Los Falsos Dementores
Resumen: Prácticas con boggarts que se convierten en dementores. Crisis extrema de Angela. Celebración de cumpleaños.
Desde el sábado en que practicaron con los chicos como comunicarse con los patronus, hasta el martes luego de la intrusión del traidor, practicaron los ocho solos en la amplia sala del último piso mientras los elfos vigilaban a los chicos. Remus se había tenido que resignar a su poca participación por llegar muy agotado de las prácticas con Angelica y Moody, viéndose afectado por la proximidad de la luna llena.
Los cuatro preocupados esposos habían logrado hacer desistir a Las Protectoras de la participación de los chicos, basándose en que debían permitirles el descanso para que se recuperasen, lo preocupados que estaban los ocho por la práctica que habían llevado a cabo demostrándoles que no se detendrían en hacer algo peligroso por la ceguera de cuatro de ellos y la escasa presencia de dementores en el último ataque.
Por eso los dejaban siempre acompañados de las pequeñas criaturas con órdenes de no salir de sus camas. Debían descansar en esos ratos, según les indicó una muy estricta Jennifer. La gemela en los últimos días los reñía eventualmente por lo de Jessica cuando intentaban protestar.
Pero el miércoles tuvieron que permitirles el estar presentes en la práctica, con las diez varitas en poder de James. Los cuatro elfos tenían muchas tareas para ese día debido a la reunión en la noche, la cual había convocado su líder.
Albus había dicho que quería "dar algunas noticias". Quería observar las reacciones de los integrantes de La Orden del Fénix mientras hablaba de la batalla, a la cual sólo tres de sus miembros se habían presentado con algo de retraso: Peter Pettigrew, Sturgis Podmore y Caradoc Dearborn. Aunque en el fragor de la batalla había perdido de vista también a Edgar Bones y Sirius Black.
«Aún no asimilo el tener un traidor en mi grupo, pero no encuentro otra explicación a lo ocurrido en casa de los Potter. Tampoco sospecho en especial de ninguno de los cinco, aunque el carácter de los dos primeros y la familia del último… Pero no, confío en ellos. A pesar que mi hija rebelde sospeche con fiereza del primero».
Los chicos permanecieron silenciosos durante la primera hora de la práctica. Pero Harry, cuando escuchó a Alice y a Sirius celebrar el haber logrado mantener un patronus corpóreo durante veinte minutos, no pudo contenerse y se levantó del piso donde estaba sentado recostado a la pared con sus amigos.
—Eso no les servirá si se tienen que enfrentar a varios dementores.
—No Marte. —intentó detenerlo Hermione. Suspiró al oír los pasos apresurados que se acercaban a ellos.
—Supongo que un experto en patronus como tú nos dirás cómo mejorar. —lo retó enojado Sirius.
—Si consiguen un boggart y lo ponen frente a mí tendrán un falso dementor con quien practicar. Así sabrán si logran mantenerlo ese tiempo enfrentando a una criatura de esas. —le respondió Harry muy serio. Recordaba sus primeras prácticas con sus amigos mientras consiguieron todos que fuesen fuertes, corpóreos y se mantuviesen un largo período de tiempo en presencia de un dementor. Luego habían practicado con dos dementores, al unírseles Angela.
—¿Estás bromeando? —le preguntó Frank mirándolo asombrado.
—No. El efecto será bastante similar y se puede evaluar la verdadera efectividad del pensamiento positivo con el que están conjurando el patronus. —le respondió Harry con seriedad y firmeza.
—Ayúdame a traer el que está abajo en el sótano, Remus. —le ordenó Lily más que pedírselo.
—Olvídalo —la contradijo James—. Si es cierto que se convertirá en un dementor…
—Es precisamente lo que quiero averiguar. —lo cortó su esposa.
—Pero los afectaría, Lily —intentó convencerla Sirius, luego de ver el rostro preocupado del que consideraba su hermano mirando a la rebelde pelirroja de ojos esmeraldas. Sabía que sería más efectivo usar la debilidad de los chicos que mencionar su embarazo—. Y ellos no están totalmente recuperados.
—¿No estaban Alice y tú celebrando que lograban mantener sus patronus por un largo tiempo? —lo retó Lily, que no estaba dispuesta a perder esa oportunidad de aprender a conjurarlos con esos extraños diez chicos—. Entonces ustedes lo contendrían con sus patronus. Es sólo un falso dementor.
—Pero Lily… —intentó con voz suplicante James, caminando tras ella fuera del cuarto rumbo al sótano, seguido de Alice y Frank.
—¿En verdad se convertirá en un dementor? —preguntó preocupada Jennifer.
—Sí. Bastará con que lo ataquen como el boggart que es si no logran contenerlo, o que le den a uno de nosotros una varita —le respondió Harry con el tono de voz que usaba para calmar a Hermione, quien denegaba a su lado pero no decía nada—. No dejaremos que lastime a Lily o a Alice, no se preocupen.
Angelica, Sirius y Remus enarcaron las cejas al oír la seguridad con la que había hablado el chico.
—Pero tú no estás todavía bien de salud y tendrías que ponerte frente al boggart para que se convierta en dementor, como has dicho. —le respondió exasperada Jennifer.
—Estaré bien —le aseguró Harry con tono suave y una sonrisa para tranquilizarla—. Leto, por favor trae unas barras de chocolate. —le pidió a su amiga rubia.
—En seguida Marte. —accedió Luna, saliendo a buscarlas.
Angelica y Remus miraron aún más sorprendidos a los chicos. Pues los otros nueve se habían puesto de pie, acompañando al pelinegro.
Sirius se cruzó de brazos y los miró muy serio, pensativo, desconfiando aún un poco de ellos. Estaba preocupado por la esposa de su mejor amigo y la rubia, que era tan rebelde como las otras tres Protectoras cuando se proponía algo, las dos embarazadas.
Diez minutos más tarde Alice llevaba flotando un cajón cerrado que usaban para guardar víveres, con Lily tras ella con la varita afuera y expresión de triunfo. James y Frank las seguían con expresión de frustración, la cual se convirtió en enojo en cuanto vieron al líder de los chicos de pie frente a sus amigos.
Alice bajó el cajón en el centro de la sala. Lily llevó a Harry allí, sintiéndose un poco culpable al ver la expresión de reproche de Jennifer. En ese momento entró Luna llevando en sus manos dos barras grandes de chocolate, poniéndose nerviosa al ver los rostros de Sirius, James y Frank.
—Deben dejarnos solos a los tres, conmigo frente al boggart para que no se confunda y se convierta en el dementor. —dijo con firmeza Harry.
—¿Estás seguro que se convertirá en un dementor, Marte? —le preguntó bastante nerviosa Lily.
—Sí. Totalmente seguro. —le confirmó Harry.
Las gemelas arrastraron a sus esposos y sus amigos lejos, apoyando a sus amigas aunque nerviosas. Notaron los seis que los otros nueve chicos también se alejaban, sentándose en el piso junto a una pared. Estaban muy atentos a su líder y las dos mujeres. La menuda pelirroja y la de pelo negro se habían ubicado más cerca al punto en que ellos practicaban.
—No te preocupes. No dejaremos que te afecte. —le aseguró Alice al líder de los chicos, con una mezcla de euforia por poder fortalecer su patronus antes de la próxima batalla y preocupación por el joven vendado que tenía al lado.
—Estaré bien. Tranquilas —les aseguró Harry para calmarlas un poco—. Ahora deben enfocarse en un pensamiento feliz, uno muy fuerte que genere esperanza, alegría y deseos de vivir. Cuando estén seguras de tenerlo podrán convocarlo, no antes, pues un patronus débil sólo las agotará. Luego apuntan con su varita al frente y dicen con voz fuerte y clara: ¡Expecto Patronum! —les explicó en el mismo tono que usaba cuando practicaba con sus amigos, simulando el movimiento de la varita con su mano.
Angelica, Jennifer, James, Sirius, Frank y Remus lo miraban asombrados, mientras Alice y Lily seguían atentas sus instrucciones y sus nueve amigos sonreían con un poco de melancolía. Los chicos recordaban esas primeras prácticas en el E.D., con él enseñándoles a los miembros de aquél grupo a hacerlo por primera vez.
—Ahora deben dejarme solo frente al boggart y luego acercarse a combatir al dementor. Deben estar enfocadas desde un principio en los pensamientos positivos, para que el boggart no sienta sus miedos y cambie.
—Yo lo haré primero, Lily. Tú abrirás el cajón. —le dijo Alice decidida.
Angelica, Jennifer, Sirius, James, Frank y Remus de inmediato apuntaron con sus varitas en dirección a ellos tres, preparados para intervenir de ser necesario. Los patronus de la primera y los tres últimos eran los más fuertes.
Lily abrió el cajón desde atrás con un grácil movimiento con su varita, a una señal de su amiga. Tragó saliva al ver surgir un dementor frente al chico. Le apuntó con su varita decidida. Vio surgir de la de Alice su osa polar plateada, que se desvaneció sólo cinco minutos después. Rápidamente convocó su ciervo y avanzó hasta ubicarse al lado del chico. El patronus se interpuso majestuoso frente a Lily, Alice y Harry, frenando el avance del boggart-dementor, pero diez minutos después las piernas de Lily temblaban.
Los seis chicos que podían ver miraban boquiabiertos al protector de Lily. Era idéntico al de su líder y amigo. En cuanto reaccionaron le susurraron aquello rápidamente a los tres que no veían, que se asombraron igual que ellos. Los nueve sonrieron luego al pensar que madre e hijo habían conjurado el mismo tipo de patronus por la misma razón: la forma animaga de James Potter.
Harry se estaba mareando con las fluctuaciones producidas por la aparición del dementor, el ser contrarrestado por Alice inicialmente anulando las voces en su cabeza, para luego sentirlo de nuevo actuando y de nuevo cesando.
—No podré mantenerlo más. —dijo en voz débil Lily.
—Concéntrate en tu pensamiento feliz —le aconsejó Harry. Colocó su mano junto a la de su mamá alrededor de la varita y la otra alrededor de su cintura, intentando obviar su propio malestar para transmitirle seguridad a ella. Aunque él no lo sabía su movimiento había despertado los celos y las sospechas de James Potter—. Siente la alegría de ese recuerdo y oblígalo a retroceder hacia el cajón. —Avanzó lentamente con ella, mientras la camisa se pegaba a su cuerpo por el sudor frío que le embargaba al debilitarse el patronus de su mamá. Empezó a oír de nuevo las voces en su cabeza de las muertes que había presenciado en sus últimos tres años.
—¡Lo lograste Lily! —exclamó feliz Remus cerrando la caja. Lily, Alice y Harry cayeron de rodillas, agotados y débiles. Jessica y Ginny se precipitaron hacia ellos con una barra de chocolate ya picada en trozos, con James y Frank tras ellas. Luna y George retuvieron a sus parejas y Fred a la castaña y su hermano menor, diciéndoles en voz baja que todo estaba bien.
—Deben comerlo pronto. —les indicó Ginny, abrazando preocupada a Harry mientras James y Frank lo hacían con sus esposas.
—Felicitaciones Lily. —dijo Harry con una sonrisa cansada.
—¡Tú cállate y termina de comerte el chocolate de una buena vez! —lo regañó Jennifer preocupada, evaluándolos a los tres con la varita. Respiró con alivio al verlos recuperarse rápidamente con el chocolate que les repartía Jessica.
—Ese recuerdo era bueno, Lily, pero debes sentirlo más que tenerlo en tu mente —le recomendó Harry luego de terminarse su trozo, sintiéndose mejor—. La fuerza del patronus depende de la intensidad de tus sentimientos y tu determinación. El de Alice también se sentía fuerte inicialmente, pero… Tengo la impresión que te distrajiste.
—Es verdad. Me quedé mirando a Sirius y pensé en retarlo, lo que me desconcentró. Luego los recuerdos que despertó en mí… —contó Alice mirándolo perpleja—. ¿Cómo lo supiste?
—Cuando se pierde concentración el patronus se desvanece rápidamente y los efectos del dementor se sienten con brusquedad, mientras que se debilita lenta y paulatinamente cuando los sentimientos o la determinación flaquean, que fue lo que sentí poco antes que Lily dijese que ya no podía mantenerlo.
Ocho pares de ojos lo miraban con asombro, mientras Ginny sonreía, se acercaba a él y le daba un tierno beso en la boca. Sonriendo los dos al separarse.
—¿Alguien más quiere practicar su patronus? —preguntó Harry animado.
—Nada de eso. Tú estás de reposo aún. —lo regañó Jennifer, mirando amenazante a Alice y a Lily para que no lo intentasen de nuevo.
—Si me evalúas sabrás que ya estoy en condiciones. —la contradijo Harry con tono suave y convincente.
—¿Es cierto? —preguntó Frank con interés.
—Sí, pero… —intentó Jennifer, denegando en su dirección.
—En ese caso yo lo quiero practicar. —la interrumpió James.
—Y yo seré tu compañero. —dijo decidido Sirius.
—No. James lo hará ahora conmigo —lo contradijo con firmeza Frank, mirando preocupado a su esposa y la de su amigo—. Sirius puede practicar después.
—He dicho que Marte no… —intentó Jennifer una vez más.
—Perfecto. Debemos quedar sólo los tres. —la interrumpió Harry sin darse cuenta, concentrado en lo que tenía que hacer para que los dos lograsen buenos patronus. Se sentía nervioso porque ellos dos eran aurores y hasta donde sabían eran considerados excelentes magos, por lo que consideraba todo un reto lo que se proponía hacer.
Ginny y Jessica se levantaron y se alejaron, mientras Remus ayudaba a Harry a incorporarse.
—¿No piensan escucharme? —protestó enojada Jennifer.
—Me dejan frente a la caja solo para que el boggart se transforme en dement… —empezó a explicar Harry, que entusiasmado por la idea de practicar con su papá no le prestaba atención.
El rugido exasperado de la gemela interrumpió a Harry, que se quedó muy quieto, tragando saliva y conteniendo la respiración.
—Tranquila hermanita. Si vemos que Marte se pone mal yo conjuro mi patronus y tú petrificas a James y a Frank, luego entre las dos nos ocupamos de los otros nueve chicos, nuestras amigas y nuestros esposos. —le dijo Angelica con un calmado tono de voz que a Harry se le antojó escalofriante, muy parecido al usado a veces por Angela durante los entrenamientos de Magia Antigua con ellos.
Hermione y Ron contuvieron el aliento, con el mismo pensamiento de su amigo, mientras Angela sonreía con una mezcla de alegría y tristeza en su corazón. Ginny, Luna, Fred, George y Neville la miraban como si estuviesen viendo a otra persona, a la chica de pelo negro. Jessica miraba a su tía con una gran sonrisa. James, Frank y Remus la miraron y tragaron saliva. Sirius se le acercó meloso a darle un beso juguetón, siguiendo su ejemplo rápidamente su amigo con la gemela, para calmarlas un poco.
Cinco minutos después se ubicaban James y Frank a una distancia prudencial tras Harry, a una señal de Remus que les indicaba que Jennifer ya no estaba tan enojada seguida de la hecha por Sirius en cuanto a Angelica. Aunque de ella no se confiaban tanto. Alice y Lily se ubicaron junto a los nueve chicos.
—Comienza tú primero, James. Yo abriré el cajón. —dijo muy serio Frank.
—De acuerdo. —aceptó decidido el pelinegro con sus ojos avellanas fijos en el cajón, alborotando su pelo en un gesto nervioso con su mano izquierda.
Cuando el dementor apareció frente a Harry se le acercó rápidamente James, convocando su león plateado. Logró mantenerlo frente al boggart-dementor cerca de diez minutos, momento en el cual entró Tyr bruscamente a la sala.
—Señor James, viene el señor Potter en camino. Está mal. Apenas si nos ha avisado.
—¿Qué? —preguntó James. perdiendo totalmente la concentración. Eso hizo desaparecer su patronus.
El boggart-dementor se precipitó sobre Harry, que cayó de rodillas y se llevó las manos a la cabeza. Intentaba concentrarse en pensamientos positivos para contrarrestar sus efectos. Ginny y Angela corrieron hacia la dirección en que se encontraba Harry, la primera a abrazarlo y hablarle para fortalecer sus pensamientos positivos, la segunda a interponerse frente al boggart. La chica de pelo negro se desplazó lejos de Harry cuando sintió sus efectos sobre ella, pues la criatura se volcó hacia Angela. Ella no había intentado oponérsele con pensamientos positivos, para poder atraerla lejos de él.
—¡Expecto Patronum! —gritaron simultáneamente Angelica, Jennifer, Lily, Alice, Sirius, James, Remus y Frank, casi dos minutos después cuando lograron reaccionar, convocando sus protectores. Acorralaron al boggart-dementor y lo metieron de regreso al cajón, al ser embestido por la osa plateada de Remus.
Luna, Fred y Neville retuvieron a Hermione, Jessica y Ron, mientras George se mantenía a un par de metros de Angela. No se le acercaba más para que el boggart no se convirtiese en el cuerpo muerto de su novia, lo que podría delatarlos. Los siete estaban preocupados por Harry, Angela y Ginny. George corrió hacia su novia para abrazarla tan pronto la criatura estaba encerrada.
—¿Marte? —le preguntó Ginny un minuto más tarde, asustada por su estado, resintiendo también los efectos del dementor.
—Eres mi fuerza… mi amor. —murmuró Harry aferrándose a ella. Intentaba apartar de su mente las imágenes que le habían invadido con tanta violencia, temblando.
Ginny le introdujo en la boca un trozo de chocolate y luego otro. Se calmó al ver que no sólo no se había desmayado, sino que se recuperaba rápidamente. Se comió uno para recuperarse un poco, dejando la palma de su mano abierta con otros trozos para que su hermano le diese a su amiga. Angela se había arrodillado al lado de ellos. Se estremecía abrazada a George, comiendo el chocolate que él tomaba de la mano de su hermana y le daba en la boca mientras le susurraba palabras de aliento y amor. Ocho pares de ojos los miraban interrogantes y otros cuatro preocupados.
—¿Señor? —preguntó tímidamente Tyr.
—Te he dicho que jamás nos interrumpas cuando estemos practicando aquí. —le espetó enojado James, muy asustado por el estado en el que estaban los tres chicos.
