La Desaparición de Caradoc

Resumen: Alteraciones en los diez chicos. La casa de Maidstone como refugio. Interrogatorio a un traidor y sus consecuencias.

Por ese día dejaron ir a los chicos sin hablar de la batalla, pues no quisieron presionar el estado de ánimo de las dos jóvenes mujeres embarazadas luego de todo lo ocurrido. Pero apenas ellas quedarse dormidas James les envió un mensaje a los chicos, por medio de los sickles falsos, para reunirse al día siguiente luego de la hora del desayuno.

Harry estaba en ese momento sentado junto al lago con su novia y amigos, recibiendo con ellos el mensaje. Lo respondió brevemente con una afirmación solicitando sólo que no estuviese presente alguien aparte de las doce personas que les habían estado cuidando y sabían todo sobre ellos, ni siquiera los otros miembros de la Orden del Fénix.

Estuvieron un largo rato los diez en silencio, sus miradas melancólicas fijas en el suave ondular de la superficie del agua por la tenue brisa que soplaba. Ninguno se atrevía a expresarlo en voz alta, pero los diez sabían que con lo ocurrido en la batalla de Leicester comenzaba para ellos una nueva etapa en aquella época en que se encontraban, de la que la huida de Deercourage había sido sólo el prólogo.

Se tenían los unos a los otros y sabían que contaban con el afecto de los doce quienes sabían gran parte de su verdad. Pero también que desconfiaban de ellos los aurores y, probablemente, pronto también lo harían los demás en la comunidad mágica. Además de ser ahora blanco de los mortífagos como ya lo eran en su época.

La diferencia era que en su tiempo luchaban por la esperanza de construir una paz definitiva. Aquí sólo para evitar que fuesen lastimadas demasiadas personas y, terriblemente, para que se cumpliese un destino que destruiría las familias de cuatro de ellos.

Al menos ocho de ellos pensaban en eso, pues Harry estaba absorto en la misma indecisión que ya le había sacudido en casa de su abuelo. «¿Puede ser que los antiguos estuviesen equivocados y este viaje involuntario fuese para que cambiásemos lo ocurrido? La interpretación de la Profecía Cundáwan podría ser ésa cuando dice completar el pasado. Pero… no me encaja entonces aquello de con amor y dolor cumplir el mandato de no romper la línea del tiempo». Bajó triste la mirada. «Me parece tan cruel estar aquí y no hacer nada para evitar que mis padres mueran. Peor aún entrenarlos para que mejoren y se puedan enfrentar a Voldemort, cuando sospecho que ya la profesora Trelawney ha hecho su profecía».

—Harry, Ginny, Hermione, Ron, Luna y Neville, hoy a medianoche los quiero bien despiertos aquí para un entrenamiento especial. Los demás no deben estar con nosotros. —les dijo Angela con la voz fría e impersonal que usaba en los entrenamientos, levantándose luego y alejándose del grupo con paso lento pero firme.

—¿Qué pasa? —preguntó Ron totalmente desubicado, tan sorprendido como los demás.

—No lo sé. —musitó George preocupado. Rápidamente se incorporó y corrió a darle alcance a su prometida.

El pelirrojo no logró sacarle una palabra, aunque sí destensarla y acompañarla a que durmiese en la carpa. Estaba tan preocupado como lo había estado durante sus cambios cuando se desató el proceso al que la había sometido su suegra.

Harry le pidió a "su hermanita", antes que se acostasen, que difiriesen ese entrenamiento para otro día si no era urgente. Estaba muy preocupado por su respiración irregular y el frío que hacía en esos días del año. Ella accedió con algo de renuencia, pero sin decirle qué era lo que quería enseñarles, lo cual mantuvo al pelinegro muy inquieto.

—¿Te diste cuenta? —le preguntó Hermione a su amigo, luego de arrastrarlo de regreso al lago y lejos de la carpa de la chica, acompañados de sus pelirrojos prometidos, la rubia y el castaño.

—Está demasiado preocupada. —comentó Ron con el ceño fruncido.

—Como se pone cada vez que debe hacer algo por sus promesas o responsabilidades, pero no quiere hacerlo. —afirmó Ginny preocupada.

—Y nos llamó por nuestros verdaderos nombres. —les hizo notar Hermione con aire grave.

—¿No lo entienden? —les preguntó Harry, viendo con incredulidad a la castaña parpadear mirándolo interrogante—. Somos los que tenemos los doce dones activos y en esta época sólo ella puede entrenarnos en algo referente a los Cundáwans, sin que modifiquemos la línea temporal.

Sus cinco acompañantes se congelaron al oírlo.

—Pero… Se supone que en esta época no podemos usar nuestros dones. —musitó la castaña.

—¿No han notado un cambio desde que me enfrenté a Voldemort? —les preguntó Harry intrigado.

—A…al…algo m…mu…muy va…vago. —tartamudeó su mejor amiga preocupada.

—No ha caído el bloqueo temporal, pero nuestros otros dones ahora están activos y libres nuevamente, sin perjudicarnos su uso. —les dijo Harry mirándolos de uno en uno, sin comprender porqué él lo sabía con certeza y ellos no.

—¿Cómo lo sabes, mi amor? —preguntó la menuda pelirroja confundida.

—A través del don del Manejo de la Energía —le respondió su prometido con tono de decir algo obvio—. ¿Ustedes no lo perciben? —les preguntó inquieto, preocupándose al verlos denegar a los cinco.

—¿Será que sólo tú has sufrido ese cambio? —preguntó Neville con curiosidad.

—¿Pero entonces porqué Diana nos habría convocado para un entrenamiento especial a media noche a nosotros también? —planteó Luna.

—No creo que sea sólo por el despertar nuevamente de los dones. Algo la preocupa. —afirmó Ginny.

—Si Sirius, el de cualquiera de las dos épocas, los viese como están justo ahora me quedaba sin uno de mis hermanos. —comentó Ron luego de un par de minutos de silencio, mirando la forma en que George tenía acunada a Angela contra su pecho. Su hermano le estaba cantando a su amiga en voz baja para arrullarla, los dos acostados dentro de la carpa de ella con la entrada abierta.

Harry frunció el ceño y asintió. A él no le agradaba tampoco la idea, sus celos de hermano mayor protector molestándole. Pero sabía que el pelirrojo sólo estaba cuidando de su hermanita, tan preocupado como él por ella.

—¡Urano! —exclamó entre dientes Hermione, mirando de reojo a su amigo.

—Ya dejen de comportarse de esa forma tan absurda. Júpiter sólo está cuidándola. Jamás hará nada que ella no quiera o no esté lista. —los riñó Ginny a los dos con todo su mal carácter a flor de piel.

—Tu hermano hablaba de Sirius, cariño —le recordó Harry con suavidad—. Mi padrino había ya aceptado su relación pero igual se molestaba cuando los veía demasiado cerca. Y el joven que está en Deercourage no permite que ninguno de nosotros cinco esté con ninguna de ustedes cinco con actitudes de novios cariñosos.

—Cierto. —afirmaron a coro Luna, Ginny y Hermione sonrientes, recordando las veces en que los había separado haciendo ruidos o comentarios.

—Vamos a reposar. Mañana tendremos un día difícil en Deercourage. Tal vez cuando regresemos podamos hablar con tranquilidad con Diana. —les indicó Harry, sonriendo al ver a los cinco asentir en aceptación.

George se sorprendió cuando lo vio asomarse a la carpa con expresión tranquila, dejarle al lado su pijama y cerrarles la entrada. Reanudó el arrullo interrumpido cuando sintió que su prometida se removía inquieta. Unos minutos más tarde, ahora seguro que estaba profundamente dormida, se cambió con su varita la ropa y se acomodó con ella para que durmiese en una posición en que respirase bien.

Dos veces en la madrugada la sintió despertarse e intentar levantarse, la primera vez mirándolo sorprendida, obligándola en ambas oportunidades a recostarse de nuevo y hablándole en susurros hasta que se dormía de nuevo.

—Hola. ¿Cómo pasó la noche? —le preguntó Harry en la mañana apenas lo vio llegar al sector que habían destinado para el aseo matutino de ellos cinco.

—Hola chicos. Intranquila. Se intentó levantar en dos oportunidades en la madrugada. —le respondió George preocupado, luego de saludarlos a los cuatro.

—¿Te comentó qué le preocupa? —le preguntó Ron.

—Justo antes de venirme me dijo que tenía que hablar con todos a la hora del desayuno y que lo de anoche había sido un acto de impulsividad, pero que la preocupaba nuestra situación ahora. —respondió George con tono preocupado.

Fred y Neville lo miraron interrogantes, suspirando al ver que se encogía de hombros con expresión de él tampoco comprender. Harry y Ron intercambiaron miradas preocupadas.

Cuando regresaron junto al campamento Jessica ayudaba a Ginny a preparar chocolate caliente y unas pequeñas tortillas con el ceño fruncido, la menuda pelirroja mirando eventualmente a la castaña y la chica de pelo negro con expresión preocupada, mientras que Luna organizaba unos platos y vasos que habían transfigurado de las piedras cercanas cuando se instalaron allí, evidentemente abstraída mientras lo hacía.

—Estamos en problemas y lo peor es que no sé la razón. —afirmó Neville en voz baja.

—Ni yo. Pero me temo que lo averiguaremos pronto. —respondió Ron en el mismo tono bajo mirando a su novia.

—Al menos tu novia no está riñendo a la mía. —comentó con alivio George, manteniendo el volumen de voz usado por su hermano y el castaño.

—No sé si eso sea buena señal. —le contradijo Fred.

—Gea y Diana parecen estar de acuerdo y coordinando algo. —afirmó Harry con el ceño fruncido. Le agradaba que no discutiesen, pero no el aspecto cómplice que les veía.

—Si no se acercan a ayudar no desayunan, porque las estatuas no comen. —les dijo Ginny con una sonrisa pícara, al verlos paralizados en el borde del bosque mirándolas.

Sabía que estaban también preocupados, pues no era normal que se hubiesen levantado con el amanecer al igual que ellas. Al parecer Jessica y Fred también habían hablado entre ellos de lo ocurrido en la noche, mientras ellos lo hacían y George tranquilizaba a Angela.

—Sólo admirábamos el hermoso paisaje que ustedes cinco conforman. —replicó Harry zalamero con una sonrisa, acercándose con sus cuatro compañeros.

Las cinco chicas sonrieron ruborizadas. Las de pelo negro y castaño también se aproximaron a ayudar, suspendiendo su conversación. Angela rebanó con su varita un pan, que les habían dejado los elfos el día antes, mientras Hermione organizaba con la rubia las rebanadas y las tortillas en los platos, dejando a mano la miel, la mantequilla y la mermelada que también les dejaron las pequeñas criaturas.

—Chicos. Quiero disculparme con todos por mi impulsividad anoche —comenzó Angela mientras desayunaban—. Estoy preocupada porque la alteración en nuestros organismos, que nos impedía usar Magia Antigua y nuestros dones, cesó ayer durante la batalla en Leicester. Eso es bueno en cuanto a nuestra salud, pero me preocupa el que en algún momento nos veamos tentados a usarlos en batalla o en nuestra interacción con los de la Orden del Fénix.

—Diana nos convocó a nosotros seis porque tenemos los doce dones activos y sólo manejamos hasta ahora poco más de lo básico. —explicó Hermione.

—Y no me pareció prudente que estuviesen ustedes tres porque no sé si les llegaría a activar lo que les transmitieron los antiguos estando presentes en la práctica —aclaró Angela señalando a Jessica, Fred y George, que no los tenían activos—. No se supone que suceda, pero desde que entramos a esa caverna casi nada ha sucedido como debería.

—¿Sería muy malo que se activasen los dones que les faltan a ellos? —preguntó Luna con su franqueza acostumbrada.

—No. De hecho sé que en algún momento tendré que hacerlo. Pero… Me preocupa activarlos mientras estamos en esta época con el bloqueo temporal arriba, sin saber exactamente qué generaría en los tres con tanta irregularidad que estamos viviendo. De hecho me preocupa que usemos los que tenemos activos. Pero quiero que practiquemos con ellos, con cautela. Necesitamos saber, ahora que están libres y aparentemente normales, cómo nos afecta el usarlos. También como responderán nuestros organismos a usar Magia Antigua. —le respondió Angela con sinceridad.

—Hemos pensado que podemos organizar algunas prácticas en las mañanas los diez, ya que en las tardes iremos a Deercourage —comenzó Hermione mientras les señalaba con la pluma que tenía en la mano un pergamino, en el que vieron un boceto de horario. Ocho de ellos rodaron los ojos mientras la chica de pelo negro retenía con dificultad la risa, para que la castaña no se diese cuenta—. Comenzaremos con lo que ya manejamos de Magia Antigua y luego con los dones. Diana mantendrá nuestros dones bloqueados desde este momento, usando su don del Manejo de la Energía, cuando no estemos practicando.

—¿Y qué pasará con las particularidades de ustedes seis? —preguntó Fred.

Hermione, Ginny, Luna, Neville, Ron y Harry abrieron los ojos como platos, tragando saliva al igual que Angela.

—¿Puedes bloquearnos? —le preguntó la castaña nerviosa a la de pelo negro.

—Siempre y cuando más de tres de ustedes no usen simultáneamente sus particularidades —respondió Angela con sinceridad—. Hasta ahora siempre me había ayudado tía Aline con ustedes en cuanto a eso y tío Wymond en cuanto a los dones, pero de las particularidades tengo poco conocimiento y casi nulo manejo. Y yo no puedo hacer nada con respecto a la energía esmeralda de Harry. —se le escapó el verdadero nombre por lo nerviosa que estaba.

—Tu empatía, mi energía armonizadora y mi energía esmeralda no son peligrosas para otros, hasta donde sabemos. Pero me preocupas tú y tu percepción empática. —replicó Harry.

—Creo que tendrán que incluir en el horario ratos para que ustedes practiquen sus particularidades, mientras nosotros tres trabajamos en cuanto a Magia Antigua. —opinó Jessica.

—De acuerdo. —aceptaron a coro los siete con tono preocupado.

—Leto y yo tendremos que practicar tanto nuestras particularidades como Magia Antigua. —completó Neville mirando inquieto a Angela, tragando saliva al verla asentir con la expresión que usaba en entrenamientos.

