmente intrigado.
—Entonces tal vez podrían saber de nosotros.
—¿Qué? —preguntó desconcertada Jennifer.
—¿Estás seguro que es buena idea, Neptuno? —le preguntó Harry a Neville, comprendiendo su pensar pero un poco inseguro.
—Los seis parecen confiar totalmente en ellos, Marte. —le respondió el castaño con firmeza.
—¿Por qué con ellos sí y con Peter no? —preguntó extrañado Sirius.
—Porque Angelica no confía en él. —respondió Angela, decidida a apoyar a su amigo castaño pero hacer todo lo posible por no tener que conseguirse aún con el traidor.
—Y para nosotros es importante la opinión de todos los miembros del grupo tan unido que, tenemos la impresión, ustedes conforman. —los apoyó rápidamente George.
Los tres Merodeadores miraron a la aludida con un poco de molestia, pero sabían que si en nueve años de conocerse no la habían hecho cambiar de opinión no lo harían ahora.
—Albus nos dijo que sólo nosotros debíamos saber de ustedes. —denegó Lily.
—Por nuestra petición de mantenernos alejados del contacto con otras personas hasta no recordar. —intervino Luna decidida a apoyar a su novio, mientras Hermione suspiraba y denegaba levemente pero sin decir nada.
—Pero si ustedes confían en ellos plenamente, nos parece injusto limitar con nuestra presencia su contacto de manera más tranquila con sus amigos. —los apoyó Jessica.
—Debemos decidir ya —afirmó James serio—. Apenas si tenemos el tiempo justo para llevarlos en carrera a la biblioteca sin que salgan lastimados.
Las tres parejas de amigos se miraron entre ellos, luego a los chicos y después de regreso los otros cinco a James, asintiendo. Decisión tomada por unanimidad.
—De acuerdo —dijo el pelinegro de ojos avellana—. Espérenlos ustedes dos en la sala y llévenlos a la biblioteca. Nosotros cuatro los llevaremos a ellos diez allá. —les pidió a las gemelas, que asintieron y se dirigieron abajo a esperar a la pareja.
Lily le tomó delicadamente la mano izquierda a Angela y la llevó a su codo derecho, empezando a darle indicaciones. Remus llevaba a Ron, Sirius a Hermione y James a Harry, seguidos por Jessica, Ginny, Luna, Fred, George y Neville. Los catorce avanzaban callados, se oía sólo la voz de Lily con las indicaciones a la chica de pelo negro.
Neville sentía el estómago revuelto por los nervios. Sabía que sus amigos habían accedido a aquello sólo por el tono decidido de su voz unos minutos atrás, pero ahora no podía evitar estar preocupado pensando si había hecho o no lo correcto.
Luna le puso la mano de ella junto a la suya, apenas rozándolo para no lastimarlo pero demostrándole su apoyo con el gesto, a lo que él la miró y asintió agradecido.
Sólo alcanzaron a ubicar a los diez chicos en unos sillones en la biblioteca cuando entraron las gemelas con los Longbottom, mientras los chicos susurraban entre ellos algo, preocupados.
—No entiendo Jennifer —le venía diciendo la voz firme y profunda de Frank—. James me dijo que ya habían puesto protecciones aquí.
—Sí, pero queremos hablar con ustedes dos de algo importante. —le respondió Angelica, haciéndolos pasar.
Al entrar y conseguir a diez desconocidos, envueltos en vendas los rostros, brazos y manos, con sus cuatro amigos, Alice y Frank sacaron rápidamente sus varitas y les apuntaron con unos reflejos extraordinarios que dejaron sin habla a Jessica, Ginny, Luna, Fred, George y Neville, que los miraban asombrados y tensos.
—Tranquilos. Pueden bajar sus varitas —afirmó James, irguiéndose de inmediato Angela, Harry, Hermione y Ron, tensos al oírlos—. Calma chicos, no se pongan nerviosos. Alice, Frank, acérquense para que los presentemos y hablemos.
—¿Quiénes son y por qué no muestran sus rostros? —preguntó el auror desconfiado, sin bajar su varita.
—Porque los tienen quemados, Frank —le respondió Jennifer—. Madam Pomfrey los ha curado y el profesor Dumbledore los trajo aquí.
El auror bajó la varita, pero comprendió de la respuesta de la gemela que ellos no sabían del parentesco de ellas con el director. De eso sólo estaba enterado él aparte de Lily, Alice y tres de los Merodeadores, pues Angelica se opuso rotundamente a que lo supiese Pettigrew.
—¿Quiénes son y qué les pasó? —preguntó Alice.
Jessica, Luna, Ginny, Fred y George miraban de reojo a Neville, que miraba fijamente a sus padres, por lo que ninguno de los seis notó que Lily, Jennifer, Angelica, James, Remus y Sirius estaban atentos a las reacciones de ellos, disimulando lo mejor posible con Alice y Frank pero percatándose del estado de nervios del castaño.
—Nuestros nombres y lo que nos ocurrió no lo recordamos con exactitud, señora. —le respondió Harry con tono respetuoso.
Alice y Frank abrieron mucho los ojos al escucharlo hablar, mirando seguidamente a James que se encogió de hombros.
—Alice y Frank Longbottom, les presentamos a Electra, Mercurio, Leto, Neptuno, Venus, Marte, Gea, Urano, Diana y Júpiter. —les dijo Lily, señalándoles a cada uno de los chicos mientras se los iba nombrando, sonriendo al verlos levantar la mano levemente para que los identificasen. Vio en sus amigos la misma cara de extrañeza y desconfianza que supuso tendrían su esposo, sus otros cuatro amigos y ella la noche del sábado, cuando llegó el director con ellos.
—Mucho gusto. —saludaron los diez chicos nerviosos.
—¿Y esos nombres por los que han sido presentados a qué se deben? —preguntó Frank, con la desconfianza desbordándose en cada sílaba.
—A que no recordamos los nuestros como ya les ha dicho Marte, señor Longbottom. —se decidió a responderle Angela con voz suave, transmitiéndoles calma a todos por medio de uno de sus dones. Esto fue notado de inmediato por Jennifer que miró de reojo a su hermana y enarcó rápidamente las cejas, que era la señal acordada, observando inquieta luego a la chica.
Harry, Ginny, Hermione, Luna, Neville y Fred también se dieron cuenta y se preguntaron porqué se había atrevido a hacerlo con su mamá y su tía allí, aunque el primero de ellos sospechaba sus razones y se lo agradecía. Se decidió a seguir con su plan aún con la presencia de los Longbottom allí.
Angela suponía que eso ocurriría, pero le preocupaba mucho Neville y sus propios pulmones. El señor Longbottom al parecer sería más difícil de convencer que los otros. Además estaban sus sospechas sobre lo que quería hacer Harry, preocupado por su mamá y la de Neville después de lo dicho por el director. Decidida continuó hablando.
—El sábado en la mañana aparecimos en la oficina del director de Hogwarts, el profesor Dumbledore, siete de nosotros, con quemaduras en nuestros rostros, brazos y manos e inconscientes. Lo cual ya es extraño sabiendo que en el colegio nadie puede aparecer o desaparecer.
»Nuestros recuerdos de lo ocurrido antes son un poco confusos. Gea, Urano, Marte y yo nos encontrábamos unos pasos delante de Venus, Leto y Neptuno cuando vimos avanzar una esfera morada hacia nosotros, luego sentimos un dolor muy intenso mientras volábamos por los aires y caíamos unos sobre otros, perdiendo seguidamente el conocimiento.
»Sabemos que antes teníamos miedo, pero nuestras varitas se encontraban en estos cinturones —dijo señalando hacia su cintura, notando por primera vez los Potter, los Lupin y los Black que los tenían puestos con sus varitas allí—. No podemos explicarles eso porque sabemos que somos buenos con ellas.
»Electra, Mercurio y Júpiter aparecieron en la enfermería después, mientras nos atendían Madam Pomfrey y el profesor Dumbledore, luego de estar en un sitio oscuro y sentir que algo los envolvía y lastimaba. Ellos también están afectados en sus recuerdos. Los nombres que les hemos dado creemos que son seudónimos que usábamos, porque nos es fácil identificarnos con ellos.
Se detuvo, esperando que continuasen con el interrogatorio o les dijesen algo.
—¿Qué más recuerdan? —preguntó Frank en el mismo tono frío y seco que usaba en sus interrogatorios como auror, desconfiando de ellos pero sintiéndose extrañamente tranquilo.
—Al parecer estábamos o íbamos a realizar un viaje corto, por lo que teníamos en nuestras mochilas con nosotros. Tengo un problema desde que nací que no permite que el dolor físico me sea calmado mediante pociones o sedantes muggles. Tampoco funcionan conmigo las pociones para dormir o calmar los nervios.
»Mis pulmones fueron dañados seriamente por una maldición hace algunos meses —Se detuvo nerviosa por unos momentos, pero se decidió a continuar—. Pasé algún tiempo en un orfanato y… y en aquella época estuve ciega durante un período de tiempo. Por eso sé desenvolverme medianamente bien sin ver, mientras Gea, Urano y Marte no saben hacerlo.
Al oír lo último tanto sus nueve compañeros como las tres parejas que les habían acompañado desde la noche anterior se giraron hacia ella boquiabiertos, sin entender porqué decía aquello ahora. George no pudo contenerse y la abrazó por los hombros, dándole un tierno beso en la sien izquierda.
—Lo que me confunde es que tengo la impresión de haber tenido algo así como unos tíos después… —siguió aparentemente pensativa, desarrollando la idea que se le había ocurrido para terminar de ganarse al desconfiado auror—. Pero no estoy segura de ello, como no lo estamos de haber conocido antes este lugar, pues se nos hace de una extraña manera familiar. —afirmó encogiéndose de hombros.
»Los diez estamos de acuerdo en que conocemos al profesor Dumbledore y a Madam Pomfrey, pero no sabemos precisar fechas. Marte cree recordar que ha ido varias veces a la enfermería después de juegos de quidditch, pero no está seguro tampoco —Denegó y se encogió de hombros—. A Gea, a Leto y a mí nos gusta mucho leer. Venus también ha jugado al quidditch. Ella es buena en pociones además de tener conocimientos básicos de medimagia, igual que Electra.
»Por último los diez estamos seguros que somos buenos en Defensa Contra las Artes Oscuras. También recordamos que hace poco nos enfrentamos a un grupo de personas con nuestras varitas, defendiéndonos bastante bien. No recordamos nada más.
—¿Qué fue lo que dijiste, Diana? —preguntó Sirius intranquilo mientras sacaba rápidamente su varita en dirección a ellos, al igual que sus cinco amigos al reaccionar, después de cinco minutos de tenso silencio, en que las otras diecisiete personas estaban terminando de asimilar lo dicho por la chica, uno de ellos pensando cómo unir aquello con su plan rápidamente.
—Le respondí la pregunta al señor Longbottom —respondió ella tranquila—. Eso fue lo que hablamos esta mañana nosotras cinco, después que nos despertáramos, antes que ustedes llegaran a nuestro cuarto. Luego que se fueron no hablamos porque nos concentramos en practicar con Gea, Marte y Urano en el de los chicos, para que ellos aprendan a manejarse con un poco más de seguridad mientras recuperamos la vista. No sé si ellos han recordado algo más a lo que habíamos hablado en la enfermería.
Ron, Neville y Fred contuvieron la respiración mientras George y Harry sonreían levemente, pues ya se esperaban algo como eso. El pelirrojo en espera de la respuesta del pelinegro la atrajo levemente hacia su cuerpo con el brazo que tenía sobre sus hombros, con mucho cuidado para no lastimarla, para demostrarle su apoyo.
—En realidad no mucho, sólo hemos comentado de nuevo algo de lo que hablamos en la enfermería mientras nos vestíamos. Urano, Mercurio y Júpiter también han jugado al quidditch, Urano cree que como guardián, Mercurio y Júpiter recuerdan algunas prácticas como golpeadores, mientras que yo estoy seguro que mi posición es buscador y creo que la de Venus es cazadora. Neptuno parece saber bastante de herbología. Mercurio y Júpiter son muy buenos en experimentación con pociones y hechizos novedosos, principalmente recuerdan bromas. Leto es la prometida de Neptuno, Electra es la de Mercurio, Gea es la de Urano, tú eres la de Júpiter y Venus es la mía.
»Recordamos de ese grupo al que nos enfrentamos que vestían de negro y usaban máscaras blancas. Coincidimos en que las heridas recientes que tenemos se deben a esos sujetos enmascarados, pero nada más. Creo que en el momento en que Gea, Urano y yo tengamos un poco más de seguridad con nuestra ceguera podríamos practicar los hechizos básicos de defensa que conocemos. Tal vez eso nos ayude a recordar.
—¡Pero es que se han vuelto locos los dos! —estalló Hermione sin poder contenerse. Esto hizo sobresaltarse a todos menos a Angela y a Harry, que contaban con su reacción.
—Cálmate Gea. —le pidió Harry, en el tono que siempre usaba con ella para calmarla cuando planeaba algo por lo que seguramente se meterían en problemas.
—¿Cómo quieres que me calme con lo que ustedes dos les han dicho? —le preguntó Hermione a su amigo con tono de regaño.
—Sé que no estabas de acuerdo, Gea, pero el profesor Dumbledore confía en ellos mucho. Por eso nos trajo aquí. —le respondió Angela.
—Sí, pero… —intentó la castaña refutarle.
—Además no hemos podido recordar nada más —la interrumpió Harry—. Necesitamos ayuda para armar nuestro rompecabezas.
—Pero Marte… —insistió Hermione en querer hacerles ver que eso sólo les traería problemas.
—Podríamos practicar con ellos patronus corpóreos y otros hechizos de defensa —la interrumpió de nuevo Harry, sabiendo que con eso y lo siguiente que diría comprendería sus intenciones—. El profesor Dumbledore dijo ayer en la mañana que algunos de ellos estuvieron peleando en un ataque. Tal vez puedan averiguar quién nos hizo esto, o al menos ayudarnos a recordar practicando con nosotros.
—Marte, no creo que sea buena idea. —replicó derrotada Hermione. Comprendía por fin lo que sus dos impulsivos amigos tenían en mente, demasiado tarde para detenerlos.
Neville, Luna, Jessica, Fred y Ron comprendieron al fin, denegando al igual que la castaña los cuatro últimos. Pensaban que era demasiado arriesgado. Ginny tomó con cuidado las manos de su novio entre las suyas, no muy de acuerdo con él pero dispuesta a apoyarlo, aunque también a contenerlo para que no se excediese. Sonrió mientras denegaba levemente al ver su sonrisa de triunfo.
