Una Nueva Visión

Resumen: Petición de un abuelo. Delirios. El relato de Charlus Potter. Retirados definitivamente los vendajes de los ojos a los cuatro chicos, así como los de rostros y brazos a los otros tres. Una mentira convincente. Ventanita a un inefable. El destino y el tiempo entretejen.

—¿Por qué no le diste a Marte la poción para dormir sin soñar? —cuestionó molesta Jennifer a su gemela, al ver el vaso lleno en la mesita de noche junto al chico.

—Porque no quería tomársela e insistía en bajar de nuevo a la reunión. Tuve que dormirlo con el hechizo. —le respondió Angelica con aspecto cansado. Estaba bastante malhumorada por lo mucho que se había extendido aquello, debido a las preguntas insistentes de varios sobre los chicos. Su esposo estaba de nuevo con fiebre. Si ella estaba allí con su gemela era por petición expresa de Sirius que fuese a ver cómo estaban los diez jóvenes.

—Perdona hermanita. Estoy preocupada. —se disculpó la primera, mientras se sentaba junto al chico y empezaba a examinarlo con su varita.

—¿Cómo está? —preguntó Charlus, inquieto por la expresión de la joven estudiante de medimagia cuando terminó su evaluación.

—De nuevo tiene fiebre alta y su organismo está tanto física como mágicamente muy alterado y debilitado. La recaída es seria. —respondió Jennifer con sinceridad al padre de su amigo, girándose en seguida a mirar al suyo.

—Examina a los demás para saber su condición y organizarnos para cuidarlos. Angelica, sube a cuidar de Sirius. —les pidió Albus preocupado.

—Dile que los chicos están con algo de fiebre y dormidos, pero que no es serio, o él querrá venir a verlos personalmente. —le aconsejó Jennifer a su gemela. Se desplazó hacia la cama del otro chico con vendaje en los ojos al verla asentir y salir.

Lily se sentó en la silla junto a la cama del líder de los chicos mirándolo con expresión triste y preocupada, mientras su esposo la abrazaba desde atrás por los hombros con cariño.

Charlus los miraba de reojo mientras fingía ver los movimientos de la joven estudiante para medimaga alrededor del cuarto, examinando a los otros cuatro chicos. «Por lo visto mi nuera y mi hijo sospechan del parentesco con el joven que se hace llamar Marte. ¿Debo decirles que le quité el vendaje del rostro y lo que vi al hacerlo? No estoy seguro si es buena idea. Si los chicos fingen la pérdida parcial de memoria deben tener razones poderosas para hacerlo. Si en realidad no recuerdan tampoco es prudente decirle a mi joven nuera aquello, estando embarazada de mi primer nieto».

Albus miraba a todos en la habitación callado y preocupado. Había mantenido la versión del joven sobre la llegada de los chicos con él por tres razones. La primera era no sembrar dudas en su grupo sobre los diez extraños que se estaban presentando en esa reunión. La segunda era porque comprendía que el chico lo había hecho para no llamar la atención sobre el punto más álgido de su primer encuentro: su aparición en Hogwarts.

La tercera es que había visto asombrado a un joven de sólo diecisiete años dirigir con maestría la atención de todos los presentes hacia él, disminuir al máximo posible el interés del traidor en su presencia al aducir que podían ser sólo víctimas de un ataque cualquiera ocurrido en esas fechas, sufriendo de paranoia por lo que no querían que les viesen el rostro, pero amenazándolo al mismo tiempo de manera sutil sobre hablar de ellos con Voldemort.

—Ellos también están experimentando una recaída seria al igual que las chicas, aunque menos grave hasta ahora que las de Diana y Marte. —resumió con frustración Jennifer al terminar de examinar a Fred, que tenía fiebre leve.

—Nos quedaremos esta noche tú y yo a vigilarlos con Dotty y Wykers —se adelantó Remus a la expresión de resolución de James—. Así Lily, Alice, James y Frank podrán descansar hoy y mantenerlos tranquilos mañana a ellos y a Sirius.

—Será lo mejor —lo apoyó rápidamente Albus al notar las protestas que se formaban en los rostros de los Potter y los Longbottom—. Mañana deberán ver rostros frescos y tranquilos para que no sigan preocupados por todo lo ocurrido ayer y hoy —explicó al ver a los cuatro fruncir el ceño, conteniendo la sonrisa al verlos asentir con desgana—. Si alguno de ellos se agrava o si ocurre algo más avisadme con Fawkes de inmediato.

—Así lo haremos. —aseguró Remus sonriente.

—Si no les incomoda, quisiera quedarme aquí con Sif para que me atienda —les planteó Charlus a su nuera y su hijo—. Me siento cansado para viajar por polvos flú o aparecerme.

—Eso no tienes ni siquiera que consultarlo, Charlus. Esta fue, es y seguirá siendo siempre tu casa —le respondió Lily con una suave sonrisa, poniéndose en pie y tomándole de un brazo con cariño—. Si me lo permites te acompaño a la habitación que quieras usar.

—Gracias hija. Las de este piso que dan hacia la calle muggle me gustan. Cualquiera de las dos estará bien. Así podré ver a algunos chiquillos correteando en la mañana. —le explicó con una sonrisa saliendo del cuarto con ella.

—Idun, por favor arregla la habitación del lado izquierdo en el otro extremo del pasillo para el señor Potter. —le ordenó Lily.

—En seguida Idun la prepara, señora Potter. —le respondió la elfina respetuosa y desapareció a hacerlo.

—Hija, yo no quiero que vayas a tomar lo que te voy a decir como una intromisión, pero… No puedo dejar de sentirme preocupado por tu falta de reposo y tu presencia en las batallas —empezó Charlus con cautela y voz pausada, caminando despacio mientras veía de reojo las cejas de su nuera unirse al centro y sus esmeraldas centellear—. Sé que eres una excelente bruja, muy inteligente y hábil, pero por lo que me contaron en el funeral de Dorcas ayer te enfrentaste al propio Voldemort y… Me dolió muchísimo perder a Alyssa, a Harry y a Dorea en manos de ese asesino, así como a los otros de mi familia que han asesinado, pero especialmente a ellos tres. No quiero que los dañe a James, a ti o a mi nieto.

—James y yo queríamos pedirte tu consentimiento para ponerle al bebé el nombre de uno de ellos según sea niña o niño —desvió rápidamente Lily el tema de conversación con algo que sabía interesaría al hombre mayor, a quien respetaba y apreciaba mucho por lo que no quería contradecirlo—. Habíamos pensado en Alyssa o Dorea o Harry, pero aún no sabemos con qué nombres combinarlos si estás de acuerdo con que usemos el nombre de uno de ellos.

—Me hará muy feliz que mi primer nieto lleve el nombre de mi hermanita o mi hermano —le respondió Charlus sonriente luego de denegar levemente. Era muy lista, pero él también—. Supongo que la mamá de la que en un futuro será una excelente medimaga, Alyssa Dorea Potter Evans, guardará el reposo adecuado que este viejo le está pidiendo.

—¿Y si es niño cómo te gustaría que fuese su nombre completo? —le preguntó Lily luego de morderse el labio inferior.

—Harry James Potter Evans. —le respondió Charlus sonriente sin dudarlo.

—Harry James Potter Evans —repitió Lily lentamente—. Me gusta mucho para el gran auror que llegará a ser, como su abuelo, su papá y su mamá —La sonrisa se desdibujó del rostro del hombre mayor, que detuvo su caminar—. Sólo si luchamos todos unidos para detenerlo habrá un futuro sin guerra donde pueda formarse tu nieto, Charlus.

»No quiero que mi hijo viva con un enfermo como Voldemort persiguiéndolo y haciéndole daño. Este pequeñín tiene que crecer en un mundo donde ese asesino no persiga a los Potter hasta su exterminio —Lo vio denegar con tristeza y suspiró—. Entiendo lo que me estás pidiendo, Charlus, pero entiende tú lo que yo te pido. Los tres tenemos que cuidarnos mucho, pero al mismo tiempo forjar un futuro para él.

—Tan bonita como astuta y llena de valentía —le sonrió el hombre mayor con suavidad—. Si no fueses la esposa de mi hijo y mi salud estuviese mejor, el bebé que llevas sería mío —aseguró con tono pícaro y una sonrisa idéntica a la de James, cuando la había invitado a salir durante los siete años en el colegio.

—Si Dorea hubiese llegado a oír eso nos hubiese llenado de hechizos. —le respondió Lily con fingido temor, riéndose luego los dos suavemente.

—Cierto. Sabía que la amaba pero también que fui durante mi juventud muy inquieto, al igual que mi hermano Harry. James también lo habría sido si no lo hubieses hechizado desde que era sólo un niño de once años.

—¿Yo? Yo no le hice nada. —se defendió Lily.

—Sí, sí lo hiciste. Lo rechazaste una y otra vez hasta que comprendió que eras maravillosa y sólo te tendría a su lado siendo maduro y responsable —la contradijo Charlus—. Es una suerte que Dorea descubriese tarde ese truco, así pude divertirme un poco antes de caer a sus pies.

Lily ya no pudo contener la risa.

—No sabes como lamento que no llegases a conocer a Alyssa y a Harry. Estoy seguro que se hubiesen llevado bien. Aunque en cierta forma a ella sí la has conocido. James se parece mucho físicamente a Harry y a mí pero su carácter es definitivamente el de Alyssa.

Lily le apretó levemente el brazo en señal de apoyo silencioso, con un nudo instalado en su garganta. El día antes de su propia boda, ella y Sirius habían escuchado de labios de un sollozante James lo que él recordaba de la muerte de sus tíos. De no haber sido por su alegre amigo y el gran amor que sentía por ella, su ahora esposo no se hubiese casado. Le aterraba que se repitiese lo que había visto siendo sólo un niño de nueve años.

—Jennifer, los…

—Remus, las…

Los dos se detuvieron en las puertas abiertas al encontrarse el uno frente al otro con la misma expresión de tensa angustia en sus rostros, hablando simultáneamente.

—Necesitamos ayuda. —le señaló ella.

—Dotty, Wykers, Tyr, por favor busquen a James, Frank y Albus. —les pidió Remus, luego de asentir ante las palabras de su esposa.

Jessica y Luna en el cuarto de las chicas suspiraron, al igual que Fred y Neville en el de los chicos. Los cuatro y los elfos llevaban varias horas ayudando a los esposos Lupin con sus compañeros que presentaban fiebre alta, e incluso cuatro habían llegado a convulsionar unos minutos antes.

Ellos sabían que Harry, Angela, Hermione y Ron estaban arrastrándose mutuamente en su angustia, al ser los más afectados por las quemaduras y el choque de energías que los llevó a esa época. A eso se sumaba el proceso en que los había involucrado Angelica en el futuro del cual provenían, al mezclarse los lazos y los dones en ellos de la misma forma que ocurría antes sólo con Angela y Harry.

Ginny y George estaban muy debilitados por la mezcla de magias con sus prometidos, pues a través de esto estaban ayudando a estabilizar no sólo a sus parejas sino a su hermano y a la castaña. Ninguno de los seis lograba controlar aquello, debido a la irregularidad que les había generado el viaje en el tiempo y la fuerte tensión nerviosa de los dos últimos días.

—No vengas… Una trampa… Sirius… Ella lanzó… —murmuró Harry en el delirio que le provocaba la fiebre.

Neville tragó saliva al oírlo, deseando de todo corazón que Remus no lo hubiese alcanzado a oír. Cuando su mirada se encontró con la de los ojos miel, que se había girado bruscamente a mirar a su amigo, supo que la suerte no estaba de su lado.

—¿Qué ha dicho? —preguntó Remus al chico, que lo miraba asustado, luego de oír al líder de los chicos con su fino oído de licántropo.

—Cuidado… papá… Serpiente… Dar aviso… —casi gritó Ron mientras se movía intranquilo en la cama.

—Están delirando por la fiebre. ¿Qué hacemos? La poción no está funcionando. —presionó Fred a Remus, tanto para distraerlo como por la preocupación que le ocasionaba el ver a su hermano menor tan mal y suponer que su hermanita estaría igual.

—Jennifer, ¿qué podemos…? —se giró Remus a preguntarle a su esposa, abriendo los ojos de par en par al verla correr hacia la chica de pelo negro. Corrió tras ella.

—No mamita… otra forma… Te necesito… —suplicaba entre sollozos Angela, sin saber lo que decía debido a la fiebre tan alta, con su respiración extremadamente agitada.

—Shhh Diana. Todo está bien, tranquila —la acunó Jessica contra su pecho, empezando a llorar muy asustada y deprimida—. Tienes que calmarte hermanita, por favor.

—Mamá y papá… muertos… Detenerlos… —se removía inquieta Hermione en su cama mientras Luna rápidamente se le aproximaba.

—No puede… destinado… sobreviva… —murmuró Ginny con tono desesperado.

—Papá… inocente… Por favor… —siguió Angela agitándose cada vez más mientras su respiración se agravaba.

—Si no les baja la fiebre con la poción denles un baño con agua tibia ahora mismo. —ordenó Charlus desde la puerta, asustando a Jessica, Luna, Jennifer y Remus. Le había ordenado a Sif, antes de quedarse dormido, que le avisase si los chicos se agravaban. La elfina lo había hecho unos minutos antes.

—¿Qué haces levantado, papá? —llegó preguntando James tras él, preocupado. Se sobresaltó al oír en la habitación de los chicos a dos de ellos gritar asustados:

—REMUS, POR FAVOR.

—El señor Potter tiene razón. Ahora mismo debemos meterlos a las tinas en agua apenas tibia, con ropa, vendajes y todo. Es urgente bajarles la fiebre. —ordenó Jennifer resuelta.

Lily entró rápidamente a los dos baños adjuntos al cuarto de las chicas para llenar las tinas con agua tibia, mientras Luna corría a hacer lo mismo en el cuarto de los chicos.

—Ustedes dos movilicen a los dos chicos que estén con la fiebre más alta primero —les ordenó Charlus a su hijo y al amigo de ojos dorados de éste—. Yo ayudaré a Jennifer con la chica enferma y luego con las otras dos.

—Eso no será necesario, señor Potter. —le contradijo Frank con su voz firme desde el pasillo, por el que llegaba corriendo en ese momento con su esposa unos pasos tras él—. Yo la ayudaré con lo que ella necesite.

—Están listas las dos tinas. —se asomó Lily a la puerta del baño en que dormían las chicas para avisarle a su amiga.

—Frank, lleva a Diana. Electra, ve con él y ayuda a sumergirla en una. Vigila que su postura la ayude a respirar mejor. Lily, quédate con Venus. Mercurio, ayúdame con Gea —organizó Jennifer rápidamente a los de la habitación de las chicas, al ver asomarse al pelirrojo. Luna le había pedido a Fred que fuese a ayudar al cuarto de ellas. Continuó luego con la de los chicos—. James, moviliza a Marte. Remus, mete en agua tibia a Urano con ayuda de Neptuno. Por favor señor Potter, cuide usted a Júpiter. Aprisa.

De inmediato todos la obedecieron sin chistar, asustados los cuatro recién llegados por el mal estado de los seis chicos.

Cuando Albus llegó a las habitaciones se consiguió sólo a Charlus con George en la de los chicos y a Lily con Ginny en la de las chicas. Se asustó. Se tensó aún más al oír la voz sollozante de una de sus nietas proveniente de los baños diciendo:

—Respira, Diana. Tú puedes hacerlo, por favor.

—Seis de los chicos están experimentando una recaída muy seria. —le explicó Lily al ver su expresión interrogante.

Entró rápidamente al baño al oírla y sin cruzar palabra con ninguno avanzó rápidamente hacia donde Frank y una de sus nietas tenían a la otra sumergida en agua tibia. Le puso a Angela una mano sobre el pecho y la otra en la cabeza, cerró los ojos y se concentró en lo que aprendiese años atrás. Con su transferencia de magia y energía ayudó, sin saberlo, a través de ella no sólo a los siete chicos con los doce dones activos sino también a los otros tres en que aún no estaban activos. Gracias a él pudo el especial don de su nieta estabilizar el proceso de los otros tres chicos igualmente graves, ayudando indirectamente también a los otros dos en cama y los otros cuatro en pie.

—¡Albus! —exclamó asustado Frank, sosteniéndolo con un brazo alrededor de los hombros, al verlo perder las fuerzas luego de cesar la luz brillante. Mientras tanto con el otro sostenía a la chica. Se sentía incapaz de mantener esa postura, o cambiarla.

Lily se asustó mucho al asomarse, luego de oírlo, y ver a su amigo sosteniendo al papá de sus amigas.

—Yo puedo sostenerla mientras usted ayuda al profesor. Gracias a él yo estoy mejor y Diana respira casi regular. —le indicó Jessica al papá de Neville. Tomó con renovadas fuerzas a Angela y la cambió de posición, en cuanto su acompañante la soltó.

Frank ayudó a su antiguo director a llegar hasta la cama del cuarto de las chicas más cercana a la puerta del baño.

—Estaré bien en unos minutos. —murmuró el hombre mayor aturdido por lo hecho, en un intento fallido por tranquilizarlos.

—Ayuda a Electra con Diana mientras yo atiendo a papá. —le indicó Jennifer a Fred, luego que colocasen a Hermione en la cama. Le habían cambiado la ropa por una seca con el hechizo y dejado abrigada bajo la colcha—. En seguida nos organizaremos con los vendajes.

El pelirrojo asintió y se movilizó a hacer lo que ella le había indicado, un poco más tranquilo al notar que la castaña ya no tenía casi fiebre. Era lógico pensar que si ella se había recuperado los demás también, lo cual era coherente con lo que había oído que su novia le decía al papá de su amigo castaño.

Cuando salió del baño con su cuñada en brazos y su novia al lado, estaba en la habitación Jennifer dándole poción plateada al padre. Había un vaso lleno hasta la mitad de dorada en la mesita de noche. Lily, mientras tanto, le retiraba con cuidado el vendaje de los brazos a Hermione.

—Frank ha ido por Remus. Los dos me ayudarán a llevar a otro cuarto de este piso a papá, mientras ustedes les cambian el vendaje de los rostros —se adelantó Jennifer a la pregunta que veía formarse en ellos—. Pero antes vamos a darles un baño tibio también a Venus y a Júpiter, para que sus organismos se terminen de estabilizar. También les sugiero a ustedes dos que hagan lo mismo, al igual que les diré a Leto y Neptuno.

—Eso haremos. Gracias. —le respondió Fred mientras recostaba a Angela en su cama. Miró rápidamente a su novia con cariño. Le transmitió con sus ojos azules todo el amor posible para que se calmase un poco, pues la notaba aún asustada.

Media hora más tarde los diez chicos dormían profundamente con vendajes nuevos, agotados por la tensión nerviosa los cuatro que no habían sufrido una recaída tan fuerte.

Albus ya se encontraba recuperado, en el cuarto frente al que se había quedado su amigo Charlus. Sin embargo había preferido quedarse el par de horas que restaban para el amanecer, como le habían aconsejado sus hijas. La más rebelde les había llegado al cuarto de las chicas unos minutos después que él ayudase a los diez chicos. «O al menos que propiciase la estabilización y recuperación de ellos… Lo que ha ocurrido es muy extraño», meditaba.

