Noche de Luna Llena
Resumen: Fecha de cumpleaños. La mentira de Angela, Ginny y Jessica. Una noche de luna llena muy larga.
Los Black y los Potter acordaron con Jennifer que el día siguiente subirían ellos cuatro temprano al pasillo del primer piso, en el que estaban los cuartos de los chicos, para escuchar si las chicas volvían a discutir o si lo hacían los chicos, mientras ella retenía a su esposo en cama hasta tarde.
—Para que se recupere un poco para la noche. —le dijo con picardía Angelica.
—O sea que no debes juguetear con él para no agotarlo. —completó con un brillo travieso en los ojos Sirius. Escapó con agilidad del golpe que hubiese querido asestarle Remus, quien no lo alcanzó por su debilidad, mientras que Jennifer si alcanzó a su gemela.
Lily regañó a los Black y James ayudó a su amigo licántropo a llegar a la habitación. Mientras tanto su esposa y la de su amigo reñían a los dos bromistas, que siguieron molestando a la pareja Lupin. Moody no lo había presionado, sabiendo su condición. Pero le exigió tanto a Angelica en el entrenamiento que llegó agotada y se quedó dormida apenas tocar la cama, luego de estar muy fastidiados los dos en la reunión.
Cuando los cuatro se acercaron a la puerta de las chicas esa mañana no escucharon nada, luego se acercaron a la de los chicos y escucharon que nueve voces estaban cantando el cumpleaños a "Urano", según pudieron escuchar. De hecho los chicos habían hecho lo mismo el día que cumpliría años Luna, según lo que habían acordado, sólo que en esa oportunidad los de la casa no se enteraron. Lily frunció el ceño e intentó tomar la manija de la puerta, pero James la detuvo.
—Las cinco chicas están aquí adentro. —le señaló lo evidente a su esposo en voz baja, extrañada por la sonrisa en su rostro.
—Lo sé —le respondió él en voz baja—. Según recuerdo el 10 de marzo de 1978 vimos Los Merodeadores nuestro cuarto invadido a "las seis de la madrugada" por Las Protectoras, que llevaban un gran pastel de chocolate y adornaron rápidamente nuestra habitación por el cumpleaños de Remus. —No pudo contener una amplia sonrisa al ver el rostro de su esposa de un rojo más encendido que su pelo.
—Eso fue idea de las gemelas. —musitó Lily abochornada. Recordaba bien que ese viernes ninguno de ellos había ido a clase, ganándose un gran regaño y el consabido castigo de la profesora McGonagall.
Aquella fiesta de cumpleaños había sido aprovechada por Sirius y James para celebrar sus noviazgos con Angelica y ella, luego de aquél día de San Valentín tan inolvidable para ambas. Los dos Merodeadores bromearon con Remus porque incluso Peter ya tenía novia formal, riéndose al oír a Jennifer defendiéndolo y al licántropo sonrojarse aún más de lo que ya estaba desde que ellas habían entrado a la habitación. Los habían conseguido dormidos con sólo ropa interior a excepción de Peter, pues los otros tres odiaban dormir con pijama a menos que estuviesen en los días más fríos del invierno
—Según recuerdo tú nos apoyaste de inmediato y la que estaba nerviosa era Alice. —le recordó Angelica con sus ojos aguamarina chispeantes y una sonrisa en su rostro.
—Por lo menos los chicos están contentos hoy —comentó rápidamente Lily, totalmente sonrojada, deseando salir del atolladero—. Les diré a los elfos que preparen el desayuno mientras yo hago un pastel de cumpleaños.
—¿Cómo les justificarás el pastel sin que sepan que los hemos escuchado? —preguntó Sirius.
—Les diremos que queremos celebrar que todo salió bien ayer. —respondió Angelica, encogiéndose de hombros divertida al ver a los otros tres mirarla sorprendidos por su agilidad para inventar una salida airosa.
—Y que lo haremos como si fuese un cumpleaños porque recordamos que Marte nos dijo la noche que llegaron que Urano, Mercurio y Júpiter cumplirían años pronto, pero no sabíamos la fecha y decidimos celebrar al menos el de uno de ellos hoy —completó James con una gran sonrisa de triunfo en el rostro—. Aprovecharemos para preguntarles las fechas de sus cumpleaños "para no equivocarnos en la fecha y el cumpleañero la próxima vez". —agregó marcando las comillas con sus dedos.
—Esa es una excelente idea, Cornamenta. —lo felicitó Sirius, pues había conseguido una forma de preguntarles sus fechas de nacimiento sin presionarlos.
Lily meditó durante unos instantes la propuesta de su esposo y asintió sonriente. Su amigo tenía razón, la idea de James había sido muy buena. Bajó con su esposo a la cocina mientras los Black regresaban a su cuarto a "descansar un rato", quedando en verse de nuevo en ese pasillo en cuarenta minutos.
Cuando volvieron a subir los Potter consiguieron a las chicas en su cuarto y los chicos en el de ellos. Los diez se veían muy alegres, aunque la que se hacía llamar Electra parecía cansada.
Los diez chicos estaban preocupados por la forma en que estaba afectando a Jessica la proximidad de la luna llena. No sabían si aquél viaje en el tiempo, forzado por la barrera de magia negra de Voldemort, podía haber revertido parcial o totalmente la sanación de su licantropía con la poción que habían hecho.
Sabían que no la podían preparar de nuevo sin delatarse con los padres de Jessica, Angela, Harry y Neville. Tampoco sabían si luego Remus accedería a hacerla, vista la reacción que tuvo en su época. Adicionalmente estaba el problema de no saber si Angela contaría como licántropa parcial curada, como lo era en su época, o si Harry, Ginny, Hermione o Fred podían absorber la licantropía parcial de algún conocido de los ocho que les cuidaban, si es que conocían a alguien con esa condición tan especial. No, definitivamente esa no era una opción.
Jessica había intentado tranquilizar a su prometido y sus amigos diciéndoles que, aunque no se sentía bien, no estaba igual a antes de tomarse la poción que la curó. Pero no logró mucho porque ella también estaba asustada.
Habían decidido que los diez subirían esa noche a la Sala de Prácticas, luego de "quedarse dormidos" y que quedasen solos, para transformarse acompañándola como animagos en caso que ella se transformase en licántropa.
Los Black y los Potter bajaron al comedor con los diez chicos para el desayuno, silenciosos y pensativos los catorce.
—¿Jennifer le dio de nuevo la poción revitalizante a Remus por lo del mal hechizo? —preguntó Angela, preocupada por él pero manteniendo la coartada dada por sus tíos y sus papás ante ellos.
—Sí. No se preocupen, él estará bien en unos días. —le respondió Angelica mirándola con suspicacia, igual que Lily, James y Sirius.
—No entiendo porqué tuvo que ir a practicar ayer con el señor Moody estando así. —comentó preocupada y enojada Jessica. Preocupada por su padre; enojada con el viejo auror por aquello desde que el día anterior había escuchado que tenía que hacer algo que sonaba arriesgado y agotador, en sus condiciones. Se suponía de lo que habían escuchado y lo que ellos sabían por Remus en su tiempo que el amigo del director conocía su condición de licántropo.
—Alastor no perdona un entrenamiento a menos que uno esté incapacitado en cama. —le respondió James, mirando inquieto a la chica por el tono que había empleado al decir aquello.
—De todos modos él es muy consciente y… —empezó Lily, intentando tranquilizar a las dos chicas al ver la expresión de enojo de la de ojos miel.
—… y no presionó a Remus ayer puesto que se dedicó a hacerlo con mi esposa. —la interrumpió Sirius, enojado con Alastor Moody. A pesar de saber que Angelica lo había provocado no le gustaba lo que logró que ella le contase un poco antes, luego de insistir usando sus mejores tácticas de persuasión.
—¿Estás bien, Angelica? —preguntó de inmediato Angela, preocupada.
—Sí, tranquila, sólo un poco cansada. —le respondió la aludida, incrementándose sus sospechas sobre las dos chicas, al igual que las de Lily, James y Sirius.
En ese momento entraron los catorce al comedor. Encontraron a Jennifer sentada allí con Remus, que lucía ojeroso y pálido mientras tomaba una taza de chocolate caliente.
—Buenos días Jennifer. Buenos días Remus. ¿Cómo estás amigo? —los saludó Lily acercándose a ellos, mirando con preocupación al joven hombre de ojos miel.
A sus saludos les siguieron los de los demás. Todos le preguntaron por su salud a Remus, sin darle oportunidad de responder, haciéndolo sonreír con gratitud. Esperó a que todos saludasen e hiciesen silencio. Sonrió con mayor amplitud al ver que aún los que tenían vendas en los ojos tenían sus rostros dirigidos a él en un silencio expectante, seguramente guiados por sus primeros intentos de responder a los saludos y preguntas.
—Estoy un poco débil y cansado, pero mi medimaga particular dice que con reposo estaré bien en unos días —les respondió al fin, con voz cansada pero agradecida—. De todos modos ha insistido en llevarme a nuestra casa a que me examinen unos amigos suyos y descansar, sin que exista el riesgo que los Brown los vean a ustedes diez o que yo me vea tentado a levantarme de la cama para acompañarlos a leer en la biblioteca.
—Si ustedes lo desean podemos pasar encerrados en los cuartos para que no tengas que trasladarte estando tan débil. Así te puedan examinar tus amigos aquí, sin riesgos por nosotros. —le dijo preocupado Harry.
Aunque sabía que la habitación acondicionada para sus transformaciones en Maidstone era cómoda, le preocupaba que habían dejado su traslado para ese día. Sospechaba que se debía a ellos, para que Lily y James no se quedasen días solos o con el puro apoyo de los Black con diez desconocidos.
—Tampoco estarás tentado de leer nada en la biblioteca porque Jennifer te puede leer en tu habitación y nosotros estaríamos en las nuestras. —lo apoyó rápidamente Jessica.
—Podríamos entregarle nuestras varitas a James mientras te recuperas, para que ustedes estén tranquilos —agregó Angela—. Por favor, no trasladen a Remus en malas condiciones por nuestra culpa. —les pidió, sabiendo que allí también habían acondicionado el sótano para las transformaciones de su tío por lo que consiguieron en su tiempo cuando llegaron a esa casa.
