Sospechas y Encuentros

Resumen: Compras de dos futuras madres. Una práctica de Defensa Contra las Artes Oscuras que genera tensiones e incógnitas. Los abuelos de Harry. Tensiones entre los chicos que generan sospechas. Búsqueda de ingredientes y primer encuentro con mortífagos del pasado.

Al día siguiente durante el desayuno los diez chicos hablaron poco, limitándose a responderles preguntas. Sus seis acompañantes se preocuparon al notarlo. Cuando estaban terminando de comer una de las Protectoras explotó.

—¿Qué harán mientras vamos por las cosas para el bebé? —preguntó Lily en un tono aparentemente despreocupado que no engañó a ninguno de los presentes.

—Como Gea, Urano y yo ya sabemos desplazarnos con seguridad, nos hemos recuperado bastante y no tenemos casi fiebre, pensábamos pedirles permiso para practicar en el cuarto en el que nosotros dormimos, sacando previamente todos los muebles para no dañarlos. —le respondió con sinceridad Harry.

—En ese caso sólo Angelica, Sirius y James me acompañarán a las compras, mientras Jennifer y Remus se quedan con ustedes. —replicó Lily, mirándolo muy seria.

—Nosotros no queremos que cambien sus planes por nosotros. Estaremos bien, sólo practicaremos cosas sencillas, sin prisas. —le planteó Harry en un tono suave y meloso, intentando calmarla y convencerla.

—Entonces se limitarán hoy en la mañana a leer y en la tarde practicarán bajo nuestra supervisión. —le respondió Lily en el mismo tono.

Harry gruñó al oír que su mamá había empleado la misma táctica, mientras sus nueve compañeros contenían la risa con dificultad.

—¿Están de acuerdo? —insistió Lily seria, mirando fijamente al pelinegro.

—Sí. Leeremos en la mañana y practicaremos cuando estén ustedes aquí. —simuló aceptar Harry, con tono de fastidio.

Angelica y Jennifer contuvieron con dificultad la risa al oírlo y ver la picardía en la mirada de su amiga, mientras Remus y Sirius miraron rápidamente a James que parecía dispuesto a transformarse y atacar con su cornamenta al chico.

Las tres parejas se trasladaron media hora más tarde por la chimenea hasta el Caldero Chorreante, vestidos como muggles por indicaciones de Lily a pesar de las protestas de sus acompañantes. Sus amigos se resignaron y la acompañaron sin decir más nada después que les gritase primero por no querer complacerla, soltándose en llanto después y calmándose sólo por los mimos de James. Los diez chicos presenciaron la escena en silencio.

Cuando regresaron los seis, acompañados de los Longbottom, la expresión de alegría de Lily y Alice contrastaba con las seis caras de cansancio, fastidio e inconformidad de sus acompañantes, que venían cargando todos los paquetes.

—¿Cómo lo han pasado, chicos? —les preguntó feliz la pelirroja, con sus esmeraldas brillando con picardía. Sacó las varitas de los diez chicos de su cartera y se las entregó a George, que era el más cercano.

—Perfectamente aburridos en la sala de su casa, Lily. —le gruñó fastidiado Harry.

—¿Consiguieron todo en el Callejón Diagon? —preguntó Angela con curiosidad, deseando desviar la conversación.

Quería evitar que la situación se alterase después de la rabieta de Harry por el asunto de las varitas, la cual explotó apenas ellos se fueron. Había empeorado cuando Hermione le preguntó bromeando si su cambio de humor también se debía a un embarazo. Sólo Ginny había controlado su explosión temperamental después de eso.

—Allí sólo fuimos unos minutos para saludar a la señora Augusta y la señora Melisa, comprar un par de cositas y lograr que se nos unieran Alice y Frank —le respondió Lily, mirando con los ojos entrecerrados al chico—. Hemos buscado algunas cositas en varias tiendas del Londres Muggle.

—¿Pueden hablarme de ellas? —preguntó Angela, como una niña chiquita pidiendo un caramelo, acercándoseles acompañada de un George sonriente.

—Claro que sí. Vamos al cuarto del bebé y mientras las vamos sacando y organizando te contamos. —le respondió Lily haciendo flotar con ayuda de Alice todos los paquetes, pues su esposo y sus amigos estaban sentados mirándolas con expresión de no moverse ni un milímetro dijesen ellas lo que dijesen.

—¿Podemos ir nosotros también? —preguntó Ginny.

—Sígannos. —respondió alegre Lily. Enarcó con sorpresa y curiosidad las cejas al ver que el chico de pelo negro se ponía de pie dispuesto a acompañarla, al igual que los otros seis chicos.

James, Sirius y Frank gruñeron inconformes pero se levantaron, seguidos por un resignado Remus que arrastró a Jennifer y a Angelica con algo de dificultad.

Quince minutos más tarde estaban los dieciocho en la habitación que habían destinado para el bebé en el tercer piso, frente a la de los esposos Potter, las dos habitaciones grandes que daban a la calle. Idun y Tyr los acompañaron para ayudarles a acomodar las cosas que habían comprado, luego que Lily y Alice les describían a los cuatro que no podían ver cada una a medida que las sacaban de las bolsas, contándoles dónde las habían comprado y cómo se imaginaban usándolas con sus bebés. Habían comprado cosas que podrían usar desde recién nacidos hasta que tuviesen dos añitos.

Neville y Harry escuchaban atentamente, felices y tristes al mismo tiempo. La abuela del primero conservaba algunas de aquellas cosas, de las cuales el primero sólo pudo disfrutar unas con su mamá, mientras la mayoría su abuela las guardó como un bonito y doloroso recuerdo. El segundo sólo había conseguido algunas cosas en esa casa cuando fue allí por primera vez con sus amigos, así como los restos de otras en el Valle de Godric.

Hermione recordó melancólica la oportunidad en que limpió el desván de la casa con su mamá. Su papá subió a buscarlas a final de tarde, sentándose con ellas a revisar lo que habían guardado de los primeros años de la castaña. A su mente vino el momento en que Harry le dijo "Al menos pudiste compartir con ellos", justo después de enterarse de la muerte de sus padres, apretándose aún más el nudo en su garganta.

Luna miraba por la ventana hacia el jardín, ausente, recordando la única conversación que sostuvo con su mamá sobre sus primeros años. Su novio la tenía abrazada, pero los dos estaban aislados en sus propios pensamientos.

Ginny y Ron abrazaban preocupados a sus parejas, recordando la menor la oportunidad en que su mamá les mostró sus "tesoros" a ella, Fleur, Abby, Penelope, Jessica, Angela y Hermione, luego de los matrimonios en diciembre. Ron recordaba sus primeros años, con su mamá regañando a los gemelos y calmándolo a él luego del incidente del peluche, cuidando de los siete con tanto amor maternal. Sentía un nudo en la garganta al pensar en Jessica, Angela, Neville y Harry.

Angela escuchaba atenta las explicaciones de Lily y Alice, preguntando detalles, sonriendo. Hacía todo lo posible por mantenerse atenta a lo que ellas decían para no pensar en su infancia, interrogando a la mamá de Neville sobre el cuarto que usaría con su bebé.

George la tenía abrazada con cariño, muy atento a su respiración y reacciones. Recordaba su infancia con un nudo en la garganta al saber que él y sus hermanos tenían a sus padres vivos y habían vivido una infancia feliz, al igual que Hermione y a diferencia de sus compañeros.

Jessica observaba a sus padres mirando aquellas ropitas de bebé con tristeza, sintiendo un nudo en la garganta. Recordaba momentos felices de su mamá con su papá durante los primeros meses del embarazo, de ella con su tía Angelica durante los meses que estuvo con ellas y los vividos luego con los Brown.

Sentía unas terribles ganas de decirle a sus padres que no tuviesen temor de tener hijos, que fuesen felices, que tuviesen muchos, que no confiasen en Peter Pettigrew, cambiando su destino y el de las personas que quería. Pero el abrazo de Fred y el temor de ocasionar un daño peor a lo que habían vivido la frenaban. Miraba eventualmente a su novio, suplicándole con sus ojos que no la dejase decaer. Luego suspiraba y volvía a mirar a quienes también consideraba sus tías hablando sobre las compras que habían hecho para sus bebés.

Jennifer, Angelica, Sirius, James, Remus y Frank sospecharon del estado anímico de los chicos, observándolos atenta y disimuladamente.

—No sabía que existiesen tantas tiendas especializadas en cosas para bebés en el Londres muggle. —comentó con asombro Angela después de una hora, cuando Alice les describió el último saquito, sonriendo al oír la réplica de su mamá.

—Si yo lo hubiese sabido no me hubiese dejado convencer por Lily de "curiosear sólo un poco a ver que conseguía". —protestó Angelica imitando a su amiga.

—En esta oportunidad estoy contigo, hermanita. —la apoyó Jennifer.

—¿Pero de qué se quejan? —cuestionó Alice.

—¿De haber recorrido todo el centro del Londres muggle a pie en sólo una mañana? —preguntó sarcásticamente Sirius.

—Eso es una exageración. —lo contradijo Lily molesta.

—Todos sabemos que normalmente Sirius exagera, pero en esta oportunidad ha dicho algo muy cercano a la verdad. —lo apoyó Remus.

—¿Tú también? —preguntó incrédula la rubia de ojos grises.

—Sé que conseguimos cosas muy lindas para los bebés, mi amor, pero pudimos ir en otra ocasión a la mitad de las tiendas que fuimos hoy. —le dijo Frank con cariño pero muy cansado.

—Pero si nos faltan los muebles y todo lo demás. —replicó Lily mirando asombrada a Remus y a Frank.

—A veces creo que tu entrenamiento con Alastor en la Academia lo desquitas con nosotros. —refunfuñó James.

—La comida está lista, señora Potter. —les avisó Wykers en ese momento de pie en la puerta, evitando su aparición la respuesta airada de Lily.

—Vamos de inmediato. —sonrió la pelirroja con malicia, mirando con sus esmeraldas a James de tal manera que su esposo supo que había conseguido la manera de desquitarse.

Jennifer y Remus se acercaron a Hermione y a Ron. Confirmaron que los dos chicos habían estado muy lejos, perdidos en sus pensamientos, al sobresaltarse cuando les dijeron que los acompañarían al comedor. Los esposos se miraron interrogantes pero no comentaron nada.

James tomó de la mano a su esposa, después de darle un beso en la boca al que ella respondió sonriente. Eso lo hizo sospechar aún más que se traía algo entre manos.

Harry salió del cuarto abrazado de Ginny, caminando tras sus padres que iban sonrientes hablando sobre el bebé en camino. La menuda pelirroja respondió a la pregunta de Lily sobre sus planes con su novio que estaban seguros de querer casarse y tener familia, en cuanto su situación fuese la adecuada para ello. Eso le valió un abrazo más estrecho de Harry que sonreía ilusionado.

Los siguieron Alice y Frank, bromeando ella con Lily sobre "lo flojos que estaban los futuros padres, cansados de una pequeña caminata", riéndose las dos por sus protestas sobre "lo corto de la caminata".

Hermione y Ron caminaban tras ellos, atentos a lo que oían, con un nudo en la garganta pensando en su mejor amigo. Habían dejado a los Lupin hablando con los Black, al oír la voz de Ginny mezclada con la de los Potter.

Angela los siguió callada. No lograba contener ya los recuerdos al oír a sus padres hablar sobre el tiempo que pasaría antes que ellos estuviesen buscando también ropita para bebé, mientras Jennifer hablaba sobre esa posibilidad como algo que tendría que esperar pero llegaría y Remus suspiraba. George la alejó rápidamente de ellos, tanto para evitar que cometiese una imprudencia como para intentar animarla en susurros. Le habló sobre la nueva generación Weasley, deseoso de distraerla.

Jessica sintió como se escapaban de sus ojos un par de lágrimas, justo en el momento en que Fred la alejaba rápidamente de sus padres y la llevaba a alcanzar a Angela y George. Hizo un esfuerzo por serenarse mientras su novio se unía a su gemelo en la charla sobre los pequeños que en el futuro jugarían bromas, negando que sus hijos fuesen unos bromistas. Riñó en broma con su prima por el apoyo de ella a lo que decían los gemelos pelirrojos, intentando los cuatro de esa manera sobreponerse a la tristeza.

Jennifer notó las lágrimas de la chica con los ojos idénticos a su esposo y se calló, mirándola preocupada, instando por señas a su esposo para que les diesen alcance en silencio.

Cuando ya iban a salir del cuarto Sirius se dio cuenta que los otros dos chicos seguían de pie junto a la ventana del cuarto, acercándose a ellos llevando a Angelica de la mano.

—¿Vamos? —les preguntó con cautela, mirándolos interrogante al verlos sobresaltarse y mirarlos nerviosos—. ¿Están bien?

—Sí. —mintieron los dos a coro, caminando en seguida rápidamente hacia la puerta del cuarto para salir de allí.

Angelica y Sirius se miraron interrogándose mutuamente, denegando, siguiéndolos pensativos y preocupados.

En la cocina comieron los dieciocho en silencio. Los diez chicos estaban abstraídos en sus recuerdos, mientras los ocho que los acompañaban los miraban intrigados pues Lily y Alice también notaron durante la comida lo que sus esposos y amigos habían detectado antes.

—Suban a descansar un rato, chicos —les dijo en voz pausada y firme Lily—. Los buscaremos después de recuperarnos de la caminata para que nos acompañen en la práctica de hoy, como les había prometido James.

Los diez chicos sonrieron ampliamente.

—Pero cumpliendo con las condiciones que puso el profesor Dumbledore —agregó rápidamente James—. Por lo menos con la de las varitas.

—¿No podemos practicar entre nosotros? —preguntó Harry en tono suave.

—Alternaremos las dos cosas. —le respondió Alice, sonriendo al ver la expresión de desconcierto de su esposo, las gemelas y los tres Merodeadores.

—Pero nos dirán con antelación lo que ustedes harán antes de empezar —agregó Lily. Sonrió con picardía ante las expresiones de James, Sirius y Frank, que habían cambiado de sorpresa a enojo—. Y sólo practicarán lo que les autoricemos, incluyendo algunas prácticas con nosotros si así se los pedimos.

—Así lo haremos —aseguró Harry sonriendo feliz. Eso era un gran avance a pesar de las limitaciones en cuanto a las prácticas que ellos podrían hacer—. Gracias.

—Vamos chicos —los apresuró Jennifer al ver el temporal que se avecinaba—. Les revisaré los vendajes de los ojos. Acompáñame Remus.

Angelica arrastró a Sirius fuera del comedor tras los chicos para evitar que interviniese en las discusiones de Alice y Lily con Frank y James.

Cuando tres horas más tarde pasaron buscando a los chicos en los cuartos los tres Merodeadores y Frank lucían enojados, mientras las cuatro Protectoras parecían haber ganado un preciado trofeo.

Jessica, Ginny, Luna, Fred, George y Neville los miraron intrigados, evitando el último que su novia preguntase algo al besarla rápidamente en la boca y susurrarle que no dijesen nada. Luna, asombrada inicialmente por el acercamiento de Neville frente a sus padres, sonrió al comprender que no quería oírlos discutir y asintió.

Subieron los diez guiados por sus acompañantes a una de las zonas de la casa en que no habían estado por órdenes de James. La habitación en el último piso que habían dejado para entrenar era en realidad la unión de una grande, dos medianas y una relativamente pequeña, ocupando todo el lateral derecho del pasillo de la casa vista desde la calle, o lo que sería lo mismo frente a las escaleras. Aquello la convertía en un espacio de veintitrés metros de largo por siete de ancho, con cinco puertas de acceso y siete ventanas grandes. Allí sólo había algunos almohadones, veinticuatro sillas, una mesa grande y larga paralela a la pared del fondo y un estante pequeño ubicado en la pared opuesta a la puerta por la que habían entrado los dieciocho, entre dos de las ventanas que permitían ver el jardín.

Las Protectoras guiaron a los cuatro chicos que no podían ver para que se familiarizasen con todo, mientras Jessica, Ginny, Luna, Neville, Fred y George miraban las paredes dañadas del cuarto con una sonrisa casi melancólica, lo cual fue notado por cuatro molestos acompañantes.

—¿Cuál es su plan de prácticas? —le preguntó Lily a Harry cuando ya se acercaban de regreso al punto en que los esperaban los seis chicos que podían ver y cuatro disgustados hombres.

—Hechizos para hacer escudos, desarmar, inmovilizar, atar y desmayar al oponente, algunos movimientos defensivos y convocar patronus, usándolos como guías por nuestra ceguera y para transmitir mensajes. —enumeró Harry.

—¿Saben hacer eso con sus protectores? —preguntó asombrada Angelica.

—Sí. ¿Empezamos por ahí? —planteó Harry contento.

—Sí. —contestó feliz Lily.

—Bien. Chicos, dispérsense por la sala en silencio. —les ordenó Harry a sus amigos, que luego de asentir lo obedecieron.

James, Sirius, Remus y Frank automáticamente empuñaron sus varitas y se pusieron en posición de ataque. Vieron a los chicos desplazarse ágilmente por la sala, sin hacer ruido. En ese momento detallaron que los diez usaban zapatos de goma, jeans, camisas de algodón sin botonadura de una sola pieza que cubrían totalmente su torso y antebrazos, terminando su parte inferior dentro de los pantalones, recogidos lo que sobresalía del cabello de las cinco chicas de los vendajes de sus cabezas con tiras de goma que los inmovilizaban.

Pasados cinco minutos todos los chicos estaban detenidos y con sus varitas afuera. Convocaron en silencio a sus protectores los cuatro que no veían casi simultáneamente, lo cual hizo enarcar las cejas a los ocho observadores. Pero su sorpresa fue mayor cuando vieron a Harry, Hermione y Ron desplazarse guiados por sus protectores, sin tropezarse con Jessica, Ginny, Luna, Neville, Fred y George que se comportaban como obstáculos móviles, mientras Angela les hablaba como el blanco a alcanzar moviéndose según le indicaba su protector para alejarse más de ellos y al mismo tiempo no tropezar con los demás. Diez minutos más tarde los diez chicos estaban al fondo de la sala, riéndose abrazados, luego que los cuatro patronus desapareciesen.

—Eso ha sido impresionante, chicos. —los felicitó Jennifer cuando los dieciocho se reunieron en el centro de la sala.

—¿Nos explican cómo se comunican con ellos? —preguntó con genuina curiosidad Alice.

Harry, Neville, Hermione y Ron procedieron de inmediato a explicarles a las Protectoras cómo lo hacían, practicando con ellas.

Angela fingió no haber escuchado los gruñidos de protesta de su papá y sus tíos, acercándose a explicarles y practicar con Sirius. Jessica se le unió a hacerlo con Remus. Los dos las dejaron hacer con el ceño fruncido. Ginny al ver a sus amigas sonrió y se atrevió a intentarlo con James, mientras Luna lo hacía con Frank. Fred y George practicaban con las cuatro frente a los cuatro desconfiados y molestos observadores y luego se unieron a las prácticas de ellas con ellos, cuando los vieron más distendidos.

Treinta minutos más tarde los dieciocho convocaban sus patronus y se enviaban mensajes con ellos exitosamente. El método era básicamente el que les había enseñado Dumbledore, sólo que las explicaciones de los chicos eran sencillas y directas.

—¿Podemos practicar ahora un poco de ataque y defensa? —preguntó Harry con la alegría que sentía delatándose en su tono de voz. Ya sabía, por su protector, que su papá y sus tíos estaban menos tensos.

—Pero sólo quince minutos y luego le entregan las varitas a James, se sientan en las sillas al fondo mientras practicamos nosotros para que descansen y luego veremos si practican más o no, según como yo vea su salud. —respondió Jennifer.

—De acuerdo —aceptó Harry contento—. Sería mejor que ustedes ocho se ubicasen hacia las sillas y la mesa en este momento, para saber Gea, Diana, Urano y yo dónde están. Así evitaremos lastimarlos por accidente.

—Muy bien. —aceptó Lily, arrastrando a James hacia ese lado seguidos de Alice, Frank, Jennifer y Remus.