—Lo siento señor, pero el señor Potter parece que se siente mal y viene a hablar con usted y la señora Lily. —se disculpó cabizbajo el elfo.
—Vayan con él mientras nosotros atendemos a los chicos —le indicó Angelica a su amigo con tono convincente. Les puso una mano en el hombro a James y la otra en un brazo a Lily, transmitiéndoles energía a los dos para calmarlos un poco—. Nosotros seis nos ocuparemos de ellos. Tu papá no tiene porqué saber que estamos aquí.
—¿Marte? —preguntó James preocupado.
—Estaré bien… en unos minutos… No te preocupes. —le respondió Harry forzando una sonrisa en su rostro.
—Yo me ocuparé que así sea. —aseguró Jennifer enfadada.
Lily y James salieron de la sala tras el elfo, con la primera disculpándose por la reacción de su esposo.
—¿El boggart también se convierte en dementor contigo, Diana? —quiso ratificar Frank lo que habían visto.
—Sí. Sólo que Marte me pidió que esperase unos días más, después que practicasen con el de él cuando les convenciéramos de hacerlo, antes de decirles para que practicasen con los dos. —le respondió Angela con sinceridad.
No se había llegado a angustiar mucho debido al corto tiempo en que estuvo expuesta al dementor, a diferencia de Harry. Él estuvo casi cinco minutos bajo sus efectos, por la falta de reacción de James y Frank. Ella se estaba recuperando rápidamente con el chocolate y el abrazo protector de su prometido.
—Ni Marte ni tú volverán a hacer esto hasta que estén mejor de salud —dijo con firmeza Jennifer—. Aunque tenga que petrificarlos y sacarlos de esta sala a la fuerza. —los amenazó preocupada por el mal estado de los tres. «¿Por qué los afecta un dementor de esta manera? ¿Qué los ha obligado a recordar?».
Los ayudaron a levantarse y los llevaron en silencio a los cuartos, donde les dieron poción tranquilizante. Jessica durmió a Angela con el hechizo y los otros tomaron poción para dormir. Descansarían los diez durante dos horas por órdenes de Jennifer.
Los seis amigos de los Potter bajaron a la sala a esperarlos luego de dejar a los chicos descansando, preocupados y pensativos por la visita del papá de su amigo.
Media hora más tarde se les unió Charlus Potter bromeando un poco con ellos, aunque sus marcadas ojeras y su mirada opaca tan acentuada les entristecieron. Pero los ocho jóvenes fingieron no darse cuenta y compartieron un rato con él antes que regresase a la pequeña casa en Falmouth, donde se había retirado al morir su esposa.
—¿Cómo están los chicos, Jennifer? —preguntó James después que su papá se marchase, deseoso de evitar que le preguntasen por la visita de su padre.
—Bien. Están durmiendo. No te preocupes. —le respondió la estudiante de medimagia, sonriendo levemente para darle ánimo.
—Alice y yo nos vamos. Ella debe descansar. —les dijo Frank, abrazando a Lily con cariño y luego a James, intentando infundirle ánimos con su gesto.
Su esposa repitió la operación y se fue con él minutos después.
—Si me disculpan voy a la biblioteca, hay unas cosas que debo atender. —les dijo James serio y triste, saliendo hacia allí sin esperar respuesta.
Sirius se fue tras él en silencio, con las manos en los bolsillos y cabizbajo. Entró tras su amigo y se sentó frente al escritorio en que el de ojos color avellana se hundió en papeles por las siguientes tres horas. Ninguno de los dos dijo nada. En un determinado momento James le pasó una carpeta a su amigo y éste al ver de lo que se trataba suspiró, organizó los pergaminos e hizo algunas anotaciones en otro. Cuando el hijo único de Dorea y Charlus Potter se puso de pie, su mejor amigo se acercó a su lado y los dos se dieron un abrazo silencioso, lleno de palabras no dichas.
El sábado al amanecer Ginny les retiró definitivamente los vendajes a Jessica, Fred y George, los diez en el cuarto de los chicos, diciéndole feliz a los cuatro que no podían ver que los tres tenían su piel totalmente sana, sin rastros de haber sufrido la quemadura. Esto hizo estallar en dicha y llanto a Angela, que fue tranquilizada poco después por su novio pelirrojo. Todos comprendieron que ella aún se sentía mal por no haber logrado contener totalmente las maldiciones que los habían llevado allí.
Mientras George le daba a tomar un vaso de poción para los pulmones decidieron que desde ese día los tres se verían obligados a usar los pasamontañas permanentemente, mientras se quedasen allí, aunque sus brazos y manos si estarían libres de los guantes. También acordaron que apenas sus cuatro compañeros estuviesen bien de los ojos se irían de allí, por lo que era indispensable el hacer la exploración de sus dos posibles destinos lo antes posible.
Al llegar los Potter, los Black y los Lupin a buscarlos los consiguieron en el pasillo, con Harry al frente, Jessica, Fred y George tras él y los otros seis junto a la pared con el ventanal del fondo del pasillo, en medio de los dos cuartos en que dormían.
—Buenos días —saludó Harry, luego de suspirar al oír los pasos de ellos muy cerca—. Electra, Mercurio y Júpiter están totalmente curados de sus quemaduras. Venus les ha quitado temprano sus vendajes y ha ratificado que no les ha quedado ninguna marca. Sin embargo, hemos decidido por nuestra seguridad y la de ustedes que ellos usen los pasamontañas permanentemente desde este momento, para que ninguno de nosotros esté en peligro por averiguaciones sobre nuestra identidad mientras recordamos quiénes somos y quiénes nos hicieron esto.
James admiró la serenidad y firmeza con que había hablado el joven líder de pie frente a sus compañeros, que evidentemente lo apoyaban por su lenguaje corporal. «Si fuesen ciertas mis sospechas… Estaría muy orgulloso si él fuese mi hijo».
—Buenos días —le respondió como líder nato de su propio grupo—. Nos alegra mucho saber que tus amigos están totalmente recuperados y, aunque aún nos parece un poco… —se detuvo unos segundos para buscar la palabra adecuada— irregular el no poder ver sus rostros, comprendemos sus motivos y respetamos su decisión. —Sonrió al ver a los diez chicos sonreír alegres y soltar la tensión.
—Vamos a desayunar. —les indicó Lily con voz dulce y firme, que había visto de reojo a Jennifer entristecerse.
—¿Podría antes Jennifer revisar nuestros brazos? —preguntó Jessica, que había notado la reacción de su mamá. Agregó rápidamente, al ver a su novio y sus otros ocho amigos girarse hacia ella desconcertados—: Han dicho que le falta poco para graduarse en medimagia y su examen podría ser importante para nuestra salud. Puede llegar a detectar algo que Venus no haya visto en nosotros.
Fred sonrió comprensivo, Hermione denegó levemente y los otros suspiraron.
—Gracias por tus palabras, Electra. Lo haré con mucho gusto. —aceptó Jennifer con voz dulce. Sonrió, sin poder evitarlo, al ver que la miraba con aquella mirada que conocía en su esposo cuando quería animarla.
Suspiró porque era casi imposible que sus sospechas fuesen ciertas. Ella y Remus las habían casi desechado después de la noche de luna llena. «Aunque la mentira dicha por los chicos y su debilidad… Existe otra posibilidad: que la haya podido curar en un futuro con la poción que actualmente investigo».
Los seis entraron al cuarto de los chicos tras los diez. Observaban cinco de ellos atentamente, aunque a prudencial distancia para no incomodarlos, el examen que les hacía Jennifer en los brazos no sólo a los tres que ya estaban curados sino a todos. Lo estaba haciendo así a petición de Ginny. La pelirroja había apoyado las palabras de Jessica queriendo destensar un poco a Hermione. También despejar las dudas que notaba en los rostros de los padres y tíos de su novio, por la reacción de Jessica luego de la de Jennifer.
Angela le pidió a su tía, mientras le revisaba el vendaje de sus brazos, que también lo hiciese con el de sus ojos. La aludida sonrió y le dijo:
—Lo haré con mucho gusto.
Hermione denegó una vez más al oírlas. Harry le pidió también a Jennifer que le examinase la vista. La castaña suspiró resignada al sentir el leve apretón de la mano de su novio. Los dos le pidieron a la gemela que les revisasen los ojos cuando les revisó sus brazos.
Luego bajaron todos a comer. Escucharon sonrientes a una feliz Jennifer explicarles el rápido avance en la recuperación de los chicos. Utilizó tanto los términos que usaban en la escuela de medimagia, a petición de Jessica y Ginny, como con vocablos sencillos de uso común, por petición de Ron y Sirius.
Remus miraba a los chicos agradecido. Sabía que lo habían hecho todo para animar a su esposa, que se había puesto muy triste por no poder ver el rostro de la chica de ojos miel. Sentía un gran dolor en su corazón porque sabía que ella quería creer aún que podría ser su hija, buscando posibles explicaciones para lo ocurrido la noche de luna llena.
Durante la comida los dieciséis bromearon, teniendo de blanco a Jessica, Fred y Ginny, pues George podía desde ese día mimar a su novia dándole de comer, mientras los dos primeros ayudarían a Hermione y Ron. La tercera aún tenía vendajes en las manos y no pudo convencer a Jennifer de que le permitiese ayudar a Harry. Cuando habían terminado de comer éste quiso aprovechar el buen ánimo de sus acompañantes.
—Quisiéramos practicar hoy de nuevo con ustedes los patronus con el boggart. —les planteó en su tono más meloso y convincente.
—Sólo si tienen sus varitas consigo. —objetó de inmediato Jennifer, antes que Lily pudiese aceptar la propuesta de los chicos.
La pelirroja de ojos esmeraldas miró con su mejor cara de súplica a su esposo, que suspiró resignado y asintió.
Angelica y Sirius contuvieron con dificultad la risa y Remus denegó con una leve sonrisa. Sabían que sólo Lily lograba que James cambiase de opinión más rápido que el propio Sirius. Los seis chicos que podían ver hicieron esfuerzos titánicos para contener la sonrisa que afloraba a sus rostros, mientras los otros cuatro esperaban atentamente la respuesta a eso.
—Tendrán sus varitas mientras practicamos —dijo James en tono resignado—. Pero nos explicarán con lujo de detalles cualquier cosa que vayan a hacer con ellas antes de siquiera intentar sacarlas de sus cinturones. —agregó rápidamente, con firmeza.
Los diez asintieron en aprobación rápida y fervientemente. El pelinegro de ojos avellana suspiró ante aquello y miró de nuevo a su esposa, que sonreía feliz. Decidió aprovechar la situación generada por Lily y les dijo a los chicos:
—Suban a sus cuartos a descansar un rato y organizarse para la práctica, mientras llegan Alice y Frank.
—Gracias James. —le agradeció Harry feliz, deseando haberle podido decir papá.
Los diez chicos se levantaron y salieron del comedor, donde quedaron los seis hablando sobre la estrategia de prácticas para ese día. Jennifer y Remus hacían esfuerzos para contener las propuestas de los otros cuatro, pues en esta ocasión Lily no los ayudaba a controlar a James sino que era la de las propuestas más audaces. Claudicaron al unírseles Alice a sus adversarios al llegar, mientras Frank intentaba que el esposo de la pelirroja los ayudase a detenerlos y él denegaba.
James no se podía quitar de la cabeza la imagen del líder del grupo de chicos sujetando a su esposa para ayudarla a dominar al boggart. Ésta se alternaba con la del mismo chico en tan malas condiciones después que el falso dementor lo atacase al desaparecer su patronus, por la llamada del elfo ante la llegada de su padre. Sumado eso a lo de la otra chica ante la cual el boggart también se comportaba como dementor, mientras sus otros amigos no intervenían para ayudarlos a los dos distrayendo el boggart.
«No. Dejaré que la práctica se lleve a cabo como propone Lily». Estaba determinado a averiguar sobre aquellos chicos y se había percatado que durante las prácticas con ellos se distendían, por lo que confiaba poder sacarles más información de esa manera. «Pero no puedo explicarles a los otros mi plan estando Las Protectoras aquí, así que…»
—Porque no suben ustedes cuatro a buscarlos y acompañarlos a la Sala de Prácticas, mientras buscamos el baúl viejo donde metimos el boggart y otras cositas para lo que están proponiendo. —le propuso con una gran sonrisa a su esposa, que asintió feliz y arrastró a sus amigas con ella.
Angelica salió de última, mirando suspicaz a su esposo y el mejor amigo de éste. Estaba segura que algo tramaban.
—¿Te volviste loco? —le espetó enojado el auror castaño, apenas se aseguró que no los podían oír.
—No, Frank. Lo que estoy es decidido a averiguar quiénes son realmente esos diez chicos —le respondió James muy serio. Al ver la expresión interrogante de sus amigos se decidió a explicarse—. No sé si han notado…
Luego de decirles lo que le había impulsado a actuar así, lo más rápido posible mientras buscaban en el sótano lo prometido para la práctica, sus tres compañeros asumieron como propia la resolución de James: Ese mismo día, antes de finalizar la práctica, tendrían una pista cierta sobre quiénes eran esos chicos y si eran de confianza o no. Llevaron además de algunas cosas que les faltaban en el Salón de Prácticas para lo hablado con sus esposas… algo más, decididos a seguir con el plan de su líder nato.
Cuando Harry y sus amigos escucharon el plan de prácticas que les proponían Las Protectoras se quedaron perplejos. Pero antes que Hermione pudiese reaccionar ya el pelinegro había aceptado, en nombre de los diez, el llevarlo a cabo.
Comenzaron por prácticas en parejas de encantamientos y hechizos sencillos con los objetos que habían llevado para practicar, de forma muy similar a como se hacía en la escuela. Elevaron paulatinamente el nivel de exigencia desde lo que podría hacer un chico de quinto año hasta lo que podría hacer un graduado en Hogwarts, con bien disimuladas rotaciones de James, Sirius, Remus y Frank con Lily, Alice, Jennifer y Angelica.
Practicaban con ocho de los diez chicos. Por instrucciones de Jennifer se tenían que rotar Angela con Harry y Hermione con Ron durante la práctica, para evitar que se agotasen. Las Protectoras sospecharon las intenciones de sus esposos luego de veinte minutos de prácticas, pero los dejaron seguir. Los ayudaron a mantener muy distraídos a los chicos para que no se diesen cuenta.
Media hora después, mientras Hermione y Harry tomaban el descanso, la castaña se dio cuenta de la trampa en la que estaban. Tenía que buscar la manera de avisarles a sus compañeros, o sacarlos de la fina red que les habían tendido, sin levantar sospechas.
—James, ¿podríamos Marte y yo practicar con el boggart-dementor con Lily y contigo? —preguntó Hermione con fingida inocencia.
Esto hizo voltear a todos en su dirección sorprendidos, fallando sus compañeros en sus "prácticas". Éstas parecían exámenes prácticos de E.X.T.A.S.I.S., que no hubiesen aprobado ni siquiera los gemelos. No sin mostrar sus reales habilidades, como se habían prohibido entre ellos hacer a menos que estuviesen en batalla, desde que habían decidido participar en la guerra en su propia época. Habían reforzado esa decisión al llegar a esa en que se encontraban, tanto por su salud como por evitar modificar la línea de los acontecimientos.
Luna apagó rápidamente los almohadones cercanos a Neville, que había incendiado Alice al errar el hechizo "Impervius" con el cual quería contrarrestar el "Aguamenti" de Jessica sobre los almohadones móviles con que ellas practicaban. Le había lanzado un "Incendio" desviado a su hijo, siendo bloqueada por un rápido escudo defensivo que levantó el castaño instintivamente, desviando también el de desarme que le había enviado el papá con quien practicaba en ese momento.
Neville retrocedió rápidamente al sentir el calor cerca de su cuerpo, mientras lanzaba de su varita agua para contrarrestar el incendio que veía aterrado. Tenía la sensación que su piel ardía, igual que en el momento en que la esfera morada y la magia oscura que viajaba con ella los alcanzó a la menuda pelirroja, a su novia y a él.
—Perdón Neptuno —se disculpó rápidamente Alice, corriendo asustada junto al chico—. ¿Estás bien? Jennifer, por favor examina que no… —siguió sin darle oportunidad de responder, siendo interrumpida por su hijo.
—Tranquila, estoy bien. Retrocedí al sentir el calor cerca pero no me tocó. —le cortó con voz dulce y una gran sonrisa, intentando tranquilizarla y calmarse.
Hermione y Harry se habían acercado a ellos muy asustados, guiándose por lo que oían, siendo contenidos por Fred y George, para evitar que se lastimasen.
—Perdón. Es mi culpa. —se excusó Hermione muy asustada.
—Tranquila Gea. No pasó nada. —le aseguró Fred después de ver sonreír aliviada a Luna que ya estaba abrazada a su novio luego de examinar la superficie de sus vendajes y ver que estaban bien.
—Aún así yo preferiría que Jennifer te examinase. —casi le suplicó Alice al chico de ojos castaños, aún asustada.
—Si con eso estás más tranquila yo estoy de acuerdo. —aceptó mansamente Neville.
Sonrió al ver a la gemela proceder de inmediato, pues estaba al lado de su mamá mirándolo muy preocupada.
Una vez que se cercioraron que el chico estaba bien James miró a la castaña con una mezcla de curiosidad y respeto. Estaba seguro que los había descubierto y por eso los interrumpió.
—¿Dijiste que querías practicar tu patronus con Lily y conmigo usando el dementor en el que se convierte el boggart frente a Marte, Gea? —le preguntó con aire casual, conteniendo una sonrisa de triunfo al verla morderse los labios y asentir. «Sí. Nos ha descubierto y por eso nos interrumpió, pidiendo hacer algo con lo que no ha estado de acuerdo. Esta chica es de cuidado. Se parece en su inteligencia a una extraña mezcla de Lily y Remus».
—Si consiguen otro boggart podría otro grupo practicar conmigo. —sugirió Angela.
—De hecho trajimos otro que conseguimos en el sótano para practicar de esa manera. —le respondió con una sonrisa de suficiencia Sirius, mientras Las Protectoras abrían los ojos como platos pues no se esperaban eso.