George, que lo había sospechado al ir hablando su novia, sonrió. Habían sido muy hábiles al ayudarse de las previsibles reacciones de la castaña. Definitivamente los dos pelinegros eran rápidos y listos, aún más que él y su gemelo. Suspiró levemente. Sabía que aquello sería muy complicado, pero los apoyaría.
Lily, Jennifer, Angelica, Alice, Frank, Sirius, Remus y James los miraban atónitos. Habían oído todo lo dicho y visto sus diferentes reacciones en silencio. Los ocho pensaban que, o eran muy buenos para mentir, o les acababan de decir toda la verdad a ellos.
—Voy a llamar a Albus. —dijo decidido James después de unos minutos.
Hermione dejó escapar un leve quejido. Jessica, Luna, Neville, Ron y Fred se removieron inquietos, Ginny y George suspiraron, Angela y Harry tragaron saliva y asintieron.
Cuando llegó el director, asustado por el mensaje recibido de James por medio de Fawkes en que le pedía que fuese a su casa con carácter urgente por un asunto relacionado con sus huéspedes, los encontró a los dieciocho reunidos en la biblioteca tomando té en silencio. Frunció el ceño al ver a los Longbottom allí, mirando inmediatamente a James molesto creyendo que había cometido una nueva indiscreción.
Lily notó aquello y empezó a relatar lo ocurrido desde que ella había llegado allí del Ministerio hasta que Alice y Frank entraron a la biblioteca. En ese punto se detuvo y miró a los chicos en silencio. Ginny palmeó levemente en la pierna a su novio y Harry le repitió al director todo lo dicho por Angela y él, explicándole que Hermione y sus otros compañeros no estaban al tanto que ellos dos les contarían todo lo que habían recordado y por eso la castaña se había exaltado.
—… Habíamos acordado que, en cuanto nos recuperásemos lo suficiente para movilizarnos con un mínimo margen de seguridad, nos iríamos del lugar al que usted nos llevaría. Pero después de lo dicho por usted ayer en la mañana y lo ocurrido aquí, cuando les dijimos sobre los sitios que tenemos para quedarnos cuando debamos irnos de esta casa… Diana y yo pensamos similar. Es mejor para nosotros confiar en sus amigos, profesor, pedirles que nos ayuden y tal vez ayudarlos a practicar un poco con hechizos que nosotros manejamos bien y, según lo que usted nos dijo, ellos no.
—¿Y se puede saber cuáles son esos hechizos, Marte? —preguntó molesto Sirius, herido en su orgullo.
Harry contuvo con dificultad la sonrisa que afloraba a sus labios, sacó su varita del cinto, se levantó con cuidado y giró sobre si mismo.
—¿Tengo espacio suficiente, Venus? —le preguntó a su novia, pues no estaba seguro que la biblioteca tuviese la distribución que él conocía.
—Sí, Marte. Aproximadamente dos metros de espacio vacío antes de la estantería. —le respondió Ginny, sonriente al oírlo animado.
Hermione gruñó en voz baja, pues no estaba de acuerdo con aquello.
—¡Expecto Patronum! —convocó fuerte y claro, formándose casi de inmediato un ciervo plateado de gran cornamenta, totalmente corpóreo, que de inmediato se inclinó frente a Harry, dio una vuelta alrededor de todo el grupo, se acercó a los padres de Harry, les hizo una reverencia y desapareció en una voluta de humo.
Nueve pares de ojos observaron aquello, atónitos, mientras en las manos de ocho de ellos se encontraban sus varitas apuntando con poca decisión a los chicos.
Los tres Merodeadores se habían lanzado miradas disimuladas entre ellos, con sus esposas y amigos al ver el patronus del chico, idéntico a la forma animaga de James. Cuando el patronus se detuvo frente a Lily y James, haciéndoles una reverencia antes de desaparecer, James perdió el color de su rostro mientras las esmeraldas de Lily se abrían enormes. Sirius, Remus, Angelica y Jennifer se petrificaron ante esto. Alice y Frank se miraron de reojo y tragaron saliva.
El director vio sorprendido el patronus corpóreo que había convocado el joven, reteniendo el aliento cuando vio su gesto frente a Lily y James.
—Ese es uno de ellos, Sirius —le respondió Harry girándose lentamente de nuevo hacia el grupo, con su varita apuntando al piso—. Por ahora, mientras Diana termina de enseñarnos a desenvolvernos bien sin ver o recuperamos la vista, el único que me atrevería a practicar directamente con ustedes. Los otros podemos mostrárselos practicando entre nosotros.
—¡¿Estás loco?! —lo cuestionó Jennifer—. Podrían lastimarse entre ustedes.
—No. Diana, Leto, Electra, Neptuno, Mercurio, Júpiter y yo lo impediríamos. —le respondió muy segura Ginny, apoyando a Angela y Harry en lo que habían decidido hacer.
—¡Pero Diana tampoco puede ver! —estalló Angelica, que pensaba que los chicos estaban mal de la cabeza por lo que les había ocurrido. Apuntó su varita hacia ellos para quitarles las suyas antes que hicieran una locura—. ¡Accio var…!
—¡Protego varitas! —defendió instintivamente Hermione.
—¡Tarantallegra! —atacó Harry a su amiga castaña.
—¡Protego Gea! —la protegió Angela.
Los diez chicos habían sacado sus varitas con mucha velocidad, poniéndose cuatro de los que podían ver y Harry en posición de ataque, mientras los otros cinco se ponían en posición de defensa. Bajando un par de minutos después los diez las varitas y guardándolas en los cintos de cuero que llevaban en las cinturas.
—¿Diana? —preguntó preocupado Harry.
—Sólo levemente mareada —le respondió sonriente mientras se sentaba ayudada por George, que la miraba preocupado y se sentó junto a ella—. Estoy segura que a partir de mañana podré hacer algunos más sin que me afecten demasiado. Tal vez en unos días los más complejos.
—Eso no ocurrirá porque ustedes no harán algo como esto de nuevo hasta no estar restablecidos —los regañó el director con voz firme—. Y para estar totalmente seguro que me obedecerán le entregarán sus varitas a James en este momento.
—Pero… —intentó contradecirlo Harry.
—Ahora mismo. —lo interrumpió el director, con tal firmeza que sus ocho alumnos ya graduados lo miraron con respeto y tragaron saliva mientras que los diez chicos bajaron la cabeza, sentándose Ginny, Hermione, Luna, Jessica, Neville, Ron y Fred.
—Sólo queremos ayudarlos —replicó Harry dolido, con voz triste y un poco baja—. Nos preocupa lo que nos dijo ayer en la mañana sobre los dementores atacando a la señora Potter. Desde hace dos días nos han estado ayudando a pesar de lo irregular de nuestra situación y la guerra en que ustedes nos han insistido estamos inmersos. Por eso nos atrevimos Diana y yo a revelarles todo lo que sabemos sin consultarlo previamente con nuestros compañeros. Nos preocupa que ella participe en ataques estando embarazada y no pueda defenderse apropiadamente.
El director se preparó para el estallido de la pelirroja, que no tardó en llegar.
—¡¿Qué les dijiste Albus?! No soy una niña indefensa. Pude ser una auror si no hubiese preferido mi trabajo. ¡El hecho que esté embarazada no me convierte en una inútil! ¡¿Cómo se suponía que nos defendiéramos con eficacia de los casi cincuenta dementores que nos atacaron?!
—No la consideramos una inútil, Lily —aclaró casi con voz de súplica Harry, que no había querido hacerla enojar—. Por favor no malinterprete mis palabras. No sabíamos que estaban presentes tantos dementores, aunque lo sospechábamos. Sólo nos hemos preocupado por su salud como usted ha hecho por la nuestra y queremos colaborar con lo poco o mucho que podamos.
Lily lo miró con el ceño fruncido pero sin rastro de molestia.
—Les agradezco su preocupación, chicos, pero estoy bien. El director tiene razón en que no deben hacer nada como lo que han hecho hace unos minutos hasta estar restablecidos.
James, el director y las tres parejas de amigos de los Potter la miraban incrédulos. Jamás la habían visto calmarse tan rápido.
Al ver a Harry bajar la cabeza y sentarse callado Ginny sintió que se le rompía el corazón de tristeza.
—¿No podríamos practicar con ustedes sólo unos pocos minutos cada día? —les preguntó con su estado de ánimo reflejándose en su voz.
—Nos podría ayudar a nosotros también. —opinó Neville, que tenía el mismo estado anímico de su amigo.
—Somos los más interesados en recuperarnos —afirmó Luna con voz también triste, pues había visto al castaño emocionarse con la idea de sus amigos y decaer con lo dicho por el director y Lily—. Estoy segura que Marte tiene razón en que el practicar con ustedes algunos hechizos de defensa beneficiaría nuestras memorias, aunque tal vez a ustedes no les sea de ayuda el practicar con nosotros.
—Si sólo practicamos un poco no nos haría recaer y nos beneficiaría tanto con nuestras memorias como con nuestros músculos. —los apoyó Jessica.
—Por favor. Sólo practicaríamos con ustedes lo que nos permitiesen mientras nos recuperamos. —suplicó Angela.
—¿Todos saben hacer patronus? —preguntó Frank con interés.
Las bocas de los diez chicos mostraron sonrisas, poniéndose de pie los diez, tomando sus varitas en sus manos.
—Sí. ¿Estarían de acuerdo con que los conjurásemos? —preguntó Harry animado pero deseoso de no generar otro conflicto.
—Sí. —contestaron a coro Angelica, James, Sirius y Frank.
—No. —contestaron a coro Lily, Alice, Jennifer y Remus.
Los cuatro primeros miraron a los otros cuatro con molestia, girándose en seguida los ocho a mirar interrogantes al director que había permanecido en silencio, mirando pensativo a los diez chicos que esperaban callados y confusos.
—Estoy de acuerdo con que convoquen sus protectores. —afirmó él firme, con su rostro muy serio.
Los diez chicos se giraron.
—Hay suficiente espacio —se adelantó George a la pregunta de los cuatro que no veían—, pero debemos ser muy precisos —Miró a sus compañeros y asintió—. Estamos bien alineados. Justo hacia el frente de cada uno de ustedes.
Harry, Hermione, Ron y Angela asintieron.
Los diez subieron sus varitas de forma sincronizada.
—¡Expecto Patronum! —convocaron a coro, apareciendo una pantera, un zorro, un oso polar, un oso, un fénix, un ciervo, una nutria, una comadreja, un águila y un tigre, todos plateados, corpóreos e inquietos.
Avanzaron hacia quienes los convocaron se inclinaron y luego se movieron alrededor de toda la sala con movimientos sincronizados, cubriendo totalmente al grupo de diecinueve personas, habiendo saludado respetuosamente a los nueve que los miraban totalmente asombrados. Seis de los chicos los veían orgullosos y los otros cuatro esperaban atentos a cualquier sonido a su alrededor.
Diez minutos después los diez protectores volvían frente a quienes los habían convocado, les transmitían un mensaje mentalmente y desaparecían en volutas de humo al dejar ellos de mantener el hechizo, guardando las varitas en los cinturones en seguida. Los diez chicos estaban frente a los nueve espectadores que los miraban aún sorprendidos. En ese momento oyeron unos golpecitos en la puerta.
—Adelante. —dijo James intranquilo, relacionando aquello con la desaparición de los patronus pero sin estar muy seguro.
—Señora, la comida está lista. ¿Sirven Dotty, Idun, Wykers y Tyr ya? —le preguntó Tyr a Lily, un poco nervioso al notar que quince pares de ojos lo miraban fijamente.
Los Potter miraron interrogantes al director, asintiendo al verlo denegar.
—Aún no, Tyr. Yo les avisaré cuando vayamos a comer. —le respondió Lily en tono amable para tranquilizarlo.
—Sella con Idun el acceso a la casa —le ordenó serio James, bastante nervioso por todo lo que estaba ocurriendo—. No quiero que nadie llegue sin mi autorización, ni siquiera nuestros otros amigos. Luego esperen los cuatro por nosotros en la cocina.
—Sí señor. —respondió el elfo con su vocecita chillona, saliendo rápidamente de allí a cumplir sus órdenes.
—Vamos a sentarnos y terminar de hablar algunas cosas —ordenó el profesor Dumbledore muy serio, obedeciéndole en seguida los otros dieciocho—. Quiero saber porqué ustedes quisieron que Alice y Frank Longbottom supiesen sobre ustedes y porqué no me hablaron de lo que recordaba la señorita Diana sobre su ceguera previa, sobre el que jugasen algunos quidditch, sus gustos, el que en su grupo existan cinco parejas, pues sólo mencionaron el noviazgo más no compromiso de Diana con Júpiter, la facilidad que tienen los diez para manejarse con hechizos de Defensa y, especialmente, porqué no me hablaron sobre los hombres de capas y máscaras en mi despacho antes de venir aquí.
Los diez chicos tragaron saliva.
—Porque pensábamos permanecer en silencio y aislados mientras nos recuperásemos lo suficiente para desenvolvernos solos —le respondió Harry con sinceridad—. En ese momento nos iríamos de aquí a uno de los lugares que les dijimos ayer y permaneceríamos allí hasta que pudiésemos conseguir la forma de volver al lugar y tiempo del que provenimos.
—¿Y cuál es ese lugar y tiempo? —preguntó James serio.
—Eso no lo sabemos aún. —respondió Harry con tono sereno, forzándose a mantenerlo así para no tensar a sus acompañantes mientras respondía en nombre de su grupo.
—¿A dónde piensan irse? —preguntó Frank.
—A los lugares que ya les he mencionado al director y sus amigos: un bosque o un punto del Snowdon, que son los dos sitios que recordamos.
—¿Con quién o quiénes? —preguntó Sirius con tono de saber algo. Él pensaba que los chicos habían viajado desde un futuro, como había dicho Albus, pero acompañados de mortífagos que llegarían a otro lugar. Así se los había hecho saber a sus cinco compañeros en el secreto de los diez chicos hasta una hora atrás, aunque no lograba ajustar en su teoría lo de los hechizos y los escudos que había mencionado el director.
—Con nadie —le respondió Harry confuso, sin entender a qué venía esa pregunta en ese tono—. No podemos permitirnos el contacto con nadie. Mucho menos después que el profesor Dumbledore nos dijo en que fecha estamos. Iríamos a un sitio descampado.
—¿En sus condiciones? —preguntó Alice preocupada.