Sus siete compañeros asintieron en seguida en aceptación a sus planteamientos. Pensaron que de ellos aceptar tendrían que desplazarse con cautela hasta la Sala de Prácticas para que no los escuchasen, donde se transformarían todos en animagos para acompañar a Jessica si se veía forzada por la luna llena a transformarse en licántropa, pues no tendrían sus varitas para usar hechizos con el fin de silenciar sus movimientos.
Las tres parejas los miraron sorprendidos por su planteamiento.
—¿Me entregarían voluntariamente sus varitas? —preguntó James incrédulo. Vio asombrado a los diez chicos sacarlas de los cinturones en sus cinturas y entregárselas a George, que las tendió hacia el dueño de la casa sonriendo al ver sus expresiones de desconcierto.
—Eso no es neces… —empezó Lily.
—Ustedes estarían más tranquilos y nosotros menos tensos por la salud de Remus. —la interrumpió con firmeza Jessica, sabiendo que con eso la convencería.
—Está bien. —aceptó la pelirroja, luego de ver con sus esmeraldas asentir a las gemelas, Sirius y su esposo, mientras Remus denegaba.
El pelinegro de ojos avellana las tomó y se dirigió con ellas al estante con llave en la Sala de Reuniones de La Orden del Fénix, donde los chicos tenían prohibido entrar. Iba pensativo, meditando las extrañas reacciones de los diez con ellos. Se afianzaba cada vez más en sus sospechas sobre su posible relación familiar. También quedaban sus dudas sobre la seguridad de ellos al haber acogido a los jóvenes cada vez más lejanas para Sirius, Frank y él.
—Gracias chicos —les agradeció con una gran sonrisa Jennifer—. Nos quedaremos aquí para que Remus no tenga que movilizarse en su estado.
—Esa es una excelente noticia. —replicó Harry sonriente. En seguida se desplazó con su novia hasta el lugar en que normalmente se sentaban esos últimos dos días, desde que su tío se encontraba débil por la proximidad de la luna llena, al igual que sus amigos.
Remus suspiró con resignación. Sonrió al oír al líder del grupo de chicos y ver la expresión de felicidad en todos sus compañeros en el comedor. Observó con preocupación a la chica de ojos miel, a quien el novio parecía ayudar a caminar. Miró rápidamente a su esposa, señalándole con un rápido movimiento de sus ojos a los dos e interrogándola con la mirada. Asintió cuando ella le susurró al oído:
—Por eso acepté quedarnos.
Esperaba de corazón estar equivocado, pero de no ser así le preocupaba mucho la situación esa noche, ahora con los chicos sin sus varitas. «¿Cómo piensan manejar la situación con la chica si estoy en lo cierto?». Lo tranquilizaba el saber que Jennifer estaría atenta a lo que le estuviese ocurriendo, aunque sabía que no lo dejaría solo a él. Suponía que presionaría a la hermana y sus amigos para que los vigilasen y ayudasen con la chica de ser necesario.
Al finalizar el desayuno los diez chicos y los Lupin se vieron sorprendidos por el pastel de chocolate que la pelirroja de ojos esmeralda ubicó en el centro de la mesa, informándole a los cuatro que no podían ver al decir:
—Hoy queremos celebrar con ustedes el cumpleaños de los que dijo Marte cuando llegaron que cumplirían pronto, por eso preparé temprano este pastel de chocolate.
—No sabemos entre Urano, Mercurio o Júpiter cuál cumplía años primero, si ya los cumplieron, o aún falta, puesto que no nos dijeron fecha. Pero quisimos hacerlo también en agradecimiento a la forma en que protegieron a Jennifer ayer —les dijo James, según su plan—. Nos gustaría que nos dijesen las fechas de sus cumpleaños para celebrárselos el día exacto, sin equivocarnos de cumpleañero, mientras están con nosotros. —agregó con una sonrisa convincente.
Los diez chicos se quedaron paralizados, mirándolo fijamente los seis que podían ver, mientras los otros cuatro tenían sus rostros girados en la dirección de su voz.
Harry analizaba rápidamente si podía o no darles aquella información, riñéndose mentalmente por la forma en que les había dado pistas aquél día a sus muy astutos padres y tíos. Buscó en su mente de qué manera podía conducir esa información a sus identidades, sin encontrar cómo podrían conectar sus fechas de cumpleaños con ellos sin saber años de nacimiento, conociendo sólo el color de su piel, pelo y ojos. Comprendía que no podía negarse a decirles sin parecer sospechosos. Luego de casi cinco minutos se decidió a responderle con sinceridad a su papá, aunque sabía que tendría que discutir después su decisión con Hermione.
—No sabemos si ya los cumplieron o no en el tiempo del que provenimos, igual que no lo sabemos con los de los demás, pues no sabemos que fecha era el día que nos vimos atacados apareciendo en el colegio —Suspiró al oír murmurar a su mejor amiga "No Marte" y siguió con determinación—. Cuando nos reunimos en la enfermería decidimos que nos adaptaríamos a la fecha del tiempo en el que nos encontramos en cuanto la supiésemos. Electra y Diana cumplirían años el 5 de febrero.
—Leto se supone que los cumplió el 18 de febrero —se decidió a apoyarlo Angela, que tampoco conseguía cómo podían enlazar esa información con ellos—. Urano cumpliría años hoy, 1 de marzo.
—Mercurio y Júpiter los cumplirían el 1 de abril —siguió Jessica—. A Neptuno le corresponde el 30 de julio y a Marte el 31 de ese mes.
—El día de Venus es 11 de agosto y el de Gea es el 19 de septiembre. —finalizó Neville.
—Entonces hoy estaríamos celebrando el de Urano —dijo Sirius con una gran sonrisa—. Es una suerte que Lily haya decidido preparar esta pequeña celebración justo hoy.
—Según nuestras cuentas y los medimagos el bebé de Alice y el mío nacerán a finales de julio, cerca de las fechas de cumpleaños de Neptuno y Marte. —añadió la pelirroja con voz alegre, con sus esmeraldas mirando al líder de los chicos atenta a sus reacciones.
Los cuatro que habían revelado la información se petrificaron, comprendiendo el porqué de la negativa de Hermione a decirles. «Si estamos en esta época todavía cuando nazcan Neville y Harry… Espero que salgamos de aquí antes o esto se complicará demasiado», pensó inquieto Ron.
—Eso es una grata coincidencia. —dijo George con una falsa sonrisa, una vez superado el impacto del comentario de Lily.
—Sí, tendremos mucho que celebrar en esos días. —lo apoyó rápidamente Fred, con una sonrisa similar.
—Si aún estamos con ustedes podríamos hacer una gran celebración. —completó Ginny, con una expresión muy parecida a la de los gemelos.
—Aunque espero que para esas fechas ya nosotros hayamos regresado con los nuestros. —opinó Hermione con una forzada sonrisa, deseando de todo corazón que fuese así.
—Aprovechemos la buena idea de Lily y celebremos el de Urano con el pastel. —intervino Jennifer, que los notó bastante nerviosos. No quería que se tensasen y preocuparan a Remus, que miraba muy atentamente a la chica de ojos miel.
—Es cierto. —aprobó Angelica. Estaba preocupada también por las ojeras que se distinguían en el contorno de los ojos de Jessica, que estaban muy abiertos mirando en dirección a su amiga.
Quince voces le cantaron el cumpleaños a un muy nervioso Ron, se comieron el pastel y subieron al primer piso. Dejaron a los diez chicos en la habitación en que dormían el cumpleañero y sus amigos, como retribución a su confianza al dejarles sus varitas, para que compartiesen con el pelirrojo alto. Les dejaron libros de la biblioteca, un ajedrez mágico de Jennifer, unas cartas de snap explosivo y un juego de gobstones de la época de estudiantes de Los Merodeadores.
También les dejaron instrucciones a Idun y Tyr para que estuviesen pendientes de ellos diez, ayudándolos en lo que necesitasen puesto que no tenían sus varitas, mientras Dotty ayudaría a Jennifer con Remus y Wykers realizaría las tareas indispensables para mantener la casa en orden.
Angelica, Lily, Sirius y James salieron "para visitar a sus amigos enfermos", los heridos más graves de La Orden del Fénix en el último ataque que aún estaban en San Mungo, "luego aprovecharían para buscar a los Brown, unos amigos medimagos para que viesen a Remus". En realidad ellos no sabían la condición de Remus por lo que no hablarían con ellos. Fueron a Maidstone a buscar unas pociones que tenía allí Jennifer para atender a su esposo. Después pasaron por la mansión de los Longbottom para saludar a Augusta y Harfang. Luego regresaron a la mansión Potter acompañados de Alice y Frank.
Apenas verlos llegar Remus les pidió que uno de ellos fuese a ver cómo seguía la chica que lo tenía tan preocupado. Lily bajó mientras los demás se quedaban a hacerle compañía, hablando con los Longbottom sobre lo ocurrido esa mañana.
Cuando la pelirroja abrió la puerta del cuarto de los chicos sus esmeraldas se abrieron de par en par, teniendo que llevarse unos segundos después las manos a la boca para aguantar la risa.
Tres chicas y tres avergonzados chicos estaban limpiando y organizando el cuarto, mientras la que se hacía llamar Gea los reñía por ser tan desordenados. Idun y Tyr hacían lo imposible porque los dejasen a ellos ser quienes limpiasen. El líder del grupo y el cumpleañero bufaban mientras intentaban jugar ajedrez, aunque por no ver ninguno de los dos y con todo el ruido del cuarto se confundían cada rato con las jugadas. La que se hacía llamar Electra los intentaba ayudar, lo cual generaba que cada uno de ellos supiese el movimiento que intentaba su oponente y el que veía su jugada revelada gruñese.
—Chicos —llamó su atención. Al ver que todos en la habitación se giraban en su dirección, aún los que no veían, mientras un triunfante Tyr lograba quitarle una camiseta sucia de las manos a Angela, seguramente de uno de los chicos, no pudo contener la risa—. Perdón —siguió riéndose abiertamente, sin lograr contener la risa al ver a la chica tanteando en busca de la ropa que unos segundos antes tenía en sus manos. Hizo un esfuerzo por dominarse, lo cual se dificultó porque los seis que veían siguieron la dirección de su mirada y también empezaron a reírse, comprendiendo lo ocurrido de la expresión del elfo—. Por favor, dejen a Idun y Tyr hacer la limpieza del cuarto —les pidió, agregando rápidamente al ver la protesta incipiente en la chica de pelo negro y la castaña—: Subamos un rato al cuarto de Remus. Nuestros amigos ya lo han examinado y se han marchado. Según ellos un poco de alegría lo ayudará a recuperarse antes.