—¿Qué te tiene tan preocupado, papá? —le preguntó Angelica acariciándole con fraternal cariño el cabello—. Frank no le dirá a nadie lo que hiciste y estoy segura que Electra tampoco.

—Lo sé, hija, pero esa recaída tan severa en la salud de los chicos… Lo que he pensado luego de ayudar a Diana es que todos están unidos de alguna extraña manera, por lo que todos se vieron beneficiados con mi ayuda. Pero…

—Pero es muy posible que eso fuese lo que ocasionase que casi todos recayesen simultáneamente de esa manera tan seria —completó Angelica cuando su padre no siguió—. Jennifer nos ha dicho que ésa es la impresión que ella tenía, pues anoche sólo Diana y Marte parecían estar experimentando una recaída tan seria. Lily opinó que eso podía haber sido originado por lo que los trajo a nuestra época, viéndose menos afectados los que llegaron después, sólo que James tiene razón en que si fuese así Júpiter debió estar bien mientras Leto y Neptuno no.

Albus suspiró y denegó levemente.

—Vuelve con tu esposo, hija. Yo descansaré aquí como me lo han pedido. En cuanto me sea posible intentaré averiguar algo más con el señor Raymond.

—Intenta dormir, papá. —le insistió Angelica antes de darle un beso en la frente y salir del cuarto, coincidiendo con la salida de James del cuarto al frente. Suspiraron los dos al verse.

—¡Sirius! —exclamó James en voz baja, al verlo bajando por las escaleras lentamente apoyándose en la pared para lograrlo. Corrió hacia él para sostenerlo.

—¡¿Qué rayos crees que estás haciendo?! —lo regañó Angelica corriendo hacia él.

—No podía… estar un… minuto más… sin saber… lo que… está pas… —le respondió agitado y adolorido.

—Ya están bien los chicos. —lo interrumpió Angelica.

—Tuvieron una recaída seria poco después de la medianoche, por lo que nos han dicho Jennifer y Remus —le empezó a contar James mientras lo giraba con cuidado en las escaleras para ayudarlo a subir de nuevo a su cuarto—. Hasta hace sólo unos minutos hemos estado con ellos, asegurándonos que ya empiezan a recuperarse. Papá y Albus nos ayudaron y se han quedado a dormir aquí.

Sirius enarcó las cejas, sorprendido. Se quejó seguidamente porque el movimiento de subir las escaleras le había generado una punzada de dolor.

—Si te vuelves a intentar levantar de tu cama, sin el consentimiento de mi gemela, te voy a dejar atado en ella por un mes completo. —lo amenazó Angelica con una mezcla de enojo y preocupación. Rodó los ojos al ver que le ponía cara de cachorrito desvalido. Luego sonrió y le dio un beso cariñoso en la mejilla.

—Debes descansar y no levantarte de nuevo para que te recuperes, hermano —continuó James, luego de sonreír al ver claudicar a su amiga. Lamentaba que no pudiesen hacerlo levitar para llevarlo a su cuarto, pero con la maldición que habían recibido no era aconsejado hasta que no se recuperasen—. Si Jennifer se llega a enterar que la has desobedecido te llevará a San Mungo.

—No. Odio estar en una cama de hospital. Lo saben.

—Precisamente, cariño. Si no te comportas mi hermanita te llevará ahí por esa razón.

—James, hermano, no puedes permitírselo.

—Entonces quédate quieto en cama y tómate tus pociones.

—Hiciste un trato con Diana y ella lo ha cumplido —lo regañó su esposa—. Esa chica está demostrando ser más responsable que tú.

—¿Cómo están sus pulmones con la recaída que sufrieron? —preguntó Sirius de inmediato, bastante preocupado, mientras su mejor amigo y su esposa lo introducían a la habitación que compartía con Angelica allí.

—Ha tenido una crisis casi tan severa como la de la mañana que casi se muere por su discusión con Gea. —le respondió James con sinceridad, luego de dudar por unos momentos.

—¡Rayos! ¿Y los otros chicos? —preguntó su mejor amigo mientras lo recostaban en la cama.

—Marte, Urano y Gea, han tenido fiebre muy alta, al igual que ella, llegando incluso a convulsionar. Venus y Júpiter también tenían fiebre alta. Leto, Electra, Neptuno y Mercurio también tenían fiebre pero era baja. Los cuatro estaban ayudando con sus amigos. Jennifer y Remus no les habían logrado bajar la fiebre tan alta a los otros seis, por eso nos pidieron ayuda. Papá sugirió que les diésemos un baño con agua tibia y mientras lo hacíamos llegó Albus. Se asustó por el estado de Diana e hizo algo… —miró a su amiga para que lo ayudase a explicarle, pues él no entendía casi nada de eso todavía.

—Papá la ayudó con una técnica Cundáwan muy antigua. Lo extraño es que al ayudarla a ella también se recuperaron los otros nueve chicos. Al parecer lo que los trajo aquí los ha conectado de una manera extraña.

—Tenemos que conseguir la forma de tranquilizarlos, que se recuperen y enviarlos de regreso a un tiempo en que no existan ni Voldemort, ni mortífagos —enumeró Sirius preocupado—. También que no tenga Diana que crecer en un orfanato, ni que la hayan lastimado de esa manera que nos contó Lily, ni tampoco los otros chicos vivir lo que sea que hayan vivido para tener esas heridas y cicatrices que les vimos a Mercurio, Marte y los otros.

Angelica y James suspiraron al oír al convaleciente y anormalmente triste Merodeador.

—Tómate esta poción y descansa —le indicó James, poniendo en sus manos la de la fiebre luego de acomodarlo parcialmente sentado en las almohadas—. Te necesitaremos totalmente recuperado para que nos ayudes con todo eso.

Sirius asintió. Se tomó la poción y permitió que su amigo y su esposa lo ayudasen a acostarse. Se quedó dormido pocos minutos después.

—Avísame con cualquiera de los elfos si hay algún cambio en él. —le pidió James en voz baja a Angelica, saliendo de allí luego de verla asentir.

Harry se removió levemente en la cama. Empezó a despertar de lo que le parecía un largo sueño, después de una actividad particularmente extenuante. Se sentía débil, cansado y algo aturdido.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Remus con suavidad al verlo moverse, queriendo saber si había despertado. Evitó usar el seudónimo para intentar averiguar algo sobre lo que se le escapase al chico durante su delirio por la fiebre, si estaban fingiendo la pérdida de la memoria y eran quienes ellos sospechaban.

—Como si hubiese cabalgado un thestral durante toda la noche. —le contestó Harry con una suave sonrisa, intentando bromear.

—No hubiese relacionado el tener fiebre muy alta con eso, pero supongo que tiene algo de lógica. Aunque yo jamás he volado sobre uno de esos. —le regresó el licántropo sonriente.

Harry llevó su mano hacia los vendajes sobre su cicatriz y sus ojos intentando ubicarse en qué lo tenía en ese estado. La voz de su tío sonaba… distinta.

—¿Recuerdas algo de lo que dijiste anoche? —le preguntó Remus. Sabía que sólo le quedaban un par de minutos más a solas con el chico, pues pronto regresaría alguno de los otros del cuarto de las chicas.

—No con claridad. Creo que tenía una pesadilla con Sirius. —le respondió el chico con tono dubitativo. Algo en su interior le decía que tuviese cuidado con las preguntas de su tío, pues empezaba a recordar dónde y con quién estaba.

—Mencionaste algo sobre una trampa. —comentó con fingido aire casual el licántropo.

—No lo tengo claro, Remus. Sólo recuerdo fragmentos dispersos de Sirius peleando con una mujer de pelo negro y ojos grises de risa maniática. —le respondió Harry ya totalmente ubicado, temiendo lo que se le hubiese podido escapar bajo el estado febril.

—¿Ubicas el lugar en el que peleaban, o a otras personas cerca de ellos? —preguntó Remus preocupado. Esa descripción coincidía muy bien con la prima de Sirius, por lo que sabía de ella.

—Había algo similar a peldaños altos y… Creo que otras personas peleaban cerca, pero no estoy seguro —le respondió el chico encogiéndose de hombros—. ¿Cómo están Diana y los otros?

—Diana, Gea y Urano también estuvieron con fiebre muy alta en la madrugada —le contestó el licántropo, comprendiendo que no le sacaría nada más—. Venus y Júpiter también se vieron muy débiles, aunque su fiebre no fue tan alta. Leto, Electra, Neptuno y Mercurio tuvieron algo de fiebre, pero su recaída fue leve. Ellos cuatro nos ayudaron con ustedes seis y están un poco cansados. Tus amigos están en el cuarto de las chicas, acompañándolas.

—Quiero ir con ellos, ayúdame por favor. —le pidió Harry al no lograr ni siquiera mantenerse sentado sin apoyarse en sus manos, demasiado débil su cuerpo.

—Tranquilo Marte —le pidió Remus sujetándolo para que no se cayese, preocupado porque sus preguntas lo hubiesen puesto nervioso y esto lo hiciese recaer de nuevo—. Deja que te siente acomodado en las almohadas y te dé las pociones que me indicó Jennifer para cuando despertaras —le indicó mientras intentaba acomodarlo—. Eso te fortalecerá y entonces te llevaré allá. —agregó al verlo denegar. Sonrió al notar un gesto de frustración en su boca y verlo asentir luego.

—¿Aún no despierta Marte? —entró preguntando preocupado Fred.

—Sí, Mercurio. ¿Cómo están los otros? —replicó de inmediato Harry.

—Tranquilo amigo —se apresuró a pedirle el gemelo pelirrojo, asustado porque la preocupación le generase otra recaída a él y los otros como la de la madrugada—. Venus está algo cansada, pero con suficientes energías para discutir con Lily porque no la deja levantarse de la cama y venir contigo. Diana está respirando bien y cuando me vine estaba despertando. A Gea y a Urano los tienen en cama Alice y Frank, pero estaban presionando tanto como tu novia por venir a verte. Júpiter está cansado, pero atento al despertar de mi cuñada para mantenerla tranquila, al igual que Electra, Leto y Neptuno.

Harry sonrió y denegó levemente en dirección de la voz de su amigo.

—Menos mal que no me escuchó Gea —comentó Fred luego de golpearse la frente al caer en cuenta lo que acababa de dejar escapar—. Júpiter es mi hermano gemelo, ya que somos idénticos. Pero por favor no lo comentes frente a nuestra amiga, Remus. Me mata si se entera que se los dije.

—No te preocupes, no mencionaré nada frente a ella. —le sonrió el licántropo. Los chicos no sabían que ese dato ellos lo tenían desde el primer día que llegaron a esa casa, pues el director se los había dicho cuando les dio una breve descripción de ellos.

—Te digo que estoy bien, Lily. No es lógico que nosotros ya hayamos despertado y él no, si está bien como dices. —oyeron las protestas de Ginny a través de las dos puertas abiertas.

—Tómate las pociones para que puedas ir al otro cuarto. Yo voy a tranquilizar a la fierecilla. —le dijo Fred a su cuñado entre risas.

—Dile que en unos minutos estoy allí. —replicó Harry tanteando en dirección a la mesa de noche en búsqueda de los vasos con poción.

—Tranquilo, Marte, yo te las doy. —le indicó Remus, tomando una y acercándosela a la boca con cuidado.

—Hola Remus —se aproximó Emmeline caminando por el pasillo hacia su amigo, que ayudaba a caminar a uno de los chicos lastimados del día anterior—. Vine a ver cómo seguía Sirius. ¿Se siente mal el joven?

—Hola Emmeline. Han tenido una fuerte recaída anoche. —le respondió el joven hombre con tono casual, preocupado por la posible reacción del chico ante la presencia de su amiga allí.

—Buenos días señora. Ya ha pasado lo más serio. En cuanto desayunemos estaremos bien, gracias.

—¿Desayunar? —preguntó asustada la mujer apresurándose hacia ellos.

—¿Qué hora es? —preguntó a su vez Harry, luego de oírla, intranquilo.

—Cerca de las cinco de la tarde. —le respondió cauteloso Remus.

—¡¿Qué?! —preguntó bastante asustado el joven de pelo negro.

—Tranquilo, Marte. Todo está bien. No ha pasado nada —se apresuró a intentar calmarlo el joven hombre—. Jennifer dice que es normal que durmiesen casi todo el día por la recaída de anoche, después de lo tensos que han estado estos últimos días.

Harry hizo un gesto de frustración y asintió. Tenía que calmarse. Por lo que entendía en la madrugada se habían arrastrado mutuamente en su angustia los diez, viéndose más afectados los que estaban peor de salud. «No es lógico que eso haya ocurrido. No cuando es una de las primeras cosas que practicamos dominar. Pero… ¿Qué es lógico desde que viajamos en el tiempo por culpa de la protección de la copa de Hufflepuff?».

Le preocupaba aquello mucho si seguían con su plan de participar en la guerra, mientras caía el bloqueo que les impedía viajar en el tiempo de regreso al futuro.

—Edgar, Benjy y yo lamentamos haberlos presionado tanto ayer. —se disculpó Emmeline, que ya estaba de pie junto a ellos, mirando preocupada el rostro vendado del más joven.

—No se preocupe señora, nosotr… —empezó a responderle Harry con tono tranquilo.

—Yo estoy bien y tengo derecho a verl… —salía protestando Ginny del cuarto con Lily tras ella, deteniéndose al verlos a los tres—. ¡Marte! —exclamó feliz abalanzándose hacia él, atrapándolo en un abrazo y un beso lleno de amor, preocupación y ansiedad.

—¡Cuidado! —exclamó Remus que había perdido momentáneamente el equilibrio. La cercanía con el marco de la ventana, que le daba luz y ventilación al pasillo, evitó que cayese junto al chico que ayudaba a caminar y la impetuosa chica.

—Perdona Remus. —se disculpó apenada Ginny, apenas separarse de Harry.

—Yo estoy bien, mi hermosa pecosa —le sonrió con dulzura el novio, preguntándole en seguida mientras le tanteaba el rostro con sus manos vendadas—. ¿Cómo estás tú, mi vida?

—Cansada pero bien, no te preocupes —le respondió ella de inmediato, dándole seguidamente otro beso leve en los labios. Se separó apenada, mirando de reojo al licántropo y a la mujer de pelo negro junto a ellos—. Vamos. Te ayudo con Remus a llegar al cuarto. Diana, Gea y Urano están también inquietos porque no estás allí.

—Si ustedes lo permiten, ayudo yo a Remus. —intervino Emmeline.

—Se los agradezco a las dos, pero yo puedo con él. —se opuso el licántropo.

—Gracias a las dos, pero casi puedo caminar solo. Remus únicamente me está sirviendo de apoyo. —intentó Harry tranquilizarlas.

—Eres un mal mentiroso. —gruñó enojada Ginny, haciéndose a un lado para que los dos avanzasen hacia el cuarto.

Harry sonrió levemente a modo de disculpa y caminó hacia el cuarto de las chicas con ayuda de Remus. No pudo ver a su mamá mirarlo preocupada avanzar, mientras les pedía con gestos a los otros en el cuarto que les hiciesen espacio para que entrasen.

—Hola chicos —entró saludando Harry con tono alegre—. Hola también a Lily, Alice, Frank y supongo que Jennifer y James.

—Hola Marte. —respondieron todos a coro.

—Tus suposiciones fueron casi perfectas. Sólo te faltamos Sirius y yo. —agregó Angelica con una sonrisa.

—¿Sirius está aquí? —preguntó Harry desconcertado—. Deberías estar en cama descansando y recuperándote. —lo regañó de inmediato.

—Totalmente de acuerdo con eso. —lo apoyó de inmediato Angela con el mismo tono de regañina.

—Par de malagradecidos —gruñó de inmediato el aludido—. Si estoy aquí es porque me preocupa la salud de ustedes diez.

—Y a nosotros la tuya. —replicaron de inmediato a coro los dos chicos de pelo negro y la chica de ojos miel.

—¡Ya basta los cuatro! —los regañó Jennifer con un tono de enojo que los hizo tragar saliva y guardar silencio—. Aquí quien tiene título de enfermera en medimagia soy yo y he autorizado a los once a estar aquí reunidos un ratito, mientras estén tranquilos y se tomen sus pociones. Pero si siguen así Sirius va a su cuarto en esta casa, Marte al de los chicos en frente y a Diana me la llevo a mi casa. —amenazó enojada.

—No, por favor. —le pidieron de inmediato los tres en voz baja.

—Entonces se quedan callados y Marte deja que lo recueste Remus en una cama ahora mismo. —sentenció la castaña de ojos aguamarinas señalándole la cama cerca de la puerta a su esposo.

Los tres asintieron de inmediato.

Emmeline presenció la escena con curiosidad. No hizo ningún sonido ni movimiento que pudiese provocar a Jennifer, que normalmente era muy tranquila pero enojada era peor que la gemela.

—¿Puedo acompañarlos ese ratito o molesto? —preguntó Charlus, asomado a la puerta con fingida expresión de niño asustado.

—Claro que sí nos puede acompañar, señor Potter. —le respondió suavemente Jennifer apenada, como lo demostraba el rubor en sus mejillas. Sonrió con alivio al ver que el papá de su amigo le hacía un guiño.

—En ese caso podemos charlar un poco mientras los chicos comen algo —entró diciendo Charlus sonriente al cuarto—. ¿Puedo yo ayudar a uno de los chicos que no pueden ver?

—Se lo agradecería mucho —se adelantó Jennifer a la negativa de los chicos—. Ellos se venían desenvolviendo bien hasta ahora con eso, pero están débiles por la recaída de anoche y van a aceptar que los ayudemos.

Los cuatro cerraron las bocas que habían abierto para negarse, pues no sólo era muy probable que tuviese razón sino que comprendieron que era mejor no hacerla enojar de nuevo.

—Entonces ayudaré a la joven Diana, si me lo permite. Con la bella durmiente no he tenido la oportunidad de conversar mientras con sus otros compañeros sí. —comentó Charlus con tono distendido, acercándose a su cama.

—Yo… Gracias señor Potter. —fue lo único que atinó a decir Angela.

—Tú ocúpate que Sirius no deje nada en el plato —le dijo Jennifer a su hermana con tono de molestia, pues ya se había enterado del escape de su cuñado en la madrugada por una respuesta impulsiva de éste un poco antes—. Alice, Lily y yo nos ocuparemos de Gea, Marte y Urano. Ustedes comerán en dónde están quietos y callados. —les ordenó a los otros chicos, que asintieron de inmediato.

—Tranquila niña, yo te voy a dar la comida. —le dijo Charlus a Angela al verla tantear con su brazo derecho en dirección de la bandeja con cuatro patas que Idun acababa de poner sobre el regazo de la chica.

—Quiero ubicar su mano para seguirla. —le explicó ella.

—¿Qué? —preguntó él sin entender.

—Deja que yo la ayude hoy para que entiendas, papá. —le pidió James.

—Yo puedo hacerlo. —replicó enojado Charlus.

—Cuando ellos nos ayudan con la comida nosotros seguimos los movimientos con nuestras manos, para saber lo que harán y abrir la boca en el momento preciso —explicó Hermione con tono suave—. Pero Angela tiene su brazo derecho lastimado seriamente por una quemadura con el horno de la cocina, así que desde ese día ella apoya el brazo sobre el de la persona que la ayuda pero nada más.