—Diana nos dijo que nos podía enseñar a Gea, a Urano y a mí a desenvolvernos con suficiente seguridad. Mientras tanto Electra, Leto, Venus, Neptuno, Mercurio y Júpiter cuidarían de nosotros tres y nos protegerían a los diez.
—¿Por qué aceptaron el venir aquí si ya tenían ese plan? —preguntó Frank, desconfiando de nuevo.
—Porque confiamos en el criterio del profesor Dumbledore y… —Suspiró—. Después que nos dijo la fecha no estamos seguros si sería buena idea ir allí sin que nosotros tres nos desenvolviésemos medianamente bien sin ver.
—Por eso empezaron hoy mismo a practicar como movilizarse sin poder ver. —afirmó Angelica comprendiendo.
—Sí. Por esa razón. —le respondió Harry con sinceridad.
—Pero dijiste que Diana y tú habían decidido confiar en nosotros e incluso practicar algunos hechizos de defensa. —intervino Jennifer, mirándolos preocupada.
—Sí. Pero eso no lo habíamos consultado entre nosotros —se detuvo al oír a Hermione hacer un ruido de inconformidad—. Nos estábamos desenvolviendo según lo que habíamos acordado.
—¿Por qué decidieron ustedes dos contarnos todo y cambiar sus planes sin consultarles a sus compañeros? —preguntó Lily.
—Porque son un par de impulsivos. —se le escapó a Hermione que estaba muy enojada con los dos.
—Porque yo quise incluir en nuestro secreto a los señores Alice y Frank Longbottom al llegar ellos. —la contradijo Neville.
—¿Y eso a qué se debió, Neptuno? —preguntó Alice, que se había estado cuestionando eso desde que escuchó el relato de Lily.
—Como ya les dijeron Marte y Diana, sus seis amigos confían totalmente en ustedes, de manera unánime, por eso quisimos hacerlo nosotros también. —respondió Luna, que vio a su novio quedarse en blanco mirando a su mamá.
—Pero no quisieron que se enterase Peter Pettigrew. —cuestionó el director.
—Angelica no parece confiar en él. No existe unanimidad de criterios en su grupo respecto a él. —replicó Ron, que no deseaba por ningún motivo tener que verse con quien fingió ser su mascota tantos años a menos que fuese inevitable hacerlo.
—¿Recuerdan algún otro dato que nos permita ayudarlos a contactar un familiar de alguno de ustedes? —preguntó Remus.
—No. Nosotros… Sé que esto les va a parecer una locura, pero creemos que provenimos de algún punto de su futuro. —les dijo Harry.
—No Marte. —intentó detenerlo Hermione.
—Es la única explicación para que reconozcamos a Madam Pomfrey, al profesor Dumbledore y… a algunos de ustedes, pero no se de la situación inversa. —explicó Harry fingiendo estar pensativo, encogiéndose seguidamente de hombros.
—¿Qué quieres decir con que nos reconocen a algunos de nosotros? —preguntó Sirius, mirando de reojo a Angelica, Jennifer, Lily, Remus y James recordando lo comentado la noche del sábado.
—No estamos seguros. Como no lo estamos con la enfermera o el director. —intervino Angela con la voz un poco apagada.
Llevó su mano derecha vendada hacia la zona de sus ojos. Al dolor de las quemaduras y una molestia creciente en la zona de sus ojos se le estaba sumando el dolor de cabeza que le producía la situación con Hermione, que era la única del grupo que se negaba a esas alturas a apoyarlos a Harry, a Neville y a ella.
—¿Qué tienes, Diana? —le preguntó George preocupado.
—Me molesta un poco el vendaje en los ojos. —le respondió en el mismo tono.
—Sería mejor que fueses al cuarto con Electra para que te lo revisase —les dijo Harry preocupado por su hermanita, pues sabía que tenía que sentirse muy mal para haberse quejado.
—¿Por qué no Jennifer aquí y ahora mismo? —preguntó Alice, mirándola preocupada—. Ella está estudiando para medimaga y estoy segura que es mejor que lo haga ella que la joven. Podría ser algo serio.
—Además si se quitan los vendajes y vemos sus rostros tal vez James, Sirius, mi esposa y yo podamos averiguar quiénes son —dijo Frank mirándolos muy serio—. Somos aurores. Podríamos conseguir a sus familias y una explicación a lo que les ocurrió. O conseguir más información si su teoría es correcta con ayuda de Lily. O averiguar si nos han mentido y son mortífagos novatos enviados por Voldemort para investigar las defensas de Hogwarts.
Los diez chicos contuvieron la respiración un momento, bajaron la cabeza y se removieron inquietos. Su argumentación era muy buena. Era lógico que no confiasen en ellos, su historia tenía agujeros enormes. Si a eso le sumaban el haber descrito Harry a mortífagos… La pregunta de Sirius empezó a darles vueltas en la cabeza, sumada ahora a lo dicho por Frank Longbottom…
—Nosotros no estamos de acuerdo con mostrarles nuestros rostros a nadie, señor Longbottom —replicó Hermione con voz firme antes que Angela, Harry, Jessica o Neville se viesen tentados a acceder—. No sabemos quién nos atacó y pensamos que el indagar sobre nosotros podría alertar a los que lo hayan hecho. Además, perdone usted, pero si somos de su futuro y llega a existir la posibilidad de encontrarnos con parientes o con nosotros mismos, produciríamos daños terribles según recuerdo que el profesor Dumbledore me advirtió una vez, por una pregunta que le hice sobre un giratiempo y clases con el mismo horario.
El director, los Potter, los Black, los Lupin y los Longbottom, se quedaron mirándola con las cejas enarcadas. Era evidente por su tono que, más que responderle al auror, había regañado a sus compañeros para frenarlos y que no se excediesen.
Además el conocimiento sobre los giratiempos no era materia del colegio. Sólo los que estudiaban en la Academia de Aurores sabían de ellos. El profesor Dumbledore denegó a la pregunta muda de los ocho que habían sido sus alumnos. Hasta ahora jamás había hecho aquello con ningún estudiante.
—Madam Pomfrey les ubicó los vendajes anoche para que Electra, Jennifer y yo les podamos revisar y cambiar el de los ojos sin tocar el de sus rostros —aclaró Ginny mientras Jessica y ella se acercaban a Angela y sacaban sus varitas para examinarla, preocupadas—, para poder aplicarles con más frecuencia la poción en los ojos.
—Por eso dijo que a partir de hoy sería distinto el tratamiento, después de explicarnos como hacerles las curas en sus ojos y en las quemaduras en caso de ella no poder venir. —completó Jessica.
—Entiendo. —asintió Hermione, comprendiendo lo ocurrido la noche antes poco antes de quedarse dormida.
Ginny le quitó los vendajes de los ojos a Angela con cuidado, bajo la supervisión de Jennifer que se ubicó junto a ellas en la silla que rápidamente le cedió George. El pelirrojo miraba muy preocupado a su novia. Al retirar los más cercanos a los párpados Angela no pudo contener una exclamación de dolor.
—¿Cuándo lloraste y por qué no nos dijiste que te cambiáramos los vendajes de inmediato? —la regañó Ginny.
—Dani. —susurró Angela.
Jessica bajó la cabeza y denegó.
—¡Rayos Diana! Eso fue antes de venir aquí. El ácido de tus lágrimas te ha producido una seria irritación en tus quemaduras —la siguió regañando Ginny, con una mezcla de enojo y preocupación—. Te lo había advertido.
—Lo siento. —musitó Angela.
—No la sigas regañando, Venus. —la cortó Jennifer al ver a Ginny abrir la boca, mientras denegaba acariciándole la cabeza a Angela. Estaba muy preocupada por el dolor que debería estar sintiendo la chica, ya que debido a su problema no le habían podido dar ningún calmante.
—¡Accio maletín medimagia! —convocaron simultáneamente Ginny, Jessica y Jennifer, mirándose sorprendidas en seguida por la coincidencia.
Angelica abrió rápidamente la puerta de la biblioteca con su varita, justo a tiempo para evitar que un maletín del tamaño de una carpeta y otros dos un poco más pequeños la rompiesen al atravesarla.
—Perdona que te regañara, Diana —le dijo con tono cariñoso Ginny—. Sabes que me preocupa tu situación y me desespera que no nos pidas ayuda.
—Lo sé, Venus. Disculpa que no les dijese antes.
Ginny suspiró, le acarició con cariño la cabeza y la dejó con Jennifer, que la curaba con mucha delicadeza.
—Tranquila, todo estará bien —le susurró Jessica y le acarició con cariño el vendaje sobre la mejilla, luego se fue con su maletín hacia Hermione.
Jennifer, Angelica, Lily, Alice, Remus, Sirius, James y Frank miraron con nerviosismo las quemaduras de sus párpados, lanzándose miradas entre ellos al ver los ojos verdes claros abiertos de Angela cuando la primera le echaba las gotas de la poción. Tragaron saliva al ver como cambiaban a un gris igual al de Sirius, pensando que sólo habían visto algo similar ocurrir con los de Angelica.
Ginny se situó frente a Ron, quitándole con su varita los vendajes de sus ojos. Le echó dos gotas en cada uno de la poción color azul claro y lo volvió a vendar.
Jessica realizó la misma operación con Hermione, que se notaba muy nerviosa. Cuando terminó con ella vio a Ginny junto a Harry, examinando y curando sus ojos, y a su mamá de pie junto a su prima y su cuñado. Se dirigió de nuevo a sentarse junto a su prometido.
Cuando Ginny se ubicó frente a Harry, se acercó con mucho cuidado a él y le rozó los labios con los suyos. Un delicado beso de apoyo intentando no lastimarlo. Luego procedió a quitarle los vendajes.
Se oyeron las exclamaciones de sorpresa de Alice, Lily, Angelica, Jennifer, Frank, Sirius, Remus y James cuando Harry abrió los ojos para que su novia le echase las gotas, mostrando dos esmeraldas idénticas a las de Lily, que luego cerró y la novia lo vendó. Los diez chicos habían tragado saliva al oírlos, bastante intranquilos, denegando Hermione, tensándose Neville, respirando un poco irregular Angela, haciendo gestos de frustración Harry que bajó la cabeza después que su novia lo vendase.
Jennifer se agachó de nuevo junto a Angela al oírla respirar mal, preocupada por ella. Le tomó las manos con cuidado y le dijo en voz baja que se tranquilizase, que los diez estarían bien, apoyando las palabras del pelirrojo junto a la chica.
—Electra. —la llamó preocupado George.
—Diana está respirando muy mal. ¿Dónde tienen de la poción color verde grama que prescribió para estos casos Madam Pomfrey en sus indicaciones? —les preguntó Jennifer a Jessica y Ginny, preocupada al notar que la chica asentía a sus palabras e intentaba calmarse pero su respiración no se regularizaba.
Jessica sacó rápidamente de su maletín un vaso de la poción para los pulmones de Angela y corrió a su lado, dándosela a beber con cuidado, en la medida que su respiración lo permitía. Se quedó mirándola con un poco de ansiedad hasta que la vio respirar más tranquila.
—Ya estoy bien —afirmó Angela al calmarse el dolor en su pecho y lograr estabilizar su ritmo respiratorio—. Gracias Electra. Gracias Júpiter. Gracias Jennifer.
—¿Segura? —le preguntó la última preocupada, calmándose un poco al verla asentir y sonreír—. Has sido muy rápida y segura al actuar, Electra. Si estudias para medimaga cuando te gradúes en el colegio serás muy buena.
Jessica sonrió feliz y asintió.
—Gracias Jennifer. —logró decirle.
Ginny suspiró al comprender que la sonrisa de Angela se debía al cariño y la preocupación que Jennifer había demostrado por ella, sin saber que era su tía. Vio la sonrisa radiante en los ojos y la boca de Jessica por lo dicho por Jennifer y suspiró de nuevo. Hermione tenía razón en algo, aquello se les podía ir de las manos con Jessica, Angela, Neville y Harry teniendo la oportunidad de compartir con sus padres y tíos, vivos, sanos y relativamente felices. Luna, Hermione, sus hermanos y ella tendrían que evitar que cometiesen algún error con graves consecuencias.
—¿Quiénes son ustedes y qué relación tienen con nosotros? —preguntó Frank, mirando inquieto a Harry y a sus amigos los Potter.
—No lo sabemos, señor —le respondió con paciencia Harry, decidido a delimitar qué les dirían y a quiénes—. Neptuno nos comentó esta mañana a Urano y a mí el parecido extraño que tienen mis ojos con los de Lily, además del que ya habíamos notado con la voz de James. Mercurio y Júpiter lo confirmaron. Electra, Venus y Leto nos lo ratificaron esta mañana, cuando nos reunimos para comenzar a practicar.
Se detuvo un momento. Aquello lo hicieron para cubrirse las espaldas, si Jennifer insistía en ser quien los curase, y justo ahora respiraba aliviado por ello.
—Como ya les dije tenemos la sensación de conocerlos, pero no la certeza. Hace un rato, cuando entró usted con su esposa, Venus me susurró que ustedes también se le hacían conocidos. Gea dijo en voz baja que no dijésemos nada hasta hablarlo entre nosotros.
»Confiamos en ustedes nueve, pero… —empezó a reflejar desesperación en su voz—. Es para nosotros muy difícil nuestra posición. El no saber quiénes somos, qué nos pasó y cómo llegamos junto al profesor Dumbledore y Madam Pomfrey, es para nosotros más angustiante que nuestra ceguera. Necesitamos que más nadie sepa de nuestra llegada hasta que… Tienes razón, Gea. No debimos venir. —finalizó con un tono de voz lleno de frustración, cabizbajo, denegando.
Deseaba de todo corazón que le creyesen para poder permanecer junto a ellos, pero de no ser así tendrían que irse de inmediato. Si se quedaban tenían que encerrarse en su supuesta pérdida de memoria hasta que consiguiesen salir de esa época o se fuesen finalmente de esa casa a uno de los lugares que tenían pensados.
—Calma chicos —les dijo James preocupado al verlos tan nerviosos—. Como les dije anoche sólo sabremos de ustedes nosotros. Si Alice y Frank están aquí es porque así lo aceptaron basándose en nuestra confianza hacia ellos.
—Haremos lo posible por ayudarles a averiguar quiénes son, qué les pasó y ayudarlos a volver con sus familias, siempre y cuando no los hayan maltratado en el pasado. —les dijo muy serio Sirius mirando a la chica del problema en los pulmones, mientras el chico que se hacía llamar Júpiter le acariciaba la cabeza.
—En cuanto a practicar hechizos con nosotros para ayudarnos e intentar recordar, lo haremos en cuanto estén un poco más recuperados de su salud. —agregó Lily en un tono suave, conciliador.