—¡Excelente! —exclamaron al unísono Angela, Harry, Jessica, Neville, Ginny, George y Fred mientras Hermione se ponía aún más nerviosa, mordiéndose los labios y denegando febrilmente. Se contuvo con dificultad al recordar que ellos sí podían verla.
Luna vio el gesto de la castaña, analizó rápidamente lo ocurrido y entendió, mirándolos a todos con preocupación. Ron también comprendió lo ocurrido al pensar en lo planteado por su novia y se tensó. Aquello se les podía ir de las manos a sus amigos.
Harry también se había dado cuenta, pero decidió seguirles el juego a su papá y sus tíos. Quería aprovechar la situación y ayudarles a mejorar en sus puntos débiles, mientras ellos estaban intentando usar aquellas prácticas para averiguar sobre ellos. Estaba seguro que Angela, Hermione y Ron se habrían dado cuenta, sospechaba que tal vez Luna y Ginny también, así que sólo faltaba advertir a los otros y él tenía una buena idea sobre cómo hacerlo.
—Venus, Leto, Electra y Urano, acompañen a Diana. Gea, Mercurio, Neptuno y Júpiter, quédense a practicar conmigo. —ordenó Harry con tono amable.
Todos se dieron cuenta que había separado las parejas. Los que habían planeado presentar la situación y evaluar las reacciones se miraron de reojo, rápida y disimuladamente. Sospechaban que aquella distribución tenía su razón de ser, lo que les alertó que no sería fácil lograr lo que se proponían. Jessica, Neville, Ginny, George y Fred comprendieron de la distribución que algo raro ocurría, por lo que hicieron caso del consejo de Moody: "alerta permanente".
—Alice, Lily, Frank y yo practicaremos con Marte y su grupo, mientras Angelica, Jennifer, Sirius y Remus practican con el de Diana, si no les incomoda. —sugirió James, muy atento a las reacciones del chico. Entrecerró los ojos al verlo sonreír y oírlo, conteniéndose con dificultad para no ir por Veritaserum a la oficina y sacarle la verdad a la fuerza.
—En lo absoluto, esa es una excelente distribución.
A excepción de Angela y Ginny, sus amigos no estuvieron de acuerdo con esa apreciación. Cada pareja estaba en el mismo grupo de sus hijos, aquello se podía poner muy difícil para todos.
Los dos grupos se separaron, dejando una separación entre ellos de aproximadamente siete metros. No se alejaron más por sugerencia de Ron a Sirius, para poder ayudar un grupo al otro en caso de ser necesario. Sirius aceptó sonriente, comprendiendo del nerviosismo de tres de los chicos de su grupo que no estaban muy conformes con la distribución hecha por el que se hacía llamar Marte, poniéndose más nerviosos aún con la hecha por James.
—Sólo uno de ustedes cuatro a mi lado para que practique, mientras que uno de los chicos abre la caja y permanece atento con su varita para ayudarnos si es necesario. Los otros seis están atentos a lo que pueda ocurrir. ¿Les parece bien? —planteó Angela.
—Perfecto —le respondió Sirius contento—. Me gustaría empezar, ya que la última vez Frank tomó mi lugar.
—Disculpa Sirius, pero si no te importa preferiría que fueses el último. —le pidió Angela con voz firme.
El aludido pensó que aquello se debía a nerviosismo por su parentesco con él. Miró a su esposa, su cuñada y su amigo significativamente.
—Muy bien —replicó con tono aparentemente disconforme para no alertarla—. Seré el último. ¿Tienes alguna preferencia sobre con quién comenzar? —le preguntó con fingida molestia.
—En realidad sí. Me gustaría comenzar con Jennifer y que nos ayudase Electra, si no tienen inconveniente. —respondió Angela con una suave sonrisa.
Jessica abrió mucho los ojos, tragó saliva, respiró profundo y se ubicó junto a su prima. Los Lupin y los Black se percataron perfectamente de las reacciones de la chica de ojos miel, apretando Jennifer la mano de Remus.
—Estoy de acuerdo. —le dijo a Angela avanzando hacia ellas, luego de soltar la mano de su esposo y respirar profundo para dominarse.
Angela asintió y bajó la cabeza. Luego regresó su rostro a una posición vertical, inspiró dos veces profundamente y asintió de nuevo.
Jennifer, Angelica, Remus y Sirius la miraron interrogantes. Notaron que los otros chicos se alejaban del punto en el que se encontraba el arcón en que estaba el boggart, guardando las varitas en sus cinturones y mirándolos expectantes, mientras la de ojos miel se ubicaba un metro atrás de la chica de pelo negro mirando con firmeza y concentración el arcón al que apuntaba con su varita. Los tres últimos se movieron entonces hasta el punto en que se habían ubicado los otros chicos, a casi tres metros de ellas hacia el fondo de la gran habitación donde estaban la mesa y las sillas.
—El encantamiento patronus es un hechizo avanzado que convierte todos tus sentimientos positivos en algo tangible, de modo que se vean reflejados fuera de tu cuerpo como un elemento que puede protegerte de criaturas tan viles como los dementores —explicó Angela con voz serena, haciendo enarcar las cejas de sus papás y sus tíos que la escuchaban atentamente—. La dificultad para realizarlo radica en que desde pequeños hemos tenido tanto experiencias positivas como negativas, pero generalmente nos hemos acostumbrado a recordar con mayor facilidad las que nos producen miedo, dolor y angustia que las que nos generan alegría, esperanza y deseos de vivir.
»Es por eso que lo primero que debemos hacer, cuando estamos aprendiendo a hacer un patronus fuerte y corpóreo capaz de detener varios dementores, es explorar en nuestros recuerdos. Pero no sólo con nuestros pensamientos sino también con nuestros sentimientos. Debemos buscar algo que hayamos vivido y nos haya hecho sentir felices, aunque sólo sea por unos momentos, pero que el sentimiento sea fuerte para que al convocarlo logremos nuestro objetivo con seguridad.
Tanteó en la dirección en la que supuso que estaba su tía, que se acercó rápidamente hacia ella preocupada. No entendía qué se proponía, pues había estado absorta en sus palabras al igual que todos en la sala. Incluso los del otro grupo estaban atentos a sus palabras, en el que Harry sonreía escuchándola.
—Ahora quiero que practiquemos primero el movimiento de la varita —le dijo Angela a Jennifer. Se ubicó tras ella y colocó su brazo derecho de tal manera de seguir los movimientos del brazo de su tía, pero sin hacer fuerza—. Yo seguiré cualquier movimiento que tú hagas, para poder sentir como lo haces. Luego intentaré corregir cualquier falla que pueda llegar a notar con suavidad, para no lastimarte ni que me lastimes, pero sin hablar. Mientras tanto busca en tus recuerdos otros además del que ya usas para formar tu patronus. Cuando creas tener al menos seis más te detienes.
—De acuerdo. —le respondió Jennifer intrigada. Comenzó a hacer lo indicado por la chica, concentrándose en sus recuerdos al cabo de un par de minutos.
Angela detectó que su tía se movía muy lento y la llevó a hacer un movimiento más rápido, aumentando progresivamente la velocidad de su brazo mientras lo repetían varias veces, sabiendo que el hacerlo así generaría dos efectos. El primero sería que su tía se concentraría con mayor facilidad por la monotonía de la repetición, el segundo era que el cuerpo de su tía relacionaría el incremento en la velocidad del movimiento con la concentración, los dos requisitos indispensables para enfrentar con efectividad a un dementor.
Jessica las observaba con una sonrisa, pues su prima le había corregido de la misma manera el mismo problema. Ginny, Luna, Angelica, Sirius y Remus las miraban atentamente, mientras Ron permanecía alerta al más mínimo sonido de sus acompañantes.
Las dos chicas comprendían lo que su amiga estaba haciendo. Asintieron levemente al ver, después de casi diez minutos, que ya el movimiento de Jennifer era rápido y preciso. Notaron que Angela empezaba a dejar de llevarla y sólo la seguía. Sus tres acompañantes veían aquello asombrados, pues la expresión concentrada de la gemela les hizo comprender que no era consciente que había corregido la deficiencia que ya ellos, Albus y Alastor le habían hecho notar.
Cuando Jennifer estuvo segura de tener los siete pensamientos felices ubicados sonrió y se detuvo, sintiéndose dichosa y segura.
—Electra, por favor abre el arcón cuando cuente tres y está alerta —le pidió Angela a su prima—. Jennifer, retrocede hasta su posición mientras el boggart sale, para que no se confunda y se transforme en dementor. Cuando lo veas atácalo con tu patronus.
—De acuerdo. —respondieron madre e hija a coro, con firmeza.
Jessica sintió que las rodillas le temblaban un poco cuando su mamá se detuvo junto a ella, pero se obligó a mantener su atención en el conteo que acababa de iniciar su prima.
—Uno, dos, tres. —contó Angela, con voz suave, profunda y serena.
Jessica abrió con su varita el arcón apenas finalizar su prima, viendo todos surgir un horrible dementor, que se deslizó hacia Angela con rapidez.
—¡Expecto Patronum! —convocó rápidamente Jennifer su lobo plateado y lo interpuso entre la chica y el boggart-dementor. Abrió mucho los ojos al notar que lo había logrado con mucha rapidez y agilidad, siendo totalmente corpóreo y muy brillante.
—Muy bien, Jennifer, pero no te desconc… —Angela se detuvo y se llevó las manos a la cabeza, pues el patronus había desaparecido bruscamente y sentía los efectos de la criatura con violencia.
—¡Expecto Patronum! —convocó rápidamente Jessica su pantera plateada y la interpuso entre su prima y el boggart-dementor, protegiendo también a su mamá. Lo obligó a retroceder hasta meterlo al arcón con el ceño fruncido. Tenía mucha fuerza la criatura, tanta como un dementor verdadero y viejo.
—¡Diana! —exclamó Jennifer preocupada, sintiéndose culpable.
—Tranquila. Estoy bien —respondió Angela con una sonrisa, separando las manos de su cabeza, dominándose con rapidez—. No puedes permitir que te desconcentre nada o tu patronus se desvanecerá.
—Lo siento, pero nunca lo había convocado tan rápido. —se disculpó avergonzada.
—Me alegra mucho que lo hicieras —le sonrió contenta a su tía—. Desde ahora siempre será así, pues tu cuerpo y tu cerebro ahora relacionan el movimiento rápido con tu concentración para hacerlo. Dos cosas indispensables para detener a los reales.
—Gr…gracias, pero… ¿cómo…? —intentó preguntar, desconcertada.
—La práctica que hicieron —le respondió Jessica que estaba ahora junto a ellas, examinándolas con su varita para verificar que estuviesen bien—. Diana te llevó poco a poco a acelerar el movimiento con tu varita y hacerlo más preciso, mientras tú te concentrabas en los pensamientos felices. —le sonrió a su mamá asintiendo, para darle a entender que estaban bien y darle ánimos.
—Y hablando de pensamientos felices, me gustaría que lo intentásemos una y otra vez para que practiques con todos los que has recordado —le dijo Angela con firmeza—. Es bueno el que usas para tu patronus, por la breve percepción que tuve, pero es mejor que pruebes con todos. Así podrás evaluar cuál es más efectivo para producir un patronus fuerte, que se mantenga el mayor tiempo posible y te permita forzar el boggart-dementor a entrar al arcón. Además así podrás decidir entre ellos con cuál te sientes más cómoda.
—¡Pero te tendrías que exponer siete veces a esa cosa! —exclamó Jennifer inconforme.
—Tranquila —le sonrió agradecida la chica de pelo negro—. Estaré bien. Electra no permitirá que me afecte, tampoco Venus, Leto y Urano. Además yo tengo mi varita, si me siento afectada convocaré mi protector.
—Está bien. —aceptó Jennifer, con un leve deje de resignación.
Sirius tuvo que contener a su esposa de intervenir cada vez que el patronus de la gemela decaía y la vil criatura se precipitaba sobre la chica de pelo negro, conteniéndolo el protector de la chica de pelo castaño. Observaron las reacciones nerviosas de los otros tres chicos. Notaron que la menuda pelirroja contenía al chico alto para que no interviniese en las dos últimas oportunidades, en que la rubia convocó su patronus pues las tres habían caído de rodillas. Jessica no había logrado generar el suyo al estar agotada y afectada por el continuo ir y venir emocional. Jennifer había intentado contener al boggart-dementor quieto más de veinticinco minutos, al ver a su lobo tan fuerte, viéndose debilitada por el tiempo tan largo.
Remus había apretado los puños y las mandíbulas en varias ocasiones para contenerse de intervenir. Se iba desesperando a medida que pasaba el tiempo y las veía repetir la práctica una y otra vez con los diferentes pensamientos, varias posiciones de las tres y a distintas distancias entre ellas y el arcón. Explotó al verlas caer de rodillas por segunda vez y ser el oso polar de la rubia el que dominaba al boggart-dementor para encerrarlo.
—¡YA BASTA! —gritó—. Ni una práctica más. Van a comer chocolate las tres y descansar —ordenó furioso, agregando al ver la boca de Angela abrirse—: Sin protestas, Diana.
Sorprendida por aquello Angela cerró la boca y se limitó a asentir. Creía que explotaría primero su mamá o su papá, por ser los más impulsivos.
Ginny, Luna y Ron suspiraron agradecidos. Se volcaron hacia las tres al no oír a Angela protestar, dándoles chocolate que llevaban. Angelica y Sirius se habían desplazado también rápidamente a donde ellas estaban con su amigo Remus, a quien miraban de reojo preocupados.
Al otro lado de la habitación Harry había tenido que convocar su protector para controlar su boggart-dementor, pues el grito de Remus había desconcentrado a su mamá y descontrolado a todos.
—Estoy bien, cariño. —intentó tranquilizarlo Jennifer, que estaba agotada y un poco afectada aún pero muy contenta por el gran avance que había hecho.
—Te comes el chocolate y te quedas calladita hasta que no te lo acabes —le ordenó con firmeza Remus—. Lo mismo va para ustedes dos. —les gruñó a Jessica y Angela, que se limitaron a asentir y obedecerle.
Jessica quería advertir a su prima sobre el boggart, pero no se atrevía a contradecir a su papá. Esperaba que ella se hubiese dado cuenta o poder advertirle luego.
—¿Están bien? —preguntó James que se les había acercado desde el otro grupo para averiguar lo ocurrido.
Las tres abrieron la boca para responderle pero la cerraron de inmediato al oír gruñir al licántropo amenazador, limitándose a asentir. James miró intranquilo a Remus y luego interrogante a Sirius.
—Remus está preocupado por ellas porque repitieron muchas veces la práctica y estaban agotadas por el ir y venir del patronus de Jennifer, afectándolas el boggart-dementor. —le explicó el joven hombre de ojos grises.
—Las dos últimas veces tuvo que contenerlo Leto. Y si no las detengo hubiesen seguido aunque Electra está definitivamente débil y cansada. —expuso furioso Remus, viendo preocupado que la chica bajaba la cabeza.
—Perdóname Electra —le suplicó Angela tanteando en su dirección—. Debí cambiar de compañero hace rato.
—No te preocupes, estaré bien. Yo no te avisé que me sentía mal y no debía seguir. Es más culpa mía que tuya. —la tranquilizó Jessica mientras le tomaba la mano con cuidado.
—Creo que lo mejor será que todos descansemos un rato —dijo James conciliador para evitar que Remus las riñese más—. Nosotros también estamos un poco cansados. Les pediré a los elfos que nos suban unos bocadillos y charlaremos un rato.
—Totalmente de acuerdo, amigo. —le dijo rápidamente Sirius, usando una de sus mejores sonrisas para calmar a su muy enojado amigo de ojos miel.
Remus asintió y ayudó a incorporar a su esposa y a la chica de ojos miel. Sostuvo a la última al sentirla temblar, gruñendo de nuevo. La levantó en brazos mientras la miraba enojado y la llevó hacia la parte de atrás de la habitación, luego de señalarle su esposa a Sirius que de inmediato se ubicó a su lado para apoyarla al caminar y la otra chica a Angelica, que procedió igual rápidamente.
Jessica no se atrevió a protestar al ver la paternal preocupación y el enojo en los ojos de su papá. Bajó la mirada y se dejó llevar por él, sintiendo una mezcla tan explosiva de sentimientos en su pecho que le dio miedo que se pudiesen llegar a dar cuenta los demás. Sabía que las sucesivas prácticas tenían en parte la culpa, pero sólo en parte. Si no le había pedido a su prima el cambiar de lugar con Ginny o Luna fue porque quería estar allí con su mamá, protegiéndola con su patronus, sin pensar que su debilidad sería evidente y despertaría los instintos lobunos de proteger la manada de su papá.
Jennifer quiso decirle a su cuñado que no necesitaba ayuda para caminar, que ya estaba bien, pero al ver a Sirius denegar rápidamente y señalarle a su esposo asintió y se dejó llevar. Muy pocas veces Remus, el más tranquilo de los Merodeadores, explotaba de aquella manera dejándose dominar por el lobo que llevaba dentro. Sonrió al verlo protegerlas así.
Angelica había estado muy atenta a las reacciones de los cinco chicos, así como a sus protectores. Analizaba que el patronus de la chica de pelo negro era idéntico a su forma animaga y el patronus de su esposo, pero el de la chica de ojos miel no se parecía ni a las formas animagas ni a los patronus de su gemela, ella, su esposo, sus hermanos o sus cuñados. Generalmente los patronus en su raza se conformaban durante el embarazo y los seis primeros años de sus vidas, basados en el protector o forma animaga del familiar o pariente por quien se sentían más protegidos.
Si unía aquello con lo dicho por la chica de pelo negro sobre un orfanato y las deducciones de su esposo y su cuñado… No le gustaba nada lo que estaba pensando. Sacudió levemente la cabeza, retornando a la realidad con el grito de Remus.
—Deja que te ayude o se enojará más. —le susurró al oído a la chica de pelo negro al verla abrir la boca para protestar. Sonrió al verla hacer un puchero y asentir, llevándola hasta las sillas.
Remus sentó a la chica de ojos miel en una silla con cuidado. Se sentó al lado, respiró profundo para retomar la calma, su autocontrol, la miró preocupado y comenzó.
