Decoración y Traslado
Resumen: Un desayuno y dos embarazadas alteradas. El difícil planteamiento de Charlus. Decorando el cuarto del bebé. El cumpleaños de James. Traslado en medio de la noche.
Nota: En este capítulo aparece la canción "Tu Guardián" del cantautor Juanes.
Apenas amanecer las cuatro parejas bajaron a los cuartos de los chicos en el primer piso, bajando la cabeza al oír en el cuarto de los chicos la voz de Marte terminando el conjuro que habían leído en el libro la noche antes.
—Perfecto. —escucharon que lo felicitaba Gea, gruñendo los ocho en voz baja.
—Sólo les diremos si el director insiste de nuevo con esa ley. En cuanto a las otras tendremos que investigar un poco más. —escucharon la voz de Marte nuevamente.
—Hora de interrumpirlos. —decidió James, golpeando con sus nudillos la puerta.
—Buenos días. —los saludó un poco asustado Harry en cuanto abrió la puerta. «¿Nos habrán oído?»
—Buenos días —le correspondió James con el ceño fruncido—. ¿Qué hacen ellas aquí a esta hora?
—Nos despertamos temprano y vinimos a convencerlos de que ayudasen a prepararles un desayuno. —improvisó Angela.
—Alice y Lily comienzan desde hoy un régimen estricto por sus embarazos, así que ellas sólo pueden comer lo que les preparen Idun y Tyr bajo mis instrucciones —les aclaró Jennifer según lo acordado con su papá—. Pero los demás no estamos a dieta. ¿Qué tenían pensado?
—Tostadas, huevos, tocino, mermelada de frambuesas naturales, chocolate, té y café. —respondió Harry de inmediato.
—Tú tienes prohibido entrar a la cocina. —le recordó James a la chica de pelo negro.
—Ella y yo íbamos a poner la mesa mientras Júpiter los ayudaba a buscar cosas en la despensa. —aclaró rápidamente Ron.
—Hablaré con los elfos para que sólo preparen lo de nosotras dos. —afirmó Lily con picardía en la mirada, señalando a su amiga rubia y a si misma. Quería ver cómo salían los chicos de la mentira que habían dicho.
—Perfecto. —sonrió Harry contento, girándose a organizar su cama rápido.
Los ocho recién llegados vieron asombrados a los cinco chicos organizar sus cosas mientras la castaña les tomaba el tiempo.
—Seguimos siendo más rápidas. —canturreó divertida Angela.
—Me rin… —empezó Ron.
—Ni se te ocurra. —lo interrumpió Fred.
—Mañana lo lograremos. —afirmó George.
—Vale. La apuesta sigue en pie. —afirmó Ginny, acercándose a tomar a su novio de la mano y darle un beso en la comisura de los labios.
Lily se dio cuenta que la chica de ojos miel y la menuda pelirroja guardaban rápida y disimuladamente sus varitas y miró de reojo a sus compañeras del colegio, que parpadearon rápidamente.
—¿Nos quieren contar? —preguntó Sirius intrigado.
—Claro —respondió de inmediato Angela, sonriendo al oír murmurar protestas a su novio, su hermanito, sus cuñados y su amigo castaño—. Todo empezó ayer en la mañana, cuando Urano aseguró que nosotras tardábamos el doble que ellos en arreglarnos. Gea le hizo ver que nuestra habitación siempre está impecable cuando salimos. —empezó a contarle mientras salían del cuarto, deteniéndose a tomar aire al sentir que sus pulmones empezaban a resentir el ritmo.
—Lo cierto es que luego de desayunar, cuando subimos a buscar los libros, Urano retomó el tema. Leto planteó que nos tomásemos el tiempo que tardábamos en hacer las tareas matutinas —continuó George mientras la abrazaba a su costado y disminuía el paso, para que fuese más lento y respirase mejor—. Nosotros demoramos más en buscar lo que usaremos en el día y ellas arreglándose, pero cuando ellas salen el cuarto está organizado y el nuestro es un desastre.
—Urano dijo que eso no era importante porque siempre sabían, finalmente, donde tenían las cosas. Yo no estuve de acuerdo, así que hicimos una apuesta —siguió Hermione, que sonreía abiertamente al ver que los tenían totalmente distraídos y ya estaban cerca de la puerta de la cocina—. Durante esta semana, si al menos una vez ellos dejan el cuarto totalmente ordenado en menos tiempo que nosotras, les arreglaremos sus cosas por dos meses sin importar cómo las dejen.
—Pero si no lo logramos, tendremos que ordenar las de ellas durante ese tiempo. —terminó Ron la explicación, suspirando en seguida antes de abrir la puerta del comedor para entrar con una muy divertida Angela.
—¿Por qué arreglaban las camas manualmente en lugar de con sus varitas? —preguntó intrigado Sirius.
—Porque no es permitido arreglar con magia. —respondió Jessica sonriendo con picardía.
—Entonces si yo examino sus varitas ahora deberían mostrar sólo los hechizos para cambiarse de ropa, ¿correcto? —planteó James, que también se había dado cuenta de lo hecho por las dos chicas.
—Claro. —respondió Harry mirándolo interrogante.
—¿Me dan sus varitas para comprobarlas? —preguntó James con aire casual.
—No. —respondieron Ginny y Jessica a coro, nerviosas, mientras los demás asentían.
—¿Qué? —preguntó extrañado Harry girándose a mirarlas.
—¿Por qué no? —quiso saber Hermione.
—Por…porque… nos…nosotras… —empezó a tartamudear Jessica.
—No se vayan a enojar. Fue sólo una bromita inocente. —planteó Ginny con carita de niña buena.
—¡Hicieron trampa! —exclamó enojado Ron.
—Yo no. —afirmaron de inmediato a coro Angela, Luna y Hermione.
—Propongo algo. A partir de mañana las varitas las tendrá Dotty mientras ella y Wykers nos toman el tiempo. Con la información que nos den el domingo se dictamina que grupo es el vencedor en la apuesta. —planteó Neville serio.
—Correcto, pero ellas dos nos engañaron hoy. —protestó Ron.
—Y es por eso que Venus y Electra, por lo que resta el día de hoy, arreglarán las cosas de los diez sin varita. —decidió Harry con el ceño fruncido.
Ginny y Jessica suspiraron y asintieron en aceptación.
Lily miraba con el ceño fruncido a su esposo, que con mucha dificultad estaba conteniendo la risa.
—¿Por favor hablas con los elfos para que no se enojen porque preparemos el desayuno? —le recordó Harry a su mamá.
—¿Hablaban en serio? —preguntó desconcertado Frank.
—Claro. —le respondió Harry con expresión de no entender la pregunta.
—Esto quiero verlo. —afirmó Lily entrando a la cocina.
Treinta minutos más tarde los chicos empezaron a servir la comida en la mesa, ya dispuesta por Angela y Ron. Lily y Alice felicitaron a los cocineros y sus ayudantes. Simultáneamente se burlaban de las "frecuentes ayudas" que les habían proporcionado sus esposos y sus dos amigos en esa área, desde que Lily se había casado con James. En casa de Alice y Frank aquello era imposible, por Augusta.
Angelica y Jennifer se decidieron a unírseles, cuando Sirius y Remus intentaron ayudar a James y Frank. Angela se unió al bando de las mujeres cuando George intentó ayudar al que sería su suegro. Cuando estaban terminando de desayunar detuvo la batalla verbal de "ellas" contra "ellos" la carcajada en la puerta del comedor de Benjy Fenwick.
—¿Cuánto tiempo tienes ahí? —preguntó avergonzada Lily.
—El suficiente para ver que no sólo habéis retomado vuestra época de estudiantes, sino que ahora cada bando tiene nuevos aliados. —le respondió el moreno divertido.
—Tenemos que irnos al trabajo. —murmuró Frank incómodo.
—Nosotros limpiar esto e ir a la biblioteca. —continuó Harry, buscando una excusa válida para salir de allí.
—No. Alice y yo queremos aprovechar nuestros reposos obligados aquí para practicar con ustedes, bajo los consejos de Charlus. —replicó de inmediato Lily, sonriendo al ver las esmeraldas frente a ella brillar con entusiasmo.
—¿Puedo quedarme? Sólo veré si se sienten incómodos de practicar conmigo. —les planteó el moreno.
—Sin problema. Tomaría el lugar de Diana, que se quedará con el señor Potter a observar. —respondió de inmediato Harry, haciendo enojar a Hermione y Angela mientras los demás lo miraban incrédulos.
—¿No tienes trabajo en la oficina? —preguntó celoso James.
—Vengo de allá, amigo. Estuve toda la noche de cacería. ¿Quedó algo de café? —preguntó el inefable mientras se sentaba. Se sentía muy agotado. Pero estaba dispuesto a sobreponerse a su organismo para compartir con los extraños chicos, ya que estaban dispuestos a permitírselo.
—No quisiera parecer entrometida, pero ¿ya desayunó? —le preguntó Angela.
—No, pero con un poco de café estaré como nuevo. —le respondió Benjy con una sonrisa agradecida.
—Los chicos nos hicieron el desayuno hoy bajo mi supervisión y la de Alice. Hay suficiente para que desayunes apropiadamente. Por favor sírvele, Idun. —intervino Lily.
—Si espolvorea chocolate en el café le quedará una bebida de sabor muy agradable y que le levantará el ánimo. —se atrevió a decirle Jessica.
—Excelente idea. —aprobó Angelica, que era tan aficionada como su cuñado al chocolate.
La elfina le añadió chocolate al café al ver al recién llegado asentir.
—Ahora estoy seguro que podré hacer el odioso papeleo en la tarde. —comentó el inefable al ver el apetitoso desayuno.
—Deja que se acumule mientras yo regreso y lo hago. —le ofreció Lily.
—¿Harás papeleo al regresar? —le preguntó el moreno con incredulidad.
—Si estás de acuerdo en encargarte del trabajo de campo, mientras nace mi bebé, yo haré el papeleo. —le respondió Lily con tono de resignación.
—¿Cómo la convenciste? —le preguntó Benjy frontalmente a James.
—Privilegio de ser su esposo y el feliz padre de nuestro hijo. —le respondió éste con porte orgulloso.
—Pues hasta que nazca ese niño puedes pedirme lo que quieras. Odio todo el papeleo que nos exige el jefe. —comentó contento Benjy, empezando a comer con apetito.
Durante varios minutos sus acompañantes intercambiaron miradas llenas de picardía y gestos poco disimulados a la inefable, cuyas esmeraldas miraban alternativamente a su esposo y amigos de forma amenazadora. James, Sirius y Frank hicieron esfuerzos infructuosos por no reírse, perdiendo la batalla al oír gruñir a Lily:
—No se atrevan.
La pelirroja entrecerró los ojos. Iba a explotar cuando escuchó unas risitas mal contenidas provenientes de los chicos y el reproche en murmullos de la castaña. Las otras cuatro chicas estallaron en carcajadas, uniéndose a las risas sus tres amigas. En sólo minutos pasó de tener muchas ganas de pelear a querer llorar, empezando a sollozar. Al oírla las risas cesaron de inmediato y todos empezaron a mirar nerviosos a James, que la abrazó con cuidado.
—Yo no soy una inútil por estar embarazada. —protestó Lily entre sollozos.