—Me gustaría que me permitiesen a mí el seguirles curando los ojos, los brazos y las manos, vigilando además el tratamiento, mientras Electra y Venus les atienden las quemaduras de sus rostros en sus cuartos. —les propuso Jennifer, sonriendo con alegría al ver a los diez asentir de inmediato.
—Lamento la desconfianza que les demostré hasta ahora —se disculpó con sinceridad Frank—. Su situación tan extraña, estando envueltos en una guerra, con Alice y Lily embarazadas… Me pongo alerta con cualquier desconocido que se les acerque.
—No se preocupe, señor Longbottom, lo entendemos. —le aseguró Harry, más tranquilo.
—Díganme sólo Frank. Veremos qué logramos averiguar para ayudarlos.
—Gracias Frank y… Felicitaciones a Lily, la señora Alice, James y usted por los bebés que vienen en camino. —respondió Harry más animado.
—Díganme sólo Alice, soy de la misma edad de Lily —les dijo con una sonrisa bonachona que hizo brillar de alegría y nostalgia los ojos de Neville—. Gracias por tus palabras. Sólo espero que no intenten sobre-protegernos a nosotras dos como han estado haciendo ellos cuatro.
James, Frank, Sirius y Remus rodaron los ojos, mientras Lily asentía, Jennifer y Angelica suspiraban y el director sonreía.
—No lo permitiría Venus. Odia que sobre-protejan a las mujeres. —replicó Harry, quejándose un segundo después al recibir un codazo en su costado.
—Ya te he dicho que nosotras sabemos cuidarnos incluso mejor que ustedes. —lo riñó enojada Ginny, bajando la cabeza avergonzada al oír la risa fresca de James burlándose de Harry.
—Vamos a almorzar. —indicó éste, esforzándose por recobrar la compostura al ver las esmeraldas de su esposa brillar con fiereza.
—Yo debo volver al colegio —informó el director poniéndose en pie—. Jennifer, ve al colegio más tarde para que hables con Madam Pomfrey sobre el tratamiento de los chicos. Alice, James, Sirius, Frank, sé que no es necesario pero aún así siento que debo decirlo, tengan mucho cuidado de no dejar filtrar datos de los chicos mientras investigan, ni siquiera con sus amigos. Angelica y Remus, necesito hablar con ustedes sobre una lechuza que me envió Alastor —No pudo evitar sonreír al ver la cara de fastidio de su hija rebelde y de resignación del Merodeador—. Los espero a final de tarde en mi oficina. Lily, Alice quiero que hablemos sobre su participación en los ataques, con los dementores presentándose y…
—¡Estaremos bien! —lo interrumpió Lily enfadada—. Perdón. —se disculpó avergonzada al darse cuenta que era al líder de La Orden del Fénix y no a su esposo y amigos a quien había interrumpido en esta oportunidad.
—… y las espero a las dos a las cuatro de la tarde en mi oficina para que hablemos. —terminó Albus con tono de regaño.
—Sí señor. —le respondieron las dos cabizbajas, mirando Alice de reojo a Lily que estaba roja como un tomate.
—Ustedes descansen y tomen sus pociones para que se recuperen —les dijo muy serio a los chicos—. James y yo nos hemos hecho responsables de los diez y me aseguraré que harán lo necesario para mejorar. ¿Está claro?
—Sí señor. —respondieron los chicos muy formales y un poco nerviosos.
Los ojos azules tras las gafas de media luna brillaron un instante, pero su rostro permaneció sereno. Se despidió de todos y salió de la biblioteca rumbo a la chimenea de la sala, pues era la que tenían habilitada los Potter en la red flú.
—¿Qué le dijiste, James?
—¿Esa reunión es cosa tuya, Frank?
Se revolvieron contra sus esposos Lily y Alice, apenas escucharon a través de la puerta abierta que el director viajaba a través de la chimenea en la sala que quedaba en frente a su despacho en el colegio.
—Yo no le dije nada, pelirroja hermosa.
—Jamás hablaría con el profesor para que te regañase, mi sol rubio.
Les respondieron los dos, tan zalameros que las otras dieciséis personas en la habitación estuvieron seguros que mentían.
—¡James Charlus Potter Black eres el peor mentiroso y el hombre más necio que haya conocido en mi vida! —estalló Lily—. Te dije que ya me sentía bien, que no hablaras con él. Pero jamás me escuchas. Si por tu culpa Albus intenta prohibirme el ir a los ataques… —Al notar su intento de apaciguarla comprendió que eso sería lo que ocurriría. Su esposo había acudido a él para que le impidiese el volver a participar. Empezó a gritarle furiosa—. SÍ, ME ESCUCHASTE BIEN, DIJE INTENTA. PORQUE AUNQUE ÉL ME DIGA QUE NO VAYA VOY A IR, ¿ME OYES? NO VOY A PERMITIR QUE ESOS ASESINOS SIGAN CON SUS DESMANES MIENTRAS PUEDA LANZAR HECHIZOS PARA DETENERLOS O AL MENOS INTENTARLO.
Alice se había quedado congelada mirando a su amiga cuando iniciaba la protesta contra su esposo, al igual que todos los demás en la habitación.
—YO TAMBIÉN QUIERO DETENERLOS, PERO NO A COSTA DE TU SALUD Y LA DE NUESTRO HIJO —le gritó James fuera de sí. Revolviéndose nervioso el pelo un segundo después bajó la cabeza y denegó—. Perdóname Lily, no debí gritarte. Si quieres abofetearme hazlo, me lo he ganado. Pero no vayas al próximo ataque, te lo suplico. La angustia de que te pase algo me está carcomiendo.
—¿Y tú cómo crees que me sentiría yo si me quedase aquí esperando a recibir noticias del ataque? —le preguntó Lily aún molesta pero tomándole las manos con las suyas con amor, pues comprendía su sentir.
James la miró a los ojos y suspiró.
—Hablaré con Albus para que suspenda la reunión de hoy con ustedes dos y le pediré a Alastor que practique de nuevo con nosotros. —planteó resignado.
—Te apoyo en lo primero pero lo segundo es mala idea, James —intervino Angelica—. Moody está insoportable.
—Angelica tiene razón, amigo. Desde la navidad está insufrible —la apoyó Remus, dibujándose una media sonrisa en su rostro al ver la cara de asombro de sus amigos al oírlo quejarse del auror—. Lo están presionando mucho en el Ministerio. —lo justificó, ampliándose su sonrisa al ver que las expresiones cambiaban por una de "Ése si es Remus".
—Entonces seguiremos practicando entre nosotros como veníamos haciendo, pero ahora será todos los días. —dijo decidido James.
Hermione y Ron suspiraron. Ginny sonrió pues le era muy fácil imaginarse esa escena entre ella y su novio. Luna, Fred, George y Neville miraron de reojo a su amigo pelinegro con expresión de "Ahora sabemos de quién lo heredó". Jessica y Angela sonrieron con nostalgia y Harry con una mezcla extraña de melancolía, alegría y preocupación.
—Alice, cariño, ¿no existe la más remota posibilidad que te quedes e…? —intentó Frank, cortándose al ver la expresión de su esposa. Suspiró, miró a James y asintió—. Comenzaremos esta misma tarde con los entrenamientos.
Neville miró a sus padres con una mezcla de alegría, preocupación y orgullo.
—Vamos a almorzar. —invitó Lily con una gran sonrisa de triunfo.
Sirius ayudó a Angela mirándola con curiosidad, pues había visto su sonrisa luego de la discusión entre sus amigos. Remus observaba con la misma expresión a Hermione y a Ron, pues los había oído suspirar. Ayudó al chico y le hizo señas a Frank para que ayudase a la chica. James se aproximó a ayudar a Harry, denegando aún por la expresión de victoria de su esposa. Lily caminaba feliz hacia la puerta rumbo al comedor, con Alice a su lado con una expresión similar. Jennifer y Angelica iban tras ellas, conteniendo la risa con dificultad.
Jessica, Ginny, Luna, Neville y Fred avanzaron tras ellas por las señas que les hizo Remus de que se adelantasen. La menuda pelirroja y la rubia se miraban preocupadas porque sospechaban de la impulsividad de su líder. Sabían que algo maquinaría para practicar con su mamá y ahora Neville lo apoyaría, al igual que Angela y Jessica, mientras Hermione se opondría y seguirían los problemas.
Ron que iba pensando lo mismo denegó levemente mientras Remus lo miraba intrigado. Pero al mirar a su amigo James ayudando a quien parecía el líder de ese grupo el joven hombre de ojos miel empezó a sospechar a qué se debía, visto lo ocurrido en esa improvisada reunión.
Jessica caminaba feliz junto a su novio, mirando muy sonriente a su mamá y sus tías, decidida a apoyar de forma más efectiva a su prima y sus amigos desde ese momento.
George había denegado ante la señal de Remus para que se adelantasen, señalándole con una cabezadita a Angela. Contuvo con dificultad una sonrisa al ver la expresión de fastidio de Sirius y el asentimiento de Remus, caminando junto a su joven suegro y su prometida.
Hermione caminaba ayudada por Frank, denegando y murmurando algo en lo que el auror pudo escuchar "No puedo permitir que pierdan el control", mirándola Frank extrañado. Pero enseguida el auror miró al chico que llevaba James y a la chica que llevaba Sirius, frunciendo el ceño pensativo.
—Augusta me ha dicho que el sábado iremos a ver unas ropitas para el bebé en el Callejón Diagon con mamá. —le contaba Alice feliz a sus amigas cuando James entró al comedor con Harry.
—Petunia me ha echado a perder a mí la salida con mamá al centro comercial nuevo de Londres —les comentaba Lily con tono de fastidio—. Pero Jennifer, Angelica, James, Sirius y Remus irán conmigo al Callejón Diagon. Tal vez nos veamos allá.
Los tres Merodeadores se miraron interrogantes, comprendiendo en seguida que les acababan de informar lo que harían ese día. Suspiraron y terminaron de llevar a los chicos hasta las sillas. Su amigo casi sonrió, pero se le congeló la cara al escuchar a su esposa.
—Frank es tan dulce que irá con nosotras. Estoy segura que quiere opinar sobre la ropita de nuestro hijo.
Neville y Harry tuvieron que hacer esfuerzos titánicos para mantener un semblante medianamente tranquilo mientras las escuchaban.
Jessica, Luna, Ginny, Fred y George contuvieron con dificultad la risa, pues habían visto las expresiones de los cuatro esposos ante la conversación de Las Protectoras.
—Compraremos monitos, gorritos, mitones y mantas. —opinó Angelica con aires de saber de lo que hablaba.
—Perdón que me entrometa, pero tengo curiosidad —intervino Angela—. ¿Qué usan los magos en lugar de pañales desechables?
—¿Paña… qué? —preguntó Angelica mirándola interrogante.
—Pañales desechables —repitió Angela, explicándose más al no oír nada a su alrededor—. Los usan los muggles para ponérselos a los bebés hasta que tienen casi un año, cuando los enseñan a ir al baño.
El silencio que siguió a sus palabras fue roto por el movimiento de cuatro sillas que fueron abandonadas por sus comensales para ir hacia el baño a vomitar. Seguidos un minuto después por otros cinco, apoyándose los dos que no veían en los gemelos.
—Que estómagos más delicados los de los chicos —comentó en son de burla Lily—. Menos mal que son el sexo fuerte.
—Será mejor que vayamos a ayudar a Mercurio y Júpiter —opinó Jennifer poniéndose en pie, hablando entre risas—. Se van a lastimar las quemaduras.
—Tienes razón, herman… —estalló en carcajadas Angelica, saliendo tras ella de la cocina.
—¿Qué les pasa? —preguntó confundida Angela.
—Me temo, mi niña, que tu comentario les revolvió el estómago a tus cinco amigos, mi esposo y los tres Merodeadores presentes. —le explicó Alice sonriente, mientras Lily estallaba en carcajadas, seguida de Jessica, Luna y Ginny, que habían estado haciendo esfuerzos por contener la risa, siendo seguidas de Alice y Hermione.
—Lo siento —se disculpó Angela avergonzada—. No fue mi intención molestarles la comida.
—No te preocupes, Diana. Se les pasará enseguida. —le aseguró Alice casi cinco minutos más tarde, cuando se le calmó un poco la risa.
—Además James tendrá que hacerse a la idea —comentó Lily un poco más tranquila mientras se sentaba al lado de Angela con expresión de fingida inocencia, pues había visto a su esposo entrando justo en ese momento seguido de los otros—. No voy a permitir que sólo Idun sea quien me ayude con mi bebé —James palideció de nuevo al oírla—. Ha dicho que es nuestro hijo y por lo tanto me ayudará a cuidarlo en todos los aspectos de su vida.
Alice, que había visto de reojo la reacción de James y a su esposo parado tras él con ganas de burlarse, sonrió malévolamente.
—Estoy segura que Frank querrá ayudarme siempre él a cambiarlo.
James y Frank tuvieron que abrirse paso entre los otros que regresaban a la cocina para ir de nuevo al baño, escuchando en el camino las carcajadas de sus esposas.
—Serán malvadas. —comentó Sirius compadeciendo a sus amigos.
—Nosotras hemos tenido náuseas todas las mañanas durante los últimos dos meses. —le respondió Alice.
—Además lo que dijo Diana no es para ponerse así —afirmó Lily—. Todos pasamos por eso alguna vez y nuestros padres cuidaron de nosotros.
—No me imagino a mis dulces padres en esa labor —le respondió Sirius mientras se sentaba junto a Hermione—. Y no quiero pensar qué elfina o elfo lo hizo ni cómo.
—¿Por qué preguntaste sobre el equivalente de… eso que dijiste, en el mundo de los magos? —le preguntó Remus a Angela, sentado junto a Ron y frente a ella, tanto por darle un giro a la conversación conociendo la antipatía de su amigo por su familia, como porque aquél dato le retumbaba desde que regresando del baño lo captó—. Antes nombraste un orfanato y ahora das a entender que conoces el mundo muggle. ¿Qué recuerdas de eso?
Los ocho amigos de Angela se tensaron y contuvieron la respiración, mientras George se giraba a mirarla muy preocupado.