—Esperemos que hoy nos vaya mejor que ayer con ellos. —comentó Ron minutos más tarde, mientras recogían todo.

—Al menos hemos demostrado nuestros dos puntos más fuertes: sabemos defendernos y conocemos contrahechizos que ellos no. —opinó Ginny.

—Pero Marte debe manejar con cuidado su encuentro dialéctico con Voldemort, que debe haberlos preocupado mucho por la reacción que provocó en ese asesino. —acotó Hermione.

Harry suspiró y asintió. Recordaba bien la maternal preocupación con que la señora Molly Weasley le había mirado después de cada uno de sus encuentros con Voldemort. Luego de compartir mes y medio con sus padres sospechaba que la situación con Lily Potter, su mamá, quien ya sospechaba que él era su familiar, sería difícil de manejar. Más aún considerando que estaba embarazada.

—Buenos días. —saludó James con una sonrisa al verlos aparecer, contento porque los chicos habían accedido a reunirse en un horario distinto al acordado inicialmente. Tal vez si presionaban con sutileza lograban que regresasen a la casa.

—Buenos días. —le correspondió Harry con una sonrisa prácticamente idéntica.

Los otros nueve chicos se removieron levemente nerviosos al notarlo, pero disimularon lo mejor posible sus nervios.

—Vamos a la mesa del fondo, chicos, quiero que nos sentemos con calma a hablar de lo ocurrido ayer. —les indicó James, brillando sus ojos avellanas al ver a los chicos asentir y desplazarse hacia el lugar señalado, siguiéndoles él, sus siete amigos y su padre.

En ese momento se abrió la puerta y luego de entrar Alastor, Minerva y Albus el último le indicó por señas a sus dos acompañantes que avanzasen tras los dos grupos que se movían hacia el otro extremo de la habitación.

Cuando los vieron los diez más jóvenes los saludaron, siguiéndolos las cuatro parejas y el ex auror. Una vez que todos se sentaron alrededor de la mesa el director recomenzó con el debate que había sido interrumpido el día antes por el patronus de Emmeline, en el cual ahora había elementos nuevos a considerar.

—Ayer les exponíamos las razones para no estar conformes con su participación en las batallas cuando nos llegó el aviso de lo que ocurría en Leicester. A pesar de nuestra negativa ustedes se presentaron allí y tuvieron un desenvolvimiento que ratifica en varias cosas lo que nos habían dicho. Sin embargo comprenderán que seguimos estando inconformes con su presencia en los enfrentamientos con los mortífagos.

—Lo entendemos, pero nuestra decisión de enfrentar a esos asesinos es firme. —replicó Harry con tono sereno.

—Quisiera plantearles a todos una posible solución a esta evidente divergencia radical de opiniones —se adelantó James al estallido de su esposa y su amiga rubia—. Ustedes diez nos ayudarían enseñándonos los contrahechizos que conocen contra las maldiciones que están usando algunos de los mortífagos, pero no participarían directamente en batallas.

—Con mucho gusto les enseñaremos las defensas que conocemos contra las maldiciones que están usando. Pero eso de ningún modo condicionará nuestra participación o no en las batallas. —le respondió su hijo con tono respetuoso pero firme.

—Ustedes no pueden seguir apareciéndose en batallas, ni mucho menos enfrentándose a Voldemort como tú lo hiciste. —intervino Lily con tono que pretendía ser sereno, pero con el ceño fruncido.

—Lord Voldemort se apareció allí y les ordenó a sus seguidores que atacasen a los demás mientras me interrogaba, como líder del grupo de encapuchados que le estaba entorpeciendo sus planes —empezó a responderle Harry con tono pausado, intentando mantener la conversación en un ambiente sereno a pesar de lo delicado del tema que estaban tratando—. Yo simplemente le respondía que Marte y los demás miembros de "Los Guerreros del Fénix" le seguiríamos estorbando a quien atacaba indefensos muggles o magos que no tenían los conocimientos para enfrentarle. Al parecer no le agrado mi forma de decírselo. —finalizó con picardía, encogiéndose de hombros.

James y Sirius tuvieron que controlarse para no reírse por la forma en que el chico había dicho lo último, mientras sus parejas y sus cuatro amigos rodaban los ojos, su abuelo suspiraba y los otros tres entrecerraban los ojos.

—Ayer notamos que no todos los mortífagos saben usar las maldiciones más peligrosas y de las que, hasta donde pudimos ver, ustedes no conocen los contrahechizos —siguió Harry con tranquilidad—. Desde ahora sólo apareceremos cuando los ataques sean grandes o estén involucrados quienes sepan usarlas, para no romper la ley del equilibrio —dijo con calma, desviando rápidamente su mirada del director al notar un brillo de comprensión en sus ojos azules—. Además que hoy hemos decidido comenzar entre nosotros una serie de prácticas para nivelarnos los unos a los otros en conocimientos y destrezas.

—¿Por qué están algunos más entrenados que otros? —preguntó Minerva con curiosidad, que ya lo había notado en el enfrentamiento—. No parece que su nivel esté relacionado con sus edades.

—Eso no lo sabemos, profesora —le respondió Harry con tono respetuoso—. Queremos hacer esas prácticas tanto para mejorar como para intentar recordar. Además investigaremos desde hoy otros posibles sitios donde quedarnos y…

—Disculpa que te interrumpa, Marte, pero la cueva del Snowdon a la que pretenden ir cuando no puedan acercarse a los leopardos, por estar heridos, es inestable y peligrosa —lo interrumpió Remus—. Por otro lado, el deambular buscando un sitio seguro en el cual quedarse los pondrá en peligro, tanto con los mortífagos como con aurores. También con el resto de la comunidad mágica, por el clima de desconfianza reinante ahora por la guerra.

—Eso es cierto, pero como dijiste el sitio que conocíamos en las montañas no es seguro. —le respondió Harry mirándolo con curiosidad.

—Nosotros cuatro compartimos una casa a las afueras de Maidstone, de tres pisos y con varias habitaciones de tamaño mediano y pequeño —expuso Jennifer señalando a su esposo, su gemela y su cuñado—. Allí podrían acomodarse bien y nosotros estar aquí con Lily y James.

—No quisiéramos cambiar nada de sus vidas. —replicó Harry en voz baja, aturdido.

—Como dijo papá ayer, es posible que esté ocurriendo exactamente lo que tiene que ocurrir. Lo que sucedió en el pasado que no recuerdan. —le dijo James, sintiendo una mezcla de sentimientos al ver a los diez chicos dudar. «Eso plantea dos posibilidades igualmente preocupantes: o es cierto que tienen problemas con sus recuerdos, o hay cosas de la vida de nosotros ocho antes de ellos nacer que no saben».

Albus Dumbledore frunció el ceño analizando las reacciones de los diez chicos.

—Pero suponemos que otros amigos de ustedes irán allí eventualmente. —planteó Hermione dudosa, a quien empezaba a gustarle la idea.

Sus nueve compañeros se giraron a mirarla con evidente sorpresa.

—No. Prácticamente nadie sabe de nuestra casa allí. El único es Peter y yo me ocuparé de que no se aparezca por allí. —replicó de inmediato Angelica. Había contenido el normal retintín en su voz cuando nombraba al cuarto Merodeador para no tensar más la situación, al hacer enojar a su esposo, su cuñado y su amigo.

—En ese caso creo que es nuestra mejor opción, chicos. —afirmó la castaña mirando a sus nueve aturdidos compañeros.

—¿Qué? —susurró Jessica que aún no podía creérselo.

—¿Podríamos hablarlo entre nosotros y responderles esta tarde? —le preguntó Harry a Jennifer. Confiaba en su mejor amiga, pero estaba tan intrigado como los otros en sus motivos para aceptar aquello.

—Por supuesto. —asintió la gemela contenta.

—En cuanto a lo que han planteado de las batallas en las que se presentarían y en cuáles no. ¿Cómo piensan enterarse para hacer ese tipo de discernimiento? —preguntó Frank serio.

Moony, Hera y Rea. —le respondió con sinceridad Harry luego de varios minutos de tenso silencio.

Los doce que estaban allí intentando evitar que los diez chicos se presentasen denegaron con desaliento. Fawkes les avisaba a ellos de algunas, cuando no había cerca ningún miembro de la Orden del Fénix, antes que llegase la noticia a los aurores.

—Ustedes insisten mucho en no querer alterar el pasado. ¿Cómo saben que no lo hacen al involucrarse en las batallas? —presionó Charlus.

—No lo sabemos, señor Potter. Precisamente por eso hemos decidido delimitar nuestra participación. —le respondió respetuoso Harry.

—¿Si Lily y yo dejamos de participar ustedes se abstendrían de hacerlo? —preguntó Alice, como último recurso que se le ocurría para evitar que se presentasen.

—Aún así iríamos. —afirmó Harry en contra de su voluntad, con los puños de sus manos apretados, luego de un par de minutos de silencio.

—¿Existe alguna forma de convencerlos para que no se aparezcan en las batallas? —preguntó Lily con tono molesto, sus esmeraldas centelleantes clavadas en las esmeraldas tranquilas del líder de los chicos.

—Lo siento Lily, pero no la hay —le respondió Harry con tono suave—. Una de las pocas cosas que recordamos es que prometimos ayudar como grupo a detener asesinos como Voldemort y sus seguidores, siempre que nos fuese posible hacerlo.

—Nos van a matar de la angustia. —protestó Alice.

—Luego de cada enfrentamiento iremos a la casa que nos han dicho u otro lugar seguro para que Venus y Electra nos ayuden con lo que haga falta. Después nos comunicaremos con ustedes y si es prudente vendremos aquí. ¿Está bien? —planteó Harry queriendo tranquilizarlos un poco—. Por otro lado quería decirles que fingiremos en las batallas no conocer a ninguno de ustedes, para evitarles inconvenientes. —agregó al verlos asentir a su anterior planteamiento con expresiones de poco convencimiento.

—Se preocupan mucho por los problemas nuestros, pero aún no les escucho decir nada para evitar los que tendrán ustedes por aparecer encapuchados y no responder a las preguntas de los aurores. —gruñó Alastor Moody, que se había venido conteniendo por indicaciones de su amigo Albus Dumbledore pero lo último le había parecido el colmo.

—No podemos decir la verdad y el mentir nos podría llegar a generar problemas en algún momento, como casi ocurre con la situación en Bristol. —le respondió Harry, que hubiese querido evitar ese punto.

—¿Por eso no quieren que más nadie de la Orden del Fénix esté presente en nuestras reuniones? —preguntó James. Empezaba a comprender la verdadera razón tras la petición del chico, la noche anterior, cuando pautaron la reunión.

—Así es. También por eso los entrenaremos en los contrahechizos a ustedes, quienes luego se lo retransmitirían a ellos. No es sólo los dos incidentes en los que alguien entró a esta casa sin su consentimiento, sino que no podemos decir la verdad y en cualquier momento se nos puede complicar el responderles preguntas incluso a ellos. —explicó Harry.

James asintió sin siquiera darse cuenta, al recordar su comentario frente a la casa en Bristol y como se había escapado por muy poco de responderles preguntas difíciles a Benjy y Edgar, por la coincidencia del mismo con la coartada dicha por el chico.

—Eso es comprensible, pero Alastor tiene razón en que el aparecerse en batallas sin mostrar sus rostros les traerá problemas. —insistió Charlus.

—Lo sabemos, señor Potter, y asumimos también esa consecuencia de nuestra decisión. —le respondió Harry.

—Si aceptan nuestro ofrecimiento de la casa en Maidstone nosotros estaríamos un poco más tranquilos —insistió Remus—. Allí sólo iríamos nosotros doce, avisándoles previamente para que tengan tranquilidad de desenvolverse allí sin los pasamontañas y con libertad.

—Y así también yo podría ayudarles como medimaga si llegasen a resultar lastimadas tanto Electra como Venus en una batalla. —presionó Jennifer.

—Además que Diana no seguiría durmiendo a descampado, lo cual no es bueno para su salud. —añadió Sirius mirando preocupado a quien sospechaba era su hija.

—Es más fácil ponerle protecciones a una casa que a un sitio abierto. —agregó Angelica al ver al chico de ojos color esmeralda abrir la boca.

—Mientras resolvemos los detalles de lo que hablamos temprano, es mejor opción aceptar su ayuda que ir al Snowdon. —comentó Hermione.

Sus nueve compañeros se giraron a mirarla con una mezcla de incredulidad y preocupación, pues no comprendían el porqué quería que aceptasen luego de haberlos estado presionando para que se fuesen de Deercourage.

—Estaremos solos, sin afectar por lo tanto la vida de otros, en un sitio seguro. También ellos estarán más tranquilos. —enumeró la castaña que comprendía el porqué la miraban así.

Harry frunció el ceño. Cerca pero lejos. Sin compartir bajo el mismo techo, para no delatarse consciente o inconscientemente, pero al mismo tiempo en contacto con ellos permanente de modo que estarían los dos grupos más tranquilos. Aquella era una opción maravillosa y al mismo tiempo cruel. Interrogó con la mirada a sus tres compañeros de penas y suspiró luego de verlos asentir levemente. Consultó luego de la misma manera a los demás, decidiéndose luego de verlos a todos asentir.

—Les agradecemos mucho su oferta y la aceptamos con mucho gusto. Pero estemos claros que si ocurre algo que los ponga en peligro a ustedes o a nosotros nos iremos de allí, comunicándonos tan pronto nos sea posible luego con uno de ustedes —planteó Harry. Suspiró luego de verlos a todos asentir—. Buscaremos nuestras cosas y volveremos aquí para ir a ese lugar.

Los doce sonrieron y asintieron a los chicos, que se levantaron de la mesa y se desplazaron un poco antes de trasladarse al bosque.

Alastor sonrió con malicia en cuanto los chicos desaparecieron, pensando en que aprovecharían la situación para encerrarlos en la casa.

—Sin trucos o estoy seguro que romperán contacto con todos nosotros. —advirtió Albus pendiente de las dos mujeres embarazadas, por lo que no notó el gesto de su amigo.