—Claro que no, mi amor. Eres una bruja muy lista y valiente, que hará el trabajo que nuestro amigo no hace porque no tiene tu inteligencia para… —intentó tranquilizarla James.
—Ni siquiera sabes de lo que estás hablando —se separó la pelirroja de ojos esmeraldas de él, enojada—. Todo es culpa tuya. Y ahora además quieres tener los méritos de algo que fue sólo mi decisión para proteger a mi bebé. SIGUES SIENDO EL ESTÚPIDO Y ARROGANTE POTTER DE SIEMPRE. —le espetó furiosa a gritos antes de salir corriendo del comedor, con su esposo tras ella.
Minutos más tarde vieron a James bajando las escaleras reparando su uniforme de auror con su varita. O al menos eso intentaba, pero le estaba quedando fatal. Se le notaba triste y frustrado.
—Perdona James. —se disculpó con sinceridad Benjy.
—No es tu culpa. Ya se le pasará. —le respondió el de ojos avellanas, intentando sonreír sin lograrlo.
—¿Me permites arreglar la túnica? —le preguntó Angela, sintiéndose culpable igual que los demás de haberse reído.
—Gracias —se la tendió James. Notó de las expresiones de todos cómo se estaban sintiendo—. Tranquilos. No es culpa de nadie, aunque ella justo ahora asegura que es culpa mía y que lo hago adrede "para ser el mejor Potter en el Ministerio".
—¿Eso dijo? —preguntó asombrado Sirius.
—Tal vez tenga algo de razón en eso. —dijo Alice cruzándose de brazos mirando a los que eran sus tres compañeros de trabajo, al que no iría ese día por el permiso forzado que le había obtenido James con su jefe de escuadrón: Alastor Moody.
Frank tragó saliva y se preparó para su explosión.
—¿Se requiere más valor para ser auror, en un trabajo posiblemente rutinario a ratos, o para compartir una práctica con diez desconocidos? —preguntó Ginny con falsa inocencia.
—Tienes razón, Venus. Voy a hablar con Lily. —replicó Alice contenta, subiendo en seguida las escaleras.
—Gracias por eso. —susurró Frank cuando estuvo seguro que su sol rubio no lo oía.
—Listo James. —le entregó Angela la túnica de auror, reparada de tal manera que parecía nueva.
—Gracias Diana —le sonrió y se la puso de inmediato—. Por favor, tengan especial cuidado en la práctica de hoy.
—Seguro. —le respondió Harry, mirando en seguida a Hermione que asintió.
—Se nos está haciendo tarde. Debemos irnos —les recordó Frank—. Benjy, si ocurre cualquier cosa…
—Los haré venir enseguida. —finalizó el inefable serio. Le estaba empezando a preocupar la compenetración que veía entre los chicos y sus amigos.
Una vez que James, Sirius y Frank viajaron por la chimenea hacia el Ministerio, Angelica y Remus a su cita con Alastor y Jennifer a la Escuela de Medimagia, el inefable vio a los diez chicos salir de la sala, detenerse frente a las escaleras, mirar hacia arriba y suspirar.
—No podemos ser suaves o se darán cuenta y se enojarán. Pero tampoco ir muy rápido porque sus magias estarán tan alteradas como sus estados de ánimo. —les dijo Hermione con tono firme.
—Facilísimo. —replicó Ron.
—Creo que será buena idea que ellas escojan qué y cómo practicar —planteó Ginny, agregando al ver la expresión de incredulidad de su novio y sus hermanos—. Justo ahora agradecerán el tener poder de decisión.
—Eso es correcto. —afirmó Hermione.
—Pero nosotros fingiremos querer ir despacio para evitar una recaída y así llevaremos las cosas un poco suaves. —decidió Harry.
—Eso está bien, pero no deben darse cuenta. —replicó Ginny.
—¿Señor Fenwick? —le preguntó Luna.
—Hasta ahora estoy de acuerdo con lo que han planteado. —respondió Benjy con tono sereno, mientras analizaba a los chicos.
—Vamos antes que se empiecen a poner nerviosas. —sugirió Neville.
Cuando unas muy contentas Alice y Lily les plantearon lo que querían, ya los trece ubicados en el salón de prácticas, Benjy se asustó y Harry dudó un poco si seguir adelante con su plan. Sin embargo el chico asintió en señal de aceptación, mirando a Angela en un descuido de las dos de manera significativa.
Estaban preparando lo que usarían cuando llegó Charlus Potter. Angela y Jessica se apresuraron a susurrarle lo ocurrido en el desayuno y su plan, para que entendiese el motivo para aceptar la propuesta de ellas para las prácticas. El ex auror no estaba muy convencido, pero miró de reojo a su nuera y asintió.
A tan sólo diez minutos de iniciadas las prácticas Angela tuvo que desviar una maldición de Lily, que hubiese lastimado seriamente a Benjy, para seguidamente reforzar el débil escudo de Alice, sin que en ninguno de los dos casos las dos embarazadas se diesen cuenta. Quince minutos después Jessica y Hermione solicitaron a las dos mujeres retirarse junto a su amiga, aduciendo cansancio. Desde ese momento las tres se turnaron, para que Lily y Alice no se percatasen de la ayuda. Mientras tanto Charlus poco a poco introducía cambios graduales en la práctica, logrando media hora más tarde que la práctica fuese casi normal con las dos embarazadas más calmadas y centradas.
A las once de la mañana Ron ondeó una bandera blanca en la punta de su varita, seguido de sus otros compañeros. Los diez chicos y el inefable estaban agotados, por el estrés de mantener la situación bajo control.
Lily y Alice prorrumpieron en carcajadas al verlos y suspendieron la práctica, sintiéndose también cansadas.
—¿Se sienten mal? —preguntó preocupada la primera, al ver que en lugar de ir hacia la mesa se sentaban en el piso para luego terminar acostándose y cerrando los ojos.
—Sólo cansados. —le respondió Harry con sinceridad.
—¿Benjy? —preguntó Alice preocupada al ver que hacía lo mismo que los chicos.
—Sólo diez minutos. —replicó el moreno agotado.
—Vamos a acostarnos en los cuartos un rato. —sugirió Lily, que empezaba a sentirse agotada también.
Los que estaban en el piso hubiesen querido negarse, pero al abrir los ojos y ver las expresiones de cansancio en las dos se resignaron. Se levantaron ayudados por Angela, Jessica y Charlus, ya que Hermione se había reintegrado a la práctica cuando las vio más controladas.
Benjy vio como la chica de ojos miel y la menuda pelirroja les curaban a todos las pequeñas lastimaduras rápidamente. Luego todos acompañaron a Lily a su cuarto en el tercer piso y a Alice al del segundo piso en que normalmente se quedaba. Las dejaron con las dos elfinas y bajaron al primer piso.
—Nunca me había parecido el pasillo tan largo. —comentó Ron, que incapaz de dar un paso más se deslizó por la pared hasta quedar sentado en el piso frente a las escaleras.
—En diez minutos nos levantamos y llegamos allá. —aseguró Hermione, mientras se deslizaba a su lado.
—Excelente…
—… idea. —musitaron los gemelos sentándose cerca de ellos, pidiéndoles a sus novias por gestos que los acompañasen.
—Vamos chicos. Si se sientan no se levantarán. —les dijo Charlus, que sabía que si no los levantaba de inmediato esos diez minutos se prolongarían y mucho.
—Diez minutos. —suplicó Luna acomodándose en el costado de Neville.
—Esa parece una buena idea. —se les unió el inefable.
Charlus suspiró al ver que los nueve que habían practicado con las dos mujeres se quedaban dormidos. Sonrió al ver a las dos chicas, que se habían quedado despiertas con él, convocar en silencio mantas de las habitaciones y cubrir con ellas tanto al hombre moreno como a sus compañeros. Caminó hasta la habitación cercana, en que eventualmente se quedaba en la casa, y sacó flotando con su varita un sillón cómodo que tenía allí. Había decidido acompañarlos sentado en el pasillo.
Cuando Angelica y Remus llegaron media hora después con Alastor los consiguieron a casi todos durmiendo, permaneciendo callados por las señas que les hicieron las dos chicas despiertas. Charlus se despertó sobresaltado al sentir que alguien se acercaba a él y su grupo de protegidos, apuntándoles con la varita, bajándola al ver quiénes eran.
Angela y Jessica se levantaron y les contaron en voz baja lo ocurrido, con ayuda de Charlus. Ayudaron luego a trasladar a sus compañeros flotando a los cuartos, mientras Remus y Alastor trasladaban a Benjy al que quedaba a mitad de pasillo al lado del de las chicas, que era el más cercano al lugar en que se quedó dormido. Luego Alastor acompañó a Charlus al que usaba normalmente allí y se quedó hablando con él un rato, hasta que se durmió.
Angelica y Alastor les contaron lo ocurrido a James, Sirius y Frank en cuanto llegaron del Ministerio. Los tres agradecieron que Alastor les dispensase el ir en la tarde, inventando una excusa para ellos y el inefable con una "investigación de emergencia". Remus vigilaba el descanso de los chicos y Jessica el de las chicas, luego de convencer a Angela que durmiese un rato ella también.
Frank entró al cuarto en que dormía su esposa, el que siempre usaban cuando se quedaban allí. Se acercó lentamente a la cama y sonrió con dulzura al ver a su sol rubio durmiendo plácidamente. Le pidió por señas a la elfina que saliera, agradeciéndole en susurros que la hubiese cuidado.
Se sentó a su lado y le acarició suavemente la mejilla. Sonrió al ver que movía su rostro para mantener el contacto y lo llamaba en sueños. Con mucho cuidado, para no despertarla, se terminó de acostar a su lado. Apoyó su cabeza en su mano, para poder contemplarla. Al acariciarle el brazo derecho en dirección a la mano, que tenía posada sobre su vientre, la vio entreabrir los ojos adormilada y sonreírle al reconocerlo. Correspondió a su sonrisa, desplazándose hasta darle un suave beso en los labios.
Alice despertó, de lo que creía era sólo un dulce sueño, para encontrarse a su esposo realmente a su lado, acariciándola y dándole seguidamente un beso al que correspondió con amor. En cuanto se separaron le llevó la mano a su vientre y empezaron a hablar sobre el bebé en camino, riéndose y disfrutando con él de la dicha que actualmente sentía.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
James entró a su habitación matrimonial nervioso, empujado por una poco sutil Angelica que le pidió a la elfina que saliese y cerró la puerta tras él. Miró alrededor y se dio cuenta que la pequeña criatura había estado ordenando el desastre que su "huracán rojo" había ocasionado en la mañana. Lily, enojada con él, le había destruido casi toda la ropa y esparcido los restos por la habitación, mientras en medio de su llanto histérico le había gritado varios "sutiles" comentarios sobre su comportamiento "arrogante" desde que se conocían.
Comprendía perfectamente que su adorable pelirroja hubiese explotado finalmente, luego de todo lo que venía pasando desde que aceptó recibir a esos chicos en su casa. De no ser por las sospechas que tenían sobre la posible identidad de ellos ya le hubiese pedido a Albus que los llevase a otro lugar, pero ahora menos que nunca podía hacerlo. Miró a su esposa y sonrió como hacía desde que la conoció, enamorado. Se veía tan hermosa y pacífica, que nadie diría que ella era la que había dejado la habitación matrimonial en ese estado.