—Habían tres bebés pequeños, creo que de semanas —le empezó a responder Angela lentamente, pensativa, intentando decidir qué decirles mientras un cúmulo de recuerdos buenos y malos la invadían, después de tensarse al oír el comentario de su papá sobre su familia—. Otro debía tener tres o cuatro meses, no estoy segura. Había una niña de un añito y un niño de dos años, otra niña y unos gemelos de cuatro años —Tragó saliva y un estremecimiento la sacudió. Sintió que George la abrazaba por sus hombros, se concentró en su respiración y siguió—. Un niño de seis años, dos niñas de siete años, otra niña de ocho años, un niño de diez años —Sintió que se le acababan las fuerzas, sacudió la cabeza, hizo un gesto de frustración y siguió—. Una niña y un niño de once años y unos gemelos de doce años. Era un orfanato muggle y… —Denegó y se levantó—. Vuelvo en un minuto.
Salió del comedor pidiéndole a George que la llevase al cuarto, pero él le dijo en voz baja que fuesen mejor a la sala que estaba más cerca y ella accedió. Su respiración era muy irregular, necesitaba rápido aire fresco. Se detuvieron junto a una ventana que el pelirrojo abrió rápidamente con ella abrazada a él.
Remus y Sirius intentaron ir tras ella, pero Fred y Neville los bloquearon poniéndoles frente a ellos a Ron y a Harry que se habían levantado, saliendo rápidamente tras ellos. Luna había retenido a Alice, Jessica a Jennifer y Hermione lo intentaba con Angelica y Lily, mientras Ginny hacía lo posible por ir tras ella pero chocó en el camino con James y Frank que regresaban en ese momento al comedor y vieron pasar a los chicos hacia la sala.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
—Intenta mantenerte serena —le indicó George a Angela con amor, acariciándole la cabeza y la espalda, de pie junto a la ventana que había abierto—. Nadie volverá a lastimarte más nunca y a él tampoco. —le aseguró pensando en lo que Ron y Harry le habían contado en la enfermería de La Casa Flotante meses atrás, en lo vivido el día que los dos niños se despidieron y en lo que Angela le había contado.
Al amanecer de aquél día, antes que entrasen los Merodeadores al cuarto, le habían contado todo a Neville por lo ocurrido con Lily, al igual que habían hecho con Jessica y Luna las chicas en su habitación. Tuvieron que darle poción para los pulmones a Angela, que había llorado mucho abrazada a su prima.
—Lo sé, pero desearía no haber vivido aquello —le respondió ella en tono triste—. Sé que en este momento nos ayuda lo que aprendí con Dani, pero… Yo disfrutaba cuidando de los más pequeños, ¿sabes? Si esa asesina no me hubiese obligado de mala manera igual lo hubiese hecho. Los bebés son indefensos. Ver sus caritas sonreír, oírles intentar hablar, cuando dan sus primeros pasos… Te llena de dicha el corazón.
—Iré por Electra para que te revise los ojos y te busque más poción.
—No Júpiter, quédate conmigo sólo un par de minutos más. Mis ojos están bien, he logrado contenerme. En cuanto a la poción… No sabemos cuando conseguiremos los ingredientes o si los conseguiremos todos, y tampoco cuándo podremos regresar a nuestra época. Tengo que lograr controlarme, pero… Sólo dame un minuto.
—Tienes todo el tiempo que necesites. Respira el aire frío que entra por la ventana y no te preocupes por la poción. Neptuno, Mercurio y yo te conseguiremos los ingredientes apenas nos podamos aparecer. Electra y Venus la prepararán.
—Pero…
—Nada. Tú la necesitas y la tendrás. Ahora no te preocupes por eso e intenta calmarte.
—Gracias mi amor.
Dieciséis personas habían llegado hasta la puerta de la sala y los escuchaban en silencio, atentamente, preocupados.
Jessica, Ginny, Hermione, Luna, Fred, Harry, Ron y Neville avanzaron hacia ellos con cuidado, guiados los tres que no veían por los otros, rodeándolos en un abrazo silencioso cuando llegaron hasta ellos. Permanecieron así los diez en absoluto silencio casi cinco minutos.
—¿De verdad ninguno sabe que usan los magos en lugar de pañales?
—¡Diana! —exclamaron Harry, George, Fred, Neville y Ron, mientras Jessica, Luna, Hermione y Ginny se soltaban a reír.
—Tendré que preguntarle a las elfinas. Ellas seguro me saben decir. —pensó Angela en voz alta, intentando distraerse y distraerlos.
—Pobres Idun y Dotty. Las vas a atormentar con lo de los bebés desde ahora. —bromeó cariñoso Harry.
—Pero si sólo tengo curiosidad —replicó Angela con tono de niña inocente regañada injustamente—. ¿Alguno de ustedes saben que tipo de leche usan de sustituto de la materna si la mamá no está o no puede darle pecho?
—¿Darle qué? —preguntó escandalizado Ron.
—Será mejor que les advierta a Idun y a Dotty sobre ti, Diana. —dijo Hermione con fingida seriedad.
—¿No sabes lo que comen los bebés, Urano? —le preguntó Angela, sinceramente sorprendida.
—Comida, ¿no? —planteó Ron como si fuese obvio, aunque dudando un poco por el planteamiento de su amiga.
—Gea, mejor tomas un curso intensivo con Urano cuando decidan tener hijos, o puede llegar a darles jugo de calabaza recién nacidos en un descuido tuyo. —le recomendó Angela a la castaña después de oírlo.
—¡Diana! —exclamó avergonzada Hermione.
—¿Tú si sabes, Marte? —le preguntó con curiosidad a su hermanito. Nunca habían hablado de ese tema.
—Yo lo que sé es que nos están esperando para almorzar y que si sigues con tus preguntas nos vas a quitar el apetito —dijo con una sonrisa Harry, atrayéndola con cariño hacia él y dándole un beso en la cabeza—. Vamos y no nos hagas más preguntas sobre bebés que definitivamente no sabemos nada.
—Está bien. Después de comer me quedaré a preguntarle a Idun y a Dotty si Lily y James me dan permiso. —afirmó Angela encogiéndose de hombros.
Sus nueve compañeros denegaron con una sonrisa, sabiendo que no dejaría en paz a las elfinas hasta satisfacer su curiosidad. Se giraron y avanzaron hacia la puerta.
Los ocho espectadores los miraban con un nudo en la garganta, notando la unión tan grande que había entre los chicos que entre bromas intentaban distraerse del momento de tensión vivido. Al verlos girarse hacia ellos y avanzar hacia ese punto se les acercaron, James, Sirius, Remus y Frank tomaron con cuidado a Harry, Angela, Ron y Hermione sin decir una palabra. Salieron todos hacia el comedor, donde se sentaron todos a la mesa en silencio.
—Lily, ¿puedo quedarme a hablar con Idun y Dotty después de comer? Quisiera hacerles unas preguntas. —le planteó Angela, que no sabía qué tanto habían oído sus anfitriones de su conversación con los chicos.
—Mejor será que tomes tus pociones y descanses un rato, Diana —le respondió la pelirroja de ojos esmeraldas con dulzura—. Después puedes preguntarles lo que quieras.
—Gracias Lily —le sonrió con sinceridad—. ¿Puedo preguntarles algo a ustedes? —planteó de inmediato. Quería retomar el tema que había quedado planteado por Harry en la biblioteca.
—Diana, déjalos comer. —le dijo Hermione con tono de cansancio.
—No es sobre los bebés. Desde que llegamos nos han dicho que están en guerra, también les hemos oído decir que estuvieron en ataques… ¿Ataques de quién y a quiénes? —preguntó Angela que quería insistir con los entrenamientos y tal vez…
—¿No lo saben? —preguntó Frank extrañado.
—No. Aunque suponemos que tienen que ver con los que nos enfrentamos por lo que nos preguntó el profesor Dumbledore. —respondió Harry, que entendió las intenciones de su hermanita.
—Hay un grupo de magos que cree ciegamente en que sólo los "sangre limpia" tienen derechos, odian a los muggles, a los magos hijos de muggles a quienes llaman "sangre sucia", y a los que no pensamos como ellos llamándonos "traidores a la sangre" —les respondió James en un tono muy serio, después de cinco minutos de tenso silencio—. Se visten con capas negras y ocultan sus rostros tras máscaras blancas. Les gusta divertirse torturando y matando a muggles y a los magos que se les opongan.
—¡Pero los muggles no pueden defenderse! —exclamó Hermione con el tono de voz lleno de dolor y rabia al recordar a sus padres, manteniendo su máscara de supuesta ignorancia y preguntándose a dónde querían llegar Angela y Harry.
—Y muchos magos inexpertos tampoco. —opinó Remus.
—Los dementores que estaban en el ataque del que nos hablaron… ¿Están con ellos o son atraídos por la batalla? —preguntó George, que supuso qué querían su novia y su cuñado.
—Albus cree que Voldemort los tiene de su lado. —le respondió Sirius, mirándolo intrigado. «¿Qué saben estos chicos de dementores? ¿Tendrá esto que ver con los patronus que han conjurado antes?».
—¿Voldemort? —preguntó Neville.
Los cuatro aurores se miraron rápidamente y luego a sus acompañantes. Casi nadie pronunciaba ese nombre desde casi dos años y medio atrás.
—Así se llama el que los lidera. Es por él que estamos en guerra. —le respondió muy serio Frank.
—Es un nombre extraño. ¿Qué estaría pensando la mamá cuando le puso así? —preguntó Angela con fingida curiosidad—. ¿Pasa algo? —preguntó al notar que el brazo de Angelica se detenía a mitad de camino con la comida.
—No creo que ése sea su nombre. Y sinceramente se me hace a veces difícil pensar en que ese asesino tuvo madre.
—Bueno, tuvo que tenerla, no existe otra forma de que esté vivo si es humano. —dijo Angela con estudiada tranquilidad, encogiéndose seguidamente de hombros.
—Aunque sus acciones son repudiables por lo que ustedes dicen. No es muy humano que digamos lo que hace. —opinó Jessica.
—Si los dementores están con él es porque les puede dar lo que quieren. —comentó Fred, decidido a ayudarlos.
—Para asociarse con criaturas tan repulsivas no debe tener sentimientos. —siguió Jessica.
—Yo creo que sí los tiene, pero demasiado enterrados en su corazón —la contradijo Lily pensativa—. Se ha dejado llevar por el odio y sus ideas absurdas.
—No puedo creer que aún pienses que ese monstruo pueda tener sentimientos después de lo que hemos visto, Lily. —replicó enojada Jennifer.
—No lo olvido, no podría. Pero… Estoy segura que los tiene, aunque muy enterrados y casi olvidados.
—Pues yo no pienso escarbar en lo más profundo de su corazón para conseguirlos —intervino Alice con voz dura—. Lo que voy a intentar con todas mis fuerzas es encerrarlo en Azkaban con todos sus seguidores.
—¿Azkaban? —preguntó Luna—. ¿Es un lugar seguro para retenerlos?
—Es la prisión y por ahora lo es. —le respondió Frank intrigado por esa pregunta.
—Cuando atacan los dementores, ¿esos magos que siguen a Voldemort se quedan allí? —preguntó Ginny, siguiéndoles la idea.
—No, claro que no. A ellos también los afectan. —le respondió Sirius como si hubiese dicho una tontería. Mirándola confundido.
—Entonces hay que combatir sólo un frente a la vez. —comentó Ron pensativo.
Hermione tuvo que retenerle la mano a Sirius para que no le metiese comida a la boca, denegando asustada al entender lo que su novio y sus amigos pretendían. Sirius se detuvo y bajó el tenedor, mirándola interrogante. Intentó tranquilizarla acariciándole la cabeza, prestando mucha atención a los otros. El comentario del chico lo preocupaba.
—Hay que entrenar de ellos a quienes quieran nuestra ayuda para tener un buen grupo de patronus contra los dementores. —afirmó Harry decidido.
—Sí. Pero también debemos revisar lo de los hechizos de defensa para defenderse de esos magos —lo apoyó Neville.
—Con lo que me molesta la herida abierta que tengo en la espalda tengo muchas ganas de saludarlos. —comentó con tono de molestia Angela.
—No sé si sean los mismos que te hicieron eso, pero igual se comportan de manera poco agradable. Será bueno hacérselos entender. —los apoyó Jessica.
Hermione dejó caer la cabeza hacia delante en un gesto de abatimiento, la levantó, denegó levemente y suspiró. Sabía que una vez más seguiría a Harry.
—Cuando recuperen la vista, si aún no hemos vuelto a donde pertenecemos, irán ustedes. Pero hasta entonces iremos solamente Electra, Mercurio, Júpiter, Leto, Neptuno y yo. —les dijo muy firme Ginny.
—¿Ir a dónde? —preguntó Remus asustado del rumbo que tenía la conversación de los chicos.
—A las batallas. —respondieron los diez a coro, nueve de ellos animados, una resignada.
—¿Qué? —preguntó alarmado Frank.
—Después de lo que nos han dicho de ese grupo de locos no pretenderán que nos quedemos sin hacer nada. —le respondió muy seguro Harry.
—Olvídenlo —los riñó Remus—. Ustedes son muy jóvenes.
—Como Lily y usted dijeron, sólo nos llevan unos años y ustedes van. —le refutó Ginny.
—Pero son suficientes —le respondió Sirius muy serio—. Cuatro de nosotros somos aurores y los otros cuatro están bien entrenados.
—Nosotros también lo estamos. —le respondió Neville.
—No lo suficiente para enfrentarse a los mort… A esos asesinos. —le refutó Angelica, evitando nombrarlos para no darles pistas, mirándolos con preocupación.
—Eso no es cierto y se los podemos demostrar. —respondió Angela.
—Aún así cuatro de ustedes son menores de edad, y tú eres una de las cuatro. —intentó hacerlos desistir Lily.
—Ya les he dicho que Gea, Neptuno, Urano, Mercurio, Júpiter y yo nos hacemos responsables de ellas —le respondió Harry, agregando con tono resignado—: Además que es imposible detenerlas cuando se deciden a hacer algo.
—Pero ustedes están mal de salud. —les recordó casi desesperada Jennifer.
—Por eso sólo irán ellos cuando recuperen la vista —reafirmó Ginny—. Mientras tanto se limitarán a practicar con nosotros.
—Ustedes están en mi casa, bajo mi responsabilidad y la de Albus. Como les dijo él antes de irse al colegio ustedes se limitarán a tomarse las pociones y recuperarse —les recordó James con tal firmeza que los diez se quedaron callados, bajando la cabeza—. No voy a permitir que cometan ninguna imprudencia que ponga en riesgo sus vidas. No sé quiénes son ni qué educación familiar han recibido hasta ahora para comportarse tan impulsivamente, sin consultar a mayores ni escuchar lo que se les dice por su propio bienestar, pero no consentiré tonterías de su parte. Ahora terminan de comer, se toman sus pociones y se quedan en sus cuartos descansando. No quiero escuchar de ustedes diez ni una palabra más sobre batallas o entrenamientos. Mientras estén bajo mi techo harán lo que yo les diga.