Los diez asintieron de inmediato y siguieron a Lily. Llevaron los juegos y algunos libros, dejando a dos elfos más tranquilos recogiendo y ordenando.
La guía pudo notar que la chica de ojos miel tenía las ojeras más pronunciadas y era más evidente su debilidad. Pensó preocupada que si las sospechas de ellos eran ciertas esa noche se podría llegar a delatar su secreto y el de los chicos, lo cual traducía un gran nerviosismo en ellos ocho. Sus inquietudes se veían incrementadas por el desasosiego que notaba en los diez chicos.
Lily entró al cuarto de los Lupin anunciando a sus acompañantes. Les contó a sus siete amigos lo presenciado minutos antes en el cuarto de los chicos, con las consiguientes burlas de Sirius y James a los que dormían allí. Lily los regañó y los hizo quedar mal al decir que de no ser por Angelica y ella, que organizaban todo para los elfos, los de ellos estarían peor. Esto hizo reírse a los diez chicos, sin poder evitarlo, además de los cinco amigos que contemplaban una escena que habían visto en anteriores ocasiones.
Calmadas un poco las risas se sentó Ron a jugar con Remus ajedrez. Los acompañaban una silenciosa Hermione, un sonriente Fred y una inquieta pero feliz Jessica. Mientras tanto los otros siete chicos jugaban con sus otros anfitriones partidas de snap explosivo y de gobstones.
Una hora más tarde los Potter, los Black y los Longbottom se dirigieron al comedor a almorzar con los diez chicos, mientras Dotty le subía la comida a los Lupin.
—Electra, hemos notado que tienes muchas ojeras y pareces estar débil. Jennifer nos ha dicho que no le has permitido examinarte —le dijo Angelica cuando iban por el pasillo cerca de las escaleras para bajar al comedor, preocupada al ver que Fred prácticamente la llevaba cargada en su costado—. ¿Por qué no dejas que ella te examine?
—No quiero preocuparla. El esposo no está bien y prefiero que esté atenta a él sin otras preocupaciones. —le respondió la chica intentando sonreír, pero un fuerte mareo le cortó la sonrisa y la obligó a aferrarse a su prometido.
—Pues lo que has logrado es preocuparnos a todos. —le dijo muy serio Frank, que se movió rápidamente a su lado y la levantó en sus brazos.
—No es nada, sólo estoy cansada. —replicó la chica con evidente debilidad.
—Voy a llevarte al cuarto a descansar —afirmó el auror castaño con un tono de voz que no daba derecho a réplica—. Lily, por favor dile a uno de los elfos que suban mi comida, la de mi esposa, la de Mercurio y la de ella. Nosotros tres le haremos compañía en caso que necesite ayuda. Luego de comer le avisaremos a Jennifer.
—Pero… —intentó oponerse Hermione.
—Es eso o la llevo a San Mungo —la interrumpió muy firme James—. No voy a permitir que se resistan a recibir atención en medimagia cuando es evidente que la necesitan.
—Electra permitirá que Jennifer la examine luego, para que ustedes no sigan preocupados, aunque Venus ya nos ha dicho que no es nada serio —intervino Angela decidida a manejar aquella situación con sus tíos, según el dictamen de su tía, con ayuda de Ginny—. Al parecer hace un par de días se levantó de madrugada a comer algo y se tropezó, por ir caminando más dormida que despierta, se golpeó levemente en la cabeza y no recuerda bien cómo regresó al cuarto. Esta mañana, antes que ustedes subieran, terminó confesando a Venus lo ocurrido mientras la curaba.
—Ya le había preguntado qué le había pasado desde que le vi la inflamación al cambiarle el vendaje, pero decía siempre que no recordaba haberse golpeado. —apoyó Ginny la mentira de su amiga de ojos grises.
Mientras tanto intentaba pensar rápidamente en una excusa creíble para Jennifer, si al examinarla notaba la seria alteración orgánica de su amiga de ojos miel. «Es lo más probable, siendo su esposo Remus un licántropo. Pero si uno la mentira dicha por Angela con una de las bases para pociones que tengo en mi maletín de medimagia… Sí, puede ser. No estoy muy segura pero no tengo muchas opciones».
—Es que no lo recuerdo con claridad. —se excusó con expresión y tono de niña regañada la chica de ojos miel, mientras el auror que la tenía en sus brazos la miraba con gesto de querer reñirla por eso.
—Para que estés tan mal desde hace un par de días debe ser algo serio. —le dijo con voz preocupada Alice. «Si es una mentira para encubrir el "problema peludo" de la chica sus amigos están al tanto y tienen pensado algo para esa noche. Pero si es cierto… no están diciéndolo todo y puede tener algún problema de salud de consideración por el golpe que dice se ha dado».
—La he examinado varias veces y no es serio el golpe en la cabeza, pero… —Ginny se detuvo, fingiendo estar pensativa—. He revisado su maletín de medimagia y su mochila con ella. Las pociones y los ingredientes que usamos están completos, no lo entiendo.
—¿Revisaste tu maletín y tu mochila? —preguntó Fred que empezaba a entender lo que tramaba su hermanita.
—¿Los míos? No. Lo lógico es que buscase en los suyos esa noche algo para el dolor de cabeza.
—Pero tú duermes más cerca de la puerta del cuarto —les siguió la idea con agilidad George—. Si ella estaba atontada por el golpe y sintiéndose mal podría haber buscado en las tuyas.
—¡Rayos! ¿Cómo no lo pensé antes? —dijo con fingido enojo Ginny.
—¿De qué hablas, Venus? —preguntó Lily empezando a asustarse.
—Por como se ha estado sintiendo, además de las evaluaciones que le he hecho, parece que hubiese probado Hellebore o Aconite, que tenemos en nuestros maletines como base para preparar pociones.
—Vamos todos a su cuarto. Mientras recostamos a Electra tú revisas tu maletín. —planteó muy preocupada Angelica.
Unos minutos más tarde subía por su gemela al cuarto del segundo piso en que dormían los Lupin, asustada. La chica menuda efectivamente había conseguido sin sello el envase en el que guardaba una base para pociones preparada con el Aconite. Había dicho que creía que su amiga de ojos miel sólo había alcanzado a tomar un trago pequeño, pues su sabor era desagradable y faltaba muy poco en el envase, sin embargo los ojos muy abiertos y con expresión de miedo de la chica en cama la alarmaron.
Cuando Angelica les contó aquello a los Lupin vio aterrada a su hermana salir corriendo en dirección al cuarto de las chicas, mientras Remus la retenía por un brazo y le suplicaba que lo ayudase a llegar allí. En el momento que llegaron al cuarto Jennifer le daba a beber una poción a Jessica, que se la tomó sin protestar debido a la mentira que habían dicho. La chica de ojos miel sabía además que la ayudaría a descansar y le calmaría un poco el malestar que tenía.
Jennifer examinó una vez más a la chica con su varita, suspiró y dijo:
—Creo que nos hemos dado cuenta a tiempo. Le tomará al menos dos días recuperarse totalmente, pero estará bien.
Esto fue suficiente para que los otros siete que velaban por la salud de los chicos respirasen más tranquilos. James de inmediato miró a las dos chicas con el ceño fruncido y las empezó a regañar.
—No sé cómo es que tienen conocimientos de medimagia y porqué tienen entre sus cosas esos ingredientes y pociones, pero me parece muy grave que no les tengan un hechizo de seguridad a sus mochilas y maletines que eviten este tipo de accidentes —Las dos bajaron las cabezas. Sí se los tenían, pero ahora no podían decirlo—. Desde hoy sus maletines de medimagia, sus ingredientes y todo lo demás que tienen y que pueda ser peligroso para ustedes, los elfos, nosotros, o un niño pequeño si aún están con nosotros cuando mi hijo nazca, estarán en la habitación que les arreglé frente a las escaleras para que preparasen la poción de Diana.
—Sí señor. —respondieron las dos como niñas regañadas.
—Tú te quedas en cama —le ordenó Jennifer a Jessica cuando le vio intenciones de incorporarse a recoger sus cosas—. Tú te encargarás de día de su salud mientras Venus se ocupa en las noches. —le ordenó a Fred con un tono de voz que no daba lugar a réplicas, mientras le entregaba las instrucciones sobre cómo debía tomarse aquella poción.
»Ustedes tres ayuden a Venus a revisar las cosas de Electra, sacar todo lo que ha dicho James y llevarlo con las de Venus a dónde él ha dicho, mientras yo los superviso. —les ordenó a Luna, Neville y George, que en seguida asintieron con un nudo en la garganta al verla reñirlos como lo hacía Eloise.
»Y tú regresas a tu cama de inmediato. —le ordenó a Remus, que se limitó a mirarla y asentir. Sabía que estaba muy enojada, después de haber estado muy asustada, por el accidente de la chica con lo que había tomado de la mochila de la amiga.
Sirius conocía bien el mal genio de su cuñada cuando se enojaba, que aunque no llegaba a ser tan fuerte como el de su esposa era de respetar, por lo que ayudó a su amigo a llegar a la habitación mientras Angelica y Lily les ordenaban a los otros chicos bajar a almorzar. Los regañaron por no haberles dicho antes sobre el malestar de la chica, haciéndoles hincapié en que aquello podría haber llegado a agravar a la chica según lo dicho por Jennifer.
Hermione, Angela, Ron y Harry tuvieron que oír de nuevo aquella reprimenda, sólo que con palabras más duras, por una muy enojada Jennifer mientras reñía también a Ginny, Luna, Neville y George, luego que guardasen todo donde James les indicó. Les enumeró la serie de posibles consecuencias en la chica por su silencio, llegando a que Jessica hubiese podido fallecer en sólo una semana. Esto los hizo tragar saliva, comprendiendo que la fuente de su enojo era su preocupación por su salud.