Angelica y Sirius se miraron y denegaron. Se movilizaron hacia el otro lado del cuarto en silencio, con sus varitas empuñadas con determinación. Lily al notarlo quiso advertirles a los chicos, pero su esposo le indicó que guardase silencio señalándole a los chicos que podían ver. Ginny vio el movimiento de los papás de Angela preocupada, pero denegó en dirección a Jessica, Luna, Neville, Fred y George, que asintió de acuerdo con ella. Sospechaban que intentarían desarmarlos y protegerlos si se excedían, sonriendo al pensar la sorpresa que se llevarían si lo intentaban.

—Muy bien chicos. Venus, Gea, Neptuno, Mercurio, Júpiter y Urano en ataque. El blanco seré yo. Electra, Leto y Diana en defensa. Sólo los hechizos que le nombré a Lily. Mi objetivo será alcanzar la puerta por la que entramos, comenzando desde la ventana más cercana a las sillas. Empezamos tan pronto yo dé dos pasos. ¿Preguntas?

—¿Podemos desatar o reanimar a otro de los atacantes para que siga actuando en tu contra? —preguntó Ron.

—Si te da tiempo sí. —sonrió Harry.

Jennifer y Remus al oírlos se miraron alarmados, movilizándose hacia el centro de la habitación pegado cada uno a una de las paredes, en silencio. James y Frank retuvieron a Lily y a Alice, poniéndolas tras ellos y permaneciendo de pie, listos para intervenir. Jessica, Luna, Neville y Fred cuestionaron una vez más a Ginny y George con la mirada, pero al verlos sonreír con picardía asintieron. Si alguno de ellos intentaba intervenir los protegerían los diez.

Harry se desplazó con la varita apuntando al piso hasta la ventana más cercana al punto en que estaban sus padres. Esperó concentrado y atento, dando tiempo a que sus amigos se ubicasen. Tomó aire profundamente y empezó a avanzar siendo atacado por Neville apenas dio los dos pasos que él había indicado como límite.

¡Stupefy!

Harry se había lanzado al piso, rodando mientras lanzaba un hechizo para unir los pies, esquivándose hábilmente Neville y él mutuamente. Luna lanzó un hechizo para atar a su novio mientras el pelinegro avanzaba, siendo atacada por Hermione que intentó quitarle la varita, pero no lo consiguió. Ron atacó a Harry con un hechizo paralizante que le acertó, guiándose por el ruido de la respiración agitada de su amigo, sin embargo Angela lo desarmó y Jessica liberó a Harry, separándose los dos rápidamente para esquivar el ataque de Fred.

Jennifer y Remus seguían muy atentos los movimientos de los chicos, conteniéndose a duras penas de intervenir cuando vieron a Harry, Ron y Angela atacándose entre ellos.

Ron en un movimiento, para atacar a Harry, lanzó un hechizo paralizante en dirección a Jennifer.

—Cuidado. —le gritó la estudiante de medimagia al chico de pelo negro, asustada, no siendo alcanzada ella porque el pelinegro la lanzó al piso protegiéndola con su cuerpo.

Harry le hizo señas que guardase silencio y movió con su varita un par de almohadones a un metro del punto en que había escuchado partir el ataque de su amigo, dándole de lleno y tumbándolo al piso. Al oír a Ron quejarse sonrió, le hizo señas a Jennifer que permaneciese en el piso callada y rodó rápidamente lejos de ella, riéndose para desviar la atención de Hermione hacia él y lejos de ella. Angela convocó un escudo protector frente a Remus, evitando que Hermione lo atacase creyendo que era la posición real de Harry al oírlo decir en voz baja:

—Abajo.

Mientras tanto Ginny intentaba desmayar a su novio.

La chica de pelo negro alejó con un empujón a Remus, quitó el escudo y desarmó a Hermione, inmovilizándola totalmente en movimientos consecutivos.

—¿Estás bien? —le susurró Angela a Remus acercándose al punto en que suponía había caído.

—Sí. —le respondió mirándola asombrado, en un tono de voz normal.

Angela rápidamente le indicó que guardase silencio con la mano, le sonrió, le hizo señas que se mantuviese agachado y se desplazó hacia el punto en que Harry se defendía de los ataques de Ginny y Ron, mientras Luna contenía a Neville y Jessica a Fred y George. La chica de pelo negro logró desmayar a la menuda pelirroja cuando Harry avanzaba, con Ron tras él, hacia la posición de Angelica que los miraba asustada.

Los dos chicos se desplazaban con habilidad a pesar de no ver, esquivándose mutuamente. Distraída en ellos no reparó en un hechizo de desarme que lanzó Hermione intentando darle a Harry, después que Neville la liberase luego de inmovilizar a su novia.

—¡Ay! —se quejó mientras era empujada contra la pared y su varita rodaba lejos de ella.

Angela convocó rápidamente un escudo en la dirección en que se encontraban Angelica y Harry. Se ubicó rápidamente junto a ellos, protegiéndolos a los tres de los ataques de Hermione, Ron y Neville.

Jessica logró desmayar a Fred pero perdió su varita con George, que le hizo señas de no continuar preocupado porque la veía agotada y regresó hacia su gemelo para despertarlo.

—¿Quién es? —preguntó Harry en voz muy baja, tanteando en dirección a la gemela preocupado.

—Angelica. —susurró la aludida.

—¿Estás bien? ¿Te lastimamos?

—No te preocupes. Estoy bien. Mi varita está fuera del escudo protector de Diana. No puedo ayudarlos.

—¿Ayudarnos? Les dije que no estuviesen cerca para que no los lastimásemos —la regañó Harry en voz baja—. Diana, cuenta hasta tres y quita el escudo. Yo recuperaré la varita de ella y me ocuparé de Urano. Tú aleja de aquí a Gea y a Neptuno.

—De acuerdo. —murmuró Angela luego de asentir, con su respiración un poco agitada por el esfuerzo físico que estaba haciendo.

Sirius se acercaba a ellos por detrás de los atacantes, al igual que Jennifer y Remus, indecisos sobre intervenir o no. Se contenían por las indicaciones de James y Frank que corrían hacia el lugar luego de poner a Jessica, Ginny, Luna, Fred y George hacia las paredes laterales y lejos del punto en que ellos se encontraban, dejándolos con unas muy asustadas Lily y Alice. Les habían prohibido en voz baja el reincorporarse a sus compañeros.

Angela desmayó a Neville apenas quitó el escudo y se lanzó en dirección a Hermione. Mientras tanto Harry convocaba la varita de Angelica y se la arrojaba para luego correr en dirección a la puerta burlándose de Ron, que corrió tras él lanzando hechizos para desmayarlo.

Jennifer, Remus, James y Frank lograron apartarse del camino de los chicos, pero Sirius no y Harry tropezó con él, cayendo y rodando los dos en dirección a la puerta. Ron al escucharlos chocar y quejarse apuntó con su varita hacia la puerta para abrirla, mientras Hermione y Angela enviaban con las suyas almohadones en esa dirección.

—¿Están bien? —preguntaron a coro los tres, preocupados.

—Sí. —contestó Harry enojado.

—No. —respondió Sirius furioso.

—¿Qué? —volvieron a preguntar los tres chicos asustados, pues no entendieron al haber hablado los dos al mismo tiempo. Intentaron acercarse tanteando.

—Calma chicos. Marte y Sirius están bien. —les dijo Jennifer mientras sujetaba a Angela por la cintura.

Remus se apresuró a sujetar a Ron y Angelica a Hermione, mientras James y Frank se acercaban a Harry y Sirius para ayudarlos.

—Les pedí que se mantuviesen al margen para que no los lastimáramos. —protestó enojado Harry mientras su padre lo ayudaba a levantarse.

—Pero no dijiste que harían algo tan peligroso. —lo regañó James.

—Sólo usamos los hechizos que le dije a Lily. —replicó Harry molesto.

—Pero creí que sólo serían prácticas en parejas, como se hacen en clase en el colegio. —le reclamó furiosa y asustada la aludida, que se había acercado con Alice y los otros cinco chicos, preocupada por los dos que habían chocado y rodado a través de la puerta abierta hacia el pasillo.

—Tal vez debimos explicarles mejor la práctica que teníamos planeada. —intentó conciliar Hermione al oír el tono enojado de Lily.

—Ellos nos rodearon con la intención de ayudarnos, Marte —le explicó Ginny en tono meloso, abrazándose a él por la cintura intentando calmarlo—. Sólo intentaron intervenir hace unos minutos, cuando creyeron que ustedes cuatro podían lastimarse al no ver, pues Electra, Leto, Mercurio, Júpiter y yo no estábamos y pensaron que Neptuno solo no podría evitarlo.

—Entiendo. Lamento que los hayamos preocupado. ¿Estás bien, Sirius? —se disculpó Harry.

—Sí. No te preocupes. —le respondió intentando parecer seguro, pero se le escapó seguidamente un quejido llevándose una mano hacia el costado derecho.

—¿Qué tiene Sirius, Electra? —preguntó Angela preocupada.

—Por favor ve que tiene Sirius, Venus. —le pidió Harry tenso.

—Eso no es necesario. —protestó el Merodeador al ver a las dos chicas y su cuñada avanzar hacia él, luego de convocar sus maletines de medimagia. Retrocedió hasta quedar contra la pared mientras Alice se quedaba con Angela.

—Deja que te examinen. —le ordenó James serio quitándole la varita.

—Pero si no es… ¡Ay!.

—¿Te han golpeado varias veces por el mismo sitio en tu trabajo estos días? —preguntó Ginny al oírlo quejarse por la ligera presión hecha por Jennifer en el costado derecho.

Sirius se limitó a asentir, mordiéndose los labios para no quejarse de nuevo mientras su cuñada le abría la camisa para examinarlo.

—Anoche le puse ungüento desinflamante pero no quiso que tú lo examinaras. —se defendió Angelica de la mirada de enojo de su hermana, luego de ver el feo morado del tamaño de una quaffle que el animago de ojos grises tenía.

—¿Electra? —preguntó Angela asustada al oír a su mamá.

—¿Venus? —preguntó Harry preocupado al oír el tono en que había hablado.

—Sólo es un mal golpe que no se ha dejado curar, chicos. Tranquilos. —les respondió Ginny.

—Sería bueno que le aplicarás un hechizo sellador a esta costilla, Jennifer, para soldar la pequeña fisura en el hueso. —le indicó Jessica a su mamá, mirando preocupada a su tío.

—A mí ese aún me cuesta un poco. —denegó la aludida, mirando a la chica de ojos miel sorprendida por sus conocimientos.

—Entonces lo haré yo. —afirmó Jessica, concentrándose y empezando a hacer el movimiento necesario con su varita.

—No. Ellos no quieren que usemos nuestras varitas con ellos —la detuvo Harry frustrado—. ¿Pueden ayudarlo de otra manera?

Ginny miró primero asombrada a su novio al oírlo negarse, bajando la mirada triste al oírlo.

—Será entonces ungüento desinflamante mezclado con un poco de polvo de huesos de dragón. Será más lento pero funcionará —respondió con molestia en la voz la menuda pelirroja—. Iré a buscar el polvo al cuarto de ustedes, para evitar que tu mochila se vuelva un desastre peor de lo que ya es.

—Espera Venus —la detuvo Angelica—. ¿Estás segura de saber hacer bien ese hechizo, Electra?

—Sí. Pero si ustedes no quier…

—Hazlo, por favor —la interrumpió con tono de disculpa y petición, agregando al ver la expresión de su esposo—. Y tú no te atrevas a negarte, Sirius.

Los tres Merodeadores y Frank miraron interrogantes a Jennifer que asintió en señal de estar de acuerdo, apoyando Alice y Lily con gestos de asentimiento a las gemelas. Sirius pidió ayuda con la mirada a sus amigos, pero los tres denegaron.

—Está bien. —gruñó con sus ojos grises mirando intranquilos a los miel de la chica frente a él, tan parecidos a los de su amigo Remus.

Jessica, sonriendo de manera dulce, le apuntó con su varita. Se concentró en el complicado movimiento, verbalizando el hechizo para que su mamá de quien lo había aprendido lo escuchase. Un segundo después una luz de color blanco claro salía de la varita de Jessica en dirección al costado de Sirius que contuvo la respiración, seguida de una color rosa claro. Un segundo después el Merodeador arqueó la ceja derecha al sentir que el dolor en la zona disminuía bruscamente hasta casi anularse totalmente.

—He completado el hechizo para sellar la fisura con uno para desinflamar la zona —les explicó Jessica a Sirius y Jennifer—. Ahora con el ungüento desinflamante y reposar unas horas estarás como nuevo. —agregó con una sonrisa tranquilizadora a "su paciente".

—Gracias. —le dijo con sinceridad el aludido, sonriendo ampliamente.

—Ponle el ungüento mientras yo examino a tus amigos. —le pidió Jennifer mirándola con respeto profesional y curiosidad.

La chica de ojos miel miró interrogante a Sirius, sonriendo al verlo asentir. Se detuvo y suspiró al pedirle su tío a su mamá que primero le viese sus lastimaduras, dejándose curar. Procedió luego a aplicarle el ungüento al pelinegro de ojos grises.

Jennifer procedió después de atenderla a ella a revisar a los otros nueve chicos, curando los pequeños raspones y lastimaduras que tenían con ayuda de Venus, así como las lastimaduras que se habían hecho en las quemaduras. Estaba preocupada porque aún tenían fiebre y enojada con Angela porque no había querido tomar un cuarto de vaso de poción para los pulmones, pues ella decía que en unos minutos estaría respirando bien, ante lo cual había denegado y desde ese momento tenía el ceño fruncido.

Angelica regañaba a la chica por su necedad mientras ellas curaban a los otros, exasperada por sus continuas negativas, mirando con los ojos entrecerrados su sonrisa para intentar calmarla tan similar a la que su esposo usaba.

Alice, Lily, Frank y James ayudaron a Jennifer a guiar a los chicos a las sillas al fondo de la habitación. Ellos se intentaron oponer, preocupados por Sirius, pero él les dijo que estaba bien e iría tras ellos en sólo unos segundos y acallaron sus protestas.

Sirius miraba con mucha curiosidad a la chica que lo curaba, notando preocupado que parecía muy cansada. La tomó del brazo caballerosamente para llevarla al fondo de la sala y le pidió que lo dejase llevar el maletín de medimagia a él, bromeando con ella sobre despertar los celos en su novio y la esposa de él. Sonrió al verla bajar la cabeza avergonzada y decirle en voz muy baja que ella jamás traicionaría a su prometido. Le aclaró que sólo bromeaba, diciéndole que él jamás se atrevería a ponerla en la mira de la varita de su celosa esposa mientras fingía temblar por miedo. Sonrió al verla reírse.

—Sus varitas. —les exigió James cuando ya estaban todos allí, en un tono que no daba lugar a réplica.

Los diez suspiraron y se las entregaron. James las guardó en el estante, guardando la llave en un bolsillo de su pantalón.

—Tú te quedas a cuidar a los chicos, Sirius. —le ordenó Frank muy serio.

—Evitarás que cualquier hechizo llegue aquí, puesto que ellos no tienen varita para defenderse. —se adelantó James a la protesta que veía formarse en el rostro de quien para él era más que un amigo, su hermano.

—De acuerdo —gruñó el aludido, poco conforme con su designación de protector de los chicos—. Me ubicaré un metro antes de ellos para ser efectivo.

En la práctica Angelica, Remus, Frank y James atacaban a Lily, Alice y Jennifer, que tenían que defenderse y atacar simultáneamente. Los diez chicos estaban atentos al encuentro, comentando en voz baja los errores en los desplazamientos y movimientos defensivos que veían Jessica, Ginny, Luna, Neville, Fred y George, planteando Harry posibles prácticas para que mejorasen en esos aspectos en los pequeños recesos que les daban los atacantes a las tres que hacían de blancos para que recuperasen el aliento.

Hermione le sugería a Harry algunos hechizos a incluir, resignada a ayudarlo en su empeño mientras estuviesen allí. Ron planteaba algunas estrategias a practicar con ellos. Angela comentó que les serviría también el practicar a campo abierto, mejorando con un poco de ejercicio su condición física y planteó el hablarlo con ellos más adelante. Hermione denegó al oírla pero no comentó nada.

Sirius los escuchaba atentamente mediante un hechizo para oírles claramente desde la distancia, en silencio, observando atentamente sus reacciones. Estaba un poco más pendiente de ellos que de sus amigos, pero disimulaba perfectamente para que los seis que veían no se diesen cuenta. Hizo un par de escudos y un hechizo reflejo durante la práctica para evitar que algunas maldiciones llegasen a los chicos.

Una hora más tarde Frank dio la orden de detenerse al ver a Alice pálida. Se aproximó rápidamente a ella, abrazándola preocupado. Sonrió al oírla protestar por detener el entrenamiento diciendo que estaba bien. Le dio un tierno beso que los dos profundizaron.

James asintió al oír a su amigo detener el entrenamiento y se dirigió rápidamente hacia su esposa para examinarle preocupado un raspón en un brazo. Acalló sus protestas con un beso apasionado, pues era lo único que funcionaba cuando ella quería seguir renegando por detener una práctica.

Remus examinó rápidamente a Jennifer que denegaba sonriente, dándole un beso para tranquilizarlo.

Angelica corrió hacia Sirius que se dirigía a ella rápidamente. Los dos se consiguieron a mitad de camino, levantándola él en el aire y girando con ella riéndose los dos abiertamente.

Luna les contó a los cuatro que no podían ver lo que ocurría, abrazando a un dichoso Neville mientras Ginny se abrazaba a un muy feliz Harry. Angela y Jessica sonreían alegres, abrazadas por los gemelos pelirrojos, que se miraron y asintieron, contentos al verlas así.

—Vamos a dejarlo hasta aquí por hoy —dijo decidido James—. Mañana practicaremos de nuevo.

—¿Podríamos hacerles algunos comentarios sobre la práctica que han hecho? —preguntó respetuosamente Harry.

—Claro. —aceptó James intrigado. Interrogó a Sirius con la mirada, pues supuso que los habría estado escuchando con el hechizo inventado por los dos años atrás para sus travesuras. Se extrañó al ver a su hermano hacerle señas que se sentase.

Angelica, Jennifer, Lily, Alice, Remus y Frank los miraron con curiosidad, sentándose al ver a Sirius y a James hacerlo.

Con el mayor tacto posible, para evitar incomodarlos, Harry les dijo todo lo que habían conversado los diez durante su práctica. Lily y Frank impidieron varias veces por señas que Angelica y Sirius lo interrumpiesen, sintiendo que su curiosidad por saber quiénes eran aquellos chicos que les habían analizado de aquella manera, atreviéndose a hablarlo con ellos con aquél grado de madurez, crecía exponencialmente. Alice, Jennifer, Remus y James permanecieron quietos y en silencio, analizando tanto lo que decían como sus gestos, pensativos.

—Les agradecemos mucho sus observaciones y sugerencias, chicos —les dijo James en cuanto el joven terminó, con una mezcla de cansancio por lo vivido ese día, seriedad por el tema que estaban tratando y curiosidad por aquellos chicos—. Analizaremos su oferta de practicar con nosotros y lo hablaremos luego. ¿Están de acuerdo?

—Claro que sí. Gracias por escucharnos. —le respondió Harry con una gran sonrisa.

Aquello descolocó aún más a James. Sacudió su rebelde pelo con su mano en un movimiento nervioso, denegó y suspiró. «No puedo entender la actitud de estos chicos, a menos que… No, no puede ser».

Lily tragó saliva mirando al chico. «Sus reacciones con nosotros no son lógicas. La única posibilidad es que… Pero si es así, el chico que parece ser su líder… No, no puede ser».

El desconcierto en Alice, Sirius, Remus y Frank llegó a niveles insospechables al ver aquella sonrisa en el rostro del chico, tan similar a la de James cuando obtenía lo que quería.

Angelica tragó saliva. Miró en seguida a la chica de pelo negro, que tenía una sonrisa similar a la de su esposo cuando lograba algo. Recordó que sus ojos cambiaban de color como lo hacían los suyos y los de su hermano Wymond. Se estremeció levemente al recordar lo del orfanato que había recordado la chica. «No, no puede ser».