James hacía esfuerzos por mantener la pose seria de jefe de casa que había asumido, cuando en realidad estaba muy asustado por el rumbo que había tomado la conversación de los chicos. Jamás se hubiese imaginado estar en una situación semejante, tener que imponer respeto y autoridad cuando él había sido y seguía siendo un quebrantador de normas por excelencia. Pero le preocupaba mucho que aquellos chicos resultasen heridos de gravedad, pues se sentía responsable de ellos desde que el director se había ido de su casa el sábado en la noche, después de la cena. Aquella situación tan nueva e inesperada para él lo tenía aturdido.
Jessica, Ginny, Luna, Neville, Fred y George dejaron de comer, al igual que Angela, Hermione, Ron y Harry que retiraron las manos de los brazos de sus acompañantes y permanecieron cabizbajos, denegando. Hermione sabía que tenían razón, pero también que para Harry el oír a su padre regañarlo de esa manera había sido demasiado duro.
—Tienes que comer, Diana. —le indicó en voz suave Angelica después de intentar por tercera vez ponerle la mano derecha sobre su brazo, lo cual la chica permitía para no lastimarse sus quemaduras pero la retiraba de inmediato.
Angela denegó. Tenía un nudo en la garganta y no podía responderle.
—Deben comer para poder recuperarse. —le recordó Remus preocupado a Ron, que no permitía que le tomase la mano, pues apenas sentía el más leve contacto la retiraba, enojado.
—Tienes que comer, jovencita, para que esos lindos ojos puedan volver a ver. —intentó Sirius con Hermione, rodando los ojos al sentir que se sobresaltaba e intentaba alejarse lo más posible de su contacto.
—No me parece que estén teniendo un comportamiento que demuestre precisamente su madurez. —criticó fastidiado James, pues Marte había escondido sus manos entre los costados de su cuerpo y sus brazos, abrazado a sí mismo, cabizbajo y denegando, bastante enojado, sintiéndose además mal por la fiebre que empezaba a subir por la tensión vivida desde la llegada de Alice y Frank.
—Perdimos el apetito, señor Potter —le respondió con su furia desbordándose en cada sílaba—. Gracias por recibirnos en su casa, pero no queremos comer y en cuanto usted lo permita nos retiraremos a las habitaciones que tan amablemente nos ha facilitado para quedarnos.
—Pues en ese caso los llevaremos de una vez. —le respondió James molesto.
—Eso no es necesario, señor Potter. Gracias. —se incorporó furioso Harry, tanteando en dirección a Ginny que suspiró, se levantó y lo tomó por la cintura para ayudarlo.
—¡Ya basta de tonterías! —explotó Lily—. ¡Ustedes dos se sientan! Te comes todo Marte y no quiero oírte protestar. Si siguen así los ato a las sillas y les doy de comer a la fuerza —Harry se revolvió hacia ella enojado—. Créeme que no te conviene preguntarme si soy capaz.
»Haré lo que esté en mi mano para que recuperen su salud los diez —le dijo en tal tono frío y amenazante que Harry quedó con la protesta congelada en sus labios entreabiertos—. Angelica, Remus y Sirius les toman las manos a Diana, Urano y Gea y los obligan a comer —Al ver la incipiente protesta en boca de Angela agregó—: Me importa muy poco si les lastiman las quemaduras, ya que ustedes se las han estado lastimando desde la mañana. Si ustedes no colaboran se hará así, Jennifer se las curará después. Y tú levántate de esa silla, James, que de Marte me voy a encargar yo. Me aseguraré que recupere su salud aún en contra de su voluntad.
James se levantó de inmediato, mirando las esmeraldas furiosas de Lily con miedo, su rabia enfriada de golpe por la reacción de su esposa. La conocía demasiado bien y cuando se ponía así era mejor salir huyendo.
Angelica, Sirius y Remus la miraron asustados y luego a los cuatro chicos. Los tres, Alice, Jennifer y Frank tragaron saliva al verla detenerse junto al chico idéntico a James en la voz, que no se había movido ni un milímetro desde que ella habló.
Ginny intentó sentar de nuevo a su novio, pero estaba rígido como una tabla, paralizado. Al ver la mirada que Lily le dirigía a los dos tragó saliva.
—Marte… Mi amor… Siéntate, por favor… Vamos a terminar de comer y luego lo hablamos… Marte, por favor.
Pero Harry no la oía. En su mente se repetían una y otra vez las palabras de sus padres. Era la primera vez que lo regañaban, con dureza pero con la preocupación por él evidenciándose en las palabras y los tonos de las voces, dejándolo incapaz de reaccionar. En su mente aquello se comparaba una y otra vez con las situaciones vividas en su infancia con sus tíos, como dos películas paralelas que corriesen a alta velocidad.
—¿Marte? —preguntó angustiada Ginny—. ¿Marte me escuchas?
—¿Qué pasa con Marte? —preguntó asustado Ron.
—¿Marte nos oyes? —preguntó preocupada Hermione, imaginándose lo que le estaba ocurriendo. Se tensó al pensar que no podían decirle algo más claro para hacerlo reaccionar.
Jessica se levantó para acercarse a él, preocupada al ver que no respondía. Fred rápidamente se levantó tras ella y la retuvo por la cintura, no deseando que se enojasen con ella por incorporarse.
Lily le colocó una mano en el pecho al chico que había reñido y le sintió el pulso acelerado, mientras su respiración era casi imperceptible.
—Tranquilícese joven. Si sigue en ese estado le puede dar algo al corazón —le dijo aún molesta pero empezando a preocuparse por su estado—. Marte cálmate, soy Lily, estoy a tu lado. ¿Me escuchas? —le insistió en un tono maternal y asustado, pues empezó a sentir la camisa del chico empaparse y adherirse a la piel del pecho—. ¡Marte! —exclamó al sentirlo temblar y tambalearse, sosteniéndolo con dificultad con ayuda de la joven también pelirroja.
Mareado por la velocidad cada vez mayor de las escenas en su mente, mezclándose ahora con la de sus padres muertos y la voz de Lily a su lado confundiéndose con la del día de su muerte, las palabras del director sobre ella afectada por los dementores, Harry sintió como un sudor frío bañaba todo su cuerpo y perdía las fuerzas, desmadejándose.
James se apresuró de nuevo hacia él para sujetarlo y sentarlo, evitando que el peso del cuerpo desmadejado del chico hiciese caer a la menuda pelirroja y a su esposa.
Jennifer rápidamente se acercó a él, alejando delicada pero ágilmente a Lily del chico. Le examinó el pulso y la respiración, luego hizo con su varita un hechizo evaluador sobre él. Se giró, hizo aparecer con su varita agua fría con poción tranquilizante en un vaso y se lo acercó a los labios. Se los lastimó al contacto, pero Harry no se quejó pues no tenía casi sensibilidad en su cuerpo.
—Bebe Marte —le pidió en voz lenta y pausada mientras le vertía un poco hacia la boca, retirando el vaso al verlo atorarse—. Está bien, tranquilo, bébela, te hará sentir mejor —le dijo acercándole de nuevo el vaso a la boca, sonriendo al ver la mano temblorosa del chico tocar la de ella y acompañar el movimiento hasta su boca. Había reaccionado—. Eso es. Despacio.
—¿Qué me diste? —le preguntó Harry después de tomarse todo el vaso, sintiéndose muy sereno, casi adormilado, pero casi incapaz de moverse, como si el cuerpo le pesase toneladas.
—Agua fría con poción tranquilizante. Te sientes muy débil es por el estado de tensión nerviosa extrema en el que estabas —Al verlo asentir moviendo la cabeza irregularmente comprendió que no se sostendría en la silla—. James y yo te llevaremos a la cama.
—No quiero molestar. —musitó sin fuerzas.
—Tranquilo Marte. Yo te acompañaré hasta que estés mejor. —le dijo Ginny con la voz más serena que logró poner, aunque en sus ojos brillaba una lágrima retenida en sus pestañas, angustiada por él.
—Cálmate amigo. Tu novia estará contigo, ya la oíste. —le dijo James en un tono suave y paternal, mirándolo preocupado al sentirlo temblar entre sus brazos.
Al ver a Sirius frente a él, al otro lado del chico, asintió. Pasando cada uno de ellos un brazo del chico por encima de sus hombros lo levantaron con cuidado, mirándolo preocupados al notar que el chico ni siquiera apoyaba los pies en el piso y sentir la temperatura tan alta en su cuerpo.
Jennifer, que había denegado a la pregunta muda de James con su varita en la mano, de nuevo negó a la misma pregunta de Lily. Sin saber qué les había pasado cuando resultaron quemados y porqué el chico había tenido esa reacción era mejor no usar hechizos con él, ni siquiera uno sencillo para hacerlo flotar.
Lo llevaron entre los dos Merodeadores al cuarto, acompañados de Ginny, Lily y Jennifer. La menuda pelirroja le hablaba a Harry sobre el camino, contaba los escalones y le describía de nuevo el cuarto, intentando distraerlo, pero se calló la boca al ver la cabeza del chico caer hacia delante empezando a sollozar. James y Sirius se detuvieron de inmediato preocupados. Jennifer lo examinó rápidamente y Lily abrazó asustada a la menuda pelirroja.
—Se ha desmayado, pero está bien —les aclaró Jennifer luego de soltar el aire retenido mientras lo evaluaba—. Tranquila Venus, con un par de horas de reposo se recuperará. —le dijo con cariño mientras sus dos amigos recostaban al chico en la cama.
—Señor Potter, yo no quiero faltarle el respeto a su casa pero… ¿Puedo quedarme al lado de él?
—Claro que sí, Venus —le respondió James en tono suave, arrepintiéndose por haber asustado a los chicos con sus palabras—. Entiendo que estés preocupada por él pero puedes estar tranquila. Jennifer cuidará que se recupere pronto. Ven. —la llevó a la cama junto al chico y la sentó en una silla junto a él.
James se alejó hacia la puerta del cuarto, donde lo esperaban Lily, Sirius y Jennifer, saliendo al pasillo a hablar en voz baja. Allí se les unieron Remus y Frank.
—Estoy segura que el oírlos a ustedes dos regañarlos fue lo que le produjo esa reacción —les dijo Jennifer—. Es posible que le haya desatado una ola de recuerdos y eso lo hizo entrar en un estado de bloqueo por tensión nerviosa extrema.
—Le avisaré a Albus para que Madam Pomfrey venga. —afirmó Lily preocupada.
—Espera. Ya la crisis pasó. Dormirá un rato mientras su cuerpo se recupera del fuerte estado de tensión. Cuando despierte veremos si necesita que Madam Pomfrey o un medimago lo vea. Por ahora lo que necesita es reposo.
—No debí tratarlos así —expuso James arrepentido—. Es que esta situación con ellos me tiene muy nervioso y cuando empezaron a hablar de ir a batallas… —Se sacudió el cabello, denegó y miró hacia la chica sentada al lado del chico inconsciente en cama—. Es mi culpa que esté así. Tal vez no sea buena idea que ellos estén aquí.
—Cálmate James. Lo que le pasó a Marte no es tu culpa —le contradijo Jennifer mirándolo con cariño, agregando al ver la cara de su amiga—: Tampoco tuya, Lily. Papá confía en los dos, por eso los trajo aquí. No sabemos quiénes son o qué han vivido, pero vista las reacciones anteriores de Diana y ahora la de Marte supongo que nada fácil. Están muy nerviosos, nos han contado muchas cosas discutiendo incluso entre ellos. Diana y Marte son muy impulsivos según lo que dijo Gea, y lo que hemos visto parece ratificarlo. Tenemos que ser pacientes con ellos y no preguntarles nada sobre su identidad o su pasado por unos días.
Los cinco que la escuchaban atentamente asintieron.
—¿Cómo están los otros? —le preguntó Jennifer a su esposo.
—Asustados, especialmente Diana, Gea y Urano. Angelica y Alice intentaban calmarlos cuando nos vinimos.
—Volvamos al comedor —decidió Jennifer preocupada por los otros chicos—. Wykers.
—¿La señora Jennifer llamó a Wykers? —le preguntó con su voz aguda el elfo, que apareció casi de inmediato.
—Sí. Por favor quédate con los dos y avísame de inmediato si alguno de ellos necesita algo.
—Sí señora Jennifer. —confirmó el elfo la aceptación de su petición como si de una orden se tratase, entrando seguidamente a la habitación.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
—Tranquila Gea —le susurró Sirius al oído al sentirla respirar agitada, reteniéndola por la cintura para que no se levantase como intentaba—. Jennifer está con Marte. Ella es muy buena en medimagia aunque aún no se haya graduado.
—¿Qué tiene Marte? ¿Cómo está? —le preguntó desesperada, pero con la voz apenas más alta que un murmullo.
—No lo sé, pero Jennifer le está dando a beber algo. La veo tranquila. Estoy seguro que no es nada serio. Cálmate. —le respondió al oído, en voz pausada, con un tono tranquilizante.
—Por favor ayúdalos, Sirius. —le suplicó Hermione en voz baja.
—¿Te quedarás quieta e intentarás tranquilizarte?
Hermione asintió rápidamente.
—Está bien. Voy con ellos. Tranquila.
Hermione lo escuchó levantarse y desplazarse hacia el punto en que se oía la voz de Harry, débil, y la de Jennifer explicándole que le había dado poción tranquilizante. Entonces estaba en lo cierto, su amigo había entrado en un estado de tensión muy fuerte. Por lo que escuchaba había salido de ese estado y lo llevaban a la cama. Se sentía tan inútil para ayudarlo en ese momento. Denegó frustrada y sintió unas ganas inmensas de llorar, lo cual empezó a hacer cuando escuchó que lo llevaban fuera del comedor. «¿Por qué tiene que pasar Harry por esta situación?».
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
—Tranquilo Urano —le dijo en voz baja Remus a Ron, mientras lo retenía con dificultad—. Mi esposa ya está con él.
—¿Pero qué tiene? —preguntó con un hilo de voz, aterrado.
—No lo sé, pero Jennifer ya le está dando a tomar algo. Confía en ella. Pronto tu amigo estará bien. —le respondió en el mismo tono.
—Quiero ir con él, ayudarlo de alguna manera. ¿Qué tienes amigo? —intentó una vez más soltarse del agarre de Remus, desesperado.
—Cálmate Urano. Poniéndote así no lo ayudas.
En ese momento Ron escuchó la voz de Harry. Se quedó muy quieto, atento.