La medimago Nadia Hewitt, que atendía a Alice y a Lily por sus embarazos, les había advertido a Frank y él sobre los cambios temperamentales que sufrían las mujeres embarazadas. Catherine y Charlton Brown se los confirmaron, además de Jennifer. Pero él sabía que, aún sin estarlo, Lily se hubiese puesto furiosa por tener que limitarse a sólo papeleo en su trabajo. No sabía lo que hacían ella, Benjy y el resto del equipo que trabajaba para Leonel Mayer, pues el trabajo de los inefables era secreto incluso para los aurores, pero su esposa era una bruja demasiado hábil y activa para estar amarrada a un escritorio.
Suspiró, sacó su varita y empezó en seguida a recoger con hechizos no verbales los restos de su ropa aún dispersos hacia la cesta en que los había estado ubicando la elfina. Mientras lo hacía pensaba si debería intentar salvar algo de eso o si simplemente lo desechaba todo y compraba ropa nueva. Recordó que no era precisamente bueno para reparar ropa desgarrada, pues en su época de estudiante era Remus quien hacía las reparaciones para evitar que alguien viese evidencias de sus travesuras o sus escapes en noche de luna llena. Pero aquello eran reparaciones menores, lo que veía en esa cesta era sólo tiras de tela de tamaños, colores y formas irreconocibles.
Decisión tomada. Se desharía de eso y compraría ropa nueva. Examinó la habitación con detalle para estar seguro que no quedaba nada fuera de lugar, arreglando mínimos detalles en los muebles. Suspiró y regresó hacia el lugar junto a los pies de la cama donde estaba ubicada la cesta, con la intención de desvanecerla, cuando escuchó algo que lo paralizó.
—¿James? ¿Qué pretendes hacer con tu ropa?
—Lily… Yo… La ropa… Yo sólo… eh… —No sabía que decirle sin hacerla enojar. Lo estaba mirando interrogante, aunque no distinguía enojo en sus esmeraldas.
—Ven acá, cariño. Tú no sabes casi nada de hechizos caseros. Deja que yo arreglo eso. —le dijo Lily con una sonrisa, palmeando suavemente la cama a su lado invitándolo a ir allí.
James dudó por un momento, pero guardó su varita y se desplazó hasta sentarse en la cama al lado de ella. Cuando la vio tomar su varita de la cómoda tragó saliva y se preparó para salir corriendo de la habitación levantando escudos para protegerse. Vio asombrado como empezaba a ondear la varita en dirección a la cesta y de ésta empezaba a surgir una por una las piezas de su ropa como nuevas, flotando hasta quedar debidamente ubicadas en el clóset de la habitación unas y otras flotar hacia el vestidor.
—Eso es increíble. —murmuró el de ojos avellanas sin darse cuenta.
—No, lo que es increíble y maravilloso es el esposo que tengo, que ha soportado mi arrebato de rabia. Pero aún lo es más el pequeñito que llevo aquí adentro producto de nuestro amor. —le respondió Lily con dulzura mientras le acariciaba la mejilla, fundiéndose luego con su esposo en un beso.
Cuando las dos parejas bajaron al comedor se encontraron a los diez chicos charlando animadamente con Charlus, Benjy, Alastor, Angelica, Remus, Sirius, Jennifer y Emmeline, las dos últimas recién llegadas de San Mungo según dedujeron de la conversación. Al parecer el director del hospital había aceptado la sugerencia de los Brown para que la mujer de ojos y pelo negro, con mirada generalmente contemplativa, agregase algunos cuadros mágicos al área de los niños que los entretuviesen mientras estaban allí. Los chicos le hablaban de un invento muggle llamado televisión.
—¿Podrían mostrarnos en esa pared de lo que hablan? —les pidió Charlus interesado, señalándoles la pared opuesta a la puerta de entrada.
—Con gusto. —le respondió Harry, apuntando Hermione hacia la pared indicada.
Los que nunca habían tenido contacto con el mundo muggle vieron asombrados a una caja con una pantalla de vidrio al frente en la que se veían imágenes en movimiento y de la que salía sonido.
—¿Cómo hacen para que funcione sin electricidad? —les preguntó interesada Lily. Sonrió al ver que todos se sobresaltaban al oírla, pues no los habían sentido llegar por estar distraídos en la charla.
—Un hechizo para que use la magia residual en la casa como energía. Sólo funcionaría unas horas al día —le respondió Hermione—. Sin embargo en el hospital el cuadro tendría el movimiento y el sonido podría provenir de un fonógrafo. Así los niños podrían ver y oír algo que los divirtiese y distrajese un poco de su problema de salud. —aclaró.
—Me parece una estupenda idea. —aprobó Jennifer muy contenta.
Hermione sonrió y con su varita hizo desaparecer de nuevo el televisor.
En ese momento entraron los elfos con la comida. Los Potter y los Longbottom se sentaron en los sitios que les habían apartado al lado de Charlus y Alastor, que al igual que Benjy observaban con interés a los chicos mientras charlaban con ellos. Se les veía aún un poco cansados, pero parecían contentos y distendidos. La chica enfermiza parecía estar recuperándose rápidamente, lo cual les asombraba.
Angelica la observaba con curiosidad, disimuladamente. «Es extraño que teniendo mi don más problemático no se vea afectada como yo por la luna llena. También que se recupere tan rápido. Esta noche me escaparé un par de horas mientras mi esposo duerme para hablar con Raymond». Según había dicho su papá no podían preguntarle directamente de los chicos, pero sí indirectamente.
Después de la comida Alastor se despidió rumbo al Ministerio y los demás volvieron a subir al Salón de Prácticas. Sin embargo, por indicaciones de Jennifer, los que habían practicado en la mañana tuvieron que tomar poción revitalizante y estar allí sólo como observadores y consejeros. Esto incluyó a Angela y Jessica, que se contuvieron de protestar por la mirada de advertencia de Harry.
—A veces me pregunto qué haría si la magia me permitiese viajar en el tiempo —comentó Charlus con fingido aire casual—. Supongo que intentaría evitar que Voldemort empezase a asesinar a mis familiares, comenzando por el día de la boda de Alyssa.
Hermione tragó saliva al oírlo. Su mirada se deslizó automáticamente a las esmeraldas de su amigo, que fingía mirar atentamente la práctica. Pero en su mirada esmeralda se veía la angustia y el debate.
—El viajar en el tiempo por medios mágicos es posible, pero peligroso —respondió Benjy al planteamiento—. Por eso no se ha permitido que esa información sea del dominio de la mayoría.
—Los giratiempos, sí. Pero yo no hablo de horas o días sino de años. —insistió Charlus.
—¿Cuáles son los peligros, señor Fenwick? —preguntó Luna con fingida curiosidad.
—Te podrías encontrar contigo misma y tú yo pasado atacarte, al no comprender la situación. Otro peligro es que tu presencia alterase los hechos de alguna manera, como podría ser que llegases a morir siendo sólo una niña, o incluso no llegar a nacer al fallecer tus padres. Se podría crear una incongruencia temporal que afectaría a todos los que en algún momento de tu vida hayan tenido contacto contigo. —le respondió Lily seria, mirando de reojo a su suegro con curiosidad. «¿Qué pretende hablando de eso con los chicos y frente a Benjy?».
—Es comprensible que el señor Potter quisiera cambiar lo ocurrido, para no perder a sus hermanos y sus otros familiares —comentó Harry sin dejar de mirar el lugar en que su papá practicaba—. Es difícil pensar que se tiene una forma de evitar que pierda la vida alguien que se quiere y no hacerlo. ¿Sería posible salvar algunas vidas sin afectar otras, Lily?
Hermione se congeló al oírlo, palideciendo. Intentaba forzar a su cerebro para buscar una manera de sacarlos de ese terreno tan escabroso sin despertar sospechas.
—Eso es difícil de saber. —le respondió ella mirándolo ceñuda. El tono del chico había sido normal, pero en sus ojos se delataba una gran angustia.
—Cada día interactuamos con otras personas, así que cualquier cambio que intentásemos los afectaría a ellos. —comentó pensativa Alice. Recordaba bien la explicación que les había dado Albus, cuando hablaron sobre la posibilidad que los chicos proviniesen del futuro, y sus conversaciones posteriores con su esposo al respecto.
—Si el día de la boda no hubiesen muerto los hermanos del señor Charlus, sino James, se habrían visto afectadas las vidas de los sobrevivientes a esa boda y también las de Lily, Sirius, Remus y todos los que no hubiesen estudiado con James en el colegio. —intervino Ginny.
—¿Y si yo viajase a antes de la boda, buscase a Voldemort y lo matase? —presionó Charlus.
—En la biblioteca leímos que antes de Voldemort hubo otro mago con ideas similares, Grindelwald, pero sus procedimientos fueron menos terribles que los del que se combate actualmente —opinó Ron, preocupado por la conversación—. Tal vez si se elimina a Voldemort, pero la mayoría de la comunidad mágica no comprende el problema con las ideas que transmiten, surgiría otro mago oscuro aún peor que ellos dos.
—Pero habría salvado a mi familia. —insistió Charlus, que analizaba cuidadosamente las reacciones de cada uno de los chicos ante su planteamiento.
—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Hermione. Había visto de reojo en las miradas de Jessica y George que empezaban a plantearse si debían cambiar su postura. Ellos sólo conocían superficialmente las razones para no cambiar el pasado. No podía permitir que cambiasen de idea ante lo que decía el abuelo de su mejor amigo—. Los habría salvado de Voldemort, pero desconocería totalmente quién sería el siguiente mago oscuro, sus métodos y por lo tanto no podría anticipar cómo detenerlo.
—Pero ese mago oscuro ya no estaría interesado en erradicar específicamente a los Potter de la faz de la tierra, así que mi familia tendría una posibilidad de sobrevivir. —dijo Charlus después de meditar unos minutos.
—Hay acontecimientos claves en la historia que no pueden ser cambiados totalmente, aunque se pueda viajar en el tiempo. —intervino Angela con tono pausado y sereno.
Tenía la vista dirigida hacia sus padres, pero su mente muy lejos de allí. Estaba recordando la conversación sostenida con su mentor tantos años atrás, cuando la entrenó en el don de Viajar en el Tiempo y le demostró lo que ella podía percibir debido a su don del Manejo de la Energía. Con el bloqueo de su mamá en esa época no podía usarlo, pero sí percibir aquello.
Ginny, Harry, Hermione y Ron no pudieron evitar mirarla, sabiendo exactamente a qué se refería. Mientras que Fred, Luna y Neville sólo conocían lo necesario por el don de Viajar en el Tiempo, a ellos cuatro Angela les había dado una introducción a lo que se percibía con el don de Manejar la Energía justo antes de que se produjese aquél viaje involuntario en el tiempo. Jessica y George sólo sabían del tema las advertencias por la Profecía Cundáwan y la postura que sus amigos tenían.
—¿De qué hablas? —preguntó Charlus interesado.