Sirius miraba a la chica con curiosidad y un poco de temor. «Su impulsividad, sus gestos tan similares a los míos, sus ojos cambiando igual a los de Angelica y Wymond, el que sea Cundáwan, sus reacciones con Angelica, Jennifer, Remus y yo… Pero las cicatrices en su espalda y lo del orfanato… No, no puede ser».

Jennifer miraba a la chica de ojos miel, con aquella sonrisa tan similar a la de su esposo, pensando en su carácter y forma de comportarse tan parecidos a los de él en muchas cosas, con aquella habilidad para la medimagia. «No, no puede ser».

Remus analizaba una vez más a la chica que lo tenía tan intrigado y… asustado, muy asustado. «Esos ojos tan parecidos a los míos, el color del pelo igual al mío, su carácter, sus reacciones… No, no puede ser».

Alice observaba con una mezcla de curiosidad y miedo al chico castaño. Cada vez que estaba cerca de él sentía algo muy especial, un instinto maternal que la instaba a protegerlo, lo que le ocurría también a Lily con el líder de ese grupo. Las dos se habían confesado aquello en secreto, sin atreverse a decírselos a sus esposos y a sus amigos. Se habían intentado calmar mutuamente al decirle su pelirroja amiga que posiblemente aquello se debía a verlos heridos e indefensos, apoyándola ella al comentarle que también podían estar influyendo sus embarazos. «Pero… Tengo tanto miedo que mis sospechas sean ciertas».

Frank miraba al chico castaño. «Esa sonrisa tan similar a la de mi esposa, con esos ojos del mismo color que los míos, su comportamiento con su novia durante la práctica, sus reacciones cuando nosotros estamos presentes… No, no puede ser».

—Vamos a descansar. Los dieciocho lo necesitamos. —decidió Jennifer al notar que el ánimo de su esposo y sus amigos era de tanta preocupación como el de ella misma.

James suspiró, asintió, se levantó, sacó del estante las varitas de los chicos y se las entregó.

—Jennifer tiene razón. Tomen sus varitas. Bajemos a cenar y luego a dormir. Hoy ha sido un día muy largo.

Los chicos asintieron y lo obedecieron. En la cena los diez analizaban la práctica que habían llevado a cabo entre ellos. Se hicieron varias observaciones, algunas en serio y otras en broma.

A diferencia del almuerzo ahora eran sus ocho acompañantes los que estaban en silencio. Los escuchaban atentamente, intrigados, preocupados, haciéndose muchas preguntas y elucubrando posibles respuestas, denegando eventualmente ante algunas, suspirando con otras, totalmente abstraídos.

Los chicos se dieron cuenta del tenso silencio de sus acompañantes, hablando cada vez menos hasta que sólo se escucharon los suspiros eventuales. Se preocuparon los diez al oírlos, evitando Ginny, Luna, Fred y George que Harry, Neville, Jessica o Angela hiciesen preguntas al respecto con ligeros apretones en sus manos.

Las cuatro parejas de esposos terminaron de comer en silencio. Subieron a los cuartos con los chicos y vigilaron que se tomasen el tratamiento antes de acostarse a dormir. Jennifer se preocupó al notarlos tensos cuando ayudaba a la menuda pelirroja y la de ojos miel a cambiarles los vendajes de los brazos, pero no comentó nada para no inquietar aún más a todos.

Alice y Frank se despidieron avisándoles que irían al día siguiente a media tarde, pues almorzarían con toda la familia Longbottom ya que Augusta quería celebrar con ellos el bebé que venía en camino. Sus seis amigos asintieron, se despidieron y subieron a sus habitaciones, agotados y preocupados, sin ganas de conversar mientras no despejasen su mente un poco de la tempestad de dudas que tenían.

En la madrugada James bajó a la cocina a buscar unas galletas caseras que le gustaban mucho a Lily, además de leche tibia para ayudarla a conciliar el sueño, pues su esposa estaba nerviosa y dormía muy irregular. Se asustó mucho al encender las velas con un hechizo no verbal mediante su varita y ver a Angela y a Harry sentados allí, jugando con sus varitas, rodándolas sobre la pequeña mesa del uno al otro en silencio. Notó que estaban abstraídos en sus pensamientos, pues no habían dado señales de haber notado su presencia.

—¿Chicos? —preguntó con suavidad, frunciendo el ceño al verlos sobresaltarse—. Tranquilos. No se asusten. Sólo vine por unas galletas y leche tibia para Lily. ¿Les pasa algo? ¿Se sienten mal? ¿Voy por Jennifer?

—No, James. Solamente estábamos compartiendo un rato aquí porque nos despertamos y no lográbamos conciliar el sueño.

—Deberían estar descansando. —les insistió preocupado.

—Subiremos en un rato. —le respondió Harry forzando una sonrisa.

Justo en ese momento entraban Jessica y Neville a la cocina, paralizándose al ver allí a James con sus amigos.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó preocupado el pelinegro de ojos color avellana, viendo de reojo a los otros dos chicos bajar la cabeza y denegar levemente.

—No podía dormir y bajé buscando un vaso de leche. —le respondió asustada Jessica.

—Yo tampoco podía dormir, además de sentir curiosidad por el sitio en que estaría Marte pues no lo vi en el cuarto cuando desperté. —le respondió con sinceridad Neville pasado el susto inicial, encogiéndose de hombros.

—Voy por Jennifer. —decidió el auror con sus ojos avellanas mostrando preocupación.

—No, James, por favor —le pidió en voz de súplica Angela poniéndose de pie—. No la despiertes por culpa nuestra.

—Los cuatro nos vamos ya a dormir —la apoyó Harry levantándose también—. Estamos bien, no la preocupes sin necesidad.

—¿Qué ocurre aquí? —preguntó Lily intrigada al oírlos, pues había entrado a la cocina justo cuando James terminaba de hablar, frunciendo el ceño al ver que los cuatro chicos se sobresaltaban.

—Nada. —le respondieron Harry, Angela, Jessica y Neville a coro rápidamente, nerviosos porque ella los descubriese despiertos a esa hora.

—Sí, claro. Los cuatro están en la cocina en horas de la madrugada, sobresaltándose al oírme, y aquí no pasa nada —les dijo con tono sarcástico—. Eso es tan cierto como que mi esposo no hizo nunca una travesura mientras estudió en el colegio —completó muy seria con sus brazos en jarras—. Quiero que me digan ahora mismo la verdad.

Los cuatro chicos bajaron la cabeza.

—No podían dormir y vinieron por algo de leche, mi amor —decidió ayudarlos James al ver sus semblantes—. Me preocupó que no pudiesen dormir y les planteé el buscar a Jennifer para que los examinase.

—Pero no es necesario. —dijo en voz baja Angela, con tono de niña pequeña atrapada haciendo una travesura disculpándose.

—Busca galletas para los seis mientras yo tibio leche, James. —le pidió Lily con tono de voz maternal, intentando tranquilizar a los chicos.

—Que sea para diez. —la contradijo Sirius entrando en la cocina con su esposa, su cuñada y su amigo, denegando las tres parejas al ver a los cuatro chicos sobresaltarse.

—Tranquilos. —les indicó Jennifer, mirándolos preocupada.

Un minuto después entraban a la cocina somnolientos Ginny, Luna, Fred y George.

—¿Diana? ¿Electra? ¿Marte? ¿Neptuno? ¿Están…? —entró preguntando la menuda pelirroja, que se congeló viendo a las tres parejas mirándola intrigados.

—¿Gea y Urano también están despiertos? —preguntó con una ceja arqueada Lily a los cuatro chicos que estaban llegando.

—Gea sí. —respondió Luna nerviosa.

—Urano también. —completó Fred, mirando a su novia preocupado.

Justo en ese momento entraban los dos aludidos a la cocina.

—¿Marte? —preguntó Hermione.

—¿Tienen por costumbre reunirse a esta hora en la cocina? —preguntó Angelica.

—No. —respondieron a coro los diez de inmediato.

—Entonces, ¿qué les pasa? —preguntó Remus.

—No podía dormir. —respondieron a coro Angela y Harry.

—Me desperté. —respondieron a coro Neville y Jessica.

—Tenía sed y bajé por leche tibia. —respondieron a coro Ginny, Luna, Hermione.

—Tenía hambre y quería un bocadillo. —respondieron a coro Ron, Fred y George.

Al responder los diez casi simultáneamente, no se les entendió mucho, arqueando sus seis acompañantes las cejas.

—Sentados ahora mismo —ordenó Jennifer con el ceño fruncido y un tono de voz que no dejaba lugar a dudas que tendrían que obedecerle, muy similar al usado por Madam Pomfrey—. Galletas y leche tibia para todos con poción tranquilizante y no quiero oír una sola protesta —agregó rápidamente—. Las únicas que no la tomarán son Diana y Lily, pero igual beberán leche tibia e intentarán calmarse. ¿Está claro?

Los otros quince asintieron con resignación, sentándose y obedeciendo a la Cundáwan que les sirvió a todos lo dicho con su varita. Luego todos subieron a los cuartos, quedándose dormidos con poción para dormir sin soñar que tomaron a regañadientes a excepción de Angela y Lily. A ellas les puso un hechizo alarma en sus camas que la despertaría de inmediato a ella si una de las dos se levantaba, pues no les quiso creer que se quedarían dormidas sin necesidad de aquello.

Lily intentó que su esposo la apoyase para que su amiga no hiciese el hechizo, pero el ver a la gemela más tranquila tan enojada y a su esposa pálida y con ojeras hizo que James con mimos la convenciese que aquello era por el bien del bebé, claudicando la pelirroja porque sabía que los dos tenían razón.

Idun, Dotty, Tyr y Wykers le rehuían a la chica de pelo negro desde el martes al mediodía de la semana anterior, después de haberles estado preguntando sobre los bebés e insistido en querer ayudarlos en las labores de limpieza de la casa junto a los seis que podían ver, a pesar de estar ciega ella y los siete quemados.

Lily, Jennifer y Angelica tuvieron que interceder para evitar que insistiese en ello e hiciese enojar a los cuatro elfos, pues aunque había sido respetuosa y sutil en su solicitud para que se los permitiesen su insistencia los tenía exasperados.

—Pero ya nos sentimos bien y queremos ayudar —insistió Angela en la cena el jueves en la noche—. Ya no tenemos fiebre y Gea, Urano, Marte y yo nos movemos muy bien por la casa.

Lily miró con ojos de súplica a su esposo, pues ya no sabía como frenar a los chicos sin regañarlos para que no se alterasen.

—Sé que están un poco aburridos, chicos, pero habíamos quedado en que se quedarían tranquilos mientras se recuperaban totalmente —les recordó James en voz suave y tranquila mientras le sonreía a su esposa—. Pueden seguir leyendo los libros de la biblioteca —Al oír a Ron y a Harry gruñir con exasperación contuvo a duras penas la risa—. Hoy Remus fue al Londres muggle a buscar los libros que le encargó Diana para leerlos con ustedes.

La gran sonrisa de la chica, que le había insistido para que le recibiese el dinero antes de decirle el nombre, fue acompañada de los suspiros de resignación de Hermione, Ron y Harry. La castaña también se estaba empezando a cansar de ser una "oyente tranquila", estando acostumbrada a leer por si misma con una velocidad muy diferente a las de sus amigos y sin tantas preguntas interrumpiendo su ritmo de comprensión del texto.

Los ojos de los cuatro chicos mejoraban bastante, al igual que las quemaduras de piel de los diez, por lo que se esperaba que pudiesen recuperar la visión en tres semanas y retirar los vendajes de los tres menos quemados en una semana, de los otros tres chicos en tres semanas, mientras en los otros cuatro habría que esperar al menos mes y medio. Los chicos estaban felices por ello, pero también nerviosos pues el recuperar la vista y que seis de ellos estuviesen totalmente curados de sus quemaduras implicaría el tener que irse de allí.

—Leto, Júpiter, Neptuno y yo queremos ir mañana en la mañana a buscar algunas plantas que nos hacen falta para prepararle la poción para los pulmones a Diana —dijo nerviosa Ginny—. Quisiera saber si uno o dos de los elfos pueden acompañarnos para que nos ayuden y al mismo tiempo nos vigilen.

La pregunta tan formal y directa de la menuda pelirroja detuvo los cubiertos de los otros comensales en el aire.

—Mañana iremos Sirius y yo con ustedes, si no les importa —dijo muy serio James—. Nos gustaría ayudarlos. Pediremos permiso en el Ministerio.

—No queríamos molestarlos porque es un día de trabajo —le respondió muy formal Neville—. Y tenemos entendido que el sábado van a visitar a un amigo enfermo, por lo que no quisimos dejarlo para ese día —explicó, basándose en la cubierta que ellos habían inventado para su ausencia ese día. Ya Jessica les había dicho que esa noche era luna llena—. Pensábamos que tal vez dos elfos podían quedarse con Diana, Gea, Electra, Urano, Marte y Mercurio mientras nosotros las buscamos.

—¿No pueden esperar a la próxima semana? —preguntó Remus—. Tres de ustedes ya estarían totalmente restablecidos y nosotros podríamos acompañarlos.

—El problema es que esa poción necesita de quince días para su preparación y a Diana sólo le quedan veinticuatro vasos —explicó Ginny pensativa, mirando preocupada a su amiga—. Ha estado muy inquieta y se ha tomado un promedio de vaso y medio diarios. Si se le llega a presentar una crisis y no tenemos preparada…

—Ya te he dicho que no te preocupes —la interrumpió Angela fastidiada—. Estaré bien. La podemos preparar cuando nos vayamos.

—¿Irse a dónde? —preguntó Lily en tono de regaño.

—Diana. —gruñó Harry en voz baja, exasperado por el desliz de su hermanita.

—Perdón. —replicó en voz suave Angela, bajando la cabeza.

—Quiero que le respondan a mi esposa. —insistió James serio.

—Hemos pensado que en tres semanas, si nosotros cuatro ya podemos ver y no hemos recordado nada más, sería mejor que nos fuésemos hacia uno de los lugares que les dijimos antes —respondió seria Hermione, mientras los otros nueve suspiraban con resignación. Esto hizo evidente que era ella quien los estaba presionando para irse—. Para lo cual le pediremos al profesor Dumbledore que nos borre los recuerdos a los diez desde que llegamos al colegio hasta ese momento sobre nuestra llegada, esta casa y ustedes. Luego viajaremos desde el punto en el que él lleve a cabo el procedimiento hasta uno de los que les hemos nombrado.

—¿Hemos hecho o dicho algo que los haya molestado? —preguntó Lily con falsa dulzura en su voz.

—No Lily, claro que no. —respondió cautelosa Hermione.

—¿Ya han recordado quiénes son y por esa razón quieren irse de aquí? —preguntó Alice en un tono similar al de su amiga.

—No, no hemos recordado nada nuevo, como ya les he dicho. —respondió de nuevo la castaña, sintiéndose cada vez más nerviosa.

—¿Tienen un plazo límite de permanencia con nosotros? —preguntó Angelica, con el tono de quien pregunta inocentemente.

—¿Un plazo? No entiendo a que… —Hermione se congeló a la mitad de su cuestionamiento al entender a cabalidad el problema, bajando la cabeza.

—No es porque tengamos que rendirle cuentas a nadie de nuestra estadía aquí que hemos considerado prudente el marcharnos —respondió muy serio Harry, pues aunque en su corazón deseaba quedarse con ellos sabía que su amiga tenía razón. Debían alejarse de ellos lo antes posible—. Desde que nos reunimos en la enfermería habíamos acordado como grupo que, cuando los diez estuviésemos en condiciones de defendernos medianamente bien, nos aislaríamos para evitar el contacto con otras personas que pudiese alterar sus vidas. No sabemos quiénes somos, porqué estamos aquí o a dónde pertenecemos, pero estamos claros en que no debemos alterar los acontecimientos si venimos del futuro.

—Y aún cuando no fuese así nos parece injusto el irrumpir en sus vidas, generándoles tensiones y conflictos adicionales a los que ya tienen —agregó muy seria Angela, que además de querer quedarse y entender las razones de Hermione, se sentía incómoda porque sus papás eran los que más desconfiaban de ellos. Había sentido cierta tirantez de su mamá hacia ella cada vez que su papá se le acercaba. Ella entendía sus razones pero igual la entristecía aquello—. Si en tres semanas ya hemos recuperado la vista estaremos en condiciones de defendernos solos mientras logramos regresar al punto del que partimos para llegar aquí.

—Eso lo volveremos a conversar cuando recuperen la vista. —afirmó James mirándolos con preocupación, pues notaba a los diez chicos tensos.

El tono de voz de los dos chicos de pelo negro, además de seriedad y formalidad, había dejado traslucir cierta inconformidad con lo expresado de una manera muy sutil. Pero él lo había captado perfectamente, por haberlo usado muchas veces su mejor amigo y él para encubrir decisiones de los otros Merodeadores y a veces de las Protectoras. Sirius también lo notó y asintió levemente en su dirección.

—En cuanto al planteamiento de Venus de ir a buscar lo que les falta para la poción, estoy de acuerdo en que no debe demorarse demasiado estando la salud de Diana en peligro —continuó James—. Sin embargo, tomando en cuenta que ustedes aún no están recuperados y la situación a campo abierto es peligrosa por la guerra en la que estamos inmersos, les sugeriría que fuesen los cinco que estén más recuperados en la tarde cuando está Lily aquí. Así ella podría ayudar a aquél de ustedes que se quede a cuidar de los cuatro que aún no recuperan la vista.

—Esa es una muy buena idea —aceptó Ginny contenta—. Iríamos Leto, Neptuno, Mercurio, Júpiter y yo con el elfo que ustedes digan, mientras Electra cuida de ellos.

—Los cuatro elfos van a estar un poco ocupados porque mañana en la noche tenemos una reunión con bastantes amigos aquí, para darles la noticia de los embarazos de Alice y Lily —replicó James con fingida naturalidad—. Eso era algo que pensaba hablar con ustedes al terminar la comida. Mañana en la noche deberán permanecer en sus cuartos para evitar que nuestros curiosos amigos los interroguen.

—No hay problema con eso, James —le respondió con una sonrisa de confianza Harry, que se divertía con la excusa inventada por su papá para la reunión pues estaba casi seguro que sería de La Orden del Fénix—. Nos quedaremos encerrados en nuestros cuartos desde que ustedes lo indiquen.

—Pero entonces tampoco podremos ir mañana. —comentó decepcionada Ginny.

—No veo el porqué no. Pueden ir ustedes cinco conmigo —intervino Jennifer—. Mañana sólo tengo clase hasta las doce. Podemos ir los seis después del almuerzo.

—Gracias Jennifer. Eso haremos. —le agradeció sinceramente Ginny.

Hermione se removió inquieta, pues no estaba de acuerdo con la participación de Jennifer, pero suspiró y permaneció callada. Si presionaba con eso Angela explotaría y Ginny tenía razón en que la poción la necesitarían pronto, cuando se fuesen de allí.

Sirius la miró con los ojos entrecerrados, pues ya habían sospechado los ocho que era ella quien los presionaba para que se fuesen de la casa y lo ocurrido poco antes se los había confirmado.

—¿Ya han empezado a acondicionar la habitación para el bebé? —les preguntó Alice a Lily y James para distender la situación—. Frank y yo comenzaremos el domingo.

—Mamá insiste en que debemos hacerlo con tiempo. —explicó el auror con un ligero tono de resignación.

—Charlus nos ha aconsejado que usemos los muebles de James cuando era pequeño, restaurándolos. —comentó Lily sonriendo ilusionada. Enarcó una ceja interrogante un minuto después en dirección a Harry, que se había atorado al escucharla y tosía sin control.

—Tranquilo, Marte —le decía James mirándolo con una mezcla de preocupación y suspicacia—. Toma un poco de agua, te ayudará. —le indicó llevándosela a la boca. Se tranquilizó minutos después al verlo respirar tranquilo, esperando oír su excusa.

—Lo siento. —se disculpó Harry apenas se recuperó, intentando pensar en algo pues suponía que todos lo estarían mirando.

—¿Los padres de Lily y James vendrán a ayudarlos a acondicionar el cuarto? —preguntó Angela con fingida inocencia, para distraer la atención de todos y al mismo tiempo aprovechar la situación para que Harry supiese más de su familia en esa época—. Disculpen la curiosidad, pero supongo que en ese caso tendremos que tener más cuidado para ocultarnos en su casa.