—¿Poción tranquilizante? —preguntó en un susurro.
—Creo que ha sufrido un fuerte ataque nervioso. —le respondió Remus.
—¿Estará bien si es eso? —preguntó de nuevo Ron, empezando a entender lo que le había pasado a Harry.
—Claro que sí, tranquilo. Con reposar un rato estará bien.
—¿Podría ir con ellos y ver que esté bien?
—¿Te quedarás quieto y harás un esfuerzo por calmarte?
—Lo que usted diga, pero por favor ayude a mi amigo.
—No te preocupes, voy con ellos. Volveré con buenas noticias, ya verás.
Cuando Remus estaba abriendo la puerta, con Frank llegando a su lado, se detuvieron y se giraron a mirar a los chicos. Hermione había empezado a llorar. Jessica y Luna se sentaban a su lado para intentar calmarla, mientras Fred y Neville hacían otro tanto con Ron, que tanteaba con sus manos sobre la mesa en dirección a su novia. Alice se aproximaba rápidamente a ellos, mientras Angelica abrazaba a Angela contra su cuerpo y la empezaba a arrullar con una canción infantil, intentando calmarla. George le acariciaba la espalda a su novia con cariño, mirándola muy asustado.
Remus y Frank se miraron, tragaron saliva y salieron corriendo hacia el primer piso. Necesitarían la ayuda de Jennifer con los otros chicos.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
Angela, que se había asustado al oír que Harry no le respondía a Ginny, había usado su don de Percibir los Pensamientos sobre él viéndose arrastrada por los recuerdos del chico. Era incapaz de salir ni mucho menos de sacarlo, hasta que la voz de Lily con tono maternal y preocupado la sacó a ella y lo hizo reaccionar a él.
Angelica se preocupó al sentirla agitada y ver el estado del chico, pero al ver a su gemela atendiéndolo a él se centró en ella.
—Tranquila Diana, tu amigo estará bien en unos minutos.
—No si… no se… calma. —le respondió agitada, en voz apenas audible.
—Jennifer está atendiéndolo. Marte estará bien —le insistió George, nervioso por el estado de los dos—. Cálmate mi amor.
—Pero… —se detuvo al oír la voz de su tía, quedándose muy quieta y atenta, agudizando su oído. Lo escuchó beber algo, soltando un poco la tensión al oírlo hablar aunque todavía estaba preocupada por la debilidad de su voz. Se llevó la mano derecha hacia la cabeza y la izquierda hacia su pecho, se sentía mareada, el dolor de cabeza volvía con mucha intensidad y se sumaba ahora el de los pulmones.
Angelica la abrazó contra su pecho, preocupada, empezando a arrullarla al oír a la castaña llorar y sentir que la chica de pelo negro empezaba a sollozar de manera entrecortada, con su respiración demasiado irregular. Si no se calmaba la chica pronto la crisis respiratoria la ahogaría. Sintió que se tranquilizaba un poco al oírla cantar, pero la fiebre en la chica era alta de nuevo.
—Toma Diana. —le dio a beber con cuidado George un vaso de poción para los pulmones, que su cuñada había sacado del maletín de medimagia de Ginny, pensando en que debería portar desde ese día algunos en sus bolsillos a pesar de sus quemaduras.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
Cuando Jennifer, Lily, Remus, James, Sirius y Frank entraron a la cocina se consiguieron a Alice, Luna, Fred, George y Neville mirando muy preocupados a Angela, Hermione y Ron, pues su estado de agitación les había disparado la fiebre. La chica de pelo negro respiraba un poco irregular aún, aunque parecía adormilada en brazos de Angelica que la arrullaba. Jessica le estaba cambiando el vendaje de los ojos a la castaña.
—¿Cómo está Marte? —les preguntó Jessica preocupada apenas los vio entrar.
—Se ha quedado dormido. Está bien, no se preocupen. Descansará al menos dos horas —le respondió Jennifer—. ¿Cómo te sientes, Diana?
—Mis ojos. —le respondió Angela en un susurro apenas audible.
—Ya te los reviso, tranquila. —le dijo con dulzura, sentándose junto a ella.
Después de curarle de nuevo los ojos a Angela, mientras Jessica se los curaba a Ron, les dieron poción para la fiebre a ellos tres y poción tranquilizante a Jessica, Luna, Hermione, Fred, George, Ron y Neville, adormilándose Angela por su malestar.
Los subieron al cuarto en el que estaba Harry, durmiendo los cuatro que no podían ver mientras le daban poción también a Ginny y los seis chicos que podían ver se quedaban a velar el sueño de sus compañeros, a quienes la fiebre y la tensión nerviosa los había debilitado mucho, con la compañía de las cuatro parejas que le habían avisado al director lo ocurrido.
Cuando vieron a Harry removerse inquieto, dos horas más tarde, Ginny, Jessica y Jennifer se le acercaron de inmediato.
—Tranquilo Marte. Todo está bien. —le dijo Jennifer con voz dulce.
—¿Cómo te sientes, mi amor? —le preguntó preocupada Ginny.
—Un poco aturdido y siento el cuerpo pesado —le respondió en voz pausada, mientras intentaba ubicarse y recordar lo ocurrido. «¿Qué pasó antes de… dormirme?». Pasados unos minutos recordó lo sucedido—. Yo… Lamento haberme comportado de la manera en que lo hice, Jennifer. Me gustaría disculparme con James y con Lily.
—No te preocupes por eso, Marte. —lo tranquilizó Lily con tono cariñoso.
—Lo realmente importante es tu salud. —agregó James en un tono de voz preocupado.
—¿Qué recuerdas de lo que te ocurrió, Marte? —le preguntó Jennifer.
—Cuando James y Lily nos regañaron, una multitud de imágenes y sensaciones vinieron a mi mente. De forma muy rápida cambiaban de una a otra. No… no logro recordar ninguna con claridad —le respondió Harry con voz pausada—. Creo que había otro chico, casi de mi edad. No estoy seguro —Su tono era cada vez más bajo—. Me duele la cabeza.
—No te esfuerces en recordar justo ahora —le indicó Jennifer, intentando con su tono de voz tranquilizarlo—. Lo que te ha ocurrido es tanto producto del ataque que sufrieron los diez como de la tensión nerviosa que han estado viviendo. Por eso Madam Pomfrey había indicado que tomasen poción tranquilizante. Es indispensable para que puedan recuperarse que permanezcan tranquilos.
Harry asintió levemente.
—Lamento haber provocado esto, Marte. —se disculpó Angela desde la cama en que dormía Neville en ese cuarto, con tono arrepentido.
—No es sólo tu culpa, Diana —intervino Ginny mirando a su novio preocupada, acariciándole la cabeza vendada—. No debimos secundarlos a ustedes dos en la conversación sobre los entrenamientos y el ir a los ataques.
—Tranquilos chicos, ustedes no sabían lo que se suscitaría y nosotros tampoco —les dijo Remus conciliador, mirando a su esposa y luego a ellos—. No hablemos más de esos dos temas hasta que estén recuperados.
—Mientras eso ocurre, pueden sus seis amigos leerles algo aquí en los cuartos hasta que se recuperen para bajar a la biblioteca. —les propuso James, sonriendo al ver a Ginny asentir en su dirección con los ojos brillando con agradecimiento.
—¿Podríamos acompañarlos mientras ustedes practican? —preguntó Harry.
—En unos días, cuando se les haya quitado la fiebre y estén más recuperados. —aceptó James a pesar de las negativas de Lily, Jennifer, Sirius y Frank, las dos primeras preocupadas por la salud de ellos, los otros dos desconfiando de su insistencia.
—Gracias James. —le agradeció Harry sonriente, pensando que le hubiese gustado decirle papá.
—Los elfos nos traerán algo de merendar y luego los diez se acostarán en sus camas, las chicas en su cuarto. —indicó Lily, un poco molesta con su esposo por contrariarla.
James se acercó a Harry para ayudarlo a incorporarse hasta que quedase sentado, sonriéndole dulcemente a su esposa para tranquilizarla.
Frank asistió a Angela, denegando pues no estaba de acuerdo con la decisión de su amigo. Frunció el ceño al sentir la fiebre que tenía la chica. Aún no lograba asimilar la situación en que se encontraban los diez chicos, a pesar que Angelica, Lily, Remus y James habían salido con Alice y con él al pasillo para contarles todo lo ocurrido desde el sábado en la noche, a excepción de su conversación con el director sobre los Cundáwans, mientras Jennifer y Sirius se quedaban en el cuarto con los chicos.
El profesor Dumbledore llegó con Madam Pomfrey cuando estaban terminando de merendar. La enfermera examinó a los chicos y ratificó el dictamen de Jennifer sobre lo ocurrido a Harry, incrementando la dosis de poción tranquilizante que debían tomar los nueve después de cada comida: un cuarto de vaso para Jessica, Luna, Ginny, Neville, Fred y George, mientras les tocaba medio vaso a Harry, Hermione y Ron.
El director habló con los dieciocho sobre lo ocurrido después que la enfermera se retirase al colegio, pues tenía muchos pacientes debido a un brote gripal generado por una broma de un grupo de imitadores de los Merodeadores. Aprobó lo dicho por James al grupo sobre la presencia de los chicos mientras los otros practicaban, pero puso dos condiciones que los diez chicos aceptaron a regañadientes, especialmente por la segunda.
La primera era que eso sólo ocurriría cuando los diez dejasen de tener fiebre y sólo si Jennifer consentía en ello, ya que desde ese día ella sería la encargada de la salud de ellos como les informó el director antes que Madam Pomfrey se fuese. Ante esto Angela le borró el recuerdo de sus rostros a la enfermera cuando iba de salida, de lo que se percató el director mirándola ceñudo pero sin decirle nada.
La segunda condición era que los diez le entregarían sus varitas a James antes de iniciar la práctica, para evitar que se viesen tentados a intervenir, devolviéndoselas sólo al finalizar.
Cuando terminaron de comer, luego que el director durmiese a Angela con el hechizo, les dieron poción para dormir sin soñar a los otros nueve chicos. Una vez dormidos, Dotty y Wykers se quedaron a vigilar en cada cuarto que la fiebre no les volviese a subir, mientras los ocho ex alumnos Gryffindors se reunían con el líder de la O.D.F. en la biblioteca.
—Quiero que me cuenten con lujo de detalles lo visto y oído desde que me fui al colegio. —les pidió muy serio.
Entre los ocho le relataron al director todo lo ocurrido durante el almuerzo inconcluso, comentando lo dicho por Angela sobre el orfanato, lo hablado por los chicos sobre las batallas y la reacción de Harry ante los regaños de Lily y James.
—Debemos hacer lo posible por mantenerlos al margen de la guerra, lo cual no será sencillo por lo que me han dicho y lo que vimos antes del almuerzo —comentó muy serio—. No sólo convocaron patronus fuertes y corpóreos, manteniéndolos un tiempo considerable, sino que saben comunicarse con ellos como yo les he estado enseñando a ustedes. Si a eso le sumamos su interés en practicar hechizos de defensa con ustedes, las heridas recientes y lo que nos dijeron sobre un enfrentamiento con enmascarados… —Suspiró y denegó—. Son muy jóvenes la mayoría, esto no es normal.
—Lo que dijeron de venir del futuro… ¿Es posible? —le preguntó Frank tenso y desconfiado.
—Sí, me temo que es posible. —le respondió el director.
—En ese caso… No es muy alentador que chicos tan jóvenes, que en su mayoría ni siquiera han terminado sus estudios, parezcan estar involucrados en una guerra. —comentó Alice cabizbaja y triste.
—Cada decisión que tomamos en nuestras vidas, por muy pequeña e insignificante que nos parezca en su momento, afecta a todos los seres vivos, definiendo entre todos los posibles futuros siguientes aquél que se convertirá pronto en presente —les dijo con voz profunda, pausada y seria Albus Dumbledore, meditando cada palabra antes de decirla—. Es por esto que los que tienen el don de ver el futuro algunas veces vaticinan cosas que sí ocurren luego y otras veces no, pues depende de cuál posible futuro logren percibir y las decisiones de cuantas personas lleven a que se cumpla o no.
Inspiró profundamente y se quedó en silencio durante algunos minutos, pensativo. Miró a sus hijas y los seis amigos de ellas, preocupado. Recordaba claramente sus investigaciones sobre uno de los dones de su hija rebelde (viajar en el tiempo), sus reflexiones sobre los chicos en la enfermería, lo dicho por la menuda pelirroja y lo que le habían contado que dijo la chica que se hacía llamar Gea, además de lo hablado con el anciano jefe del consejo Cundáwan. Decidido continuó.
—Existen algunas formas de viajar en el tiempo. Sin embargo, cuando ha sido hecho han ocurrido incidentes graves que han puesto en peligro la vida de una o varias personas. Por esta razón se han establecido algunas reglas para hacerlo, con el fin de evitar que el curso de los acontecimientos sea alterado.
»Existen varios peligros. Una persona que viaje al pasado puede alterar las cosas al punto de matar a sus padres, evitar su propio nacimiento, matarse a si misma, volverse loca al no asimilar su pasado su existencia futura o muchas otras posibilidades, alterando de cualquier manera el propio presente desde el cual viajó al pasado, creando una irregularidad en el continuo espacio‑tiempo que puede afectar a esa única persona y su grupo de allegados, o a un grupo muy grande de seres humanos.
»Sólo alguien a quien le ha sido explicado con detalle estos riesgos se le permite el acceder a los medios mágicos para hacer este tipo de viajes en el tiempo, recomendándose siempre que se retrocedan solamente horas o días, donde las variables a manejar sean limitadas para evitar los peligros que les he mencionado.
Detuvo su mirada en Angelica, que lo miraba tensa y preocupada. Sabía qué la estaba preocupando desde que habían hablado sobre aquellos chicos, pero era muy peligroso intentar conseguir la respuesta a esa pregunta. Suspiró y decidió terminar su exposición.
—Viajar hacia el futuro entraña el peligro de tomar decisiones en el presente del cual se parte basándose en lo visto u oído en aquél que se ha visitado, sin conocer las otras posibles alternativas de futuro, por lo que se pueden cometer graves errores. Por ello no se recomienda utilizar medios mágicos para viajar a futuros distantes, que tal vez se vean alterados de maneras irreconocibles —Suspiró nuevamente y continuó—. Lo que es seguro es que una persona o comunidad que deba vivir un determinado tipo de experiencias para madurar las vivirá, aunque existen muchas posibles variantes en los detalles los acontecimientos principales para una determinada situación siempre se producirán, de una u otra manera.