Después del almuerzo subieron a los chicos al cuarto de las chicas para que acompañasen a Jessica, que estaba dormida, leyendo en voz baja mientras eran acompañados por Dotty para que los vigilase y les avisase si la chica llegaba a tener algún malestar. La elfina los acompañó con los brazos cruzados sobre su pecho, enojada con ellos por haberle ocultado aquello a Jennifer. Estaba preocupada por la salud de la chica que era tan dulce con ella y contenía en su rebeldía con ellos a la de pelo negro cuando se empeñaba en limpiar.
Los ocho chicos se mantuvieron muy calladitos, a excepción de Luna que les leía, aunque ninguno estaba muy atento a la lectura. Todos estaban preocupados por Jessica, Remus y la situación esa noche, ahora demasiado complicada para ellos si su amiga se veía forzada por la luna a transformarse.
Jennifer y Remus sentían una extraña mezcla de alivio y tristeza al pensar que la chica no era licántropa. Eso sólo podía significar que no era hija de ellos pensaba él, aunque ella mantenía una pequeña chispa de esperanza pero no quiso decirle a su esposo para no presionarlo estando tan débil como estaba. Lo hablaría con él en unos días.
A las seis de la tarde, luego de darle la poción bajo la vigilancia de Angelica, Ginny les sonrió de manera tranquilizadora a sus amigos. Con este gesto les hizo comprender que aparentemente Jessica no se transformaría esa noche, visto su adormecimiento al tomarse la poción que no ocurriría si su parte lobuna la iba a dominar. Fred y sus amigos se vieron sacados por Sirius hacia su cuarto, quedándose dormidos más tranquilos al saber que la chica de ojos dorados no se transformaría y que la menuda pelirroja estaría al pendiente de ella y les avisaría si ocurría algo.
Una vez que los dejaron dormidos, los Black bajaron rápidamente al amplio sótano, acondicionado especialmente, en que ya se encontraba Jennifer con Remus acompañados de Lily y James. Habían dejado a los elfos al pendiente de los chicos con órdenes de turnarse para que descansasen. Aquél día la luna estaría totalmente llena muy temprano, por lo que su amigo ya estaba empezando a sentir sus efectos.
—Lily, Jennifer, Angelica, ya sé que son animagas también y que quieren estar conmigo, pero yo estaría más tranquilo si ustedes no se quedan. El espacio es grande, pero he estado algo inquieto últimamente y podría…
—Precisamente, mi amor, si somos más podremos distraerte mejor y eso evitará que te hagas daño. —lo interrumpió su esposa.
—Pero…
La réplica de Remus se vio interrumpida por la aparición de una pluma de Fawkes con una nota.
—Un ataque en Swindon. —leyó James.
—Vayan los cinco. —dijo Remus tajante.
—Olvídalo, no te dejaremos solo… —le respondió Sirius intentando buscar una solución, pero su amigo lo interrumpió.
—Albus no habría enviado la nota si no fuese un ataque grande —les dijo mirándolos fijamente de uno en uno—. El sótano está perfectamente acondicionado para que yo pase mis transformaciones solo. Los elfos estarán al pendiente. Si me escuchan muy agresivo pueden usar sus dotes mágicas para calmarme o atarme. Los chicos están durmiendo, además que les han entregado sus varitas.
—Remus… —intentó Jennifer.
—Cuando los seis ingresamos en La Orden del Fénix lo hicimos convencidos que era nuestro deber hacer todo lo posible por detener a Voldemort y sus secuaces, para que más nadie viva lo que nosotros hemos pasado —la interrumpió muy firme—. Siempre he intentado comportarme como un mago normal y ustedes me han tratado así. ¿Van a cambiar ahora?
—Claro que no. —le respondió enojado Sirius.
—Entonces deben ir. Saben que si hubiese sido ayer o mañana yo iría también —Al verlos a todos suspirar continuó, seguro de estar a punto de convencerlos—. Pero hoy no puedo y ustedes lo saben. También que estaré más tranquilo si ustedes van, dejan a varios empaquetaditos para Azkaban y regresan. Tal vez aún podamos jugar los seis un rato.
Al escuchar aquello las tres Protectoras presentes sonrieron y los dos animagos bufaron, comprendiendo que la táctica de su amigo había dado resultado. Desde que se habían graduado y ellas les revelaron su animagia Remus no les había permitido acompañarlo, por lo que era obvio el porqué de su aceptación ahora.
—Cuanto antes nos vayamos antes regresaremos. Vamos. —dijo resignado James.
Jennifer le dio a Remus un beso en la boca, que se hubiese profundizado mucho de no ser porque el licántropo sintió un tirón en el abdomen y la separó con cuidado.
—Por favor mi amor, cuídate mucho y regresa con bien. Quiero ver a mi bella osa, con su hermoso pelo castaño claro, totalmente sana en cuanto regrese a mi forma humana. Sin que salga huyendo al amanecer como hacía en el colegio. —le dijo con una sonrisa melancólica, acariciándole la mejilla con ternura.
—No quería preocuparte, mi amor, ya te lo dije. —le respondió su esposa con cariño, dándole un beso en la punta de la nariz.
—Se ven muy lindos pero, como dijo James, debemos irnos ya para regresar pronto. —le dijo Angelica a su gemela.
Jennifer asintió con resignación, revisó una vez más que el licántropo en el que pronto se convertiría su esposo tuviese todo arreglado para que no se hiciese daño, con algunos peluches medio destrozados regados en el sótano para que los mordiese. Hizo un gesto de frustración por no poder estar con él toda la noche y salió. Aseguraron la puerta, le avisaron a los elfos para que dos de ellos estuviesen al pendiente de los chicos y los otros dos bajasen a estar pendientes de Remus, se miraron y desaparecieron.
Cinco minutos después de ellos haber aparecido en Swindon y estar peleando fieramente hizo aparición en el #12 Deercourage Place una figura bajita y gorda. Miraba hacia todos lados con nerviosismo con una varita en su mano derecha, mientras la suya permanecía guardada en su capa negra.
Se acercó a la habitación en que se suponía que dormían los elfos y se extrañó de conseguirla vacía. Revisó la planta inferior de la casa y subió con cautela. Sonrió con malicia al ver salir a los dos que acompañaban a las gemelas de una habitación en el segundo piso, con ropas en las manos. Parcialmente oculto entre las sombras junto a la alacena cercana a las escaleras, les apuntó con su varita y los dejó inconscientes justo cuando se giraban a mirar en su dirección.
Los llevó flotando con rumbo al cuarto de los utensilios de limpieza en planta baja, junto al que dormían las pequeñas criaturas. Estaba seguro que pronto aparecerían los otros dos. Los desmayaría también y podría cumplir con su misión con comodidad y tranquilidad, sin las cuatro criaturas husmeando.
Efectivamente diez minutos más tarde entraban a su habitación en la planta baja Idun y Tyr en busca de Dotty y Wykers. Estaban extrañados porque no hubiese subido la elfina para la rotación ordenada por sus amos mientras ellos regresaban, luego de haber oído aquél ruido. Estaban tranquilos al saber a los diez chicos dormidos, con la chica que había estado en observación con una respiración regular y tranquila. Habían dejado las puertas entreabiertas para oírlos con sus agudos oídos mientras bajaban. Al no verlos allí fueron hacia las escaleras para bajar rumbo al sótano, por lo que no se percataron de la sombra media oculta que les apuntaba con una varita.
Cuando los vio dirigirse al sótano pensó que sería lo mejor, así los encerraría a los cuatro allí. No sabía cuanto durarían desmayados con su hechizo, ya que aquella varita tenía un comportamiento muy errático. No sabía quién era el dueño, pero al parecer era poderoso y torpe según había dicho su amo.
Se movió hacia ellos. Al verlos girarse hacia su posición los desmayó, seguro que con su disfraz de mortífago no lo reconocerían. Regresó por los otros dos y los hizo flotar con aquella varita junto a los otros, bajando con ellos las escaleras y dejándolos junto a la alacena con la intención de introducir rápidamente a los cuatro al cuarto del sótano frente a las escaleras.
Sonrió al pensar que de él no sospecharían. Como le había indicado su amo, les había dicho días atrás a los Potter que reforzasen la seguridad de la casa. Contaba con que eso no lo incluiría a él por ser parte de La Orden del Fénix, además de ser considerado uno de los mejores amigos del dueño de la casa desde que estudiaban en el colegio.
Cuando abrió la puerta con la varita que tenía en su mano derecha pegó un grito, que retumbó en el silencio de la casa, y dio un salto atrás, dejando caer aquella varita. Temblaba sin control ante el licántropo furioso frente a él.
—Remus… ¿Qué haces aquí? —Al oírlo gruñir retrocedió aún más, asustado. Siguió en retroceso hacia la planta baja, mientras el licántropo pasaba junto a los elfos y aquella varita—. Rayos, nunca supe cuándo era la luna llena. No sé porqué estás aquí y no en Maidstone, pero Sirius y James no están aquí para controlarte y yo como rata no puedo hacer lo que vine a hacer, así que… Intenta no hacer muchos destrozos. —le dijo antes de desaparecer, justo cuando se arrojaba sobre él.
El licántropo gruñó furioso al levantarse. Olisqueó y comprobó que aquella presa se le había escapado, pero también que además de las cuatro pequeñas criaturas existía el rastro de un aroma que era mucho más apetecible a sus instintos. Siguiendo el rastro de aquellos olores subió al primer piso y llegó hasta unas puertas entreabiertas, una frente a la otra. Dudó un momento. Se decidió por la del lado izquierdo, dónde su instinto le hacía notar algo.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
Jessica, que se había despertado al igual que sus compañeras por el grito que habían escuchado minutos antes, no se había atrevido a bajar porque Hermione las había contenido al decirles que los elfos estaban allí y ellos no tenían sus varitas. Además ella reconoció la voz, que había alcanzado a oír por su fino oído de licántropa agudizado por aquél extraño proceso con la luna llena en que no se veía obligada a transformarse pero tenía muy agudizados sus sentidos, como la de Peter Pettigrew. Les comunicó esto a sus compañeras.
Ginny se incorporó con cuidado a cerrar la puerta. Retrocedió de un brinco al conseguirse frente a un licántropo adulto que le gruñía amenazadoramente, luego de haber arañado la puerta con sus patas delanteras hasta abrirla. Se transformó en seguida en una gueparda, sospechando que se trataba del joven hombre de ojos miel.
—REMUS ESTÁ AQUÍ SOLO. TODOS COMO ANIMAGOS. —gritó Jessica, segundos antes de transformarse en loba castaña frente a un licántropo muy confundido, distraído con los rugidos de la gueparda.