—Es por eso que quiero ayudarla yo, porque ya lo he hecho antes. Por favor papá. —insistió James.

—¿Permites que yo te ubique tu brazo con cuidado sobre el mío para que no te lastimes? —le preguntó Charlus a la chica de pelo negro, haciendo oídos sordos a su hijo.

Angela se mordió levemente el labio inferior y asintió, quedándose muy quieta. El ex auror tomó con cuidado el brazo de la chica por debajo con su mano izquierda y lo ubicó cuidadosamente sobre el derecho suyo. Luego con movimientos lentos empezó a darle de comer la sopa con mucho cuidado.

—Lo que James a veces olvida, es lo que le he comentado sobre los años de su tía Alyssa en la escuela de medimagia y en el hospital. —comentó Charlus con tono tranquilo, mientras le daba de comer a la chica.

Los diez chicos de inmediato giraron sus rostros en dirección a él, interrogantes.

—¿No les ha hablado James de Alyssa y Harry aún? —preguntó Charlus. Dirigió seguidamente una mirada de regaño a su hijo al verlos denegar, luego de un minuto de silencio.

—James ha estado complicado entre el trabajo y el grupo —lo disculpó rápidamente Lily, que había visto al líder de los chicos tensarse involuntariamente al oír el nombre del difunto tío de su esposo—. Y a los chicos no les hemos querido decir mucho de la guerra, por las reacciones que han tenido hasta ahora con lo que se nos ha escapado de ese tema.

—Además que siendo nosotros unos desconocidos y estando en situación de guerra, no es lógico que nos hablase de su familia. —completó Harry con fingida inocencia. Quería disculpar a su papá y al mismo tiempo saber más de los Potter, la familia paterna que nunca llegaría a conocer.

—En eso tienes razón, Marte —afirmó el ex auror con una mal disimulada sonrisa, mientras pensaba que el chico era muy listo. Le extrañaba que siendo familiar suyo no supiese lo ocurrido, si como intuía su hijo sospechaba del parentesco con el joven quemado. Aunque el silencio de su hijo le daba una idea sobre la posible razón para ello. James no había podido hasta ahora con el dolor de lo que vio siendo un niño—. Especialmente tomando en cuenta que Voldemort ha ordenado la extinción de los Potter, cosa que no le permitiremos. Mi nuera está justo ahora contradiciéndolo con el pequeñín en camino.

Harry asintió en dirección a su abuelo con un nudo en la garganta.

—Pero yo confío en el buen criterio de Albus y mi hijo cuando les han dado protección a ustedes, además de mis propios instintos como ex auror. Voy a contarles de mis hermanos mientras comen.

Los diez chicos tragaron saliva pero permanecieron callados, mientras los otros que los acompañaban en el cuarto intercambiaron miradas nerviosas. Emmeline le pidió por señas a George que le permitiese ayudarle con la comida al ver su pulso tembloroso, a lo que él accedió luego de ver a Jennifer lanzarle una silenciosa mirada de advertencia sobre oponerse.

—Yo tenía dos hermanos menores —comenzó Charlus con tono suave y melancólico—. Cuando me faltaba un mes para cumplir cinco años nació Harry Arthur —al escuchar el nombre los diez chicos detuvieron los cubiertos en el aire y comenzaron a toser. Aquello era demasiada casualidad—. Alyssa Marie nació un mes después de mi onceavo cumpleaños —continuó Charlus al verlos mejor. Fingió no haber notado su reacción, pero la conectó con el cuñado de los Prewett al que los chicos pelirrojos se parecían en varias cosas—. Sólo pude disfrutarla sus primeros seis meses de vida antes de entrar a Hogwarts a estudiar.

—Pero bien que tenías a Alesia estresada con tus peleas con Harry por cuidar de ella y no permitir que le mostrase sus juguetes —intervino Alastor desde la puerta con picardía. Entró al cuarto sonriente al ver a Charlus entrecerrar los ojos por un momento, para luego distenderse y reírse—. Recuerdo bien el día que llegué a visitarlos y William tuvo que atraparte y bajarte de la escoba, antes que intentases sacarla de la cuna y llevarla a dar un paseo volando.

—Eso no me lo habías contado, papá. —comentó divertido James.

—Ya hacías suficientes travesuras sin que yo te diese ideas —le respondió el aludido encogiéndose de hombros, riéndose todos en el cuarto lo más bajo que podían al oírlo—. Dorea y yo lamentamos que nos hubiésemos unido tan tarde porque no te dimos hermanitos para jugar, aunque Harry varias veces dijo que habías salido ganando porque te mimábamos mucho todos en la casa.

—Y era entonces cuando tú le recordabas que él no había formalizado y dado herederos a los Potter —intervino de nuevo Alastor—. William se dio por vencido poco antes de morir, cuando Harry cumplió los treinta y siete años, pero tú no.

—No era justo que Dorea me hubiese atrapado a mí y él se le escapase tanto a Elizabeth como a Josephine —replicó Charlus mirando agradecido al auror por ayudarlo con lo que estaba haciendo—. En cuanto a lo de los herederos todos sospechábamos que Will y Elleth eran sus hijos. Eran demasiado parecidos a los Potter. Lástima que sus mamás se quedaron con ellos para la boda de mi hermana. De no ser así yo los hubiese tomado a mi cargo y criado con James, si Harry no lo hacía después de conocerlos ese día poco antes de aquello.

Lily y Sirius de inmediato miraron a James preocupados. Él, con un halo de profunda tristeza en la mirada, tenía sus ojos fijos en los de su papá. Intentaba entender porqué estaba hablando de su familia con los chicos.

—Cierto, pero ninguno de nosotros se esperaba lo que ocurrió ese día. Se suponía que sería uno de los más dichosos para la familia Potter desde que murió tu mamá, una semana después que tu padre. Nadie se imaginaba que se convertiría en el más triste para todos. —continuó Alastor, comprendiendo las intenciones de su amigo y que ayudándolo haría lo que le había dicho a Lily, James y Albus el día anterior.

—Alyssa se veía tan radiante y feliz ese día antes de comenzar la ceremonia —comentó Charlus con evidente tristeza—. Siempre fue una niña alegre y muy pícara, a quien le gustaban mucho las travesuras —retomó un tono más distendido, al percatarse de la tristeza que velaba la mirada de su hijo—. Cuando yo me gradué en Hogwarts terminó Harry su segundo año. Ese par de pilluelos le dijeron muy contentos a mamá que era una suerte que yo ya me hubiese graduado, para que pudiesen hacer travesuras sin que yo los regañase.

—Y vaya si las hicieron —comentó Alastor—. Cuando Alyssa entró al colegio Harry estaba en su último año, pero para ayudarla y encubrirla con sus picardías parecía un chiquillo.

—Cierto —se unió Albus desde la puerta. Tenía unos minutos escuchando allí muy calladito, por lo que casi nadie se había percatado de su presencia. Sonrió al ver a casi todos sobresaltarse. Sólo Charlus y Alastor lo habían visto—. Si Dippet no hubiese tenido tantos problemas serios ese año, con las cosas aparentemente inexplicables que ocurrían en el colegio, hubiese castigado al Premio Anual de Gryffindor sin ningún remordimiento. Él mismo lo vio ayudando a Alyssa a huir de los fuegos artificiales cerca del lago, cuando paseábamos conversando sobre algunos problemas.

—Pero tuvo tiempo de enviarle carta a mis padres sobre eso —contó Charlus luego de reírse—. Si no los castigó fue porque la coartada que les diste fue buena.

—Había asuntos más importantes que tratar. Nosotros sólo vimos a un hermano mayor ayudando a su hermana menor a alejarse de un lugar en que podía correr peligro —contestó con tranquilidad Albus, mientras sus ojos azules brillaban—. Claro que Armando estaba de espaldas y no vio a Alyssa encender con su varita aquellos fuegos artificiales. Yo le aseguré que la niña sólo se había acercado a mirar algo que le despertó su curiosidad.

—Pero él no te creyó totalmente. La carta decía que podían estar en el lugar equivocado pero que no había más nadie cerca, que estuviesen al pendiente del comportamiento de sus hijos —siguió Alastor—. William me la mostró. Estaba molesto con Harry porque no se comportaba con seriedad ese año. Alesia sin embargo se rió mucho al entrar al estudio y leerla. Según ella sería la más pequeña la que le daría vida al apagado colegio, empezando por su hermano demasiado serio.

—Tal vez si se hubiesen llevado menos años lo hubiesen hecho —comentó con una suave sonrisa Albus—. Fue una verdadera suerte para Armando que no fuese así, ya tenía otros problemas serios que resolver. Si Alyssa hubiese tenido tres amigos como los que tuvo James cuando estuvo en Hogwarts, otro hubiese sido su expediente al graduarse.

Sirius, Remus y James se removieron levemente incómodos. Aunque los dos primeros le sonrieron al tercero cuando se cruzaron sus miradas, intentando levantarle el ánimo. Las Protectoras sonrieron con picardía al oír al director que padeció a Los Merodeadores, mordiéndose el labio inferior al ver que James apenas si había sonreído.

—Cuando el año luego de graduarse Harry en el colegio empezaron los incidentes tan extraños, en que murió la chica de Ravenclaw, mamá estaba muy preocupada —continuó Charlus mientras le daba de comer a la chica junto a él. Estaba preocupado por su respiración levemente irregular, dándole la comida despacio—. Ella, Harry, mamá y papá nunca estuvieron conformes con la acusación de Riddle sobre Hagrid.

Los diez chicos se tensaron levemente. Todos los que les acompañaban lo notaron, intercambiando miradas inquietas rápidamente.

—Lo cierto es que Alyssa se hizo amiga de Tom Riddle el día de mi matrimonio con Dorea —siguió Charlus con cautela, indeciso sobre si seguir o no. Se alarmó cuando el chico idéntico a su hijo se atoró con el jugo que bebía y sufrió un severo ataque de tos—. Tranquila pequeña —le dijo con suavidad a la joven a su lado, al ver que giraba su rostro en dirección al chico y su respiración se hacía muy irregular—. ¿Jennifer? —le preguntó asustado.

—No… no es… nada… —los intentó tranquilizar Harry en medio de su ataque de tos, haciendo esfuerzos por recuperar su compostura—. Tengo la… garganta… irritada… Creo que… estoy resfriado.

—No es eso. Es secuela de la fiebre de anoche. —le explicó Jennifer luego de evaluarlo con su varita, mirándolo con curiosidad. «¿En realidad será por la irritación de la garganta o estará relacionado con lo que está contando el señor Charlus? Sospecho que es por lo último».

—¿Por eso me arde la garganta? —preguntó Hermione en seguida, para ayudar a su mejor amigo con la situación y distraer a sus acompañantes. Además creaba una coartada para ella y los otros, que también se habían atorado levemente.

—Sí. No se preocupen, luego que coman les daré algo que les ayudará con ese malestar. —respondió la estudiante de medimagia. Regresó junto al chico alto que tampoco podía ver, para seguirlo ayudando con la comida.

—Disculpe señor Potter, pero quisiera saber si el Riddle que se convirtió luego en amigo de su hermana fue el mismo que hizo una acusación sobre el señor Hagrid —le planteó Angela, para disipar un poco las sospechas y al mismo tiempo que les siguiese contando sobre la familia paterna de aquél que quería como un hermano mayor—. ¿Es el mismo señor Hagrid al que James le permitió guardar una mascota en el sótano de esta casa hace algunas semanas? ¿De qué lo acusaron?

—Rubeus Hagrid es alguien en quien confío plenamente y es por eso que forma parte de mi grupo de amigos —intervino serio el director—. Los incidentes de ese año, sin embargo, coincidieron con que mi amigo tuviese en el colegio una mascota y el entonces prefecto de Slytherin acusó a la criatura de ser la causante de lo que ocurría.

—Pero no hubieron pruebas y la situación cesó, así que Dippet fue convencido por Albus de mantener al chico en el colegio como guardabosques. —siguió Alastor.

—Fue una suerte. Alyssa le tenía cariño a Rubeus —comentó con una sonrisa Charlus, una vez más sumergiéndose en sus recuerdos mientras retomaba la labor de darle de comer a la chica con cuidado—. En sus cartas me contaba de sus visitas a la cabaña, en que él se quedaba ahora, para charlar con él y pedirle ayuda para cuidar de los pequeños animalitos heridos que solía recoger en el Bosque Prohibido.

—¿Paseaba por ahí? —preguntó Ron sin poderse contener.

—Sí. Casi siempre acompañada de Hagrid, aunque sospecho que en un par de ocasiones él no la acompañó. —le respondió el papá de James. Sonrió al ver que Albus asentía con una mezcla de melancolía y picardía en la mirada.

Ron bufó pensando en la tendencia de su amigo a meterse en el Bosque Prohibido. Había pensado hasta ahora que lo había heredado del papá. Pero por lo visto esa manía, que él consideraba suicida, venía desde familiares anteriores.

Jennifer enarcó una ceja al oírlo, mirándolo analíticamente.

—Es por eso que nos extrañó muchísimo que en la fiesta de tu matrimonio ella admitiese que Riddle la acompañase la mayor parte del tiempo. —comentó con expresión de disgusto Alastor.

—Era una chiquilla de quince años que le gustaba mantener una conversación inteligente —le replicó Charlus—. Tom Riddle tenía sólo cinco meses de haberse graduado del colegio. Era listo, amable, respetuoso y sabía debatir ideas sin hacerla enojar. La mayoría de los jóvenes presentes sólo la habían estado fastidiando con zalamerías y bromas tontas hasta que él la acaparó. Harry sometió a Alyssa a un interrogatorio apenas terminó la fiesta y me escribió al día siguiente a primera hora, pues sabía que me había ido feliz por mi boda pero preocupado por mi hermanita.

Harry masculló algo ininteligible entre dientes, mientras Lily enarcaba la ceja derecha al oír el murmullo. Solamente pudo interpretar que estaba disgustado por algo.

—Alyssa y Tom Riddle siguieron manteniendo contacto por vía lechuza durante casi un año. Aunque ella distaba mucho de la forma de pensar de él, le gustaba debatir ideas con aquél Slytherin sobre lo proclamado por Grindelwald —continuó Charlus, luego de ver intrigado la expresión de su nuera. También le daba oportunidad a la chica de regular su respiración, como le había pedido con el gesto de detener la comida con la mano izquierda—. A mamá no le agradaba aquello mucho, pero papá decía que era bueno para ella porque mantenía su cerebro ocupado en algo importante y no en travesuras.

Esta vez el murmullo disgustado de Harry tuvo eco en los de Angela, Jessica y Neville, haciendo enarcar las cejas a Lily, Charlus, Remus y Frank que estaban junto a ellos y los miraron intrigados.

—Pero esa amistad terminó el día que él se atrevió a pedirle a tus padres su mano sin hablarlo primero con ella —comentó Alastor con una sonrisa pícara, sin haber notado lo ocurrido con los cuatro chicos y quienes estaban cerca—. Es evidente que no llegó a conocerla bien o hubiese sabido que eso era un grave error. Alyssa Potter era demasiado independiente para admitir que él hiciese aquello.

—Estaba furiosa —continuó Charlus, luego de notar intrigado que los diez chicos habían dejado caer la quijada al oír a su amigo en un evidente gesto de sorpresa. Habían hecho un esfuerzo evidente rápidamente por recuperar la compostura, aunque ninguno de ellos había retomado la comida—. Además, mamá me contó que Alyssa y ella habían conocido a un muggle muy agradable y respetuoso el día que ella la acompañó a King's Cross para que iniciase su sexto año. Me aseguró que el joven había impactado favorablemente a mi hermanita.

—¿Un muggle? —preguntó Jessica sin poder contenerse.

—Sí. ¿Tienes algún prejuicio contra ellos? —le preguntó Charlus con el ceño fruncido.

—Ninguno. Es sólo que me asombra que dos brujas charlasen con un muggle allí, tan cerca de la entrada secreta al andén 9 ¾. —replicó ella de inmediato. Se arrepintió un minuto más tarde de la información que acababa de dar al oír toser a Hermione, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.

—Alyssa y Alesia Potter le agradecieron a Daniel Major que evitase que otro muggle las intentase robar y las ayudase con el equipaje de mi hermana hasta la plataforma 9. No tuvieron problemas con darle explicaciones en ese momento, para que se separasen, porque él tenía que presentarse temprano en el hospital muggle. Estaba iniciando sus estudios de medicina e iba a entregar unos documentos, según les dijo mientras les dejaba en un trozo de papel un número de teléfono. —explicó Charlus luego de mirar con suspicacia a la castaña.

—Eso fue un mes antes que Tom Riddle le pidiese a William la mano de Alyssa —siguió Alastor, luego de intercambiar un breve mirada de entendimiento con su amigo Albus.

—Mamá averiguó en el Londres muggle cómo era el asunto de los teléfonos y llamó al joven muggle, para devolverle el abrigo que le había prestado a Alyssa y darle de nuevo las gracias —continuó Charlus—. Le preguntó si le temía a las lechuzas y como él le dijo que no, que le gustaban, ella le dijo que le haría llegar con una que tenía amaestrada una carta de su hija. En diciembre de ese año, cuando Alyssa salió para las vacaciones de fin de año, nos enteramos que su nana era una squib y le había enseñado a tenerle cariño a las "mensajeras aladas" como él las llamaba.

—Cuando Alyssa cumplió la mayoría de edad no tardó en presentar el examen de aparición y aprobarlo. En seguida se apareció desde el Ministerio, en las narices de su padre, a Manchester con el fin de visitar a su amigo muggle —siguió Alastor—. El enojo de William con su consentida y rebelde impetuosa le duró casi dos meses. Alesia evitó que la castigase. Todavía recuerdo la expresión de mi amigo cuando ella le guiñó un ojo, mostrándole el certificado de aprobación, y enseguida desapareció. Balbuceaba "todavía una niña, mi niña" y también "ese entrometido pelirrojo".

—Papá deducía del cambio de Alyssa que se había enamorado a primera vista de Daniel, como le había dicho mamá —comentó Charlus, sonriente por el recuerdo—. Siempre había sido una jovencita alegre, pero después de aquél encuentro en King's Cross la única palabra que podía describirla era "radiante".

—Pero William logró detener a Alyssa de casarse con él hasta que ella no se graduó como medimaga y se especializó tanto en heridas por hechizos como por pociones. El joven Daniel, mientras tanto, estudió medicina muggle hasta graduarse como Cirujano General y se especializó en enfermedades del corazón. Él tuvo que suspender sus estudios el 14 de marzo de 1957 por la muerte de sus padres, cuando un aparato de vuelo muggle se estrelló en su casa. Su hermano mayor, creo que se llamaba David, lo apoyó un par de meses mientras consiguió dónde vivir y se recuperó de la tragedia.

»William ayudó a introducir al joven sanador en nuestro mundo gradualmente, luego que Alesia se lo empezó a pedir con insistencia al saberse enferma del corazón. —continuó Albus mirando intrigado a su amigo. Cuando él llegó ya Charlus había iniciado con aquella charla y le preocupaba que les estuviese contando precisamente de su familia a los chicos, cuando él nunca hablaba de ellos. «¿Por qué?».