Quince minutos más tarde los chicos aparecieron y un par de minutos después el director suspiraba resignado. Todo había ocurrido demasiado rápido y no pudo evitar que se diese. Lily, Alice, Angelica, Sirius, Charlus y Alastor habían intentado desarmar y desmayar a los chicos apenas aparecieron frente a ellos. Habían sido sorprendidos por rápidos escudos protectores que impidieron su acción y desviaban los hechizos lejos de quienes los lanzaban también. Los chicos desaparecieron seguidamente sin decir una palabra, a pesar de las peticiones de Jennifer, Remus, James, Frank, Minerva y él de aguardar y hablarlo.

—¿ES QUE NO ESCUCHARON A ALBUS CUANDO DIJO "SIN TRUCOS"? ¿SABEN QUE POSIBLEMENTE LOS HAYAN PUESTO EN PELIGRO SI DECIDEN IRSE A UN LUGAR DISTINTO AL QUE YA HABÍAN PROTEGIDO? —gritó furioso James, sin importarle que dos de los que recibían sus fuertes palabras fuesen su esposa y su padre.

—Calma. Intentemos comunicarnos con ellos por medio de Fawkes. —intentó tranquilizar a todos el director.

—No sab… —James se detuvo en su réplica airada al sentir que el sickle falso en su bolsillo se calentaba. Lo sacó rápidamente y lo puso sobre la mesa cercana para leer el mensaje.

Ni humanos, ni elfos, ni animagos, ni animales tienen acceso desde este momento a nuestro refugio en Bristol y tampoco en el Snowdon. Sé que lo comprobarán aunque les esté avisando.

Mantendremos la comunicación por esta vía. Nos reuniremos con ustedes nuevamente en un par de días, cuando resolvamos algunas cosas pendientes.

Marte

Al terminar de leer el mensaje suspiró, pues Lily y Alice estallaron en llanto mientras Angelica y Sirius desaparecían.

—Intenten evitar que esos dos empeoren las cosas. —les susurró a Jennifer y Remus. Se acercó a su esposa después de verlos asentir y desaparecer. La abrazó hacia su pecho y le acarició la espalda para intentar tranquilizarla, de forma similar a como lo estaba haciendo Frank con Alice.

Varios minutos más tarde, ya un poco calmadas las dos jóvenes mujeres embarazadas, vieron aparecer a sus dos parejas de amigos.

—No sólo han puesto todas esas restricciones en los dos lugares, sino además protecciones adicionales. —informó Remus concisamente.

—¿También en la montaña? —preguntó Minerva preocupada.

—Sí, también allí. —afirmó con desaliento Angelica mientras se dejaba caer sentada en una silla.

—Vamos a darles espacio y tiempo para que se calmen, mantenemos el contacto con ellos e intentamos ganarnos de nuevo su confianza. —afirmó James apretando por los hombros a su esposa, que cabizbaja denegaba y hacía pucheros.

En horas del mediodía una bastante enojada Jennifer obligó a su gemela a explicarles a Dotty y a Wykers la razón para que ese día no les llevasen el almuerzo a los chicos. Angelica le pidió al líder de los chicos, a través de su sickle falso, que permitiese el acceso a los dos elfos preocupada por la reacción de las dos pequeñas criaturas. Pero la respuesta fue negativa.

Casi media hora más tarde aparecieron Jessica y Hermione al fondo del jardín, llevando algunas frutas en una cesta, llamando a los cuatro elfos para hablar con ellos.

—Quietos —les ordenó James a los demás, que al ver desaparecer a los elfos se incorporaron de la mesa del comedor, donde almorzaban con pocas ganas—. Espérenme aquí.

Pero los otros siete le siguieron sigilosamente. Se extrañaron al ver que no iba hacia las escaleras para subir, sino a la parte posterior de la casa. Entraron con sigilo a la cocina para ver y oír desde allí.

—Tranquilos —levantó las manos James cuando vio a las dos figuras junto a las cuatro pequeñas criaturas incorporarse rápidamente, sin distinguir bien quiénes eran por la distancia—. Sólo me preocupó la desaparición de ellos cuatro. ¿Ustedes están bien?

—Sí. Estamos bien. —le respondió Hermione.

—¿Qué es eso? —preguntó el joven hombre de ojos avellanas con curiosidad, señalando lo que estaba en el piso entre las cuatro criaturas y creía que dos de las chicas.

—Una cesta con frutas frescas para Alice y Lily. —le respondió Jessica.

James sonrió. Habían pensado en ellas dos a pesar de ser parte del grupo que los intentó retener. También era curioso que a él no le preocupase la posibilidad que aquellos diez desconocidos intentasen algo contra ellas, mientras que le aterraba que uno de los miembros de la Orden del Fénix lo hiciese. Pero mientras los chicos se habían ganado paulatinamente su confianza ahora sabía que alguien en su grupo los traicionaba.

—Gracias de corazón. ¿Aceptarían algo de comida para los diez? —preguntó James avanzando lentamente en su dirección.

—No creemos que sea prudente. —le respondió Hermione, mientras tomaba a la chica de ojos miel por el brazo y retrocedía levemente.

—Por favor Gea, espera. No haré nada para retenerlas —le aseguró James deteniéndose, suspirando con alivio al ver que no desaparecían—. Tú misma dijiste que sería bueno para su salud el tener una dieta más balanceada los primeros días, mientras terminan de recuperarse. Por favor permitan que les dé comida para los diez.

—No podemos permitir que alguno de ellos cuatro vayan de nuevo al campamento —le respondió la castaña con tono respetuoso—. Lily podría ordenarles algo… inconveniente. No queremos que ellos se vean en una situación difícil.

—Si esperan unos minutos les podemos preparar rápidamente algunas viandas para que lleven. —planteó James, que comprendía la desconfianza de los chicos luego de lo sucedido horas antes.

—Está bien. —aceptó Hermione después de un par de minutos de tenso silencio.

Los cuatro elfos desaparecieron del lado de las chicas y reaparecieron junto al joven señor Potter con la cesta llena de frutas. Recibieron rápidamente sus órdenes, desapareciendo rumbo a la cocina y la despensa.

—Lamento mucho lo ocurrido temprano, chicas. Creo que comprenden que nos pone muy nerviosos su decisión de participar en batallas. —rompió James el silencio.

—Lo entendemos. —afirmó Hermione.

—¿Están bien el señor Potter, Lily y Alice? —preguntó Jessica preocupada.

—Sí. Están un poco nerviosos y se sienten culpables de lo que les pueda pasar en el Snowdon, al igual que Angelica y Sirius —le respondió James con sinceridad, con sus ojos color avellanas clavados en los miel de ella. Era definitivamente una mezcla de Jennifer y Remus en cuanto a su forma de pensar y reacciones—. ¿Existe alguna posibilidad que ustedes reconsideren el ir a Maidstone? —preguntó con cautela.

—Ninguna. —le respondió Hermione tajante.

—Pero el Snowdon sigue siendo inseguro. La cueva es muy inestable. —presionó James, arrepintiéndose en seguida al ver a la castaña fruncir el ceño.

—Lo sabemos. Estamos buscando otra alternativa. Pero mientras resolvemos algunos detalles iremos allí cuando sea necesario. —le respondió la castaña con un leve tono de enojo.

—Los Potter tenemos otras propiedades que… —empezó a ofrecer James, deteniéndose y suspirando al verla denegar—. Sirius tiene razón en cuanto a la salud de Diana y que estén a descampado, además que Jennifer nos ha dicho que esto podría retrasar y dificultar la sanación de la piel quemada tanto en ella como en Marte, Urano y tú. —comentó como último recurso que se le ocurría.

—Una de las cuevas cerca de los leopardos es amplia, siendo su humedad y temperatura saludables. Desde esta noche dormiremos allí, usando el que hasta ahora era nuestro campamento para las prácticas que haremos. —le respondió Jessica.

James suspiró con resignación, reconociendo la derrota, justo cuando salían de la casa los elfos con lo que les había ordenado. Las pequeñas criaturas se los llevaron a las chicas ante una señal de asentimiento de él.

—Gracias. Seguiremos en contacto por los sickles falsos. —se despidió Jessica con un gesto de su mano y una suave sonrisa.

—Si nos demoramos en responderles no se asusten. Podríamos estar practicando o investigando algo —aclaró Hermione—. Tan pronto nos sea posible, luego de leer su mensaje, les escribiremos. Si es algo urgente pueden llamar a los fénix.

—Cuídense y vuelvan a venir, por favor. —les pidió James. Sonrió al verlas suspirar y asentir, correspondiendo con su mano al gesto de despedida de las chicas.

—¿Cómo supiste que estarían en el jardín? —le preguntó atónita Lily a su esposo cuando entró a la casa.

—Supuse que no aparecerían aquí adentro luego de lo ocurrido. —le respondió él encogiéndose de hombros.

El viernes en la noche se reunieron los miembros de la Orden del Fénix en el cuartel. Hablaron sobre los cinco ataques a orfanatos muggles ocurridos en esos tres días. También de la participación en los mismos de los chicos, desde que en el primero se presentasen tanto los diez como Voldemort.

Caradoc informó que tenía una buena pista sobre posibles familiares de los diez jóvenes. Había logrado averiguar sobre casi todos los magos que vivían en la zona del ataque en Bristol. Se suponía, según sus datos, que los chicos habían intentado ir allí a un paseo que se vio interrumpido por los mortífagos, recuperando el conocimiento horas después en mal estado de salud.

Las cuatro parejas que les habían estado cuidando y sabían que eso no era posible se tensaron, preocupados porque al encontrar que la pista era falsa sus amigos desconfiasen de nuevo de ellos. Si eso llegaba a suceder justo ahora después de irse los chicos de la casa, cuando no habían vuelto luego que dos de las chicas fuesen, se les complicaría demasiado la situación a los diez jóvenes.

Los chicos se habían estado limitando a comunicarse por medio de los sickles falsos, después de las tres batallas en que se habían presentado, lo que ya los tenía preocupados.

Albus le solicitó a Caradoc que tan pronto tuviese la información le avisase, para convocar una reunión en que estuviesen presentes los chicos con el fin de darles la información directamente. Quería evitar que su grupo también desconfiase de ellos. Ya Crouch se había ocupado de dar instrucciones a algunos periodistas para que "Alertasen a la comunidad sobre el extraño grupo de encapuchados que podían ser catalogados de peligrosos, estando en guerra, debido a su negativa a cooperar con el Ministerio de Magia". Tendría que comunicarse de emergencia con ellos luego de la reunión para plantearles la situación.

—Desaparece de mi vista. —le ordenó Voldemort con tono despreciativo al bajito y gordito mago que yacía en el piso, sollozando y temblando aún de la última Maldición Cruciatus que le había aplicado durante el interrogatorio.

Peter se encogió levemente e hizo su mejor esfuerzo para desaparecer sin escindirse. Sentía que le dolía todo su cuerpo de una manera insoportable.

Estaba muy asustado por la insistencia del Señor Oscuro en que lo informase de cada detalle que él sabía de los chicos. Inicialmente había intentado resistirse a hablar sobre ellos, pero no podía proteger a su mamá, sus amigos y a ellos también. Su Oclumancia no era tan buena como para evitar que el poderoso mago le extrajese la información, si usaba la Legilimancia con él, intentando ocultar tantas cosas a la vez.

Esperaba no haber hecho mucho daño con lo que le había dicho mientras se concentraba en el cuarto en casa de su novia, donde siempre iba luego de sus encuentros con el terrible mago para que ella lo ayudase. Era una suerte que el día siguiente, siendo domingo, no tuviese que ir al trabajo. Dudaba mucho que se hubiese recuperado ya.

Lord Voldemort sonrió con malicia al ver desaparecer el mago, brillando sus ojos con entusiasmo apenas contenido.

—Así que no sólo son un grupo de chiquillos, sino que ya han vivido en su piel las consecuencias de enfrentarse a mí —comentó con deleite, soltando seguidamente una carcajada escalofriante que retumbó en la mansión Lestrange—. Si Caradoc Dearborn y Benjy Fenwick son los que han investigado información sobre ellos para el viejo director, entonces ordenaré que traigan al que no trabaja en el Ministerio. Tengo que saber lo que esos dos han investigado antes de la reunión que ha convocado el vejete para el próximo fin de semana. —reflexionó, preocupado por la insinuación velada que le hizo el que se hacía llamar Marte.

Con la mirada perdida en las llamas danzantes de la chimenea recordaba el encuentro con aquél mago, que según su informante era joven, tenía quemaduras en la piel e incluso había estado ciego durante algún tiempo. «¿Quién es aquél que ha osado hablarme de esa manera?». La información que le había dado su espía era bastante incompleta pues, supuestamente, los jóvenes encapuchados también tenían problemas de memoria. Sin embargo le había dicho que al parecer eran de Bristol, resultando heridos en el ataque ocurrido allí a mediados de febrero.

Sus dedos empezaron a repiquetear contra la mesa mientras recordaba el informe presentado por los tres Lestrange, un par de meses atrás, sobre el desarrollo del plan que tan cuidadosamente había trazado para dejarle "el mensaje" a la Ministra de Magia. Si habían dejado vivos a aquellos molestos chiquillos se ocuparía de ellos. Pero para poder saber si eso era lo ocurrido debía asegurarse que ninguno de los tres estuviese directamente relacionado con el interrogatorio a Dearborn.

Walden Macnair, Tegan Nott y Ethan Rosier se caracterizaban por ser casi tan despiadados como los Lestrange, pero mucho más astutos para guardar sus actividades encubiertas. «Ellos tres son los adecuados para capturar al mago que trabaja para mi enemigo y hacerlo desaparecer luego del interrogatorio que personalmente llevaré a cabo. Tengo que tener mucho cuidado con esos diez encapuchados, mientras logro atraparlos para averiguar qué tanto saben sobre mí o matarlos».

El domingo, faltando sólo un par de horas para que la noche llegase, se encontraban las cuatro parejas, Charlus, Minerva y Albus reunidos en la Sala de Prácticas de Deercourage. Estaban muy preocupados porque los chicos no habían vuelto a ir allí. Tampoco les habían dado todavía seguridad de asistir a la reunión con los otros miembros de su grupo, como les había solicitado el líder de la O.D.F.

Les respondían siempre por medio de los sickles, sin acceder a ir allí. Ahora creían saber porqué. El día antes los nueve que estuvieron en batalla habían notado que el chico más alto y uno de los gemelos cojeaban, mientras el otro no movía un brazo. Eso los llevaba a suponer que estaban lastimados y por eso no habían querido ir.