En seguida Angela adoptó su forma de pantera negra, Luna la de cebra y Hermione la de serval. Un par de minutos después entraron al cuarto el lince que era Fred, el guepardo en que se transformaba Harry, el caracal que era la forma animaga de Ron, el leopardo en que se transformaba George y el caballo castaño claro en que se convertía Neville.
Entre juegos distrajeron a Remus seis de ellos, mientras la cebra, el leopardo, la gueparda y el caballo revisaban la casa buscando a los elfos y los otros cinco habitantes regulares de la casa. No se atrevieron a recuperar su forma humana para no despertar de nuevo los instintos de caza del licántropo en que se encontraba transformado Remus contra su voluntad, sin ningún grado de conciencia a diferencia de ellos.
Consiguieron a los cuatro elfos en la parte inferior de las escaleras que llevaban al sótano, subiéndolos al cuarto en que ellos dormían en planta baja. Los depositaron con mucho cuidado en la esquina más alejada de la puerta, quedándose con ellos el caballo mientras los otros terminaban de buscar en la casa. Se dirigieron luego a avisarles a sus amigos que no había más nadie y en el estado en que habían conseguido a los cuatro elfos.
Hermione, Ron y Harry descubrieron que Angela tenía razón en algo que les había explicado cuando les enseñaba animagia, los instintos como animales los ayudaban a desenvolverse mejor con su dificultad visual que en su forma humana.
Bajaron entre juegos al licántropo adulto hasta el sótano, entrando Jessica, Fred y Angela con él mientras rápidamente Harry retomaba su forma humana y cerraba la puerta, pero sin sellarla.
—Con esta varita atacaron a los elfos. —aseveró Ginny agachada junto al palito de madera, luego de usar lo aprendido con la pelinegro sobre rastros de energía. Se sintió levemente mareada luego de hacerlo.
—¿Alguno la tocó en su forma animaga? —preguntó Harry preocupado.
—No. —contestaron a coro Ginny, George, Luna y Neville, que cuando vio la puerta cerrada por su amigo recuperó su forma humana y bajaba las escaleras.
—Entonces que ninguno lo haga. No sé lo que ha ocurrido pero…
—Nosotras tenemos una idea de lo que pasó. —interrumpió Luna a Harry.
—¿Qué? —preguntaron extrañados Harry, Ron, George y Neville.
—Jessica escuchó con su oído de licántropa la voz de Pettigrew luego del grito que nos despertó —les aclaró Hermione—. No pudo oír qué decía, pero reconoció su voz. La misma que escuchó en La Casa de los Gritos cuando se descubrió la inocencia de Sirius.
—¡Maldito traidor! —exclamó Harry sin poder contenerse—. Debe haber venido a averiguar algo mientras los otros no estaban.
—Lo que implica que sabía que no estarían.
—O sea que mis padres y mis tíos están en un ataque de los amigos mortífagos de ese traidor.
—Seguramente no se esperaba conseguir a Remus aquí y bajó con los elfos desmayados para encerrarlos en el sótano. —razonó Hermione.
—Es hora de probar tu teoría, mi amor —le dijo Ginny a Harry con voz dulce, intentando calmarlo—. Fawkes —llamó al fénix de Dumbledore, sonriendo al verlo aparecer—. Amiguito, necesito que me digas dónde es el ataque en que están Jennifer, los Potter y los Black —Unos minutos después de mirar al ave fijamente a los ojos ésta desapareció—. Voy por mi equipo de batalla.
—Pero… —intentó oponerse Hermione.
—Necesitamos saber cuándo volverán al menos un par de minutos antes, para dejar a Remus lo más tranquilo posible. En ese momento deberemos subir a nuestros cuartos, sin alterar nada aquí para que ellos sepan lo que ha ocurrido. —la interrumpió Harry.
La castaña dudó unos segundos, pero el planteamiento de su amigo era correcto. Tenían que permitirle a los Potter que supiesen lo ocurrido para que investigaran. Por lo que sabían para esas fechas habían empezado a desconfiar de un traidor en La Orden del Fénix, tal vez debido a lo ocurrido.
—Tienes razón. Entremos los tres que no vemos a quedarnos con Angela y Remus mientras los otros seis van. —respondió Hermione. Sabía que era imposible que Ginny fuese sólo de observadora, sin participar.
Harry sonrió ampliamente y se transformó de nuevo en guepardo, mientras Hermione lo hacía en serval y Ron en caracal. Entraron de nuevo al sótano, por la puerta abierta con mucho cuidado por Ginny. Minutos más tarde salían Angela y Fred.
—Le pedí a Jessica que se quedase con su papá y los otros chicos. —les aclaró Fred a sus amigos que estaban afuera, asintiendo ellos de inmediato.
Los cinco la preferían allí a salvo con Remus, que la reconocía como cachorrita de su manada, que participando en una batalla estando débil. Sabían que aún estaba mal y también que no se quedaría quieta. Además Angela estaba en condiciones de sacarlos de allí con bien.
—Yo voy a recuperar sus varitas mientras se ponen sus equipos. Nos vemos en la sala para dárselas y yo regresar con ellos. —les dijo decidida Angela.
—De acuerdo. —aceptaron sus cinco acompañantes.
Subieron a los cuartos por sus equipos de batalla, bajando enfundados en sus equipos con decisión en sus miradas. En la sala le recibieron las cinco varitas a Angela, que les aclaró que las de los cinco que se quedaban estaban en su lugar y el rastro de energía que había dejado para recuperarlas era tan tenue que a su abuelo se le haría muy difícil identificarlo. Todos asintieron mirándola sonrientes.
—Jueguen bastante con Remus para que se adormezca, pero no hagan muchas travesuras. Regresaremos con bien. —le indicó George, se le acercó, le dio un beso muy dulce, asintió en dirección a los otros y desaparecieron.
Angela rozó sus labios con su mano vendada, suspiró y regresó al sótano.
Dos horas más tarde entraron una gueparda y un lince allí, sacando a sus compañeros del lugar. Estaban tranquilos al ver a Remus adormilado por el cansancio, mientras la lobita le daba cariñosos lengüetazos echada a su lado. Jessica se levantó con cuidado para no despertarlo. Salieron con su forma animaga hasta la sala donde los esperaban Luna, Neville y George, después de dejar a los elfos de nuevo donde los habían conseguido originalmente.
Angela rápidamente tomó las varitas de su novio y sus cuatro amigos y las retornó a su lugar de origen, donde las había ocultado James. Luego subieron a las habitaciones, se pusieron sus pijamas los que habían ido a Swindon y se metieron en sus camas para fingir que habían estado allí todo el tiempo. Los que habían estado peleando tenían algunas heridas menores, a las que Jessica y Ginny les hicieron las primeras curas de manera rápida con ayuda de Luna y Neville.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
El licántropo se despertó percibiendo olores humanos, saliendo del sótano. Se consiguió en las escaleras con siete humanos jóvenes que lo miraban desconcertados, después de haberse paralizado al ver a los elfos.
—Su forma animaga. ¡Pronto! —ordenó James que fue el primero en reaccionar.
Unos segundos después un perro negro lanudo y un ciervo de gran cornamenta, se adelantaban hacia él. Una bella leona beige claro moviéndose con gracia felina, una linda osa castaño claro, una hermosa águila ratonera, una adorable yegua blanca y un fuerte caballo alazán los seguían. El licántropo empezó de inmediato a jugar con ellos, después de haber estado muy quieto durante los breves momentos en que estaban como humanos. Entraron con él al sótano, saliendo casi quince minutos después cuando lo vieron quedarse dormido. Jennifer se quedó a acompañarlo en su forma de osa.
—¿Qué rayos pasó aquí? —preguntó Sirius, mirando confundido a Lily y a Angelica despertando a los cuatro elfos.
—Hay un intruso en la casa. —chilló Dotty asustada.
—Oh, señora. —se le abrazó muy asustada Idun a Lily.
—Al parecer alguien los atacó con esa varita e intentó meterlos al sótano, consiguiéndose con Remus. —respondió Frank, señalando el palito de madera en el piso.
—¡Los chicos! —exclamó preocupada Idun.
—¿Fueron ellos? —preguntó intranquilo y extrañado James.
—No —respondió categórico Tyr—. Idun y Tyr estábamos con ellos arriba en las habitaciones cuando oímos un ruido en el pasillo de arriba, donde Dotty y Wykers habían subido por unas cosas para el señor Remus.
—Sonó como algo que caía —siguió Idun—. Idun salió de la habitación y le hizo señas a Tyr que subiese a ver si les había pasado algo.
—Tyr no vio nada así que bajó con Idun a esperarlos, pero no subieron a la rotación así que nos preocupamos y bajamos a buscarlos —explicó el elfo—. Nos dirigíamos hacia el sótano cuando vimos una sombra moverse desde la alacena junto a las escaleras, pero no logramos desaparecernos antes que nos atacase.
—Señor, por favor, debemos subir rápido a los cuartos de los chicos —le pidió aterrada Idun a James—. Nosotros los dejamos con las puertas entreabiertas para oírlos mientras veníamos a buscar a Dotty y a Wykers.
—¡Oh no! —exclamaron muy asustados los seis, desapareciendo de allí para reaparecer en el pasillo en que estaban los cuartos de los chicos, al igual que los cuatro elfos.
Vieron las puertas cerradas y se miraron extrañados. Entraron a los dos cuartos dejando las puertas abiertas y los vieron a los diez sentados en las camas, despiertos. Los chicos que podían ver se giraron a mirarlos con expresión de susto en sus rostros. Notaron que la chica de pelo negro respiraba irregular. Angelica se le acercó preocupada y al tocarla retrocedió al verla sobresaltarse.
—¿Qué? —preguntó Angela asustada, pues oyó cuando entraban varias personas al cuarto y creía reconocer el olor de la colonia de Sirius, pero después de la intrusión de Peter se sentía nerviosa, al igual que sus amigos.
—¿Diana? —preguntó Gea.
—Tranquilas —les dijo rápidamente Lily—. Somos nosotros.
—Perdona Lily, estamos nerviosas. Hace rato me desperté y oí ruidos —se justificó Angela—. Llamé a Dotty para preguntarle pero no vino.