—Mis padres son muggles. Ellos no vendrán —respondió con tristeza Lily—. Mi hermana Petunia los absorbe en este momento con su embarazo y… y yo me he alejado un poco de ellos para no ponerlos en peligro por la guerra, después que… que lo hablásemos los seis. —terminó con la voz muy triste, mientras una sombra de frustración enturbiaba su mirada.

James quitó con cuidado el brazo de Harry del suyo y se giró a abrazar a su esposa con cariño. Petunia había tratado tan mal a su esposa ese día que de no haber estado embarazada la habría hechizado. Su suegro había detenido la discusión, abrazando a la esposa que lloraba les pidió a todos que se marchasen mientras él le daba el medicamento para el corazón y la acostaba.

Habían hablado esa noche los dos a solas por petición de Sam Evans, que le pidió evitase que Lily se alejase de ellos por Petunia y la guerra. Se pusieron de acuerdo los dos para mantener la familia unida, avisándose por medio de la lechuza que James le regaló a su suegro si Petunia estaba en casa de los Evans para evitar otro encuentro desagradable.

Harry estaba cabizbajo, apretando los puños a pesar de sus quemaduras, deseando tener una "conversación" con su tía por haber hecho sufrir a su mamá de esa manera. Ginny lo abrazó con disimulo por la cintura, demostrándole su apoyo.

—Mamá murió mes y medio después de comenzar mi último año en el colegio. Papá aún sufre las secuelas de ese ataque a unas cuadras de aquí. No creo que él venga a la casa, pero de ser así avisaría con antelación. Desde ese día detesta el llegar por sorpresa a un lugar. —les contó James con la mirada perdida en un punto del blanco mantel, mientras su voz reflejaba su melancolía y enojo mezclados.

—Lo siento. No debí preguntar. —se disculpó Angela en voz baja, sintiéndose terriblemente mal por Lily, James y Harry.

—No te preocupes, Diana, no había modo que supieras que nos traerías recuerdos tristes —le dijo Lily en voz suave, después de darle un beso en la mejilla a su esposo—. ¿Te gustaría ayudarnos con la habitación del bebé cuando recuperes la vista? De los presentes eres la que parece saber más de recién nacidos, aunque eres una de las menores.

Hermione bajó la cabeza y apretó los puños, incapaz de decirles nada pues tenía un nudo muy apretado en la garganta.

—Con mucho gusto la ayudaremos los diez en lo que podamos. —afirmó Harry en voz baja. Triste e ilusionado al mismo tiempo.

—¿Podríamos usar dibujos de Heliopaths en la decoración? —preguntó Luna con aire ensoñador. Aunque en realidad estaba muy atenta a todos.

—¿Heli… qué? — preguntó James desconcertado.

—Heliopaths. —respondió Luna sonriente.

—¿Qué es eso? —preguntó intrigada Lily, mientras Sirius veía desconcertado como Hermione se unía a los movimientos de cabeza de Ron denegando, Jessica suspiraba y Angela, Ginny, Harry, Fred, George y Neville sonreían.

—Espíritus del fuego. Enormes y flameantes criaturas que galopan por la tierra y queman todo en su trayectoria. Le darían vida al cuarto del bebé.

Angelica y Remus miraban a la rubia alucinados.

—¿Scamander habló alguna vez de ellos? —les preguntó Alice a Angelica, Jennifer y Remus que habían estudiado a fondo sus libros.

Los tres denegaron de inmediato y se encogieron de hombros, mirando de reojo a Jessica que estaba cerca de ellos y había gruñido en voz baja al oír el apellido del experto. Fred le apretó suavemente la mano con cariño a su novia, transmitiéndole su apoyo. Sabía que repudiaba a aquél hombre por la Ley de Registro de Licántropos, la cual no fue cumplida por los Brown a petición de Jennifer y Angelica, protegiendo a Jessica.

—No creo que el señor Scamander sepa de ellos. —dijo Hermione exasperada. Cada vez que Luna hablaba de sus extravagancias apenas si podía contenerse para no contradecirla.

—Newt Scamander es una autoridad en Magizoología. ¿Cómo es que tú sabes de Helio… esas cosas y él no? —le preguntó Jennifer intrigada a la chica de ojos grandes y plateados.

—Los Heliopaths son muy difíciles de ver y ubicar. —le respondió Luna con tranquilidad. Se detuvo y sonrió al oír a Hermione gruñir y verla denegar. Había conseguido su objetivo.

—¿Tú los has visto? —preguntó Remus intrigado por la actitud del chico a quien su esposa ayudaba con la comida, que denegaba con desesperación para que no siguiesen preguntándole cosas a la rubia.

—No, pero tengo en mi mente una buena idea de cómo son. Estoy segura de poder dibujarlos bien. —aseveró Luna con aparente seguridad.

—Esas cosas no existen. —explotó al fin Hermione, incapaz de contenerse.

Ron suspiró y dejó caer la cabeza hacia adelante.

—Tú solo das por cierto lo que aparece en los libros, bonita —le respondió Luna—. Yo le doy oportunidad a la información novedosa.

Angela, Ginny, Harry, Fred, George y Neville no lograron contenerse más y se soltaron a reír abiertamente. La rubia lo había conseguido, había desesperado a la castaña hasta hacerla explotar. Jessica sonrió sin poder evitarlo. Lily, Jennifer, Angelica, Alice y Frank los miraban desconcertados, mientras Remus, Sirius y James sonreían, pues entendieron que la rubia había dicho algo para exasperar a la castaña y los otros chicos se burlaban por haberlo logrado.

—Luego nos mostrarás uno de esos dibujos y veremos si lo incluimos o no en el cuarto del bebé —dijo James, conteniendo con dificultad la risa al ver a la castaña llevarse las manos a la cabeza mientras denegaba—. Yo he pensado que debería tener los colores de Gryffindor, rojo y dorado —Sonrió al ver a sus amigos y ocho de los chicos asentir. Eso confirmaba sus sospechas, pertenecían también a esa casa en el colegio—. Y algunos afiches de las Holyhead Harpies. —agregó con picardía, mirando de reojo a su esposa que no tardó en explotar.

—¡¿De esas?! Ni se te ocurra James Potter. —se revolvió indignada.

—Lily tiene razón, amigo —opinó Sirius, sonriendo con fingida inocencia al ver las esmeraldas de su amiga mirarlo con confusión—. Deben ser de los Caerphilly Catapults, son los mejores.

—Ah no, en ese caso de las Avispas de Wimbourne. —lo refutó James de inmediato.

—¿Y por qué no de los Appleby Arrows? —intervino Frank.

Alice, Jennifer y Remus suspiraron con resignación, al igual que Jessica, Hermione y Neville, mientras todos sus acompañantes se empeñaron en una discusión sobre las virtudes y errores de los equipos más famosos de Quidditch. Lily y Angelica los habían estudiado a profundidad para poder rebatir con bases a sus parejas cuando peleaban en el colegio.

Terminaron de comer y subieron a los chicos a sus cuartos a darles las pociones y dejarlos durmiendo, discutiendo aún sobre el deporte más famoso del mundo mágico. Cuando salieron de los dos cuartos, dejando a los chicos dormidos, James, Sirius y Frank aún seguían con el tema.

—Definitivamente son muy listos los chicos —afirmó Remus en un tono serio y profundo, sonriendo al ver a sus tres amigos callarse y mirarlo intrigados—. Han desviado nuestra atención con mucha habilidad desde que Marte se atoró y ustedes hablaron sobre sus padres. —les dijo señalando a Lily y a James, ampliando su sonrisa al ver la cara de "Eso fue lo que hicieron" que pusieron los siete.

—Mañana Alice y yo pediremos permiso en la tarde para ir a San Mungo. Así seguiremos a los chicos cuando salgan con Jennifer —afirmó muy serio Frank—. Haz lo posible por deslizar éstos en los bolsillos de sus capas. —le indicó mientras le entregaba cinco pequeños botones que le había quitado a la camisa que había llevado para entrenar, a los cuales les había puesto con su varita un hechizo localizador.

—Estaré bien, mi amor. —le dijo la aludida a Remus, dándole un beso para tranquilizarlo. Había estado tenso desde que ella se había ofrecido para ir con ellos, lo cual no era bueno en su estado de debilidad. Ya le había protestado a su padre porque Alastor lo obligase a practicar con él ese día.

El Merodeador suspiró y asintió. Era tan necia como la gemela cuando se proponía hacer algo.

Alice y Frank se despidieron de sus amigos, dirigiéndose luego las otras tres parejas a sus habitaciones a descansar.

—No tienes que… recordármelo Gea —Escucharon los Potter, los Black y los Lupin a Angela gritar a través de la puerta del cuarto de las chicas la mañana siguiente, cuando llegaban a los cuartos casi media hora antes que los días anteriores para entrar a buscarlos y bajar a desayunar. Se quedaron paralizados mirándose. En seguida se acercaron en silencio a la puerta para escuchar—. Sé perfectamente que no… debo seguir involucrándome… con ellos y que nos… tenemos que ir… Si por mí fuese ya… lo hubiésemos hecho… ¡Hagámoslo! Llamemos… al director y salgamos… de aquí.

—Se calman las dos —escucharon a Ginny gritar—. Urano, Marte y Gea no saben desenvolverse solos todavía y aún no hemos verificado los dos lugares para saber a cuál nos podemos ir.

—Pues ve a… verificarlos. —le gritó Angela, con la respiración agitada por el enojo y las ganas de llorar que tenía.

—Pero no podemos irnos sin haber recuperado la vista. Habíamos decidido esperar estas tres semanas. —gritó Hermione asustada.

—Sólo tienes que… estarte quieta y… no tropezarás… con nada —le gritó Angela exasperada—. Así evitaremos… que yo siga… cometiendo errores… ¿No es eso… lo que quieres?

—¡Ya basta! —gritó Luna, paralizando a sus compañeras—. Esa decisión no es sólo de nosotras cinco. Iré por los chicos.

—Nada de eso —se opuso Ginny con fiereza, parándose junto a la puerta con los brazos en jarras y un aspecto que en nada tenía que envidiar al de Molly Weasley cuando iba a reñir a sus hijos—. No voy a permitir que presionen a Marte y le ocasionen una crisis nerviosa de nuevo.

—Tú vas a dejar a Diana en paz, Gea —le gritaba furiosa Jessica, mientras abrazaba a Angela que sollozaba, haciendo esfuerzos para controlar su enojo por miedo a terminar convertida en lobezna—. Todos los días es lo mismo. Esta es la tercera vez que le ocasionas un fuerte estado de angustia y no voy a permitir que lo hagas de nuevo. Mientras estemos en esta casa no la contrariaras por lo que hable con ellos. Nos esperaremos hasta que ustedes puedan ver y luego que ayudemos a Lily con la decoración del cuarto del bebé, como Marte se lo prometió, nos vamos.

Ya no escucharon más gritos y se quedaron mirándose interrogantes, sin saber qué hacer. Si entraban en ese momento Lily, Jennifer y Angelica a ese cuarto se darían cuenta que las habían oído, o peor aún, podían ser víctimas de la discusión que acababa de pasar allí.

James les hizo señas de esperar todos quietos y callados allí, hasta que pasasen los quince minutos faltantes para su llegada matutina normal, mientras escuchaban atentos a ver si se enteraban de algo más.

Cumplido el plazo las tres mujeres entraron al cuarto de las chicas. Entraron cinco minutos más tarde los hombres al de los chicos, pues sólo escucharon los saludos normales matutinos a través de la puerta. Los tres Merodeadores miraban intranquilos a los chicos que los saludaron sonrientes. En seguida Harry les mostró que ya podía cambiarle la ropa a Neville con el hechizo si su amigo le indicaba donde la había ubicado y le hablaba mientras lo hacía.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

La tensión en el cuarto de las chicas se sentía en el aire. Las habían saludado a las tres con cortesía, las acompañaron en silencio fuera del cuarto, pues ya estaban vestidas y aseadas, bajando al comedor en un tenso silencio. Se estaban sentando a la mesa cuando los tres Merodeadores llegaron con los chicos, riendo por una broma de Harry a Ron. El alto pelirrojo se había tropezado con Sirius al intentar acercarse rápidamente a la puerta, pues Harry había fingido saludar a la castaña.

—Buenos días. —los saludaron Angela, Jessica, Ginny, Luna y Hermione a coro, muy formales, deteniendo las risas de los cinco chicos en el acto.

—Buenos días chicos. —saludó Lily en un tono más cálido mirándolos atentamente, especialmente a Marte que estaba paralizado.

—Buenos días. —saludaron a coro Jennifer y Angelica, preocupadas.

—Buenos días chicas. —saludaron Remus, Sirius y James a coro, preocupados los dos últimos por la rigidez de Ron y Harry, que parecían petrificados.

—¿Buenos días? —más que saludar preguntó Harry, preocupado al sentir la tensión en el ambiente.

Ginny suspiró y se acercó a él, dándole un cálido beso en la boca.

—Sí, mi amor. Muy buenos días. ¿Nos cuentan de qué se reían cuando llegaron?

—De una pequeña broma que tu novio me jugó, hermanita. —le respondió Ron en tono de queja, intentando distender un poco el ambiente.

Hermione abrió la boca para regañarlo por decir eso, pero la cerró de nuevo y aguardó en silencio. Sentía que el huracán de sentimientos encontrados que batallaba en su interior estaba a punto de explotar.

Ella era la única de los diez que seguía insistiendo en irse de esa casa apenas les fuese posible, aislándose mientras se podían ir. Sabía los motivos por los cuales Angela, Jessica, Neville y Harry estaban aferrados a quedarse, entendía que Luna, Ginny, Fred y George los apoyasen, pero el que Ron estuviese de su lado y no del de ella la tenía molesta y triste a un mismo tiempo.

«¿No pueden los nueve ver lo peligroso que es pasar aquí más tiempo del indispensable? ¿Por qué Angela, Jessica y Harry siguen involucrándose cada vez más en las vidas de sus padres a pesar de mis advertencias?». Se sentía tan mal como los otros por tener que decírselos, pero la aterraban las consecuencias de quedarse.

Fred notó la furia en la mirada de su novia, evidentemente ocasionada por la castaña por la forma en que la miraba, y se apresuró a llegar junto a ella. Le dio un tierno beso para ayudarla a calmarse.

George supuso por las miradas que le lanzaban los ojos miel a la chica premio anual lo que habría ocurrido esa mañana, apresurándose a sentarse junto a su novia y abrazarla. Tragó saliva al sentir que se aferraba a él como a una tabla de salvación, deseando que estuviesen solos los diez para poder hablarlo abiertamente y ponerle fin a esa situación.

—¿Qué broma? —preguntó Luna, después de darle un beso en la boca a su novio, mientras lo acompañaba a sentarse.

—Marte le hizo creer a Urano que James y él se habían conseguido con Gea en la puerta del cuarto, al saludar al aire fingiendo que ella estaba ahí. Él se lo creyó e intentó ir hacia allí, tropezando con Sirius. —le respondió Neville, mirándola interrogante.

—Y hemos rodado los dos al piso. —siguió Sirius con tono divertido, aunque muy atento a las reacciones de los chicos.

—Me parece insólito que me conozcas tan poco, Urano. Deberías saber que no abriría la puerta del cuarto de ustedes sin tocar. Y lo que es peor, que aún no nos desenvolvemos bien solos por nuestra ceguera. —empezó Hermione furiosa al principio, pero llorando al final desconsolada.

—Gea, mi amor, ¿qué tienes? —le preguntó Ron preocupado, intentando ir hacia ella. Se enredó con Remus y perdieron el equilibrio los dos en dirección a Sirius.

—¡Cuidado! —gritó James asustado al ver a los tres girar en dirección a la mesa mientras caían.

Sirius pensó que la advertencia había llegado muy tarde, sintiendo que el cuerpo de su amigo y el del chico caían sobre él, empujándolo sin que tuviese como evitarlo. Se detuvieron los tres en el aire, con Sirius a pocos centímetros de golpear su cabeza en la mesa, porque Angela usó rápidamente su don del Manejo de la Energía al percibir por medio de éste el peligro que corría su papá. Los desplazó a los tres de modo que no se golpease ninguno con ningún mueble y los liberó, respirando irregular y sudando frío por el esfuerzo energético realizado.

Angelica la miró sorprendida. Sólo ella pudo darse cuenta entre los presentes de lo hecho por la chica, por medio de su don más extraño. Se preocupó de inmediato al ver el estado de la joven. Ella iba a hacer lo mismo pero la chica se le había adelantado por unos segundos. Otros dos de los presentes percibieron que Angela había hecho algo con el don del Manejo de la Energía, pero no estaban seguros.

George sospechó de lo ocurrido al ver el malestar de su novia segundos después de aquella caída, que él había intentado desviar del mueble usando su varita, pero algo o mejor dicho alguien los había desviado antes que él. La besó suavemente en la frente sobre las vendas, preocupado. Puso su cerebro a funcionar rápidamente para sacarla de allí sin despertar sospechas en quienes los ayudaban ni mucho menos en sus compañeros, luego del enfrentamiento que estaba seguro habían tenido las chicas en su habitación.

—¡Ay! Creo que hoy deberé mantenerme lejos de Urano. —bromeó Sirius, luego de quejarse al caer, al igual que Remus y Ron.

Jessica se incorporó de inmediato al igual que Jennifer, siendo contenida la primera por Fred mientras la segunda se movilizaba rápidamente junto a los que se habían caído.

—¿Urano? —preguntó asustada Hermione, que también se había incorporado.

—Tranquila, mi amor, yo estoy bien —le aseguró Ron mientras James lo ayudaba a incorporarse rápidamente, preocupado por Remus que estaba bastante débil por la proximidad de la luna llena—. ¿Cómo estás tú? ¿Qué tienes?

—Nada. Yo… Perdóname lo que dije hace un momento, Marte, me he comportado como una tonta. —se disculpó la castaña con la voz aún quebrada, intentando calmarse.

—No tengo nada que perdonarte, Gea —le respondió Harry con la preocupación notándose en su voz—. Pero tú no eres así. ¿Qué te pasa?

—Yo la hice enojar… hace un rato por… una tontería… Lo siento Gea. —intervino Angela en voz baja, intentando respirar mejor y equilibrarse de nuevo.

George miró a su alrededor preocupado, deteniendo su vista en su hermana menor al ver cómo los miraba. Ginny se dio cuenta que Angela estaba mal y la miró tan intrigada como preocupada, relacionando aquello con su percepción con el extraño don. Al ver la expresión de su hermano comprendió lo ocurrido. Tenían que sacar a Angela hacia el cuarto de inmediato.

Harry se tensó al escuchar hablar a quien consideraba su hermanita, uniendo aquello con su percepción. Abrazándose a su novia le susurró al oído:

—Ayuda a Júpiter a sacarla de aquí y atiéndela. Yo manejaré la situación con Electra y Gea. Rápido.

—Calma chicos. Saben que no deben tensarse para que puedan recuperarse —les dijo en voz suave Jennifer, intentando tranquilizarlos luego de examinar rápidamente a Ron y a Sirius, mientras lo hacía con su esposo muy preocupada por él—. Van a tomarse los nueve la poción tranquilizante ahora mismo, luego yo curaré los ojos de Gea. Angelica, lleva a Diana a la biblioteca y ayúdala a calmarse. —ordenó en seguida.

—Venus y yo podemos ayudar a calmarse a Diana mientras Electra las ayuda con los golpes en Urano, Sirius y Remus a Angelica y a ti. —la contradijo rápidamente George, que había visto la expresión de la gemela al examinar al licántropo.

—Está bien, yo iré luego a verificar cómo está ella.

El pelirrojo asintió, levantando a su novia que intentaba hacerlo pero no tenía fuerzas para incorporarse sola. Angelica lo ayudó muy preocupada por la chica, siendo reemplazada rápidamente por Ginny que había dejado a Harry sentado muy cerca de Hermione y Lily. Sirius se dio cuenta y miró interrogante a su esposa, preocupándose al ver aquella mirada tan extraña en ella. «¿Qué rayos ha pasado para que mi esposa tenga esa turbación en sus ojos aguamarina?».