—Buenas tardes. —saludó Harry respetuoso, luego de aparecer en la habitación cerca de la puerta con Rea sobre su hombro.

—¡Marte! ¡Viniste! —exclamó Lily feliz, incorporándose rápidamente.

—Lamento no haber podido hacerlo antes —le respondió él con una suave sonrisa—. Si ustedes están de acuerdo los otros nueve vendrán también.

—¡Claro que sí! —exclamó Alice de inmediato.

Harry sonrió y asintió acariciando el plumaje de la pequeña ave, que desapareció en seguida, reapareciendo luego con los otros nueve chicos y los otros dos fénix.

—Buenas tardes. —saludaron a coro los nueve, un poco nerviosos.

—Nos alegra mucho que hayan venido. Nos tenían preocupados. —les dijo James con sinceridad.

—No fue nuestra intención. La tarde luego que nos fuimos de aquí tuvimos un problemita y ayer temprano otro. —le respondió Harry.

—¿Qué tan serios? —preguntó de inmediato Jennifer.

—Ya estamos bien, no se preocupen. Mercurio, Júpiter y Urano no podrán practicar con nosotros hoy, si ustedes acceden a que comencemos, porque neces… —intentó Harry tranquilizarlos, inútilmente. Se detuvo y suspiró al ver precipitarse a la estudiante de medimagia hacia ellos.

—Por favor, permítanme examinarlos. —les pidió la castaña con su varita apuntando al suelo, sus ojos aguamarina expresando toda su preocupación.

—No es nada serio, pero si eso te tranquiliza con mucho gusto lo permitiremos. —le respondió con suavidad Fred, que había visto el día antes una mirada muy similar en los ojos miel de la chica que amaba.

Jennifer comenzó con él, luego que los dos que cojeaban se sentasen en unas sillas que les acercó de inmediato el director. Frunció el ceño al detectar con su varita el hueso roto en la pierna derecha del novio de quien, tenía casi la certeza, era su hija. La férula y los vendajes no eran visibles porque estaban ocultos por el pantalón del chico.

—¿Puedo? —le preguntó mientras le hacía señas de levantarle la tela para ver el vendaje.

Por toda respuesta el chico levantó con cuidado su pantalón para que pudiese ver su pierna herida, sabiendo que si se lo impedía se pondría más nerviosa.

—¿Quién te hizo eso? —preguntó asustada Angelica.

—En realidad me lo hice yo mismo por no estar atento. —le respondió Fred mientras le sonreía con suavidad a la medimaga, que le estaba aplicando un hechizo examinador.

—Tanto el jueves en la tarde como ayer en la mañana fuimos a investigar la cueva del Snowdon para comprobar su estado. La zona que estábamos investigando es inestable y se derrumbó una parte mientras estábamos allí. —explicó Harry.

—¿Qué? —preguntó Alice aterrada.

—Sólo fueron algunos rasguños hace dos días. Pero ayer si nos llevamos un buen susto, así que esa zona de la cueva está descartada. —le respondió Neville, poniendo énfasis en lo último para tranquilizarla.

—¿Por qué se presentaron ayer en la tarde en Bradford si estaban heridos? —preguntó Frank con tono enojado.

—Porque el ataque era grande y habían gigantes, además de los mortífagos que saben manejar las maldiciones que ustedes no conocen. —respondió Ron.

—Ayudamos en lo poco que pudimos y los tres desaparecimos en cuanto Marte nos lo ordenó. —agregó George.

—Que fue en cuanto pudimos poner a salvo a la mayoría de los niños y jóvenes de los dos institutos cercanos. —aclaró Harry.

—¿Te está doliendo? —le preguntó Jennifer a Ron, luego que él brincase e intentase retroceder mientras ella le examinaba el tobillo izquierdo.

—Un poco. —reconoció el alto pelirrojo entre sus dientes apretados.

La gemela de inmediato buscó en su maletín una poción y vertió un poco en un vaso, que completó con agua mediante su varita. Se lo tendió, sonriendo al ver que se la tomaba sin preguntar.

—Tu turno, Júpiter. —le indicó la estudiante de medimagia. Frunció el ceño al verlo dudar y que la novia lo empujaba levemente hacia ella. Hasta ese momento no se había querido sentar en la silla que le acercase el director.

—Se ve peor de lo que es. Venus me lo ha curado bien, pero… —empezó a decirle el pelirrojo para evitar que se preocupase y alarmase a su novia. Le había costado mucho convencer a su hermana y su cuñada para que no les dijesen la verdad a los otros.

—Callado y sentado. —lo interrumpió la gemela con tono de mando.

George suspiró y se ubicó en la silla por ella indicada, quitándose antes la capa, la chaqueta y con mucho cuidado la camisa, ayudado por Angela que lo miraba preocupada.

—¡Rayos! —se le escapó a la gemela al ver la herida abierta que se extendía desde el omóplato hasta el codo izquierdo. Estaba cubierta con un ungüento que le permitiría una lenta pero segura cicatrización, revirtiendo el efecto que algunas sales generaban en heridas abiertas.

—¿Qué tan seria es la herida? —preguntó Sirius preocupado, luego de notar la mirada ansiosa de los ojos grises idénticos a los suyos sobre aquella herida tan fea en la blanca piel del chico.

George apretó el puño de la mano derecha, deseando por primera vez desde que lo conocía haberlo silenciado para que no dijese algo. Apenas sintió que la tía de su prometida terminaba de aplicarle el hechizo examinador se giró a mirarla. Con sus ojos azules le suplicó silenciosamente a las aguamarinas que no lo delatasen, lanzando una rápida mirada a su novia y volviendo a mirar a la gemela.

—No debe hacer ningún movimiento con ese brazo por lo mínimo tres días y necesita reposo absoluto al menos un día. —respondió Jennifer, mientras con su penetrante mirada le daba a entender al joven de ojos azules que lo delataría si no hacía lo que estaba diciendo.

—No debiste venir con nosotros ayer. —musitó Angela cabizbaja.

—Me sentía bien y no quise que fueses sin mí. —le respondió George en voz baja, acariciándole la mano izquierda que había tomado en la derecha de él.

—Ninguno de los tres volverá a participar en nada hasta que se recuperen. —aseveró Harry, que sospechó del intercambio de miradas de George y Jennifer que su novia y su prima habían encubierto la gravedad de la herida de su cuñado.

—Chicos, nosotros seis queríamos pedirles que nos perdonasen lo ocurrido el jueves y reconsiderasen la oferta de Maidstone. —se atrevió a decirles Charlus, muy preocupado por el peligro que estaban corriendo los chicos.

—Ya los hemos perdonado, pues entendemos que sólo querían retenernos porque están preocupados. Sin embargo no podemos aceptar la oferta que nos habían hecho de ir a Maidstone, ni tampoco la que James les hizo a Gea y Electra sobre otra propiedad de los Potter. —afirmó Harry con tono suave pero firme.

—La cueva del Snowdon es estable cerca de la entrada y suficientemente amplia para que estemos los diez allí mientras nos curamos. —aclaró Ginny antes que replicasen.

—Y ya estamos investigando otro posible refugio. —agregó rápidamente Hermione.

—Por favor chicos. Jennifer, Remus, James, Frank, Minerva y Albus verificarán con ustedes que no exista ningún tipo de bloqueo o forma de retenerlos allí en contra de su voluntad. —les suplicó Lily, asustada por el peligro que evidentemente habían corrido en la cueva de la montaña.

—Por favor. Nos tienen muy preocupadas a las dos. —insistió Alice.

—Sólo si a cambio nos permiten organizar a nosotros el plan de entrenamientos en cuanto a ustedes dos, no protestando si es diferente al de los demás de su grupo cuando se los expongamos para que nos digan los cambios que quieren. —replicó Harry luego de pensarlo unos minutos.

Las dos mujeres embarazadas entrecerraron los ojos al oírlo pero asintieron. James y Frank sonrieron al ver su aceptación, disimulando rápidamente sus expresiones cuando sus esposas se giraron a mirarlos. Sirius sin embargo no disimuló su sonrisa a tiempo, recibiendo un poco disimulado tirón en la oreja derecha de parte de Lily.

Harry, Ginny, Hermione, Neville, Luna y Angela viajaron a la casa con Jennifer, Remus, James, Frank, Minerva y Albus, levantando unas protecciones entre los cinco chicos y los cuatro más jóvenes de común acuerdo, bajo la supervisión de la subdirectora y el director.

Cuando regresaron los doce a Deercourage consiguieron a George adormilado en unos almohadones, lo que alarmó a Angela. Fue tranquilizada un poco por la prima, que le dijo era producto de la poción que tomaba para el dolor. Harry, Fred, Ron y Angela se quedaron a acompañar al chico adormilado y explicarles el plan de entrenamientos general que habían formulado, mientras sus otros cinco compañeros trasladaban sus cosas de Bristol a Maidstone.

Alice y Lily murmuraron su inconformidad por las variantes que usarían con ellas. Éstas, según lo que entendían, exigirían menos de ellas y más de sus entrenadores, pues siempre debería cada una tener un acompañante. Sin embargo no se atrevieron a oponerse en respeto al trato que habían hecho con el líder de los chicos.

El miércoles 9 de abril de 1980, a primeras horas de la mañana, los "Guerreros del Fénix" aparecieron en el museo muggle al aire libre cerca de Durham, luego de ser avisados por Rea del ataque en ese sitio. Allí se consiguieron a Voldemort dirigiéndolo personalmente, enviando a sus mortífagos más letales a enfrentarlos a ellos y los miembros del grupo del director, mientras los demás distraían a los aurores en conjunto con la pequeña comunidad de gigantes que había llevado consigo.

Harry notó que su enemigo intentaba deslizarse hacia una de las exposiciones sin ser notado y organizó a sus amigos para que le abriesen camino y poder seguirlo. Deseaba detenerlo antes que llegase cerca de la joven muggle que miraba aterrada la lucha que se estaba suscitando, sin comprender pero sin poder moverse según él veía en su expresión.

—Dejas a tus servidores peleando y te alejas. ¿Estás acaso cansado o buscas distraernos para algo en especial? —le habló rápidamente. Le hizo señas a la chica que se alejase mientras su enemigo se giraba, esquivando con habilidad una maldición—. ¿Te molesta que te distraiga de tu camino? —le preguntó en tono de burla, mientras veía de reojo a su papá y su padrino correr en esa dirección. Ellos estaban más cerca que él de la chica. Desvió con dificultad una maldición dirigida a ellos, que golpeó la pared cerca de la chica—. Al parecer si te molesta que quiera charlar contigo, o que ellos quieran hacerlo.

James y Sirius vieron a la chica muggle, así como a unos mortífagos que iban hacia ella. Corrieron hacia su posición y le pusieron un trasladador que la sacase de allí hacia la plaza cercana, donde los obliviadores harían su trabajo luego.

—Estás muy lejos de Bristol, donde deberías estar buscando lo que dejaron mis hombres de tus familiares. Si es que dejaron algo que puedas reconocer —le respondió el terrible mago con tono molesto, soltando una carcajada escalofriante al ver que el encapuchado dejaba de sonreír y de moverse—. No existe nada que Lord Voldemort no sepa —afirmó con seguridad y desprecio—. ¡Incendio! —lanzó seguidamente a los árboles cercanos al chico, que quedó atrapado rodeado por fuego. Se rió al oír que intentaba apagarlo, retomando su camino al museo.

James vio aterrado la zona en llamas envolviendo a su hijo y el niño muggle que iba corriendo y había caído cerca de él. Luchó con ayuda de su amigo con mayor ferocidad para quitar de en medio a los tres mortífagos que le impedían acercarse a ayudarlo.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

Harry iba a desaparecer, al verse rodeado por las llamas, cuando escuchó un sollozo tras él. Se giró parcialmente a mirar quién hacía el ruido, viendo aterrado a un niño caído ovillarse mientras una rama en llamas caía cerca de él.

—¡Rayos! Aguamenti. —lanzó rápidamente para apagar la rama, devolviéndose a proteger con su cuerpo al niño.

—No me latime. Me potaré bien. No vuevo a sotar la mano de papá. Me potaré bien. —le suplicó el niño de cinco años asustadísimo a la figura que se volcaba sobre él, de quien no lograba ver casi nada.

—Tranquilo pequeño. No te voy a hacer daño —le respondió Harry en tono suave, sonriéndole y subiendo la capucha de su capa para que le viese los ojos y tranquilizarlo—. ¿Me permites alzarte para sacarte de aquí?

—¿Puedes arojar más agua con tu palito de madera? Hace musho calor y me pica aquí. —le respondió el niño señalándole su garganta. Le tendió sus bracitos para que lo alzase, con sus ojitos castaños fijos en las esmeraldas que lo miraban.

Harry intentó apagar las dos ramas que habían caído tras ellos, cortándoles la retirada. Pero escuchó algo a su izquierda y rápidamente tomó al niño en brazos y brincó hacia atrás, justo a tiempo pues un árbol en llamas cayó donde había estado el niño.

—Cierra los ojitos, toma aire y agárrate muy duro a mí. —le dijo al niño, acariciándole la espalda para calmarlo.

—¿Qué vas hacer? —le preguntó el niño asustado, pues las llamas los rodeaban según podía ver.

—Un truco de magia. Confía en mí y luego me guardas el secreto. ¿Está bien? —le planteó Harry. Sentía que le empezaba a arder su piel con el calor que los rodeaba, aunque la capa de piel de dragón lo protegía a él y al niño en buena parte. Levantó de nuevo su capucha para proteger su rostro y envolvió lo mejor posible los cuerpos de él y el pequeño con su capa.

Al ver asentir al niño y sentir que se aferraba a él se concentró para desaparecer con el pequeño. Reaparecieron a varios metros de allí, cerca de una toma de agua para bomberos que había visto cuando perseguía a su enemigo. Le quitó el bloqueo con un hechizo y con su varita dirigió casi toda el agua hacia los árboles en llamas, ubicándose con el niño bajo una suave llovizna que se desprendía del chorro de agua.