—Entonces me despertó a mí y yo a las otras —le siguió Ginny—. Lo intentamos con los otros elfos pero ninguno vino.
—Vi la puerta entreabierta y les propuse ir a ver qué les pasaba, preocupada por Remus, pero nos conseguimos a los chicos también saliendo y oímos un ruido como si hubiese un animal deambulando por la casa. —continuó Jessica.
—Y como nosotros no teníamos nuestras varitas les ordené encerrarse hasta que regresaran los elfos o ustedes. —agregó Harry, pues los cinco chicos habían entrado al cuarto de las chicas acompañados de James y Frank.
—Oímos un ruido en la puerta minutos después, luego gruñidos y aullidos —siguió Hermione—. Nos preocupan Remus y los elfos.
—Nosotros estamos bien, señorita. —le aclaró rápidamente Dotty a la castaña, tomándole con cuidado de la mano.
Frank se acercó a la puerta. Vio los rasguños y tragó saliva al pensar lo que habría podido ocurrir si los chicos no se hubiesen encerrado tras aquellas puertas con cerraduras seguras, que había puesto el papá de James cuando él era un niño para limitar su deambular por la enorme casa.
—¡Gracias a Merlín todos están bien! —exclamó Angelica—. Jennifer está con Remus, chicos. Él también está bien.
—El animal que estaba suelto parecía estar nervioso o enfermo… —intentó formular Angela, sin saber cómo dejar su aparente preocupación por lo ocurrido plasmada sin que Remus se sintiese presionado por aquello, pero sin dejar traslucir la animagia de los diez como causa de su tranquilidad—. Nos hubiese gustado tener nuestras varitas para haber conseguido alguna forma de calmarlo y ayudarlo.
—Es una mascota de un amigo nuestro de gustos… especiales —respondió James pensando en Hagrid—. Lo habíamos dejado encerrado en el sótano por esta noche, que fue en lo que nos comprometimos con él, pero alguien penetró en la casa, desmayó a Jennifer y los elfos en la cocina mientras nosotros cuatro buscábamos unas pociones para Remus en su hogar, e intentó meterlos en el sótano. Cuando llegamos los conseguimos y llamamos a Alice y Frank para que nos ayudasen a investigar.
—En cuanto logramos regresar la mascota de nuestro amigo a su encierro en el sótano despertamos a los elfos. Ellos nos advirtieron que ustedes corrieron peligro por haberlos dejado dormidos con la puerta entreabierta —le siguió con habilidad la mentira Sirius—. Jennifer y los elfos están bien porque la mascota de Hagrid los reconoció y no los agredió. Fue una suerte que mi cuñada comparta tanto con él y sus mascotas.
—Remus estaba encerrado en su cuarto, preocupado al oírla suelta pues él no ha tenido casi contacto con ese animal —continuó James—. Se quedó tranquilo cuando los elfos no acudieron a su llamado pensando que estaban con ustedes, mientras Jennifer se esforzaba en regresarla al sótano.
Los diez chicos tuvieron un mismo pensamiento: «De no saber nosotros la verdad de lo ocurrido les hubiésemos creído lo que acababan de contar, de forma tan precisa, creíble, coordinada y rápida. Ahora sabemos cómo le lograban ocultar cosas a Albus Dumbledore».
—Entonces hemos corrido todos con suerte. —afirmó Hermione con una sonrisa forzada.
—¿Ya saben quién atacó a Jennifer y los elfos? —preguntó Fred.
—¿Estaba aquí cuando llegaron ustedes? —le siguió la idea George.
—¿Están seguros que fue una sola persona? —preguntó Ron, intentando darles pistas camufladas para que investigasen.
—No, no estaba aquí. Al parecer no le agradó encontrarse con la mascota de Hagrid —les respondió James con el ceño fruncido, pensativo, manteniendo a pesar de todo su coartada—. Pensamos que fue una sola persona, porque de haber sido varios hubiesen intentado controlar al animal o matarlo —Un estremecimiento recorrió a los dieciséis al pensar en esa posibilidad, pero por razones similares todos lo disimularon—. Nosotros lo investigaremos ahora que sabemos que Jennifer, Remus, ustedes y los cuatro elfos están bien.
—Regresen a sus camas, chicos. Intenten tranquilizarse —les indicó Alice en voz suave—. Nosotros estamos aquí y nos ocuparemos que todo esté bien.
—Les traeré sus varitas y unas tazas de leche tibia, para que puedan dormir con la seguridad de poder protegerse. —completó Lily.
—Eso no es necesario —le respondió Harry, un poco tenso por lo ocurrido pero queriendo calmar a su mamá—. Nos acostaremos y estaremos quietos.
—Sé que no es necesario porque no nos moveremos más de aquí, pero ustedes estarán más tranquilos y podrán dormir lo que resta de la noche. —le respondió Lily con dulzura, sonriendo al comprender del tono del chico que intentaba tranquilizarla en cuanto a ellos.
—Es lo mejor. Si no se relajan y duermen un poco recaerán y Jennifer nos reñirá. —opinó Angelica.
—Mi esposa tiene razón —comentó Sirius, fingiendo un aire casual para destensarlos—. Al parecer en la Escuela de Medimagia les enseñan a regañar a los pacientes de manera efectiva. Últimamente mi cuñada tiene cierto parecido en eso con Madam Pomfrey, tal vez porque ya tiene el título de enfermera y en sólo un mes tendrá el de auxiliar sanadora.
Jessica hizo un mal disimulado mohín de disgusto mientras sus nueve amigos contenían con dificultad la risa. Los Potter, los Black y los Longbottom se dieron cuenta de la reacción de la chica, suspirando. Esa noche habían ocurrido ya demasiadas cosas para agregarle una más.
—Los diez a sus camas. Ya les subo las varitas y la leche tibia. —dijo Lily en tono de orden, viendo a los chicos asentir y obedecerle.
Bajaron con los elfos a la cocina, los interrogaron con detalle sobre lo ocurrido y luego subieron con Lily las varitas y la leche para los chicos, dejando los elfos en los cuartos con ellos para que los acompañasen.
Salieron de las habitaciones, cerraron las puertas y detallaron los rasguños en las del cuarto de las chicas y luego las del cuarto de los chicos (que los chicos que se habían quedado jugando con Remus le habían incitado a hacer entre juegos para cubrirse). Se miraron entre ellos y denegaron. Luego se distribuyeron por toda la casa. Consiguieron rastros del deambular del licántropo en casi todos lados, reuniéndose de nuevo en el comedor media hora después.
—Es evidente que ocurrió al poco de nosotros irnos. Sólo así se explica que Remus tuviese tiempo de pasearse por toda la casa, aunque es obvio que estuvo bastante rato en el pasillo de los cuartos de los chicos. —resumió James después que todos comentasen lo que encontraron en su revisión.
—Eso implica que quien vino sabía que nosotros estábamos en la batalla contra ésos —opinó Frank con el ceño fruncido—. Sólo que no esperaba encontrarse con un licántropo cuando intentó abrir la puerta del sótano.
—Pero los únicos que tienen acceso a esta casa cuando no estamos nosotros son los de La Orden del Fénix. Cuando estamos aquí solamente pueden ingresar quienes nosotros autoricemos —dijo alarmada Lily—. Esa fue la protección que puso Albus.
—Debemos avisarle lo que ha ocurrido para que la revise, vea la varita que usaron en el ataque a los elfos y hablemos con él de esto. —opinó muy seria Alice, después de mirar a su esposo interrogante y ver que él tampoco sabía de esa protección tan especial. La de su casa era diferente.
Los dos comprendieron que aquello se debía a que los Potter casi no tenían familiares que los visitasen y eso hacía su situación más difícil, además de ser aquella casa el cuartel de La Orden del Fénix.
—¿Y cómo hacemos para justificar el haber podido controlar a Remus sin que se entere que somos animagos ilegales? —preguntó Angelica, que sabía que no era prudente hacer enojar a su padre. «Puede ser que Raymond le haya dicho a papá que ya hemos aprendido animagia, pero aún así… Jennifer es una osa, pero yo soy una águila, por lo que no somos justificación para controlarlo».
—Le diremos que tuvimos que aturdir a Remus —respondió James decidido, ubicando en el centro de la mesa una vieja jarra—. Sirius, busca a Jennifer. Dejen a Remus encerrado con un buen hechizo. Tenemos que los siete "aturdir" esto y llamar a Albus luego de hacerla desaparecer.
El aludido asintió y bajó al sótano. Minutos después volvía con su reluctante y enojada cuñada, que había estado echada junto a un adormilado licántropo.
—Parece que nuestro amigo dio muchas vueltas mientras no estábamos. Está adormilado —comentó Sirius—. Lo único que no entiendo es que parece no haberse golpeado intentando abrir las puertas de los chicos, además de estar de muy buen humor.
—¿Tenemos que llamar a papá? —preguntó Jennifer, no muy convencida de que fuese buena idea hacerlo.
—Él puso la protección de esta casa —le respondió James—. Si no está funcionando tenemos un problema de seguridad que resolver urgentemente y si está funcionando… —los miró de uno en uno fijamente— tenemos un traidor en La Orden del Fénix.
La expresión de todos era sombría ante estas últimas palabras.
—Llamaré a Fawkes. —aceptó decidida Jennifer.
—Espera —la detuvo Sirius—. Primero tenemos que encubrir la forma en que logramos controlar a Remus. A menos que quieras contarle a tu papá que te volviste animaga ilegal para acompañarlo en el colegio, sin decirle a él o a Remus.
—Ni que me hubiesen lanzado el hechizo confundidor. —replicó la gemela asustada.
—Entonces vamos a aturdir los siete esa horrible jarra, me das unos minutos para hacerla desaparecer y luego le avisamos a tu papá —le respondió el cuñado con una sonrisa—. El comportamiento de nuestro querido lobito hará creíble esa versión de los hechos.
Al ver a la esposa del licántropo asentir todos apuntaron con sus varitas a la jarra y lanzaron un hechizo aturdidor. Vieron desde la puerta del comedor a Sirius movilizarse con los restos (ya que estalló al recibir los siete impactos) hacia el jardín posterior. Observaron como regresaba minutos después con las manos vacías, aunque un poco llenas de tierra, dirigiéndose a lavárselas rápidamente. Al regresar al comedor y encontrarse con las miradas interrogantes de sus seis amigos sonrió y se explicó.