—Hemos notado los ocho que tu salud no es buena —le dijo con voz suave pero firme, levantando una mano al verla abrir la boca en señal de que no lo interrumpiese. Siguió al verla cerrarla y mirarlo con expresión de niña regañada—. También nos hemos dado cuenta que tus compañeros lo saben e intentan cuidarte, lo cual tú dificultas continuamente pues casi nunca les dices la verdad sobre cómo te sientes a menos que ya no soportes más las situaciones —Al verla bajar la cabeza le tomó con cuidado el rostro tapado por el pasamontañas con sus manos, levantándoselo para que lo mirase—. No quiero que vuelvas a hacerlo nunca más. Te pido por el respeto y el cariño que te haya demostrado desde que nos conocemos que desde ahora les permitas a ellos y a nosotros nueve, incluido Albus, saber cómo te sientes y que te ayudemos.
Jessica no pudo evitar que sus ojos se llenasen de lágrimas.
—Prometido. —fue lo único que pudo decirle antes de estallar en llanto. Fue de inmediato abrazada por Fred, que había llegado junto a ellos rápidamente olvidándose de acompañar a Hermione al ver a su suegro levantar a su novia en brazos.
—Perdóname, no quise lastimar tus sentimientos pero estoy preocupado por ti. —se disculpó el joven hombre de ojos miel mirándola nervioso, mientras le acariciaba la cabeza.
—Ella lo entiende, Remus —le aseguró Fred al sentirla asentir contra su pecho—. Es sólo que está cansada y afectada por la práctica.
Jennifer abrazó a su esposo por la cintura y le hizo señas que no le dijese más nada a la chica, permitiéndole al novio que la tranquilizase. Le sonrió con cariño y apoyo al ver su expresión de tristeza desde que la chica comenzó a llorar.
Los otros chicos habían presenciado la escena con un nudo en la garganta. Se sentaron por parejas, abrazados, pensando que Harry tenía razón al decir que podían y querían ayudarlos a mejorar en defensa. Pero que también la tenía Hermione al decir que el hacerlo sería muy duro para los cuatro que podían compartir por primera vez con sus padres, sin poder cambiar su terrible pasado.
George miraba preocupado a su gemelo y su cuñada, sintiendo la respiración irregular de su novia que se había aferrado a él al oírla llorar. Le susurró a Angela que la chica de ojos miel estaría bien en unos minutos y que no era su culpa que estuviese así, dándole tiernos besos en los vendajes de su frente para calmarla un poco. Le habló con cariño hasta convencerla de tomarse un vaso de poción para los pulmones, a lo cual sólo accedió cuando la chica de ojos miel dejó de llorar. Persistió hasta que logró que comiese de lo traído por los elfos.
—Tal vez sea mejor que suspendamos por hoy la práctica. —sugirió James cuando todos terminaron de comer. Aunque le parecían ya tranquilos no le pareció bien presionar.
—¿Diana? —preguntó Harry.
—Yo estoy bien y Electra no participará más en nada. —afirmó Angela con rotundidad.
—Me quedaré aquí para que todos estén tranquilos y puedan continuar. —confirmó Jessica resignada, que ya estaba serena y había comido debido a la insistencia de Fred.
—Gea, Urano y Mercurio pueden quedarse aquí con ella mientras seguimos practicando. —opinó Harry. Sospechaba que de no presionar para continuar la siguiente práctica podría no darse. Hermione había seguido insistiendo en que se fuesen, provocando otras dos crisis de Angela y discusiones fuertes en el cuarto de las chicas a pesar del acuerdo al que habían llegado los diez en la biblioteca.
Hermione denegó enojada, pues sabía que Harry los sacaba a ella y a su novio de los grupos para que no los detuviesen y poder terminar de practicar con los otros seis. Se contuvo de reñirlos al oír a Ron susurrarle:
—Tranquila. Mis hermanos no permitirán que se excedan.
Sabía que tenía razón, pues Fred, George y Ginny estaban tan preocupados como ellos por aquello. La castaña estaba segura además que Ginny y George estarían ahora más alertas por lo ocurrido con Jessica, Jennifer y Remus.
James, Sirius, Frank y Remus se miraron inquietos. Habían decidido antes de empezar presionar a los chicos ese día hasta sacarles unas cuantas verdades, lo cual ya habían logrado en parte, pero… Consultaron con sus esposas en silencio, notando de sus miradas que ellas tampoco estaban seguras sobre seguir o detenerse.
—¿Seguros? —preguntó James, tomando una decisión.
—Sí. —contestaron a coro Angela y Harry.
—¿Seguimos con la misma distribución? —planteó su duda al líder de los chicos. Después de ver lo ocurrido con Remus y la joven de ojos miel no quería presionarlos en el aspecto emotivo, si tenía razón con los posibles parentescos, y que se les presentase una crisis.
—Sí. —contestó Harry seguro.
Neville y George avanzaron con él hacia el punto en que se encontraba el baúl, mirando muy serio el pelirrojo a sus dos acompañantes. La situación no había sido tan extrema en ese grupo, pero las miradas cargadas de celos de James cuando Harry tomó a su mamá de la cintura y el brazo para guiarla en la primera práctica habían sido evidentes.
Tampoco le había gustado que Neville no hubiese logrado mantener su patronus cuando el de Lily había fallado en la segunda práctica, porque Alice se había acercado a preguntarle la razón de que fuese un oso.
La auror había sospechado del chico, pues era muy parecido a la forma animaga de su esposo. A la rubia le habían brillado los ojos plateados al verlo perder la concentración y mirarla nervioso musitando "No lo sé". Harry contuvo al boggart con su ciervo, ayudándolo él con su tigre y encerrándolo entre los dos.
—Me gustaría ser tu compañero ahora, Marte —le dijo George muy serio—. Así estaré menos nervioso por Diana al estar ocupado aquí. —agregó mirándolo fijamente.
—De acuerdo, Júpiter —aceptó Harry sospechando sus reales intenciones. Sentía sus ojos azules clavados en él, a pesar de no poder verlos—. Tu patronus ya es muy bueno, Lily, pero si quieres hacer un par de prácticas más nosotros no tenemos inconvenientes.
—No. Ya me siento segura del que he conseguido —respondió la aludida sonriente—. De no ser por Remus habría encerrado al falso dementor por tercera vez.
Harry sonrió feliz. James asentía orgulloso de su esposa, pero sentía que sus celos se volvían a disparar al ver la expresión del chico. «Si mis sospechas no son ciertas… si no es familiar nuestro… este jovencito va a saber quien es James Potter».
—Bien, entonces continuemos con Alice como ustedes decidieron. —dijo Harry. Contuvo con dificultad la sonrisa al oír a los dos hombres gruñir, pues ellos habían tenido que ceder a la insistencia de ellas en ser las primeras.
Harry se ubicó frente al baúl aproximadamente a un metro, esperando a sentir la presencia de la mamá de su amigo para preguntar.
—¿Están listos?
—Sí. —respondieron a coro, George metro y medio atrás de él, Neville, Lily, James y Frank tres metros a la izquierda en dirección a la puerta por la que generalmente entraban al cuarto de prácticas.
Harry tanteó entonces en dirección a la rubia, que nerviosa le tomó las manos.
—Tranquila Alice —le dijo en voz suave. Se ubicó igual que había hecho con su mamá: tras ella, ligeramente hacia la derecha, rodeando su cintura suavemente con el brazo izquierdo mientras con el derecho abrazaba el de ella, para seguir sus movimientos—. Respira profundo, cierra los ojos, tranquila, piensa en tu recuerdo feliz, sólo en eso, haz un esfuerzo para encontrar cada detalle, los colores, las formas, los olores, los sonidos, tus sentimientos en ese momento. Mientras lo haces repite el movimiento para convocar tu patronus pero sin verbalizar el hechizo, concentrada solamente en tu recuerdo. Yo seguiré tus movimientos y veré si hay algo que corregir. Luego busca otros seis recuerdos en tu interior y haz lo mismo. Cuando detengas el movimiento sabré que estás lista en cuanto a los siete recuerdos. ¿Estás de acuerdo?
—Sí. —le respondió en voz suave y lejana Alice, que estaba abstraída en encontrar los detalles de su primer recuerdo como él le había indicado, empezando a hacer el movimiento.
Si Harry hubiese podido ver se habría dado cuenta de la mirada furiosa de Frank, que era sostenido por James del brazo derecho para que no se le arrojase encima. El pelinegro de ojos avellana comprendía ahora que el chico hacía eso para ayudarlas a concentrarse. Lily sujetaba a su amigo por el otro lado, conteniendo con dificultad la risa al ver su expresión cargada de celos. Vio de reojo que los ojos castaños del chico a su lado miraban a su amigo auror con una mezcla de admiración y nerviosismo. George miraba atentamente la situación, preocupado, preparado para intervenir si era necesario como lo había estado con James mientras era Frank quien lo contenía.
Harry, al sentir que Alice se detenía, se decidió a hablarle después de haberla guiado con suavidad y persistencia hasta que el movimiento fuese más preciso.
—Tu movimiento es rápido y ahora también preciso. Si estás de acuerdo podemos comenzar ya con el boggart-dementor.
—Totalmente de acuerdo —aceptó sonriente la rubia, retrocediendo hasta ubicarse junto al chico pelirrojo—. Ya estoy ubicada. —le avisó al pelinegro.
—A la cuenta de tres, Júpiter. Uno, dos, tres. —sintió los efectos de la criatura unos segundos después de pronunciar el último número, concentrándose en pensamientos felices mientras la mamá de su amigo convocaba el protector.
—¡Expecto Patronum! —convocó rápidamente Alice su osa polar plateada y la interpuso entre el chico y el boggart-dementor. Comprendió lo dicho por el chico el día que celebraba con Sirius, pues a los quince minutos sentía que ya no podía sostenerlo más. Tampoco había logrado que retrocediera para encerrarlo.
—¡Expecto Patronum! —convocó rápidamente George su tigre plateado, al ver que el patronus de ella estaba a punto de desvanecerse, y lo interpuso entre su amigo y el boggart-dementor, protegiendo también a la mamá de su otro amigo. Harry respiraba agitado y sacudía su cabeza. George hizo retroceder a la criatura hasta encerrarla en el baúl y se aproximó rápidamente a ellos—. ¿Están bien?
—Sí. —contestaron Alice y Harry a coro.
—Tenías razón, Marte. Es mucho más difícil ante una cosa de esas. —completó la rubia, que estaba siendo abrazada por su esposo.
—Lo es. Pero tu patronus es bastante bueno —le respondió él sonriéndole en apoyo—. Con sólo practicar un poco tu concentración lo lograrás. ¿Te sientes bien para seguir?
—Sí. Continuemos. —dijo de inmediato la rubia, para evitar que su esposo se opusiera.
—Sólo después que los dos coman chocolate. —se opuso muy serio y firme Neville, sorprendiéndolos a todos.
—Tienes razón, Neptuno. —aceptó Harry sonriente y orgulloso de él, comiéndose el que le entregaba el castaño sin decir más nada.
Alice quiso protestar, pero la advertencia en la expresión del rostro de su esposo la hizo desistir. Miró atentamente al chico que le había dado el chocolate mientras se lo comía.
Después de practicar con los otros seis pensamientos seleccionados por Alice, logrando ella sola encerrar al dementor en las últimas dos ocasiones, la propia rubia dijo que era suficiente para ella y que quería descansar. Eso generó suspiros de alivio en Frank y Neville, que habían estado muy tensos, aunque el primero había dejado los celos a un lado luego de la primera práctica.
Escucharon a Angelica gritarle a Remus que dejase sus instintos sobreprotectores para su hermana y todos se giraron hacia esa dirección.
—¿Júpiter? —preguntó preocupado Harry.
—Tranquilo —le dijo sonriente George luego que su hermana le explicase por señas lo ocurrido rápidamente. No fue necesario mucho esfuerzo, pues cada uno de ellos había estado al pendiente del otro grupo además del suyo, comunicándose silenciosamente por miradas y señas mudas en varias oportunidades—. Ella quiere intentar hacerlo sin que Venus intervenga y Remus tomó el lugar de nuestra pelirroja sin que Angelica supiese.
—Entiendo. ¿Diana está bien?
—Sí. No te preocupes. Está hablando con ellos y… Bueno, ya la conoces.
Harry sonrió divertido y asintió, luego de oír a la mamá de su amiga bufar, a su padrino reírse y a su tío gruñir.
—¿Quieres comenzar a practicar, Frank? —le preguntó girándose hacia donde suponía que estaría él, fallando por muy poco.
—Sí. ¿Tú estás bien? —le preguntó preocupado al chico. Recordaba las advertencias de Jennifer sobre la reacción de los tres chicos al boggart-dementor el día del entrenamiento fallido por la llegada de Charlus Potter.
—Perfectamente. Gracias por preguntar. —le dijo Harry agradecido.
—Marte, ¿puedo hablar a solas contigo un minuto? —le pidió George preocupado.
—Claro. —aceptó Harry intrigado, dejándose conducir por él lejos de sus papás y los Longbottom.
—Este boggart es demasiado fuerte —le comentó George en voz baja y preocupada—. Es difícil dominarlo para meterlo al baúl. ¿De verdad estás bien?
—No te voy a negar que me afecta más que los otros que hemos usado para practicar, pero puedo resistirlo un rato más. Además el patronus de James es fuerte y tengo entendido que el de Frank también. Creo que no habrá problemas. No me gusta que el boggart que tenemos aquí se comporte como un dementor viejo y desarrollado. ¿Tienes idea si el que está usando Diana también es así? —le preguntó inquieto.
—No lo sé, pero Venus está alerta y me advertirá si hay problemas. En este momento me está avisando que está bien. La estaba examinando con su varita.
—Sigamos entonces, quisiera que terminásemos con ellos antes que Diana empiece con Sirius. —se atrevió a decirle lo que le preocupaba.
—Sí. Tienes razón. —aceptó el pelirrojo.
Al girarse y conseguirse con las miradas inquisitivas de Frank y James junto a ellos, mientras Neville lo miraba con una disculpa en los ojos, George comprendió que los habían seguido y escuchado sin que su amigo pudiese advertirles.
—¿Por qué los preocupa la práctica con Sirius? —preguntó James, bajando un segundo la mirada al ver sobresaltarse a Harry.
—Yo silencié a Neptuno para que no les avisase que los seguíamos —aclaró Frank—. Nos puso nerviosos que quisieran hablar a solas —aclaró al ver la boca del chico que no podía ver abrirse, seguramente para protestar—. ¿De verdad estás bien, Marte?
—Sí. Estoy bien —respondió enojado—. Y así como James nos dejó en claro que no quería que usáramos nuestras varitas con ustedes y yo le aseguré que no lo haríamos a menos que fuese para ayudarlos, lo cual hemos cumplido fielmente, le agradecería que quitase el hechizo sobre mi amigo y no lo vuelva a hacer. Si quería oír nuestra conversación sólo tenía que decirlo, señor Longbottom.
—Lo siento. —se disculpó el auror castaño apenado, mirándolo sorprendido por su reacción. Notaba que estaba haciendo un esfuerzo para no gritarle ni ofenderle.
—En cuanto a su pregunta, señor Potter, es muy sencillo —continuó Harry molesto—. Hemos notado que Sirius tiene mal carácter y sabemos con certeza que Diana también lo tiene, por lo que nos preocupa una discusión entre ellos por la práctica.
—Si lo crees conveniente podríamos cambiar los grupos. —planteó James preocupado. Miró en dirección a quien consideraba su hermano, que se ubicaba con la esposa junto a Jennifer mientras Remus se preparaba a practicar con la chica de pelo negro y la menuda pelirroja.
Harry suspiró, rascándose inconscientemente sobre el vendaje el lugar en el que la cicatriz tenía un rato molestándole. Su Oclumancia la mantenía casi todo el tiempo levantada, desde que percibió por primera vez un cambio brusco de humor de Voldemort un par de días atrás. Pero con las prácticas sucesivas con el dementor se empezaba a sentir cansado de mantenerlo fuera de su mente. Esperaba que se calmase pronto y lo dejase en paz.
—Venus nos avisará si hay problemas —le respondió más tranquilo—. Mejor no hagamos ningún cambio de no ser necesario o los dos se enojarán.
Frank y James se miraron preocupados, conociendo el carácter de su amigo. Miraron de nuevo hacia el otro grupo donde Remus practicaba el movimiento para convocar su osa y Sirius le hacía bromas. Tenía rato haciéndolo para destensar a su esposa, aunque sin delatar su animagia frente a los chicos, burlándose de la expresión celosa de Jennifer mientras Angela bajaba la cabeza cohibida por los comentarios de su papá pero no se alejaba de su tío.
—Sí. Puede que tengas razón —aceptó James sin estar muy seguro—. Sigamos con la práctica. Nosotros también estaremos al pendiente de ellos.
Frank movió su varita en dirección a su hijo, haciendo un hechizo no verbal para que recuperase su voz.
—Marte, yo… —se intentó excusar Neville apenas recuperó su voz.
—¿Quién…? —empezó a preguntar Harry, molesto de nuevo al sospechar lo ocurrido.
—Sólo revertí lo que había hecho —lo interrumpió Frank en tono de disculpa—. No volveré a hacer ningún hechizo sobre ustedes a menos que sea para ayudarlos o defender a mi familia o mis amigos.
Harry suspiró y se rascó de nuevo la cicatriz.
—Está bien. —le respondió un poco fastidiado.
—¿Marte? —le preguntó inquieto George al verlo repetir el gesto y oír su tono de voz.
—No es nada serio, Júpiter, sólo un pequeño malestar —se sinceró Harry, pero sin darle más pistas por sus muy astutos acompañantes—. Sigamos.
—¿Seguro? —preguntó preocupado James.
—Sí, seguro. Vamos. —les dijo con voz amable Harry, sonriéndoles. Al parecer su enemigo ya estaba más tranquilo y el malestar empezaba a remitir.
James y Frank se miraron preocupados, siguiendo a los dos chicos que avanzaban hacia el compañero, el cual los miraba muy enojado a ellos dos.
—Calma Neptuno. He hablado con Frank y esto no se repetirá —lo tranquilizó Harry que sospechaba cómo estaba su amigo, que siendo tan tranquilo y dulce generalmente era de temer cuando se enojaba—. Estaban nerviosos porque hablásemos a solas, preocupados por sus esposas, es todo.