—El día que murió su familia se desató esta guerra, señor Potter, y eso no puede cambiarse. Tal vez salvaría usted a sus hermanos por unos días y no sería Voldemort el líder de los mortífagos, pero igual estaría actualmente el mundo mágico sumido en una guerra desatada exactamente ese día y a la misma hora por otro acontecimiento terrible. Lo más posible es que al menos uno de sus familiares estaría involucrado, aquél que debía vivir esa situación de una u otra manera.
—Pareces muy segura de lo que has afirmado. —comentó Benjy mirándola con curiosidad y preocupación.
—¿Qué pasaría si el señor Potter pudiese viajar al pasado y matar no sólo a Voldemort, sino a todos los mortífagos actuales? —le preguntó Angela al moreno girándose a mirarlo.
—No estaríamos en guerra. —respondió él sin comprender.
—¿Qué lo detendría de viajar más atrás y evitar la guerra con Grindelwald, matándolo a él y a sus seguidores? —preguntó ella de nuevo.
—No sé, supongo que nada. —respondió Benjy frunciendo el ceño.
—¿Qué le impediría ir más atrás a asesinar a otros que pudiesen poner el mundo mágico en guerra? —insistió Angela.
—No lo sé, supongo que nada lo detendría. —respondió el inefable mirándola además de con el ceño fruncido también con preocupación.
—Pero eso significaría que iría eliminando a muchos cuyos descendientes no habrían pensado como sus antecesores y que el número de familias mágicas sería muy inferior al actual —siguió Angela firme—. ¿Por qué detenerse a evitar que exista guerra en el mundo mágico si se puede evitar también que se produzcan en el mundo muggle? Sólo habría que eliminar a Adolf Hitler y a los que a lo largo de la historia han pensado como él.
—¿A dónde quieres llegar? —le preguntó Charlus un poco agitado.
—¿Piensa que una persona con ese poder para viajar en el tiempo y asesinar a quienes considera peligrosos, podría llegar a detenerse en su afán de crear un mundo libre de los que piensa no deben vivir? ¿No habría llegado a ser aquello con lo que combatía?
—Imponer a otros lo que está bien o mal por la fuerza siempre genera mal. —afirmó Luna con la mirada perdida en el rostro de su novio.
Ninguno de los que estaban en la mesa se habían dado cuenta que los que habían estado practicando se les habían acercado, poco a poco durante el supuesto entrenamiento, para oírlos. Jennifer, Angelica, Remus, Sirius, Frank y Remus habían cesado de fingir cuando la chica enfermiza se había girado a hablar con el hombre moreno, al igual que los demás.
—Sin embargo es muy probable que Voldemort ya esté informado sobre los giratiempos. —comentó Ron.
—Lo único que impediría que alguien como él llegue a poseer algún medio de control tan mortífero, es que no se pueda llegar a tener ese tipo de control hasta que no se tenga una plena consciencia humana. —afirmó Harry.
—Y a ese grado de consciencia se llega sólo por medio de la experiencia de lo que genera el amor y el odio, con sus distintas formas y facetas. Por eso tanto el mundo muggle como el mágico han estado inmersos en guerras. Porque todos somos seres humanos y el dolor ha probado ser un excelente maestro para enseñarnos humanidad. —siguió Angela.
—Por eso, señor Potter, no se podría detener esta guerra salvando a algunos de sus familiares —le dijo Harry mirándolo fijamente—. Porque habría muchos en el mundo mágico que considerarían que una gran parte de lo dicho por Grindelwald antes, y ahora por Voldemort, es parcialmente valedero y no generaría ningún daño. Sólo viviendo el dolor que esas ideas pueden llegar a generar, llevadas a extremos, pueden comprender que existen límites de convivencia, afecto y humanidad que respetar.
El silencio que siguió a sus palabras fue intenso.
—¿Cómo evitar intervenir si se puede hacerlo, cuando de ello puede depender la vida de alguno de tus seres queridos? —preguntó Charlus con voz ronca. Necesitaba quitarse la duda que le había surgido sobre el motivo del viaje en el tiempo de los chicos, aunque sentía que se ahogaba porque su pecho estaba lleno de dolor. La noche antes le había estado dando vueltas a la cabeza a eso, el que estaban con sus familiares pero aún así intentaban alejarse y su comportamiento desde lo descubierto en la casa el día antes—. ¿Es suficiente el saber lo que han dicho para contenerse?
—Esa es una pregunta a la que nadie debería enfrentarse, señor Potter. Sería demasiado cruel pedirle a alguien que no actuase para salvar la vida de alguien que se aprecia por algo que podría o no suceder. —comentó Benjy mirando al líder de los chicos fijamente, que se había tensado evidentemente ante las preguntas del ex auror, rompiendo el pesado silencio que estaba instalado en la habitación.
—Es una suerte entonces que nadie se vea aún en esa diatriba, porque aún no existen los medios mágicos para hacer lo que se ha planteado aquí hipotéticamente. —comentó Luna con tono sereno, fingiendo una tranquilidad que en realidad no sentía, sonriendo en seguida.
—Cierto —dijo rápidamente Angela—. ¿Puedo practicar unos minutos con Electra para estirar los músculos? —le preguntó a Jennifer con tono meloso.
—Sólo diez minutos. —aceptó la estudiante de medimagia, para permitirle drenar la tensión nerviosa que le notaba en la mirada.
—Gracias. —respondió Angela contenta poniéndose en pie.
Jessica de inmediato se levantó para acompañarla, pensativa.
—¿Podemos acompañarlas? —pidió Harry, suspirando con alivio al ver a Jennifer asentir. Corrió en seguida para alcanzar a su hermanita y a su prima al igual que su novia y sus amigos.
—La respuesta de esos chicos a su planteamiento refleja demasiada madurez y tristeza. Supongo que ya han deducido que sus familiares deben haber muerto, puesto que no los están buscando, e intentan asimilarlo —le comentó el inefable al ex auror cuando los vio alejarse lo suficiente—. Tengo la impresión que hasta ahora habían buscado en ustedes el sentirse en familia mientras volvían con las suyas. Pero después de lo descubierto ayer podrían caer en depresión, o ir tras Voldemort y sus seguidores en busca de venganza. Tengan cuidado. —agregó mirando a las cuatro parejas antes de levantarse e irse.
—¿Por qué comenzaste con esta conversación, papá? —le preguntó James, sentándose a su lado mirándolo fijamente.
—Porque a mí también me preocupa el cambio de los chicos desde ayer. Quería sondear sus posibles razones para querer alejarse, si son familiares de ustedes como sospechan.—le respondió Charlus con sinceridad.
—¿Qué? —preguntó Lily casi sin voz.
—Tal vez puedan engañar a otros, pero a ustedes siete los conozco desde que estaban en el colegio con James y con lo que he compartido con ustedes dieciocho me he dado cuenta. Además que eso explicaría el distinto comportamiento de los chicos con ustedes al que han tenido con el resto de sus amigos. —le respondió su suegro con una suave sonrisa.
Los ocho suspiraron y se sentaron los que aún estaban de pie. Se quedaron viendo a los chicos practicar, pensativos.
—Creo que sería bueno que se les uniesen a la práctica, como si no hubiese ocurrido nada, para que se tranquilicen un poco tanto ellos como ustedes —les sugirió Charlus, luego de transcurridos diez minutos. Sonrió al verlos asentir e ir con los chicos—. No se puede cambiar el pasado pero si el futuro, con cada pequeña decisión que se tome en el presente. —murmuró para si mismo lo que tanto le repitiese su mamá desde que fuese sólo un niño.
Amaneció una sombría mañana de finales de invierno. El miércoles 26 de marzo en el #12 Deercourage Place estaban diez chicos reunidos en la Sala de Entrenamientos, por primera vez en muchos días con el lugar en el que estaban insonorizado. Dos de ellos escuchaban los regaños de una castaña enojada, mientras los otros siete permanecían en silencio escuchando.
—Ya, Hermione, creo que ya entendieron —se decidió a detenerla Harry hablando con dulzura y firmeza a la vez—. Ahora sabemos porqué más nadie se pudo acercar a la cueva, porqué los leopardos se comportaban tan raros y porqué nos dejaron entrar a nosotros diez.
—Quieres decir…
—Un "bucle del tiempo", como aquella vez.
—Sólo tenemos que tener cuidado… —empezó George.
—… de no excedernos… —siguió Fred.
—… manejando la situación… —agregó rápidamente George al ver la cara de Hermione.
—… con lo que sabemos. —finalizó Fred.
—No podemos estar aquí y no hacer nada contra esos —los apoyó Neville—. Prometimos que fuese cual fuese el reto lo enfrentaríamos para detener a los seguidores de Voldemort y a él mismo, cuando fuese posible hacerlo.
—Ya nos explicaron a Jessica y a mí lo que no sabíamos de los peligros de intervenir, Hermione. Los diez los conocemos ahora. —le dijo muy serio George.
—Y por mucho que a los presentes nos duela no se intervendrá en lo que no se debe —siguió Fred con la misma firmeza, mientras abrazaban a sus prometidas, como también lo hacían Luna y Ginny con sus prometidos—. Pero podemos ayudar a quienes nos han estado ayudando hasta ciertos límites, sin provocar distorsiones, enseñándoles las defensas que conocemos contra lo que les está instruyendo Voldemort a sus seguidores.
—Según nos contó papá a ellos los entrenaron el señor Moody y un grupo especial —dijo Jessica con voz un poco temblorosa—. Por eso ellos… —No pudo continuar al ver a Neville y a Harry bajar las cabezas.
—Es especialmente difícil para algunos de nosotros, Hermione, pero muchos sobrevivirán en esta época y en nuestro tiempo gracias a eso —finalizó Harry con una mezcla de enojo por frustración y una profunda tristeza—. Nosotros no vinimos aquí voluntariamente, tampoco buscamos las situaciones de estas semanas, sin embargo los cinco hemos hecho un gran esfuerzo y hemos logrado poner la situación bajo control. Diana actuó hace dos semanas de acuerdo a su forma de pensar respecto a otros seres vivos, como yo lo hice una vez por mi padrino y por nosotros dos, generando sin saberlo una situación que sabemos se produciría. Hasta ahora no hemos alterado los acontecimientos y no pensamos hacerlo.
—Harry, Neville, Jessica, Angela, yo entiendo que es difícil. Tengo que confesarles que he estado tentada de escribirles a mis padres, para advertirles que el profesor Moody y ellos no vayan a casa después de la boda de Fleur y Bill, pero sé que no debo hacerlo. La cuestión es que yo no los estoy viendo continuamente, por eso me es más fácil no intervenir. Pero al estar ustedes aquí con ellos… —Se le apretó el nudo en la garganta y no pudo continuar.
—Mentiría si te dijese que no es difícil, pero… —Angela suspiró—. Por primera vez puedo tener recuerdos propios de mis papás y mis tíos jóvenes, felices, llenos de ganas de luchar por la esperanza de un futuro; y no los últimos meses de vida de los papás de Harry, preocupados por su seguridad; el distanciamiento de los papás de Neville, ocultos entre su familia; mi tía y mi mamá embarazadas y graves ocultas por mi abuela; la desesperación de mamá visitando a papá en Azkaban, con el dolor de saber lo ocurrido a sus cuatro mejores amigos… —No pudo seguir.