Los dos empezaron a toser, despejando sus vías respiratorias del humo, arrodillándose el mayor en el piso mientras el niño lo soltaba y se quedaba de pie frente a él. Harry echó atrás su capucha para que el agua le empapase el pasamontañas y le calmase un poco el malestar en su piel.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó al niño mientras lo examinaba rápidamente.

—Mejor. Todavía pica un poquito. —le respondió el niño con simpleza.

—Pasará en un rato, cuando tu mamá te de algo para tu garganta. —le aseguró Harry, sacudiéndole con cariño el pelo.

—¡Marte! —exclamó Ginny, que venía corriendo hacia él con Hermione y Ron.

—Estamos bien. Ayúdenme a ubicar los padres —les pidió Harry—. Tranquilo, son mis amigos —le dijo al niño, que se había aferrado rápidamente a su cuello con sus bracitos buscando evidentemente refugio—. ¿Cómo te llamas?

—Mike Preston.

—Venus, Gea, Urano, les presento a Mike. —les dijo a sus amigos luego de parpadear. «¿Será familiar del esposo de Angelina en nuestra época?»

—Hola Mike. —lo saludaron los tres a coro, sonrientes, luego de retirar sus capuchas para que les viese los ojos y se tranquilizara.

—Creo que ya puedes suspender el agua. —le dijo Hermione a su amigo, señalándole los árboles ya apagados.

Harry asintió y con un hechizo selló la toma de agua.

—Debemos irnos. —dijo Ron cabeceando en dirección a un grupo de aurores que iban hacia allí.

—¿Mani, mamá, papá y Feli irán con nosotos? —preguntó el niño.

—¿Sabes dónde están? —le preguntó Ginny, suspirando al ver que el niño miraba hacia la izquierda de su grupo y luego denegaba.

—Estaban allá. Ahora no.

—Abrázate a mí con tus ojitos cerrados, tomas aire y confías de nuevo. —le dijo Harry decidido.

—¿Vamos de nuevo por el tubo mágico? —le preguntó el niño con inocencia.

—Deténganse y entreguen al niño. —los conminó el auror más cercano.

—Sí, un paseo más por el tubo mágico. —le respondió Harry al pequeño mientras ubicaba de nuevo con rapidez su capucha. Asintió en dirección a sus tres acompañantes, que también se habían puesto de nuevo sus capuchas, desapareciendo los cinco del lugar.

Reaparecieron a unos metros de la dirección en la que había mirado el niño, buscando alrededor rápidamente con la vista. Ubicaron a un grupo de muggles cercanos a quienes ya se dirigían los del Ministerio, seguramente para borrarles la memoria. Harry denegó ante la pregunta muda de sus amigos con leves cabezaditas, al notar que el niño no detenía su vista en ellos. Sonrió con alivio al ver sus ojitos castaños brillar al ver a una pareja y dos niños que estaban a algunos metros de allí. Corrió con el niño hacia ellos, luego de señalárselos con una cabezadita a los otros tres.

—Señora. —llamó Harry a una mujer castaña.

La mujer tenía su hijo de dos años alzado y lloraba, mientras le señalaba a un hombre pelirrojo en dirección a los árboles. El hombre aferraba en su mano derecha a su hija de seis años, mirando con desesperación el sitio que su esposa le señalaba.

—¡MAMI! —exclamó a gritos el niño. Se soltó de su amigo encapuchado para correr hacia la pareja y los dos niños, apenas él lo bajó al piso.

—¡MIKE! —gritaron a coro los cuatro, felices, recibiéndolo con los brazos abiertos—. ¿Cómo estás? —le preguntaron de inmediato los padres y la niña, examinándolo rápidamente.

—Pica aquí. Mi amigo Mate dice que me darás ago para la gaganta. —le respondió el niño a la mamá.

—No pude evitar que tragase algo de humo. —le respondió Harry a la mirada interrogante del padre del niño.

—No sé cómo agradecerle que salvara a mi hijo. —le dijo entre lágrimas la madre.

—Escuche siempre a sus niños con mentalidad abierta y no se asuste si cosas extrañas ocurren cerca de ellos. Mike es un chico bueno y muy dulce —le respondió Harry, sonriendo al verlos asentir interrogantes—. Cuídate, Mike. No vuelvas a alejarte de tus padres. Cuando estés asustado aférrate a ellos.

—Sí. —afirmó el niño agarrándose al cuello de su papá.

—¿Por qué les dijiste eso? —le susurró Hermione incómoda a su amigo.

—El niño es mago, aunque sus padres son muggles. Sus hermanitos también. —le respondió Harry en un susurro a su amiga. «Si "Feli" es Felicity, entonces el pequeño "Mani" en brazos de la señora sería Manny Preston, el esposo de Angelina».

—Pero… —intentó replicar la castaña.

—Debemos irnos. Mike, sus hermanitos y sus padres ya se alejan. —la interrumpió Harry. Había estado mirando en dirección a donde vio por última vez a su enemigo, reaccionando al cruzarse en su campo visual un grupo de aurores que avanzaba en dirección a ellos.

Los cuatro desaparecieron de inmediato.

—No debimos interferir con esa familia de esa manera. —le recriminó la castaña al pelinegro apenas aparecer los cuatro en la sala de Maidstone, al pie de las escaleras.

—Si estoy en lo correcto, el pequeño en brazos de la señora se casará con Angelina Johnson —le respondió Harry, mientras se quitaba la capucha y el pasamontañas—. Mike llamó a sus hermanitos "Feli" y "Mani" —aclaró al ver las cejas enarcadas de sus compañeros—. Además que tengo la impresión de haber visto a los padres el día de las catorce bodas. Pero si estoy equivocado en eso, igual los tres niños son mágicos y es mejor que los padres tengan desde ahora presente el tener mentalidad abierta.

—Por eso usaste tu don de Manejar los Pensamientos para que los obliviadores no pudiesen borrarles los recuerdos. —afirmó Ron, sonriendo al verlo asentir.

—Lo que me preocupa es que Voldemort me dijese que debería estar buscando en Bristol lo que hubiesen dejado sus hombres de mis familiares. —afirmó Harry, tosiendo levemente después.

—¿Qué? —preguntó asustada Luna, que también estaba tosiendo.

—¿A ustedes también los atacaron con fuego? —preguntó Harry al ver que las capas de sus amigos tenían señales de quemaduras superficiales.

—Sí. Hoy les pareció divertido intentar hacer parrilla con nosotros. —replicó George mientras le daba poción verde grama a su novia, interrumpiéndose cuando ella tosía para que no se atorase con el brebaje.

—Pues la rata ya le debe haber dicho de nosotros lo que sabe. —comentó Ron enojado.

—Eso o creyeron que nuestras capas eran mecheros ambulantes que necesitaban ser prendidos. —dijo Fred molesto mientras golpeaba suavemente la espalda de su novia, que respiraba mal por el humo que había tragado.

—¡Chicos! —exclamó la pelirroja de ojos verdes, que acababa de aparecer allí.

—¡Lily! —exclamaron aterrados los diez con sus ojos abiertos como platos, pues estaban sin sus pasamontañas.

—Tranquilos —dijo ella de inmediato al ver sus expresiones—. Perdonen que me apareciera sin avisar, pero los intentaron quemar y estaba muy asustada.

—Estamos… bien. —balbuceó Harry, que no pudo contener un ataque de tos producido tanto por el humo que había tragado como por sus nervios.

—¡Marte! —exclamó Lily asustada, acercándose a él. Se detuvo al verlo brincar hacia atrás con expresión de miedo—. Tranquilo. Soy yo, Lily. No te voy a hacer daño.

—Pero me estás viendo. —replicó Harry que aún no lograba coordinar sus ideas.

—En realidad ya te habíamos visto. —dijo Angelica. Había aparecido en el jardín con su gemela y su amiga rubia, mientras la pelirroja lo había hecho en la sala. Se habían decidido a entrar al oírlos, suspirando al ver a los diez chicos gritar con el susto.

—Calma chicos, por favor. El estar tan nerviosos les hace daño —les dijo con voz dulce Jennifer, girándose de inmediato a reñir a su amiga pelirroja—. No debiste venir aquí sin avisarles. Lo sabías.

—Los intentaron quemar otra vez. —protestó Lily.

—¿Cuándo nos habían visto? —preguntó Hermione con voz aguda.

—La noche que huyeron de casa —se decidió a responder Angelica luego de cinco largos y pesados minutos de silencio—. Yo logré ubicarlos por una facilidad especial que tengo, exacerbada esa noche porque era luna llena —agregó mirando a su hija. Suspiró al ver que la chica bajaba la cabeza con expresión arrepentida—. Me les acerqué como animaga para verificar que estaban bien y luego volví con ellos para que revisáramos sus protecciones.

—Nosotros no podemos explicarles el parecido que… Nosotros no sabemos… —Harry intentaba coordinar sus ideas, sus esmeraldas mirando fijamente las de su mamá, su corazón corriendo desbocado al ver en esos ojos tanto amor maternal.

—Tranquilos chicos. Lo sabemos. —respondió Alice con dulzura.

—¿Nos permiten ayudarlos a curarse? —preguntó Jennifer. Sonrió al ver que la menuda pelirroja y su hija asentían, con expresión de estar tan asustadas como confundidas.

Las cuatro mujeres se acercaron a los diez chicos lentamente para no asustarlos de nuevo, guiándolos con suavidad a las sillas cercanas. Angelica tuvo especial cuidado con el novio de su hija para no lastimarle el hombro y brazo izquierdo, herida de la que aún no se recuperaba totalmente aunque había guardado el reposo que había indicado su gemela.

Veinte minutos más tarde aparecieron en el jardín James, Sirius, Frank, Remus y Albus, los tres primeros despachados del lugar del ataque por su jefe que los cubriría.

—Chicos. Hemos venido porque no nos han respondido y nuestras esposas no están en Deercourage. —anunció James, para no asustarlos y que se cubriesen el rostro como habían quedado de acuerdo. Querían preguntarles si sabían algo de ellas.

—Estamos con ellos, mi amor. Entra. —le respondió Lily.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó el director al entrar a la cocina‑comedor y ver a los diez chicos tomando vasos de agua, tosiendo eventualmente y sus rostros descubiertos, mirando nerviosos a las cuatro mujeres.

—Intentaron de nuevo quemarlos. —se defendió la pelirroja de sus amigas, cuando sus esmeraldas vieron un par de ojos grises y dos pares aguamarinas mirándola de forma acusadora.

James se sacudió nervioso su pelo mientras suspiraba.

—Sólo nosotros hemos visto sus rostros y más nadie vendrá a esta casa. Por favor no vuelvan a irse. —les pidió Remus a los chicos de inmediato.

—¿La profesora McGonagall, el señor Potter y el señor Moody también nos han visto? —preguntó nerviosa Hermione.

—No. Desde este momento incluso ellos tres tendrán bloqueado el acceso aquí. Sólo nosotros nueve los hemos visto y seremos los únicos que podremos acceder —aseguró de inmediato Angelica—. Diana evitará que haya problemas con nosotros cuando vayan a volver a su tiempo, con el lazo que hizo el otro día. —agregó al verlos denegar levemente.

Harry se sacudió su pelo con el mismo gesto nervioso que hiciese antes su padre, sin darse cuenta. Miró de inmediato a su hermanita, suspirando al verla asentir.

—De acuerdo. —aceptó con tono resignado.

—Pero… —intentó protestar Hermione, deteniéndose al sentir que todos se giraban a mirarla expectantes. Suspiró derrotada—. Está bien, nos quedaremos aquí. No podemos evitar que se produzcan ciertas cosas y la salud de Diana es prioridad.

—Pero tenemos un problema evidente de seguridad. —le recordó Ron a su mejor amigo.

—Alguien de su grupo ya le habló a Voldemort de nosotros. —afirmó Harry mirando al director fijamente.

—¿Por qué estás tan seguro? —le preguntó el líder de la O.D.F. preocupado.

—Porque intentaron hacer barbacoa con nosotros diez, además de él decirme que debería estar en Bristol buscando lo que hubiese quedado de mis familiares. —respondió serio el líder de los G.D.F.

—¡Rayos! —exclamó Frank con frustración evidente.

—Sirius y yo lo oímos, cuando intentamos ir tras él al igual que Marte —afirmó James—. Le dijo eso antes de lanzar la maldición quemante sobre los árboles alrededor de él y el niño que corría por detrás.

—¿Qué tan grave es nuestro problema con los aurores luego que me desaparecí con el niño para entregárselo a los padres? —les preguntó Harry preocupado.

—El informe de los obliviadores y los medimagos que atendieron al niño que salvaste y su familia han tranquilizado un poco el nerviosismo en varios del cuerpo de aurores. —le respondió Sirius al hijo de su amigo.

—Es bueno saber eso. —afirmó el ahijado, que los seguía mirando preocupado.

—¿Desconfían que uno de nosotros le haya dado la información a Voldemort? —preguntó el director.

Harry se sintió como si todo el aire hubiese desaparecido de la habitación. El director le estaba preguntando indirectamente si sabían quién era el traidor, si era uno de ellos.

—Ustedes nueve nos han cuidado y protegido desde que aparecimos en su oficina, profesor —respondió Hermione pausadamente—. No tenemos recuerdos, pero hasta ahora de ustedes nueve no hemos recibido ningún daño directo o indirecto. Además lo que Voldemort dijo coincide es con la versión que conocen sus amigos, no la verdad que ustedes saben. Creo que sería muy retorcido pensar que uno de ustedes haya transmitido eso para que culpasen a uno de los otros.

Angela, Harry, Jessica y Neville apretaron sus puños al oír lo último. Las cuatro parejas casadas y el director se dieron cuenta del gesto de los chicos, tragando saliva. «Al parecer es cierto que no recuerdan y los cuatro, que son evidentemente parientes nuestros, se han molestado por lo dicho por su amiga».

—Por lo que a nosotros diez concierne confiamos plenamente en ustedes nueve. —finalizó la castaña, que había hablado sin mirar a los otros. No podían despejarle dudas al director sin alterar lo que ocurriría.

—Pondremos nuestras vidas en manos de los presentes sin dudarlo. —afirmó de inmediato Angela.

—Gracias chicos —les sonrió con suavidad James, abrazando a su esposa al acercarse a ellos—. También comprendemos que no confíen en más nadie de nuestro grupo luego de lo que ha ocurrido.