—Lo entiendo, pero que no lo vuelva a intentar o que se atenga a perder su varita. —amenazó el castaño aún enojado.
Harry y George sonrieron y asintieron, mientras James y Frank enarcaban las cejas ante la advertencia y sus esposas contenían con dificultad la risa al ver sus expresiones.
El pelirrojo guió al pelinegro hasta ubicarlo frente al baúl y se desplazó hacia su posición un metro más atrás.
Neville se ubicó cerca de Alice, Lily y James, pero no a su lado, con su varita lista y expresión de molestia. Frank lo miró y luego a su esposa, que denegó y le hizo señas que se ubicara y comenzara con la práctica. Por lo que habían notado el carácter de ese chico se parecía al de él. Aceptó el consejo de Alice, suspiró y se paró al lado de Harry.
—Respira profundo, concéntrate en el latir de tu corazón y deja a un lado lo que ocurrió —le indicó Harry con voz profunda al sentirlo cerca, tanteando hasta ubicarse con su brazo derecho sobre el de él y la mano izquierda en su amplia espalda, ayudado por un auror un poco incómodo—. Tranquilo. Tengo entendido por mis amigos que su patronus es muy bueno. Sólo quiero que haga el hechizo mientras yo sigo su movimiento. Es posible que aprenda algo de usted. —le dijo con una sonrisa tranquilizadora, de mejor ánimo al ya no sentir la presión de los cambios de ánimo de Voldemort.
—Eso es difícil, yo he visto el tuyo ya varias veces, pero gracias por tus palabras —le respondió Frank, destensándose tanto por las palabras como por la actitud amable de Harry—. ¡Expecto Patronum! —convocó su oso pardo plateado, permitiéndole desvanecerse sólo un par de minutos más tarde, al sentir al chico separarse de él.
—Su movimiento es rápido y preciso, además de percibirse mucha seguridad cerca de su patronus —afirmó Harry con una amplia sonrisa—. Estoy seguro que usa usted un recuerdo muy feliz y de la forma correcta, por lo que no considero necesario que practiquemos con otros además de ése. ¿Está de acuerdo?
—Sí. —le respondió con una mezcla de orgullo y asombro el auror. Las reacciones de los chicos con ellos seguían desconcertándolo.
—Bien. Entonces comencemos con el boggart-dementor. —le indicó Harry.
—Estoy ubicado. —le aclaró Frank cuando ya estaba junto a George.
—Uno, dos, tres. —Sintió los efectos del falso dementor sólo por un par de segundos, sonriendo al sentir que el patronus del papá de su amigo lo contenía. Escuchó como casi veinte minutos después el dementor era encerrado en el baúl.
—Tu amigo tiene razón —comentó Frank preocupado—. Tiene mucha fuerza este boggart. ¿De verdad estás bien?
—Sólo un leve dolor de cabeza, pero se me pasará con descansar un rato luego que terminemos las prácticas de hoy. —le respondió Harry con sinceridad.
—Si quieres las suspendemos ya —le replicó el auror aún más preocupado—. Estoy seguro que a James no le molestará no practicar, mientras que Jennifer se enojará mucho si sabe que seguimos cuando tú te sentías mal.
—Me gustaría practicar con James y si ustedes no le dicen nada a Jennifer de mi pequeño malestar ella no se enterará y no se enojará. —le respondió Harry con el tono que usaba para convencer a Hermione.
—Muy bien. —aceptó Frank, un poco renuente a seguir pero sin argumentos para convencerlo de desistir.
Luego de encerrar dos veces más al boggart-dementor decidieron que James comenzara a practicar.
James se sintió un poco incómodo cuando el chico se ubicó junto a él, pero le dejó hacer sin decir nada pues lo había visto hacerlo con su esposa y sus dos amigos.
Harry estaba bastante nervioso. Aunque su papá era levemente más alto, se parecían muchísimo tanto físicamente como en movimientos y reacciones. Esperaba que su mamá y los papás de su amigo no se diesen cuenta de ello.
Pero la suerte no estaba del lado de Harry. Los tres estaban muy atentos a ese tipo de detalles, tensándose mucho al notar el parecido. George suspiró al notarlo. No había nada que pudiese hacer para evitar aquello. Neville tragó saliva y deseó que terminasen pronto con la práctica, pues no sólo en su grupo la situación era tensa. Había notado la preocupación en la mirada de su novia, a pesar de la distancia.
—Tu patronus del otro día se percibía muy bien, James —le dijo Harry lo más sereno que conseguía estar, con su mano izquierda en la espalda de su padre y la derecha en el brazo de éste—. Me gustaría seguir tu movimiento cuando lo convocas para indicarte si detecto algo extraño o aprender de ti, que creo será lo más probable.
—Gracias por el halago pero no lo creo —le respondió afable James, notando el tono respetuoso usado por el chico y el nerviosismo que intentaba disimular—. ¡Expecto Patronum! —convocó su león plateado, mirándolo orgulloso. Lo dejó desaparecer un par de minutos después que el chico se separase de su lado y se acercase a su protector para acariciarle la plateada melena.
Harry, que no había logrado contener el impulso que lo había llevado a hacerlo, suspiró al sentir que desaparecía. Habló rápidamente para evitar preguntas.
—Si estás de acuerdo empecemos ya con el boggart-dementor.
—De acuerdo. —aceptó James de inmediato. Un cúmulo de preguntas habían venido a su mente al verlo, recordando el comportamiento del patronus del chico con él y su esposa la primera vez que lo vieron. Se sentía incapaz de oír las respuestas a sus cuestionamientos, pues se sentiría defraudado si el chico intentaba mentirle y angustiado si le confirmaba sus sospechas por el futuro del que parecían provenir… Uno en guerra.
Neville y George cruzaron miradas, intranquilos. Deseaban que acabasen de una vez, sintiendo de nuevo un mal presentimiento sobre aquella práctica de ese día.
—Ya estoy junto a Júpiter. —le avisó James al líder del grupo de chicos.
—Uno, dos, tres. —contó Harry con aplomo. Sintió el efecto del dementor unos breves segundos, desapareciendo rápidamente, sonriendo. Escuchó casi veinte minutos después como la cerradura del baúl se cerraba y a su papá celebrándolo muy contento. «Con sólo dos prácticas más con papá nos reuniremos con el otro grupo. Tengo un mal presentimiento», pensó inquieto.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
Angela suspiraba mientras escuchaba a su papá fanfarronear sobre su perfecto patronus a Remus. Sirius le decía que su águila superaría con facilidad los siete minutos que le había tomado a la osa de su amigo encerrar el boggart, luego de mantenerlo estático por casi quince minutos. Era el turno de Sirius.
—Sé que ya haces un buen patronus por lo que he oído —le dijo Angela en un tono de voz sereno mientras se ubicaba a su derecha. Le tomó con cuidado de la cintura y el brazo, indicándole—: Quiero que te concentres en eso y te olvides de mí y de todos los demás que están en la sala. Convócalo mientras yo sigo el movimiento que haces.
—Pero… Venus no ha abierto el arcón. —le replicó desconcertado.
—Eso no importa, Sirius —le dijo Angela con dulzura y una tibia sonrisa—. No es el dementor quien debe importarte, no inicialmente, sino lo que está dentro de ti. Quiero sentir el patronus que invocas para hacerte las observaciones que considere pertinentes antes que enfrentemos al falso dementor. ¿Te importa que lo hagamos así?
—No. Así está bien —le respondió con sus ojos grises mirándola inquisitivos. Sacudió la cabeza e intentó concentrarse. Convocó su águila, que desapareció dos minutos después al verla de reojo denegar—. ¿Qué?
—Varias cosas en realidad —le respondió Angela con un leve dejo de recriminación en su tono de voz. Había seguido el movimiento de su varita apenas tocándolo, tanto por sus quemaduras como por no desconcentrarlo—. Primero, estabas más atento a mí que a lo que hacías a pesar de lo que te dije —Continuó a pesar de haberlo escuchado gruñir—. Segundo, te basas en un pensamiento fuerte y un deseo de proteger a otros, no en un sentimiento feliz. Eso te permite generar un patronus fuerte y corpóreo, pero no lograrás mantenerlo mucho tiempo ante verdaderos dementores lo que pondrá en peligro a quien quieres proteger —Al oírlo gruñir más fuerte y sentir que intentaba alejarse lo retuvo por el brazo con un leve apretón—. Tercero, confías demasiado en la varita y en tu facilidad para la magia, pero no en lo realmente importante.
—¿Y se puede saber qué es eso, señorita sabelotodo? —le espetó enojado.
—Los sentimientos tan hermosos que guardas aquí, por el dolor que te infligieron hace años. —le respondió con cariño, posando su mano vendada en el pecho de él para señalarle su corazón. Luego se alejó rápidamente de él hacia el arcón.
Sirius se quedó paralizado al oírla, sintiéndose sacudido por sus palabras y su gesto. Sin poder evitarlo acudieron a su mente las imágenes del ataque en que al menos veinte dementores se habían precipitado sobre Lily, Alice y él, desapareciendo los patronus de ellas en sólo unos minutos y el de él poco después. «Las palabras de la chica… Si tiene razón es mi culpa que ellas resultasen afectadas, cuando deseé tanto protegerlas mientras mis dos amigos luchaban lejos de nosotros tres». Sacudió con fiereza su cabeza y denegó.
—Para enfrentar a esta cosa, tienes que liberar eso que con tanto esfuerzo ocultaste —le dijo con voz fuerte y segura Angela después de unos minutos, percibiendo la lucha de sentimientos en su papá.
Aunque no podían usar sus dones ni sus conocimientos de Magia Antigua, debido al bloqueo del accidente con el que llegaron allí, sí podían percibirlo todo a su alrededor en algunas ocasiones con mucha intensidad. "Radares inestables sin capacidad de actuar" había dicho su novio intentando bromear cuando lo hablaron… No sabía cuanta razón tenía.
—Venus, Leto, no van a intervenir a menos que me escuchen pedirlo o me verán muy enojada después. —les dijo Angela con aquella voz acerada y helada que usaba cuando estaba muy determinada, agachándose a abrir el arcón con sus propias manos en seguida.
Sus dos amigas se estremecieron al oírla, apuntando en su dirección instintivamente con sus varitas pero conteniéndose de usarlas.
Angelica, Jennifer, Remus y Sirius escucharon y vieron aquello desconcertados y asustados. El dementor había salido con mucha fuerza, arrojándose sobre la chica que cayó de rodillas. Los cuatro lo apuntaron con sus varitas y convocaron sus patronus, observando aterrados que apenas si lograban mantener a raya el dementor lejos de la chica. La criatura parecía tener más fuerza que sus cuatro protectores, al estar los cuatro mal anímicamente por lo dicho por ella sobre los sentimientos de Sirius. Sabiendo como había sido su situación con su familia pensaban que lo dicho por ella era muy probablemente cierto.
Primero se desvaneció el patronus de Sirius, luego el de Angelica, seguido del de Jennifer, respirando agitadamente Remus pues casi no podía mantenerlo.
—Ayúdenme a meterlo al arcón. —pidió asustado a las dos chicas, que denegaban con frustración evidente. Con mucha dificultad logró meterlo al arcón.
Angelica lo ayudó a cerrarlo con su varita. Ella, su cuñado, su gemela y su esposo cayeron de rodillas, agotados y afectados.
Angela se quedó junto al arcón agachada en el suelo, como estaba desde que el boggart-dementor la atacase, respirando agitadamente mientras sacudía su cabeza.
—¿Diana? —preguntó Ginny preocupada.
—Aunque en… un primer… momento un… dementor… logre despertar… tus peores… recuerdos… debes saber… superarlo y… enfrentarlo… —dijo Angela mientras se incorporaba con algo de esfuerzo. Sabía que Ginny y Luna se contenían con mucha dificultad para no estar a su lado en ese momento, agradeciéndoles que respetasen su petición de no ayuda—. Nunca se… sabe cuando… te vas a tener… que resistir… a uno de ellos… por un tiempo… mientras consigues… tu varita u… otra para… defenderte… Estoy bien… Venus… Gracias chicas.
—Diana. —musitó Angelica, mirándola con preocupación y un nudo en la garganta. Ya había oído algo similar antes en boca de su hermano mayor, recordando lo dicho por la chica sobre el orfanato y unos tíos tiempo después.
—No pueden permitir… que las situaciones… o palabras de… quienes los rodean… los desconcentren… debilitando sus… protectores… —siguió con firmeza, alejándose del arcón hacia el punto en que había escuchado la voz de Remus cuando les pidió ayuda a sus amigas. Suponía que su tía y sus papás estarían cerca—. No si quieren… enfrentar con… éxito a esas… criaturas —Suspiró al tocar con su pie a alguien y se agachó. Preguntó con un tono dulce, mientras tanteaba en busca de un brazo para ayudar a quien fuese a levantarse—. ¿Estás bien?... ¿Tienes chocolate… contigo o te… doy un poco… del mío?… ¿Quién eres?
—Angelica. —logró responderle con un hilo de voz.
—Toma. —le ofreció un trozo de chocolate, luego de trocear una barra que sacó del bolsillo de su pantalón.
—Gracias. —le agradeció con voz un poco más segura luego de morder un poco.
—¿Me puedes indicar dónde están los otros? —le preguntó con una suave sonrisa.
—Diana, ¿nos permites ayudarlos? —le preguntó Ginny molesta, desplazándose rápidamente hacia ellos al verla asentir—. Come tú también chocolate. —le ordenó, enojándose aún más al verla denegar y levantarse alejándose de ellos. Sabía lo que estaba haciendo con Sirius pues lo había hecho con ella, pero eso no implicaba que no la preocupase.
—Diana, tienes que comer chocolate. —le insistió Jennifer tensa, intentando que su voz sonara firme sin lograrlo.
—No te preocupes… por mí y recupérate… En unos minutos… lo repetiremos… Sirius y yo… pero supongo que… intentaréis de nuevo… intervenir y necesitaréis… vuestras fuerzas. —le respondió alejándose hacia la ventana cercana, que abrió con su varita para respirar el frío aire de invierno y dominar mejor su situación pulmonar.
George apretó sus puños al oírla, mientras retenían entre Harry, Neville y él a Lily, Alice, James y Frank a punta de varita. Las dos parejas miraban a los tres chicos con una mezcla de enojo y desconcierto, sin entender, luego de suspender la práctica de su grupo y acercarse allí preocupados por lo que había ocurrido.
Jessica y Fred retuvieron a Hermione y Ron, con un nudo en la garganta la primera al entender que su prima llevaría a su tío al límite. Había visto a Ginny hablar con ella, esperaba que la hubiese advertido sobre el boggart.
—¡Olvídalo! Yo no practicaré más contigo —explotó Sirius enojado—. Y ahora mismo me comunicaré con San Mungo para que los venga a examinar un sanador. Tú y tus amigos están mal de la cabeza.
Angela suspiró. Sospechaba que sería difícil con él, pero no a ese extremo.
—¿En serio? —se giró hacia él con una sonrisa cínica, calculando el espacio que tenía para hacer lo que se proponía—. ¡Accio varita! —lo desarmó rápidamente—. Primero tendrás que venir por tu varita. —lo retó con cinismo.
—¿Diana, qué pretendes? —preguntó preocupado Harry, pues con su novia no había hecho eso.
—Sólo que Sirius venga por su varita y detenga al dementor, Marte. —le respondió con aquél tono de decisión impertinente que la caracterizaba cuando iba a hacer algo atrevido y peligroso, habiendo logrado regularizar casi totalmente su respiración con el aire frío.
—¡No Diana! —se echó a correr George hacia ella, olvidando retener a los otros. Fue contenido por un escudo invisible que su novia había generado a su alrededor, envolviendo también el arcón—. Por favor mi amor.
—Confía en mí como siempre, Júpiter. —le pidió con dulzura, luego de temblar su labio inferior al oír la desesperación en su voz.
—Diana no, por favor. —le pidió Harry que había llegado junto a George y Neville al escudo, casi al mismo tiempo que el pelirrojo.
Habían sido seguidos de los Potter y los Longbottom, que estaban muy preocupados y enojados pensando que Sirius tenía razón en lo que había dicho. «El comportamiento de estos chicos no es normal».
—Es necesario. —le respondió Angela firme, habiendo recuperado su temple.
—Tiene que haber otra manera. —le insistió Ginny asustada, pues con ella no había llegado tan lejos. Si Sirius no las hubiese interrumpido con sus bromas habría podido advertirle del boggart, pero no había sido así.
—No la hay. No con él. —le respondió la chica de pelo negro, avanzando hacia el arcón. Arrojó su propia varita fuera del escudo, la cual fue capturada en el aire por James con sus reflejos de buscador sin comprender.
Angela suspiró y bajó la cabeza.
—No Diana, este boggart… —intentó advertirla la menuda pelirroja, congelándose al oír lo que su amiga decía para si misma.
—Dame fuerzas para hacer lo que tengo que hacer. —pidió Angela en voz baja, lo cual fue oído claramente por todos debido al silencio sepulcral del lugar. Se agachó, dejó la varita de Sirius en el piso cerca del arcón, suspiró y decidida continuó—. El único que puede penetrar el escudo es Sirius, sin la varita de ningún otro —dijo en voz firme—. Tendrás que entrar, tomar tu varita y detenerlo, o ver como me besa y sumar eso a tus malos recuerdos y los de quienes están con nosotros.
—¿Qué? —preguntaron todos aterrados.
—Por favor mi amor, no. —suplicó derrotado George.
—No hagas teatro —lo regañó Sirius enojado y muy asustado—. Y tú quita este escudo, jovencita.
—Recuerda que has vivido momentos felices, pues tienes esposa y amigos que te quieren mucho y a quienes tú amas, siéndoles fiel hasta la muerte y más allá —siguió Angela con voz pausada, como si dijese una simple lección a Chris & Chris—. Cuando se enfrenta a un dementor no importa todo el dolor que te hayan podido causar, lo importante es tu corazón y tu concentración. —acarició la tapa del arcón y quitó con cuidado el cerrojo, alejándose en dirección opuesta a su papá, hacia la ventana.