—El miedo terrible que tenían mamá y tía de lo que pudiese papá estar haciendo al creerlas muertas a ellas, después de la muerte de tía Lily y tío James por la supuesta traición de tío Sirius… —continuó Jessica en voz pausada, con la mirada perdida—. Estamos compartiendo con ellos tiempo robado, Hermione, lo sabemos.
»Estamos perfectamente conscientes que el precio de podernos sentar con ellos a una mesa a comer, charlar, reír, verles unidos y felices, incluso verlos discutir, es que cuando consigamos como volver a nuestro tiempo eso acabará. De cierta manera para Neville, pues tía Alice y tío Frank no son los mismos. De otra manera para Angela y para mí, pues nuestras mamás no estarán y nuestros papás no son los mismos con quienes estamos compartiendo. Y… —tragó saliva— y acabará totalmente para Harry.
—También sabemos que si intentamos intervenir podríamos no sólo perder nuestros padres de todos modos, sino también generar que Luna, Ginny, Ron, Fred, George y tú no conozcan a los suyos —continuó Neville lo que sus amigas estaban explicando—. O incluso provocar las muertes de quienes estamos aquí o los que aún no han nacido, como Chris & Chris.
Hermione ya no pudo contener las lágrimas, abrazada a Ron.
—El sacrificio de cuatro madres y dos padres le dio un período de paz al mundo mágico y al mundo muggle —dijo con voz profunda Harry—. Los viajeros del tiempo sólo completaremos el pasado… aunque nos duela en el alma no poder cambiarlo.
El silencio que siguió a sus palabras sólo se veía interrumpido por eventuales sollozos de los diez chicos, que se permitieron el expresar su dolor e inconformidad por lo que estaban viviendo, abrazados cada uno con su pareja.
George tenía abrazada a Angela, sin lograr articular palabra para calmarla un poco. Tomó varias inspiraciones profundas para calmarse. Preocupado por lo irregular de su respiración buscó en el bolsillo de su pantalón un vaso de poción para los pulmones y empezó a dársela entre mimos y pequeños juegos, sonriendo al lograr que ella sonriese ya más tranquila.
—¿Recuerdan la conversación sobre el cuarto para Harry con Lily, James y los otros? —preguntó Angela con un asomo de sonrisa, unos minutos después que su respiración ya era regular.
—Sí. ¿Por qué? —preguntó cautelosa Hermione.
—Porque podríamos decorar esta habitación con los Heliopaths, los colores de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw, además de los estandartes de todos los equipos de Quidditch. —respondió la chica de pelo negro.
—Esa es una excelente idea —le sonrió Hermione—. Si Luna dibuja un Heliopath los demás podremos hacer otros con su modelo.
—¿Qué? —preguntó Harry desconcertado.
—¿Te sientes bien, mi amor? —la interrogó Ron preocupado.
—Perfectamente —le respondió Hermione con una pícara sonrisa—. Empecemos de inmediato. Tenemos mucho rato aquí.
—Ya deberíamos tener al menos los bocetos. —dijo Ginny comprendiendo.
—Algo que mostrarles cuando quitemos el bloqueo y bajemos a buscarlos. —afirmó con una sonrisa Jessica.
—Que cada pareja haga uno distinto para que ellos puedan escoger. —finalizó Luna asintiendo sonriente.
Harry, Ron, Neville, Fred y George las miraban a las cinco boquiabiertos.
—Aprisa. Por sus expresiones anoche tenemos aún tiempo de tener algo más que bocetos. —dijo con picardía Hermione, poniéndose en pie y tirando de la mano de su novio.
—¿Sus expresiones de anoche? ¿De qué hablan? —preguntó Harry intrigado. Enarcó las cejas al ver ruborizarse a Jessica y Angela, sonreír con aire soñador a Luna y denegar con picardía a su novia, mientras su mejor amiga lo miraba condescendiente—. ¿Qué?
—¿Recuerdas la charla que nos dieron Aline y Wymond en presencia de mis papás, Nymph, Remus, Eloise y Humphrey? —le preguntó Ginny. Al ver asentir a su prometido, con expresión de no entender aún, se mordió levemente los labios. Con dificultad contuvo la risa al ver al castaño ruborizarse y a sus hermanos abrir desmesuradamente los ojos—. Tus papás, los de Neville y los de las chicas seguramente dormirán hasta tarde, al estar cansados luego de poner en práctica algunas de esas cosas anoche. —finalizó con una tibia sonrisa. Un leve rubor se extendió en sus mejillas al ver la expresión entre avergonzada e incómoda de su novio.
—¿Cómo es que están tan seguras de…? —empezó a preguntar Ron, arrepintiéndose antes de terminar de formular su incógnita al ver como lo miraban las cinco chicas—. Olvídenlo. ¿Fue por eso que decidieron contarnos a Hermione y a mí lo ocurrido en Bristol al amanecer de hoy?
—Sí —respondió Angela avergonzada—. Supuse que necesitaríamos tiempo para hablarlo y anoche luego de verlos, yo… —Bajó la mirada mientras sus mejillas se llenaban de nuevo de rubor— yo supuse que hoy en la mañana lo tendríamos.
—Será mejor que empecemos. No sabemos de cuánto tiempo disponemos exactamente. —opinó Ginny con una mirada traviesa, sacando su varita y dividiendo la pared con los ventanales en cinco sectores similares mediante líneas gruesas multicolores.
Al observarlas de cerca los otros nueve chicos pudieron ver que estaban conformadas por lenguas de fuego de diferentes colores, girándose a mirar a la pelirroja que fingía soplar la punta de su varita con una sonrisa traviesa.
Tres horas más tarde, frente a la puerta que estaba en uso de la Sala de Prácticas, seis magos jóvenes y enojados debatían la diferencia entre quebrantar normas del colegio, donde estaban protegidos por el mejor mago y antiguos encantamientos, y hacerlo en una casa que ya había sido blanco de dos ataques, estando en guerra. Mientras lo hacían ensayaban hechizos combinados para derribar la puerta.
—¡Alohomora! —lanzó Remus mientras Sirius simultáneamente lanzaba:
—¡Bombarda!
—NADA —gritó furiosa Angelica—. Así es inútil. Voy a… —Se detuvo al oír pasos junto a la puerta y las voces de tres de las chicas, asombrada pues desde que llegaron allí hora y media atrás no habían podido oír nada.
—Te digo que te estás excediendo. Es muy grande para la pared del cuarto. —oyeron la voz de Jessica.
—Vamos a tomar las medidas y verás que sí es el tamaño. Es sólo que el juego de luces y sombras del cuarto y mi diseño te confunden. —le respondía Luna, abriendo la puerta.
—¿Y quién no se va a confundir con…? —la interrogante de Hermione quedó a la mitad, paralizada al verlos.
Jessica y Luna se giraron a mirar qué había logrado que la castaña no siguiese discutiendo, pues las tres tenían más de diez minutos inmersas en aquél debate. Petrificadas y pálidas las tres se quedaron mirándolos boquiabiertas. Se habían olvidado por completo de ellos, absortos los diez en los cinco diseños. Si se habían puesto los pasamontañas era por los elfos.
—Espero que su excusa para sellar e insonorizar esta habitación sea muy buena. —les gruñó James en voz baja y peligrosa, enojado todavía aunque menos que antes al ver sus caras.
—Cierren la puerta chicas, que la luz del pasillo no me deja… —la petición de Angela se quedó congelada al verlos, al igual que ella.
—¿Qué es lo que no te deja hacer, Diana? —le preguntó Lily con su varita apuntándoles y sus esmeraldas brillando peligrosamente.
—Boceto… cuarto… luz… colores… —balbuceó Angela.
Los seis enarcaron las cejas al ver las caras de las cuatro chicas y oír aquello, sin entender nada de lo que ocurría.
—¡Adentro! —ordenó con firmeza James.
Las cuatro chicas retrocedieron asustadas, lentamente, sin mirar tras ellas.
—¡Oye! —se quejó George al tropezar Hermione con él, evitando con dificultad que la castaña y él mismo fuesen a dar al piso—. ¿Qué te p…? —Al ver a los seis enojados magos entrando a la habitación dejó su pregunta a la mitad, pues podía ver la respuesta—. Chicos. Ya están aquí. —dijo en voz alta.
—¿De quiénes hablas, Júp…? —la pregunta de Harry se congeló al ver a sus padres y tíos mirándolos a todos muy enojados—. Buenos días. —saludó con su voz más dulce y una sonrisa.
—¡Vaya! Dos que pueden hablar coordinadamente —comentó Lily sarcástica—. Espero que ustedes dos puedan responder las preguntas que mi esposo y yo les hicimos a las chicas.
—¿Cuáles preguntas? —quiso saber Harry muy nervioso.
—En realidad se resume a una sola —dijo Angelica con una voz falsamente tranquila, produciéndoles escalofríos a los diez—. ¿Qué estaban haciendo que justificara que sellaran e insonorizaran la habitación desde hace más de dos horas?
—¿Dos horas? —preguntó Ron asustado, arrepintiéndose al ver seis miradas furiosas dirigidas a él.
—Perdón… nosotros… bocetos… cuarto… tiempo… sorpresa… —balbuceó Harry, que no lograba decir dos palabras unidas que tuvieran sentido, señalando la pared a su derecha con su mano temblorosa al ver las miradas de los seis sobre él.
Al girarse a mirar lo que el chico señalaba abrieron mucho los ojos. La anteriormente blanca y fría pared estaba dividida por gruesas líneas multicolores y tenía cinco bocetos de dibujos de colores vistosos con motivos infantiles, predominando los colores de Gryffindor, snitchs y escobas voladoras, además de pequeños bebés de criaturas muy extrañas.
—¿Eso es lo que creo que es? —preguntó Lily con una mezcla de asombro y emoción maternal, su enojo totalmente enfriado y olvidado.
Los diez chicos se limitaron a asentir.
—Son… extraños —comentó Angelica, acercándose a ver una de las pequeñas criaturas de cerca—. ¿Qué son?
—Heliopaths bebés —le respondió Luna nerviosa—. Los dibujamos lo mejor posible, pero no sabemos si son así.
—¿Desde qué hora están aquí? —preguntó Jennifer con curiosidad mirando uno de los dibujos.
—Cuando logramos sacar a los más dormilones de la cama, poco después de amanecer, subimos aquí —le respondió Harry con sinceridad, pues no tenían cómo saber desde cuando estaban intentando entrar—. Queríamos tener preparados al menos los bocetos de las cinco propuestas que les queríamos mostrar para la pared del ventanal en el cuarto del bebé.
—Pusimos los bloqueos a las puertas porque queríamos que fuese una sorpresa para el cumpleaños de James, pero nos entretuvimos y se nos olvidó el tiempo. —les explicó Ron en tono de disculpa.
—Se suponía que teníamos que haber bajado a buscarlos hace… —Hermione se paralizó por un momento al mirar su reloj, finalizando en voz baja— hace más de dos horas.
—¿Desayunaron? —preguntó Lily.
—Sí —mintió Ron, bajando la cabeza apenado al sonar fuerte y claro su estómago—. No. —confesó avergonzado.