—El perrito se ensució un poco las patitas enterrando el juguetito en el fondo del jardín.
Al oírlo los seis se rieron. Las payasadas de Sirius lograban distenderlos aún en las situaciones más tensas.
Minutos después Albus Dumbledore escuchaba con lo que se habían encontrado los siete al llegar a la casa. Examinó la protección.
—Está activa y funcionando. —ratificó, lo cual ensombreció el semblante de todos.
—No existe la posibilidad que otra persona haya podido violentar la protección —preguntó Frank—. Tal vez, algún mortífago con instrucciones precisas de Voldemort. Alguien que no fuese de La Orden del Fénix.
El director suspiró, miró a los Longbottom y se decidió. Era hora de hablar con ellos lo que le había autorizado a decirles Raymond, en vista de su conocimiento de la presencia de aquellos diez extraños chicos venidos del futuro por un accidente ocasionado por barreras de Magia Antigua con magia negra muy poderosa también de conocimientos antiguos. Había sido un poco difícil convencer al anciano sin poder decirle mucho de los chicos, debido al bloqueo que le había puesto la chica de pelo negro, pero con lo poco que le pudo decir y la confianza de su mentor y amigo logró el permiso.
—Voy a pedirles que se mantengan callados y me escuchen atentamente.
Al verlos asentir interrogantes empezó a explicar aquello de los Cundáwans que le autorizaron a revelar. Sus siete oyentes lo miraban asombrados, aunque por distintas razones. Dos de ellos por lo que se estaban enterando y cinco porque les revelase aquello a sus amigos.
Albus llevó la conversación como si sólo sus dos hijas estuviesen al tanto de aquello. Les explicó sus percepciones sobre la llegada de los chicos y lo que había hecho la chica de pelo negro. Respondió las preguntas de los cinco oyentes que se estaban enterando de todo aquello (Lily, James y Sirius asumieron rápidamente su papel de ignorarlo todo hasta ese momento).
Les dijo finalmente que aquello era un secreto que había revelado sin autorización. Raymond le había pedido que lo hiciese así para no tener que consultar al Consejo Cundáwan. Le dio el permiso a Albus confiando en la discreción de Lily Potter, los esposos de las hijas de su amigo y la joven de ojos esmeraldas, así como en la otra pareja de quienes les había hablado tan bien Angelica. Confiaba en los instintos de su pupila, por lo que le pidió al director que el otro joven de ese grupo no supiese nada.
Albus finalizó su explicación sobre los Cundáwans pidiéndoles absoluta discreción, sonriendo al verlos asentir. Seguidamente frunció el ceño, les explicó la barrera que había puesto y ratificó lo dicho por James: la única explicación posible para lo ocurrido esa noche era que tuviesen un traidor en las filas de La Orden del Fénix. Examinó la varita del ataque, la dejó sobre la mesa y le apuntó con la suya.
—¡Prior Incantato! —Todos vieron aparecer una neblina gris que formaba una puerta abriéndose—. ¡Deletrius! Es evidente que quien haya sido efectivamente abrió la puerta del sótano. ¿De verdad controlaron a Remus con hechizos aturdidores? —los interrogó suspicaz.
—Con siete hechizos aturdidores. —le respondió James extendiéndole su varita para que la comprobase, siendo seguido de sus seis compañeros.
—Es una suerte que lograsen controlarlo con eso —comentó el director con una leve sonrisa, denegando con un gesto de la mano el ofrecimiento de todos. Les creyó por la firmeza en la voz de su ex alumno y el gesto de todos al extenderle sus varitas, luego de verlo comprobar aquella—. ¿Cómo está él? —le preguntó a su hija más tranquila, la esposa del joven a quien apreciaba tanto a pesar de su problema.
—Levemente adormilado, pero debido a su condición no le hicimos daño. —le respondió ella con una sonrisa de agradecimiento.
—¿Y los chicos? —preguntó el director.
—Durmiendo en sus cuartos desde que llegamos. Luego que hablamos con ellos y les dijimos lo de "la mascota de Hagrid", les devolvimos sus varitas y se tomaron la leche tibia, con un poco de poción para dormir sin soñar aunque ellos no lo saben. Dotty y Wykers vigilan que Diana no se levante. —le respondió Lily.
El director lamentó internamente que la pelirroja de ojos esmeraldas les hubiese entregado las varitas. Luego de ver aparecer aquellos cinco extraños sujetos en el campo de batalla y pelear de su lado, con la estampa de su fénix en sus capas, con contexturas similares a las de algunos de los chicos. «Pero no puede ser. ¿Cómo con un licántropo suelto en la casa? Es imposible que la chica hubiese intentado recuperar sus varitas, pero…»
—Quisiera subir a verlos y dormir yo a Diana para que descanse profundamente. —les planteó. Siguió a Lily y a James, que luego de asentir salieron rumbo al cuarto de los chicos, acompañados de sus dos hijas, su yerno más revoltoso y la pareja de aurores.
Al llegar frente a las puertas de los cuartos de los chicos examinó los rasguños de las puertas con preocupación, denegó y entró al cuarto de las chicas primero. Durmió a Angela con el hechizo, mirándola preocupado pues notó que había estado dormida pero inquieta. Se acercó a la mesita de noche junto a la cama de la menuda pelirroja y le apuntó con su varita a la de la chica.
—¡Prior Incantato! —Todos vieron aparecer una neblina gris que formaba una imagen de un vendaje alrededor de un brazo—. ¡Deletrius!
—¿Albus? —preguntó Frank.
—Quería saber si nuestros nuevos amigos de hoy eran algunos de los chicos —le respondió con sinceridad—. Su estatura y complexión se parecen a uno de los que estaban allí y, aunque parece casi imposible que lo hiciesen… Sólo quería verificar que no fuesen ellos, porque de ser así es tan preocupante como la existencia de un traidor en nuestras filas. —finalizó con tristeza en la voz.
Salió hacia el cuarto de los chicos seguido por los otros siete. Suspiró al verlos dormidos. Apuntó con su varita a la de Neville.
—¡Prior Incantato! —Todos vieron aparecer una neblina gris que formaba una imagen de un maletín de medimagia flotando—. ¡Deletrius! —Suspiró—. Bajemos a la Sala de Reuniones.
—Les diré a los elfos que vayan a descansar ya que Diana está dormida y nosotros al pendiente de todo —dijo Lily decidida—. Será mejor que ellos estén atentos a los chicos mañana en la mañana.
El director asintió en aceptación. Al entrar en la sala intentó percibir el rastro de la magia, si la chica había ido allí por las varitas. Fue inútil, lo que percibió fue la magia de la varita de la pelirroja de ojos esmeraldas. Suspiró y se sentó a la mesa.
Esa era una noche muy larga, con aquél ataque tan fuerte como habían esperado de acuerdo a los informes. Luego la aparición de aquellos cinco desconocidos que no dejaban ver sus rostros, con aquella habilidad para la lucha, ayudándolos pero sin hablar con ninguno de ellos. Habían desaparecido cuando el grupo de mortífagos ya era fácilmente controlable por ellos y los aurores, luego de ahuyentar los dementores con aquellos patronus idénticos a los de cinco de los chicos. Siguió la llamada de su hija por medio de su fénix, cuando estaba llegando al colegio de hablar con Moody para que los encubriese con sus superiores en el Ministerio. Por último, lo ocurrido en esa casa. Una noche muy larga.
Jennifer comenzó a atender las pequeñas heridas de sus amigos, sentando a la pelirroja para curarle el pequeño corte en el brazo apenas la vio entrar. Ante los chicos aquello había pasado como "pequeños rasguños mientras encerrábamos la mascota de Hagrid", según le respondió Sirius a la pregunta de la chica rubia cuando les llevaron la leche tibia.
La gemela insistió en atender a su padre, que se dejó para no contrariarla. Albus le sonrió con dulzura al verla hacerlo con cuidado y mimo, pensando en lo feliz que la haría saber que la chica que dormía allá arriba era su hija con su esposo. Si se contenía era por el misterioso silencio de los chicos al respecto. Sonrió al pensar que la chica no era licántropa por herencia, o su hija conseguiría la poción para curar la licantropía que buscaba con tanto ahínco.
Una vez curados los ocho, pues Lily y Alice curaron a Jennifer, Albus empezó a analizar con ellos la presencia de los cinco extraños en el ataque con aquellos patronus idénticos a los de cinco de los chicos que dormían arriba. Alice y Lily se disculparon con el director por haberles llevado sus varitas a los chicos sin revisarlas antes, diciéndole la verdad: Estaban muy preocupadas por lo ocurrido con Remus y no querían que los chicos estuviesen indefensos si se llegaba a presentar otra eventualidad, visto lo irregular de todo lo ocurrido esa noche.
El director asintió y las tranquilizó, diciéndoles que habían tenido razón al pensar primero en la seguridad de los chicos. Luego siguió analizando con ellos el ataque a los elfos y la liberación del licántropo del sótano. Estaba de acuerdo con ellos en que eso parecía el ataque de una sola persona que, evidentemente, no esperaba encontrarse con el licántropo transformado. Les ordenó guardar silencio sobre lo ocurrido en la casa. Les informó que él sólo lo hablaría con Alastor Moody, para lo que se llevaría la varita que usó el intruso. Les dijo que esperarían para dar oportunidad que el traidor se delatase con algún cuestionamiento sobre lo ocurrido allí.
Después reforzó la seguridad, para que sólo las varitas autorizadas por los Potter pudiesen ser usadas en esa casa. Les explicó como funcionaba la nueva protección. Luego les pidió que descansasen un poco en cuanto atendiesen a Remus, luego de recobrar su forma humana, pues estaba a punto de amanecer. Sabía que ellos no se irían a dormir hasta asegurarse que él estuviese bien. Se despidió de ellos y llamó a Alastor Moody a una reunión en su despacho. Viajó hacia allí por medio de la chimenea de la sala, luego de verificar que ni la de la biblioteca ni las de los otros pisos de la mansión podían ser habilitadas en la red flú.
Apenas despedirse el director y verlo viajar por la red flú los siete amigos se miraron inquietos. Fueron al comedor y se sentaron a tomar un chocolate caliente, que preparó Lily. Al oír al licántropo aullar tristemente todos miraron las tazas.
—Está visto que Remus es adicto al chocolate. —comentó Sirius en broma, haciéndolos sonreír a todos.