Al ver salir el dementor George empezó a sollozar, mientras Harry y los otros chicos intentaban quitar el escudo con desesperación.
Sirius se quedó paralizado. Vio como su esposa y sus amigos, así como los patronus que convocaban, no lograban penetrar el escudo. El boggart-dementor se había abalanzado sobre la chica, que se había apoyado en la pared junto a la ventana y tapaba su boca con sus manos. Angela intentaba tener pensamientos felices y apartar de su mente los que la criatura le generaba, temblando sin lograr controlarse.
El joven hombre de ojos grises, enojado, le quitó la varita a la chica de ojos miel que miraba a la chica de pelo negro sollozando. Intentó entrar con ella, siendo rechazado por el escudo. Se arrojó sobre su mejor amigo y le arrancó de las manos la varita de "la imprudente e impulsiva chica", obteniendo el mismo resultado. Vio aterrado que el dementor, que en ese momento no le parecía tan falso, sujetaba suavemente las muñecas de la chica. Arrojó la varita de Angela y penetró el escudo, abriendo los ojos asombrado al haberlo logrado.
Reaccionó al ver que el dementor había logrado alejar una mano de la boca de la chica. Se arrojó rápidamente sobre su varita y convocó su águila, impulsándola hacia el dementor. Logró alejarlo de ella, viendo y sintiendo que se resistía con mucha fuerza a su patronus pero logrando mantenerlo lejos de la pelinegro. Corrió rápidamente hacia la chica al verla deslizarse hacia el piso.
—¿Diana? —le preguntó Sirius mientras la sujetaba con su brazo libre.
—El arcón. —le susurró Angela con las pocas fuerzas que tenía.
—Este boggart se comporta muy raro. Apenas si logro mantener el patronus. No sé cómo lo estás haciendo pero quita tu control sobre él. —le ordenó Sirius serio y preocupado.
—Yo no… lo estoy… controlando. —le respondió Angela, con la sinceridad reflejándose en su voz débil y asustada.
—Entonces quita el escudo. —la conminó Sirius, nervioso pero intentando ocultarlo con su tono firme.
Veía que la criatura estaba cada vez más cerca de ellos pues su protector se estaba debilitando. Si entendía bien aquellos boggarts tenían demasiados años ocultos en aquella casa, que había sido habitada siempre por magos poderosos, lo cual los hacía muy fuertes.
—No puedo… —le respondió Angela temblorosa. Intentó ayudarlo ubicando su brazo junto al de su papá, pero se sentía muy débil con terribles recuerdos flotando en su mente aún—. Lo hice con mi… varita y la arrojé… fuera para no… defenderme… por instinto.
—¿Qué? —le preguntó Sirius asombrado.
—Sólo desaparecerá… el escudo cuando… el boggart esté… de nuevo encerrado… en el arcón —le explicó. Empezó a sentir de nuevo los efectos al debilitarse mucho el águila, llevándose las manos a la cabeza. Le suplicó a su padre—: Haz que pare, por favor.
—Pero yo no puedo. Es muy fuerte. —replicó Sirius asustado, viendo aterrado que estaba cada vez más cerca de perder al protector.
—Entonces sal… del escudo o… nos dominará… a los dos —replicó Angela con tono derrotado, sintiendo que la falta de esperanza que le había transmitido el falso pero fuerte dementor la embargaban—. En unas horas… se sentirá débil… y se refugiará… en la oscuridad… del arcón… cayendo el escudo… Dile a todos… que salgan de… la habitación… para que no… vean cuando… Júpiter… te amo. —susurró antes de perder el conocimiento.
—¿Diana? ¡Diana! —intentó Sirius que recobrase el conocimiento llamándola y agitándola levemente—. Rayos, reacciona. Toma mi varita y detenlo —le pidió muy asustado—. Tú si sabes cómo hacerlo, yo no —reconoció derrotado, mientras todos fuera del escudo se petrificaban al oírlo—. Por favor, pequeña, no me hagas esto. Despierta. Yo no puedo dejarte sola con eso y tampoco detenerlo —le suplicaba asustado. Sentía que su patronus desaparecería en cualquier momento. Los efectos del dementor sobre él, los recuerdos que estaban despertando de su infancia y adolescencia con sus padres, lo debilitaban aún más— Tal vez si me alejo de ella se transforme en…
—No —negó asustada Hermione—. La desesperanza de Diana lo atraerá hacia ella, no irá por ti.
—Intenta atacarlo como el boggart que es. —lo increpó Angelica asustada.
Sirius intentó pensar en algo chistoso en que convertirlo, para poder detenerlo de esa manera, pero no lograba pensar tan asustado como estaba. Empezó a sentir con mucha fuerza sus efectos pues su águila era ya muy débil.
—No puedo pensar en algo divertido en que convertirlo. —reconoció derrotado.
—Por favor. Diana confió en que podías detenerlo. Por favor, hazlo. —le suplicó George.
—No puedo…
—SÍ PUEDES. —le gritó furiosa y desesperada Ginny, sin dejarlo terminar.
—Un pensamiento feliz, Sirius. Con Angelica, con James, con tus amigos, uno más fuerte que el que estás usando en el que tus sentimientos sean de alegría, de seguridad. Tú puedes encontrarlo. —lo urgió desesperado Harry.
—Algo que te hiciese sentir libre de todo y de todos. —le insistió Hermione mientras sollozaba con sus manos contra el escudo.
—El primer viaje en el Expreso de Hogwarts. —dijeron a coro James y Remus, pues los dos sabían que para su amigo lo ocurrido ese día había sido en su interior un grito de libertad.
Todos, a excepción de Hermione, Ron y Harry, pudieron ver como el patronus de Sirius recuperaba su corporeidad, haciéndose aún más fuerte y brillante que cuando lo convocó. Los tres que no habían podido verlo sintieron, sin embargo, la súbita fuerza mágica del protector.
—Enfócate con igual intensidad en tus sentimientos y en lo que quieres que tu patronus haga. —le indicó Harry.
El pelinegro de ojos grises asintió y empujó al boggart-dementor hacia el interior del arcón mediante su patronus, sellándolo. Respiró más tranquilo al ver desaparecer el escudo y a todos arrojarse hacia ellos.
George tomó rápidamente a su novia entre sus brazos y empezó a llamarla. No lograba concentrarse lo suficiente para aplicarle un simple hechizo para hacerla reaccionar, pues su varita se movía incontrolable en su mano temblorosa.
—¡Rennervate! —lo intentó Luna, empezando a llorar con más fuerza al ver que no reaccionaba con el hechizo.
—Vamos hermanita, no nos hagas esto. —suplicó Harry desesperado. Le introdujo en la boca un poco de chocolate que había derretido con su varita, guiado por George para llevárselo a los labios, como ella le había dicho que hiciese en caso de emergencia cuando habían practicado con Ginny el patronus de la menuda pelirroja.
—Mmm. —murmuró Angela mientras se movía levemente en brazos de su novio, al reaccionar un poco luego que tragase instintivamente el trozo de chocolate fundido que Harry había logrado deslizar entre sus labios.
—Sí mi amor, eso es. —la animó George con un asomo de esperanza, mientras Ginny, Jessica y Harry fundían rápidamente tres cuadritos más y se lo pasaban con cuidado a través de su boca, que el pelirrojo le mantenía levemente entreabierta.
Las cuatro parejas los miraban consternados.
—Diana, mi amor, reacciona por favor. —le pidió una vez más George, preocupado porque aún no le respondía ni intentaba moverse.
—¿Mi amor? —susurró Angela mareada.
—Sí mi vida, soy yo. —le confirmó George feliz, mientras una lágrima se escapaba de sus ojos azules y caían en el vendaje del rostro de ella.
—No dejes que… esos seres… lastimen a… Sirius. —le suplicó Angela al tener en su mente los recuerdos de lo vivido al ir tras el Velo, usando el nombre de su papá como hacía siempre que usaban entre ellos los de batalla.
—Tranquila mi amor. Sirius está bien, al igual que Angelica, Jennifer, Remus, Marte, Electra, Lily, James, Alice, Frank, Venus, Leto, Gea, Urano, Neptuno y Mercurio. —le dijo George rápidamente, asustado, introduciéndole otro poco de chocolate en la boca. Esperaba que reaccionase al nombrarle a la mamá, la tía, los papás de Harry y los de Neville, además de comer un poco más de la tableta, pues sospechaba que podría haberle dicho aquello por sus pesadillas con los tyrenox y el papá.
—¿Sirius? —preguntó Angela intranquila unos minutos después. Acababa de recordar lo ocurrido antes de perder el conocimiento, dónde estaba, en que época y con quiénes, gracias a lo dicho por su novio mientras le daba chocolate. Tanteó con su brazo izquierdo de forma débil y torpe en su búsqueda.
—Tranquila pequeña. Aquí estoy. —le dijo Sirius con una mezcla de enojo y preocupación mientras le tomaba del brazo.
—Perdón por… lo que hice —le suplicó Angela arrepentida—. No sabía… que el boggart… tenía tanta… fuerza y… me dominó… como dementor… Por eso no pude… ayudarte con… tu varita a… detenerlo.
—No alcancé a advertirle. —afirmó Ginny sollozando, arrepentida por no haber contenido las bromas de Sirius y decirle aquello aunque él se enojase.
—Tranquilas. Ya todo pasó. —les dijo Remus, comprendiendo ahora lo ocurrido antes cuando su amigo bromeaba y la menuda pelirroja lo miraba enojada por interrumpirlas.
—Tenías razón en cuanto a mi patronus y mis sentimientos, Diana —le comentó Sirius intentando calmarla, mientras el nudo en su pecho se apretaba—. Gea, Júpiter, Marte, Venus, Angelica, James y Remus lograron que consiguiese uno bueno y dominar al falso dementor —Al verla sonreír con aquellos labios tan pálidos sintió ganas de llorar—. No vuelvas a hacer algo así, pequeña. Nunca más te quedes indefensa por ayudar a otra persona, por favor. Me asustaste terriblemente.
Angela asintió con las pocas fuerzas que tenía.
George intentó sacar del bolsillo lateral en la pierna de su pantalón un vaso de poción para los pulmones, pero aún estaba temblando y no lo lograba. James se dio cuenta y lo ayudó rápidamente. Sonrió al ver la expresión agradecida en los ojos del chico, tomándola Angelica de las manos de él y ayudándolo a dársela a la chica.
Jennifer mientras tanto la evaluaba con la varita, pues veía que Ginny y Jessica lo intentaban pero estaban demasiado nerviosas y no lograban hacerlo. Se mordió los labios y denegó con frustración, pues la chica estaba bastante mal. De no haber presenciado todo lo ocurrido los hubiese regañado a todos hasta quedar sin voz por no obedecerle y que ella llegase a ese estado. Le hizo señas a George que le diese más chocolate en cuanto vio a su hermana terminar de darle la poción extraña para los pulmones.
Sólo cuando la vieron recuperar un poco el color de sus labios e intentar sentarse apoyada en su novio respiraron más tranquilos.
—Tranquila Diana. Guarda tus fuerzas. —le indicó la estudiante de medimagia sin permitirle moverse.
—¿Jennifer? —preguntó preocupado Harry, que ya no aguantaba la tensión por no saber cómo estaba Angela.
—Tranquilos —dijo Jennifer al comprender del tono ansioso del chico que los tres que no podían ver debían estar muy asustados—. Se está recuperando.
Hermione, Ron y Harry suspiraron aliviados, soltando la tensión. En ese momento los demás comprendieron que los tres debían estar muy angustiados por el silencio durante los últimos diez minutos, mientras George, Angelica y Sirius le daban chocolate a Angela en silencio muy atentos a sus reacciones y las indicaciones por señas de Jennifer.
—Vamos a llevarlos a los diez a descansar a los cuartos. —dijo decidido James. Sonrió al ver a su mejor amigo pedirle por señas al novio de la chica que le dejase cargarla y a éste asentir.
Media hora después que cayese el escudo de Angela estaban los diez chicos dormidos profundamente, después que los quince que podían tomaran poción tranquilizante y los nueve chicos adicionalmente poción para dormir sin soñar, por instrucciones de Jennifer después de curarles la zona cercana a los ojos y luego que Ginny durmiese a Angela con el hechizo.
Jennifer logró convencer a Lily y a Alice para hacerlas dormir también con el hechizo. Su papá se lo había enseñado por la chica de pelo negro y sus dos amigas, ya que no afectaría a sus bebés. Estaba preocupada por la tensión vivida estando embarazadas.
Dejaron a Dotty en el cuarto de las chicas, a Wykers en el de los chicos, a Idun en el de Lily y a Tyr en el de Alice, atentos a su descanso, bajando a hablar en la biblioteca.
—Es mi culpa que los dementores afectaran tanto a Lily y a Alice el otro día. —rompió el silencio Sirius, sacando de adentro lo que lo estaba enloqueciendo.
—No, no lo es —lo contradijo James—. Hiciste tu mejor esfuerzo con las herramientas que tenías en ese momento. Lo que sí es mi culpa es lo que acaba de ocurrir. Debí detener la práctica cuando nos enteramos, por una conversación de Marte y Júpiter, que les preocupaba lo que pudiese ocurrir entre Diana y tú.
—No es cierto que sea tu culpa, James —refutó Frank—. Ni siquiera los chicos sabían que Diana llegaría a esos extremos o no se lo habrían permitido. El problema fue que no le hubiesen avisado del boggart a tiempo. De haberlo sabido creo que la chica no se habría arriesgado así. Seguro que hubiese intentado otra cosa.
—Eso sí es mi culpa —afirmó derrotado y con tono culpable Sirius—. Por estar con mis estúpidas bromas no le permití a Venus que le avisase.
—Tú solo querías destensarnos a todos —lo contradijo con dulzura Angelica—. Tampoco sabías que ese boggart tenía esa fuerza.
—Me preocupa mucho el efecto de los boggart-dementores sobre Diana y Marte —comentó Frank ceñudo, aclarándole a las gemelas y Sirius al ver sus expresiones interrogantes al nombrar al chico—. Él tenía dolor de cabeza y Júpiter estaba preocupado por Marte, a pesar que nunca estuvo más de unos segundos sin un protector entre esa cosa y él.
—Ahora entiendo porqué lo percibí tan débil al evaluarlo. —comentó Jennifer preocupada.
—Marte dijo que nunca habían practicado con boggarts tan fuertes, que se comportasen como dementores viejos y desarrollados —les contó pensativo James—. Esa comparación implica que se han enfrentado a unos como los que ubicó el Ministerio en las peores celdas de Azkaban. No lo entiendo.
—Lo que sí es evidente es que los chicos hicieron su mejor esfuerzo hoy por ayudarnos a mejorar en cuanto a los patronus, aún poniendo en riesgo su salud —opinó Remus muy serio—. También lo es que los diez son demasiado buenos en Defensa contra las Artes Oscuras, Transformaciones y Encantamientos, por lo que pudimos ver antes que nos interrumpiese la castaña para pedir el practicar con el boggart.
—Estoy seguro que eso lo hizo porque se dio cuenta lo que intentábamos —agregó James, continuando luego de verlos asentir—. Sospecho que ahora más que nunca presionará a sus compañeros para irse de aquí —Al ver denegar a Jennifer y Angelica enojadas suspiró—. Es muy lista, debe haber percibido los detalles que sus compañeros dejaron escapar sobre sus identidades.
—No tenemos nada firme aún, pero… —Angelica se detuvo pensativa—. Estoy casi segura que son familiares nuestros o de amigos íntimos y lo recuerdan todo, pero fingen no poder hacerlo para no hablarnos sobre sus vidas y no darnos pistas —Al ver a su hermana y su cuñado mirarse nerviosos se mordió los labios, pero continuó decidida—. Cuando Diana reaccionó le pidió a su prometido: "No dejes que esos seres lastimen a Sirius". Habló de "seres", en plural. No se estaba refiriendo al boggart sino a algo que la obligó éste a recordar como dementor, algo que la asusta mucho. Además Júpiter rápidamente empezó a nombrarnos a los diecisiete mientras le daba chocolate, seguramente para ayudarla a ubicarse con quienes estaba mientras se recuperaba para que no hablase demás por su estado.
»Si a eso se le suma lo que le dijo a Sirius sobre sus sentimientos y su pasado… A él lo conoce ella muy bien y sabe cosas que mi esposo no le contaría a un desconocido. Lo que me desconcierta un poco es que Marte llamase "hermanita" a Diana cuando estaba asustado porque no reaccionaba.
Su esposo, hermana y amigos la miraban atónitos. Fruncieron el ceño cuando reaccionaron, pensativos, analizando lo dicho por ella.
—Familiares nuestros o no tenemos que hacer lo posible porque se tranquilicen y no se vayan de aquí —rompió Frank el silencio luego de algunos minutos—. Ya nos hablaron de participar en batallas y nos han demostrado que son muy unidos y arriesgados, especialmente los dos que tienen como peor miedo al miedo mismo. Estoy seguro que arrastrarán a los otros a participar en la guerra apenas salgan de esta casa.
—Vamos a descansar —sugirió Jennifer luego de algunos minutos más al notar la tensión en todos—. Estamos todos agotados tanto por las prácticas como por lo ocurrido con Diana. Más tarde nos reuniremos de nuevo para hablar de todos los detalles sobre sus identidades que hemos podido percibir. Cuando todos hayamos descansado un rato bajamos con ellos a comer y los distraemos con bromas y anécdotas escolares, hasta que yo indique que los llevemos a dormir.
Todos asintieron e hicieron lo indicado por ella. Tres horas más tarde comieron los ocho con los chicos en el comedor, escuchando una vez más a Angela disculparse con Sirius por lo ocurrido y a él tranquilizarla. Sirius empezó de inmediato a hablar sobre sus bromas con sus amigos cuando estudiaban en el colegio. Su esposa y sus amigos se le unieron de inmediato, seguidos de los gemelos Weasley, con la firme intención de calmarlos a todos y que no se volviese a hablar de lo ocurrido.
Los diez chicos se fueron a la cama sin protestar un par de horas más tarde, cuando lo indicó Jennifer. Estaban aún preocupados por Jessica, Angela y Harry. Los tres habían dicho sentirse bien pero no cuestionaron la orden, nervioso cada uno de ellos por los otros dos.