James ayudó a Ron a sentarse junto a Hermione, mirando intranquilo a su esposa mientras los dos chicos se abrazaban. «Con la situación tan tensa entre los diez chicos y mi amigo tan mal por la cercanía de la luna llena, preocupado ahora por la salida de Jennifer con ellos… Remus no quiere bajo ningún concepto que ella salga sola con cinco de ellos, aunque Alice y Frank los estén siguiendo, y empiezo a estar de acuerdo».

Lily y James observaban atentamente a los siete chicos en la cocina, especialmente a la que se hacía llamar Electra que lucía tan débil y preocupada como su amigo licántropo, con un nudo en la garganta. Respiraron tranquilos cuando vieron a Remus sentado a la mesa, diciéndoles por tercera vez a su esposa y a la chica que estaba bien, que no le había pasado nada, tomándose con expresión de resignación la poción revitalizante que le daba Jennifer.

Fred había ayudado a Sirius a incorporar a Remus, a pesar de las protestas de su suegro, asegurándoles que él se encontraba perfectamente y quería ayudarlos como lo habían estado haciendo con ellos. Tuvo que hacerle hincapié al licántropo en que él estaba débil "por un mal hechizo recibido durante las prácticas con el señor Moody", que era la excusa que les habían dado ellos a los chicos para su estado, por lo cual Jennifer y ellos estaban preocupados.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—Tranquila Diana. —le dijo George amoroso, luego de sentarla en un sillón grande de tres puestos de la biblioteca junto a él, manteniéndola abrazada.

Mientras tanto Ginny convocaba rápidamente un vaso de poción dorada y uno de cristalina, además de su equipo de medimagia. Se concentró y la evaluó por medio de su don extraño como ya había aprendido con Raymond, respirando aliviada al saber que no era tan serio.

La preocupó que el leve uso del don de la chica la hubiese debilitado de aquella manera. Aquél ataque que los había obligado a viajar a esa época aún los afectaba mucho. «¿Cuánto se va a prolongar esta situación? ¿Podremos permanecer en esta casa todo el tiempo que quieren mi novio y mis amigos sin resultar los diez muy afectados o modificar algo de manera grave?», se preguntó inquieta.

—Bebe esto, Diana —le ordenó Ginny mientras le llevaba la poción cristalina a la boca. Hizo un gesto de frustración al ver a su amiga rechazar el seguir tomándola luego del primer trago, interponiendo su mano entre el vaso y su boca mientras se estremecía en brazos del novio—. Sé perfectamente que te genera una reacción desagradable, pero tienes que tomar medio vaso y recuperarte antes que llegue Jennifer.

Angela quitó la mano de su boca, hizo un puchero y asintió. Pero al tomar otro trago intentó de nuevo interponer su mano, siendo esto evitado por George que le sostuvo las manos con el mayor cuidado posible para no lastimarla pero inmovilizándola, suplicándole con voz dulce que hiciese un esfuerzo y la tomase.

Ginny logró darle el medio vaso de poción de poción cristalina y el vaso de poción dorada con ayuda de su hermano, antes que entrasen por la puerta de la biblioteca Angelica y Sirius.

El último miraba con el ceño fruncido a los chicos. Estaba seguro que algo que había hecho la chica tenía muy tensa a su esposa, seguramente relacionado con su caída. «Analizando la posición de mi amigo, el chico alto y la mía antes de caer… sospecho que uno de los tres debería haberse golpeado seriamente con la mesa del comedor».

—¿Cómo estás, Diana? —le preguntó tensa Angelica.

—Lamento lo… ocurrido con Gea… Es mi culpa. —se disculpó Angela con su respiración aún irregular.

—Es normal entre amigos tener diferentes opiniones —le dijo con dulzura Sirius a la chica, acariciándole la cabeza—. A tu amiga se le pasará el enojo pronto. Ya verás que Urano la calma.

Angela asintió pero su respiración era cada vez peor, empezando a sollozar.

—Tranquila mi amor. —le insistió George con voz dulce mientras sacaba del bolsillo de su chaqueta un vaso de poción para los pulmones. Ginny lo tomó rápidamente en sus manos para dárselo, pues su hermano no estaba en una posición cómoda para hacerlo.

Angelica se sentó junto a Angela e intentó evaluarla con su don más difícil. La hija contuvo la respiración al notarlo y se levantó rápidamente para salir huyendo de allí, pues no se había recuperado aún de lo que había hecho y no estaba en condiciones para evitar que su mamá se diese cuenta poniéndole alguna barrera.

Su don del Manejo de la Energía, por ser tan especial, evitaba que Angelica percibiese en los diez su propia energía. Pero ese era el único bloqueo que en ese momento podía mantener Angela sobre cualquiera de sus dones y los de sus compañeros.

—Calma pequeña. —le dijo Sirius preocupado al verla incorporarse de esa manera y empujar a la pelirroja al tropezar con ella. Tragó saliva al verla llorando aún con mayor desesperación después que él dijese esa frase, tanteando el camino hacia la salida y perdiendo el equilibrio al tropezar con una silla que él había movido de su lugar habitual un momento antes con su varita cuando entró allí con su esposa.

Angela, al oír a su papá decirle "Calma pequeña" de la misma manera en que lo haría muchos años después, no pudo más. Intentó salir corriendo de aquél lugar para alejarse de los dos antes de cometer un grave error. Tropezó en el camino hacia la puerta y golpeó con su cabeza un lateral del escritorio que había intentado esquivar, cayendo al piso inconsciente.

—¡Diana! —gritaron simultáneamente Ginny, Angelica, George y Sirius, corriendo tras ella. Se asustaron mucho al ver la cabeza de la chica golpear el escritorio y caer al piso, sin que se quejase ni se moviese después.

—¿Diana? —preguntó asustado Sirius, que fue el primero en llegar y agacharse junto a ella, al voltearla boca arriba y ver las vendas cercanas a la sien izquierda de la chica empezar a mancharse con sangre.

—¡Quítenle las vendas mientras traigo a Jennifer sin que los otros sospechen! —les ordenó Angelica asustada, levantándose rápidamente para ir a buscar a su hermana.

—Pero les prometimos que no veríam… —intentó refutar Sirius. Justo una reacción de aquella chica si les veían los rostros era lo que más los preocupaba.

—Es eso o llevarla a San Mungo. —lo interrumpió Angelica con una mano en la manija de la puerta.

—No es necesario llevarla al hospital. Yo puedo… —intentó Ginny asustada por las reacciones de los papás de su amiga.

—Trae a Jennifer. —dijo Sirius decidido, interrumpiendo a la menuda pelirroja, viendo a su esposa asentir y salir.

—Diana, mi amor. —la llamaba George desesperado. La tomó en sus brazos mirando las vendas llenas de sangre con miedo.

—Por favor, Sirius, sal para… —intentó Ginny.

—De ninguna manera —la interrumpió él apuntándole con su varita, molesto por la reacción de la menuda pelirroja—. No sé porque te preocupa más que yo la vea que su salud, pero le vas a quitar los vendajes ahora mismo para saber qué tan grave es.

Ginny empezó a quitarle los vendajes de la cabeza con su varita, sin encontrar una forma de sacar a Sirius de allí para que no le viese el rostro a su amiga. Estaba a punto de quitarle las últimas vueltas, dejando el rostro de la chica al descubierto, cuando entraron las gemelas a la biblioteca.

—¿Pero qué tan seria es la lastimadura de Sirius para busc…? —La pregunta de Jennifer quedó congelada en el aire al ver lo que estaba haciendo la menuda pelirroja con su cuñado mirándola ceñudo y preocupado, apuntándole con su varita a la chica—. ¡¿Qué rayos pasa aquí?! ¿No pudieron contener su curiosidad ustedes dos que estás presionando a la chica para que…?

—Diana se golpeó la cabeza con el escritorio cuando cayó al tropezarse, mientras intentaba huir de aquí llorando sin control —la interrumpió el Merodeador, explicándose rápidamente—. Venus no quería quitarle los vendajes porque yo estaba aquí.

—Está sangrando. —agregó Angelica.

Jennifer abrió los ojos como platos y se precipitó hacia la chica.

—¿Qué tiene Sir…? —llegó James a la puerta en ese momento—. ¿Qué rayos…? —empezó a preguntar enojado.

—No hay tiempo para explicaciones —lo cortó Angelica—. Vuelvan ustedes dos al comedor e inventen algo bueno para que los demás no vengan hacia acá.

—Antes ayúdenme a ubicarla sobre el escritorio —les pidió Jennifer, mirando las vendas con sangre preocupada, aunque un poco menos que momentos antes. Esa zona de la cabeza sangraba mucho aún con heridas pequeñas—. Ve con ellos y tráeme mi maletín de medimagia. —le ordenó a su hermana, una vez que su cuñado y su amigo hicieron lo que les había pedido mientras ella contenía al pelirrojo, susurrándole que se tranquilizase.

James había observado muy preocupado la sangre en el vendaje de la chica e interrogó con la mirada a su hermano por afecto. Rumbo a la cocina Sirius le contó lo ocurrido en susurros.

—Ahora Jennifer reñirá a Angelica un rato largo por la broma. —entró diciendo James en voz alta al comedor, poniendo en marcha su plan de distracción.

—De no ser porque Diana me facilitó la huida, pidiéndome que viniese a mostrarle a Lily que estaba bien para que no se preocupase y que los ayudase a los dos con sus amigos, yo también tendría que escucharla. —le siguió la idea con agilidad Sirius.

—Sí, claro, feliz tú que no la soportarás riñéndome por la broma que tú ideaste. —le dijo Angelica con fingido enojo, saliendo del comedor con el maletín de medimagia de su hermana rumbo a la biblioteca.

—Es un alivio ver que tanto tú como Diana están bien. —agregó James sonriente, viendo con alivio que su esposa y los chicos se destensaban.

Remus los miraba con los ojos entrecerrados, sospechando de sus amigos.

—Sólo espero que Diana logre distraer a Jennifer con el vendaje de sus ojos y no terminen discutiendo Angelica y ella —agregó Sirius, sentándose al lado de Hermione, para empezar a darle la comida—. Ya sabes el carácter que se gasta mi esposa.

—Pero Jennifer también lo sabe y es muy dulce —replicó James, quitándole peso a la supuesta inquietud de su amigo mientras se sentaba junto a Ron—. Seguro se le pasa pronto.

—Sí, tienes razón —confirmó Sirius, sonriente al ver que todos los chicos seguían su conversación con interés—. ¿Ya estás más tranquila, preciosa?

—Gea es mi prometida, Sirius. —gruñó Ron amenazante.

—Sí. Ya estoy bien. —respondió Hermione cohibida.

—Tranquilo amigo. Sólo era un cumplido. Ni siquiera conozco el rostro de tu novia y yo tengo esposa. Una muy celosa. —le dijo Sirius sonriente al chico.

Ron asintió no muy convencido, pues Angelica no estaba ahí en ese momento.

—Además que yo no permitiré que le falte el respeto al noviazgo de ustedes y a su relación con mi amiga Angelica en mi casa. —agregó Lily con una falsa sonrisa dulce y un tinte amenazante en el tono de voz, mirando a Sirius que tragó saliva.

Ron sonrió ampliamente al oírla y empezó a comer con apetito la comida que James le daba. Se imaginaba la cara que debería tener Sirius en ese momento y lo roja que debería estar Hermione, pero no por sus quemaduras sino por lo dicho por Lily en aquél tono.

Remus sonrió levemente al notar la reacción del chico al que ayudaba su amigo, cambiando un minuto después su sonrisa por una expresión de preocupación mal disimulada. Su mente trabajaba rápidamente mientras Lily le daba de comer al líder de los chicos, Sirius a la castaña y James al más alto.

«¿Qué están encubriendo James y Sirius cuando llegaron con esa farsa al comedor? Es un truco de nosotros tres, entre los cuatro Merodeadores, el desviar la atención de esa manera. Angelica vino a buscar a Jennifer, pero no por Sirius. Entonces tiene que ser por Diana. No dijeron nada para no tensar aún más a los otros chicos, pero las payasadas de Sirius quieren decir que es algo serio y está preocupado. ¿Qué rayos pasó? Tengo que encontrar la manera de hacerlos desistir de la salida esta tarde».

En ese momento llegó una lechuza al comedor y se detuvo frente a Remus. El joven hombre castaño tragó saliva y denegó. Con cuidado alargó la mano y retiró el mensaje de la pata de la adusta ave, que apenas se sintió libre de su carga salió de allí rápidamente. Al abrir la nota y leerla Remus suspiró con frustración. «Hoy va a ser un pésimo día con Angelica y Moody».

—¿Dónde? —preguntó Sirius preocupado al ver su expresión.

—Newtonwood Lane hasta el sector mágico del Bosque de Sherwood. —le respondió Remus con resignación.

—¡Oh no! —exclamó asustada Lily.

—¿Qué le hizo Angelica a Moody la última vez? —preguntó James.

—Lo retó a inmovilizar un Graphorn antes que ella, mientras yo los intentaba inmovilizar a los dos —le respondió Remus mientras denegaba—. Lo peor es que él aceptó y ella le ganó.

James y Sirius silbaron al mismo tiempo.

—Te compadezco amigo. —le dijo Sirius con solidaridad.

—Te advertí que no le dijeses a Angelica que no te habían aceptado en la Academia hasta que ella no estuviese inscrita. —le recordó Lily con voz maternal.

—Lo sé. No sabes cuanto me arrepiento de habérselo dicho a Jennifer frente a su hermana. —replicó Remus con frustración.

Los siete chicos escuchaban la conversación en silencio, muy atentos, tragando saliva al escuchar el apellido del viejo auror.

Todos lo habían llegado a apreciar mucho, teniéndole Hermione un afecto especial, pero todos recordaban lo estricto que era. La única forma en que lo habían visto ceder era por instrucciones de Albus Dumbledore, mientras estuvo vivo, o por las explicaciones lógicas de Minerva, Remus, Humphrey y Wymond, a quienes respetaba y por lo tanto oía y razonaba con ellos. Especialmente con los tres primeros, pues el cuarto se veía desplazado por sus dos amigos rápidamente cuando sus ojos azules brillaban. Ahora comprendían que las tormentas entre Angelica y Alastor Moody habían enseñado a Remus cuándo era prudente alejar al auror de Wymond, mientras que Humphrey conocía demasiado bien a su cuñado.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—No te preocupes, Júpiter —le dijo Jennifer desde el extremo de la biblioteca donde aguardaba con su hermana a que los dos chicos atendiesen a la de pelo negro. El chico le había suplicado que le permitiese hacerlo a su hermana, para evitar que a su prometida se le presentase una crisis respiratoria seria por la angustia de que le viesen su rostro—. Esa zona sangra profusamente con heridas pequeñas.

—¿Es serio, Venus? —le preguntó Angelica a la menuda pelirroja preocupada, enojada aún con su hermana por dejarse convencer de aquello por los chicos.

—No. Afortunadamente no lo es —le respondió Ginny, terminando de curarle la pequeña lesión en la cabeza a su amiga—. La herida es superficial. Lo que me preocupa es el fuerte dolor de cabeza que no podremos aliviarle, como no la hemos podido ayudar con el de sus quemaduras.

Desde donde estaban las gemelas lograron ver el pelo negro y el perfil de la chica inconsciente, mientras la menuda pelirroja la curaba, tan parecido al de Sirius. Tragaron saliva. Jennifer tuvo que sujetar fuerte a su hermana y desplazarse levemente frente a ella para evitar que se precipitase hacia donde estaban los chicos.

—¿Quién es ella, Jennifer? ¿Por qué se parece tanto a Sirius? —le susurró Angelica.

—No lo sé, hermanita, pero… Podría ser hija o nieta de ustedes dos. Se parece mucho a tu carácter. —le respondió en voz muy baja. Se habían asegurado que los chicos no las escuchasen si hablaban en voz baja, mediante un escudo sonoro de Magia Antigua. Las dos lo aprendieron de muy niñas para tramar sus travesuras, sin que su mamá y sus hermanos las oyesen.

—¿Crees que lo sabe?

—Por sus reacciones cuando ustedes están cerca... Al menos lo sospecha. —le respondió Jennifer mientras la menuda pelirroja le empezaba a vendar de nuevo el rostro a la chica de pelo negro usando vendas limpias, con el chico de ojos azules mirando a su novia con tristeza pero evidente alivio.

—¿Y lo que dijo del orfanato? —preguntó asustada Angelica, respondiéndose un minuto más tarde ella misma con una mezcla de rabia, indignación y preocupación en su voz—. La familia de Sirius. Los Black son muy capaces de quitárnosla y arrojarla en un sitio así si se les presenta la oportunidad, sólo por verlo sufrir a él.

—Podría no ser hija, sino nieta o biznieta de ustedes, Angelica —le recordó Jennifer, intentando razonar aunque se sentía también angustiada por las mismas sospechas de su hermana—. Lo que es preocupante, considerando que han dejado escapar que se han enfrentado a mortífagos.

Angelica se giró a mirarla muy pálida.

—Tenemos que ubicar lo antes posible al Cundáwan desertor —dijo decidida—. Si lo hacemos es posible que estos chicos se enfrenten a seguidores de Voldemort, o incluso grupos de imitadores que piensen como ese loco, pero que no les hayan transmitido enseñanzas en artes antiguas.

—Tienes razón hermanita. Espero que la Profecía Cundáwan se refiera a una de nosotras y podamos interpretarla pronto. No quisiera dejarle a una hija o nieta nuestra esa carga. —comentó Jennifer preocupada.

—Encontraremos pronto al desertor y averiguaremos lo que hace falta para detener a Voldemort. —afirmó Angelica con decisión.

—¿Quién será el marcado por la centella? —preguntó Jennifer pensativa.

—No lo sé. Supongo que lo sabremos pronto. —afirmó Angelica, intentando convencer más que a su gemela a si misma.

—Sí. Eso espero. Voy a quitar el escudo para que nos acerquemos ya —le avisó cuando vio que el rostro de la chica ya estaba totalmente vendado, a excepción de los ojos—. Dejen que Angelica y yo la llevemos al sillón para que ustedes no se lastimen más sus quemaduras —les indicó con firmeza a los chicos pelirrojos, sonriendo al verlos asentir. La llevaron con cuidado entre las dos allí mientras Ginny y George volvían a acomodar con sus varitas el escritorio—. Prepárense. Ya la voy a despertar.

Las gemelas y los pelirrojos se miraron, tomaron aire y asintieron.

¡Rennervate! —reanimó Jennifer a Angela.

—¿Cómo te sientes, Diana? —le preguntó atropelladamente Angelica.

—¿Te duele mucho la cabeza? —la interrogó preocupada Jennifer.

—¿Angelica? ¿Jennifer? —preguntó Angela atontada, con un fuerte y creciente dolor de cabeza en su lado izquierdo que la obligó a emitir un leve quejido y llevarse su mano izquierda hacia ese lado—. ¿Qué pasó?

—Tranquila, mi amor. —le dijo George con cariño acariciándole la cabeza, sentado a su lado para ayudarla a calmarse.

—Angelica me fue a buscar al comedor diciéndome que Sirius se sentía mal de las caídas que ha sufrido hoy. —le respondió Jennifer.

—Lo hice así para no asustar a tus amigos. —aclaró la gemela rápidamente, nerviosa.

—Angelica. —le dijo con voz de regaño Jennifer.

—Perdón. —se disculpó la aludida.

—Por lo que me dijeron Angelica y Sirius, antes que él saliese huyendo cobardemente con ayuda de James de mi regaño por no cuidarte bien, te alteraste mucho, quisiste salir corriendo, te tropezaste con una silla que el torpe de mi cuñado había movido de sitio sin decírtelo y te golpeaste en la cabeza contra el escritorio.

—Cuando te vieron inconsciente y sangrando se asustaron mucho y Angelica salió corriendo a buscarla —le explicó Ginny, preocupada al notar que la respiración de su amiga empezaba a ser de nuevo muy irregular—. Sirius se quedó con Júpiter y conmigo preocupado. —agregó sabiendo que aquello querría saberlo la chica.

—Luego Angelica los acompañó al comedor para buscar el maletín de medimagia de Jennifer y tranquilizar a los demás. —siguió George.