—Cuatro años después Daniel se desenvolvía en nuestro mundo con la misma soltura con que Alyssa lo hacía en el muggle. Mamá y papá estaban muy contentos al verlos tan felices. Siempre he estado convencido que mamá murió fue de tristeza, al perder a papá por su trabajo como auror —afirmó el papá de James luego de un breve momento de silencio—. Ella me había pedido en la tarde que cuidase de mis hermanos, pero especialmente que velase por la felicidad de Alyssa. Esa noche se quedó dormida con una expresión de paz y serenidad en su rostro muy hermosa luego que se lo prometí. No volvió a despertar.

—Fue lo mejor visto lo que ocurrió el día de la boda de Alyssa. —comentó con amargura Moody.

—Tienes razón, Alastor —afirmó Charlus luego de asentir en su dirección y cruzar una mirada de entendimiento con el director de Hogwarts, que frunció el ceño pero no comentó nada—. El último día de octubre de 1969 se unirían formalmente por fin Alyssa Potter y Daniel Major, luego de dos décadas de una unión muy especial que pasó de un noviazgo juvenil a la más hermosa relación de pareja que yo hubiese visto. Harry era el padrino de Daniel, mientras que yo entregaría a Alyssa, puesto que tanto nuestros padres como los de mi cuñado ya habían fallecido. Carol y David Major estaban también allí, con sus hijos Dave y Carl, acompañando a su cuñado, hermano y tío en el que se suponía sería su día de celebrar su unión definitiva con la mujer que amaba.

»Ver entrar a la iglesia muggle a Lord Voldemort con un puñado de mortífagos, varitas en mano, y empezar de inmediato a torturar y matar a muggles que no tenían como defenderse, así como brujas y magos que estaban en inferioridad numérica fue… —Denegó y tragó saliva antes de poder continuar— Un grupo de compañeros de trabajo y yo les hicimos frente, pero eran muchos y usaban a los muggles como barricadas contra nuestros hechizos.

»El que los dirigía mató a Harry, que intentaba evitar que se acercase a Alyssa y Daniel. Mi cuñado no entendía exactamente lo que ocurría, pero cubrió con su cuerpo a mi hermana hasta el momento en que Voldemort logró llegar hasta ellos y le lanzó la Maldición Asesina.

»No sé porqué no la asesinó a ella también cuando cayó junto al que se acababa de convertir en su esposo, su hermoso rostro bañado en lágrimas —Se detuvo un momento para tomar aire y mirar de uno en uno a los diez chicos, que tenían la cabeza agachada—. Sólo sé que corrí hacia ella para intentar detenerlo y él levantó su varita hacia mí. Un segundo después a ella la impactaba la Maldición Asesina y caía muerta arrastrándome con ella al piso.

—Mamá no logró retenerme y corriendo llegué junto a ustedes dos —continuó James con los ojos cerrados y una profunda tristeza en su tono de voz. Por eso no vio a todos sobresaltarse y mirarlo asombrados los que podían ver, mientras los cuatro chicos que no podían tenían los rostros dirigidos en dirección a él—. Recuerdo los ojos rojos de ese asesino clavados en mí, mientras incorporaba levemente a tía y traía su cabeza junto a mi pecho.

»También que gritó: "Ningún Potter que no se una a mi causa sobrevivirá. Es una familia sangre pura que no puede contaminarse con muggles ni con sangre-sucia, así como ningún miembro de familias respetables puede hacerlo. Lord Voldemort limpiará el mundo mágico". Luego hizo aparecer sobre nuestras cabezas, por primera vez en el mundo, la Marca Tenebrosa y desapareció con quienes lo seguían. Con nueve años aprendí a odiar las Artes Oscuras y a cualquiera que tuviese la forma de pensar de ese asesino. —finalizó abriendo los ojos, dejando ver tras sus gafas una mirada fiera en sus ojos color avellana.

—Fue la declaración de la guerra en la que llevamos sumergidos una década. —afirmó Alastor serio.

—Diez años en los que él ha ido asesinando uno por uno a los miembros de mi familia que sobrevivimos a aquél día —siguió Charlus después de mirar a su hijo con preocupación—. El único sobreviviente de la familia de Daniel fue su sobrino Dave, quien estuvo viviendo en Francia hasta hace un par de años. Su único contacto con el mundo mágico es conmigo, por medio de Sif.

»Les he contado esto para que vayan ustedes diez ubicándose en la clase de psicópata que es Voldemort y que no sigan pensando en esa tontería de irse de aquí hasta que podamos enviarlos con sus familias. Ya me han contado que son buenos en Defensa, pero en esa boda habíamos once de los mejores aurores de la época y no pudimos evitar que matase a muchos, así como que lastimase seriamente a otros.

—Voldemort se fue de allí sólo al ver a Albus, que llegaba tarde porque había estado dejando coordinada con Minerva la fiesta de Halloween de esa noche en Hogwarts —afirmó Alastor—. Es al único a quien rehúsa enfrentar.

—No llores, pequeña —le dijo con cariño Charlus a la chica de pelo negro, mientras le acariciaba con cariño el vendaje de la cabeza, al oír sus sollozos apenas reprimidos, así como el de las otras cuatro chicas y veía a los cinco chicos apretar los puños, evidentemente intentando contenerse—. Eso fue hace muchos años. Alyssa y Harry tuvieron una niñez y una adolescencia felices. Ella llegó a ser una medimaga estupenda y él un excelente auror, siendo ella feliz con Daniel y él con Elizabeth y Josephine. No quise entristecerles, Jennifer —se disculpó al ver que de inmediato intentaba evaluar al chico a su lado con su pulso tembloroso—. Perdónenme chicos, es sólo que estoy preocupado por su insistencia en irse de aquí. No es seguro para ustedes.

—Lo entendemos, señor Potter, pero… —le intentó responder Hermione, deteniéndose por un acceso de llanto al venirse a su mente las esmeraldas tristes de su amigo cuando hablaba de su papá. Se imaginaba cómo se sentiría ahora al enterarse de aquello.

—Vamos a darles poción tranquilizante a todos y recostarlos a descansar de nuevo. —ordenó la estudiante para medimaga con la voz un poco aguda.

Albus se apresuró a ayudar a Charlus con su nieta para recostarla. Luego le apuntó con su varita y la durmió con el hechizo no verbal.

Jennifer, al ver lo que hacía, les dio a quienes la ayudarían con los chicos poción para dormir sin soñar en vez de la tranquilizante, para que les hiciesen tomar. Ninguno de los nueve se opuso ni protestaron porque querían evitar que se repitiese lo ocurrido en la madrugada.

—Nosotros debemos tomar poción tranquilizante y Sirius ir a reposar. —les dijo la gemela más tranquila a sus amigos, con tono suave y convincente, luego que los chicos se durmiesen y ella les curase los párpados a las dos chicas que no podían ver.

Sólo Alastor y Albus no bebieron la poción. A Charlus lo convenció Lily aceptando a cambio pedir reposo en el trabajo por lo que quedaba de ese mes, para que acompañase a los chicos mientras se recuperaban y ellos dos volvían a hablar al respecto. James le había suplicado silenciosamente a su esposa que aceptase, mirando preocupado a su padre. Le sonrió agradecido al ella acceder.

Emmeline se quedó, luego de ayudar a sus amigas con las chicas, hablando un rato con Angelica y Sirius hasta que éste se adormiló. El convaleciente organismo del animago agotado por el tiempo fuera de cama.

—¿Cómo siguen los chicos extraños? —preguntó Peter apenas llegar el sábado en la mañana a visitar a Sirius.

—Bien. Ayer los obligamos a descansar prácticamente todo el día para que se recuperasen de una recaída que tuvieron luego de nuestra reunión. —le respondió Jennifer con una suave sonrisa. Luego frunció el ceño en dirección a su gemela, que había murmurado en voz baja su rechazo a que le diesen esa información al cuarto Merodeador.

—¿Fue muy seria la recaída? —preguntó Edgar con tono preocupado. Se sentía culpable por lo ocurrido con ellos antes de la reunión.

—Bastante seria, especialmente en Diana. Pero ya se han recuperado bastante —siguió la estudiante de medimagia. Al ver la expresión del rubio agregó—: Alastor los había descubierto la madrugada del día anterior en la cocina y en la tarde tuvimos que enviarlos a casa de Charlus, porque no queríamos dejarlos aquí solos mientras íbamos a la batalla. Eso ya los tenía bastante nerviosos. El que llegaras con Emmeline y Benjy a la habitación, en que acompañaban a Sirius con Angelica, sólo fue la gota que derramó el vaso.

—Quisiera disculparme con los chicos y contarles lo que Caradoc y Benjy me han ayudado a investigar. —le respondió él luego de asentir.

—¿Averiguaron algo sobre ellos? —preguntó con interés Peter.

—Es posible. Tendríamos que cotejar lo que hemos conseguido con los datos que ellos recuerdan, para saber si es posible que nos estemos acercando a su identificación.

—En cuanto terminen Electra y Venus con los vendajes de los rostros a Diana, Gea, Urano y Marte, las ayudaré a retirarles los de los ojos. Luego podrías hablar con ellos. —le respondió Jennifer.

—¿Ni siquiera a ti te permiten curarles sus rostros? —preguntó Peter. Instintivamente se alejó de la otra gemela, al oírla murmurar enojada en voz baja de nuevo.

—No. Están muy asustados por lo que les haya ocurrido y tienen miedo de ponernos en la mira de quien los haya atacado —le respondió Jennifer, luego de oír gruñir a Sirius en dirección a su gemela y ver que le apretaba levemente la mano—. Lo que sí me han permitido desde hace semanas es curarles los brazos y los ojos. La buena noticia es que Venus, Leto y Neptuno están totalmente recuperados en cuanto a las quemaduras de su piel, aunque otros aspectos de su salud siguen delicados.

—¡Excelente! —exclamó Sirius contento.

—Esas son muy buenas noticias. —estuvieron de acuerdo Angelica, Edgar y Peter.

—Quiero estar allí cuando les quiten los vendajes de los ojos. —le pidió Sirius a Jennifer, poniendo expresión de cachorrito abandonado.

—Te has portado muy bien y te has recuperado bastante, así que lo permitiré —aceptó ella. Sonrió ampliamente al ver que su gemela también estaba muy contenta—. Le pediré a Remus que me ayude con Edgar a llevarte. Así averiguo si les falta mucho a las chicas.

—Me alegra mucho que estés mejor, amigo. —le dijo Peter a Sirius con sinceridad en cuanto Jennifer salió del cuarto, sonriéndole.

—Ya sabes que soy demasiado fuerte para que algún mortífago pueda conmigo. —le respondió Sirius sonriente mientras sostenía apretada una mano de su esposa para que no discutiese con su bajito amigo.

—Pero Caradoc me dijo, mientras buscábamos nuestras varitas, que te vio sangrar profusamente por tu pecho. Eso me asustó. —replicó Peter.

—Eso es cierto, pero gracias a Electra y Jennifer estoy vivo. —aclaró Sirius sonriente.

El convaleciente frunció el ceño al oír que su esposa le susurraba "No les digas de…" mientras él hablaba, girándose a mirarla. Cambió su expresión por una interrogante, al verla morderse el labio inferior ante la pregunta inmediata de su amigo rubio.

—¿A la chica de ojos color miel? —preguntó Edgar extrañado.

—Sí. Ella fue avisada por James de lo que ocurría y Remus logró colarla en este cuarto —comenzó a explicar Angelica, escogiendo cuidadosamente las palabras—. Como ya les dijimos, Venus y Electra tienen conocimientos de medimagia aunque no saben quién las enseñó. Ella ayudó a Jennifer a detener la hemorragia.

Sirius recordó entonces la petición de la chica, que le había salvado la vida, de no revelar a nadie su participación. En ese momento él se encontraba muy débil pero aún consciente, justo después que ella le sellase las heridas y mientras le estaba dando las pociones traídas por el chico. Se sintió culpable al haberla delatado por su impulsividad, mirando con expresión de disculpa a su esposa.

—Me alegra mucho saber que tu gemela logró salvarlo con la asistencia de esa joven. —celebró Edgar contento.

—Sí. Por eso no lo llevamos a San Mungo —respondió ella, sonriente por haber logrado su cometido—. Por un momento llegamos a pensar que no había otra opción, pero se logró detener la hemorragia y no fue necesario enloquecer aún más a los sanadores del hospital.

Sirius miraba triste y preocupado a su esposa. Se sentía culpable por lo que se le había escapado. Angelica se dio cuenta de reojo de la expresión de su esposo y se giró a darle un beso en la mejilla, aprovechando para susurrarle palabras para tranquilizarlo, besándolo luego en la boca con dulzura. Sirius sonrió cuando ella se le separó y asintió levemente, mirándola agradecido.

—¿Ocurre algo, Sirius? —le preguntó suspicaz Peter.

—Yo estaba muy mal en ese momento. No sabía que Jennifer había llegado a pensar que sería necesario llevarme al hospital, cuando sabe cuanto los detesto. —le respondió Sirius, decidido a apoyar a su esposa en ocultar que era la chica quien le había salvado la vida.

—Debes entender que alguna vez te tendremos que llevar allí, por tu trabajo como auror o por tus participaciones en las batallas como miembro de La Orden del Fénix. —lo riñó con tono suave el rubio.

—No mientras esté consciente y pueda evitarlo. —aseguró el convaleciente con firmeza.

—Le contaré a Jennifer para que te desmaye entonces, cuando considere prudente llevarte al hospital. —replicó Peter en tono bromista. Dio un paso atrás al ver a la esposa de su amigo tomar su varita.

—No. Tendremos que decirles a todos los miembros del grupo, para que podamos actuar si Jennifer no está cerca. —lo apoyó Edgar mirando muy serio a Angelica.

—Si lo llegan a llevar a un hospital innecesariamente, en contra de su voluntad, luego no nos busquen a Jennifer o a mí para que evitemos que los haga víctima de su varita. —afirmó Angelica.

—Los chicos están listos para quitarles el vendaje de los ojos. —entró diciendo contenta Jennifer, desplazándose junto a la cama de Sirius mientras Remus saludaba afectuosamente tras ella a Peter y a Edgar.

Cuando los seis llegaron a la puerta del cuarto de las chicas se quedaron parados en seco en la puerta, al ver el expectante silencio en que Lily, James, Alice, Frank y Albus observaban tras los chicos el lento procedimiento de la menuda pelirroja. Ginny le estaba retirando el vendaje de los ojos a su novio. El chico estaba sentado en una cama transformada en una camilla alta, quedando su rostro al nivel de los que estaban de pie. Entraron despacio y en silencio.

—Quiero que abras los ojos lentamente, parpadees al menos dos veces, los cierres y luego sí intentes mantenerlos abiertos y mirar a tu alrededor —le instruyó Ginny a Harry con tono suave—. Sabemos que no verás bien sin los lentes que recordábamos que usabas, pero intenta describirnos lo que logres ver. Ya buscaremos luego unos con fórmula y… —Se detuvo al ver que su novio abría de par en par los ojos, luego de parpadear como ella le indicase— ¿Marte? ¿Qué pasa? —le preguntó asustada.

Harry tendió su mano derecha vendada hacia el pasamontañas que ocultaba las pecas en el rostro de su novia, mirándola atentamente. No podía creer lo que estaba sucediendo.

—No… no te asustes mi amor. Te… te volveremos a vendar los ojos y… Algo haremos para que… Tus ojos estarán bien, te lo aseguro. —lo intentaba tranquilizar Ginny, esforzándose por contener su nerviosismo, interpretando que él no lograba ver.

Todos sus acompañantes retuvieron el aliento al oírla.

—Mis ojos están bien, mi hermosa pelirroja, la pecosa que es mi razón para seguir viviendo. El asunto es que… Estoy viendo tus hermosos ojos sin lentes. —le respondió Harry lentamente.

—¿Qué? —preguntó Ginny asombrada, abriendo sus ojos de par en par, coreada por los otros ocho chicos. Sus nueve voces retumbaron en el cuarto.

Sus acompañantes en la habitación estaban petrificados, mirando los ojos como esmeraldas del chico e intentando entender lo que oían.

—O estamos todos equivocados en cuanto a que yo usaba lentes, que no lo creo, o lo que ocurrió afectó a mis ojos de una forma que no esperábamos. —le respondió Harry con una mezcla de asombro y alegría en su voz luego de parpadear nuevamente, tomándole con cariño las manos. Detalló su piel tan blanca, como él la recordaba, pero que ahora veía sin lentes. Se sentía feliz porque no tenía rastro de las quemaduras que habían sufrido. Se las besó con cariño antes de empezar a mirar lentamente a quienes los rodeaban.

—Lo que notábamos en sus córneas distinto a las de Gea, Diana y Urano. —aseveró Jennifer cuando todas las miradas de la habitación se posaron en ella, al acercarse a la cama del chico con una amplia sonrisa.

—¿Jennifer? —preguntó Harry. Detalló su rostro luego de verla asentir sonriente. No había cambiado mucho con respecto a su aspecto tras El Velo de la Muerte—. ¿Qué dices de mis cor…? Eso que nombraste.

—Habíamos notado que tus ojos estaban afectados de una forma distinta a lo que ocurría con tus otros tres amigos —le explicó Jennifer, mientras lo examinaba con mucha atención—. Eso nos hacía temer que el daño fuese peor y por eso tu novia estaba tan nerviosa. ¿Me permites hacerte una evaluación más profunda de tu visión?

—Seguro. —aceptó él de inmediato.

—¿Cuál es el veredicto? —preguntó Lily apenas bajó Jennifer su varita, luego que el chico le respondiese varias preguntas y leyese un trozo de texto mientras ella le aplicaba un par de hechizos de evaluación. La pelirroja de ojos verdes había sido incapaz de contenerse ni un minuto más, por la ansiedad que sentía.

—Su visión es perfecta. —dictaminó Jennifer con una sonrisa de oreja a oreja.

—SÍII —gritó Ginny abalanzándose a besar a su novio, lastimándole involuntariamente la mejilla con su impulsivo abrazo—. Perdón mi amor. —se disculpó al oírlo quejarse.

—No te preocupes, cariño. —le sonrió él, aunque se acariciaba con su mano vendada su mejilla también vendada. Le había dolido bastante.

Harry no pudo evitarlo. Apenas dejó de mirar a su novia buscó el lugar del que provenía la voz de su mamá unos minutos antes, analizándola detenidamente, correspondiendo a la sonrisa de ella. Luego miró al lado de ella a su papá. Sentía que su corazón le iba a estallar con la mezcla de dicha y tristeza que sentía.

Cuando le explicaron y enseñaron el don para Viajar en el Tiempo había pensado en viajar al pasado, para verlos de lejos al menos unos minutos antes de su enfrentamiento con Voldemort. Pero jamás hubiese soñado el poder estar tan cerca de ellos, poder verlos con tanto detalle, e incluso poder tocarlos, como había ocurrido desde que llegase a esa casa en ese tiempo.

Con mucha dificultad despegó su mirada de ellos dos para observar a la pareja Longbottom. Le dolió en el alma comparar la imagen que tenía frente a él con la que recordaba de los papás de Neville, luego que los curasen. A pesar de haber revertido gran parte del daño que les harían los Lestrange, luego que Voldemort asesinase a sus padres, el cambio era notorio. Cerró los ojos para evitar que viesen en ellos sus emociones ante ese pensamiento.