Se reunieron entonces los Potter, los Black, los Lupin y los Longbottom en la biblioteca. Analizaron con detalle todo lo ocurrido ese día, decidiendo qué y cómo le dirían a Albus Dumbledore de lo sucedido con los chicos. Evitarían explicarse mucho en la evaluación que les hicieron antes de comenzar con los patronus. No le dirían todos los detalles que habían notado en los chicos, para que no se enterase de sus intenciones del desayuno al proponer la práctica. Después lo llamaron.
Cuando terminaron de contarle la versión suave que habían formulado al director, éste estaba muy preocupado. Le dijo a Sirius que no era su culpa ni lo ocurrido en el ataque al que habían ido los dementores, ni lo hecho por la chica, pues sabía por su actitud desde que había llegado que estaba angustiado y ahora que le habían contado su práctica con la chica lo entendía. Subió a ver a los diez chicos, que ya dormían. Se quedó sentado junto a la cama de la chica de pelo negro unos minutos, mirándola triste y pensativo.
Después que salieron de los cuartos subieron con él al amplio salón de prácticas, donde aún estaban los dos boggarts en el baúl y el arcón. También estaba allí lo que habían usado en las prácticas con los chicos antes de iniciar con los falsos dementores, en la pared junto a la puerta dónde habían dejado todo para tener espacio para moverse sin que les estorbase. Todo estaba igual desde que abandonaron el lugar con los chicos, pues no se sintió ninguno con suficiente ánimo para subir después de eso hasta ahora que estaban allí con el líder de La Orden del Fénix y director del colegio.
—¿Albus? —preguntó James al verlo ubicarse frente al baúl, apuntándole con su varita.
—Quédense dónde están. —les ordenó con firmeza.
Liberó al boggart, que para el asombro de los ocho se transformó en un dementor. Lo dejó actuar un minuto, antes de convocar su fénix plateado y hacerlo retroceder hasta cerca del baúl con el ceño fruncido. Desvaneció su protector y lo atacó como boggart, disfrazándolo como bebé gigante con chupete sobresaliendo del traje de cuerpo entero con capucha y mitones. Se rió a carcajadas al verlo intentar quitarse lo que le estorbaba en la boca sin lograrlo, destruyéndolo. Luego se dirigió al arcón y repitió el mismo procedimiento.
—Eran demasiado viejos y fuertes estos boggarts —les dijo Albus a las cuatro parejas muy serio, mientras se acercaba a ellos—. Me alegra que Sirius lograse dominar su encantamiento patronus o lo hubiese besado al igual que a Diana. Se hubiese transformado entonces en un dementor real al absorber las almas de los dos, saliendo luego del escudo que no estaba seguramente conjurado para detener a ese tipo de criatura.
—¡¿QUÉ?! —gritaron aterrados los ocho.
—Es la forma más inusual de generarse un dementor, pero puede llegar a ocurrir —les respondió mirando preocupado al esposo de su hija rebelde y a ella, los dos sin color en el rostro—. Ocurre cuando un boggart fuerte y totalmente desarrollado se enfrenta a alguien cuyo peor miedo es el miedo, no logra defenderse y pierde su alma ante el falso dementor. Estoy seguro que los chicos no lo saben, por lo que me han dicho.
—No, no lo saben. —murmuraron todos a excepción de Sirius. Recordaban claramente cuando la chica le dijo a su amigo que saliese del escudo y la dejase sola con la criatura, que ella esperaba en algún momento regresaría a refugiarse en el arcón como un boggart. Lo miraron de reojo, preocupados por él.
—Tranquilo muchacho. Gracias a ti no hay nada que lamentar. —le dijo a Sirius con afecto el director del colegio, colocándole las manos sobre los hombros para transmitirle un poco de energía con el fin de reconfortarlo, preocupado por como se veía.
Sirius estaba respirando agitado y denegando febrilmente. Albus hizo aparecer un mueble cómodo y lo sentó allí, guiándolo con suavidad pues el pelinegro de ojos grises aún no coordinaba bien sus movimientos. Atrajo ocho sillas del fondo de la sala e hizo aparecer una pequeña mesita con un servicio de té. Jennifer le agregó poción tranquilizante al de su cuñado y al de su hermana, sin que Angelica protestase preocupada por como estaba su esposo.
—Jennifer, Remus —les llamó la atención unos minutos después el hombre mayor, cuando vio más tranquilo a Sirius—. Hay dos boggarts jóvenes en el colegio, uno en las cocinas y otro en el cuarto de las escobas. Le diré a Minerva que los acompañe para que los busquen y los traigan aquí —Al ver a Sirius palidecer de nuevo y denegar sonrió paternal—. Quiero practicar con ustedes y Alastor mañana sus protectores —dijo en tono suave y tranquilizador—. Estoy seguro que a los chicos les alegrará saber que han logrado que sorprendan a su mejor profesor en Defensa Contra las Artes Oscuras de la Academia de Aurores gracias a su ayuda, aunque no puedan verlo.
—Será excelente verle la cara a Alastor cuando salga un dementor del baúl debido a la presencia de papá y que tú lo domines con facilidad, mi amor. —le dijo Angelica con dulzura a su esposo acariciándole su cabeza, alborotándole un poco el pelo. Sonrió al oírlo gruñir y arreglarse la melena rápidamente.
—Cuando vea los de todos se sorprenderá mucho y se molestará porque lo logramos sin él. —afirmó James. Sonrió al ver que su mejor amigo reaccionaba normal, brillando los ojos grises y sonriendo ante su comentario.
—Los espero a las diez de la mañana en el despacho entonces —les dijo el director a los Lupin, levantándose de la silla—. Vamos todos a descansar. Yo vendré mañana temprano a hablar con los chicos.
Los ocho respiraron más tranquilos al oír lo último, pues habían notado que los chicos lo respetaban mucho y le obedecían. Lily les pidió a los Longbottom que se quedasen esa noche en la casa y ellos accedieron.
Al amanecer se produjo otra fuerte discusión en el cuarto de las chicas, pues Hermione insistió con que se fuesen de allí. Inicialmente lo hizo con suavidad y tacto, pero ante las negativas de Jessica y Angela fue subiendo el tono hasta regañar a la segunda con fiereza por lo hecho el día antes "provocando una situación crítica sin necesidad".
Le dijo los detalles que había dejado escapar sobre Sirius ante todos además de ponerlo en un grave peligro, sin hacer caso de los intentos de silenciarla de Jessica, Luna y Ginny. La menuda pelirroja vio con preocupación como la chica de pelo negro, que había estado discutiendo entre sollozos, no le respondía y se llevaba las manos al pecho mientras la prima se abalanzaba hacia la castaña con sus ojos dorados luciendo furiosos.
—¡YA BASTAAA! —gritó Jessica tan fuerte que su voz retumbó en toda la casa, casi en silencio hasta ese momento. Avanzó furiosa hacia la castaña varita en mano.
Un minuto después entraban al cuarto los cinco chicos, muy asustados. Los tres que podían vieron a Luna interponerse entre Jessica y Hermione con un escudo, mientras Ginny se acercaba rápidamente a Angela con un vaso de poción color verde grama en la mano. Notaron aterrados que la chica no lograba que el aire entrase a sus pulmones.
—¡QUITA EL ESCUDO, LETO! —gritaba Jessica fuera de sí, sin oír a Luna pedirle asustada que se calmase y recuperase el control de sus emociones—. ¡LE VOY A HACER ENTENDER QUE NO PUEDE SEGUIR HACIÉNDOLE DAÑO!
—¡SÍ, QUÍTALO LETO, A VER SI DE UNA VEZ LOGRO QUITARLES EL HECHIZO CONFUNDIDOR Y QUE ENTIENDAN ELLA Y DIANA QUE NO PUEDEN SEGUIR…! —respondió también a los gritos Hermione.
—¡Expelliarmus! —desarmaron simultáneamente Fred y Ron a sus novias—. ¡Silencio! —las acallaron seguidamente, asustado el mayor al ver la mirada dorada de su prometida, con sus pupilas alargadas.
—Calma, mi amor. Respira despacio. Por favor tranquilízate, todo está bien. —le decía George a Angela, que había corrido rápidamente junto a ella. La había abrazado de tal modo que quedasen sentados, apoyado él en la pared, con la espalda de su novia apoyada en su cuerpo y la cabeza en su hombro levantada hacia arriba para que tuviese mayor facilidad para que respirase.
Angela se sentía muy débil, con las palabras de Hermione y lo ocurrido el día anterior retumbando en su cabeza. Se aferraba a los brazos de su novio mientras intentaba con desesperación que el aire entrase a sus pulmones.
Ginny la miraba muy asustada. Viendo que estaba atragantada con su propio llanto no se atrevió a darle la poción que tenía en las manos. Decidida le apuntó con su varita.
—¡Anapneo! —Al ver que lograba introducir algo de aire en sus pulmones asintió en dirección a su hermano, mostrándole el vaso. Se lo acercó a la boca en cuanto él la acomodó un poco—. Sé que es difícil pero intenta beberla y respirar entre trago y trago.
—Respira despacio Diana, tranquila. Tú puedes hermanita, respira. —le decía muy asustado Harry, que no podía ver cómo estaba pero lo suponía de lo dicho por su novia y su cuñado.
Pero Angela aspiró aire junto con la poción y se vino en vómito. Todos se asustaron mucho al ver muy pálido el contorno de sus labios, que habían perdido el color. Al escucharla Hermione y Jessica se paralizaron en brazos de sus novios que las contenían hasta ese momento, evitando que se zafasen del fuerte abrazo en que las tenían para que no recuperasen sus varitas ni siguiesen avanzando la una contra la otra.
En ese momento también entraban al cuarto los otros ocho habitantes de la casa, mirándolos muy asustados. Luna había quitado el escudo al ver a Jessica y Hermione inmovilizadas por sus novios, girándose a mirar a la chica de pelo negro. Abrió al máximo sus ojos plateados al ver su estado, paralizada por la impresión. Se giró luego a ver a los recién llegados, mordiéndose los labios al pensar que todo se complicaba con su presencia allí.
Jessica la miraba aterrada. Giró su cabeza a mirar suplicante a Fred, que asintió y le devolvió su voz y su varita con hechizos silenciosos. Se acercó luego con ella a la cama en que intentaban su gemelo, su hermana y su cuñado ayudar a la chica.
—Pronto, Júpiter, ponla en posición fetal, de lado, con la cabeza ligeramente hacia arriba. —lo urgió la chica de ojos miel asustada.
George hizo lo que su cuñada le indicaba ayudado por Ginny, aterrados por lo que implicaba.
Hermione temblaba en su cama, donde la había llevado y sentado Ron. Se sentía terriblemente culpable de lo que escuchaba, rogando de corazón que lograsen sacarla de la crisis. Sintió como su prometido le devolvía la voz y le entregaba la varita, abrazándola, susurrándole que todo estaría bien con un tono cargado de preocupación.
—Por favor mi amor, sólo piensa en nosotros, en nuestro futuro juntos. Olvida todo lo demás. Tú puedes lograrlo, respira. —le pedía muy asustado George un par de minutos después. Notaba como las fuerzas le fallaban a Angela, pues la sujeción de sus manos en sus brazos era cada vez más débil mientras sus labios empezaban a adquirir un tinte azulado.
La chica de pelo negro aún no lograba que el poco aire que lograba asimilar se quedase el suficiente tiempo en sus pulmones para absorber el oxígeno.
—¿Venus? —preguntó asustado Harry al oír el tono de voz del gemelo.
—No logra recuperarse con lo poco que logró tomar de la poción. —le respondió con lágrimas en los ojos.
Fred sujetó rápidamente a Harry y lo echó hacia atrás cuando vio que Angela empezaba a toser, llenándose las vendas de sus manos de sangre al intentar cubrirse la boca. Jessica y Ginny rápidamente apuntaron con sus varitas en dirección cada una a uno de los pulmones de la chica de pelo negro.
—¡Sangrate Internus Stop! —le aplicaron simultánea y rápidamente hechizos para detener sangrados internos—. ¡Anapneo! —le aplicó seguidamente Ginny para eliminar la sangre en las vías respiratorias.
Observaron que intentaba tomar una profunda inspiración, pero no lograba llevar suficiente aire a sus pulmones y dejaba escapar muy pronto el que había logrado tomar, sin fuerzas para repetir el esfuerzo de inhalar profundamente.
George le hizo entonces una leve presión en la parte inferior del diafragma, obligando a su organismo a tomar aire una vez más.
—Vamos mi amor, tienes que tomar aire. Tú puedes. —le pedía con cariño intentando ocultarle su desesperación.
Jennifer convocó rápidamente su maletín de medimagia y sacó poción revitalizante. Se le acercó y le vertió unas gotas en la boca, que Angela tragó, recuperándose un poco. La chica tomó de nuevo aire profundamente.
—Eso es, Diana. Vamos, respira. —le indicó con voz cálida la gemela.
—Duele, arde. —susurró Angela.
—La ventana. —le musitó Harry a Fred, que lo sujetaba para que no intentase regresar junto a la cama.
—Quédate quieto para que ellos puedan ayudarla. —le respondió el gemelo pelirrojo mientras lo soltaba y con su varita abría la ventana, entrando en seguida aire frío a la habitación.
Jennifer le dio más gotas de poción revitalizante a Angela. Al ver que sus labios perdían el tinte azulado, al haber logrado inspirar con más frecuencia, le recibió el otro vaso de poción para los pulmones a su hija y se lo ayudó a beber lentamente. Se preocupó mucho al evaluarla luego con la varita y confirmar lo que había notado con su mano al tocarla cerca de los labios, se le había disparado la fiebre.
—Yo no… quise… Sirius… peligro… —empezó en voz baja Angela cuando su respiración ya era menos irregular, queriendo disculparse.
—Shhh, tranquila mi amor. Guarda tus fuerzas. Todo está bien, shhh. —la acalló George, acariciándole con dulzura los brazos y el rostro arrullándola.
—Vamos a cambiarte el vendaje de tus ojos y luego vas a dormir un ratito. —le dijo con dulzura Ginny.
—Cuando despiertes todos estaremos más tranquilos y hablaremos lo que quieras. Pero ahora quiero que estés muy tranquila, hermanita. —siguió Harry con cariño.
—Está bien… hermanito. —le sonrió levemente Angela.
Ginny procedió a quitarle con cuidado los vendajes de los ojos, quejándose Angela con los cercanos a sus párpados que estaban anegados entre lágrimas y el ungüento para las quemaduras. Con mucho cuidado le curaron sus ojos y la volvieron a vendar. Luego Jessica la hizo dormir con su varita.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
Alice había salido al pasillo con Dotty cuando vio que la chica no respondía con la poción, como había ocurrido en las crisis anteriores, pidiéndole a la elfina que fuese a buscar al director de Hogwarts con urgencia. Temía que se presentase la disyuntiva sobre llevar a la chica al hospital de emergencia.
Al llegar el director vio muy asustado a dos de las chicas aplicándole un hechizo para detener hemorragias internas a la chica de pelo negro. Se acercó al grupo conformado por Lily, Alice, Angelica, Sirius, Remus, James y Frank, que observaban aterrados aquello.
—¿James? —preguntó en voz muy baja, intentando no sobresaltarlos.
—Nos despertó un grito de Electra —le respondió el auror de lentes en el mismo tono cuando se recuperó del susto, pues no lo había sentido llegar—. Al llegar conseguimos a Mercurio inmovilizando a Electra, mientras Urano lo hacía con Gea, Leto quitando un escudo entre ellas y Neptuno paralizado mirando a Júpiter, mientras Venus y Marte estaban auxiliándolo con una crisis respiratoria de Diana.
—No respondía a la poción. Por eso le pedí a la elfina que te buscase, Albus —explicó Alice en voz muy baja—. Si no logran que se recupere habrá que llevarla a San Mungo.
El director frunció el ceño y asintió levemente. Vio que su hija lograba que la chica inspirase aire, llevándola poco a poco a una respiración medianamente regular con ayuda de los chicos. Observo como la chica pelirroja le curaba luego los ojos y seguidamente la de ojos miel la hacía dormir con el hechizo.
—Esto no debió pasar. —afirmó Luna mirando a Hermione furiosa.
—Tienes razón, Leto —la apoyó Neville con el ceño fruncido mirando a la castaña—. Ya habíamos hablado de esto, Gea. Habíamos llegado a un acuerdo para evitar que algo como esto ocurriese. —le dijo con tono duro.
—Lo siento tanto. —se disculpó Hermione con la cabeza baja, arrepentida de haberse dejado llevar por su fuerte convicción de que era ella quien debía hacerlos reaccionar y sacarlos de allí. Además que las discusiones con Angela la exasperaban a tal punto que olvidaba que la chica no debía sufrir alteraciones de ese tipo.
—La señorita Gea y yo hablaremos en unos minutos —dijo con voz muy seria Albus Dumbledore, cortando la respuesta que veía surgir en la chica de ojos miel—. Primero todos van a tomar poción tranquilizante.
—Sí señor. —aceptaron los diecisiete. Sentían que se quedaban sin fuerzas luego del fuerte estado de tensión vivido, sentándose en las otras camas del cuarto los que estaban de pie hasta ese momento.
Los cuatro elfos desaparecieron después que el profesor Dumbledore les pidiese que llevasen té y un desayuno suave para todos, reapareciendo con lo pedido minutos después.
George se tomó sin protestar el té con poción tranquilizante, pero sólo la persistencia de Jennifer y Harry lograron que comiese un poco.
—James, yo quisiera pedirte que me permitieses quedarme junto a Diana. —le pidió al terminar de comer todos.
—Claro que sí, Júpiter. —le respondió de inmediato el auror de lentes, sonriéndole comprensivo. Sus ojos color avellana miraron en seguida a la chica con preocupación.
—Joven Gea, vamos a la biblioteca. Tengo que hablar con usted. —le dijo muy serio el director.
—Sí señor. —aceptó en voz baja Hermione, levantándose de la cama donde había estado hasta ese momento.
—Lo siento joven Urano, pero hablaré con ella a solas. —contuvo el director a Ron, que había avanzado tras su novia.