—En un ratito le daré todo el que quiera. —afirmó Jennifer mirando por la ventana uno de los ventanales que le daban luz y aire al sótano.
—Angelica, Jennifer, todo lo que dijo su papá hace un rato… —empezó Alice, sin saber como continuar.
—Lamentamos no haberles contado a Lily y a ti cuando estudiábamos —le respondió Angelica a su amiga la pregunta no formulada—. Como les explicó papá, es un secreto celosamente guardado para evitar que alguien como Voldemort, o un seguidor suyo, se entere y el daño que pueda llegar a ocasionar sea terrible.
La rubia asintió y le sonrió.
En ese momento vieron James y Sirius las primeras luces del amanecer por la ventana. Se miraron y asintieron, poniéndose en pie seguidos de los otros cinco. Bajaron todos al sótano, entrando a atender las posibles heridas de su amigo. Remus, apenas los vio entrar, empezó a preguntarles de la batalla. James le pidió calma mientras lo llevaban a su cuarto en el segundo piso y hablaban allí con más comodidad, mientras la esposa lo atendía. Sonrió al verlo asentir con resignación.
Jennifer suspiró con preocupación y empezó a curarle sus lastimaduras en cuanto llegaron al cuarto, aunque eran muy escasas. Los otros siete le contaban con lujo de detalles todo lo que sabían de lo ocurrido desde que lo habían dejado en el sótano, tanto en la batalla en Swindon como en la casa.
—Debo ir a ver que los chicos estén bien antes de irme de aquí —afirmó Remus apenas oír que había deambulado suelto por la casa. James y Sirius tuvieron que sostenerlo para que no se levantase—. ¿No lo entienden? Soy un ser peligroso que de alguna manera logró vencer la seguridad de la puerta y poner en peligro las vidas de los chicos y los elfos. —les dijo muy asustado, mientras intentaba zafarse.
Eso le valió una bofetada de Jennifer seguida de:
—Te callas, no dices más tonterías y nos escuchas.
Remus la miró con una mezcla de enojo y preocupación, se cruzó de brazos y terminó de oír el relato. Se tensó cuando le explicaron cómo habían conseguido a los elfos, lo dicho por ellos cuando los despertaron, la varita que encontraron allí y que Albus había verificado habían usado para abrir la puerta del sótano, como habían ido de inmediato al cuarto de los chicos consiguiéndolos bien aunque nerviosos, lo que ellos les habían dicho, el resultado de su inspección, la forma ideada por James para justificar que lo pudiesen controlar, la visita de Dumbledore y el secreto que les había revelado a "los cinco" sin autorización, diciéndole a Jennifer que ahora que sus amigos lo sabían su esposo también podía saberlo, pero nadie más aparte de ellos ocho.
—Sigo pensando que es muy peligroso que yo… —empezó Remus, deteniéndose al ver las aguamarinas de su esposa chispeando con enojo. Se asustó al ver las de la gemela y las esmeraldas iguales, así como el disgusto en los avellanas, los dos pares grises y los castaños de sus amigos. Notó que el lobo en él estaba muy tranquilo y era fácil dominarlo, lo cual concordaba con lo dicho por sus amigos. Se giró con cuidado hacia su esposa—. Mi amor, si yo hubiese estado en Maidstone tú no hubieses ido a esa batalla tan peligrosa sin mí y los chicos no habrían corrido peligro por el intruso. —cambió de táctica rápidamente, hablándole con dulzura.
—De tú no haber estado aquí tal vez hubiésemos conseguido a los chicos muertos. —le refutó Angelica en tono lúgubre.
—¡¿Qué?! —preguntaron a coro Lily, Alice y Remus, asustados.
—Piénsenlo —les respondió la castaña con el ceño fruncido, pensativa—. Quien haya sido se fue al conseguirse con un licántropo, lo cual frustró sus planes. Pero si Remus no hubiese estado aquí habría encerrado a los elfos en el sótano y deambulado libremente por la casa. No sabemos con qué intenciones vino quien estuvo aquí. ¿Y si venía buscando a los chicos para terminar el trabajo de quién los atacó y dejó tan malheridos?
»No sabemos si quien lo hizo consiguió alguna manera de comunicarse desde el futuro del que provienen y avisarle a Voldemort o sus secuaces que diez jóvenes que se sabían defender bien habían llegado a estropearle sus planes. Por la descripción que dieron los chicos es posible que los que los atacaron fuesen mortífagos o imitadores de esos, sabiendo por provenir del futuro que existe un traidor entre nosotros.
Los otros siete se miraron asustados.
—Y si no sabía nada de los chicos y vino buscando información igual pudo querer revisar la casa para ver qué encontraba. Habría encontrado a diez desconocidos vendados y sin varitas en el primer piso, totalmente indefensos, teniendo que matarlos para que no lo delatasen al verse sorprendido por su presencia. Estaba preparado para los elfos, pero no para ellos. —terminó de sacar afuera lo que la estaba torturando desde que habían salido de los cuartos de los chicos, dejándolos dormidos. No lo había comentado en presencia de su papá porque le molestaba la fuerte sensación que tenían los ocho que él les estaba ocultando algo sobre los diez chicos, algo que le hacía confiar en ellos desde que los tuvo en el colegio y se decidió a llevarlos allí.
—Los chicos no volverán a estar sin sus varitas y Albus ya reforzó la seguridad de la casa, así que lo primero está descartado que sea un peligro inminente —dijo muy serio James después de meditar lo dicho por su amiga—. En cuanto a lo segundo… Detesto pensar que existe un traidor en nuestro grupo, pero después de la explicación de Albus sobre la barrera que puso no existe otra posibilidad —Suspiró—. En cualquier caso Angelica tiene razón en algo: fue una suerte que estuvieras aquí, Remus. Por favor intenta mantenerte tranquilo y recuperarte para que en unas horas, cuando ellos despierten y quieran verte, podamos traerlos sin que tú estés tan demacrado.
Jennifer al ver la expresión de resignación de su esposo, que no podía contrariar a su amigo en eso por sentirse muy débil luego de la transformación, sintió que el poco enojo que le quedaba con él se le esfumaba. Se le acercó y le dio un beso dulce.
—Chocolate sí, besitos inocentes sí, juegos no, que el paciente no está en condiciones colega. —le dijo Sirius, fingiendo evaluar con su varita a Remus como había visto hacer a su cuñada cuando terminó de curarlo.
Los otros cinco se soltaron a reír a carcajadas, mientras los Lupin se separaban totalmente sonrojados, escuchándose de inmediato las risas como ladridos de Sirius.
—Vamos a dormir los ocho, despertaré a los elfos para que estén al pendiente de todo. —les planteó James cuando logró recuperar la compostura.
Sus siete amigos asintieron, saliendo los Potter, los Black y los Longbottom del cuarto. Los últimos le avisaron por medio de lechuza a Augusta que estaban bien y se quedarían ese día con los Potter, para que no se preocupase por ellos.
Poco después de mediodía se levantaron y fueron al cuarto de Remus. Lo consiguieron muy recuperado, ya vestido. Jennifer les dijo muy sonriente que iría a examinar a los chicos y preguntarles si querían visitarlo en su cuarto, ya que como su medimaga personal le había prohibido levantarse de la cama.
Sirius se quedó a hacerle compañía y bromear con él mientras James y Frank salían con Las Protectoras. Unos minutos más tarde entraban los seis con los diez chicos. Jennifer le ordenó a la chica de ojos miel que se quedase sentada y no hiciese ningún tipo de esfuerzo apenas Frank la bajó a una silla, pues la había llevado cargada para incomodidad de la chica.
Jessica, a pesar de sentirse aún un poco débil, sentía que se había recuperado mucho luego de haber compartido con su padre como loba. Agradecía internamente que no hubiese sido como licántropa por su propia tranquilidad, la de su prometido y la de sus amigos.
Habían conversado los diez brevemente sobre lo ocurrido la noche anterior justo antes que llegasen a buscarlos, llegando a conclusiones muy similares a las de Angelica. La diferencia era que ellos sabían que el traidor no habría podido matarlos, pues se hubiesen defendido con magia sin varita. Habrían tenido que dejarlo inconsciente y borrarle sus recuerdos sobre ellos, antes de dejarlo fuera de esa casa. Pero eso los habría debilitado mucho y se tendrían que haber delatado al menos con el director.
«Sí, es una suerte como han ocurrido las cosas pero… Hermione tiene razón. Apenas ellos puedan ver tenemos que irnos de esta casa. No podemos seguir corriendo el riesgo de cambiar los acontecimientos, aunque lo desee al ver a mis padres tan felices», meditó Jessica mientras los miraba triste.
Compartieron los dieciocho un rato ameno. Los chicos evitaron hablar de lo ocurrido la noche anterior para no poner nervioso a Remus, hablándole sobre bromas que "se les habían ocurrido" a los gemelos pelirrojos aunque sin darle detalles sobre su posible realización. Fred y George las plantearon como bocetos de un posible proyecto a llevar a cabo, escuchando atentamente las sugerencias de quienes siempre habían considerado sus ídolos para hacerlas efectivas. Tomaron nota mental de sus ideas con los ojos azules chispeantes de picardía. Luego empezaron a hablar de Quidditch, siendo interrumpidos en ese momento por los elfos que les avisaban que el almuerzo estaba listo.
Sirius tomó en sus brazos a Jessica para llevarla a su cuarto, diciéndole a Fred que lo siguiese porque Angelica y él los acompañarían a comer. Jennifer lo haría con Remus. Los otros ocho chicos comerían con Lily, Alice, James y Frank. Lo obedecieron todos de inmediato con una sonrisa afable, después que Harry cortase el intento de protesta de la chica de ojos miel a que su padrino la llevase al decirle:
—Haz lo que te indiquen sin rechistar, que estás de reposo y luego nos regañan a nosotros.
En la tarde volvieron a estar un rato con Remus. Le hablaron con interés sobre "hechizos que recordaban" para defenderse de criaturas, aunque simularon dudar con algunos. Sonrieron disimuladamente al ver que afloraba el profesor en él, explicándoles lo que sabía. Los otros siete intervenían de vez en cuando.
Ese fue un día tranquilo y agradable después de una noche de mucha tensión y sucesos, acostándose todos temprano con la sensación de tener algo pendiente por resolver.