Los abrió de nuevo y miró a sus otros acompañantes, que lo observaban atentamente. Al ver a su ahora un poco más joven director le sonrió con afecto, mientras este le asentía con una gran sonrisa. Siguió luego su recorrido visual. Detuvo su mirada durante unos momentos en el traidor antes de regresarla rápidamente a su novia, que le había apretado levemente la mano. Le sonrió en seguida para tranquilizarla.

Era una suerte que Jennifer hubiese ido minutos antes a buscar a Remus y les hubiese pedido permiso para que aquello lo presenciasen Angelica y Sirius, con Edgar Bones y Peter Pettigrew que estaban de visita. Al haberles avisado los chicos se habían preparado psicológicamente para ver al traidor.

—Veamos los ojos de Urano ahora. —planteó Jennifer sonriente.

—Tu turno, amigo. —le dijo Harry a Ron bajándose de la cama y asintiendo en dirección a los gemelos, que guiaron al hermano menor.

—Abre tus ojos lentamente, parpadea dos veces y luego los mantienes abiertos, para que nos digas lo que puedes ver —instruyó Jennifer al chico frente a ella, luego de quitarle los vendajes.

—Sus ojos aguamarina son muy bonitos, Jennifer. Pero ¿podré ver pronto los hermosos castaños de mi novia? —le preguntó sonriente el menor de los pelirrojos.

—Después que me permitas examinar los tuyos exhaustivamente. —le aseguró ella sonriente.

A Harry le parecía todavía mentira poder ver a su amigo sin sus acostumbrados lentes.

—Pues tus ojos azules están perfectos —dictaminó la estudiante para medimaga muy contenta, luego que él leyese algo mientras ella lo evaluaba—. Es el turno de Gea.

Fred la ayudó a sentarse donde había estado Ron. El pelirrojo menor le había cedido rápidamente su lugar en la cama para quedar sentado en la silla al lado, mirándola con ansiedad.

—Quiero que estés muy tranquila. Como has oído, a tu amigo y a tu novio les ha ido muy bien —le dijo con voz dulce Jennifer, sonriendo al verla asentir—. Luego que te quite el vendaje…

—Abro los ojos lentamente y parpadeo dos veces antes de intentar realmente ver algo. —la interrumpió Hermione nerviosa.

—Así es, pero antes debes calmarte. —insistió Jennifer.

—Perdón. —musitó la castaña, sonriendo agradecida en dirección a su novio cuando él le apretó levemente la mano.

Tomó aire profundamente y asintió. Sabía por las sucesivas revisiones a que los venían sometiendo que su vista había mejorado gradualmente, pero al igual que su novio y su mejor amigo no podía evitar tener un poco de miedo ante la posibilidad de cualquier tipo de daño permanente. «Aunque luego de oír lo ocurrido a Harry… Es muy extraño… y una de las pocas ocasiones en que la fortuna le ha sonreído».

—Espero ver pronto a tus párpados recuperar su color blanco y que pierdan ese rojizo que tienen. —le dijo con una gran sonrisa a Ron, luego de girarse a mirar detenidamente el rostro de su prometido.

—Eso será muy pronto. —replicó Ginny feliz.

—Vamos a evaluar tu capacidad visual. ¿Estás de acuerdo? —le preguntó Jennifer poniéndole en las manos el librito de cuentos infantiles que venían usando para las pruebas.

—Sí. Totalmente. —aceptó Hermione sonriente.

—¿Estás más tranquila ahora? —le preguntó Jessica a su prima, en cuanto su mamá terminó con el examen a la castaña.

Era por el nerviosismo de Angela que había Harry decidido que comenzasen con él. Ron ofreció ser el segundo al percibir que la mano de Hermione, que tenía entre las suyas, temblaba un poco.

—Sí. —contestó Angela con una sonrisa sincera.

El saber que sus tres amigos habían recuperado la vista y que los otros seis ya estaban recuperados de las quemaduras era para ella un alivio. No le importaba si ella no la recuperaba porque sabía incluso luchar sin poder ver, debido a su nivel en el Entrenamiento Cundáwan. Tampoco añoraba ver a sus padres y tíos jóvenes, antes que Voldemort les arruinase las vidas, pues en cierto modo los había visto a través de los ojos de su mamá. Al menos quería convencerse de eso, mientras su novio y su cuñado la ayudaban a sentarse en la cama y su prima le quitaba el vendaje que cubría sus ojos.

—Ahora abre los ojos lentamente, parpadea al menos dos veces y luego dime lo que puedes ver. —le indicó con tono suave Jessica.

Los ojos grises de Angela se llenaron de lágrimas al ver a su tía y su prima, las dos paradas frente a ella, la una al lado de la otra. Remus estaba detrás de las dos, desde su punto de vista. Se había equivocado totalmente al pensar que le daba igual el recuperar la vista o no. Jamás hubiese podido sentir la dicha que sentía ahora si no pudiese ver.

—¿Diana? —preguntó George preocupado, acariciándole con cariño la mejilla izquierda.

—Estoy tan contenta. —respondió ella con una sonrisa llena de lágrimas, escondiendo seguidamente su rostro en el pecho de él.

—Y yo soy dichoso al saberte feliz —replicó contento el pelirrojo con una gran sonrisa, luego de soltar el aire retenido un minuto antes por la preocupación. Le acarició con cariño la espalda y le besó la cabeza vendada—. Te amo.

—Perdón por ser tan tonta. —se disculpó Angela al sentir una mano en su hombro, separándose del abrazo a su novio. Se petrificó por un momento al girarse y ver que era la de su papá.

—No eres tonta, pero sería mejor que no llorases para que tus lágrimas no te reabran las quemaduras en tus párpados. —le dijo él con dulzura de pie junto a la cama y la silla, en que lo habían ayudado a sentarse sus amigos mientras se levantaba Harry y sentaban a Ron.

—Tienes razón. Gracias Sirius. —le respondió ella con una suave sonrisa.

—Veamos eso mientras te calmas un poco y procedemos al examen visual. —se le acercó Jennifer. Sirius retrocedió y se sentó de inmediato, tanto para darle espacio como para evitar que lo regañase.

Hermione, Ron y Harry se miraron felices y luego detallaron a quienes tenían alrededor. Notaron que también a ellos los miraban con curiosidad el rubio y el traidor. Ginny y Hermione abrazaron aún más a sus parejas cuando notaron sus ojos fijos en el cuarto Merodeador, que lucía joven y… había algo distinto en su mirada. Se parecía mucho a la que Harry le había visto en el pensadero de Snape y muy poco a la que ellos vieron en La Casa de los Gritos.

Angela empezó a leer el trozo de texto que le indicó su tía mientras ella le aplicaba un hechizo de evaluación.

—Su visión también es perfecta. —declaró feliz Jennifer.

Los gritos de alegría de los otros nueve chicos y los ocho jóvenes que les habían cuidado hasta ahora llenaron la habitación, mientras Angela miraba con sus ojos grises a cuantos la rodeaban con una amplia sonrisa en su rostro. Ésta sólo se desvaneció cuando, luego de mirar a su abuelo, se detuvo en Edgar Bones y Peter Pettigrew. Los miró con curiosidad.

—¿Todo bien, cariño? —le preguntó George, preocupado tanto por ella como porque los delatase por su rechazo al traidor.

—Sí. Sólo intentaba ubicar las voces con los rostros. —le respondió ella sonriendo de nuevo, mientras lo miraba con cariño y lo calmaba con su expresión tranquila.

—Creo que podríamos presentarnos de nuevo para los cuatro chicos que recién recuperan la vista. Yo soy James y la bella pelirroja que tengo abrazada es mi esposa Lily.

—Yo soy Alice y este hombre guapo que me tiene en sus brazos es mi esposo Frank.

—A Jennifer y a mí nos diferenciaréis mejor por los oídos que por los ojos. —bromeó Angelica, señalando primero a su gemela y luego a si misma.

Al oírla todos soltaron una risita. Era cierto. Eran idénticas. Aunque el sonido de sus voces también lo era, existían diferencias en sus entonaciones según sus muy diferentes personalidades.

—Pues a mí ella me tiene atado a sillas y camas por un par de días más, así que supongo que saben quien soy.

—Sirius. —replicaron Angela, Harry, Hermione y Ron entre risas.

—Y yo soy el encargado que no haga enojar a mi novia.

—Eso no será difícil, Remus. Ella tiene un carácter muy dulce y paciente. —replicó Harry con una sonrisa.

—Mientras no la hagas enojar, porque entonces se pone peor que la gemela —intervino una vocecita chillona—. Yo soy Peter.

—Pues yo prefiero hacer enojar a Jennifer que a Angelica —comentó el rubio, al ver la mirada envenenada que le dirigía la segunda a su amigo—. Yo soy Edgar y me disculpo una vez más por lo ocurrido hace un par de días.

—No se preocupe. Es perfectamente comprensible su posición de ese día —replicó Harry con tranquilidad y respeto, tanto en su tono de voz como en su expresión—. Profesor Dumbledore, me gustaría que hablásemos unos minutos. —le pidió seguidamente al hombre mayor mirándolo a los ojos.

—Claro, joven Marte. Vamos a la biblioteca mientras ellos se organizan con el almuerzo. —accedió con una sonrisa y sus ojos azules chispeantes.

—Si me disculpan, quisiera hablar algo antes con todos —intervino el rubio respetuoso—. Caradoc, Benjy y yo hemos conseguido la información de los ataques de mortífagos el día que ustedes se comunicaron con el director de Hogwarts y un par de días antes. Quisiéramos cotejar algunos datos con los chicos, para saber si estamos cerca de una pista que nos ayude a identificarlos.

—Gea, Urano, Electra, Leto, Neptuno y yo podríamos hablar con el profesor y ustedes, mientras Venus, Mercurio y Júpiter acompañan a Diana al comedor. Así ella estará tranquila y nosotros podremos ayudar a esclarecer algo que nos interesa tanto. —estableció de inmediato Harry.

—Caradoc y Benjy deben estar por llegar con algunas fotos de los lugares, para ayudarles a identificar el sitio en que recuperaron el conocimiento. —replicó el rubio sonriente.

—Hagamos entonces como ha propuesto el joven Marte. Idun, por favor avísenles a Caradoc y Benjy que se dirijan a la biblioteca tan pronto lleguen. —le pidió con amabilidad el jefe de la O.D.F.

—Idun hará lo ordenado, señor. —replicó la elfina con su vocecita chillona, desapareciendo de inmediato.

—Creo que puedo caminar con ayuda, mi amor. No es necesario que me lleves en brazos. —protestó en voz baja Angela al sentir que George le pasaba un brazo por debajo de las rodillas y el otro tras la espalda.

—Aunque eso fuese cierto, no me privarás del placer de cargarte en brazos. —replicó él con cariño, dándole en seguida un suave beso en los labios.

—Tal vez si camina con tu ayuda y la de Mercurio ella se sienta menos incómoda por no poder moverse por si misma. —opinó Sirius para interrumpir el beso, ganándose un pequeño golpe en la cabeza de Angelica que entendió sus intenciones.

—Por favor, mi amor, hagamos como él dice. —le pidió Angela a George, luego de separarse apenada rápidamente de él al oír a su papá.

—Está bien, cariño. Lo que tú digas. —aceptó el pelirrojo sonriente, ayudándola a incorporarse para que una vez de pie su gemelo la ayudase por el lado izquierdo.

—Entrometido. —murmuraron Angelica y Jennifer mientras se ubicaban frente a Sirius. Remus y Edgar lo ayudaron a levantarse de la silla, mientras ellas bloqueaban bastante la visión de la chica y su novio. Sonrieron con malicia al ver que movía su cabeza para intentar verlos mejor, pero no lo conseguía pues ya sus amigos lo estaban girando.

George, que se dio cuenta de lo hecho por las gemelas, sonrió y tomó el rostro de su prometida por el mentón con cuidado. Le sonrió con dulzura al verla parpadear interrogante, dándole luego un beso largo y profundo en la boca. Cuando se separaron sonrió al ver que lo miraba dichosa y su respiración no estaba demasiado alterada.

—Vamos. —dijo con voz clara para que Fred se les acercase a ayudarlos. Su gemelo los esperaba junto a Jessica a un par de pasos, de espaldas a ellos para darles privacidad. Sirius estaba siendo sacado ya del cuarto por sus amigos y los demás se dirigían ya a la puerta con tranquilidad.

Cuando Angela llegó con su novio y su cuñado al comedor se sentía cansada y levemente mareada, pero contenta de haber podido caminar hasta allí. Cerró los ojos un momento para calmar un poco su organismo y cuando los volvió a abrir se dio cuenta que todos los presentes la miraban atentamente.

—Sólo estoy un poquito mareada.

—Tú y tus estúpidas ideas. —le recriminó de inmediato Remus a Sirius, que bajó la cabeza arrepentido.

—No es nada, ya se me está pasando —afirmó rápidamente Angela—. Además que mis músculos agradecen el movimiento.

A excepción de George y Sirius todos los presentes rodaron los ojos, pues fue para todos evidente que lo había dicho para tranquilizarlos y defender al de la idea que bajase caminando.

—Los músculos de tu brazo derecho sin embargo no deben tener movimiento todavía, así que me permitirás darte de comer. —replicó George con cariño sentándose a su lado. Sonrió al verla asentir mientras lo miraba con una mezcla de agradecimiento y dulzura, luego de haber mirado al papá con una suave sonrisa.

Sirius frunció el ceño al verla girarse hacia el novio. Se sorprendió al sentir una mano que él conocía muy bien girarle el rostro. En seguida se dejó llevar por el beso apasionado que su esposa le empezó a dar, conteniéndose para no quejarse del dolor que le produjo su propio movimiento y el de ella para unir sus cuerpos.

Lily carraspeó al entrar al comedor, sonriendo con malicia al ver a sus amigos separarse sonrojados. Ginny, Fred y George sonrieron con picardía, mientras Angela lo hacía con cariño.

—Caradoc y Benjy ya están reunidos en la biblioteca con Albus, Edgar, James, Marte, Gea, Urano, Electra, Leto y Neptuno. Me han pedido que les avise que, aunque creen que no demorarán mucho, preferirían que no los esperásemos para empezar a comer.

Peter, que iba tras ella, se desplazó al otro extremo de la mesa. Quería quedar cerca de Jennifer y Remus, al mismo tiempo que lejos de Angelica.

—Esa es una muy buena idea. Así Diana subirá a reposar pronto para que se recupere antes. —afirmó Alice.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—Marte, Gea, Urano, Electra, Leto, Neptuno, él es Benjy Fenwick y él es Caradoc Dearborn —les indicó el jefe de la O.D.F. los miembros de su grupo a los chicos—. Hoy les ha retirado definitivamente Jennifer los vendajes de los ojos y su vista se ha recuperado totalmente. —les explicó a los recién llegados, que lo miraban interrogantes.

—Mucho gusto señores. Lamento que nos conozcamos en una situación tan irregular. —les dijo Harry tendiéndoles la mano en un gesto amistoso.

—Mucho gusto chicos. —correspondió Caradoc al saludo de Harry, con tono agradable y una leve sonrisa en su rostro. Le tendió luego la mano a Ron, Hermione, Jessica, Luna y Neville. Tuvo especial cuidado con los tres primeros para no lastimarlos, pues ellos aún tenían vendajes por las quemaduras.

—Para mí también es un gusto. —los saludó Benjy con su voz gruesa, en el mismo orden y con el mismo cuidado que su amigo.

—Vamos a sentarnos y hablar sobre lo que han logrado investigar nuestros amigos. Tal vez con eso y lo que Alice, Frank, Sirius y yo habíamos averiguado podamos avanzar en cuanto a su identificación. —ofreció James señalándoles las sillas del extremo más cercano de la mesa larga, dándoles a entender a los chicos que le permitiesen intervenir eventualmente para ayudarlos. Sonrió al ver asentir al chico que se hacía llamar Marte, con la mirada de complicidad que conocía en su esposa. Los dos disimularon rápidamente, para evitar que Caradoc, Benjy o Edgar se diesen cuenta.

El director sin embargo alcanzó a notarlo y sus ojos azules chispearon con alegría. También él estaba allí con intención de ayudar a los chicos.

—Aunque un ataque mortífago no es la única explicación posible para lo que les ha ocurrido a ustedes, sí es la más plausible en los tiempos de guerra en que vivimos. Hemos investigado sobre los ataques que sabemos ellos hicieron entre el 14 y el 16 de febrero, ya que Albus dice que cuando llegaron con él sus quemaduras y heridas eran recientes —comenzó Edgar a explicarles a los chicos. Luego tendió en dirección a ellos un sobre amarillo grande, del cual Harry sacó con cuidado las fotos que contenía—. Les hemos tomado fotos a los cinco lugares. Disculpen que se mezclaran con el movimiento del sobre.

—No se preocupe, sabemos que no fue intencional. —le respondió Harry con una sonrisa. De inmediato todos entendieron, de su expresión y tono, que daba por sentado que sí había sido así pero no se molestaba por ello.

Benjy, Caradoc y Edgar de inmediato intercambiaron miradas de extrañeza entre ellos y luego con James. Fruncieron el ceño al notar que éste tenía expresión de esperarse algo así.

Los chicos las organizaron con alguna dificultad. Era evidente que las habían tomado de modo que no las concatenasen con facilidad.

—Estas no se parecen al lugar en que despertamos. —descartó Luna un grupo.

—El aire del lugar se sentía más húmedo, aunque menos frío, que la cueva cerca de Hogsmeade en que nos refugiamos. —comentó Hermione mirando algunas, encogiéndose de hombros.

Se suponía que Jessica, Luna y Neville estaban allí porque podían ver recién aparecieron lastimados, mientras Ron y ella acompañaban a Harry como apoyo con los otros sentidos. Sin embargo, estaba segura que su mejor amigo los había escogido a ellos cinco para que lo acompañasen debido a sus percepciones (esporádicas desde que estaban en ese tiempo) con el don para Percibir Pensamientos, con la finalidad que lo ayudasen a crear una falsa pista creíble.

—¿Se refugiaron en una cueva cerca de Hogsmeade? —preguntó curioso Caradoc.

—Sí. Desde allí le enviamos un mensaje al profesor Dumbledore. —respondió Harry.

—¿Cómo se lo enviaron? —presionó por detalles Edgar.

Rea —llamó Harry a la pequeña fénix—. Esta pequeña estaba con nosotros y nos ayudó a comunicarnos con el director del cercano colegio.

James, Edgar, Caradoc y Benjy miraban con asombro al ave, que parecía una versión pequeña de Fawkes. El primero miró de reojo interrogante al profesor, comprendiendo de su rápido gesto que le explicaría luego.

—Estaba muy oscuro, pero la vimos seguir a una lechuza. —continuó Jessica.

—Debió confundirse con su regreso matutino al colegio, por el eclipse de sol de ese día. —la ayudó James.

—¿Tienen recuerdos de Hogwarts? —preguntó Benjy con su voz profunda y aparente calma.

—Algunos, confusos y dispersos. Tenemos fragmentos de recuerdos sobre King's Cross, el Expreso de Hogwarts e incluso el colegio, lo cual no concuerda con lo dicho en la reunión por la profesora… ¿McGonagall? —preguntó Neville con bien fingida curiosidad.