—Habíamos quedado en que no harían más bloqueos en la casa sin consultarlo con Lily o conmigo —les dijo James serio, conteniendo con dificultad la risa al verlos bajar la cabeza como niños pequeños atrapados haciendo una travesura—. Sin embargo comprendo que lo hicieron al querer darnos esta grata sorpresa —Sonrió al verlos levantar rápidamente las cabezas con grandes sonrisas en los ojos y las bocas, que era lo único que podía ver de sus rostros por los pasamontañas—. Pero no haber desayunado es inadmisible.
—James tiene razón —le siguió Remus la idea con rapidez—. El desayuno es primordial para una buena salud.
—Por lo tanto tendremos que castigarlos por no comer adecuadamente. —continuó Sirius con fingida seriedad.
—¿Nos van a castigar por no desayunar? —preguntó Ron desconcertado.
—Así es —les siguió Lily la idea—. Nos harán entrega de sus varitas de inmediato y bajarán con nosotros al comedor.
—El hecho que se hayan podido quitar los vendajes no implica que estén totalmente restablecidos y yo soy responsable de su salud. —los regañó Jennifer al ver un asomo de protesta en las caras de los chicos, sonriendo al igual que los otros cinco al verlos bajar las cabezas y entregar las varitas.
Bajaron con los diez chicos al comedor y vigilaron que comiesen adecuadamente, mientras Lily comentaba animadamente sobre los bocetos. Subieron luego todos de nuevo a la habitación. Lily les pidió que hiciesen un nuevo boceto en la pared opuesta, luego de entregarles las varitas, mezclando detalles de los cinco diseños según sus indicaciones. Aunque la base fue el hecho por Ginny y Harry, que se sentía muy feliz por ello.
Cuando Idun les avisó que en unos minutos llegaría el papá de James, estaban Ginny, Harry y Luna finalizando el dibujo en la pared del cuarto del niño. Los otros siete chicos estaban ubicando los muebles, cuadros y otras cosas con sus varitas, bajo las órdenes de Lily. Ésta presionó a su esposo y amigos para que los ayudasen. Al entrar su suegro al cuarto se encontró con una habitación lista para recibir a su nieto, como le dijo la pelirroja de ojos esmeraldas, sacándole lágrimas de emoción al hombre mayor.
Nueve pares de ojos miraron disimuladamente la expresión de las esmeraldas de su amigo, sintiendo que se apretaba el nudo en su garganta.
En la tarde Charlus viajó con Sirius y Remus al callejón Diagon para comprar todo lo que les pidieron los chicos para la fiesta de cumpleaños de James el día siguiente. Se habían visto obligados a recibirles parte del dinero que les daban, para que les entregasen la lista. Habían cedido de parte y parte por las intervenciones de Jennifer, Remus, Hermione y Angela.
Cuando llegaron los tres hombres con todo, felices los pelinegros y divertido el castaño, James protestó una vez más en voz baja porque no le permitieron acompañarlos. Lily sonrió con expresión maternal pensando que pronto no tendría uno sino dos niños en casa, uno ya crecidito y otro pequeño.
Antes de irse a dormir Jennifer y Remus se llevaron todos los regalos a Maidstone, para que James no se dejase llevar por su curiosidad y los abriese antes de tiempo. Ésto sirvió para oír las protestas del aludido.
Los diez chicos se divirtieron mucho todo el día con las ingeniosas tretas y preguntas usadas por el papá de Harry, que intentaba averiguar lo que habían pedido que les comprasen para regalarle.
El 27 de marzo de 1980, a las ocho de la mañana, James entreabrió sus ojos adormilado. Frunció el ceño al no sentir a su esposa a su lado y no verla ni en la cama ni en el resto de la habitación. Extrañado se levantó y fue hacia el baño, esperando encontrársela en el camino, pero no estaba tampoco vistiéndose. Se aseó y se vistió protestando en voz baja:
—Lo mínimo que esperaba el día de mi cumpleaños era que mi esposa me despertase con un beso de buenos días. Pero no sólo no es así, sino que no está en la habitación matrimonial.
Cruzó el pasillo para ver si la encontraba en el cuarto del bebé, un poco preocupado por haberse levantado tarde, protestando una vez más al no verla allí.
Bajó a buscarla en el comedor, notando a medida que pasaba por el segundo y el primer piso que el silencio en la casa era casi sepulcral. Eso le extrañó. A esa hora generalmente Sirius ya estaba haciendo notar su presencia, al igual que los gemelos.
Cuando llegó a planta baja se consiguió con que tampoco había ruido ni aroma de desayuno proveniente de la cocina. Esto lo hizo ponerse en guardia y sacar la varita con agilidad. «¿Dónde están los elfos y por qué no han preparado la comida de la mañana? Algo está mal y yo voy a averiguar qué». Examinó cada rincón en planta baja y no consiguió ni a su esposa, ni a sus amigos, ni a los chicos, ni a los elfos.
Continuó el examen piso a piso mientras iba subiendo su grado de angustia. Cuando abrió la puerta del Salón de Prácticas, atenazada su garganta por la ansiedad, se quedó petrificado y mudo al ver allí a todos los miembros de La Orden del Fénix y los chicos esperándolo con todo decorado y la mesa larga colocada en el centro llena de comida, evidentemente todos esperándolo para desayunar.
—¡FELIZ CUMPLEAÑOS JAMES POTTER! —gritaron todos a coro al verle, contentos. Sus expresiones cambiaron al verlo tan pálido, mirándolos con los ojos muy abiertos.
—¿Te pasa algo, mi amor? —le preguntó Lily preocupada, corriendo a su encuentro.
—Me asustaron. —musitó James.
—¿No leíste la nota que te dejé junto a los lentes? —le preguntó Jennifer.
—¿Se la dejaste junto a los lentes? —preguntó Remus, rodando los ojos al verla asentir—. Él a primera hora de la mañana no lee nada que no le dejes pegado a los lentes o a la varita. No al lado, mi amor, pegado literalmente.
—Lo siento, no sabía. —se disculpó la estudiante de medimagia.
—La culpa es mía. Debí ser yo quien le avisase en lugar de… —empezó a disculparse Lily, siendo silenciada por un apasionado beso de su esposo.
—Buenos días, mi amor. ¡Que deliciosa manera de empezar el día de mi cumpleaños! —afirmó James levemente separado de ella, sus labios justo enfrente de los de su esposa.
—Te amo. —respondió Lily volviéndolo a besar.
—Si quieren pueden bajar a su cuarto a celebrar mientras nosotros desayunamos y yo abro los regalos. —les planteó Sirius al lado de ellos en voz alta, con supuesto tono confidencial. En seguida se escuchó su risa como ladridos, al separarse la pareja y sonrojarse los dos fuertemente al ver a todos girados simulando mirar hacia otro lado.
—Desayunaremos con ustedes. —replicó James con la respiración un poco irregular aún. Sonrió ante el sonrojo de su pelirroja, levantándola en brazos como tenía algunos días sin hacer. Se rió ante su pequeño gritito de miedo, pues la había tomado por sorpresa.
En cuanto llegaron junto a la mesa James bajó a Lily y escuchó feliz como le cantaban el cumpleaños, apagó las velas y ayudó a su esposa a picar la torta. Se sentó cuando ella se lo pidió, pero la arrastró con él mientras le guiñaba el ojo derecho a Angelica y Jennifer. Las gemelas en seguida se hicieron con el cuchillo y el plato vacío que su amiga pelirroja tenía en las manos, para encargarse ellas de repartir entre todos el pastel junto con la comida, ayudadas por los cinco elfos.
Estaban terminando de comer cuando escucharon la alarma mágica de la casa, sacando todos las varitas y poniéndose alerta. La lechuza de James llegó volando a él con una nota atada a la pata.
—El señor Crouch y otros compañeros del Ministerio vienen hacia acá para felicitarme por el cumpleaños y la redada que hicimos ayer en la mañana. —explicó al terminar de leerla.
—Los chicos se van conmigo —dijo de inmediato el director—. Sólo los que son conocidos como amigos de James desde su época en el colegio, o actualmente en el Ministerio, deben quedarse aquí. —les recordó a los miembros de la O.D.F., antes de hacer rápido un trasladador con un almohadón grande de un lateral de la sala. Se llevó a los diez chicos hacia su casita en Kent.
—Trasladen hacia el comedor todo esto. —les ordenó Lily a los elfos, señalándoles lo que estaba en la mesa.
—Felicitaciones y un gusto haber compartido contigo, amigo. —le dijo Benjy a James antes de desaparecer.
En cuestión de cinco minutos se despidieron los demás, quedando allí sólo Alice, Angelica, Jennifer, Alastor, Peter, Remus, Frank y Sirius acompañando a Lily, Charlus y James, que bajaron rápidamente a la sala para recibir a los miembros del Ministerio.
Lily y James se miraron, tomaron aire profundamente y asintieron, admitiendo el ingreso de personas a la casa.
Las llamas de la chimenea cambiaron a verde y entraron un suspicaz Bartemius Crouch, un intrigado Rufus Scrimgeour y diecisiete aurores más, los cuales felicitaron a James luego que lo hiciesen los dos primeros, de forma bastante más efusiva que ellos. Habían acompañado a los jefes aquellos que eran más cercanos en el trabajo al Merodeador y no estaban de reposo.
El cumpleañero tuvo que explicarle al jefe del Departamento de Cumplimiento de la Ley Mágica y sus otros compañeros aurores que el profesor Albus Dumbledore le había ayudado a ponerle una protección especial a la casa, considerando que Lily estaba embarazada y Voldemort perseguía a los Potter. Bartemius aprobó efusivamente aquello y le recomendó a Frank que hiciese lo mismo en su casa, pero comprendió que siendo los Longbottom más sería difícil.
Pasaron al comedor y allí celebraron con la torta que llevaban los aurores. Bartemius dispensó luego a James de ir por lo que restaba del día, pero les ordenó a los demás irse a la oficina.
Alice, Charlus, Lily y James suspiraron al verlos desaparecer tanto a ellos como a sus otros amigos, levantando de nuevo los dos últimos la prohibición de ingreso para alguien distinto a los chicos y los miembros de la Orden del Fénix.
—Vamos a avisarle a Albus para que regrese con los chicos. —planteó James.
—No. Yo iré a acompañarlos en Kent, para que puedan tener un rato de sol y aire. Así Albus podrá volver al colegio y ustedes estar tranquilos en caso de tener más visitas. —le contradijo Charlus, sonriendo al ver a su hijo asentir.
—Yo acompañaré a Augusta un rato o se resentirá conmigo. —se despidió Alice.
—¿Te das cuenta que es la primera vez que estamos solos en mes y medio? —le preguntó Lily con mirada traviesa a su esposo, en cuanto ellos se fueron.
James sonrió y pensó que ese era el mejor regalo de cumpleaños que recibía en lo que iba del día.
George estaba muy preocupado por Angela. Estaba fingiendo estar muy alegre, compartiendo con sus padres, seguramente tragándose el dolor de la despedida que no podrían pronunciar. Esa noche se irían de la casa de los Potter. Sabía que para Jessica tampoco era fácil, ni para Neville, mucho menos para Harry, pero él no podía evitar sentirse más preocupado por su novia que por ellos tres.
Jessica y Neville estaban deprimidos, fingiendo de común acuerdo con sus novios desavenencias de parejas para poder ocultar con expresiones de supuesta molestia su tristeza.