—Les hemos dicho a todos allá que Sirius y tú estaban bien, que todo era una broma ideada por mi esposo y que yo debía volver con el maletín a escuchar el regaño de mi hermana mientras ella te tranquilizaba con tus amigos y ayudaba a curarte. —continuó Angelica rápido, preocupada por la agitación de la chica.

—Ellas aguardaron en el otro extremo de la biblioteca a que yo te curase con ayuda de Júpiter. —agregó rápidamente Ginny. Sonrió con cariño, al verla suspirar y tranquilizarse, respirando un poco menos irregular.

—¿Cómo te sientes, mi amor? —le preguntó George, acariciándole con cuidado la zona cercana a la herida.

—Me duele un poco. —confesó por la promesa que le había hecho a su novio de no ocultarle nada referente a su salud, pero diciendo que era leve para no preocuparlos más de lo que suponía ya estaban.

—No es serio, pero tendrás una inflamación allí por unos días —le explicó Ginny con cariño—. Tómate este vaso de poción para tus pulmones. Aún estás respirando mal.

—¿Me permites que sea yo quien te cure los ojos? —le preguntó Jennifer, sonriendo al verla asentir. Decidida continuó—. El golpe fue ligeramente por encima de la sien izquierda, puedo levantar un poco el vendaje hasta allí y aplicarte el desinflamante en la zona cuando yo te cure si me das permiso, así no cambiaríamos la rutina que llevamos hasta ahora para no despertar sospechas en tus otros amigos.

Angela se removió un poco inquieta en su asiento. No quería que ellas dos viesen su rostro y empezaran a hacer preguntas, pero sentía muy adolorida esa zona y no quería alarmar a los otros. Su tía no había hablado de quitarle el vendaje del rostro, sólo de curarle la zona del golpe cuando fuese ella quien la curase. Suspiró y asintió levemente.

Jennifer sonrió, le curó con cuidado los párpados, le pidió que abriese los ojos para echarle las gotas y se quedó paralizada un instante al ver sus ojos mutando entre gris y verde claro, recordando los cambios en los de su gemela y los de su hermano. Tragó saliva y le vertió la mínima cantidad de poción requerida. Luego le levantó con mucho cuidado el vendaje cercano a la sien y la examinó mientras le decía que sólo quería ver la herida que la menuda pelirroja le había curado. De inmediato la vendó con mucho cuidado.

—Ese ungüento te controlará la inflamación por el golpe —le explicó con cariño—. Después del almuerzo, antes de salir con tus amigos, te revisaré de nuevo los ojos y te aplicaré más —Al verla asentir y acariciarse con la mano vendada la zona golpeada hizo un gesto de frustración—. Quisiera poder hacer algo para quitarte el dolor de cabeza.

—Gracias —le sonrió con sinceridad Angela—. No es tan fuerte. Ya se me pasará. Debo disculparme por mi comportamiento contigo, Angelica, y con Sirius también. Si no hubiese sido tan impulsiva no me habría caído y golpeado, asustándolos.

—No te preocupes por eso, Diana —la tranquilizó Angelica con tono maternal, sintiendo unas terribles ganas de abrazar a la chica—. Sirius y yo también somos bastante impulsivos. Sólo intenta mantenerte tranquila para que te recuperes.

Angela sonrió feliz y asintió, dejándose llevar por su tía y su novio a la cocina.

—¿Te regañó mucho Jennifer por nuestra pequeña broma, mi amor? —le preguntó rápidamente Sirius a Angelica apenas los vio entrar al comedor a los cinco, para alertar a su cuñada y los chicos sobre la coartada.

—Fuiste un cobarde al huir con James. —lo regañó Jennifer.

—Por favor, no empieces de nuevo —le pidió Angela, siguiéndoles el juego. Esto hizo enarcar las cejas a Sirius y a James un instante, disimulando rápidamente—. Me duele un poco la cabeza.

—Eso es porque ellos dos no supieron calmarte y estuviste llorando. —siguió Jennifer con la voz un poco más suave, aunque aún era de reprimenda. Avisándoles a su cuñado y su amigo cuál era la estrategia a seguir con los otros.

—Lamento mucho haberte hecho sentir mal, Diana. —se disculpó Hermione con el arrepentimiento mostrándose en su voz.

—No. Yo lamento haber comenzado el problema. —replicó Angela en un tono de voz similar.

—Bueno, bueno —intervino Sirius en tono de voz de fastidio por el sentimentalismo—. Las dos se habían levantado de mal humor, tuvieron una diferencia de opiniones y ahora todo está bien. Lo que debemos hacer hoy es: evitar en lo posible ustedes diez ponerse nerviosos de nuevo, yo debo alejarme lo más posible de Urano para evitar que me siga cayendo encima y Angelica tendrá que reprimir su genio.

—¿Y se puede saber por qué yo tendré que "reprimir mi genio"? —protestó de inmediato la aludida, exasperada, mirando desafiante a su esposo.

—Porque llegó la nota de Moody. Nos espera en media hora —le respondió Remus mirándola fijamente con expresión de regaño contenido—. Iremos de Newtonwood Lane hasta el sector mágico del Bosque de Sherwood.

—¡Oh no! —exclamó Angelica comprendiendo las miradas de su esposo y su cuñado—. Perdóname Remus. Te prometo que me portaré bien y no le daré motivos para más "ideas especiales".

—Eso espero. —más que decir gruñó el aludido, que se sentía muy débil por la proximidad de la luna llena y el tener que ir a entrenar le parecía muy pesado, especialmente con su tutor enojado con su compañera.

—Yo ayudaré con la comida a Diana —sacó Jennifer a su hermana de la silla junto a la chica, en que se había sentado para ayudarla—. Tú tienes que darte prisa.

Angelica iba a protestar, pero al ver las miradas de su hermana y su cuñado suspiró y la obedeció. Sabía que tenía razón. La única vez que habían llegado tarde les puso unas tareas casi imposibles todo el día y Remus no estaba en condiciones para un entrenamiento fuerte.

Angela tenía muchas ganas de preguntar de qué hablaban, pero recordó las advertencias de Hermione y guardó silencio. Jennifer, Lily, Sirius y James sin embargo pronto les aclararon las dudas a los diez chicos, al empezar a reñir a Angelica por no controlar su rebeldía con Alastor Moody, ocasionando que los entrenamientos que Remus y ella llevaban con él fuesen tan o más difíciles que los que el auror les imponía a sus alumnos en la Academia.

Al terminar con sus desayunos Angelica y Remus se aparecieron de inmediato en el sitio indicado por el experimentado auror. Cuando los demás finalizaron, Lily, Jennifer, Sirius y James acompañaron a los diez jóvenes a la biblioteca.

—… No vayan a discutir de nuevo. Recuerden que deben permanecer tranquilos para recuperarse. Nos vemos un poco antes del almuerzo, chicos. —se despidió Jennifer luego de regañar a las chicas por lo que habían dicho de una discusión.

—Si llegasen a necesitar algo los elfos se los traerán en seguida, basta con que los llamen y ellos acudirán —les dijo Sirius—. Ya Angelica y James les dejaron a los cuatro instrucciones.

—Aquí están los libros que Diana le pidió a Remus que le comprase. —le entregó Lily a Luna.

—Espero que los elfos no los escuchen discutir. Les he ordenado avisarme si llegase a ocurrir y vendré de inmediato con Albus ¿Está claro? —los amenazó James.

—Sí señor. —respondieron los diez a coro con seriedad y formalidad.

—No se pongan así chicos. Soy sólo James. Entiendan que nos preocupa verlos tan tensos hoy. —les dijo incómodo. No le gustaba tener que ponerse en plan de padre estricto con ellos.

—Les agradecemos su preocupación por nosotros —le respondió Harry con una sonrisa—. Le prometo que hablaremos para evitar que haya más discusiones y luego Leto nos leerá los libros. —Angela y Hermione bajaron las cabezas.

—Estoy segura que sostendrán esa conversación aunque les digamos que no lo hagan —dijo Lily muy seria—. Pero ustedes tres tienen que hacer lo necesario para que ellos cuatro no se alteren, aunque tengan que petrificarlos. —les ordenó muy firme a Jessica, Fred y George, que asintieron en seguida.

Cuando se habían marchado los dos aurores y la inefable al Ministerio de Magia, y la estudiante de medimagia al Hospital San Mungo, cerraron la puerta de la biblioteca pero no la sellaron ni la insonorizaron. Sabían que los elfos les avisarían si llegaba alguien ajeno al grupo de diez personas que conocían su estancia en la casa, de los cuales estaban seguros que no se presentaría ninguno en las próximas horas. También sabían que los cuatro elfos los tendrían sometidos a una estrecha vigilancia, no queriendo darles falsas ideas de alarmar a James.

Luna contó lo ocurrido en el cuarto de las chicas al amanecer de ese día con su habitual franqueza, sin que Angela, Hermione, Jessica o Ginny la interrumpiesen. Luego Ron planteó el problema con la misma cabeza fría con la que planeaba una estrategia, analizando cada punto por separado, llegando a tres conclusiones que fueron aprobadas por los diez. Luego Ginny abrió la puerta de la biblioteca, mientras Fred abría un par de ventanas para que Angela respirase mejor, y se sentó de nuevo con sus amigos.

George proyectó en una pared de la biblioteca la primera página del primero de los tomos de la serie de tres libros que tanto le gustaban a Angela, de modo similar a lo que hace un proyector.

Cuando Lily y Jennifer llegaron a la casa, con sólo un par de minutos de diferencia, se miraron extrañadas porque Idun las recibió haciéndoles señas para que la siguiesen en silencio. Al llegar a la puerta abierta de la biblioteca vieron, primero asombradas y luego con una tierna sonrisa, a Dotty, Tyr y Wykers sentados junto a los cuatro chicos que no podían ver, oyendo a los otros seis leyendo el libro por turnos y teatralizando las escenas. Los tres elfos participaban esporádicamente haciendo algunas voces, con la chica que había pedido los libros sonriendo emocionada. Esperaron hasta que llegaron al final del capítulo que estaban leyendo para interrumpirlos.

—Hola chicos. —saludaron a coro, mirándose las dos asombradas por la coincidencia y riéndose en seguida.

—Hola Lily.

—Hola Jennifer.

Les respondieron los diez chicos simultáneamente, entremezclándose los saludos, sin que se pudiesen entender. Las dos se soltaron a reír de nuevo, seguidas de los chicos.

—Me alegra conseguirlos de tan buen ánimo. —les dijo muy contenta Jennifer.

—¿Podemos acompañarlos un rato en la lectura mientras está listo el almuerzo? —preguntó Lily.

—Será todo un honor para nosotros que nos acompañen dos hermosas damas como lo son ustedes. —respondió galantemente Neville, dejando asombradas a las dos mujeres y arrancándole sonrisas a su novia y sus amigos.

Dotty y Wykers esperaban que los regañasen Lily y Jennifer por estar allí, pero en lugar de eso escucharon perplejos que la segunda les pedía a los chicos que trasladasen la lectura a la cocina, a lo que accedieron los diez muy contentos. Los cuatro elfos aún no se acostumbraban al trato que les daban "los jóvenes amos", especialmente Dotty y Wykers que habían sido maltratados por los Rosier antes que los liberasen Angelica y Jennifer. Idun y Tyr siempre habían recibido un trato respetuoso de los Potter, pero desde que había llegado Lily era además afectuoso, a lo que ellos aún no se adaptaban.

Cuando llegaron Alice, James, Sirius y Frank desde el Ministerio para el almuerzo escucharon a través de la puerta del comedor a Lily y a Jennifer preguntando a los chicos sobre nombres y cosas extrañas. Les respondía primordialmente Diana con mucho entusiasmo. Se miraron interrogantes y se acercaron con cautela, con sus varitas en las manos, guardándolas minutos después al entender que hablaban sobre los libros que había llevado Remus.

Entraron, saludaron y se vieron integrados a la conversación mientras comían. Los cuatro aurores notaron que Jennifer le lanzaba miradas eventuales a la chica de pelo negro, con una mezcla de cariño y preocupación en su expresión. Ya Sirius y James habían puesto al tanto de lo ocurrido en la mañana a Lily, Alice y Frank en lo que ellos sabían, pues no habían podido hablar con Jennifer o con Angelica para saber qué había ocurrido cuando ellos salieron de la biblioteca. Sospechaban por la tranquilidad de los tres chicos que las gemelas no le habían visto el rostro a la chica de pelo negro.

Jennifer le había dado de comer a Angela y se apresuró a empezar a cambiarle los vendajes de los ojos apenas llegaron al cuarto de las chicas, para que Ginny procediese con uno de los otros. La menuda pelirroja sonrió contenta al ver que la tía de Angela era cada vez más cariñosa con ella, aunque no supiese el parentesco.

Neville, Fred y George entraron tras ellos después de buscar en el cuarto de los chicos la mochila del primero.

—Nosotros tenemos que irnos en unos minutos. Te esperamos en el pasillo, Jennifer, para que hablemos sobre un encargo de Remus. —se despidió James, dándole un beso a su esposa. Estaba preocupado por dejarla con los cuatro elfos cuidando a los cinco chicos que se quedaban, aunque un poco menos que en la mañana al verlos tan alegres y distendidos.

—Nosotros seis iremos por las plantas en unos minutos, cuando terminemos de cambiarles los vendajes, así que nos iremos todos al mismo tiempo. —les dijo Jennifer sonriente. Había disimulado con rápidos movimientos la revisión de la herida en la cabeza de la chica, contentándose al ver que sanaba muy bien.

—Jennifer, si llegan a ver cualquier persona extraña…

—… donde vayamos a recoger las plantas, nos regresamos los seis de inmediato. —completó la advertencia que le hacía Frank con tono fastidiado. Ella había preferido estudiar medimagia, pero era buena en duelos y le molestaba que sus amigos la cuidasen como a una niña indefensa.

—Venus y Júpiter, no vayan…

—… a correr riesgos innecesarios. —completó con cansancio Ginny las palabras de Harry mientras terminaba con su vendaje.

Luego de aceptar los diez los tres puntos planteados por su hermano menor, su novio los había llenado de advertencias a ellos cinco.

—Si llegamos a ver personas cerca de los lugares le avisamos a Jennifer y nos regresamos de inmediato. —agregó George con el tono de quien repite una vez más algo que le han dicho muchas veces.

Jennifer procedió a cambiarle los vendajes a Hermione mientras Ginny se los cambiaba a Ron. Los cuatro aurores miraron a los chicos con preocupación. Se retiraron en silencio hacia la puerta por la indicación disimulada de Lily, para esperar a la gemela y darle aquello. Luego bajarían a la sala y viajarían por la chimenea al Ministerio.

—Como no sabemos si conoces la ladera del Ben Macdui que visitaremos primero apareceremos contigo —le dijo Fred a Jennifer abrazado a Jessica. Mientras tanto Neville verificaba que en su mochila sólo estuviesen unos frascos vacíos y paños pequeños, luego de dejar su ropa sobre la cama en que dormía y lo demás en la mochila de Fred, cuando buscaron la suya en la habitación que compartía con los pelirrojos y el pelinegro—. Luego iremos a una pradera al pie de High Willhays.

—Toma Lily. Este es un sickle falso al que le hemos aplicado una variante del encantamiento proteico. Así podremos enviarte y recibir mensajes cortos con el que cada uno de nosotros llevará, al igual que Jennifer podrá hacerlo con el que Júpiter le está entregando —le explicó Ginny—. Sólo lo ubicas sobre algo plano y despejado, le apuntas con la varita, piensas en el nombre de la persona con quien te quieras comunicar y luego en el mensaje. Verás al sickle fundirse temporalmente sobre la superficie plana en un tamaño un poco mayor a la palma de tu mano y mostrar tanto el destinatario como el mensaje, si estás segura le das otro toque con tu varita hacia el final, si no lo haces al inicio y empiezas de nuevo. Luego de enviado regresará a su forma.

—Si vas a recibir mensaje de alguno de nosotros se calentará levemente para avisarte, brillando el nombre de quien lo envía. Cuando lo puedas leer lo ubicas sobre la superficie plana y lo tocas con la varita —continuó la explicación George—. Te mostrará el mensaje y un par de minutos después regresará a su forma original.

—Estos son seis knuts falsos con los que podrán ubicarnos. Aquí aparece el nombre de cada uno y aquí la ubicación. —le explicó Ginny a Lily mientras se los entregaba, señalándole las dos caras de las supuestas monedas.

—Toma éste, es el de ubicarte a ti. —le entregó George otro a Jennifer.

Los cuatro aurores se quedaron paralizados en la puerta, luego de girarse a ver y escuchar aquello atónitos.

—Desde que llegamos nos han dicho que estamos en guerra. Nosotros tenemos nuestros propios medios para comunicarnos y ubicarnos, pero tres de nosotros no podemos ayudarles si ocurre algo, Diana estaría muy limitada y Electra sola no sería de mucha ayuda. —explicó Harry, suponiendo que Jennifer y Lily estarían desconcertadas.

—Por eso hemos tomado esta mañana la decisión que los seis lleven esos knuts y sickles falsos —continuó Ron—. Si llegase a ocurrir algo que los separase, o impidiese volver a alguno, tendrán como avisarnos y como ubicarlos si no pueden respondernos. Diana y Electra podrían ir de inmediato mientras tú ubicas a James y los otros para que les ayuden.

—Habíamos pensado darles unos a ellos, pero como trabajan en el Ministerio les podíamos crear problemas a ellos y a nosotros. —explicó Hermione.

Ginny, Luna, Neville, Fred y George se estaban poniendo los guantes y los pasamontañas mientras Lily y Jennifer los escuchaban atentamente, mirando las monedas falsas asombradas y desconcertadas.

—¿Pasa algo? —preguntó Ginny al ver a los cuatro aurores en la puerta con esas expresiones de sorpresa y desconcierto, mirándose los guantes con cuidado y revisando su pasamontañas y la capa en el espejo—. No sólo no deben vernos los vendajes, en los dos sitios hace frío.

—Si no tienes una capa abrigada yo puedo prestarte la mía, Jennifer. —le ofreció Angela, tanteando en dirección a su mochila.

—No te preocupes Diana. Ya traigo la mía. —reaccionó la gemela.

—¿No tendrán problemas si llegan tarde al Ministerio? —preguntó Angela.

—¿De qué hablas, Diana? —preguntó Harry intrigado.

—Alice, James, Sirius y Frank están cerca de la puerta del cuarto. Todavía no han salido. —le aclaró Angela.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó Frank desconcertado.

—Porque no oí pasos fuera del cuarto —respondió ella con una sonrisa—. Además la colonia que usa Sirius tiene un olor intenso a pino silvestre.

Aquello hizo abrir como platos los ojos del aludido, mientras una sonrisa franca se abría paso en su rostro.

—¿Les parecen suficientes las medidas de seguridad que hemos tomado? —preguntó Harry preocupado, acariciándole un brazo a su novia con su mano izquierda mientras estrechaba su abrazo por la cintura de ella con la derecha. Ella estaba de pie junto a la cama en que él estaba sentado, acariciándole la cabeza. Su novio sonrió al oírla bufar—. Siendo aurores tal vez puedan pensar en algo que nosotros hayamos pasado por alto, mi amor. —intentó convencerla.

—Estaré bien, Marte. —replicó ella exasperada.

—Con lo molesta que está tu novia más les vale a los seguidores de Voldemort no aparecerse cerca. —bromeó Neville.

—¿Por qué no esperamos hasta el domingo para que ellos los acompañen? —preguntó preocupada Angela—. Yo puedo…

—Sólo te quedan veintiún vasos, Diana. —la interrumpió Ginny.

—Déjame ir con ellos, Marte. —pidió de nuevo Angela cabizbaja.

—Olvídalo. Irás solamente si se presenta una emergencia.

—¿Es qué ustedes me consideran una inútil para defender a sus amigos? —explotó Jennifer, que estaba enojada por las expresiones de preocupación de James, Sirius y Frank.

—Saben perfectamente que sabemos defendernos. —explotó también Ginny.