—Sí. La profesora McGonagall es de hecho la subdirectora del colegio así que es imposible que esté confundida en ese aspecto. —respondió James para que tuviesen cuidado los chicos con lo que decían.

—Eso lo hace más confuso aún —agregó Hermione luego de intercambiar una mirada con los otros cinco de fingida sorpresa—. Como dijo Marte en la reunión, he estado investigando en la biblioteca y pensábamos que podía haber ocurrido que nuestros padres no nos enviasen al colegio por la guerra, pero eso no encaja con esos recuerdos.

—Aunque son lejanos y confusos. Pero yo insisto en que tal vez sólo fuimos de visita alguna vez, pues ninguno de nosotros tiene recuerdos de clases. —comentó con fingida tranquilidad Ron. Miraba con curiosidad dos fotos que Jessica había puesto cerca, aunque no parecían tener nada en común, notando sus manos un poco temblorosas al moverlas.

—Podría ser —comentó Albus pensativo, mirando a los chicos con genuina curiosidad. Estaba intrigado por saber lo que los chicos estaban armando como historia para encubrir su extraña aparición en su colegio—. Sólo ha ocurrido en algunas ocasiones, desde que soy director del colegio y empezó la guerra, que algunos padres hayan ido con sus hijos allí durante las vacaciones de verano para evaluar el enviarlos allí o no.

—Entonces nuestro campo de investigaciones se delimitaría bastante si Urano tiene razón en eso. —afirmó en seguida Edgar con expresión satisfecha.

—No es seguro y esas imágenes eventuales han surgido estos últimos días. Por eso no se lo habíamos dicho todavía, profesor. —le dijo Harry al director en tono de disculpa, asintiendo al ver al hombre mayor hacerlo.

—Investigaré entre los que aún están en Inglaterra. —aseguró Albus, mientras se cuestionaba si engañaba a Minerva o si la ponía al tanto sobre lo que sabían sus ocho ex alumnos de los chicos.

—Siendo la profesora McGonagall la subdirectora y parte de su grupo, supongo que es de su absoluta confianza —respondió Harry las dudas que percibió momentáneamente del que sería algún día su mentor y el hombre que había querido como un abuelo—. Si le cuenta detalladamente la información que ya le habíamos dado, sobre nuestros breves recuerdos, creo que podrá ayudarlo en esa investigación.

—Así lo haré. —aseguró con firmeza Albus, luego de disimular su sorpresa ante la respuesta camuflada del chico a su interrogante no expresada.

—Estoy casi segura que el lugar era cerca de aquí. —dijo Luna a sus amigos justo en ese momento, luego de percibir brevemente los pensamientos de Benjy, separando un grupo de fotos de las demás.

—Un paseo de aventura. —murmuró Jessica en voz baja, con sus ojos clavados en las dos fotos que la tenían levemente distraída en recuerdos de su infancia.

—¿Qué? —preguntaron asustados Hermione, Ron, Luna, Neville y Harry, que la habían oído al igual que los demás en la mesa.

Jessica se dio cuenta que había hablado en voz alta y se mordió el labio inferior. Tenía su vista aún fija en las dos fotos que le habían despertado los recuerdos de la huida de Londres a Bristol con su prima y los gemelitos, luego de lo ocurrido en el orfanato. Frunció el ceño y se concentró en lo que tenía que hacer.

—Cuando vi estas dos fotos recordé la voz de un hombre diciendo que iríamos a un paseo de aventura. —fingió responder con tono pensativo mientras acariciaba el marco de una de las fotos.

—¿Recuerdas algo más? —preguntó Edgar. Al verla denegar levemente y suspirar se decidió a presionarla un poco—. Descríbenos la voz del hombre.

—Su voz es grave y serena. El tono era alegre y cariñoso. —le respondió ella con seguridad, mirándolo a la cara.

—¿Recuerdas su rostro? —preguntó Benjy.

—No. Yo miraba en ese momento el contenido de mi mochila, revisando que estuviese todo. —le respondió Jessica con tranquilidad.

—Ella me preguntó por los chocolates en la mía. —dijo Luna con sus ojos muy abiertos, fingiendo que estaba sorprendida por haber recordado algo súbitamente.

—¿Ella? ¿Qué has recordado? —le preguntó Harry con supuesto interés.

—Una mujer rubia de ojos azules revisaba mi mochila y sacó unas barras de chocolate. —le respondió ella, con aquella expresión de asombro que sus amigos bien le conocían.

—¿Puedes describirla mejor? —le preguntó Benjy.

—Si me facilitan pergamino y pluma puedo dibujarla. —replicó la joven rubia.

James y Albus se miraron de reojo. El primero le preguntaba silenciosamente al segundo si sería cierto que acababan de recordar algo, así como también si debían dejarlos seguir con eso. El segundo lo tranquilizaba con su mirada.

—Los chocolates eran para los niños —dijo con lentitud Hermione, mientras acomodaba las fotos que le habían llamado la atención a Jessica junto a las separadas por Luna. Dio mentalmente gracias a Merlín que los dos lugares que se reflejaban eran muy cercanos, según acababa de percibir de la mente de Benjy—. Nos ordenaron regresar con ellos comportándonos como muggles, mientras los poníamos a salvo.

—¡La llamarada verde en la chimenea que recordábamos desde el primer día todos! —exclamó Neville como si acabase de comprender algo.

—La puerta se abrió y la chimenea ya no funcionó —siguió la idea Harry, mirando fijamente a su mejor amiga. Rogaba internamente no verse jamás en una situación como la que estaban planteando—. No pudimos enviar a las chicas con los niños.

—No tuvimos oportunidad de sacar nuestras varitas. Ellos nos apuntaron con las suyas y… —Ron se detuvo, tragando saliva al imaginar el llegar a estar en una situación así.

—Mercurio y Júpiter tapaban con sus cuerpos la chimenea, para que no sospechasen del envío de los niños, —siguió Neville.

—Neptuno intentó sacarnos a Venus, a Electra, a Diana y a mí hacia otra puerta a nuestra izquierda, como le indicó Marte, pero no hubo tiempo de nada —agregó Luna.

—Eran muchos y entraron atacando con una maldición extraña… —la ayudó Jessica—. Diana estaba cerca de la ventana de la izquierda con Gea, vigilando por ese lado, mientras Urano y Marte lo hacían por la derecha. Fue a quienes primero alcanzaron las llamas moradas que nos lanzaron.

—Sentí que algo me abrasaba la piel e intenté cubrirme el rostro, pero un segundo después todo se volvía negro. —siguió Hermione.

—Cuando recuperé el conocimiento nos llevaban flotando fuera de la casa por esta zona —separó Jessica una foto del grupo que arreglase su amiga rubia—. Oí unos gritos y nos dejaron caer en la hierba, luego… debo haber perdido el conocimiento de nuevo, pero despertamos cerca de este lugar.

—Hacía mucho frío y estaba muy oscuro cuando me despertó el oír a Electra llamarnos muy asustada. —agregó Luna antes de tomarse la cabeza encapuchada con las manos. El intentar usar el don de Percibir los Pensamientos con sus acompañantes le estaba generando un muy fuerte dolor de cabeza.

—¿Leto? —preguntó preocupado James.

—Wrackspurts. —le respondió Luna en voz baja. Neville la abrazó con cariño, mientras su rostro también se contraía por dolor.

—Ve por Jennifer. —le pidió Albus a James, al ver que los otros chicos también se llevaban las manos a la cabeza con expresiones de dolor en lo que podían ver de sus rostros.

—No, por favor. Se preocuparía Diana. —pidió Harry intentando controlar el fuerte malestar que sentía.

—Tranquilo, le pediré que venga con Remus para que nos ayuden con algunas fotos. —le respondió James, poniéndole una mano en el hombro para tranquilizarlo. En seguida salió de allí.

Cuando Jennifer, Remus y James volvieron estaban Benjy, Caradoc y Edgar ayudando a Hermione, Ron y Harry a beber unos vasos de jugo de calabaza. Jessica, Luna y Neville bebían de los suyos con pulso tembloroso, el director de pie junto a ellos atento a ayudar al que lo necesitase más.

—¡Rayos! —exclamó la joven estudiante de medimagia, preocupada por el mal estado en que los veía.

Remus se apresuró a ayudar a Jessica y James a Luna, lo que le permitió a Albus ayudar a Neville. El director le explicó a su hija que la chica de ojos miel le había pedido que les diesen unas gotas de poción revitalizante en jugo de calabaza. Él le había pedido a Dotty que le llevase lo necesario.

—Esa fue una buena idea. —respondió Jennifer terminando de examinar a Harry con su varita y sacando de su maletín un envase grande con una poción de color terroso.

—¿Cómo están Diana, Venus, Mercurio y Júpiter? —le preguntó Harry preocupado.

—Ellos están bien. No te preocupes. James los ha convencido que las fotos que trajeron eran de interés para Remus y quería que yo viniese a examinarlos mientras ellos hablaban con calma, para asegurarnos que no les había afectado la reunión. ¿Cómo te sientes?

—Mareado y me duele la cabeza. —le respondió el joven de ojos esmeraldas con sinceridad.

—Toma esto y quédate con los ojos cerrados un par de minutos. —le indicó la estudiante de medimagia entregándole una taza pequeña con el feo brebaje.

Harry suspiró al ver el aspecto desagradable de la poción, pero la obedeció sin protestar. Jennifer examinó luego a Hermione, Ron, Jessica, Luna y Neville. Le dio a cada uno distintas dosis del brebaje, según su estado al evaluarlos con su varita.

—¿Cómo están los chicos? —le preguntó Albus con tono preocupado, cuando vio que terminaba la segunda revisión.

—Se han recuperado rápidamente de la crisis por tensión nerviosa que han sufrido. —le respondió su hija, sonriendo al oír a su padre y sus amigos suspirar con alivio.

—Si están de acuerdo quisiéramos retirarnos a comer y descansar —intervino Harry, que se sentía como si hubiese corrido por un largo rato sin detenerse—. Leto puede hacer luego el dibujo sobre la mujer rubia y tal vez entre todos podamos dibujar la casa en que nos atacaron, cerca de este lugar. —finalizó, señalando la foto que le indicaba Jessica con la mirada.

—Claro que sí. Será lo mejor tanto por ustedes como por sus amigos. —afirmó de inmediato el director, asintiendo todos los miembros de su grupo.

—Con las fotos que seleccionaron los chicos, lo que recordaron y lo que ustedes ya habían investigado daremos pronto con sus familiares, que seguramente lograrán llevarlos a San Mungo para que terminen de recuperarse. —le dijo Benjy con tono tranquilizador a James, reunidos en la biblioteca luego que todos comiesen y los chicos estuviesen descansando en sus cuartos.

—Les agradezco la ayuda que nos están prestando para averiguar sobre ellos, pero por favor tengan mucho cuidado. —les pidió con sus ojos avellanas mostrando la preocupación que le embargaba.

—No te preocupes, amigo. Sabemos bien que en esta época el desconfiar es asunto de vida o muerte. —le aseguró Caradoc.

—¿Qué tan serio es el problema de salud de la chica de pelo negro? —preguntó con tono preocupado Edgar.

—El daño pulmonar es severo y el problema con su sistema nervioso es de nacimiento e irreversible, hasta donde sabemos —le respondió James—. Ella usa un hechizo antiguo para ayudarse a atenuar el dolor de sus quemaduras y heridas, pero no recuerda quién o cuándo se lo enseñaron.

»Por otro lado, los chicos han estado muy nerviosos desde que Albus los trajo aquí para protegerlos. Gea está empeñada en que deben irse, mientras Marte, Neptuno, Electra y Diana quieren esperar a recuperarse un poco. Eso ha generado hace dos semanas una discusión muy fuerte entre ellas tres que llevó a Diana a una grave crisis respiratoria. Estuvo muy cerca de morir frente a nuestros ojos.

—¡Por Merlín! —exclamó Edgar.

—Ahora entiendo el nerviosismo que le he notado a los chicos en cuanto a ella. —comentó Caradoc.

—Seguiremos investigando, pero sin presionarlos con preguntas para que no presenten otra recaída. —aseveró Edgar.

—Investigaré con Catherine y Charlton Brown en qué forma se puede ayudar a la chica —comentó Benjy pensativo, añadiendo al ver la expresión de James—: Confío plenamente en Charlton y él en mí, por lo que nos hemos ayudado varias veces sin darnos la información completa sobre las bases de nuestras preguntas.

—Gracias Benjy. —le sonrió con sinceridad James.

—No vayas a tomar a mal lo que voy a decirte, pero extraño a Lily en la oficina —le dijo el moreno, conteniéndose de sonreír al ver al celoso pelinegro entrecerrar sus ojos avellanas tras las gafas—. Su aguda inteligencia es muy importante para la investigación que estamos llevando a cabo. Aunque por otro lado, te agradezco que la retengas en casa hasta que nazca el bebé. Sus bruscos cambios de temperamento me estaban enloqueciendo.

James iba a reírse al oírlo pero se contuvo con dificultad al ver a quien venía entrando a la biblioteca.

—No es precisamente un cumplido lo que acabo de oír. —protestó Lily.

—Te perdiste la parte de la aguda inteligencia y que te extrañaba en la oficina. —intervino Edgar para calmar a la pelirroja, mirando de reojo extrañado al moreno.

—Eso lo tendrás de regreso en unos días, Benjy, así como mis cambios temperamentales. —le aseguró Lily enojada.

—Por eso me agradas, eres siempre franca y directa —le aseguró el moreno con una sonrisa—, así que corresponderé igual. Tú no estabas aquí y tu esposo es hábil con la varita, así que agregué lo último luego de comentarle que te extrañaba en la oficina. Su mirada cargada de celos me previno sobre hacerte cumplidos frente a él de nuevo.

Lily sonrió y James frunció el ceño, mientras Edgar y Caradoc miraban asombrados al moreno. No lo habían visto nunca antes expresar tan abiertamente lo que pensaba.

—Puedes hacerme los cumplidos que quieras y James no se enojará, porque sabe bien que soy su esposa y compañera de aquí a la eternidad. —replicó Lily sonriente, apresurándose a abrazar a su esposo y fundirse con él en un apasionado beso.

—Lo supe desde que él y sus amigos eran unos chiquillos molestos en el colegio y tú les recordabas las reglas —comentó Benjy con una sonrisa, recordando los tres años que habían coincidido en el colegio—. Me alegré mucho cuando supe que por fin se habían unido.

A las cejas enarcadas de Caradoc, dos años mayor que el moreno, se le unieron las de Edgar, que era un año menor a Benjy y por lo tanto lo había visto durante casi toda su época de estudiante. Los dos lo recordaban casi siempre en la biblioteca y solitario. Lily y James parpadeaban incrédulos en dirección al moreno.

—Peter, Sirius y tú iban seguido a sacar a Remus de los libros —explicó el moreno con su reluciente dentadura brillando, señalando a James—. Mientras que Lily era sacada por Angelica con dificultad de la biblioteca, ya que Jennifer y Alice no la ayudaban a menos que les nombrase el invernadero. No era de piedra, aunque simulaba fundirme con el mobiliario para que me dejasen estudiar.

—No sabía que nos analizabas tanto. —comentó Remus que entraba en ese momento, sonriendo al ver las expresiones de sus amigos.

—Eran dos grupos muy interesantes. Siempre discutiendo entre ustedes, haciendo bromas a los demás y compitiendo por ser los mejores en los estudios. —afirmó Benjy.

—Debiste estudiar para medimago y especializarte en problemas mentales. —comentó Edgar mientras lo miraba aún con asombro.

—No. Es un miembro valioso de los inefables. —aseguró Lily volviendo a sonreír.

—No vayas a delatarme con Leonel que he abandonado mi aislamiento por unos minutos —le pidió el moreno a la pelirroja guiñándole un ojo. En seguida recuperó su seriedad habitual—. Ustedes cuiden de los chicos mientras nosotros completamos la información. El martes a final de tarde, si ellos están mejor, iremos con Frank y James al lugar de las fotos.

—De acuerdo, yo le diré a Frank que solicite tu colaboración para investigar una pista de mortífagos en esa zona. —afirmó James, mientras pensaba que tendría que hablar con los chicos sobre la historia que habían armado e ir allí a prepararles la coartada. Pero eso sería al día siguiente, pues debían descansar para recuperarse de la recaída.

—Debo irme. Gracias por el almuerzo. —se despidió Benjy tan formal como siempre.

—Ya sabes que siempre eres bienvenido. —le sonrió con franqueza Lily, despidiéndose con su mano izquierda mientras abrazaba a su esposo con la derecha.

El moreno salió hacia la sala enfrente y viajó por polvos flú. Llevaba el sobre con las fotos con cuidado para que no se le mezclasen. Aunque él había plegado levemente una esquina de cada una de las seleccionadas por los chicos para revisarlas de nuevo, sin que los demás se diesen cuenta que lo había hecho.

—¿Alguien me echó un hechizo confundidor? —preguntó Caradoc luego del moreno viajar por la chimenea, sin poder salir aún de su estupor.

—No. Acabas de conocer al verdadero Benjy en una de esas extrañas ocasiones en que se deja ver. —le respondió Remus con una sonrisa.

—¿Lo habías visto así antes? —preguntó asombrado Edgar.

—Una vez. Yo estaba en tercer año y él en séptimo. En esa época él no sabía que yo era un licántropo, pero la tarde luego de una luna llena me vio muy débil intentando sacar unos libros de la estantería para estudiar y me ayudó. Peter, Sirius y James estaban castigados y teníamos un examen con Minerva para el que no había podido estudiar aún.

—El día que te conseguimos estudiando en la biblioteca con mal aspecto y solo —se le escapó a Lily mirándolo inquisitiva, sonriendo al verlo asentir—. Jennifer nos convenció de ir a acompañarte porque no estaban tus amigos. Ahora recuerdo que Benjy estaba sentado a tu lado estudiando.

—En unas semanas él tendría sus E.X.T.A.S.I.S., así que sacó libros de Transformaciones para que los dos estudiásemos, sólo que los de él eran más avanzados. Teníamos casi dos horas allí, respondiéndome él eventualmente preguntas, cuando ustedes se me unieron. —les contó Remus con una sonrisa.

—Si nos hubieses contado eso antes no te lo hubiésemos creído. —afirmó Caradoc.

—Cierto. Nosotros también debemos irnos ya. Nos alegra ver que Sirius se está recuperando rápidamente de esa extraña maldición. —les dijo Edgar sonriendo ampliamente.

—Sí. Es un hueso duro de roer. —comentó James, conteniendo con dificultad la risa que le provocaba ese comentario siempre que era referido a "canuto".

El rubio y el de pelo pajizo sonrieron aún más y se marcharon hacia la sala para viajar por polvos flú.

—Gracias por esta reunión improvisada y disculpen las mentiras que dijimos ayer y hoy a sus amigos —comenzó Harry a disculparse con sus once acompañantes. Albus, Alastor y Charlus se habían quedado luego de la cena para acompañar a las cuatro parejas a hablar con los chicos—. Tomé esa decisión para evitar que quien ha irrumpido en esta casa, en dos oportunidades, pueda llegar a decirle a alguien inconveniente que llegamos al colegio. Eso pondría en riesgo la seguridad de Hogwarts.