—Será mejor que suban a los cuartos a descansar, chicos. Nosotros debemos reunirnos con los otros para no despertar sospechas. —les dijo el director, sonriendo como un abuelo orgulloso al verlos asentir y obedecerle.

Las cuatro parejas de esposos se despidieron de los chicos y desaparecieron con el director, luego de verlos subir por las escaleras. Los nueve estaban preocupados porque el traidor ya le hubiese dado la información sobre los diez chicos al terrible asesino.

El viernes al mediodía Jennifer los examinó a los diez con cuidado. Estaba contenta porque las quemaduras habían sanado totalmente en todos. Lo ocurrido en Durham no les había afectado, gracias a la protección de las especiales capas.

La medimaga frunció una vez más el ceño al ver la cicatriz en la mano derecha de Harry donde se leía claramente: "No debo decir mentiras". Pero de nuevo no preguntó al recordar que el chico había brincado y palidecido la primera vez ella le había acariciado aquello. Tampoco le preguntó por la de la frente, aunque se la examinó con su varita. Se extrañó al sentir con sus dones algo extraño allí, pero sin lograr definirlo. Sin embargo el nerviosismo en las esmeraldas idénticas a las de su amiga la llevó a no preguntar, pues quería que se sintiesen tranquilos con su ayuda como medimaga.

Los chicos habían estado tan tensos cuando ella examinaba a Harry, en presencia de James, Sirius, Remus, Frank y Albus, como lo habían estado las chicas cuando examinaba a Jessica y Angela en presencia de Angelica, Alice y Lily. Pero ni Jennifer ni los otros habían dicho o hecho nada que no fuese estrictamente examinarlos y darles un poco de poción tranquilizante, además de curarles las lastimaduras del enfrentamiento horas antes.

Albus se había tensado al ver la cicatriz de Harry, pero lo disimuló muy bien para que ninguno de los presentes lo notase. No les había dicho a los Potter o los Longbottom sobre la profecía que le hiciese su ahora profesora de Adivinación.

«Existe la posibilidad que se refiera al niño de cualquier otra pareja, ya que los bebés que esperan Alice y Lily pueden nacer antes o después de finales de julio, o no haber enfrentado ninguno de ellos tres veces a Voldemort. Pero ya esas dos parejas lo han hecho una vez y sobrevivido, lo cual no es tan fácil. La marca puede referirse a otra cosa, o ser este chico no hijo sino nieto de Lily y James. Pero… Si mis sospechas son ciertas eso sí justificaría que los chicos fingiesen la pérdida de memoria para no preocupar a sus familiares».

—Me alegra mucho decir que se han recuperado muy bien en el aspecto físico del ataque que sufrieron. Pero me sigue preocupando que sus memorias sigan mal —dijo Jennifer con tono profesional mientras le tendía el vaso con poción tranquilizante a Harry, sonriéndole para convencerlo de tomársela pues se había negado antes—. Júpiter se ha recuperado de su brazo, pero su omóplato está resentido. Las chicas están bien en general, aunque me preocupa el nerviosismo de Diana cuando la examiné.

—¿Qué pasó cuan…?

—¿Tú viste su esp…?

Empezaron a preguntar simultánea y atropelladamente George y Harry, preocupados, deteniéndose al oír el uno al otro y ver que la medimaga levantaba las manos.

—Tranquilos. Tenía que examinarle su espalda luego que cayese ese trozo de techo sobre ella y Júpiter. Logramos tranquilizarla y convencerla para que yo la examinase. No le he preguntado nada sobre sus cicatrices, como tampoco lo hicieron Lily, Alice o mi hermana. Luego de yo curarla Angelica le dio poción para sus pulmones y la tranquilizó. —les contó Jennifer, suspirando al ver que los dos miraban con nerviosismo a su cuñado.

—Ustedes no recuerdan su pasado, pero sus cicatrices nos dicen que no ha sido fácil. Sin embargo creo que comprenderán que haremos todo lo posible para cambiar eso. —les dijo Remus con tono firme, denegando levemente al verlos bajar la cabeza.

—Empezando por bromear un poco más para que nuestros hijos, nietos y biznietos sean un poco menos serios —bromeó James para destensarlos—. Pero, mientras logramos convencer de eso a nuestras hermosas pero muy serias esposas, vamos a la mansión para que almorcemos. Las chicas ya deben estar allá con ellas tres.

Los cinco chicos asintieron de inmediato, saliendo del cuarto en que dormían Harry, Neville y Ron. Éste era uno de los medianos, siendo los otros dos de la casa los usados por los Lupin y los Black. George y Fred dormían en otro un poco más pequeño, similar al que usaban Angela y Jessica, mientras Hermione, Ginny y Luna dormían en los más pequeños. Estaban repartidos en los tres pisos de la casa, estando las chicas en el primer piso y los chicos en el segundo y el tercero para que Jessica y Angela no estuviesen cerca de los cuartos de sus padres en esa casa.

Jennifer, Remus, Angelica y Sirius no hicieron ningún comentario frente a los chicos cuando supieron su distribución en la casa, contenidos los segundos por las miradas de advertencia de los dos primeros. Pero sí lo habían comentado luego a solas con Lily, James, Alice y Frank, estando los ocho de acuerdo en que los chicos debían tener algunos recuerdos sobre ellos que los entristecían o los asustaban, posiblemente por no ser completos y claros.

—¿Algún plan en especial para lograr que la prefecta y premio anual Lily deje de ser tan seria? —le preguntó Sirius a James con tono jocoso—. Porque eso va a ser tan fácil como lograr que mi impetuosa esposa sea una tranquila ama de casa, Alice una pacífica especialista en herbología y Jennifer una dulce medimaga que no regañe a sus pacientes.

—Igual de fácil que lograr que ustedes dos sean hombres serios permanentemente. —replicó Jennifer con el ceño fruncido.

—La personalidad de…

—… cada uno de ustedes…

—… es la perfecta para…

—… las cuatro perfectas…

—… parejas que hemos…

—… conocido y que nos…

—… han cuidado. —intervinieron Fred y George.

—Y nosotros no somos tan serios como ustedes dicen. —agregó Ron.

—¿No? —los desafió con picardía James.

Las esmeraldas de Harry brillaron y le guiñó un ojo a su amigo castaño y sus tres cuñados. Los cinco se cubrieron en seguida con los pasamontañas antes de desaparecer rumbo a la mansión Potter. Jennifer, Remus y Frank denegaron levemente, mientras James y Sirius chocaban sus manos derechas y los ojos azules del director brillaban con picardía. Los seis desaparecieron de inmediato para alcanzar a los chicos.

Las cinco chicas vieron asombradas como sus novios plagaron el almuerzo de bromas y risas. Se les unieron, divertidas, al ver a las cuatro mujeres destensarse y a los tres Merodeadores competir con ellos en bromas. Luego los diez chicos subieron con ellos a la Sala de Prácticas y entrenaron un rato con ellos, aunque a un ritmo bastante suave pues todos estaban cansados luego de la batalla.

A primeras horas de la noche se reunieron en el cuartel los miembros de la Orden del Fénix, preocupándose todos al ver que llegaba el director con los diez chicos con pasamontañas y aún faltaba uno de ellos.

Caradoc Dearborn se había caracterizado siempre por ser muy puntual, por lo que les extrañaba su ausencia. Especialmente porque, de lo que habían hablado hasta ahora, ninguno lo había visto desde el domingo en la tarde. Ese día se había reunido con Edgar y Benjy a conversar tanto sobre lo investigado acerca de los chicos como de posibles mortífagos, según sus conversaciones con algunos duendes importantes.

Harry y sus amigos habían aceptado estar allí para oír el informe que presentaría quien estaba investigando sobre sus supuestos familiares, ayudando a armar una historia creíble para evitar desconfianzas entre los dos grupos. Pues, como había dicho James, sólo uno de ellos era el traidor y los otros no tenían la culpa de lo que sucedía. «Lástima que papá no sospeche del que cree su amigo», pensó triste Harry mientras hablaban.

—Buenas noches. Puesto que uno de los principales motivos de la reunión es el informe de Caradoc y él aún no ha llegado vamos a esperar un poco, mientras me comunico con él. —planteó Albus a todos, preocupado, saliendo de la Sala de Reuniones hacia el pasillo con Alastor.

—Es una buena noticia el que ustedes cuatro ya hayan recuperado la visión y que los diez estén mejorando en general en su salud —les dijo Aberforth a los chicos apenas salir su hermano, correspondiendo a sus sonrisas de agradecimiento con una cabezadita—. Lo que no me parece bien es que muchachitos como ustedes estén apareciendo en las batallas como he oído. —los regañó de inmediato.

—Queremos ayudar a evitar que lastimen a otros como lo hicieron con nosotros, o peor. —le respondió Harry con tono respetuoso. Se sentía un poco extraño, pues sabía que lo primero que le preguntarían sería eso pero no se esperaba que fuese tan extraño personaje quien se les acercase primero a planteárselos.

—Pero Jennifer nos ha dicho que no se recuperan totalmente aún. —intervino Emmeline, que se les acercó con tranquilidad. Sus ojos negros analizando a los diez chicos cuidadosamente.

—Nuestras memorias aún no vuelven, pero en los otros aspectos nos hemos recuperado bastante. —le dijo Harry. Se quitó el guante de la mano izquierda y abrió la manga de la camisa, pues era el brazo que les había enseñado en la reunión anterior cuando se presentaron.

Los demás miembros de la Orden del Fénix se reunieron pronto alrededor de ellos, formando inconscientemente las cuatro parejas que les venían cuidando un semicírculo entre los chicos y sus amigos.

—No recuerdo que la vez anterior tuvieses ese golpe, justo más arriba de la cicatriz de la cortadura. —señaló Elphias Doge con su voz jadeante como un resoplido.

—No es nada serio. —replicó Harry en tono evasivo. Se cubrió rápidamente el brazo con su camisa y acomodó de nuevo su capa negra de viaje, colocándose de nuevo el guante.

—¿Por qué usan los guantes y los pasamontañas si ya están bien de sus quemaduras? —preguntó Edgar.

—Porque seguimos sin querer que… —empezó a responder Harry.

—Tenemos malas noticias. —entró diciendo Alastor entre gruñidos justo en ese momento.

—Fawkes no puede ubicar a Caradoc. —aclaró Albus al ver que todos los miraban interrogantes.

—¡Oh no! —exclamó Ginny.

—¿Qué saben ustedes de eso? —se revolvió a preguntarles de inmediato Edgar.

—¿Nosotros? —preguntó desconcertado Harry.

—Sí, ustedes. —presionó el rubio.

—¿Por qué tendríamos nosotros que saber algo sobre que su amigo no aparezca? —replicó Ron con tono molesto, al ver la mirada de desconfianza del hombre.

—Porque él los estaba investigando a ustedes y porque la exclamación de ella significa que saben algo —respondió Edgar con ferocidad—. ¿De qué hablabas con Voldemort cuando él ordenaba a sus hombres que nos distrajeran para quedar a solas contigo? ¿Qué tanto le dijiste sobre nosotros? —le preguntó a Harry.

—Ellos no han… —empezó James furioso.

—¿Por qué entonces…? —intentó interrumpirlo Edgar.

—Alto —detuvo la discusión Albus, imponiendo su autoridad—. El discutir entre nosotros al único que beneficia es a Voldemort. Les pido una vez más que confíen en mi palabra que los chicos no delataron ni delatarán a ninguno de nosotros.

—Disculpe profesor, pero usted nos pide a nosotros que confiemos en ellos sin embargo no a ellos que confíen en nosotros. ¿No le parece injusto que no sea recíproco? —replicó Benjy con su voz profunda y su seriedad acostumbrada.

—Tenemos razones para no hacerlo —respondió Harry antes que el director pudiese hacerlo, con tono serio y templado—. Esperemos que nunca tengan que estar en una situación como la nuestra para que puedan entendernos.

—Pero ella… —empezó Hagrid señalando a la joven menuda junto a él.

—La exclamación de Venus al oír la noticia se debe a la naturaleza de los fénix. Si uno de ellos no puede ubicar a alguien, es porque no existe un lugar en el mundo en el que se encuentre esa persona en ese momento. —replicó Harry sin dejarlo terminar, con molestia evidente en su tono de voz.

—¡No! —exclamó Arabella asustada.

—Y en cuanto a lo que ha ocurrido las dos veces que Voldemort ha hablado conmigo, no es mi culpa que la primera vez que aparecimos los diez en batalla quisiese saber quiénes éramos. Tampoco que el miércoles me dijese que deberíamos estar buscando los cadáveres de nuestros familiares en Bristol, si es que sus hombres habían dejado algo que conseguir, además de intentar luego incinerarme como sus hombres hacían con mis amigos.

—¡Por Merlín! —exclamó la subdirectora.

—Los únicos que tenían información sobre nuestros posibles familiares y nuestras quemaduras están en esta habitación, a excepción del señor Caradoc, así que nos van a tener que disculpar que no podamos confiar en ninguno de ustedes —continuó Harry, intentando con todas sus fuerzas controlar su temperamento cuando a través de la cicatriz estaba percibiendo un ataque de rabia de su enemigo—. Si aceptamos venir a esta reunión fue por respeto al profesor Dumbledore. Pero puesto que su amigo no está y es evidente que nuestra presencia los incomoda nos retiramos de inmediato.

—Chicos… —intentó conciliar el licántropo.

—Lo siento, Remus. Pero si el proteger nuestras identidades les genera desconfianza a sus amigos, a pesar de lo que hemos hecho por todos en las batallas, cuando nosotros no habíamos hecho ni dicho nada contra ninguno a pesar de tener un aparente motivo luego de lo que ese asesino me dijo, sino que en lugar de eso seguimos intentando ayudarlos ayer y hoy, me parece que nuestros conceptos de lo que es justo o injusto son muy diferentes —afirmó Harry mirando directamente al hombre moreno—. Lamentamos mucho lo de su amigo, pero nosotros tenemos también problemas serios que resolver así que nos retiramos de inmediato.

—¿A dónde? —preguntó Peter con su vocecita chillona.