—Calma Venus. Ellos confían en nosotros seis, Jennifer —intervino pacificador Neville—. Pero todos están preocupados por nuestra excursión en tiempos de guerra. Estaremos bien chicos —aseguró, se acercó a Angela y le dio un beso en la cabeza—. Ya deja de pensar que por ti nos vamos a poner en peligro porque no es así. Además ya te dije que quiero aprovechar de buscar otras plantas de la zona.

Angela suspiró y asintió.

—Yo confío en los seis. Sé que de ocurrir algo sabrán defenderse. Pero por favor avísanos, Neptuno. O tú, Leto. —les suplicó.

—¿Creen que Mercurio, Júpiter y yo no les avisaríamos? —preguntó Ginny mirándola asombrada, empezando a entender.

—No. —respondieron a coro Jessica, Angela, Hermione, Ron y Harry.

—Estamos seguros que sólo le avisarían a Lily si fuese inevitable. —agregó el último preocupado.

Ginny suspiró y se abrazó a él.

—Te prometo solemnemente que haré mi mejor esfuerzo para que los seis salgamos con bien si la situación se complica —Sonrió al verlo denegar con frustración, agregando resignada pero convencida de lo que iba a decir—: Así como también te aseguro que si la situación se desborda les avisaré a los seis.

Harry levantó contento y asombrado su rostro en dirección a su novia, que sonrió y se inclinó hacia su cara vendada hasta unir sus labios a los de él.

Luna en ese instante se abrazó a Neville y lo besó con dulzura, respondiéndole él de inmediato pues los besos de la rubia le hacían olvidar la presencia de sus padres y de todo lo que los rodeaba.

Jessica se abrazó a Fred una vez más y le hizo prometer que él también les avisaría, besándolo contenta al lograr arrancarle la promesa.

Angela le suplicó una vez más a George que no hiciesen nada arriesgado por traer los ingredientes de la poción. Le dio un beso dulce luego que él le prometiese que no lo haría ni permitiría que los otros lo hiciesen, a cambio de su promesa de permanecer tranquila en su ausencia.

—Díganme envidiosa, chicos, pero Remus no está aquí para despedirse de esa manera de mí. —los interrumpió Jennifer con picardía. Se acercó a Angela y George para abrazarlos. Deslizó uno de los botones en la capa de él, por las indicaciones que le hizo Frank, aprovechando el momento de distracción de los chicos.

Lily hizo lo mismo con Ginny, que se sonrojó al igual que Harry (aunque nadie lo vio por los vendajes) y separaron de inmediato sus rostros. Permanecieron unidos por el abrazo de la pelirroja de ojos esmeralda, mientras Jennifer le decía con dulzura a Angela que no se sintiese apenada por besar a su prometido frente a ellos al ver a la chica de pelo negro separarse nerviosa de él y al chico mirarla con una comprensiva sonrisa.

Luna y Neville se separaron sonrientes aunque él bajó la vista al minuto siguiente, avergonzado al ver a sus padres en la puerta mirándolos con picardía.

—Toma, Jennifer —se acercó rápidamente James a la gemela, decidido por las palabras de los chicos para evitar el levantar sospechas sobre la aparente tranquilidad de ellos ante el viaje de ella—. Esta mañana he conseguido que Edgar me diera este trasladador inmarcable sin preguntas. Los traerá de vuelta aquí de inmediato. Sólo tienes que activarlo con tu varita.

Alice y Sirius lo miraron asombrados, mientras Frank asentía serio.

—Lo ves, Venus. Ellos pensaron en algo muy importante: un medio de transporte seguro si ustedes no pueden aparecerse por algún motivo. —dijo Harry orgulloso de su papá, con voz melosa para calmar a su novia

—Tienes razón. —sonrió ella consciente del verdadero motivo del comentario de Harry. Los diez sabían que los sickles además eran trasladadores de emergencia, pero no se lo habían dicho a Jennifer y Lily para no alarmarlas.

—Voy por mi capa y nos vamos todos de inmediato, antes que les llamen la atención a ustedes en la oficina. —comentó Jennifer sonriente.

Al volver al cuarto simuló acomodarle la capa a Neville y deslizó con maestría el otro botón, mientras bromeaba con Luna sobre quitarle el novio. Ante esto el castaño bajó el rostro apenado y los ojos plateados de la rubia centellearon, calmándose los dos al oírla reírse a carcajadas para luego acomodarle la capa a Luna y colocarle el botón sin que ella se percatase.

Lily pestañeó tres veces en dirección a la gemela, para hacerle entender que ya había ubicado el botón en la capa del otro chico que viajaría con ella, usando la clave de las Protectoras para hacerse saber que ya un detalle de un plan estaba arreglado.

Ginny se ubicó a un lado de Jennifer, mientras Fred la tomaba por el brazo del otro lado. Se despidieron de todos y desaparecieron al igual que Luna, Neville y George. Aparecieron un minuto después en la ladera norte de Ben Macdui a la sombra de unos árboles, los cuales debían ser muy viejos por su gran tamaño. El lugar era bastante frío, a pesar de los tímidos rayos de sol que iluminaban el lugar y le proporcionaban una alegre vistosidad a la gran variedad de colores de la flora reinante.

Ginny, Luna, Neville, Fred y George sacaron sus varitas, empuñándolas y moviéndose con cautela, analizando los alrededores. Jennifer también sacó la suya, atenta al contorno pero especialmente al desenvolvimiento de sus acompañantes.

Al tranquilizarse los seis en cuanto a la posibilidad de encontrarse con extraños empezaron Ginny y Neville a buscar en el contorno lo que querían. El castaño examinó con interés unos setos al pie de uno de los árboles.

—Horklumps de Bosque. Estos nos servirán. —afirmó Neville.

—Creí que no tenían ninguna utilidad. —dijo extrañada Jennifer.

—Los de jardín no. Pero estos de bosque son indispensables en la poción de Diana, porque su extracto es la única base en que se mezclan dos de los otros ingredientes. —le explicó el castaño mientras le entregaba a George uno de los frascos vacíos.

—Esa parece Flor Voladora. —comentó la estudiante de medimagia señalando una planta cercana.

—No te le acerques, Jennifer, es Lazo del Diablo. —le advirtió Neville, sonriendo al verla retroceder rápidamente.

—Allí hay Narcisos Pitantes. —señaló Ginny a unos metros tras ellos, empezando a caminar en esa dirección con otro envase vacío en las manos.

—La que está cerca del árbol a tu derecha es una variante de Snargaluff, no te le vayas a acercar. —le advirtió Neville.

Ginny abrió los ojos y dio un rodeo para acercarse a los narcisos. Empezó a recoger algunos, silenciándolos como había aprendido con la profesora Sprout.

Alice y Frank se alejaron rápida y cautelosamente de las plantas de las que advirtió el chico, tras las cuales pretendía él ocultarse sin notar que su esposa denegaba.

—Aquí hay unos Puffskein. —informó enternecida Ginny recordando su mascota.

—A Lily le gustan mucho. —afirmó Jennifer acercándose.

—Parecen tener frío. —comentó Ginny antes de reírse, pues uno de los que había levantado para acariciar le estaba "revisando" la nariz.

—Estos cinco pequeños irán con nosotros. —dijo decidida Jennifer.

Ginny aprobó divertida, metiendo dos en un bolsillo de su capa, mientras la gemela guardaba con cuidado los otros tres en la de ella.

—Cuida esto un momento, Mercurio, por favor. —le dejó Neville la mochila.

—¿Qué haces, Neptuno? —le preguntó Ginny intrigada al ver que se acercaba a un árbol con cuidado, mirando hacia una planta extraña en una rama.

—Tengo que subir a recoger el polen de la Spiranthes Dentatus. —le respondió señalándole la llamativa enredadera.

—¿Por qué mejor no la bajamos? —preguntó Jennifer apuntándole con su varita.

—Porque además de ser una parásita que se aferra muy bien al árbol tiene un sistema defensivo que no querrás conocer. —le respondió Neville mientras guardaba la varita y se agarraba con fuerza a los nudos sobresalientes del árbol, empezando a escalarlo con agilidad.

Ginny y Fred lo miraban sorprendidos, apuntándole ella con su varita en previsión de frenar una posible caída del chico. Jessica y Angela los habían hecho mejorar mucho con entrenamiento físico, pero eso no implicaba que supiesen trepar árboles. La habilidad de su amigo para hacerlo los tenía asombrados.

Luna lo miraba con una gran sonrisa. Ella había practicado aquello con Neville, diciéndole que sería muy útil para buscar algunas plantas y animales. Su papá la había enseñado cuando era una niña pequeña.

Jennifer lo miraba asustada, al igual que Alice y Frank desde su escondite.

Neville se sentó a horcajadas en la base de la rama, deteniéndose un momento a tomar aire y esperar a que su objetivo se acostumbrase a su cercanía antes de hacer el siguiente movimiento. Vio una familia de ciervos a unos metros de las chicas. Les hizo señas para que guardasen silencio y les indicó dónde estaban.

Ginny se giró intrigada a mirar lo que su amigo señalaba y al verlos sonrió feliz, cautivada por el cervatillo a quien el padre protegía con su gran cornamenta.

—Me hubiese gustado tener una cámara para tomarles una foto. —susurró emocionada.

Jennifer sonrió al oírla. Relacionó el patronus del novio de la chica con el ciervo que estaban viendo protegiendo a su pequeño y la pareja. «¿Tendrá relación de alguna manera con la forma animaga de mi amigo? Las Protectoras tenemos que hablar con los tres Merodeadores y Frank sobre eso».

Luna los miró con aquella cara de asombro que ponía a veces ante las cosas más simples, como si viese algo que los demás no pudiesen ver.

Fred miró rápidamente lo indicado por su amigo, pero regresó su mirada a él, preocupado por la expresión con que lo veía mirar la planta. George se detuvo junto a su gemelo guardando el envase con los hongos en la mochila. Al seguir la dirección de la mirada de Fred frunció el ceño.

El joven castaño volvió a mirar su objetivo. Se levantó el pasamontañas para cubrirse la nariz y sacó con cuidado la varita y un cuchillo. Se acercó con cautela a la planta que empezó a vibrar. Denegó levemente. «No será sencillo».

Convocó con su varita una tenue luz con un hechizo no verbal, intentando distraerla, pero la flor se movió en dirección a su mano izquierda con violencia, intentando con sus dientes morder la base de esa luz que se movía. Rápidamente movilizó el cuchillo con su mano derecha, cortando con habilidad la estructura soldada de pistilos y estambres, mientras el guante evitaba que la planta le introdujese el veneno. Éste quedó flotando sobre el cuero, pero el fuerte olor llenó el ambiente de inmediato.

Guardó con cuidado el cuchillo en la funda, tomó la parte cortada de la planta esquivando sus intentos de morderle de nuevo, le aplicó un encantamiento cicatrizante que le permitiría reconstruir en unos días la parte extraída, retrocedió rápidamente hasta la base de la rama, guardó entre el paño que llevaba en su bolsillo la muestra obtenida y bajó con cuidado.

—¡Aguamenti! —convocó con su varita, luego de bajarse el pasamontañas para despejar su nariz, lavando el guante con cuidado.

—¿Qué es eso? —preguntó Ginny horrorizada mirando el guante cubierto de una asquerosa sustancia grumosa color rosa viejo mientras su amigo lo lavaba, luego que él les hiciese señas a los cinco que no se acercasen a su mano enguantada.

—Veneno. Si no hubiesen sido los guantes de cuero de dragón tendría la mano inflamada. Esta especie es bastante agresiva —le respondió Neville mirando a su alrededor. Sonrió al ver las hojas que buscaba. Arrancó unas y las estrujó para terminar de limpiar el guante, esparciendo luego los restos sobre el veneno diluido con agua a sus pies—. Es una suerte que estas hierbas, que son el antídoto, crezcan al pie de este árbol. ¿Ven el cambio del color? —les señaló el ocre que cubría su guante y el piso cercano—. Ahora es inofensivo. —Levantó la vista por primera vez hacia ellos, sonrojándose al ver sus expresiones de sorpresa y admiración.

—Eres asombroso, Neptuno. —lo halagó Jennifer.

—Es increíble lo que has hecho. —agregó Ginny.

—No ha sido nada —se removió nervioso, bajando la cabeza avergonzado. Sacó el paño con el trozo de flor para humedecerlo—. Sólo sé un poco de herbología. ¡Aguamenti!

Jennifer, Ginny, Fred y George sonrieron al ver su reacción, no comentando nada para no apenar más a Neville. Luna se acercó a él con una gran sonrisa en su rostro y le dio un beso en la mejilla, sobre el pasamontañas y el vendaje.

—Listo. Así se preservarán bien hasta que lleguemos a la casa. ¿Nos vamos? —les preguntó mirándolos un poco apenado.

—Sí. Vamos —aprobó Jennifer. Tomó al chico por el guante que él había limpiado unos minutos antes, alarmándose al oírlo quejarse—. ¿Estás seguro que no atravesó el guante?

—Sí, pero muerde fuerte —le respondió Neville con sinceridad, moviendo los dedos con cuidado—. No es nada. —agregó rápidamente al ver las expresiones de los cinco.

—Eso lo decidiremos Jennifer y yo. —le dijo muy seria Ginny.

—Pero… —intentó protestar.

—Ahora mismo. —lo interrumpió Jennifer con el ceño fruncido.

—Por favor, mi amor. —le pidió la rubia mirándolo preocupada.

Neville suspiró y las dejó hacer. Le quitaron el guante con cuidado, mientras él se mordía los labios para no quejarse. Al quitarle el vendaje de la mano y ver que empezaba a ponerse morada empezaron a regañarlo.

—¿Cuándo pensabas decirnos? —le preguntó enojada Jennifer.

—Aunque no te introdujese el veneno te ha hecho mucho daño. ¿Cómo pretendías dejar esto para después? —le espetó Ginny sin darle tiempo a responder.

—¿Por qué no nos dijiste que era tan peligroso lo que ibas a hacer? —lo regañó Jennifer—. ¿Ustedes lo sabían? —se revolvió contra los otros chicos.

—Claro que no. —le respondió enojada Luna.

—De haberlo sabido… —siguió Fred.

—… habríamos… —intentó seguir George.

—… intentado ayudarme y nos hubiese atacado a los tres con más violencia, siendo casi imposible que saliéramos ilesos —los interrumpió enojado Neville. Suspiró al ver que los cinco lo miraban con los ojos entrecerrados—. Mírenla. —les señaló con la cabeza hacia la parásita.

Al levantar la vista hacia la planta Luna, Ginny y Jennifer gritaron y los gemelos se paralizaron, mientras Frank le tapaba la boca a Alice rápidamente para evitar que los delatase. Las ramas y otras flores secundarias se movían con violencia alrededor de la base en que las raíces se aferraban al tronco, buscando al posible atacante.

—Shhh —las regañó Neville—. No queremos llamar la atención de alguien que pueda deambular por aquí. ¿Recuerdan?

—Perdón. —se disculparon las tres rápidamente.

Jennifer le terminó de curar la mano con un poco de ungüento desinflamante, que llevaba escondido en el bolsillo del pantalón para curar a Angela sin que los otros se diesen cuenta. Le colocó de nuevo la venda después.

—¿Alguna de las otras plantas que tenemos que buscar es tan "simpática" como ésta? —preguntó inquieta Ginny.

—El Eucalyptus Tureus está plagado generalmente de Bowtruckles y no tenemos Cochinillas para distraerlos, así que tendré problemas para…

—Dirás que Mercurio y yo tendremos que distraerlos para tú obtener lo que necesitas. —lo interrumpió George con firmeza, mientras Jennifer lo ayudaba a ponerse el guante con cuidado para que no se lastimase.

Neville suspiró con resignación al ver las expresiones de sus rostros y asintió.

Jennifer se tomó del brazo de Fred para no lastimar al castaño de nuevo y asintió en dirección a Ginny. Desaparecieron los seis, apareciendo un minuto después en una pradera al pie suroeste del High Willhays. Allí el paisaje los dejó sin habla. La gran cantidad de árboles de diversos tamaños era completada en vistosidad por los arbustos y plantas que los rodeaban, preparándose con vigor para la cercana primavera que en esa meseta parecía querer adelantarse.

—Es hermoso. —opinó Luna sin poder contenerse.

Neville sonrió como lo haría un niño que entrase en una tienda de dulces. Sin embargo hizo un esfuerzo para contener su ímpetu de ir a mirar de cerca las hermosas plantas que parecían llamarlo. Sacó su varita y asintió en dirección a sus compañeros del E.D.H. Empezaron los cinco a rastrear las zonas cercanas, con Jennifer junto a ellos siguiéndolos intrigada.

—Alguien ha pasado por aquí hace poco. —afirmó en voz baja el castaño, señalándoles una huella apenas visible entre el pasto y el piso húmedo.

Jennifer arqueó las cejas interrogante. Aquél chico la sorprendía cada vez más.

—Además de nuestra escolta tenemos otros ojos observadores. —señaló casi en un susurro Ginny.

—No hagan movimientos bruscos y acerquémonos a los árboles simulando que todo está en orden e iremos ya por lo que vinimos a buscar. —susurró George de manera apenas audible a sus compañeros

—Yo la cubro. —informó en el mismo tono Fred.

—Tengan cuidado. —agregó también en susurros Luna.

—No hay ninguna huella reciente. —dijo en voz normal Neville.

—Vamos a buscar las hojas y nos alejamos rápido. —planteó en el mismo tono Luna.

Jennifer los miraba de reojo, sorprendida por lo que habían dicho en voz baja. Avanzó con su varita en su mano derecha oculta entre la capa y el pulso acelerado, aunque su caminar y su expresión eran como si estuviese tranquila.

Fue cuestión de segundos. Ginny sintió un movimiento abrupto a su izquierda hacia ellos y desapareció, al igual que Luna, Neville y George, mientras Fred arrojaba a Jennifer hacia el suelo, cubriéndola con su cuerpo, atacando simultáneamente con su varita en dirección al movimiento.

¡Locomotor Mortis!

Tras los veinte atacantes aparecieron Ginny, Luna, Neville y George.

¡Impedimenta! —arrojaron con sus varitas las dos chicas.

¡Petrificus! —lanzaron los dos chicos.

¡Incarcerous! —los ató Jennifer, mientras los otros mortífagos desaparecían—. ¿Qué…?

—Shhh. —la silenciaron simultáneamente los cinco chicos, atentos a los sonidos que los rodeaban.

—¿Quiénes son y…?

¡Silencio! —calló Ginny a los cinco atacantes que habían inmovilizado. Se lanzó al piso y rodó rápidamente, por instinto, al sentir un leve cambio cerca, lo que evitó que la atrapase el hombre que apareció junto a ella.

¡Petrificus Totalus! —contraatacaron rápidamente Ginny, Jennifer, Luna, Neville, Fred, George, Alice y Frank, paralizando a otros ocho de los quince que habían aparecido rodeando a Jennifer y los chicos.

Los otros siete mortífagos se quedaron paralizados por la impresión por unos segundos, mirando agitados a los cinco extraños de los que no distinguía sus rostros. Fue muy tarde cuando reaccionaron, debido a los rápidos reflejos de sus ocho oponentes.

¡Expelliarmus! —los desarmaron Ginny, Neville, George, Alice y Frank.

¡Incarcerous! —los ataron Jennifer, Luna y Fred.

—¿Están bien? —les preguntó Alice.

—Shhh. —le indicó en voz baja Ginny, llevándose una mano a los labios, mientras George les señalaba a Jennifer y los Longbottom con su cabeza en la dirección que miraba su hermana.

Frank, Ginny, Luna, Neville y George se desplazaron cautelosamente hacia el arbusto del que habían salido los mortífagos, mientras Alice, Jennifer y Fred se quedaban en posición defensiva cerca de los veinte atacantes, atados, silenciados y desarmados en el piso.

—Tranquilos. No les vamos a hacer daño. —aseveró Ginny en voz clara, intentando tranquilizar a dos pequeños y una mujer.

—No se asusten —insistió Frank tras ella, comprendiendo de la cara de terror con que miraban a la chica que su aspecto no era para nada tranquilizante—. Ellos no los atacarán.

—Pero ocultan su rostro también. —protestó el niño más grande.

—No Mike. —susurró aterrada la mamá, aferrándolo a su cuerpo lleno de heridas.