—No te preocupes, todos lo hemos entendido así. —afirmó el director, siendo seguidas sus palabras del asentimiento de sus acompañantes.

—¿Lo que dijeron hace unas horas fue lo que les ocurrió o lo inventaron todo? —se atrevió a preguntarle frontalmente James.

—Para serte sincero es una mezcla de las dos cosas. —le respondió Harry.

—El recuerdo del "paseo de aventura" que me despertaron esas fotos del campo cerca de Bristol es cierto. —afirmó Jessica en seguida.

—También la joven señora rubia revisando mi mochila. —continuó Luna entregándole a James un boceto del rostro de Isolda, aunque un poco más madura que como ellos la conocían.

Al verlo el pelinegro abrió mucho sus ojos avellanas. Se parecía mucho a quien fue por unos segundos su tío.

—¿Pasa algo? —preguntó preocupada Luna.

—Se parece mucho al esposo de tía Alyssa, Daniel Major. —le respondió James con sinceridad.

Los chicos retuvieron el aliento al oír el apellido y relacionarlo con los padres biológicos de sus amigas rubias gemelas no idénticas. Tenían entendido que Daphne se parecía a la mamá e Isolda a su familia paterna. Los Major se parecían tanto entre ellos como los Potter. Para el mundo mágico tanto Heidi como Dave Major habían sido muggles, al igual que Tabatha, la mamá de Clarisse y Dorothy, mientras que Ralph Spears sí había sido mago.

Sólo ellos sabían que en realidad Heidi y Tabatha eran nietas de una hermana del Cundáwan puro Caelius de nombre Tabitha, según las investigaciones de Hermione con ayuda de Daphne. Por lo tanto, Isolda y Daphne no sólo eran primas de Clarisse, Dorothy y Hestia, sino que lo eran también en un grado más lejano de Meg y Timothy. Antes del inesperado viaje en el tiempo se habían enterado que también de Jefferson, Arnie, Sterling y Estrella.

—Lo del ataque que recordamos también es cierto, pero no fue en ese lugar. —añadió rápidamente Hermione, al reaccionar.

—Sólo que en esa oportunidad alguien nos ayudó y sí nos pudimos defender. —continuó con agilidad Harry, recordando el último en el que habían estado, en que al caer Fred se vieron acorralados por unos minutos.

—Sé que Diana y yo estuvimos en una casa abandonada cerca del lugar de las fotos, así que adapté los recuerdos que todos teníamos de ese enfrentamiento al que me acababa de llegar de la sala de esa casa. —aclaró Jessica.

—El problema es que esa casa podría no estar abandonada actualmente. —gruñó Alastor con preocupación.

—Lo estará —les aseguró Jessica, luego de ver a casi todos sus amigos removerse nerviosos y a su prima mirarla con curiosidad—. Lo entenderán mejor al llevarlos allí.

—¿Electra? —preguntó intrigada Angela.

—¿No te dice nada "paseo de aventura" y una casa en los linderos de un bosque? —le preguntó Jessica para hacerla entender, sin darles pistas a su padre y no alterar nada.

Angela abrió sus ojos grises al máximo, cambiando luego su tonalidad a un verde claro mientras se perdía en sus recuerdos.

—¿Diana? —preguntó preocupado Harry.

—En sólo dos días sería luna llena y los niños estaban agotados. Teníamos que encontrar un sitio en que dormir —empezó a contar con voz distante, mientras de sus ojos empezaban a fluir las lágrimas—. Mi prima vio la casa y nos acercamos sigilosamente, ya que no se veían luces ni se oía nada. La cerradura de la puerta no servía y al entrar vimos que estaba abandonada. Recostamos a los niños a dormir en el mueble de la sala y fuimos a la cocina, allí había… Nadie volvió allí después de que los atacasen, eso era seguro.

—Diana, mi amor, cálmate. Esto te hace daño. —le pidió George atrayéndola hacia su pecho. Se le apretó un nudo en la garganta al sentir que se abrazaba a él y empezaba a llorar desconsolada.

—Cálmate hermanita. —le pidió Harry preocupado, acariciándole con cariño el brazo izquierdo, luego de correr a su lado y agacharse junto a ella.

Jessica se apresuró a sacar del bolsillo de su cuñado un vaso de poción para los pulmones y dárselo, ayudada por George.

—Ya eso pasó, prima. Los niños no están con nosotras pero creo que deben estar bien. —le dijo con dulzura la chica de ojos miel. Sonrió al ver que se tranquilizaba un poco y no se le agravaba su respiración, aunque su temperatura corporal empezaba a elevarse nuevamente.

—Vamos a llevarte a descansar, Diana. Tus amigos pueden terminar de hablar con nosotros mientras tú duermes para que te recuperes pronto. —le dijo con dulzura Jennifer. Sonrió al verla asentir luego de hacer un puchero.

Remus la levantó en brazos y salió de la biblioteca con George y Jennifer para llevarla a la habitación en que dormían las chicas.

A Jessica se le escaparon las lágrimas luego de verlos salir, abrazándola Fred y dándole un beso en la frente.

—¿De qué niños hablabas y por qué se puso Diana así? —le preguntó Sirius preocupado.

—¿Ustedes son primas? —preguntó seguidamente Angelica.

—Júpiter, Mercurio, Urano y Venus son hermanos. Diana y Electra son primas. Al menos eso creemos de los fragmentos de recuerdos que tenemos. Creo que soy hermano de Diana y primo por lo tanto de Electra, pero no estoy seguro. —le respondió Harry.

—Habían dos niños más pequeños con nosotras cuando llegamos a esa casa. Sus caritas se parecen mucho a las de un par de pilluelos de unos once años, que nos acompañaban antes que nos viésemos lastimados y apareciésemos en el colegio. Pero… Creo que había adultos con nosotros, intentando ayudarnos. El señor de la voz grave y serena, pero al mismo tiempo cariñoso, estaba llamándonos cerca de sus voces infantiles. —explicó entre sollozos Jessica, mientras se esforzaba en dejar de llorar.

—Creo que es mejor que ustedes también vayan a descansar, chicos —planteó James preocupado por una nueva recaída en ellos—. Así Diana no se preocupará al no verlos —agregó al ver que tenían intenciones de protestar. Sonrió ante su expresión de "Esa excusa es mala. Jennifer debe haberla dormido"—. Además deben estar descansados para que nos puedan acompañar mañana a ese lugar a Frank y a mí para armar algo creíble para nuestros amigos.

—Si ellos van yo voy. —afirmó Sirius.

—Y yo. —dijeron a coro Lily y Alice.

—A todos nos hará bien una caminata a la luz del sol. —aseveró Charlus.

—Yo me encargo de convencer a Jennifer. —les aseguró Albus sonriente, al ver que los chicos estaban nerviosos pero contentos. Era lógico después de tan largo encierro que los ocho apreciasen el salir, aunque fuese en su compañía y para volver allí.

Luego de recostar a los chicos a descansar Lily acompañó con James a su suegro a su cuarto y Angelica a Sirius, mientras los demás bajaban a la sala a despedir a Alastor, Alice y Frank. Remus presenció las protestas de su esposa ante el padre por lo que habían planeado en su ausencia. Jennifer cedió finalmente ante "Necesitan sol y aire fresco", pero con un mohín de disgusto.

Angela presionó a su tía para acompañarlos desde que entró al cuarto a examinarla, a primera hora de la mañana, luego que Luna le contase el plan de salida. A la hora del almuerzo Jennifer claudicó y accedió, entre gruñidos en voz baja en que pudieron oír el nombre de Eloise.

Sirius había intentado inicialmente convencer a la chica de no ir, pero cuando ella le dijo que los dos se iban recuperando casi igual se calló. Estaba cansado de estar encerrado en la casa durante cinco días, desde que cayese herido el martes. El sol ese domingo había amanecido radiante y quería sentirlo sobre su rostro. También la brisa fresca del campo que habría en el lugar, según entendió de la reunión la noche antes.

Angelica denegó ante el cambio de actitud de su esposo luego de la réplica de la chica. Pensó que si era su hija y lograban cambiar las cosas para que no la separasen de ellos iba a tener difícil el formarla, con Sirius mimándola y la pícara manipulándolo. Rodaba los ojos cada vez que la chica le insistía a su gemela, pero no se oponía por lo que había dicho su papá la noche antes: "Diana" también necesitaba "aire fresco".

Lily, James y Remus presenciaban todo en silencio, sonriendo al pensar lo mismo que la gemela.

A media tarde, luego que Angelica, James, Remus y Frank verificasen que no había ni muggles ni magos cerca, aparecieron veinte personas y cinco elfos en el lugar de la foto que había apartado Jessica. Los diez chicos fueron trasladados por las pequeñas criaturas. Un par de minutos después se les unió Albus Dumbledore. Se había retrasado para establecer una alarma en la mansión Potter que les avisase si alguien intentaba entrar mientras estaban ausentes, contradiciendo la solicitud del líder de la O.D.F. de no ir allí.

Hermione, Harry y Ron miraban a su alrededor sonrientes, disfrutando el tibio calor del sol y la brisa. Se sentían felices luego de cinco semanas encerrados en la casa y sin poder ver al menos el jardín.

Sirius sonrió ampliamente al notar sus expresiones. Su sonrisa se diluyó cuando notó que la otra chica que había estado temporalmente ciega no compartía con sus amigos la expresión alegre. Sus ojos verdes miraban con tristeza hacia un punto tras los árboles cercanos, como si viese algo más allá. Frunció el ceño y rápidamente miró a la chica de ojos miel, que observaba en la misma dirección con dolor en la mirada.

Angelica le apretó levemente el brazo para que no preguntase, pues ella también lo había notado. Cabeceó en dirección a la chica enferma cuando su esposo la interrogó con la mirada, suspirando al él asentir en señal de haber comprendido.

—Vamos. —les propuso Jessica a todos en cuanto reaccionó por el leve apretón de su novio en su mano. Empezó a caminar la ruta hacia la casa que les sirvió de refugio antes de llegar a la de los tíos Brown. En casa de los medimagos que las habían criado, hasta el día que fallecieron, se habían conseguido a la pareja de elfos que los ayudaban a los gemelitos, su prima y ella desde ese día.

Todos llevaban sus varitas afuera y estaban muy atentos a todo lo que los rodeaba. Al llegar a la casa James y Frank retuvieron a Jessica y Fred que iban al frente, haciéndoles señas que se quedasen quietos mientras ellos entraban a revisar. El director los siguió.

La manilla y la cerradura de la puerta estaban destrozadas. Al empujar la puerta se encontraron con una amplia sala, dos muebles de tres puestos, uno de dos y tres cómodos sillones, los seis mostrando señales de haber sido usados como escudos para protegerse de maldiciones, al igual que el aparador con fotos al lado de la ventana del lado derecho. Un mueble del lado izquierdo estaba quemado. La chimenea frente a la puerta de entrada tenía encima un tarro, el cual verificaron contenía polvos flú. La ventana del lado izquierdo tenía los vidrios destrozados y muy sucios, mientras la del lado derecho no tenía vidrios.

James avanzó con cautela hacia la puerta de la izquierda con Frank tras él, subiendo al segundo piso, mientras Albus examinaba si la chimenea estaba conectada a la red flú. Por lo que encontraron en las habitaciones los dos aurores dedujeron que había vivido allí una familia conformada por una pareja, una anciana y tres niños entre tres y siete años, además de un cuarto para bebé, pero no se detuvieron a examinar mucho. Bajaron con un nudo en la garganta, asustándose al encontrarse abajo a Lily, Alice y Remus.

—Alice y yo también somos aurores. —dijo rápidamente la pelirroja al ver sus expresiones, antes que los esposos de las dos empezasen a reñirlas.

Remus ni siquiera los miraba, sus ojos fijos en los sillones.

—¿Por qué estaba tan segura que ya había ocurrido esto? —expresó en voz alta su preocupación.

—Por lo que conseguimos en la cocina. —respondió Jessica tras él, haciendo sobresaltarse a los seis que no la habían sentido entrar.

—Les indiqué que esperasen afuera. —la regañó James.

—Diana empezaba a inquietarse por su demora y le ofrecimos venir a ver que estuviesen bien. —se explicó Fred, que venía tras ella. Al ver a su novia avanzar hacia la puerta de la derecha, luego de soltar su mano, suspiró y la siguió.

De inmediato sus seis acompañantes fueron tras ellos, denegando levemente al oír pasos que los seguían. Minutos más tarde todos estaban en la cocina-comedor, viendo con horror los preparativos de lo que iba a ser una cena navideña, por la decoración. Sobre la mesa había una pancarta que decía: "Bienvenido sea el año 1980 y el nuevo integrante de la familia". Eso hizo tragar saliva a todos excepto a las dos primas, que la conocían y miraban con extrañeza la puerta posterior. Tenía corridos los dos pestillos para ser abierta fácilmente incluso desde fuera.

—No. —retuvo Angela a Lily que iba hacia allí.

—¿Por qué? —preguntó la pelirroja intrigada.

—Eso no lo recordamos así. —respondió Jessica reteniendo a Alice, preocupada.

—Tal vez porque nosotros lo modificamos. —replicó la rubia con una sonrisa, intentando tranquilizarlas.

—Todas las mujeres fuera de la casa por la puerta frontal. —ordenó Harry sin pensar a quiénes les hablaba, con el ceño fruncido mirando en dirección a esa puerta y su pulso acelerado al máximo.

—Pero que… —empezó a protestar Angelica.

—Hagan lo que ha dicho Marte —les ordenó el director serio, luego de mirar en esa dirección al oírlo y percibir la concentración de energía oscura proveniente de la pared posterior de la casa—. Charlus, Sirius, Mercurio, Júpiter, Neptuno y Urano, asegúrense que ninguna de ellas regrese. —añadió rápidamente. Hubiese querido sacar de allí también al hijo de James, pero estaba seguro que no se iría.

—¿Qué esperan para salir? —rugió Alastor al ver que ninguno se movía.

Hermione y Ron habían mirado interrogantes a Angela ante la orden de Harry, tragando saliva al verla asentir con aquella expresión mezcla de rabia y angustia en sus ojos grises. Ayudaron en seguida a sacar a los que el director ordenó. Los nueve chicos ayudaron a Charlus a sacar a las cuatro renuentes mujeres y un pelinegro de ojos grises muy enojado, que sólo accedió por ser la propia chica enferma quien lo arrastrase fuera.

Minutos después de estar de nuevo frente a la casa vieron asustados salir a Harry, James, Frank y Remus corriendo, vomitando a pocos metros de allí, siguiéndolos minutos después un evidentemente descompuesto Alastor y el director con una expresión de repulsión y rabia que los asustó.

—¿Qué…? —intentó preguntar Lily.

—Marte, Remus y ustedes se van de inmediato a Deercourage —les ordenó Albus Dumbledore interrumpiendo a la pelirroja—. En unos minutos vendrá un escuadrón de aurores con Alastor a… —Se detuvo un momento para tomar aire y buscar palabras adecuadas—. Ellos tendrán que investigar lo que aquí se ha encontrado.

—¿Y la coartada de los chicos? —preguntó Alice sin comprender.

—No tuvimos tiempo de enterarnos de nada —respondió Marte pálido y tembloroso, pero con el estómago ya calmado—. Nosotros recuperamos el conocimiento en aquella dirección. —señaló un sendero que abría hacia la derecha.

—Yo me ocupo de eso. Váyanse ya de aquí. —les pidió James de pie tras el que estaba casi seguro era su hijo.

Harry asintió y caminó hacia el grupo. Abrazó a su novia cuando ésta lo alcanzó, forzándose a sonreír para tranquilizarla un poco al ver su expresión preocupada.

—¿Están atrás los cad…? —empezó a preguntar Angelica, creyendo empezar a comprender.

—Por favor, no pregunten. —la interrumpió Remus, deseando no haber visto aquello.

Alice, Lily, Jennifer y Sirius abrieron de par en par los ojos, espantados al entender lo que estaba tras la puerta.

Charlus lo había deducido cuando su amigo Albus había dado la orden que él, el aún convaleciente amigo de su hijo, las mujeres y casi todos los chicos saliesen de la casa. El ex auror miró al chico idéntico a su hijo y se preguntó porqué no lo habría sacado también a él, aunque la forma en que les ordenase a las mujeres salir le dio una idea del motivo. El chico de alguna manera había sospechado lo que había allí y Albus sabía que no se iría hasta comprobarlo, lo siguiente que escuchó le confirmó la motivación del director.

—No debimos venir. —musitó Jessica.

—Todo lo contrario. Ha sido lo mejor para que ustedes no se encontrasen con eso. —la contradijo Harry.

—¿Después de más de diez años? —preguntó incrédula la chica de ojos miel.

—Si no remueven hoy los aurores lo que escribieron en la pared posterior durará ahí al menos veinte años. —le replicó Remus con expresión mezcla de asco y rabia.

—¿Por qué se ensañarían así con ellos? —preguntó Alice, sospechando lo ocurrido.

—Porque son unos enfermos mentales. —afirmó Neville enojado, desapareciendo al igual que sus acompañantes luego de todos asentir.

—¿James? ¿Frank? —los llamó Alastor luego de ver el grupo desaparecer.

—¿Por qué no sacaste a Marte? —le preguntó enojado el primero al que había sido su director—. Él no debería haber visto eso.

—Porque hubiese sido tan difícil como sacarte a ti. —replicó Alastor malhumorado, girándose para entrar de nuevo a la casa.

La respuesta de su superior descolocó a los dos hombres fuera de la casa, volviendo a entrar al reaccionar y no ver al director allí. Lo encontraron adentro enviando un mensaje con Fawkes.

—Edgar y Benjy vendrán a ver esto antes que venga el escuadrón, para cubrir la historia de los chicos con los miembros de La Orden del Fénix y para que nos ayuden a investigar. —les explicó Albus al verlos.

—Lo que dijo Marte tiene lógica. Según su coartada ellos no tuvieron tiempo de enterarse de nada. Además que la chimenea es mágica y aún está habilitada, así que su historia es plausible. No tenemos que preparar nada para nuestros amigos. —agregó Alastor, que entró tras ellos a la sala-comedor haciéndolos sobresaltarse.

—¿Encontraste lo que te indiqué allá arriba? —le preguntó el gran fénix.

—Tus sospechas eran correctas. Suerte que ellos no miraron con atención en el cuarto con la cunita. —afirmó el auror, señalando con una cabezadita a sus acompañantes.

James y Frank se estremecieron al oírlo, pues sospechaban a qué se referían.

—Lo visto hoy aquí puede alejar definitivamente a ese chico que se hace llamar Marte y sus compañeros de la guerra, o empujarlos a empezar a actuar de inmediato. —comentó pensativo Alastor Moody mirando en dirección a la puerta que ocultaba tan macabra escena.

—Ellos sólo saldrán de casa de James para irse con sus familias, así que no harán nada ni en esta ni en ninguna guerra. —replicó Frank con firmeza, pensando en insistirle a Albus en la antigua ley para obligarlos.

James deseó que su amigo tuviese razón, pero sospechaba que no sería así.

Veinte minutos más tarde Edgar y Benjy estaban vomitando afuera, acompañados de un James de mirada ausente. Frank ayudaba a Alastor y Albus a examinar la casa para borrar el rastro de la presencia de los chicos y sus amigos de allí.