—Es posible que ninguno de ustedes le dijese nada a Voldemort de nosotros —intervino Angela sujetando a "su hermano" desde atrás por el codo derecho—. Existe la posibilidad que él le sacase la información al señor Dearborn, pues no sabemos con certeza desde cuándo está desaparecido. Pero también es posible que uno de ustedes le dijese lo que sabía de nosotros así que no responderemos a esa pregunta.

—Ni a ninguna otra. Nos vamos. —aseveró Ginny, sujetando a su novio por el otro brazo. Había comprendido, al igual que Angela, que Harry estaba al límite y no se controlaría con el culpable de la muerte de sus padres.

Las dos desaparecieron en forma conjunta con el pelinegro, al mismo tiempo que lo hacían los otros siete chicos, reapareciendo en la sala de Maidstone segundos después. Allí Harry dejó escapar un rugido mezcla de enojo, angustia y dolor, cayendo de rodillas sujetándose la frente. Hermione y Ron se volcaron a ayudar a Ginny y Angela con el segundo lazo para controlar la conexión por la cicatriz de Harry. Un par de minutos más tarde los cinco estaban sentados en el piso, agotados, mientras los otros cinco los miraban anhelantes.

—¿Por qué te falló la Oclumancia? —preguntó Neville preocupado.

—Se me mezcló mi enojo con el de él y… Es raro, pero tengo la impresión que también con el de Lily. —respondió Harry con sinceridad.

—¿Qué? —preguntaron a coro los otros nueve, extrañados.

—No estoy seguro, pero ésa fue la impresión que me dio —respondió el de ojos esmeraldas con voz cansada, encogiéndose de hombros en señal de tampoco haber comprendido—. ¿Por qué interviniste? —le preguntó a su hermanita.

—Perdona Marte. Sé que no quieres que nosotros intervengamos en las reuniones, pero lo hice porque interrumpiste a Remus. Eso me hizo comprender que estabas al límite y la pregunta de ése te iba hacer explotar. —se disculpó Angela.

—No te estoy reclamando, hermanita. Sólo quería saber cómo supiste que ya no podía más. Temí que hubiese delatado con ellos mi problema de alguna manera —le aclaró Harry sonriéndole suavemente—. Por favor pídeles que no vengan y sella con Leto la casa por lo que resta de noche. No sé si tendré más problemas con Voldemort. —le pidió a Neville.

—Seguro. Los dos nos haremos cargo de eso. Suban ustedes a descansar. —replicó el castaño, preocupado por su amigo.

Los diez terminaron durmiendo en sacos de dormir en el pasillo del primer piso pues, al igual que el martes en la noche, Voldemort pasaba de estados bruscos de rabia a otros de dicha alterando a Harry a través de la cicatriz. El chico lograba mantenerlo fuera de su mente pero sin poder dormir y con fuertes dolores de cabeza.

La conexión por medio de la cicatriz estaba siendo alterada debido al extraño proceso que los hizo viajar en el tiempo, haciéndola muy aguda algunas veces como esa noche. Lo ayudaban su novia, su hermanita y sus dos mejores amigos a mantenerse estable y recuperarse, ayudándolos a ellos cuatro los otros cinco. Los diez se quedaron finalmente dormidos a las cuatro de la madrugada, cuando el asesino se calmó y su amigo pudo descansar.

Allí los consiguieron el director y las cuatro parejas al amanecer. Se preocuparon al verlos a los diez tan pálidos y desencajados, guardando silencio por las señas que rápidamente les hizo Jennifer. La estudiante de medimagia se arrodilló junto a cada uno para examinarlos con hechizos silenciosos. Se preocupó mucho al conseguirlos agotados y muy nerviosos. Le pidió por señas a su padre que los durmiese a todos, cuando vio que tres de los cuatro chicos que sospechaban eran sus parientes se movían intranquilos. Parecía que despertarían en cualquier momento.

—¿Cómo están? —le preguntó preocupado Albus a su hija, luego de dormir a los diez con el hechizo simultáneamente.

—Muy débiles y alterados. —le respondió ella con sinceridad.

—Por eso nos pidieron que no viniésemos anoche. Insisten en no preocuparnos. —afirmó Alice acariciando la cabellera castaña del que sospechaba era su hijo, quien les enviase el mensaje la noche antes.

—¿Cuánto tiempo más los va a estar afectando en su salud lo que les ocurrió? —le preguntó angustiada Lily al director, pues notaba que su hijo era el que peor estaba.

—Sin saber exactamente lo sucedido no podemos determinar eso. El señor Raginmund cree que la situación en ellos se mantendrá inestable mientras estén en nuestra época, aliviándose en unos sentidos mientras recaen en otros, hasta que cese el bloqueo temporal y por lo tanto la alteración que sufren. —le respondió Albus con sinceridad.

—Vamos a llevarlos a descansar en las camas. Angelica, Remus y yo nos quedaremos a cuidarlos con dos de los elfos. —decidió Jennifer.

—Pero tú tienes que ir al hospital y… —empezó a protestar Lily, que quería quedarse con los diez chicos.

—Ustedes van a cumplir con sus trabajos como harían si ellos no estuviesen aquí, o se afianzarán en su idea que están alterando nuestras vidas y se irán de esta casa —la interrumpió con firmeza su amiga—. Hoy no tengo que ir al hospital. Mis compañeros tienen que presentar un examen de recuperación, que yo no necesito, para que les den el grado de auxiliares sanadores que nos otorgarán a final de tarde. Así que yo estaría en casa con mi esposo y mi hermana aunque ellos no estuviesen aquí. —agregó rápidamente, apagando con su explicación los últimos intentos de protesta de la pelirroja de ojos verdes.

—Si llegan a necesitar algo… —imploró Lily mirando a los tres que se quedarían.

—Les avisaré de inmediato a los cinco. —aseguró Remus.

El tranquilizar a los chicos cuando despertaron no fue fácil, pues insistían en que les estaban alterando sus vidas. Especialmente la castaña y los pelirrojos, que veían lo peligroso que se estaba poniendo la situación para sus cuatro amigos desde el punto de vista anímico. La rubia no dijo nada, pues estaba tan preocupada como ellos pero comprendía que el presionar de esa manera sólo empeoraría las cosas.

El debate interno en Harry entre lo que debía y lo que quería hacer rugía con ferocidad, como ocurría también con Jessica y Neville en un grado levemente menor. Angela, a diferencia de ellos tres, sabía que no tenía elección y estaba deprimida.

Como Lily y Alice estaban trabajando sólo con papeleo, siendo además sábado, sólo tenían trabajo en la mañana. Así que los chicos luego de almorzar con todos se quedaron con las cuatro mujeres y el licántropo en la mansión Potter, mientras James, Sirius y Frank tuvieron que volver al Ministerio para una reunión convocada por Crouch para analizar lo ocurrido las dos últimas semanas.

Los tres gruñeron en voz baja protestas a última hora de la tarde mientras bajaban las escaleras con sus esposas, pues sólo habían podido practicar con los chicos un par de horas antes que los elfos les avisasen que estaban llegando Peter, Edgar y Benjy. Los diez chicos se habían despedido y desaparecido de inmediato al oír a las pequeñas criaturas.

Las cuatro parejas de esposos sufrirían minutos más tarde una mezcla de abatimiento, por la ratificación de la desaparición de su amigo Caradoc Dearborn, y molestia, por las insinuaciones no muy veladas del rubio sobre la implicación de los diez chicos en eso.

—James y yo oímos a Voldemort el miércoles cuando le dijo a Marte que buscase lo que quedase de sus familiares en Bristol, y ellos no acusaron a nadie ayer. —explotó Sirius.

—No sólo eso, sino que justificaron el que ese asesino supiese de sus problemas con sacarle información a nuestro amigo. —lo apoyó Angelica muy enojada.

—¿Cómo sabemos que alguien del grupo no los vendió tanto a Caradoc como a ellos? —planteó furiosa Lily.

Peter se estremeció involuntariamente al oírla. Sabía que la desaparición del aparentemente débil hombre joven, demasiado alto y delgado, pelo de color y aspecto como la paja, ojos castaños, puntual y buen amigo, Caradoc Dearborn, era completamente culpa suya. Con los hermanos Prewett se había consolado mentalmente con la excusa que los sabían en peligro desde antes por lo arriesgados y temerarios que eran. Pero en este caso sabía sin duda alguna que era él quien había puesto en la mira del Señor Oscuro al miembro de la Orden del Fénix, al delatar que era quien más sabía de los diez extraños chicos.

—Lo único que sabemos con certeza es que esos diez jóvenes, que no están bien de salud, tienen de enemigo a Voldemort y sus mortífagos. Y ahora además, por presentarse a ayudar en las batallas, se han ganado también que las autoridades del Ministerio los declaren peligrosos y que ustedes desconfíen de ellos. Todo por no querer mostrar sus rostros a quienes no les han tendido la mano, sino que los acusan sin ninguna prueba. —afirmó Alice con frío enojo, asustando al cuarto merodeador, el rubio y el moreno que jamás la habían visto así.

—Como responsable de su salud le he pedido a Albus que no los convoque de nuevo a ninguna reunión con nuestro grupo —les comunicó Jennifer con sus ojos aguamarina brillando como dos gemas frías—. Sinceramente me decepciona mucho que ustedes se comporten de ese modo con diez chicos que aún no se recuperan totalmente de un ataque en que han perdido probablemente a sus familiares y amigos, en el que pudieron morir.

—Caradoc habló con Edgar y conmigo el domingo pasado sobre sus investigaciones —empezó a contar Benjy con su voz profunda—. Según lo que había averiguado sólo los Patil podrían estar relacionados con ellos y el dibujo de la rubia joven no coincide con el de ninguno de los magos de la zona atacada.

—¿Y? —preguntó desafiante Sirius—. Los chicos no recuerdan casi nada. Sólo al ver las fotos del lugar lograron unir trozos inconexos que tenían de recuerdos y el ataque que sufrieron del que antes no recordaban prácticamente nada. Los adultos que estaban con ellos los llevaban de paseo a ese bosque con un par de niños. Siendo magos podían ser de cualquier otro lugar de Inglaterra o Irlanda, amigos de los Patil, estando allí reunidos para el paseo.

—Caradoc era de esa opinión —comentó Edgar cabizbajo—. Había ampliado su rango de investigación a amigos de los Patil y tenía algunos nombres. Pero se suponía que daría esos datos en la reunión y ahora…

—¿Se les ha ocurrido que por medio de los tres fénix ellos pueden ubicar a los niños y no lo han hecho? —preguntó Benjy luego de algunos minutos de silencio.

—Se fueron de aquí para no ponernos en peligro. ¿Crees que buscarían a los pequeños y sus familiares para ponerlos en la mira de Voldemort y los mortífagos? —replicó Lily.

—Entonces… ¿Supones que no quieren volver con sus familiares? —preguntó intrigado el hombre moreno a su compañera de trabajo.

—No hemos hablado de esto con ellos para no ponerlos más nerviosos de lo que ya están, porque Jennifer teme otra recaída en los chicos estando solos —comenzó Remus con tono pausado, tanto para calmarlos a todos como para darse tiempo de armar con detalle la coartada. Sólo había alcanzado a planearla superficialmente con Harry, Ron y Luna—. Suponemos que han intentado ubicar por medio de los fénix si está vivo alguien de los que logran recordar, decidiendo mantener al margen a los niños y los familiares de éstos porque no quieren que estén en peligro. También existe la posibilidad que los hayan ubicado, sepan ahora que no son familiares suyos y que los dan a los diez por muertos en el ataque.

—Debemos tomar en cuenta que apenas irse de esta casa empezaron a participar en los ataques —empezó a explicar Benjy algo que él venía pensando. Levantó sus manos con un gesto pacificador para pedirle calma a sus ocho amigos, que defendían a los chicos. «Se han involucrado afectivamente con ellos, como me temía»—. Calma. Por favor, déjenme terminar.

»Se fueron de aquí a algún lugar que medianamente recuerdan, donde probablemente hayan conseguido más pruebas de no tener familiares vivos al menos uno de ellos. Tuvieron que sobreponerse a su dolor, proteger el sitio, organizarse para sobrevivir, investigar y participar en las batallas en las que los hemos visto. Es probable que ni siquiera hayan tenido tiempo de investigar dónde están los niños, o que haya ocurrido lo que ustedes plantean.

—Si es como ustedes dicen, entonces hasta que no logren recordar más nos podemos olvidar de familiares que los alejen de las batallas y los obliguen a ir al hospital, para que estén bajo el cuidado de medimagos. —comentó con desaliento Peter, que había tenido la secreta esperanza que los parientes evitasen que se presentasen en los ataques y por lo tanto los quitasen de ser blanco del Señor Oscuro.

Angelica se sintió incómoda al oírlo, pues notó que le preocupaban sinceramente los chicos y eso chocaba con sus sospechas de que él era el traidor.

—¿Cada cuánto tiempo tienen contacto con ellos? —les preguntó Edgar frontalmente a sus amigos.

—Luego de cada batalla nos comunican su estado de salud y nosotros el nuestro. —le respondió James luego de pensarlo un par de minutos.

—¿Podrían decirles que queremos reunirnos aquí con ellos?

—No —saltó de inmediato Jennifer a la proposición del rubio—. Estaban muy alterados hoy por culpa de ustedes. No voy a permitir que…

—¿Los vieron hoy? —preguntó Benjy interrumpiéndola.

—Les pedimos que viniesen poniendo como excusa que Lily y Alice se estaban sintiendo mal luego de la reunión, preocupadas por ellos. —respondió con agilidad James.

—¿Podrían decirles que sólo queremos hablar con ellos? —planteó el hombre moreno—. Díganles que estábamos nerviosos por la desaparición de Caradoc y reaccionamos mal, que queremos disculparnos con ellos.

—¿Y cuál sería el verdadero motivo de la reunión? —le preguntó Sirius con el ceño fruncido y tono enojoso.

—Buscar la forma de retenerlos aquí en casa con ustedes, para que estén a salvo. —respondió con sinceridad el inefable.

—Olvídalo Benjy. Lo intentamos y no sólo no lo conseguimos, sino que estuvieron a punto de romper totalmente comunicación con nosotros. —le contó Lily con tono abatido.

—Sólo vamos a darles algo de tiempo para que se tranquilicen un poco y evitar que tengan una recaída, por favor. —pidió Jennifer.