Los ocho se quedaron en un tenso y profundo silencio, mirándolo, intentando siete de ellos asimilar lo dicho por su ex profesor, líder y en el caso de una de ellos, padre, especialmente Alice y Frank que no habían pensado en esa posibilidad como cierta.
Mientras tanto su hija rebelde lo observaba interrogante. Había revelado lo más importante de la enseñanza Cundáwan sobre el don de viajar en el tiempo, sin revelar la fuente de ese conocimiento ni la existencia de esa capacidad en los de su raza. «Esto debe haber sido autorizado por Raymond, debido a la presencia en nuestro tiempo de esos diez chicos… ¿Por qué?», se preguntó inquieta Angelica.
—Por las reacciones de los chicos en la enfermería al oírnos hablar a Poppy y a mí, la conversación que sostuve con ellos en mi oficina antes de traerlos aquí y los comentarios de la pelirroja y la castaña en estos días, además de sus intentos por evitar el contacto con otras personas, estoy seguro que los diez conocen los peligros de viajar en el tiempo —Se detuvo mirándolos analíticamente, deteniendo su mirada durante algunos minutos en los Longbottom—. Estoy casi seguro que son de nuestro futuro, pero eso puede implicar días, meses o años de diferencia, eso no lo sabemos.
—Y no creo que nos respondan con sinceridad si les preguntamos. —completó Frank, luego que el director permaneciese en silencio unos minutos, suspirando al oírlo.
—Estoy seguro que no nos responderán a eso con la verdad si los interrogamos.
—El hecho que hayan conjurado unos protectores tan buenos es un punto a su favor. —comentó Lily.
—Pero las cicatrices y heridas son un punto en contra. —opinó Sirius.
—Su insistencia en participar en prácticas de defensa y la convicción con que hablaron de ir a las batallas tienen dos interpretaciones igualmente posibles. —dijo Remus, expresando en voz alta lo que estaba pensando sin darse cuenta.
—¿Y cuáles son, Remus? —le preguntó Angelica. Sonrió al ver a su cuñado sobresaltarse y mirarlos con los ojos muy abiertos para luego suspirar, por lo que comprendió que no se los había dicho a ellos sino que pensaba.
—La primera es que pueden querer estudiar nuestros movimientos buscando puntos débiles para atacarnos durante una batalla, si están relacionados con los mortífagos en este u otro tiempo —levantó las manos para evitar que Lily y Jennifer lo contradijesen, o que Sirius cantase victoria por convencerlo—. La otra posibilidad es que hayan decidido ayudarnos a mejorar en defensa e incluso querer participar en batallas, para combatir a los mortífagos como ya lo han hecho porque en su tiempo se hayan visto obligados de alguna manera a defenderse, a pesar de ser tan jóvenes.
Las ocho personas que lo escuchaban se quedaron callados y muy serios, pensativos, preocupados. Siete de ellos pensaban que tenía mucha razón en su exposición. «Pero dos motivaciones tan opuestas… ¿Cómo manejar esa situación?», se preguntó Frank preocupado.
—Lo que es seguro, después de la crisis de Diana ayer y la de Marte hoy, es que su salud está bastante resentida —opinó muy serio James, mirando a Jennifer inquieto. Continuó al verla asentir seria—. Hemos visto en cuatro de ellos las quemaduras en sus párpados, los ojos lastimados y su fiebre subir cuando se ven alterados.
»Nos hemos comprometido con Albus y con ellos en ayudarlos y eso haremos. Estarán aquí hasta que recuperen su salud. Mientras tanto investigaremos por nuestra cuenta sobre ellos con los datos que ya tenemos y lo que se les llegue a escapar durante su estancia aquí. Pero no les haremos preguntas e intentaremos evitar que hablen sobre temas que los pongan tensos y les puedan provocar una recaída. Sólo cuando se recuperen hablaremos de nuevo con ellos sobre qué lado están y decidiremos qué hacer con ellos.
—Les dijiste que podrían acompañarnos mientras practicáramos. ¿Qué haremos si están aliados con mortífagos? —cuestionó Sirius serio.
—Tendremos que averiguar de qué lado están con los seis que están mejor de salud antes que los otros cuatro se restablezcan. —le respondió James con una sonrisa segura, haciéndoles comprender a todos que ya tenía un plan.
—Tengan mucho cuidado. Si sospechan podrían huir. —les dijo muy serio el director, que no había participado hasta ese momento en el debate. Se había limitado a escucharlos atentamente y atar cabos.
Estaba casi seguro que los chicos no estaban aliados con mortífagos, pues la chica que se hacía llamar Diana le había intentado bloquear el recuerdo de sus rostros, haciéndolos confusos, pero no sus análisis en la enfermería por lo que él sospechaba quiénes eran. «Si a eso le sumo lo ocurrido desde su llegada a esta casa… Las ocho personas que están conmigo serían las últimas que esos chicos lastimarían, además de los Prewett, los Weasley y los Lovegood. Pero no puedo decírselos a los miembros de estas familias. Por alguna razón los chicos guardan silencio y yo respetaré eso».
Los ocho asintieron, cruzando rápidamente miradas entre ellos. James había decidido que averiguarían sobre los sitios a los que los chicos habían dicho que irían y los seguirían si hacían cualquier movimiento fuera de la casa. Sospechaba que intentarían verificar los lugares, si era cierto que no estaban relacionados con mortífagos, o contactarlos, si eran novatos del grupo de Voldemort. También había decidido no decirle al director, pues sospechaba que él les ocultaba algo. Confiaba demasiado en aquellos chicos con la escasa información que tenían.
—No te preocupes Albus, seremos sutiles. —le aseguró James con la misma sonrisa.
—Cuando nos confirmen una información sobre mortífagos en la zona de Wiltshire a Alastor o a mí nos reuniremos los de La Orden del Fénix aquí. Yo les avisaré con antelación para que los chicos se queden en las habitaciones. Alice y Lily, tenemos una conversación pendiente.
—Nosotros hemos… conversado después que te marchaste, Albus —replicó Frank mirando de reojo a su esposa y a la pelirroja, suspirando al ver que lo miraban fijamente—. Vamos a entrenar todos los días desde hoy para mejorar en los patronus y las defensas, porque ellas… —le empezó a explicar, pero se detuvo. Bajó la cabeza y denegó. Aún no estaba convencido.
—Las dos seguirán participando en las batallas, Albus. —completó James con la resignación trasluciendo en cada sílaba que pronunciaba.
—Ya veo —respondió el director mirando con un brillo de picardía a los dos hombres, aunque se sentía preocupado por las dos mujeres—. Alastor y yo vendremos eventualmente a practicar con ustedes. Pero quiero que quede claro que en caso de aparecer dementores de nuevo en una confrontación, si no estamos en condiciones como grupo de alejarlos, ustedes dos saldrán de allí de inmediato —ordenó muy firme señalando a Lily y a Alice, añadiendo rápidamente al ver a la pelirroja abrir la boca para protestar—: Y es una orden, señora Potter. No permitiré que las criaturas que vienen en camino se vean afectadas por su insistencia en permanecer allí.
—¿Si los podemos contrarrestar nos quedamos? —preguntó Lily desafiante.
—Sí, pero sólo en ese caso —aceptó el director mirándola con los ojos entrecerrados, sospechando del brillo de decisión en su mirada—. Angelica y Remus, me ha informado Alastor que está gratamente impresionado por sus avances hasta ahora —Al ver que los dos enarcaban las cejas sonrió levemente—. El trabajo de investigación que hicieron sobre Defensa contra Criaturas Mágicas lo ha dejado sorprendido —Amplió su sonrisa cuando los dos entrecerraron los ojos—. Es por esa razón que ha decidido que en esa área su formación es completa y pasará ahora a Defensa Superior, por lo que su horario será ahora un poco… diferente.
—¿Qué tan "diferente" papá? —preguntó Angelica desconfiada.
—Todas las mañanas les avisará si entrenan ese día con él, indicándoles de ser así un sitio y una hora diferente al que ir y allí deberán defenderse de lo que Alastor les tendrá preparado. —Levantó las manos para acallar las protestas de su rebelde hija.
Mientras tanto Remus retenía la respiración, Jennifer le apretaba la mano en señal de apoyo, Lily, Alice, James, Frank y Sirius los miraban casi con compasión y denegaban. Los había atormentado con algo similar en los últimos dos meses en la academia, haciendo a varios de sus compañeros repetir el curso.
—Además deberán estar en "alerta permanente". —agregó el director.
—¿Qué significa eso, Albus? —se atrevió a preguntar Remus.
—Sólo me dijo que les comunicase que les dará tres días de descanso porque después no tendrán un horario fijo, sino que su entrenamiento dependerá de los avances de ustedes dos y del tiempo que él les pueda dedicar con lo limitado que lo tiene entre el Ministerio y la Academia. Considerando además que los quiere preparar muy bien al estar en La Orden del Fénix, por lo que ha preparado un "entrenamiento adecuado".
Los ocho tragaron saliva al imaginarse lo que se le podría ocurrir a Alastor Moody como "entrenamiento adecuado".
—Bien. Debo volver al colegio. Tengo un castigo que imponer al grupo de imitadores de los Merodeadores —Sonrió al ver a sus tres ex alumnos moverse incómodos en las sillas—. Si se presenta cualquier eventualidad con los chicos avísenme de inmediato.
—Así lo haremos. —afirmó James nervioso, lanzando miradas eventuales a su esposa. Sospechaba del brillo en sus esmeraldas que algo tramaba.
James y sus siete amigos, luego que el director se marchase, subieron a practicar un rato en el cuarto del último piso y explicarles el auror de lentes el plan que había pensado respecto a sus "huéspedes". A la hora de la cena, de acuerdo al plan trazado por él, llevaron a los diez chicos con cuidado al comedor comentando con ellos sobre lo que les habían contado la enfermera y el director de la broma hecha por los imitadores de los Merodeadores. James y Sirius les explicaban la razón por la cual la consideraban ineficaz, mientras Lily los regañaba.
Sutilmente los fueron involucrando con preguntas al aire en la conversación sobre bromas y quidditch en el colegio. Notaron que Ginny, Angela, Harry, Fred y George parecían muy interesados en las bromas, especialmente los dos últimos que les hacían observaciones sobre cómo hacerlas más eficaces, mientras Hermione se unía a Lily en sus regaños. Ron se unía activamente a la conversación cuando se trataba de quidditch. Neville habló un rato con Jennifer sobre plantas de uso medicinal, con algunas "exóticas" participaciones de Luna y algunas muy puntuales de Jessica.
Luego de darles el tratamiento indicado por Madam Pomfrey los acostaron a dormir, bajaron a la sala a despedir a los Longbottom y subieron de nuevo a los cuartos de los chicos, verificando que no habían puesto bloqueos a las puertas. Lily y Jennifer tuvieron que alejar de allí a Angelica y Sirius a punta de varita, que querían aprovechar de quitarles los vendajes y ver sus rostros, mientras Remus y James permanecían neutrales en un primer momento uniéndose luego a sus parejas.
Durante los siguientes tres días Angelica y Remus se quedaron en la casa con los chicos, compartiendo con ellos las prácticas que Angela les daba a Hermione, Ron y Harry para que se desenvolviesen sin ver. Notaron que los diez chicos estaban muy compenetrados y estaban acostumbrados a seguir instrucciones de la chica de pelo negro, lo que les hacía sospechar que era ella quien entrenaba a los otros en lo referente al conocimiento Cundáwan. Estas prácticas por casi toda la casa, con permiso de James, eran combinadas con lecturas en la biblioteca y descansos, de los cuales estaban muy pendientes Jessica, Fred y George, así como del cumplimiento del tratamiento por parte de sus compañeros.
Se les hizo evidente que los chicos no les habían mentido en cuanto a las predilecciones de cada uno, las cuales afloraban durante las conversaciones en las comidas. También notaron que el castaño parecía ponerse muy nervioso pero alegre cada vez que iban allí los Longbottom, mientras el pelinegro tenía reacciones similares con Lily y James, así como la chica de pelo negro y la de ojos miel con Angelica, Jennifer, Sirius y Remus.
El viernes los chicos se quedaron solos con los cuatro elfos, obligando Jessica, Fred y George a los otros siete a permanecer en cama, leyéndoles en el cuarto de los chicos. Practicaron el desenvolverse los tres inseguros por su ceguera sólo dos horas en la mañana, acompañándolos más tranquila Lily en las dos horas de práctica en la tarde después que Idun le contase aquello. Sonrió al ver que Hermione, Ron y Harry ya se movían con relativa facilidad.
A final de tarde llegaron Angelica y Remus agotados y malhumorados. Subieron a practicar con sus amigos mientras los elfos vigilaban a los chicos, bajando los ocho a buscarlos para cenar después de ducharse y cambiarse. Los Longbottom también tenían una habitación donde quedarse si así lo deseaban y podían, lo cual era casi imposible por la mamá de Frank.
En la cena Angela, Jessica, Harry, Ginny, Fred y George se unieron a los esfuerzos de Jennifer y Sirius para alegrar a Angelica y Remus. Hicieron algunas bromas con la comida entre los seis, logrando que al final de la comida ya estuviesen distendidos.
Lily, Jennifer y Alice sonreían al verlos. James, Sirius y Frank se miraban esporádicamente interrogantes, aunque disimulaban muy bien para que los demás no se diesen cuenta. Detallaron que Hermione parecía estar muy tensa por aquello, mientras Luna, Neville y Ron no participaban casi, luciendo nerviosos.
Luego de la cena los subieron al cuarto de los chicos. Jennifer, Jessica y Ginny les curaron los ojos, manos y brazos, saliendo luego la primera para que las dos chicas les curasen los rostros a los ocho y entre ellas, entrando luego al ellas avisarle para verificar que los chicos se tomasen el tratamiento mientras las chicas iban a su cuarto a cambiarse, esperando por ella para tomarse las pociones y acostarse a dormir, como ya era rutina en las noches.
Después de dejarlos dormidos bajaron los ocho a la biblioteca. Allí conversaron sobre lo averiguado hasta el momento sobre los chicos, que era muy poco, intercambiando ideas y definiendo planes a seguir. Los Longbottom se despidieron luego para ir a su casa, pues la señora Augusta Longbottom estaba un poco tensa por las últimas tardanzas de ellos en llegar a su casa, donde ella les esperaba para hablar un rato con ellos y verificar que su nuera y su hijo estaban bien antes de irse a su casa a descansar.
Los Potter, los Lupin y los Black subieron a sus habitaciones, cada día más intrigados por aquellos diez chicos.