—¡Por Merlín! Eso es… ¿Cómo puede un ser humano hacer eso? —preguntó el rubio cuando logró calmarse un poco.

—¿Por qué vinieron con los chicos hoy aquí? —preguntó el moreno, esforzándose por recuperar su temple.

—Nos convencieron de traerlos para ver si despertaban más recuerdos. —le respondió James con tono monótono.

—¿Alguno de ellos vio eso? —le preguntó el rubio al darse cuenta de su semblante.

James suspiró, cerró los ojos y asintió.

—Pudimos sacar a todos excepto a Marte. —respondió la interrogante muda de sus amigos un par de minutos más tarde, cuando al abrir sus ojos vio sus expresiones.

—¿Crees que fuesen familiares de alguno de los chicos? —preguntó Benjy.

—Alastor no lo cree. Antes de entrar en la casa nos habían dicho que recuperaron el conocimiento en aquella dirección —les señaló hacia el lugar que antes indicase el joven de pelo negro y ojos esmeraldas, quien sospechaba era su hijo—. Es posible que los sacasen para terminar con ellos fuera de aquí y dejar intacto "el mensaje" para quien se suponga que vendrá a leerlo. Sólo que algo o alguien evitó que terminasen con los chicos ese día.

—Rufus y su grupo. —afirmó Edgar, asintiendo al ver la expresión interrogante de James.

—El león enfrentó un grupo grande en esta zona y retuvo a varios —comentó Benjy mirando en la dirección señalada por su amigo de lentes antes—. Según el informe murieron muchos muggles y magos. Esa noche este sitio fue un verdadero caos —hizo una pausa antes de continuar—. James, hay algo que debes saber. Es posible que los chicos hayan perdido esa noche a sus familiares.

El aludido no respondió nada, pues aunque lo había oído no le gustó nada que a su mente se viniese lo ocurrido cuando su esposa y su amiga les hablaban a los chicos de la ropa de los bebés: su tristeza ese día.

—No han reportado chicos desaparecidos, así que lo más probable es que sus familiares estén muertos. —comentó Edgar mirando en la misma dirección.

—¿Los chicos recordaron algo más antes que encontrasen eso allá atrás? —preguntó Benjy mirando ahora en dirección al bosque a la izquierda.

—¿James? —preguntó Edgar preocupado por su falta de respuesta.

—Ellas hubiesen ido atrás y visto eso. —musitó el aludido.

—¡Cierto! —replicó con un estremecimiento el moreno.

—¿Qué? —preguntó Edgar desubicado.

—¿No lo recuerdas? Neptuno las iba a sacar por esa puerta por indicaciones de Marte. Si lo hubiese alcanzado a hacer se habrían conseguido con eso mientras los perseguían y lastimaban. —le respondió Benjy al rubio.

James agradeció mentalmente que la coartada de los chicos cuadrase con lo que se le había escapado, pues él había estado pensando era en lo dicho por la de ojos miel.

—Deben tener si no un familiar al menos algún conocido vivo, con quien enviaron a los niños. ¿Recordaron algo más sobre ellos? —le preguntó Benjy a James.

—Sólo que eran dos niños —le respondió el auror de lentes—. Teníamos sólo unos minutos aquí explorando cuando Marte notó los pestillos desplazados y Albus ordenó que los demás saliesen de la casa por aquí.

—¿Por qué permitieron que el chico se quedase? —preguntó Edgar.

—Porque no hubiese salido —respondió Albus que salía en ese momento de la casa—. Como líder de su grupo investiga lo que pueda afectar a los otros, además de ponerse en la mira de posibles enemigos para defenderlos.

Los tres hombres suspiraron al oírlo y asintieron. El rubio y el moreno concatenaron su comentario con lo visto en la reunión en que se presentaron y luego en la de las fotos. El de lentes lo unió con los recuerdos de la chica de ojos miel.

—Los chicos no habían tocado nada y su presencia aquí no afectó ni física ni mágicamente —les dijo el director mientras desvanecía con su varita lo que habían expulsado de sus estómagos los que habían visto lo que estaba atrás—. Edgar, Benjy, es hora de irnos. Alastor convocará al resto de su escuadrón para investigar y limpiar la zona. Vamos a Deercourage.

El rubio y el moreno asintieron de inmediato y desaparecieron.

—Frank me ha planteado que les insista con la antigua ley a los chicos, pero me preocupa Diana. —le comentó Albus a James.

—Sólo cambiemos la táctica en cuanto a los mayores para que no se le presente otra crisis a ella. —sugirió con sus avellanas fijas en el bosque.

—Hablaremos con más calma en la noche, luego que ellos estén dormidos.

James asintió, suspiró luego que el director desapareció y entró de nuevo a la casa.

Cuando James y Frank llegaron a la casa por la chimenea de la sala, dos horas más tarde, los esperaba Jennifer con la poción de sabor arenoso que ya les había hecho tomar al líder de los chicos, su esposo, el rubio y el moreno.

—Diana y Electra están durmiendo bajo el cuidado de Angelica. Los otros chicos están en la biblioteca con Edgar, Benjy, Lily, Alice y Remus. —les informó mientras la bebían.

—¿Qué te preocupa? —le preguntó James al ver su expresión.

—Los chicos están demasiado tranquilos y colaboradores con Edgar y Benjy. —respondió Jennifer preocupada.

—¿Crees que traman algo? —le preguntó Frank, suspirando al verla asentir.

—¿Qué averiguaron sobre la familia de esa casa? —les preguntó Jennifer cuando notó que la poción ya había hecho efecto.

—El dueño de la casa era primo de la Ministra Millicent Bagnold y la esposa era una bruja hija de muggles. —le respondió Frank.

—Lo ocurrido hace un mes fue para llamar su atención hacia el lugar. Sólo que Rufus no sabía quién se había mudado el año pasado ahí y no relacionó el ataque de la noche del 15 de febrero con una trampa para él. El león rugió muy fuerte al enterarse un mes después, y por Alastor, que les habían hecho eso a familiares de la Ministra. —le contó James.

Los tres se giraron a mirar extrañados la puerta al oír risas provenientes de la biblioteca. Sin decir más nada salieron de la sala, cruzaron el pasillo y abrieron la puerta de madera de roble. Enarcaron las cejas con incredulidad al ver riéndose a Benjy con tanta jovialidad, mientras los demás intentaban aplacar la risa y la joven rubia dibujaba algo en un pergamino.

—Mire señor Fenwick, éste es un boceto de un Aquavirius Maggot —le entregó Luna un dibujo de lo que había visto en el Ministerio—. Fingen ser similares a cerebros y son peligrosos si no se les aísla.

Los otros cinco chicos que habían irrumpido por primera vez en el Departamento de Misterios con ella cesaron en sus risas de inmediato, abriendo mucho los ojos, al igual que el moreno que trabajaba actualmente allí.

—Se parece mucho a lo que nos describieron. ¿Estás segura de lo que me has dicho? —le preguntó con curiosidad, sus ojos negros fijos en ella y sus facciones repentinamente serias.

—Eso es lo que recuerdo de animales peligrosos cuando se está en el agua. —respondió impertérrita la rubia.

—Deberías recordar a los Grindylows. —replicó Hermione en tono de regaño.

—Esos no son peligrosos si se sabe aplicar bien el hechizo Relashio, como dice en los libros. —le respondió la rubia encogiéndose de hombros y empezando de nuevo a mirar el libro que tenía entre sus manos.

—¿Recuerdas dónde leíste o quién te habló de estos? —le preguntó el inefable señalando el dibujo que le había entregado.

—No. Sólo recuerdo que son peligrosos —le respondió Luna volviéndolo a mirar de frente con fingida curiosidad—. ¿Está seguro que no es peligroso pararse debajo del muérdago?

—A menos que coincidas con un chico desagradable ahí, o tu novio esté cerca cuando coincidas con uno agradable, no hay ningún peligro. —le aseguró el inefable con fingida seriedad.

—¿Los Nargles atacan en esos casos? —preguntó Luna con su acostumbrada expresión de asombro.

—El que se meta contigo debajo de muérdago puedo asegurar que verá Nargles. —gruñó Neville, que se sonrojó al sentir que los demás lo miraban. Bajó la cabeza cuando casi todos comenzaron a reírse.

—Yo nunca dejaría que ningún otro chico se me acercase, haya o no muérdago cerca. —le aseguró Luna con tono suave mientras le levantaba el rostro. Fijó sus ojos como plata en los castaños de él antes de acercar su rostro y darle un beso en la boca, al que él correspondió de inmediato.

Hermione sonrió ampliamente, pensando la forma tan extraña en que el destino había acercado a sus dos amigos para que saliesen de sus soledades y consiguiesen el amor.

Sirius carraspeó para recordarles que no estaban solos, sonriendo con expresión traviesa cuando los vio separarse apenados. Recibió en seguida un golpecito en el brazo de Alice y una mirada de reproche de Lily.

—Es muy bonita la pequeña fénix —comentó Edgar mirando a Rea—. ¿Recuerdan desde cuándo está con ustedes?

—No. Tampoco si Moony y Hera nos acompañan desde el mismo momento que ella. —le respondió Harry.

—¿Quiénes? —preguntó intrigado el rubio.

Moony, Hera —los llamó Harry, sin hacer caso de la leve negativa de Hermione en su dirección—. Moony es macho y Hera también es hembra. —les explicó mientras le acariciaba el plumaje al primero. Lo que Fred y George hacían con sus pequeñitas.

—Los fénix no son aves comunes. —comentó Benjy extrañado de la presencia de los tres pequeños junto a los chicos, extendiendo su mano con cautela en dirección al macho. Enarcó las cejas con sorpresa cuando el pequeño le permitió que lo acariciase.

—Hola Fawkes —lo saludó Ginny con una sonrisa—. ¿Viniste a ver a dónde se habían escapado tus amiguitos? —le preguntó mientras le acariciaba la cabeza, luego que sobrevolase a los tres que sostenían a las pequeñas aves y se posase en su brazo.

Fawkes cuida de ellos en el colegio mientras nos recuperamos, por consejo del profesor Dumbledore. —les explicó Harry a sus acompañantes.

—Son hermosos. No estoy segura pero parecen crías. —comentó Lily mirándolos.

—En cuanto llegamos al colegio ardió Rea, pues cuando recuperamos el conocimiento Moony y Hera eran ya polluelos. —le respondió George tendiendo el brazo en su dirección. Sonrió al ver a la mamá de su amigo asustarse un poco cuando su emplumada amiga se pasó a su brazo.

—Eso fue porque seguramente los intentaron ayudar durante el ataque que sufrieron, ya que esa pequeñita tenía muy mal aspecto cuando llegó a mi oficina con la nota de ustedes —afirmó Albus que venía llegando, asustándolos un poco a todos porque no lo habían sentido llegar al estar entretenidos con los fénix—. Minerva vendrá a cenar y los demás llegarán luego para la reunión. —agregó en dirección a Lily.

—Idun me avisó hace poco que la cena estará lista en unos minutos. —le respondió ella. Sonrió al oír gorjear a la pequeñita en su brazo, girándose a mirarla.

Fawkes emitió un par de notas y todos vieron como Hera y Moony volaban de inmediato a su lado, mientras que Rea agitaba sus alas pero permanecía junto a Lily. El fénix de Dumbledore miró en su dirección y de nuevo la llamó.

—Creo que es hora de irte, amiguita. Puedes regresar cuando gustes. —le dijo la pelirroja con cariño. Sonrió al oír las dulces notas que emitía la pequeña ave antes de volar de su lado al encuentro de los otros tres fénix. Las cuatro aves levantaron el vuelo y desaparecieron.

—¿Podemos leer un rato aquí luego de cenar? —preguntó Hermione.

—Preferiría que descansasen desde temprano. Mañana pueden venir a leer. —respondió Jennifer.

—De acuerdo. —aceptó Harry con una sonrisa.

—Mercurio y yo iremos a buscar a nuestras novias y a Angelica para que bajen a cenar. —anunció George levantándose.

—Los acompaño en previsión que alguna de ellas necesite ayuda. —respondió Remus a su planteamiento, mirándolos con curiosidad al verlos asentir sin replicar que eso lo harían ellos.

James y Frank fruncieron el ceño pensando que Jennifer tenía razón, los chicos se traían algo entre manos.

Angela permitió que Remus la ayudase a caminar sin intentar siquiera protestar, lo que aumentó las sospechas del licántropo y despertó las de Angelica. Estuvieron los dos muy atentos al desenvolvimiento de los chicos durante la cena, al igual que sus esposos, los Potter, los Longbottom y el director.

Una vez que terminaron de comer los chicos subieron a sus cuartos y se acostaron a dormir sin emitir ni una queja, quedándose dormidos sin necesidad de poción. Estaban decididos a recuperar fuerzas y "comportarse debidamente" con sus protectores mientras se preparaban para irse de allí, como les indicó Harry mentalmente luego que llegasen de Bristol.

En la reunión James y Frank informaron a todos los miembros de la O.D.F. lo ocurrido en Bristol cuando fueron allí a investigar a petición de los chicos, que querían averiguar quiénes eran. Minerva y Albus confirmaron que una de las parejas de magos que había podido ser identificada por Rufus y su grupo en el ataque del 15 de febrero, listado que había llevado Alastor, había ido con sus hijos a conocer el colegio pero no los habían inscrito. Las cuatro parejas comprendieron que la subdirectora debía estar al tanto de casi toda la verdad, pero simularon entristecerse por los chicos igual que los otros miembros del grupo.

—James, Frank y Alastor intentarán investigar más para ubicar otros familiares. Mientras no los ubiquemos no les diremos nada de esto a los chicos. —dijo decidido el director, sonriendo al verlos a todos asentir.

Hablaron un rato más sobre las reacciones en el Ministerio ante el descubrimiento en Bristol y luego casi todos se retiraron a descansar, quedándose sólo la subdirectora y el director con las cuatro parejas.

—Como se habrán dado cuenta, Minerva sabe toda la verdad sobre los chicos. Incluso sabe que Diana tiene conocimientos sobre Cundáwans. —les dijo el director apenas se quedaron solos en la casa.

Sus ocho oyentes abrieron sus ojos al máximo, sorprendidos que le hubiese revelado también aquello.

—El que Angelica y Jennifer eran hijas de Albus y que los tres son Cundáwans lo sabía desde que ustedes llegaron al colegio. —les aclaró la subdirectora.

—Sin embargo, lo que dijimos en la reunión es parcialmente cierto —continuó el director mirándolos fijamente—. Los Patil que murieron esa noche en Bristol si tenían dos hijas de quince años, a quienes no enviaron al colegio debido a la guerra.

—Lamentablemente muchos padres han tomado la misma decisión desde que Voldemort empezó con esta guerra. —comentó con pesar la subdirectora.

—Minerva me ha recordado un pequeño problema con la antigua ley que quería usar para retener a los chicos. —siguió el director.

—Si ante la magia logran demostrar los seis mayores que se hacen responsables de las cuatro menores, existiendo algún vínculo de sangre aunque sea lejano entre ellos, la ley no es aplicable. —explicó la subdirectora.

—Venus es hermana de Urano, Mercurio y Júpiter. —recordó de inmediato Alice.

—Si son quienes creemos, Diana sería prima de Marte. —agregó James.

—Y si no lo son igualmente es probable que sean parientes incluso lejanos. Tanto entre los magos como entre los Cundáwans existen relaciones entre las familias que muchas veces no son conocidas. —añadió Angelica pensando en lo que investigaba.

—Ellos sólo han tenido acceso a esta biblioteca y la única que conocía la ley cuando la planteé era Diana, pero en ese momento no sabía evadirla. Debemos saber si ya han averiguado la forma de hacerlo. —finalizó el director.

—Wykers. Por favor ubica sobre esa mesa los libros que los chicos han estado leyendo. —le ordenó Jennifer en cuanto lo vio aparecer.

Con sólo ver los títulos se dieron cuenta que los chicos eran hábiles para investigar. Un par de minutos más tarde escucharon suspirar a Remus y empezar a leerles la ley y la excepción en uno de los libros.

—Tal vez no alcanzaron a leerlo. —planteó Lily. Suspiró al ver que su amigo le mostraba un trozo de pergamino que decía: "Urgente hacerlo".

—Si no hubiese notado su actitud desde que llegaron creería que no insistirán en irse y participar en la guerra, luego de lo que vio Marte hoy. —comentó Remus con frustración.

—Diana no se ha recuperado, ni nos han ayudado a arreglar el cuarto del bebé. Aún tenemos unos días para buscar como retenerlos aquí, mientras encontramos como tumbar ese bloqueo y devolverlos a su época. —afirmó James luego de diez minutos de tenso silencio, en que todos habían estado mirando fijamente el libro.

—Mientras investigamos cómo hacer eso será mejor que no se queden solos. Así no irán a explorar otros lugares, ya que sospechan que los seguimos a los dos que nos nombraron. —añadió Frank mirando a su esposa.

—Sólo si Lily también pide su reposo desde ahora yo lo haré. —replicó Alice, que sabía lo que su esposo quería.

—Olvídenlo. Me quedo aquí sólo hasta finales de mes. Luego tendremos que conseguir otra solución. —replicó de inmediato la pelirroja mirando a la gemela más rebelde.

—Remus y yo estaremos finalizando nuestro entrenamiento con Alastor para esas fechas. —aceptó ayudarlas, sabiendo que los cuatro hombres se enojarían. Pero ella tampoco permitiría que Sirius la limitase en una situación como las de ellas.

—Lo volveremos a hablar el 1 de abril —se adelantó el director a la protesta de los esposos de las dos embarazadas—. Pero hasta entonces Alice está de reposo temporal, al igual que Lily, por órdenes del jefe de su escuadrón, Alastor Moody.

—¿Qué? Pero él no puede hacer eso sin que yo lo solicitase. —protestó la rubia.

—Sí puede, basándose en que hoy no pudiste presentarte a su llamado por sentirte indispuesta, como yo le informé. —respondió James mirándola fijamente, esperando su réplica airada.

—¿Por qué tú te atreviste a…? —empezó a preguntarle Alice enojada.

—Por lo que vieron en la casa —afirmó Lily sin dejarle terminar la pregunta—. Una cosa es luchar en una batalla e investigar hechizos difíciles y otra tener que ver lo que algunos de esos sádicos les hacen a sus víctimas. —agregó mirándola de frente.

—¿Fue por eso? —les preguntó la rubia a su amigo y su esposo un poco más calmada, suspirando al verlos asentir—. Pediré que me pongan con el papeleo en cuanto regrese del permiso que me ha dado Alastor.

—Yo hablaré con Leonel para que Benjy haga la investigación de campo y yo la de oficina desde que regrese al trabajo. —afirmó Lily, sonriendo al ver la expresión de alivio de su esposo.

—Sería prudente que vigilasen las lecturas de los chicos y no les permitan leer sobre leyes mágicas o será difícil el conseguir como retenerlos. —les aconsejó Minerva señalándoles los libros sobre la mesa.

—Los mantendremos distraídos. —aseguró Lily.

James y Frank intercambiaron miradas preocupadas al oírla pero decidieron que no era prudente presionar luego que las dos aceptasen un retiro del trabajo de campo, aunque no de las batallas como miembros de La Orden del Fénix.