Harry planificó con meticulosidad el plan con Hermione y Ron desde el viernes en la noche, para luego aislarse en un mundo al que sólo parecía tener acceso Ginny. Sus dos mejores amigos lo encubrían con los papás y los tíos, para evitar en la medida de lo posible que se diesen cuenta de su estado.
Pero a George le aterraba la actitud de la chica de pelo negro. Sabía que cuando ya estuviesen en el Bosque de Bristol, luego que los otros se durmiesen y dejase caer la máscara de fortaleza… se hundiría en su dolor. Estaba seguro también que sólo le permitiría a él estar con ella en ese momento. «¿Podré sacarla solo de una crisis?». Le daba pánico no poder darse a si mismo una respuesta afirmativa con rotundidad.
Lily, Alice, Angelica, James, Frank y Sirius estaban muy preocupados, aunque intentaban disimularlo lo mejor posible para no alertar a los chicos. No querían tampoco transmitirles sus sospechas para esa noche a Jennifer y Remus, no cuando habría luna llena. Aunque suponían que ellos también se habrían dado cuenta de algo antes de irse a Maidstone el sábado al mediodía, pero preferían no darles más razones para afianzar sus sospechas.
Simulaban no darse cuenta de la extraña actitud de los cuatro chicos durante el desayuno y ahora en el almuerzo. «Precisamente esos cuatro chicos… Pero si son quienes creemos, ¿qué los tiene tan deprimidos?». Porque la actitud de la chica de pelo negro era sólo una coraza, una que le habían visto usar a Angelica solamente en dos ocasiones. Cuando las otras dos Protectoras se habían enterado luego de los motivos habían llorado con Jennifer.
Angelica se sentía además agitada y aturdida por la luna llena, como todos los meses. Pero ese día en especial no lograba ponerse bajo control como hacía desde tres años atrás, por la preocupación que sentía por la actitud de los chicos y lo que había hablado con Raymond.
—¿Podemos suspender la práctica de hoy? —preguntó Angela con aire casual.
Esto los hizo atragantar a casi todos con la comida excepto a Harry, que casi no probaba bocado. Él, totalmente perplejo, se quedó mirándola boquiabierto.
—Claro, pero… ¿Podrías decirnos por qué? —preguntó con curiosidad Lily.
Los amigos de la chica, incluso el novio, aún trataban de respirar con normalidad. Mientras el esposo de la pelirroja de ojos esmeraldas y sus amigos miraban extrañados a la chica de pelo negro.
—Jennifer y Remus no están por la mala salud de los papás de él. James y Sirius están lastimados de la última batalla. Alice está triste desde ayer. Frank estará en el hospital con su papá y tú tienes que estar al pendiente tanto de la salud de tu mamá como de la del papá de James —enumeró Angela como respuesta. Hermione la miró furiosa en este punto, creyendo que intentaba algo para evitar que llevasen a cabo su plan. Entrecerró los ojos al verla mirar nerviosa a la chica de ojos miel—. Por otro lado Electra y yo no nos hemos estado sintiendo muy bien de salud, desde que intenté preparar sola la broma que le hicimos a James la noche del día de su cumpleaños y ella evitó que hiciera explotar la casa. —dijo cabizbaja, con tono de niña regañada.
—¡¿QUÉ?! —gritaron a coro las tres parejas presentes de los ocho que cuidaban a los chicos.
—Sí —siguió Angela en voz baja, rogando internamente que su prima fuese capaz de seguirle la idea—. Yo creí que con lo poco que sé de pociones podría generar la poción base para el "polvo trashumante" y me equivoqué. Electra sospechó al despertarse, no verme en cama y no conseguirme en la cocina. Me buscó en el cuarto que James nos facilitó para las pociones y… y evitó el desastre. Pero las dos tenemos unas ampollas en… en lugares incómodos y… y las últimas prácticas han sido un poco difíciles para las dos.
—¡Pero qué estás diciendo! —exclamó Jessica, desubicada—. Eso no es cierto.
—No, pero fue divertido ver sus caras. —fingió Angela una sonrisa pícara, mientras por dentro sentía que se le partía el corazón al ver la expresión de extrañeza en el rostro de su mamá.
—¡Diana! —exclamaron en son de regaño los otros.
—Lo siento —se disculpó—. Es sólo que no quiero que practiquemos nosotros sabiendo que ustedes no están bien. ¿Podríamos simplemente leer hoy en la biblioteca, chicos? No sé porqué, pero no me animo a que practiquemos hoy sin ellos.
—La verdad es que yo tampoco —la apoyó Harry mirándola preocupado. Recién ahora notaba que a pesar de su aparente alegría tenía sus ojos verdes muy apagados—. Además quiero que sigamos con los libros de Diana. Tenemos una apuesta pendiente, Urano.
—Cierto —atinó a decir Ron con una media sonrisa, intentando encajar eso en el plan que habían trazado—. Prepárate a ser mi elfo por el próximo mes.
—No, amigo, serás tú quien tendrá que hacer un curso acelerado de cocina. —le respondió Harry con una fingida sonrisa de burla.
—Les puede servir un libro sobre labores hogareñas y de cocina que vi en la biblioteca. Lo busqué para que supiesen qué hacer si perdían la apuesta anterior. Lástima que esa terminó en empate, pero ahora veré a uno de los dos usándolo. —se burló Angela con fingida alegría, evitando desde ese momento mirar a sus papás. Ya no podía más, pero continuaría con su farsa hasta entrada la noche.
—Ufff. Doble penalización, Urano. Además tendrás que leer. —le dijo Harry con supuesta malicia pero no lo miró. Empezó a comer de nuevo, lanzando miradas eventuales de reojo a sus tres compañeros de pesares.
—Ya veremos quién tendrá que leer. —fingió protestar el pelirrojo retomando la comida, sin ánimo para comer por primera vez en su vida.
Hermione se quedó mirando su comida fijamente. Empezó a comer lentamente, con un nudo en la garganta, entendiendo que la chica de pelo negro estaba llegando al límite de su coraza y por eso no quería practicar.
George tenía la impresión que cada vez que introducía su comida a su boca ésta sufría un encantamiento Engorgio, pues se le hacía muy difícil tragar. No había hecho ningún movimiento para abrazar a su novia para no delatar lo que ocurría, pero estaba muy atento a ella, angustiado.
Jessica miró a su prima con expresión de disculpa por no haberle secundado la idea antes. Sonrió levemente y continuó con su comida al verla sonreírle y empezar a jugar a darle la comida a George, imitándola ella con Fred. Se rió al ver que se sorprendía tanto como el gemelo.
—Perdóname que me haya estado comportando como una tonta. —le pidió, sintiendo unos minutos después los labios de su prometido en los suyos. Se separaron al oír carraspear a James, Sirius y Frank, disculpándose en susurros nerviosos.
Neville se disculpó con Luna con expresión de niño apaleado, sonriendo cuando ella le disculpó echándole la culpa a los Wrackspurts. Le dio de comer a su novia, embobado, sin volver a mirar en dirección a sus papás ni una sola vez.
Ginny comía muy atenta a su novio, notando que había retornado de su aislamiento. Sus rápidas miradas a Jessica, Angela y Neville la hicieron comprender que se estaba aislando de su propio dolor estando al pendiente de los otros, tal como Angela los había estado encubriendo a los tres con su supuesta alegría hasta sólo unos minutos atrás. No pudo evitar suspirar. Aquella iba a ser una noche terrible.
Lily, Alice, Angelica, James, Frank y Sirius intercambiaron miradas de alarma sin decir más nada, muy preocupados, comiendo muy atentos a los chicos.
Los tres aurores viajarían al Ministerio luego de comer, mientras Angelica y Lily se quedarían con los chicos en la biblioteca. James y Sirius tenían que ir con los otros del Departamento al hospital San Mungo, por órdenes de Crouch. Alice no había podido eludir a su suegra, por lo que debía irse.
Neville miró a sus papás con un nudo en la garganta y una fuerte opresión en el pecho, mientras fingía despedirse de ellos con naturalidad como había hecho varias veces. Era ahora cuando realmente entendía lo que había sentido Jessica el sábado. Abrazó a Luna y le dio un beso en la boca al dejar de verlos para tener una excusa válida para cerrar sus ojos y lograr ponerse de nuevo bajo control.
Harry se despidió con aparente naturalidad de su papá, mientras sentía que por dentro se le desgarraba el corazón de dolor. Se obligó mentalmente a no pensar en nada para poder seguir adelante.
Los diez chicos se turnaron en la lectura, opinando entre ellos sobre lo que creían le ocurriría a cada uno de los personajes, burlándose de los perdedores cada vez que erraban en sus apreciaciones, contestándoles con amabilidad a las dos acompañantes sus preguntas seis de los chicos, mientras los hijos de ellas estaban "casualmente" entretenidos con sus parejas. Lily evitó que Angelica forzase la situación, mirando significativamente el pecho de la chica que se hacía llamar Diana para que recordase la razón por la que no debía presionar.
Poco antes de la hora de la cena Angela se acercó a una de las amplias ventanas de la biblioteca y se recostó al marco del lado derecho. Miraba hacia fuera pensativa, sonriendo al sentir que George la abrazaba por detrás.
—Miren que atardecer más hermoso. —llamó a sus compañeros en la habitación, abrazando los brazos de su novio.
Todos se acercaron a los tres ventanales que daban hacia la calle muggle, viendo sonrientes que la chica tenía razón. Era un hermoso atardecer primaveral.
—¿Lily, podríamos cocinar Electra y yo el pastel de Mercurio y Júpiter? —preguntó Angela con mirada de ensoñación hacia el paisaje. Ron abrió los ojos como platos al comprender la forma en que su amiga lograba retornar al plan original—. Sé que es difícil que lo recuerden con todo lo ocurrido, pero mañana sería su cumpleaños y quisiéramos celebrarlo con ustedes a la hora del desayuno. Aunque si ustedes no quieren lo entenderemos.
—Claro chicas, eso nos animará a todos. —aceptó Lily con una gran sonrisa pensando que al menos por esa noche los chicos no se irían. Esperaba que no intentasen nada antes que regresasen Jennifer y Remus, para que los ayudasen a retenerlos.
—¿Y tendré que esperar hasta mañana para comer el pastel que preparen estas hermosas manos? —preguntó George con voz mimosa, tomándole las manos a Angela con cariño, decidido a ayudarla en la farsa que empezaba en ese momento.
—¡Oh sí! Igual que todos. No obtendrás nada hoy con halagos. —le sonrió ella con picardía, llevando a cabo la mejor representación de su vida.
—Tú tampoco, cariño —le dijo Jessica a Fred luego de darle un beso en la mejilla—. Así que ahórrate el discurso.
—Y para estar seguras que no intentarán nada, ustedes cinco no entrarán a la cocina. —dijo con firmeza Ginny, señalando a los cinco chicos.
—Pero mi amor. —fingió protestar Harry.
—Nada, Marte. Harán lo que he dicho. Le dejarán sus varitas a Lily o a Angelica y… se quedarán aquí a leer o irán a su cuarto a hablar "cosas de hombres". —finalizó con retintín en la voz, fingiendo estar molesta con él por su respuesta el día del cumpleaños de su papá.