—Sí señor. —respondió el pelirrojo más alto con una mezcla de enojo, frustración y preocupación.
Al salir del cuarto la castaña y el director, los seis chicos que podían ver se quedaron mirando preocupados a la chica de pelo negro y luego a sus acompañantes.
—¿Qué pasó aquí, chicas? —preguntó Angelica preocupada.
—Gea quiere que nos vayamos de aquí para no seguirles ocasionando inconvenientes —respondió Jessica cabizbaja—. Diana, Venus, Leto y yo quisiéramos quedarnos con ustedes un poco más, al menos hasta que todos nos hayamos recuperado totalmente. Discutimos y… —no pudo seguir.
—Lo que dijo Diana cuando logró hablar… —intentó preguntar Sirius, mirando angustiado a la chica. «Tiene tan pálidos los labios y el perlado sobre el labio superior…». Lo asustaba mucho que estuviese tan mal.
—Gea le reclamaba el haberte puesto en peligro ayer. Eso fue lo que le suscitó la crisis tan grave. —le respondió Ginny mirándolo de reojo, mientras le pasaba a Angela un paño húmedo por los labios.
—Ella no debió regañarla por lo que pasó ayer. Fue mi culpa, no suya. —afirmó Sirius dolido y angustiado.
—No fue tu culpa, Sirius. —lo contradijo Harry en un tono suave.
—Si yo hubiese dejado que Venus le advirtiese sobre el boggart no hubiésemos estado en peligro todos. —le respondió el pelinegro sin pensar, con sus ojos grises fijos en la chica.
—¿Qué quieres decir con que estuvimos en peligro todos? —preguntó Harry de inmediato, sin entender el porqué había dicho aquello. Sin embargo sabía que su padrino además de ser impulsivo era sincero en lo que decía, a menos que intentase encubrir alguna broma de Los Merodeadores.
—¡Sirius! —exclamó exasperada Lily.
—Yo no… —intentó enmendar Sirius.
—No nos mientas ahora, por favor. —lo interrumpió Ginny.
—Albus nos explicó ayer que… —Sirius suspiró, sabía que ahora tenía que decirles, pero no era fácil— Si no hubiese logrado contener al boggart, al ser tan viejo y fuerte… —Denegó mientras cerraba los ojos. No tenía fuerzas para explicárselos.
—Si mi esposo no hubiese dominado al falso boggart con su patronus y les hubiese absorbido el alma a Diana y a él… —Angelica se detuvo mirando a la chica, temblando sus labios. Tomó una inspiración profunda y terminó— Se hubiese convertido en un dementor real que hubiese salido del escudo de Diana y nos hubiese atacado a todos.
—¿Qué? —preguntó casi sin voz Harry, mientras los demás chicos miraban a la mamá de su amiga petrificados.
—Eso nos explicó anoche Albus —respondió Frank—. Es la forma más inusual de generarse un dementor, pues con casi nadie los boggarts se convierten en dementores.
—No lo sabíamos —comentó en voz baja George, mirando asustado a su novia—. De haber sabido el riesgo que corríamos todos no hubiésemos seguido practicando con esos boggarts, en cuanto nos dimos cuenta que eran tan fuertes. Ni mucho menos Diana hubiese… —se detuvo mirándola, denegando febrilmente y respirando agitado.
—Lo sabemos, Júpiter. Tranquilo. —le dijo Alice de inmediato.
—Por favor, que nadie le diga nada a Diana por unos días. —les suplicó George preocupado por su reacción al saberlo.
—Si no me hubiese ido de la lengua ni siquiera ustedes lo sabrían. —replicó Sirius cabizbajo, denegando.
—No. Es mejor que nos lo hayas dicho —lo contradijo Harry de inmediato—. No podemos volver a usar esos boggarts para practicar.
—Tranquilos, chicos, Albus los destruyó anoche mismo. —les aclaró James.
—Nos dijo que buscáramos hoy dos boggarts jóvenes en el colegio, para practicar con Alastor los patronus tan buenos que ustedes consiguieron ayer que convocáramos. —completó Jennifer.
—Pero Diana y yo no podemos… —empezó Harry en voz alta, alarmado.
—Tranquilo, lo sabemos —lo interrumpió Remus—. Anoche también nos enteramos que el boggart del director es un dementor. Será él quien practique con nosotros.
—Lo siento, no debí levantar la voz. —se disculpó Harry de inmediato, pensando que él eso no lo sabía del director y suponía que sus nietas tampoco.
—No te preocupes Marte, lo entendemos. Todos estamos aún nerviosos —le dijo con dulzura Lily—. Mañana es el cumpleaños de Remus y, puesto que la mayoría estaremos en el trabajo, hemos pensado celebrarlo hoy. —siguió con una sonrisa. Aquello no era cierto pero quería destensarlos.
—Como estoy casi segura que Diana se restablecerá bastante con el descanso y estoy convencida que es mejor distraerla de lo ocurrido ayer y hace un rato, creo que sería muy conveniente que cuando despertase todos estuviésemos muy concentrados en preparar una pequeña celebración. —le siguió la idea Jennifer, hablándoles suave y con cariño.
—Perdona que hayamos comenzado tan mal con tu día, Remus. —se disculpó Jessica, mirándolo apenada.
—Tranquilos —le sonrió su papá con dulzura, guiñándole un ojo con picardía—. Mi día acaba de comenzar justo ahora y ustedes han hecho algo maravilloso —afirmó. Al verlos a todos mirarlo interrogantes sonrió ampliamente—. Les habéis delatado en la sorpresa, lo que me ha librado de muchas bromas de ellos.
—¡Rayos! —le siguió la idea rápidamente James—. Bueno, igual ahora tendrás que estar más alerta, porque buscaremos los momentos más inesperados del día para hacerte algunas "especiales". —hizo énfasis en la última palabra, marcando las comillas con sus dedos, poniendo una expresión de picardía que en nada tenía que envidiar a la de los gemelos.
—Podríamos comenzar con una pequeña muestra. —lo apoyó Angelica, sonriendo ampliamente al ver a su cuñado retroceder un paso. Agitó rápidamente su varita en su dirección sin darle tiempo a defenderse, cambiándole el pijama por un disfraz de barra de chocolate.
—No vayas a intentar comerte, "lunático", te podría doler el mordisco. —le dijo en tono de fingida advertencia Sirius, soltándose a reír en seguida con aquella risa semejante a un ladrido que tantos recuerdos buenos y malos despertaban en Harry.
Remus intentó inútilmente quitarse el disfraz con su varita.
—Por favor, Angelica, quítame esto. —le pidió exasperado.
—¿Estás seguro? Hay menores de edad presentes. —le dijo con picardía la gemela, riéndose de la expresión de su cuñado al oírla.
—¿Puedo? —preguntó Jessica. Sonrió al verlo asentir y agitó su varita en dirección a su papá, deshaciendo el hechizo de su tía. Su sonrisa se amplió al oírla quejarse y a su papá darle las gracias efusivamente.
—Vamos a cambiarnos. Nos vemos en la cocina para organizarnos. —propuso Lily con fingido entusiasmo.
Los chicos asintieron, sonriendo levemente. Estaban agradecidos por su buena intención, pero aún nerviosos por todo lo ocurrido y lo que se habían enterado.
Ginny sacó a George del cuarto, prometiéndole varias veces que lo llamaría si se presentaba el menor cambio en Angela. Le señaló con sus ojos a Ron, que caminaba cabizbajo y distraído, evitando entre los dos que tropezase con la puerta.
—Tranquilo Urano —le palmeó George la espalda a su hermano menor en cuanto cerraron la puerta del cuarto en que ellos dormían—. Diana logró superar la crisis y Gea estará bien.
—Júpiter, ella… —Quería disculpar a su novia pero las palabras no acudían a su mente, no después de haber escuchado lo cerca que habían estado de perder a la chica de pelo negro—. Lo siento tanto. Sé que no debió presionarla así, pero… Ella sólo quiere evitar que cometamos un error grave, cualquiera de nosotros.
—Eso lo sabemos, Urano —le respondió Neville que aún estaba tan enojado como asustado—, pero teníamos un acuerdo para evitar lo que ha sucedido hace poco. Uno que ella no respetó y puso en grave peligro a Diana —Al ver a su amigo pelirrojo bajar la cabeza suspiró—. Nosotros tampoco queremos cometer errores, Urano. Estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para evitarlo. No es nuestra culpa si algunas cosas se nos salen de control por la presión de ellos o por enfrentar cosas que desconocemos.
—Lo sé, Neptuno. Intentaré que ella lo entienda. —respondió Ron abatido.
—Hoy sólo levántale el ánimo, Urano. Yo intentaré ayudarte. —le dijo con cariño Harry, abrazándolo afectuosamente.
—¡Oh, que decepción! —exclamó Fred con voz falsamente adolorida—. Creí que Marte amaba a mi hermana y a quien realmente quiere es a mi hermano.
—¡Ya cállate! —exclamaron a coro Ron y Harry con una mezcla de vergüenza y exasperación, separándose rápidamente.
Sus tres compañeros de habitación se soltaron a reír al verlos, buscando seguidamente la ropa y cambiando los gemelos a los dos que aún no podían ver.
Cuando salieron del cuarto, los pelirrojos mayores y Neville vieron a Luna abrir la puerta del cuarto de ellas y se apresuraron a ir allí con Ron y Harry. Suspiraron aliviados al ver a Angela dormida, con su respiración casi regular.
—Yo me quedaré con ella a velar su sueño —dijo George con firmeza, sentándose en una silla junto a su cama—. Bajaré con ella cuando despierte.
—No. Nosotros subiremos a buscarlos —lo contradijo Jessica abrazándolo por los hombros—. Ella despertará en una hora, aproximadamente. Pero si la ves cambiar su ritmo respiratorio por uno más irregular…
—Los llamaré de inmediato, mientras la cambio la posición y la despierto. —completó lo que sabía que ella le diría.
—Exacto. —aprobó con una amplia sonrisa la chica de ojos miel, dándole un cariñoso beso en la cabeza.
Uno a uno se acercaron a Angela y le dieron un suave beso en la frente o la cabeza, abrazando con cariño luego a George. Salieron después del cuarto para ir hacia el comedor. Se consiguieron en el camino al director, una cabizbaja castaña, los Potter, los Longbottom, los Black y los Lupin, regresando rápidamente con ellos al cuarto.
—La señorita Gea y yo hemos aclarado algunas cosas. No volverá a producirse una situación como la que hemos vivido hace poco —Hermione asintió. Tragó saliva al pensar en lo que le había dicho el director, que siguió hablando con su voz firme y profunda—. Angelica ya nos ha contado a los dos que ustedes ocho están al tanto de lo que hubiese podido ocurrir ayer con esos dos viejos boggarts, también de la petición del joven Júpiter de no decirle nada a la joven Diana por unos días sobre esto. Estoy de acuerdo en no decirle por un par de días, pero considero prudente que se le advierta para que no vuelva a ponerse en peligro de la manera en que lo hizo, por lo cual yo hablaré con ella el miércoles.
Los chicos se removieron inquietos en sus puestos, pero asintieron en aceptación. Sabían que tenía razón.
—Jennifer también me ha dicho, mientras le cambiaba el vendaje de los ojos a la joven Gea, que celebrarán hoy el cumpleaños de Remus. Por lo tanto he decidido que Jennifer se quede con ustedes a hacer los preparativos mientras que yo traigo con él los dos boggarts jóvenes —continuó Albus en el mismo tono—. Jóvenes, les quiero agradecer mucho la ayuda que les proporcionaron a Lily, Alice, Jennifer, Angelica, James, Frank, Remus y Sirius en mejorar sus patronus, pero desde hoy planearé con ustedes sus prácticas con ellos porque no quiero más inconvenientes. ¿Estamos claros? —preguntó mirando a los diecisiete con el ceño fruncido.
—Sí señor. —respondió Harry por el grupo de chicos.
—¿James? —lo cuestionó el líder de la O.D.F. con una ceja levantada.
—De acuerdo Albus. —aceptó el pelinegro de ojos avellana, pensando que deberían buscar otra manera de investigar a los chicos.
—Bien. Vamos al colegio, Remus. Buscaremos los boggarts y regresaremos a tiempo para tu fiesta sorpresa. —le dijo su suegro sonriendo con picardía, saliendo del cuarto con el castaño claro tras él.
—Yo me quedo a acompañar a Diana un rato. —dijo Angelica muy seria. Sonrió ante la expresión de agradecimiento de George, que salió al pasillo a esperar que Hermione se cambiara la ropa para volver a entrar.
Lily, Alice, Frank y James estuvieron atentos a las reacciones de los chicos con la castaña. Notaron que el chico alto y el que parecía el líder se esforzaban en integrarla a las actividades, a pesar de su apatía y la molestia con ella de la chica de ojos miel, el chico de ojos castaños, Jennifer y Sirius. La menuda pelirroja, la rubia y el otro chico la trataban con leve frialdad.
Cuando faltaban sólo unos minutos para que Angela despertase tenían casi lista la comida y los adornos del comedor, subiendo todos al cuarto. Se consiguieron allí con Remus y el director, que venían de dejar en el último piso a los dos boggarts jóvenes.
Al verla removerse levemente en la cama, George le dio un suave beso en la frente.
—Muy buenos días, Diana. ¿Cómo te sientes, mi amor?
—¿Júpiter? —preguntó Angela que se sentía levemente desubicada. Empezó de inmediato a explicarse con él al venir a su mente lo que le había dicho Hermione—. Júpiter, yo no… quise poner… en peligro… a Sirius… Yo sólo…
—Shhh, tranquila mi amor. Eso todos lo sabemos.
—Pero Gea… tiene razón… Yo no debí…
—No —la interrumpió Hermione—. Yo estaba equivocada. Perdóname Diana —le pidió en tono arrepentido—. Tú hiciste ayer sólo lo que creíste conveniente para que Sirius hiciese un buen patronus, considerando que él va a batallas donde se presentan dementores reales. No sabías que ese boggart era tan fuerte. Yo no debí decirte…
—Ven aquí… amiga —la interrumpió Angela. Se sentó en la cama con un poco de esfuerzo, ayudándola rápidamente George que vio sonriente a las dos abrazarse—. ¿Estás de… acuerdo en… olvidar lo… que dijimos… esta mañana?
—Claro que sí. —aceptó Hermione emocionada.
Jessica, Luna, Ginny, Neville y Fred suspiraron.
—Debo hablar… con Sirius. —afirmó Angela preocupada al separarse de Hermione.
—Estoy aquí, Diana —le aclaró Sirius con cariño—. Pero te quisiera pedir que no hablásemos de lo ocurrido ayer hasta que te recuperes. Por favor, me preocupa tu salud.
—Yo… —intentó Angela.
—Tú te vas a tomar la poción para tus pulmones —la interrumpió Jennifer con firmeza—. Luego bajarás con todos al comedor para que nos acompañes mientras finalizamos los preparativos para el cumpleaños de Remus.
—¿El cumpleaños… de Remus? —preguntó desubicada, pues estaba casi segura que era el día siguiente.
—Sí. Mañana cumple veinte años. —le respondió Jennifer feliz, mirando a su esposo con expresión ilusionada.
—Pero hemos decidido celebrarlo hoy porque mañana estaremos casi todos en el trabajo y es posible que Angelica y él tengan práctica con Moody. —le explicó Lily.
—Ahora tómese la poción, jovencita —evitó el director que Angela formulase la siguiente pregunta—. Tranquila —agregó al verla sobresaltarse al oírlo—. He venido a acompañarlos mientras llega Alastor, que practicará conmigo y con ellos ocho sus patronus con un par de boggarts jóvenes que Remus me ha ayudado a traer del colegio —le contó, agregando rápidamente al verla abrir de nuevo la boca—: Conmigo los boggarts también se transforman en dementores, algo que tenemos en común —Sonrió al verla sonreír, denegando levemente al verla mordiéndose un segundo después el labio inferior—. Tome su poción, joven Diana.
Angela asintió y se tomó la poción que le daba George con cariño. Bajó luego con todos al comedor. Allí la dejaron sentada doblando unas servilletas para que hiciese algo, después de insistirles en que le permitiesen ayudar.
Almorzaron y le cantaron el cumpleaños a Remus con mucha alegría. Todos le prometieron que en la mañana tendría cumplidamente sus regalos formales, haciéndole algunas bromas como "regalos informales" mientras el director fingía ir a buscar un libro en la biblioteca.
Albus sonrió parado tras la puerta del comedor al escucharlos compartir a los dieciocho tan felices. Suspiró al pensar en el grave peligro que habían estado el día antes, dando gracias porque se hubiese resuelto la situación. Frunció el ceño al pensar una vez más en la profecía que le había escuchado decir a la joven que contrató como profesora de Adivinación y el problema del traidor entre sus filas. Caminó lentamente hacia la biblioteca sumido en sus pensamientos.
Una hora más tarde pasaron a buscarlo James y Frank, diciéndole que los chicos ya estaban en la habitación en que dormían las chicas para charlar los diez mientras ellos practicaban con Alastor. El director subió con ellos a esa habitación para despedirse antes que llegase su amigo. Sonrió al ver a Angela quitándole el último hechizo a Remus, volviendo su ropa multicolor a la normalidad, con Sirius protestando por "arruinar la estupenda broma".
Media hora más tarde un muy asombrado Alastor Moody veía a los ocho jóvenes (a quiénes había estado entrenando con especial ahínco en la lucha contra los dementores por ser miembros de la Orden del Fénix) convocar patronus fuertes y corpóreos. Los felicitó sinceramente por el gran empeño que le habían puesto a aprender aquello en tan corto tiempo y en forma tan eficaz. Luego viajó por la chimenea con Albus hacia el despacho del director en Hogwarts.
Los ocho amigos se despidieron de ellos y subieron en seguida a contarles todo a los chicos. Sonrieron al ver sus rostros iluminados por sonrisas, despidiéndose Alice y Frank que querían pasar las horas que quedaban de ese día con los padres de Alice. Los otros seis se quedaron hablando con los chicos un rato, contándoles sobre los cumpleaños que habían celebrado durante sus años de colegio. Al rato los dejaron dormidos para que descansasen luego de todas las emociones vividas, por órdenes de Jennifer que seguía preocupada por Angela.