—Aún así les seguimos debiendo la disculpa por la forma en que los tratamos anoche. —afirmó el hombre rubio.

—Se los plantearé, Edgar, pero no sé si aceptarán reunirse con ustedes. —aseveró James.

—Lógico. Sin embargo hoy en la mañana me quitaron un mortífago que intentaba atacarme por la espalda y una de ellas me curó rápidamente el brazo —les señaló Benjy su antebrazo izquierdo—. Creo que fue Electra. Puede ser que sólo sea su comportamiento normal con cualquiera en batalla, pero también que no estén tan molestos con nosotros y accedan a vernos y hablar con nosotros.

—Les avisaré si aceptan. —insistió James, sonriendo al ver a los tres asentir.

El domingo a mitad de tarde aparecieron en el jardín de la mansión Potter cinco de los chicos con uno de los fénix. Harry había decidido que irían allí solamente Hermione, Ron, Luna, Angela y él con Rea, temiendo una emboscada para atraparlos en la casa. Si llegaban a intentarlo los otros cinco los sacarían de allí, con ayuda de los otros dos fénix, sin lastimar a ninguno de los miembros de la Orden del Fénix ni ellos tener que demostrar sus capacidades de defensa totalmente ante el traidor.

Edgar, Benjy y Peter fruncieron el ceño al ver que no aparecían todos, mientras James asentía en dirección a los chicos en señal de aprobación.

—Buenas tardes señores. —saludó Harry con tono seco pero respetuoso.

—Buenas tardes chicos. —respondieron los doce a coro, pues con ellos tres y las cuatro parejas estaba el líder de la Orden del Fénix.

—¿Por qué no vinieron sus compañeros? —preguntó Edgar.

—Porque ellos nos sacarán de aquí si ustedes intentan retenernos en contra de nuestra voluntad. —respondió Harry en el mismo tono.

—No haremos nada de eso. Sólo queremos disculparnos con los diez por lo ocurrido la última vez que nos vimos. —replicó Benjy con su voz profunda.

—Les transmitiremos sus disculpas. —aseguró el pelinegro con sus esmeraldas viajando entre él y el rubio, evitando mirar al traidor.

—Nos preocupa que se hayan puesto en la mira de los mortífagos al presentarse en las batallas. Queremos ayudarlos a encontrar a sus familiares y que no vuelvan a aparecer en ninguna batalla. —afirmó Edgar.

—El ataque en Bristol fue tan feroz que es casi tan imposible para nosotros averiguar si alguno de ellos está vivo, como lo será para ellos el saber que nosotros lo estamos. —afirmó Harry con el ceño fruncido.

Un escalofrío recorrió la espalda de James al oírlo. Ellos no habían pensado en que la situación que había llevado a los chicos tan malheridos a su tiempo tal vez les hubiese ocasionado la muerte a quienes estaban con ellos en ese momento. El que los chicos sospechasen eso podría explicar el estado taciturno y depresivo que a veces tenían, así como el que quisiesen mantenerse lejos para evitar aferrarse a ellos y esa época.

—Tampoco podemos hacer público quiénes somos y que estamos vivos sin poner en peligro a los niños que recordamos estaban con nosotros, pues Voldemort y sus seguidores ya nos tienen en su mira desde que nos presentamos en Leicester a ayudar a detenerlos. Además, según lo que me dijo en Durham y el que intentasen convertirnos en teas humanas a nosotros diez, ya ellos saben casi tanto como nosotros mismos de nuestras identidades. —completó Harry con fría calma.

—¿Entonces no buscarán a sus familiares? —preguntó Peter con su vocecita chillona.

—Yo no he dicho eso. Lo que estoy diciendo es que tenemos que actuar con prudencia para evitar que lastimen a quienes estaban con nosotros y hayan sobrevivido al ataque a Bristol —respondió el pelinegro clavando por primera vez sus esmeraldas en él—. Lo cual implica no dar más información a nadie que pueda poner en peligro la vida de nuestros familiares y amigos, si conseguimos ubicarlos.

—Pero se están poniendo en peligro al presentarse en batallas y Jennifer dice que no están totalmente recuperados —insistió el cuarto Merodeador, que se sentía terriblemente mal por lo ocurrido a Caradoc y quería evitar que ellos siguiesen en peligro, especialmente luego de la información que le sacase su amo sobre ellos con el terrible interrogatorio que le hizo—. Si dejan de asistir a los ataques y se van a vivir con familiares de ustedes recuperarán su salud y dejarán de ser un blanco para los mortífagos.

—Electra y yo no tenemos parientes directos sobrevivientes a ese ataque. —intervino Angela con tono suave con un dejo de tristeza, luego de percibir el desconcierto de Harry por la sincera preocupación del traidor, pensando en lo terriblemente cerca que había estado eso de ser cierto para ellas dos.

—Creemos que la señora rubia que recordé es pariente mía, pero estamos investigando algo más preciso para poder averiguar si ella u otro familiar sobrevivió. —agregó Luna con un tono similar, pensando en su mamá.

—Y los demás seguimos intentando armar fragmentos de recuerdos para averiguar sobre familiares nuestros. —agregó Hermione.

—Pero los diez sabíamos los riesgos que corríamos al presentarnos en batallas y aún así cada uno de nosotros tomó su decisión y nos mantendremos en ella. —aseveró Ron.

—Electra y Diana están bajo la responsabilidad y protección de los siete mayores de edad de nuestro grupo. Venus también, hasta tanto consigamos a sus familiares o quede definitivamente con nosotros si tampoco han sobrevivido —completó Harry, según lo que habían planeado, reubicándose en el esquema planteado con Remus para decirles a los otros miembros de la Orden del Fénix gracias a lo dicho por sus acompañantes—. Agradecemos la preocupación de todos ustedes, pero hemos tomado nuestras decisiones y seguiremos adelante según lo que acordamos.

—La situación actualmente es muy peligrosa. ¿El sitio en el que están es seguro? —preguntó Edgar. Cambió de táctica luego de oír la tristeza en sus tonos de voz, al recordar lo dicho por la estudiante de medimagia.

—Tan seguro como puede ser algún lugar estando en guerra. Hemos puesto las mejores protecciones posibles. —le respondió Harry.

—¿Cómo harán para cubrir sus gastos de alimentación, ropa, hospedaje y demás? —insistió el rubio.

—Nos estamos quedando al aire libre, en un lugar en el que podemos conseguir con relativa facilidad comida natural. Lo demás lo iremos resolviendo en la medida que podamos. —respondió Harry con su mente fija en el campamento de Bristol para reflejar sinceridad en su respuesta.

—Podrían volver a esta casa y… —empezó a plantearles Benjy con su tono grave y profundo, deteniéndose al verlos denegar. Suspiró al comprender que Lily tenía razón en lo que les había dicho—. Al menos permitan que los ayudemos en cuanto a la comida, ropa y pociones que necesiten.

—Se los agradecemos y aceptamos, mientras terminamos de definir la situación de cada uno de los miembros del grupo y en base a eso decidimos cómo resolveremos desde ese momento nuestras vidas. —aceptó Harry luego de pensarlo unos minutos, cerrando los ojos y llevándose su mano derecha a la frente al sentir que su cicatriz empezaba a molestarle.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó James de inmediato, preocupado.

—Si nos disculpan, señores, nos retiramos a descansar. Hemos tenido una semana compleja y Jennifer nos ha pedido que no nos extralimitemos. —afirmó Harry con la voz más tranquila que logró poner, pues el enojo de su enemigo estaba incrementándose y le estaba costando mucho mantenerlo fuera con su Oclumancia.

—Lo ocurrido en Durham nos está provocando eventualmente dolores de cabeza, pero no es nada serio. —aseveró de inmediato Hermione.

—Vayan a descansar, chicos. Por favor, vuelvan a comunicarse con nosotros mañana en la mañana. —intervino por primera vez el director, dando por finalizada la reunión. Estaba preocupado por el hijo de James pero decidió controlar la situación para que el mago bajito, el rubio y el moreno no supiesen que ellos estaban enterados de la ubicación actual de los chicos.

—Gracias profesor, así lo haremos. —afirmó Ron. Desapareció con su mejor amigo y su novia de inmediato, al igual que sus dos amigas.

—¿Jennifer? —se giraron a preguntarle de inmediato sus compañeros de la Orden del Fénix preocupados, los padres del chico los dos más angustiados.

—El que los atacasen con fuego les ha revivido el ataque que sufrieron. Según me dijeron están teniendo pesadillas y dolores de cabeza, así como destellos de recuerdos que no logran precisar. Por eso quiero que les demos tiempo y los ayudemos a tranquilizarse. —les respondió ella con la mayor sinceridad posible, mientras hacía nota mental de examinar con mayor detenimiento la cicatriz en la frente del chico.

—No los presionaremos de nuevo con preguntas, investigando lo que podamos sobre ellos con lo que ya nos han dicho. —afirmó Edgar.

—Si necesitas alguna poción para ellos difícil de conseguir sólo dímelo y yo te la traigo. —le ofreció Benjy, que sabía que algunas eran casi imposibles de obtener por la guerra.

—Esta los ayudaría, pero no la he conseguido. —le dijo Jennifer, luego de escribir rápido el nombre de una que estaba preparando para darles pero aún faltaban dos semanas para que estuviese lista. Le sonrió agradecida al verlo asentir.

—Quisiera que no se presentasen más en las batallas. —comentó cabizbajo Peter. Sentía que su posibilidad de solicitar a sus amigos que lo ayudasen a salirse de los mortífagos se esfumaba, vista sus reacciones ante lo que les ocurría a los chicos y que él le había dicho todo sobre ellos al Señor Oscuro en el interrogatorio. Una leve esperanza asomó en su interior al sentir que James le palmeaba con afecto en el hombro.

—Me gustaría decir que los protegeremos en las batallas pero, además de ser difícil proteger a alguien en ese tipo de situaciones, ellos se desenvuelven muy bien. Además conocen algunos contrahechizos para el grupo de maldiciones extrañas que los del grupo más cercano a Voldemort están usando. —opinó Benjy pensativo.

—Los chicos no saben quién los enseñó a defenderse de esa manera. Pero han ofrecido entrenar con esos contrahechizos a los ocho que estuvieron cuidando de ellos desde que aparecieron heridos hasta que se fueron de aquí —informó el director para limar el último asomo de duda en ellos tres. Decidió que convocaría una reunión para esa misma noche, la que estaba pendiente por la desaparición de Caradoc—. Ellos les transmitirán a ustedes ese conocimiento. De esa forma nos ayudan pero evitan el contacto directo con todos. Tienen miedo que el enemigo esté controlando a alguien del grupo, luego de lo ocurrido en Durham.

—No son los únicos —murmuró sombríamente el inefable—. Te traeré la poción en unos minutos, Jennifer. Mientras tanto les avisas para que uno de ellos venga a buscarla y les explicas cómo deben tomarla. —agregó mirando a la castaña de ojos aguamarina, a la cual había aprendido a diferenciar de la gemela desde los años que coincidieron en el colegio.

—Gracias Benjy. —le sonrió ella.

—Tendremos reunión esta noche con toda la Orden del Fénix. Tenemos pendiente hablar tanto lo investigado sobre los chicos y la desaparición de Caradoc, como lo que ha ocurrido en los últimos ataques y algunas informaciones adicionales que Alastor y yo tenemos. —les informó Albus como su líder a todos.

—Sí señor. —respondieron los once a coro. Luego Peter y Edgar se despidieron.

Peter desapareció rumbo a su casa para avisarle a su mamá que "esa noche se quedaría en casa de su novia para ayudarle con la mamá y verificar las protecciones de la casa". Siempre lo hacía así cuando no estaría con ella por reuniones con la Orden del Fénix o entrevistas con su amo.

Edgar se trasladó a su casa a reunir las notas que tenía.

Benjy no se despidió, pues volvería poco después con la poción. Cuando reapareció en la sala de la mansión, por la red flú, estaba allí la chica de ojos miel hablando con sus amigos.

—… Marte ya tenía tendencia a fuertes dolores de cabeza desde antes del ataque a Durham, pero indudablemente ese ataque y la tensión nerviosa por su responsabilidad como líder de nuestro grupo los han empeorado últimamente —les decía Jessica para distraerlos de la cicatriz, sabiendo que no podía mentirles totalmente sobre el estado de salud de "su primo"—. Estamos haciendo lo posible para hacerle comprender que somos más que un grupo de amigos como hermanos, que todos somos igualmente responsables y que estando unidos estaremos bien. Pero la situación en que estamos lo tiene nervioso.

—Hola Electra —la saludó Benjy con tono suave para no asustar a la chica—. Aquí está la poción, Jennifer. —agregó entregándosela a su amiga.

—Buenas tardes señor Fenwick. —le respondió la chica de ojos miel con una tímida sonrisa de agradecimiento.

—Quiero que todos ustedes tomen dos cucharaditas de esto antes de irse a dormir y que Marte tome también antes del desayuno —le dijo Jennifer entregándosela a su hija—. Tienen que tener mucho cuidado de no tomar más de esa cantidad. Voy a anotarte la forma en que tomarán esta y la tranquilizante por esta semana, para que no vayan a tener problemas.

—Seguiremos al pie de la letra tus indicaciones. —le aseguró Jessica.

—Recuerden poner el hechizo de seguridad a sus maletines con pociones e ingredientes antes de irse a dormir. —le recordó James, sonriendo al verla asentir de inmediato con sus ojos color miel muy abiertos.

—Si ves que Marte sigue estando mal luego de tomarla nos avisas. —le pidió Lily.

—Eso haré. Gracias por todo. —les aseguró Jessica. Se despidió con un gesto de su mano, desapareciendo con lo que le dieron.

—Espero que los chicos o nosotros consigamos un familiar de al menos uno de ellos, alguien que logre ponerlos tan a salvo como se puede estar en tiempos de guerra. —comentó Benjy luego de verla desaparecer.

Sus ocho acompañantes suspiraron levemente al oírlo. En unas horas, luego de la reunión que su líder estaba coordinando, irían a Maidstone para ver como seguían. La desaparición de Caradoc era un golpe duro, pero para ellos lo era aún más saber que no sólo habían perdido al amigo sino que ahora el enemigo tenía información sobre los diez chicos.