—Por favor, pelirroja hermosa, ya perdóname. —fingió pedirle Harry mientras con su mirada le agradecía el darle una coartada para alejarse ya de su mamá, pues no soportaba más la situación. Le indicó con una rápida mirada a su hermanita, para que la ayudase a zafarse a ella también, sonriendo con dulzura al oírla.
—Si haces lo que te digo y dejas que me encargue de todo desde este momento, por esta noche, estás perdonado.
—Concedido, mi atardecer primaveral.
—Le diré a Tyr y Wykers que los acompañen con unos juegos, chicos, así no se aburrirán. —les dijo sonriente Angelica, recibiéndoles las varitas a los cinco chicos que tenían expresión de resignación y asintieron a sus palabras.
Harry no pudo evitar darle una última mirada a su mamá, despidiéndose mentalmente de ella mientras le correspondía a su suave sonrisa. «Te veré de nuevo en las batallas, pero ya no compartiremos más nunca más el mismo techo. Adiós mamá. Te quiero mucho. Gracias por todo lo que me has dado, especialmente tu amor».
Salió hacia el cuarto en que había dormido con sus amigos, caminando lentamente, despidiéndose de aquella casa a la que había decidido no volverían hasta que regresasen a su tiempo, al menos no a vivir. «La única forma en que volvamos a poner un pie aquí será por alguna emergencia. La excepción será la Sala de Prácticas, si mis papás y tíos admiten que volvamos a practicar con ellos luego de lo que haremos esta noche».
Lo había empezado a considerar cuando estaban en Kent con Charlus Potter, luego que el profesor Dumbledore se fuese y su abuelo les contase la celebración de los aurores en el #12 Deercourage. Pero al llegar a la casa a final de tarde y conseguir a sus papás tan relajados y distendidos lo decidió definitivamente. Era tiempo de irse.
Tyr y Wykers llegaron con ellos cuando estaban a punto de cerrar la puerta de la habitación. Los cinco chicos se sentaron a jugar una partida de snap explosivo con poco ánimo. Estaban inconformes con la situación, aunque no la que los elfos que los acompañaban creían.
Angelica y Lily acompañaron a las cinco chicas en la cocina. Las ayudaron a organizar lo necesario para preparar dos tortas de duraznos. También hicieron una lasaña para el almuerzo del día siguiente, según dijeron las chicas. Luna preparó jugo de calabazas en gran cantidad, tanto para la cena como para el desayuno. Le pidió a Dotty que les llevase a los chicos y les sirvió a todas sus compañeras de cocina.
Ginny tropezó con Angela al acercárseles Luna, empujándola cerca del fogón para poder sacarla de la cocina con una excusa viable. La chica de pelo negro fingió rápidamente asustarse al sentir el calor cerca de su cuerpo. Angelica la envió al cuarto con los chicos para que compartiese con su novio, al igual que a Jessica, pues las tortas ya estaban hechas y ellas podían terminar con lo demás.
Las dos fingieron una mínima protesta. Luego entregaron sus varitas y salieron de allí con Dotty, llevando ellas los vasos y la jarra de jugo la elfina. Al llegar al cuarto las dos chicas simularon quejarse de sus compañeras y bebieron con los chicos el jugo. Se integraron al juego abrazadas a sus novios, con el ánimo por el suelo.
Hermione, Ginny y Luna subieron al cuarto de los chicos con Idun media hora más tarde, supuestamente para bajar con todos a cenar. Pero, "misteriosamente", los siete chicos tenían un fuerte dolor de estómago y no querían comer.
—¿Comieron algo con el jugo, chicos? —preguntó Ginny con fingida preocupación.
—Sólo las galletas del bolso de Leto. —respondió Ron.
—¿Qué galletas? —preguntó Luna mirándolos con supuesta curiosidad—. ¿Las que me compró Idun para la simpática lechuza de James?
Siete chicos pasaron velozmente al lado de los elfos en dirección a los baños, con las cuatro pequeñas criaturas y las tres chicas corriendo tras ellos.
Hermione bajó, luego que los dejó acostados en cama acompañados de las elfinas, a explicarles a Lily y Angelica la razón por la que no bajarían a comer. Hizo un esfuerzo para mantener su porte sereno y decir aquella mentira ante ellas, sus esposos y los Longbottom.
Las tres parejas subieron con ella a ver a los chicos, consiguiendo a Luna en el cuarto de los chicos y a Ginny en el de las chicas cuidando de siete durmientes chicos. Les pidieron a las tres que los acompañaran a cenar mientras los cuidaban las elfinas, lo que aceptaron resignadas.
A las diez de la noche se levantaron los diez chicos en silencio de sus camas y metieron sus cosas en sus mochilas sin hacer ruido. Se desplazaron usando un hechizo de Hermione para que nadie pudiese oír el ruido de sus pisadas ni el del roce de sus ropas. Luna y Neville buscaron las que estaban pendientes de lavado en el área de servicios, mientras Jessica buscaba en el cuarto pequeño frente a las escaleras todos los ingredientes, bases, pociones y el caldero con ayuda de Angela, Fred y George.
Hermione verificaba simultáneamente que los elfos no saliesen de su habitación. Ginny y Ron estaban atentos que ni los Potter ni los Black bajasen las escaleras. Harry les dejaba una carta de despedida en la cocina a sus padres y los amigos de éstos que, hasta ese día, los habían protegido y cuidado en esa época. Al lado dejó los diez minúsculos botones, que les habían deslizado en las capas por órdenes de Dumbledore y que la chica de pelo negro había rastreado.
Eran las diez y veinte minutos de la noche del 31 de marzo de 1980 cuando los diez chicos desaparecieron con todas sus pertenencias del #12 Deercourage Place. Aparecieron junto a la pequeña laguna en el Bosque de Bristol, a sólo doscientos metros de las cuevas. Se quedarían allí por unos días mientras se aseguraban de despistar a sus guardianes, si les habían seguido en su visita a las cuevas como sospechaban.
Armaron las diez pequeñas tiendas en silencio. Sin casi mirarse se organizaron y con besos silenciosos se despidieron de sus parejas, introduciéndose luego a las carpas. Sonrieron media hora después cuando se vieron todos saliendo de las mismas.
—Está tan blanca y radiante hoy la luna —rompió Jessica el silencio—. Espero de corazón que mamá logre que papá no lo pase tan mal hoy.
—Estará bien, mi amor. —le aseguró con cariño Fred, dándole un beso en la frente. La llevó abrazada por la cintura junto a la orilla, donde se sentaron todos abrazados a sus parejas.
—He podido tocar, ver, oler y oír a mi mamá cuando eso no me fue posible, pues murió al yo nacer. Ha sido lo más maravilloso que le pudiese pedir a la vida. —comentó la chica de ojos miel con los ojos arrasados en lágrimas.
—Jamás hubiese intentado hacer este viaje al pasado voluntariamente. Pero el verlos sanos y felices, compartir con ellos este tiempo, ha sido un regalo maravilloso del destino antes de enfrentar finalmente a Voldemort. —les confesó Neville su sentir mirando fijamente el centro de la laguna, con Luna abrazada a él.
—Siempre me dijeron que era idéntico a papá con los ojos de mamá, gracias a Angela pude recordar algunos momentos con ellos, pero este mes y medio compartiendo con mamá y papá ha sido una bendición antes de hacer lo que debo hacer. —lo apoyó Harry sin intentar contener las lágrimas que ya surcaban por sus mejillas.
Hermione empezó a sollozar en silencio en brazos de Ron, que también lloraba, al igual que Ginny, Luna y Fred, todos en silencio pues no había palabras que pudiesen atravesar el férreo nudo en sus gargantas.
Angela se abrazó a George y empezó a llorar, sin poder decir nada, aferrándose a él como si fuese su tabla de salvación. El pelirrojo le acariciaba la espalda con cariño, con las lágrimas escapando de sus ojos azules, cantándole suavemente la canción de amor que había compuesto para ella. Sabía que ni siquiera eso lograría animarla en ese momento pero si le evitaría una crisis grave, o al menos eso deseaba.
Media hora más tarde todos se estaban adormilando, agotados por el llanto. Pero la chica de pelo negro miraba con los ojos muy abiertos el centro del lago, forzándose a no dormir para no volver a tener la pesadilla con su papá.
George le acariciaba la cabeza en silencio desde que le dio la poción para los pulmones al amainar su llanto. Sabía la razón por la que ella no quería dormir. Vio de reojo que Harry intentaba permanecer despierto también y forzó su cerebro a pensar en algo para ayudarlos a descansar sin el hechizo. Ginny ya le había dicho que debían evitar esa noche, en la medida de lo posible, hacerlos dormir así o no lograrían dormir de otra manera mientras estuviesen allí, en esa época, cerca y lejos de sus seres queridos.
Una tibia sonrisa surgió en sus labios y empezó a cantar con voz suave, profunda y arrulladora una melodía que había surgido en su mente, contemplando por primera vez desde que llegasen los diez a ese tiempo el rostro de su amada.
Duérmete pronto mi amor
que la noche ya llegó
y cierra tus ojos que yo
de tus sueños cuidaré
Siempre a tu lado estaré
y tu guardián yo seré toda la vida
Si un día te sientes mal
yo de bien te llenaré
y aunque muy lejos tú estés
yo a tu sombra cuidaré
Siempre a tu lado estaré
y tu guardián yo seré toda la vida
Esta noche te prometo que no vendrán
ni dragones ni fantasmas a molestar
y en la puerta de tus sueños yo voy a estar
hasta que tus ojos vuelvan a abrir
Duérmete mi amor, sueña con mi voz
Duérmete mi amor, hasta que salga el sol
Duérmete mi amor, sueña con mi voz
Duérmete mi amor, que aquí estaré yo
Ginny lo miró con una tibia sonrisa al ver que los dos pelinegros empezaban a soltar la tensión y se dejaban llevar por aquél canto, pidiéndole con un asentimiento que la repitiese. Le prestó mucha atención, acompañándole con la última parte cuando estuvo segura de saberla. Hicieron entre los dos un coro suave, arrullando a sus parejas y sus amigos.
Esta noche te prometo que no vendrán
ni dragones ni fantasmas a molestar
y en la puerta de tus sueños yo voy a estar
hasta que tus ojos vuelvan a abrir
Duérmete mi amor, sueña con mi voz
Duérmete mi amor, hasta que salga el sol
Duérmete mi amor, sueña con mi voz
Duérmete mi amor, que aquí estaré yo
Luna, Hermione, Ron y Fred se les unieron en un murmullo suave cuando la cantaba George por cuarta y Ginny por tercera vez, sonriendo al ver que Angela, Harry, Jessica y Neville lograban conciliar un sueño profundo.
Hermione buscó en la mochila de su mejor amigo la capa de piel de unicornio que Hagrid le había regalado a Harry. Los seis ubicaron cerca unos de otros a sus cuatro amigos más deprimidos, siguiendo con la tonada suavemente para evitar que se despertasen. Se recostaron todos en la hierba, durmiendo junto a la pequeña laguna tranquilos al saber que las protecciones levantadas por Hermione y Ron los mantendrían totalmente a salvo por lo que restaba de noche y tal vez parte de la mañana.