Ginny comprendió lo que ocurría, miró a sus compañeros y asintió. Se quitó el pasamontañas y los guantes para que le viesen los vendajes.

Luna, Neville y George hicieron lo mismo rápidamente.

—No somos de esos, señora. Mis amigos y yo estamos quemados, por eso nos protegemos con los pasamontañas del frío.

—Es cierto. Tranquilos —confirmó Frank luego de mirar de reojo a sus acompañantes—. Yo soy un auror y les garantizo que están a salvo.

—¿Nos permiten curarlos? —le preguntó Jennifer con suavidad a la mujer. Se había acercado allí al ver a los chicos quitándose los pasamontañas.

—Sí. Gracias.

Ginny y Jennifer se acercaron a los tres con cuidado, examinándolos y curando las heridas con lo que llevaban en las capas y sus varitas. Luna, Neville, George y Frank volvieron junto a Alice y los que les habían atacado, con sus vendajes de nuevo ocultos.

—No parecen asombrados de la aparición nuestra aquí. —preguntó más que comentar Alice a los chicos, mientras les quitaba la máscara a dos de los mortífagos.

—Sabíamos que nos vigilaban. —le respondió con tranquilidad Fred, ayudando a los aurores a desenmascarar a los atacantes con su gemelo y la rubia.

Mientras tanto Neville examinaba la Mentha Sativa cercana con interés, una planta muggle que necesitaban para completar la poción y crecía silvestre en el lugar. Recogió la cantidad que necesitaba cuidando de no dañar la planta. Luego se dirigió a la Rosmarinus Laetus, sonriendo feliz al percibir el aroma que desprendía al moverse.

Alice y Frank los miraban asombrados mientras les quitaban las máscaras a los otros mortífagos.

—Ya sólo me faltan las hojas del Eucalyptus Tureus —les informó Neville a sus padres y sus amigos, colocando en la mochila lo que había recogido—. ¿Cómo están ellos? —le preguntó preocupado a Ginny que se les acercaba en ese momento, con su rostro cubierto por el pasamontañas de nuevo, señalando con una leve cabezadita hacia donde la había dejado antes con Jennifer.

—No es irreversible el daño físico, pero estos desgraciados asesinaron al padre de los niños frente a los tres. El más pequeño está muy asustado. Jennifer se trasladó con la familia al hospital San Mungo.

Neville miró furioso a los veinte mortífagos, diecinueve de ellos eran muy jóvenes, aproximadamente de su edad. Seguro eran novatos que iban con el otro para entrenarse.

¡Collocutus! —les devolvió la voz—. ¿Quiénes son y por qué atacaron a esa familia?

—Nosotros somos mortífagos y esos "sangre sucia" sólo se merecen eso —respondió el que parecía el líder—. Si son sangre limpia deberían liberarnos y unirse a nosotros. El castigo por atacarnos será menor que lo que sufrirán a manos de nuestro señor si se le oponen.

—¿Ustedes piensan igual que él? —les preguntó con aparente curiosidad Ginny a los otros diecinueve.

Alice y Frank levantaron sus varitas en dirección a los cinco chicos alarmados, pero ellos no les prestaban atención.

—Él ha revelado un principio básico entre los verdaderos magos. Los que son dignos siguen a el‑que‑no‑debe‑ser‑nombrado. —respondió el más joven con orgullo, creyendo que los había convencido su líder.

—Lástima que ya los hayas contaminado con la basura que defiende el mago al que sigues. —le dijo con desprecio Neville al que dirigía al grupo.

¡Stupefy. Stupefy. Stupefy. Stupefy! —actuaron a coro Ginny, Luna, Fred, George y Neville apuntándoles a los veinte mortífagos, dejándolos inconscientes.

—¡No sé cómo pueden ser tan estúpidos! —comentó Ginny enojada, dándoles la espalda y avanzando junto a los otros hacia el árbol que Neville les señalaba.

—Al parecer el cerebro no les sirve para lo que debería. —la apoyó Neville también bastante disgustado.

—Miren aquél árbol. —les señaló George uno metro y medio a la derecha.

—Ese Fresno está infectado de piojos de madera. —dijo con una gran sonrisa Fred.

—Excelente. Así Neptuno podrá conseguir las hojas del Eucalyptus Tureus con facilidad y volveremos antes a la casa. —asintió Ginny, avanzando rápidamente a buscarlos con ellos.

—¿Creen que debamos avisarles a Lily y los chicos que nos hemos encontrado con ésos? —preguntó Luna a sus amigos mientras los recogían en dos envases vacíos.

—No. Aparecerían Diana y Electra aquí aunque les digamos que no estamos en peligro. —le respondió denegando George. No quería que su novia y su cuñada se presentasen allí, preocupado por la salud de las dos.

—Será mejor que lo hablemos con ellos cinco cuando regresemos. —lo apoyó Fred, que estaba pensando lo mismo.

—Tienen razón —los apoyó Neville—. Lo haremos después que Alice y Frank nos digan qué procedimiento quieren seguir con ésos.

Alice los esperaba junto a los mortífagos inconscientes y atados, mirándolos pensativa, mientras que Frank había llegado junto a ellos, apuntándoles aún con su varita, desconcertado pues los había estado siguiendo y escuchando. Los chicos no se habían dado cuenta, aún molestos con los atacantes.

—Nosotros no podemos ir a declarar en contra de ellos. —comentó Fred pensativo.

—La declaración de la señora y el niño mayor tendrá que esperar a que les den el alta en el hospital, porque no creo que el más pequeño diga nada en un tiempo. —gruñó enojada Ginny.

—Espero que las declaraciones de Jennifer, Alice y Frank sean suficientes, que pasen una temporada larga aislados y alguien les haga entender a esos diecinueve que una vida humana vale más que esas estupideces que dijo el que los dirigía. —deseó Neville, muy enojado con la actitud de los aprendices de mortífagos pero aún más con quien los entrenaba.

—A ése no deberían dejarlo salir más nunca. Por la forma en que lo miró el niño más pequeño sospecho que fue quien mató al papá. —comentó enojado George.

—Sí. Eso me pareció a mí también —asintió Ginny—. Recuerda que debemos borrarles el recuerdo de nuestra presencia aquí, Leto. —comentó preocupada.

—Creo que con estos es suficiente. —opinó Fred observando los dos frascos llenos.

—Venus, Mercurio y Júpiter distraerán los Bowtruckles mientras tú y yo bajamos las hojas que necesites —le dijo Luna a su novio—. Sabes que soy tan o más ágil que tú para subir a los árboles. —agregó al ver la incipiente protesta que surgía en el rostro de Neville.

—Pero… —intentó protestar el castaño, que no la quería allá arriba aunque sabía que era más ágil que él.

—Los Bowtruckles son fáciles de distraer teniendo éstos y tú eres mejor que yo para diferenciar las hojas de las que podremos extraer más resina. —lo cortó Ginny.

—Le puedes decir a Leto cuáles debe ayudarte a recoger, para así terminar y regresar antes. —completó Fred.

—De acuerdo. —aceptó resignado Neville.

Al girarse para ir hacia el árbol se quedaron paralizados al ver a Frank mirándolos intrigado, apuntándoles con la varita.

—¿Señor Longbottom? —preguntó Ginny cuando logró reaccionar, no atreviéndose a llamarlo por su nombre debido a su expresión.

—¿Saben borrar recuerdos? —cuestionó el auror muy serio.

—Sí, señor. —le respondió la rubia nerviosa.

—Eso no se aprende en el colegio. ¿Quién les enseñó?

Los cinco chicos se quedaron mirándolo fijamente, con los ojos muy abiertos, sin saber qué responderle.

—¿No lo recuerdan? —preguntó Frank, interpretando de sus miradas que eso era lo que les ocurría.

—No, señor. —le respondió Ginny asustada, pues no sabía si les creería.

—¿Cómo supieron que Alice y yo los seguíamos? —le preguntó directamente a Neville.

—No sabíamos que eran ustedes. —le respondió el aludido, haciendo un esfuerzo para que su voz no delatase la ansiedad que sentía.

—Detectamos a un par de observadores en el Ben Macdui, pero no eran agresores. Así que supusimos que nos habían seguido por desconfianza, para proteger a Jennifer. —explicó George con la voz más tranquila que logró poner.

—¿Cómo es posible que nos detectaran?

—No fue sencillo —le respondió Ginny con sinceridad—. Son muy buenos para ocultarse.

—Pero estábamos en un bosque y el ruido de los animales cambió cuando ustedes se nos acercaron —siguió Fred. Al ver al auror enarcar las cejas continuó explicándose—. El ruido disminuyó y parecía haber cierta tensión expectante que no era la causada por nosotros.

—¿Con ellos fue igual? —les preguntó Frank señalando con un movimiento de su cabeza hacia donde yacían inconscientes los mortífagos atados, junto a su esposa.

—No —le respondió Luna—. Cuando esos individuos se nos acercaron fue diferente.

—El ruido de los animales pequeños se incrementó cuando nos desplazábamos hacia allá —señaló con una cabezadita Neville hacia el punto en que había conseguido la huella—. En el momento en que nos detuvimos ahí el ruido cesó con mucha brusquedad.

—Eso nos advirtió de un ataque inminente. —completó Ginny.

—¿Con quién aprendieron eso? —preguntó intrigado el auror, suspirando y bajando la varita al ver la misma expresión en los ojos de los chicos que habían puesto cuando les preguntó sobre el borrado de recuerdos—. Eso tampoco lo enseñan en el colegio. Ustedes saben muchas cosas que no deberían saber. —les dijo muy serio, suspirando de nuevo al verlos encogerse de hombros.

—Bajen las hojas que necesitan y vuelvan a la casa —les ordenó—. Alice y yo nos encargaremos de los mortífagos.

—Señor Longbottom… —llamó Ginny al auror nerviosa, luego que éste se apartase del camino para que pasasen y regresar junto a la esposa. Dudó un momento al ver sus ojos castaños fijos en ella, tragó saliva y terminó con su planteamiento—. Nosotros necesitamos que nadie sepa que estuvimos aquí. —le dijo señalándole con una cabezadita en dirección a los mortífagos.

—No se preocupen por eso. Yo coordinaré con Alice y Jennifer una historia creíble en que ustedes no aparezcan, explicando la confusión de la familia por el ataque sufrido y desacreditando lo que ésos digan de ustedes.

—Gracias. —logró articular Ginny ante su propuesta, arrastrando sus hermanos a Luna y Neville con ella hacia el árbol cuando Frank les indicó con un movimiento de su mano que avanzaran.

Distraer Ginny, George y Fred los Bowtruckles, mientras Luna y Neville bajaban las mejores hojas les tomó sólo diez minutos, pues se esforzaron en hacerlo bien y rápido para poder salir huyendo del lugar.

Una vez que Neville vio que tenían suficientes para preparar dos calderos de la poción, que era la proporción que habían acordado en la mañana, asintió en dirección a Luna para que bajasen los dos. Apenas bajaron ellos, Ginny, Fred y George soltaron los piojos restantes sobre los protectores de los árboles y se alejaron hacia la mochila del castaño. Neville rápidamente protegió las hojas con un paño ligeramente humedecido y las guardó ayudado por Luna.

—No se preocupen por borrar las huellas porque voy a modificar todo aquí de acuerdo a lo que he hablado con Alice. —les dijo Frank a los tres pelirrojos, al entender sus intenciones cuando los vio acercarse a las huellas cercanas al árbol apuntándoles con sus varitas.

Los cinco chicos miraron primero sorprendidos a los Longbottom. Luego se interrogaron mutuamente con la mirada, asintiendo los otros tres cuando vieron a los gemelos hacerlo. Guardaron los cinco las varitas en su cintura y regresaron los tres pelirrojos junto a la rubia y el castaño, quien recogió la mochila y la acomodó en la espalda de George como habían acordado en la reunión matutina.

—Me gustaría que nos esperaran en la biblioteca antes de hablar con los demás. —pidió Alice.

—No creo que sea conveniente. —la contradijo Ginny.

—Lily ya debe saber que hubo problemas por el knut de Jennifer. —explicó George al ver las expresiones de extrañeza de los dos aurores.

—Aparezcan en el cuarto para que los tranquilicen a todos pero no hablen nada de lo ocurrido hasta que lleguemos. Díganles que son órdenes mías. —les ordenó Frank muy serio.

Los cinco asintieron poco conformes, sabiendo que la situación sería complicada al no llegar con la mamá de Jessica.

Cuando Jennifer, Alice y Frank aparecieron veinte minutos más tarde en el pasillo, frente al cuarto de las chicas, escucharon a Lily, Jessica, Angela y Harry interrogando a los cinco chicos sobre lo ocurrido, mientras George repetía una vez más que tenían que esperar por Jennifer y los Longbottom por órdenes de Frank, pero que todos estaban bien.

—Ellos tienen razón. Yo les ordené que no les dijesen nada para poder decirles tanto lo ocurrido como la versión oficial de una sola vez. —entró diciendo el auror al cuarto, sonriendo al oír suspirar con alivio a los cinco chicos que habían ido por las plantas.

Durante los siguientes veinte minutos Frank contó todo lo ocurrido con lujo de detalles. El auror le dedicó luego diez minutos más a la versión oficial ante el Ministerio, el hospital y cualquiera que no supiese de los chicos.

—… James, Sirius y Albus ya están al tanto de lo ocurrido y vienen hacia acá. Angelica y Remus se enterarán cuando lleguen. —finalizó Frank.

Cuando llegaron los otros dos aurores y el director del colegio estaba Jennifer curando con detenimiento la mano a Neville, mientras Jessica y Ginny comenzaban a arreglar lo recolectado para preparar luego la poción. Lily había entregado los cinco Puffskein a Tyr para que los aseara.

Ginny, Luna, Neville, Fred, George, Jennifer, Alice y Frank respondieron las preguntas del director, que les pidió a los cinco chicos que fuesen a descansar tan pronto la primera preparase la base de la poción con Jessica, la cual deberían dejar en cocción lenta durante los próximos quince días, agregándole paulatinamente los ingredientes. Para esto James les habilitó dos calderos y el cuartito vacío de usos múltiples frente a las escaleras, en el otro extremo del pasillo.

Cuando los diez chicos se quedaron dormidos, agotados por la tensión nerviosa vivida toda la tarde, Lily les contó en la sala que la chica de ojos miel había detectado su nerviosismo al ver que la ubicación de Jennifer era el hospital, separada de los cinco chicos. Le había preguntado lo que ocurría y en seguida los otros cuatro chicos la bombardearon a preguntas, preocupados.

Ella finalmente había cedido y les explicó el motivo de su inquietud, evitando el que se apareciesen allá las que se hacían llamar Electra y Diana una orden directa del que se hacía llamar Marte, que a pesar de estar muy nervioso insistió en esperar noticias como aconsejaba la castaña.

—¿Estás segura que la familia Jordan no dirá nada sobre los chicos, Jennifer?

—Totalmente.

—¿Algún problema en puerta con los mortífagos en el Ministerio en lo referente a los chicos, Frank?

—En lo absoluto.

—Entonces la situación aún es estable en lo referente a ellos —afirmó pensativo el director—. Lo que me inquieta es esa avanzadilla tan numerosa de mortífagos novatos. Pero eso lo hablaremos con más calma en la reunión. —se adelantó a los cuestionamientos de todos.

—El nivel de entrenamiento que demostraron esos chicos hoy, según lo que nos contaron Alice y Frank, no es normal, Albus. —dijo Sirius muy serio.

—No, no lo es —ratificó el director, mirándolo fijamente—. Sin embargo no sólo protegieron a Jennifer, Alice y Frank durante el ataque, en las medidas de sus posibilidades, sino que lo obedecieron a él en aguardar hasta que los tres llegasen aquí para hablar. Eso debemos tomarlo en cuenta.

Los seis asintieron. Iba James a preguntar algo más cuando las llamas de la chimenea cambiaron a verde, siendo recibidos Angelica, Remus y Alastor por seis varitas apuntándoles, aunque aparecieron en el otro extremo de la habitación.

—Me alegra mucho el ver que mis enseñanzas son escuchadas. —afirmó el auror experimentado sonriente, viendo a Albus recoger la pequeña ardilla que Alastor había hecho llegar por la chimenea para intentar distraerlos.

—Hablemos tú y yo sobre unas novedades que me han traído Jennifer, Alice y Frank, mientras ellos dos se enteran por medio de sus amigos. —le pidió amistosamente Albus a su amigo, caminando rumbo a la biblioteca, siendo seguido de inmediato por un muy curioso Moody.

—¿Qué noticias son esas? —preguntó Angelica intrigada.

—¿Estás bien? —le preguntó preocupado Remus a Jennifer, acercándose rápidamente a examinarla, mientras ella hacía lo mismo con él.

—¿Qué ocurrió esta mañana con Diana? —les preguntó en tono acusador Sirius a las gemelas en voz baja para que no lo escuchase su jefe.

—Tenemos mucho que hablar y poco tiempo, además que necesitamos privacidad. Vamos a la habitación de los entrenamientos. —les propuso James, a lo que los otros siete asintieron,.

Desaparecieron de la sala para aparecer en la habitación escogida por el pelinegro de ojos avellana. Media hora más tarde los ocho bajaban las escaleras, silenciosos y pensativos, intentando atar cabos con todo lo visto y oído ese día en lo referente a los diez chicos. Angelica había descrito con detalle lo ocurrido en la biblioteca, incluido el perfil del rostro de la chica de pelo negro y el cambio en el color de los ojos, algo que siempre les había parecido muy curioso a sus amigos de ella.

Dotty y Wykers fueron encargados de despertar a los chicos, darles de cenar y cuidar que cumpliesen el tratamiento, mientras Idun y Tyr atendían a todos en la reunión si eran solicitados.

Cuando todos los miembros de La Orden del Fénix habían llegado a la sala que James había habilitado para las reuniones, con muchas sillas, una mesa grande y otra pequeña, además de una estantería cerrada con llave donde guardaban los documentos importantes, Albus dio inicio a la reunión.

Alastor les dio la información que tenía el Ministerio sobre movimientos de mortífagos en Wiltshire y las otras noticias recientes, a excepción de lo ocurrido esa tarde. Esto fue contado por Frank (la "versión oficial", que era la que conocerían todos los miembros como cierta hasta tanto el director decidiese informar al grupo sobre los diez chicos), con intervenciones esporádicas de Jennifer y Alice (para darle más veracidad al relato).

Luego uno a uno los miembros que llevaban información relevante la aportaron.

El director cerró con la que él tenía, recordándoles que debían tener mucho cuidado en sus movimientos tanto para averiguar información como durante los ataques. Repitió ante el grupo completo las instrucciones que les había dado a Alice y Lily. Sospechó del brillo determinado en las miradas de ambas que algo tramaban, sin embargo no hizo comentarios adicionales y siguió con la reunión. Les expresó su inconformidad con la orden dada por Bartemius Crouch, como Director del Departamento de Seguridad Mágica, de usar métodos violentos para detener a los seguidores de Voldemort, sugiriéndoles tener mucha cautela.

—… La Orden del Fénix debe seguir en el anonimato, pues es vital para que podamos actuar con eficacia. —finalizó.

Todos asintieron y al ver a su líder levantarse también lo hicieron, formándose pequeños grupos de conversaciones.

Peter aprovechó que Angelica estaba hablando muy concentrada con Emmeline Vance, Arabella Figg, Alice y Frank para hablar tranquilamente con Lily, Jennifer, James, Remus y Sirius, con las dos primeras preguntándole por la salud de su mamá y el último burlándose por las miradas nerviosas que le dirigía a su esposa mientras les respondía.

Los tres Merodeadores que conocían el secreto de los chicos se sentían incómodos, por no poder hablarlo con libertad con su amigo. Pero Lily, Jennifer y Angelica se habían opuesto rotundamente, uniéndoseles Alice por "solidaridad femenina".

Después que todos se marcharon subieron a las habitaciones de los chicos y los consiguieron profundamente dormidos. Se retiraron a dormir luego de verificar Jennifer que no tenían fiebre, por lo tanto no tenían una recaída a pesar de lo vivido en la tarde. Los elfos le informaron a James que habían estado leyéndoles los seis chicos que podían ver a los otros cuatro un rato, pero se habían acostado temprano.